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[Campaña de liberación] Nuevos Horizontes [Flamddwyn - Karurosu]

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Mensaje por Flamddwyn el Jue Mayo 14, 2020 9:58 pm

Los rumores se esparcieron como pólvora por los bares y calles del bajo mundo, en especial del mundo en el que la mayoría de mercenarios se movía, susurros que pasaban de boca en boca, de hombre en hombre, una nueva campaña de liberación se llevaría a cabo, esta vez, abarcaría el reino ya perdido de Ilia. Naturalmente estos rumores terminaron por llegar a oídos de Flamddwyn, pese a todo eso, Ilia era conocida por sus climas nevados y en algunos puntos, prácticamente mortales, eso aunado a los pocos recursos con los que contaba y el escaso interés en general hacia que solo se quedara en eso, simples rumores en los cuales nadie se atrevía a hondar mucho más. Sin embargo, para el joven ambicioso eso se había convertido en su próximo objetivo, si bien, la paga era realmente importante para cualquier mercenario, lo que en realidad era el verdadero objetivo era la fama y reputación que podía llegar a ganarse si realizaba hazañas destacables en la liberación de una nación, eso, aunado a un contrato que había recibido tan solo un par de días atrás precisamente en el mismo país de Ilia, habían formado una combinación perfecta para matar dos pájaros de un solo tiro. El contrato constaba en escoltar a un chico o algo así, sinceramente no le había dado muchas vueltas, ni le interesaba hacerlo, solo llevaba consigo lo que los otros mercenarios le habían explicado del trabajo, la paga era baja, pero eso no tenía importancia, el objetivo principal era Ilia.

Habían pasado un par de semanas desde que había zarpado desde una ciudad costera de Hoshido hasta el continente de Elibe, más específicamente a otra costa en Sacae en donde el contratista presuntamente le esperaba. Habia sido un viaje largo y pesado, aún más teniendo en cuenta que el chico nunca había viajado más allá de sus propias tierras por lo que sabía poco o nada de lo que había fuera de sus fronteras, al ser alguien que prácticamente vivió toda su vida en la ignorancia y alejado de toda forma de civilización desde sus 12 años realmente tuvo que descubrir un mundo completamente nuevo. Obviamente en un principio no podía contener la emoción de la aventura, sus ojos brillaban con intensidad, curiosos por ver lo que aquel horizonte aguardaba para él, pero, el mar es cruel y más con los novicios, el sacudir del barco lo tomo por sorpresa los primeros días, vomito también un par de veces, provocando burlas y en consecuencia despertando el carácter bélico de Flamddwyn que provoco varias riñas tanto con marineros así como con algunos otros mercenarios que se dirigían también a Elibe. Fuera de aquello no hubo ningún otro altercado en lo que quedo del viaje, el joven se terminó acostumbrando en pocos días al océano y a la relajante brisa marina por lo que quedo del viaje.

Finalmente llego el día del atraco, por fin, un nuevo mundo le abría las puertas, el país se llamaba Sacae o al menos eso fue lo que le habían comentado, al parecer ahí era donde se reuniría con su contratista para emprender desde ese lugar el camino a pie que seguramente duraría un par de días. Según tenía entendido el chico el país que iba a explorar estaba tomado por otra fuerza militar que había expulsado a los anteriores habitantes, los llamaban “Emergidos” o algo así, pero como antes se dijo, no era que le importara especialmente, la oportunidad perfecta para poner a prueba sus habilidades y mejorarlas, o morir en el intento, cualquiera de las dos estaba bien. Por fin bajo del barco junto a los demás mercenarios y tripulantes, se le había indicado en el contrato que a quien debía escoltar era un chico de entre 18 a 20 años, tez morena, cabello grisáceo y harapos. - ¿Harapos? Sabía que la paga era mala, pero de verdad ¿Harapos? Bueno, me basta con que pague la comida y esas cosas, después de todo, es solo una herramienta para mi objetivo principal – Al pensar eso, se dedicó a buscarlo entre las personas que yacían en el puerto, alguno de ellos tendría que ser después de todo. Estuvo un par de minutos en ello hasta que logro divisar a alguien cuyas características encajaban por lo que se acercó a el –¡Oye tú! ¿Eres un tal Kar… Karosu? ¿Karoroso?...- -¡Maldición! ¿¡Cual era su nombre!?- -¿Tu eres el tipo que me contrato? – Dijo apuntando al hombre.
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Mensaje por Karurosu el Vie Mayo 15, 2020 11:28 pm

- ¿Entonces, te irás hoy, no? -, eran las palabras de uno de los sacerdotes, mientras Karurosu arreglaba un pequeño bolso con sus pocas posesiones. Algunas hierbas, harapos que le habían regalado y una decente cantidad de dinero para iniciar con su viaje. Él sólo miró de reojo al sacerdote, con una dibujada sonrisa en su rostro. - Sí. El mundo está en guerra. Se acercan tiempos oscuros. Y la bendición que Santa Elimine me ha dado puede ayudar a que todo acabe mucho más rápido de lo previsto, por lo que debo viajar a prestar mi apoyo a los más fuertes -. Sus palabras eran convincentes, y sonaba como un auténtico héroe, cuando en realidad, no era así. Karurosu se estaba refugiando ante lo que estaba ocurriendo para hacer un último intento de encontrar a algunos de sus familiares, extraviados por el trágico suceso que enfrentó de niño en las tierras de Sacae. - Bueno, entonces... que Santa Elimine te acompañe -, dijo el sacerdote, a la par que Karurosu asentía y finalizaba con sus preparativos.

Con bastante nerviosismo, se encaminó hacia la misma costa donde supuestamente lo hallaron los sacerdotes 14 años atrás. La mejor manera de iniciar la búsqueda de sus hermanos era en Sacae, ya que se le pasó por la cabeza la posibilidad de que quizá ellos regresasen a casa. Allí tenía una balsa esperándolo. Tras despedirse de los clérigos de la iglesia y alguno que otro amigable pueblerino, subió a la balsa y comenzó a remar. Igual que como lo hizo Kena'i con solamente 12 años. Pero la realidad ahora era muy diferente. Karurosu tenía 19 años. Cargaba con abundantes alimentos entre sus provisiones, bebidas que él había aprendido a usar con el puro uso de hierbas... y su balsa por alguna razón lucía mucho más confiable que en la que había viajado en sus recuerdos. Comenzó a remar, con seguridad, hasta que los campos etrurianos desaparecieron por completo de su vista. - Así que realmente está pasando... -, musitó conforme siguió remando. Las aguas levantaban agresivamente la balsa, pero Karurosu por alguna razón estaba decidido a llegar a su destino y no tenía miedo alguno en enfrentarse al mar.

Según le habían dicho, en esa costa solamente debía de seguir derecho para llegar a Secae. Karurosu ya tenía todo listo. De hecho, había recurrido incluso a un intermediario para contratar a un mercenario que lo ayudase en Secae. Su objetivo era aprovechar la compañía de alguien experimentado en batalla, alguien que pudiera ayudarlo a hallar pistas sobre sus perdidos hermanos, y al mismo tiempo, acompañarlo a Ilia. Corría el rumor de que el país nevado enfrentaba una terrible actualidad, con una reciente evacuación y al parecer escaseando de los recursos más básicos y necesarios. Era otro lugar en donde probablemente sus hermanos podrían haber estado.

El viaje en balsa duró unos pocos días. Quizá fuera porque mientras estaba despierto, Karurosu remó sin parar, y solamente tomó reposo cuando iba a comer o dormir. Eventualmente, llegó a Sacae. - Recuerdo este lugar -, dijo mientras se ponía de pie en la balsa, tomando sus cosas, y bajando de ella. Era, sin lugar a dudas, el lugar donde vió a sus padres por última vez. Caminó entre esa boscosa zona, tembloroso y tambaleándose, a la par que caían los recuerdos uno a uno en su cabeza. - Tsk... Maldición... -, tomó su cabeza con ambas manos, intentando resistir y desprenderse de toda esa red de dolorosas imágenes que a pesar del tiempo seguía viendo una y otra vez. El mercenario de seguro llegaría pronto, así que Karurosu como pudo salió de ese lugar y se dirigió a toda velocidad al auténtico atracadero, donde las grandes embarcaciones llegaban.

El mercenario al que había contratado recibió información sobre él mediante el intermediario. Su nombre, apariencia, y hasta la paga, la cual no sería gran cosa, eran conocidas por el mercenario. Pero Karurosu sabía poco o nada sobre el mercenario que había aceptado ayudarlo en su misión. Mientras tomaba una bebida hecha a base de hierbas, el peligris observaba a todas las personas que desembarcaban en el país. No había muchas personas esperando, por lo que el mercenario se acercaría sin problema a él en tanto lo viera. Pasaron pocos minutos, hasta que alguien pareció llamarlo. Karurosu se cercioró de eso finalmente al ver que lo señalaba. - Karurosu -, le corrigió después de que el contrario se equivocase en el nombre, aunque por muy poco. - Sí, así es. Espero que haya tenido un placentero viaje, ya que todavía nos espera un largo camino -, agregó el moreno haciendo referencia a su todavía pendiente caminar hasta las heladas tierras de Ilia. - ¿Y usted? ¿Cuál es su nombre? -, preguntó al mercenario. - ¿Tiene hambre? Puedo ofrecerle algo de comer, si gusta -, mostró su bolso donde a la vista saltaban manzanas, unas cuantas porciones de pan y un montón de botellas con un extraño líquido verde en su interior. Éstas últimas eran las bebidas de hierba que preparaba Karurosu, y de hecho, tenía una en su mano la cual estaba consumiendo en ese momento. Por alguna razón al viajar por agua se sentían náuseas constantemente, y uno no podía disfrutar su alimento como lo hacía en tierra ante la omnipresente fátiga. Finalmente, Karurosu se dio media vuelta dándole la espalda al puerto. - - Salgamos de aquí -, dijo conforme se dispuso a marcharse.
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Mensaje por Flamddwyn el Sáb Mayo 16, 2020 1:41 am

- ¡Por supuesto! ¡Karurosu! Lo tenía en la punta de la lengua ¡HAHAHA!- Dijo energéticamente el chico para seguidamente darle una palmadas amistosas a su contratista que quizá hayan sido más fuertes de lo necesario. - ¡Claro amigo! ¡Sera un gran viaje! - Exclamo el chico vigorosamente, omitiendo convenientemente el hecho de que era la primera vez que viajaba en toda su vida y que su conocimiento sobre esas tierras era prácticamente nulo. –¡Mi nombre es Flamddwyn, aquel que se convertirá en señor de todas las tierras del mundo! ¡HAHAHAHA! Un placer conocerte Karorosu- Diciendo con total convicción a Karurosu para seguidamente extender la mano mientras sostenía una gran sonrisa en el rostro, ignorante de que nuevamente había cometido un error al pronunciar el nombre de su pagador.
Tras la oferta de comida que hizo aquel amable chico, Flamddwyn no pudo evitar recordar que su dieta en el barco se basó prácticamente solo en naranjas y un revoltijo vario en el que se encontraban toda clase de cosas que tenía la oportunidad de hurtar eficazmente de otros pasajeros, al ser su primera experiencia viajando por medios marítimos, no tenía idea de que tardaría tanto el desembarco por lo que había puesto únicamente en su equipaje comida para 3 días a lo mucho, ciertamente, no lo paso muy bien durante las 3 semanas restantes del viaje. El horrible recuerdo que había quedado marcado en él sobre tener que comer naranjas día y noche, había sido sencillamente traumático, claro, en un principio no tenía quejas, pero tras la primera semana, aquello se había convertido en un infierno, sencillamente no quería volver a degustar ninguna clase de cítrico en lo que le restaba de vida. Por lo que, aquella oferta, de aquel harapiento ángel, su salvador, era suficiente como para dejar de verle como una simple herramienta y comenzar a respetarlo, podría parecer una tontería colosal, pero en la cabeza de Flamddwyn, ni siquiera se lo cuestionaba ya.

-…¿E-Eres Dios?- lagrimas comenzaron a brotar del rostro del novicio mercenario causando que su característica mirada carmesí se tornara prácticamente la de un niño pequeño, la determinada vista del chico cambio dramáticamente a una infantil -¡Buaaaaaaaahhh! ¡Gracias señor por estos alimentos! - Chillo el muchacho mientras posaba su rostro en el pecho de Karurosu mientras le llenaba de lágrimas, sin ningún tipo de descaro ni vergüenza por literalmente haber conocido a su “salvador” recién un par de minutos atrás. Seguidamente, Flamddwyn prácticamente se abalanzo sobre la comida, solo teniendo algo en mente, quitarse el sabor a la desgraciada naranja, manzana, pan, bebidas extrañas, ni siquiera tenía intención de saborearlas, solo quería olvidar aquel infernal cítrico. Le tomo un par de minutos saciar su paladar para terminar lleno de migajas y con la boca tan llena que era inevitable hacer un símil con una ardilla con la boca llena de nueces –Grmsiach semñor- dijo a duras penas el muchacho mientras aún mantenía gran parte de la comida dentro de su boca y viendo directamente a los ojos a Karurosu con la misma brillante mirada, llena de agradecimiento y en cierto modo, inocencia que solo se llega a ver en infantes.
-Glup, ¡Claro que sí!- exclamo al recién haber terminado de tragar la comida, sin embargo, su expresión no tardo en cambiar abruptamente a una más seria y sagaz -Por cierto, Karurosu ¿Tienes algo planeado? Me refiero a si tienes alguna clase de caballos o si viajaremos en alguna clase de caravana, por como se ve el terreno, deben hacer manadas de animales salvajes por los largos prados, si vamos a viajar solos y a pie, tendremos el inconveniente de hacer turnos de guardia y ni hablar de los grupos de bandidos, aunque imagino que ya lo tendrías contemplado ¿No es así?- Comento con tono serio mientras su mirada apuntaba hacia los páramos. Definitivamente no era de esas tierras ni tenia total conocimiento de sobre en donde estaba parado, sin embargo, las estepas que podían observarse a lo lejos, obviando la diferencia de climas, eran esencialmente iguales y esas si las conocía bien, paradójicamente el mismo se había convertido con los años en uno de los tantos bandidos que usualmente asaltaban mercaderes y carruajes desprotegidos por lo que sabía perfectamente de lo que hablaba.

PD::
En la antigüedad todos los barcos ya sea piratas, mercantes o marinos iban muy bien abastecidos de naranjas, limones, limas o toda clase de cítricos para prevenir el escorbuto que en ese entonces era mortal, por eso las naranjas.
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Mensaje por Karurosu el Dom Mayo 17, 2020 12:45 am

Karurosu estaba impresionado. Por alguna razón, el mercenario que tenía en frente no era para nada lo que se había imaginado. No lo decía por la apariencia, ya que en la Iglesia de Santa Elimine le enseñaron perfectamente que la imagen de una persona no se expresaba realmente en como se veía, sino en como se escuchaba y actuaba. Y el mercenario frente a él parecía estar eufórico, realmente excitado por el viaje que estaban por emprender, como si se tratase de un divertido paseo, cuando muy probablemente, no fuera a ser así. Como clérigo, el peligris estaba muy preocupado de que el mercenario a su lado no alcanzase las expectativas y sufrieran más daños de los deseados. Por si fuera poco, a todas estas primeras impresiones, se sumaba su presentación, en la que mencionó convertirse futuramente en el señor de TODAS las tierras del mundo. Algo realmente ambicioso, aunque el clérigo no se consideraba nadie para criticar el objetivo del mercenario. - Es un placer, Flamddwyn.

Las enérgicas palmadas que le dio, su emocionada voz y actitud, mezcladas con que nuevamente se equivocaba al pronunciar el nombre del moreno... Karurosu sabía que le esperaba un largo, largo viaje. Vió la mano del chico extenderse, y la estrechó amablemente con una sonrisa dibujada en su rostro. Lo mejor era ser amistoso y ganarse la confianza de la persona de la que dependería su vida al emprender el viaje. Mostrarle y ofrecerle comida fue un acto con ese objetivo en específico. Por muy básico y sencillo que fuera, dio resultados. El chico derramó unas lágrimas. ¿Tan malo había sido su viaje? Karurosu sólo había visto llorar gente que había perdido a su familia, hogares, o se encontraba en extrema pobreza. Ahora, un mercenario llorando... era algo inédito, que el peligris trataba de comprender, mientras que por fuera hacía esfuerzos sobrenaturales para lucir normal y relajado, por dentro se hallaba sumido en el asombro por el comportamiento de su contrario. - No, no soy Dios -, respondió Karurosu en un jovial tono, mientras dejaba salir una sonora risa. En cuestión de segundos, Karurosu quedó finalmente en blanco no sólo por dentro sino también por fuera, cuando Flamddwyn posó su rostro en el pecho del moreno mientras chillaba, agradeciendo por la comida, la cual comenzó a devorar con desespero. Él agradecía, y Karurosu sólo podía sonreír, aunque no dejaba de estar preocupado por la actitud del mercenario.

Karurosu aprovechó que el mercenario estaba comiendo para terminar de tomarse la bebida de hierbas que había estado consumiendo desde hacía más temprano, finalmente el mercenario le siguió el paso, Karurosu estaba preparado para su viaje pero eso no dejaba de significar que estuviese algo nervioso, después de todo, estaba a punto de enfrentarse a territorios desconocidos, gente desconocida, y en general, situaciones, lugares y personas que jamás había visto y carecía información de estos. Sin embargo Flamddwyn terminó de darle el empujón que necesitaba para conservar la compostura, incluso con todo eso atormentándolo en la cabeza se veía lo tranquilo que estaba y el aura relajada que inspiraba. - La verdad no había pensado en eso, llegué un poco antes que tú -, dijo mientras caminaba, sin detenerse, mirando hacia el horizonte. - Los nómadas -, murmuró apenas se le vinieron a la cabeza sus orígenes. - Sígueme, tengo una idea -. Karurosu entonces agilizó el paso, cortó en extraños caminos y se alejó muy pronto del gentío y ruido que venían del puerto, para llegar a lo que parecía ser un pequeño establo, custodiado por musculosos hombres que por alguna razón tenían vestimenta muy similar a la de Karurosu.

- Hola -, dijo Karurosu atrapando la atención de los sujetos quiénes de inmediato se voltearon a verlos. - Ah-uh... ¿usted cree que con ésto pueda pagar un viaje hasta Ilia? -, preguntó directamente. En su mano sostenía una bolsa pequeña, pero con solo moverla se escuchaba el sonido de las monedas en su interior sonar. -... -, el hombre pareció observar la ropa de Karurosu, por unos segundos se detuvo sólo a mirarlo, antes de emitir su respuesta. - Doc los va a llevar. ¡OYE DOC! ¡DOC! -, gritaba insoportablemente mirando hacia al fondo del establo, donde un hombre salió caminando en dirección hacia el mercenario y el clérigo. A diferencia de los demás era delgado, tuerto y usaba un sombrero de paja. - ¿Qué pasa? -. El hombre tenía voz gruesa a pesar de que lucía como el más débil y frágil de los presentes. - Acaban de pagar un viaje a Ilia -, afirmó el sujeto, arrebatando en el acto la bolsa pequeña con monedas de las manos de Karurosu. Los hombres se miraron y parecía haber tensión entre ellos, pero luego de unos segundos, aquel hombre, "Doc" salió del establo con su caballo, y no tardó en adaptarlo a un pequeño carruaje, lo suficientemente grande para que se metieran también los dos viajeros. - Hai, Hai... pueden subir... -. Karurosu observó a Flamddwyn e hizo un gesto con su mirada para indicarle que subiera junto a él a la parte trasera del carruaje. Al entrar Karurosu tomó asiento y no dejaba de vigilar con el rabillo del ojo al conductor del carruaje, eso sin quitarle la vista a Flamddwyn que hasta ahora había resultado impredecible para el clérigo. Tras unos segundos alistando las cosas, el carruaje comenzó a moverse mediante el caballo del nómada y comenzó el trayecto hasta Ilia. Los nómadas no dieron detalles, ¿cuántos días duraría el viaje? ¿Harían pausas y tendrían que acampar en medio de la nada? Independientemente de los retos que pudieran abarcar ésta repentina partida, la aventura había empezado y cada vez faltaba menos para su destino. La única forma de responder esas incógnitas sería con el pasar del tiempo.

Mientras el transporte continuaba con su movimiento, Doc no parecía ser la clase de nómada que hablase mucho, de hecho, los nómadas solían ser de pocas palabras, hasta el propio Karurosu había mantenido esa característica incluso con tantos años separado de sus raíces. Se dedicó entonces a conocer a Flamddwyn, el cual de seguro mantendría su entusiasmo incluso atrapado en la comodidad del carruaje. - Y... ¿eres mercenario hace mucho, Flamddwyn? -, preguntó, deshaciéndose rápidamente de una de las interrogantes que tenía más presentes en el momento. - No debe ser una vida fácil. Supongo que has debido de encontrarte con clientes insoportables -. Los más ricos, fácilmente. Nobles. El poder del dinero los podía hacer someter a cualquier mercenario necesitado de una buena paga. Pero a los ojos de Karurosu, Flamddwyn no parecía la clase de persona que se dejaba mandar. Con esa pregunta Karurosu solamente trataba de cubrirsd las espaldas, al considerarse un buen cliente, al menos por el momento. - ¿S-Sí sabes pelear, verdad? -, por desgracia independiente de la respuesta, sólo se podría comprobar en una verdadera situación de peligro.
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Mensaje por Flamddwyn el Jue Mayo 21, 2020 5:00 am

-Entiendo, entiendo… ¡Bueno, eso lo vuelve más interesante! ¡Hahaha!- rió en voz alta el chico al recibir la negativa de parte de su contratista en respuesta a su última pregunta para de inmediato darse cuenta de las maquinaciones que se cocían ya dentro de la cabeza de Karurosu y ya perfectamente preparado para recibir la información de parte del moreno. Al recibir las instrucciones se puso en marcha inmediatamente, escabulléndose con suma rapidez entre la multitud de personas y tomando rutas poco transitadas, yendo a través de diversos callejones de aquel pueblo costero. Al llegar a su destino, el joven no tardo ni un segundo en comenzar a hacer conexiones prácticamente de manera automatizada, aquellos hombres que aparentemente cuidaban lo que parecían ser establos –Ohh ya veo, así que era esto- pensó el chico solo para comenzar a sacar más conclusiones sobre su entorno, los hombres parecían vestir de manera sumamente similar a Karurosu por lo que surgían varias opciones en su cabeza ¿Parte de un clan? ¿Una familia que por alguna razón vestían todos igual? ¿Una clase de secta o grupo? Nada era suficientemente convincente como para decantarse por algo específico por lo que dejo la duda en el aire por el momento.

Tras lo anterior, Flamddwyn se percató de que, mientras él había quedado completamente absorto por sus propios pensamientos su nuevo compañero de viaje ya había hecho valer sus relaciones con los hombres y estos a su vez habían llamado a alguien más, un hombre de aspecto medianamente escuálido, que, sin embargo, al los demás hombres ser de un aspecto realmente fornido, el contraste era tal que el delgado hombre parecía aún más debilucho si cabe. Bueno, a fin de cuentas, el tal “Doc” salió sin más demora montado en un caballo y no perdiendo tiempo completándolo con una modesta carroza en la que el dúo de viajeros pudiese viajar cómodamente para inmediatamente indicar que estaba listo para que subieran, lo que fue complementado por las señas que realizo su compañero para subir a bordo. Por lo que más pronto que tarde entro en su transporte, por fin estaba ahí, en vísperas de una nueva aventura ¿Qué enemigos se encontraría? ¿De qué paramos seria testigo? No lo sabía, pero estaba alegre y su gran sonrisa llena de determinación y sus flameantes ojos no hacían nada más que confirmarlo, eso pese a saber que no tenía ni un solo conocimiento o idea de a que tierras estaba por llegar, pero bueno ¿Qué es la aventura sin un poco de misterio? Aunque en este caso el mismo misterio se había convertido en la propia aventura, lanzarse al mundo sin contemplaciones ¿Qué había más emocionante que eso?

Sin embargo, el camino seria largo, o eso parecía ser, no había escuchado detalles, ni en el contrato ni tampoco de parte de su transportista acerca de la duración del viaje o cualquier tipo de detalle en general por lo que solo podía estar expectante y hacer lo que pudiera dentro de aquella carroza, afortunadamente, Karurosu tenía más o menos la misma idea que el por lo que al escuchar la pregunta de este, no tardo en contestarla con la fuerza que lo caracterizaba –En realidad no hace mucho que lo soy, no es como que se puedan hacer muchísimas cosas a los 14 o 13 años, además, no hace mucho que regrese a la civilización, hasta hace muy poco era un simple bandido de los prados de las estepas de Hoshido- dijo jovialmente como si aquello fuese lo más normal del mundo –No mucho en realidad, supongo que estoy acostumbrado debido a la vida que he llevado y pues, en realidad, fuera de algunos trabajos esporádicos como dar palizas por algunas monedas, diría que tú eres mi primer cliente serio- dijo sin pelos en la lengua el joven para luego reír incrédulamente acerca de lo serio que eso era en realidad. – En realidad no se pelear, precisamente vine para aprender a hacerlo ¡HAHAHA! - expreso mientras su risa resonaba por todo el prado, - Como dije, solo tengo experiencia como un bandido y asesinando personas, eso es todo- comento mientras su ceño se volvió serio y frio en completo contraste con su energética actitud, la presión en el aire se espeso y de pronto la tensión aumento, pero de un momento a otro las tornas cambiaron nuevamente – Mejor hay que cambiar de tema ¡HAHAHAHA! Mejor cuéntame tu ¿Eres alguna clase de nómada o algo por el estilo? ¿Hay alguna razón por la que quieras ir a Ilia con un completo desconocido? – Al decir eso, toda la presión de pronto se liberó así como su expresión y actitud que volvieron a cambar dramáticamente.
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Mensaje por Karurosu el Vie Mayo 22, 2020 4:55 am

El viaje transcurría con normalidad. Aquella carroza en la que estaban montados los dos jóvenes era la más común de todas, con un tamaño apenas apto para poder transportar cosas. No estaba totalmente recubierta como las que usaban los nobles, o incluso los grandes mercaderes que hacían lo posible por mantener cubierta su mercancía. Ésta dejaba a la vista fácilmente que llevaba a dos chicos nada convencionales dentro, y qué decir del pobre hombre que iba al frente llevando las riendas de la misma. Daba la sensación de que con sólo respirarle encima, era posible mandarlo a volar por los aires. Todos éstos factores se conectaban perfectamente para que el peligris se relajase por completo; no veía ningún riesgo de ser atacados por bandidos. No con la pobre imagen que resultaban ser a ojos externos. De igual forma, los bandidos son impredecibles, por lo que el nómada no dejaba de mirar a todas partes, manteniéndose alerta.

El chico respondió a la primera incógnita del moreno, en la que reveló un par de respuestas que agarraron a Karurosu totalmente desprevenido. Aparentemente el mercenario que contrató era un menor de edad y aparte de ello un bandido. Aunque alegó que eso último ya era algo del pasado. - Sí, supongo que hay mejores formas de utilizar tus habilidades - dijo aunque no sonaba muy convencido de sus palabras, y es que, no lo estaba. Sabía que existían mercenarios cuyo honor iba primero que cualquier otra cosa, lo que significaba que eran capaces de resignarse a trabajos que fueran en contra de ello. Sin embargo también estaban los mercenarios que tomaban toda clase de trabajos, eso incluía el asesinato, y eso sin importarles de quién se tratase, siempre y cuando la paga fuera buena, no les importaba si se trataba de alguien inocente, lo ejecutaban. Por eso la voz de Karurosu no compaginó con sus palabras, porque de alguna manera sentía la posibilidad de que Flamddwyn fuera éste último tipo de mercenario que hacía cualquier cosa por dinero. Él mismo revelaría que llevaba poco tiempo trabajando, y que si bien sus primeras labores se trataron de dar algunas palizas, no había tenido clientes serios. Consideraba a Karurosu como el posible primer cliente de ese tipo. - Lo soy - agregó él de inmediato, porque quería ser tomado realmente como tal.

Las próximas palabras del mercenario fueron las que hicieron que Karurosu volviera a sentirse nervioso, y es que afirmaría que razón por la que tomó el trabajo de escolta fue porque realmente no sabía pelear. Pero el peligris dejó de sentirse entre la espada y la pared cuando el propio Flamddwyn agregó que contaba con su experiencia como bandido y también como asesino. Lo último hizo que el clérigo dejara escapar una notoria expresión de preocupación en su rostro, el saber que se hallaba en frente de alguien que había matado a otras personas lo hacía sentirse de alguna manera sometido por el contrario. Aunque quedó congelado en la escena Flamddwyn encontró la forma de obviar la incomodidad de sus confesiones y realizó un par de preguntas, que Karurosu procedió a responder una vez que tomó algo de aire, respiró hondo e intentó retomar su relajado semblante que le había sido borrado por completo del rostro en tanto oyó sobre asesinato. - Bueno, nací aquí en Secae - reveló Karurosu con una sonrisa, mientras admiraba el paisaje que estaban atravesando en ese instante. - Hace un poco más de una década éste fue mi hogar - dijo extendiendo su mano a través de todo el horizonte, dando a entender que todo el terreno en sí había sido parte de su crianza. - Conservo gran parte de mis raíces nómadas. Aunque fui criado en la iglesia y he tenido la oportunidad de cambiar mi vestimenta, por ejemplo, me he negado. Ésta ropa es la misma que tenía de niño. Con el pasar de los años, una sastre la fue adaptando para mí - siguió contando mientras su mirada se perdía en la nada, cuando en realidad estaba visualizando en su cabeza todos los hechos que se encontraba narrando. Entonces fue cuando pasó a la segunda pregunta en cuestión. - Claro, no creas que lo hago porque me gusta - siguió, dejando salir una contagiosa risa mientras se miraba a sí mismo. - Digo, mírame. Aquí en Secae es normal vestir así, pero en otros países te miran raro - explicó riendo nuevamente. - Estoy buscando a mis hermanos. Tengo dos...-tres, hermanos - corrigió rápidamente incluyendo a Kena'i. - Hay muchas tribus aquí en Secae. Mis padres eran líderes de una de ellas. Fuimos atacados por un grupo de bandidos. Mis hermanos y yo éramos muy pequeños, así que no hubo forma de que luchásemos. Nuestros padres nos tomaron y nos llevaron a una balsa en la que salían de pesca para que pudiéramos huir. Mi hermano mayor remó hasta que logramos encontrarnos perdidos en medio del mar abierto - relató con sencillez. - Él apenas tenía unos once, o diez años de edad. No tenía suficiente fuerza para empujarnos por sí solo a otro país. No teníamos comida. Eventualmente, quedamos inconscientes. Lo que pasó luego lo desconozco, pero yo desperté en Etruria y unos clérigos me recogieron, me criaron y terminé volviéndome uno de ellos.

Miró a Flamddwyn y la cara de víctima que podría haber acogido mientras contaba la trágica historia de sus hermanos desapareció totalmente, por la de una persona que estaba decidida a hacer algo. - Quiero encontrarlos. Llegó el rumor a la iglesia de que Ilia ha sido evacuada recientemente. Por algún motivo tuve la corazonada de que tenía que ir ahí y averiguar por mí mismo qué ha pasado realmente. Podría darme una pista sobre el paradero de mis hermanos - mencionó. - Si yo llegué a Etruria, entonces ellos pudieron haber llegado a otro país del continente - ése razonamiento para él siempre tuvo sentido y fue uno de los motivos para tener la esperanza de poder encontrarlos en algún rincón del continente. - La verdad también podría buscar a mis padres después, ya que no terminé viendo el resultado de aquella batalla. Podrían seguir con vida - dijo aunque era claro que se estaba tratando de engañar a sí mismo. - A ellos si tendría que buscarlos aquí en Secae, pero lo haré luego ya que mis hermanos son mi prioridad. Ellos eran tan pequeños como yo y necesito saber que contaron con la misma suerte que yo.

No era realista. Su optimismo era un tanto exagerado. Sus padres, muy probablemente, estarían muertos. Además, mintió sobre querer buscarlos ya que sabía que le sería una tarea realmente titánica. Desconocía el nombre de sus figuras paternas, tenía años sin verlos por lo que no sabría cómo lucirían en la actualidad de estar vivos, y tampoco tenía idea de por qué parte de Secae comenzar a buscarlos. Realmente pensaba hacerlo, pero era una tarea que haría por sí solo o con alguien que no le estuviese cobrando, pues, para él era mucho más posible no conseguir nada y perder el tiempo. En cambio, con sus hermanos, era un tema mucho más creíble, pero igual tenía sus aberturas. ¿Dónde podrían haber aparecido sus hermanos? ¿Porqué Karurosu apareció solo en la balsa? ¿Lo abandonaron? ¿Porqué lo abandonarían, siendo el más pequeño e indefenso?

De todas, Karurosu tenía interés solamente en la primera. Las otras incógnitas eran las que le interesaban a los demás. A él sólo le importaba encontrar a sus hermanos. - En gran parte, ése es el motivo por el que estoy emprendiendo éste viaje. Aparte, la razón de que se evacuó a la gente de Ilia es porque están teniendo problemas... desconozco los motivos, pero soy un clérigo de la iglesia de Santa Elimine. Mientras pueda ayudar a los demás, voy a hacer lo que tenga a mi alcance y un poco más allá de él - afirmó con plena seguridad. La carroza comenzó a sacudirse y Secae empezaba a desaparecer lentamente de su vista. Doc se veía muy tranquilo a pesar de que no dejaba de rebotar sobre su asiento, y sacudirse de lado a lado motivo del rocoso camino que comenzaban a transitar. - Rocas, tierra. A partir de aquí se va a volver un viaje tortuoso, amigos. El clima de Ilia no es muy común así que se tiene que atravesar por lugares de la misma índole para poder llegar.

Karurosu se aferró con fuerza a la barra de madera donde estaba sentado. Las palabras de Doc fueron emitidas con un tono lo suficientemente fuerte para evadir todos los demás sonidos, el rechinar de la carreta o las pequeñas rocas siendo aplastadas por la carroza que les pasaba por encima, fueron superadas por la voz de Doc que advirtió correctamente sobre el primer inconveniente del viaje. Si se estaba débilmente apoyado en su asiento, era fácil darse un mal golpe con lo mucho que se agitaba la carroza en ese instante. Karurosu observó el lugar por el que estaban atravesando y daba la impresión de que comenzaban a recorrer un camino montañoso. Además de que el cielo estaba tomando un extraño color grisáceo similar al preámbulo de una tormenta lluviosa. - Esto no se ve bien... - murmuró Karurosu sin intención alguna de ser escuchado. - ¿Y tú? ¿Qué motivos tienes para ir a Ilia, aparte del contrato entre nosotros? - interrogó. - ¿Tienes familia, amigos? - era muy común encontrarse con negativas a ésas preguntas en el mundo en el que estaba. La iglesia de Santa Elimine estaba conformada en su mayoría por huérfanos. La muerte no era un secreto, pero solía llevarse la vida de las personas con las responsabilidad más grandes como lo eran un hijo/a. Al menos, así lo veía el clérigo, que había crecido rodeado de personas que al igual que él fueron privadas de semejante exclusividad. Esperaba que Flamddwyn hubiera tenido la oportunidad de crecer bajo una amorosa crianza, aunque siendo realista... el ser mercenario fácilmente le hacía imaginar al moreno que no había sido así para él.

Karurosu
Karurosu
Afiliación :
- ETRURIA -

Clase :
Priest

Cargo :
Clérigo

Autoridad :

Inventario :
Báculo de Heal [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :
[Campaña de liberación] Nuevos Horizontes [Flamddwyn - Karurosu] Staff-1

Experiencia :
[Campaña de liberación] Nuevos Horizontes [Flamddwyn - Karurosu] Jm5byz1

Gold :
65


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