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[Social] Damisel in distress! [Priv. Garou]

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Mensaje por Kang Lin el Lun Mar 30, 2020 10:18 pm

De verdad no quería ir hasta allí.

Pero... ¿Qué remedio tenía? En el refugio ya comenzaba a haber escasez de alimentos, así que un grupo se preparó para ir a buscar en varios lugares, abandonados u otros refugios; siempre acompañados de tres en tres en caso de algún indeseado encuentro con los emergidos.
Ryuuen, quien aún se hacía llamar con el nombre de su hermana y vestirse como tal, puesto que así ya se había acostumbrado mucho tiempo al fin y al cabo, y era más cómodo para el pueblo, quien disfrutaba de sus bailes para aliviar el mal rato que tenían que pasar confinados dentro de las minas. Conocía un viejo almacén secreto, alejado del castillo, donde todavía debería de quedar unas cuantas provisiones, pero habían algunos que otros problemas...

Primero, no debía de revelar a nadie de aquel lugar, había sido separado bastante tiempo de los guardias del castillo y ningún refugiado lo relacionaba con alguien de la nobleza. Era problemático porque nunca quiso ocultar este hecho, pues estaba orgulloso de su señor Virion aunque estuviera desaparecido.
Segundo, lo que había allí eran puras cajas enormes, imposibles para un humano corriente cargar más de una por persona. Mucho menos alguien con la aparente constitución del bailarín... Si le veían cargar todo el camino con una o dos cajas, empezarían a sospechar de su condición de branded. Ya había tenido problemas en el pasado por ello y por no envejecer como el resto. No quería que pasara lo mismo en Rosanne... Estaba realmente cómodo allí, era como su nueva familia.

Éstos eran los problemas por el que tenía que separarse de su grupo, rápida y discretamente... Pero ahora bien, el tercer problema era mucho mayor que todo eso; para llegar al almacén, que aunque estaba alejado del castillo, obviamente estaba en la misma dirección, y eso sólo significaba una cosa. Tenía que atravesar la montaña. Había otros caminos que podía cruzar, pero definitivamente no eran ni de cerca los más rápidos si no quería preocupar a los demás. Pues bien, tenía un miedo muy fuerte a las montañas y a cualquier lugar en las alturas o con barrancos y acantilados...

Kang Lin, su hermana... Quien ahora "vivía" en su interior, o más bien él vivía su vida, habia fallecido por caerse desde un monte alto. Ese era el motivo por el cual evitaba esa clase de lugares. Las minas también tenían una geografía parecida, pero era de los pocos lugares donde podían refugiarse.

Inspiró, tragó saliva y suspiró. ¿Por qué se complicaba tanto?

Una vez consiguió despistar a sus compañeros, se remangó elegantemente su vestido, para evitar mancharse. Su cabello ya lo traía en un recogido alto. Podría verse como una apariencia no muy cómoda al ojo del resto, pero una vez más, ya estaba acostumbrado y fuera de sus ropas y accesorios de mujer se encontraría más bien incómodo. Aunque fuera sólo a ese lugar, le gustaba estar siempre arreglado, Ryuuen... No, Kang Lin, era bastante "femenina" y una doncella tenía que actuar como tal, daba igual cualquier situación.
Así pues, se adentró al interior de las montañas desconocidas, con cautela, en silencio... Abrazándose con un brazo y el otro delicadamente alzado, escondiendo su boca... Mas no podía esconder su miedo, cuidando su paso mirando al suelo.

¿Habrían animales salvajes por ahí?

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Última edición por Kang Lin el Jue Abr 30, 2020 1:28 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Garou el Jue Abr 02, 2020 2:39 am

Era una noche de vigilia, de cabeceos incesantes y rondas interminables para los bandidos de la montaña. Las órdenes eran claras; vigilar las faldas de su guarida era esencial para mantener a raya a los intrusos. No importaba si se trataba de emergidos o simples ignorantes, pues todos caían bajo el ojo vigilante del clan. Los aldeanos, por su parte, habían aprendido a temer su territorio, pues corría el rumor de que, en vez de bandidos, esas laderas estaban plagadas de verdaderos lobos. El clan se protegía bajo esta noción, atentos, alertas, pues incluso con este conocimiento no faltaba el valiente ocasional que, lúcido o no, tenía el valor de adentrarse a comprobar si aquellas historias eran ciertas.

Garou, líder de la banda, tenía la obligación constante de procurar que estos guardias estuvieran en sus puestos. Se contentaba con sorprenderlos en el acto, haciendo uso de su sigilo. El miedo de ser sorprendidos los mantenía despiertos y a él, por supuesto, entretenido. Había eso sí quienes no necesitaban de sus recordatorios, sus compañeros de mayor confianza, a quienes tan solo iba a visitar por mero gusto. Se reunió con tres de ellos sin imaginar, de ninguna forma, que ya tenían sus ojos puestos en otra cosa. Apenas se apareció para saludarlo lo obligaron a callarse, arrastrándolo entre unos arbustos para que pudiera ver bien el camino.

Garou notó de inmediato la razón de este silencio, sorprendiéndose por igual. No daba crédito a lo que veía: una mujer, bien vestida y arreglada, que caminaba solemne por entre los guijarros y la hierba. Venía en dirección a ellos, por lo que pudieron contemplar su rostro. Su piel era fina, cual porcelana, y su cabello denso y profundo. Embobados, se quedaron viéndola hasta que los hubo pasado un poco, sabiendo que ella no iba con mucha prisa. Entonces, uno de los bandidos murmuró para sí.

-¿De dónde habrá salido esa preciosura? -miró a los otros. No tardaron en notar que Garou no le quitaba los ojos de encima.

-Heh, parece que al pulgoso le gusta. -los tres se fijaron de inmediato en él, quieto como una estatua.- ¿Pero ella, en serio? ¿Por qué?

-¿Verdad?, le falta de todo lo que importa, ¡Jajaja! -los otros dos lo hicieron callar, pues a ese paso ella los descubriría. Se detuvieron al oír la voz del jefe, apenas un poco molesto.

-Son unos idiotas. -”como si eso importara mucho”. Aunque sonara molesto, su rostro delataba a qué, en verdad, le ponía atención.

-Pues si tanto te gusta, ve a por ella. -hubo una pausa. Todos callaron y miraron al susodicho.- ¿Qué, piensas que podrías tener una chica linda de ciudad por las buenas? -se justificó.

Garou sonrió sin responder. En parte, tenía razón. Por supuesto, se enrojeció al momento de imaginar lo que querían que hiciera, lo que estaba... a punto de hacer. Sí, incluso si era la peor idea del mundo, su sangre comenzó a bombear al mismo tiempo que la de los otros. Todos estaban a bordo, emocionados por "darle una mano". Manga de idiotas, no sabía si tenían las mejores o las peores ideas del mundo. El joven branded era rápido de pensamiento, y no se molestaba en visualizar el futuro más allá de lo que tenía delante de sus ojos. Su jefe, su mentor, lo había regañado hasta la muerte… hasta la muerte por la misma cosa. Pero no tenía remedio. Como si se le escapara el agua de las manos, sabía que algo así no iba a volver a repetirse. De su vida había aislado la oportunidad de ver a muchas mujeres, y nunca, hasta ese momento, se había sentido de esa manera con una de ellas.

-Vale, montón de sanguijuelas. ¡Pero no se lamenten si se vuelve la nueva jefa…! -rió entre dientes, enrojecido de la punta de los dedos hasta la frente. Por supuesto, todos los que lo acompañaban hicieron lo posible por aguantar la risa, matandolo a codazos indiscretos. " ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Es ahora, o nunca!”

Empujado por aquellos tres, y todavía haciendo el esfuerzo, en vano, de ser lo más discretos posibles, descendieron colina abajo arrastrando piedras y tierra consigo. Sus risas hicieron eco bajo el velo de la noche. El denso follaje de los árboles los abrigaba a costa de su víctima, rodeada completamente por las fauces de sus atacantes. Aparecieron como sombras tanto detrás como delante de ella, bloqueando toda vía de escape. Entonces, una voz la enfrentó.

-¿Qué hace una chica hermosa paseando sola de noche? -la voz de Garou sobresalió entre el coro de risas y susurros a su alrededor.- Déjame adivinar… -se detuvo unos momentos, buscando sus ojos. Hizo todo lo posible por contener el temblor inconsciente de sus manos, mientras las palabras se le escapaban junto con las pulsaciones del corazón.-Te gusta el peligro. Te mueres por perderte, y no volver jamás. -a medida que hablaba, más se aproximaba su voz. Fue pronto que el esbozo de su rostro apareció entre las tinieblas. cruzándose justo delante de ella.

-Pues, ¡Puedo hacer eso realidad! -Garou miró a su alrededor, anunciando la señal. Sus compañeros no tardaron en sacar lo que tenían para poder reducirla, y así, comenzaron a acercarse. Detrás de ellos, Garou volvió a hablarle.

-¡No te resistas! Será rápido.

Los bandidos se acercaron inclementes, tensando cuerdas y pañoletas entre sus manos. Uno fue a por sus muñecas, otro a sus tobillos, y un último se adelantó a silenciarle con un trapo. El branded se acercó con tono pausado, revelando aún mejor su apariencia. Sonreía, por supuesto, apenas imaginando las consecuencias de lo que hacía. Todo ocurría en el momento.


Última edición por Garou el Dom Abr 12, 2020 9:28 pm, editado 1 vez
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[Social] Damisel in distress! [Priv. Garou] Empty Re: [Social] Damisel in distress! [Priv. Garou]

Mensaje por Kang Lin el Vie Abr 03, 2020 12:04 am

Lo sabía, sabía que había sido mala idea hacer aquello de noche. ¿No hubiera sido más sencillo quedarse con sus compañeros y que ellos buscaran y ya...? Pero, no podía permitírselo, el honor se lo impedía. Su pueblo necesitaba su ayuda, y... no podía defraudar lo que su amo Virion siempre quiso, ¿verdad?

Aunque no estaba muy atenta, sí que le estaba pareciendo escuchar de todo tipo de animales, ¡pero prefería pensar que fueran inocentes pájaros, o algo! Tragó saliva. Se consideraba valiente, pero una cosa era luchar por alguien y otra... Simplemente andar solo por el bosque en plena oscuridad. ¡Cualquier persona pensaría lo mismo, era normal tener miedo! ... si bien él mismo no era precisamente alguien "normal". Igualmente, supuso que el tema de la fauna salvaje era el menor de sus problemas, y simplemente se limitó a estar seguro de sus pasos, toda su atención al terreno y no a sus integrantes; aunque supiera más o menos el camino, bajo el negro cielo era todo distinto.

Hasta que entonces, lo que se temía se hizo real... más o menos. Pero el pronto ruido hizo que se asustara de verdad. - ¡¡Kiiiiiiiiiiieeeeeppp!! -exclamó, y habría jurado que de tener el puño preparado y un arbol enfrente, éste hubiera caído del golpe por reflejo. Mas todo fue en vano, al aire. Tan rápido como habia sucedido, se vio rodeada. ¿Lobos...? ¡No, eran bandidos! Urgió en él la necesidad de comprobar la mirada ajena; y adoptar una pose de defensa, más lo único que hizo fue tensarse, pegando sus brazos contra sí. Por "suerte", no eran emergidos. ¿Y ahora qué...?

Falseó una sonrisa y un tono amable en su voz, intentando evitar cualquier conflicto, así como controlando sus cejas nerviosas. - ¡Oh! Esto, buenas... ¿noches? ¿Podría saber qué desean~? -Kang Lin trataba de que no le vieran en absoluto como una amenaza. Pero, justo al contrario; le veían como presa. Pronto empezó a temerse lo peor. No era la primera vez que pasaba algo parecido... y seguramente no iba a ser la última.

Miró entonces al dueño de aquellas palabras, tenía voz de joven atrevido, pero era una voz con un tinte rasposo, salvaje. Pero todo lo que pudo ver fue, gracias a un rallo de luz lunar que atravesaba el follaje de los árboles, fue el reflejo de la misma en unos afilados e intimidantes ojos dorados. - Uh... Fuhuhu~ -únicamente pudo contestar con una risa nerviosa, mientras aún seguía intentando mantener la calma. ¡No traía nada encima, bastardos! Dio un paso atrás inevitablemente, pero tampoco es que viera algún espacio por el que escapar. En aquél terreno y oscuridad, él sólo tendría las de perder contra esos bandidos que estarían más que acostumbrados a rondar por esos lugares. - No, creo que ustedes se equivocan~ Yo sólo iba de camino a... -tanto su rostro como sus ojos se dirigió en dirección al camino que seguía, el cual daba al castillo mucho más allá que el almacén secreto el cual era realmente su destino. Con miedo de que le descubrieran, prefirió silenciar, nuevamente. - Y tengo acompañantes ya~ ¡Ellos están...! -Tragó saliva, no debía de decir eso tampoco.

¡Vamos, Kang Lin! Si mantenía la calma, podía salir de aquel embrollo, estaba seguro. O eso es lo que esperaba, REALMENTE. - ¿Eh...? -tardó sólo un par de segundos en darse cuenta de su nueva situación e inspiró aire con sorpresa- ¡Pero...! ¿¡Cómo se atreven!? -exclamó con indignación, cubriéndose fútilmente a sí mismo ante la amenaza de aquellos tipejos.
¿Qué querían exactamente? Sin saber qué buscaban aún de él, prefería informarse antes que resistir sin embargo. Con ese pensamiento en mente, intentó calmarse más. - Está bien... -soltó, con una voz algo temblorosa, mirando aquellas cuerdas- S-solamente, no tan apretado, por favor~ -clamó con piedad en sus ojos, siendo que para él era pura escenita, sabía que podía deshacerse de aquellos nudos con facilidad con su fuerza, pero... Aún era temprano, aquellas cosas necesitaba recapacitarlas pacientemente antes de actuar.

Obviamente no quería estar atado en absoluto, pero de elegir... honestamente hubiera preferido sólo alrededor de su cuerpo. Cuando le restringieron sus muñecas y tobillos no pudo evitar estremecerse del recuerdo de estar años atado en las celdas del castillo, oculto bajo el mando del antiguo Duque de Rosanne, en pos de su propia "reputación". Un suave gruñido se escapó de entre los labios, pero se acalló a sí mismo, mordiéndoselos, y pasando de nuevo a un rostro calmado, con una sonrisa. Falsa, pero sabía que todo era más fácil con una sonrisa en la cara. Así miró al único que había hablado, quien parecía el líder de esos bastardos. - ...~ ¿Por qué a m-...? ¡¡Mmmffh!! -su acto meloso y educado, así como su sonrisa, se fueron violentamente interrumpidos por otro pañuelo, esta vez amordazándole. - ¡Hmmhhhm! ¡MNnnnNHH!!! -se agitó, ahora sí se veía claramente enfadado.

Y aún así, no aplicaría ninguna clase de fuerza en contra. Pero Kang Lin empezaba a perder la paciencia... y llenar su ser con mil formas de devolvérselas.

Sus finas y prolijas cejas apretadas contra el ceño, y sus caídos y redondos ojos llenos de pestañas, lo miraban con molestia. - ¡¡¡¡ mm-M-m !!!! ... ¡¡mFfnn HHHHHHH!! -aquel crío --porque era lo que parecía, ahora que lo veía mejor-- tenía hasta suerte de no saber la cantidad de burradas que le estaba dedicando, a él y a sus hombres.
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Mensaje por Garou el Lun Abr 06, 2020 3:11 am

Tenía buena compostura, esa mujer. Cualquiera se habría echado a correr o a gritar, o incluso podría haberse petrificado del todo. Bueno, no por nada se había metido sola en la montaña, ¡Y en plena noche! Le gustaban sus agallas; incluso si parecía querer huir, reconocía que no tenía escapatoria. ¿Sería en verdad una chica noble después de todo? Había oído que eran unas tontas y unas buenas para nada, pero quien tenía enfrente le daba toda otra impresión. Garou se cruzó de brazos, guiando con la cabeza a sus hombres para que se fueran acercando.

-No importa que te acompañen. Nadie puede entrar a la montaña. -le dijo uno de los bandidos a la chica, riendo entre dientes.- Si se aparecen por aquí, te vamos a servir sus cabe-

-¡No digas eso, maldito! -lo regañó Garou de lejos, fallando en susurrar. ¡Vaya amigos! A ese paso iban a arruinarlo todo.

Observó como la detenían, con los ojos más severos que podía gesticular. No quería que la tocaran más de lo necesario, o que la lastimaran. La miró de cerca, comprendiendo la pregunta que estuvo a punto de hacerle.- Ya lo sabrás. -murmuró hacia su rostro. Eso sí, su actitud confianzuda pronto se desvaneció en pura sorpresa al descubrir lo furiosa que se había puesto. Un escalofrío recorrió su espina. ¿¡De verdad iba a cargar con ella en los brazos!?

-Eh, ¡Creía que ibas a estar tranquila! ¡Casi me arrepiento de llevarte así! -ya no parecía tan buena idea, pensando en las patadas que podría darle. Garou se limpió lo más disimulado posible el sudor de la frente, no tenía de otra.

Se agachó y la cogió de la cintura, apoyando su cuerpo, esbelto y delgado, contra su hombro. Sostuvo su espalda con su mano, apretando con fuerza. Nunca había sostenido a una mujer de esa manera, por lo que se ruborizó todavía más al tener su parte… posterior a la vista. Al menos estaba de espaldas a él, porque viendo lo molesta que estaba, no quería imaginar lo que le diría. Aún así, demostró confianza frente a sus amigos, haciendo lujo de su fuerza.

-Ahora sí eres mía. -sonrió, palpando apenas un poco los pliegues de su vestido con su mano. No se atrevía a hacer más, no podía ahora. Pero ya se atrevería… ¡Después! Seguro…

Miró hacia la luna. Estaba grande y luminosa esa noche, e igual que verdaderos lobos, sentía que lo llenaba de energía. Sin esperar mucho más, Garou se echó a correr colina arriba. El camino era estrepitoso y tenía que dar muchos saltos de por medio, pero hizo lo posible para sostenerla bien y que no se golpeara. Lo que le estaba mostrando ahora, sin pensárselo siquiera, era el camino secreto hacia su guarida, pero en reversa. La chica no sería capaz de ver la fortaleza bandida oculta entre los matorrales; una construcción de piedra y madera enorme, pegada al costado de la montaña. Desde fuera tenía la apariencia de ramificarse, la razón de esto era que la base era más larga que ancha, como una verdadera madriguera. De eso se enteraría al entrar. Las antorchas iluminaban su interior, donde lo primero que había era una larga corrida de sillas y mesas, lugar donde gran parte de los bandidos se reunía.

Las voces de estos hombres les dieron la bienvenida, sorprendidos, extasiados por la “visita” que tenían. Hubieron varios silbidos de por medio, y muchas risas. El joven, por su parte, permanecía callado, mirando a su alrededor y caminando al medio del lugar.

-¡Garou! ¡Ya era hora, hombre!

-¡No vayas a hacer tanto ruido! ¡Estamos comiendo!

-O mejor sí, ¡Hazlo!

-¡HAHAHA! -el chico rió con todos sus pulmones, pero tan pronto se calló levantó el puño hacia ellos.-  ¡Vayan a pasearse a la punta del cerro, cerdos! ¡Y no se atrevan a seguirme!

-¡Sí, sí! Diviértete con la princesa. Y cuídate de que no te mate mientras duermes. -le respondió uno de vuelta. Garou tensó el puño, alejándose.

-Tch, que bocazas… -habló despacio, caminando dentro de uno de los pasillos.- No te preocupes por ellos. No dejaré que te hagan nada. -le susurró.

Garou, tras caminar un buen trecho, entró a sus aposentos. Era una habitación oscura y sin ventanas, iluminada tan solo por una lámpara de aceite en la pared. Consistía en una cama mullida, de dos plazas, recubierta de pieles animales. Alrededor había un desastre de papeles sucios y rotos. En los muros, tenía colgados trofeos de cacería, colmillos, cuernos y astas de varios animales. También habían joyas desperdigadas por doquier, de mucho y poco valor, sin excepción. Algo más lejos, en la oscuridad, podía verse un montículo de ropa abandonada. El lugar era acogedor, cálido y, sobre todo, silencioso.

Cerró la puerta, y sin detenerse, dejó caer a la mujer sobre su cama. Una vez hecho esto dio un paso hacia atrás. La miraba a los ojos, sin imaginar qué podría decir. Tragó saliva, mirando hacia atrás, y de pronto le dio la espalda. Hacía suficiente calor como para obligarlo a quitarse su gabardina, tirándola al suelo y quedándose tan solo con la camisa que llevaba debajo. Después se acercó, la ayudó a sentarse, y se arrodilló con una pierna a la altura de su rostro. Entonces le quitó la mordaza y la tiró hacia un lado.

-Ya sabes mi nombre. Soy Garou -Dijo, mirándola con seriedad, aunque esbozando una sonrisa. Entrecerró sus ojos, mirando las ataduras de sus manos y pies. Todavía no estaba seguro si debía liberarla del todo. Incluso si era una mujer, sabía que si la subestimaba, podría salirle caro. Y considerando lo que acababa de hacer, tenía razones de sobra.- ¡Antes que hagas nada! No voy a hacerte daño. -exclamó, todavía serio.- ¿Por qué no me dices tu nombre? -se acercó a su rostro y con su mano sostuvo la punta de su barbilla. Observó sus labios, dudando. Se supone que debía hacerlo rápido, pero…
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Mensaje por Kang Lin el Mar Abr 07, 2020 11:48 pm

¿¡Cómo que nadie podía entrar a la montaña!? ¿Acaso eran idiotas? Era tierra de nadie, dentro de los mismos habitantes de Rosanne. Y en caso de pertenecer realmente a alguien, ¡eso sería propiedad de su señor Virion! Si él estuviera ahí... - !!! -se alteró más aún por lo que estuvieron apunto de soltar, pero por suerte de ellos y para sorpresa del afeminado, el líder les interrumpió. Kang Lin lo miró, extrañado.

"Paciencia, ten paciencia..." se repetía, esperando porque llegara ya su explicación del por qué estaban haciendo eso, la información que quería. Y sin embargo, su modo de no estresarse por la situación hacía parecer que no estaba calmado realmente. - ¡Mm hmmm-HN! -inútilmente gritando por ayuda. Pero nadie había subido a la montaña, y nadie la iba a oír, pero tal vez eso haría dudar un poco a aquellos bandidos de poca monta.

- ¿¿Hmm~?? -paró por un segundo, al escucharlo de nuevo y lo miró, interesado. ¿Parecía que iba a funcionar si se agitaba más? ¡Claro! ¿Quién querría llevarse a alguien que no permanecía tranquilo? Ya que... ese fue su gran error hace tiempo, pecar de inocente y pasivo. - ¿Nh? -pero tan pronto como se hizo ilusiones, tan pronto como se vio sorprendido igualmente de otra forma- ... ¡¡¿mM!!? -sus mejillas enrojecieron aunque evidentemente aquella situación no le gustara en absoluto, pero era inevitable, nunca le habian tocado tan directamente, nunca le habían rodeado con los brazos de una manera tan íntima sin ser alguna amiga que otra, o su amo aunque de forma inocente. Ni el mismo ex duque le había cargado de aquella manera, siendo que directamente le había empujado contra la cama y rasgado sus ropas, deseoso.
Pero, tampoco tuvo tiempo de recordar aquella amarga escena. Porque no, aquello no siquiera era algo tan... como había imaginado en un principio.

Y es que, siempre soñaba con ser rescatado por alguien, cargándole en brazos como si fuera una princesa...
No secuestrado. Y mucho menos SUJETADO COMO SACO DE PAPAS. Ésto le enrabietó aún más, pero poco sacaría de agitarse como mera oruga sobre el brazo de aquel crío.
Más encima que... en aquella posición... Lo iba a notar. Su pecho de milagro no rozaba apenas su espalda, pero lo otro... Al menos, agradecía que nunca había podido presumir de una gran masculinidad en él, ¡ni se le ocurriría de hacer algo tan ordinario! Mas, la cercanía de la mano con su... parte trasera, y aquellas palabras... le estaban poniendo algo nervioso. - ¡¡NhhhhhHH!! -En su interior simplemente gritaba; pidiendo porque no le descubriesen o a saber qué harían unos bandidos. El ex duque no había podido permitirse matarlo, pero ¿unos asalvajados bandidos? Nada le aseguraba de lo contrario.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía que permanecer en silencio, al menos hasta que le llevaran donde sea que fuera que le iban a llevar. Y ya allí... huir de cualquier manera posible, antes de que le hicieran... lo que se estaba imaginando. Cualquiera en su lugar que no sintiera miedo era porque se trataría de un estúpido.
Cerró los ojos de manera ofendida, pero se mantuvo lo más tranquilo que podía, el resto del camino.

[...]

Un sonido diferente de material en las pisadas le hizo saber que habían llegado, por lo que abrió los ojos, curiosos cuanto menos, pero boca abajo y viendo apenas lo que quedaba a las espaldas de aquel tipo. Era un lugar extraño, nunca había imaginado una clase de estructura así en Rosanne, juzgaba de apenas ver lo largo de los pasillos.
En seguida, escuchó los silbidos y risas de aquellos bandidos, e intentó levantar un poco la mirada. ¿"Garou"...? Era el nombre por el que empezaron a referirse a él, ¿se llamaría así?

¿Cómo que ruido?... Kang Lin apenas tardó unos segundos para enrojecer al entender lo que implicaban. - ¿¡Hm!? -¡¡Pero serán cerdos!!¿¡Con ese crío!? ¡¡Ya podría intentar soñarlo!! ¡Tenía que liberarse de ellos antes de que pasase! Ni tenía ganas de volver a vivir la misma desgracia, ni que le descubrieran y corriera peligro de muerte. - Hhhm... -murmuraba en tono de hastío, cansado. ¡Las montañas sólo traían malas noticias!
Por mucho que... por mucho que... Oh; con la luz podía ver un poco mejor la parte inferior trasera del chico y...
No, no, no. Kang Lin agitó su cabeza en negación, quitándose aquella estúpida reacción y pensamientos inconscientes, culpa de las insinuaciones sacadas de tono de aquellos bárbaros.

- ... ¿Mh? -intentó mirarle, hacia arriba, cosa que fue imposible. ¿"No dejaría que le hiciesen nada"? Su tono de voz fue incluso amable, por eso le confundió. ¿Pero no era él quien la había raptado y aclamado que "era suya"? ¿Qué le pasaba...? Sin embargo Y a pesar de todo, no pudo evitar que aquello le tranquilizara, tan sólo un poquito.

- Hmmm~... -exclamó, viendo la cuanto menos peculiar decoración de aquel cuarto. Demasiado "salvaje" para alguien como él, pero no se veía mal, podría verlo perfectamente como un gusto de moda un tanto... único. Incluyendo además, que había sido el primer rincón desde que entraron a aquel enorme lugar, en donde no apestaba a humanidad. ¿Quién pensaría que el líder de un grupo de bandidos tuviera una habitación así de "acogedora"? Pero tanto como todo eso, a la misma vez seguía teniendo miedo, de lo que pudiese ocurrir allí... Con suerte había visto el camino hasta la salida de aquella fortaleza.

Y finalmente... Le soltó. No le desató, pero ya podría moverse... soltarse, si quisiera; pues estaban...
Estaban sólo ellos dos, y él le había dejado caer sobre la mullida cama, sin violencia. Era... Una mezcla de pensamientos y sentimientos encontrados. Podría hacerlo, podría mostrar ahora su fuerza ya que sólo era uno, podría deshacerse de aquellas cuerdas con facilidad si quisiera, y romper las paredes y huir... Pero por primera vez; lo pudo ver mejor.
Alto, buena figura, piel clara pero ligeramente teñida de un tono caramelo. Ropajes oscuros que resaltaban mucho más su cabeza, cabellos naranjas como el fuego, como el atardecer... Era un color sin duda inusual. Y esos segundos que le miró, ahora pudo fijarse más en aquellos afilados ojos dorados que tenía. Su cara... Tenía rasgos bravos, afilados, pero también... suaves. No podía negar que se le hacían incluso adorables, de no ser por la situación. ¡Incluso aquella reacción, huyendo de la mirada analizante de Kang Lin! Costaba realmente saber con seguridad a quién le intimidaba realmente la presencia del otro.

Cuando se deshizo de su gabardina, pudo comprobar como no había sido el efecto de ésta; si no que realmente el pelirrojo tenía buena figura, una espalda y hombros anchos... El contraste de verle ahora con una blusa blanca, no hizo más que potenciar aquel efecto extraño en el ambiente. ¿Un bandido dejando verse relajado y cómodo en aquellos ropajes, lo que además indicaba que bajaba su guardia, dándole la espalda?

- ¡Waah! ¡Menos mal! Mira que silenciar a una dama como yo~ ¡No tienen tacto! Más te vale que me saques de aquí. -apresuró a hablar desde que le quitó la mordaza, sintiendose libre. Sacudió un poco su cabeza, su recogido se le había despeinado y desajustado un poco por todo el camino boca abajo. - ¿Se puede saber qué... -pero se vio sorprendido, interrumpido por la mirada y voz seria del otro.
- Así que Garou, entonces déjame preguntarte de nuevo~, ¿qué quieren de mí? -era la última vez que iba a realizar esa pregunta. La última oportunidad que le daba al chico de explicarse.
Pues, a pesar de todo, no podía olvidar lo que le habían hecho. No podía olvidar la situación en la que se encontraba.

Y entonces se acercó bastante a su rostro, tomándole del mentón como si fuera a...
Sus mejillas se tiñeron de un rosado suave sobre su pálida tez, conjuntando con el color de sus irises.
Desde aquella distancia o más bien escasez de, pudo notar sobre su piel unas diminutas y tenues pecas alrededor de su nariz. Una de sus comisuras se deslizó hacia arriba por acto reflejo, sin quererlo. ¡Qué adorable! ...si no fuera porque se trataba de un líder bandido que lo tenía retenido todavía encerrado en su habitación. Tan pronto como se dio cuenta de su propia sonrisilla, la evitó.

- ¡Pero bueno! ¡No soy una cualquiera! ¿Qué es lo que pretendes hacer~? -sus hombros se encogieron, pero en ningún momento se apartó. Incluso en sus ojos se podía tal vez encontrar la travesura que le caracterizaba.
De todas formas, parecía que el pelirrojo no se iba a mover de ahí... ¿Por qué dudaba? ¿Acaso no había tenido ninguna chica en sus manos? Extraño para lo que se supone que era. - Ah, pero puedo entender que no sepas controlarte, con alguien como yo~ -soltó una risita. - Pero sólo puedo decirte mi nombre si te comportas como es debido, hmpf~ -cerró los ojos, fingiendo inconformidad y superioridad.

¿Por qué... Por que estaba haciendo aquello? Sabia que sólo supondría peligro y aun así, no sentía en absoluto que aquel chico le fuera a hacer algo malo de aquel calibre.
¿Quizás estaba descubriendo lo divertido en el riesgo? ¿O quizás era por lo que le estaba transmitiendo aquel sujeto?
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Mensaje por Garou el Jue Abr 09, 2020 8:03 pm

Garou calló. No era capaz de decirle lo que imaginaba. Que aquella, a quien había elegido en los bosques, pudiera tomar de su mano… un anillo. Eso… eso era lo que el jefe le había pedido que hiciera cuando viera a la mujer indicada. Que si estaba seguro, realmente seguro, jamás fuera a abandonarla. Jamás fuera a dejarla ir. Que la hiciera la más feliz de las mujeres, ¡Eso es lo que haría un verdadero hombre! Su corazón palpitaba con emoción recordando esas palabras.

-¿De verdad no estás asustada? -Garou demostró un rostro de genuina sorpresa.- ¡Ah! ¡Claro que no lo estás! -esa era la idea, maldición. ¡No por nada la estaba tratando bien! Debía dejar de sorprenderse por las mismas cosas que hacía.

Garou sonrió junto con ella. ¿Le gustaba su rostro entonces? Jamás había dejado a una chica verlo tan de cerca. Y que tan solo sus compañeros le dijeran que era un "chico bonito" no le bastaba para creérselo en serio. Le alegraba que en verdad fuera el caso.

-Claro que no eres una cualquiera. Te he echado el ojo. -dijo con confianza. Se resistía una y otra vez a explicar con palabras.

No entendió si aquello era una provocación o no, pero decidió tomarla como una. La soltó con rapidez, apretando el entrecejo.- Ya lo sabré, tarde o temprano. Puede que me digas uno falso, ¡Pero lo sabré al final! -sonrió.

Incluso si no estaba asustada, podía imaginar lo confusa que se sentía. Sabía que la vida de unos bandidos no le pertenecía. Además, seguramente estaba dejando familia y amigos atrás, para siempre. Ingenuo, Garou pensó que juntos, podrían superar esos problemas. De todas formas, a ella le había gustado perderse primero. ¿Verdad?

Observó sus ojos cerrados, quedándose en silencio. Volvió a recorrer su vestido, de pies a cabeza. Sentía que ella estaba jugando con él, y le gustaba… pero poco a poco, su semblante fue tornándose más serio.

-Quiero… mostrarte. -bajó el nivel de su voz. Sus manos volvieron a temblar, pero no dejó que estas lo detuvieran. Garou llevó una de ellas a su cintura, y de allí sacó una navaja, mucho más pequeña que la que usaba a diario, pero aún así muy filosa. Llevó la hoja a las cuerdas y las cortó de un solo golpe, liberando a la mujer. Sin embargo no duró mucho su libertad cuando, de pronto, Garou la sostuvo de los brazos. Lentamente comenzó a inclinarse hacia adelante, empujándola hacia atrás.- Te voy a mostrar… Que soy el hombre que quieres. -su sonrisa se hizo más prominente en su rostro. No se esforzaba en hacerla. Probablemente la tenía de puros nervios.

Entonces no estaba haciendo aquello para ganar ni respeto ni orgullo, estaba seguro. Que ella no estuviera asustada de él le decía todo lo que tenía que saber. Era a quien estaba buscando. Y si no era esa noche, sería otra, cualquiera de ellas, pero la convencería. Realmente Garou creía que sería posible.

Soltó su brazo, arrastrando su mano hasta su hombro, para después tocar su cuello y, finalmente, acariciar su mejilla. Entonces acercó su boca, respirando pausado. En ese momento deslizó sus ojos por el rostro ajeno, circulando hasta llegar abajo, a donde le alcanzaba la vista. Fue extraño, pues tan solo en ese momento se le ocurrió pensar en la edad que tendría ella. Eso porque, su pecho de verdad era plano. Demasiado. Se sonrojó por el mero hecho de imaginar tal cosa, volviendo a enfrentar sus ojos. No, ¡Estaba seguro de que era una verdadera mujer! Lo notaba en su voz, sus ojos. Garou, sin pensar mucho más, hizo el intento de besar sus labios.
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Mensaje por Kang Lin el Vie Abr 10, 2020 12:47 am

¿Primero se desataría rompiendo las cuerdas? ¿Y luego qué? ¿Lo golpearía? Pero llamaría a sus hombres... No sabía hasta que punto llegaba su fuerza como para romper paredes de madera, nunca lo había intentado. Pero por ahora era una mala elección, sí. Así que no tenía otro remedio que esperar, al menos hasta que él decidiera... hacerle algo mucho más cruel.

- No~, ¡por supuesto que no! -mintió descaradamente- ¿Por qué iba a tener miedo de un caballero que me lleva -"como un saco de papas", acalló- junto a sus -"apestosos"- amigos, a su guarida? Si es de lo más emocionante que he vivido últimamente~  -sonrió falsamente. Tenía que aguantar, sin más. Aunque por su tono sarcástico no sabía si se le notaba a leguas. Era decir, ya se había mostrado algo violento, y de nuevo el buen comportamiento... pero no sería el primero ni último estúpido que caería en su melosidad para zafarse de los problemas.

Y sin embargo, para lo tímido que le parecía por momentos, bien que el condenado tenía una sonrisa atractiva, demostrando confianza propia. Kang Lin empezó a refugiarse bajo la escusa de que tenía esos pensamientos porque otra cosa no podía hacer, de momento, así que al menos aprovecharía para entretenerse con el chico.

- ¿Hmmm~? ¿Tan pronto te acobardaste? -se atrevió a comentar, en un murmullo. No debía, y aún así cada vez más quería darle la vuelta a la situación. ¡Que se arrepintiese de haberle secuestrado! Kang Lin ya no era tan inocente como hacía años, al fin y al cabo. - Pero tienes razón, es bastante posible que te diga un nombre que no es el mío, mas no uno falso... -sonrió, solamente él mismo entendiendo lo que había dicho- ¡Eres más listo de lo que esperaba! Sin embargo, Garou... No miento en lo de que si te comportas, quizás te lo diga algún día~ -soltó una risita, nuevamente. Quién sabe. Si no podía escapar del enemigo, podría tratar de amistar con él. Y... nadie le hace nada malo a un amigo, ¿cierto?

Se había vuelto a poner serio, pese a sus provocaciones. Lo escuchó cerca. ¿Enseñarle...? Mentiría si no admitiría que por una parte empezó a sentir el miedo recorriendo su espina dorsal. Y su instinto no le había fallado; pues quizás sí que se había pasado con las bromas; visiblemente nervioso al ver el cuchillo en frente suya, no quitó los ojos de aquel afilado metal.
Con temor, a nada estuvo de romper por su propia voluntad las cuerdas para huir, pero el mismo filo ajeno fue la que finalmente fue usada para desatarlo, de un corte. - ¡Vaaaya! ¡Grac... -Inesperado, el rostro de sorpresa lo miró, con buena opinión segundos antes de que todo se fuera abajo.
No, había sido él mismo quien había sido empujado hacia atrás.
- ¡O-oye! ¡¿Pero qué haces?! -CLARO que sabía lo que iba hacer, ahora sí sabía. Aunque bueno, considerando que no había podido robarle ni un beso, no sabía si aquello era real... pero, no podía permitir la duda.
Llevó sus manos primeramente a su propio pecho, tapándoselo y subiéndose el cuello de su vestido. No sólo para que no descubriera el motivo por el que el ex duque le encerró, si no además... por su marca. Y es que aquel era el por qué de que no hubiera mostrado su fuerza a alguien. Si su familia... no lo había aceptado, nadie podría.

Sudaba, sus mejillas enrojecidas. El chico estaba tocándole por todos lados, y aunque su tacto... sus manos, eran cálidas, agradables... ¡No! ¡Aquella situación... era poca broma! Le iba a pillar. Y si no lo encerraba, lo mataría.
Tenía que huir... No, no bastaría con eso. Y si le empujaba... Ahí sí que podrían salir mal las cosas. Quizás... ¿necesitaba una distracción?

Miró al frente, sus labios se acercaban, sin poder sentir si el temor, el temblor de la duda, era del bandido o de él mismo. Era ahora o nunca. Tomó aire, intentando darse un segundo de calma.

- Haahhh... -expiró, con pesadez- ¡Me pones de los nervios! -sus manos subieron al rostro ajeno, con sus palmas tomándolo con suavidad de las mejillas y lo terminó de acercar, determinadamente. Pegó superficialmente sus labios a los suyos. Sin tiempo a sentir nada más, gran parte por la situación, se separó nuevamente y apartó el rostro, poniendo una mano delante de su boca, tapándose con la manga de su vestido.
- ¿E-es esto lo único -remarcó- que querías? ¡Podrías haberlo pedido! Ohoho~ -soltó una risa claramente nerviosa.
Mala idea. ¡¡Había sido mala idea!! Aunque bueno, al menos era lindo, eso no lo podía negar..

Pero, aquello debía ser suficiente distracción, suficiente confusión para el pelirrojo. De forma que así tuviera una oportunidad de zafarse de él de una manera lo más pacífica posible, en cualquier momento. Se quedó mirando hacia la puerta, preparando en su cabeza el inminente escape.
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Mensaje por Garou el Sáb Abr 11, 2020 7:59 pm

Quizá no tenía miedo, pero estaba molesta. No lo había adivinado, tan sólo estaba seguro de que lo estaba. Pensaba eso pura y solamente porque la había tenido que presentar a sus compañeros, y sabía de sobra que ellos no eran la mejor compañía para una mujer. Seguro le habían desagradado desde un principio, esos malditos. Además, no podía quitarse la sensación de que todo el mundo estaba pendiente de lo que hacían. Pero Garou decidió que esa noche sería diferente. Haría oídos sordos, sus ojos, después de todo, estaban puestos en otra persona.

Para ese punto, Garou sabía que esas provocaciones eran intencionales. Puede que no fuera una chica inocente, pero eso no le molestaba. No buscaba una muñequita de porcelana, ni una princesa. Al parecer tendría que aguantar una vida soportándola, ¡Ja! Pero no parecía tan mala idea...

Garou avanzó, apoyando su rodilla en el colchón, evitando recargarse sobre sus brazos. Si entonces la lastimaba, no se lo perdonaría. Se detenía a sí mismo, nervioso, pues era cierto que no sabía lo que estaba haciendo. Lo había visto contadas veces, pero aún así tan solo improvisaba. Confiaba en que ella le tendría paciencia, también soñaba con que no se diera cuenta de su inexperiencia, pero fue demasiado ingenuo. Escuchó su voz y sintió sus manos, por lo que no pudo evitar sorprenderse. La manera en que cogió su rostro detuvo su cuerpo, y al mismo tiempo lo enterneció, dejándose llevar hacia abajo.

Entonces sus labios se tocaron, tan brevemente como un suspiro. Él no supo dar más en el momento, tan solo sintiendo la humedad de la boca ajena y su respiración. Se quedó en el aire, sin poder moverse. Su rostro estaba rojo, sus ojos abiertos. Saboreó el labial, pegado en la punta de sus labios. Se sentía extraño, cálido incluso. Y ella lo había invitado a descubrirlo. Levantó la cabeza tan solo lo suficiente para mirarla, mirar sus pupilas, su nariz, y la pequeña mota en su mejilla.

Su rostro… era precioso. No tenía razón para ocultarlo. Garou usó su mano para apartar la ajena, cogiéndola en su palma de manera torpe, pero gentil, acariciando con la yema de sus dedos su piel.

-Un hombre no tiene que pedir esa clase de cosas… -le susurró, reuniendo el valor para volver a sonreír.

Se quedó mirándola, encantado como por un hechizo. No había querido forzarse. Puede que, en verdad, su alma estuviera contenta con tan solo un beso. Pero no podía detenerse allí, siendo que había mucho más que quería hacer, que deseaba conseguir. Entonces había perdido el miedo, y estaba dispuesto a contarle. Así que dejó su mano tranquila, pero en cambio, usó las propias para cogerla de la cintura. Palpó su espalda, delgada y firme, y lentamente la levantó junto con él, volviendo a estar ambos de pie. Sus ojos estaban encendidos de emoción, desvelados.

-Apenas me digas tu nombre… -pausó, sonriendo, aún nervioso. Ella no lo dejaba tranquilo, con cada cosa que hacía. Esa actitud divertida, pero amenazante, era capaz de sorprenderlo a cada vuelta. Pero después de todo tan solo era una chica, una chica que debía sentirse insegura y sola. Con todas las caricias que pudiera darle no iba a convencerla. Por eso, necesitaba hacerle una promesa.- ...quiero pedirte que pases tu vida conmigo. ¡Te juro que se hará realidad! -afirmó.

Y entonces, la atrapó en un abrazo. Apretó su cuerpo contra el suyo, sintiendo su calor. No dejó ni un solo hueco de distancia entre ambos.

Al principio no se dio cuenta. De todas formas nunca abrazaba a nadie, era tan extraño para él como recibir su primer beso. Pero luego de unos cuatro, cinco segundos de puro silencio, supo que algo estaba mal. Se quedó petrificado entonces. Y, por supuesto, a punto de preguntar… "¿C-cuántos años…?" Pero no. No, no. Frunció el ceño, no de molestia sino de confusión (aunque definitivamente parecía más lo primero). Sorprendido… sí, sorprendido, no atinó a hacer cosa más vergonzosa que desprenderse de ella y agarrar, sin un ápice de culpa, el cuello de su vestido y tirar hacia abajo.

Su piel era pálida. Su cuerpo era esbelto. Pero no había nada allí.  

-E… ¿¡EEEHH!?

Le soltó. No podía, ¿¡Qué pasaba!? Vio una marca en su piel, igual como la suya. Pero aparte de ella…

-¿¡Q-QUIÉN ERES!? -le gritó, boquiabierto. Mil veces confuso y mil veces más agitado, parecía que él era quien iba a echar a correr primero. Faltaba decir que sus gritos no habían sido poca cosa; para ese punto, sus tres amigos ya estaban en el pasillo intentando comprender qué pasaba.

-¡Tú m-m-m-me …! -"¡Besaste!". El aire se le escapó de los pulmones, sin poder comprender cómo algo así era posible. La disonancia entre cuerpo, voz y rostro, su belleza… Garou estaba empapado en sudor, parado en su sitio. ¡Era un… un hombre, como él! Un hombre… vestido de...

-Oye, ¡Garou! ¿Ya te apuñaló tu chica o qué? -le gritaron desde fuera. Garou no respondió. De todas formas no quería a nadie allí dentro, ¡Aún no entendía nada!
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Mensaje por Kang Lin el Sáb Abr 11, 2020 10:54 pm

El hecho de que había sido su primer "beso" --si es que podría llamarse así-- aparte, cosa que no le importaba porque siempre había practicado en espejos, muñecas, y su propia mano... Para alguien que idolizaba tanto el poder del amor, ciertamente había dejado aparte aquella tonta creencia. Sabía que el primero no iba a ser con alguien querido, un beso no deseado, o un beso torpe. Pero quizás podría alegrarse de que aquel chico no se viera tan mal, no se arrepentiría tanto. Pero volviendo a los hechos... Intentaba que el latido de su corazón por... ¡No! Era la situación, el peligro; pues no le interrumpiera sus pensamientos.
Veamos, saldría de ahí y... si le pillaban sus compañeros, quizás pondría la escusa típica de ir al baño, sí. Recordaba que era seguir el pasillo... todo recto. Y de ahí afuera, ya se buscaría la vida.

Pero... Era obvio que había sido mala idea, al fin y al cabo, no acostumbraba a que mucha gente le siguiera las bromas, por lo que le tomó de inesperado el agarre a la mano, apartándola de su rostro. Más que de nuevo... no estaba siendo realmente brusco. Pero, eso seguramente sólo sería porque cantaba a inexperiencia de lejos. De cierta manera, Kang Lin tenía suerte que fuera así. Pero... no podía dejar que le ablandara más de lo que ya estaba simpatizando con él, sin querer. Ya distrayendole otra vez de su meta que era escapar.
Callejero, maleducado y sucio; pero no dejaba de parecerle más que un cachorrillo adorable. Maldita sea.

- ¿Haah? ¿Cómo que no? -preguntó, algo molesto, ya de tanto "un hombre que ésto, un hombre que lo otro"... Precisamente recordó aquello que le había dicho antes, de que "él era el hombre que quería". - ¡Si te consideras un hombre no deberías humillar a las mujeres! Te dije que tenías que comportarte~... ¡¡Ey!! -exclamó, al sentir ahora sus manos en su cintura. ¡Eso ya no! ¡No, no, no! Enseguida se cruzó de brazos, pegándolos a su propio pecho con fuerza. - ¡Oye, lo vas a lamentar! -cerró sus ojos con fuerza, cierta parte de sí volviendo a temer por la situación que ya había pasado. Sus manos recorriendo sin embargo, de forma amable, por toda su espalda. Fue levantado, de pie junto a él. Mirándolo por el lado bueno, ahora lo tenía mejor para escapar, si tan sólo...

Sus palabras junto al abrazo lo terminaron de descolocar de la incredulidad. ¿¡Le estaba realmente pidiendo aquello un bandido... el mismo día que acababa de conocer!? No esperaba que el día que recibiese tal proposición llegaría y mucho menos de aquella forma. No sabía si sonrojarse o decepcionarse con su vida. ¿Por qué le pasaban estas cosas! - Imposible. -cortó- Yo... mi corazón ya...
Más que eso, tardó en darse cuenta... ¡Su cuerpo estaba pegado al de él! ¡¡Peligro!! Pues de esa forma sí que definitivamente se daría cuenta. - Ey, para... ¡Garou, detente...! ¡¡Suéltame, deja de...!! -Había llegado el límite, la hora de cortar con todo este embrollo. Decepcionado con su vida y todo, pero seguía queriendo vivir un día más, ¡gracias!

Apartó con ganas, justo a la misma vez que el chico había bajado la parte superior de su vestido, con violencia. Tarde. - ¡¡¡KYAAA!!! -gritó, y en primer reacción taparse... Más que el pecho, su marca. Pero temía que hubiese sido tarde también. Miró rápidamente, con pavor, al pelirrojo. Sus secretos... al aire, y nunca mejor dicho. Dió dos pasos hacia atrás, temblando.

- ¡O-ohohoho...! Me has descubierto~ -se subió como pudo de nuevo el vestido, tapándose ambos secretos. - Así es, nunca me cansaré de ver esa expresión~... -su tono delataba sarcasmo, pero para ese punto ya todo daba igual, sólo trataba de tranquilizarse, usando lo que mejor se le daba; la sonrisa, la picaresca.
Mas no podía evitar sentir el miedo en sus poros, sudando también, al escuchar a sus compañeros tras la puerta. Ahora sí que tenía que reaccionar rápido. Ya todo estaba echado, tenía que correr por su vida.

- E... ¿¡Es una pena, verdad!? -nervioso, alzó su mano, como para darle un cachetón. - ¡Yo también lo lamento~! ¡¡A-adiosito!! -pero no. No iba a pegarle, era consciente de su fuerza, así que desvió su brazo. Cerrando su palma en forma de puño, dio un fuerte golpe contra la pared de la puerta, derrumbando y rompiendo los tablones de madera con la facilidad de como si se tratase de un castillo de arena. Con la otra mano bien sujeta a sus prendas para que el resto de bandidos no lo viesen también, salió corriendo, llorando hacia la salida, lo más aprisa posible y sin pensar en nada más que en el peligro que corría su vida, además de la humillación de haber sido descubierto.
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Mensaje por Garou el Lun Abr 13, 2020 8:46 pm

Su mente no acababa de razonar lo que en ese momento sentía. Su pecho se estrechó, como golpeado por dentro. Ella... Él, entonces parecía que se burlaba en su cara. Garou sintió un escalofrío al notar su sonrisa. Era irreal. Todavía no podía concretar palabra alguna. Se sentía… indefenso. En apariencia tan solo miraba hacia el frente, casi sin siquiera respirar. Sintió un terrible dolor en su garganta y mandíbula, mientras su antes tímido rubor se escapaba de sus mejillas.

Ni siquiera pestañeó ante esa mano alzada. Tan solo apretó el entrecejo, sorprendido de verle desistir y pasar a su lado. Miró hacia atrás, a la puerta. Ni siquiera terminó de comprender que intentaba huir. Como acto reflejo, tan solo reaccionó al poderoso estruendo que vino de su puño, cosa que lo sacó de ese estado de trance y lo hizo saltar hacia atrás.

-¿¡AAAHHHHH!? -gritó al ver su habitación pulverizarse como si nada. ¡Ahora podía romper paredes! Sentía que esa noche perdía sentido con cada minuto que pasaba. A través del agujero, pudo ver a sus amigos boquiabiertos. El branded se acercó a ellos, sin embargo tan solo sacó la cabeza por el hoyo, adivinando la dirección en que el otro había huido.

-¿¡Cómo hizo eso!? -exclamó uno de los suyos, llevándose las manos a la cabeza.

-¡Se está escapando!

Garou no lo pensó dos veces antes de echar a correr detrás de él. Pasó por delante de sus amigos, incrédulos, y después frente al salón. Sin embargo, antes de salir, se afirmó al marco de la puerta y miró hacia atrás, a todos los hombres que, al verlo, se pusieron de pie. Sus ojos delataban verdadera desesperación.

-¡No la toquen! ¡NO ME SIGAN! -les ordenó fulminante, desapareciendo en la penumbra.

No detuvo sus ojos, buscando su rastro. No debía estar lejos, no conocía la montaña y a ese ritmo, probablemente se perdería de nuevo. Por suerte lo notó a tiempo,  viéndolo correr dentro del bosque, cuesta abajo. Lo siguió. Garou era mucho más veloz en su territorio, sin duda. Se deslizó entre las hojas y las ramas, agachándose y saltando rocas, estrechando las distancias. Finalmente, pudo estirar su mano y coger uno de sus brazos, deteniéndose en plena carrera. Tiró hacia atrás, ahora con brusquedad, mucha más fuerza que cuando le había cogido tiernamente, hace tan solo unos minutos. Aún no era consciente de que el otro fácilmente podría apartarlo, tirarlo cuesta abajo o noquearlo de un golpe. Aún si así fuera, por su vida, por su orgullo, no iba a permitir que desapareciera esa noche.

Una vez hubo recuperado su respiración, le miró, aunque ahora sus ojos eran hostiles. Su rostro se había transformado de aquella expresión antes gentil a una ansiosa e inclemente.

-¡Espera…! -exclamó. Le costaba reunir las palabras. Sin embargo, era ahora que debía hablar como líder, en pos de sus compañeros. Afirmó todavía más su agarre.- ...Conoces el camino a nuestra guarida. Escucha… ¡Escúchame bien! Lo que pasó ahí no importa ahora. -apretó los dientes. Miró al suelo, con la cabeza gacha. Le costó retomar el ritmo de sus palabras después de haber dicho aquello, ahora mucho más graves y serias. - ...He venido solo. No quiero matarte, ¿Entiendes? -volvió a respirar, levantando de nuevo su cabeza y calmando la expresión de sus ojos. Aún estaba muy alterado, pero no debía faltar a su deber. Sus palabras salieron de él pre-escritas, sin ser adulteradas por sus emociones.- Nadie puede saber que hay bandidos en esta montaña. -estrechó sus ojos.- Te daré lo que sea, ¡Lo que sea si no hablas! -volvió a alzar la voz. Aquella fachada de seguridad que tanto le costaba erguir estaba entonces llena de grietas.

Entonces relajó un poco su agarre, sin desistir de su semblante serio. Probablemente lo había lastimado...

-Tenemos guarniciones. Tengo recursos. -afirmó, cortando con sus pensamientos. Finalmente lo soltó, lentamente, para asegurarse de que no fuera a echar a correr otra vez. Entonces sentía que de esa propuesta dependía su vida, y la de sus compañeros. Todo porque, no podía imaginar en dañar a esa persona. El mero pensamiento lo enfermaba, después de todo lo que había hecho. Miró al follaje alrededor, y suspiró. No estaba seguro de si podría verlo en esa oscuridad, de que si entonces le creería. Pero aún así, levantó su mano derecha y, con la izquierda, deslizó la manga de su camisa hacia abajo. Al menos, podría percibir la tenue diferencia de su marca contra el color de su piel.-De branded a branded, puedes confiar en mí. -reveló, clavándole los ojos.
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Mensaje por Kang Lin el Lun Abr 13, 2020 11:15 pm

¡Maldito pelirrojo, criajo tonto...! que encima se había cargado un par de hilos de su vestido. ¿Acaso no sabía cuán caras eran esas telas? Por supuesto que no, y no por ser bandido, si no porque Kang Lin guardaba como tesoro sus telas importadas de Chon'Sin, a buen resguardo... Al menos los rotos eran sencillos de arreglar, ya que, siendo hijo de familia de sastres, sabía toda clase de costura y confección perfectamente. Muy a su pesar...

¡A pesar de que le había parecido alguien amable y timido! Pero no, retiraba lo dicho, sólo era un estúpido bandido sin tacto más. ¡Cómo le hizo enojar con esa actitud suya!
Tenía que volver, ya era tarde así que no podría ir al almacén, ni modo... Esperaba que los otros hubiesen tenido éxito en la búsqueda de provisiones. Ya se le ocurriría una excusa de camino. De camino... Ya había salido de la guarida, pero... ¿ahora qué? Había sentido que habían subido una cuesta así que se limitaría a ir bosque abajo pero... ¡Era peligroso! ¿¡Por qué todo le estaba saliendo mal hoy!? Como sea, tenía que alejarse de allí antes de que empeorara...

- ¡Eeeep! -soltó cuando le agarraron del brazo, sintiendo el sudor frío. El tirón fue lo suficientemente brusco para detenerlo y mirar atrás. - ¡¡Tú!! ¡Ya déjame, no conseguirás nada de mí! -por un momento estuvo a punto de apartar el brazo, pero su posición, el suelo de aquel terreno... ¡No! ¡No quería ser un cadáver pero tampoco VERLO! Se limitó a colocarse pisando bien y tragó saliva. Intentaba mantener la dignidad y la calma, fallando estrepitosamente en ambas. Su mirada... daba miedo en la oscuridad, como cuando le habían capturado. Apretó su brazo. - ¡¡Ayy, eso duele!! ¡Suéltame, pequeño idio...! ¡¡Pero si ni siquiera sé cómo volver al refugio!! -¿cómo podría saber el camino a su guarida, si lo único que había visto de ella era por dentro? Ni siquiera al salir se había parado a ver cómo era por fuera, ¡su mente estaba más ocupada en huir! ¿Es que acaso no entendía eso?

Un momento, ¿no le iba a matar... por eso? Kang dejó de forcejear por un segundo, para mirarlo... Pero no confiaba de nuevo, todavía. - Hmp. No~, ¿¡que entonces me vas a retener en un oscuro y maloliente cuarto para que no le diga nada a nadie!? ¡No, gracias, ya tuve suficiente! -seguía indignado y alterado, inevitablemente pensando en lo que ya le había tocado pasar. - ¡Ya te he dicho que ando perdida! ¡Sólo quiero volver a mi... -cierto, no tenía casa, su hogar en el castillo se lo hablan arrebatado los emergidos. Y él prometiéndole darle lo que fuese... Qué gracia. - ... lugar~! ¡¡Sana y salva a poder ser~!! ¡Pues no sé ustedes pero nosotros ya tenemos emergidos de los que preocuparnos como para meternos en líos contra los bandidos! ¿Crees que somos tontos o qué~? -berrincheaba, ahora que él le aseguraba que cuanto mínimo, no le mataría.

Y en cuanto aflojó el agarre y lo soltó, apartó el brazo, pero todavía plantándole cara. Hasta que él le sugerió algo importante, algo que realmente sí quería, ¡pues era a lo que había salido a buscar a escondidas! Relajó su mirada. - ¿De verdad... nos darían? -Honestamente, no esperó aquella proposición. Pero... ¿Ahora cómo lo haría? Si hubiera sido como antes, hubiera tenido tiempo de dejarlo cerca de las búsquedas, así se ahorraba las explicaciones sobre dónde lo había encontrado Kang Lin en particular. Su cara mostraba una complicada expresión, pensativo.

Se detuvo cuando un gesto de él le hizo quedarse en estado de asombro, sus ojos clavados en aquella marca... Ajena. - Tú... No puede ser... -Era la primera vez que veía una que no fuese la suya propia, pero sabía de lo que se trataba. Algo raro, algo que no pertenecía a ese país, a ese continente... Algo que una propia familia podía rechazar también. Por una vez en su vida pudo encontrar alguien como él, alguien que quizás... entendería su angustia. Pero... El bandido vivía rodeado de gente, mucho más que él, mucho más cercano incluso que los residentes de Rosanne, ese ducado en el que había decidido quedarse a vivir, a pesar de todo. Aquel pelirrojo, ¿quizás era el destino...?

- No... olvida las provisiones~. -Al fin y al cabo podia volver al almacen otro día. Sentía... erroneo gastar de alguien que lo estuvieran usando, por mucho que fuesen 'malhechores'. - Sólo llevame a donde me encontraste. -hizo una pausa- Tápame los ojos, si así lo necesitas. Confiaré en tí, por una vez... Garou~ -no pudo evitar llevarse la mano a la clavícula izquierda. Sabía que no debía, no dejaba de ser un bandido y podria raptarle de nuevo, pero... Le habia enseñado su marca. Había mostrado aquello que él mismo consideraba su primer secreto, dos puestos por encima de lo de esconder su género.

- Kang'Lin. Así me llamo~ -inconscientemente, una sonrisilla volvió a aparecer en sus labios, a la vez que un ligero movimiento de hombros y cabeza mostraba algo parecido a una reverencia de saludo. Por encima de todo, aún se consideraba alguien educado.
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Mensaje por Garou el Miér Abr 15, 2020 2:51 am

Todo el mundo sabía que el jefe bandido que asolaba Rosanne era un branded. Develar eso era incluso más peligroso que demostrar su intimidad en sus aposentos. Pero era la primera vez que se cruzaba a alguien como él, por lo que no pudo evitarlo. Jamás había tenido intención de encontrar a otro branded, pero, después de todo, sabía que era la única manera en que podrían confiarse mutuamente. Echó una mirada corta tanto a su propia marca como a los ojos ajenos, y volvió a cubrirse. Garou tan solo imaginó brevemente qué hubiera pasado, si el otro no hubiera sido un hombre ni un branded, y hubiera tenido que descubrir tarde o temprano su naturaleza. Tan solo esa idea, la de presenciar miedo y desprecio, lo estremeció, pero pronto se deshizo de ese sentimiento.

-... ¿Estás seguro? -remarcó con seriedad, cruzándose de brazos. No lo hacía por caridad, era un trato, una remuneración, si es que quería verlo de esa forma. Garou tan solo se encogió de hombros.

El nombre que vino de sus labios lo sorprendió. Así que, "Kang'Lin"... Incluso después de todo, se había atrevido a mencionarlo… Genial. Ahí iba su confianza, al garete. Si tan solo la marca de branded había conseguido arrebatarle esas palabras de la boca, más aún le hacía ver que todo lo que había hecho… había sido un error. Garou tan solo dibujo una mueca en su rostro.

-Un nombre de mujer, ¡Hah! -le dijo un tanto molesto, pero solo brevemente-... supongo que me sirve. Kang eres, entonces. -caminó hacia él, haciendo caso a su sugerencia. No iba a negar que se sentiría más seguro si desconocía el camino de regreso.

-No vayas a morderme ahora. Ya no te creo que seas una damisela. -se quejó, claro que a regañadientes. Garou acercó su mano a su rostro y, tal como le pidió, le cubrió los ojos. Con la otra mano se aseguró de tomar su brazo, pero de manera que al caminar fuera más seguro.- Y no sueñes con que volveré a cargarte. Ya te has robado suficiente... -en otra ocasión habría sido más irreverente con la forma en que decía esas cosas, pero entonces, carecía de la energía.- Camina lento. Es peligroso.

Dio un paso adelante, guiando a Kang por la pendiente. No mencionaba más que las piedras, ramas y raíces que tenía que evitar para seguir andando. Ahora que le volvía a tener así de cerca, quien antes le había parecido una mujer, ahora le daba la impresión de ser tan solo un chico de su edad, o incluso menor. Crecer era difícil para un branded, por lo que no podía culparlo por eso. Pero, hacer lo que hacía, ¡No debería! No debería…

Una vez Garou notó que la guarida ya no era visible desde ese lugar, le permitió mirar de nuevo, pero todavía sujetándolo del brazo. No estaría bien que se adelantara por su cuenta, mucho menos cuando apenas podían mirarse a un metro de distancia.

-No entiendo por qué viniste a la montaña. Si tanto querías huir, no fue para provocarnos. -pues por un momento había pensado que todas sus intenciones habían sido jugar a engañarlo a él y a sus hombres. No podía dejar descansar los pensamientos que lo asolaban, mientras que en el exterior permanecía callado.- No te termino de creer. -ya se la había jugado dos veces, después de todo.-Buscas algo. Pero no puedes estar en nuestra montaña. Nosotros, de verdad, no dejamos que nadie entre ni salga… -arrastró su silencio. Lo cierto es que la muerte muchas veces no era necesaria. La mayor parte del tiempo tan solo ahuyentaban a los intrusos, para que estos propagaran el temor a su territorio. Los aullidos nocturnos de la banda, después de todo, eran su especialidad.

Por fin, llegaron al sitio en que se habían visto por primera vez. El camino que Kang pensaba seguir estaba repleto de otros vigías, no podría llegar demasiado lejos sin que ellos volvieran a capturarlo, sin comprender lo que había sucedido con el jefe, en la guarida. Garou entonces se adelantó a Kang, parándose en frente de él.

-No te atrevas a seguir subiendo. -le amenazó.- ...Pero, vuelve en dos días. -le ofreció de pronto, y muy seriamente.- Te dejaré ir, tan solo si vuelves en dos días a pie de la montaña, para contarme quiénes son “ustedes”. -suponiendo que se negaría, aclaró.- Es mejor que nos evitemos a ser enemigos, ¿Entendido? Si no cuentas nada de mí, no les haremos daño. Tú lo dijiste, tenemos otro enemigo en común. -miró lejos, a la distancia, donde yacía en ruinas el antiguo castillo del ducado. Después, volvió a mirar a Kang. Sus ojos, ahora cansados, volvieron a recorrer su rostro una última vez, antes de apartar la vista bruscamente.- ...no puedo asegurarme de que me hagas caso, así que te haré sentir culpable. -murmuró, cerrando los ojos. Entonces, se sacó uno de sus aros, con mucho pesar. Lo miró largo y cansado antes de ponerlo en las manos de ese hombre, rehuyendo del tacto tan pronto le fue posible.- Tráemelo de vuelta. Si lo haces, hablaremos. -entonces, frunció el ceño.- Pero si no estás allí, volveré por él. Donde sea. Que estés. -resaltó.

Aquella sí era una verdadera apuesta. Moriría antes que perder los pendientes del jefe, por lo que si Kang’Lin no regresaba, lo buscaría por todo Rosanne si era necesario, ¡Y lo haría pagar! Pero Garou ni siquiera se molestó en mencionar lo importante que era para él. No lo entendería.
Garou
Garou
Afiliación :
- ROSANNE -

Clase :
Thief

Cargo :
Bandido

Autoridad :
-

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
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Support :
None.

Especialización :
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Experiencia :
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Mensaje por Kang Lin el Miér Abr 15, 2020 6:23 pm

Levantó una ceja. - Si no te gusta cómo me llamo no es mi problema~ -¿qué le pasaba? ¡Era un nombre hermoso! Pero a pesar de todo, mantuvo la compostura también, al igual que él. - Kang'Lin~... todo junto. -corrigió, su voz notaba una ligera indignación, pero era normal si era un desconocido. Sólo la gente a la que tenía cariño le dejaba acortar su nombre, como él mismo solía llamar a su hermana, "pequeña Kang". Una triste mirada pasó por sus ojos fugazmente, antes de cerrar finalmente los ojos cuando Garou se acercó, levantando el rostro.

- ¿Oh~? Pero, SOY una damisela... por dentro~. -una divertida sonrisa asomó de nuevo por sus labios. - Y de todas formas, sólo los salvajes muerden~. -se resistió a continuar con un "salvajes como tú", puesto que sabía que eso sólo empeoraría las cosas. Pronto sintió la mano de el sobre su rostro, no era tan grande, pero sí... masculina. No se había dado cuenta antes, pero llevaba un par de anillos. El reflejo hizo que abriera sus ojos para comprobar que efectivamente no veía nada, si ya de por sí era de noche, ahora era oscuridad pura. Volvió a cerrar los párpados, sus pestañas tal vez rozando sus palmas. - Oh claaaro, ¡qué pena~!... Como me cargaste como todo un caballero... -dijo con obvio sarcasmo; si sus ojos hubieran estado abiertos se hubiera visto cómo los había rodado. Mas no entendió a qué se refería con lo último. ¿Qué se supone que era lo que se había robado? Si no había tomado nada de allí...
Y, más que reaccionar con otra de sus bromas, al estilo "Pues agárrame bien~"; su voz se tornó seria, al igual que su faz, más ésto último no lo podría ver el bandido. - Lo sé, soy consciente de ello. -más de lo que el pelirrojo podría creer.

No pudo evitar sentir miedo de nuevo, más que por él, por el terreno... ¿y si al final sí le iba a soltar... A matar?
Temblaba a cada paso, cuesta abajo era difícil, más si no veía nada... aunque él le contaba cada obstáculo a sus pies, eso sí tenía que reconocer que se le hacía mas sencillo. Pero... seguía siendo difícil...
Además, lo sentía a su espalda, detrás de él eso podía ser bueno o malo...
Y, más pronto de lo que esperó, el pelirrojo dejó de taparle el rostro. Por lo que antes de buscar un camino, o dónde se encontraba, al abrir sus ojos miró de inmediato al suelo. Solamente hasta que lo pudo ver de nuevo su respiración se relajó.

- ¡Pues claro que no! Tengo mis motivos... -pausó- cosas de mujeres~ -añadió- ¡Pero obviamente no quería en ningún momento ser raptada! ¿Cómo crees? Además, ya te he dicho que ni se me ocurría que pudiesen haber bandidos en este lugar. -Aclaró, de morros, pero todavía no forcejeaba a soltarse. Aún el camino era peligroso. - Hmmm, me pregunto~... Yo también tengo razones para desconfiar de tí, ¿no crees? -se giró a mirarle a los ojos unos segundos, y luego volvió al frente. - Si es realmente sólo por eso, tranquilo, que jamás volveré a venir por aquí~. -de todas formas siempre había tenido miedo de los lugares altos... Y para cruzar hasta el almacén ya iría por el camino largo, supuso de momento.

Y, por fin terreno plano. No que le quitara el peligro de todas formas, pero alcanzaba a ver un par de luces lejanas. ¿Habrían salido a buscarle...? El rostro de Garou tapó su vista, el chico nuevamente le miraba serio, oh no. - No, gracias~ -sonrió, nervioso. Mas esa sonrisa se vio interrumpida por otra expresión de sorpresa, o más bien, de constante confusión. - ¿¿Perdona?? -no le entendía, ¿no que acababa de decirle que no podía estar en "su montaña"? - ¿Qué es lo que se supone que debo de contarte? ¡Ya dije que no volveré a pisar esta montaña!... -suspiró, resignado, viendo que él hacía caso omiso de sus comentarios- ... Sí, sí~. Lo que sea, ya entendí~ -supuso que se refería a los emergidos como había mencionado; claro estaba, ¿quién si no?- Basta con que me acerque al pie, ¿cierto? No es necesario que suba hasta aquí otra vez, digo~... -¿Pero podría irse ya? Estaba cansado, demasiada tensión por una sola noche. Lo miró, incrédulo, aún parecía insistir. ¿Qué quería ahora, para hacerle sentir "culpable"? ¡Kang Lin ya le había dicho que iría! ¡Que quería evitarse problemas con los bandidos! Aunque tuviera todas las papeletas como él de no creerle, igualmente... ¿podría ponerse en su lugar, por una vez? Cualquiera con dos dedos de frente no dejaría sus amenazas al descarte. Además, ¿culpable de qué...? Mas lo que pasó sin embargo, fue sentir en sus manos un pendiente que se había recién sacado de su oreja. Lo miró, confuso, nuevamente. - Pero ésto... -¿no debía ser preciado para él? Porque al menos para Kang Lin, dichos accesorios siempre tenían un significado. Cerró su puño, lo más suave posible; a la vista casi parecía que se le iba a escapar en cualquier momento, pero el agarre era firme, sin ningún hueco entre sus finos dedos. No lo quería romper accidentalmente, de todas formas. - Eres un bandido realmente extraño, ¿lo sabías~? Dándome una de tus joyas... -bajó la mirada, por un segundo, para luego volver a alzar la cabeza- Cualquiera pensaría que sigues queriendo conquistarme~ -dijo, guiñándole un ojo, mientras dejaba escapar una risita.

Pero, antes de apartarse, la culpabilidad ya le había ocupado la mente. ¿A eso se refería...? Y, sin entender el por qué, Kang Lin usó su mano libre para tomar una de las pinzoletas de su cabello, haciendo que se su peinado se deshiciera, parcialmente soltando su cabello ondulado sobre uno de sus hombros. Luego se lo alcanzó al bandido. No quiso pensar mucho más que "Es un hombre, no le va a encontrar nada de provecho a algo femenino". - No me dejes plantada, pues~ -finalmente se apartó, después de dársela. Y corrió en dirección a las luces.

No entendía... No entendía nada de lo que había hecho, las provocaciones, los impulsos, el darle aquello... Ah, sí, un intercambio equivalente que a Kang Lin también le asegurara que él cumpliera su parte. De algún modo.

- ¡Kang Lin! Pero, ¿dónde estabas, muchacha? Te desapareciste de pronto y te hemos buscado por todos lados, ¿te ha ocurrido algo? -preguntaron los hombres una vez el bailarín se hubo reunido con ellos.
- Ah... ¿ésto? Oh~ -se señaló el cabello- ¡Qué tristeza más grande...! Se me perdió mi pinzoleta y fui a buscarla, pero me encontré con una manada de lobitos y salí corriendo~ -contaba, de camino al refugio. - Les recomiendo no vuelvan a adentrarse~ Aunque son animalitos, ¡son muy peligrosos...! -avisó. De aquella manera, los aldeanos no se atreverían a acercarse, tal como Garou se lo había pedido.

Una vez más, su mirada fue a parar al puño, que ocultaba bajo sus prendas...
Kang Lin
Kang Lin
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- ROSANNE -

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Dancer

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Mensaje por Garou el Vie Abr 17, 2020 11:00 am

¡Hmph, sí, claro que le iba a decir Kang’Lin! Cuando era un nombre falso. Lo miraba, frustrado de que siguiera actuando a costa suya. Ya lo había descubierto, debería detenerse. Por mucho que lo intentara, no iba a lograr que Garou dejara de ver lo que había encontrado. Se mantuvo callado, no haciendo mucho caso, aguardando molestia en su interior. No podía escapar de sí mismo, de sus pensamientos; no estaba acostumbrado a dar un paso atrás.  Tan solo quería marcharse.

A Kang le valía, por su propio bien, no meterse en más líos. Si le volvían a atrapar, iba seguramente a terminar en su calabozo, en cuyo caso tendría que darlo todo para defenderlo de los demás. Iba a ser difícil; ni siquiera sabía aún cómo iba a explicar que lo hubiera dejado huir. Quizás era el jefe, sí, pero sabía que lo increparían al respecto. Todo lo que había sucedido entre ellos se convertía ahora en un secreto. Pero sabría que se las arreglaría, después de todo, esa “chica” era asunto suyo.

¿Extraño? ¿De verdad…? ¡No lo hacía por lo que había sucedido! El joven branded tan solo sabía que la confianza, en todas sus formas, era difícil de ganar, y el otro ya le había hecho entender varias veces que no le tenía ninguna. Si debía enseñarle que era un hombre de palabra, lo haría sin importar el costo.

-No te la estoy regalando. -refunfuñó de vuelta. Era un embargo, un trato temporal. Quiso seguir justificándose, pero se le enredó la lengua al escuchar a Kang. Un golpe bajo.- N-no eres gracioso… -murmuró, agachando la vista, sintiendo el roce de esa quemadura.

Suspiró, agotado. Pensaba irse en ese momento, pero frenó al notar que Kang, por su parte, no le daba la espalda.Se quedó mirándolo, abriendo los ojos al descubrir que deshacía su peinado. Su cabello era largo, tal como había imaginado… que se vería. ¿Por qué le hacía eso? Esa mujer que conoció había sido una ilusión, una mentira, pura ficción. Hizo lo posible por no mirar, excepto por cuando notó su mano a un costado. Era parte de su peinado, una aguja, cosilla, lo que fuera. Le clavó los ojos en suspenso, dejando en duda si lo recogería o no, tan solo para después arrebatárselo de las manos en un segundo.

-Es una promesa… -le dijo, todavía sin mirarlo a los ojos. Sin más, Garou emprendió lento y pausado su camino de vuelta a la guarida. No tenía prisa en descubrir la actitud de quienes entonces lo esperaban.

Una vez allí, medio mundo le clavó los ojos haciendo como si no pasara nada. Tan solo uno de sus amigos se atrevió a enfrentarlo, confundido. Garou lo miró atentamente, sin darse cuenta de la expresión de su propio rostro. Una devastada y agotada en exceso, lamentable, en la tierra. Era obvio lo que había pasado, pero el otro aún tuvo el nervio de preguntar.

-¿Qué pasó, se escapó? -lo cuestionó.

-La dejé ir. -respondió Garou con sinceridad. Todo el mundo cogió aire en ese momento, algunos aguantando la risa, otros legítimamente sorprendidos. Por supuesto que no faltaron a quienes les desagradó sobremanera esa noticia.

-¿Y qué pasa con nuestro refugio, perrito? -le respondió uno de sus más vocales retractores.- No pudiste con ella en la cama, y ahora… -el branded se giró hacia él en ese mismo momento, acercándose.

-¡Cállate ya, idiota! ¡No hablará! Estoy seguro. -le gritó. De nuevo el silencio colmó la sala. Garou miró una última vez a su alrededor, para después desvanecerse rápidamente por los pasillos, sin que hubiera persona que se atreviera a seguirlo.

-Crío estúpido… -masculló el otro bandido.

Llegó a su habitación pateando el suelo con cada paso. Entró por el conveniente agujero, para después taparlo no tan pulcramente con una mesa, la cual apenas cubrió los bordes de la pared. Le daba igual, sabía que nadie iba a molestarlo, o al menos atreverse a hacerlo. Simplemente, necesitaba estar solo.

Garou se desplomó sobre su cama y enterró su rostro en la almohada, apretando con fuerza la horquilla en su mano. Su mente entonces estaba en blanco. Acostó su rostro de medio lado, acercándo la pinzoleta a  su nariz. Olía a perfume... Volvió a cerrar sus ojos, escondiéndolos en la oscuridad de sus párpados.  “¿Cómo pude ser tan estúpido..?” murmuró hacia sí mismo. Soñar con que podía enamorarse en tan solo una noche, creer que sus deseos iban a ser correspondidos. ¡Si tan solo no hubiera sido tan ingenuo! Ahora toda la banda estaba en riesgo por su culpa. Había sido el chiste de ese hombre, lo había abrazado, le había revelado su marca…

Aguantó respirar, presionado, ansioso. Negó con la cabeza un par de veces, pensando. Si en verdad había cometido un error, lo sabría en dos días. Sí, hablaría con él, y sabría la verdad. Buscaría entender por qué lo hacía, para qué, y si en verdad había querido engañarlo. Estaba seguro de que así sería.

Finalmente, levantó su rostro, limpiándose las mejillas y la boca.

-… mi cara es un desastre… -susurró, volviendo a recostarse sobre su antebrazo.
Garou
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