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Cazador, presa, cazador [Privado - Naesala] [Entrenamiento]

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Mensaje por Invitado Vie Oct 09, 2015 9:21 pm

Si ponía sobre balanza el palacio de Kilvas y el de Phoenicis, habría de admitir que se aburría menos en el de Kilvas. Si bien ambos eran sitios horriblemente planos y poco interesantes a la vista, nada comparado con el hermoso bosque que él había dejado atrás, en Kilvas solía encontrarse con bastante más para hacer. Se sentía en mayor libertad de actuar allí, fuese porque realmente le daban las libertades y le permitían sumarse a las tareas, o porque resultaba más fácil para él desobedecer cuervos que evadir halcones. Una u otra.

...no, pensándolo bien, probablemente sí era porque les podía desobedecer cuando se le antojara. Porque bajo todo tecnicismo no se suponía que anduviese a solas, no si pensaba alejarse tanto del palacio, posado despreocupadamente a lo alto de un risco. Intentaba disfrutar el aire marino, aunque ciertamente no era lo suyo. Y daba igual, a fin de cuentas, no estaba allí como un turista, tampoco estaba allí para disfrutar la vida como venía. Tenía sus muy buenos motivos.

Sucedía que, si en algo podía confiarse para hacerse útil, era utilizar su voz para apoyar al resto de la alianza laguz. Era incapaz de blandir armas por sí mismo; los cuervos y halcones serían sus propios talones a la hora de obrar contra sus enemigos, y su tarea se limitaba a ser la voz que les vigorizara en batalla. Reyson, sin embargo, no pensaba poco de su labor; existían legendarios cantos fúnebres que, según se decía, podían ser la muerte del oponente, así como galdr que podían hacer a un ejército valer por dos. Su arte no era nada que subestimar y él, como uno de los pocos conocedores vivos, necesitaba practicar. De allí su dilema: el palacio de Kilvas tenía una resonancia horrenda, no llegaba a ninguna parte escuchándose allí dentro. Y si iba al caso, con el aullido del viento allí arriba y lo extraño que se sentía el aire a tal altitud, tampoco lograría mucho donde estaba...

La misma altitud, sin embargo, estaba dándole otra idea. Nunca había volado en un espacio tan amplio, sin árboles, sin otras aves o insectos con los cuales debiese ser respetuoso. La vía aérea se encontraba bastante vacía allí arriba. Además, había visto la velocidad que los cuervos tomaban al caer el picada desde aquellas alturas hacia el nivel de la costa, abalanzándose sobre navíos extraviados. Seguramente, si él aprendiese a hacer tales cosas... pues no estaba seguro de cómo lo emplearía, pero ciertamente le agradaría aprender. Al menos a volar como un cazador. Calculaba que contaba con algo de tiempo antes de que fuesen a buscarlo, así que por lo pronto, se acercó al borde del risco y abrió sus alas de a poco, midiendo la fuerza del viento allí arriba. Sus alas se extendieron metros a cada lado de su cuerpo y enseguida se doblaron un poco, acomodándose, midiendo, creando una silueta blanca mucho más amplia.
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Mensaje por Invitado Sáb Oct 10, 2015 1:02 am

Disfrutaba de las visitas del príncipe blanco en su hogar, todo parecía mucho más alegre cuando estaba él cerca, no tanto por que prestase sonrisa si no por su simple presencia. Bastante interesante para ser una garza pero le agradaba, sobretodo ese repudio que le tenía a los beorc, le divertía y no podía hacer más que alimentarlo sutilmente, aunque en algunas ocasiones intentaba razonar con él exponiendo los puntos a favor que tenía tal raza y que no todos eran malos, sobretodo eran útiles para alcanzar sus intereses. Si bien había pasado bastante tiempo desde que Reyson se había enojado con él por tener relación con los beorc, agradecía profundamente que le permitiese hablarle nuevamente, desde aquella reunión con la Alianza Laguz y retomar su amistad, incluso volviendo a tenerle de visita en el castillo donde actuaba como si fuese mismo príncipe de Kilvas, siendo respetado por los cuervos como tal puesto que su rey incluso trataba a Reyson como un superior en algunas ocasiones.

Había regresado esa mañana de un saqueo, uno bastante bueno a decir verdad, un navío había encallado en la costa de Goldoa y un vigía le había alertado al grupo con tal rapidez que los cuervos habían llegado antes que los dragones a auxiliar. El saqueo fue sencillo, eran solo mercaderes y tras simplemente herir a uno cedieron a entregar su mercancía sin mucho más problema, había encontrado piezas de joyería bastante interesantes y se habían reunido en el castillo a repartir el botín quedándose el rey con gran parte del mismo, en especial con una tiara dorada que simulaba ramas con pequeñas hojas de esmeralda y como si fuese una guinda en el tope de la misma, un rubí. Todo finamente tallado, y no importaba hacia donde lo apuntase, si le tocaba el sol cada una de las piedras brillaba evidenciando su autenticidad. Con la pieza envuelta en un paño de terciopelo negro recorrió todas las habitaciones del castillo sin encontrar al príncipe blanco, deduciendo que se habría escapado de nuevo, deducción que fue confirmada cuando uno de los vigías le dijo que le vio alejarse hacia las montañas. Dejándose caer por la ventana, con el regalo en su mano optó por su forma animal para llegar más rápido y con mayor facilidad siendo menos la resistencia al viento de esta manera, sujetando el regalo con fuerza en su pata. No tardó en ver las alas blancas extendidas y el cabello rubio ondear con el viento a aquella altura, pasó delante suyo para llamar su atención, como una sombra negra apenas moviendo sus alas usando el viento para ganar velocidad, subió haciendo un giro cerrado sobre él y uno un tanto más abierto antes de posarse a un metro a su espalda, pisando ya con sus pies en forma humana y ladeando su rostro en contra del viento para que le peinase su cabello hacia atrás, pasando sus hombros lo llevaba atado en una cola a su nuca, en sus manos sostenía el bulto negro - Reyson~ ¿Por que tan solo aquí arriba? ¿Te importa si te hago compañía? - su voz siempre sonaba desdeñosa si no la disfrazaba con un tono amable, pero con Reyson tendría a mostrarse tal cual era, sabía que la garza ya le conocía bastante como para no sorprenderse de esa clase de actitudes en él.
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Mensaje por Invitado Dom Oct 11, 2015 9:09 pm

Habría reconocido al cuervo frente a sí en cualquier sitio, por breve que fuese la visión. Así como los beorc alegaban reconocerse por detalles del rostro (a Reyson, personalmente, varios le parecían demasiado parecidos), él reconocía con suma familiaridad el color, el largo y el orden de las plumas de ese cuerpo, su tamaño en general, su forma de volar, cada detalle en sus talones y, por sobre todo, la mancha de plumas grises en mitad de su pecho. Así que el mismo rey había venido a por él. No era sorpresa, cuando se encontraba en Kilvas, se mantenía bastante a su lado. Aún así, esperaba que no planease meterle de regreso al palacio ni similar, especialmente porque, de hecho, le sería útil allí afuera.

Tuvo la decencia de esperarlo, aunque no se molestó en volver la vista hacia él, inclusive al oírle a su espalda. Sólo se asomó por el borde del risco para medir la distancia abajo, no era el mejor calculando por mera vista, pero se hacía una idea. - En absoluto, - Respondió, suavizando su tono usualmente férreo al esbozar un muy leve sonrisa. - Eres exactamente la compañía que necesito en este momento. -

Verle volar le había recordado que aquella raza y Naesala en particular, tenían una técnica de vuelo que encontraba más precisa y certera que la de los halcones. Naesala se destacaba entre sus pares, como rey, no sólo por su riqueza o su manejo económico o lo que fuese que los cuervos admiraban en él, sino también por su vuelo. Podría aprender de él. Se giró para verle, llevando una mano junto a su cabeza para sujetar el cabello de un rubio pálido, que con el viento se remecía demasiado contra su rostro. Su vista pasó tan directamente a las alas ajenas, comparando el tamaño y preguntándose si tal cosa le afectaría, que jamás notó lo que el rey traía entre manos. Centrado en su propio cometido, como casi siempre, se adelantó a mencionar. - Tú eres el mejor volador rapaz aquí, ¿no es así? Y, como regla general, los cuervos serían más veloces que los halcones. Lo cual te haría el mejor volador entre Kilvas y Phoenicis. - Dijo. El laguz frente a él no parecía un hombre que fuese a rechazar cumplidos, por más que tuviesen estos un propósito específico. No obstante, no había asomo alguno de adulación en el tono tono de Reyson; eran hechos, nada más, conclusiones que tomaba por sí mismo. Le hizo un gesto con la mano para indicarle que se acercase al borde, junto a él. - De ser ese el caso, te necesito aquí. Hay un favor que quiero pedirte. -

Si bien había tenido sus diferencias con el hombre de sonrisa charlatana y cuestionables motivos en el pasado, no podía negar que, en mayor parte, le había sido gentil, desde su infancia hasta su vida adulta. Eran prácticamente amigos de toda la vida. Y nunca había sido muy bueno negándole cosas, tanto como era Reyson pésimo en aceptar un 'no' como respuesta. Sin ponerle mucha atención continuó hablando, todo lo que ocupaba su mente en aquellos días era su venganza, su reino perdido, era usual que perdiese noción de los demás. - Deseo lecciones de vuelo. No es que dude de mi capacidad, pero es algo más... agresivo, por supuesto. Supuse que podrías ayudarme. -
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Mensaje por Invitado Mar Oct 20, 2015 9:36 pm

La simple visión de la garza era música para su mirada, todo en dicha raza era hermoso, sus movimientos siempre eran elegantes y su aura siempre tranquilizadora, incluso un aura como la de Reyson que solo deseaba el mal hacia los beorcs, ya había dejado de preocuparse hacía bastante tiempo por la salud del rubio, había mostrado que podía con aquellos sentimientos y por sobretodo que a la larga parecía hacerle bien, era su manera de afrontar la perdida y Naesala lo apoyaba en la medida que podía, mientras el príncipe blanco no se obsesionase al punto de comenzar a sentirse mal, ahí lo detenía de manera inamovible, si no, lamentablemente el rey de los cuervos era casi que un sirviente del príncipe, buscando siempre tenerle lo más feliz posible y cumpliendo cuanto capricho a este se le cruzase por la mente. Y por supuesto, dándole tanto regalo pasase por sus manos.

Los halagos eran bien recibidos, aumentando su sonrisa mientras se acercaba paso a paso al otro, usando su mano libre para acomodar aquellos cabellos rubios, sueltos y salvajes contra el viento a aquella altura - si, básicamente sería el volador más ágil y rápido en ambos reinos. - confirmó con arrogancia mientras le quitaba la corona que llevaba dejándola entre las manos ajenas mientras le escuchaba. Sus dedos acariciaron con confianza los cabellos ajenos, acomodándolos para que el viento lo nos echase en su rostro. Movió la tela entre sus dedos dejándola caer y que el viento se la llevase quedando con la corona de oro, esmeraldas y rubíes en su mano - Entiendo, podría enseñarte algunas cosas si quieres... pero no te será sencillo. - explicó mientras ponía la corona sobre la cabeza ajena acomodándola con cuidado, midiendo si era el tamaño adecuado y peinando los cabellos bajo esta para que los sujetase en el lugar.

Una criatura como Reyson, siendo de tonalidades tan pálidas todo su ser, desde su piel, cabello y hasta sus ojos, lo encontraba perfecto para portar joyería. El oro y la plata parecían haber sido creadas en la tierra solo para ser portadas en él, armonizando demasiado bien en su paleta de colores, así mismo cualquier piedra preciosa que se le acercase solo acentuaba su belleza con pequeños toques de color, especialmente el verde que evidenciaba más el tono de su mirada. Era como si Reyson fuese la mayor obra de joyería por si mismo.

Observándole solo sonreía esperando que Reyson llegase a comprender - Por más que pudiese enseñarte como volar más rápido, espero que entiendas que es muy diferente... tus plumas son largas y algo pesadas, así como tus patas largas al igual que tu cuello. No eres muy aerodinámico y te será difícil y agotador intentar ir rápido o hacer alguna maniobras en el aire. - sabía que sería difícil que Reyson comprendiese, era terco como una mula y si se encaprichaba en algo era difícil hacerle cambiar de opinión.


Última edición por Naesala el Sáb Ene 02, 2016 12:36 am, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado Jue Oct 22, 2015 2:03 am

Le había pedido que se acercase al borde del acantilado para usarlo de plataforma de vuelo, no que se acercase a... tocarle el cabello, tocarle en general, ¿qué creía que hacía? Parecía dispuesto, por el momento, a darse la utilidad que Reyson requería de él, lo que no entendía era la necesidad de ser tan físico. Entornó la mirada, dibujando en su rostro una expresión agria al sentir que la corona de simple diseño que siempre llevaba era retirada de su cabeza; una pieza decorativa sin mucha importancia, con un entramado que pretendía simular ramas, no era en trabajo de la más fina mano pero mantenía su cabello en el lugar, especialmente a la hora de volar. Recibió el objeto, no deseaba dejarlo caer o perderlo por error, mas enseguida fijó su mirada en la del cuervo con impaciencia. - No espero que sea sencillo, no. - Su voz no sonaba perturbada, mas por supuesto que le confundía la cercanía del otro, lo íntimo del gesto de tocar tan prolongadamente su cabello. Sus alas se removieron un tanto, expresando la tensión que su voz y su lenguaje corporal no dejaba entrever, su semblante tan firme como siempre. - Es precisamente el motivo por el que siento que necesito esto. No será fácil, pero en algún momento debo comenzar a construir resistencia. -

Alzó la mano libre, entonces, para detener la diestra de Naesala en el lugar, los finos dedos del cuervo aún poniendo algo sobre su cabeza. El gesto fue súbito y no del todo gentil, pero la cercanía le había colmado un tanto y ciertamente no estaba habituado. El cuervo tenía sus formas de actuar y a muchas se había acostumbrado, pero aquello en particular no era del todo común. - ¿Qué haces? ¿Qué es eso? - Cuestionó, bajando la mano del cuervo para que llevase consigo la corona de joyas. Apenas la tocada, su mano se posaba más bien sobre la ajena para que este la sostuviera, su mirada crítica y poco impresionada sobre el objeto.

Si se tratase sólo de belleza, de aspecto, de decidir si le gustaba o no... por supuesto, le habría gustado. Era llamativo, interesante y lucía bien, le agradaba el tallado de ramas y hojas. Pero no era aquel el asunto. Su titubeo al aceptar el regalo recaía en la procedencia del mismo, no era la primera vez que el rey de Kilvas traía algo para él y, si aquella corona era como los otros bienes que conseguía, sospechaba de donde habría venido. Intentó distinguir si se trataba de un trabajo humano, revisando detenidamente el objeto. Entre tanto, inamovible de sus intenciones, continuaba terco en su idea de recibir lecciones.

- Entiendo, - Dijo, asintiendo cortamente. Tenía sentido, él mismo era bastante consciente del estorbo de  su cola y del largo de sus plumas a la hora de alzarse del suelo. No pensaba quedarse sólo con esa respuesta, sin embargo. - Entonces no lo haremos en mi forma verdadera, sino en esta. No tendría que ser tanto problema, ¿no? - Alzó la mirada a la ajena. No había mucha presión en la forma en que lo decía, pero era caro que no aceptaría una negativa. - ¿Me enseñarás, entonces? ¿La forma en que tú cazas a los humanos? -

De paso, soltó la mano de Naesala. Había visto suficiente la joya que le ofrecía y concluía, como había sospechado, que no debía de ser de manufactura en ningún reino laguz. Algo tan expertamente trabajado era obra de un artista humano, como casi todas las cosas que Naesala conseguía. Probablemente el producto de algún saqueo. - No llevaré joyas hechas por humanos, no te atrevas a poner tal cosa sobre mi. - Concluyó en un murmullo.
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Mensaje por Invitado Dom Nov 01, 2015 9:30 pm

Siendo tomada su mano la bajó para que el príncipe blanco pudiese ver lo que le ofrecía, ya su gesto le indicaba que no sería un regalo bien recibido, un suspiro quedo salió de sus labios mientras intentaba mantener su semblante. Reyson era una criatura de infinita belleza, de infinito encanto e infinita terquedad, sin embargo el rey de Kilvas seguía siendo terco en su insistencia para darle regalos y consentirlo en casi cada aspecto, aunque este no se dejase en algunos - Te he traído un regalo, tranquilo. No te hará daño, es una tiara, como la tuya pero más vistosa. - explicó por si el rubio no comprendía aquella pieza de joyería que no era un circulo si no en forma de luna vieja y entre tantas hojitas y ramitas podría confundirle con alguna otra pieza de joyería.

Movió un poco su cabeza, asintiendo a medias a sus palabras, pensando la manera en que Reyson pudiese realizar aquellas piruetas en el aire, tomar suficiente velocidad y planear contra el viento sin que sus largas pumas, largas patas y largo cuello no se lastimasen o le impidieran hacerlo, la forma compacta de los cuervos, con alas no muy pesadas, de plumas más bien cortas y parejas, apenas llegando a la base de su cola cuando tenía las alas recogidas, su cola también compacta, un tanto más larga, que podía abrir en un amplio abanico que le ayudaba a modo de timón en las maniobras rápidas en el aire, una cola larga de plumas de diferentes largos, plumas suaves como cabellos más que rígidas, no serían cómodas ni fuertes para ir contra el viento y desviarlo para cambiar abruptamente su curso, así mismo las alas de plumas largas serían buenas para planear pero no sabía si podría mover tan rápido sus alas como para tomar velocidad o detener su caída en picada al atacar... sin mencionar un aspecto fundamental en todo eso... sus patas y su pico, Reyson tenía patas delicadas, con garras cortas, rosadas y débiles, dedos largos y huesudos, elegantes pero sin fuerza, su pico era largo y elegante, ideal para el canto, totalmente diferente a las garras de sus talones, fuertes y negros, sus dedos tenían escamas duras que protegían un poco del daño que los humanos podrían hacerle al intentar librarse de su agarre, así mismo su pico era fuerte, grueso y afilado en su punta, ideal para desgarrar carne y suficiente fuerza como para llegar a partir los palos de la lanzas si los agarraba con firmeza en el ángulo adecuado. Vería como haría.

Frunció el ceño cuando su regalo fue rechazado, comprendía el odio visceral hacia los humanos pero ya le parecía algo ridículo si no podían aprovechar las cosas de estos. - ¿No lo aceptas ni aunque signifique que ha sido una perdida para los humanos? ¿Que probablemente familias enteras pasen hambre y quienes estaban encargados de enviar esta mercadería mueran? Independientemente de si matamos o no los tripulantes del barco que atacamos, somos muy conscientes que arruinamos las vidas, no solo de los tripulantes si no que de sus familias. No atacamos barcos pequeños, si no cargamentos de arte, joyas, telas, productos exóticos, incluso reales, la pérdida de su mercadería conlleva en menor medida a hambruna y pesares a sus familias y a ellos mismos, y en medidas mayores a la muerte por no cumplir el trabajo que se les ha dado. Este barco era de Begnion, tesoros religiosos, seguramente prefieran abandonar a sus familias a su suerte y empezar vida nueva en algún otro lugar antes de regresar a esperar una muerte especialmente dolorosa por perder tesoros de la Diosa. - sus palabras intentaban endulzar los oídos del príncipe mientras alzaba un poco más la corona, mostrando como esta brillaba cada vez que el sol la tocaba, sonrió a medio labio al mirarle - Imagina la angustia e incluso dolor que causarías al mostrarte con esta tiara, la posible razón por la que debió abandonar todo lo que amaba. O en caso de su dueño original, de que tu se lo quitaste, se lo prohíbes de su disfrute y lo reclamas como tuyo. - tomó la tiara antigua de Reyson y le dejó esta en sus manos, dejándole a él la decisión de quedársela o rechazarla. - Se te vería linda en el cuello cuando nos acompañes al próximo saqueo~ - libremente le chantajeaba con algo que él no le permitía hacer, aunque era verdad que su canto podría ayudarles mucho a su reducido grupo de saqueadores, sobretodo en barcos grandes donde había guardias armados e incluso arqueros... aunque si había arqueros no llevaría a Reyson.

Se colocó el mismo la tiara del rubio para no perderla, no podría sujetarla mientras le enseñaba a volar y al transformarse en su verdadera forma sería más cómodo llevarla al cuello que en su pata. Extendió sus alas midiendo el viento, la fuerza, dirección y velocidad de este y se aproximó al borde para ver la caída, los obstáculos que había y los lugares más peligrosos, más abajo llegaba a ver contra los riscos cuervos caminando al pasar de una casa a otra, así como alguno en su forma animal sobrevolando cerca, estaban en los picos más altos donde pocos subían debido a las fuertes corrientes - Bien, intentaremos primero en nuestra forma original, veremos si puedes seguirme el paso y me dirás después cuales fueron las cosas que más te costaron, si vemos que es demasiado difícil lo intentaremos en esta forma, aunque para atacar a los humanos será mejor en nuestra forma original, así seremos más lentos y blanco más fáciles en el aire de flechas y magias. - explicó al príncipe mirándole sobre su hombro.
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Mensaje por Invitado Lun Nov 02, 2015 5:13 pm

En el fondo era consciente de sus carencias, de la imposibilidad física, en todo sentido, de que lograse volar como Naesala y atacar como los cuervos. No podía atacar siquiera, no era asunto de elección ni de capacidad. Pero no esperaba llegar a ser exactamente como ellos, sólo alejarse al menos un poco de la fragilidad de su raza, dejar de ser un blanco tan obvio y tan fácil. No se explicaba, no acostumbraba dar explicaciones a nadie realmente, pero no había nada peor que el saber que estaba casi siempre desprotegido frente a sus enemigos y era por ello que insistía tanto. Insistiría en su entrenamiento, aún si sonaba irracional y aún si sabía que no lograría demasiado.

Era un paso hacia su objetivo. Y su objetivo, su venganza, era prácticamente lo único que ocupaba su mente. No podía permanecer en Kilvas sin intentar meterse en los saqueos, no podía pasar tiempo con Naesala sin hablarle de su venganza o buscar su ayuda, no podía siquiera dejarse acariciar y llenar de regalos, como a veces parecía que el cuervo quería para él. No podía darse el tiempo de aceptar su gentileza o de permitirle acercarse.

Sin embargo... si hablar de miseria humana era una forma retorcida de seducción, pues era la única forma retorcida de seducción que Reyson aceptaba. Estaba escuchándolo. Se sorprendía a sí mismo del interés y el agrado que le generaba imaginar lo que Naesala describía, los lujos de los que despojaban a los soberbios humanos, la frustración que seguramente les causaban al no poder decorar sus palacios y sus pesados cuerpos. Quitarles sus vidas y rebajarles a la miseria con tan sólo retirar uno de sus banales tesoros era increíblemente satisfactorio, tan sólo de pensar. Se dejó llevar un poco por la voz del mayor, su vista puesta en la corona, reflejando en ojos verdes sus destellos de oro y joyas. Una leve y complacida sonrisa apareció en sus labios - Lo que representa no quita su creación, y es a la mano humana a la que tengo tanto asco. Trascience mi voluntad. - Dijo, y sin embargo la aceptó en su mano. Con la opuesta abrió el cinto alrededor de su cintura, guardando contra este la pieza de joyería antes de cerrarlo de regreso, a modo de que no cayese. Pasó el dedo índice sobre la superficie de una incrustración una única vez. - Pero si es por romper el espíritu de mi enemigo, lo consideraré. Mi intención no es 'verme lindo' en el campo de batalla, sino verme como el apocalipsis para su raza. Quizás logre superar mi rechazo y apreciarla un poco. -

No olvidaba ni se perdía el detalle de que Naesala había insinuado que estaría presente en el próximo saqueo. Aquelló llamó su atención, aunque también su desconfianza. Miró de reojo al cuervo, sin saber si creerle o si asumir que sólo estaba de un humor especialmente bueno. De igual modo le siguió, escuchando atentamente sus indicaciones. Quizás se refería a que, si se mostraba físicamente apto en ese entrenamiento, le permitiría estar más cerca. Estaba dispuesto a creer eso.

- Entiendo. Te seguiré, verás que estoy preparado para acompañarlos. No soy tan frágil. - Dijo, aguardando apenas un momento la señal del rey de Kilvas antes de cambiar de forma, abandonando la forma de un varón joven y de larga cabellera platinada, para tomar la de un ave casi de igual tamaño, una garza perfectamente blanca, de plumas tan largas al final y de sus alas y en su cola que estas rozaban el suelo. Un ave elegante, pero nada apta para batalla, ni siquiera para vuelos prolongados.
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Mensaje por Invitado Mar Dic 22, 2015 12:34 am

El viento era bien recibido por el cuervo, sus alas semi extendidas se movían ligeramente con cada cambio  en el viento, las puntas de sus plumas doblándose ligeramente  por la fuerza del mismo así como sus cabellos despejando su rostro. Que Reyson aceptase el regalo era un gran paso, sobretodo tomando en cuenta su odio visceral hacia los humanos, él mismo tenía sus razones para tener un poco de resentimiento pero no podía negar que eran útiles, que tenían su encanto de cierta forma y por supuesto, de que eran una fuente de oro casi que inagotable. Sus tratos comerciales eran jugosos y enriquecían más sus arcas de lo que hacían sus saqueos. No pensaba renunciar a eso, mucho menos perder los acuerdos que había logrado hacer, más aún en épocas tan difíciles en territorios terrestres bajos. Siendo los cuervos, en parte, también mercenarios, había tenido bastante trabajo peleando contra emergidos.

Consideró por un ínfimo instante a Reyson, una unidad altamente valiosa para ser puesta a trabajo, su canto alentaba a los cuervos y les llenaba de energía haciendo sus vuelos más veloces y sus ataques más certeros, podría tomar trabajos más arriesgados y cobrar bastante más... pero era una locura. En primer lugar, no arriesgaría a Reyson poniéndolo en un campo de batalla directamente y en segundo lugar por que Reyson preferiría morir antes de ayudar a los humanos... o probablemente matarlo a él por considerar siquiera ello. Suspiró cortamente y miró al joven tomar su forma real. No dejaba de maravillarse con su belleza, su cuello largo y estilizado, su pico delgado de una ligera tonalidad violácea, sus plumas largas y pesadas que caían como un velo elegante.

Con una sonrisa en sus labios extendió sus alas para tomar su forma animal, siendo ligeramente más grande que el ave blanca acomodó sus alas a ambos lados de su cuerpo, sus patas eran más cortas y robustas, pero sus garras negras se aferraban a las rocas bajo suyo con firmeza, su pico mucho más grueso y con la punta ligeramente curvada terminaba en un filo sumamente apto para desgarrar, todo su cuerpo era más compacto y ancho, mucho más fuerte. Su plumaje, negro azulado en toda su extensión menos en su pecho, donde unas plumas grises se abrían cortando la negrura, un par de plumas del mismo color en su frente cortaban el negro de su rostro. Inflando un poco sus plumas se sacudió acomodando unas de su ala con su pico y se acercó más al borde con un corto saltito, sin extender sus alas se dejó caer hacia abajo en picada extendiéndolas cuando ya había tomado velocidad, usándolas para planear y trazar una U en el aire para volver a subir, usando el viento más que su fuerza para tomar velocidad, observando en la vuelta que daba en el aire si la garza le había seguido.
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Mensaje por Invitado Lun Dic 28, 2015 1:05 am

Se había siquiera una ínfima posibilidad de que, demostrándole a Naesala que era capaz de soportar una prueba física, este le permitiese al menos acompañarle en un saqueo o colaborar en alguna de las operaciones contra los humanos en sus aguas... pues era una posibilidad a la que querría aferrarse. Por difícil que pudiese ser, lo haría. Y aunque Naesala no quisiera permitírselo o no creyese en su capacidad, si lo demostraba allí y en ese momento, tendría un argumento a su favor para repetirle hasta que aceptara. Ahora bien, el asunto era lograrlo, pues aunque su voluntad pudiese llevarle muy lejos, tan lejos como para cerrar su corazón al horror en Serenes y vivir de la forma en que hacía, no podía estar seguro de que su cuerpo siguiese el paso.

Pero se empujaría hasta sus límites si debía hacerlo, y más allá si a base de voluntad lo conseguía. Esperó a que el gran cuervo comenzara, al ver que acomodaba sus plumas miró las propias, pero no había momento en que no yacieran rectas por su propio peso, como la caída de una túnica larga. No había sentido en imitarle en eso. Aguardó, pues, a que tomara vuela, viéndolo dejarse caer por el borde del risco, manteniendo su postura tranquilamente en el largo camino hacia abajo. No terminaba de entenderlo, pero si así era como lo hacían...

Juntó sus alas contra sí e imitó. Se dejó caer, casi tan compacto como el cuervo, mas con la larga cola blanca siempre visible tras él, cargada vistosamente por el viento. Llegando cerca del agua extendió sus alas, mas la súbita resistencia del viento se le hizo pesada y difícil de manejar, demorando en lograr dar el giro. Su cola rozó la superficie del agua, hundiéndose apenas la punta y levantando una pequeña cortina de gotas al volver hacia arriba, mucho más lento que el otro. Oh, pero le seguía, eso por seguro, no iba a quedarse atrás. Se esforzó por darse prisa y no mostrar lo difícil que le resultaba, deshaciéndose en el camino del agua en sus plumas.

Habían barcos allí abajo, desconocía si barcos extranjeros o algún invitado de Kilvas, algún autorizado por trabajo o similar. Aún así, barcos siempre significaban humanos, y les había tomado desagrado. Gustosamente se alejó de estos, perdiéndolos de vista a medida que tomaba altura. El aire allí arriba era arduo, soplaba en ráfagas fuertes y gélidas para él, mas pretendió confianza y comodidad al acercarse a Naesala, volando frente a él y girándose con un movimiento lento y tardío de su cola, seda en movimiento. Su gesto denotaba un "esto es fácil" fingido, pero altivo y muy convincente. La corona que había aceptado de él yacía en su cuello entonces, destellante y colorida. Aguardó al resto de sus pruebas, aventurando con molestia una mirada a los barcos debajo, como si con eso pudiese apresurarlos a irse. Kilvas era en alguna medida su hogar, no le agradaba ver intrusos en sus aguas. Como fuese, debía mantenerse con el cuervo y seguirle el paso en lo que este hiciese.
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Mensaje por Invitado Miér Dic 30, 2015 3:25 am

El viento contra sus plumas siempre se sentía bien, el vivir en los altos picos contra la costa daba un clima ventoso que siempre era bien recibido por los cuervos, si bien exigía un poco más de esfuerzo el volar contra el viento este les daba altura y un entrenamiento extra que les hacía destacar en velocidad con sus hermanos halcones. El Rey de los cuervos no era la excepción, volar era lo que más hacía y entrenar su vuelo consumía casi todo el tiempo en el que no estaba atendiendo sus tareas como Rey o simplemente contando su riqueza en las arcas reales.

Sus movimientos eran precisos y su vuelo, si bien era veloz, también era bastante cuidadoso, podía planear por entre rocas donde su cuerpo en vertical apenas tenía un par de centímetros para pasar así como volar en la noche hacia un marinero y sacarle el sombrero con su pata sin ser notado a no ser por el movimiento del aire y la sombra negra que su figura hacía en el cielo azul marino. Todo lo contrario de lo que era la demostración del Principe blanco.

No era torpeza lo que mostraba, pero se evidenciaba en su vuelo lo pesado de sus plumas, lo lento de sus movimientos arrastrando con ello un tiempo de reacción más moroso. in embargo no dejaba de ser un espectáculo sumamente bello a la vista, el sol chocó contra la cortina de pequeñas gotas de agua y el brillo de estas captaron enseguida la atención del ave negra que voló enseguida más cerca de la garza, dando un giró en el aire a su alrededor ya mostrando ya un poco de segundas intenciones.

Los atalayeros, cuervos vigilantes que se posaban en los altos picos del camino de la vigilia donde pasaban los barcos, miraban con calma a los que se acercaban, barcos de comercio normalmente, incluso barcos tomados por los cuervos en otras ocasiones donde transportaban los tesoros que robaban y después simplemente dejaban que los barcos vacíos se perdieran en el mar. De haber un inconveniente, estos atalayeros levantarían la voz de alarma. Mientras estuviesen tranquilos, también lo estaba el rey.

Al estar a la par del ave blanca graznó, un sonido cacofónico ronco y que erizaba a más de un humano al escucharlo, muy alejado del canto melodioso de la garza que le acompañaba, era un llamado más que nada. Viendo que le seguía el paso comenzó a tomar altura donde los vientos eran más fuertes y podría mostrarle como planear. Ya había visto que la agilidad no sería un fuerte en la garza, quizás si le enseñaba a ahorrar energía y planear podría acompañarle en alguno de sus viajes.

A medida que tomaba altura se iban perdiendo abajo la vista de los tripulantes de los barcos, siendo solo puntos sobre las pequeñitas estructuras de madera sobre la extensión azul. El viento era mucho más fuerte y ya no avanzaba, extendiendo sus alas contra el viento, abriendo las largas de sus puntas como si fuese una mano extendida con largos dedos negros, se mantuvo en el lugar usando el viento para planear.
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Mensaje por Invitado Miér Dic 30, 2015 4:12 am

¿Qué pretendía el rey, rodeándolo así en el aire? Le quedaba más que claro que era hábil en lo que hacía, le había visto en el campo de batalla tanto como en trabajos; no, más bien, había estado viéndolo casi toda su vida, no olvidaba las épocas más jovenes ni la imagen siempre bienvenida de las alas negras sobrevolando Serenes, augurando las muy esperadas y muy valoradas visitas. Siempre había sido ágil, siempre había sido certero, inclusive cruel cuando la situación lo ameritaba y debía servirse de sus talones en combate. Exhibirse frente a Reyson era lo último que necesitaba hacer. Pero le daba la impresión de que era lo que hacía, y apenas le cedió una mezquina mirada, poniendo bajo inmediata tela de juicio su comportamiento. Tenía tiempo para entrenar, no para jugar, mucho menos para... lo que fuese que el cuervo pretendía, luciéndose como si no lo conociese bien ya.

Mantenía la atención del otro laguz a raya. Por ratos apreciaba la cercanía, encontraba algo de alivio en la atención que le daba, hasta se permitía retroceder a más simples tiempos y tratar su relación con Naesala como antes habría sido. Por ratos, también, se cerraba a cada acercamiento del cuervo, rehuyendo a lo que pudiese suceder si aceptaba demasiado atención o se hundía demasiado en las distracciones. Habían líneas que no deseaba cruzar. Las cosas ya no eran iguales. Demasiado había sucedido en un par de décadas y la garza tenía otras preocupaciones en mente, objetivos que tomaban prioridad por sobre su persona y sus relaciones. Acercarse en demasía a cualquier otra cosa era contraproducente, y aunque no preveía qué habría de suceder si hubiese continuado como antes iba con el rey de Kilvas, en ese momento no deseaba descubrirlo. No temía a pasar tiempo a solas con él o a permanecer en su palacio, pero si podía, mantenía las cosas en su debido caudal.

Se enserió a cuenta nueva y se abstuvo de regresarle el juego, fuese lo que fuese. Suficiente le costaba lo que hacía, volando en viento tan fuerte y helado. Tomar más altura le cansaba ya, manteniéndose recto a mera base de su terquedad, pues de lo contrario sucumbiría al viento que fácilmente podría estarlo llevando. Naesala abría las alas, parecía tan cómodo con todo aquello, tan plácido al dejarse llevar. Reyson le siguió, aunque extender las alas más lejos de su cuerpo hacía que el frío calase peor y le dejaba más vulnerable al empuje. No tenía más opción sino hacerlo. Sus alas se abrieron como un gigantesco abanico, las largas puntas cayendo con la misma suavidad que su cola, remecidas por el viento de forma incómoda y dificultándole mantenerse en posición, pues debía de apoyarse en fuerza que apenas tenía.

Era agotador. Se forzó a mantener las alas rectas y agachó la cabeza al planear, algo lánguido, preocupado casi enseguida de descender. A esa altura no podría. Sólo bajaría un poco, seguramente no luciría sospechoso, iría hasta donde el viento fuese más leve y aquello dejase de ser tan frustrante e innecesariamente difícil. Perdió altura y con el alivio de algunos momentos pudo permitirse ser llevado por el aire y la posición de sus alas, antes de volver a aletear tan sólo para quitarse el entumecimiento. Sus plumas se removieron por el frío, pareciendo inflar el tamaño de sus alas, y no pudo evitar estremecerse.

Bajó hasta los picos montañosos y entre estos, donde oía con claridad el sonido de las olas en lento movimiento. Allí hacía menos frío y todo le costaba menos, aunque el cansancio perduraba, una pesadumbre molesta sobre su frágil figura. Buscó sol sobre sí, quitarse al menos el frío que todavía sentía. Y sin embargo miró a Naesala como si nada, terco, como para demostrar que seguía en la carrera, que todavía esperaba otro ejemplo.
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Mensaje por Invitado Miér Dic 30, 2015 4:34 pm

No negaría que no intentaba avances con el príncipe de Serenes, desde sus visitas al bosque siempre había tenido una relación bastante cercana con el príncipe blanco. Fue con él con quien exploró casi todo el bosque, con quien voló hasta la cima de los árboles más altos para quedarse allí mirando el cielo mientras hablaban, le había enseñado el idioma de los beorcs así como Reyson le ayudó a mejorar el Galdr, si bien desde pichón Naeluchi le había enseñado la antigua lengua de los laguz y la naturaleza fue la garza quien le ayudó a mejorarlo hasta hacerla su segunda lengua, si bien Reyson también le intentó enseñar hablar en su lengua con los árboles y los animales, el cuervo no tenía la misma conexión con la naturaleza por lo que nunca aprendió a hacerlo bien, puede llegar a sentir las energías que lo rodean e identificarlas, pero tiende más a ignorarlas perdiéndose en lo superficial.

Los viejos tiempos eran buenos tiempos, aunque el ave negra siempre viese el futuro no podía dejar de pensar en el Reyson que había conocido antes del desastre, un ave, que si bien era de carácter más fuerte que las otras garzas, era mucho más amable y comprensiva, sobretodo con toda criatura viviente sin desear mal a nadie. La criatura resentida que ahora compartía techo con él era un ser que de a momentos el rey de los cuervos desconocía como tal, sin embargo lo comprendía, realmente entendía su frustración y odio, así como también era muy consciente del mal que se hacía al tener esos sentimientos. Verle débil no era para nada agradable para el cuervo y repetírselo era tan productivo como hablarle a una roca. Al verle bajar de altura e inflar sus plumas comprendió enseguida de que se trataba aquello.

Bajó en altura él también, planeando a su lado, apenas dando un par de aleteos para mantener la misma velocidad que la garza, mucho más majestuosa en el aire con aquella cortina de plumas largas que el cuervo. No caía en cuenta la temperatura, estando acostumbrado a temperaturas bajas con sus varias capas de plumas manteniendo su calor corporal, no llegó a razonar esto como un problema, en cambio, la fuerza del viento así como la debilidad de la garza por los motivos que movían sus acciones, si.

Rodeó un pico alto y bajó en espiral hasta una pequeña plataforma demasiado perfecta como para ser una formación natural. Sus fuertes garras se aferraron al borde y sacudiendo sus plumas las volvió a acomodar esperando a su compañero que aterrizara, el espacio era un poco reducido, pero estando más resguardado por la montaña el viento no era tan fuerte y no suponía que fuese problema maniobrar en el aire para pararse. A parte si se mantenía en el borde podría dejar caer por este las largas plumas de su cola sin tener que arrastrarlas contra la rugosa superficie de las rocas y dañarlas.
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Mensaje por Invitado Vie Ene 01, 2016 7:24 pm

No estaban continuando con la extenuante ruta. Estaba seguro de que podía mucho más que eso, el problema era sólo la altitud, las condiciones, seguramente en otro contexto habría podido hacerlo con mucha más facilidad, pero no era como si estuviera fallando. Después de todo, sí había logrado seguirle el paso hasta ese punto, y a su parecer sin demostrar siquiera la dificultad que presentaba. Si Naesala paraba, debía ser por otro motivo... ¿o porque había demostrado lo suficiente ya? Parecía escaso, pero no se quejaría.

Ya le había dicho, después de todo, que le acompañaría en el siguiente saqueo. Y una cosa prometida una vez al Príncipe Blanco, así fuese en un comentario hecho a la ligera y claramente apuntado a ponerlo de buen humor, era algo que no olvidaría ni dejaría ir por nada del mundo. Ya ansiaba el momento. Aquel entrenamiento no era más que una preparación, una medición personal suya, no suponía que fuese a afectar lo que ya estaba pactado. Aún así, se aseguró de aprovechar cada oportunidad de recobrar aliento o de alisar sus plumas, relajándose cuanto podía en el camino y dejando que el sol le quitase algo del frío residual, a modo de verse cuan compuesto y tranquilo podía al alcanzar al cuervo.

Se posó con suma ligereza al borde de la meseta, bajo la cual probablemente yacía el nido de algún otro alas negras, apenas removiendo el polvo bajo sí. Su cola tardó tanto más que él en terminar de caer, más ligera que el resto de sus plumas, pendiendo por el borde como un velo. Entumido dobló enseguida sus alas y se ocupó tan rápido como pudo en alisarlas con su pico, pretendiendo que sólo las ordenaba. Entonces se dirigió a Naesala con naturalidad, no en el lenguaje moderno que gracias a él dominaba, sino en la antigua lengua que inclusive en su verdadera forma podía usar. Cazador, presa, cazador [Privado - Naesala] [Entrenamiento] STGQZn0 Preguntó, permitiéndose la tranquilidad de que Naesala comprendía aquel lenguaje. No era en el que acostumbraban dirigirse el uno al otro, pero no cesaba de ser una opción. Altivo, no le animó en lo particular a detener las cosas, ni tampoco le presionó a seguirlas por cuanto su salud lo resentiría. Cazador, presa, cazador [Privado - Naesala] [Entrenamiento] FIyfUZm

Y tuvo allí un par de momentos, al menos, para descansar. Lo hizo lo más discretamente posible, quedándose quieto en su lugar, apenas ocasionalmente acomodando alguna pluma, por lo demás tan sólo preocupado de recobrar aliento y no parecer agitado. Al recobrarse un poco pretendió adelantarse junto al cuervo, mas caminar arrastrando sus plumas era algo que jamás había apreciado y acabó por alzar vuelo, aunque fuese para elevarse en el aire la distancia que su cola necesitaba para no rozar el suelo en su caída. Se detuvo en al aire frente a este, manteniéndose de a aleteos lentos y distrayendo de inmediato. Su mente estaba en otra cosa y pretendía que la de Naesala, también, pasara de él y de sus dificultades. Debía admitirse que inclusive la posición que tomaba era adrede, sabía que su presencia ocasionalmente le distraía y por ello permanecía donde le viese.

Cazador, presa, cazador [Privado - Naesala] [Entrenamiento] R2BFftF Preguntó, girándose levemente hacia los barcos en lentísimo paso por sus aguas. Desde allí inclusive oía a sus marineros gritarse cosas y charlar entre ellos en cubierta.
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Mensaje por Invitado Sáb Ene 02, 2016 12:54 am

No quería empujarlo tanto a algo que aún no estaba preparado y al verle bajar con la respiración un poco agitada ya supo que le había llevado a un límite seguro, que no empujaría más al menos por el momento. La punta de su pico se mezcló entre sus plumas y las acomodó, tomando una con su pico la peinó uniendo los pelos que la conformaban y se había separado con el viento. Le permitió tiempo para acomodarse el mismo y componerse, mientras volvía a mirar a los barcos en el puerto y los que se iban acercando, eran pocos y tenían la bandera de Kilvas entre las suyas como seña de que eran mercaderes autorizados.

Cuando la garza se acercó volando, con sus largas plumas cayendo como un velo pesado y elegante, la mirada del cuervo se posó en el elegante ave blanco, sus ojos, dos esferas negro brillante mostraban un ligero tinte rojizo al sol apenas dibujándosele el iris negro como un punto en el centro. Las plumas en su pecho se inflaron un poco mientras se acomodaba en el borde de la plataforma dando un saltito hacia adelante, siéndole más sencillo avanzar de a saltos que de a pasos en aquella forma. Su atención estaba centrada en el ave blanca, en su forma lenta de moverse y en las plumas tan cuidadas, sin rastro alguno de suciedad, tan blancas como lo era la nieve recién caída del cielo o la espuma marina en las mañanas.

La lengua antigua no era problema para él, si bien en un momento décadas atrás le pedía a Reyson que hablase lento para poder comprenderle ahora era tan fluida en él como lo era la lengua beorc, sin embargo prefería hablar en la segunda. Sentía que Reyson no se lo tomaría a bien escucharle hablar la lenguas antiguas de los laguz, aquella lengua con la que se comunicaba con los animales y con las plantas, cuando él no era capaz de realizar esa comunicación. Le escuchó apenas ladeando su cabeza y pese a la falta de labios, pudo vocalizar de manera normal - Si, por el momento. Lo hiciste bien, pero debes practicar más, me parece bien que hagas observado algunas cosas, te serán útiles. Practica utilizar el viento para planear y el mismo peso de tu cuerpo para tomar velocidad. - se perdió un poco al ver el sol tocar la corona de rubíes y esmeraldas mostrando destellos de luz de colores en las pequeñas piezas que representaban flores y hojas. La mirada del cuervo se volvió más interesada aún, entreabriendo su pico luchando contra la necesidad de tomar aquellas piedras nuevamente para él.

Nuevamente las palabras de la garza le hicieron alzar su cabeza para mirarle al rostro, si bien poseía menos expresión que siendo humano, entre aves podía llegar a ser tan expresivo como un rostro humano, así que el bajar de su cabeza y el ligero entrecerrar de sus ojos fueron suficiente para darle a entender a la garza que el cuervo no estaba del todo feliz con ello, pero no rompería una promesa al príncipe blanco, ni siquiera una hecha al aire. Podría pisotear sus palabras si la situación lo ameritaba, incluso podía tirar por el piso su imagen y su honor, pero evitaba todo eso con Reyson, con las garzas en general, eran su pequeña debilidad y su capricho. Incluso cediendo a sus propios tesoros solo para que Reyson se viese más bello.

Volvió a mirar los barcos - No, si tienen la bandera de Kilvas están exentos de nuestros blancos rutinarios. Y si, te llevaré al próximo saqueo, pero no los realizamos cerca de las islas de Kilvas... los que se acercan tanto son beorcs degenerados, caídos en frenezi y perdiendo capacidad de razonamiento y comunicación, armados con arcos y magia, sus ataques son despiadados y dirigidos a matar. Déjale eso a los vigías eso. Iremos a Goldoa, hay un estrecho que siempre encallan barcos mercantes, allí es sencillo atacarlos. - nunca había sido tan específico con aquellos temas frente a Reyson, pero si los iba a acompañar estaba bien que supiera donde y como lo hacían - Matamos a los que portan armas de distancia y bajamos a negociar con el cabecilla, si ceden, simplemente tenemos la mercadería que lleven, si no, matamos a todos, nos llevamos las cosas y hundimos el barco.- Era un modus operandi simple, y si llegaban a encontrar una batalla entre dos barcos, era como si encontrasen un tesoro en si mismo, no solo vendían sus servicios al más desesperado sacando oro de la situación si no que, si jugaba bien sus cartas, podían robarle a ambos y alejarse antes que la situación se vuelva demasiado violenta.
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Mensaje por Invitado Dom Ene 03, 2016 5:58 am

Las cosas eran cada vez más complicadas, los simples años se perdían de vista, y sin embargo, siempre y cuando estuviese en Kilvas, Reyson terminaba consiguiendo las cosas como las quería. Naesala tenía una peligrosa tendencia a ceder, y donde no lo hacía, la garza tendía aún a encontrar sus modos. Al percibir la atención del cuervo sobre sí, al verle acercarse, su mirada pasando de él a la corona regalada que llevaba a la base del cuello, supo que estaría consiguiendo lo que quería otra vez. Quizás no de inmediato, quizás requiriendo un esfuerzo adicional aún, pero al final de todo, lo conseguiría. De eso no cabía duda.

Fue por ello que recibió de particular buena gana sus consejos, bajando levemente la cabeza como si asintiera. La verdad era que sí le ponía atención y sí haría lo que decía, probablemente, con tal de evitar agotarse como en esa corta sesión había hecho, pero era sólo cuando obtenía algo deseado que su comportamiento se tornaba tan bueno y su carácter tan dócil. Complacido, dio una suerte de grácil bajar de las alas y de las largas plumas sobre su cabeza, como una reverencia cortésmente hecha en el aire. Cazador, presa, cazador [Privado - Naesala] [Entrenamiento] OCnW6yM Dijo, permitiéndose bajar tras el gesto, posarse de regreso en la roca con su cola acomodada hacia un costado de sus patas antes de dar la caída.

El "sí" ya salía de Naesala, y era todo lo que necesitaba oír. No estaría necesitando extenuarse más. Se deshizo entonces de su forma, si bien la más afín a su ser, representaba un constante esfuerzo; le escuchaba desde el borde del risco y fue allí donde cambió, sus plumas tomando un breve fulgor antes de deshacerse en la palidez de su piel y el blanco de sus largas ropas. Sus alas permanecieron en su espalda, adoptando apenas una forma más cómoda y un arco más amplio. Nuevamente un esbelto y alto joven de larga cabellera platinada, cruzó una pierna sobre la otra y exhaló con calma, reponiéndose con más facilidad. Miró al gran ave negra con amplia fascinación por el prospecto que ofrecía, el blanco seleccionado para el saqueo y la expedición en que sería incluído. Mientras le escuchaba, posó una de sus manos sobre la cabeza del ave, y con delicado tacto acomodó una pluma desarreglada allí, en la nuca, donde él mismo no habría conseguido alcanzar.

- Entiendo. Por lejos preferiría la segunda opción, quieran entregar sus bienes o no, no quitará que sean corruptos y viles. Quienes negocien por sus vidas probablemente demuestren ser los peores, en sí. - Sentenció, dando un par de leves caricias sobre la espalda del cuervo antes de apartar su mano. En esa forma, la lengua beorc le venía con practicada facilidad. - Pero me apegaré al modo en que actúan mientras deba de hacerlo. Mientras no me pidas estar en buenos términos con humanos, quiero decir. Quienes invaden esas aguas suelen ser humanos de Begnion, ¿no? Corrompidos por avaricia, aferrados a sus joyas... como los has descrito antes. - Dijo en aire altivo, desdeñoso. Podía imaginar con claridad a esa clase de hombres, y era los más cobardes y avariciosos de los que más debía protegerse, pues ser visto representaba un peligro mayor al ojo de un acaparador que de un simple asesino, pero evitaba sacar eso a la luz. La política de no ser visto por humanos tendría que modificarse un tanto si estaría por ser el omen final para ellos. - No deben de ser grandes guerreros. -

Se entretuvo, entonces, en recordar la corona que aparecía a cuenta nueva sujeta de su cinto. Lo abrió para retirarla de allí y tomarla entre sus manos, alzándola a la altura de sus ojos. La giró entre sus manos hacia un lado y hacia el otro, apreciando en nueva luz la estructura. Quizás sí estaría usándola, a modo de regresarle el favor al cuervo. Él le permitía participar y le llevaba en el saqueo, y a cambio Reyson portaría la condecoración que le había elegido. - No habrá problemas con que me presente a asistir, entonces. - Concluyó distraídamente, tan sólo para confirmar, y mirando de soslayo al rey de Kilvas agregó con el mismo casual tono. - ¿Dónde tienes un espejo, Naesala? -
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Mensaje por Invitado Vie Ene 08, 2016 6:58 pm

La mano del príncipe sobre su plumaje era un tacto delicado y bienvenido, era raro que Reyson se acercase, mucho menos que estirase a tocarlo o acomodar algo de su ropa, aunque no faltó en notar que Reyson parecía mucho más cómodo con él en su forma real que en su forma humana. Bajó un poco su cabeza y hundió su pico en las plumas de su pecho acomodando las mismas, el ser tocado y siendo consciente que sus plumas estaban desacomodadas sintió la fuerte necesidad de acomodarlas más meticulosamente, dejandose con las plumas tan lisas que parecía estar cubierto por una capa mate y suave en todo su cuerpo, incluso cuando las inflaba no se llegaba a ver entre estas al estar tan cuidadosamente superpuestas. Se estremeció y un par de plumas negras se soltaron, pequeñas y llevadas rápidamente por el viento. Alzó su cabeza y su pico rozó el brazo que le acariciaba, entreabriendo el mismo rozó con este las telas del príncipe antes de volver a mirar al frente, un cariño más entendible entre aves que entre humanos y ni siquiera se molestaba en ocultar la felicidad que le causaba esa cercanía y esas atenciones, e le hacía difícil negarle cualquier cosa cuando le acariciaba así.

El ave de gran tamaño lamentó cuando las caricias terminaron, pero tampoco insistiría demasiado, optando por su forma humana un ligero reflejo azulado cubrió sus plumas antes de dejar a la vista las ropas de mismo color que cubrían el cuerpo del peliazul. De pie junto al rubio acomodó sus alas dobladas contra su espalda descansando y tratando de no ejercer resistencia contra el viento. Asintió suave a las palabras del otro - En su mayoría, si, son de Begnion, son con sus banderas los que tenemos más cuidado, sin embargo. Antes en su mayoría eran simples nobles viajando, explorando el nuevo mundo, incluso algunos barcos mercantes, pero desde hace un par de inviernos son estos humanos caídos en frenezi de que te hablé. Nos aproximamos con cuidado cuando vemos banderas de Begnion... sobretodo por que en su camino hasta han desviado su ruta para atacar derechamente el puerto de Kilvas, por suerte son vistos con tiempo y no permitimos que se aproximen demasiado manteniendo en el agua las peleas, donde corremos con la ventaja del viento y las olas. - Si pisaban tierra tendrían problemas, los humanos eran como los piojos, un par que caían sobre las plumas y desaparecían para convertirse en miles al poco tiempo. Si los dejaban tocar tierra, incluso si era tierra de Kilvas, encontrarían la manera de esconderse y atacar en el momento menos oportuno o incluso traer más tropas. Manteniéndolos en el agua sabían que al hundir el barco exterminaban aquella plaga.

Dejó que la pausa se extendiera cuando el rubio comenzó a mirar el reglo, expectante el rey de los cuervos se quedó mirando esperando que la segunda vista del rubio a su regalo le diese un fallo favorable en esta ocasión. Al serle pedido un espejo sintió la alegría recorrerle, sus alas se extendieron un poco y su sonrisa se amplió - En el palacio tengo un espejo de plata. Supongo que si terminamos por hoy estarás de acuerdo al volver al castillo. El sol caerá pronto, comamos algo y descansemos... esta mañana re decoré mi nido y me gustaría que lo vieras. - ofreció con un tono un tanto más íntimo.
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Mensaje por Invitado Dom Ene 10, 2016 12:20 am

De algún modo, siempre terminaba en cierto extraño balance de influencias con el cuervo. No era un acto consciente, hasta donde entendía, sino que simplemente acababa sucediendo así: en pedirle o reprocharle cosas con la confianza que un viejo amigo se confería, fallaba en ver el verdadero peso de repercutir de tal modo en el rey de una nación. La nobilidad y el poder nunca habían significado mucho en Serenes, después de todo. Y cuando Naesala accedía, ya fuese por darle su capricho o por tomar en cuenta su opinión, su humor se tornaba tan relajado y contento como para acariciar sus plumas y sonreírle cuando jugueteaba jalando de su ropa con el pico. No era que le concediera su atención cuando cumplía sus deseos y se la retirase cuando no, no exactamente, pero por ratos se asemejaba bastante a ser así. Aquello era algo que definitivamente no tomaba a conciencia. Al fin y al cabo, era cierto que le consideraba alguien cercano, con quien pasaba más tiempo aquellas épocas que nunca y a cuyo lado no le molestaba permanecer.

Más aún, Reyson ocupaba su mente en sus propios asuntos, y si Naesala se involucraba en estos era inevitable que le prestase más atención. Cuando mencionó la clase de barcos que aquellos días aparecían en sus aguas, el príncipe blanco le miró con creciente interés, girándose un poco hacia él. Nuevamente había tomado su otra forma, aunque se sentía mucho más complejo leer sus expresiones en aquel rostro de afilados razgos. Pensativo, bajó sus manos hasta posar la corona en su regazo, su vista puesta aún en esta mientras consideraba sus palabras. Apenas reparó en el mejorado humor del rey, que sus alas delataban más expresivamente que cualquier gesto de su rostro, menos aún en la cualidad que tomaba su voz al invitarle a lo que era más significativo que una cama cualquiera.

- Ni hambriento ni cansado, gracias. - Respondió casi sin pensar, subiendo sus pies al borde de la formación rocosa para alzarse con un insonoro gesto. - Pero iré contigo. Regresemos, quiero probar cómo luce tu regalo. - Sonrió al sujetar en una de sus manos la corona, haciendo con la otra un gesto al rey de Kilvas para que le siguiese. Incapaz de volver a tomar su verdadera forma, tan sólo extendió las alas aún más grandes que en aquel aspecto poseía, abarcando metros a su lado antes de aletear con lentitud y hasta cierta pesadez, moviendo en un sólo gesto de tan largas plumas el aire suficiente para alzarse. Tomó vuelo de regreso al castillo con facilidad; aquella forma y la otra le hacían pesar el mismo escaso peso, irreal en un hombre de su altura, pero tan cómodo a la hora de cruzar el paisaje celeste que casi nunca se hallaba en la necesidad de caminar.

Se dirigió a su ritmo al palacio, a sabiendas de que Naesala era considerablemente más veloz y le alcanzaría en breve. Cuando lo hizo, la garza no pudo evitar ya comentar lo que había estado en su mente, su vista puesta al frente con desconfiada expresión. - Aquellos humanos del imperio se han vuelto más sospechosos que antes, ¿no es así? Con sus barcos llenos de ese extraño ejército, y el hecho de que hasta en los reinos laguz se han colado. Muchos de nosotros compartimos frontera con Begnion, pero que tengan el descaro de enviar esas tropas a nosotros y pretender que no son suyas... - Era consciente de que ningún país estaba reconociendo ser el origen de las tropas, había interrogado bastante al respecto ya. Y sin embargo, no podía evitar hacerse su propia idea. - Por supuesto, no dejaré de creer en lo que veo. Los invasores vienen de Begnion, debería ser Begnion quien responda. - Sentenció sin el menor esfuerzo en suavizar sus severas opiniones. El palacio aparecía ya entre las montañas, resguardado y seguro. Reyson agradeció en fuero interno que el viento se calmase un tanto dentro de aquel resguardo y buscó la ventana por la que debiesen ingresar.
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Mensaje por Invitado Mar Ene 12, 2016 11:57 pm

Sucumbía fácil al encanto del rubio, su aprobación era mucha para el cuervo, sobretodo por aquella sobreprotección que comenzó a tener con él después del desastre de Serenes, cumpliendo sus caprichos, protegiéndole de cualquier mal, ya había perdido mucho en aquel desastre, incluso egoístamente pensando, no pensaba perder a aquella garza también, quería tenerle tan feliz y alejado de sus malos pensamientos como fuese posible... y en los últimos años, más bien en las últimas primaveras había comenzado a girar su mirada a la garza y no solo a sus compañeros de alas negras. No era como si los cuervos fuesen aves de una pareja de por vida, cada temporada era una nueva temporada y muy pocos decidían parejas de por vida, menos si no habían habido crías en la temporada anterior. El rey, por su parte, había tenido tanto compañeras como compañeros para pasar tranquilo esas temporadas, sin embargo nunca había tenido hijos, tenía sus razones para evitarlo.

Sintió la alegría curvar sus labios al escuchar que quería probarse su regalo, mucho más complaciente asintió y le siguió en vuelo cuando la garza saltó del borde. También en su forma humana, con movimientos amplios de sus alas llegó casi que a la par del rubio. El palacio estaba lleno de amplias ventanas para poder abordarlo volando en cualquier momento, en todo Kilvas casi no había calles o pasajes a pie, las casas carecían de puerta propiamente dicha y solo el palacio estaba con un camino que podía llegar a ser transitado por criaturas sin alas y con un camino que podía ser alcanzado, después de mucho caminar en una empinada subida, desde el puerto. Entrando por una de las ventanas más altas guió al rubio a su habitación.

El lugar era amplio, tres grandes ventanas daban a una vista hermosa, las tres daban a un balcón que era un excelente lugar de aterrizaje, dos de estas ventanas estaban cubiertas por pesadas cortinas que impedían el ingreso de la luz, al entrar el peliazul las abrió iluminando el lugar. Un gran espejo de plata enmarcado en madera de cerezo tallada a mano y encerada, tenía baúles de madera con herrajes dorados, uno abierto mostraba infinidad de riquezas, dagas enjoyadas, coronas, collares, monedas de oro, pulseras y demases, obviamente objetos robados. En una de las paredes había un tapiz colgado que tejido a mano con finos hilos mostraban con una perfección casi que fotográfica un paisaje de un bosque con animales y un río corriendo. Tenía un escritorio pequeño, más bien el palco de un escriba donde se veían artículos de escritura, plumas negras, propias seguramente, eran utilizadas para este fin, sin punta, solo usando el canuto de esta para escribir. Un pequeño cajón de madera tenía algunos libros y cartas. Centrando la habitación había una cama, un acolchado de plumas sobre la piedra, rodeado de almohadas en tonos negros y azules, muchas de las almohadas bordadas con hilos dorados y plateados arabescos y algunos animales. Una piel de lobo blanca cortaba la oscuridad puesta cayendo a un lado y al otro de manera simétrica, una sabana de seda de tonalidad amarilla algo dorada, contra la pared, enganchado en varios puntos, había una manta de terciopelo azul oscuro, tan oscuro que en los lugares opacos parecía negro, pero donde la luz llegaba a dar se veía el tono azulado, acompañando los pliegues se veían cadenas finas de oro con algunas piedras azules colgadas, un zafiro de considerable tamaño, faceteado y engarzado en una pieza de oro colgaba en la cabecera, reflejando cada rayo de sol que lo tocaba. La cama entera pareció brillar en diferentes puntos con la luz, y entre los dobleces y asomando por debajo de los almoahdones se veían brillar algunas monedas de oro así como pulseras y collares que parecían más caídos y olvidados allí que realmente puestos para decorar.
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Cazador, presa, cazador [Privado - Naesala] [Entrenamiento] Empty Re: Cazador, presa, cazador [Privado - Naesala] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado Vie Ene 15, 2016 4:49 am

Un brillo y una miríada de reflejos enceguecieron a la garza apenas entró a la habitación del rey cuervo. Cada vez que estaba allí, parecía haber agregado algo nuevo a su repertorio de joyas mantenidas por mero vicio, aunque nunca ponía la suficiente atención como para poder distinguir exactamente qué era nuevo o qué no. El zafiro sobre la cabecera de la cama sí llamó su atención, aunque lejos de ser por valioso o lo bello de la decoración, lo hacía por el motivo que adivinaba tras esta: seguramente si se recostase en aquel nido, el zafiro quedaría en buena posición para ser admirado. No dudaba que Naesala lo contemplase con satisfacción, ostentaba en demasía sus ganancias a veces, como aquel cofre lleno de oro que no tenía motivo para estar abierto... la habitación verdaderamente representaba a su dueño, Reyson no pudo evitar pensarlo.

- ¿No te parece un poco demasiado? - Dijo. No obstante, no estaba allí para ver su cama ni sus joyas. Impávido y todo menos impresionado, apenas pasó la vista por el lugar antes de proseguir dentro, en pasos tan ligeros que eran insonoros. Pocas veces caminaba, y cuando lo hacía, se obviaba la falta de peso. Tocó la cama, sí, pero fue apenas para sentarse en el borde de esta, acomodando la caída de su túnica blanca al hacerlo. Desde allí se veía reflejado en el gran espejo de plata, sobrando tanto espacio sobre la superficie que conseguía ver también a Naesala tras de sí, revestido de negro como una pieza de terciopelo más en los lujos de aquella habitación.

Se miró al espejo, corona de joyas en mano, y por una vez no se sintió tan ajeno al paisaje. Llevó sus manos tras su cuello para recoger su cabello, pasándolo sobre su hombro izquierdo para peinarlo con sus dedos, y sólo al quedar satisfecho con ello retomó la corona, probándola sobre su cabeza. Era bastante distinta a la decoración que usualmente usaba, menos rígida y más ligera, pero reflejaba la luz de bella forma y le agradaba el modo en que el dorado se perdía sobre su cabello, resaltando más que nada los colores de las piedras preciosas. Sus alas se estiraron sólo un poco, con agrado. Mientras intentaba acomodarla alzó el mentón, dando una orgullosa y altanera sonrisa frente al espejo, y volvió la vista hacia Naesala en busca de ayuda. Jamás había usado una corona como esa y continuaba buscándole la posición correcta.

- Naesala, - Llamó en una voz más suave, bastante contento con toda la situación. No obstante, quería estar seguro de que había obtenido todos los beneficios que pretendía, y aunque le hubiese confirmado respecto al saqueo, otra cosa había quedado sin respuesta final. - Estamos de acuerdo respecto a Begnion. ¿No es así? - Preguntó, dedicándole una sonrisa distraída y aparentemente inocente, casi dulce. Aún dejaba pequeñas barreras entre él y el cuervo, y saber si cumplía o no con su voluntad era una.
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Mensaje por Invitado Lun Ene 18, 2016 4:25 am

Su pecho se inflaba de orgullo cada vez que veía su habitación, las riquezas que allí ostentaba eran las que más le gustaban las que seleccionaba con sumo cuidado entre todas las cosas que robaban, solo lo que llamaba más su atención terminaba allí, lo más caro, lo más vistoso. Acomodaba cada pieza en aquel cofre para que quedase a la vista, las monedas de oro no eran más que relleno para acomodar mejor sus tesoros. Su nido no era diferente, si bien estaba compuesto de materiales caros, no eran más que el fondo que hacía resaltar las joyas que allí exhibía. Caminó cerca del nido, como si buscase llamar la atención del ave blanca hacia este, buscaba su aprobación de manera casi que desesperada y aquellas miradas desinteresadas no hacían más que desinflar su pecho.

Hacía años que trabajaba en su nido, cuando había comenzado no era más que un montón de paja con algunas chucherías, le había costado mucho conseguir algunas piedras brillantes y la primera vez que tocó terciopelo supo que quería que su nido fuese completamente de aquel material. Al convertirse en Rey y tener un contacto más cercano con los humanos un mundo nuevo se abrió ante sus ojos, las camas humanas eran sumamente cómodas y aquellas piezas que usaban para poner bajo sus cabezas, almohadas, eran el mejor invento que había visto en su vida. Poco a poco mejoraba aquel lugar, siempre a la espera de tener a alguien a quien mostrárselo, y si bien en un inicio había pretendido a una de las hermanas de Reyson, con el correr de los años y la cercanía que habían generado con este, habían cambiado sus intenciones.

Al ver que la garza no se veía impresionada definitivamente, sin importar cuanto intentase llamar su atención hacia el nido, se sintió decepcionado, quedándose en aquel lugar junto a los pies del nido, mirando como, con movimientos gráciles, se sentaba con cuidado sobre la piel, como su cabello caía sobre sus hombro entre sus alas y se apoyaba contra la colcha. Mismo sus alas se extendían un poco para poder acomodarse, era una visión sumamente hermosa de la cual no podía despegar su mirada, y desde aquel ángulo podía verle tanto la espalda como su frente si desviaba un poco su mirada hacia el reflejo del espejo encontrando el rostro del príncipe blanco observándole. Con una sonrisa ladina se acercó, con movimientos igualmente delicados apenas extendiendo sus alas al estar cerca de él, señal de gusto entre ellos.

Sus dedos tocaron la pieza de joyería, la corona fue acomodada con cuidado sobre su cabeza, con sus uñas en punta y algo afiladas, tocó con sumo cuidado los cabellos rubios sacando un par de mechones a sus lados y haciendo que partes de la corona se perdiesen entre estos dejando aún más a la vista solo las piezas que brillaban al sol. Se inclinó apoyando una de sus rodillas en el piso, sus dedos acomodaron también parte de su túnica y quitó un plumón negro que se le había pegado. Al encontrar la mirada de la garza relamió sus labios acercándose un tanto mal interpretando su predisposición, pero la voz profunda le sacó de aquellas acciones haciendo que se apartase un poco enderezando de nuevo su espalda volviendo a saborear la desilusión en su boca - No puedo decir que nada bueno sale de Begnion ya que de dicho país es de dónde has salido tú, pero es una realidad que su gente no es exactamente el mejor grupo de humanos sobre Tellius. - el rubio volvía a ponerse distante en su actitud por lo que el cuervo decide ponerse de pie caminando hacia la ventana, dándola la espalda - Si estos humanos alterados por quien sabe que están viniendo de algún lado, seguramente es de Begnion... pero realmente no hay mucho que se pueda hacer. - Sus manos estaban atadas y si bien tenía cierto desagrado hacia los humanos, no podía hacer nada realmente, al menos no activamente. Se encontraba entre la espada y la pared... pero estaba seguro que podría torcer un poco las reglas... a fin de cuentas, siempre lo hacía.
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