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[Campaña de conquista] Pequeña como la arena, grande como el desierto [Priv. Gangrel]

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Mensaje por Invitado Sáb Abr 06, 2019 10:07 am

Si hay algo que no le gusta a Serenity sobre el territorio de Jehanna, eso es la arena. El calor, aunque agobiante, es soportable si llevas ropa ligera como es el caso de la ladrona, que tampoco tiene otra alternativa al no poseer otro tipo de vestimentas. Las vistas son planas y aburridas, pero eso también tiene su parte buena: Al poder ver desde tan lejos, es difícil sufrir una emboscada, a no ser que el qué la práctica esté oculto por las dunas, y eso es culpa de la arena. Otro problema es la sed, claro, pero si eres lo bastante previsora y sabes racionar el agua no deberías tener problema con ese factor... De nuevo, todo se reduce a la arena. Esta dificulta la marcha, hundiéndose levemente en la misma Serenity por el peso de su vieja capa, que la empuja hacia abajo y le hace más difícil el moverse por la misma, teniendo que esforzarse más. Otro problema de la maldita arena es que se mete por todas partes. En serio, ¿cómo ha podido acabar entrando arena en las vendas que cubren sus manos? ¡El objetivo de una venda es que no entre ni salga nada! Pero no, eso no funciona así al parecer, y la chica tiene que estar parando cada poco para sacarse la arena de los zapatos e incluso como ya ha dicho de las vendas, de otra forma el roce es demasiado incómodo. Pero bueno, tiene que seguir avanzando, tiene que volver al campamento plegiano. Y no vuelve con buenas noticias precisamente...

Desde que se unió al ejército plegiano para salir de la ciudad, Serenity no ha estado demasiado cómoda. No le gusta especialmente la gente, le pone nerviosa, y en un ejército si hay algo que no sobra eso es la intimidad. El hecho de que la gran mayoría de personas de este lugar sepa utilizar armas con soltura no ayuda tampoco a calmar su paranoia. La ladrona intenta aislarse del resto y no interactuar más de lo necesario, cazando y preparando su propia comida incluso cuando puede en vez de confiar en la que se da al resto del ejército. Es cierto que aquí en Plegia no se trata tan mal a los branded como en otros territorios, pero sigue habiendo mucha desconfianza, una desconfianza que es reciproca. Es por ello por lo que Serenity ha preferido presentarse a misiones que requieran grupos pequeños, interactuando de esa forma lo menos posible. Por sus habilidades, acabo rápidamente en un grupo de exploración, y de hecho no se le da nada mal. Eran un grupo de cinco personas en total, todos ágiles y con buena vista. El líder del mismo era un arquero llamado Telión, un hombre serio y silencioso pero firme al que Serenity aprendió a hacer caso. Aunque caminaba mucho por el aburrido desierto, la verdad es que la ladrona no llego a forjar relación con ninguno de los cuatro, ni siquiera a fiarse de ellos plenamente, pero era mucho mejor que tener que desconfiar de un ejercicio entero... Así que no estaba nada mal.

Fue ayer cuando el Alto Mando del ejército les mandó a explorar en dirección sur para informar del terreno, o eso les comunicó Telión. El grupo se puso en marcha, obviamente, y avanzo en terreno desconocido en la dirección ordenada. A las pocas horas de viaje, esto se encontraron con una estructura cuanto menos curiosa... Era muy similar a uno de los muchos templos del desierto, por lo que se pudo deducir que efectivamente era una estructura religiosa. Sin embargo, llamaba la atención que este templo estaba rodeado por una fortificacion de piedra, una muralla no demasiado impresionante pero muralla al fin y al cabo. Esa construcción en mitad de la nada en medio del desierto no se podía pasar por alto, así que el grupo trajo un plan para explorarla. Se dirigieron a la muralla, y la analizaron de arriba a abajo, buscando el punto más débil de la misma. Nada más encontrarlo, se pusieron a perforar para abrir una pequeña entrada y poder explorar desde dentro. Sin embargo, la cosa se torció, y cuando tenían una entrada minúscula se vieron rodeados por un grupo de emergidos, seguramente los defensores de tal fortificacion. Les superaban tranquilamente en número de 10 a 1, por lo que la ladrona tuvo bien claro que la única alternativa razonable era retirarse, y con sus compañeros así lo hizo. Sin embargo, estos no eran tan escurridizos como la pequeña, y no tuvieron la misma suerte que ella al retirarse. Con algo digno de comentar como resultado de la exploración y su grupo totalmente masacrado, Serenity decidido volver de nuevo al campamento plegiano.

La branded lleva desde entonces caminando por el desierto de vuelta, esforzándose por recordar el camino con los pocos puntos de referencia que un desierto es capaz de darte. El agua se le acabó hace unas horas, ya que uno de los golpes de los emergidos consiguió alcanzar su cantimplora, y por mucho que esta intentó sellar el agujero con sus vendas no lo consiguió totalmente. La verdad, aunque parezca raro para ella, en esta marcha se está sintiendo extraña. Casi como si echara de menos a los miembros de su grupo. Pero eso es imposible, ¿no? ¿Por que los iba a echar de menos? Solo eran el mal menor, el grupo mínimo de personas a las que tenía que soportar y guardar su espalda de en este ejército. ¿Por que se siente tan rara entonces? Serenity intenta dejar atrás esos pensamientos mientras sigue avanzando, y por fin al acabar de subir una duna más ve el campamento plegiano, situado en un oasis. La ladrona se pone en camino a un paso un poco más apresurado, y no tarda en notar como ya la han visto aproximarse. Los guardias del campamento están siempre bastante atentos, son bastante buenos a la hora de notar quién se acerca, y Serenity se encuentra a dos guardias en la puerta de la fortificación del campamento esperándola cuando llega.

-¿Quien eres? Identifícate y anuncia tus intenciones.-le ordena el guardia en cuánto está lo bastante cerca, quitándose Serenity los zapatos en cuanto pisa hierba y vaciandolos de arena antes de responder al vigilante.

-¡Nity es el grupo de exploración de Talión! Bueno... Aunque a Talión lo han matado, y al resto también, a todos menos a Nity, así que supongo que ahora este es el grupo de exploración de Serenity...-comenta esta pensativa en su respuesta, ya que ahora, por puro defecto, es el miembro de más alto rango de su grupo de exploración. ¿Así que así es cómo se asciende los ejércitos, eh? No es tan difícil la verdad, parece que solo hay que esperar... Esperar y no dejar que te maten. Eso sabe hacerlo. El guardia, aunque confundido por un segundo, no añade nada, esperando que Serenity responde a la pregunta de sus intenciones. La chica se da cuenta de que se había olvidado de esa parte, y enseguida procede a arreglar ese error.

-Nity viene a informar de lo que ha encontrado su grupo en la exploración en dirección sur. Ha encontrado un sitio muy interesante, y la gente importante del ejército querrá saberlo pronto, sí... ¿Lleváis a Nity con ellos?-les insta la ladrona a hacer a los guardias, ya que Talión siempre recortada al alto mando, o eso le parece recordar a la branded... Así que eso es lo que era. Los guardias dudan un segundo, mirándose entre sí antes de asentir con la cabeza y mandar a un par de compañeros en escolta de la misma, colocándose estos delante y detrás. Serenity no tiene el menor problema con el que va delante, pero se pasa todo el camino girando la cabeza y mirando de reojo al que va detrás de ella, desconfiada. Esta se coloca bien la capa a pesar del calor, buscando la protección tanto física como psicológica que esta le da. Solo hay algo que la disgusta más que la arena, y eso es darle la espalda a los demás...
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Mensaje por Invitado Sáb Abr 06, 2019 3:46 pm



Se encontraba el emperador en Jehanna, preparando el gran asedio que pondría punto y final a la dominación emergida de ese continente, dejando paso así a la dominación y hegemonía de Plegia sobre ese lugar. Era una tarea de máxima importancia, lo sabía bien. Nunca en la historia un país extranjero había tenido la posibilidad de poder controlar en la totalidad una zona tan importante como Magvel. Incluso era cierto que Renais sería independiente, pero no dejaría de ser un estado satélite plegiano en muchos aspectos. Todo un continente bajo un mismo monarca. Y luego iría a por Thracia, y tendrían un continente con una religión unificada junto a Nohr… Y luego… Quién sabía. ¿Valentia, Akaneia propiamente dicha? Lo que él quisiera. No había límites a su poder mientras los Tercios tuvieran las picas en alto. Él sería amo y señor de tantas tierras que en sus propiedades jamás se pondría el sol.

Sentado en una elegante butaca tejida con la piel de uno de los muchos animales cazados en Carcino por el ejército plegiano, el rey miraba una carta enviada desde el invicto frente de Manster, que no había retrocedido ni un solo palmo, sino todo lo contrario, avanzaba diariamente más y más, y hasta le prometían que en menos de un año tendría esa zona totalmente controlada. Mientras tanto, en Carcino, la situación seguía igual: las tropas también avanzaban y mantenían a ralla importantes ejércitos emergidos, controlando cada vez más y más territorios. El único flanco que presentaba problemas era el renaiseño, debido a la poca actividad del mismo (lo cual le parecía hasta peligroso al emperador de Plegia) y que no podían utilizar sus mismas estrategias, puesto a que esa tierra se estaba liberando, no conquistando.

Y por supuesto… Ese frente, que supuestamente era idéntico a la madre patria, no debería suponer problemas. En todas las batallas en las que había estado, solamente había visto victorias, y no solamente iba a objetivos claramente tomados, todo lo contrario: a veces se dirigía hacia ciudades ultra-defendidas, que muchos creían batallas perdidas. Supuestamente, como tropas venidas del desierto y élite entre las élites de soldados de ese tipo de territorios, no deberían tener problemas, ni una sola derrota, como estaba sucediendo en Manster.

…O eso se esperaba él. ¿Qué podía esperar si no el monarca de Plegia, que ese día había decidido descansar de las duras batallas libradas en las fronteras del país en su tienda de campaña? Las cartas eran positivas, los informes más. Era raro ver algo con la palabra derrota, y las pocas veces en las que esta aparecía, era en batallas tan triviales y en zonas de tan poco interés que simplemente, no interferirían en el resultado final de ese conflicto. Y esperaba que no llegaran malas nuevas a él… Hasta que uno de los cientos de guardias del campamento entró en su tienda de campaña en ese momento.

La misma tienda de campaña que técnicamente estaba prohibido pisar sin autorización explícita. Un lugar si bien no lujoso, sí más grande que una tienda de campaña normal, con una cama matrimonial en el centro (al fin y al cabo, ahí dormía él con la que era su concubina, no era ningún capricho) y un escritorio con la propia butaca, que se encontraba de espaldas a la entrada. El único mueble más a destacar era un pequeño armario, en el que no había demasiada ropa, puesto a que… Bien, la gran mayoría de prendas que llevaba el rey eran armaduras (ergo ahí no habían más que camisas blancas y mallas masculinas) y Sarah llevaba ropa de un diseño muy superior, que debía ser guardado correctamente y no en un mero armario. Más bien, ahí dentro lo que habían más eran lanzas y armas. Por muy poderoso que fuera, y por mucha corona que portara en su rostro, era un guerrero más.

Gangrel se giró para mirar cómo entraba desconsideradamente ese guardia a lo que era su hogar más allá de Plegia, lanzando un largo suspiro al ver que se inclinaba para empezar con un protocolo que ya había roto él mismo hacía demasiado tiempo (diez segundos. Obviamente, demasiado tiempo).

-Grima salve a Plegia, mi emperador –comenzó con sus estúpidas y vacuas palabras, viendo cómo Gangrel se levantaba para dirigirse hacia él, colocándose a unos pocos centímetros de su descubierto y por consecuencia desprotegido cuello- Ha llegado una… Mujer –extraño fue el tono con el que se refirió a la última palabra, como si dudara en hacerlo- De un grupo de exploración. Asegura que han masacrado a los suyos en una emboscada y que solo ha quedado ella viva. Mas… Es una branded. Sé que no deberíamos molestarle, pero los altos mandos prefieren consultaros a vos qué castigo consideráis justo…

…El rey suspiró taciturno, dando la orden para que se retirara al joven soldado con un chasquido de dedos. No le importaba demasiado la raza de esa mujer… Le importaba más saber por qué demonios habían muerto hermanos de la guerra. Por qué se habían perdido vidas plegianas. Y quién tenía la culpa. ¿Su general por enviarlos sin tener en cuenta si estaban preparados para la misión? ¿Ellos por incompetentes? ¿La superviviente por no haber dado su vida por ellos? Tantos posibles seres a los que inculpar y tan poco espacio para deducciones.

Debería preguntar él personalmente. Y eso que pensaba tomarse el día libre… Pero ya estaba claro que jamás lo lograría. La última vez que había podido acabar una jornada y a la siguiente despertarse para poder hacer cualquier tipo de actividad de ocio, fue hacía exactamente dos meses, y todavía la recordaba con exactitud y añoranza. Pudo estar con su concubina leyendo y simplemente procrastinando como una especie de recompensa que impuso el rey a ambos como celebración por el inicio de las actividades militares en Carcino. Y desde entonces, nada. Se puede comprender, así pues, que el estado de humor del rey era de todo menos amigable. Dos meses sometido a la máxima presión sin a duras penas descansos resienten hasta al más ferviente guerrero. Y por eso mismo, se disponía a terminar con ese asunto cuanto antes mejor. Una cabeza colgada en la entrada, leer un manifiesto condenando la pésima actuación e inculpándose a sí mismo, dar el pésame con una carta a las familias… Y ya. A olvidarse del tema.

Tal y como marca el protocolo, ese tipo de asuntos eran tratados en la pequeña “plaza central” del campamento, pues si se debía aplicar justicia, tenía una doble utilidad: todo soldado podría verlo y saber qué pasaría si infringía las normas. Por ello, esperó tranquilamente hasta que llegaron ahí dos soldados ataviados con los ropajes del Tercio, escoltando a alguien con ellos.

En cuanto se apartaron de la fémina, el rey pudo ver con exactitud frente a lo que estaba. Una niña. Una simple niña en su ejército. No pudo evitar esbozar una sonrisa, pensando que se trataba de alguna broma. Pero al ver la seriedad con la que se dirigieron a él los dos soldados, supo que eso no se trataba de ningún tipo de espectáculo.

Y como rey de Plegia, debería imponer su “justicia”. La mencionaría como “mujer”, como hacía con todas las mercenarias y guerreras que luchaban a su lado… Pero no podía. Era simplemente imposible no enternecerse. Por muy armada que pudiera ir, para él era una simple niña. Con poca ropa, eso sí, pero una niña.

Se agachó ligeramente para estar a su altura, mirándola a los ojos. Había oído que era una branded, pero eso a él le importaba poco. En su país no se discriminaba tanto a ese colectivo, más que nada porque al final, por muy impuros que fueran, servían para luchar de todas formas.

-…Pequeña… –las palabras del emperador sonaban hasta agradables al oído, cálidas, y en su rostro había una fingida sonrisa que intentaba ser hasta paternal, cosa que le costaba bastante- Estás lejos de la Madre Patria. ¿Por qué has venido a luchar aquí, en Jehanna? –se mantuvo en silencio unos segundos, meditando como proceder- Dime… ¿Qué ha pasado en ese lugar del que provienes? ¿Por qué a tu par no han llegado las tropas de mi ejército?

Palabras fuertes pero mucho más dulces que las que daría a un soldado promedio. Mas había llegado el momento. Si esta pequeña, resultaba ser inútil, acabaría muerta, como debería haber estado si habían destruido y emboscado a todo el regimiento con el que iba. Pero si de lo contrario, decidía dar información valiosa al solemne pelirrojo que frente a ella se encontraba… Tal vez sería piadoso. Porque por muy frío y cruel que sea cada hombre, hasta el más loco truhan (Es decir, él) no podía hacer otra cosa que ablandarse aunque fuera un poco ante alguien con una apariencia tan débil e infantil.

-…Acércate. Acércate al rey de Plegia, y narra para él lo sucedido en ese lugar del que vienes. Me han dicho que tienes información útil. Demuéstralo
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Mensaje por Invitado Dom Abr 07, 2019 2:04 pm

Serenity avanza junto a esa pequeña escolta mientras se adentran en el campamento. Apenas han entrado, el guardia que va delante se separa un segundo del grupo, acercándose a un compañero y diciéndole algo en bajo que la ladrona no alcanza a escuchar. No es que no le preocupe claro, pero la verdad es que esta aprovecha la oportunidad para darse la vuelta y dejar de darle la espalda al guardia que hay tras ella. Ambos se quedan mirándose unos segundos, el guardia con una expresión de confusión y Serenity con la mirada fija en el, atento a todos sus movimientos. Antes de que la situación se ponga más incómoda todavía, el primer guardia acaba de hablar con su compañero, y tras un asentimiento con la cabeza este último se pone en marcha en dirección desconocida. Tras la vuelta del guardia la branded retira su mirada del de atrás, volviendo a ponerse en marcha junto a ambos. Continúa sin demasiadas incidencias, solo atrayendo la mirada de curiosos casuales. Sin embargo, al poco rato, serenity se da cuenta de una cosa. No la están llevando a la tienda de mando, se reúnen los oficiales de mayor rango... ¿A dónde la están llevando entonces?

Un escalofrío recorre su espalda mientras la paranoia empieza a recorrer a su vez su mente. Obviamente no va a hacer una entrevista con los oficiales sin más, si fuera un simple informe como los que hacía Talión nos habrían desviado del camino. Pero dado que lo han hecho... ¿Qué otras opciones se presentan? Si no la van a escuchar, seguramente lo que pretende silenciarla, pero... ¿Por que quieren silenciarla? ¡Si aún no ha podido decir nada! ¡Que la dejen hablar antes de decidir eso! Aunque, también hay otra opción... ¿Acaso creerán que ha sido ella la que ha matado a Talión y el resto? Obviamente, es algo que no ha hecho, pero aunque aquí se trata mejor a los branded... Quizás los prejuicios se hayan hecho presentes de todas formas. La ladrona va pensando en todas esas opciones, una realmente peor que la anterior, ya puedes ver a dónde se dirigen: a la plaza central.

El al fin conocer su destino no tranquiliza ni mucho menos a serenity, ya que conoce muy bien para qué se usa esa plaza. Es la plaza de los castigos, así que es muy probable que la segunda teoría sea la acierta, que crean que es ella la que les ha matado y que la van a castigar como tal. Ese pensamiento, cómo es obvio, pone a la chica bastante nerviosa, y esta ya empieza a buscar flaquezas en su escolta, un punto flaco por el que escapar. No es un plan brillante, pero es mejor plan que dejarse matar como un animal... O peor aún. Hay castigos bastante peores que la muerte. Al final acaban llegando a la plaza, ya hay bastante gente aglomerada. Eso solo pone más nerviosa a serenity, que no aprecia en absoluto las multitudes, pero lo que de verdad la deja sin palabras es el darse cuenta de la figura que la está esperando en la plaza. No hace falta ser muy culta para saber reconocer al rey Gangrel... El rey de Plegia y comandante en jefe del ejército. ¿Pero en qué lío se ha metido? La chica maldice en bajo su suerte, pero enseguida sus pensamientos son acallados por la misma mientras esta puede observar como el rey se pone a su altura, fijando su mirada directamente en sus ojos. ¿Acaso... Acaso está mirando su cicatriz? La branded se la tapa ligeramente con la mano por instinto. Una herida asi es señal de debilidad, y eso es lo último que quiere mostrar en esta situación. Una inclinación leve de la cabeza sí que no está de más, un gesto universal del reino animal de sumisión. Hasta ella sabe lo peligrosa que es su situación ahora mismo... Serenity escucha las dos preguntas iniciales que le hace Gangrel. ¿Por que ha venido a luchar aquí? Podría intentar mentir y acusarlo de patriotismo, de sensación de deber, pero sabe que sería una mentira muy obvia y prefieres no tirar por ese camino... Así que decide ser sincera.

-Nity ha venido a luchar a Jehanna sobre todo por dinero, claro. Ella lo necesita para sobrevivir, y el mundo funciona con él... Jehanna es un sitio peligroso, pero el mundo también lo es, así que ¿por que no venir aquí? Nity es buena peleando, y tiene muchas habilidades útiles, así que decide ir con el rey Gangrel, que además le paga, así que todo genial.-admite la ladrona con total honradez. No sabes si el rey de Plegia se ofendera por sus palabras, si las tomara mal siquiera, pero esa es la lógica de Serenity, una lógica qué espera no haberse pasado de lista al exponer. Por si acaso, rápidamente pasa a responder a la segunda pregunta... O esa era su intención, ya que cuando va a hacerlo Gangrel la insta a acercarse más a él. Esa idea no le gusta en absoluto a la branded claro, pero desobedecer una orden directa tampoco es una opción, menos en esta situación... Así que la chica se resigna, cubriéndose mejor con la capa como apoyo emocional y acercándose el rey.

-Nity... Nity es parte del grupo de exploración de Talión. Se nos mandó dirigirnos al sur, avanzar por el desierto para reconocer el terreno. La mayoría es solo arena, nada importante, pero... Nuestro grupo descubrió un edificio muy curioso. Nity cree que es un templo, como tantos otros del desierto, pero es que estaba en mitad del mismo y tenía una muralla su alrededor. Mesa trabajo era explorar, así que observamos el lugar y elegimos el punto más débil de la muralla para empezar a hacer un agujero en el y poder explorar por dentro. Cuando yo tendríamos hecho un agujero pequeñito, ando bastante como para que entrase una persona normal... Emergidos aparecieron por todas partes. Al principio el grupo intento pelear, pero nos habían emboscado y eran muchos... Así que decidimos retirarnos.-empieza a explicar Serenity el rey Gangrel con calma, recuerda muy bien la situación. Eso se para un segundo en su narración, un poco más seria durante un momento antes de continuar con su relato.

-Todos intentamos retirarnos, pero Serenity es mucho más escurridiza que el resto, es la única que consiguió escapar. Había que volver al campamento, y ella recibió un corte en su cantimplora, así que tenía que darse prisa si no quería morirse de sed... Y eso es lo que hizo Serenity. Volvió para explicar al ejército lo que había en dirección sur, le parece algo digno de mención... Si un templo está también defendido debe ser importante, ¿no?-acaba preguntando la chica mientras saca de su capa la cantimplora con el tajo, mostrando la misma vacía y con las vendas húmedas que la cubren como apaño como una muestra de su veracidad al informar del combate. Ahora está en manos del rey Gangrel decidir qué hacer con ella, y esta se lo puede encogerse sobre sí misma ligeramente mientras se tapa un poco más con la capa, pensando varias rutas de escape en ese momento en caso de que todo salga mal, si estas son viables o no es una historia muy diferente...
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Mensaje por Invitado Lun Abr 08, 2019 2:32 pm

Severa faz la que mostraba el monarca frente a su sierva. Ojos que mostraban indiferencia total y absoluta y labios sellados, sin mostrar ningún tipo de emoción. Como rey, debía hacer también de juez supremo, y llevarse por las emociones sería lo último que podía permitirse si quería mantener la neutralidad necesaria para tal menester. No podía ablandarse por muy tierna que le pareciese esa niña, y tampoco ser más cruel de lo necesario, por mucho que sus consejeros le alentarían a ello.

Y además… Él conoció en su juventud la crueldad de quienes se encargaban de impartir justicia en ese momento, y no quería imitarlos. Mientras fueran ciudadanos de su nación y no hubieran atacado directamente a la iglesia o la corona, tenían derecho a ser juzgados justamente. No por ser de una raza u otra iban a ser culpables. A no ser que fueran ylissenses, pero ese era otro detalle que no incumbía de momento.

Se mantuvo firme e impasible mientras la pequeña empezaba con su relato, sin moverse de su sitio ni un solo momento. Intentaba imaginarse la escena para sí mismo. Podía ser que dijera la verdad. Una emboscada que les hubiera puesto contra las cuerdas y no hubieran podido huir. Era una excusa francamente verosímil. Y además…

Sabía que nadie tenía valor para mentirle. Era un suicidio. Y la vida de un hombre no valía lo suficiente como para intentar sacrificarla con tal delito. Era mucho mejor admitir el crimen que intentar engañar al rey de Plegia. Pues consideraba las mentiras como un ataque a su honor, y quien hería de alguna forma cualquier aspecto de Gangrel… Digamos que la muerte resultaba un destino agradable en comparación.

Pero existían factores en la narración que le parecían extraños. El primero, no por ello más importante, era por qué demonios se refería a sí misma en tercera persona. Pero eso era lo de menos. Desagradable al oído, pero poco influyente. Lo preocupante era por qué demonios los emergidos se esforzaron tanto en proteger un edificio simple. Por muy extraño que la fémina asegurara que fuera, esas criaturas eran de todo menos estúpidas: si protegían un lugar, es que era de crucial importancia. E ahí el porqué del gran número de tropas rivales que había en los puertos costeros y en los fortines que se encontraban entre montañas. Entonces, podían existir dos opciones: que ella dijera la verdad, o que se lo estuviera inventando sobre la marcha. Y en sus manos estaba confiar o no.

Pero algo le decía que esa pequeña era de fiar. No solo había enseñado esa cantimplora como prueba, lo cual daba un poco más de veracidad a sus argumentos… Había dicho la verdad en un aspecto: no estaba ahí por nacionalismo, sino por el peso del oro. Eso era agradable. Significaba que no se justificaría ni se escudaría diciendo que lo hacía por la bandera. Muchos soldados habían ido ahí por esas causas, sí, pero eran los más veteranos, no mercenarios zarrapastrosos como esa mujer. Sin embargo… Algo le hacía empatizar en ese aspecto, pues él también fue a la guerra otrora por el oro. Bien era cierto que luego sus ideales se volvieron más nobles, a medida que el golpe de estado se desarrollaba en la antigua Plegia, pero en un inicio, sus principales intereses eran controlarlo todo y tener un gran trono de oro sobre el que descansar.

Bueno. Había logrado las dos cosas, pero le importaba más el hecho de ser emperador y protector de sus gentes que no el trono en sí. Aunque era terriblemente cómodo. Pero ese era otro asunto.

Lo importante ahora era responder ante esa joven. Le gustaba la idea de tener una vida en su mano. Y es que si cerraba el puño… Esta se extinguiría. Pero no. La misericordia le consiguió hacer ceder por una vez. Se acercó un poco más a ella para mirarla nuevamente, a pesar de los evidentes intentos de esta por cubrirse con esa extraña capa.

-…Tus palabras parecen ser acordes a lo que Grima todopoderoso ha decidido que suceda en ese lugar. Pero… ¿Cómo puedo yo, un mero mortal, saber que dices la verdad? –se rascó la barba, cesando sus palabras para reflexionar una respuesta acorde a la situación- …Sé que no eres humana. Y supongo que sabrás que ese mismo asunto te hubiera condenado a muerte en muchos países. Pero en Plegia no deberíamos discriminar a un soldado por quiénes fueran sus padres, sino por sus actos. Así pues… –se acercó ligeramente a ella, para volver a arrodillarse con la intención de tener los ojos a su mismo nivel. Le parecía adorable. Una pequeña niña luchando como un soldado. ¿Qué podía haber más dulce que eso?- Voy a ser piadoso contigo

Sonidos de asombro se escaparon de las gargantas de todos los soldados presentes. Eso era algo verdaderamente insólito. Gangrel diciendo esa palabra era algo que no se podía imaginar. Simplemente, eran incompatibles. Acababan de ser testigos de algo legendario. Gangrel I de Plegia, el Rey Loco, perdonando la vida de alguien al que hubiera podido matar si quisiera. ¡Eso solo pasaba en los relatos de los trovadores! ¡Y todos sabían que cuando una historia empezaba así acababa siendo totalmente falsa! Pero ahora podrían decirlo en las tabernas: lo habían visto, y no era un espejismo.

-…No solo eso. Iré con mis tropas al lugar que dices. Y si resulta ser verdad… Y si resultara que en ese templo hay algo mínimamente importante… –el rey miró a los lados para observar cómo los gestos de asombro seguían ahí. Le resultaba hasta cómico. Así que… ¿Por qué no dejarles todavía más confundidos?- Te regalaré una capa nueva. Veo que la que posees está hecha jirones. Y… Tal vez te permita comer en el banquete de los altos oficiales –que al final no era más que una copia de la comida que se les daba a las tropas, pero mucho más preparada y en mayor cantidad- Así pues… Mi guardia personal deberá prepararse. Pero… ¿Eres consciente de que si resulta ser una mentira… Deberé ser justo y aplicar la ley, cierto? Te doy una oportunidad de recular y admitir lo que tengas que hacer antes de empezar a movilizar a mis tropas. Y no olvides una cosa. Si me osaras insultar mintiéndome, no estarás frente a un hombre… Estarás en contra de todo un país, en contra de toda la nación plegiana, porque, en este, que es mi reino…

El estado soy yo

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Mensaje por Invitado Jue Abr 11, 2019 1:32 pm

Tras las palabras de Serenity, el rey Gangrel guarda silencio. Es un silencio duro eso desde luego, ya que la chica entiende bien para que lo está usando. Está decidiendo su destino, qué hacer con ella, sí darle el voto de confianza o no hacerlo... Este es uno de esos momentos que no puede sino odiar. Normalmente, aunque de mala manera, su vida está en sus manos. Son sus propias decisiones las que la llevan al límite, las que la meten o sacan en las diversas situaciones en las que se ve comprometida. No suele arrepentirse de nada ya que tiene el consuelo de que puedo decidir en libertad, y que si hay ya se han llevado hasta ahí ella podrá salir de ahí. Un consuelo pobre, pero un consuelo al fin y al cabo, uno que le da ánimos y con el que consigue salir de las diversas situaciones en las que se encuentra. En este caso, no hay decisión propia. Tu destino está en sus propias manos como es lo habitual. Está en las manos otra persona, alguien al que no le importa seguramente su vida tanto como le importa ella... Esa sensación, esa incapacidad de decidir su propio destino, asola la mente de Serenity con un profundo sentimiento de impotencia que la coloca por un segundo al borde de las lágrimas, unas lágrimas que ni por el más mínimo instante piensa en dejar salir. Esta vuelve la mirada con decisión al rey de Plegia, intentando no mostrar debilidad. Ya ha tenido que mostrar sumisión, más de lo que está acostumbrada, así que con su mirada intenta dejarle bien claro que no suplicar a misericordia ni nada parecido. La sentencia que el rey haga se cumplirá, y nada podría hacer para impedirlo más allá de un futil intento de fuga.

Evidentemente, aunque lo acepte tampoco vendería barata su vida. Si alguien le quita su pellejo será a cuchillo, no a palabras. La chica te pregunta si ese será su destino o si se lo juzgara por delitos que no ha cometido, sino que ha nacido con ellos. Serenity mira un segundo las marcas de sus hombros, dudosa. Es cierto que en esta región no se tienen en cuenta las marcas distintivas que lleva, pero sí que hay gente que sigue llamandola lo que es, branded, y evitandola a conciencia por miedo a que esté maldita e incluso marginandola directamente. Si bien es cierto que no le importa y muchas veces prefiere que la dejen sola incluso, no le gustaría que fuera la causa de su muerte. Lleva mucho tiempo evitandola como para caer por eso, sería tan decepcionante... Ese pensamiento hace que su mirada se pierda un segundo, mostrando en su interior un mar de nieblas sin respuesta que la atormentan. Ella no cree en el destino, ni en el propósito de uno mismo en la vida. Si este es su propósito, el vivir continuamente el día a día sin pensar en ayer o mañana, ¿qué sentido tiene? No, ella busca algo mejor que eso. Sobrevivir le sirve, pero si tiene algún destino no se limitará solo eso. Claro que, como bien piensa, sea el caso que sea lo que tiene que hacer es sobrevivir. Y eso está en duda, una duda que la atormenta hasta que el rey Gangrel rompe su silencio y vuelve a tomar la palabra.

Lo primero que el rey plegiano pregunta es como puede saber si dice la verdad. Serenity se ahorra la respuesta es la cuestión, una respuesta muy obvia: Desde este lugar, no puedes, seas rey, emperador o un simple campesino. A la verdad hay que buscarla, y si quieres descubrir si está ahí tienes que ir a donde se produce, en este caso el desierto. Gangrel afirma entonces que sabe de su condición de branded, algo para nada una sorpresa... Confirma que esto que simplemente pena de muerte en otros países aquí no es penado así, basándose el juicio en la valía, lo cual reconforta la chica ligeramente... O sería así de no ser porque su cabeza aún siguiese en juego. Es entonces cuando el rey se vuelve agachar hacia dónde está ella, volviendo a mirarla a los ojos. Esta vez, Serenity no hace fuerza alguna por cubrir su cicatriz, dejando ambas perfectamente a la vista mientras deja que le mantenga la mirada, expectantes de sus siguientes palabras, las que decidirán si vive o muere.

Las palabras de Gangrel sorprenden ligeramente a la chica, que esperaba una respuesta negativa a su sino, pero en su lugar... Voy a ser piadoso contigo. Un suspiro de alivio no puede evitar el escapar de entre sus labios, liberado de las cadenas que son la presión del momento. La gente parece realmente sorprendida por ese acto, por esas palabras, y es cierto que por lo que sabe no es algo habitual. Sin embargo, no podría alegrarse más extrañeza. El rey sigue hablando, informandola de que ira al templo a comprobarlo, a buscar la verdad tal y como ha pensado, e incluso afirma que de ser verdad le regalará una capa nueva. Desde luego no se va a librar de la vieja, rellena y forrada con todos sus tesoros, pero... No puedes negar que el pensar en una prenda de vestir nueva es algo realmente tentador. Algo que ponerse tras tener la ropa mojada, esperando a que seque en lugar de llevarla mojada o sucia como se ve obligada a hacer. También afirma que quizás la invite a comer en un banquete, lo cual suena tentador... Y peligroso. ¿Se puede fiar verdaderamente de tanta comida que no ha preparado ella? Esa es la verdadera pregunta, la que la ronda e incomoda, pero prefiero dejarla a un lado. No tiene sentido preocuparse si aún no ha sido invitada a ese banquete, ¿verdad? Por supuesto, el rey también afirma que si le está mintiendo será ajusticiada, lo cual es obvio y justo claro, pero no es algo que le preocupe. Le preocupa tan poco que decide tomar la palabra.

-Nity no está mintiendo algo tan grave, sería estúpido... No hay mucha diferencia entre morir ahora o morir dentro de unas horas. No merece la pena una mentira en esta ocasión. Y es más, Nity está tan convencida de que dice la verdad que si quieres te acompañará a ti y a tu guardia hasta el lugar, para que si miente la justicia se haga rápido. Además... Nity sabe el camino, y sabe dónde está el pequeño hueco de la muralla. Solo tienes que dejarla llenar la cantimplora, porque lleva horas sin beber caminando por el desierto, y eso no es bueno... Necesita beber algo antes de irse de nuevo con vosotros.-le sugiere la ladrona con seguridad en sí misma. Dado que sabe que dice la verdad, no tiene nada que temer, aún sabiendo que la ira de Gangrel es poderosa, letal, y en absoluto recomendable. Lo ha dicho bien claro, deberá ser justo y aplicar la ley, y la ley dice que si dice la verdad todo estará bien, ¿no es así?
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Mensaje por Invitado Dom Abr 14, 2019 3:07 pm

Pues ya estaba hecho. Había dictado sentencia y esa joven había salido sorpresivamente bien parada. No podía evitar pensar que había hecho lo correcto. La apariencia infantil que poseía esta le había conseguido ablandar, muy a su sorpresa. Era algo que no solía pasar. Incluso se preguntaba si había sido el propio Grima que había nublado su juicio por alguna razón para ser caritativo y no haber dictado la sentencia verdaderamente estipulada para ese tipo de casos. Alguna razón mayor debía haber, tenía ese presentimiento. Miró a ambos lados. Ahí estaban sus guardias, esperando alguna orden, totalmente atónitos. Y es que él mismo estaba ligeramente sorprendido, así que lo comprendía.

Las palabras de la joven le parecían lógicas. Muy maduras para alguien que parecía de unos doce u once años. Tenía la necesidad de acariciarle la cabeza, pero se contuvo. No parecía demasiado acostumbrada al tacto humano, y no quería comprobarlo. Podía defenderse, sí, pero no era cuestión de molestarla todavía.

-…Traed una cantimplora de verdad a la niña –ordenó, levantándose con cautela. Uno de sus soldados más cercanos realizó el saludo a la romana para posteriormente salir a cumplir la orden, con la pica todavía en mano- …Y movilizad al escuadrón de reconocimiento imperial, los Jenízaros

Otro de sus soldados repitió el proceso para salir a informar. El rey entonces dio un chasquido de dedos, provocando así que las tropas empezaran a moverse de una vez y a hacer algo útil. Mucho entretenimiento había tenido ya esa panda de cantamañanas.

Respecto a las tropas de las que hablaba, bien era cierto que normalmente no entraban en combate (se reservaban esa tarea debido a ser, como había dicho, escuadrones de reconocimiento). Pero esto no los volvía menos capaces.

Hombres captados en las fronteras de Ylisse y Altea (o nagardianos de dentro del reino) en su más tierna infancia y obligados a convertirse a la única religión de Plegia. Se les internaba en las academias más exigentes y aisladas de todo el país, enseñándoles a vivir como los antiguos guerreros de Plegia, e incluso se ataviaban como ellos. Ropas largas pero coloridas (normalmente rojo y verde era el traje) para poder identificarse entre sí en el desierto, instruidos desde el primer momento para ser tan rápidos y sigilosos como la propia arena que se movía inexorablemente. Tan rápido como se levantaba el viento, se movían para acabar con el enemigo y seguir avanzando.

Eran, al igual que el Tercio, una importante unidad militar plegiana, mucho más reducida y limitada a la exploración y defensa de los territorios desérticos, debido a su escaso número. Obviamente, costaba convertir a un dracomante por muy joven que fuera e instruirle en el desierto sin que se muriera antes. Pero los que sobrevivían al entrenamiento, se volvían soldados fieles y fuertes. Podían aguantar días sin agua, comiendo solo lo que encontrasen. Atacar como un trueno, tomar el edificio y volver. Ese era el plan de Gangrel. Simple, pero eficaz. Ni tan siquiera haría falta sitiarlo. Confiaba de sobra en sus tropas.

En poco tiempo, a la plaza llegó el soldado con una nueva cantimplora de cuero para la joven, que le entregaría con cuidado para luego volver a su trabajo. Una cantimplora mucho más dura y de un tamaño lo suficientemente grande para guardar agua para un día sin que fuera del todo molesto de llevar. Estaba llena hasta los topes de agua fresca.

Gangrel se dispuso a decir algo, pero escuchó un sonido en las cercanías. Hombres acercándose en solemne formación hacia ellos, con la bandera de su respectiva división ondeando frente a todos. El león de azabache, símbolo de la monarquía de Gangrel, en una bandera verde. Curiosa y estúpida combinación de colores, pero ellos mismos habían decidido tenerla. ¿Y quién era él para decirles que no?

El capitán (que se distinguía del resto por un curioso sombrero blanco de gran tamaño), dio la orden, haciendo que todos se quedaran manteniendo la formación a la espera de una orden. Doscientos (aproximadamente) soldados, todos con ropajes verdes o rojos, y con una cimitarra envainada a un lado, o con un grimorio esperando a ser abierto para lanzar sus poderosos tornados. Todos ellos con la piel oscurecida por el tiempo pasado en el desierto. Y todos ellos con el rostro severo, esperando simplemente lo que el rey les tuviera que decirles.

-Discúlpame un segundo, pequeña –dijo el rey para girarse y mirar a esos dos centenares de soldados. Todos ellos en completo y sepulcral silencio. Estaba prohibido hablar frente a Gangrel si él no daba permiso. Y eso les daba un aspecto tan frío e inhumano que, quienes les vieran, los confundirían con máquinas de matar. Poca diferencia había entre una cosa y la otra. Gangrel lo sabía. Y eso no hacía más que hacerle sentir orgulloso- Mis queridos camaradas… Resulta que una guarnición emergida ha acabado con la vida de soldados plegianos. Esa sucia marea gris ha acabado con uno de nuestros grupos de exploración. Vosotros, jenízaros, grandes expertos en el combate en estas tierras y el sigilo, sois los elegidos para cometer la justa batalla con la que equilibraremos la balanza. Esta pequeña que tengo aquí… Es la única superviviente. Y nos llevará al lugar donde podremos vengarnos… Porque… –una sonrisa pérfida y macabra se dibuja en él. Poco a poco, comienza a moverse de lado a lado, gesticulando brutalmente para llamar la atención- ¡Cuando se mata a un plegiano, se mata a un hermano! ¡A un integrante del único y verdadero imperio que se impondrá sobre el mundo y sobre el que sol jamás se pondrá! ¡Hoy han muerto ellos, pero somos sus hermanos! ¡¿Y QUÉ HACE UN PLEGIANO SI MATAN A UN PLEGIANO?! ¡¡DECÍDMELO VOSOTROS, CAMARADAS!!

“¡Vengarse!”. Un grito salió de las doscientas gargantas, retumbando con firmeza sobre todo el campamento y extendiéndose hacia el mismo cielo. Simplemente, intimidante. Simplemente, una muestra de poder. Y es que los que segundos atrás habían permanecido impasibles empezaban a enfadarse al ver el por qué se les había convocado. Consideraban eso como un ataque a su propia persona. Desde pequeños, se les había instruido para sentir cada pérdida como algo personal a lo que debían responder. Y por supuesto, no iban a dejar que nadie saliera impune. Gangrel miró a la pequeña, endulzando inmediatamente su rostro. Volvió a la normalidad como si nada de lo que había hecho segundos atrás hubiera pasado.

-…Ahora… Guíanos, pequeña. Mis tropas te seguirán. Y juntos, acabaremos con el que ha matado a tus compañeros. Vamos. No hay tiempo que perder. Volveremos aquí antes de que anochezca para un gran banquete
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