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Mensaje por Mallory el Vie Sep 06, 2019 8:20 pm

¿Cuánto puede valer un deseo, que jugarse la vida es un precio pausible para ello? La guerra es un asunto difícil de llevar, o al menos así lo piensa Mallory. Y de todos modos, es capaz de ir sin dudar mucho, hacia los frentes de batalla, aunque le cueste controlar el miedo que le provocan los emergidos. Ella estaba convencida de que había cosas más grandes que el miedo que aun no podía erradicar: una de esas cosas era el deseo de que su familia se encuentre segura, y no solo su familia, sino todas las que pudieran pisar las tierras de Daien. La otra, era probarse a sí misma hasta donde podía dar forma a sus ambiciones para convertirse en una maga oscura. Ser digna de portar el apellido Blacktall.

Es por eso que ahora esta en ese lugar, tan alejado de la realidad de la que poco a poco iba adaptándose y siendo reminicente a la que hace no mucho extrañaba. Cambiar constantemente de paisajes magníficos como lo era Nevassa, a los parajes tan inhóspitos y sobrecojedores de las fronteras de Begnion... Irónicamente, Mallory casi se siente mas afin en las segundas. A pesar de que se puede apreciar el abandono desde lo lejos, donde poco y nada de civilización se puede apreciar; no descarta la posibilidad que la postal que termine encontrando de algún modo le recuerde a su hogar. A lo sumo una copia ligeramente fantasmagórica de lo que pudo haber llegado a ser, si no fuera por la diligencia de su querida Daien. Pero claro, las personas de ahí no tuvieron tanta suerte... Eso quiere pensar. El destino no podría encausarse en algo así.

-¡Off, que frío!- Es la exclamación que hace luego de mirar un rato largo hacia el horizonte. Disipar pensamientos tan terribles es lo mejor, mas que ahora debe dirigirse hacia ésa zona. Mallory puede ir despidiéndose de momento, de la calidez de las fogatas que los soldados hábilmente fabrican, mientras resignifica el "quererse a una misma" en lo que se abraza sola tratando de guardar un poco de calor. ¡Un clima bastante les anda asediando últimamente! Y es por eso que se ha determinado una pequeña expedición en busca de mejores lugares donde asentarse. Si se avanza incluso sobre el terreno a conquistar, pues mucho mejor. Pero para eso se necesita sigilo, algo difícil de mantener para un regimiento bastante modesto desde las fronteras. En teoría, había un castillo abandonado que daba buena pinta para ser otra base, pero era indispensable asegurar el camino hasta ahí.

-¿Debería de abrigarme mas...? Si llueve sería bastante malo...-  Murmura para si misma, mientras palpa el pequeño morral que lleva para su aventura. No es que cargue mas cosa que una capa ya encima, su grimorio y otras cosas que se recomiendan llevar siempre: agua, un poco de comida, medicina. Era lo que irónicamente solía llevar cuando iba de viaje con su padre, justamente a Begnion, mas no muy adentro. Lo que mas añoraba de tales memorias, era una flor maravillosa florecía en sus bosques; pero de eso, nada hay cerca, incluso ni tiempo para buscar.

Ya casi cree se hace la hora pautada para encontrar el compañero con el que ha sido asignada. Alguien del que espera pueda aprender, aun si no es necesariamente sobre magia negra. Ahora, lo único que sabe de tal persona es que es un jinete de wyvern, una de las cosas de las que siempre tuvo un poco de recelo. ¡No es que su trabajo sea indigno, o que no admire la labor para domar semejante bestia! Es que en efecto, justamente esas bestias debían de comer. Y no fueron pocas las veces que algunas de las vacas que crió, seguramente hallaron un horroroso fin entre sus fauces. Aunque era un amor inútil, no podía concebir la idea de que mataran a sus vacas. Aunque la historia podía cambiar si se trataban de gallinas… ¡Con lo preferibles que eran esas en un caldo!

De todos modos, ya no podía seguir arrastrando viejas enemistades con los wyvern. Debería enfrentarse a ellos, y en lo posible, hacer buenas migas tanto con su jinete como su montura. Ya le habían anticipado por comentarios, que caerse de uno era extremadamente doloroso, si es que no se tenia tanta mala suerte como para no volver a levantarse. Trago un poco de saliva ni bien vio al que, creía ella, era el wyvern que debería de conocer. ¡Era la primera vez que veía uno! Y aunque aun no hacia contacto visual con el mismo de manera reciproca, sintió un extraño hormigueo en sus mejillas, típico de cuando… ¡No estaba asustada!  Levanto sus piernas, mas pesadas de lo que recordaba, y busco a quien estaba al mando. Su voz debía proyectar confianza, y disimular su inexperiencia…….

-¿H-hola…?- Tartamudeo nerviosa. De pronto Mallory pensó que no sería mala idea que la pata del wyvern la aplastara. -¿Jinete Fizzart…?- Pregunto, asomándose al otro lado del wyvern. Con mucho cuidado por supuesto.
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Mensaje por Jill el Jue Sep 12, 2019 4:45 pm

Aquel día hacía un frío inusual. Normalmente Jill estaba acostumbrada al frío. Una de las características de Daein es que se trata de una tierra fría, y su hogar en Talrega no era una excepción. Especialmente en invierno, en donde todo el reino se cubre por un manto de blanca nieve.

Cuando comenzó la invasión de Begnion, la soldado daenita se pensó que se encontraría con un tiempo más templado. Después de todo, viajaban hacia el sur. Sin embargo, se encontró con justo lo contrario. Hacía tanto o incluso más frío que en Daein.

Claro que tenía su lógica. Primero, porque apenas habían entrado en territorio de Begnion. Pero sobretodo porque a bastante altura en las montañas. Y si algo había aprendido todos estos años montando una wyvern es que cuanto más arriba estás, más frío hace.

Así que hasta que no lograsen atravesar aquella sierra, al ejército de Daein le tocaba pasar más frío. No en vano se le había encomendado a ella y otra compañera la misión de investigar un castillo en apariencia abandonado. Ese castillo podría servir de base para que el ejército pudiera atravesar las montañas sin dificultades, tener un refugio donde poder adecuarse a las temperaturas montañosas y aprovisionar la vanguardia cuando se asaltase directamente la capital.

El único problema es que Jill no sabía quien era realmente su compañera. Por lo visto, no venía con el mismo escuadrón que ella. Se trataba de una maga oscura, por lo que la soldado se imaginó que se trataba de una alumna del príncipe Pelleas, aunque tampoco estaba segura. Con suerte, se trataba de alguien majo e inteligente como Dantalian. Aunque no podía asegurarlo hasta conocerlo directamente.

Jill iba montando sobre su fiel compañera, con una manta cubriendo su roja armadura para contrarrestar el frío. Diotima iba volando bajo, casi rozando las copas de los árboles. Era la mejor manera de evitar ser avistado por Emergidos. Aunque todavía era de día, el cielo era nublado y era difícil ver pero por fortuna se había memorizado la ruta en un mapa antes de partir, así que tras un rato de vuelo no le costó encontrar a quien sería su compañera de misión.

Su nombre, tal y como le habían informado antes de partir era Mallory. Parecía ser de la misma edad de Jill. Un tanto tímida, o al menos así interpretó la primera reacción de la joven maga cuando Diotima aterrizó a su lado en un claro de la montaña, el punto de encuentro designado.

-Efectivamente. Mi nombre es Jill Fizzart, soldado número 4 del 442º Regimiento de Conquista del Ejército de Daein. Imagino que tú debes de ser Mallory Blacktall. Un honor el conocerte.-saludó cordialmente la soldado daenita para luego empezar a descender de su querida wyvern.-Esta es mi mejor amiga, Diotima. No temas acercarte, no ataca a humanos a menos que yo se lo diga. Al contrario, es muy buena y amable con ellos, ¿a que sí, mi querida Diotima? Anda, saluda a nuestra nueva compañera.-ya tocando los pies en el suelo, Jill abrazó a su amada montura y le dio una palmada para que la verde wyvern saludase a la maga oscura, cosa que hizo mediante un rotundo rugido, moviendo su cara en dirección a donde estaba precisamente Mallory y olisquearla un poco.-¡Te dice hola! No temas que te olisquee un poco. Lo hace para poder reconocerte mejor en próximos encuentros.

Echas las presentaciones, Jill se movió por el claro para rastrear un poco el terreno. Por fortuna, no parecía haber señales de Emergidos por las proximidades. Habían tenido suerte esta vez. Se volvió hacia la maga.

-Ha debido de ser todo un viajecito llegar andando sola hasta aquí. Si lo necesitas podemos descansar un poco antes de partir. Tenemos tiempo. Si tienes frío, te puedo prestar mi manta un rato.-dijo la soldado mientras se quitaba la manta que había usado para cubrirse durante el viaje y hacía ademán de prestárselo a la mujer. Luego señaló con el dedo en dirección sur.-El castillo está a poco más de media hora de vuelo en wyvern. Con suerte no habrá nadie allí y podremos volver a base a informar antes de que caiga la noche. Dime Mallory ¿has montado en wyvern o en pegaso alguna vez?-preguntó a la maga, pues dependiendo de la respuesta, debería gastar unos minutos en prepararla para el viaje.

Mientras tanto, Diotima parecía haberle cogido cariño a su nueva compañera porque todavía no dejaba de olisquearla.

OFF: Lamento haberte tardado tanto en postear. He tenido una semana complicada. Espero que mis próximos posts no se demoren tanto. Gracias por abrir el tema, espero que mi post te guste ¡¡Nos leemos!!
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Mensaje por Mallory el Mar Sep 24, 2019 7:42 pm

¿Debería empezar a aprender desde ya como es que había que presentarse? La formalidad de la Jinete la dejo ligeramente pasmada, mas aun cuando por la distancia logro reconocer mejor las facciones de su rostro tan joven. ¡Seguramente tenían una edad similar, y sin embargo, ella se veía tan lejana desde donde estaba! Su porte, su armadura rojo brillante, todo en ella evocaba un aura de poder y honor que la petrificaban como si contemplara una imagen de vitral de leyendas. Jill realmente lucia como esos guerreros de cuentos que levantaron su amada Daien.

Aunque por otro lado, no podía dejar de sentir cierta emoción por el modo en que ella la habría identificado; Blacktall, como el apellido que estaba decidida a recuperar. Que un compañero de misión la conociera así, se sentía similar a una recompensa de la cual no estaba muy segura ser acreedora en ese instante. Y aunque Mallory aun estaba ligeramente nerviosa por la presencia del Wyvern, no pudo evitar sonreír a su arribo. Una presentación llena de amabilidad era algo que podría parecer tan básico, pero a la vez se volvió tan extraño desde que salió de su casa, que no quería permitirse sentir nada negativo.

-¡Encantada de conocerla, Señorita Jill…! Perdón, ¿Puedo llamarla Jill…?- Pregunto rápidamente ofuscada al caer en cuenta de su excesiva confianza, antes que su mirada se quedara fija por unos segundos en el wyvern, dándole una pequeña reverencia. -¡Y a ti también, Diotima, espero nos llevemos bien!- Saludo, sin saber realmente si era el modo de hacerlo. Para Mallory, aunque no era precisamente una gran letrada sobre animales de este tipo, estaba segura que siempre había que mostrar respeto a una montura por sus nobles servicios, o en realidad, a cualquier cosa que fuera capaz de aplastarte: Diotima cumplía bastante bien con lo que eran esas dos concepciones. Aunque parte de terror –y ese pensamiento presente de que Diotima seguramente comía vacas- se esfumo cuando empezó a olisquearla y respirar sobre ella como si fuera un gran cachorro. Mallory no pudo evitar reírse un poco, ante las respiraciones que desacomodaban todo su cabello. -¡Haces cosquillas Diotima!- Dijo, no quejándose,si no en un tono algo jocoso; atreviéndose incluso a tratar de contener un poco a la wyvern con sus manos, sin siquiera darse cuenta que estaba ya acariciando sus mejillas.

Más debía tomar seriedad, y volver hacia Jizz que parecía mirar con cierta cautela el terreno donde estaban. Su comentario le hizo sonreír de nuevo. –Digamos que he desarrollado cierto talento para caminar últimamente… Pero muchas gracias por preocuparte. Frío… ¿Volando hace frío….?- Pregunto con ligera curiosidad, aunque tenía las grandes sospechas de que ese sería el caso. ¿Cómo tendría una manta tan a mano de no ser así…? Mallory recibió la manta y sintió rápidamente como la misma era bastante diferente a las que solía usar. Pesada, de trenzado grueso, obviamente el calor no escapaba de ella y estaba hecha para combatir heladas.  La contemplaría pensativa unos segundos, volviendo su vista hacia el cielo… Y repasando la misma temperatura que sentía en ese instante, sobre tierra.

–No creo necesitar un descanso, de hecho, creo que es lo mejor que intentemos hacer la expedición antes del anochecer…. Pero ¿Diotima no necesita descansar…? ¿O estaría ya en condiciones de volver a volar hacia el lugar a investigar…?- Pregunto con cierta curiosidad, sobresaltándose de nuevo. -¡Perdón..! No quería insultar la resistencia de Diotima…- Dijo apenada. –La verdad no se mucho de wyverns…! Ni tampoco nunca he montado uno… Ni nada que vuele… - Confeso en ese instante. –He montado caballos, si es que sirve de algo…- Añadió como un extra, aunque no estaba muy segura de que los caballos tuvieran alguna similitud. Sabía que si caía de un caballo, no iba a morirse. Los comentarios que le hicieron llegar de toda su vida, decían que la historia podía ser muy diferente si se hablaba de algo que volara.

-¡Pero pondré toda mi disposición para aprender lo que deba saber en este instante, así no nos retrasemos!- Exclamo con determinación, aun sin levantar su voz pues la idea no era perder el sigilo que venían manteniendo en la zona. No quería volverse un peso para la misión, por lo que ademas de aprender en ese instante, debía demostrar su utilidad una vez arribado al castillo. No podían volver sin buenas noticias al campamento.

OFF:
Lamento yo si que tarde en responder, prometo no pasa de nuevo [Campaña de conquista] El frío siempre cala mas en el abandono. [Privado: Jill Fizzart] 4166068472 Y gracias por rolear conmigo ♥♥♥


Última edición por Mallory el Lun Nov 04, 2019 8:58 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Jill el Lun Sep 30, 2019 3:37 pm

La mago oscura parecía ser alguien jovial y alegre a primera vista. Nada más preguntó si podía llamarla por su nombre de pila y luego tuteó a Diotima con bastante simpatía. La soldado meditó unos segundos si era adecuado mantener así de primeras una relación tan cercana, pero viendo que las dos eran chicas de edad semejante, y que no había nadie más alrededor que pudiera criticarles de no mantener una relación disciplinada, no veía por qué no.

-Por supuesto. Siempre y cuando me dejes llamarte Mallory.-respondió correspondiendo la cordialidad y cercanía con la que la maga se presentaba sin apenas dificultad. Lo cierto es que agradecía aquello. Temía que la maga encargada fuese alguna persona engreída, que solo por tener poderes oscuros ya se creía por encima de todo el mundo y que la obligase a tratarla como si fuese el centro del mundo. Afortunadamente, y si de algo servían las primeras impresiones, aquella no era la situación en absoluto.

Diotima también pareció hacerse amiga fácil de Mallory. Se pasó un buen rato olisqueándola, más de lo que suele pasarse con alguien recién conocido. Tanto que la maga intentó separarse de la wyvern mientras la cogía por las mejillas. Jill no pudo evitar soltar una pequeña sonrisilla ante la escena.

-Normalmente no se demora tanto en olisquear a alguien desconocido ¡Parece que le gustas! Eso, o que hueles a algo que despierte su apetito ¿No estarás acostumbrada a pasear entre animales de granja, verdad?-preguntó a modo de broma Jill, mientras tiraba de las riendas con cuidado para que Diotima dejase en paz de una vez a Mallory.

La conversación enseguida derivó acerca de si ella estaba preparada para continuar con el viaje o si necesitaba un descanso. Aparentemente estaba lista para emprender la misión, aunque no dudó en aceptar la manta que le ofrecía Jill.

-El aire es frío, y cuanto más alto estás, más frío es. No vamos a volar muy alto, pero lo haremos por encima de los árboles, quienes nos protegerían del viento en caso de que fuésemos andando. Así que sí, hace frío.-concluyó de manera directa la soldado. No había motivo para suavizar la noticia, era mejor que Mallory estuviese mentalizada desde el principio, no fuese a hacerse ideas equivocadas y luego el golpe fuese mayor. No quería que la pobre mujer pillase un catarro en su primer día de misión juntas.

Y hablando de la misión, como se había imaginado, Mallory jamás había montado en una wyvern. Jill cada vez estaba más segura de que debía enviar una carta al príncipe Pelleas para que en su escuela de magia oscura diesen pequeñas nociones de como montar en estos animales. Después de todo, este tipo de misiones se hacían cada vez más frecuentes, por lo que lo ideal es que ya viniesen adiestrados desde el principio. Pero bueno, ahora poco podía hacer, salvo explicarle lo más básico de lo básico, como ya había hecho anteriormente con cierto otro mago oscuro que tampoco sabía nada de montar wyverns.

-Diotima está más que lista. Su resistencia es muchísimo mayor que la de un humano, puede pasarse horas volando e incluso llevando a dos personas con armadura sin ningún tipo de problemas. Así de fuertota y maravillosa que es mi querida amiga.-y abrazó de nuevo a su querida wyvern, demostrando nuevamente lo que sentía por su querida Diotima, antes de empezar con las instrucciones. O más bien, la única instrucción.-Montar un wyvern… es completamente distinto a montar un caballo. Si te sirve de consuelo, yo nunca monté a caballo, así que algo en lo que tienes ventaja sobre mí. En fin, regla número uno, principal que debes grabarte en la memoria cuando estemos volando: NO. TE. MUEVAS. Pase lo que pase, no te muevas. Yo soy la jinete, tú eres la pasajera. Ataré tus piernas con la correa a la cintura de Diotima para asegurarnos de ello, pero aun así no debes moverte. Si necesitas agarrarte a mi cintura para sentirte más segura, hazlo. Respira tranquila y despacio. Y si tienes vértigo… ni se te ocurra mirar abajo. El viaje será corto, pero es importante que me hagas caso en esto ¿hay alguna duda?

Jill esperó a ver si Mallory tenía alguna cuestión que le preocupase para resolvérsela. Luego la ayudaría a subir encima de Diotima y le ataría las piernas. Y por último, subiría ella sobre su montura y comenzaría su marcha hacia el castillo. Efectivamente, si se daban prisa, llegarían antes del anochecer. Y si tenían suerte y no encontraban nada, podrían volver al campamento a la hora de la cena. La idea hizo que le rugiera un poco el estómago a Jill, y de manera sincronizada, también a su querida Diotima ¡Si es que son tan parecidas las dos!
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Mensaje por Mallory el Lun Oct 14, 2019 10:36 am

Todo podría haber seguido siendo risas, de no ser por cierto comentario que hizo Jill que un poco le preocupo a Mallory. ¡No es como si la sonrisa que portaba hasta ese momento hubiera desaparecido! Pero ciertamente la misma se congelo con cierto nerviosismo en sus facciones, haciéndola sentir un poco más nerviosa de lo que podría haber estado hace segundos. ¿Es que acaso aun tenía la esencia de las vacas sobre ella? La angustia y necesidad de saber de pronto si es que los Wyvern tenían un olfato superior, casi clarividente, o si es que ella jamás termino de quitarse de encima el olor a pelaje de ganado, la tenían muy preocupada. Casi tanto que la mención del excesivo frio que era posible enfrentar, pasaría como un contratiempo nada espectacular en sus pensamientos. ¡Y como no! De pronto en su cuerpo se habia levantado un excesivo calor producto del bochorno.

Aun así, la cosa mas importante que tenía que centrarse en ese instante –aunque aun le perseguía la idea de apestar a ganado-, era el tema de cómo poder montar a Diotimia. Para su gran decepción, cualquier noción sobre andar en caballo se convertía en una información poco redituable en ese instante. Los comentarios -aterradores- sobre montar Wyverns hallaban su confirmación total de boca de una propia Jinete. ¡Y aunque estaba recibiendo instrucciones sencillas, sentía por instantes no ser realmente capaz de acatarlas! Pero por supuesto, trataría de disimular sus inseguridades con palabras que buscaban sonar con confianza. Después de todo, había prometido dar lo mejor de sí para no ser un contratiempo en la misión. –¡Entiendo…! No moverme, no mirar abajo, no… Ponerme nerviosa…-  Trato de recapitular, claramente nerviosa hacia el final de sus balbuceos.

Y esas serian las palabras que se diría a sí misma, en su cabeza, sin siquiera procesar hasta en el preciso momento en que empezaría a ser atada a la montura de Diotimia.-¡Auch…!- Chillo en un instante que sintió las cuerdas demasiado tirantes sobre sus piernas, a pesar de que la situación le causaba entre una mezcla de curiosidad y pena. ¿Debería empezar a reconsiderar el usar una especie de uniforme especial para sus expediciones…? Su vestido aunque practico para la ocasión, dejaba ciertas dudas sobre si… Por más que fuera solo una jovencita quien estuviera viendo un poco más de lo que normalmente solía cubrir respecto a sus piernas.

–Perdón perdón, tu ajusta lo necesario…!- Se disculpo de inmediato ante los quejidos que daba, tratando de mantener su palabra de no moverse, desde el momento cero. No habían volado aun, aunque seguramente lo harían en nada. Y era ahí donde debía mantener todo el control que su cuerpo debiera hacer. Jill terminaría subiéndose a Diotimia con una gracia que la dejaría asombrada, observándola con cierta emoción de algún modo por lo fácil que lo hacía lucir. ¡Habría celebrado aun más la demostración…! De no ser por como sintió automáticamente el aleteo empujando el aire, antes de finalmente empezar a elevarse sobre la Wyvern. ¡Una sensación realmente única, curiosa, que la podria describir como si su estomago se aplastaba dentro de ella a la vez que su cuerpo se elevaba! Mallory habría permanecido quieta durante ese instante, con una sonrisa emocionada, al menos hasta que dio un pequeño vistazo hacia abajo y…

-¡AH!- Exclamo como una especie de suspiro, aunque quería sonar como un grito de miedo. Sus manos de pronto se habían acomodado casi de manera automática a la cintura de Jill, mientras la mayor parte de su consciencia estaba totalmente dedicada a la idea de por ningún motivo, desmayarse. Serian unos segundos después que notaria lo invasiva que había actuado sobre su compañera. -¡Ah, perdón perdón…! ¿Me habías dicho que me sujete de ti… verdad? Perdón, debí avisarte.- Dijo bastante apenada. Y es que mas allá de la situación… ¡Hacia tanto tiempo que no abrazaba a alguien que se sentía casi extraño! Mas, para disimular un poco aquello, trataría de hablar… ¿No era de las cosas que no podía hacer, verdad?

-Señorita Jill.. ¿Alguna vez de cayo de Diotima mientras la montaba…?- Preguntaba con verdadero interés, por mas que deseara pasar un poco el tiempo. ¡Necesitaba terminar de confirmar si era cierto el que podrían morirse de suceder! Mas aquella curiosidad que deseaba confirmar, se vio interrumpida o mejor dicho, olvidada por un gruñido que de algún modo a Mallory se le hacía familiar. No era la bella Diotima gruñendo –que estaba segura, eso le causaría un escalofrió de miedo-, sino uno diferente, uno ligeramente callado pero no por eso menos visceral. ¡Definitivamente era el sonido de un estomago hambriento lo que sintió aun a través de la montura! Aunque percibir aquello no había sido solo por parte del wyvern, sino también desde la misma Jill al haberla aun sobre la armadura. ¿Esa sincronización era parte de su conexión especial de jinete-montura? Los ojos de la hechicera de abrieron grandes, con curiosidad, y ligeramente impresionada. Tenía miedo de comentar algo desafortunado, pero finalmente la curiosidad podría mas que lo que fuera sus modales. Al menos estaba segura que no caería del Wyvern con lo bien atada que estaba.

-¿Tienen hambre….?- Pregunto con una pequeña risilla nerviosa atravesada, no queriendo sonar demasiado metiche. –Tengo en mi bolso un enorme pan de leche… Por si quieren comerlo al descender…- Ofreció, no muy segura que fuera la mejor oferta en realidad. ¿Diotima podría comer pan…? Desde su propia experiencia, todos los animales podían comer pan, porque incluso hasta les gustaba. Pero no sabía si los Wyverns tendrían alguna objeción con aquello, siendo carne o nada.


Última edición por Mallory el Lun Nov 04, 2019 9:00 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Jill el Dom Oct 20, 2019 5:44 pm

Diotima alzó el vuelo con facilidad, portando sobre su lomo no solo a su amiga y jinete Jill, sino a la maga oscura Mallory como pasajera. Nada más dar sus primeros aleteos, la soldado pudo notar como Mallory colocaba sus brazos sobre su cintura casi de manera automática, acompañada de un grito. Al menos, no forcejeó, que era lo que más le preocupaba. Por eso, cuando la maga se disculpó por aquello, Jill le quitó hierro al asunto enseguida.

-No pasa nada, Mallory. Estoy más que acostumbrada. Sujétate tanto como necesites, aunque el viaje no será muy largo.

La wyvern empezó volando despacio y bastante bajo, rozando las hojas de los árboles. Eso tenía una doble función. Como todavía no había anochecido, si volaban alto corrían el riesgo de ser descubiertas antes en caso de que hubiera Emergidos en el castillo a investigar. Pero también servía para calmar un poco los nervios de la maga. Si se le ocurría mirar abajo, pese a los consejos que le había dado Jill, al menos no sentiría el vértigo de estar a decenas de metros de altura sobre el suelo montañoso.

Sin embargo, los nervios persistían en la pobre maguita, como pudo notar Jill en cuanto le formuló la siguiente pregunta. La soldado soltó una carcajada para tranquilizar a la pobre mujer.

-Desde que Diotima y Jill entramos en el glorioso ejército de Daein, ni yo ni nadie que se haya montado como pasajero sobre los lomos de Diotima ha sufrido el menor accidente. Para poder formar parte del ejército de Daein, los wyverns pasan un severo y riguroso control para asegurarse que están bien adiestrados. Y posteriormente se nos entrenan en todo tipo de tácticas de vuelo para garantizar nuestra seguridad incluso con las más arriesgadas maniobras. No tienes nada que temer.

Todo lo que le había dicho a Mallory era absolutamente cierto. Aunque la mente de Jill no pudo evitar aquellos días en los que todavía no formaba parte del ejército y Diotima no estaba totalmente domada para el pilotaje. En aquellos tiempos, y aun con la ayuda y consejos de su padre, sí que hubo algún que otra caída que acabó con varios chichones y algún que otro esguince. Pero todo aquello fue hace bastantes años, y la maga oscura no tenía por qué conocer ese tipo de historias.

Y llegó el tiempo a Jill de pasar vergüenza, cuando su estómago y el de Diotima rugieron casi a la vez. Deseó que Mallory no la hubiese escuchado, pero las palabras que pronunció dejaron en evidencia que sí lo había hecho. La cara de la soldado se volvió por completo roja.

-Yo… esto… Gracias por el ofrecimiento… Pero mejor asegurarnos primero que no hay peligro al aterrizar. Sería horrible caer en alguna emboscada con la guardia baja porque estamos comiendo. Y además… Diotima no suele comer pan… y es mejor no alterar su dieta…-los wyverns son animales principalmente carnívoros, y en el ejército se sigue un procedimiento estricto también para alimentar a estos animales, lo suficiente para que sigan siendo fuertes pero que tampoco engorden demasiado.

Afortunadamente, la conversación no se extendió mucho más, porque pronto llegaron al objetivo. Ante el cielo anaranjado del ocaso, el castillo de piedra abandonado se veía impresionante. En un principio no parecía haber nadie, ni en las torretas ni en las murallas, por lo que como primera impresión, realmente parecía que no había Emergidos dentro. Pero aquella primera impresión no servía. Había que investigar a fondo el lugar. Jill bien sabía lo traicionera que podía ser aquellas criaturas.

Sobrevolaron la muralla y llegaron al patio de armas del castillo, donde Diotima aterrizó tratando de hacer el menor ruido. Aquel era el mejor sitio para descender, pero tenía la pega que se podía ver desde las muchas ventanas que había en el castillo alrededor del patio. Si había Emergidos, era bien probable que les hubieran visto. Tampoco es que tuviesen muchas opciones.

Jill se bajó de Diotima y desató a Mallory, para que ella también pudiera descender de la wyvern. Echó un vistazo alrededor. El patio de armas parecía realmente abandonado, con hiedra y musgo en las paredes, y malas hierbas en el suelo arenoso. Las murallas eran ya demasiado altas como para dejar pasar el Sol y una enorme sobra lo recorría todo. El silencio era sepulcral, y acompañado del frío, la sensación era realmente tétrica. Pero Jill era toda una soldado, hacía falta muchísimo más que eso para poderla intimidar.

-Lo importante ahora es que mantengamos el silencio. Ten los ojos bien abiertos. Y sobretodo, mantente detrás de mí. Pase lo que pase, mi misión es protegerte.-le dijo casi susurrando a la muchacha. Luego le dio un par de palmadas a Diotima, la señal para que ella también se mantuviera en silencio. La wyvern movió la cabeza, dando a entender que había comprendido la orden.

Jill entonces empezó a pasearse en silencio por el patio de armas. Al principio todo parecía en orden, y la soldado comenzaba a soñar con un pronto regreso al cuartel. Pero en menos de un minuto de investigación, todo se fue al garete.

La soldado no dijo nada. Simplemente se limitó a señalar al suelo para que Mallory también lo viera, un rastro de huellas bien marcadas. Eran huellas bastante recientes. De botas de soldado. Con la profundidad que suele dejarlas un Emergido. Y había de distintos tipos además.

Jill sabía lo que aquello significaba. Cogió su lanza con fuerza, en posición de combate.  El enemigo estaba escondido en el castillo. Y seguramente sabría ya de la llegada de las guerreras daenitas. Solo era cuestión de tiempo, pero el combate empezaría pronto.
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Mensaje por Mallory el Lun Nov 04, 2019 10:33 pm

Viajar con Jill y Diotima era una experiencia que Mallory atesoraría hasta que su corazón dejara de palpitar. Si bien el temor inicial que supuso todo el asunto la había dejado sujeta de cuerpo y alma tanto a la jinete como a su montura, en el sentido mas literal posible… No podía dejar de ser agradecida por el aprendizaje que aquella vivencia, aun manchada con pequeñas pinceladas de miedo, dejaban dentro de sí. Viajar en Wyvern no era necesariamente aterrador, como así tampoco los Wyverns en sí, aunque siguieran comiendo vacas; algo que Jill se encargaría de aclarar. ¡Quizás Diotima tenía su propia opinión con respecto al pan de leche y probaría un poco con o sin permiso de Jill! Aunque eso implicara desautorizarla un poco, Mallory consideraba que nadie vivía lo suficientemente bien si es que no se comía uno antes de morir, sea un humano o un animal… Mas morir definitivamente no era el plan de esa noche al menos, ni de las que pudieran seguir.

-¡Celebremos con el pan de leche entonces!- Propuso con una sonrisa que difícilmente alguna vería desde su visión. Ya no había tanto temor, como cierto gozo dentro de sí. La sensación incomoda en su estomago se iba disipando de a poco, a pesar de que su mirada se fijaba cada tanto hacia el vacio, primero matizado de verde, y luego de una neblina… ¿Estaban cruzando las nubes…? ¿Estaba acaso tocando el cielo…? La curiosidad la hizo apartar una de sus manos por un instante del abrazo del que se sujetaba a Jill, procurando extenderlo hacia aquello que tantas veces soñó tocar… Antes que el descenso la despertara de su distracción, haciendo que una no tan asustada pero si mas alerta Mallory, abrazara a su compañera rápidamente otra vez. Ahora ya no era el cielo quien robaba su vista, sino el castillo que tenían en frente. De aspecto abandonado y tétrico por la piedra oscurecida, pero aun así soberbio en su tamaño y estructuras con bestias aladas guardando sus balcones. -¿Esta es…?- Pregunto con un dejo de asombro, sintiendo un escalofrió recorrerla entera mientras más se le acercaban. Un presentimiento. No sabía si malo o bueno.

El aterrizaje seria impecable para los nervios de Mallory a diferencia de lo que fue el despegue, aunque el temor de entrar directamente en territorio enemigo la mantenía ligeramente preocupada. Por un pequeño instante las ataduras que hicieron sobre sus piernas se hicieron ligeramente eternas, hasta que pudo liberarse, y otra vez plantar sus pies sobre el suelo. El eco de sus propios pasos era, irónicamente a pesar de lo discreto, demasiado ruidoso para el silencio casi sepulcral de ese lugar. Algo que considero, tenía cierto sentido… Aun sin ser realmente una de las practicantes mas letradas, podía percibir las vibras negativas que sobre la piedra se habían grabado producto de una tragedia que desconocía, pero podía imaginar… El temple de Mallory cambio radicalmente a aquel con el que inicio su misión, mostrándose ahora, ligeramente acongojada.

Las palabras de Jill, con discreción, la hicieron mostrarse más decidida, deteniéndola por un segundo antes de que siguiera avanzando. Un poco atrevida quizás, pero quería tomar su mano y dejarlo claro. –Somos compañeras Jill… Mi misión también es protegerte a ti, y a Diotima.- Dijo sonriendo con cierto pesar, propio del deber y del miedo de no poder cumplir con su palabra; aunque estaba dispuesta a darlo todo de sí para mantenerlo.

Mallory seguiría a Jill despacio, manteniendo una distancia demasiado reducida. No quería incomodarla, mas consideraba apropiado observarla para poder aprender de sus tácticas. Paró en seco, antes de ver con algo de curiosidad las pisadas que se hundían en la tierra. Las mismas se dirigían al interior del castillo, donde la oscuridad de sus pasillos era completa, simulando casi la boca de un lobo. ¡Demasiado arriesgado aun para ella, que se ungía mejor dentro de la oscuridad…! No obstante, la respuesta podía verse dentro entre sus manos, acurrucado sobre su pecho. La joven hechicera detuvo a Jill en silencio, pidiéndole un poco de tiempo. Quería probarse a sí misma, con uno de los conjuros que mas estuviera practicando desde que se inicio sus estudios.

Abrir el grimorio en la página indicada, y lo apoyaría sobre su pecho presionando justo sobre su corazón. La boca de Mallory se mueve, con  un susurro casi imperceptible, antes de que con un gesto de su mano, un éter que se funde en la misma oscuridad del anochecer empiece a salir más y mas de su pecho. Una sensación fría nace de aquel amasijo de energía corrupta, antes de que la misma caiga al suelo, casi tomando la forma de un conejo… Uno que se disipa por su cuerpo incorpóreo, pero aun así, útil. La mirada de Mallory no obstante se ve opacada, mientras el animal fantasmagórico, tras observar desde su humilde tamaño, parte a correr velozmente hacia la oscuridad del castillo sin previo aviso.

Y mientras corre, la vista de Mallory le acompaña, a cierto costo. –Jill… Estoy ciega… Pero, podre decirte donde están ellos…- Aclara en voz muy baja, procurando no temblar ante lo cantidad de enemigos que empieza a contar y el riesgo mismo que supone el hechizo; a la vez que la sombra se escurre entre los pies de los emergidos de forma impune. No faltara mucho para que la sientan, o si quiera comiencen a alertarse por la sensación de incomodidad que aquella proyección carga consigo.

Pronto un grito casi similar a un aullido retumba desde uno de los flancos de las galerías que tienen en frente. Mallory se cae al suelo arrodillada, mareada, antes de que otros sonidos retumbando desde aquel lugar aniquilen el silencio mortuorio que se extiende sobre el patio de armas.  Hay quejidos y un escándalo, que aunque la joven maga quisiera contar a Jill del alboroto que ha causado una simple mordedura en un tobillo, que ha derivado en un golpe,  una pelea y cosas cayéndose por doquier…. Ahora mismo está demasiado mareada tratando que su vista no muera junto al fantasma que su magia ha formado.

Un hechizo avanzado, que puede costarle quedar ciega.

Mallory se intenta poner de pie, ofuscada, pero sin soltar su grimorio. –¡Jill…! No me encuentro… ¡Necesito encontrarme…!- Declara algo preocupada, ya no pudiendo guardar los modos de su voz.

Una pelota oscura sale volando desde una ventana, cayéndose al piso para seguir rodando. Se desarma… Y se acomoda, otra vez, como el conejo de sombras que busca tambaleándose, ponerse de pie, y seguir corriendo. Mas no viene solo, le siguen unos cuantos emergidos, algo alterados por la sucia treta con la que arruinaron su plan.
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Mensaje por Jill el Jue Nov 21, 2019 9:19 am

Jill se preparó para entrar en aquel siniestro castillo, siguiendo el rastro de las pisadas. Pero antes de que pudiera dar un solo paso, Mallory la detuvo. Aparentemente tenía una idea y quería llevarla a cabo.

A la soldado le gustaba la decisión que estaba mostrando la maga oscura. La primera impresión que había recibido de ella era que se trataba de una chica dulce y amable, y un tanto tímida. Demasiado para lo que se exige de una soldado en el campo de batalla. Pero detrás de esa superficie parecía estar toda una guerrera dispuesta a probarse a sí misma. Jill no se negó, sino que asintió con la cabeza y la dejó hacer, utilizando su magia oscura. Lo cierto es que la soldado pelirroja tenía curiosidad por saber lo que Mallory era capaz de hacer.

Al principio, Jill no tenía ni la más remota idea de lo que la maga oscura estaba conjurando. La soldado había luchado previamente con magos oscuros, pero jamás había visto a ninguno de ellos utilizar su poder como lo hacía Mallory. Convocando una especie de aura oscura y siniestra en su pecho, descendiendo como una bola hasta tocar el suelo… y tomar la forma de un conejo. Un conejo más negro que la noche más oscura.

La soldado permaneció en silencio, sin comprender nada. No fue hasta que le dijo Mallory que se había vuelto ciega, que empezó a atar cabos. Aparentemente, aquel conejo se había vuelto en los “ojos” de Mallory. Y entraba en el castillo para poder descubrir cuantos Emergidos había dentro sin llamar la atención ni ser descubiertos. Jill estaba alucinando.

-Guau. Es poder de la magia oscura es realmente increíble. Que seas capaz de hacer algo así es realmente asombroso.-alabó con sinceridad en voz baja a la maga oscura. Por muchas veces que luchara junto a un mago oscuro, siempre le acababan sorprendiendo.

Quizás no debió haber hablado. Mas que nada porque posiblemente la estaba distrayendo con sus palabras. Fuese culpa de Jill o no, al poco parecía que Mallory había perdido el control de aquel conejo y no era capaz de saber qué estaba pasando. Jill intentó ayudar a Mallory a ponerse de pie, cuando ella cayó al suelo, más no tenía idea alguna de cómo poder ayudarla.

-¿Existe alguna forma segura de romper el hechizo?-preguntó alarmada la soldado a la maga oscura, antes de volver su vista hacia las paredes del castillo.

Ruido desde el interior, gritos, rugidos y tropezones. Eran los Emergidos. La bola oscura conejil cayó desde una ventana y empezó a correr por el patio, huyendo de sus monstruosos perseguidores. Un grupo de Emergidos, unos seis, empezaron a saltar uno a uno de la ventana.

-Voy a intentar ganarte tiempo.-le dijo la soldado a la maga oscura al oidi antes de lanzarse a la carrera. Jill lanza en mano corrió para interponerse entre las diabólicas criaturas y el conejo negro. No sabía lo que pasaría si los Emergidos pillaban al conejo, pero por los gritos de Mallory no se imaginaba nada bueno.-¡Eh, vosotros! ¡Si, criaturas inmundas con el cerebro de un subhumano! ¡Soy Jill Fizzart, soldado del glorioso ejército de Daein! ¡Os desafío a un combate! ¡Vosotros seis no sois nada para mí!-gritó con fuerza y coraje la soldado, colocando su lanza en posición defensiva mientras los seis Emergidos se acercaban despacio, intentando rodearla.

Jill sonrió. Ella sabía que seis Emergidos eran demasiados para ella sola, pero como había dich a la maga oscura, solo buscaba distraer la atención de esos monstruos para ganar tiempo y que Mallory pudiera recuperar el control y unirse a la lucha. Además, aun sin Mallory, no estaba realmente sola.

Uno de los Emergidos logró ponerse detrás de Jill, e intentó atacarla por la retaguardia con un hacha. Pero antes de que pudiera alcanzarla, Diotima apareció corriendo por detrás suyo y de un mordisco le arrancó el brazo que portaba el arma. La soldado se dio la vuelta y remató con un lanzazo al Emergido en el pecho, para derribarlo al suelo y subirse de inmediato a lomos de su querida amiga, quien no dudó en alzar el vuelo.

Quedaban cinco, y afortunadamente ninguno de ellos era arquero. Los Emergidos tenían la superioridad numérica, pero Jill tenía la superioridad aérea. La situación no es que estuviera bajo control, pero tampoco es que ya estuviese en clara desventaja. Desde el aire, lanzaba estocadas con sus lanzas y zarpazos a través de Diotima, para luego sobrevolar fuera del alcance de los Emergidos antes de que pudieran contraatacar.

Aquellas criaturas sabían defenderse y esquivaban los ataques de Jill como ella esquivaba los suyos. Pero al menos, había cumplido lo que le había dicho a Mallory. Le estaba dando tiempo, logrando que los Emergidos ni se fijaran en ella y olvidasen al conejo negro. Esperaba que en cuanto la maga oscura se recuperase, las tornas se volvieran ya completamente a su favor.
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Mensaje por Mallory el Dom Ene 12, 2020 11:30 am

Desesperación... Es un sentimiento tan ruin para el que practica la magia, que ahora mismo que cuando Mallory lo siente, no sabe si será el fin de su vida. No es capaz de encontrarse ni hallar un poco de calma mientras su cabeza se divide en dos. Por un lado su cuerpo que tiembla, sin saber si empezar a saltar como un conejo por reflejo, o su vista, que se distrae entre huir de los emergidos y hallarse a sí misma también. No es hasta que es capaz de oír la voz de Jill asegurándole un tiempo, que intenta calmarse. Una respiración tensa, mientras su cuerpo termina de desplomarse en el suelo. Lo mejor es concentrarse en donde el conejo corre, antes de poder ver la armadura bermellón de su compañera y más a lo lejos, como si estuviera desmayada, a sí misma.

El conejo pasa veloz como si fuera un animal real y no un amasijo etéreo, esquivando las piernas de su compañera, buscando como si le fuera la vida en ello el encontrarse con su verdadero cuerpo. Mallory sigue abrazada al piso, calmando su corazón y tratando de dominar su miedo… ¡Ya pronto llegara a sí, ya pronto…! Piensa, mientras se acerca a sí misma, sin desear voltear atrás… Antes que un brazo volara sobre el conejo asustándolo un poco. Su cuerpo se sacude con un espasmo propio de la sorpresa, antes de asegurarse tras un vistazo veloz y lleno de terror, que no se trata del brazo de su compañera. ¡La suerte de momento les sonríe, negando semejante tragedia! Pero no puede distraerse, no mientras al menos cinco emergidos siguen en pie acechando a Jill y Diotima. El conejo acelera su carrera, mientras Mallory logra ponerse de rodillas cuando menos. Ya falta poco, antes de que vuelva a encontrarse a sí misma en un abrazo en que tanto su vista como ella se funden de nuevo… Dejando un pequeño malestar en el proceso, a pesar del alivio que significaba aquello. ¡Un precio a pagar por un hechizo avanzado a manos de una novata!

-Aw…- Se quejo primero, despacito, obligándose a reincorporar lo más rápido que pudiera. ¡No había tiempo para resentir su estomago darse vuelta mientras su vista se acostumbraban otra vez a sus ojos! Aunque algo de todo aquella situación le hacía ruido, y no precisamente por el sonido de una batalla encarnizada desarrollándose un poco adelante. Finalmente de pie aunque no de forma muy digna, también desea acomodar su vista para confirmar lo que sus sospechas la mantienen con tan mal semblante. Cuenta entonces  

-Uno…Dos… Tres… Cinco emergidos… - Descartando al que se retuerce desangrándose a un costado con su brazo cercenado, son números que no terminan de cerrarle ¡No solo siguen siendo muchos sino que… Estaba segura que en su breve expedición por lo menos había contado siete! ¿Pero cabía la posibilidad de que equivocara? Quizás por un momento, pudo haber contado mal y la adrenalina de todo aquello le ha confundido. Sí, eso es lo que piensa para darse seguridad mientras sostiene su grimorio, analizando que desafortunado será la victima de su magia, además de ella misma claro esta… ¡Puesto seguía horriblemente mareada!  

-¡Argh…!- Vuelve a quejarse, con una molestia que no puede disimular. Mallory prefiere detener sus pasos, antes de llegar al frente de batalla con ese andar tan lamentable. ¡De todos modos no es necesario que se acercara demasiado, considera! El malestar de su rostro se mantiene, a la vez que su boca empieza a conjurar nuevamente la oscuridad para que sea la anatema de aquellas vidas corruptas. La noche por suerte, termina siendo una gran compañera de la joven hechicera, y el frió que trae consigo, se vuelve otro aliado para poder camuflar esa revuelta de sensaciones escabrosas que se arremolinan al conjurar magia oscura. Podría incluso, con mucha suerte, el seguir ajena de la atención de los emergidos que están más ocupados contra Jill y la amenaza voladora que implica un Wyvern como Diotima de oponente.

No obstante, esa discreción desaparecerá apenas haga su primer movimiento.

El avance de su ofensiva es silenciosa, pero no por eso menos rápida. De hecho, el asedio que se realiza es muy similar al que tienen esos animales que son capaces de cazar solos con la impunidad que jamás podrían ser dañados por sus presas; y aun así, no dejan de montar una cacería propio del que si debe tener cuidado. Solo se anticipa un gruñido profundo, antes de que la magia ahora moldeada con la forma de un gran lobo, se abalance sobre uno de los emergidos en una embestida con tanta potencia que logra tirarlo al suelo. Luego de aquel bulto, solo se escuchan mas gruñidos, uno violento, otro con dolor. Aunque solo uno es capaz de capaz de manchar la piedra caliza de aquel suelo abandonado, y no es precisamente aquella pesadilla con forma de lobo. Los colmillos negros de aquel animal podrían estar brillando con algo de sangre en ese instante, pero no es algo que Mallory pueda ver desde donde está.

Ahora si, se repliega, abrazando su grimorio con fuerza. Ha llamado la atención, y su vista queda clavada con cierta pena sobre Jill y Diotima… ¡Era su primera vez combatiendo por su vida! Hasta ese instante no sabía qué hacer para continuar, al menos antes de notar como otro emergido se decide a darle caza. Mallory corre, como empezara también a correr la criatura que ha invocado para protegerla. ¡No sabe muy bien como, pero seguramente el miedo hizo esfumar todo su malestar para moverse!  Siempre sin dejar de mirar atrás, y peor aún, teniendo en cuenta otra cosa importante…

-¡SIETEEEEEEEEE! ¡JILL, CONTE SIETEEEEEEEEEE!- Chilla con fuerza, antes de empezar a correr en ese “pilla pilla” que se jugaba su vida.
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Mensaje por Jill el Jue Ene 23, 2020 5:01 pm

Aquella situación le traía recuerdos a Jill. No era la primera vez que ella se encargaba de distraer a un numeroso grupo de Emergidos con el objetivo de proteger la vida de un hechicero oscuro. Sin embargo, contaba con una ventaja y una desventaja. La ventaja era que estaba a lomos de Diotima. Esa era la mejor forma de combatir que conocía, y con la que podía estar más a salvo, además de guiar a su amiga wyvern para que también lo estuviera. La desventaja es que Mallory parecía estar en un estado todavía medio inconsciente y no podía ser de mucha ayuda aún en el combate.

Al menos, parecía que ya se colocaba de rodillas, recuperando en parte control de si misma. Jill la tenía que observar meramente con el rabillo del ojo, ya que la mayor parte de su concentración consistía en mantener el vuelo y asegurarse de mantener la atención de los Emergidos sin que estos pudieran alcanzarla a ella con sus lanzas o espadas.

La soldado daenita se propuso todavía seguir ganando tiempo para Mallory. Al menos, hasta que estuviera en plenas condiciones para luchar. Había logrado ponerse en pie, pero parecía todavía confusa, intentando comprender la situación en la que se encontraba. Uno de los Emergidos intentó acercarse a ella, pero Diotima lo interceptó poniéndose entre medias y la lanza de Jill logró obligarle a retroceder.

Dos Emergidos más intentaron atacar a la wyvern, pero sus ataques fueron repelidos por la lanza de la jinete. Diotima agitó sus alas y volvió a alzarse al aire para alejarse nuevamente de los ataques de Emergidos. Había logrado que los Emergidos se volvieran a centrar en ella, y al mismo tiempo, mantener la suficiente distancia en el aire como para evitar ser alcanzada por alguna de sus armas.

De repente, una especie de sombra en forma de lobo se abalanzó contra uno de los Emergidos, derribándolo y devorándolo como una auténtica bestia. A pesar de la oscuridad que ya empezaba a reinar en aquel patio del castillo, la sombra era perfectamente indistinguible por ser especialmente negra, como si absolviera toda la luz que se pudiera concentrar a su alrededor. A Jill no le costó imaginar ni un instante, que al igual que el conejo de antes, aquello era obra de Mallory. Aparentemente, cada mago oscuro utilizaba su magia de formas diferentes, y en caso de su compañera, gustaba de usar animales.

Cuatro eran los Emergidos que quedaban con vida. O al menos, eso era lo que Jill pensaba en aquel momento. Pero un grito desaforado le informó de que sus cuentas eran erróneas. Había un Emergido más, y estaba persiguiendo a Mallory. La soldado daenita se maldijo a sí misma por no haber sido capaz de darse cuenta antes de que había un Emergido extra entre los enemigos. Cierto era que tener que estar al tanto de cinco Emergidos ya consumía prácticamente su atención y que era muy difícil saber si se sumaba alguno más. Pero aquello no era excusa. Había decidido que iba a proteger a la maga oscura de cualquier daño. Ningún Emergido lograría tocarla.

-¡Diotima, te dejo a los cuatro en tus manos! ¡Sin cuartel!-gritó a su querida montura y amiga, mientras con agilidad se zafaba de las correas y saltaba de la montura.

La wyvern soltó un rugido tremendo, manteniendo la atención de los cuatro Emergidos. Aun sin su jinete, Diotima era capaz de defenderse bien de aquel grupo de monstruos sin demasiadas dificultades. Si hubiese un mago o un arquero la situación sería distinta, pero las armas que portaban muy difícilmente podrían atravesar la dura piel escamosa de la verde wyvern.

Por ello mismo, Jill sabía que podía contar con ella para que le sirviera de escudo y poder cumplir con su parte. A todo correr, con lanza en mano, no le costó llegar al Emergido que estaba persiguiendo a Mallory, y que estaba tan centrado en la maga que no se dio cuenta de que tenía a la soldado detrás. Con una estocada fuerte y veloz, Jill logró atravesar la espalda del Emergido por la zona del pecho, matándolo en el acto, justo antes de que pudiera alcanzar a la maga oscura.

-Mallory ¿Estás bien?-preguntó algo preocupada, ya que con la oscuridad tampoco podía estar del todo segura de si había recibido alguna herida.-Colócate detrás de Diotima y ataca desde ahí. Te prometo por mi honor que no permitiré que ningún Emergido que quede en este castillo te haga el menor daño.-y dicho esto, salió corriendo de nuevo hacia su querida amiga voladora, para volver a montar sobre ella y seguir el combate.

OFF: No lo avisé en el post anterior, pero Jill usó en aquel entonces la Skill Provocar.
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Mensaje por Mallory el Dom Ene 26, 2020 5:13 pm

No iba a ser la última vez que estuviera en una situación así, para peor aún, con la urgente necesidad de que alguien la salvara. Aunque por supuesto, siempre tendría presente en sus oraciones antes de dormir, que de suceder, realmente pudiera contar con alguien como Jill, dispuesto a ayudarla. ¡Y seguir viva para poder compensar aquel favor!

Lo cierto es que Mallory no era precisamente una persona demasiado rápida, al menos no en ese preciso instante para ser sinceros. Y aunque tenía una de sus sombras cubriendo la espalda… ¿Podría ser capaz de manejar la situación sin detenerse a mirar hacia atrás? La única esperanza era que el asfixiante miedo que trataba de controlar en su interior, terminara canalizándose en la pesadilla que conjuró. Por supuesto que esos eran sus pensamientos mientras creía que Jill aun estaba sobre el lomo de Diotima cargándose la mayoría de los Emergidos de ese lugar…

La culpa comenzaba a invadirla, antes de decidirse a enfrentar a quien la perseguía. ¡No quería seguir siendo una molestia, ella estaba ahí para luchar! Volteo algo torpe por detenerse de golpe, casi al punto de tropezarse y caer, antes de lograr vislumbrar como su enemigo se detenía junto frente a ella… Y como la punta de una lanza sobresalía de su pecho con tanta fatalidad que aun si se materializara un milagro en ese lugar, esa criatura moriría. Y así seria, al desplomarse casi a sus pies, dejando ver tras a su caída a Jill como la causante de ello. Su salvadora, nuevamente. ¡Cómo no quedar en deuda con ella!

-¡Jill!- Pronuncio su nombre un poco agitada. –Perdón… ¡¡¡Estoy bien!!!- Le aseguro, antes de verla partir nuevamente para la batalla. ¡Debía empezar a ser más eficiente! Abrazaría su grimorio, viendo  a la sombra que convoco de pie, fijando su mirada ciega por oscuridad en ella. Respiraría profundo, recobrando el aliento para volver a la carga. ¡Tenía que ser útil! Correría entonces en la ubicación que la jinete le recomendó, tras ella, mientras pensaba en un mejor modo de asistir a sus compañeras. Pronto una idea surgió, y por el momento, le pareció buena. ¡Más debía manejar su magia sin errores si es que pretendía que todo saliera como ella quería!

La fiereza de Diotima había mantenido a raya hasta ese entonces a los emergidos, atosigados por el peligro de dentelladas o un golpe fatal de semejante criatura envuelta en armadura de acero. ¡Mallory por su lado, podría justamente atacar por donde su atención no se dispersara! Parándose segura tras la primera línea ofensiva, la pesadilla que conjuro no se encontraba a su lado. Escondida entre las penumbras, había rodeado a los enemigos  tras sus espaldas. Los mismos no podían evitar retroceder en cada embiste de Diotima, y eso sería una ventaja. La joven hechicera apuntaría entonces a quien le pareciera el más peligroso de momento, un hachero, antes de sujetar su grimorio y comenzar entre murmullos a comandar su ataque. Uno a traición, por haberse hecho por la espalda, pero suficientemente fuerte como para que la sorpresa y la fuerza con la que su magia moldeada con la figura de una bestia, no solo derribara al hachero; sino que llevara consigo a otro de los emergidos delante de ellos. ¡Tal como un perro que recibe a su dueño en su hogar, y termina volteando hasta la visita que viene tras de él!

Mallory vería el ataque con una sonrisa en el rostro. ¡Si usaban el momento como distracción, seguramente Jill y Diotima provocarían mas bajas en los enemigos restantes! Aunque por supuesto, debían de hacerlo rápido. Aunque sabía con certeza en su corazón que aquella sombra había logrado su cometido, la sensación de cansancio asaltando a su cuerpo empezó a consumirla demasiado de pronto. Borraría su sonrisa ahora, abrazando con ambos brazos su grimorio a su pecho, recitando salmos que ayudarían a mantener a esa pesadilla. La misma era fuerte, pero no sabía cuánto más podría contener a ambos emergidos. Al menos a aquel que permanecía bajo su compañero, que por suerte, ya había dejado de moverse tras desgarrar su nuca de una mordida. Y si lograba zafar, aunque fuera de forma incorpórea lo trataría de contener; pero mientras, el lobo seguía allí.
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Mensaje por Jill el Jue Feb 20, 2020 8:06 am

Jill sonrió mientras separaba la lanza del cuerpo del Emergido derribado. Lo había conseguido, había llegado a tiempo para evitar que la hechicera oscura hubiera sufrido daño alguno. Por desgracia, tras darle las órdenes oportunas para poder protegerla, tuvo que dejarla para seguir combatiendo a los cuatro Emergidos que quedaban.

Diotima podía distraerlos por un tiempo, pero todavía contaban con la ventaja numérica y eran lo suficientemente inteligentes para no acercarse demasiado a la peligrosa wyvern. Estaban intentando atosigarla desde distintos flancos, cansarla hasta que dejase abierto algún punto débil donde poder atacarla.

Jill volvió a subirse de inmediato sobre su montura. Eso permitió a Diotima elevarse un poco más y acabar con el hostigamiento, pero tampoco podía volar demasiado o dejaría a Mallory al descubierto. El combate parecía haber llegado a un empate. La lanza de Jill y los dientes de Diotima no alcanzaban a los Emergidos, y éstos eran incapaces de alcanzar a ninguna de las tres guerreras de Daein con ninguna de sus armas.

Empate que Mallory logró desempatar con un nuevo hechizo. Otro lobo, esta vez surgido desde detrás de los propios Emergidos, se abalanzó con el que daba más problemas a Jill, un molesto hachero, agarrándolo por el cuello y llevándose de paso a otro Emergido por delante.

-¡¡Buen trabajo, Mallory!! ¡¡Acabemos enseguida con estos monstruos!!-Jill no estaba segura de si la hechicera arcana la había escuchado o no debido a la concentración que parecía exigir su magia. Pero no quitaba que estuviese bastante orgullosa de ella.

Y eso significaba no desaprovechar la oportunidad que Mallory la estaba brindando. Con un Emergido agonizante y otro distraído, solo quedaban dos Emergidos que hiciesen frente a Diotima y su jinete. Cuatro podían ser un problema, pero dos… Jill sonreía de manera sádica mientras tiraba de las riendas de su querida amiga, para marchar a la carga.

Ya no temiendo el ser atacados por algún otro flanco, la wyvern se veía libre para atacar de frente al Emergido que tenía delante, arrojándole un poderoso zarpazo que lo tiró al suelo. Mientras tanto, Jill usaba su lanza para clavarla en el pecho del otro Emergido, un espadachín que tenía prácticamente a su derecha. Al igual que el Emergido que intentó atacar a Mallory, el lanzazo probó ser un éxito absoluto, y el cuerpo del monstruo cayó enseguida al suelo sin vida.

El Emergido que había caído al suelo derribado tampoco tardó mucho en compartir el destino de su compañero. Diotima se adelantó un par de pasos y clavó una de sus zarpas con todo su peso en la cabeza del monstruo, aplastándola como si fuese una manzana podrida.

Ya solo quedaba un Emergido, el que todavía estaba distraído por el hechizo de Mallory. Diotima volvió a hacer los honores, mordiéndole en el cuello hasta asfixiarlo y luego escupirlo al suelo. La wyvern jamás comía Emergidos o bebía su sangre, bien sabía lo infecciosos que podían llegar a ser para su cuerpo.

Ya estaba conseguido. Lo habían logrado. Jill esperó unos segundos más en silencio, a la espera de que apareciese algún Emergido más. Pero no parecía que fuese el caso. No debía haber más por la zona, porque de haberlos, ya habrían hecho acto de presencia. La soldado rápidamente se bajó de su amada montura y se dirigió a la hechicera oscura, a la que dio un abrazo.

-¡¡Lo hemos conseguido!! ¡¡Hemos ganado!!-gritó con fuerza hasta que se dio cuenta de que estaba actuando de cualquier forma menos como una soldado profesional y se puso en posición de firmes de repente.-Hemos eliminado a los Emergidos que moraban en este castillo. No parece haber más por las cercanías, por lo que si nos damos prisa y volvemos para informar de lo descubierto, el castillo puede caer en manos de Daein y formar una nueva base sin ningún problema. Podemos afirmar que la misión ha sido todo un éxito.-comentó Jill con una sonrisa en su rostro, mientras detrás de ella Diotima también rugía de alegría… y un poquito de hambre. A lo mejor sí le gustaba el pan de leche, solo era cuestión de probarlo…
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Mensaje por Mallory el Mar Mar 17, 2020 6:11 pm

Todo lo que hubiera pasado de ahí en más, parecía una especie de sueño lejano y distante. ¿Podría deberse al cansancio o la situación irreal donde estaba realizando que se encontraba ahora? Su boca seguía recitando los salmos en susurros, como una canción de cuna ininterrumpida, hasta que finalmente pudiera todos dormir en paz. Algo que en efecto, no tardaría mucho en llegar por la precisa actuación de Jill y Diotima. Cosas que seguramente permanecerían grabadas en la retina de Mallory desde esa noche y por siempre; cosas que debería acostumbrarse a ver hasta que la armonía fuera el manto que volviera a cubrir al mundo… O hasta que ella le tocara morir, algo que no estaba mentalizada en dejar que pasara, ni a ella ni sus compañeros.

La muerte de los emergidos traía consigo un olor particular que era capaz de detectar, uno que era algo diferente de cuando muere una persona normal. Una sensación de podredumbre invadía un poco cada vez que su sangre se derramaba, similar al que deja un muerto de varios días que ha sido abandonado. Y todo alrededor estaba mansillado con esa peste, que con tenues brisas heladas trataban de erradicar en cada ulular del viento. Y ese viento hacia una particular melodía con el sonido del acero de la lanza de Jill cada que el mismo estoqueaba a un emergido directo en su pecho, o la de las patas o fauces de Diotima reventando huesos como si de un cascanueces fuera. Tras ver desde la retaguardia como la Wyvern se llevaba al último de los enemigos que su pesadilla había contenido a mordiscos, finalmente ceso su rezo. La sombra retrocedería, mientras se disolvía en el aire como el éter que lo conformaba, casi como si volviera a la oscuridad de cada rincón de ese castillo. En parte, algo de eso pasaría por la memoria del lugar pero ya no importaba pensarlo en ese instante.

Mallory continuaría algo absorta ¡Aun mientras era suavemente sacudida por el abrazo de Jill! Aunque el mismo no duraría demasiado, antes que la joven tomara distancia para presentar su informe militar, o algo así, si es que le podía catalogar a su discurso de esa forma. ¿Era necesario a esa altura? La joven hechicera parpadeo unos segundos, tratando de que volver a juntar todos sus pedazos de pensamientos en una sola entidad  funcional en ese instante. Y para cuando sucedió, no pudo otra cosa que soltar una pequeña y fresca risa, mientras abría sus brazos y se abalanzaba nuevamente sobre Jill. Y aunque Mallory era en realidad un poco más alta que su compañera, el hecho de que casi se desplomara sobre ella la logro mantener casi iguales, mientras con mucho atrevimiento descansaba su cabeza sobre los hombros de la pelirroja.

-¡Estoy tan feliz de que lo hayamos logrado!- Dijo en primer momento, mientras unas risitas volvían a escaparse de sí, junto a algunas lágrimas que no terminaban de caer gracias a sus pestañas. -¡Y cansada, por Grima y todos sus sacerdotes! ¡Quiero mi maldito pan de leche!- Exclamo.

Solo esperaba que ese pan con leche rindiera para dos personas y una Wyvern… Aunque algo le hacía creer que seguramente se quedarian con un poco de ganas de mas.
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Mensaje por Eliwood el Mar Abr 07, 2020 7:27 pm

Tema cerrado. 80 G a cada participante.

Mallory ha gastado un uso de su tomo de Ruina.
Jill ha gastado un uso de su lanza de bronce.

Ambas obtienen +2 EXP y +4 BEXP!

Gracias al incremento de experiencia, Mallory obtiene el primer skill de la rama Dark Mage:

[Campaña de conquista] El frío siempre cala mas en el abandono. [Privado: Jill Fizzart] Mal%20augurio Mal Augurio - La sola presencia del mago oscuro, activando este skill, genera inquietud y duda en aquellos a su alrededor; aliados, neutrales y enemigos. En el caso de enemigos causa también un miedo instintivo que les pone a temblar incesantemente, entorpeciendo sus capacidades. Sólo compañeros de support clase A o S pueden optar por verse sin reacción alguna ante este skill.

Además la barra de EXP de Jill ha sido maximizada.

Jill puede ahora subir de la clase Wyvern Rider a la clase Wyvern Master.

>Ascender a la clase Wyvern Master.
>No ascender, conservar la clase actual.

Favor de responder seleccionando la decisión.
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Mensaje por Jill el Miér Abr 08, 2020 4:29 pm

Elijo ascender a la clase Wyvern Master

Muchísimas gracias por todo ¡Por Daein!
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Mensaje por Eliwood el Miér Mayo 06, 2020 8:01 pm

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¡Jill ha ascendido de Wyvern Rider a Wyvern Master!

[Campaña de conquista] El frío siempre cala mas en el abandono. [Privado: Jill Fizzart] Lanza%202 ¡El nivel de uso de lanzas ha sido aumentado!
La barra de EXP es reseteada. De ahora en adelante, sólo los temas tipo Campaña, Entrenamiento y Misión darán incrementos de EXP.

¡¡Felicitaciones!!
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