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[Campaña de conquista] Que las flechas y los pegasos vuelen[Priv.Sarah J. Belphast]

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Mensaje por Invitado Sáb Mayo 11, 2019 3:53 pm

Las capillas en un reino grimante eran edificios importantes, sobretodo después de no solo recuperar un avatar, sino el culto que comenzaba a crecer poco a poco.Las estructuras estaban prácticamente intactas, solo el tiempo habiéndolas deteriorado. Eso sí, los emergidos no habían desaprovechado tomar una de las capillas como campamento en respuesta a la invasión de Plegia en Jehanna. Solo les interesaba cuando les convenía, ¿no era cierto? Estaban de camino a la localización exacta, recorriendo un sendero montañoso que llevaría a una de las múltiples capillas repartidas por la nación, mas esa estaba lo suficiente cerca como para permitirse un pequeño paseo. Su desventaja era la escasez de foresta con la que ocultar su presencia, siendo objetivos fáciles mientras subían la cuesta hasta aquel lugar sagrado, profanado por seres sin alma. Solo existía roca, piedra, matojos. Era un paisaje de lo más desalentador.

Mas había otro detalle que perturbaba al arquero, y era la compañía de una jinete en concreto, concubina de Lord Gangrel, a la cual si le pasaba algo rodaría su cabeza. Comprendía su posición ya que tenía años de experiencia en el campo pero siendo una mujer, no podía evitar o desviar la vista, o que se agriara su expresión con el ceño ligeramente fruncido, o dudar de sus palabras. Todo el batallón sabían que iban de frente a la estructura, lo que les dejaría en cueros militarmente hablando. Todos los que podían llevaban escudos para protegerse a sí mismos y a los demás. Los arqueros y la caballería de cielo -los wyverns y escasos pegasos- se encargaría de los que estorbaran por otra parte que no fuera la entrada. Solo un pequeño escuadrón lanzaría flechas a la entrada en caso de ser necesario. La mujer tenía utilidad en la batalla, sí… El Señor Gangrel jugaba con su corazoncito para clavarle sus dagas sin darse cuenta. Su único espacio libre de teta se había acabado.

Y bueno, era tal y como había predecido el arquero; los habían dejado justo delante de la angosta entrada, la cual estaba hecha de madera lo que la hacía fácil destruirla y más si ya estaba pudriéndose. Todo el lugar estaba en completo silencio, observando la edificación. Lo más bajo que podía, el rubio susurraba órdenes que se esparcían como la pólvora entre infantería. Entradas laterales, traseras, cualquier paso. La caballería en el aire se encargaba de cualquier molestia que pudiera afectar a las tropas rasas. No obstante todo fue muy repentino. Las puertas de madera se abrieron de un golpe y las flechas volaron hacia los plegianos. Hubo algunos que llegaron a defenderse, otros cayeron abatidos. Primera y segunda fila mermadas. También empezaron a caer desde torres anexas, campanarios diminutos o solo para encender hogueras, no lo distinguía demasiado bien entre el jaleo de su ejército. Igualmente desde un balcón superior el cual se había llenado de emergidos en cuestión de segundos.

—¡CARGAD DE UNA VEZ POR SANTO AMOR A PLEGIA!—gritó Vincent entre las tropas con desesperación ante la inmovilidad de su batallón. Tocaba claro el numerito de siempre—¡GRIMA SALVE A PLEGIA!—y con ello todos comenzaron a avanzar con rapidez, cubiertos por sus escudos. Los arqueros utilizaban rocas, algún escudo de un caído con el que hacer una pequeña barrera entre ellos y la muerte. Vincent consiguió un escondite entre las rocas, derribando con flechas a quien quisiera cerrar la condenada puerta, sus compañeros ayudando en el cometido y a la vez disparando hacia arriba, siendo esa tarea más difícil gracias a las corrientes de aire. El escuadrón aéreo haría el resto.
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Mensaje por Invitado Sáb Mayo 11, 2019 8:33 pm

¿Cuantas misiones eran las que llevaba cumpliendo?, a decir verdad gracias al uso del rey ese conteo ahora era nulo, había perdido ese conteo hacia poco tiempo, mas sin embargo tenia una seguridad, con los dedos de una sola mano, podía decir que esta misión sin estar al lado de mi rey eran de esas pocas ocasiones en las cuales no lo tenia a él ordenándome.


¿Quien estaba al mando?, viendo ligeramente hacia abajo, palpando la cruz de plata que colgaba de mi cuello con el ajustado listón negro, ese símbolo que daba liderazgo en cualquier pelotón en el cual me encontrara, las ordenes estrictamente dadas por Gangrel, las cuales se seguían al pie de la letra, dentro de ellas que diera apoyo posible sin poner en riesgo el numero de los jinetes Wyvern, de ser necesario no actuar hasta garantizar que fuera seguro.


Ya estando en los cielos pero de manera coordinada viendo aquella capilla que ahora era una pequeña fortaleza emergida, no por mucho, tenia que ser recuperada pues era de nuestra sagrada y única religión, conociendo que estos esperaban palabras de "animo" fue como pensando breve mente mis palabras opte por no animarles si no dar algo de odio al enemigo, no era cosa de incitar valentía si no odio.


¡¡El enemigo tomo la capilla de Grima, dejar que esta siga siendo infestada por toda esa escoria es un gran insulto, no pienso seguir dejando que ensucien un lugar bendecido por nuestro salvador!!, ¡¡Nadie se va hasta que esa capilla tenga soldados nuestros rezando a grima!!.


Gritaba a todo pulmón mis palabras para así ver como el ataque defensivo del enemigo tomaba lugar haciendo que las primeras lineas de ataque cayeran ante la lluvia de flechas, el primer contacto ya previsto era para la entrada de los jinetes alados, Muy bien, vamos a entrar, primer escuadrón asegúrense de entrar y atacar lugares vitales que tarden en llegar a las puertas, segundo escuadrón ya lo saben bajen y aseguren la supervivencia de los heridos los demás conmigo, vamos a ser la distracción, hay que alejar esos proyectiles de nuestros aliados rasos, te encargo a los demás.


Dirigiendo a los lideres y verles partir todo mientras comenzaba a usar la distinguida velocidad de Brego la cual me hacia separarme de mi propio pelotón, ya que aun tras ser una jinete de Plegia seguía siendo la única viva de ser la mas rapida quien en ese pasado logro evadir a todos los jinetes Wyvern gracias a mi montura, ahora con la practica bajo orden de mi rey, ya saber como evitar la lluvia de flechas pues sus mejores arqueros ayudaron en aquel entrenamiento.


Vuela sin preocupación brego, tan veloz como siempre, como si quitara alguna cadena, mi fiel pegaso comenzaba a volar aun mas rápido solo sujetándome con fuerza casi pegándome a él, las flechas y lanzas que podía llegar a ver desaparecían detrás nuestro pero también viendo que estas caían lejos de nuestros aliados,
tras asegurar que los Wyverns lograban también distraer a los arqueros enemigos asegurando un mejor paso a los soldados a pie, Primer fase completada.


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Mensaje por Invitado Dom Mayo 19, 2019 10:25 pm

El entrecejo de Vincent estaba fruncido, y la batalla se estaba convertiendo en desgaste. ¿Quién aguantaría más, los invasores o los asediados, unos intentando entrar y otros impidiéndolo. Sin embargo, el rubio tuvo que cesar su ráfaga, los soldados hicieron finalmente uso de las lanzas que se les había otorgando, llegando hasta la puerta, atravesando el cuello de botella que se había formado en la entrada de la capilla. Escudo, lanza, fuerza de soldados. Los emergidos se veían obligados a renunciar, dando pasos atrás con cada empujón, con cada empalamiento de los plegianos. No solo hubo bajas emergidas, sino también de los suyos, quienes si no conseguían colocar el escudo a tiempo, eran atravesados por una flecha o una espada.

Las corrientes de aire le impedían a los arqueros contraatacar a los de arriba, o por lo menos acertar en el blanco. Las armas perfectas eran ellos, por supuesto.

—¡Sarah! Encárguense de los arqueros apostados en el balcón y en las torres. ¡Las corrientes de aire no nos permiten apoyaros desde aquí! ¡Máximo cuidado y atención, ¿entendido?!—Gritó con todas sus fuerzas a la mujer que se hallaba en el aire sobre el pegaso. Lo que mantenía en su mente eran rezos a Grima para que no saliera herida, o su cabeza rodaría por el patíbulo. Tragó saliva al pensarlo, rozándose ligeramente el cuello con las yemas de sus dedos.

Asomaba su cabeza, observando el campo de batalla. Los arqueros intentaban no confundir a los suyos, derribando a través de la puerta a los que ocupaban el interior, mas llegaba el punto en que los arqueros quedaban obsoletos, el riesgo de disparar hacia arriba y derribar a tropas plegianas. Todos estaban confusos, frustrados.

Se encendió en él una pequeña luz instantes después. Fue pasando las órdenes como cualquier rumor para disimular una cadena de mando frente al enemigo. “Todos busquen entradas o salidas laterales; si se presenta la oportunidad, infiltrarse y disparar al enemigo por detrás. Que varios asesinos los acompañen”. Corrió entre las filas que no sangraban en el portón, y todo comenzó a moverse. Sí, era lo que buscaba: Movimiento. Sino era una batalla sin sentido.

A paso sigiloso, Vincent y unos pocos rodearon la capilla, agachados aprovechando el caos en el campo de batalla. Pasaron por las ventanas de vidrieras sin ser vistos, y finalmente llegaron a una puerta asímismo de madera como la de la entrada, aunque no era recomendable hacer ruido en esos instantes por mucho que la puerta pudiera estar podrida. Sacó el arquero dos pedazos de metal de uno de sus bolsillos, el traqueteo siendo lo suficientemente bajo como para no llamar la atención. Si un asesino no era capaz de forzar eso, es que la inutilidad se esparcía al igual que la peste negra.

Click, sonó, al mismo tiempo que sus comisuras se elevaban entre una mezcla de alegría y sed de sangre.
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Mensaje por Invitado Jue Mayo 30, 2019 9:29 pm

Un proceso lento, las fuerzas que el rey había dado para completar esta campana de conquista era reducida y con esos efectivos tendríamos que ganar la batalla pero el panorama y la estrategia actuales no parecían estar acuerdo a cooperar con los planes de Plegia y el viente en la zona complicaba las cosas, pues el apoyo que nuestros arqueros deberían de dar ahora incluso era perjudicial para nuestras tropas que veían como las flechas amigas casi les golpeaban.


Mas nuestro apoyo no acabaría ahí, ya que los Wyverns seguían sin bajas, no de las cuales conociera, el general de toda esa batalla el joven Vincent aprovechaba mi cercanía al suelo mientras escuchaba sus ordenes claramente mirando a donde señalaba entendiendo al momento, si lograbamos detener a los arqueros enemigos las bajas en el cuello de botella serian menores.


Alzando el vuelo con brego e ir con los otros jinetes de dragones mas cercanos, Usted y sus dos mejores hombres capitán, con solo decir esto el hombre alzo si mano y dos jinetes mas comenzaban a seguir al capitán y este me seguía ami, Quiero el lado este despejado capitán, todo tirador es un objetivo prioritario, que ninguna flecha enemiga dañe a nuestros efectivos en tierra.


De mi parte haría lo mismo mas el lado contrario de esa fortaleza seria mi punto a despejar, yendo en picada a toda velocidad para alcanzar la muralla y sus balcones con Brego galopando mientras escondía sus alas para no resultar herido en aquella zona y yo evitaba los ataques que venían hacia notros.


Con la lanza desviando los cortes de los emergidos que se acercaban mas el andar de brego les hacia caer al borde de esa muralla, mientras agitaba mi arma para defendernos a ambos, desviar del lado derecho y dar una estocada para matar a un emergido del lado izquierdo y al final lanzar mi lanza directo a la cabeza de un tercero que corría hacia mi mas al tener el filo de la lanza atravesando su cráneo este comenzaba a bajar la velocidad y parar en seco listo para caer al suelo, pasando justo a su lado para tomar nuevamente mi lanza por el lado ensangrentado y hacer que mi arma recorriera todo el camino dentro de su cabeza.

Vamos brego, sin cansarnos mas sin parar, aconsejando a mi montura mientras avanzábamos a un buen paso, logrando ver una de las torres en donde los arqueros se concentraban, cuidando a que ninguna golpeara a brego o a mi haciendo girar mi lanza para evitar que estas golpearan escuchando como estas chocaban contra la punta, haciendo que brego retomara su vuelo al rededor de la torre estirando mi brazo con mi arma lista para ver como atravesaba la garganta de uno de los tiradores que se refugiaba dentro de su nido, haciendo el mismo procedimiento hasta que la torre no presentaba tener signos de vida dentro que siguieran lanzando proyectiles.
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Mensaje por Invitado Vie Jun 07, 2019 4:06 pm

Lo primero que vio el escuadrón de Vincent fue un pasillo a oscuras, unas escaleras a la derecha de piedra que seguramente llevarían a la planta superior, mas lo que le llamó la atención fue la pequeña luz al final de dicho pasillo. No tuvo que decir demasiado a decir verdad. Estaba claro que con las pequeñas dimensiones de esa capilla, las puertas a sus lados eran dormitorios o cualquier clase de almacén; la planta de arriba el bastión de los arqueros y más espacio de almacenamiento junto a las rutas para las campanas y más espacio de almacenaje. Señaló hacia arriba, enviando a diez soldados arriba. Si Sarah junto a su equipo estaban cumpliendo con el plan, debería ser suficiente, diez personas armadas y protegidas podían rematar a los rezagados en el interior. Lo que más le consternaba era la sala principal.

Dejó a su compañía en espera, avanzando a paso gatuno por el pasillo. Varias puertas estaban rotas, dejándole ver y confirmar que lo que había eran suministros mas posiblemente pasados ya de fecha hace dos años, la misma fecha en la que emergieron de la tierra. El olor también daba una buena pista de lo que se podía encontrar. En unas cuantas el hedor de la putrefacción y la muerte inundaba la habitación. Eran cadáveres de sacerdotes, también aldeanos huyendo del desastre en el que se había convertido aquel mundo. Eso era lo que traían consigo: Caos y destrucción.

Vincent dio un respingo al escuchar pasos metálicos más adelante, escondiéndose entre las prácticas sombras y paredes de piedra. No era un pasillo demasiado largo, mas cuando se asomó los vio. La Gran Sala, bancos apartados de en medio y empujados contra la pared, lanceros, y guerreros. No había duda de dónde se había gastado el presupuesto la capilla… Todavía la alfombra, el altar al fondo, mas el techo tenía unos cuantos agujeros. El rubio sopesaba las posibilidades. ¿Esa estructura estaba en condiciones para asaltarla por completo? Ya con la pelea de la entrada las paredes se sacudían con sutileza... ¿Qué clase de edificio habían construído? Sin embargo, o los rodeaban o sería un cuello de botella eterno.

Alzó la mano el arquero y luego la bajó con decisión, justo frente a la luz para que sus soldados lo vieran. Un emergido también se dio cuenta, mas una flecha ya había atravesado su cráneo, no de Vincent curiosamente.

Así comenzó la confusión en la capilla.

Un grupo de guerreros, caballeros bien acorazados y unos arqueros irrumpieron en la gran sala. El grupo emergido se vio rodeado por el enemigo. Los emergidos se convirtieron en una masa confusa incapaz ya de contener al grupo del frente, colisionando con los de detrás. Era un paisaje caótico que no le agradaba en absoluto al sirviente de su señor Gangrel de Plegia. Las paredes empezaron a temblar más, la Gran Sala llena de velas que al igual que las paredes, estaban sucumbiendo a las peleas de ambos bandos. Si era una estructura de piedra y madera… Era un suicidio.

Para cuando se percató de aquello quiso gritar, mas el techo cobró protagonismo cayendo de arriba junto barriles de aceite, soldados plegianos y emergidos. Justo en la parte central. Dichos soldados plegianos habían ayudado a liberar los balcones mas se habían encontrado con más de lo que esperaban, no arqueros disparando sino guerreros.

El aceite cubrió a las tropas, la alfombra; la piedra asesinando tanto aliados como enemigos. Encontrándose él al fondo de la sala, pudo evitar los escombros, otros también tuvieron la gracia de Grima de su parte, mas la imagen de una mano tomando la vela en sus manos ni se lo hizo pensar dos veces.

—¡RETIRADA! ¡REPLEGAOS HACIA LAS AFUERAS!—gritó con desesperación, mas la peor sorpresa fue que aquel sujeto de negro no utilizaría la vela de chispa.

Archfire.

Tal hechizo fue conjurado en el centro de la habitación, esparciéndose por toda persona en el interior gracias al aceite, la columna de fuego elevándose hasta lo más alto de la capilla, destruyendo todavía más aún la estructura. Vincent se retiraba por el pasillo con el que había conseguido sorprender al enemigo, seguido de escasas tropas que quedaban de su escuadrón. Por el frente también escaparon los pocos que todavía no habían logrado entrar en la capilla por completo. El fuego se extendía por la Gran Sala y el piso superior, el propio impulso del hechizo había desmontado la capilla.

—¡SALID, VENGA!—animaba el arquero, mas quedando tan solo dos guerreros y un arquero por salir, la salida se derrumbó delante de sus narices. Escuchó la carne aplastada, los huesos rotos, saltando hacia atrás en un intento desesperado de no ser aplastado él también, mas lo peor no era el escenario, sino el sonido y la imaginación. Solo los pegasos, los wyverns podrían atestiguar la piel plegiana quemándose, deshaciéndose. Cuerpos fulminados junto al de los enemigos, quienes habían preferido acabar con el mayor número de enemigos posibles antes de su supervivencia.

No le tomó mucho oír los gritos, semejantes a piedras rayando el metal, el rugido de una bestia fatalmente herida, desgarrando el cielo con su voz. Soldados que no terminaban de perecer por las llamas, o miembros perdidos por los escombros.

Vincent se acercó a la mano todavía sobresaliente de uno de los guerreros de su escuadrón. No tuvo que tirar demasiado para simplemente obtener eso, una mano. Las facciones del arquero se encogieron en una mueca de horror, incredulidad, culpabilidad, acercando esa mano a su propio pecho.

¿Qué les había hecho?
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