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[Campaña de conquista] Un obstáculo en el camino[Priv.Gangrel]

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Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2019 12:09 pm

La tundra de Jehanna era un desafío para un escuadrón de infantería. El sol cociéndote al igual que una patata, sin monturas por posibilidad de pérdida de caballos, y solo personas andando por eso, una planicie sinónimo de trampa mortal. El ejército plegiano había ya pasado tres días atravesándola, improvisando campamentos para descansar, aprovechando cualquier montón de rocas para cubrirse del sol. Por suerte iban bien provistos de provisiones y la distancia que les quedaba hasta cruzar el territorio no era holgada mas para hombres y mujeres sudorosos, ya cansados, la moral ligeramente minada, todo era un reto. El rey los mantenía en pie como podía, mas todos sabemos que los seres humanos son débiles antes las adversidades si no tienen un buen motivo por el cual continuar, sobretodo ésto sucediendo tras la desastrosa campaña de la capilla.

El rubio se había hecho una cola para aliviar el calor tras su cuello, disfrutando de cualquier pequeña brisa de aire que decidiera bendecirlos. A veces miraba al monarca, todavía avergonzado por su fracaso... bueno, fracaso, el desastre, pues realmente era un lugar conquistado pero destruido en el proceso. La armada no conocía ni conocería tal campaña, tal y como habían acordado . No todos son tontos; aun así, siempre evitar que cualquier detalle escabroso se escapara era de agradecer. De su zurrón sacó la bota y bebió otro sorbo de agua. No bebía demasiada, repartiendo bien sus raciones. Lo catastrófico sería quedarse sin una fuente de hidratación. El chico de Hoshido que servía actualmente a Gangrel se encontraba al lado de su majestad como debía ser, y le reconfortaba su presencia. Aunque solo fuera uno... había alguien en el que poder confiar, que ayudaría a los demás. Su presencia transmitía tranquilidad entre las tropas desde la campaña en Carcino.

Lo que alarmó a toda la infantería fue aquella masa negra en el horizonte que se acercaba con una rapidez vertiginosa. La palabra "emergido" ya era una mecha que corría por todas las tropas, preocupando a todos los que tuvieran dos dedos de frente. A Vincent se le aceleraba el corazón por segundo, quizás hasta podría sufrir una taquicardia. El temor de perder a más hombres se había grabado a fuego en su cerebro.

—¡FORMAD TODOS! ¡EN POCO LLEGARÁN Y DEBEMOS ESTAR PREPARADOS! ¡EN VUESTRAS POSICIONES!—recorría la masa que conformaban todos los plegianos transmitiendo las órdenes. Se acercó al chico, el único sanador de esa maldita compañía—Atiende por nivel de gravedad. No nos podemos permitir perder tropas que pueden seguir luchando. Asegúrate que te cubren igualmente. Nos igualan en número o nos pueden superar, depende de lo que una manada de emergidos piense cruzando la tundra—acarició la cabeza del chico, removiéndole el pelo, para a continuación mirar a su rey—Lord Gangrel, le pido lo mismo. Tenga cuidado—levantó el brazo a la romana, apretando los labios por unos segundos—Grima salve a Plegia, su Majestad—así pues, Vincent se marchó a su posición como arquero, formando un rectángulo entre la infantería, los arqueros y los magos. Que la batalla comenzara pues.
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Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2019 12:30 pm

El mundo debía ser suyo. Y eso implicaba sudor. Implicaba el esfuerzo de invadir zonas desérticas, esas tundras tan características del lugar en el que estaban. Sí. No dudaría ni un segundo en avanzar por esos lares con su escuadrón para poder tomar las ciudades costeras del oeste de Jehanna, difícilmente conquistables para su armada, que se encontraba demasiado dispersa sitiando el continente como para intentar forzarla a ninguna otra operación. De momento, la larga caminata permitía al monarca descansar en cierta forma de las catastróficas noticias que le habían llegado. Un grupo de cien hombres aniquilado casi en su totalidad por una capilla. Era la mayor desgracia del ejército plegiano en toda la historia. Una victoria pírrica que se había saldado con la moral del ejército. Un ejército que se creía invencible y ahora veía que no lo era del todo.

Y el rey, desde el mismo día en el que recibió la noticía, había ennegrecido su forma de ser. Estaba más callado, pasaba más tiempo escribiendo, como si eso fuera a enmendar ese problema. Y en las largas marchas, estaba completamente callado, solamente hablando para sus discursos con los que intentaba mantener la frágil moral a flote o para dar órdenes a sus comandantes. Él mismo se había creído lo que en sus discursos se decía. Él mismo se creía que su imperio era imbatible… Y era el más afectado por ello. Pero no tenía tiempo para lamentarse. Ya lo haría cuando estuviera en la capilla de su palacio.

Y ese día, un día corriente de caminata que comenzaba a irritar al rey, debería ser alterado. Él, que hasta ese momento había estado montado en el único caballo que iba con ellos (y al que se le daba tanto cuidado que estaba aguantando mejor las altas temperaturas que muchos soldados) leyendo con calma su nuevo tratado militar, fue también de los primeros en alzar la vista en cuanto vio a sus exploradores volver alarmados para encontrarse de frente con esa pequeña masa gris que iba acercándose. Solo con eso, le sirvió para saber a lo que se enfrentarían. Un ejército repleto de infantería que iba a intentar por todos los medios acabar con ellos en un ataque frontal sin demasiada gracia o estrategia, dependiendo totalmente de su fuerza bruta para ello. No podía ser más adecuado. No caerían frente a ese ejército. Más bien. Eso era justo lo que necesitaba para levantar la moral de los suyos. Chasqueó los dedos, haciendo que uno de los coroneles que se encontraba a su lado le entregara una pequeña cantimplora con agua fresca, de la que bebió un par de tragos antes de devolverla a su propietario y descabalgar, supervisando él personalmente que sus hombres se colocaran en formación.

Y no habló hasta que Vincent hizo lo propio ante él. Suspiró en cuanto ese joven estuvo frente a él, con una mirada siniestra que expresaba perfectamente lo que sentía el rey en su interior. Sí, ese era su más fiel vasallo, pero también el que portó a sus oídos las más dolorosas noticias que su ejército había tenido que recibir.

-…Yo tomaré el mando, como es habitual. Solo cíñete al Tercio y destruyamos al enemigo. Grima salve a Plegia.

El rey vociferó un par de veces a sus coroneles más cercanos cómo debían organizarse las tropas. Poco a poco, siguiendo los designios y del que era emperador y máximo general del Tercio, las filas comenzaron a encogerse, quedando reducidos en un concentradísimo rectángulo muy largo pero poco ancho, en el que Gangrel se colocaría, arrodillado, junto al resto de hechiceros y atacantes a distancia.

-¡Masacrad al enemigo y que no queden las cenizas! ¡DEMOSTREMOS HASTA DONDE LLEGA EL PODER DE PLEGIA! ¡Y NO QUIERO ERRORES! ¡Quién más emergidos mate, recibirá doble ración esta noche! ¡PREPARAOS Y ESPERAD A QUE LLEGUEN! ¡CAERÁN FRENTE A LOS HECHIZOS ANTES DE PODER TOCAR SIQUIERA LAS PUNTAS DE LAS LANZAS!
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Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2019 1:01 pm

La repsuesta del rey era tan negra como la nube que se les acercaba. Sí, a él no quería verlo. ¿Quién quería ver al que le traía las peores noticias desde que comenzaron la guerra? Estaba claro que para su rey no era una idea demasiado agradable que digamos, por lo que a partir de ahí tendría que dedicarse a seguir al Tercio y apoyar la formación en todo lo que podía. Frunció ligeramente el ceño mientras se posicionaba entre tanta marabunta de personas. Ya se encontraba con el arco en mano y flecha en éste. La cabeza le estaba dando vueltas de lo irritante, lo desagradable de tal situación.

Aquella nube negra ya no lo era, sino un grupo de soldados...también en formación. Vincent apretó los dientes al verlos, apretando el arco con saña. No era su intención mas aprendían. Ellos aprendían de todo lo que hacían. No eran criaturas estúpidas. La guerra era su propósito para vivir, para Plegia un medio. De todas formas no era un Tercio como tal, era un intento de ataque frontal en línea recta en diversas filas, probablemente con la intención de rodearlos. No contaban con una formación en condiciones.

Flechas enemigas volaron hasta ellos pero los escudos fueron capaces de proteger a todos e incluso los magos, quienes respondieron con bolas de fuego que abrasaban al enemigo y sus monturas. Solo había que ser estúpido para acercarse de tal forma. Flechas plegianas volaron igualmente, ellos sí siendo capaces de abatir a más criaturas que los iniciadores. No los paró aun así. Más caballos se acercaban, guerreros. Eso sí que no lo perdían nunca: La estupidez de enfrentarse a un enemigo superior. Él mismo derribó a varios de los caballeros que intentaban saltar sobre sus filas.
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Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2019 1:18 pm

…Lo que hizo el rey no fue otra cosa que horrorizarse frente a lo que tenía frente a él. Un ejército que intentaba copiar de alguna forma las tácticas de su Tercio, la obra maestra de su imperio. Una copia barata, triste, pésima, sin verdadera intención y que se parecía a un loro repitiendo lo que un humano le decía: sí, podía hacerlo, pero eso no significaba que aquel pajarraco supiera lo que estaba haciendo. Justo como esos emergidos. No pudo evitarlo. Comenzó a reír sin más mientras esos seres se acercaban, señalándolos con el dedo índice para luego girarse y mirar a sus tropas.

-¡Observad, observad al terrible enemigo! ¡Soldados míos! ¡Tengo buenas noticias para vosotros! ¡Está claro que hoy vamos a ganar! ¡Observad cómo en su desesperación por mantener este territorio intentan imitar a este gran imperio! ¡YA ME REIRÉ LUEGO YO DE ESTO! ¡PERO QUÉ TRISTE, POR DIOS! ¡VAN A CAER COMO RATAS! ¡MIRAD ESAS APERTURAS! ¡VAMOS A JUGAR CON ELLOS COMO SI FUERAN PELOTAS! –el rey tomó aire, tomando una de sus dagas con destreza para luego colocarla en ristre, preparado para el combate en cuanto este acaeciera- ¡No es necesario que hoy diga que combatiremos, puesto a que combatir es algo reservado a dignos rivales! ¡Hoy, vamos a masacrar al enemigo! ¡Porque Grima nos ha concedido a nosotros el poder del Tercio! ¡ARRASAD CON EL ENEMIGO! ¡ESTA ES LA VOLUNTAD DE GRIMA! ¡NO QUIERO A NI UNO SOLO EN PIE!

Y así se haría. No tuvieron tiempo ni a hacer una primera carga que cientos de esferas flamígeras ya empezaron a caer contra ellos, cortesía de sus poderosos hechiceros. Y flechas de los arqueros que acompañaban la formación, aunque fueran una absoluta minoría. Y de vez en cuando, podías ver una daga precipitarse contra un emergido. Obra, por supuesto, del único que las usaba en el Tercio: él. Era su forma de diferenciarse: nunca tomaría las armas de un piquero ni de un hechicero, pues prefería mucho más la velocidad que le otorgaban esas finas piezas de metal que si bien cortas, podían hacer el mismo daño que la más larga de las picas que pudiera disponer su Tercio. La caballería caía poco a poco. Los caballos morían si osaban acercarse demasiado a las picas, dejando a su jinete a merced de los hechizos plegianos. Y poco a poco, alrededor del Tercio, se formaba una verdadera montaña de cadáveres. Los propios emergidos debían avanzar entre ellos para llegar al combate y ser rápidamente aniquilados.

Ese era el poder del ejército plegiano desatado.
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Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2019 1:40 pm

Estaba seguro de que el rey de Plegia -futuro emperador- escribiría con emoción aquella batalla en los libros, al igual que con rabia, pues de orgullo no carecía y de egocentrismo tampoco. Serían ensalzados como héroes que aplastaba simples ratas que se habían colado en la cocina; diciendo una verdad bastante simple, ese ejército no se había organizado bien, sencillamente intentando imitar lo que una vez vio. ¿A lo mejor supervivientes de una batalla contra ellos? ¿He de ahí que supieran sus tácticas o era una red interna que desconocían? Quedaba tanta información por recopilar pero el frenesí de la batalla no dejaba espacio a palabras, solo a movimientos certeros, poderosos e intimidantes.

Los emergidos comenzaban a amontonarse a su alrededor, y aunque escalaran la montaña de cuerpos acabarían o fulminados, atravesados por una flecha, una pica... Eran esfuerzos inútiles semejantes al de un niño pequeño intentando alcanzar la manzana de un árbol mucho más grande que él sin saber cómo subir hasta ella. Disfrutaba atravesando las cabezas, haciendo que los jinetes cayeran de sus monturas, arqueros que ya no existían. Vincent destacaba por su puntería y ya a esas alturas de la batalla los arqueros enemigos se habían reducido a la mitad, la caballería decreciendo y la infantería pues sin oportunidad de atravesar la barrera. Todos se compensaban con escudos, hechizos, flechas o lanzas.

Nunca debían subestimar a un tercio plegiano si querían seguir viviendo. No aprenderían nunca aquella lección. Era bastante ridículo.
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Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2019 2:58 pm

Fiereza y valor eran los baluartes sobre los que parecían alzarse sus tropas ahora, más allá de la desmotivación de segundos atrás, ahora esta fue sustituida por la evidente frustración de sus hombres totalmente desahogada. Horas y horas de lamentos totalmente olvidados por escasos minutos de batalla. Era bárbaro, salvaje, pero sin embargo, se podía ver en los ahí presentes. Eso era la mejor medicina a la triste marcha que les había afligido cual enfermedad. Y el primero en admitirlo, el primero en admitir la salvaje y bruta forma de ser que le aparecía cuando tenía que batallar. Ahora, sus cuchillas iban a parar a sitios totalmente malintencionados. Con furia acababan en la mano del emergido, o en su ojo. Lugares que no mataban, sino que volvían un verdadero suplicio el seguir caminando o combatir.

Y los pocos emergidos que sobrevivían a las dagas, a las flechas y a las llamas, eran rápidamente atravesados por una de las picas que habían alrededor de ellos. Una pica que caía para atravesarle y con la misma velocidad volvía al sitio, evitando así que ni un solo ser de esa marea gris. No había bandera o arma emergida que pudiera llegar hasta ahí.

-…¡Concentrad el fuego sobre las primeras filas y dispersad a los emergidos! ¡QUIERO UNA MONTAÑITA DE CADÁVERES BIEN FORMADA, CON TODO IGUAL DE ALTO! ¡MUAJAJAJAJA! ¡SI VA A RESULTAR QUE ESTE DÍA ES DIVERTIDO Y TODO!

Y en cuanto terminó esa frase, protegido por las picas cercanas, se atrevió a salir por unos momentos de la formación para tomar a un emergido, clavándole él personalmente una daga en la frente, para luego desenvainar otra y retroceder rápidamente a su sitio, como si no hubiera pasado nada.

Ya lo tenía claro. En cuanto acamparan ese día, podrían celebrar una pequeña victoria militar casi perfecta. Y luego, sin más dilación, en cuanto se levantasen la mañana siguiente, irían en dirección a su objetivo final. El resto del ejército, con el oeste del país totalmente dominado ya por las avanzadas campañas plegianas, podrían avanzar también y arremeter con furia contra los últimos vestigios del pseudo-reino emergido que se había formado ahí. Y cuando eso sucediera, Plegia recibiría una merecida colonia para su colección. El primer paso en el largo camino hacia la victoria total, hacia el dominio absoluto del mundo… Nacía ahí.

Y los Tercios serían heraldos de ese gran imperio del que Gangrel sería amo y señor.
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Mensaje por Invitado el Jue Jun 13, 2019 9:58 pm

Las flechas volaban hacia el enemigo y el fuego se extendía a por a lo largo de la montaña de cadáveres, creando un muro de fuego alrededor del Tercio plegiano. Podrían justificarlo como la protección de Grima ante los enemigos, quienes a pesar de todo continuaban arremetiendo contra un enemigo inalcanzable. Igualmente, las llamas se consumían no a la velocidad del rayo pero sí con la suficiente rapidez como para no asfixiarse entre toda la putrefacción que se hallaba a sus lados. Aconsejó a los hechiceros el uso de la magia de rayo para ocasiones donde fuera un solo individuo, pues con demasiado fuego acabarían ellos encerrados en una jaula de llamas.

¿Por cuántos los superaban, y de qué manera se estaban acumulando? Llegaba cierto punto en que debías derribar emergidos para ver a los que se hallaban detrás. Sus flechas no obstante conseguían atravesar al enemigo como estaba destinado a ser. El reto de su monarca irónicamente se estaba cumpliendo, pues sino los plegianos se quedaban sin punto de mira. Si ese hombre llegaba a ganar su apuesta, entonces podría conseguir el mundo.

Su ojo izquierdo avistó súbitamente a un jinete que se acercaba por los laterales. Tomó una nueva flecha y apuntó. La saeta voló entonces hacia la pata del caballo, el cual comenzaba a desestabilizarse, mas no paró a quien estaba montado sobre él. Caería, mas su espada -algo más grande de lo normal, a decir verdad- saldría disparada hacia ellos. Lo único que se le ocurrió a Vincent fue agacharse y utilizar el muro de cadáveres como barrera, escuchando el tumulto de carne y metal siendo atravesado a poco menos de un metro de él. Lo que causaba la desesperación, sin duda.

—¡Ahora lanzan espadas, Lord Gangrel! ¡Se van quedando sin opciones!—alzó la voz en pleno campo de batalla
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Mensaje por Invitado el Vie Jun 14, 2019 10:30 am

Fuego. Fuego. ¡Más fuego! Gangrel no podía evitar reír mientras veía cómo se alzaban pequeñas llamaradas alrededor de su ejército, completamente ajeno a lo que solía pasar con el oxígeno si había demasiado fuego en el ambiente. ¿Qué? No era científico, precisamente. Al fin y al cabo, su trabajo era el de gobernador y general. Lo poco que sabía sobre esos campos era que determinados materiales con otros explotaban y que si enviaba a un soldado a bucear por más de unos minutos acababa normalmente ahogado.

Pero eso no dejaba de parecerle divertido. No podía evitar reír al ver que sus soldados seguían masacrando al enemigo sin bajas. Ni heridos. Era simplemente emocionante. Esas cosas sí que pasarían a los libros de historia, como muestra del poderío casi invencible del Imperio en construcción que estaba forjando Plegia… No necesitaría ningún tipo de edulcoración. Esas cosas podían dar lugar a canciones patrióticas que se danzarían en todas las tabernas de Plegia. Pero antes de eso, antes de poder escuchar los gloriosos cantares que los juglares harían sobre ese día, necesitaría sobrevivir. Y no lo veía demasiado difícil.

Pero lo que le gritaba Vincent volvía demasiado estúpido todo ese espectáculo. ¿Lanzar las armas al enemigo? Eso era lo más estúpido, desesperado, inútil y triste que había visto en su vida. Nunca, jamás, en sus años de carrera militar, había tenido que hacer frente a rivales tan estúpidos. Y no le podía parecer más perfecto. A pesar de estar totalmente en minoría numérica, estaba claro que cada vida plegiana valía decenas de vidas de ese escuadrón que les estaba atacando. Pero… Ahora en su mente aparecía un nuevo problema del que debería ocuparse en muy poco tiempo: ¿cómo demonios podrían salir de ahí? Es decir, habían cadáveres para hacer una torre, literalmente. Ya se veía venir teniendo que ordenar a sus soldados hacer un pequeño hueco, con todas las muecas de horror y demás quejas. Debía pensar algo rápido, porque estaba claro que la batalla… No era ya un problema.

-]¡Ya sé! –dijo para luego arrojar con furia una daga, como si hubiera recibido algún tipo de iluminación- ¡Quién menos emergidos mate al finalizar esta batalla tendrá que ofrecerse de forma voluntariamente obligatoria para abrir un hueco entre los cadáveres! ¡Y ESTO ES UNA ORDEN QUE VA POR TODOS, GENERALES Y BARONES INCLUIDOS! –y ahora señaló a una de las armas que seguía cayendo desde la montaña, a cuyo “arquero” arrojó una daga para acabar con él rápidamente- ¡Y sobre las armas que nos lanzan! ¡No os preocupéis! ¡No están creadas para ser arrojadas, así que perderán su fuerza antes de llegar y si ya consiguen haceros un poco de daño, es por un milagro! ¡Tomaremos las armas en cuanto termine el combate para fundirlas y reparar con el nuevo metal las nuestras! ¡AHORA SEGUID MASACRANDO A ESOS SERES!
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Mensaje por Invitado el Vie Jun 14, 2019 12:27 pm

Los acorazados se miraron entre ellos, igualmente los soldados en medio de la formación. ¿Cómo llegarían ellos a matar si no podían moverse? No es como si fueran a tirar ellos las espadas a continuación. Se habían resignado a la tarea de apartar cuerpos para salir, sus expresiones siendo un verdadero cuadro, inmortalizando las escasas ganas de tener que tirar de emergidos muertos de una montaña. El arquero sin embargo no podría estar más contento después de oír tal declaración le levantó la moral. No tendría que mover ningún cadáver aquella tarde calurosa, que ya de paso los magos de fuego se deberían cortar un poco con las llamas -aun si era el método de limpieza más rápido.

El arquero se subió al montón de cuerpos -los que no ardieran por supuesto- junto a varios de los suyos y una lluvia de flechas cayó sobre los emergidos que intentaban avanzar desde el frente o a los lados. Nada lograba que la balanza se inclinara hacia el favor de esas criaturas. Grima les estaba enviando una señal bastante clara de no solo quién sería el vencedor en esa batalla, sino del destino de Plegia. Una derrota no los había convertido en perdedores, solo los había hecho renacer de las cenizas; así sería pues. El campo de batalla se encontraba ya prácticamente vacío de contrincantes, solo unos cuantos que creían en alcanzar siquiera a un plegiano.

Inocentes criaturas de retorcida naturaleza.
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 15, 2019 4:49 pm

Plegia seguía avanzando en su total aniquilación del enemigo. Y parecía ser que sus amenazas estaban calando muy bien en sus soldados, que ahora se esforzaban todavía más por aniquilar a los enemigos que estaban frente a ellos. Esas criaturas en apariencia humanas pero completamente incapaces de imitar las formas de su ejército.  Aunque sí, sería mucho más fácil prender fuego a una parte de la montaña y pasar por las cenizas... Pero no. Eso pondría en riesgo el interesante botín de guerra que había obtenido.

Y no podía ser más adecuada situación la que estaba viviendo. Épica hasta tal punto que era digna de ser dibujada para los libros de historia: los Tercios de Plegia resistiendo impasibles, sin bajas, frente al atacante, que caía constantemente frente a las llamas y las picas plegianas. La guerra representada en una sola batalla. El destino de Plegia marcado en quienes defendían su soberanía.

Gangrel tomó una nueva daga, la cual arrojó frente a un emergido que se había acercado lo suficiente como para ser molesto para los otros tiradores. En ese momento, decidió que iba a divertirse… Un poco más, aprovechando el cada vez menor número de enemigos que conseguía llegar hacia ellos.

Salió de su lugar entre las filas del ejército, un acto que evidentemente solo él podía hacer sin recibir una buena reprimenda de un comandante. Y aun así, en cuanto esto pasó, todos los altos generales que se encontraban por ahí comenzaron a gritarle, preguntándose qué demonios hacía su rey, la persona más importante del ejército, arriesgándose de tal forma.

Obviamente, solo Gangrel lo sabía. Solo Gangrel supo por qué se acercó a un emergido armado con una lanza para enfrentarse a él directamente, cuerpo a cuerpo. Tomó una daga más para ello. Y el emergido, empezando con su ataque, lanzó un rápido movimiento para intentar atravesar a Gangrel con ella. Y sí. Casi lo consigue. Pero en el último momento, como si se hubiera anticipado a ello, el monarca se movió a un lado, dando un paso hacia atrás para quedar al lado del piquero enemigo. En un lapso de tiempo tan corto que era casi imperceptible. Y antes de que ese emergido pudiera hacer algo, una daga se había clavado en su cuello, para luego ser retirada mientras el rey volvía a su sitio, corriendo a la máxima velocidad posible.

-¡SEGUID ASÍ, PLEGIANOS! ¡NO QUEDARÁN NI VEINTE ENEMIGOS A LOS QUE MATAR! ¡NO ME DECEPCIONÉIS!
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 15, 2019 9:09 pm

El primero en suspirar al ver su a su rey salir de la formación fue el rubio de ojos heterocromáticos, quien aun sin estar sorprendido, se resignaba a las locuras de quien lo gobernaba sin quejarse, no como los comandantes, generales del ejército plegiano. Si él salía porque le daba la gana, tampoco es que pudiera detenerle, ¿verdad? Era más fácil dejarle hacer lo que quisiera mas tenerlo bajo su mirada... Poder protegerlo de ser necesario. Quedaban menos de veinte emergidos, mas cada uno presentaba una amenaza para cualquier desprevenido, sobretodo cierto individuo al cual la adrenalina se le subía a la cabeza. Y por ello quizás no le gustaría lo que fuera a hacer... Era su deber, al fin y al cabo.

Una de sus flechas derribó a un jinete de su caballo, el cual cambió radicalmente de dirección en cuanto su sueño se cayó del animal. Iba a pisotear al monarca de Plegia si no se defendía -que seguramente lo haría; aun así mejor no lamentar nada-. Cuando quiso darse cuenta ya no le quedaban flechas en el carcaj, lo que en parte le enervó mas no lloraría sobre leche derramada. Tenía un depósito entero a su alrededor. Arrancó varias de los cadáveres, sintiendo de nuevo el peso de las saetas en su espalda. Tan solo bastaron dos disparos más a dos lanceros para que en el campo de batalla se hiciera el silencio. Todos los que se hallaban en los bordes, es decir, a merced del enemigo, observaron a los que se hallaban en medio de la formación, recordando las palabras de su gobernante no hace mucho tiempo atrás. El ejército sabía a quién le tocaba mover los cadáveres, lo que le sacó una picarona sonrisa al arquero. No obstante no esperó a la tarea, escalando y haciéndose con el material que le fuera útil para su clase. Luego se deslizó por la montaña de cuerpos con cuidado, acudiendo al lado de su monarca.

No lo miró directamente a la cara, sino que observaba el horizonte rojizo, mezclado con amarillo y naranja. Fue en ese instante en que se le ocurrió una idea sumamente estúpida. "¿Podría formarse un atardecer en mis ojos?". Apartó la idea agitando la cabeza, todavía observando a lo lejos—Ya se está reuniendo material útil y deshaciéndose de los cadáveres, Su Majestad. Con orgullo podemos decir que Plegia ha ganado esta batalla. Es una buena ocasión para incluir una victoria prodigiosa en sus libros, ¿no cree? Sin pérdidas—trataba de animarse a sí mismo, a aquel hombre de rojizos cabellos, a todo un país. No quería estar en su puesto incluso si adquiría un gran poder. Demasiada responsabilidad.
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Mensaje por Invitado el Dom Jun 16, 2019 4:32 pm

Un nuevo paisaje que constatar en sus memorias. Una nueva victoria a sus espaldas con la que contrastar cualquier tipo de pérdida que hubieran podido sufrir sus subordinados antes. Era hermoso. Sí. Podía ver la belleza en tal montaña de cadáveres. Era la belleza de saber que para crearla, su ejército había tenido que luchar. Y que ni una sola baja había tenido lugar ahí. El esfuerzo plegiano había dado el fruto por tan grande esfuerzo. Sus piqueros, resignados por su desgraciada posición en aquel combate, no pudieron hacer otra cosa que obedecer. Despejar las montañas de cadáveres que se habían arremolinado a su alrededor, teniendo especial cuidado con los emergidos que todavía seguían en llamas. Sí. Al fin y al cabo, los habían matado con llamas literalmente, caramba. Sus hechiceros solían usar grimorios de ese nivel o la magia oscura por sus efectos más devastadores y útiles que los del resto de artes de ese tipo.

El monarca suspiró. Tal vez debería hablar, mas no le salían las palabras. Estaba cansado… Y emocionado a más no poder. Sí. Tenía que hacerlo. Y es lo que debía por ser rey de ese imperio. Gangrel, saliendo de la formación, comenzó a trepar entre los cadáveres para tomar un poco de altura, dando dos fuertes chasquidos para que aquellos que habían decidido hablar cesaran de eso. Él era más importante. Tomó aire, colocándose correctamente la corona en la cabeza y luego colocando los brazos en jarra, con la barbilla en alto.

-¡CAMARADAS! Hoy, frente a nosotros, gracias a nuestros brazos… ¡Ha sido aniquilada la amenaza al Grandísimo Reino de Plegia sin bajas de las que lamentarse! –se escucharon fuertes gritos de sus soldados, que vitoreaban esa frase que se había convertido en casi un lema del país: “¡Grima salve a Plegia!”, mientras alzaban el brazo para hacer el saludo correspondiente, lo cual no podía producir más que el orgullo de su monarca, creador de todo ese sofisticado sistema para agrandar su persona- Hoy, gracias a nosotros, ha desaparecido de forma efímera pero beneficiosa para la nación una parte de la amenaza que hay sobre nuestro reino, el gran imperio –alzó la mano, haciendo él también el saludo a la plegiana, con solemne severidad- ¡¡Y ES QUE NO HAY MEJOR MUESTRA QUE ESTA PARA ASEGURAR QUE NUESTRO IMPERIO, QUE PREVALECERÁ MIL AÑOS MÁS, CUANDO EN SU FUTURO LOS HABITANTES DE NUESTRO PAÍS LEAN LOS LIBROS DE HISTORIA, DIRÁN SIN DUDA ALGUNA…!! –calló. Sus palabras cesaron en ese instante, para llamar la atención de uno de los soldados con un gesto de muñeca, haciendo que este le acercara la bandera que estaba sosteniendo. Y sí, cual alférez corriente, el monarca la alzó con violencia, sacudiéndola con orgullo, pues al fin y al cabo, esa era su bandera- ¡¡QUE ESTA…!!

Y sí. Algo, repentinamente, sucedió. Algo que no pudo hacer más que hacer que la boca del rey se cerrara. Tras de él, llegaba el sonido a sus oídos que una formación de soldados solía producir. Cientos sería poco. Miles de soldados. Se giró, aterrorizado, pues sabía perfectamente que no podrían aguantar tanto. Era imposible. Era totalmente inimaginable tal posibilidad. E incluso si cada soldado diera lo mejor de sí mismo, acabaría por morir. No podía hacer otra cosa. Él también estaba en el saco. Y sabía perfectamente que no habría mejor muerte que ella. Que no habría más glorioso final para Gangrel I de Plegia.

Pero no. No fue su destino. Grima tenía todavía muchas cosas preparadas para ellos. Sus soldados, aquellos que osaran trepar las montañas junto a él, se encontrarían de frente con eso.

Las banderas de Plegia ondearse. Eran refuerzos. Posiblemente atraídos por las llamas, ahí se encontraba un gigantesco escuadrón, repleto de hombres armados en nombre de Plegia. El ejército de ese país había llegado. Y no había nada mejor para su persona. La épica de su discurso acababa de llegar a límites inimaginables.

-…Que si nuestro imperio durara mil años… –Gangrel, aprovechando el silencio y expectación generalizados, siguió hablando, abrazado al asta de la bandera ahora que podía- Sus gentes podrían decir, sin miedo a equivocarse… ”Esta fue su hora más gloriosa”

Y tras eso, miles de aplausos salieron de las filas de soldados. Vítores al rey, a los supervivientes que ahora salían de entre los escombros, sosteniendo los pocos símbolos plegianos que podían.

-¡¡¡Y ES POR ESO, QUE FRENTE A TODOS VOSOTROS, Y DE FORMA TOTALMENTE IRREVOCABLE… DOY, A TODOS LOS QUE HOY HAN LUCHADO A MI LADO, LA GRACIA DE LA NOBLEZA PLEGIANA!!! –y eso, de forma totalmente excepcional, produjo miles de aplausos por parte de todos. Gangrel, todavía moviendo la bandera de Plegia, sonrió ante eso. Sí. Era una estupidez nombrar a tanta gente de esa forma, pero… Él sabía perfectamente que se lo merecían. Gracias a ellos él estaba vivo. Y se lo iba a agradecer por siempre- ¡EL TÍTULO DE INVICTOS DE VULTURNO! ¡Y QUE GRIMA SALVE SUS ALMAS INMORTALES…! Hoy, de forma mucho más segura que nunca… Diré estas palabras. ¡Las palabras sobre las que se forjará nuestra nación!

¡GRIMA SALVE A PLEGIA!

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Mensaje por Invitado el Dom Jun 16, 2019 6:09 pm

El rubio no hacía demasiado caso del discurso del monarca, sabiendo con altas probabilidades lo que iba a decir. En vez de eso no podía evitar observar el cielo en su crepúsculo. La sangre pintaba el techo que pronto se cubriría de estrellas, el humo ascendiendo para desaparecer junto a la luz del sol. Era un escenario melancólico a pesar de su triunfo sobre el enemigo, un sabor agridulce que invadía su boca sin llegar a comer nada. Tan solo giró la cabeza al escuchar las pisadas, el pequeño temblor del suelo. La ironía era sin duda dantesca. Ganar una batalla para sumergirse en otra que sí que no tenía pinta de salir bien.

Llevó su mano al arco de su espalda, cansado, agotado de todos los conflictos en los que había participado. Uno recoge lo que siembra se puede decir... Seguir a un monarca como Gangrel implicaba dejarte la vida en el campo de combate. Sin embargo pudo distinguirlo a lo lejos: El león negro de Plegia. Su mano aflojó el agarre, finalmente dejando los brazos caer. El miedo del propio Gangrel lo calmó e incluso entretuvo. Quién diría que el rey de Plegia fuera capaz de poner una expresión de perro a punto de cagarse encima, o el que iba a ser ejecutado segundos después. En resumen pues, más público que admiraría las hazañas del país y de su ejército. Lo que si le dejó con la boca semi-abierta fue el despilfarro de títulos nobiliarios entre el ejército. Que luego valían lo mismo que la pata de una rata cuando se presentara la ocasión mas era impactante, bastante. Por supuesto toda la armada en su apogeo, incapaces de contener su euforia mientras agitaban las banderas, hacían menciones a Grima y saludos a la romana.

Pero él tenía otro asunto en mente.

Pidió prestada una bandera de los recién llegados, no por exaltación plegiana sino... para sus propios fines. Entre todo el barullo que se había formado con las declaraciones y la llegada de más tropas consiguió atravesar lo que quedaba de cuerpos emergidos más repartidos por la planicie, aunque su paso no se detuvo hasta estar en el centro del círculo que se había formado con dichos cadáveres.

Izó la bandera ajeno al espectáculo de sus espaldas. Recordaba los escombros, las llamas, los restos. Él mismo se había tenido que encargar de la mano de un compañero. La tan desastrosa campaña de la que nadie se quería acordar pero de la que él era muy consciente. No importaba si sus vidas se habían extinguido junto a la capilla de Jehanna, sus almas... sí, algo tan subjetivo, indemostrable, podrían descansar en esa planicie. Hincó entonces la bandera en el suelo, agachándose él a continuación. Sacó de uno de sus bolsillos un trozo de tela verde desgastado. Su dueño había sido Germán, arquero cuya mano quemó él mismo. Lo ató al hasta de la bandera con fuerza, asegurándose de que no caería y a continuación se sentó junto a ese símbolo tan importante para los gobiernos. Pudieron perecer, perder; aun así serían honrados por los que continuaban con vida. Su muerte no había sido en vano... Vincent se lo repetía a la vez que agarraba el hasta de la bandera. ¿Su escasa habilidad de dirigir? ¿La mala suerte? ¿Qué había sucedido, Germán, todos? ¿Cuáles de esas almas le respondería su pregunta? ¿Qué es lo que hizo mal ese día? Apretaba sus labios, frunciendo ligeramente el ceño, sus ojos pestañeando con rapidez.

—Vincent-sama, ¿por qué ha clavado una bandera en medio de un cementerio?—escuchó por encima suya la voz del clérigo hoshidano, una mezcla de curiosidad y perturbación. El rubio se limitó a levantarse y tomar al niño de la mano. Su mirada, aun si su gesto hubiera sido la de un padre cuidando de su hijo, reflejaba por partes iguales la frustración, la ira, la morriña, el intento de mantener la compostura.

—Es una advertencia. Si alguien se cruza con esta bandera, sabrá quiénes, qué es lo que ha asolado y destruido tal ejército. Se lo pensaran dos veces antes de intentar invadirnos—era medio mentira, ya que contamos lo que realmente pasaba por su cabeza. No le confesaría que era un monumento a una tropa caída, ni sus nombres, ni cómo perecieron. Serían héroes... por lo menos para él.

Tomó finalmente al niño con sus brazos y se lo colocó a los hombros. Éste se sorprendió; Vincent se limitaba a curvar sus labios en una suave sonrisa.

—¿Cómo es entonces? Ya que todos lo están gritando como posesos—ambos se miraron unos instantes para luego reírse disimuladamente.

—¡GRIMA SALVE A PLEGIA!—

Así pues ambos dejaban la escena, Vincent aunque solo fuera un recuerdo de compañeros caídos, uniéndose a la celebración. ¿Conseguirían finalmente esa Plegia unificada mundialmente como todos lo habían soñado? Sin poder garantizar nada, solo era capaz de dejar una oración y sus respetos a una tumba ondeante.
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Mensaje por Eliwood el Jue Jul 04, 2019 9:22 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Vincent ha gastado un uso de su arco de bronce.
Gangrel ha gastado un uso de sus dagas de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP. Gracias al incremento de experiencia, Vincent obtiene un nuevo skill de la rama Archer:

[Campaña de conquista] Un obstáculo en el camino[Priv.Gangrel] Desarmar Desarmar - Una técnica hábil con la cual el arquero puede dirigir una flecha al punto exacto del arma ajena, cerca de donde se sujeta, obligando al otro a dejar caer el arma, permitiendo al arquero un momento extra o una ventaja (1 turno).

¡Felicitaciones!
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
espada de acero [5]
.
.
.
.

Support :
Marth [Campaña de conquista] Un obstáculo en el camino[Priv.Gangrel] Iwzg0SR
Lyndis [Campaña de conquista] Un obstáculo en el camino[Priv.Gangrel] JEIjc1v

Especialización :
[Campaña de conquista] Un obstáculo en el camino[Priv.Gangrel] NqTGGyV

Experiencia :
[Campaña de conquista] Un obstáculo en el camino[Priv.Gangrel] Iu4Yxy1

Gold :
988


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