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[Campaña de liberación] Custodio y Duque [Lucina]

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Mensaje por Virion el Lun Jul 15, 2019 5:28 pm

-El tiempo y los vientos son favorables. En cuatro horas llegaremos a puerto.
-Solo cuatro horas…

Cuatro horas no es nada. Después de todo lo que había esperado para ese momento, era solo un suspiro.

Las paradisíacas playas de Rosanne. Virion las recordaba con nostalgia. La cantidad de tiempo que pasó de adolescente, bañándose en sus aguas, tomando el Sol o contemplando la belleza de las damas que acudían a darse un chapuzón. Otro recuerdo arruinado por los Emergidos y la destrucción que causaron en su hogar.

Pero ya no era momento de lamentar. El Arquero de Arqueros viajaba en un enorme buque de guerra de Ylisse, en dirección hacia uno de los puertos arrasados de Rosanne, para reclamarlo y utilizarlo como base para liberar el ducado perdido.

Todavía no se lo creía. En todo este tiempo había podido conocer la bondad del príncipe Chrom y su capacidad de ayudar a los necesitados sin pensárselo dos veces. Pero enviar todo un buque de guerra para apoyarle en su campaña para retomar Rosanne era ya demasiado. Más de sesenta metro de eslora, catorce cañones en cada lado, con una tripulación entrenada en el combate naval y portuario… Y no solo eso, sino que además, la comandante del navío no era ni más ni menos que ¡la propia princesa de Ylisse! ¡Su propia hija, Lucina! Chrom estaba loco…

Virion había acudido a Ylisse para investigar a los Emergidos. Éstos llevaban la bandera del Sacro Reino cuando invadieron su hogar, y quería conocer si había alguna relación entre su reino y los Emergidos. Llegó hasta el punto de hacerse miembro de los Custodios, el escuadrón creado por el propio príncipe Chrom, solo para descubrir si existía algún nexo con aquellas viles criaturas. Obvia decir que no descubrió nada. No solo eso, sino que además, pese a haber estado engañando a los Custodios, manteniendo oculta su identidad durante todo este tiempo para poder indagar sin ser descubierto, Chrom decidió ayudarle cuando llegó el momento de la verdad y tocaba volver a casa. Virion casi se sentía culpable de haber utilizado a los Custodios. Casi.

Tras confirmar el tiempo que quedaba para llegar a puerto con el vigía, Virion se dirigió hacia el camarote donde estaba Lucina. El arquero llamó elegantemente a la puerta de la misma, golpeando suavemente la madera con sus nudillos.

-¿Princesa? Soy yo, Virion ¿Me concedéis permiso para entrar?-dijo en un tono suave y respetuoso, y manteniendo el silencio hasta que obtuvo respuesta de la princesa de Ylisse.

Una vez tuvo concedido el permiso, Virion entró en el camarote de la princesa. No se fijó apenas en su interior, ya que nada más dar dos pasos dentro, hincó la rodilla al suelo como de costumbre cada vez que se encontraba con ella.

-Greetings, mi estimada princesa. Espero que hayáis descansado bien. Eh aquí una prueba de mi admiración y lealtad hacia vos.-y como de costumbre, se levantó para entregarle un ramo de margaritas que llevaba consigo, siguiendo su ya sana costumbre con toda dama que se cruza.

Sin embargo, con la princesa Lucina había un cambio. En ningún momento, durante todo el viaje, el arquero le pidió matrimonio o hizo algún comentario similar. Uno podría pensar que se trataba de que el arquero se sentía intimidado por la princesa, hija del príncipe Chrom, guerrera consagrada. O que era demasiado joven para él, a pesar de su evidente belleza, con aquel cabello azul alargado, aquel rostro duro y dulce al mismo tiempo y aquel cuerpo delgado pero esbelto.

La verdadera razón no tenía que ver con Lucina. Virion estaba ya a punto de lograr su sueño, volver a casa, reclamar sus tierras perdidas. Después de tanto tiempo, de tanta planificación, había logrado mover las fichas necesarias para conseguirlo. No solo contaba con la ayuda de Ylisse, sino que en secreto había hecho contactos y alianzas con Sindhu y Daein. Y había acumulado dinero para financiar grupos de mercenarios extra que pudieran ayudarle. Su propia sirvienta, Ram, estaba liderando otro frente, para poder cercar a los Emergidos. Todo parecía ir bien. Pero al mismo tiempo, aquello era todo o nada. Si fracasaba, perdería para siempre Rosanne. No lo podía permitir. Debía salvar a su reino a toda costa. Ese entusiasmo, que era también temor, alternaba su comportamiento. Y obligaba al duque a comportarse más seriamente de lo que normalmente lo hacía.

-He hablado con los vigías. En cuatro horas llegaremos a puerto. Cuando el barco llegue a la costa, comenzará el combate. Conviene que repasemos la estrategia antes de que eso ocurra.-Virion lo sabía. Sabía que habría Emergidos apostados en el puerto, protegiéndolo de cualquier invasor. Cuantos serían era un factor determinante. Pero el arquero imaginaba que no serían suficientes para detener un buque de guerra como aquel, y confiaba en pillarlos desprevenidos. Después de todo, desde que llegaron los Emergidos nadie había intentado retomar Rosanne… hasta ahora.

Virion dirigió su mirada al de la princesa, y aunque puso su mano en su pecho, esta vez no hizo una reverencia. Sin embargo, su voz denotaba seriedad y gravedad.

-Pero quiero expresaros por última vez antes de la batalla mi infinita gratitud por vuestra ayuda, la de vuestro padre y la de vuestro reino. Jamás olvidaré todo lo que Ylisse ha hecho por mí y por mi gente. Juro devolver con creces al Sacro Reino todo lo que ha hecho por mí. En todo este tiempo en que he servido como Custodio, Ylisse ha sido como un segundo hogar… y eso jamás será borrado de mi memoria. Gracias, princesa Lucina.

En cuatro horas… volvería a su hogar. Y sería gracias a ellos. Virion no mentía aquí. Jamás olvidaría la deuda que tenía con Ylisse. Quizás... nunca dejase de ser un Custodio, después de todo.
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Mensaje por Lucina el Lun Jul 15, 2019 11:13 pm

Respiró hondo, disfrutando de esa dosis de libertad tan necesaria para mantenerla conectada al mundo real y a todas las oportunidades de distraerse sin caer en la típica explosión de energía tan bien conocida para la joven; no podía creerlo, era la primera vez que estaba embarcada sin usar su máscara, sin usar un nombre falso y sin ocultar el hecho de que era una fémina. Puede que el causante no lo supiera, pero, Lucina realmente agradecía la oportunidad de conseguir que Chrom, pese a la preocupación que le embargaba producto de que su única hija iría a Valentia en un viaje ciertamente peligroso, le permitiese acompañar a Virion en esta travesía. Por supuesto que no olvidaba los riesgos, mas, ya se había enfrentado a los emergidos en varios territorios fuera de los de Ylisse y sentía seguridad en que su espada, su fiel compañera, no le fallaría al momento de la verdad y de cumplir con su tarea.

En preparación, había buscado toda la información posible, memorizado cada carta náutica que pudo encontrar y trazar una ruta relativamente segura, cosas que había compartido con el capitán del buque y que se había puesto en marcha al ver que, en unos pocos días, ya podía ubicarse lo suficientemente bien como para no depender todo el tiempo de una brújula y que era muy capaz de mantener el rumbo sin apenas desviaciones y, con el desplante militar que Lucina demostraba en cada uno de sus gestos, logró dejar en claro que era una comandante de confianza, especialmente al momento de que les había tocado cargar el barco con provisiones. No había conseguido contener el impulso y terminó ayudando a la tripulación a cargar las cajas como un igual y realizando el inventario con tal de que no les faltase nada.

Claro que los brazos le reclamaban, mas, no era algo a lo que no acostumbraba hacer. Para ella era normal ayudar con cosas relacionadas a fuerza a la servidumbre de Ylisstol, llevando ese comportamiento a cualquier lugar que pisara de forma inconsciente y ya dándole igual lo que la gente pensara. Conocía a Virion, más de una vez había sido testigo de la sorprendente puntería del arquero y, al igual que varios, se llevó una sorpresa al saber que no era nada más ni nada menos que el duque de Rosanne, localización que era su destino en este viaje y que no había pensado dos veces antes de insistir en ir. Siempre había pensado que, incluso con sus coqueteos hacia cada fémina que se cruzaba en su camino y su forma pomposa de hablar y vestirse, también había algo similar a un aura de melancolía y astucia. Solamente eran vistazos a la lejanía, empero, también era su forma de conocer a la gente en un ambiente no contaminado por un ambiente artificial.

Seguían siendo los pensamientos de una simple chiquilla de dieciséis años, casi diecisiete. Muy princesa sería Lucina, pero, seguía siendo una niña en aspectos como ése.

Había terminado de ultimar los últimos detalles del capitán y ahora estaba sentada en la cama de su camarote, afilando su espada con una piedra de amolar ya bastante desgastada por el uso que le había dado durante los últimos seis años en una rutina que siempre había logrado quemar parte del siempre presente exceso de energía que la princesa tenía desde que era capaz de recordar. Estaba comprobando el filo con la uña del pulgar cuando el golpeteo se hizo presente y tuvo que alejar la mano rápido antes de que, producto de su sobresalto, terminase con un corte bastante feo. Suspiró sin emitir sonido alguno antes de darle la señal de entrada con voz calma, enfocada desde hace bastante tiempo en la tarea que les esperaría dentro de nada.

Buen día, Virion—. El saludo, si bien era escueto, era dicho con amabilidad y una leve sonrisa en el rostro joven que tomó una leve tonalidad rosácea al ver la reverencia y la posterior entrega de un ramo de flores. Con aspavientos incómodos y sin saber muy bien qué decir, solamente pudo conseguir una petición de que dejase de hacer éso al no considerarlo necesario, al menos no con ella. Nunca se había acostumbrado y nunca lo haría de que las personas mayores que ella le tuviesen que tener respeto y no al revés. Aún así, dejó el ramo al lado del único libro que estaba en la mesa del camarote, algo que le gustaría llamar diario de viaje, mas, no le llegaba ni a los talones a uno como tal.

¿Qué faltaba poco tiempo para arribar? Éso fue suficiente para que Lucina regresara a ser la misma muchacha seria y que aparentaba ser mucho mayor de lo que realmente era, una que mantenía la mirada calma pese a todo y que se enfocaba en cuerpo y alma a la tarea que estuviera en sus manos. Escuchó con atención la información sobre el tiempo que faltaba para prepararse y el posterior agradecimiento, logrando que la joven parpadease un par de veces en señal de confusión y negara con la cabeza poco después, una sonrisa pintada en los labios pálidos. —No hay nada que agradecer, Virion. Recuerde que Ylisse se encontró en una situación parecida hasta hace poco y, si mal no recuerdo, usted fue uno de los primeros en darnos una mano y nos ayudó a salir de aquella situación. Lo mínimo que podíamos hacer era devolver el favor y prestaros toda la ayuda posible; después de todo, las cuentas claras conservan la amistad, ¿o me equivoco?—. Le gustaba pensar que era éso, un lazo de amistad el que había permitido que tanto su padre como su tía Emmeryn permitiesen el viaje.

No puedo hablar ni por mi padre ni por mis tías y mucho menos por el resto de los Custodios, pero, sí que puedo hacerlo por mí y únicamente puedo darle las gracias. Gracias por mantener a los pocos miembros de mi familia a salvo y muchas gracias por no negarse de que fuera mi espada la que le acompañase—. Puede que para el mejor arquero que ha visto en su vida aquí presente fuese poco, pero, para la princesa era un agradecimiento desde el alma y una promesa no dicha de que haría todo lo posible para que la meta de recuperar Rosanne fuese cumplida a la brevedad. Era una mujer de palabra y cumpliría fuese cual fuese el precio a pagar.

Carraspeó al tiempo en el que envainaba su espada nuevamente y anotaba mentalmente el conseguir algún pequeño jarrón para que el ramo de flores no se marchitase, regresando con facilidad pasmosa a la misma actitud de soldado que había tenido desde que la decisión había sido tomada. Había notado la tensión que llevaba el contrario en los hombros, algo que se le hacía sumamente conocido tanto en el pasado como en el presente. Era similar al gesto que su tía mayor intentaba disimular frente a todos y también al que tuvo una vez su padre antes de contarle la historia completa sobre la madre de Lucina, cosas que se le grabaron cuales brasas ardientes en su mente y que, por lo menos ahora, sabía cómo intentar calmar aunque fuese un poco.

En un gesto más atrevido de lo que le hubiera gustado, tomó una de las mangas de Virion con la mano no hábil y le regaló una sonrisa, sintiéndose cómoda por alguna razón haciendo un gesto así. —Todo saldrá bien, lograremos que salga bien—. Tan espontáneo como salió, retiró la mano con algo de nerviosismo y se alejó discretamente un paso. Carraspeando e intentando que la voz no le fallase, prefirió concentrarse en otra cosa. —Creo que deberíamos crear alguna estrategia en caso de emboscada. Es casi seguro que hayan emergidos en la costa y es más sabio estar preparados en caso de que sea así, no podemos irnos campantes como si nada—. Sí, era mejor éso que considerar que había tenido un acercamiento similar a los que tenía con su padre con otra persona. Sí, mucho mejor.
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Mensaje por Virion el Mar Jul 16, 2019 8:34 am

Virion estaba impresionado. Lo estaba siempre que contemplaba a la princesa de Ylisse. La muchacha era muy joven, no llegaba a la mayoría de edad. Y sin embargo, mostraba un aura de madurez y seriedad propia de personas del doble o triple de su edad. Era casi como si cargase con el peso del reino, un rostro que en habituales era la viva imagen del estoicismo. Y sin embargo, otras veces mostraba una dulzura y humanidad realmente enternecedora. Semejantes rasgos despertaban el respeto y la admiración del duque.

Y aquella vez no era suficiente. Primero mostró un lado amable y hasta adorable cuando aceptó el ramo de flores del duque. El rubor rosado jamás le pasaba desapercibido al Arquero de Arqueros. Pero luego volvió a mostrar su lado serio llegado el momento de ver quién tenía que agradecer a quien.

-No os equivocáis en lo absoluto. En momentos de tan grave crisis como estos, es cuando todos tenemos que estar más unidos. No solo entre familiares, amigos y compañeros de armas, sino también entre reinos y ducados. La más importante lección que he aprendido luchando contra los Emergidos es que si no los combatimos unidos, estamos perdidos. Mirad Plegia, ocupada en atacar otros reinos, buscándose continuamente enemigos en vez de encargarse de las viles criaturas que moran en sus propias tierras. Su destino es ejemplo de cómo no hay que hacer frente a esos viles monstruos.

A Virion le encantaba hablar, y no perdía oportunidad de hacerlo cuando se le abría la oportunidad. Pero además, se quitaba una espinilla al hacerlo sobre Plegia. En un principio, Virion no compartía los recelos de Ylisse para con su desértico país vecino. No era una persona religiosa, por lo que le importaba nada y menos el color del dragón que adorasen unos y otros. Y hasta podía comprender que un país con pocos recursos naturales como aquel necesitase llevar políticas expansivas para asegurar su supervivencia. Pero eso de tener una política de neutralidad con los Emergidos y permitir que campases por sus anchas… Semejante locura era algo que Virion, quien odiaba a esas criaturas más que a nada en la vida, no podía aceptar. Obviamente no se alegraba por los pobres plegianos que habían sucumbido en la caída de su reino, pero sí que sentía un severo alivio que el ejemplo de Plegia no se haya extendido a otros reinos. Los dioses bien sabrían que podría haber pasado entonces.

-¿Cómo iba siquiera a pensar durante una milésima de segundo el negarme a que acudáis conmigo en el rescate de mi patria? ¡Al contrario, no me podría sentir más honrado y afortunado! Con vuestra presencia a bordo, la moral de nuestros hombres está por las nubes, asegurando que lo van a dar todo desde el primer momento. Y aunque todavía no he tenido el orgullo de pelear mano a mano con vos, sí que conozco las habilidades de vuestro padre, y los rumores que ciertos pajaritos me han hecho llegar es que vuestro estilo de lucha no se diferencia mucho de él. Estoy ansioso por veros combatir y comprobar vuestra destreza en el campo de batalla. Y lo más importante, estar al lado de una dama tan fuerte, inteligente, orgullosa, sabia, digna y hermosa logra elevar mi propio espíritu. No podría estar más feliz teniéndoos a mi lado.-por supuesto, aunque Virion no le había pedido matrimonio, ni ligar directamente con ella, sí que no podía impedir el soltar algún que otro piropo esporádico.

Cuando la princesa le cogió de la manga para asegurarle que todo iría bien, con esa angelical sonrisa, las propias mejillas del Arquero se sonrojaron. No era un vano cumplido, realmente la belleza de Lucina inspiraba al duque. En su cabeza ya estaba pensando dedicarle algún que otro poema. Sin embargo, pronto recordó que había temas más importantes. Los poemas podrían esperar por lo menos a que terminase la batalla.

-Desde luego que la posibilidad de emboscada existe, pero lo tenemos todo previsto de antemano.-Virion sacó un mapa que tenía doblado en uno de sus bolsillos y lo extendió en la cama de Lucina, para que ambos pudieran verlo con claridad.-Este mapa es viejo, es de cuando el puerto todavía no ha sido tomado por los Emergidos. La mayoría de las estructuras estarán destruidas, los Emergidos son famosos con arrasar con todo lo que pillan, pero no tanto reconstruyendo lo que han destrozado. Igualmente, solo necesitamos un muelle para atracar el barco, y este de aquí nos servirá.-Virion señaló con un dedo un punto del mapa, entre los distintos muelles que se mostraban del puerto.-Es el más grande, y seguramente el que se conservará en mejor estado. Lo importante en esta misión es ser rápidos. Debemos tomar el muelle y acabar con todo Emergido que se esconda a varias millas a la redonda. Después debemos construir una serie de defensas que permitan utilizar el puerto como base antes de que lleguen refuerzos. El tiempo es esencial.-Obviamente, Lucina ya conocía todo aquello. Habían hablado de la estrategia antes mismo de embarcar en aquel barco. Pero Virion consideraba necesario el repaso, y en particular centrarlo todo en la necesidad de ser rápidos en todo aquello.-Lo más probable es que no nos esperen. Ningún barco Laguz o Beorc ha intentado atracar en ese puerto desde que lo tomaron los Emergidos en todo este tiempo. Y además llevamos la bandera de Ylisse. La misma bandera que usaron estas criaturas a la hora de invadirnos. Cabe la posibilidad de que al vernos, no nos ataquen de inmediato, creyéndose que somos aliados. Sin embargo, no correremos riesgos. Nada más tener a la vista el puerto, lo inundaremos de cañonazos salvo el muelle principal. Obligaremos a los Emergidos a salir de sus madrigueras sí o sí. Que no tengan sitio en el puerto donde puedan esconderse para emboscarnos. Y cuando atraquemos, los recibiremos a todos con nuestras espadas y flechas. Será difícil, pero si logramos acabar con todos ellos, tardarán más tiempo en llegar refuerzos. Suficiente para organizar la defensa. Espero que haya descansado princesa, porque las siguientes horas temo que serán muy moviditas.

Hecho el repaso, Virion recogió el mapa y se lo guardó en el mismo bolsillo. Dirigió su mirada a los ojos azules de la princesa, y contempló un poco ensimismado el signo de la Venerable antes de extender su brazo para cogerla suavemente de la mano.

-Debemos ponernos en marcha, princesa. Nuestros soldados querrán escuchar algunas palabras suyas de ánimo antes de la batalla. Como he comentado antes, vos sois esencial para la moral de nuestros hombres.-y de manera educada y cortés, tiró de la mano para sacar a Lucina del camarote. La batalla pronto daría comienzo y Virion no podía esperar más.
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Mensaje por Lucina el Jue Ago 15, 2019 3:09 am

Le alegraba que, al menos una persona, coincidiera en su punto de vista sobre la situación tan complicada en la que el mundo se encontraba ahora. No había tiempo para peleas sin sentido siendo que el enemigo no tenía ningún miramiento en atacar a todos sin discriminación. Y Plegia le era relativamente delicado; Lucina era creyente, mas, sin caer en el fanatismo, así que sus diferencias se incrementaban frente a sus ojos y era reticente a interactuar con personas con credos iguales o similares a ése. Todo por una cuestión de seguir fielmente su ética y sus principios sin desviarse del camino que había elegido, era firme con éso y prefería que así siguiera.

Y, sorpresivamente, mas, sin cambiar su expresión serena, Lucina se dio cuenta que había crecido más de lo que había creído durante cada combate. Sí, sus victorias eran pequeñas porque ella no ansiaba el reconocimiento del mundo, pero, creció lo suficiente como para darse cuenta de que ya había gente dependiendo de ella, que no estaba sola y no lo estaría en mucho tiempo. Más le valía acostumbrarse al hecho de tener personas a su alrededor incluso si le costaba debido a que había crecido una buena porción de su infancia y adolescencia en soledad. Ahora debía empeñarse en poner cada gramo de fuerza y conocimiento que tenía en su joven cerebro para conseguir una victoria por muy pequeña que fuese. No que no se creía mucho era que, en palabras del duque, su presencia aumentaba la moral. ¿Qué iba a hacer una chiquilla novata que comandaba por primera vez a un grupo de hombres experimentados? No solamente caía sobre sus hombros la responsabilidad de las vidas de ellos, también una promesa de que volverían a casa aún respirando.

Era mucha presión sobre una chiquilla de dieciséis años, incluso si era una de las princesas de un reino como Ylisse y, por lo tanto, una de las herederas al trono de Venerable. Una breve mueca de preocupación cruzó su rostro, aún metida en sus pensamientos más y más tormentosos en cada momento; la presión psicológica amenazaba con sepultarla, era la primera vez que iba a combatir con más personas y ya no sería una guerrera solitaria en un campo de batalla lleno de hostilidades. No se esperó el sonrojo, así que terminó desviando la vista y carraspeando discretamente, no quería que nadie la viese en una mala situación. Sí, tenía que ser fuerte, ésa era su única responsabilidad por el momento.

Observó con detenimiento el mapa que Virion extendió sobre su cama, fijándose en cada trazo con detenimiento y buscando memorizarlo aunque le tomase unos segundos de ir balanceando su concentración entre el dibujo y las palabras del arquero. Escuchó el plan con toda su atención, batallando contra su propia hiperactividad para no perderse detalle, cosa que se notaba en el golpeteo que hacía la uña de su dedo índice sobre la empuñadura de su espada, algo que hacía desde que tenía memoria cuando debía retener toda la información lo antes posible y que le ayudaba a tener algo que hacer fuera de quedarse quieta. —En ese caso, lo ideal sería que los especialistas en combate cercano ataquemos y los arqueros se encarguen de cubrirnos; deberíamos aprovechar lo posible el factor sorpresa y, de ser necesario, aprovechar los cañones—. Se detuvo antes de decir algo más. El plan de por sí tenía altas probabilidades de funcionar y, incluso si su fuerte no era la estrategia, la joven sabía que también podía aprender bastante de ello.

Su única pasión era el conocimiento, incluso superaba el camino que quiso seguir que era el de la espada. El gesto galante que Virion había hecho al ofrecerle su brazo la dejaba ligeramente atónita. Sí, conocía el protocolo y debería estar acostumbrada a éste, mas, llevaba tanto tiempo sin acercarse de aquella forma a las personas a su alrededor que simplemente se quedaba en blanco algunos segundos antes de seguir apartando algún pensamiento vergonzoso como el que tenía ahora mismo. Oh, adolescencia. Dulces dieciséis. —Temo admitir que mis habilidades de oratoria son bastante deficientes—. No era por falta de saber, simplemente era por su soledad. Rara vez hablaba con alguien fuera de su familia y, tal vez, aquello ya estaba pasando cuenta.

Se dejó guiar fuera de su camarote, sujetando su espada y un listón para atarse el cabello con la mano libre. Aunque intentaba ocultarlo, sus manos no dejaban de temblar y su mirada no dejaba de observar todos los rincones por los que pasaba, poniendo especial cuidado a sus costados. Simplemente no podía estar quieta y sin mover un dedo, mas, el mero hecho de recordar la palabra discurso la dejó bastante inquieta e inconscientemente ralentizó la marcha. No tenía ni la más mínima idea del cómo hacer uno, pero, tampoco se atrevía a exteriorizar su problema por una cuestión tan simple llamada vergüenza. Y era una idiotez, sin embargo, no podía dejar de mirar el piso como si fuese la cosa más interesante del mundo pese a que el bamboleo y sus nervios comenzaran a causar estragos en su sentido del equilibrio.
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Mensaje por Virion el Mar Ago 20, 2019 12:50 pm

Realmente Lucina tenía un lado adorable. Eso era innegable.

Ya podía tratar de disimular todo lo que pudiera, apartando la mirada del arquero y dirigiéndola hacia el suelo. La idea de soltar un discurso ante sus hombres la asustaba. Era algo más que simplemente no dársele bien la oratoria, era la responsabilidad que cargaba si pronunciaba las palabras erróneas, o así lo interpretó Virion. La princesa podría sentirse cómoda con una espada, pero a la hora de utilizar la palabra volvía a ser la joven adolescente tímida que tanto seducía al Arquero de Arqueros.

Virion muy suavemente, con uno de sus dedos, rozó la barbilla de la princesa, para levantar su mirada y hacerla coincidir con la del propio arquero, el cual le dedicó una amable sonrisa.

-Comprendo vuestra preocupación, pero recordad una cosa: no estáis sola. Contáis con mi pleno apoyo y colaboración. Y no solo la mía, toda la tripulación os ama y está con nuestra causa, hasta el punto de arriesgar sus vidas. Merecen que les reconozcamos eso y les demos nuestro apoyo, es nuestro deber. Basta con que les habléis con el corazón, y eso les dará fuerzas para levantar los propios mares.-Virion era el primero que quería ahorrarle el trago a la princesa de tener que hacer algo que no quisiera. Pero la moral de los soldados era siempre un factor esencial en la batalla, y aunque no le gustase, era como había dicho el deber de la princesa encargarse de ello. Sin embargo, como también había dicho el arquero, no iba a dejarla sola.-Permitid que sea yo quien rompa el hielo. Estoy mucho más acostumbrado al uso de la retórica, como muy bien habréis supuesto ya. Hablaré primero y luego lo haréis vos. Recordad, no hace falta que tratéis de imitarme o llegar a mi nivel, eso es imposible. Basta con que seáis vos misma. Y se obrará el milagro.

Dicho esto, el arquero hizo una reverencia y besó suavemente la mano de la dulce y a la vez aguerrida princesa, para abandonar con su permiso y bendición su camarote. Se dirigió raudo al capitán del navío, y le dio las órdenes oportunas: había que reunir a todos los soldados a cubierta para un breve discurso antes de la batalla. El capitán enseguida entendió la orden y llamó a varios de sus grumetes para que trasmitieran la orden a toda la tripulación de inmediato.

En media hora, ya estaban todos en sus puestos. La cubierta, llena de soldados del Sacro Reino de Ylisse, uniformados y preparados para la batalla. Había acorazados, espadachines, arqueros, y algún que otro jinete pegaso. Un poderoso escuadrón, más que suficiente para tomar el puerto, y construir una nueva base, si todo estaba bien.

Sobre la cubierta, en donde estaba el timón, solo había cuatro personas. El timonel, que seguía dirigiendo el barco rumbo hacia el puerto de Rosanne, el capitán del navío, la princesa Lucina y el propio Virion. Murmullos de excitación se escuchaban por todo el barco, mas se silenciaron cuando el propio capitán soltó un sonoro silbido. Todos centraron la atención entonces en dirección a los cuatro. Había llegado el momento. Virion dirigió una mirada a Lucina, asintiendo con la cabeza y dio un paso al frente.

-¡Orgullosos soldados del ejército del Sacro Reino de Ylisse! ¡Pronto llegaremos a puerto! ¡Pronto comenzará la batalla! ¡Pero antes de eso, hay algo que debemos deciros a todos! ¡Escuchad con atención!-la voz de Virion era potente, y ni la brisa ni el ruido de las olas contra el casco del mar podía impedir que llegase a oídos de todos.-Hace unos años, llegué a vuestras tierras. No era más que un extranjero, que lo había perdido todo gracias a los Emergidos. Pero vuestro reino me acogió. Me disteis un techo, comida y algo más. Me disteis un hogar. Desde entonces, decidí luchar a vuestro lado. Compartí vuestros esfuerzos por liberar a Ylisses de esas criaturas repugnantes. Y fui testigo de vuestra fuerza, vuestro valor, y vuestro honor. Haber luchado a vuestro lado es un privilegio del que siempre me regodearé. Ahora Ylisse está a salvo, nuestros hogares están libres de la amenaza Emergida. Pero no será suficiente, no hasta que acabemos con todos y cada uno de los Emergidos. Solo así conoceremos la paz. Solo unidos, todos juntos, podemos vencer. Por eso, os doy eternamente las gracias por acompañarme hasta aquí. La causa de Ylisse es mi causa, la causa de la paz y la libertad. Por eso mismo, os pido que me ayudéis una vez más. Os pido que juntos, expulsemos a esas criaturas de Rosanne, que achiquemos su espacio, que no tengan donde huir. Y construyamos juntos un mundo en el que ninguna vida sea perdida a manos de esos viles seres ¡¡Para eso necesito que no muráis vosotros tampoco!! ¡¡Luchad con la misma pasión, entrega y lealtad que habéis hecho siempre!! ¡¡Pero no deis a esos monstruos el privilegio de acabar con vuestros sueños y esperanzas!! ¡¡El día en que libremos el mundo de los Emergidos está cerca!! ¡¡Y lo veremos todos juntos!! ¡¡POR LA VICTORIA!! ¡¡POR YLISSE!!

Un clamor de aplausos, vítores y gritos de guerra inundaron la cubierta, ahí donde había habido silencio. Pero no duró más de un minuto escaso. Todos sabían que aquello no había acabado. Virion lo sabía también. Faltaba alguien por hablar. Virion le dirigió la mirada a la princesa y susurró bien por lo bajo:

-Podéis hacerlo, princesa. Confío en vos.-Ser una princesa es mucho más que usar una espada. Es saber liderar, saber dirigir. Quizás una responsabilidad enorme para Lucina, pero a la que tarde o temprano debía enfrentar. Y aquella era la mejor oportunidad. En cierto modo, Virion lo hacía también por ella. Quería preparar a la princesa para cuando le llegase el momento de tomar el mando.

La batalla estaba a punto de empezar. Virion estaba ansioso por entrar en batalla. Pero al mismo tiempo, sentía que le debía aquello a Lucina ¡Adelante, princesa! ¡Realmente puedes hacerlo!
Virion
Virion
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Mensaje por Lucina el Jue Jul 30, 2020 3:16 pm

Tuvo que recordarse el cómo respirar correctamente, intentando acumular todo el valor que tenía en su interior y focalizándose en mantenerlo lo que más pudiera o sucumbiría al ataque de ansiedad que llevaba gestándose desde que la teja le había caído con el recordatorio de su posición. Pese a su pericia con la espada -que había demostrado a Daraen sin querer en pleno campo de batalla en Regna Ferox-, dudaba seriamente de sus habilidades sociales incluso si tenía el apoyo explícito de Virion, mas, también lo sentía como un deber el pensar en el resto antes de sí misma, algo tan arraigado a su personalidad que no podía simplemente dejarlo a un lado.

Tanto tiempo apoyando a una causa que a primera vista no era propia, tanto tiempo lejos de casa y añorando el hogar cada día…

Lucina entendía una parte de eso porque había viajado lejos de Ylisse en solitario y conocido aunque fuese un poco del enorme y vasto mundo y se había sentido completamente horrible pese a que ella sí podía volver apenas pudiese, el arquero no había tenido ese lujo. Si bien era sabedora de todo aquello, no significaba que iba a cejar en el querer seguir más allá y dar todo de sí para que esta empresa fuese positiva para todos los presentes. Más que un deber, era algo que quería hacer y le motivaba lo suficiente como para seguir luchando por un bien común y, si debía hacerlo, le gustaría que todos entendiesen ese punto.

Y antes de que se diera cuenta, el duque ya estaba haciendo los preparativos para que la arenga se diera a cabo, siendo que Lucina se mantuvo en silencio, apretando levemente la mandíbula y endureciendo la mirada más bien por la vieja costumbre de no dejar que nadie la viese vulnerable que por otra cosa: la vieja mirada de soldado y no la de una chiquilla que hacía solamente por protegerse a sí misma. Había sido inconsciente en su totalidad de aquel gesto, de hecho, apenas y se había dado cuenta de que estaba sola de un momento a otro -parecía que había sido un buen momento a juzgar por la cantidad de movimiento- y, con algo de prisa, apuró su paso con tal de acortar la distancia a la que se había quedado atrás.

Lo único que le mantenía de una pieza pese al nerviosismo apenas estuvo en la cubierta era el peso de la armadura en el torso y la espada que colgaba de su cintura por el lado derecho; no sabía el cómo la gente se tomaría el que fuese zurda, nunca había peleado con personas que no eran de su familia y los nervios -pese a que la princesa de cabello azulino se mantenía calmada- se la estaban comiendo viva. Había cosas en las que Lucina podía ser la persona más temeraria posible, sobre todo cuando le pedías actuar como un soldado más, pero, todo cambiaba cuando debía cambiar su rol de soldado a princesa. Toda la seguridad que podía expresar empuñando una espada y esquivando los golpes se volvía un manojo de nervios que a duras penas podía contener a base de una disciplina que solamente tendría alguien que llevaba lidiando con el hecho de mantener sus emociones lo más a raya posible, algo casi tangible para quien la conociera y hubiese compartido cierto tiempo con la adolescente.

Al principio, fue una oyente más que apretaba los puños que ocultaba en la espalda y la mandíbula, pero, bastó escuchar un poco más para que la tensión se volviese en algo similar al coraje. —"Virion ya dijo todo. ¡Deja de ser una miedica de porquería! ¡Breve y concisa, maldita sea, no más!"—. Se decía, intentando calmarse lo suficiente como para que no se le notase el temblor en la voz hasta que lo inevitable llegó en forma de palabras de apoyo que, por lo menos a Lucina, le sentaron como la coz de un pegaso en el estómago y de esas ella tenía experiencia. Todos se habían callado, eso daba casi tanto miedo como la mera idea de hacer algo similar a esto.

Dio un paso adelante y respiró profundo un par de veces antes de agradecerle al arquero con la mirada y comenzar a hablar con su usual tono de voz, quizá imitando un poco tanto a su padre como a su tía mayor tanto en la postura como en la calma y solemnidad que intentaba transmitir. —¡Señores! ¡Ya habéis escuchado! Estamos lejos de casa, es cierto, pero, lo justo es que devolvamos la mano amiga que Virion ha entregado como un miembro más de los Custodios y sin esperar nada a cambio durante tanto tiempo—. Tomó aire, necesitaba ese pequeño empujón de valor ahora que ya había podido quitarse el nudo de la garganta que aún sentía pese a que las palabras habían salido fuertes y decididas.

No se dio cuenta del momento en el que su voz varió desde el usual de cuando hablaba con la gente en el castillo a un tono más andrógino, más de soldado y no tanto de princesa, por alguna razón que incluso ella no sabría explicar. —No les pediré lo imposible, no les pediré que peléis por una causa injusta o algo sin objetivo, lo cual no es el caso el día de hoy. No hay nada más justo que devolver la ayuda cuando una mano amiga se ha ofrecido, aceptado y cumplido con su deber, nada más justo que el buscar que tu hogar se mantenga a salvo. ¡Preparen sus armas, señores, tenemos un trabajo de limpieza de emergidos que realizar!—. No sabía si había funcionado, no sabía si aquello era suficiente, pero, habló desde el corazón y con el poco coraje que había logrado reunir sin sucumbir a los nervios, dando por terminada su intervención dando un paso atrás.

Y sí, le había dicho a Virion un "por favor, no más discursos" de la forma más discreta -entre dientes y por lo bajo, apenas moviendo la boca- que pudo apenas volvió a su lugar. Por lo menos, lo había intentado, el fallar no sería algo tan descabellado para ella a estas alturas.

Además, decir “¡hora de patear traseros!” es lo menos elegante que una princesa puede decir en un discurso, aunque eso era precisamente lo que se iba a hacer, incluso si la noble en cuestión no se identificaba con su título y más bien con el lado más humilde de su sangre estando consciente de sus raíces. Cambiaba de emociones increíblemente rápido, quizá más de lo normal en un adolescente y aquello le irritaba a la de cabello zafiro. Sin embargo, lo importante ahora mismo es que Lucina ya podía respirar un poco más tranquila al por fin poder hacer algo que sentía como su mejor aptitud: combatir. Iba a patear traseros de emergidos de la forma menos elegante posible, esperaba a que los demás tuviesen eso bien en claro y no intentasen siquiera en detenerle.

Apenas pudiera, Lucina iría directamente a hacer los últimos preparativos y cerciorarse de que todo marchara sobre ruedas. Solamente quería bajarse del dichoso barco de una vez por todas, patear traseros y dormir sin sentir que el suelo se tambalea independientemente del resultado. ¿Cosas estúpidas que se piensan siendo adolescente? Ahí tienen por donde empezar. Apenas llegasen, existía la posibilidad de ser la primera en desembarcar apenas comenzaran con el ataque; no iba a perderse esto por nada del mundo.
Lucina
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Mensaje por Virion el Sáb Ago 08, 2020 4:49 pm

Cuando la mirada de Lucina y Virion coincidió antes de que la princesa diera su parte de discurso, el duque podía notar los nervios de ésta. Realmente se notaba que no estaba acostumbrada a situaciones como aquella. Pero salvo asentir levemente con la cabeza como muestra de apoyo, Virion no hizo nada. Aquello debía servir como experiencia para la princesa. Una líder no se distingue por luchar bien, eso lo puede hacer cualquier soldado. Para ser líder, hay que saber dirigir. Y le gustase a Lucina o no, su papel era de líder.

El discurso de Lucina era breve, pero Virion mostró una sonrisa al escucharlo. Decía claramente lo que había que decir, nada más pero tampoco nada menos. Dejaba claro que aquella era una lucha justa y que habían acudido a destruir Emergidos. Cuando la arenga terminó, los soldados permanecieron en silencio un par de segundos, pero enseguida rompieron a aplaudir, a lanzar “Vivas” a la princesa y a Ylisse y a levantar las armas en alto. El duque también aplaudió satisfecho.

Cuando Lucina se dio la vuelta, su mirada volvía a decirlo todo. Virion se limitó a sonreír sin dejar de aplaudir. Él no la forzaría a volver a lanzar ningún discurso, aquello lo cumpliría. Pero la princesa mejor que se hiciera a la idea que aquello no iba a ser la única vez. No si aspiraba a ser una buena líder.

Pero la clase de educación práctica de líderes había terminado. Como había dicho Lucina, era tiempo de limpiar Emergidos. Virion había esperado demasiado tiempo este momento, y se encontraba ansioso.

-¡Tierra a la vista!-gritó el vigia situado desde las alturas.

El arquero corrió hacia la proa del barco. Aprovechándose de su avanzada visión, podía ver que efectivamente ya estaban llegando a puerto, el cual se asomaba hacia el horizonte. Virion se dio la vuelta y empezó a dar las primeras órdenes.

-¡Todos a sus puestos ahora mismo! ¡Cargad los cañones! ¡Preparaos para la batalla!-los soldados repitieron las órdenes para que rápidamente llegasen a oídos a todos y rápidamente se pusieron a cumplirlas. Especialmente los cañones, colocando la pólvora y la bala en cada una, y asegurando que apuntaban al puerto.

Virion corrió hacia el timón, impaciente. Tras tanto tiempo, volvía a casa, para liberarlo de esas bestias. Su mirada hacia el horizonte no veía más barcos navegando, y el vigía tampoco lo hacía. Aquello significaba que no estaban vigilando el puerto, lo cual parecía indicar que realmente los estaban pillando por sorpresa. Aquello eran buenas noticias. Virion se volvió de nuevo a la princesa Lucina.

-Muy pronto bombardearemos el puerto. Poco después, atracaremos, usaremos nuestros arcos y desembarcaremos. La batalla empezará pronto ¿Estáis lista, princesa?-Virion podía notar que las dudas que sentía Lucina a la hora de soltar discursos desaparecían a la hora de luchar. Aun así, consideró que lo educado era preguntar igualmente.

Con el viento a favor, el barco estaba llegando al objetivo en poco tiempo. Virion ya podía ver las casas del puerto y algún que otro Emergido corriendo de un lado para otro. Parecía que habían sido descubiertos, pero aquellas bestias apenas empezaban a dar la alarma. Si actuaban como habían entrenado, no les daría tiempo a los Emergidos a poder prepararse para el ataque. Pero no había que bajar la guardia, esas criaturas podían ser muy ladinas.

-El puerto está al alcance de los cañones, princesa. Los Emergidos ya nos han visto, pero si les hacemos caer el infierno sobre ello, el caos impedirá que puedan organizar la defensa. Cuando quiera, dé la orden y que conozcan los Emergidos el terror que ellos han causado.-en cuanto la princesa de Ylisse diera la orden, la batalla daría comienzo. Virion era incapaz de esperar más.
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