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Un cuento más. [Campaña] [Priv. Quinella, Beatrice, Gawain]

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Mensaje por Invitado Lun Feb 08, 2016 9:16 pm

Un cuento más. [Campaña] [Priv. Quinella, Beatrice, Gawain] U00P8vy

Un sol reluciente, vigoroso y rebosante de vida se coronaba como rey en el firmamento celeste que se extendía hasta donde la vista se perdía. La actividad en el puerto, tan bulliciosa y atareada como siempre, hostigaba la vida de cada poblador que deambulaba por las calles repletas de transeuntes y mercancias que iban y venían, pasando por debajo hechos que pocos o ninguno se daba cuenta, o nadie quería darse cuenta, ante la ilicitud con la que se estrechaban las manos y rostros sonrientes con intenciones deshonestas. Y es que, bajo toda acción, siempre hay algo oculto, y la manera ideal para ocultar algo es que otro “algo” estuviese por encima. Y precisamente, ese día era propicio para ocultar cualquier cosa.

En cada pared, cada farol, puerta o esquina se podían divisar distintos tipos de carteles y pancartas en variadas formas y tamaños con inscripciones en tinta azulada que exhibían la celebración que ese día llevarían a cabo. Cada calle se apreciaba a sí misma adornada con arreglos florales de diferentes especies, así como accesorios artesanales dispuestos para la clientela y tejados que se unían con cuerdas de un lado a otro que zigzagueaban por encima de las rutas más concurridas, entre retazos de papeles coloridos que colgaban y bailaban al son de la brisa.

Era un día festivo, de conmemoración a una leyenda de la localidad que le atribuían ese día en especial a un personaje que antaño les había rescatado de la ruina según contaban los relatos, pues en tiempos oscuros, anteriores a los padres de los padres, fue quien trajo la prosperidad al puerto y su salvación: Milerna, la dama del mar. Así la llamaban los lugareños que generación tras generación contaban sus historias acerca de ella y su hazaña, deformada irremediablemente en el transcurso del tiempo hasta conocerce como lo era en la actualidad y se escuchaba de cada quien: una mujer que había levantado la maldición que roía en la vida de los pobladores por un antiguo hechicero que habitó en las montañas hacia el norte.

Se decía que Milerna provenía de las profundidades del mar -de ahí su título- y cada año se aparecía para velar por el bienestar del puerto, velando por el seguridad sus habitantes y otorgándoles su bendicion. A menudo se le llegaba a confudir con una sirena, incluso contaban que había sido una antigua maga que se había ahogado en las aguas del puerto hacía décadas atrás, pero diferentes eran los cuentos que se decían sobre ella que hacían incluso dudar sobre su misma existencia. Pese a todo, cada hombre o mujer, desde los más ancianos hasta los más retoños, celebraban esa festividad todos los años y ese día no iría a ser la excepción pese a los tiempos de guerra presentes, aunque siempre debe haber un pero para todo y es que aún con el radiante astro que se exhibía en un pleno mediodía como aquel pronosticando buen clima, aquello no eximía ningún peligro a nadie.

Así, pues, ante un día tan ajetreado como aquel siempre debía haber alguien que velara por la seguridad de los demás, ya sea una figura tan simbólica y mítica como la que muchos alababan, como una silueta de carne y hueso que se erguía sentada encima de la rama de un árbol solitario, en lo alto de un risco lejano de la urbe y caminos transitables hacia el puerto.

El viento soplaba con calidez generando un estremecimiento de las ramas haciéndole mecer su indumentaria que no era más que una sombra para ojos ajenos a la distancia, con una aparente gran manta que le cubría la totalidad de su cuerpo y un sombrero ancho y plano que lo resguardaba de la iluminación deslumbrante y le daba un aspecto misterioso. Su cabello ondeaba cuando la brisa atravesaba cada hebra, reflejando algunos destellos rojizos cuando escapaban de su acentuada sombra, y aquellos sus ojos, ocultos bajo la oscuridad, contemplaban cada calle y callejuela desde la lejanía así como cada tienda y la gente que entraba y salía.

El árbol le protegía perfectamente de la radiación diurna, a excepción de una variedad de rayos de luz tanto finos como amplios que se colaban entre las ramas y sus hojas y terminaban su travesía al toparse con su ropaje. La soledad y el silencio le embriagaba, tanto por estar en una pendiente que, bajándola, se llegaba rápidamente al puerto como lo marginado que se encontraba de cualquier sendero conocido. No era un sitio muy concurrido. - Hoy es un buen día. - Musitó inaudible, advirtiendo con la mirada una nueva figura a la distancia que entraba en escena, distinguible del resto por su singular aspecto que rondaba entre el populacho, algo que le hizo curvar sus labios hasta dibujar una afable sonrisa en su faz. - Sin duda alguna.


Última edición por Mikael el Jue Feb 18, 2016 12:29 am, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado Mar Feb 09, 2016 7:30 am

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En el poblado del puerto de Valm, perteneciente ahora al estado de Chon'Sin, se erigían varias edificaciones de carácter espiritual y religioso. Sólo el templo principal disponía de personal eclesiástico, relegando el resto de capillas, ermitas y santuarios a un uso menos "guiado". No en una de ellas, donde una misteriosa personalidad se había aprovechado de la escasa vigilancia en esos lugares para hacer vida por un tiempo indefinido. Ataviada con un manto púrpura que cubría por completo su cuerpo, tan solo unos intensos ojos violáceos lograban escapar de su sombra, perfectos para cautivar a los transeúntes que hacían un descanso espiritual en el oratorio. Éste estaba a la espera con pose firme encima del estrado, la luz que se filtraba a través de las vidrieras a su espalda hacía que su figura fuera una sombra, cuya esbeltez y curvatura hacían entender que era una sacerdotisa la dueña de esos ojos especulares. Su mano izquierda empuñaba una vara de madera antigua, con el extremo superior atravesado por dos grandes aros de plata móviles que descansaban uno a cada lado por la acción de la gravedad. Su mano derecha estaba cerrada como un puño orientado al techo de piedra con los dedos índice y corazón extendidos, el gesto lucía como que exigía silencio pero en realidad se trataba de un sello sagrado usado en su tierra natal. Un púlpito de mármol separaba al credo de su predicadora, un pequeño cáliz reposaba en su superficie cuyo contenido no era ni bebida ni comida. Su función era la de recibir y acumular los donativos de los fieles que buscaban la bendición de la sibila. - "vinhnhean robsa anak trauv ban noam tamophlauv nei ponlu" - Rezaba cada vez que la copa sonaba cual campana al ser golpeada por el metal de una nueva moneda. Lo acompañaba con un fuerte bastonazo en el suelo, los dos aros se sacudían por el movimiento y chocaban el uno contra el otro desprendiendo un sonido tintineante.

El rumor de aquella exótica sacerdotisa de aspecto y lengua sagrada ajena a la de los lugareños se había extendido como la pólvora entre los plebeyos en escasos días. Pocos eran los que aún no la habían visitado, incluso los hay quienes habían acudido a su remunerada consagración varias veces al día, todos los días. Habían sido engañados y cautivados vilmente, o quizás no, todo depende de la forma de verlo. En ningún momento anunció su presencia, ni exigió donativos tan altos cómo los que había recibido de parte de los más fanáticos, la voluntad era más que suficiente para recibir la oración de la clériga. ¿Acaso es pecado recibir dinero para subsistir y así seguir llenando de esperanza los recipientes -llamados 'alma'- de los humanos? Ellos no entendían ni sus oraciones ni sus gestos y aún así acudieron, y salieron del lugar sacro con un refuerzo de fe igual o superior del que otorgaban los religiosos locales. ¿Actuaba en contra de la ley por allanar una capilla y hacer de la misma su lugar de residencia y 'negocio'? Sí, por supuesto, pero... ¿No es la ley sagrada la que debe estar por encima de la terrenal? ¿No son los gobernantes los que están equivocados? Esa era la forma de entender el mundo de Quinella, la sacerdotisa errante.

Su presencia era más que sabida por todos, incluido los guardias, quienes en más de una ocasión intentaron encontrar y desalojar a una granuja que lograba ocultar su presencia de ellos. Puesto que no hacía daño a nadie y los lugareños tenían una opinión muy positiva sobre ella finalmente las autoridades acabaron por hacer la vista gorda con ese caso, dieron igual las quejas y denuncias de aquellos eclesiásticos que habían visto cómo sus ganancias menguaban día a día. La situación cambió con la celebración anual de Milerna, un día que arrastró nuevos efectivos para garantizar la seguridad de los festejos. Soldados que llegaron de fuera, desconocedores de la influencia de la sacerdotisa, poco tardaron en ser convencidos de su relativa criminalidad. Los sacerdotes locales ofrecieron una jugosa recompensa por su arresto, cantidad suficiente para agasajar a más de una veintena de soldados. Grande era el pellizco a modo de inversión el que habían hecho a las arcas de su templo, desesperados por recuperar un rebaño arrebatado por una usurpadora. Afortunadamente, la discreción de aquellos hombres lucía por su ausencia, cuyos gritos y pasos metálicos alertaron a Quinella de su presencia mucho antes de irrumpir en su 'agencia'. Recogió su bolsa y depositó en ella todos sus objetos personales, incluida la vistosa capa y escapó por la puerta trasera. Ahora su aspecto a vista de todos era lo que le ocultaba de aquellos que le daban caza: una larga cabellera del mismo color que sus ojos cubría su espalda, un fino y delicado vestido de seda blanco con bordados dorados la hacían parecer un visitante adinerado más que vino a disfrutar de las fiestas. Solo el báculo podría delatar su identidad, pero ella estaba confiada, perdida entre la multitud, oculta a plena vista de los corruptos militares.
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Mensaje por Invitado Vie Feb 12, 2016 5:11 pm

La mañana se tornaba hermosa, la brisa cálida acariciaba los cabellos de la joven pelirroja, a pesar de los días anteriores, el lugar había amanecido cálido y se disfrutaba una sensación de frescor. Pocas veces hace tan buen tiempo como para poder disfrutarlo debidamente.

Ya había terminado sus negocios con la Jauría, al menos tenían en cuenta sus exigencias por el momento, mientras tanto pedían poco de Beatrice, al menos por el momento, la estratega de Fuertefilón tenía mucho trabajo por delante aun así. Para empezar, impedir que su querida hermana Pheros se percate de sus planes. Beatrice debería abandonar de inmediato el puerto, sin embargo quería comprobar la eficacia de la Jauría, no podría idear su siguiente táctica si desconoce el resultado de la anterior. Así que tendría que esperar unos días en el puerto. No sería un problema.

De no ser porque en esos días, el lugar estaba minado de personas, seres que, si no la juzgaban era simplemente porque no conocían su condición de bastarda, pero la joven pelirroja no se fía de nadie.

La estratega había oído el motivo de la celebración se trataba de una fiesta para homenajear a la "dama del mar” una sencilla tradición que se remonta años atrás, aunque viendo la gran cantidad de personas que tenía el puerto. No era precisamente algo sencillo, pues el reino parecía haber gastado una gran cantidad de fondos. Eso llenaba de Rabia a la pelirroja estratega, esos idiotas tenían muchísimas cosas que hacer y las ignoraban mientras manifestaban su negatividad a atender asuntos más importantes como es mandar un emisario a su hermana.

La estratega pelirroja se encontraba en una cafetería, tomando un tentempié, procurando no encontrarse en medio del gentío, no estaba sola hasta hace unos minutos, sin embargo en ese momento ya se encontraba en solitario, mirando como los transeúntes miraban de paso todo lo posible.

Excepto por un grupo de soldados, que se habría paso por la multitud con prisa, apartando a quien hiciera falta con tal de alcanzar su objetivo, si no había atraído la completa atención de Beatrice, al menos había despertado su curiosidad.
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Mensaje por Invitado Lun Feb 15, 2016 10:49 pm

La mirada anónima seguía a la distancia a la figura desconocida con entretenida atención contemplándola surcar entre aquella marabunta que festejaban aquel día. Perseguía con detenimiento cada uno de sus movimientos de aquí hacia allá que en cada tanto se perdía cuando un grupo de soldados entraban cerca de su alcance, pero, lo más interesante era el aspecto en sí de la persona de aquel exhuberante cabello violáceo que ondeaba al son de sus pasos y su larga indumentaria nívea que relucía y se destacaba por encima de la muchedumbre.

No sólo era evidente, sino certero, que ese personaje ataviado de ese galante vestido bordeado en dorado no era de por allí, pues en todos los años que anduvo de vigilante desde el risco no había visto semejante presencia tan expuesta, y lo pensaba de tal forma ante su aspecto llamativo, ese de alguien adinerado que se paseaba disimuladamente entre el populacho. Sin embargo, precisamente ese recato y esa evasión por los guardias que pululaban en la zona le hizo sospechar y encender su curiosidad. Optó descender del árbol e ir en dirección al puerto cuesta abajo.

Su andar era fluido, algo presuroso, casi que corría, pero la paciencia y seguridad embriagaban su actitud y pensamientos a la par que maniobraba en el camino para ir por las rutas más rápidas, e inclusive, tomándose el tiempo en adquirir “prestado” el uniforme de un soldado distraído en su honorable labor. Aquello sería contraproducente sino hubiese tomado algunas medidas preventivas. Y tras un largo trecho finalmente se encontró con la sospechosa al doblar una esquina. ¿Cómo? Tenía sus facilidades sensitivas. - ¡Alto ahí! - Engrosó la voz intentando imponer autoridad.

Su aspecto no dejaba algún resquicio evidente de su falsedad, con su cabello recogido dentro del casco y su anterior vestimenta puesta a buen resguardo, y sin embargo, el detalle expuesto era su arma. La espada era distinguible del resto de los guardias: un sable corto envainado en una funda de cuero marrón que sostenía con su mano al no poder ajustarla a su uniforme, aunque podía también hacerle aparentar alguien de cargo superior, quizá.

Arrugó el gesto y su expresión se tornó como el de alguien que intentara ver mejor aquello que observaba, escrutándolo con minuciosidad. - Oh, disculpe, señorita. Pensé que era otra persona. - Mintió con disimulo, haciéndose el eludido sobre lo que sospechaba de ella e intentando tapar su dramatización.

¿Qué hace caminando sola por aquí? No debería con el ajetreo que nos rodea, le podrían despojar de sus pertenencias. - Hizo alusión a su aspecto, algo que la hacía tildar como un personaje acaudalado, cosa errada por su parte al no saber quien se escondía detrás. Pero así como ella, él mantenía una fachada, aunque en su caso era algo ya pensando. - Si me lo permite, la puedo escoltar a su morada. - Sugirió, pero si su intuición no le fallaba habiendo visto lo que había visto desde las alturas, quizás y se rehusaba.
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Mensaje por Invitado Miér Feb 17, 2016 1:51 pm

Una larga partida empieza, recogiendo su arco y sus flechas, Gawain por fin tomó la decisión de abandonar su clan de asesinos que se ubicaba en Chon'sin, en un bosque un tanto apartado del puerto donde iría para comenzar su extraño y alocado viaje. Sin nada más que un carcaj con flechas, su arco en mano, algo de dinero y algunos elementos de primeros auxilios en su cintura, se dirigió hacia su boleto de la libertad. Mientras estuviera en el continente no se sentiría completamente libre sino simplemente estaría dando un paseo por los alrededores, por lo que, como primer objetivo que tenía y el más importante de todos, debía salir del continente lo antes posible.

Caminando por el terreno llano y saltando de árbol en árbol cada vez que podía, el arquero emprendió su recorrido hasta el puerto donde para su sorpresa encontraría muchas personas reunidas por alguna ocasión en especial la cual él desconocía por simple desinterés. Estando cerca de la entrada del puerto observó todos sus alrededores, se sentía inseguro como el hombre paranoico que era, sin embargo, y a pesar de sentirse incómodo con la cantidad de personas, vio también la notable presencia de guardias que había. "Un asesino se la vería difícil en este lugar" pensó, para luego dar sus primeros pasos hacia adelante con algo más de confianza.

Llevando una Yukata de color azul con adornos agua marina en él, puso su mano en su traje y se dirigió a la primera cafetería que encontrara en su recorrido. Necesitaba recargar sus energías y de paso llevar algo de víveres para el camino, no sabía cuánto le iba a durar el dinero en su haber y tenía que estar preparado para pasar momentos de hambruna por lo que intentó no gastar demasiado en ello.

Entró por la puerta de un establecimiento de comida y se dirigió a la barra solo para pedir un pan, tomando asiento en una mesa vacía, comenzó a morder lo que había comprado para saciar un poco su estómago, ignoró el bullicio que inundaba el lugar y se concentró en las personas que estaban en esa cafetería, atento a cualquier posible amenaza que podrían suponer ellos. Al terminar, salió del lugar y buscó un callejón entre las casas de allí, intentando no ser visto por los guardias trepó las paredes para quedar en los tejados y poder sentarse a observar todo, desde lo alto, donde se sentía seguro y lejos de las personas además de obtener una vista más amplia del terreno. Se recostó para mirar al cielo, pensando en lo que será de su nueva vida, sus parpados comenzaron a pesarle, llevó sus manos a la nuca como almohada para su cabeza y sobre el tejado y recibiendo los rayos del sol, quedó levemente dormido.
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Mensaje por Invitado Vie Feb 19, 2016 8:03 am

Su inmersión entre la gente del poblado era absoluta, destacaba por sus atavíos pero su aspecto era completamente distinto al que dejó mostrar en la ermita, en el momento en el que encontrara el lugar donde se aglomeraban los pudientes ya sería irreconocible por sus perseguidores. Decidió dirigirse cerca del muelle, pura corazonada, la actividad portuaria se había restringido por los festejos pero aún había algo de movimiento de barcos. Los que tenían permiso para atracar seguramente trajesen material para los festejos, los cuales se desarrollaban muy cerca de allí, en el paseo marítimo. Pero también los habrá que contengan pasajeros que de seguro era un transporte con un coste extra debido a las fiestas y al posible oportunismo del patrón del barco de hacer el improvisado "crucero de festejos". Eso se traduciría en viajeros adinerados y vestidos con lujo, cumpliendo así su objetivo de camuflarse entre la multitud. Su estancia en el pueblo portuario no era segura así que su siguiente objetivo sería el de coger uno de los barcos para desaparecer de la zona por un tiempo.

Finalmente dio esquinazo a los guardias que intentaban localizarla, lo comprobó girando disimuladamente la cabeza y mirando por el rabillo del ojo que ninguna figura andaba con pasos acelerados. Ya no tenía motivos de aparentar ser una dama con prisa, relajó sus andares, con un paso parsimonioso siguió su ruta en dirección al puerto. Media sonrisa en su cara que no podía contener, aunque las ganas eran de soltar una melodiosa carcajada por ver todos sus contratiempos burlados sin demasiada complicación. Sus ojos rebosaban decisión mientras su mente elucubraba cuál sería la dirección que tomaría su ambiciosa cruzada. En los días que había estado ahí había aprendido burdamente el callejero del poblado, conociendo diversos caminos poco utilizados y atajos. Quinella iba a hacer uso de uno de ellos para llegar antes a la zona principal de celebraciones cuando una voz imponente ordenó que se detuviera.

Se sintió contrariada, iracunda a la par que sorprendida por aquella voz que venía de sus espaldas, sin embargo un rostro impasible se mostró una vez se dio la vuelta para dar la cara al impertinente guardia. - ¿Algún problema? - preguntó, con los brazos extendidos hacia los lados para darle a entender que no tenía nada que esconder, aunque en un recoveco de sus ropajes aguardaba un puñal plano e indistinguible debajo de la tela. Si se diera el caso no dudaría en reclamar su libertad por la fuerza, la sombra del callejón permitiría que aquel homicidio pasara desapercibido el tiempo suficiente. Aunque esperaba que ese suceso no llegara a darse, no era partidaria de actos tan sanguinolientos. - Lo lamento, mi señor, quizá fueron las sombras las que os confundieron. - El callejón era estrecho y, aunque había suficiente luz para moverse, era penumbra si se comparaba con la luminosidad de las calles principales. Se sintió satisfecha por la efectividad del "disfraz", además de que los sacerdotes no dieran información acerca de su báculo -que estaba a simple vista, no había elección, hacer el amago de ocultarlo le hubiera dado una imagen sospechosa-, o puede que simplemente el soldado no fuera lo suficientemente observador.

- ¿Acaso insinuáis que en este sitio son dados a la violación? - Fingió haber malinterpretado el comentario, cuanto más distraído estuviera el centinela menos probabilidades habría de que fuera descubierta. - Afortunadamente os tengo aquí, a menos que seáis vos el agresor. - Soltó una leve carcajada para hacer entender que era una broma. - Verás, caballero. No soy de por aquí, sólo he venido a disfrutar de las fiestas. Mi morada será un navío de vuelta a mi hogar. - Añadió, no escatimando en su natural sensualidad al comunicarse. - Pero no me parece mal que me escolte al evento principal, se encuentra al otro lado de esta callejuela. - cada uno estaba interpretando su papel a la perfección.
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Mensaje por Invitado Sáb Feb 20, 2016 10:06 am

La estratega mantuvo sus ojos fijos en un sujeto fuera de lo ordinario, o al menos con un aura fuera de la ordinaria, Beatrice podría asegurar reconocer a quienes tienen una moral nefasta, causa de poseer unas manos manchadas de sangre, símbolo exclusivo de la Jauría, la hechicera aun no conocía los miembros de la Jauría, sin embargo, ese hombre se acercaba bastante a la descripción que ella poseía mentalmente, ese hombre parecía ser quien se dedicara a repartir rumores, si tenía excito, todos aclamarían el nombre de su hermana Pheros en cuestión de semanas, la guardia no sería necesaria, ni ese tal… “argus” una de las galletitas que tenía en la mano se quebró, Beatrice no era conocida por lanzar maldiciones sin necesidad alguna, pero como algún hombre pretencioso y pomposo se atreviera a intentar un solo movimiento con Pheros se encontraría recibiendo relámpagos cada quince minutos. Y andaría siempre sintiendo clavos ardiendo bajo sus pies… y…

Escuchó un silbido- Vaya… no se ve muchos bombones últimamente por estos lugares- un hombre poco afortunado en la vida, por su aspecto nada más, se había acercado a Beatrice mientras ella no apartaba sus ojos del sospechoso de pertenecer a la Jauría y pensaba en lo que le haría al amante de su hermana- ¿Vienes mucho por aquí hermosa?- le preguntó ese hombre tomando asiento sin pedir permiso.

Beatrice se sonrojo, bueno en realidad lo hizo a voluntad, para quitarse a ese hombre de encima, podría mandarlo a expulsar algo, o hacer que la viera como un monstruo, pero no quería ensuciarse tanto las manos, llevó una mano desde su boca- Oh, no, vengo aquí por las fiestas- le dijo sonriente, llevando su mano, desde su boca, bajando por su cuello lentamente- He oído que aquí una puede encontrar todo cuanto venga a buscar como….- su mano se posó descaradamente por su voluminosa delantera, atrayendo la mirada de aquel zopenco, como si de una meretriz se trataba, Beatrice no lo era, pero eso no significa que no se pudiera divertir con ello. Bajando su tono al mínimo, la hechicera murmuró unas palabras incomprensibles para cualquier tarado que se pusiera a ligar con desconocidas, cuya utilidad era enviarle una maldición.

El hombre miró a algunos lados, como si no supiera donde estaba- Disculpe ¿Quería algo? – Le preguntó con fingida inocencia.

-Hmm, sí, perdone caballero, ¿Dónde podría encontrar el camino al puerto?

-Es la primera vez que vengo, más asumo que si sigue recto por ese camino llegará a su destino- le dice la estratega, conteniendo la risa mientras veía cómo se alejaba algo confundido, será divertido ver como confunde hombres con mujeres y viceversa, sería digno presenciar el que llamara señorita a algún mastodonte de dos metros para recibir una paliza, pensar eso le saca unas carcajadas a la bruja pelirroja.

Beatrice no había hecho nada malo, necesitaba quitárselo de encima, y sus efectos solo durarían veinticuatro horas, la bruja no era tan mala con desconocidos, al menos, era más benevolente que ellos. Ahora que ese tipo se había ido, solo tenía que volver a espiar al sospechoso de pertenecer a la Jauría… Se le quitaron las ganas de reir al instante.

-¿Dónde está?- Preguntó en voz alta, por el dichoso alcornoque lo había perdido, Beatrice podría está equivocada, sin embargo era la única pista que tenía, se levantó inmediatamente, de estar trabajando, ya debería escuchar algunos rumores sobre su hermana.
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Mensaje por Invitado Lun Feb 22, 2016 1:06 pm

Por un instante se quedó expectante a la reacción de su homóloga, mas le sobresaltó internamente el hecho de aquella expresión impávida aunada a sus palabras. Sin embargo, sus posteriores comentarios le despreocuparon un poco más, a sabiendas de que su disfraz había tenido el efecto que precisaba, según parecía, viendo y escuchando como la mujer respondía y argumentaba a sus cuestiones. Aquello había sido un logro y un buen paso para saciar su curiosidad, aparte, de evitar cualquier posible problema que la presencia de aquella pudiese causar en el lugar. No le parecía sensato que anduviese solitaria con esos ropajes.

¿Eh? No... Que pueda yo saber, claro. Pero seguro es que las personas no suelen ser muy respetuosas al ver a alguien vestido así. - Refirió al hecho de la violación, mas lo siguiente le hizo enarcar una ceja aunque captó la alusión humorística de la fémina, pues siendo en apariencia el defensor de las leyes ¿cómo podría ser el malo de la película? Aunque bien se conocían los casos por abusos de autoridad.

No rió tan demostrativamente como ella, aunque, sin embargo, aquello lo embelesó por un momento. Sin duda, era bella. Sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa muy por debajo de lo normal, siempre intentando mantener ese aspecto reglamentario de evitar socializar en el tiempo de trabajo. - De acuerdo, señorita, entonces con su permiso le acompañaré hasta allí. - Con ello, su percepción había quedado errada, cosa que desfiguraba en cierto modo su sospecha, pues ladrón que se precie no idealizaba estar cerca de la ley. Pero uno más astuto sabría que hay que tener cerca a los amigos, pero aún más, todavía, a los enemigos.

Eso significaba que no era el fin de la duda que tenía sobre su persona, que aún cuando sus pasos se encaminaban a los lados de la mujer no dejaba de estar al pendiente de sus presencia.

El trayecto se vio eclipsado por la ingente cantidad de individuos que iban de un sitio a otro, y sin embargo, se apartaban del medio cuando el falso soldado iba en su contraria. Era como un río que se partía en dos frente a una roca en el camino. Eso era una ventaja, aunque en la ruta un grupo de guardias venían en contraposición a ellos, patrullando la zona y observando en cada tienda como si buscaran algo o a alguien.

El primero del frente, el que lideraba esa comitiva: un hombre mulato con casco en brazos, cabeza rapada y barba poblada avistó al pelirrojo en su traje prestado acompañado de la mujer, pero si bien había sido efectivo con la susodicha aquel sujeto pareció dudar por un instante sobre él. Sin embargo, lo saludó y siguió derecho sin mirar atrás.

Me ha dicho que no es de por aquí, si no me equivoco. - Formuló repentino. - ¿Ha venido anteriormente? Estas fechas suelen ser muy ajetreadas y estresantes. Personalmente no entiendo como pueden festejar en los tiempos que corren, en medio de los conflictos que ocurren en el país. - Dejó escapar un pensamiento cualquiera, un comentario al aire a fin de una conversación casual y no parecer el típico guardia serio y cumplidor estricto de su trabajo, sino, en cambio, uno más abierto y dispuesto. Pero tras ello también estaba el motivo de escudriñar en cualquier detalle que ella dejase escapar.

Ignorantes, no obstante, de su entorno, a lo lejos de su punto se comenzaban a suscitar una pequeña y particular escena: un hombre molía a golpes a un pobre desgraciado pues al parecer se había referido a su persona de una manera poco inteligente, como si no tuviese el sentido de cuidado ante semejante masa de músculos que se encontraba encima suyo cerca de una cafetería de la que hacía poco había dejado atrás. Y sin embargo, quien lo hubiese visto desde el principio, habría observado como había salido diferente a cómo había entrado al local.

El alboroto que causaban hizo que algunos lugareños comenzaran a pedir auxilio angustiosamente, llamando a los guardias de la zona que tardarían en llegar por su ausencia en el lugar, dado que nadie se atrevía a desafiar a aquel gigantón quien despidió de un lanzamiento al hombre, como si fuese un papel, hacia una tienda destrozando su fachada en el acto. Tal estruendo haría levantar hasta los más durmientes de golpe, o al menos, a los que estuviesen en esa frontera del sopor y la vigilia.
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Mensaje por Invitado Lun Feb 22, 2016 4:31 pm

Gawain se mantenía dormido, soñando con un extraño perro que le hablaba, o más específicamente le mordía la pierna mientras le advertía sobre algo. El arquero no era muy inteligente en cuanto a cosas místicas ni nada por el estilo, no conocía lo que era la suerte y tampoco comprendía la magia, todo lo que tuviera que ver con estos tipos de detalles los pasaba por alto sin darle importancia como si fuera algo natural, más sentía la curiosidad de saber cómo funcionaba el mundo en general y la magia entraba entre su lista... quería saber si él podía usarla como los hechiceros que asesinaba desde la distancia pero que no tenían tiempo para ejecutarla, quería admirarla con sus propios ojos y no en historias narradas por hombres testigos de su poder.

Fue entonces cuando sintió un fuerte sonido, el escandalo ayudó a despertarlo rápidamente de su adormilada condición... con un pequeño impulsó quedó de pie en el tejado en donde se giró para ubicar el centro del alboroto, era nada menos que una posible riña entre dos personajes. ¿Que podría hacer Gawain en una situación así?, se mantuvo agachado casi como si estuviera listo para disparar una flecha pero sabía que no era correcto asesinar a los que irrumpieron su sueño, primero por la cantidad de personas en el lugar y segundo... porque no quería gastar munición y dañar el carcaj que había forrado en su espalda.

El hombre quien parecía estar formando la pelea era un sujeto de notable estatura, pudo tirar a su contrincante hacia los muros de la estructura casi destruyéndola... el arquero se quedó observando la situación, pensó que tal vez si interfería para humillar al alborotador alguien le pagaría por las molestias, después de todo no sabía qué hacer para ganar dinero más que estar en un gremio o como mercenario para cualquier otra función. — Hey... — Exclamó, mientras se posaba al borde del tejado cerca del hombre fuerte quien lo comenzó a llamar "fortachón" dado que desconocía su nombre.

Hey Fortachón, ¿creen que por ti me den algo de comer?... — Dijo, para luego caer encima de él quedando trepado en su espalda. El hombre era tan fuerte que ni la caída de Gawain lo derribó sino que terminó colgado como si fuera otro árbol más. El sujeto comenzó a moverse intentando quitarse el arquero de encima, este apoyó sus pies en su espalda y dio una voltereta alejándose del fortachón, quedando en el suelo sobre sus pies. Aunque Gawain tuviera un arco este nunca lo sacó, y su carcaj estaba forrado en una tela la cual evitaba que las flechas se salieran, ese era el motivo por el que no usaría su arma... al menos de momento, hasta que vea enemigos en los que sea necesario el asesinato.

El fortachón intentó golpear a Gawain una y otra vez lanzando sus puños hacia él pero el arquero los evadía con facilidad moviendo su cuerpo de lado a lado y saltando hacia atrás casi como si estuviera bailando con el hombre — ¿Por qué no usa su arma? así estaríamos nivelados... jaja~ — Dijo Gawain mofándose del hombre... en efecto sentía que sus habilidades sin armas no era muy bueno, Gawain tampoco lo era pero sabía cómo esquivar y evadir dado que era un hombre ágil y no muy grande, de tan solo un metro con setenta y cinco. En el campo de batalla evadir y escapar de los hombres cuerpo a cuerpo era vivir o morir para él.

Tal vez no me paguen por usted, pero al menos me mantengo activo y hago un poco de entrenamiento... — mencionó mientras observaba a los de su alrededor, el escandalo continuaba pero al menos las personas ya parecían más ocupadas ayudando al hombre quien había sido mandado por los aires, los guardias aun así no sabían si apresar al fortachón o al arquero que había recién entrado a la disputa aunque se contenía en lastimar al otro.
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Mensaje por Invitado Mar Feb 23, 2016 7:41 am

- ¿Así cómo?- Preguntó, mirando si había alguna falla en su vestido. - Yo lo veo bien. ¿Es provocativo llevar los hombros descubiertos en esta región? - Siguió el rumbo esperado de la conversación, aunque esta vez si tenía curiosidad por los motivos que llevaban a ese hombre decir que sus ropajes no eran adecuados. - Si no hago ahora exposición de mi juventud no podré hacerlo nunca. - Dijo aquella verdad en tono de broma, mientras no encontrara medios para alargar su tiempo de vida, había escuchado rumores al respecto. Era uno de los objetivos que se había marcado la sacerdotisa: encontrar la fuente de la juventud infinita, a lo que llevaba a una belleza de igual duración. Ambicioso, cuanto menos. - Bien, no perdamos tiempo. - Sentenció mirando al soldado a los ojos, instantes después inició el paso a través del callejón.

Los transeúntes se apartaban para dejar paso a la pareja, un respeto a la autoridad excesivo para Quinella, pues tan solo era un peón dentro de la cadena de mando. O al menos eso parecía, también podía tratarse de un oficial de poco rango, o simplemente actuaba de "incógnito". La clériga se distrajo con esas suposiciones mientras caminaban, hasta que un grupo de soldados se cruzó en su camino. Todos compañeros de su improvisado guardaespaldas, supuestamente, el líder de la compañía imponía. Éste se paró, su cara reflejó muchas dudas. Eso tensó a Quinella, quien mostró algo de seriedad en el rostro, aunque no de era ella si no del de su derecha de quien desconfiaban. Afortunadamente, el grupo pasó de largo, ellos tampoco se dieron cuenta de su presencia. 

El guarda decidió seguir con la conversación, le preguntó si ya había disfrutado de esta celebración antes. - Así es, pero no vivo lejos de aquí. - Los rasgos de sus ojos eran comunes en el continente de Valentia, así que no habría tenido sentido decir otra cosa.- Por supuesto, cada año. - Mintió una vez más, aunque tenía conocimiento de esa festividad puesto que en su monasterio también realizaban dichas celebraciones. - En mi opinión, si canceláramos este tipo de celebraciones por el mal que nos acecha estaríamos dejando que nos ganara. - La conversación habría seguido de no ser por una trifulca que los interrumpió. Enfrentaba a dos personas, más bien una le estaba dando una tunda al segundo. Sería afortunado si solo se hubiera llevado contusiones, pues había sido lanzado contra un tenderete cercano. Quinella no se dejó llevar por el temor de las gentes, sentía indiferencia ante ese problema. 

Un tercer actor entró en escena, aprovechándose de la corpulencia del matón para subirse encima suya y zafarse de todo intento de derribarle por parte de su improvisada montura. Después el arquero se bajó y se dispuso a pelear, no sin antes mofarse de los lentos movimientos de su oponente. La situación permitió que el primer hombre fuera auxiliado, aunque se veía bastante maltrecho. De no ser porque estaban buscando a una sacerdotisa habría hecho uso de su poder para sanarlo y así llevarse alguna recompensa, pero ese no era el caso. Aguardó silenciosa e impasible a que ese incidencte se resolviera o se prolongara lo suficiente como para que pudiera escabullirse hacia el paseo marítimo.
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Mensaje por Invitado Mar Mar 01, 2016 4:38 pm

off:
En vista que Beatrice no ha posteado aún, saltaré su turno. Más adelante puede ponerse al corriente. Disculpen el retraso de mi parte D:

Arqueó una ceja. - ¿Eh? ¡No! No era a lo que me refería. - Tosió. - Quise decir que sus prendas son llamativas y aparentan ser lujosas, y alguien carente de dinero podría pensar que usted carga alguna moneda encima, lo que podría colocarla en peligro. - Aclaró, llevando la vista a otro lado. Ni siquiera se había planteado ese detalle, aunque en esos instantes que lo decía cupiese la posibilidad de que alguno tuviese la idea de propasarse más de lo debido.

Paró, entonces, su andar cuando la mujer le respondió a sus cuestiones. Una mirada de escrutinio indagó sobre la fémina, mas aparentaba naturalidad y falta de esmerado interés, pero asumía también que de insistir podría levantar sospechas y hacerla huir. Eso no era nada propicio para él, precisamente porque él estaba también de encubierto pero ella había dicho algo cierto. - Eso que dice es verdad, aunque si a la realidad vemos cabe decir que una fiesta significa dejar algo descuidado, por mucha seguridad que se imponga. - Explicó.

Sus pasos le hicieron llegar, desde donde habían partido, hasta la riña que tenían dos hombres. Los ojos verdes del pelirrojo apreciaron con cierta estupefacción el arrojamiento de uno de ellos a la tienda y, cayendo en cuenta cómo estaba vestido, sería inusual que no actuara como la ley lo ordenaba. A su sorpresa, un tercer visitante hizo aparición justo en el momento apropiado, encaramándose a la espalda del gigante y luego esquivar sus golpes con una fluidez y facilidad que dejaba a entrever su pericia en el combate.

El falso soldado debatió en qué hacer, y además, si se quedaba estático sería sospechoso. Aquel hombre fornido por su parte sólo bufaba y lanzaba improperios al arquero quien, confiado, se burlaba a sus anchas del fortachón. Claramente aquel no le alcanzaría ante la velocidad del otro, y dudaba que el otro le hiciera gran daño si le golpeaba. - Espere un momento aquí. Ya regreso. - Le dijo a su acompañante, aquella mujer de violáceos cabellos para perderse después en la multitud. Y es que mientras el sujeto de prominentes músculos seguía lanzando golpes en vano, el pelirrojo se abría paso en la gente agolpada entorno a la pelea.

¡P-permiso! - Decía con dificultad por lo apretujado que estaba, llegando, finalmente, a presenciar la riña. El gigante pese a todo no era tan sólo músculos, y en uno de sus golpes frenó su extremidad en seco intercambiándola con la otra en una finta directo al pecho. De conectar el derechazo haría volar al arquero, pero aún cuando lo esquivase era bien sabido que las cucarachas no andaban solas. Deje lejos se podía escuchar un barullo acercándose, un grupo de hombres al encuentro de su compañero, un cinco contra uno.

El falso soldado entro en la escena. - No es de hombres valientes el luchar varios contra alguien solitario, ¿qué tal si igualamos las cosas? - Mencionó, y con ojos inyectados en rabia, las miradas de aquellos fueron puestas sobre ambos hombres.

Por otro lado, la mujer había quedado sola y con la libertad de irse por donde quisiera, ahora debido a que no tenía a su escolta junto a ella. Pero antes que pudiese hacer nada, tres soldados, soldados verdaderos, se pararon justo en frente en el momento que hubiese deseado escapar. Todos ellos la superaban cuanto menos dos cabezas por encima de su tamaño. Su uniforme no dejaba duda sobre la veracidad. Uno de ellos tenía un papiro enrollado en su mano. Lo abrió y comparó las cosas, mostrándole a la mujer un dibujo parecido a ella. - Es usted, ¿cierto? - La voz gruesa calaría en los tímpanos de la dama.

No fue entonces hasta que la rodearon dispuestos a apresarla, y aquel del papel hizo una seña llamando a otros soldados que le seguían el paso. - Retengala aquí, veré qué pasa allá. - Impuso, y mientras el alto hombre se marchaba, los otros impedían el escape de la purpúrea sacerdotisa hacia su objetivo.
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Mensaje por Invitado Mar Mar 08, 2016 1:53 pm

La bruja se paseaba con el oído alerta, tratando de descifrar conversaciones en murmullos, sin embargo habían varios factores, demasiadas conversaciones entrecruzadas, demasiados gritos que opacan los murmullos, y demasiados cambios de tono y de tema de principal debate en cuanto la estratega y sus “amigas” entraban en escena, causaba impaciencia, daban ganas de maldecir a todos, pero por desgracia no conocía ningún maleficio que le ayudara a divulgar los rumores acerca de su hermana. Como mucho podría… usar a los emergidos, pero sería una táctica muy arriesgada, además Beatrice quería resultados inmediatos y no muy impactantes, los rumores de los pueblerinos no pertenecían a nadie, pero un ejército proveniente de la dama de Fuertefilón, daría mucho que hablar negativamente.

El festival era todo un éxito al parecer, pues a donde alcanzaba la vista de la bruja, todo eran personas, personas y más personas, unos atareados, otros deambulando con mayor tranquilidad, y luego estaba Beatrice, hastiada de chocar contra desconocidos.

Cuatro golpes más la hacían cambiar de opinión, odiaba el gentío, las grandes masas de personas la tumbaban, y a pesar de haber un clima perfecto, estar en medio de tanta chusma hace sudar a cualquiera, la estratega quería salir de ese eterno mar de personas. Sin embargo algo llamó su atención. Una riña entre dos personajes, bueno, más bien parecía un show de circo, podía verlo, era el al que estaba buscando, pero…

Beatrice se enfadó bastante… se suponía que ese hombre debería estar esparciendo rumores, no peleando contra un fortachón… todo para nada, seguramente la estratega estaba equivocada, y ese hombre no pertenecía a la Jauría.

¿Quién era el encargado de esparcir sus rumores? Gaius le había prometido que todo el puerto conocería el nombre de su hermana…. ¿Cuánto debería esperar?
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