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[Entrenamiento] Las canciones de cuna que no se cantaron │ Priv: Aran XcrrjBs

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[Entrenamiento] Las canciones de cuna que no se cantaron │ Priv: Aran

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Mensaje por Aurora el Sáb Sep 12, 2020 8:59 pm

El aire es diferente en cada lugar. Lleno de recuerdos, momentos, historia que se queda grabada en su composición. Es necesario cerrar los ojos un momento para poder percibir cada una de esas cosas, como si se leyera un libro de historia, o unas memorias de alguien que ha vivido desde antes que la historia tuviera su nombre como tal. ¿Qué es lo que puede hallar en Daein que le diferencia del resto de los lugares que ha tenido la bendición de visitar? Valentia, misticismo, y una especie de honor bélico que se puede testimoniar incluso en cada mirada de sus habitantes; sean tristes, bravas, animadas, con ilusión. Hay guerra implícita en ellas.

No obstante, más allá de la gran experiencia de conocer a su gente, no solo se encuentra ahí para ello. Es un modo de saber qué es lo que ellos también desearían oír de ella. Una canción que llegue a sus corazones, que se instale de a poco, plantando valor y buena voluntad. Altea no puede ser bien vista bajo el régimen de Grima en esas tierras, pero definitivamente hay un deseo de respirar paz nuevamente, una sensación que hace no tanto han obtenido y han logrado esparcir en las vastas tierras de Tellius. Es por eso que hace días va cantando por ahí, llamando la atención, sin disposición de recibir una limosna de ello. Que sea simplemente la bendición de Forseti quien los cautive, antes de que en algún momento comunique su deseo de comunión para con ellos. De paz para todos.

Es entonces, cuando termina alguna de sus canciones, que vuelve a moverse de donde estaba en esa gran ciudad, ante mirada ajena de algunos curiosos que quedan contemplando como se retira. No parece haber ganancia en lo que hace, o una razón aparente de momento. Tampoco hay más magia que la de una preciosa lirica puede tener, o molestia de parte de algunos: solo es una bella dama cantando por ahí. Y aunque Aurora ha sido abordada varias veces sobre porque lo hacen, antes de deslizar de manera discreta su propuesta, es la primera vez que su atención es llamada por un niño que la determinación con determinación a su frente.

-Señorita, ¿Puede cantar para mi hermano, que no puede dormir? ¡Ya no sé qué hacer con mi hermana!-
Es una pregunta tan inocente que la saca de su centro con rapidez. Aurora se inclina un poco para verlo mejor, con una sonrisa cálida. Hace mucho tiempo que no interactuaba con niños, y siempre podía ver una especie de carisma que le inducían amor instantáneo. Después de todo, eso es lo único que deberían de tener los niños

-¿Dónde está tu hermanito?- Le pregunto, antes de que con una sonrisa llena de alegría, la criatura responda automáticamente tomándola de su mano, algo rudo, empezándola a dirigir con sus pequeñas piernas hacia el destino. Rápido, demasiado como para que pueda memorizar bien su camino de vuelta, empezando a sentir que quizás sus pasos van un poco mal encaminados. Sería elitista simplemente juzgar eso por las calles en las que empieza a meterla el niño, pero no desea desconfiar de una criatura tan pequeña. ¿Tendría sentido que su madre no este, que tampoco tuvieran un padre? Finalmente su mano es soltada, entre un callejón oscuro que la deja completamente desorientada, mientras el pequeño que ha pedido su ayuda huye entre las sombras.

Puede no querer pensar mal, pero definitivamente ha sido conducida con demasiada ingenuidad a una terrible trampa. Y tiene miedo, aunque su temple permanece demasiado serio como para pensar que por dentro está alzando todas sus oraciones a Forseti. ¿Por qué ella…? Un movimiento rápido la hace girar hacia la salida, antes de esquivar con habilidad –o quizás demasiada suerte- a un hombre fornido en un primer momento. Y aunque logra esquivarlo a él, no puede hacer lo mismo con otros dos que logran atajarle el paso, y con eso, su huida. No podría huir, ni aunque se sacuda arrebatada con todas sus fuerzas.

-¡Mantén la calma, no queremos lastimarte!- Amenaza uno de ellos, pero, ¿No es otra mentira en realidad? Aurora no piensa, no negocia ante la violencia. Y por eso grita. Potente como solo el viento puede rugir a través de una montaña, fuerte y alto, haciendo que su voz viaje entre callejones y calles… Buscando algún alma que se apiade de ella y la ayude.
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Mensaje por Aran el Lun Sep 14, 2020 12:31 pm

No hacía mucho que había empezado ese trabajo. La paga era decente, suficiente para aportar a su familia, lo único que deseaba hacer con ese oro. Finalmente ellos se habían asentado en Nevassa, en un sitio pequeño del barrio burgués. No había problema con eso, porque estaban acostumbrados a viajar en caravana; cada vez que Aran quería visitarlos, anunciaban que iban a recorrer Daein de punta a punta. Su padre era un experto en viajes, así que tenía poco de qué preocuparse, por no mencionar que gracias a los esfuerzos del ejército, el país estaba protegido de la amenaza emergida.

Todo dicho, su parte en oro no era muy grande, pero le bastaba para vivir. Tampoco quería más de lo necesario. No cuando el trabajo era tan simple como pararse de pie todos los días en puntos específicos de la capital. No tenía que intervenir de sobra, el crimen no era muy común a plena luz del día. Aran era un experto en señalar las manos de los ladrones mucho antes de que pudieran jugar con ellas. Quizá hasta se había ganado una reputación en ese lugar, pero más que nada por su pose estática y solemne, la misma que tenía en Begnion, cuando sus días eran más tranquilos. Su vida había tomado rumbos muy extraños, pero siempre enfocaría sus esfuerzos en defender a los demás.

Todo iba bien en Nevassa hasta que, un día de tantos, le designaron un nuevo cuadrante. Al parecer necesitaban refuerzos en los barrios bajos de la ciudad, cosa que entendía. Aunque Aran estaba acostumbrado a vigilar lugares comerciales, estaba confiado en que podría manejarlo. Partío allí una mañana tranquila, puesto bajo la sombra de un arco, vigilando con la mirada tranquila. No sucedía mucho, pero se sorprendió al escuchar, de pronto, la voz de alguien que cantaba. Si no se equivocaba, ya había escuchado a esa mujer antes, en el centro de la capital. Hacía días que daba vueltas por allí, y aunque Aran nunca había podido verla muy de cerca, siempre agradecía escucharla de vez en cuando. Por eso se sorprendió de que también estuviera cantando por allí, porque él desconocía si buscaba ganarse la vida de esa manera. No podía verla de donde estaba, pero parecía que le iba tan bien como siempre. Eso sí algo llamó su atención poco después, un niño trayendo a una mujer de la mano por la calle. Si no se equivocaba, era ella. Cruzaron justo delante de él, siendo la primera ocasión en que pudo verla tan de cerca. Venía muy elegante y arreglada, de verdad parecía una cantante profesional, como de un gran concierto, aunque él no sabía mucho respecto a eso. Pero, ¿Dónde podría llevarla ese niño?

Tras unos segundos de duda, el soldado tragó saliva y decidió seguirlos cuando ya habían desaparecido de su vista. No conocía muy bien el lugar, así que caminaba con cuidado, mirando bien a dónde podrían haber ido. No había caso, no lograba orientarse del todo, pero tampoco podía dejar de estar preocupado. Se quedó parado en medio de la calle, decidiendo si debería volver. Sin embargo  lo escuchó, un grito que lo alteró de pies a cabeza. Afirmó su lanza y echó a correr en esa dirección, mirando dentro de cada callejón. Las personas miraban y se alejaban, desapareciendo dentro de sus casas. ¿No podían al menos decirle dónde era? Aran siguió corriendo hasta que de pronto derrapó con fuerza, descubriendo el lugar de los hechos. Abrió los ojos, y ni siquiera hizo el intento de llamar la atención de esos bandidos. Ni siquiera quería imaginar qué intentaban hacer, pero tampoco les dejaría hacerlo.

Aran no llevaba escudo en sus turnos de guardia, sino tan sólo su lanza. Pero eso sería suficiente. Los asaltantes no soltaban a la mujer, e incluso uno de ellos sacó una espada corta, la cual apuntaba tanto a la mujer como al soldado al mismo tiempo. Era la única manera en que podían detener a Aran, porque no tenían más armas, y el soldado sin duda parecía un guerrero antes que un simple guardia.

-¡No hagas nada! -le gritaron. Aran podía ver el miedo en los ojos ajenos. Seguramente ese criminal era capaz de herir a la cantante tan  solo por estar acorralado. El soldado dudó en actuar, pero ya tenía un pie al frente, y la lanza afirmaba con fuerza en su mano. Lentamente, Aran retrocedió, aunque puso la lanza en su hombro discretamente, en una pose que los bandidos no entendían.- ¡Que no te muevas, maldito! ¡Mira esto…! -el criminal apretó con más fuerza la espada contra la cantante. Aran ya no lo dudó más, y aprovechando esa postura, lanzó su arma hacia el criminal, la que asestó de lleno en su hombro y le hizo soltar el filo. El hombre gritó, y los demás miraron sorprendidos al soldado, que había quedado sin arma de pronto. De inmediato fueron a por él, sacando más cuchillos aún.
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Mensaje por Aurora el Miér Sep 16, 2020 10:28 am

Su grito seguramente había hecho temblar a algún corazón en Nevassa, no existía duda de ello, ¿Pero sería suficiente el llamado para que algún valiente acuda a él? Hubiera continuado gritando con la furia de los vientos de las montañas de Silesse, pero un fuerte sacudón la hizo estremecerse entera. Ahora era silenciada con una mano que no solo la callaba, sino que incluso amenazaba hasta quitarle el aire. Era un hombre rudo, porque sentía sus mejillas ser aplastadas contra los huesos de sus pómulos, aunque quizás por el momento era incapaz de percibir el dolor que quizás dejaría como testigo silencioso alguna magulladura en su piel. Y aun así, no dejaría de resistirse, quizás causando más molestia en sus captores.

Sería en ese instante donde finalmente vería llegar a alguien, que definitivamente le ayudaría. Su armadura le delataba como un guardia, a pesar de que su porte pudiera sugerir ser mucho más que ello. Y aunque Aurora no podría hablar, en su mirada se podía ver gratitud… Por haber venido, y por el favor de ahora ayudarla. Sin embargo, aquello que aliviaba a ella, preocupaba más a su captor y sus cómplices. Aun procurando deshacerse de su agarre, pronto detendría sus arrebatos al ser  amenazada con el filo de su espada sobre su vientre. Un escalofrió la recorrió, sintiéndose por un instante inútil, aunque extrañamente aun no derrotaba. Aun respiraba, y en ese instante era mucho.

Vería con seriedad como el soldado retrocedía ante la locura de su captor, que encolerizo aún más por ello. También sintió como la espada presionaba peor contra ella, por lo que intento encogerse para evitar su filo. Aunque en ese instante solo pudo oír como un filo cortaba el viento, antes de que ahora cayera en un estoque extraño que un poco la azoto contra el suelo. No podía simplemente dejarse aturdir, por lo que intento levantarse rápidamente, aunque mareada. ¿Había sido herida? Lograría ver manchas de sangre sobre su cabello y hombro, antes de contemplar mejor como quien la tenía en un principio se retorcía tratando de contener una herida que no dejaba de brotar sangre. La espada con que amenazo su vida yacía a un lado, mostrándose como una oportunidad perfecta que no dejo escapar.

La tomaría en sus manos, apurada.  Se pondría ahora de pie, recuperando un poco el aliento, pero debía ser rápida. No tardarían los dos delincuentes restantes en arremeter contra el guardia, aunque con la gran ventaja de haberla ignorado completamente. ¿Estaban usando cuchillos? ¡Él pobre guardia estaba desarmado! Miro otra vez al suelo, hallando al malherido ladrón, y un poco más lejos la lanza en el suelo… Definitivamente sería mucho peor si es que alguno de ellos se hacía con esa arma en ese momento. Y aunque tuviera cero nociones del manejo de un arma así, prefirió tomarla, aunque quedara nuevamente la espada en el suelo.

¿Pero ahora?

Miro nerviosa a su alrededor solo para constatar que nadie iba a llegar aun. ¡Demasiada desgracia pero…! Intentaría dar lo mejor. Con la lanza en sus manos, debía de pensar rápido, y ser hábil. Tendría una pequeña idea, demasiado tosca, pero que esperaba funcionara. Rezo a Farseto por su intervención, y luego…

Volvió a gritar, pero cuando lo hizo ya no estaba la jabalina consigo, ni la espada en el suelo. ¡La había arrojado directamente hacia donde estaban ellos! Estando todo ese tiempo de frente al guardia, rogaría que fuera capaz de interceptarla, antes de que por obvio instinto los ladrones voltearan a verla ante el estruendo de un grito tan sonoro y agudo, que a pesar de todo no perdía belleza. Confiaría que asustados ellos se apartarían, la mirarían. Y que el guardia recuperaría su arma porque los brazos de Forseti era quien la guiaba...Lo rogaba.

Mientras,  ya solo tenía que volver a recuperar la espada. Rápida, intentando que su temple se volviera a interponer sobre el miedo, trato de avanzar donde el guardia estaba, prefiriendo permanecer a su lado. Espada en alto, una forma básica de defensa. Aunque mucho más de lo que quizás cualquiera hubiera podido esperar de ella. Toda la confianza de ella estaba en ese instante, en lo que el Guardia proyectaba y en que los delincuentes fueran lo suficientemente estúpidos como para preferir desviar su mirada en ella que en lo que un enemigo desarmado pudiera hacer.
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