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Mensaje por Pelleas Miér Feb 03, 2021 10:09 pm

“El día de hoy, estaré... Hoy es el día de mi boda, matr... Hoy veré a su alteza Yuuko para... Creo que me hallo escaso de palabras que sepan salir de mi hoy. Pero esta es la fecha de mi boda. Supongo que no es un día para la escritura, o quizás que puedo sentir en silencio en esta ocasión, y escribiré en otro momento. Utilizaré el tiempo para prepararme, será sensato comenzar temprano y asegurarme que todo marche a la perfección.” Sólo eso había escrito el príncipe en su diario personal.

Quizás había exagerado en su idea de lo temprano, pues había estado preparándose desde las horas azules antes de la madrugada para algo que ocurría bajo la suave luz del día de finales de invierno, pero le parecía igual de bien. Ahora, cuando todo estaba listo y desplegado ante sus ojos, cuando todo parecía en efecto hallarse perfecto y preparado, no podía decir que hubiese venido mal. Las horas transcurridas habían servido la función de haber desgastado su nerviosismo hasta dejarlo sin relevancia. Le habían dado tiempo, también, de revisar y comprobar preparativos múltiples veces, hasta que no se le ocurriera realmente más de qué preocuparse. Contemplándolo todo ahora desde la cabina inferior, desde el espacio de la puerta o las ventanillas, Pelleas ya no sentía sino una admiración silenciosa.

Estaba celebrándose su boda. Técnicamente, ya estaba sucediendo. La cubierta del barco estaba colmada de decoraciones, de las ofrendas en flores y detalles que el pueblo de ambos reinos había dado para celebrar y bendecir la unión de sus regentes, también los objetos ceremoniales indispensables, como lo era la corona de radios dorados puesta sobre el mascarón que representaba la presencia de Ashera, y los regalos de importantes procedencias que los novios debían apenas hecha la unión. El barco mismo en el que estaba era también especial, traído desde el reino sureño para ser el heraldo de la ocasión. Aquel lo ocupaban sólo él, su prometida y las sacerdotisas oficiando la ceremonia, además de la tripulación necesaria. No obstante, había varios barcos más, enormes cargueros y buques de guerra del puerto que Durban poseía en Daein ahora, en que se hallaban los invitados y demás participantes del evento. Todos los navíos habían echado anclas hacía un buen tiempo ya en aquel punto del mar daeinita, dispuestos con precisión de tal modo que disfrutase cada espectador de lo que se desenvolvía. Hasta el escuadrón de wyverns de escolta que había asistido dejaba a sus bestias posarse y descansar en los mástiles y nidos de los barcos.

Desde el carguero más grande se oía el sonido del grupo de cuerdas reales tocando una sonata celebratoria. Seguramente desde allí también, se proyectaba al cielo sobre toda la comitiva un espectáculo mágico del que Pelleas no llegaba a ver mucho; habría mucho más de aquellos gustos después, pero sabía que había un mago dibujando formas y figuras hechas de los elementos, que vería mejor cuando le tocase salir. Ese momento sería cuando la banda cesara de tocar. La música funcionaba, de momento, como indicador temporal.

Desde luego, no saldría a solas. Se volvió para mirar a su prometida, en ese día su novia y pronto su esposa, quien cruzaría la cubierta con él cuando fuera momento para ser unidos por las sacerdotisas. Habían decidido ambos lo que hacían, llevar a cabo el matrimonio antes de que esa época tumultuosa se terminara, independientemente de cual fuera a ser aquel final; valía la pena de un modo u otro. Era una decisión que con cada vez más seguridad consideraba acertada. Le parecía habérselo dicho ya, la mañana larga le había dado tiempo de sobra para platicar con ella hasta que todo se sintiese en orden, pero tenía la sensación allí nuevamente. En lugar de usar palabras repetitivas, sólo sonrió al tiempo que se acercaba más a su lado, a modo de poder para el brazo alrededor de su cintura, estar en un contacto más cercano. Había aprendido a tomarse esa libertad cuando sentía que la necesitaba o la quería.

- Lo que más me tranquiliza, siendo sincero, es saber que no tendré que hablar. Ya sabe, yo y los discursos… - Dijo con una risita por la circunstancia, su vista aún en todo lo que les esperaba fuera. Con la distancia entre los barcos, la parte de ellos de la ceremonia sería algo para ser visto más que oído, sólo tenían que seguir los pasos, ese hecho era uno que agradecía ampliamente. - Será más fácil disfrutar el día así. Quiero poder apreciarlo por mi cuenta también. - Respiró hondo y soltó lento. Escuchaba la música estaba atento a ella, a cada tanto comprobaba cómo procedía la pieza y en esa pequeña pausa lo estaba haciendo otra vez. Miró de reojo a la mujer. - Ya casi… creo que ya deberemos de salir. ¿Cómo se encuentra? ¿Cómo se siente? Digo, um, está lista, ¿verdad? - Y mejor no hacía más preguntas que esas, o terminaría retornando al ciclo de “¿está segura de que le hará feliz esto?”, por el cual ya había pasado suficiente verguenza de mañana, sin mencionar sus picos de temor al fallo. Había logrado calma y tenía que quedarse así.
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Mensaje por Yuuko Jue Feb 04, 2021 11:38 pm

El dia de su boda era algo con lo que muchas mujeres soñaban durante toda su vida. Por el significado del acto en si, el unir su destino con el de su amado para el resto de sus dias, el romanticismo que ello implica. Por haber sido muchas criadas para el solo propósito de casarse, con la creencia de que el matrimonio y el generar descendencia era la personificación de la felicidad eterna. Era un dia que esperaban con ilusión, planificando los detalles desde temprana edad y soñando con llevar la ceremonia a cabo.

El caso de Yuuko era un tanto diferente, pero porque la simple posición en la que se encontraba era diferente a la de mucha otra gente. No había tantas reinas en el mundo como para ser considerado una norma. Era mas bien una excepción. Para ella el matrimonio no era algo con lo que soñase, si no otro paso mas a dar en la vida. Algo que sabia que debía suceder, algo por lo que tarde o temprano pasaría. Una ceremonia que desde muy temprana edad había asumido que seria por política, no por los sentimientos que ella pudiese o no guardar por su futuro esposo. Aunque admitiría para si misma que en no tuvo intenciones en ningún momento de unirse a alguien a quien odiase o por quien no tuviese respeto, fuese cual fuese el motivo.

Habiéndolo comparado con un paso a seguir, por algo por el bien de la prosperidad de los suyos, como quien lucha una batalla o como quien firma algún tratado, no tenia ninguna expectativa sobre la ceremonia en si . Nunca había visualizado su propia boda.

Eso no significase que la misma no estuviese planificada con sumo , hasta el mas minimo detalle. Al pesar de las prisas con las que la misma se habia organizado.

Dada la situación actual del mundo. Las tropas de todo el mundo preparándose para atacar directamente el corazón y alma de la base del enemigo común. Incluidas las ropas de Durban y Daein.  Con el rey de Daein caído en combate y Pelleas a punto de tomar el cargo que le correspondía. Con Yuuko presente en el reino aliado. Era el momento adecuado para llevar a cabo la ceremonia que los uniría en matrimonio. Por diversos motivos. Afianzarían aun mas la unión de sus reinos, dificultando que la misma se rompiese si algo les pasaba a alguno de ellos en la guerra. La unión haría que una vez que ambos ejércitos partiesen juntos a la batalla se sintiesen como uno solo y no como dos entidades separadas, pues el enlace de sus ambos dirigentes ayudaría a dicho sentimiento. Las festividades unidas a la ceremonia se expandirían por ambos reinos , aumentando la moral de los ciudadanos, dando un poco de alegría entre tanta tensión e incertidumbre, permitiéndoles aunque fuese un dia de despreocupada felicidad... Y Yuuko se sentía mas segura. No tenia intenciones de caer en batalla , pero si lo hacia había dejado todo dispuesto para ello, esperaba que de ser el caso Pelleas pudiese mantener a los suyos a salvo. No necesariamente haciéndose cargo de su reino, pues bastante tenia el hombre con su propia nación, pero si servir de cierto apoyo a las islas. Aunque este pensamiento se lo guardaba mas para si misma , no queriendo añadir mas peso a los hombros ajenos. Simplemente... confiaba en que asi fuera.

Asi pues el momento de la ceremonia había sido cuidadosamente elegido, y aunque eso implicase que los preparativos tuviesen que llevarse a cabo con cierta rapidez, no por ello iba a ser una ceremonia apresurada o descuidada. Las Islas de Durban no tenia una fe oficial, y Yuuko personalmente no creía en ninguna deidad, cosa que entre los suyos no era secreto alguno. Asi pues la boda seria una ceremonia llevada a cabo por las sacerdotisas de Ashera y según las costumbres y tradiciones de la diosa, como era costumbre en Daein. Un rito que a la monarca le toco estudiar para asegurarse de que lo conocía lo suficiente como para llevarlo a cabo sin ofender a nadie. La única petición de la reina era que se llevase a cabo en alta mar, tal y como se acostumbraba en las Islas. Pues teniendo en cuenta el pequeño tamaño de algunas de las Islas de Durban, y como muchos de sus ciudadanos estaban separados por el mar, las grandes ceremonias fuesen de la fe que fuesen se llevaban a cabo de tal manera. Con el rito como tal llevándose a cabo en un navío principal, únicamente con los implicados abordando el mismo, con los invitados rodeando el transporte y siendo testigos de ello desde sus propios barcos. Otra de sus peticiones era que el navío utilizado en esa ocasión fuese de los suyos.

La diosa bajo cuya mirada se unirían era de Daein. La tierra que quedaba a sus espaldas, lejana pero aun a la vista, era Daein. El mar era la vida y la unión de las Islas de Durban, representaba a su nacían. El barco era de su nacían. Detalles importantes a ojos de la reina, símbolos representando a los dos países a unir, siendo enlazados con facilidad, con cierta naturalidad. Para que los ciudadanos de ambos lugares se sintiesen representados de alguna manera, se sintiesen complacidos.

Pero fuera aparte de ello la reina tambien había ayudado con la decoración del navío principal, y se había encargado de pedir a los sastres daenitas un vestido acorde para la ocasión. Era un vestido blanco que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. Su espalda quedaba totalmente descubierta hasta llegar a la parte baja de la misma , gran parte de su costado, la mitad de sus costillas, tambien quedaba a la vista. Sus hombros estaban desnudos, pues el vestido se ataba a su cuello, con un forma de "v". En los laterales tenia un corte desde la parte baja del mismo hasta su cadera, quedando gran parte de sus piernas al aire pero sin llegar a ser inapropiado. A pesar de que el color que predominaba era el blanco había muchos detalles morados en el mismo. Toda la parte inferior del vestido, subiendo por el corte del mismo , estaba cubierto de pelo teñido de tal color. En el inicio del corte tenia una estrella del mismo tono. En la parte superior del traje, en su escote y en su espalda, habían sido cosidas perlas en los bordes del vestido. Y si bien su espalda no estaba cubierta por telas tambien formaba parte del traje, pues hileras de perlas habían sido cosidas formando patrones y formas geométricas, creando un dibujo brillante y hermoso. Los zapatos eran de tacón y solo cubrían su puntera y sus talones, uniendo ambas partes con perlas y cristales morados. Se había colocado unos guantes de la misma tela que el vestido. Los mismos iban desde la mitad de su brazo, donde estaban bordeados con el mismo pelo teñido que la parte baja del atuendo, hasta su dedo corazón. Sus dedos y la palma de la mano quedaban libres, la mitad de su dorso cubiertos en tela y perlas. Por debajo del corte del vestido , en la pierna derecha de la mujer, había dos hileras de perlas pegadas a su muslo. Otras tres hileras del mismo material en su antebrazo izquierdo, y cuatro collares de pierna ceñidos a su pálido cuerpo. Llevaba unos pendientes de plata, cinco estrellas en cada oreja que se enlazaban la una con la otra formando un conjunto. A pesar de no apreciarse y de ser un detalle que solo ella conocía, había pedido que en la estrella mas grande de cada pendiente se grabasen dos símbolos. El símbolo de Daein y el de Durban respectivamente, llevando asi ambos consigo. Sus uñas estaban pintadas de morado al igual que sus labios, y tan varias pruebas decidió dejarse su cabello completamente suelo.

Lo único que podía contrastar un poco con esa gama de colores era un anillo de oro y esmeralda en su anular izquierdo, uno que había pedido a uno de sus invitados de Durban que se lo trajera desde palacio. Del joyero de su difunta madre.

La ceremonia había sido cuidadosamente planeada para complacer a Daein y a Durban. El vestido había sido cuidadosamente preparado para complacerse a si misma , y a su futuro marido.

Puede que nunca hubiera tenido ninguna clase de expectativas sobre su propia boda. Puede que no sintiese los nervios y la excitación que se espera de una novia. Había comprobado los preparativos del barco una única vez, se había asegurado en solo una ocasión de que los barcos que recibirían a los invitados fuesen buques de guerra, al menos la gran mayoría de ellos, en una sola ocasión. Simplemente confirmando que todo estaba listo, que todo estaba bien, tal y como sabia desde la noche anterior. Se había vestido , peinado y maquillado, se había acicalado a si misma, tal y como todas las mañanas.

Pero, a pesar de su calma, eso no significaba que fuese indiferente. Que fuese solo un tramite o  que no iba a disfrutar de ello. Que no fuese a tomar las decisiones que mas feliz le harían. Todo aquello había sido impulsado por motivos políticos, cierto era. Pero no se arrepentía. El cuando y el porque y el con quien lo había decidido ella misma. Y mientras se mantenía a la espada junto con su prometido, dentro de poco marido, mientras lo observaba pasar de ser un manojo de nervios a un ser calmado, mientras el hombre comprobaba por enésima vez que todo estuviera listo y mas importante aun, que ella estuviese segura del paso a dar... Si. Cada vez estaba mas convencida de que había elegido a la persona correcta.

Se permitió observar a Pelleas unos instantes, con cierta sonrisa maliciosa adornando su rostro. La musica sonando de fondo.

-Yo en tu lugar no estaría tan seguro. Que la ceremonia no requiera de ningún discurso no significa que nuestros invitados no esperen uno de nosotros una vez inicien el banquete y las celebridades... Aun es pronto para captar victoria.

Aprovecho la situación en la que se encontraban, con su cintura siendo rodeada por el brazo del hombre, para depositar su mano en la parte baja de la espalda contraria. Dejo escapar una ligera risa.

-Te recuerdo que la idea, la propuesta, fue mía. Si alguien debería de preguntar al otro si esta listo debería de ser yo. No crees? ... Pero si. Estoy lista. Estoy tranquila, y feliz... En lo que a todo esto respecta no me he arrepentido en ningún momento de mis decisiones, ni del camino que nos ha llevado hasta aqui. Si pudiera volver a elegir estoy segura de que realizaría las mismas acciones. De que volvería a elegirte a ti.

La musica comenzó a disminuir de volumen, comenzando a apagarse poco a poco , indicando asi que llegaba el fin de la misma. Y con ello el inicio de la ceremonia. Era hora.

La mujer dejo de posar la mano en la espalda ajena para tenderle la misma a su futuro marido.

-Listo para pasar de ser mi prometido a ser mi marido? Enhorabuena. A ojos del mundo estas a punto de convertirte en el esposo de la Reina de las Islas de Durban, y con ello ganar el titulo de Rey de las islas...

Si bien todo aquello había comenzado como manera de estrechas lazos entre sus naciones no lo habían realizado con la intención de que Yuuko se convirtiera en reina de Daein, ni Pelleas en rey de Durban. El tono de voz de la reina, la alegría y malicia con la que había susurrado las ultimas palabras, dejaban en claro que solo estaba jugando un poco con el. Una ultima vez antes de comenzar.


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Mensaje por Pelleas Lun Feb 08, 2021 7:58 pm

Sus dedos jugaron ausentemente con las cuentas y las perlas en la espalda de su novia, demasiado absorto como para pensar en si estaba desordenando algo que no debía, aunque no hacía más que rodar una pieza sobre la piel blanca, un poco hacia aquí y un poco hacia allá. Los nervios tensados y luego relajados le habían dejado la mente despejada, pero tenía suficiente en que elegir ocuparla. En algunas cosas evadía adrede reparar; por ejemplo, en lo que ese evento significaba a nivel político, con todas sus implicaciones. Si lo pensaba demasiado, sabía que comenzaría a preguntarse si había sido estratégicamente coherente, si estaba haciendo lo que la corte consideraba bien, qué imagen proyectaba de sí por lo que hacía en el momento en que lo hacía y otras tantas cosas de las que no tenía entendimiento alguno, al carecer de experiencia en corte o de cualidades de estratega, cosas que en realidad no había estado pensando. Sólo había querido llevarlo a cabo mientras él y Yuuko vivían, simplemente porque lo deseaban ambos y por no haber motivo real para esperar. Fuera de eso, había seguido consejos y ajustes y ya. En suma, evitaba pensar en todo asunto formal de gobierno. Más bien, prefería concentrarse en lo concreto y presente, en el momento en sí, en ella, en cómo había ocurrido siquiera que una persona de ese calibre le hubiese extendido la propuesta de matrimonio, en que todo estuviese en órden, en disfrutar la ceremonia y el oasis de paz que era ese único día...

Eso era. Quizás, ni siquiera en los asuntos bélicos hacía falta pensar. Ni siquiera en el futuro y todo lo inestable que contenía. Era curiosamente fácil hacerlo, por una vez, bajo un cielo tan apacible, en la calma natural de altamar. Se perdía el sentido del mundo aguardando fuera y quedaba sólo lo que había allí.

Además, Yuuko le ofrecía un asunto mucho más mundano que le infundía consternación. Al oírla responder, sugerirle lo de la recepción posterior a la ceremonia, Pelleas se sobresaltó un poco, subiendo tensos los hombros. - B-Bueno, quizás para ese entonces sea más fácil distraerse, perderse de vista, olvidarse del detalle… - Dijo enseguida, y sin verguenza sobre ser lo que ponía por delante. Yuuko tendría que ser su cómplice para eludir después de todo, si se apiadaba de él. Tenía buenas expectativas de la recepción, la anticipaba con gusto, pero aquello de hablar en público no cambiaba. Seguía siendo él y seguían siendo sus temores.

En cuanto a la otra duda… si había llegado a asomar siquiera una preocupación real, Yuuko la había barrido de todos modos, inmediatamente. Las palabras fueron lo suficientemente frontales como para para no dejar espacio a ello. Y de paso, para hacer al hombre sonrojarse fuertemente, cosa que con su cabello despejado por la corona ceremonial, fuera de su frente y su rostro, no quedaba nada disimulado ni oculto. Agachó la mirada, encogiendo los hombros y emitiendo un balbuceo como inicio de palabras, pero que no llegó a nada. De todos modos, la música se había acallado y las últimas notas largas que se extendían en el aire le indicaban que tenía que prestar atención y ponerse a su parte. Le dio a la mujer a su lado una mirada huidiza y antes de separarse físicamente, de retirar la mano de su cuerpo, dejó una caricia más, con la que reacomodó aquel cabello tan lacio de regreso como debía caer a su espalda, corrigiendo lo que había desarreglado. Entonces, con la mano francamente algo temblorosa sólo de la mezcla de emociones, tomó la ajena. Entrelazó sus dedos con los de la reina y apretó un poco. Aunque se sintiera visto de lado a lado y expuesto, le había contentado verla sonreír así y esperaba que así pudiera seguir, aunque fuera un poco a sus expensas.

- ¿Realmente quiere hacerme pensar en todo eso? Le haré pasar vergüenza a usted si juega conmigo justo ahora, ¿lo sabe? - Le respondió, riendo un poco él mismo. Podía darse cuenta de que Yuuko lo agitaba adrede, pero no iba a adentrar sus pensamientos en el asunto de las responsabilidades y roles que tocaban. De hecho, era lo que más apartado estaba manteniendo de su persona aún. El matrimonio era un paso que sin dudas contribuía y sí, le acercaba el estatus de rey, aunque fuera en las islas. Curiosamente, primero allí. - Antes aún de serlo en mi propio reino, vaya… - Negó con la cabeza. Pero era mejor para su capacidad de salir en una pieza y no causarse un mareo dejarlo hasta ahí. La música se había detenido.

Cobijados tan sólo en el sonido de las olas, la pareja salió de la cabina. Con lentitud, con cuidado específico de no cometer torpezas, Pelleas cruzó con Yuuko la distancia, la pequeña escalerita y el resto de la vía hasta el extremo de la proa, por entre las rebosantes decoraciones coloridas y bajo la mirada de los invitados. No se atrevió a dirigir su vista a ninguno de los navíos derredor, ni a mucho realmente, más que el camino adelante, volcado en recordarse a sí mismo que sabía caminar y no tenía por qué temer tropezar.

Sólo al detenerse ante el trío de sacerdotisas oficiantes pudo reposar tranquilo de no haber empezado arruinando nada. Con una exhalación discreta se volvió hacia Yuuko, a quien podría permanecer viendo mientras la ceremonia era dictaminada, y tendió su otra mano a modo de tomarle por ambas. Pensó distraídamente, admirativamente, que en ella el blanco sí sentaba, aún si formaba una impresión un poco homogénea con su piel. Él también vestía en blanco y dorado, salvo tan sólo la franja de tela violeta y bordada en la espalda del atuendo, mas no podía sino sentirlo poco característico. Suponía que estaba bien que las cosas parecieran distintas en una ocasión que era inherentemente distinta.

Dos de las mujeres comenzaron a entonar el cántico correspondiente a la ceremonia. La fe de Ashera no era una que implicase extensas fiestas ni que pidiese excesivas demostraciones; sus oficios eran sobrios y el canto se alzaba lento y melodioso, guardando un ritmo calmo. La tercera sacerdotisa, entre tanto, se ocupaba del acto, de presentar a los novios las sortijas y bendecirlos mientras estas eran puestas. Por fortuna, las manos de Pelleas habían cesado de temblar. Fue capaz de deslizar el anillo matrimonial sin problemas en el dedo de su pareja, aunque su expresión denotaba la inmensa atención con que lo hacía, como si fuese necesaria milimétrica exactitud para sentir que procedía correctamente. Ofreció su mano para que Yuuko hiciese lo mismo con él.

Una vez puestos los anillos, el punto cúspide podía tomar lugar: por sobre sus cabezas, las luces del espectáculo mágico retornaban multiplicadas, en su mayor despliegue. Haces de color y aves de flama aleteaban sobre el navío. Y las voces de los fieles, quienes conocieran el canto celebratorio, podían acompañar con libertad a las de las sacerdotisas; solemne pero alegremente, los hombres y mujeres de Tellius lo entonaban desde los barcos. La voz profunda y vibrante del joven hechicero se atrevió a unirse sólo un momento, sólo un par de queridas palabras, por la simple ilusión de que esa vez oía los cantos para él. Se acercó un poco más a Yuuko, llevándose las manos de ella cerca del pecho. No era como si no pudiesen moverse o hablar, o como si debiesen mantener una específica postura, tan sólo debían estar en el centro del escenario mientras todo se desenvolvía.

Aprovechó, pues, el momento para hablar a la mujer ante él. - Ashera es nuestra diosa guía. Cuida que procedamos como deberíamos, que tomemos los caminos correctos. En una ceremonia como esta… lo más probable es que sean vistas señales sobre el futuro. - Explicó sin apremio, sin timidez, pues era tan natural para él como hablar de cualquier doctrina de magia. Su vista pasó un poco por lo que tenían en sus inmediaciones. - No podría decirle en qué forma, cómo… pero si se halla atenta, quizás contemple algo. - Completó. Le había explicado en términos generales la ceremonia a Yuuko, había ayudado en lo posible a que la estudiase para prepararse por su cuenta, pero estaba seguro de que no había comentado eso hasta el momento. La parte del evento en que la pareja tan sólo permanecía junta y disfrutaba de cánticos, celebraciones y regalos era aquella en la que más comúnmente se esperaba interpretar señales.
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Mensaje por Yuuko Jue Feb 11, 2021 5:02 pm

La mujer no pudo evitar que la sonrisa en sus labios se ampliase un poco, y tras observar atentamente como el rostro ajeno se coloreaba, al escuchar aquel balbuceo sin sentido que no hacia mas que demostrar con un mas fuerza el sentimiento de vergüenza y nervios ajenos... Antes ellos se permitió dejar escapar una ligera risa. No es que fuese realmente algo impropio de el, el reaccionar de dicha manera ante ciertas circunstancias y palabras con las que no llegaba a estar completamente comodo, pero no dejaba de ser fascinante. El contraste de las distintas reacciones y expresiones de Pelleas, de su confianza en si mismo y su seriedad como sabia, a los nervios y vergüenza que sentía el príncipe cuando su posición lo ponía en el punto de mira. Fascinante. Y en esa ocasión, cuando el atuendo de la boda, el cual Yuuko no había podido evitar fijarse en lo bien que combinaba con el propio y lo maravilloso que quedaba en el cuerpo ajeno, no le permitía ocultarse parcialmente tras su cabello como en otras ocasiones... Resulta incluso adorable en cierto sentido.

Lastima que la reina no desease en esos momentos arriesgarse a que la pintura en sus labios se corriese , al no tener tiempo de volver a arreglarla. Contuvo el impulso se inclinarse para besarle una ultima vez antes de salir. Conformándose apretando la mano que ahora estaba entrelazada con la propia, correspondiendo el gesto ajeno.

-Tengo la confianza suficiente en mi misma, y la experiencia suficiente en actos públicos, como para no pasar vergüenza ante situación ajenas a mi misma... Pero tambien me importas lo suficiente como para no querer hacerte pasar un mal rato en tu propia boda... Asi que si. Acepto dejar de lado pensamientos ajenos a la ceremonia.

Respondio de forma divertida, correspondiendo con su risa a la ajena.

De todas formas la musica se había detenido . Era momento de entrar en escena.

La mujer recorrió la distancia entre la cabina recién abierta y el trio de sacerdotisas que oficiarían la ceremonia con paso firme y seguro, era sencillo. La altura de ambos lo suficiente similar como para que sus pasos y su ritmo se acomodasen a los del hombre, con facilidad y comodidad. El suelo bajo sus pies, la distancia a recorrer , era familiar. Había atravesado esa cubierta y tantas muchas otras durante toda su vida. Una y otra y otra vez. Era como caminar por los pasillos de palacio. Era su segundo hogar. El imperceptible crujido de la madera ante sus pasos se unía al leve golpeteo del agua contra la cubierta. Un sonido de fondo que su mente consciente apenas captaba, pero que en el fondo le tranquilizaba. Su figura siendo observada por ojos ajenos, la atención de aquellos que le rodeaban sobre su persona era algo con lo que había convivido desde niña.

Asi que camino segura, con la vista al frente y una sonrisa en los labios. Sin dejarse distraer por aquello que le era familiar, sin apartar su vista de su objeto , ignorando las decoraciones que les rodeaban. Se había encargado en parte de que las mismas estuviesen bien colocadas, que fuesen las adecuadas. No era algo nuevo, no era algo que llamase su atención.  Sentía mas curiosidad ante la ceremonia en si y las sacerdotisas que oficiarían la mismas, pues a pesar de haber estudiado la ceremonia con anterioridad con ayuda de su prometido, era la primera vez que acudía a una boda realizada bajo la mirada y protección de Ashera. Y como la novia nada menos.

Dejo de observar a las mujeres frente a ella cuando noto como Pelleas le tomaba ambas manos. Le dedico una sonrisa, pequeña y discreta, y se ladeo ligeramente. Pudiendo asi encarar con comodidad tanto a las mujeres como al hombre a su lado, pudiendo pasear su mirada con comodidad entre las dos cosas que en esos momentos captaban su atención.

La ceremonia era sencilla y sus interacciones en la misma mínima , por lo tanto la mujer no sentía esa sensación, ese temor, a poder estropearla o a hacer algo impropio que pudiese considerarse una afrenta contra Ashera o su fe. Eso le permitía poder analizar la misma. Sentía ... leves conflictos con su opinión sobre la misma. Era sencilla y facil de seguir, lo cual hacia que los novios, aun estando nerviosos, no tuvieran dificultades en cumplir su parte y pudiesen en cierta manera disfrutar del proceso. Era sobria, era tranquila ante sus ojos. Le daban cierto aire de solemnidad y seriedad a todo, propio de las unión que se llevaría a cabo. Era un paso importante para las dos personas a enlazar , y sentía que ese aire que envolvía todo le daba mas fuerza a dicho sentimiento. Pero al mismo tiempo los canticos que entonaban dos de las sacerdotisas eran si bien bonitos demasiado calmados. Demasiado sobrios, incluso monótonos a oídos de la reina. Un sonido calmado y monótono podría crear cierta somnolencia, sobretodo en aquellos que actuaban como espectadores sin tener que participar activamente en el acto. No demostraban la alegría , la felicidad, que la unión debía de representar.

Pero en el fondo la opinión de la mujer sobre el rito no importaba. Después de todo ya había dejado en claro que mientras la boda se llevase a cabo el rito por el cual realizarlo le era indiferente. Y la ceremonia en si no le desgradaba, solo le parecían una serie de contrastes curiosos. Y teniendo toda su atención fijada en lo que sucedía, en lo que debía realizar... Tampoco había demasiado tiempo a perderse en sus pensamientos.

Extendió la mano, separando levemente los dedos llegado el momento, para dejar mas espacio al anillo, para facilitar el proceso al que en breves seria su marido. Su sonrisa se amplio, su mirada se suavizo. Cuando fue su momento de hacerlo su sonrisa se ensancho aun mas. Deslizo el anillo y lo acomodo como si el dedo en el que lo depositaba fuese el propio, arañando con uno de sus dedos la palma de la mano ajena al alejar su propia mano tras haber completado dicho proceso.

Cuando el espectáculo de magia inicio, cuando las luces se hicieron por sobre sus cabezas, la mujer observo los anillos unos instantes, primero el propio y luego el ajeno, antes de elevar la mirada al cielo y disfrutar del mismo.

Era hermoso, y la fuente del mismo, la magia, no hacia mas que aumentar ese sentimiento. El suyo era un paisa de magos. Ella era una maga y su marido tambien. Con las llamas y los colores por sobre su cabeza , cobijándolos, con la cubierta y el mar sobre sus pies... se sentía feliz. En calma. Como en casa, a pesar de estar tan lejos de ella.

No pudo unirse a los canticos, pues no los conocía y no se sentía apropiado el hacerlo cuando no compartía dicha fe. Pero si que disfruto de los mismos, el tono mas alegre, mas apropiado para la ocasión. Por sobre los barcos mas alejados pudo apreciar pequeños espectáculos de luces. Mas modestos, mas torpes, pero captaron su atención en la lejanía. Pocos de los suyos podían unirse a los cantos, pues compartían la misma situación que la monarca. Era la manera de sus magos de colaborar, de unirse al festejo.

Sus manos siendo movidas de su posición le hizo bajar la mirada, centrarse una vez mas en la figura frente a ella. Sabia que tras los anillos no había nada mas que debiera hacer. Moverse estaba permitido siempre y cuando no se desplazasen del lugar donde se encontraban. Hablar tambien se permitía. Pero eso no significaba que tuviesen total libertad. No tenia datos suficientes como para saber si un acto, por mas pequeño o simple que pudiera parecer, fuese a ser bien recibido o si fuese a considerarse ofensivo. No creía que hubiese problemas en eliminar la distancia entre ellos y atrapar los labios del hombre, pero tampoco sabia si el publico lo vería con buenos ojos. No cuando la ceremonia aun estaba siendo llevada a cabo. Asi que opto por lo seguro. Dejo una de sus manos sobre el pecho ajeno, elevándola apenas unos centímetros para colocarla sobre el corazón del hombre. Mientras que la otra atrapaba una de las manos del príncipe y la movía, posándola sobre el corazón de la reina, junto con la suya. Adoptando ambos la misma postura por sobre el pecho tanto propio como ajeno.

La explicación ajena le resulto curiosa, pero por sobre todo...

-Me parece algo... demasiado ambiguo y peligroso. Se puede interpretar todo, o interpretar nada. Uno puede acabar viendo lo que desea ver, a pesar de no haber nada que tus ojos puedan captar. Alguien ajeno, alguien externo, puedo ver señales negativas sin haberlas, solo porque su imagen sobre la ceremonia en si lo sea... Asi que, siendo ese mi punto de vista.... Supongo que dejare en tus manos el tema de las señales...

Los canticos continuaban, asi como el espectáculo de luces. Pero la magia en las lejanías, aquella emitida sobre los barcos mas alejados, se detuvo de golpe. La mujer no le presto demasiada atención a ello. Los suyos habían colaborado, y el detenerse no significaba nada. Querrían ahorrar energías, considerarían que ya habían portado su grano de arena a la ocasión, esperando las festividades venideras para continuar disfrutando del evento mediante el banquete. O simplemente no querían seguir comparándose con las hermosas formas y colores que la magia adoptaba por sobre la cabeza de los novios.

Pero no. No parecía ser ese el caso. Los wyverns que descansaban sobre los mástiles y los nidos habían comenzado a moverse, inquietos. Y de forma silenciosa, intentando no llamar la atención, alzaron el vuelo , acercándose al exterior de la formación que habían tomado los barcos anclados en alta mar. Alejándose levemente de la zona.

Aunque, para la reina, aun no era momento de prestarle atención, no a eso.
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Mensaje por Pelleas Vie Feb 12, 2021 12:37 pm

La sensación de ser observado estaba allí, poco acostumbrada y poco gustosa para él, pero conseguía empujarla un tanto de lado si se enfocaba no en ojos, sino sólo en voces alrededor. Si miraba tan sólo lo que tenía inmediatamente consigo, era también mucho más fácil y más agradable. Se quedaba con aquel barco y con Yuuko, e inclusive por los primeros momentos, sólo observó las luces en los ojos de ella, reflejadas allí. Era cautivante verla entretenerse. El modo en que se hallaban de pie allí le otorgaba también una guía de donde mantener su atención y su mente eternamente inquieta; la posición a la que Yuuko guiaba sus manos, la cual tardó unos momentos en saber leer, contribuía también. Cuidadoso, apoyó los dedos con suavidad donde se le llevaba, sin la obstrucción de joyas y detalles justo en aquel sitio. Estaba seguro de que su pulso debía ser perceptible, si se le preguntaba podría asegurar que no estaba enormemente nervioso, que se encontraba bien y contento, pero tener el corazón golpeteando no lo podía evitar igualmente.

De a poco, en tanto se extendía aquel momento, pudo ampliar su rango de atención, sentirse lo suficientemente estable como mirar más lejos derredor. Empezó, claro, por dejar que la magia atrapara su atención un poco. Especialmente al notar que se había extendido más de lo esperado, que más magos se unían a colorear los cielos sobre ellos. Le hacía curiosa ilusión. Incluso en el uso diario o hasta en el campo de batalla no perdía la noción de que la magia era bella, mas rara vez podía apreciarse puramente así, con tiempo y la posibilidad de tan sólo observar. Desde luego, era consciente de donde procedía el resto de ella también, Daein casi no tenía magos salvo los de la escuela de magia negra y la otra nación invitada los contenía en abundancia. - ¿Me pregunto si habrán planeado esto desde antes…? - Se le escapó en voz alta, con gracia. No era impensable cargar tomos regularmente y usarlos de improviso, pero aún así.

De cualquier modo, tenía algo más que lo llamaba. Volvió la vista a su ahora esposa y rió por lo bajo, casualmente. - ¿Seré yo quien provea la perspectiva más optimista esta vez? Es inusual, pero está bien. Descuide, tan sólo los novios han de ver las señales si las hay. El asunto es qué, cuando… - Dijo, distrayéndose allí con otra mirada pasajera a las distancias. Podía ser algo allí, en las formas de la magia al apagarse en algunas áreas. Podía ser más cerca, en lo que la sacerdotisa estuviera trayéndoles para poner en sus manos, los regalos que debía otorgar a los novios prontamente. No era raro que las señales fuesen pasajes de las escrituras de la diosa que se leyeran justo en el momento o hasta en objetos cualquiera, había oído de instancias así.

Ante todo, la sacerdotisa se aproximaba ya a entregar los primeros objetos, pues los trataría reverencialmente, cuidadosamente, sólo de uno en uno. Abría un cofre largo y chato, de muestrario, que había descansado en cubierta desde antes, para dejar a la vista un hacha decorativa que habría pertenecido al rey de Daein. El interior de la misma caja se hallaba poblado de flores, sobre la tela gruesa en que se presentaba el objeto. Un hacha, mas no el hacha que el regente había estado portando como la predilecta y suya; aquella se había ido con él al campo de batalla y no había podido ser recuperada. Pelleas no miró por mucho tiempo. La sacerdotisa procedía a aproximarse para tender algo a las manos de Yuuko, que prefería mirar discretamente, con curiosidad, pues no estaba seguro de que fuera cortés quedarse observando mucho lo que podía ser profundamente personal. A continuación, un anillo cargado en una cajita de joyero, sobre una almohadilla delicada. Eso lo había conservado su madre probablemente y no fallaba en poner una expresión más suavizada en su rostro. El anillo pasado de regente en regente, que sí era conservado con esmero. No quería saber cómo había sido previsto tenerlo a resguardo o si habría sido más bien recuperado, sólo le alegraba. No lo había esperado. ¿Era esa una bendición? Al recibirlo inclinó la cabeza, y a la brevedad lo ubicó en su pulgar. Tendía, de por sí, a llevar varios anillos, mas tenía ahora dos de especial importancia de los que no prescindiría, aquel y el de la boda. Nuevamente la sacerdotisa acudía a Yuuko, y entre tanto Pelleas desviaba su atención en búsqueda, persiguiendo activamente algo que ver, sopesando si la calma del mar era un augurio, o el tapiz alineado justo tras Yuuko desde su punto de vista, mostrando flores de loto que si mal no recordaba señalizaban tanto la fertilidad como la abundancia… o quizás, simplemente, el perfil perfecto de ella en el atuendo blanco, o algo en los regalos de la orden grimleal a la que pertenecía y que seguirían ahora fueran a ser...

Repentinamente, el barco fue sacudido por un cambio fuerte en las aguas. No hubo parte de la comitiva que no fuese tomada por sorpresa, muchos siendo empujados contra otros o a sujetarse de algo, pues eran varios de los barcos. Sin proyectil, sin señal visible. Y sin embargo Pelleas, tras sostener instintivamente a la mujer a su lado y confirmar que nada había caído o aparecido en cubierta, creyó percibir al menos algo: un frío que surgía desde abajo, desde el mar. Cuando miró a los lados, pudo verlo claramente bajo el buque contiguo: formaciones de hielo se habían alzado desde el agua, golpeando la parte inferior del navío. - Esto… esto es un ataque mágico. - Exhaló, sacando nada más que eso en claro de la suprema confusión. - Yuuko. ¡Algo nos está atacando! -

Los otros barcos habían comenzado enseguida, con impresionante velocidad, a moverse, cambiando de formación para defenderse de lo que ocurría. Y por fortuna lo habían hecho, pues no tardaron mucho más en silbar a través del aire pesadas descargas de cañón provenientes de una flota que apenas había aparecido del otro lado de los riscos y masas de tierra que tenían más cercanos. Sólo gracias al movimiento apresurado los cañones habían fallado en dar contra alguno de los buques, las descargas cayendo pesadamente al agua. Todos los wyverns alzaban vuelo, y recién entonces retornaban los que se habían apartado a investigar en la dirección contraria: desde la otra también había barcos enemigos aproximándose. Pocos, pero con inteligentemente planificada aproximación. Pelleas no necesitaba pensar demasiado para imaginar de qué enemigo se trataba. - Emergidos. Pero, ¿cómo… han llegado hasta aquí? ¡Estamos cerca de la costa! ¡No es siquiera la frontera, pleno Daein…! - Exclamó, anonadado. Pero tenían que hacer algo. Miró a Yuuko, a todo lo que tenían alrededor, luego tras de sí, hacia la cabina donde habían estado antes. Una nueva sacudida por debajo del barco le empujó a terminar de caer en cuenta, a reaccionar más rápido y moverse hacia la cabina, hacia la que huían también las sacerdotisas. - Tengo un tomo allí-- venga conmigo, póngase a salvo y lo tomaré. Cuanto menos tenemos que poder defender… - Porque no se imaginaba, en lo más mínimo, cómo iban a organizarse para combatir tan repentinamente, en esas condiciones.
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Mensaje por Yuuko Vie Feb 12, 2021 5:37 pm

No es que Pelleas fuese una persona muy pesimista, o al menos hasta donde la mujer había podido ver por si misma. Si bien tenia pensamientos negativos, los mismos parecían enfocarse mas en su propia persona, asi que la reina no lo relacionaba con pesimismo si no mas bien con una falta de confianza hacia su persona. Tampoco es que ella fuese optimista, prefería considerarse practica y realista ... Y a pesar de todo entendía el porque de las palabras ajenas, y compartió la risa del hombre. Porque si, el dejarle a el la responsabilidad de captar las señales e interpretarlas , con el prospecto y esperanza de que las mismas resultasen positivas... Resultaba interesante, algo que desde luego no pretendía perderse llegados a ese punto.

-Si tan solo son los novios quienes deben interpretar las señales entonces estaría dispuesta a colaborar con las mismas... Una lastima que no haya sido capaz de entender bien el concepto y de que la tarea ya ha sido relegada completamente sobre tu persona. No me parecería una buena señal empezar este matrimonio cambiando de opinión tan prontamente...

Comento en un tono bajo, pues deseaba que sus palabras llegasen únicamente a la persona a su lado. Con cierta malicia en su voz, como era habitual cuando pretendía jugar con otros. Algo que sabia que Pelleas identificaría.

Vio por el rabillo del ojo como la sacerdotisa se aproximaba a ellos, y con cuidado descendió la mano de Pelleas, bajándola del lugar en el que la había deposita y soltándola, dejándola libre. De la misma manera recupero la mano que descansaba sobre el pecho ajeno. Resulto un tanto extraño separarla, habiéndola dejado descansar sobre la melodía acelerada y constante del corazón ajeno. Pero su atención era reclamada en otro lugar.

Sus ojos viajaron por sobre la figura de la mujer frente a ellos a los objetos que se iban presentando ante los recién casados. Analizando todo frente a ella de manera silenciosa. No disimulo su atención sobre aquello que se le presentaba al hombre. Una hermosa hacha con una presentación aun mas hermosa si cabía, descansando sobre una cama de flores. La mujer no seria una experta en ello, pero algo sabia sobre ese tipo de armas en cuestión, y la misma no parecía ser una creada para luchar, o únicamente para ello. Parecía tener algo mas tras ello, y la mujer no dudaba en que cuando se diera el momento. En otro lugar, en otro tiempo, preguntaría sobre la misma o sobre su significado. Pero no ahora, cuando no era la ocasión, no en esos momentos cuando una caja de madera era depositada en sus manos. Era simple. Una caja de tamaño mediano, con la madera lijada y pintada de negro, y un pequeño cerrojo de metal. La única decoración de la misma el emblema de las Islas grabado en la superficie del mismo, siendo pasado por alto si no prestaba mayor atención. Abrió la caja , entendiendo ante su apariencia que no era ello lo importante, que no era ello el regalo si no la envoltura del mismo. Dentro había un tomo, ocupando la caja por completo,  uno que a simple vista la reina reconoció como un tomo de magia arcana, al sentir el poder preveniente de las paginas del mismo resonar con su propia oscuridad, un poder superior al de cualquier objeto similar que la mujer hubiera tenido en sus manos. Paso las manos por la cubierta del mismo, por el cuero negro con lo envolvía. Por la gema violeta , el cristal apagado, que decoraba la misma. Por los fríos detalles de plata... Lo acaricio todo con devoción, con la punta de sus dedos. Y antes de lo esperado un segundo regalo fue depositado en sus manos, habiendo la mujer en su pequeño trance ignorado el anillo que había recibido su esposo. Le entrego la caja de madera a la sacerdotisa, para tomar aquella que le daban ahora. Esta vez la caja era mas pequeña , de plata, y tenia grados los símbolos de Durban, de Daein, y la fecha del enlace. Al abrirla se encontró con un juego de escritura. Un tintero vacío, una pluma negra con la punta de metal, un pequeño cuchillo de plata y una carta sellada. Identifico el sello como el personal de uno de sus consejeros de mayor confianza, uno que antes que a ella le había servido a su padre.

Con las uñas tan largas como las tenia no fue difícil para ella romper el sello y abrir la carta, suponiendo que si le era entregado ahora como parte del regalo no tenia porque esperar ante ello. La misma empezaba dándole la enhorabuena, para continuar explicando el origen y significado del tomo que le había sido entregado de antemano. Una herencia familiar, una que había sido entregada a ella el dia de su boda bajo intrusiones de su difunto padre. Un tomo afín a una magia que solo tres reyes de Durban habían compartido, un poder que solo uno de ellos había tenido la capacidad de usar, y como había dejado muestra de ello depositando su firma y sello en el mismísimo grimorio. El remitente del regalo no tenia dudas de que Yuuko seria capaz de usar ese grimorio tambien, y como muestra de su confianza le había obsequiado aquel juego de escritura, para que llegado al momento ella tambien firmase el libro.

Su mirada se suavizo y sonrió con dulzura... y entonces el barco se sacudió.

Por inercia movió los pies lo suficiente como para afianzarse sobre la cubierta, años de navegación y de viajes entre tormentas y mal tiempo siendo demostrados al no haber tropezado ni perdido el equilibrio en ningún momento a pesar del repentino movimiento. Poso su mano sobre el brazo del hombre que la sostenía, indicándole asi que estaba bien, y cerro la caja que aun estaba en sus manos. No había viento, y la mar estaba en calma. No había ningún animal marítimo ni criatura que pudiese mover esa nave desde abajo con semejante fuerza, habían examinado y estudiado las aguas de Daein nada mas llegar al paisa aliado. Fuera lo que fuera aquello no era natural... y eso significaba que no era una buena señal.

Las palabras del hombre no hicieron mas que confirmar sus sospechas, siguiendo con la mirada la dirección en la que se habían posado los ojos del hombre.

-Lo veo...

Mas que confusión estaba enfadada, aunque no dejo que esa expresión viajase a su rostro. Su voz sonaba fría y seria, y el único indicio de que algo ocurría podría ser que por unos instantes apretó mas el brazo de Pelleas, clavándole parcialmente las uñas, antes de soltarlo.

Estaba enfadada por muchos motivos. El primero porque a pesar de lo cuidadosa que había sido a la hora de planificarlo todo si boda había sido atacada e interrumpida. Que no le hiciese tanta ilusión el casarse como a otras mujeres no significaba que la idea de que la misma fuese saboteada le agradase. Menos aun que el ataque llegase a su propio navío. Se había preparado para posibles ataques, después de todo era la boda de una reina y un príncipe y el pensar que la misma no fuese objetivo de los enemigos era un pensamiento ingenuo, pero el numero de barcos que habían acudido y la formación de los mismos habían sido planeados para ese momento. Para actuar como defensa y que el barco de la ceremonia y los participes de la misma no corriesen peligro, ni se viesen involucrados. Y sin embargo el ataque si bien no les había hecho daño les había alcanzado, les había interrumpido. Y con hielo nada menos.

Tardarían en recuperar la movilidad total de los transportes, estando tan cerca unos de los otros el usar fuego o electricidad para romper el hielo era arriesgado , pues había muchas probabilidades de que dichos elementos alcanzasen el barco que deseasen liberar o el contiguo . Y que un barco lleno de invitados civiles comenzase a arder no era como deseaba iniciar su matrimonio.

Y para rematar estaba desarmada. El familiar peso de sus tomos no descansaba colgado de su cadera. Ni tampoco había cargado consigo otros tomos en el navío, estando acostumbrada a como estaba a que los mismos siempre fuesen con ella. Una falta de previsión total por su parte.

El único consuelo que tenia era el hecho de que los suyos ya habían comenzado a moverse , levando anclas y moviendo los barcos a una posición mas cómoda para el combate. Tambien el hecho de que les acompañaban un considerable numero de wyverns , lo cual aparte de cierta ventaja táctica tambien les permitía observar mejor la formación del enemigo. Desde el aire.

Las palabras de su esposo le hicieron reaccionar. Parpadeando. Analizar la situación era importante, pero no podía permitirse el no reaccionar ante ello. Ponerse a salvo? En primer lugar su orgullo no le permitía el simplemente tomar refugio. Como reina y como mujer se iba a encargar personalmente de que aquel que había interrumpido su enlace pagase por ello. Y en segundo lugar seguía siendo el comandante de su ejercito, y como tal tenia una responsabilidad para los suyos. Aunque seguía estando el problema de que le faltaba un grimorio...

Una de las sacerdotisas paso corriendo a su lado, en sus brazos aun la caja negra. Yuuko la detuvo cogiéndola del brazo, un movimiento instintivo mas que consciente. La sacerdotisa se paralizo y aterro ante ello, pero la reina no le dio tiempo a reaccionar. Tomo el grimorio que le acababa de ser regalado de la caja negra e introdujo el set de escritura que aun tenia en sus manos dentro de la misma. Su regalo a salvo, su arma en las manos. Soltó un suspiro de alivio ante ello. Mejor mucho mejor.

Soltó el agarre de la mujer y la empujo hacia la cabina.

-Que no cunda el pánico ... No es nada con lo que no hayamos tenido que lidiar antes...

Aprovechando su cercanía agarro a Pelleas de las telas de su pecho y tiro de el hacia adelante, chocando sus labios con los ajenos de manera apresurada y con cierta fuerza. Dándole un beso corto antes de soltarlo y empujarlo tambien hacia la cabina.

-Ve a por tu tomo. Yo acabo de recibir uno. No estoy desarmada.

Dijo con firmeza, para hacer que el otro no se preocupase. Mientras comenzaba a dar la vuelta, encarando la situación frente a ella y no la puerta de la cabina ni a su esposo a sus espaldas.

-Tengo algunas instrucciones que dar, y cuanto antes mejor. Te espero aqui. Si estos seres realmente se creen que pueden invadir nuestra boda sin que haya consecuencias...

Cuando llego a la barandilla del barco vio a sus generales y capitanes en la barandilla de los barcos que rodeaban al nupcial. Había colocado a uno de sus magos mas fuertes, de sus lideres, en cada uno de los navíos por precaución. Y ahora se alegraba de dicha decisión. Tal y como esperaba se habían acercado para poder escuchar asi la voz de la reina.

-Que todos los civiles tomen refugio en las camarotes, cuanta menos vision tengan de la situación mejor.

Asi estarían mas seguros, asi no interrumpirían las acciones de los soldados. Cuanta menos vision tuvieran de lo que sucedía menos probabilidades tenían de entrar en pánico y convertirse en un peligro para ellos mismos y quienes les rodeaban.

-La prioridad es inmovilizar los barcos enemigos antes de que entremos en el rango de sus cañones. No podemos permitir que sus armas nos alcancen ni que nos rodeen por completo. Mandar a los jinetes a destrozar sus velas, que les acompañen magos de viento para agilizar la tarea. Destrozar tambien sus timones y los remos si los tienen. Quiero su movilidad reducida por completo o comprometida lo máximo posible, y lo quiero para ahora. El resto quiero que se aseguren de que la posición de nuestros navíos es la adecuada y de que tenemos en todo momento la opción de evacuar a los pasajeros de un barco a otro, los puentes tienen que estar listos. Quiero a uno de los nuestros en las esferas ígneas en todo momento, en cuanto se acerquen disparar. Buscar el origen del hielo. Tiene que haber algún bote o alguna unidad aérea rodeándonos , desde la posición de sus navíos no nos puede alcanzar su magia. Hacer prioritaria esta búsqueda después de inmovilizarlos.

La voz era firme y elevada, pero a pesar de gritar no daba la sensación de ser realmente un grito. Sabia que solo dos de sus generales le habían escuchado, y sabia tambien que tenían los medios para expandir sus ordenes por todos los barcos. A todos los soldados. En cuanto a los jinetes... realmente no sabia si tenia poder para ordenarles o no, pero en esas circunstancias esperaba que no importase, y sobre todo que obedeciesen.

-Adelante!

Puso a sus dos generales en marcha y se dio la vuelta. Encarando la cabina. Pelleas debería estar saliendo, si había encontrado el tomo...

Los hombres ya se habían puesto en movimiento , corriendo y gritando por todos los barcos , organizándose.


Última edición por Yuuko el Sáb Feb 13, 2021 7:51 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Pelleas Sáb Feb 13, 2021 2:41 am

En el transcurso de la guerra Pelleas se había tornado entendido sobre muchas cosas y capaz de varias más, pero algo que se salía aún de su dominio era el pensar rápido y a la vez con la mente en frío, sin dejarse llevar por la desesperanza. Su rol como persona optimista había sido tan corto. Su capacidad de pensar en contraataques estaba demasiado cercada por la confusión de todo. Principalmente, procesar que los emergidos se habían abierto camino hasta allí, tan dentro del reino. Lo que sabía con seguridad era tan sólo que necesitaba un tomo consigo, no sólo por la capacidad ofensiva sino por su paz mental, por el desarraigo que le embargaba si estaba a solas en sí mismo, sin esa presencia al alcance de la mano, pero no más que eso preveía. Yendo por necesidad de a poco, soltó a la mujer que parecía más estable de lo que su concienzuda y preocupada cabeza había sospechado y tuvo que detenerse a ver, parpadeando varias veces, lo que ella hacía. Parecía decidida, y mucho.

No caería en cuenta de qué era lo que Yuuko se procuraba tan decididamente de la sacerdotisa hasta que no se lo aclarase. Y antes que eso, tenía lo que hacía a continuación para tomarlo todavía más desprevenido. No era como si se quejara, nunca sería mal recibido un beso y tenía el poder de llamar toda su atención de golpe a la reina y a las palabras que daba enseguida. También le hacía asentir como un obediente servidor a ellas, comprendiendo que se le enviaba a solas por el momento. Fue mientras se disponía a ir, sin cuestionar ni dudar de más, que terminó de caer en cuenta: el libro que le habían dado a Yuuko, el que sólo había visto de reojo por cautela de invadir su privacidad, era con lo que estaba armada. Era un tomo mágico. El hecho de que no lo hubiese reconocido de vista, de que fuese probablemente algo único, por seguro era buena señal.

- Entiendo, yo… gracias. - Fue escueto, a falta de palabras claras que elegir o de necesidad de más. Confiaba en ella. Además, por algún motivo le agradaba y le infundía seguridad la actitud indignada además de decidida, todo por la interrupción de la ceremonia. Dejaría que hiciera lo que debía.

Se metió a la cabina y, tras indicar tanto a las sacerdotisas como a la tripulación que operaba aquel barco que se mantuviesen a resguardo y estuvieran atentos a indicaciones, buscó su tomo. Agradecía tener la compulsión de no alejarlo demasiado de sí, tan sólo necesitaba recuperarlo del sitio discreto en que lo había metido para que lo esperase. Aquello también fue breve. Al salir, no tardó en alcanzarle una de las fieles de Ashera para recordarle que uno de los báculos decorativos, puesto en una estatuilla justo fuera de la cabina, era un báculo de sanación real del que podrían hacer uso. El hechicero lo tomó enseguida y lo dejó en manos de la clériga, por si fuese necesitado.

Afuera, todo se había puesto ya en movimiento, tanto en el mar como en los cielos. Los jinetes wyvern ya habían enviado a más de un mensajero a tierra, tanto a la ciudad fortaleza que era Nevassa como al puerto ya bastante establecido donde descansaba el resto de barcos de Durban, con tal de conseguir los refuerzos que necesitaban allí afuera. Para esos pasos, los primeros e indispensables, no necesitaban consultar con el príncipe. Pelleas podía suponer, y bastante en lo cierto estaría, que no estaban ni desvalidos en su jerarquía interna para moverse por su cuenta, ni particularmente emocionados por ir bajo el mando del príncipe hechicero. Habían perdido al general y rey que siempre les había dirigido. El que tenían ahora simplemente no era un reemplazo. Entendía eso muy bien. Por lo pronto, lo importante era únicamente que procedieran de acuerdo al deber, cosa que sin dudas se hacía, conformando con fluidez a los movimientos de las tropas de Durban también.

Pelleas, por su parte, había tenido tiempo de comenzar a pensar claro. Notar el proceder de los wyverns, mirar en busca de figuras en el cielo hacia la costa y hallarlas para confirmar sus ideas era sólo parte de ello. Ante todo, retornó con Yuuko, hablando apenas se aproximaba, atuendo matrimonial y tomo negro en mano ahora. - Mis hombres han enviado mensajeros a tierra ya. Por seguro vendrán refuerzos, tan rápido como puedan zarpar más barcos y acudir más jinetes. - Informó. No estaba seguro de cómo afectaba el proceder inmediato esa información, pero era relevante darla. - En cuanto al enemigo… -

En aquel intervalo había sopesado el asunto de la magia de hielo también, aquella que continuaba causando movimientos bruscos en el mar y alzándose en picos. Todo el peso que había sido quitado de sus hombros al dejar a Yuuko dirigir, al pensar que los capitanes wyvern sabían qué hacer y que inclusive su consejero y confiados compañeros de armas estaban en la escena le había permitido hacerlo. Y dado aquello, las conclusiones habían llegado con rapidez. Levantó la vista a los ojos de la regente. - Magia de viento así de avanzada no abunda en el mundo, menos un manejo tan amplio. Tan sólo sé de un mago que domine algo así, y que posea los medios. - Habló aprisa, mas con seguridad. - Es ella. Debe serlo. Su líder ha de haberlos traído hasta aquí… y… -

No dijo más. En cambio, sólo se volvió hacia donde la última formación de hielo se había manifestado. Creía plenamente en lo que había dicho, y era claro lo que debía hacerse a causa, mas deseaba igualmente verlo con sus propios ojos. Necesitaba hallarla. Necesitaba también dar apoyo a los combatientes, ahora que podía. Abrió con rapidez a Baalberith, conjurando acompañando de un gesto del brazo hacia adelante y un cerrar de la mano. La magia, en respuesta, se manifestó en las aguas allí adelante: la negrura no formó un domo, sino un plano círculo de negrura perfecta e impenetrable en el agua, sobre el cual el barco no se hundía, más sí parecía que fuera fundiéndose el hielo. Más bien, se trataba de la magia negra consumiendo a la de ánima como un animal a otro inferior en la cadena alimenticia. Si se trataba de magia, era él el depredador. No permitiría que su enemiga se sobrepusiera. No le daría el mismo resultado que con su padre.

- La hallaré. Le haré salir. Esté atenta, por favor. - Habló por lo bajo a su novia. No podía estar lejos, para esa clase de conjuro. No habían muchas formas de hacerlo, ciertamente no seguras, pero Pelleas podía pensar en una útil. Cuando el siguiente golpe sacudió el barco nuevamente, el hombre se dejó seguir el movimiento, y al quedar contra el barandal de la proa estiró el brazo todo lo que pudo hacia el hálito helado de la magia de viento. Apenas esta tocó su mano, trepándola con un congelamiento superficial pero doloroso, pudo hacer su movimiento: en un quejido entonó una maldición de retorno, de venganza por el daño incurrido, y apartó la mano. La magia acumulada en un velo de humo fino en torno a su tomo comenzó a moverse sintiéndola, buscándola. Guiaría hacia ella. Pelleas sonrió mientras se enderezaba de regreso, soltando una corta y adolorida risa satisfecha.
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Mensaje por Yuuko Sáb Feb 13, 2021 8:53 pm

Nada mas encarar la cabina Pelleas ya había llegado a su lado, al parecer habían terminado con sus respectivas tareas al mismo tiempo. No tuvo la necesidad de encontrarle ni esperarle. Asintió ante las palabras ajenas , dándole a entender de esa manera que le había escuchado, pero sin llegar a interrumpirlo. El saber que los refuerzos estaban en camino no era una sorpresa, pues tanto sus hombres como los de Daein eran eficientes en el arte de la guerra. Pero si que le otorgaba cierta calma, cierta tranquilidad. Teniendo en cuenta las unidades aéreas de sus aliados y sus propios navíos y magos... tenían ventaja, a pesar de la situación. Aun si llegaba el caso en el que las ordenes de la reina fallasen y se viesen rodeados por los barcos enemigos aun tendrían una oportunidad de atacar desde el cielo, y podrían ellos mismos rodear a sur rivales con los navíos que zarpasen del puerto en breves.

Eso siempre y cuando el hielo no alcanzase a todas sus tropas , de poco le servían los refuerzos de su nacían si al igual que ellos en esos instantes quedaban atrapados en el agua. Tenían que encontrar el origen del hielo y eliminarlo lo antes posible.

Las palabras de Pelleas captaron su atención. Sabia perfectamente a quien se refería con ella. No había pasado por su mente la posibilidad de Kaltrina en persona estuviera detrás de ataque que estaban recibiendo. Quizás porque no había tenido tiempo de pensar en ello, ocupada en hacerse con un arma, ocupada en organizar el contraataque de la manera mas rápida y eficiente posible. Centrándose en el origen de la magia de hielo, mas bien en el que y desde donde les atacaban y no en el quien en concreto. Pero ahora que el otro lo mencionaba tenia tanto sentido, era tan ridículo que la idea no hubiese surcado su mente con anterioridad. La forma en la que habían sido capaces de adentrarse tanto en el lugar, en un país bélico tan fuerte y protegido, en unas aguas patrulladas por los barcos de la isla... Habían entrado a pesar de ello ,frente a sus propios ojos, y no con un único navío si no con una cantidad considerable de ellos. Les habían rodeado. Les habían atacado y alcanzado en el momento preciso , en una ceremonia fuertemente vigilada y controlada. De forma tan perfecta, casi sin interrupciones.

Por supuesto que era ella. Y aquello no hacia mas que enfadar a la mujer aun mas de lo que ya lo estaba. El tener que admitir la eficiencia , la buena planificación y ejecución del plan del enemigo le llenaba de una ira fría. El saber quien estaba detrás de ello, aquella mujer origen de la mayoría de males que en esos momentos asolaban al mundo...

-Deberíamos de sentirnos honrados. De que la líder en persona se haya tomado la molestia de acudir a interrumpirnos la boda. Pero no. Que se crea capaz de acabar con nosotros atacándonos en nuestra propia boda... Me indigna que lo haya considerado siquiera... Sea ella o no voy a encargarme de hundirla...

Uno de los jinetes se acerco a ella instantes después, mientras Pelleas se volvía hacia el hielo. A su espalda compartiendo su montura iba uno de sus generales, el único cuya especialidad era la magia de viento. El hombre le lanzo a la reina un telescopio, la cual no tardo en cogerlo y en acercarse a la barandilla, enfocando el objeto en aquellos barcos enemigos que  había mandado atacar. El general comenzó con su informe. Yuuko no necesitaba el telescopio para observar como uno de los navíos había perdido su mástil principal, derrumbándose el mismo contra la cubierta y destrozando la misma y el resto de mástiles. Pero para el resto si que requería del instrumento para ver su estado. Las velas habían sido cortadas, completamente desgarradas tanto por la magia como por las lanzas y hachas ajenas, y habían conseguido acercarse lo suficiente como para destrozar los timones. Según su general, el cual al igual que ella estaba completamente familiarizado con todo tipo de embarcaciones, las mismas no contaban con remos. A no ser que contasen con algún instrumento mágico o poder que les era desconocido estaban inmovilizados.

Perfecto. Eso significaba que eran libres de intentar hundirlos sin que dicho plan les jugase en contra, o al menos esperaba que siguiera siendo asi.

-Reúne a los hombres. Cambia a los magos de viento por los de fuego y que los jinetes wyvern os ayuden a acercaros al enemigo. Prenderles fuego a los barcos. Hundirlos y que no queden mas que las cenizas.... Pero hacerlo con cautela. Que los primeros ataques sean pocos y espaciados. No quiero correr el riesgo de que ardan para descubrir después que aun pueden acercársenos y volver nuestro fuego en nuestra contra... Acompáñales tu tambien, y un par mas de tus mejores magos de viento, ayudar a avivar las llamas llegado el momento. Ve.

Esperaba no equivocarse, después de todo los que seguían inmovilizados eran ellos.

Se giro hacia su esposo, bajando el telescopio, encontrándole consumiendo el hielo con su propia magia arcana. Devorando la oscuridad aquel poder elemental. Le sonrió. Con malicia, con orgullo. Ante sus palabras, ante sus actos. Se acerco rápidamente a la barandilla y llamo a sus generales, señalando las acciones del príncipe y pidiendo que intentasen derretir el hielo de la misma manera, a pesar de ser consciente de que no contaban con el mismo poder que el hombre y que de funcionar ese proceso seria mucho mas lento para la mayoría de los suyos. Y entonces volvió a volcar toda su atención al hombre y de acercarse al mismo, apoyándose contra la barandilla. A su lado, con su cuerpo ladeado para encarar tanto al su esposo como al mar.

Pelleas le había pedido atención, asi que intentaba mantenerla en el , y al mismo tiempo no desvincularse por completo en lo que ocurría a su alrededor.

No escapo a ojos de la reina lo que ocurría con el príncipe, o al menos no escapo el daño sufrido en su mano y como había usado ese dolor para maldecir al origen del mismo, pues ella misma compartía maldiciones similares , le eran conocidas. La risa ajena si que no podía asegurar por completo su significado, aunque se hacia una idea del mismo, pero mejor preguntar.

Tomo la mano congelada del hombre entre la suya y la elevo a sus labios, besando el interior de su muñeca y sonriendo sobre la piel ajena.

-La has encontrado?
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Mensaje por Pelleas Dom Feb 14, 2021 2:37 am

Pelleas no podía actuar como un ejemplar general para sus ejércitos, mucho menos sin su consejero indicándole en cada paso si estaba haciendo bien o mal o diciéndole directamente cómo proceder, y menos aún teniendo a los suyos separados de ese modo, desperdigados en navíos ajenos. Sólo los jinetes wyvern tenían la libertad de actuar como fuerzas unificadas, y aquello lo hacían sin necesidad de su guianza personal. Pero eso estaba bien. Yuuko podía actuar como general, como la había visto hacer en otras ocasiones ya, Yuuko podía tomar el mando de lo que estaba totalmente fuera de sus manos y guiar el ataque. El alivio que le traía oírla dirigir, ver el contraataque desenvolverse favorablemente, era inconmensurable. Era gracias a ello que Pelleas podía tan sólo dedicarse a lo que más acostumbraba hacer,: usar su propia magia para actuar. Podía contar en que lo demás se hallaba en buenas manos, en la fuerza de las tropas mezcladas y las directrices de la reina. Sólo debía hacer lo que él, el hechicero, mejor podía.

- Hemos sabido que estaba en movimiento. Que su ejército se unificaba y marchaba. Que está asolando reinos más vulnerables. Pero pensar que vendría aquí… que intentaría tomarnos a nosotros, y en este momento, en que está usted también en Daein… - Habló cuando supo que no la interrumpía. Compartía su molestia, mas también tenía sus reparos. Uno de ellos, surgido a medida que hablaba, era la cuestión de si acaso Kaltrina había sabido que dos líderes se hallaban allí, en esa posición relativamente expuesta, en ese día. No podía imaginarse cómo, no tenía enteramente sentido, pero parecía capaz de tanto que de alguna forma lo temía. Se guardó expresar esa parte en voz alta. - Sé que no lo permitirá. Sólo… déjeme ayudar. - Dijo. Para aquel entonces, la mujer tomaba su mano y acercaba a su muñeca sus labios cálidos en contraste. Sonrió para ella, ya ajeno al dolor al que tan habitual le era exponerse, y asintió. - Se la traeré. -

Se estaba guardando también, en un rincón de su mente que ni él mismo tocaría de sobra, la aprehensión callada que había surgido escuchando a Yuuko hablar como si fuera a enfrentarla directamente. Él lo había intentado, la única vez que había visto a Kaltrina, aunque hubiese sido pasajera y breve, y había debido resignarse a una huida aceptando que no podía eliminarla por sí mismo. Su padre también lo había intentado al saber que la estratega se movilizaba, él yendo al encuentro con plena intención, con toda la planificación y preparativos que un guerrero podía llevarse a combate. No quería pensar en Yuuko haciendo algo similar. Tan sólo se aseguró a sí mismo, como respuesta a esas consternaciones, que no ocurriría puesto que él no la dejaría a solas, eso era todo. No se iría de su lado.

Por lo pronto, cumplía lo dicho. La magia que emanaba de su tomo se movía con intencionalidad, moviéndose un poco por los bordes del barco antes de zambullirse hacia abajo, persiguiendo a la presa que le correspondía herir. Entonces, obligada a moverse con menos discreción para evadir lo que la perseguía, apareció: un ave que había estado sobrevolando el área agilmente, descendiendo por ratos para moverse cerca de la superficie del agua. Un halcón de gran tamaño, mas de agilidad y presteza que ninguna clase de montura domesticada por hombres podía igualar. Un halcón laguz, por seguro. Y sobre la espalda de este, la mujer en chaqueta color bordó. El ave rodeó el barco en que los recién casados se hallaban, huyendo de la magia negra que se enredaba en sus patas e intentaba treparla, pero que no podía igualar su ritmo y terminaba por disiparse.

No obstante, ahora la tenían ahí. Pelleas entonó otro hechizo, preparando un ataque más directo. Sin embargo, antes de que pudiese siquiera terminar las palabras arcanas, la mujer estaba ya actuando: conjurando desde el tomo color verde brillante que portaba y dirigiendo con un gesto de la mano, alzó desde las aguas una seguidilla continua de picos de hielo, formándose en fila detrás de donde ella volaba. No sólo el barco en que ellos estaban fue golpeado más violentamente que nunca y dejando en una posición algo ladeada, sino que el que tenían más cercano, cuyo casco finalmente había sido atravesado, estaba emitiendo una señal de alerta. Necesitarían apoyo o rescate de los demás, cuanto antes.

- ¡Demonios…! ¡Les ayudaré! ¡Ten cuidado, Yuuko! No debemos subestimarla. - Alarmado y rápidamente frustrado, Pelleas se veía obligado a cambiar de enfoque. Completando su hechizo, se volvió para dirigirlo enteramente al nuevo hielo, extendido en un área tan amplia como para apenas cubrirla con su propio tomo. No obstante comenzaba a consumirlo, enderezando de a poco la posición del barco en que estaban para regresarlo a su equilibrio normal sobre el mar y librando con lentitud al buque mayor. Aunque en el caso de este, el daño estaba ya hecho. En un momento como aquel resentía no poder hacer más que aquello por su cuenta, no poder controlar más que la magia negra que… detuvo allí su pensamiento, viendo un remolino de magia diferente, ajena a él, unirse a deshacer el hielo. La siguió con la mirada hasta su origen en otro de los barcos, hallando allí la formación familiar de aquellos discípulos suyos que estaban asistiendo a la ceremonia, conjurando juntos. Aquello y sólo aquello, su escuela y sus compañeros de doctrina, era lo que conocía y sabía manejar. Un poco alivianado de su carga, el daeinita alzó la mano en señal de reconocimiento antes de proseguir con su tarea, apoyado ahora por un flujo de magia que contribuía a la suya. Podrían tener los efectos del hielo bajo control.
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Mensaje por Yuuko Dom Feb 14, 2021 6:35 pm

El encontrar el origen del hielo era una prioridad , y que Pelleas hubiese sido capaz de poder localizarlo con semejante rapidez le llenaba de orgullo. Las palabras ajenas sin embargo no sabia que pensar de ellas. No sabia si el echo de que atrajera a la mujer era lo mas sensato. Siendo ellos el centro de una formación ahora paralizada y llena de civiles era una acción sumamente insensata, pero al mismo tiempo la necesidad de combatir y de hacerlo lo antes posible seguía presente. Si se lo pensaban demasiado , si no reaccionaban con rapidez y le daban a esos seres la oportunidad de completar su plan... Era mejor actuar con aquello que tenia a mano. Y si eso significaba esperar a que el príncipe le atrajera al enemigo que asi fuera.

Si ese era el caso ella tampoco tenia tiempo que perder. El tomo en sus manos permanecía cerrado, y si bien su peso y la oscuridad que emanaba de sus paginas y le hacia estremecerse en una sensación familiar y placentera eran todo un consuelo, algo que le calmaba y le centraba, las palabras escritas en esa carta que había recibido seguían presentes en su mente. El hecho de que el tomo había sido creado para su familia, pero que no todos los miembros de la misma eran capaces de utilizar.

No se podía permitir pensar que ella no era compatible. No en ese momento, ni en ese lugar, cuando no podía permitirse ni un error. El quedarse desarmada seria fatal. Siempre podría tomar el hacha ceremonial de su esposo, pero prefería evitarlo. No le pertenecía, no le correspondía hacerlo, y ni estaba lo suficientemente familiarizada con el uso de dicha arma como para hacer el mismo daño que seria capaz de crear con el tomo.

Con la mirada fija en el príncipe a su lado, para no perder detalle de sus acciones, para no perder el momento en el que el enemigo seria atraído hacia ella , abrió el tomo. Coloco la mano sobre la primera pagina escrita, al hacerlo se le corto el aire unos instantes. Nunca había sentido semejante poder, semejante concentración de oscuridad, en la punta de sus dedos. Poderosa , inquieta, clamando por darle libertad.... El hechizo le era desconocido, y por unos instantes tuvo que centrar toda su atención en el mismo, ignorando su entorno, para poder conjurarlo de manera apropiada. No le gustaba perder la atención que tenia puesta en su entorno, pero no quería ser testigo de las consecuencias que podría traer el hechizo de ese tomo pobremente ejecutado.

A medida que recitaba las palabras, conjurando el hechizo, las letras sobre el papel comenzaban a moverse, acumulándose en la mano de la mujer. La oscuridad se desprendía del tomo , de las paginas abiertas dejando las mismas en blanco. Comenzaron a reptar por su brazo. Centrada como se hallaba no se permitió maravillarse ante el hecho de que la oscuridad del grimorio, mezclada con una que reconocía como propia, reto hasta cubrir todo su cuerpo. Envolviendo en oscuridad. Una placentera, una poderosa que le cubría de forma protectora, que no empañaba su vision ni la protegía realmente... Y ,con cierto horror en su mirada, vio como la misma comenzaba a disiparse, dejando su pálida piel expuesta a la luz del sol una vez mas. Soltó un suspiro de alivio cuando la noto, concentrándose en su espalda. No le había abandonado, el hechizo no había sido interrumpido a medio camino. Simplemente había completado su recorrido y había llegado al lugar al que le correspondía. A su espalda, donde se había concentraba tomando la forma de dos enormes alas de mariposa, creadas enteramente por la oscuridad.

Quieta, a la espera. Justo en el momento en el que el príncipe cumplía su palabra, trayéndole ante si al enemigo.

Era la primera vez que se encontraba ante la presencia de la mujer, pero las vestimentas, el porte que llevaba, y el arma que sobresalía de su pecho dejaban en claro su identidad. El hecho de que los sobrevolase sobre uno de esos seres que identifico como sus vecinos no era mas que otra muestra de poder, del poder que ejercía para poder tomar como montura a uno de los halcones. Orgullosos y poderosos como ellos eran. Una muestra de su inteligencia, al haberse acercado en una montura sobre la cual nadie hubiese creído posible verla acercarse, una que nadie hubiera buscado siquiera, menos aun verla si quería pasar desapercibida entre nubes y barcos con la velocidad y movimiento de la que disponían.


Una velocidad que dejaba en claro mientras rodeaba la nave de la reina, mientras huía de la magia del príncipe. Si no dejaba de moverse no podrían alcanzarlo, no de una manera en la que pudieran hacerle un daño significativo. Si no desarmaban a la mujer...

El barco se sacudió con violencia producto del hechizo de la mujer. Yuuko dio un par de pasos para no perderle el equilibrio, para poder tener una postura estable sin riesgo de caerse o trastabillar a pesar de la nueva posición del navío. Se concentro en no perder la magia a sus espaldas, mientras se ladeaba unos instantes para comprobar el daño sufrido. Uno de los barcos había sido atravesado , comenzaría a hundirse una vez que desapareciera el hielo. El propio no tenia tiempo de comprobar si había sido atravesado o no, pero creía que no lo había sido. Por la posición y la forma del hielo. El único consuelo que tenia era que el agujero en el casco no estaba cerca de los camerinos o camarotes.

-Evacuar el barco!

Grito a sus espaldas ,antes de encarar a al mujer.

El ave seguía en constante movimiento. Y la reina sintió un frio intenso a sus espaldas, acompañado por una nueva sacudida. Nuevos picos habían sido formados en el agua, el barco seguía inclinado... si trastabillaba un poco siquiera, si se dejaba vencer por la inclinación y caía hacia ella su cuerpo estaba en la dirección correcta para acabar contra uno de esos picos que había comenzado a sobresalir por encima de la barandilla.

Peligrosamente cerca. El acabar con la mujer no era una opción en esos momento. No era un blanco facil ni claro a pesar de tenerla constantemente a la vista, y los constantes ataques a sus navíos, con las intenciones de hundir toda la flota presente eran una distracción en dicho objetivo. Si se centraba en la mujer no podía centrarse en los barcos, si se concentraba únicamente su su flota seria un blanco facil.

Siendo asi haría lo que podía, no le dejaría atacar a ella tampoco.

Intento seguir el movimiento del ave y cuando creyó que era el momento señalo hacia su objetivo. Las alas oscuras se desprendieron de su espalda y se abalanzaron contra el halcón. No lo alcanzaron por completo, pero si atrapo a una de sus alas , envolviendo la misma en oscuridad. Haciendo al ave detenerse y comenzar a girar sobre si mismo. La mujer uso su propia magia para liberar a su montura de la oscuridad, pero el daño si bien no permanente ya había sido hecho. Había comenzado a perder altura y su ala había sido dañada, su equilibrio y velocidad sumamente dañados.

Tenían que aprovechar la oportunidad para derribar a la mujer, desarmarla. Ahora que podían.

La reina comenzó una vez mas a llamar a la oscuridad del tomo y acumular la misma en su cuerpo. Avanzando despacio hacia el frente. Lejos del hielo, cerca de la mujer.

Mientras tanto los magos arcanos se estaban encargando del hielo y los suyos habían comenzado a evacuar a los asistentes del barco comprometido a los adyacentes, mediante pasarelas de madera. Aunque el hecho de que parte de los invitados fuesen civiles y muchos no estuvieran acostumbrados a la mar hacia que la tarea fuese mas lenta de lo que era usual para los habitantes de las islas.

En las cercanías de la flota enemiga comenzaba a escucharse el sonido característico de las esferas ígneas con las que estaban equipados los navíos de las Islas. Los refuerzos del puerto habían acudido, acercándose peligrosamente a los emergidos. Acorralando una flota ya de por si comprometida.
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Mensaje por Pelleas Lun Feb 15, 2021 1:26 am

Era difícil prestar atención a más que la tarea compleja que debía realizar, la de encargarse del hielo, mas estaba aún firmemente decidido a no perder de vista a Yuuko. Intentaba verla en cada oportunidad, mantenerla aunque fuera en la periferia de su vista. Apenas pudo, apenas el conjuro se halló surtiendo efecto en el lugar debido y supo que sus discípulos estaban haciendo lo propio por colaborar también, ladeó la cabeza para mirarla propiamente y allí se halló con lo que parecía una ilusión. Si bien había visto que tenía el tomo, había sabido lo que era y podido comprender que estaba conjurando de él, apenas entonces divisaba la forma de las alas negras posicionadas a su espalda. Tomó un par de momentos y varios parpadeos de sorpresa caer en cuenta de que se trataba de una masa de oscuridad, una manifestación del tomo mismo; como esperaba, uno único y particular. La presencia de una oscuridad vibrante y potente en el aire le reaseguró.

Apenas llegó a divisar las alas deshacerse en las partículas más pequeñas con que Yuuko daba rienda suelta a su ataque, una ofensiva directa a la estratega emergida, cuando fue reclamado de regreso para ocuparse en lo que le atañía con urgencia. La disolución del hielo causaba movimientos en las aguas a los que debía estar atento, la ausencia de este en una zona requería que dirigiese sus esfuerzos a otra, que conjurase nuevas órdenes a Baalberith para que devorara más de esa magia. Debía terminar el trabajo empezado. A medida que conseguía retirar el hielo, el barco volvía a su posición correcta. El peligro de las salientes era eliminado. Para cuando hubo roto lo último de ello, habiéndose movido más cerca de Yuuko por la cubierta, y pudo fijarse en ella...

Lo que captaron sus ojos en ese primer instante fue tal como si las dos mujeres estuviesen congeladas en el tiempo, dibujadas como una pintura que retenía un tenso segundo. La montura de Kaltrina había sufrido el ataque de Yuuko y ese contratiempo, desde luego, había estorbado activamente a la líder emergida. La había obligado a quedarse allí, a encarar a quien había atacado. Yuuko se había aproximado a ella también. Preparándose para enfrentamiento directo, la estratega había tomado una postura distinta sobre su dañado animal, como si se preparase a saltar fuera de este. Se agitaba en torno a ella la ventisca helada de la magia que había estado manipulando, ya cortando el aire en violentos ciclos en su cercanía. En torno a Yuuko se había acumulado la magia negra también, augurando con esas alas etéreas lo que vendría. Fue esa imagen, la de ambas a punto de actuar, la que Pelleas vio con una aprehensión tal, que parecía desenvolverse de forma sumamente lenta. Le dio tiempo a comprender. Le dio tiempo a temer. Le dio tiempo a correr adelante, maldiciones temblando en su mano empuñada, por si conseguía interrumpir algo terrible a tiempo.

Pero nada ocurrió como lo imaginaba. Kaltrina repentinamente miró hacia donde surgía el zumbido de los barcos cargados con bolas ígneas, así como el rugido de wyverns, muchos más wyverns que el platón presente en aquel campo de batalla, viniendo del terreno daeinita. Luego hacia sus barcos, dos de los cuales habían comenzado a encenderse en flama, como habían sido ordenados a hacer los isleños. Y en ese mismo momento cambió de postura, sin separarse de su halcón, sino que apremiándolo para que se moviera. Su magia había cambiado en algún instante, de su chaqueta había extraído un bastón curativo, con el que aliviaba al laguz en pleno vuelo. Esquivaban apenas el enjambre de mariposas negras que era la magia de la reina de Durban. Tras ello, moviéndose ágilmente, la estratega descendió de la espalda del halcón para sujetarse con las manos de sus patas, siendo cargada de ese modo hacia sus navíos, aquellos que permanecían sanos.

- ¿Te encuentras bien? ¡Yuuko! - Llamó al llegar junto a ella, alternando entre mirarla en busca de daño, y mirar la figura del halcón y Kaltrina para comprobar que tan sólo se alejaban. No hacía falta que anunciara él que los refuerzos estaban llegando y que las cosas estaban cambiando, que pronto estarían a salvo. Sólo pudo mirar en silencio, tomándole un momento comprender todo lo que ocurría en el amplio, separado campo de batalla marítima. No obstante, sí fue bienvenido el aviso que un general wyvern daba en voz alta, habiéndose acercado más a aquel barco central en que los regentes estaban. Comunicaba lo que entre otros navíos, entre el humo de los navíos enemigos ardientes, podía ser difícil de ver: que los demás barcos enemigos habían estado virando de rumbo, que estaban alejándose ahora en lugar de presionar contra ellos. Los disparos de cañón aún se oían, mas era cierto que menos, más distantes.

- Están retirándose. Se han rendido sobre nosotros. - Pelleas musitó, algo falto de aire tras la agitación y adrenalina de los momentos anteriores. Tomó aire para decir algo más, pero lo sostuvo por un momento, pensándolo con un gesto atribulado en el rostro antes de finalmente soltarlo. - … dejémosles ir. -

Se volvió por completo a Yuuko, apoyando una mano en su hombro y mirándola con suma seriedad a los ojos. Todo había corrido por su mente con la ansiedad usual de sus pensamientos, hechos y posibilidades agolpándose unos sobre otros. Era consciente de que, con cómo se hallaba todo ahora, los soldados esperarían una órden sobre cómo proceder y esa era la que él deseaba que dieran. - No tenemos el poder para terminar con esto por completo ahora mismo, no estamos bien preparados, perderíamos a demasiados en el proceso, si es que lo conseguiríamos, y… y… se lo pido, por ahora, sólo asegurémonos de que dejen la frontera y dejémosles ir. No es el momento. - Dijo. Era verdad que era posible que algo importante consiguieran, si presionaban la situación. Pero era también arriesgarse a transformar el día de celebración en uno de tragedia, una que no estaba dispuesto a ver suceder en ese momento. Nadie lo estaba. Lo intuía en la organización presurosa de los hombres, en la prioridad que se daba al rescate del buque dañado y en las miradas nerviosas de la tripulación y sacerdotisas que se asomaban de la cabina. Pero la palabra final sobre qué hacer, la orden que se comunicaría a ancho y largo, saldría de Yuuko. Pelleas sólo podía sentirse agradecido de que siguieran ambos a salvo.
Pelleas
Pelleas
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Sorcerer | War Priest

Cargo :
Príncipe Regente

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Nosferatu [3]
Báculo de heal [1]
Baalberith [0]
Elixir [1]
.
.

Support :
Judal [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] OaIUyNL
Virion [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] JEIjc1v
Yuuko [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] OaIUyNL
Aran [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] JEIjc1v

Especialización :
[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] Jjoa5TA[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] PcpaFGL

Experiencia :
[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] POvHqgT

Gold :
1354


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Mensaje por Yuuko Lun Feb 15, 2021 2:22 pm

No iba a ser tan facil llevar a cabo sus intenciones como se hubiera esperado en otras circunstancias, era por eso que el objetivo de la reina era el desarmar a la general de los emergidos , o derribarla enfocándose en su montura tal y como había echo en el ultimo ataque. Pero derrotarla? Si todo lo que sabían de ella era verdad aquella opción no era viable, y seguramente lo seria. Dado lo múltiples escritos encontrados a lo largo del mundo y la maestría que acababa de demostrar al atacarles de aquella manera. Sin verlo venir, sin poder evitar que llegase al corazón de la misma ceremonia.

Asi que no, no había que enfocarse en derrotarla, pues era un objetivo inútil. Uno en el que se enfocaría la mente y dejaría atrás lo que realmente se pudiera llevar a cabo. Desarmarla , interrumpir su ataque era lo mas viable. Pero no por ello resultaba sencillo. No se había inmutado tanto como le hubiera gustado, hubiera esperado que habría caído en el mar o en la propia borda, o que se habría desequilibrado lo suficiente como para derribar el tomo de sus manos o dejar el mismo expuesto para poder quitárselo la reina de las manos. Pero no. Lo único que había conseguido era enfocar la atención de la estratega sobre su persona. Era frustrante, no solo haber fallado en su objetivo si no el hecho de sabotearse a si misma de forma indirecta.

Sus ojos estaban concentrados en la mujer, rodeada por su propia magia. Si se acercaba mas la magia le dañaría. Si atacaba esa misma ventisca protegería a Kaltrina de la oscuridad, y Yuuko quedaría desarmada y expuesta mientras invocaba un nuevo ataque. Asi que solo quedaba esperar. Esperar por una oportunidad para atacar, o esperar a que el ataque fuese dirigido a ella, para usar su propia magia para deshacerse del daño.

La atención de Kaltrina se vio desviada, y aun asi seguía envuelta en su propia ventisca, asi que Yuuko aprovecho para seguir la mirada de la mujer. La imagen de sus barcos atacando y de los enemigos tomando fuego le hicieron sonreír de orgullo, antes de enfocarse de nuevo en aquel peligro inminente. Aprovecho el cambio de su magia para enviar su oscuridad a la montura una vez mas, pero la misma a pesar de estar herida lo esquivo, aunque fuese por poco pero lo hizo.

Se marchaban.

Yuuko cerro el tomo con fuerza.

No de la manera en la que lo había planeado. Pero los ataques de la mujer se habían detenido y lo que quedaba de la flota enemiga se retiraba. Teniendo en cuenta las circunstancias lo consideraría una victoria.

El llamado de su nombre hizo que dejase de observar la figura alejándose, para centrarse en el mago. Lo examino de arriba abajo.

-Perfectamente... no estas herido tampoco, verdad?

Que le interrumpiesen la boda era una cosa, pero que hubiesen dañado a su marido en ella... Imperdonable. Aunque esa mujer ya llevaba varios actos imperdonables a las espaldas y alguno mas no haría la diferencia.

-No se si rendirse es la palabra correcta... Pero desde luego no han conseguido llevar a cabo sus planes...

Paso su mirada por la escena. Habían perdido un barco, el mismo aun no terminaba de hundirse y podía ver a los suyos rescatar las pertenencias que podía del mismo. A lo lejos un gran numero de wyverns se unían a sus barcos, los refuerzos estaban todos presentes. El enemigo huía.

Su atención quedo fijada de nuevo en un único punto cuando noto una mano ajena en el hombro. Escucho las palabras del hombre, la seriedad en las mismas. Se permitió sonreírle, mientras sostenía el tomo con una única mano y la otra la elevaba para tomar aquella sobre su hombro , entrelazando sus dedos. Puede que en esta ocasión su actitud no hubiese sido la correcta, en el sentido en el que no se había mostrado tan seria e impasible como en otras luchas, en otras circunstancias. Estaba enfadada y frustrada, pero no iba a dejar que esos sentimientos se llevasen lo mejor de ella y le obligasen a tomar una decisión que claramente les condenaría.

-No tenia intención de perseguirles. Desde el inicio. En este caso donde nos han interrumpido en un evento tan importante para ambos pauses, donde han llegado al corazón de la ceremonia misma, la prioridad no era acabar con el enemigo. Si no frustrar sus planes. En esta caso su retirada, el hecho de que no hayan logrado su objetivo es una vitoria.

Alzo la vista al general wyvern, y tras ello a sus propios generales. Elevo la voz para ser escuchada por todos.

-Volvemos a puerto. Todos. Que los refuerzos dejen de perseguirles, que aprovechen el despliegue para mejorar la seguridad en el puerto y patrullen la costa.

No sabían si había mas barcos emergidos, si al perseguirles se encontrarían con una nueva emboscada o no. Siendo asi era mejor asegurarse de la seguridad de todos. Dar el asunto por acabado, aunque en realidad aun hubiese mucho que hacer.

-Cuando lleguemos a la costa retomaremos las celebraciones. La ceremonia ya se ha completado y el enemigo ha huido, no hay razón para no celebrar... Ahora mas que nunca debemos celebrar .Nuestros invitados, nuestro pueblo, nosotros mismos... Merecemos una alegría, una celebración ...

Apretó de nuevo la mano entre las suyas.

-Aunque tendre que ausentarme del banquete por momentos. Tengo que organizar patrullas nuevas por el mar , que investiguen de donde han podido salir esos seres sin ser vistos, mandar comunicados a casa para que aumenten la seguridad.... Pero no voy a permitir , si puedo evitarlo, que esos seres estropeen este enlace mas de lo que ya lo han echo.

Pero todo eran ordenes que podría dar mientras el banquete se llevaba a cabo, nada que requiriera de su atención o presencia constante.

Se permitió observar al hombre, sonreírle con maldad. Reír ligeramente.

-... Tambien me niego a que me roben mi noche de bodas.
Yuuko
Yuuko
Afiliación :
- DURBAN -

Clase :
Sorcerer | Tactician

Cargo :
Reina de las Islas de Durban

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Ψυχή [0]
Hacha de bronce [2]
.
.
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.

Support :
Pelleas [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] OaIUyNL
Jill [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] JEIjc1v

Especialización :
[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] Jjoa5TA[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] VvOKntM

Experiencia :
[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] SjqgM22

Gold :
1221


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[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] Empty Re: [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko]

Mensaje por Eliwood Mar Feb 16, 2021 12:34 am

Tema cerrado. 80G a cada participante +50G adicionales por nivel de support.

Yuuko ha gastado un uso de Ψυχή.
Pelleas ha gastado un uso de Baalberith.

Ambos obtienen +2 EXP.

Esta campaña realiza un punto de daño a Kaltrina, a contabilizarse en el tema Invasión al Imperio.

Gracias al incremento de experiencia, Yuuko obtiene un nuevo skill de la rama Tactician:

[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] ZKgbq9Q Análisis - Con tan sólo una cuidadosa mirada a su entorno, el estratega es capaz de deducir la información completa del sitio, la cantidad y tipos de enemigos (clase, nivel, arma, número, refuerzos). De utilizarse sobre un sólo enemigo en lugar del campo de batalla, pueden deducirse sus skills, inventario y nivel sin necesidad de iniciar combate para verlos. En caso de Misión, el Narrador le proveerá de todos estos datos útiles.

Mas debido a que el cupo de skills se encuentra ya lleno, con 6 skills obtenidos, se necesitaría retirar otro para dar espacio a Análisis.

En caso de desear obtener Análisis, favor de responder indicando cual skill reemplazar. En caso de no tomarlo, no hace falta responder.

Adicionalmente, la barra de EXP de Pelleas ha sido maximizada.

- Class Change -

¡Pelleas ha ascendido de Bishop a War Priest!

[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] PcpaFGL ¡El nivel de uso de báculos ha sido aumentado!
La barra de EXP es reseteada. De ahora en adelante, sólo los temas tipo Campaña, Entrenamiento y Misión darán incrementos de EXP.

¡¡Felicitaciones!!
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
espada de acero [3]
.
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.

Support :
Marth [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] OaIUyNL
Lyndis [Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] JEIjc1v

Especialización :
[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] NqTGGyV

Experiencia :
[Campaña] Boda en Altamar e Invitados Inoportunos [Privado | Yuuko] Fy4uE7I

Gold :
874


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