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[Entrenamiento] Hasta que el cuerpo aguante. [Privado]

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Mensaje por Mallory el Sáb Jul 13, 2019 5:21 pm

El viaje ha parecido eterno, pero es justamente cuando esta mas cerca de su destino que el agotamiento se hace difícil de sobrellevar. ¡De todos modos, no puede quejarse en lo absoluto! Su aventura le ha brindado la posibilidad de ver paisajes y conocer personas que ni en sus mas nutridos y maravillosos sueños habría podido hacer desde la comodidad de su humilde hogar. Sabía que esas agujas que sentía en sus tobillos y rodillas en cada paso, era solo un pequeño precio a pagar para toda la nueva experiencia que estaba dispuesta a vivir. Un precio insignificante, lo más importante sin duda vendría ahora. El optimismo estaba dirigiendo sus pensamientos con fuerza, a pesar de que los alrededores de su destino no parecían compartir demasiado el entusiasmo que la mantenía a pie.

¿Esta era realmente la capital de su maravillosa Daien…? ¿Por qué la gente tenía un temple tan… deprimente? Las calles poseían cierto aire gris que le hacían reparar por mas segundos de los necesarios en cada escena de lo que fuera su cotidianeidad, siendo alejada cuando recibía una que otra mirada hostil. ¡Entendería dentro de poco, que no había nada que ver ahí! Aunque su curiosidad le indicaba otra cosa, y su deseos de detenerse a preguntar si es que alguno sería tan amable de darle un poco de agua antes de llegar a la afamada Escuela de Magia Oscura. No creía que fuera una petición demasiado atrevida, pero de desanimo rápidamente de aquello. Ya podría hacerlo en la Escuela, si es que llegaba a ella.

Mallory continuo caminando cuesta arriba, cada vez con un temple ligeramente extenuado. Ya avanzando mas, notaria como el aire gris que las bases de la ciudad cambiaban a unos mas coloridos y pulcros en generales. Podría estar conociendo recién la ciudad, pero no le impedían reconocer que obviamente en ese sector empezaban a vivir gente mas favorecida. Las ropas de todos daban fe de eso, haciendo que a ella se sintiera un poco acomplejada por sus zapatos llenos de polvillo y su ropa de simple algodón, aunque limpio. ¿Era eso porque sentía que la estaban mirando, o solo… eran imaginaciones suyas…?
A diferencia de lo que fue la entrada, en esta oportunidad la joven si apuro mas su paso, no por miedo, si no porque prefería llegar rápido. ¡Con un poco de tiempo, podría quizás arreglarse mejor para presentarse en la escuela! ¿Qué imagen daría si es que aparecía con alguna ramita perdida entre su cabello naturalmente alborotado? Rápidamente paso su mano sobre su cabeza, aliviada de no encontrar al tacto nada.


Pasarían unos cuantos minutos cuando finalmente sus ojos pudieron ver con alegría la entrada de la famosa biblioteca de Daein, y a un lado de ella, como se alzaba con imponente presencia la Torre donde funcionaba la Escuela de Magia Oscura. ¡Sus ojos brillaron con ilusión, mientras sus manos apretaban las tiras de su pequeño morral viajero tratando de contener la ilusion! Ni siquiera fue consciente incluso el instante donde su rostro dejo de recibir la luz del sol que iluminaba su rostro, cuando el impulso de adentrarse la hizo chocar con las sombras que una construcción solida podía otorgarle. ¿Ahora… como se supone que debía de seguir…? Mallory se encontró, irónicamente, con objetivos menos claros que cuando dio el primer paso para salir de su hogar.

-¡Disculpe…! ¿Señor…?-
Fueron algunas palabras que quedaron en su boca, con su amabilidad cruelmente ignorada con la primera persona que vio pasar. Su rumbo parecía tan implacable como su concentración, que daba por seguro que ni siquiera la había oído. No quería desanimarse, de su madre había sido advertida de los que estudias magias oscuras no suelen ser… Como ellos estaban acostumbrados. La sonrisa que venía manteniendo desde que había iniciado todo, por primera vez se borro de su rostro, antes de que quedara estática viendo un pasillo largo y solitario, que quien sabe a donde podría llevarla.

-Quizás…- Fue lo único que pudo murmurar, completando la idea en su mente “Quizás lo mejor sea tomar un descanso”, quiso decir antes de que su cuerpo se apoyara contra una pared, deslizándose hasta quedar sentada en el suelo. ¡Ah, sus piernas se aflojaron completamente en ese instante, sintiendo al fin un alivio de tanto andar…! Ya apenas sintiera que el azote que había en sus  músculos se calmaran, volvería al ruedo, con más ánimo. ¡Y pobre de la primera persona que ahora se encontrara, pues iba a responderle todo lo que quería preguntarle, quiera o no! Sencillamente necesitaba eso, descansar, y quizás descansar un poquito los ojos… No, no iba a dormirse… No… ¿O si…?
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Mensaje por Pelleas el Lun Ago 12, 2019 5:27 pm

Había tantas cosas para las que Pelleas se sentía poco capacitado. Las más prominentes tenían que ver con hablar en público, dar sus opiniones en cualquier asunto sin susurrar y tomar decisiones una sola y segura vez, mas cada día llegaban a él imprevistos no antes considerados. Aunque pudiese ya creer que estudiar y compartir la doctrina mágica era aquello que se le daba bien, quizás para lo que estaba hecho, no fallaban en darse instancias en su mismo ambiente de confianza, en su misma torre, en que se viese desafiada su capacidad para lidiar con lo que sobrevenía. Ese día, era una persona que nadie conocía, de la que nadie sabía siquiera una cosa ni había visto antes, que por un mal desconocido se hallaba inconsciente, encontrada en el piso base del edificio y puesta en una sala de estudio cualquiera, a falta de enfermería. No era del todo inusual que acudieran a la escuela personas sin gran trasfondo que nombrar, o que abiertamente desearan dejar si mención sus identidades al embarcarse en tan controversiales estudios, mas no así que aparecieran de súbito invitadas jóvenes en quién supiese qué situación, como si de un refugio para los poco afortunados se tratara. Por supuesto que retirarla del lugar estaba fuera de cuestión; las malas lenguas dirían que los magos oscuros secuestraban ciudadanos para fines nefastos. Tampoco eran faltos de sentido humanitario, aún si no hubiera una idea clara de qué hacer con ella.

De cualquier modo, Pelleas había podido cuanto menos reconocer en la misteriosa aparición la particular aura de las personas a quienes las oscuridad había aceptado, luego siendo informado, para confirmar sus sospechas, de que la joven venía cargando consigo un tomo de magia negra. Su presencia cobraba un poco más de sentido. En cuanto a su procedencia, las opiniones eran mezcladas: quienes la habían recogido decían que así como la habían encontrado, y considerada su ropa, tenía que ser una ciudadana común de por ahí, mientras quienes la habían visto luego argumentaban que tenía un cierto aspecto de nobleza, que quizás sería bueno tener en consideración. El príncipe y maestro en aquella torre, incapaz de ver bien su aspecto, desconocía de cualquier modo qué hacer con esa información y una vez puesta en sus manos la pequeña crisis del día, no atinó a pensar en más que el bienestar inmediato de la joven. Con aquel libro mágico como señal inequívoca para él, no dudaba que en efecto tuviera asuntos por los que estar allí, pero lo primero era ver que despertase y se hallase bien.

Pelleas dispuso del salón, pues, de la mejor forma que pudo. Cauteloso, sin interpretar como una común siesta de cansancio la inconsciencia de la extraña, en primer lugar preparó una mezcla de hierbas cuyo sólo vapor en agua caliente le despertaba los sentidos hasta a un moribundo. Entre tanto, la supuesta convaleciente era dejada yacer en una silla enorme y mullida, del tipo que facilitaban permanecer leyendo por horas, sus pertenencias justo junto a ella en el asiento. La habitación estaba en penumbra casi completa a su alrededor, pues la particular arquitectura de la torre tenía la característica de permitir el paso del aire con la menor cantidad de ventanas y entradas de luz posibles y, por lo demás, sólo se utilizaba una única vela en el rincón más apartado; el hechicero había sufrido cierto mal encuentro con una maga de luz en Regna Ferox y sus ojos no estaban bien exactamente, por lo que sólo podía ver y trabajar adecuadamente en esa negrura suave a la vista. Corriendo un poco la tapa de la pequeña jarra en que habían sido hervidas y traídas las hierbas, el hombre sintió de inmediato el aroma poderosamente amargo salir junto a una bocanada de vapor y, quedándole más que claro que habían remojado lo suficiente, la volvió a cubrir.

Suponía que todo estaba listo. Arrastrando un poco las botas livianas al moverse por la habitación, se separó de la mesita de trabajo, de las estanterías con materiales y componentes de pócimas y de los libreros atiborrados, y llevó la jarra consigo al acercarse a la silla y a la muchacha que la ocupaba. Ahora que estaba en un ambiente tan oscuro como requería podía distinguir relativamente bien sus facciones, pero seguía sin ser nadie que hubiese visto en su vida. Como fuera, a la brevedad estaría pudiendo enterarse de todo lo que necesitara. Se posicionó junto a la silla y se inclinó con cuidado, moviendo la tapa para dejar la primera oleada de vapor salir, y una vez que el aroma empezara a fluir libremente, acercó la jarra directamente bajo la nariz de la chica. De acuerdo a su experiencia, el efecto era casi que inmediato, por lo que ni bien vio algo de movimiento y expresión, habló. - ¿Se-Señorita? Si puede decir su nombre, por favor… - Llamó con suavidad. Tenía voz distintivamente grave, pero la mala costumbre de no alzarla mucho.
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Mensaje por Mallory el Lun Sep 02, 2019 11:00 pm

Decir que no se iba a quedar dormida, y dormirse, es una de las mentiras que mas suelen usar los niños y los adultos cabeza dura. Y aunque ciertamente Mallory llego muy cansada, no se imagino en algún momento que podría perder su lucidez con tanta rapidez en los pasillos de la torre. ¿Cómo es que su cuerpo encontró aceptable la piedra pulida y el frío del suelo para que se durmiera…? ¿Cómo fue posible que ningún ruido la hubiera despertado en lo breve para evitar que tal bochorno se extendiera más de lo necesario?

Y aunque intentara recordarlo, ciertamente no podría hacerlo. No reconocería a futuro quienes fueran los dos estudiantes que la hallaron, y los murmullos que vinieron después sobre qué hacer; o como le dieron palmaditas en sus mejillas, tentados por la risa de que ella seguía inmutable en el mundo de los sueños. Mallory definitivamente no se acordaría de que ante la pequeña amenaza de que se despertara, usaron un hechizo sobre ella y que por eso cargarla hasta donde fuera que la dejaron, habría sido la primera vez que un muchacho la cargo en brazos.  No obstante, quizás cuando todo pasara, si notaria que habían tenido el atrevimiento de hurguetear dentro de su bolso, desacomodando su ropa, su libro familiar y uno que otros objetos de valor sentimental que llevaba consigo.

De todos modos, eso no era tan importante en ese momento. La calidez de un sillón, logro que inconscientemente Mallory terminara encontrándose cómoda en el. Su propio cuerpo se había acurrucado sobre el acolchado respaldar, mientras una importante figura se movía dentro de esa habitación a penumbras. ¡Y a Mallory no le habría importado, porque se sentía genuinamente a gusto! Seguramente habría estado soñando con zamparse pan con mermelada, antes de que el sueño se interrumpiera abruptamente. No como el inicio de una pesadilla o similar, sino como algo propio de los malos despertares que uno puede tener cuando algo se tira encima de uno, o un ruido estridente… O un olor demasiado nauseabundo como para que la nariz lo pase por alto.

La nariz de Mallory se arrugo con desagrado, antes que el resto de su rostro acompañara ese gesto. Ya lo cómodo del sillón no le hacía justicia a esa peste que quedo impregnada en su garganta a medida que su cuerpo reaccionaba, queriendo huir, pero torpe. ¡Irónicamente había apretado aun mas sus ojos al despertarse que al estar dormida!

-¡Ugh…!- Se quejo sin mucha delicadeza, sintiendo que ahora, aunque quisiera ver, no veía mucho, y unas cuantas lagrimas se le amontonaban entre las pestañas como respuesta a ese vapor extraño que aun sentía cerca suyo. Hizo un pequeño silencio, mientras sentía que el corazón se le salía por el pecho. ¡No estaba muy segura de si estaba más aturdida que asustada, pero necesitaba hablar! Mas que nada, porque no estaba donde recordaba, y por el vestigio de lo que fuera que ha tenido la mala suerte de oler, no dudaría en decir que se trataba de alguna poción casi tan toxica como los estofados que preparaba en su casa. No obstante, la pregunta que quedo en el aire, casi silenciosa, era una buena pregunta en ese instante. ¿Cómo es que se llamaba ella en realidad…?

-Eh…- Balbuceo en un comienzo, tratando de afinar mejor su vista. Sus manos sin darse cuenta, empezaron a estrujarse entre ellas, mientras sus piernas se encogían sobre sí misma. –Mallory…- Respondió en ese mismo tono que le preguntaron, empezando a dilucidar mejor las facciones de quien la acompañaban esa… ¿Qué hora se supone que era, o donde estaba…? Su mirada rodo un poco furtiva a su alrededor, buscando algún indicio que le pudiera guiar sobre su situación. Por supuesto, a penumbras era algo difícil de descifrar siquiera el color del tapizado de la misma silla donde estaba sentada. Respiro, no profundo, pero si como si tomara aire y con eso un poquito de valor para hablar.

-Perdón… Quizás...Me dormí, pero, ¿Dónde estoy….? ¿Y quién es usted…?- Fue preguntando tratando de disimular calma en su voz. -¿Me he metido en problemas…?- Fue lo último que ya diría, con un notable quiebre en su voz de solo imaginar que había hecho algo malo. Es decir, sin saber muy bien como se manejaban dentro de la torre, podría estar más que segura que no era un comportamiento muy aceptable el quedarse dormida en los pasillos. ¿Existirían posibilidad de canjes de algunas pequeñas torturas a cambio de que no la vetaran como posible estudiante? De pronto no le aterraba tanto la idea de tener que hacer un fondo blanco de aquella cosa horrible que la despertó, si es que le permitía quedarse a estudiar magia oscura. Por supuesto,  todas esas cosas que Mallory empezó a imaginar –y un poquito a asumir-, eran producto de los nervios que le causo su despertar tan misterioso. En todo caso, apelaría rápidamente a lo que correspondía.

-¡Y-yo, realmente lo lamento!- Se disculpo, nerviosa. –Es que estaba cansada y … ¡Perdón, yo solo quería estudiar aquí…!- Dijo, sintiendo como su rostro empezaba a hormiguear por un rubor incomodo producto de la vergüenza. Al menos prefería eso, puesto que estaba poniendo todas sus fuerzas en evitar llorar, por si llegaban a darle alguna mala noticia.
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Mensaje por Pelleas el Jue Oct 17, 2019 7:06 pm

La reacción de la joven era la esperable. Nadie disfrutaba, exactamente, el perfume de esos vapores cargados. Pero había funcionado tal como debía y sin saber qué la aquejaba, no se atrevería aún el mago a apartarle algo que quizás le fuera necesario, de modo que la jarra tenía que quedarse todavía cerca. Esperando, curioso pero demasiado timorato como para presionarla, sólo se echó él un poco hacia atrás para permitirle entrar en consciencia y hablar. Tenía su nombre, que la joven había podido comunicar sin problemas. Y tenía, luego, un par de palabras bastante explicativas e igualmente confusas.

- ¿Se ha… se había dormido? ¿No está enferma, entonces? ¿No está bajo una maldición, que usted sepa? ¿... está bien? - A medida que preguntaba, severamente descolocado por la información, el hombre adelantaba y retraía la jarrita un tanto como en tácito gesto de “¿quiere usted?”, al no terminar de saber si ella la necesitaba o no para mantener el cuerpo consciente. Tras pensárselo más razonablemente, pudiendo ver a la perfección en aquella familiar oscuridad cuan naturales y en efecto despabilados eran los movimientos de la joven, concluyó que no se necesitaba. Al fin, pues, tapó la jarrita en definitiva y la alejó de la dama, quedándosela entre manos. - Esto… se encuentra en la Torre. La Torre de Nevassa. Y, pues… - Iba diciendo entre tanto, intentando seguirle el ritmo a las dudas y fallando.

Nunca le había parecido ser muy bueno confortando a otras personas. Y era que rara vez era él el más seguro y calmo en la habitación. Inclusive allí, notando que su imprevista invitada no se estaba muy relajada en su sillón ya, que temía meterse en líos, no atinaba a hacer en la rapidez del momento mucho más que alzar la mano a medio camino como para algo indefinido y enseguida desistir, regresándola a la jarrita. Habría sido raro darle una palmada en el hombro o cualquier similar a una desconocida, cuando apenas se atrevía a hacerlo con amigos cercanos. Gesticularle para que fuese más lento habría sido excesivamente confianzudo también. Terminó por dar un paso atrás y erguirse del todo, en sus casi dos metros de altura algo reducidos por una postura medio cabizbaja, su figura bloqueándole la escasa luz de vela detrás a la joven. Lo cierto era que entre más disculpas oía, menos sabía qué decirle. No había ocurrido nada, sólo se había dormido en el recibidor. Pero ahora se sentía en alguna forma descortés si lo decía así. De allí su silencio, quizás más prolongado de lo que debiera ser.

- Pero-- aguarde, aguarde… ahh, dioses. - Empezó con cierta torpeza, para luego carraspear y, con movimientos apresurados, aproximarse a la mesa de trabajo más cercana sólo para dejar en ella la jarra ya no tan maloliente, desocuparse las manos. Tomó aire y supo, cuanto menos, por donde quería empezar. - ¿Puede… cesar de disculparse un momento? - Fue lo que dijo, al volverse nuevamente a Mallory, bajados los hombros de su silueta envuelta en capa violeta oscuro. Se movía con soltura en esa penumbra, sin buscar a tientas los objetos ni golpearlos entre sí, pues para él todo lucía nítido. Por lo demás, no había una tonalidad autoritaria en sus palabras ni mucho menos, con suerte era una petición que realizaba. Repasaba en fuero interno lo que había oído de ella: había hablado de estudiar allí. Eso ponía las cosas en un orden más claro. - Ah, sí, ¡eso es! Usted también es una hechicera. Lo he notado antes. Eso es un buen comienzo… - Exhaló. Sí, teniendo por confirmado lo más primordial, podía ordenar mejor sus ideas.

Carraspeó, optando ante todo por tomar asiento en un taburete bastante ornamentado a unos tres pasos de distancia del sillón. Aunque pudiesen obscurecer su expresión tanto la escasa luminosidad de la estancia como el modo en que llevaba él el cabello, siempre un tanto caído sobre el rostro en rebeldes ondulaciones, portaba una sonrisa mucho más tranquila en sus labios ahora. Saber que trataba con alguien como él siempre resultaba grato. Al hablar, lo hizo en una voz baja y lenta, si acaso para no sobresaltar más a su invitada. Se daba tiempo a sí mismo, en todo caso, de medir cómo expresarse. - No le respondí… mi nombre es Pelleas. Dirijo esta escuela. Y... ¿no comprendo por qué no podría estudiar aquí? - Admitió con una breve risa. - Usted ya ha sido iniciada. ¿No es cierto? Además… discúlpeme, pero ese tomo suyo… no he visto esa precisa edición antes. - Agregó. No le cabía duda de que la joven era ya maga. Y aunque el tomo sólo lo había visto por escasos momentos, el depositarlo todo el bolso junto a ella para que no se viese separada de sus posiciones, no había reconocido el diseño de las tapas, que no correspondía a las copias que él había podido comprar en Plegia o como vestigios de Begnion. Bien podía significar que fuese avanzada, que tuviese algún tomo especial. Tales temáticas no fallaba en hacer a Pelleas platicar, hacerle alzar la voz con más fluidez. - ¿Acaso es único? ¿Me permitiría verlo? -
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Mensaje por Mallory el Dom Nov 17, 2019 7:18 pm

La razón si bien le gritaba a Mallory que lograra mantener la compostura, sin duda era algo muy difícil de hacer cuando en parte también su cabeza empezaba a enmarañarse en un caos propio de pensamientos pesimistas sobre lo que pasaba. ¿Habría modo de remontar una presentación tan pésima como la que estaba dando, o era un karma que advertía las peripecias de un sueño imposible de lograr…? Sus manos se estrujaban entre ellas producto del nerviosismo, capaz sintiendo su propio pulso a través de sus dedos mientras su mirada, asustada aunque quisiera disimularlo, se clavaba en el joven que le acompañaba. ¡Hasta la pausible tragedia de que aquel apestoso jarrón se escapara de sus manos cada vez que la movía la mantenía en alerta!

-No... ¿No que yo sepa...?- Fue la respuesta que logro formular, mirando ya fijamente a esa compota extraña que parecía ofrecerle, no sabía si en serio o a modo de burla. ¡No quería tampoco enterarse de que tenía una maldición si había implicancias con aquel hedor para curársele! En todo caso, ella, al menos hasta unos momentos se sentía bien, agotada, pero perfecta. La respuesta sobre su actual ubicación, -y tras notar que quizas la jarrita ya quedaría quieta-, hizo voltear nuevamente su mirada de manera completa otra vez al joven con el que hablaba. Aun se podía notar en sus pupilas los niveles de nerviosismo que tenia, pero ¿No era buena señal el que al menos aun siguiera ahí adentro…? La ansiedad volvió a amotinarse dentro suyo tras su respuesta apenas lo viera ahora ponerse de pie, haciendo que las ideas de que en realidad si había cometido un grave error cobraran fuerzas en sus pensamientos. Aun así, sus disculpas en algún punto seguramente hubieran sido apabullantes; que a pesar de no pedir el cese de su palabra de un modo grosero o intimidante, era la propia culpa de Mallory quien la hiciera tapar su boca con sus manos de forma inmediata; como un niño que se le escapo  o escucho una grosería.

Así debería mantenerse, pensó, mientras veía al muchacho desfilar por aquella habitación como si también estuviera luchando un poco con sus pensamientos. Pero claro, la soltura que logro encontrar en el por el solo hecho de poder ponerse de pie o caminar, era algo que Mallory dudaba pudiera hacer en ese instante: sentía su cuerpo paralizado tras haberle pedido que cesara de disculparse. No obstante, tras haberla confirmado con una hechicera parte de esos nervios empezaran a diluirse en sus músculos, casi sintiendo un ligero alivio a la tensión que sobre ella misma había creado. Sus dedos al menos, ya no apretaban tan fuerte sobre su boca, haciendo que ambas manos se deslizaran de su rostro, para ubicarlas casi sobre su pecho. Aun estrujándose entre si, producto de una costumbre de ella al no encontrar mas rápido la tela de su vestido para hacerlo.

Una tenue sonrisa se dibujaría ahora en el rostro de Mallory al notar el gesto amistoso del joven al haber acercado el taburtere para sentarse, incluso percibiendo un pequeño cambio en su tono de voz y las mismas palabras que empleaba. ¡O al menos a el le transmitía un poco mas de seguridad, como si fuera una sintonía el que supiera ahora que tenia una verdadera razón de estar ahí mas que por un simple accidente! Su propio corazón se calmaría unos instantes, uno muy pequeño, antes de casi detenerse al oír el nombre de quien tenía en frente. Su sonrisa aunque permaneció tímida por unos instantes en su rostro, el resto de si ahora parecía haber muerto, salvo sus pensamientos y las palabras que seguía hablando… ¿Había escuchado bien aquel nombre y aquel cargo…? Y de hacerlo… ¿Estaba realmente consciente nuevamente, de donde estaba y de lo factible que era aquello…? Las mejillas de Mallory aunque hubieran recobrado un color más sano hace unos segundos, volvían a palidecer. Y sus piernas petrificadas de la ansiedad hace rato, ahora aun con nervios, hallaron fuerza suficiente para… No levantarse de la silla y ponerse de pie, sino para traspasar su cuerpo de aquel cómodo y mullido sillón, directamente al piso, arrodillándose ante el joven. ¡No podía ella estar en un sillón, y el Príncipe en un taburete! Su cabeza estaba baja, como su mirada, aun en lo oscuro; no pretendía cometer el error de seguir faltando el respeto a quien como hubiera reconocido, en ese retorcida situación, al Príncipe Pelleas.

Aunque, ¡Ahora estaba en una encrucijada siendo el mismo Príncipe que le pedía algo! ¡Donde era que estaban sus cosas? ¡De no mencionarlo, hubiera olvidado totalmente aquel detalle desde que se despertó! Ahora sí, encogiendo sus hombros y temblando levemente, voltearía otra vez a buscar algo alarmada donde estaba su bolso… Justo atrás de ella, en un segundo plano que paso desapercibido hasta ese instante. Ni siquiera tuvo cuidado de no romper algo, porque sabía que no podía, pero rápidamente se haría con su grimorio si es que el mismo Príncipe era quien se lo pedía; no podía seguir siendo grosera con el luego haber demostrado tanta misericordia con ella. Eso sí, procuraría entregárselo con toda la nobleza que podía tras ya tan desastrosa presentación.

-Es un grimorio familiar… Príncipe Pelleas…- Menciono con cautela y amabilidad, entregándoselo. ¡Aun no podía terminar de concebir a quien era que tenía en frente! Y aunque los nervios ya la tenían mas alterada que nunca en su vida, un pensamiento fugaz vino a ella mientras daba tiempo al Príncipe de ver el tomo…. ¿Sería muy atrevido el presentar en ese momento su completa situación para buscar de manera tan prematura el reconocimiento de su verdadero apellido…? Un nudo se formo en su garganta, ante la duda de si animarse hablar o no. Incluso su pecho se estrujaba cada que tomaba aire, sin terminar de decidirse si era cauto expresarse… Aunque, quizás seria lo mejor aclarar de entrada porque alguien como ella, que en teoría podría saberse que “estaba”  muerta, aparecía de pronto dormida y con un tomo de magia tan inusual. Si es que no la tomaban por una farsante o bien una loca.

-Ese es… Es el tomo de los Blacktall…- Explico, sintiendo que su boca se secaba un poco… ¿Sería suficiente explicación…? Dudaría un instante, queriendo hablar de nuevo, aunque le incomodaba la sensación que sus ojos empezaban a cristalizarse… ¡No iba a pasar vergüenza llorando! Debía, en todo caso, mostrarse como una real heredera de los Blacktall. Levantaría un poco mas su rostro, sin buscar ser altanera, pero si digna. –Es el tomo que rescate… Cuando me rescataron… Cuando murieron mis padres…- Añadiría, notando que su voz de a poco se iba con cada fragmento de explicación. Otra vez volvería a tomarse de sus manos nerviosa, viéndose ahora ligeramente triste y acongojada. Quizás no era la explicación que hubiera tenido que dar en ese momento…

-Perdón… Quizás no debí decirlo…- Dijo ahora, por si las dudas, disculpándose de nuevo… Aunque hubiera pedido hace un instante que no lo hiciera al menos por un momento.
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Mensaje por Pelleas el Vie Ene 10, 2020 7:06 pm

Creía que hacían buenos progresos. Más allá de que la situación fuera teniendo creciente sentido, podía concluirse que la invitada sorpresa estaba desprovista de males naturales o supernaturales, y hasta parecía ganar calma. Aquello último fue lo que no duró mucho. Era también un avance, en cierta forma, estar adecuadamente presentados, mas Pelleas ni se sentía nada bien con ser un nuevo motivo de agitación para Mallory, ni dominaba manejar que se tomaran actitudes tan humildes ante él aún. Se halló tan incómodo ante la repentina reverencia como atolondrado al no lograr ocurrírsele si tendría que estar parándose él para ‘recibir’ los honores o qué; la calma se le deslizó entre las manos, se desbarató de regreso un momento, enrojeciendo su rostro tal como el de ella antes. Nunca había recibido mucho de ese trato, no había tantos modales en la corte de Daein como para que respetables y aguerridos altos mandos le fueran haciendo reverencias a un chiquillo semi tartamudo que no se imponía, recién en el último tiempo venía eso cambiando al reconocerse una cierta cantidad de victorias y logros de su parte, al reconocérsele como heredero, pero... que alguien simplemente se arrodillara apenas escuchar su nombre era muy distinto.

Tras abrir y cerrar la boca inútilmente, concluyó que una potencial buena forma de responder a tal cosa sería quedarse donde estaba, pero erguido de espalda, con alguna suerte de aire de dignidad. Sí, carraspeó e intentó aquello, siempre teniendo que corregir a conciencia su postura cabizbaja. Así tenía que estar bien. Por los dioses, esperaba que lo estuviera. Le hacía el gesto de recibir de manos de la joven el libro un tanto torpe, a su parecer, mas procuró no demostrarlo. Igualmente, era tan cuidadoso como siempre sería con un tomo de importancia, manipulándolo con ambas manos al girarlo y tocando hasta con delicadeza el grabado de la tapa. Un grimorio familiar. Era un motivo más que razonable para que fuese único, no por ello menos interesante, sino todo lo contrario. Con un murmurado “con su permiso”, el sabio abrió la tapa y pasó algunas de sus hojas, examinándolas con contenida avidez.

- Eso lo explica… es impresionante, la manufactura, la colección de hechizos… - Comentó entre tanto. Era un tomo producido con claro esmero por manos que debían haber sido expertas. Los hechizos, si bien no especialmente avanzados y poderosos, estaban excelentemente plasmados; no había hombre de la modernidad que pudiera simplemente leer el idioma antiguo, hasta donde se sabía, pero un mago sabía cuanto menos leer el sonido de sus caracteres, y eventualmente a reconocer conceptos, saber si un hechizo era innecesariamente largo o no tenía las órdenes adecuadas que dar a la oscuridad. Esa era una de las ediciones más claras que había visto jamás de hechizos de Ruina, seguramente fuera un placer conjurar con ella. Absorto en los símbolos y diagramas, tan sólo alzó la vista cuando el nombre resonó, familiar, en sus oídos.  - ¿... Blacktall? -

Cesó de pasar las páginas. La penumbra pesada en la habitación difuminaba el detalle de los rostros, mas el hecho era que su expresión confundida no era la de quien oía una palabra que desconocía, sino muestra de no comprender por qué la estaba oyendo en ese momento. Aunque eran anteriores a su llegada a la capital, pues no había sido sino seis años atrás que Pelleas siquiera supiera que pertenecía a la familia real y fuera llevado a Nevassa, había llegado a saber de otros magos sobre el clan Blacktall. La única orden de magos oscuros en Daein, en su tiempo. Cierta mortificación se apoderó de él al oír más, oír sobre muertes, pese a que era sabido lo ocurrido en gran parte, historia repetida en esa prolongada guerra; oírlo de quien había perdido a alguien le daba otro cariz. Pero no cesaba de ser confuso.

- No, no, es que, uhm… - Negó con la cabeza, al disculparse nuevamente la joven. Había caído en silencio por demasiado tiempo otra vez, se daba cuenta de ello. Desvió la mirada, sacando las palabras por lo bajo de su garganta. - Hace años que no hay aquí, esto, en la corte… alguien con ese apellido. - En teoría seguían habiendo individuos con vida, aunque la guerra hubiera borrado a la orden familiar y no hubiera un representante en la corte. Pelleas desconocía los detalles. Sin embargo, había intentado establecer contacto, había enviado algunas cartas. Lo había hecho antes de la guerra, cuando necesitaba encarecidamente de hechiceros especializados en lo arcano que guiasen sus estudios atascados, el desarrollo errático de la magia que él albergaba. No había podido ubicar a nadie. Lo había vuelto a intentar cuando había regresado a Daein entrada la guerra, después de Plegia, después de Nohr, después de la construcción de la Torre, cuando había pensado otra vez en ellos, los arcanos de Daein. Y alguna que otra respuesta diferida y reclamo habían surgido, pero como su consejero tajantemente había acotado, no era difícil ponerse a lanzar nombres grandes si valían algo. Lo difícil era llegar a tener una muestra concreta ante la cara, hallarle sentido a algún reclamo, si quería uno siquiera intentarlo. Si había llegado a la Torre algún otro supuesto Blacktall para unirse a las filas o tan sólo alimentar su magia, Pelleas lo desconocía, pues su consejero mantenía todo asunto innecesario fuera de sus manos.

Y ahora estaba esa joven. La intuición, más que la cautela, le indicaron a Pelleas cómo proceder. - Y, este tomo, ¿es usted capaz de utilizarlo...? ¿Aprendió a leerlo? - Preguntó. Si volvía a mirar el objeto, era ahora para buscar de regreso en su tapa, en sus primeras páginas y en las últimas una insignia, un escudo o cuanto menos una firma. Confirmar que el tomo en sí fuera Blacktall no habría de ser muy difícil. Reparó por el borde de la visión en la postura aún baja de Mallory, y con un gesto de la mano le indicó la silla en que había estado antes. - Ajem. Ya podría… ya podría alzarse. Regrese, por favor. -
Pelleas
Pelleas
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Príncipe de Daein

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Mensaje por Mallory el Dom Mar 15, 2020 10:54 pm

Nervios. Nunca antes en su vida había tenido que lidiar con tantos de golpe, y aunque su vida no era muy extensa hasta ese día, sí que había estado llena de desgracias y situaciones que de algún modo deberían haber moldeado mejor su temple. ¿Estaba realmente a la altura de aquello? En realidad no, pues su corazón seguía estrujándose con cada segundo que pasaba. Incluso ni siquiera había notado que ni su respiración era natural en ese instante, tratando de llevarla a cabo con suavidad para que no se agitara y rompiera en un llanto perturbado frente a alguien que ha solicitado de manera explícita su calma. Algo imprescindible para poder responder con sinceridad y claridad todas las dudas que su presencia implicaba. Dudas que quizás, terminaban resolviendo hasta sus propias interrogantes.

Mallory apretaría sus labios con fuerza, pidiéndose a sí misma con el mismo ímpetu retener las lágrimas de sus ojos enjuagados. Sus manos se sentían algo acalambradas, ya no por la fuerza con la que pudiera apretar su vestido, sino más bien por como su cuerpo empezaba a reorganizar sus flujos de sangre para mantener su cabeza fría… Y su pulso estable. Aunque fuera en ello, que notaria con mucho interés las palabras que el Príncipe murmuraba, algo ¿Asombrado podría decirse? Su mirada se volvió ligeramente furtiva, oscilando entre la curiosidad de un niño que quiere descifrar algo importante. ¿Realmente había reparado bien en el apellido Blacktall? ¡Su pecho parecía liberarse un poco, en algo muy similar al alivio! Aunque ese esbozo de sonrisa con el brillo en sus ojos, automáticamente se verían apagados tras la segunda aclaración.

El vacío que causaba dentro de ella el saberse sola, no terminaba de componerse por la idea del consuelo que podría traerle el que nadie  violentara con su vida, ni la de sus seres queridos…. Pero…  ¿Y si no todos estuvieron involucrados en aquel atentado? ¿Y si la gente que la busco un tiempo, realmente tenían interés en cuidarla? Hacerse preguntas sobre “que pudiera haber pasado si…” es una actividad dolorosa, pero algo a lo que la jovencita recurre constantemente porque; antes que pensar en la maldad del humano, ella cree con mas fervor en la bondad de sus corazones. No todos los Blacktall podrían haber sido malos, ¡Sus padres serán siempre la muestra de amor mas grande de la que podría testificar! Aunque… ¿Cómo saberlo en ese instante…? Es demasiada tristeza el pensarlo…

Un sentimiento que rápidamente se ve dispersado ante otro  que la despabila, más recurrente en ese instante: ansiedad.

-¿Si lo se usar…?- Pregunto sorprendida, sintiendo un escalofrió recorrer su espalda. Su rostro no podía hacer disimular la verdad obvia, que era que no. Aunque al menos podría decir otra verdad a medias, como para escudarse. –Debía aprender a leerlo… En mi iniciación….- Dijo. Aunque claro, la falta de practica seguramente haría mella en ese momento, sumado a la necesidad de no equivocarse frente al Principe… Pensamientos oscuros llegaron a ella sin poder evitarlo.  Haciendo caso ahora automáticamente a la nueva orden, se puso de pie algo torpe, y se sentaría de golpe en la silla donde hubiera despertado. Ya una vez sentada, se acordaría de algunos modales que debía tener en cuenta: como el acomodar su vestido hacia los lados y colocar sus manos sobre su falda. Por supuesto que bien erguida, como se debe presentarse ante la realeza. ¿Ahora? Tocaba responder con más perspicacia lo que le preguntaban. Algo que en ese instante se sentía como una tarea demasiado difícil de llevar a cabo.

-Sabia leerlo… Pero no suelo tocarlo mucho porque, la magia se canalizaba mal y siempre terminaba en un desastre…- Dijo con sinceridad. Cuando era mas pequeña la intensión de ver su grimorio siempre estuvo, pero sería ya algo prohibitivo por su madre adoptiva cuando cada vez que el mismo llegaba a sus manos, había un accidente catastrófico alrededor de ella. Lentamente el grimorio de los Blacktall terminaría siendo solo algo que Mallory solo podía leer en silencio, y no por mucho tiempo. De hecho, desde su viaje hasta ese momento, bien podría haber sido el periodo de tiempo más largo en el que el libro estuvo en su posesión.

Quedaría muda por un momento, ligeramente acongojada por lo poco útil que podía ser su aporte. Seguramente con practica podría volver a reconocer las letras pero… ¿Qué mas podía otorgar al Príncipe sobre lo que quería saber? Su temple acongojado, se esfumo en un instante. Una pequeña luz entre la penumbra de esa sala llego, directo de una de sus memorias mas traumáticas.

-Aun recuerdo, un hechizo que necesitaba saber de mi iniciación...! Que estaba en el grimorio…- Dijo, tocándose las sienes como si eso refrescara su memoria. –Debíamos recitarlo hasta el amanecer… Pero mi padre me la enseño en una canción…- Cerró sus ojos, entrecruzando recuerdos, forzándolos a salir.

-Decía… Como… ๓єเץค ภ๏ץєเ๓คץค ร๏เ๓ค t๏เץค ๓ค ภ๏ςђє lєเ ץє …-Canto bajito, casi susurrando. Un  poco por miedo al sentir como su cuerpo reacionaba como si su sangre volviera de repente a sus extremidades, de manera bruta, ofuscandola. ¿Qué pasaría si hacia estallar algo por eso? O peor aún, ¡Que no hiciera absolutamente nada! Mallory no está espiritualmente preparada para decepcionar al Príncipe, si es que pretendía sacar algo concreto de ella en ese momento.
Mallory
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Mensaje por Pelleas el Sáb Mayo 09, 2020 11:34 pm

La legitimidad del libro era incuestionable, eso no tardó en concluirlo. Conocía la insignia que aparecía en la contratapa, podía notar que el sello dibujado como finalizador a la colección de hechizos en la última de las páginas la incorporaba también y firmaba así Blacktall, en el mismo papel y la misma tinta, en igual grado de desgaste, que todo el resto del impresionante encuadernado. En la oscuridad distinguía a la perfección el fino detalle y el tomo en sí era Blacktall, fidedigno. Era la portadora la que constituía otro asunto. Porque incluso para él, quien creía fácilmente en lo mejor, era claro que la respuesta era no, Mallory no podía emplearlo, pese a cuan seguro percibía que ya estaba propiamente iniciada en las artes arcanas y cuan personal se supusiera que fuera el libro. Una diferencia que no hablaba muy a favor de su posición de heredera.

No obstante, ¿acaso importaba? Pelleas cerró el libro mientras esperaba que la joven se recompusiera. Podía ser Blacktall todavía. Y si no, seguiría tratándose de una hechicera más de la estirpe tan escasa en Tellius, reunidos tan a cuentagotas en la Torre, ¿qué tanto daño podía causar su aparición y su reclamo al apellido? No le apetecía ni pensar en ello. No era un buen juez de caracteres, a esas alturas hasta él tenía que reconocerlo, por todas las veces que había errado en confiar o en asumir con optimismo (amén de las que aún no reconocía), pero le interesaba recibir a la muchacha. Quería pensar que eso era lo de mayor relevancia. Al oír su experiencia no dejaba de persistir la idea, la creencia simplista de que debía estar hablando con la verdad sólo porque así lo presentaba y que lo demás sería sólo cuestión de que la magia hablara por ellos.

- Ya veo… es normal que ocurra, en realidad. - Aseguró inclusive, comprensivo y deferente. - La magia oscura tiene una fuerte voluntad. Si no puede uno comunicarse con ella, tomar control o concordar… actuará por su propio instinto. - Y a todo mago de su estirpe podía ocurrirle. Desde luego que aquellos recién iniciados, apenas habituados a coexistir con las sombras era quienes más se arriesgaban a dañar su entorno o a sí mismos en una pérdida de control, pero eran igual de susceptibles los magos con un dominio establecido que simplemente intentaban manejar maleficios y tomos de hechizos por sobre su capacidad, y terminaban hechos la presa. Si la joven no había contado en ese tiempo con magos superiores que pudiesen ayudarla, era tanto más razonable. Por un momento su mente divagó, teorizando cuan abundante y cuan refinada sería la capacidad para la magia en ella, si es que procedía en efecto de un linaje de magos, y cómo podría ello afectar la frecuencia de sus accidentes al conjurar.

Lo que la joven agregaba le trajo de regreso al momento presente, y con nuevo interés la figura recortada en la penumbra levantó la cabeza un poco. Con un leve asentimiento aguardó, curioso por el hechizo y atento a su sonido cuando este comenzó. Apenas dos palabras arcanas, y ya podía estar seguro de que era una invocación de Ruina. - ¡Sí! Definitivamente es un hechizo, uhm… - Bajó la mirada al libro aún en su mano. Algo se inquietaba y se removía en él, algo buscaba un despertar al son del verso cantado. Todavía pendía en el aire la última palabra en voz femenina y liviana, cuando Pelleas abrió el libro a cuenta nueva y, moviéndose al borde de su asiento, lo tendió para sostenerlo abierto ante la joven.

- Su mano, por favor. En el libro. Y, uhm, repita ese verso. No tema hacerlo con intención. - Dijo, su tono calmo. El contacto de la maga con el objeto daría libertad a la magia, por seguro, pero era exactamente lo que buscaba. Ver cómo esta reaccionaba a ella, cuanta era invocada por su llamado. Contemplar, en sí, sus aptitudes. No estaba seguro de si los ojos de Mallory se habrían acostumbrado al ambiente, mas aún así, le ofreció una sonrisa despreocupada, colada igualmente en el timbre de su voz al continuar. - Estoy… mediando, digamos. Deje que la magia salga, extraigala libremente. Cuidaré lo demás. - Fue lo que agregó. Sus manos no dejaban de sostener el tomo para ella, ni pensaba retirarlas. Si el hechizo se tornaba peligroso o la magia se comportaba en formas extrañas, estaba seguro que podría doblegarla, cuanto menos guiarla si eso ayudara. Pero el hechizo, en sí, debía ser de ella.
Pelleas
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