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Mensaje por Sissi el Dom Sep 13, 2020 7:52 pm

La Guerra existiría mientras tuvieran que defenderse de un poder destructor que les devoraría a todos. Sissi lo sabía muy bien y había hecho las paces con ello.

Pero yo no amo la espada porque tenga filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Solo amo lo que ellos defienden: a la gente buena, justa e inocente y a los países llenos de recuerdos, belleza y sabiduría del mundo.

Pero la Falchion no defendía a nada salvo a sí misma.

Un simple roce bastó para que Sissi cayera hacia atrás, su cuerpo y espíritu atravesados por un rayo azul que le paró la respiración y el latido del pecho. Invadida por un frío que no debería existir en las catacumbas de fuego, la reina quedó queda y silenciosa, los músculos entumecidos, los ojos cerrados y los labios blancos. En su interior, la parte del alma dragónica chilló de forma tan aguda que Sissi sintió que la cabeza le fuera a explotar, que en cualquier momento el dolor tomaría forma física y brotaría de sus entrañas para ser libre. Pero el frío le había helado la piel y no había escapatoria para que el daño tomara forma corpórea: no había sangre que limpiar, ni herida que necesitara suturas. Lo que la Falchion había quebrado había sido dentro de sí misma, en su propia esencia de manakete que se retorcía al borde de la destrucción. Y Sissi no podía gritar, ni encogerse, ni llorar. Pero sí sufrir.

¡No más! ¡Detente! ¡No quiero volver allí!

Su alma se volvió deforme y monstruosa a medida que era devorada por la corrupción de la espada. En vez de la cálida luz dorada que solía identificar con su forma ancestral, en su lugar había una bestia roja y negra, rodeada de una nube que amenazaba con ahogarla en una toxicidad dañina e impura. Sissi reconocía ese aspecto de años atrás. Un fantasma que nunca dejaba de acompañarla por mucho que lo intentase. Los ojos carmín, tan brillantes como los de los emergidos, la miraron de vuelta al escuchar su plegaria. La bestia chasqueó los dientes y mostró las fauces abiertas, amenazantes. A su espalda solo existía el vacío. Sissi podía sentir la atracción magnética de la oscuridad que la aguardaba. El sueño eterno al que descendían los manaketes en momentos de necesidad, un sueño tan profundo como la muerte. Un sueño del que era muy difícil despertar.

Pero allí debía descender. Era la única manera de proteger el leve atisbo de luz que aún le quedaba, de aplacar a la bestia corrupta y sanarla poco a poco. Hubiera llorado si hubiera podido. Sissi no quería volver al fondo del abismo donde no había principio ni fin, donde nadie la encontraría jamás. Pero una simple mirada le confirmó que la bestia se hacía cada vez más fuerte. Si no dormía, la oscuridad se extendería y tomaría posesión de todo lo que ella era. ¿Podía hacerle eso al mundo? ¿Condenarlo a la ira de una manakete consumida por la locura que a tantos de los suyos había matado? Qué clase de reina sería si ponía su vida frente a la de su gente. Ya les había fallado dos veces: una al no proteger Hatari, otra al no poder calmar la maldad de la Falchion. Sissi miró atrás, a la penumbra honda y cerró los ojos. Pensó en el príncipe Chrom y en el rey Zephiel que la aguardaban en el exterior. En palabras silenciosas, les dedicó un último pensamiento.

Por favor, despertadme. No me dejéis pasar una eternidad sola. No os olvidéis de mí.

Sissi se dejó caer hacia atrás, directa al fondo del abismo donde la esperaba la no-muerte, mientras las fauces del monstruo se precipitaban sobre ella. Lo último que escuchó fueron los aullidos brutales y frustrados que la acompañaron hasta que tocó el suelo y dejó de saber nada.

–––––––––––––––

Al principio, Sissi no fue consciente de que estaba viva. Lo único que había a su alrededor era una oscuridad perpetua y un mar negro y frío en el que flotaba a la deriva. No existía el aire, ni la luz. Tampoco las palabras para definirlos. Sissi no podía hablar, por lo que soñaba. Soñaba con una humanidad nueva y purificada, que no adoraba más que a una diosa, una diosa universal y buena, una diosa cuyos rasgos terminaban en unas manos suaves. Pero Sissi también recordó atisbos del pasado: la sonrisa de Seraphiel, las arenas del desierto, los cantos de las aves de la selva, las risas de los niños, el pasar de un dedo sobre el papel de un libro. ¿Dónde estaba todo eso, donde estaba ella? Lo único que podía hacer para no volverse loca era tratar de recordar quién era.

Sissi flotó en aquel mar lo que le parecieron todas las eras de la historia. Pero, poco a poco, comenzó a tomar consciencia de quién era y por qué estaba allí.  

Me llamo Sissi. Soy la Reina Manakete de Sindhu. No estoy muerta, sino dormida. Caí en batalla, vencida por mi propia arrogancia. Quise ir contra las leyes de los Dioses y la Naturaleza. Pero caí, y he vuelto al mismo lugar al que me mandó mi madre... A esta oscuridad perpetua y horrible… Naga, por favor… No me dejes.

¿Se han olvidado todos de mí?

–––––––––––––––

Entonces llegó el frío; se aposentó en todos sus huesos y le entumeció hasta los meñiques de los pies. Ni siquiera el peso de las sábanas lograba hacerlos entrar en calor. Sissi trató de encogerse y llevar las rodillas al pecho, hacerse lo más pequeña posible para que la frialdad desapareciera de su piel, pero no fue capaz de moverse. Su cuerpo no respondió, tan inmóvil e inerte como lo había estado desde que había entrado en contacto con la Falchion. El dedo corazón de la mano derecha, aquel que se había atrevido a tocar la espada, fue el único que tembló de forma ligera apenas unos momentos, antes de regresar, cansado y débil, a su lugar.  

OST:
Sissi
Sissi
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [2]
DragonStone Plus [3]
Dragonstone [1]
.
.
.

Support :
Sera [Social] It will be not death, but a dream. [Priv. Zephiel] Iwzg0SR
Chrom [Social] It will be not death, but a dream. [Priv. Zephiel] JEIjc1v
Zephiel [Social] It will be not death, but a dream. [Priv. Zephiel] JEIjc1v

Especialización :
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Mensaje por Zephiel el Sáb Sep 26, 2020 6:18 pm

Cuando Zephiel tocó la Falchion, supo que había cometido un error, si tan solo porque esa arma había sido creada en un pacto de sangre de antaño, que no correspondía a los seres vivos del presente. Claro, había sido en un intento de detener la mano de otro. Sissi había tocado el filo con soltura, entonces,  había querido cargar ella solamente con ese peso. Sin embargo, el príncipe Chrom, cuyo linaje supuestamente había sido bendecido para poder portar esa arma, había sido la última llave para desatar ese poder. En un principio parecía que no había sucedido nada, pero todo eso cambió en cosa de segundos. Zephiel no recordó más que el golpe de su cuerpo contra el suelo, y después, la visión borrosa de sus compañeros. Cuando recobró el conocimiento e intentó erguirse, la armadura se desprendió de su cuerpo, no pudiendo sostenerse sola. Había quedado inutilizable tras el impacto. Se deshizo de ella, y como pudo se puso de pie. Entonces no notó las cicatrices, ni lo que había sucedido más allá de las heridas superficiales. Se preocupó de comprobar si sus compañeros seguían con vida. Fue él quien, al percibir que Sissi no despertaba de su letargo, cargó con ella fuera de las ruinas. Su mente no se dio cuenta de la situación por horas, completamente en blanco. Fue cuando estuvo a buen resguardo y a solas que se hizo consciente del error que había cometido.

Su mano recibió un impacto que, si no fuera por su constitución, seguramente habría pelado la piel de sus músculos y rasgado los tendones que sostenían sus huesos. Aún así, se quemó ante la luz enceguecedora, y ningún bastón o cura fue capaz de sanar estas aflicciones. Los movimientos finos de sus dedos y muñeca se atrofiaron. Sin poder consentir que ese fuera un daño permanente, la ocultó tras un guante, que no alcanzaba a cubrir su antebrazo, pero servía para aislarla.

Zephiel se ofreció para cuidar de la reina Sissi. Las tropas del otro reino no supieron responder a esto, muchos se negaron. Sin embargo, insistió en su decisión. Entonces el ejército de Sindhu tendría cabida libre dentro de Bern lo que tardara la reina en recobrar la consciencia. Mientras, el rey decidió disolverse de sus responsabilidades hasta recuperarse de sus heridas. Sin embargo, incluso él sabía que era una excusa. La verdad era que no se veía capaz de gobernar, no ahora. No solo su cuerpo se hallaba debilitado, sino también su mente. Y la única solución que tuvo a este problema fue alejarse. Su mente se poblaba de debilidades que había creído ya obsoletas. El destino del mundo no hacía sino romper con sus convicciones, y dejar de ellas tan solo el silencio.

Junto con selectos guardias tanto de Sindhu como de Bern, el rey se dirigió a una mansión cerca de la frontera para efectuar su descanso. Era un territorio de varias hectáreas de longitud, un lugar tan separado del propio reino, y tan habitado por la naturaleza, que los emergidos la ignoraron. Sin embargo sí estaba abandonada, y varias reparaciones tuvieron que llevarse a cabo antes de que fuera habitable. Sin embargo, el rey había tenido la perspicacia de ocuparse de ese sitio antes de partir a su misión, por lo que, a su regreso, había vuelto a ser como antes. Un hermoso lugar donde en su infancia había podido olvidar la mayoría de sus problemas, aunque fuera tan solo por un tiempo. Allí, acompañado de la princesa y de su huésped, la reina, se despejó de su título. Y los días sucedieron velando por ella y por sí mismo, intentando resolver el vacío en sus ideales, sus pensamientos.

Ese día Zephiel vestía con ropas ligeras, las cuales hacía mucho no acostumbraba a separar de sus defensas. Llevaba una camiseta negra de tejido fino, con un abrigo gris sin mangas delante. Debajo unos pantalones de cuero, curtidos con excelente reparo. Para él era un día templado, sereno, y como ya acostumbraba a hacer a diario, visitó a la reina en la habitación que había dedicado para que se recuperara. Esta habitación se encontraba en el segundo piso de frente en la mansión. Las ventanas eran enormes, y permitían ver la entrada y casi toda la extensión del terreno y su paisaje, cubierto en esa época por las copas de los árboles. La monarca descansaba al centro de una cama, sus manos caídas sobre su torso, su cabeza levemente inclinada hacia un lado. El resto de su cuerpo estaba cubierto por gruesas sábanas, dando, por supuesto, la apariencia de que dormía.

Sissi descansaba aún, sin ningún cambio en su semblante. Las criadas se ocupaban de todas sus necesidades, más el letargo de una manakete seguía siendo inusual, e incluso sobrenatural. Eso sí, algo había cambiado en las últimas semanas. Decorada alrededor por una nube de jazmines, su piel había quedado casi tan blanca como los pétalos de estas flores. Crecían alrededor de la mansión, en un hermoso jardín que se extendía metros más allá del edificio, hasta alcanzar el bosque. Zephiel los había elegido, pues recordaba haber recolectado estas flores por su cuenta tanto para su madre como su hermana. Sin embargo, nada hacía el aroma para rehabilitar su cuerpo en decadencia. Con su semblante serio, Zephiel tan solo miró una vez su rostro antes de dirigirse a la ventana, donde sostuvo casi una hora la mirada en el cielo. Tan sólo después, cuando ya se suponía debía marcharse, volvió a acercarse a ella, a un par de pasos de su derecha. Tal parecía que había dedicado todo ese tiempo a mentalizarse, para poder dirigirse a su cuerpo inerte. De pie Zephiel miraba, aún envuelto en sus pensamientos, los cuales finalmente fue capaz de expresar en palabras.

-Ha pasado mucho tiempo. La guerra… aún continúa, el enemigo todavía nos amenaza. Y ahora su líder ha reunido sus fuerzas, como si fuesen un reino, queriendo, verdaderamente, poseer el mundo. Sin embargo, no encuentro la fuerza para resistir ese destino. ¿Es este un esfuerzo sin propósito? ...Si pierdes la vida, verdaderamente, tendré la respuesta a esa pregunta. -la falchion, en manos de los emergidos, habría cumplido su propósito.

Zephiel hizo amago de dar la media vuelta, sin embargo, sus ojos percibieron un movimiento. Entreabrió sus labios, pero ni siquiera exhaló. Podía ser que lo hubiera imaginado, no era la primera vez que se dejaba engañar por ilusiones. Pero esperó.
Zephiel
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Afiliación :
- BERN -

Clase :
Great Knight

Cargo :
Rey de Bern

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

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Concoction [2]
Espada de bronce [2]
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