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[Campaña de conquista] ¡Ni el cielo nos puede detener! [Priv. Jill]

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Mensaje por Vihreä el Sáb Jun 13, 2020 6:44 pm

Daein se estaba esforzando mucho para expulsar a los emergidos de Begnion con múltiples ataques planificados, ataques que poco a poco iban logrando su objetivo y dejando una buena imagen del país. Vihreä se había unido a las tropas daenitas por ese motivo, entre otros. Estaba en el rango militar más bajo de todos y había participado para defender algún que otro ataque emergido en Daein como informante para los escuadrones terrestres, pero esta vez era diferente, la habían asignado a un régimen de wyverns, el 442º para ser más exactos. Esta vez la iban a dejar participar en la batalla para ver como se desenvolvía y, aprovechando que era una jinete de pegaso, decidieron juntarla con dicha unidad aérea.

La misión en la que participaba consistía en conquistar un fuerte ubicado al noroeste de Begnion, cercano a la montañosa frontera con Gallia. Era una zona de difícil acceso y requería de unidades aéreas que pudiesen moverse con comodidad por el lugar. El general a cargo de la misión tenía trazados unos cuantos planes para hacerse con el fuerte, pero mientras se decantaba por uno había ordenado acampar al pie de las montañas. De esa forma aumentaba la guardia y mantenía vigilados a los emergidos. Tenían provisiones de sobra para aguantar unos días y volver a casa, sin contar con las que pudiesen tener almacenadas los emergidos del fuerte, por lo que esperar no era una mala idea.  Sin embargo, aquella situación no le estaba beneficiando mucho a Vihreä, quien tenía que lidiar con su pegaso de seguido.

Los wyvern eran, generalmente, criaturas rudas y bastante peligrosas si no estaban bien domadas. En aquel campamento se podía ver lo bien entrenados que estaban, no obstante, Kashmir estaba muy nervioso entre tanto wyvern y al ser el único pegaso presente no paraba de llamar la atención, siendo el foco de una gran cantidad de miradas que aumentaban su inseguridad. En aquella expedición había llegado a relinchar más que en todo lo que llevaba de vida, intentado escapar de allí varias veces. Por suerte, Vihreä conseguía calmarlo cada una de las veces que se salía de control, pero a causa de ello y el esfuerzo físico diario terminaba todos los días agotada.

En la segunda mañana del asentamiento al pie de las montañas, el general por fin tomó una decisión. Hizo un llamado para que se reuniesen al cabo de unas tres horas. Vihreä se enteró gracias a un soldado que la había despertado cuando iba a hacer un vuelo de reconocimiento con su wyvern. Kashmir dormía en el mismo sitio que todos los wyvern y como no se tranquilizaba si no estaba la peliverde cerca, ésta terminó por dormir la última noche fuera de su tienda, acompañando a su fiel y miedoso amigo. — Mir, tienes que ir acostumrándote a los wyvern, son tus aliados. Tienes que entender que no hay como los tuyos en todas partes —mencionó después de soltar un bostezo, acariciando el sedoso pelo negro de su pegaso. Tras unos segundos se levantó con todo el pelo enredado. Taparse con las alas de su pegaso no resultó ser una idea tan genial—. Iré a desayunar y a prepararme, pórtate bien —ordenó con una voz suave y moviendo su dedo índice como advertencia.

Había pasado una noche bastante buena, pero llevaba unas cuantas horas de sueño acumuladas entre guardias y que la llamaran mientras dormía porque Kashmir enloquecía, así que tampoco estaba muy por la labor. Se acercó a un riachuelo para lavarse la cara y espabilarse con la ayuda de la brisa fresca que acariciaba sus mejillas. De camino a su tienda se encontró con otros soldados que saludó de forma cordial para dar los buenos días, no había entablado ninguna relación amistosa con ninguno, pero alguna que otra charla había tenido con ellos. Al llegar frente a la tienda entró de golpe dejando la entrada al descubierto y fue a tirar mano a su mochila directamente, pero cuando vio que aquella no era su mochila quedó petrificada. Alzó la vista para ver mejor la tienda y allí parecía estar la propietaria de esa mochila, una chica pelirroja. «Ahora sí que he metido la pata...» perdió la compostura por unos segundos, pero no tardó en recuperarse. — ¡B-buenos días! ¡Hay una reunión prevista dentro de casi tres horas! —gritó firmemente con un saludo militar, pasando el mensaje del general como tapadera para disimular su error al confudir la tienda de aquella chica con la suya.
Vihreä
Vihreä
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Pegasus Knight

Cargo :
Soldado (ejército de Daein)

Autoridad :

Inventario :
Lanza de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
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Support :
None.

Especialización :
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Mensaje por Jill el Dom Jun 21, 2020 2:45 pm

Y ahí estaban enfrente de ella, en frente del trono, el príncipe Pelleas de Daein y la reina Yuuko de Durban. Tan guapos los dos, hacían una pareja estupenda. El sonido de trompetas inundó toda la Sala del Trono, mientras que Jill caminaba en línea recta, con paso lento y ceremonioso para luego arrodillarse en frente de los monarcas.

Por fin había llegado el día, por fin iba a ser ascendida como general del reino de Daein. Todo su esfuerzo, todas sus batallas, toda su frustración y su trabajo, al final habían merecido la pena. Había alcanzado la gloria que tanto ansiaba. Ahora, postrada la rodilla en el suelo, solo tenía que esperar a que el príncipe Pelleas colocase una espada en su hombro y la nombrase general ¡Estaba tan orgullosa de sí misma!

Y entonces despertó.

Abrió los ojos de golpe, totalmente confundida. Le costó recordar unos segundos donde estaba, hasta que la memoria de la vida real le fue borrando rápidamente lo que había vivido en sueños hasta que no quedó más que una neblina borrosa ¿Qué era lo que había soñado? No lo sabía, pero algo le decía que era muy bonito…

Jill se incorporó en cuanto recuperó control de ella misma, levantándose lentamente. Todavía estaba un pelín mareada por el brusco despertar. Qué raro que no escuchase toque de diana, normalmente cuando se despertaba es porque se hacía ruido ¡¿Acaso una emboscada de los Emergidos?! No, habría barullo fuera si la situación fuera esa. Entonces se dio cuenta de que no estaba sola en la tienda de campaña. Una mujer de larga melena y ojos dorados le estaba hablando ¿Reunión en tres horas? ¿La tenían que avisar tan pronto?

Por supuesto, las quejas se las guardó para dentro. Como buena soldado disciplinada que era, sabía que protestar era signo de debilidad. En vez de eso, decidió dirigirse a la chica, que la estaba saludando con gesto militar, con una sonrisa en el rostro.

-¡Descansa, soldado! No hace falta saludo militar, que tenemos el mismo rango ¡Y gracias por traerme el mensaje! ¿Así que te ha tocado hacer de recadera? Te acompaño en el sentimiento. Así suelen tratar a los nuevos, sobretodo a los de fuera. Demuestra lo que vales y se olvidarán de ti.

Jill hablaba por experiencia propia. Ella misma había sufrido el menosprecio de sus compañeros del ejército cuando entró, no por otra razón que por ser la hija de un general nacido en Begnion. Poco a poco había conseguido que la empezasen a respetar, pero no había sido un camino fácil. Lo máximo que podía hacer por la nueva víctima era tratar de mostrar su simpatía y tratar de hacer más fácil su ingreso en aquel regimiento daenitia.

-¿Eres la jinete pegaso, no? ¿Cuál era tu nombre? Yo soy Jill Fizzart, jinete wyvern… como todos en el 442º Regimiento.-dijo sacudiéndose la cabeza mientras hablaba, dándose cuenta de que estaba actuando como pez fuera del agua.-¡Bienvenida al ejército de Daein! Lamento que el resto de los soldados no sean tan acogedores. No se dan cuenta que toda ayuda que venga siempre debe ser bien recibida, si queremos de acabar de una vez con los Emergidos y los sub-humanos.

Cambió la mirada en dirección a una silla, en donde tenía colocada las distintas piezas de su roja armadura. Una a una, se las fue colocando, mientras seguía hablando con la jinete pegaso.

-Y dime, si no es mucho preguntar ¿Cómo has acabado aquí? Algo me dice que hay una historia interesante de por medio. Y si no hay más instrucciones que llevar a cabo, tenemos tiempo de sobra hasta que comience la reunión.

No es que Jill no tuviese nada que hacer. Tenía que visitar a Diotima y asegurarse que estaba bien alimentada, además de tomarse el desayuno y esas cosas. Pero con aquel margen de tiempo, podía dedicarse a todo relajadamente. Guardó su ropa de cama en su mochila y abrió su tienda para ventilarla, mientras pensaba para sus adentros que posiblemente la reunión que tenían pronto sería para el próximo ataque. De ser así, era bien posible que ese mismo día tuvieran que jugarse una vez más la vida en el campo de batalla. Motivo de más para relajarse y tener una charla amistosa con su nueva amiga.
Jill
Jill
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Wyvern Master

Cargo :
Soldado (Ejército de Daein)

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [2]
Lanza de Bronce [1]
Lanza de acero [4]
Bendición de Sothis
Tarjeta de oro
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