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Ser paciente [Libre - Entrenamiento]

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Ser paciente [Libre - Entrenamiento] Empty Ser paciente [Libre - Entrenamiento]

Mensaje por Invitado Dom Feb 07, 2016 3:35 pm

Kagura se negaba a llamar “maestro” a Nhat. Si bien era cierto que el viejo Maestro Dong, en su lecho de muerte, le había encargado a su primogénito la tarea de prepararla para la prueba final que determinaría el final de su adiestramiento, Nhat se empeñaba en prolongar su aprendizaje alegando que aún no estaba lista. Y eso era algo que sacaba de quicio a Kagura... bueno, eso y su mirada, que era tan serena y vacía que parecía incapaz de alterarse ni aunque estuviese presenciando el apocalipsis.

Nhat era severo y mucho menos flexible que Dong. Se empeñaba en preservar las antiguas tradiciones del clan a toda costa, y no parecía estar dispuesto de preparar a Kagura para la prueba final a menos que ésta terminase de encajar en su estereotípica -y fosilizada, si le preguntaban por su opinión a la joven- idea de ninja. Era por eso que la pelirroja había estado siguiendo con mucha cautela a Nhat aquella tarde, ya que sabía que tenía por costumbre dar largos paseos a esas horas. Puesto que no podía convencerle con palabras de que estaba preparada, esa vez quería demostrárselo con acciones. Por lo que planeaba atacarlo por sorpresa cuando estuviese solo y distraído. Quizá así reconocería su valía.

Había empezado a seguirlo en cuanto lo vio saliendo de la enorme mansión en la que vivía prácticamente todo el clan. Con mucho cuidado de no alertarlo, Kagura se convirtió en su sombra mientras el experimentado mentor atravesaba angostas callejuelas, caminaba despreocupado por amplias avenidas repletas de mercaderes y se detenía a observar las cristalinas aguas de un río desde un puente que lo cruzaba.
Kagura no era para nada alguien paciente, pero en aquellos momentos estaba tan decidida a demostrar su aptitud que esperó y esperó durante lo que pareció ser una eternidad, siempre agazapada en las penumbras y sin perder de vista su objetivo. Aguardaba el momento oportuno para sorprenderlo. Obviamente, en una misión real, arremeter violentamente contra alguien en plena ciudad podría acarrear un alboroto innecesario. Por eso tenía que atacar a Nhat cuando estuviese en un lugar solitario, donde no hubiese ningún testigo muy cerca. La discreción era importante. ¡Pero es que el shinobi no parecía tener intención de salir de la urbe!

Cuando Kagura estaba a punto de darse por vencida, se percató de que Nhat había desviado su camino y empezaba a adentrarse en los vastos campos de arroz y maíz que se extendían por toda la periferia de la ciudad. La ninja conocía muy bien ese lugar, ya que a menudo entrenaba ahí con el Maestro Dong cuando todavía estaba vivo. El anciano líder del clan le había dicho muchas veces que ése era con toda probabilidad el sitio más agradable de todo Hoshido. Kagura opinaba lo mismo.
Por suerte, en aquella época del año, las plantas tenían la altura suficiente como para servir de escondite a todo aquel que supiese moverse por aquellas planicies.

“¡Esta puede ser mi oportunidad!” se dijo a sí misma la joven mientras empezaba a acercarse furtivamente a su presa, que no parecía haberse dado cuenta de que no estaba sola.

Como estaba a punto de anochecer, quedaban muy pocos campesinos trabajando con el arroz. Y los que aún estaban en las cercanías, estaban tan ocupados en su labor que no se percataron de cómo una figura surgía abruptamente de la vegetación, decidida a embestir a otra figura que deambulaba por el paraje con tranquilidad.

Kagura intentó golpear con una patada lateral en salto al shinobi, que estaba de espaldas a ella. Pero para su sorpresa, Nhat no tuvo que hacer nada más que dar un paso para apartarse y dejar a la joven, aún suspendida en el aire, completamente expuesta al contraataque que el maestro ejecutó y que la hizo caer bruscamente al suelo.

—El alumno sorprende al maestro —empezó a decir el shinobi en tono jocoso—. No era tan mala idea.

La ninja, con su orgullo herido por lo sucedido, se incorporó con un grito de rabia casi al instante y volvió a arremeter contra Nhat con una serie de veloces técnicas de mano que consecutivamente bloqueaba el mentor.

—Pudiste atacarme en la ciudad. ¿Por qué has esperado hasta ahora para hacerlo?

Kagura no respondió. Odiaba a Nhat, odiaba su arrogancia, odiaba que la tratase como si todavía fuese una niña y odiaba que hubiese fingido no darse cuenta de que ella lo había estado siguiendo.
En realidad, el propio Nhat no la había descubierto hasta unos milisegundos antes de que la patada voladora de su pupila alcanzase su cabeza. Pero eso era algo que jamás pretendía confesarle a la pelirroja.

—La paciencia es una virtud, pero un verdadero ninja debe de ser capaz también de crear oportunidades donde no las hay. Recuerd…

Nhat no pudo terminar su sermón. Mientras Kagura seguía concentrándose en la lluvia de ataques que estaba ejecutando sobre el maestro, encontró un hueco en su defensa y lo aprovechó para golpearle con la base de la palma de la mano en la mandíbula. Nhat se mordió la lengua, pero sin mostrar una mínima expresión de dolor, agarró a Kagura y la proyectó contra el suelo con mucha fuerza.

—No estás preparada —dijo simplemente antes de marcharse.

Kagura se quedó ahí, tendida en el suelo, con la mirada vacía puesta en el cielo. Apretó los puños: estaba iracunda y a la vez avergonzada, pero no quería reconocer su fracaso. Aunque le tranquilizó un poco pensar que al menos había podido golpearle por primera vez. Naga sabía muy bien cuánto tiempo había soñado con eso.

A juzgar por los murmullos que podía oír y que iban creciendo en intensidad, los campesinos que se habían quedado a trabajar a esas horas se estaban acercando a donde estaba ella. Probablemente tras haber sido testigos de la ruidosa pelea que había mantenido instantes atrás con Nhat.


Última edición por Kagura el Vie Mar 04, 2016 1:46 pm, editado 1 vez (Razón : Añadido al título la etiqueta 'entrenamiento'.)
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Mensaje por Invitado Lun Feb 15, 2016 3:53 pm

El viaje hasta el continente de Akaneia había sido no solo largo y tedioso, había sido una tortura. Palas sabía que tenía una importante misión, pero no evitaba quejarse sobre el horrible viaje que había hecho, y que lo peor de todo era que lo había hecho sin escolta alguna dado que tuvo que dejar a sus hombres en Valentia, lejos de casa incluso. Para llegar hasta la región de Hoshido en Akaneia, el Consejero del Marqués de Ostia tuvo que rodear en bote los territorios de Altea, Plegia e Ylisse, territorios en los cuales quiso desembarcar cuanto antes para llegar hasta Hoshido por tierra; pero debido a la importancia de la misión y a que era inapropiado de alguien como Palas arriesgarse de manera tan estúpida en tierra, tomó la horrible decisión de continuar en aquél trozo de madera flotante hasta el primer puerto de Hoshido.
El territorio de Hoshido era distinto -por mucho- a los territorios de la Liga de Lycia tales como Ostia; la arquitectura era diferente, la gente vestía de manera rara y hasta los botes eran extraños para Palas. Sin duda parecía andar en otro mundo, y el largo viaje justificaba todo aquello...la gente viviendo tan lejos tiende a pensar diferente. La primera tarea de la lista para Palas era sentar un acuerdo comercial con los locales, de modo que pudieran cubrir sus necesidades en ambos bandos y poder luchar de manera más cómoda contra la amenaza de los Emergidos...nada mal, si se pensaba de manera positiva.
Pero cumplir esa misión estuvo algo complicada, pues cuando Pals quiso hablar con el líder de la aldea, le recomendaron que fuese a los campos, pues allí iba a estar la persona adecuada para lo que necesitaba; el Tactician no tardó en darse cuenta de que no confiaban en el extraño y lo mandaron lejos para probar si lo que decía buscar era cierto o no...así que sintiendo que estaba siendo probado, fue hasta los campos, donde supuestamente hallaría al encargado de las rutas comerciales...vaya estupidez, ¿Qué clase de administrador iba a estar cultivando? Palas, quien no solo pareciera estar de mal humor todo el tiempo, ahora miraba con bastante desdén el sitio al que había ido a parar. Se tomó su tiempo, básicamente paseó, quería saber cada esquina y punto amplio de la ciudad antes de ir a hacer lo que le dijeron, si ellos sospechaban de él, él sospecharía de ellos...además, según lo que había oído en el bote antes de desembarcar, Hoshido tenía una cultura de guerreros que atacaban de manera furtiva a sus objetivos y eran conocidos por su eficacia en tal arte.
Finalmente, casi anocheciendo, había llegado a los campos de arroz...no había prácticamente nadie y el viento soplaba de manera curiosa...era demasiado calmado, un ataque podía suceder en cualquier momento. Y pese a que estuvo en lo cierto, se equivocó de objetivo, pues aunque oyó el sonido de una pelea no muy lejos de donde estaba, a él nadie lo había tocado. Curioso por saber cómo era que luchaban los guerreros de Hoshido, Palas puso sus pies ligeros y se aproximó tanto como pudo a observar.
Lo que vio fue algo impresionante, era una chica, pues por la forma de su cuerpo daba a entenderse que era fémina...y no muy mayor, pues el tamaño era pequeño y parecía ser alguien inexperto, pues su contrincante, contrario a ella, era un hombre de edad adulta y por lo visto, muy diestro en la lucha. Algo hablaron y la mujer dio un golpe al hombre, quien le respondió dejándola en el suelo y retirándose...no parecían enemigos, pues no le remató ni le capturó...quizás se trataba de alguna lección de lucha, supuso Palas. Los campesinos empezaron a agruparse para saber qué ocurría y Palas inmediatamente rechazó la idea de que fuera una lección...era más una batalla de odio entre miembros de un mismo grupo, cosa que no le era desconocida ya al Consejero del Marqués. Así pues, Palas se aproximó a la mujer, que estaba en el suelo, y mirándola desde arriba con sus ojos amarillos e inexpresivos, espetó.
*La derrota sabe peor cuando te quedas saboreando tu ineptitud; de pie, niña...parece que has llamado bastante la atención. Ofreció su mano derecha -pues la izquierda estaba cubierta por un guantelete bastante grande- y continuó mirándola como si se tratara de un recluta del castillo de Ostia a quien los instructores le habían dado una tunda muy fuerte en una sesión de adiestramiento.
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Mensaje por Invitado Mar Feb 16, 2016 1:12 pm

Unas duras y frías palabras despertaron a Kagura de su ensimismamiento. Pertenecían a un hombre al que no recordaba haber visto antes por aquellas tierras y que en esos momentos la observaba de manera inquisitiva desde arriba. El recién llegado le tendió su mano derecha y la ayudó a levantarse del suelo.

-¿Ineptitud?-
dijo la pelirroja mientras sacudía su vestido rojo para quitarse de encima la suciedad. -¡Conseguir golpear a ese monstruo es todo un logro!-

Kagura echó entonces un vistazo alrededor. Se percató de que como sospechaba, los campesinos, que instantes atrás habían estado trabajando el arroz, se habían acercado hasta formar un corro alrededor de ellos dos. Uno de los agricultores más ancianos se adelantó y apoyado en su bastón de bambú, se puso al lado del joven de ojos amarillos.

-¿Otra vez te has enfrentado al Maestro Nhat?- preguntó el campesino con un tono de voz que sonaba un poco a reproche. Se trataba de Shin, un viejo amigo del clan al que pertenecía Kagura y que tenía a cargo trabajar aquellos campos de arroz junto con sus socios.

-¡Es que se empeña en no quererme preparar para la prueba fi… ¡ay!- empezó a excusarse la pelirroja antes de ser interrumpida por el bastonazo que Shin le propinó en la cabeza.

-No seas caprichosa. Si el Maestro Nhat considera que no estás lista para la prueba final, es que no estás lista.- dijo el anciano, que había empezado a retirarse. Con un gesto, ordenó a todo el grupo de campesinos curiosos que se disolviese y que regresase a sus quehaceres. Por lo que al cabo de unos escasos minutos, el hombre de ojos amarillos y la adolescente de ojos celestes quedaron prácticamente a solas.

Kagura se apretaba con fuerza la zona en la que le había golpeado antes Shin para evitar que le saliese un chichón cuando empezó a prestarle atención a su compañero. Se dio cuenta de que vestía con unas prendas muy poco comunes, que en nada se parecían a los ropajes tradicionales que se usaban Hoshido. Dedujo que se trataba de un extranjero, y eso despertó inmediatamente su interés.

-¡Soy Kagura!- se presentó con entusiasmo y con una rápida reverencia. -¿Es usted un turista? ¡Eso sería algo genial! Estos últimos años apenas recibimos visitas de gente de otros países.-
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Mensaje por Invitado Mar Feb 16, 2016 1:47 pm

Miró con un gesto altivo a todos los que allí se congregaban, no le agradaba estar rodeado de tantos extraños, en realidad le molestaba. La sensación de pensar que en cualquier momento alguien podría apuñalarte la espalda era realmente incómoda y era precisamente lo que sentía en ese momento en aquél plantío de arroz. La chica tomó su mano y se puso de pie, afirmando que haber tocado siquiera a su anterior rival había sido el mayor de los logros en su carrera.
*"Si así son los guerreros de este sitio, creo que no debería temer tanto por mi propia seguridad después de todo..." Pensó mirando a la congregación de campesinos que se había atiborrado casi de inmediato en el sitio. Entre todos, había un anciano, quien parecía conocer a la pelirroja; hablaron sobre el enfrentamiento y justo cuando menos lo esperó el Consejero, el anciano le había atizado en la cabeza a la niña con su bastón. El gesto de Palas fue realmente impactante: levantó su ceja derecha y miró de soslayo a la niña...era claro que no era un guerrero, o al menos no uno graduado, y que si un campesino se podía permitir el golpearla de esa manera para hacerla caer en razón solo significaba que Palas trataba con una aprendiz.
La conversación acabó en breve y el anciano recomendó al resto de la multitud dispersarse y volver al trabajo...quizás la gente de la ciudad no le había mentido del todo, quizás era ese anciano la persona a quien Palas debía contactar para dialogar sobre la ruta comercial. Así pues, Palas creyó conveniente ir tras el anciano, pero justo cuando iba a dar el primer paso, la niña le interrumpió con un peculiar saludo, además de preguntarle si se trataba de algún turista. Palas la miró nuevamente de soslayo, cerró los ojos y suspiró mostrando cierto cansancio -en realidad, necesitaba dormir-. Se giró para quedar frente a ella y le ofreció su mano derecha en el momento que abrió sus amarillos ojos.
*Me llamo Palas. Y no, no soy ningún turista; vengo representando a mi país en misión diplomática desde una tierra lejana...es todo lo que obtendrás de mi de momento...¿Kagura? Vaya nombre más raro... La expresión de sus ojos era tan fría y tan de malas pulgas, que Palas no parecía muy alegre en ese momento, y aunque lo intentara, ser formal resultaba pésimo...incluso el mismo Palas consideró que estaba siendo demasiado borde con alguien que no tenía ni la menor culpa de su desagradable situación. Siendo así, volvió a hablar luego de otro suspiro.
*Mira, lo siento. Quizás parezco demasiado enojado...tan solo estoy cansado, es todo...y todo aquí es tan extraño para mí que la paciencia se me va agotando. Pensó preguntarle sobre lo que había sucedido hacía poco, pero prefirió callarse las preguntas para luego y evitar molestarla...no era bueno tocar una herida emocional recién hecha.
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Mensaje por Invitado Miér Feb 17, 2016 7:14 am

El extranjero parecía cansado, aunque aun así mantuvo las formas y le ofreció de nuevo a Kagura su mano derecha, esta vez para darle un saludo cordial. En Hoshido no se solía dar la mano para esa clase de situaciones, pero la pelirroja sabía que en otros países aquel gesto se trataba de una costumbre bastante típica, por lo que respondió al apretón de manos con entusiasmo, percatándose además de que el joven visitante cubría su otra mano con un guante algo ostentoso.

El extraño de ojos de color amarillo decía llamarse Palas. Le contó que no era turista, sino un diplomático procedente de un país lejano, aunque tampoco quiso entrar mucho en detalles. También le dijo que su nombre era raro.

-Bueno, yo creo que Palas es también un nombre bastante raro.- le respondió Kagura con una sonrisa y en un tono divertido y desenfadado. En condiciones normales, habría malinterpretado ese comentario como una ofensa y habría reaccionado hostilmente, pero comprendía que para alguien de fuera de Hoshido, todo aquel choque cultural debía de resultar difícil de asimilar. Recordaba haber visitado de pequeña una vez Nohr, así que creía conocer la abrumadora sensación de experimentar costumbres tan diferentes.

El diplomático se disculpó de repente, confirmándole después sus sospechas: estaba cansado y desorientado por las peculiares tradiciones de Hoshido.

-Entonces supongo que acaba de llegar- supuso Kagura. Seguía tratándole de usted y con todo el respeto que podía no solo porque era un visitante, sino también un diplomático. Por ello intentaba comportarse con mayor madurez a la que mostraba normalmente, ya que en tiempos tan difíciles como aquellos, bien sabía todo Hoshido que las alianzas podían ser cruciales para afrontar la amenaza de los Emergidos. ¡Dar una buena impresión a los extranjeros era importante! -Descuide, descuide. Los visitantes se acostumbran muy rápidamente a nuestra cultura.-

Los campos de arroz y maíz eran realmente tan extensos que desde el lugar en el que se encontraban era prácticamente imposible vislumbrar en el horizonte sus límites. Pero Kagura había estado entrenando en ellos durante la mayor parte de su adiestramiento, por lo que podía presumir de conocer todos y cada uno de los rincones de aquellos vastos y tranquilos territorios. Sabía que no muy lejos de donde estaban, a un lado de una amplia carretera hecha de gravilla que dividía los campos en dos, había una posada bastante tradicional y agradable donde pensó que el diplomático podría hospedarse esa noche. Claro estaba que en la ciudad también había posadas mucho más populares y frecuentadas que esa en particular, pero a Kagura se le daba bien juzgar a la gente y creía que después de un largo viaje, a Palas le sentaría mejor dormir en un lugar más tranquilo y con menos huéspedes ruidosos. Además, conocía a la dueña que dirigía aquel lugar y estaba segura de que le haría un buen descuento al diplomático debido a ello.

-¡Oiga, oiga! Conozco un buen lugar que está cerca de aquí donde podría descansar. ¡Sígame!- dijo Kagura alegremente sin esperar respuesta de su interlocutor. La muchacha empezó a dirigirse a donde estaba la posada esperando que el diplomático confiase en ella y la siguiera. -Si quiere, mañana puedo volver a visitarle para enseñarle la ciudad cuando esté más descansado.-
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Mensaje por Invitado Miér Feb 17, 2016 3:52 pm

Sin duda era una niña, era demasiado...alegre; y no era que eso molestara a Palas, en realidad le daba igual, pero lo que sí le parecía extraño era el exceso de amabilidad de parte de ella, o más bien la manera en como trataba a Palas. Para ser un extraño, Kagura lucía demasiado confiada...¿Cómo sabía ella que Palas no mentía? ¿Cómo iba a estar segura de que no era algún bandido infiltrado que buscaba puntos débiles en la ciudad? Al Consejero no le gustaba generalizar, pero si así eran los llamados "guerreros" de Hoshido, o eran supremamente poderosos como para no temer a los extraños o habían tenido bastante suerte con los ataques del exterior. Era una cultura diferente, completamente.
Kagura habló sobre una posada no muy lejos del sitio y lo único que hizo Palas fue llevarse la mano a la cara como pidiendo paciencia. *"Genial, otra travesía interminable para llegar a otro punto aún más distante..." Pensó mientras bajaba la mano y empezó a seguir a Kagura con pasos largos y firmes, como quien quisiera avisar a todo el mundo que él se encontraba allí; al poco de unos cuantos pasos ya la había adelantado e incluso había avanzado unos cuantos metros. Su mano derecha estaba posada en la empuñadura de la espada y el guantelete -que iba medianamente cubierto por el atuendo- estaba a la altura de la cintura frente a él cubriendo su mano derecha, pues Palas había levantado un poco su mano izquierda...de este modo, iba en una rara especie de preparación para una posible lucha, pues no era que confiara del todo en Kagura y la idea de una traición no había abandonado completamente su cabeza aún después de haberse percatado del anciano de unos momentos antes.
Se volvió un hacia Kagura y se detuvo, era claro que ella era la guía, ir delante era una estupidez, además estaría abierto a que le encerraran. Esperó a que la chica lo pasara y entonces preguntó con una voz fría y bastante lúgubre.
*¿Siempre es así de confiada la gente en Hoshido con los extranjeros? ¿Qué asegura que lo que he dicho es cierto? Aunque la hospitalidad es un factor a resaltar...la ingenuidad es un error que puede acabar con una nación entera... Suspiró y continuó caminando justo detrás de la pelirroja.
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Mensaje por Invitado Jue Feb 18, 2016 2:58 pm

Palas pareció en un principio fiarse de sus palabras, ya que empezó a seguirla. Pero sus pisadas eran tan amplias y seguras que no tardó en adelantarla varios metros. A Kagura esto le extrañó, pero tampoco le importaba demasiado. Como avanzaban en línea recta, no temía que el diplomático se perdiese incluso sin su guía. Aunque sí se percató de que estaba adoptando una posición muy extraña. Como si estuviese esperando que lo atacasen por sorpresa. Cuando Kagura se dispuso a preguntarle por qué se encontraba tan tenso, Palas se dio la vuelta y se detuvo sin mediar palabra. Y cuando la pelirroja logró alcanzarlo instantes después, le formuló dos preguntas muy súbitas.

-Existe un dicho en mi familia que dice así: “Nunca le hagas cosquillas a un dragón dormido”.-  contestó la pelirroja con una frialdad que le hacía parecer otra persona. Se había detenido justo al lado de Palas, pero con el cuerpo y la mirada orientados en dirección al frente. -Hoshido es un país pacífico que es hospitalario con los extraños porque puede permitirse confiar en ellos.-

Kagura se volvió entonces hacia su compañero juntando sus dos manos detrás de la cintura. Su expresión había vuelto a ser la de antes y ahora esbozaba una inocente sonrisa.

-Así que no sería recomendable responder a nuestra ingenuidad con traiciones, por ejemplo.- añadió canturreando con una voz más alegre y despreocupada mientras retomaba la marcha. No pretendía amenazar al diplomático, pero esperaba que tras lo que le había dicho, fuese capaz de deducir cómo funcionaban las cosas en el país. En Hoshido, el poder militar no estaba tan bien organizado como en otros lugares y la nobleza tampoco ejercía sus roles de la misma manera que en otros continentes. Sin embargo casi todo ciudadano compartía un fuerte sentido del honor que, lejos de debilitar la estructura de la sociedad, era la fuente principal del progreso de la nación.
Kagura sabía además que Hoshido tenía ojos y oídos puestos en todas partes. Su propio clan había servido lealmente durante muchas generaciones a la realeza facilitándole en clandestinidad todo tipo de información relevante para la supervivencia del país.

En realidad y probablemente sin saberlo, Palas estaba siendo indirectamente espiado por la muchacha a la que había estado subestimando en silencio.


Cuando al fin llegaron a la posada campestre, pudieron presenciar cómo una conmovedora puesta de sol le confería con su luz crepuscular al paisaje, conformado por los campos de arroz y el viejo edificio, un aire de misterio y belleza irreal.
La posada era casi tan grande como las que había en la ciudad. Pese a no tener una apariencia muy lujosa, era muchísimo más cómodo descansar en sus habitaciones y hasta contaba con un pequeño restaurante. La frecuentaban sobre todo viajeros que preferían la quietud del campo antes que el ajetreo de la metrópolis.

-¡Ya hemos llegado!- exclamó la muchacha a la vez que se acercaba a la entrada. -¿Ve usted que no quedaba tan lejos?-

La pelirroja golpeó tres la puerta corredera de madera, que fue abierta por una joven de más o menos la misma edad que Kagura y que la reconoció enseguida. Su atavío consistía en un kimono azul humilde pero muy elegante.

-¡Hana! ¿Qué haces aquí?- dijo la kunoichi sorprendida. Normalmente, la que recibía a los clientes era la abuela de Hana. La joven explicó a la pelirroja mediante gestos que ese día le tocaba a ella encargarse del negocio familiar, y le dirigió también una mirada curiosa a Palas. Era muda, pero Kagura entendía el lenguaje de signos, así que iniciaron una extraña charla en la que sólo se comunicaba verbalmente una de ellas.

-Señor Palas, le presento a Hana. Ella le mostrará el camino a su habitación. Y no se preocupe por el precio. Hana dice que no hace falta que pague.- dijo de repente Kagura a Palas. -Como le dije, pasaré mañana por la mañana a buscarle para enseñarle los alrededores.-
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Mensaje por Invitado Sáb Feb 20, 2016 11:33 am

La respuesta de Kagura hizo que Palas diera una ligera sonrisa de aprobación, como quien daba razón a lo dicho; pese a parecer una chica inexperta y sin experiencia, al menos tenía la suficiente sabiduría como para saber cómo cuidarse de los extranjeros con malas intenciones. Palas se volvió hacia el camino y continuó avanzando junto a Kagura hacia la posada que la pelirroja decía era más apropiada para él que las que se encontraban en la ciudad. Y con la idea de una traición borrándose de su mente, Palas caminaba con mayor seguridad y tranquilidad.

---

Al llegar a la posada, Kagura tocó la puerta y una dama con vestimentas extrañas para Palas salió a atender. Las dos jóvenes parecían conocerse y tuvieron una conversación algo fuera de lo común: con señas. El Consejero no necesitó mucho para entender rápidamente de que se trataba de una persona muda, y como no sabía comunicarse con el lenguaje de los mudos, prefirió no hacer ni decir nada hasta que Kagura hubiese terminado. Y cuando Palas iba a preguntar sobre el costo del alojamiento, Kagura se apresuró a hablar, informándole todo lo que quería saber en ese momento.
*Parece tener mucho tiempo libre, joven. Pero acepto, un guía me vendría bastante bien el día de mañana...trataré de recompensarle en lo mejor que pueda...
Le ofreció la mano derecha nuevamente a modo de despedida, aunque esta vez parecía un poco más amistoso que antes -pero eso no quitaba la mirada constante de rabia/cansancio de su rostro-. No agregó más y esperó a que Hana hiciera lo que Kagura había explicado al Consejero.

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Era ya de mañana, algo temprano, tan temprano que ni los primeros rayos del Sol habían salido. Como era costumbre en el castillo de Ostia, todos se levantaban tan temprano como podían para empezar los deberes; los de Palas eran asegurarse de que las fuerzas del castillo estuvieran en un estado decente para la revisión del Marqués y también asignar los puestos de la guardia -labor temporal- y requerir los informes de reclutamiento y adiestramiento generados por los instructores del castillo. Pero aquél día, como los demás desde que dejó el castillo, esa labor ya no era suya hasta que volviera; en lugar de ello, despertó en una humilde habitación, en una cama que era más un edredón en un suelo alfombrado con paja cocida y las puertas eran grandes paneles de papel, los muros eran de madera cubierta con algún estuco y pintados de un azul muy suave...no era una habitación ni fría, ni incómoda, pero tampoco era que Palas se sintiera en casa. Se puso de pie, se echó la chaqueta al hombro y abrió la puerta lentamente. Como supuso, no había nadie despierto aún, hasta que oyó unos trastos en el piso de abajo y un olor suave llegó a su olfato...estaban cocinando el desayuno.
El resto del tiempo hasta que amaneció y el resto de las personas despertaron Palas se lo pasó meditando en su habitación hasta que avisaron que podía desayunar. Desde luego, tomó un baño antes de ello y luego fue a comer; la comida era extraña, pero no sabía nada mal y comió hasta que consideró suficiente y decente. Entonces, más entrada la mañana, alguien apareció por la puerta; Palas estaba listo y había estado esperando a aquella persona desde que hubo terminado el desayuno, era Kagura.
*Buenos días. Dijo poniendo su mano derecha en alto, mostrando la palma y sonriendo tranquilamente. *Es un lugar tranquilo, como prometió, me agrada. Si vuelvo a estas tierras, me hospedaré aquí nuevamente. Se quedó sentado en el cojín en el que estaba, justo en el recibo de la posada. Esperó que Kagura dijera algo y mientras ello, se cruzó de brazos y se recostó un poco contra el muro.
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Mensaje por Invitado Lun Feb 22, 2016 6:40 pm

Kagura era una persona muy dormilona, pero aquella madrugada se había despertado muy temprano, incluso mucho antes de que amaneciese. En realidad, tenía algo muy especial en mente. Desayunó poco, se vistió con rapidez y salió de la mansión del clan en dirección a los campos de arroz eludiendo con evasivas las perspicaces preguntas que le formuló un extrañado Nhat.
Su atavío consistía en unos pantalones cortos, en una chaqueta de tela de algodón y en unas vendas que, atadas fuertemente, cumplían la función de muñequeras. Calzaba además unas sandalias tradicionales y ocultaba su marca de branded con una cinta roja que le rodeaba el cuello. Se trataba de un atuendo ligero y cómodo, idóneo para entrenar y perfecto para el cometido que pretendía llevar a cabo ese día.

El hogar del clan Yato se encontraba edificado en un lugar muy lejano a los campos de arroz, por lo que cuando Kagura alcanzó por fin la posada donde se alojaba Palas, ya se había hecho de día y los comercios de la ciudad empezaban a abrir. La muchacha entró en el edificio y buscó al diplomático hasta que al fin lo encontró sentado sobre un cojín en el recibidor. Parecía haber terminado de desayunar hacía rato, y no tardó en reconocerla.
Palas, con una sonrisa serena, alzó la mano para llamar su atención y le dio los buenos días. Añadió que de regresar a Hoshido, se hospedaría en esa misma posada de nuevo. Kagura sonrió al oír el comentario, satisfecha de haber acertado al recomendarle aquel lugar.

-¡Buenos días!- respondió alegremente mientras se acercaba con rapidez al extranjero y le agarraba de repente la mano para tirar de él y llevarlo al exterior de la posada. Y es que la muchacha se había fijado desde el día anterior en la espada que portaba Palas. Detalle que había despertado su curiosidad e interés casi de inmediato. ¡Y es que a Kagura le encantaba pelear! La muchacha suponía que si el diplomático llevaba consigo un arma, es que sabía usarla. Como no recordaba haberse enfrentado a un extranjero antes, tenía muchas ganas de ver el estilo de pelea que usaban en otros países.

-¡Señor Palas! ¡Le reto a un duelo amistoso!- exclamó triunfalmente la ninja cuando al fin se encontraban afuera, en la carretera de gravilla. Al momento de haberse conocido no le había parecido muy justo proponerle un combate porque el diplomático le había dicho que estaba exhausto, pero después de haber descansado en la posada campestre de la familia de Hana, Palas debía de encontrarse en perfectas condiciones para pelear. Kagura extrajo una daga de bronce de un pequeño estuche de cuero atado alrededor de una de sus piernas y la sostuvo de manera desafiante. Pretendía demostrarle con ese gesto al diplomático que iba en serio.

Los huéspedes de la posada que alcanzaron a oír el desafío que la joven había proferido, se acercaron curiosos a ver qué sucedía.

-No se preocupe por mí.-
empezó a decir Kagura con una sonrisa pícara. -Sé defenderme.-
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Mensaje por Invitado Lun Feb 22, 2016 8:23 pm

No bien acababa de saludar cuando la pelirroja lo tomó de la mano y haciendo alarde de fuerza, casi que lo sacó arrastrando de la posada; al comienzo, la sorpresa hizo a Palas trastabillar mas de una vez, pero luego de ello, logró componerse y caminar de manera casi normal hasta un lugar abierto justo fuera de la posada. Se acomodó el atuendo e iba a preguntar el porqué de tan irrazonable actuación...hasta que el reto al duelo lo dejó estupefacto; no se guardó nada, la boca abierta, los ojos como platos y la expresión de "¿Está usted loca?" en su rostro. Esperaba cualquier cosa, menos aquello; a Palas no le gustaba mucho aquello de irse por ahí repartiendo golpes de espada a menos que fuera de vital importancia -como antes cuando creía que su propia vida corría riesgo por una posible traición-. Y como no gustaba de que le movieran del modo en el que le habían movido antes, simplemente puso el rostro serio.
*¿Y qué le hace creer, señorita, que viajé tanto para compartir golpes con un extraño? Por más amistoso que sea este duelo, le aseguro que yo no lucho para entrenar...el adiestramiento fue hace mucho y los combates que libra un oficial de gobierno de la Liga de Lycia en los últimos años han sido con...tra...los...
Se detuvo mientras hablaba, no porque hubiese mucha gente congregándose allí, sino porque conforme hablaba, recordaba la batalla cruel en la que perdió no solo a su padre sino que también a quien consideró la única persona capaz de amarle. Como si estuviese apagado, se quedó de pie con la cabeza gacha y una mirada sombría en su rostro, además de los brazos ambos abajo, sin guardia alguna. Una lágrima cruzó por su mejilla, pero el Consejero la limpió casi de inmediato, luego miró a Kagura con cierto desdén.
*Yo no peleo de manera amistosa, Kagura. Si solicita un duelo, le daré uno...y quiero mostrarle, la nula misericordia del enemigo que acabó con mi vida no solo una, sino dos veces.
Inmediatamente desenvainó la espada con su diestra y empezó a andar hacia ella, aumentando la velocidad poco a poco hasta que ya estaba corriendo, asaltando con el poco razonamiento de un Emergido...el objetivo era comprobar las defensas de la pelirroja, luego ya lucharía en plena forma y sin guardarse energía...una derrota aplastante sería suficiente.

[spoiler=Duelo]
Normalmente pongo en Spoiler lo que hago para ayudarme a narrar. Palas usa solo una mano con la espada, por lo que los ataques son regularmente cortes diagonales hacia abajo. En este momento Palas ataca primero y sin mediar palabra alguna, un único ataque -como especifican las reglas xD-.[/color]
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Mensaje por Invitado Miér Feb 24, 2016 1:23 pm

Palas parecía sorprendido ante la repentina actitud de Kagura que, con demasiado entusiasmo, había conseguido arrastrarlo fuera de la posada. Su expresión estupefacta resultó ser muy divertida para la joven, que ya se había acostumbrado a verlo casi siempre con un semblante sereno y estricto.  Aunque al final se recompuso y retomando su personalidad predeterminada de diplomático-muy-responsable-y-con-cara-de-enfado empezó a explicar motivos por los que no estaba de acuerdo en aceptar el duelo. La pelirroja estuvo a punto de interrumpir su monólogo aburrido, pero antes de que pudiese decir ni una sola palabra, Palas dejó de hablar y adoptó una posición inquietante: cabizbajo y con una diminuta lágrima que brotó de uno de sus ojos, parecía otra persona. La mirada que dirigió a continuación a la ninja la intimidó un poco. ¿Qué le estaba pasando?

Kagura no entendió bien lo que le dijo a continuación, pero no le costó adivinar que finalmente Palas se había decantado por aceptar su reto, puesto que desenvainó aquella espada de aspecto tan curioso y arremetió contra ella con hostilidad. Hacía gala de un comportamiento diferente al que había tenido instantes antes. Su manera de moverse y atacarla no estaba para nada premeditada.

“Está actuando por instinto” comprendió Kagura rápidamente mientras empezaba a correr también en dirección a su contrincante. ¿Así era como se luchaba en Lycia? De ser así, el enfrentamiento que acababa de dar inicio entre la ninja y el consejero podría servirle de aprendizaje. La pelirroja no estaba dispuesta a subestimar a Palas, pero a medida que se acercaba a él, empezaba a sospechar que en realidad, era su adversario quien no la estaba tomando en serio. Esto se evidenció en cuanto Palas, que sujetaba su arma con una sola mano, la atacó con un único corte que a Kagura no le costó esquivar echándose a un lado.
Conocía muy poco a Palas, pero sabía que se trataba de alguien cauto, inteligente y severo. ¿Por qué se arriesgaba tanto con un ataque que dejaba su cuerpo tan expuesto a contraataques? La única respuesta que vino a su mente fue lo que ya se temía: la subestimaba.

-Insisto en que sé defenderme…- dijo la ninja, que al esquivar el primer golpe de Palas se había acercado tanto a él que la distancia que los separaba era de tan sólo unos pocos centímetros. De haber empuñado su contrincante la espada con las dos manos, ese movimiento le habría sido imposible de ejecutar. Gracias al temerario y veloz desplazamiento de la joven, Palas lo tendría muy difícil para herirla con el arma por el limitado espacio que le quedaba para blandirla.

Kagura, aprovechándose instantáneamente del hecho de encontrarse tan cerca de su contrincante, hizo ademán de clavarle la daga de bronce en la parte anterior del codo del brazo con el que sujetaba la espada. Las dagas podrían no ser la mejor herramienta para enfrentarse a un espadachín experto, pero a distancias cortas resultaba veloz, efectiva y letal. Si hubiese tenido intenciones reales de dañar a Palas, ese ademán habría pasado de ser un simple gesto inofensivo a un ataque que le habría causado posiblemente pérdida de movilidad del brazo. No quedándose contenta con esa certera demostración de destreza en el combate impropia para alguien de su edad, señaló con el dedo índice de su otra mano libre el cuello del diplomático. Aquello tenía intención de transmitirle el mensaje de que estaba siendo muy descuidado a la hora de dejar su cuerpo tan expuesto. Finalmente, teniendo cuidado de cubrirse por si acaso Palas decidía atacar de nuevo, se apartó a una distancia de cinco metros y le dirigió una mirada igual de gélida que la que solía mostrar su adversario en condiciones normales.

-Ahora luchemos en serio.- murmuró para sí misma a la vez que sacaba dos nuevas dagas del estuche de cuero. Había respondido al combate de antes con acciones de corto alcance en un intento de demostrarle al extranjero que podía protegerse de ataques de espada. Pero en realidad, su especialidad era el lanzamiento de cuchillos arrojadizos y no el combate cercano. De hecho, la daga que había empuñado en primer lugar era de constitución liviana, por lo que no había sido diseñada para hacer frente a otras armas blancas directamente. Un simple corte propinado por una espada como la que portaba Palas bastaría para romperla. Por fortuna, Kagura había venido preparada, y a parte de los tres cuchillos que sujetaba entre sus dedos como si de garras se tratasen, aún guardaba otras tres en el interior del estuche.

La pelirroja auguraba que el combate de verdad estaba a punto de comenzar. Y su cada vez más numeroso público, con sus vítores, parecía deseoso de presenciarlo. La pelirroja oía como algunos de los huéspedes empezaban a apostar por quién ganaría.
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Mensaje por Invitado Miér Feb 24, 2016 3:57 pm

Palas perdió la batalla táctica inmediatamente, nada que no estuviera fuera de lo planeado...era el estilo de lucha de los Emergidos y para Palas no era más que sparring. Su rostro seguía con la misma expresión de rabia, no por la derrota, sino por el recuerdo aún vivo de su padre muriendo a la par de soldados y civiles...no era una sensación agradable, para nada; pero Palas insistiría en preparar una tras otra batalla, cada una más difícil que la anterior para mostrar a Kagura lo que el enemigo era capaz de hacer no con habilidad, sino con números, pues esa era la verdadera ventaja de los Emergidos. Tenía tiempo para ello y no se molestaría en usarlo con la animosa niña, quien demostraba tener muy buena habilidad en el combate. Caminó tranquilo, ignorando el ruido que hacían los campesinos en el improvisado círculo de lucha...Palas era un guerrero experimentado, sabía deshacerse de las distracciones externas y enfocarse en su objetivo, tal como hacía en ese instante.
*Kagura, eso fue en serio...fue un típico ataque hecho por el enemigo; no verás mi estilo propio hasta no haberme mostrado que puedes derrotar a mi enemigo...solo fue la primera batalla.
La espada seguía siendo blandida en una sola mano, y aunque luchaba como un Emergido en ese momento, no iba a empuñarla jamás con ambas manos, pues el guantelete que portaba Palas no era un simple juguete o adorno, era el complemento de sus ataques. Pese a esto, y sabiendo que Kagura se fiaba de la velocidad para sus ataques, el Consejero hizo lo que los Emergidos harían al percatarse de un enemigo así: aumentar la velocidad del ataque y las distancias. Avanzó con mayor seguridad aunque esta vez no corrió, y al aproximarse, lanzó un ataque similar al anterior y luego un segundo con mucha más velocidad que antes, dos golpes limpios de espada al estilo de los Emergidos.

OFF:
El ataque es bastante sencillo. El primer golpe es idéntico al anterior, corte diagonal descendente hacia afuera. Pero el segundo ataque es el ataque real -aunque no quita potencia al primero-, que consiste en un movimiento de empuje y corte con el filo de la espada, que se mueve desde afuera hacia arriba con la punta de la espada mirando hacia el oponente; con ello se busca alejar cualquier contraataque y tratar de dañar al oponente para cansarlo.
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Mensaje por Invitado Jue Feb 25, 2016 11:25 am

Palas le dijo simplemente que su ataque previo había sido en serio, y que no iba a mostrarle su verdadero estilo de lucha a menos que la pelirroja consiguiese vencerle bajo esas condiciones. A Kagura le estaba empezando a molestar el modo con el que se tomaba su adversario la pelea. ¿De verdad la estaba tomando en serio como decía? Parecía más bien querer darle una lección. Y la muchacha odiaba que le dieran lecciones. Supuso que si Palas se negaba a enseñarle su verdadera fuerza, ella tendría que verse obligada a enseñarle la suya antes.

El extranjero volvió a arremeter, esta vez con mayor seguridad. Blandió de nuevo su espada y realizó un nuevo par de cortes que Kagura pudo predecir con facilidad. Como ninja, era más consciente que nadie de que el mismo truco no funcionaría dos veces, así que en vez de contraatacar de manera similar a como había hecho antes, sencillamente se apartó hacia atrás alejándose todo lo posible del rango de ataque de Palas. La distancia que los separaba en ese momento era de tres metros, pero ahora era su turno.

-Sea quien sea tu enemigo…- empezó a decir la pelirroja mientras jugueteaba hábilmente con los cuchillos. -… lo derrotaré con mi ninjutsu.-

Acto seguido arrojó una de las dagas al aire y ejecutó una acrobacia giratoria aérea con la que acumuló la suficiente fuerza como para empujar de una potente patada en el aire dicha daga, que se precipitó con velocidad vertiginosa en dirección al cuello de Palas. Aprovechó además la acrobacia para lanzar un segundo cuchillo al abdomen del enemigo en un intervalo de unos pocos milisegundos con respecto a la anterior daga.
La escasa distancia que había entre ellos le daba la ventaja, ya que su adversario tendría que reaccionar muy rápidamente para bloquear la primera daga, y con aún más rapidez si pretendía eludir la segunda, cuya amenaza pasaba casi desapercibida.

Kagura, tras finalizar su ataque, volvió a apartarse rápidamente. Era arriesgado llevar a cabo acrobacias de ese tipo porque la dejaban muy expuesta. Aunque empleadas en determinadas situaciones, le servían para camuflar sus acciones y confundir a los objetivos.
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Mensaje por Invitado Jue Feb 25, 2016 4:41 pm

Los ataques fueron nuevamente evadidos, acorde al plan; si Kagura era tan habilidosa como para retar a Palas a un reto, debía ser por lo menos capaz de despachar a más de un Emergido a la vez. Era una joven bastante ágil y tenía un estilo de lucha elusivo basado en los ataques de corta y media distancia; nada mal si no te tocan o te cansas, pero solo en esos casos y como era sabido, las batallas con los Emergidos solían ser de desgaste, pues no importaba cuántos mataras, seguían apareciendo y arrasándolo todo.
A continuación, luego de evadir los golpes, Kagura atacó, aunque esta vez no repitió el acto anterior por la obvia razón de la espada moviéndose de vuelta a una posición de guardia; en lugar de atacar de cerca, Kagura retrocedió y lanzó una daga propulsada por una patada...sin duda una acrobacia bastante grácil. Pero el atauqe no fue solo ese, una segunda daga, menos veloz quizás por ser simplemente arrojada con la mano, siguió el trayecto de la primera. Palas, quien tenía ya experiencia con enemigos a distancia, pudo golpear con su espada la primera daga dando unos "pasos de baile", moviéndose hacia un lado y evadió la segunda por mera casualidad gracias a aquél truco. Nunca era bueno quedarse estático cuando te arrojaban cosas y eso cualquier veterano lo sabe, fue un simple reflejo del Consejero lo que le salvó de haber sido herido.
Atacar nuevamente iba a ser difícil, pues Kagura había tomado distancia nuevamente y era obvio que su destreza en los contraataques era para ser tomada en serio; así pues, haciendo gala de una inteligencia de la cual carecían los Emergidos, Palas se centró en su defensa. Si Kagura era buena evadiendo y aprovechando aperturas en la defensa no era algo que le importara ya a Palas, pues ya lo había demostrado...ahora quería ver cómo se las arreglaba para desbaratar al Tactician y derrotarlo una vez más. Así pues, Palas se preparó para el próximo ataque de Kagura y se contuvo de arremeter nuevamente dado que si seguía atacando sin parar, iba a agotarse él primero.
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Mensaje por Invitado Vie Mar 04, 2016 10:14 am

Palas bloqueó la trayectoria de la primera daga con la espada, quebrando así la hoja de la pequeña cuchilla por la mitad. La segunda daga, que también fue esquivada, quedó cerca de unas cajas de madera apiladas a un lado de la carretera. Kagura, tras juzgar los movimientos del diplomático, llegó a la conclusión de que había eludido su contraataque más por fortuna que por habilidad. Quizá eso fuese signo de que Palas no estaba tan acostumbrado a luchar como ella. Al fin y al cabo, desde muy temprana edad la pelirroja había recibido una instrucción severa y un adiestramiento aún más férreo centrado específicamente en el arte del sigilo y del asesinato. Como representante de un país, probablemente la especialidad de Palas no fuese precisamente el combate. Y eso significaba que una de sus dagas terminaría por alcanzarlo tarde o temprano.

A pesar de estar moviéndose mucho más que su adversario, la muchacha no mostraba aún signos de cansarse, principalmente gracias a que su condición de branded la hacía más ágil que las personas normales, secundariamente porque conocía sus debilidades y por ello entrenaba diariamente su resistencia; y terciariamente, porque los materiales de la ropa y de las armas que llevaba eran bastante ligeros. Por el contrario, Palas vestía con ropas que le restaban libertad de movimiento y además portaba una espada, que sólo por su peso, debía de costar blandir mucho más que las dagas de Kagura. La muchacha se sentía con energía suficiente y ganas de estar todo el día combatiendo, ¿pero por cuánto tiempo podría el diplomático resistir sus ataques sin fatigarse?

Como si Palas le hubiese leído la mente, adoptó de pronto una postura totalmente defensiva. A la espera de que el siguiente movimiento fuese de ella. La pelirroja sabía que acercarse a un oponente como aquel sin un ‘plan B’ entre manos podría ser considerado suicidio, pero era también una oportunidad de oro para probar una nueva triquiñuela que había desarrollado. Por lo que extrajo dos nuevas cuchillas del estuche y empezó a juguetear con ellas en silencio como si fuese una malabarista. Así estuvo un buen rato haciendo caso omiso a los abucheos del público, que no comprendían qué estaba haciendo. En realidad, las dagas que Kagura estaba utilizando estaban modificadas para que, en caso de dañar a un objetivo, no causasen más que pequeños cortes superficiales.

De repente, la muchacha volvió a adoptar una posición desafiante y empezó a correr en dirección a Palas, acortando cada vez más la distancia que los separaba. Arrojó una primera daga en dirección a su rodilla derecha y cuando se encontró lo suficientemente cerca de él, lanzó las otras dos restantes a la vez a su torso. Después, aprovechó inmediatamente la ocasión para pasar por el flanco izquierdo de su adversario. Mientras lo hacía, Kagura empuñaba con firmeza su última daga, que había sacado con disimulo durante su ataque anterior y cuya puesta en escena sería crucial para el siguiente movimiento.


La hoja de la daga que empuñaba Kagura tenía un truco: estaba excesivamente pulida por un lado, de tal manera que su superficie reflejaba la luz del sol como un espejo. Aquella era la triquiñuela planeada. Instantes atrás, cuando la pelirroja parecía que sólo estaba jugando con las otras dagas, en realidad estaba calculando la manera en la que la luz se reflejaba en ellas, para así poder usar su carta del triunfo con mayores posibilidades de ganar.

Su estrategia tuvo éxito. Pues en cuanto el diplomático fijó su vista en ella, Kagura desvió la luz solar y la proyectó a sus ojos, provocándole una ceguera temporal al instante. Ese arriesgado movimiento le permitió no sólo eludir un posible contraataque de Palas, sino que también le otorgó unos valiosos segundos que utilizó para causarle a su oponente una serie de cortes superficiales con la daga trucada que empuñaba. Quedó por lo tanto claro que de haber tenido intenciones reales de asesinarlo, el extranjero ya estaría muerto.

Kagura, que se sentía muy satisfecha por su victoria, continuó entrenando junto a Palas durante un tiempo más. Más adelante, y después de cumplir la promesa de enseñarle la ciudad, se despidió y se marchó de regreso a su hogar.

OFF:
Como el usuario Palas no está registrado en el último censo y ha sido imposible contactar con él, me he tomado la libertad de narrar un final para el tema -controlando un poco las acciones del personaje Palas- para concluirlo.


Última edición por Kagura el Mar Mar 15, 2016 2:23 pm, editado 1 vez (Razón : Añadido de una conclusión para el tema.)
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Mensaje por Marth Vie Abr 01, 2016 1:40 am

• Tema cerrado •

Kagura gana 80G

Kagura gana 2 EXP

Kagura pierde un uso de su daga.


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Great Lord | Pegasus Knight

Cargo :
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Autoridad :
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Inventario :
Lanza de bronce [1]
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Especialización :
Ser paciente [Libre - Entrenamiento] LmfEWd3Ser paciente [Libre - Entrenamiento] DEZKvV0

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