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Mensaje por Invitado el Vie Dic 07, 2018 5:00 pm



La conquista. La guerra. El plan maestro de Gangrel puesto en acción y la sangre emergida empezando a surgir de las gargantas en Manster. Los barcos habían ido hasta Manster sin problemas y el inicio de la invasión había sido tan exitoso como se esperaba. Tal logro era digno de celebrar. Tales logros le pondrían en los libros de historia y posiblemente acabaría recordado como el primer emperador de la Gran Plegia. El ejército luchaba con una maestría admirable y los emergidos ni podían contra las filas plegianas, tan desorganizados como estaban por haber conquistado por completo el reino. Por un lado, el deber de Gangrel en aquella tierra era comandar a las tropas. Sus estrategias, haber dividido al ejército en seis fracciones iguales que se iban relevando en el ataque, teniendo en cuenta que debían retroceder si empezaban a haber más bajas y replegarse para ser relevados, estaba siendo un rotundo éxito. En pocos días, tenían un territorio pequeño a su dominio total en la costa este, que amenazaba con destruir la carretera de los emergidos y tomarla para una mejor comunicación del ejército. Todo estaba preparado para destruir al ejército enemigo. Y ese territorio… Tras tan glorioso desembarco… Iba a ser suyo. Nueva Plegia sería el nombre de Manster. La palabra de Grima llegaría a nuevos lados, Nohr debería empezar a respetarles como otra potencia conquistadora e Ylisse debería empezar a extremar las defensas. Lo importante de todas formas era que él sería recordado.

Y por supuesto, no estaba solo. Había decidido llevar consigo a uno de sus juguetes preferidos, a aquella mujer que había conseguido escapar de un batallón completo de wyverns y solo fue detenida cuando los tiradores intervinieron. Ella era lo más parecido a una mujer que se había encontrado. Y aunque él eternamente lo negaría, tal vez era cierto que… Ella era la potencial candidata en convertirse en la emperatriz de una Gran Plegia. Desde que fue atrapada, se había divertido con ella de formas que mejor no mencionar. Pero sabía que era una gran guerrera, y por ello, también le había autorizado luchar si así lo quería ella en la guerra. Pero el lugar de esta mujer era estar junto al monarca. Tal vez estar demasiado “junto” al monarca. De todas formas, el rey disfrutaba de su compañía, pero eso no se lo admitiría jamás a nadie, ni siquiera a ella. Por eso, los pocos ratos muertos que tenía el rey, los disfrutaba obligándola a estar junto a él, ya fuera tomando una taza de té juntos o probándola a ella directamente. Sea como sea, era cierto que ella era la única con permiso para acceder directamente a la tienda de campaña del rey.

Y aquel día ahí se encontraba él, sentado frente a su “concubina” con una taza a medio terminar de té, la bebida preferida del rey. La tienda de campaña, creada con hilos púrpuras y dorados, les daba una intimidad que bien era agradecida por el rey. Pero ese día no se encontraba precisamente juguetón: tenía un mapa a un lado que iba mirando mientras hablaban y un documento con las estadísticas: bajas mínimas, como siempre, conquistas constantes y logros militares que eran hasta impresionantes.

-Hagamos un trato –había estado callado casi cinco minutos, simplemente mirando el mapa y pensando nuevas estrategias que posiblemente darían un resultado épico, pero no era el momento de utilizarlas- Prometo no volver a despertarte por la noche para lo que ya sabes… Y a cambio, si ganamos y volvemos a Plegia, lo compensaremos todo el mismo día. ¿Te parece bien, mi Princesa?

Sí, ese era el apodo que le había puesto a Sarah. Y francamente. Le encantaba molestarla con ello. Era divertido, pues normalmente esta era tan inexpresiva como él. Puede que mucho más. Según recordaba, la única vez que la había visto ligeramente preocupada había sido cuando la llevaron a palacio, y bien rápido desapareció aquel sentimiento de su faz. Y eso era justamente lo que hacía que el rey se fijara en ella. Una total falta de interés hacia la vida que la volvía perfecta.

Pero de todas formas, y como era de esperar, alguien tuvo que interrumpir el momento del rey. Un soldado que parecía completamente exhausto, y por lo que podía ver el rey en su armadura, que era de cuero duro y no dorada o negra como la de los guerreros, se trataba de un explorador.

-¡Mi señor! ¡Hemos encontrado un poblado que todavía resiste a los emergidos! La población es escasa… Pero se encuentra en un punto crucial… Están al lado de la carretera de los emergidos… Y no parecen dispuestos a cedernos su territorio. ¿Qué hacemos?

El rey dio un sorbo final al té antes de terminar. Según le habían dicho, este provenía de la lejana tierra de Hoshido, y por ello aquel toque oriental que había enamorado por completo al rey desde que lo probó. No quería que le interrumpieran en ese momento en concreto. Solo cuando terminó la taza, respondería.

-Iré yo mismo. Prepara a la guardia real de Plegia para que me acompañe... Caerán ante las palabras. No se necesitan las armas contra nuestros futuros esclavos… –declaró mientras se levantaba poco a poco, dirigiéndose a los pies de la cama, donde había dejado su corona, y colocándola en su cabeza- Mph… Sarah. Vendrás conmigo. Necesitaré dar la máxima impresión posible. Y si me disculpas… Debo vestirme adecuadamente

No es que fuera desnudo. Pero no iba para la batalla. Una camisa blanca que dejaba al descubierto una zona importante de sus pectorales, sin su capa ni armadura. Lo único que llevaba que podría brindarle protección eran las botas, que estaban sobre sus ajustadas mayas negras. Era tan simple como colocar las piezas de la armadura, y para eso tenía mayordomos que le ayudaban con la ardua tarea.

En menos de diez minutos, el rey estaba listo. Corona puntiaguda sobre la cabeza, armadura dorada completa y una capa larga con el símbolo grimante grabado en ella. Y junto a él, caminaban ya dos miembros de la guardia real, dos sorcerers de alto rango que podían acabar con quien fuera con sus magias de trueno. Se dirigió hacia donde estaba Sarah, tomándola de la mano para que fuera a su misma altura.

-Ven conmigo, Sarah, mi querida princesa. Defiende a tu amo en esta misión y serás recompensada
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Mensaje por Invitado el Jue Dic 13, 2018 12:37 pm

Todos tenían que servir a plegia como el rey lo demandaba, hoy era lo mismo pero saliendo de la rutina, puesto que ahora el reino aprovecharía la oportunidad de liberar y tomar control de Manster, un viaje en barco el cual fue seguro y sin problemas asegurando nuestra llegada a tan desafortunada tierra que era asediada por esas tropas extrañas que antes había enfrentado en mi país natal, ¿servir en la guerra? no, solo servir a mi dueño esa era mi tarea al menos que el mismo me diera la libertad de luchar y separarme de él.


Una "tienda de acampar" solo para el rey y su privacidad a la cual desde temprano había acudido pues su llamado era lo que ahora me tenia en ese lugar, una tela fina para le tienda de campaña enorme en la cual el mismo rey disfrutaba de la comodidad como si estuviera en el palacio, tomando la taza de té que previamente los sirvientes habían servido y que durante todo ese tiempo yo me había encargado de servir cada vez que el rey le apetecía seguir disfrutando de la bebida, con un solo movimiento en su mano y volvía a servir de esta bebida caliente y especial.



¿Un trato?, no veía eso posible a decir verdad eso llamo mi atención pues eran las palabras del rey, sin duda le miraba con algo de curiosidad pues ni por la cabeza se me pasaría el que él intentara hacer un acuerdo, Usted puede hacer lo que deseé......no tiene por que hacer tal cosa como un trato amo, conteste al mismo tiempo que parpadeaba para creer lo que había escuchado algo no muy normal en las acciones de mi amo, Pero usted podrá celebrar de cualquier manera su victoria....ahí estaré para servirle


Sorber un poco de mi propia taza de té y así dirigir mi mirada hacia la entrada de la tienda alguien se acercaba mis sentidos seguían bien entrenados ver a un hombre un poco agitado entrando a la tienda para dar su recado, fuerzas locales sobreviviendo a la batalla de manera ardua contra ese ejercito, si sin dudas era algo admirable pero estos tendría que obedecer a entregar su territorio a plegia.



¿Que depararía el futuro para los ciudadanos de ese pequeño poblado?, la decisión recaía en mi amo, terminar mi té justo a tiempo para escuchar su respuesta, el mismo se presentaría y conquistaría con palabras ese pueblo, sin dudas una tarea digna que solo el rey haría , si la mayor y máxima impresión de poder sobre todo era lo necesario.


No tenia por que decirlo con que este hiciera una seña yo también entendería,Naturalmente amo, bueno no diría no así que tras dejar aquella taza en la mesita donde yo había tomado asiento y levantarme para ir a la salida de la tienda de campaña, tomando aquella lanza que llevaba horas ahí recargada solo esperando y esperando.


Hasta que el rey salio ya preparado viendo su guardia personal a la cual seguiría de cercas pero que al final solo vería la misma vista que mi amo tendría, caminando a su lado mientras colgaba la lanza en mi espalda por pura precaución mientras conseguía adaptarme a los pasos de mi amo yendo en sincronía junto a el.
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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah] Empty Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 13, 2018 3:19 pm

Su fiel sierva era verdaderamente una delicia. Obediente, callada, y siempre dispuesta a seguirle sin preguntar demasiado. Ella era verdaderamente uno de los tesoros de la nación, por encima del oro o los barcos que poseyera el reino. Y por eso mismo, Gangrel toleraba que Sarah fuera a su lado, o la tocaba sin tapujos, o la permitía retirarse de la cámara sin ir caminando hacia atrás para no darle la espalda nunca al rey. Ella era verdaderamente el ojito derecho del que dictaba leyes, y era por ella que Gangrel podía descansar un poco. El servicio que daba la fémina a la nación era verdaderamente grande, aunque una gran mayoría no lo supieran. Pero de todas formas, fue ella quien admitió ser hábil en el arte de la guerra, fue ella quien escapó de sus wyverns y fue ella quien además había aceptado la petición de entrar en batalla si recibía la orden directa de la corona.

Pero para ella tenía algo preparado. Por supuesto, la había visto montar un pegaso y sabía que en ella encontraba una poderosa jinete aérea. Y por supuesto, los jinetes aéreos debían ir juntos para ganar. Irónicamente… Con los mismos escuadrones que ella bien humilló. ¿Por qué? Bueno, por una parte quería ver esa escena desde que la conoció… Y por otro… Para enseñar al pueblo plegiano cómo funcionaba el sistema de ascenso social y demostrar que hasta una criminal podía llegar a puestos que jamás conseguirían en otro reino, como lo era el de una concubina real… ¿O tal vez algo más? No. Nunca algo más. Gangrel jamás admitiría que podía llegar a sentir cosas por algo que no fuera la nación, y en el fondo, sabía que ella nunca podría amarle. Debía centrarse en convertirse en emperador, conquistarlo todo. Ser amo y señor de la Gran Plegia.

Y por eso mismo, chasqueó los dedos, haciendo que uno de los hechiceros que le seguían por detrás se acercara con discreción.

-Avisa a los escuadrones que portan el agua de Grima –el arma que poco a poco todos empezaban a conocer dentro del reino y ya temían como si fuera el propio dios dragón. Gangrel la usaba indiscriminadamente para ejecuciones, para atacar, para todo, pero nunca atacó con ese líquido un bosque. El único lugar que estaba siendo víctima de los efectos de aquel arma era el camino de los emergidos- Y Sarah, querida, ve al establo. Tu montura debe esperar ahí. Nos encontraremos en la entrada del campamento, princesa mía

Había entrado en aquel modo en el cual solo le importaba ganar. Y esto quedaría claro por la fría forma en la que se alejaría de Sarah repentinamente, sin las muestras de “afecto” (más bien de dominancia) que solía dejarle, como besos alrededor del cuello o en sus labios directamente. Al fin y al cabo, en aquellos instantes en su cabeza solo pensaba cómo minimizar el daño en la población local para poder someterlos y destruir de paso al máximo de emergidos.

Sus pasos se acelerarían más y más hasta que llegaron al lugar donde esperaba un completo escuadrón de jinetes wyvern, los cuales custodiaban los calderos con los que podrían arrasar las filas enemigas sin problema alguno. Estos todavía se mantenían protegidos con máxima cautela, con tal de que el líquido no derramara, porque entonces tendrían un problema grave, y más importante, para que ningún espía enemigo pudiera detectarles. Uno de los generales de la operación se acercó a él, inclinándose respetuosamente para informar de la situación. Conociendo el procedimiento habitual, había enviado exploradores a caballo para que investigaran la zona por tierra y algunos jinetes wyvern para que hicieran lo mismo por el aire, y que cuando estos volvieron informaron de que no habían encontrado demasiados enemigos en la zona. Los aldeanos habían aguantado bien el ataque de las bestias hasta aquel momento.

-Perfecto –felicitó el rey mientras le daba una palmada en la espalda al hombre, el cual ni osaba mirarle a los ojos por respeto puro y duro- Eres un gran aliado, camarada. Un grandioso aliado. Pero… En el día de hoy deberás encontrarte con una mujer que ya conoces…

Él fue quien lideraba aquel escuadrón que intentó cazar a Sarah. Pero tal humillación hizo que el hombre entrenara, para volverse un poderoso caballero que consiguió llegar al puesto en el que estaba a la fuerza. Pasó de ser un comandante de tres al cuarto a un general de rango medianamente alto.

-Y si ella se ve herida en el combate, prometo que te haré diez veces lo que sufra –dijo el rey con un tono algo más amenazante- Sea como sea, quiero que avancéis la mitad de vosotros y rodeéis el poblado. El resto iremos ahora

Una nueva y rápida reverencia antes de colocarse en su wyvern y dar la orden, haciendo que la mitad de los soldados prepararan sus monturas, preparasen los calderos para alzarse con ellos y desaparecieran en el horizonte, dirigiéndose al pueblo.

Gangrel y el resto de los efectivos esperarían hasta que llegara Sarah. Y solo cuando esta apareció ante el rey, Gangrel se acercó para señalar a los soldados que quedaban.

-Tú les dirigirás por aire. Y yo estaré por tierra. Cuando recibas la orden, quiero que utilices a tus efectivos para atacar el poblado. Pero no matéis a nadie. Solo forzadles a salir de sus casas y llevadlos a la plaza más grande

Esa era la idea que se estaba dibujando en la mente del rey. Y antes de dejar marchar a la contraria, chasquearía los dedos para que uno de sus guardias le acercara una pequeña cinta que se llevaba alrededor del cuello, y la cual dejaba colgar una cruz de hierro. Un símbolo de la comandancia que el rey colocaría personalmente a la joven.

-Bien, con esto podrás dirigir a las tropas. ¡El resto, más os vale acatar cada una de sus órdenes! ¡Y guardias! ¡Traed a mi montura! Nos iremos hacia ahí en cuanto ellos marchen volando
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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah] Empty Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 19, 2018 2:30 am

Era diferente, sin lugar a dudas el territorio que hoy Plegia tomaría, era un lugar completamente diferente a la tierra natal de los conquistadores, de un desierto que solo auguraba muerte y desgracia ahora se podía ver abundancia y vida verde en los alrededores, el aire ya no era seco y tremenda mente cálido por no decir que desagradable para el sentir de la piel al desnudo, ahora se podía notar la humedad de esta nueva tierra que por desgracia sufría por la invasión de los emergidos.


Seguir en mis pensamientos hasta que ligeramente escuchaba las palabras de mi amo, este parecía dar ordenes a alguien mas y segundos después este dio mis mandatos a seguir, el dia de hoy volvería a montar a Brego para completar una misión y con una pequeña confianza de que ahora si cumpliría mi cometido, Asi sera amo.


Termine para así alejarme de ahí en dirección hacia el establo que no tenia mas que unas horas de nuevo por su construcción tan rápida y casi inimaginable pues la noche anterior no había nada y ahora albergaba a las monturas de todos los caballeros capaces de montar uno, ya fuera wyvern o caballo normal pero claro estaba el pegaso que ya esperaba en su cubículo ligeramente mas grande a los demás por sus alas solo miraba por encima de la pared.


Pues sabia que este ya me sentía cercas, los hombres apenas y habían dejado el establo de brego quien ahora portaba una leve armadura de cuero con las marcas que claramente pertenecían al ejercito de Plegia, mientras me acercaba con algo de prisa y así acariciar su frente y recorrer hasta su nariz.


Tranquilo Brego, hoy vamos a hacer otra mision......pero hoy ninguno de los dos saldrá herido, calmaba a mi alado compañero mientras daba un pequeño chequeo a los amarres que este poseía quitando algunas cuerdas innecesarias y dejando le mucho mas cómodo para que este incluso diera unos cuantos galopes de querer ya correr y extender sus alas en libertad.


Okey, okey, vamos Brego vuela rapido, indique con una sonrisa mientras daba caricias en su cuello para calmarle y sujetarme a él mientras este empezaba a galopar a toda velocidad y extender sus alas en un movimiento rápido y así comenzar a volar no tardando casi nada en volver a reunirme con el rey quien parecía estar esperando mi llegada.


Amo, brego y yo estamos listos, comente mientras veía con cuidado los alrededores reconociendo aquellas miradas que ahora parecían detenerse en mi, el resentimiento de escapar de ellos ¿seguía presente?, un nuevo mandato una orden mas que se obedecería, estaba claro les gustase o no tendrían que seguir mis ordenes.


El amo se aseguraría de eso con una firme imagen de lo que parecía ser un icono de poder entre las filas del régimen de Plegia, una cruz y aunque esta fuera de hierro parecía tan brillante que se le podría confundir con plata, este nuevo artilugio seria colocado por el amo quien rodearía mi cuello con esa cinta negra, con esto inclusive pude sentir como algunas miradas se terminaban por calmar y unas cuantas solo se volvían mas intensas pero esto era algo que no me afectaba en lo mas mínimo.


Si, si daba una mala orden estos podrían resultar heridos pero si yo ordenaba y ellos desobedecían no se me podría culpar ¿o si?, ahora las cosas serian diferentes, tenia gente a a cargo y de fallar solo causaría ira en grima y en mi amo, no era una opción, al menos no una buena para mi salud.


En cuanto este tomo su propia montura miraba a aquellos hombres montados en sus dragones esperando una señal, levante levemente mi lanza dando una señal de avance logrando ver que estos jinetes de Wyvern despegaban de in mediato y estos querían adelantarse a mi, ¿una demostración de superioridad?.


Con sujetarme nuevamente en brego y sentir su galope a toda velocidad solo para despegar en pocos segundos y asi recuperar ese tiempo perdido en mi despegue llegando nuevamente a la cabeza de todo ese batallón del cual ahora tenia el liderazgo, con mirar atrás podía ver a ese grupo de tierra liderado por el amo quien claramente hizo lo que el dijo, una vez despegado el equipo aéreo ellos seguirían justo detrás.


Los dragones apenas y alcanzaban a seguirme, si como el una jinete de pegaso tenia la ventaja de ser mas rápida así que para que estos pudieran seguir organizados animaba a brego a volar un poco mas despacio para así finalmente poder hablar con los
soldados que parecían haber aprendido la lección,

Nos mantenemos juntos, tras llegar al poblado las ordenes son atacar con fuerza no letal, sin matar a los aldeanos y reunirles a todos en la plaza central de su mismo poblado, esto viene directamente del rey, agregue con seriedad mientras volvía a retomar la punta pero sin alejarme tanto, disfrutando de aquel vuelo tranquilo que otorgaba la distancia.


Pero en pocos minutos eso cambiaría, pues tras solo ver en la lejanía lo que deparaba al pueblo seria salvación, salvación de ya no tener que luchar diariamente contra los emergidos, todos ya sabían que hacer, sin matar a los civiles pero reuniendo les con fuerza en su plaza central, abrazarme a Brego y este comenzaría un descenso en picada rápido y muy radical pues este inclusive escondía sus alas para ser una caída libre y expandir estas en pocos segundos y con suma gentileza para así no estrellarnos en el suelo del pueblo siendo mi pegaso el primero en aterrizar fácilmente pero sin parar para nada
permitiéndome así mirar hacia arriba viendo como una lluvia de "dragones" también descendía y oscurecía un poco el cielo.


Por orden del rey de plegia, este poblado se rinde ahora mismo ante él y ante grima!, alcanzaba a gritar viendo el desconforme en aquellos pobladores quienes no dudaron en lanzarse al ataque sin embargo unas cuantas hechas cortarían su paso dejando les a merced de mi lanza justo en su cuello.


A la gran plaza....ahora, con firmeza terminaba mis palabras rompiendo en lo mas minimo las casas pero si alguna que otra maceta que albergaba flores y los pocos puestos que estos "servian" de refugio para los aldeanos causando que estos hicieran lo ordenado, ir a su gran plaza.


¿Un intento de escape?, eran múltiples, tal parecía que estos trataban de abandonar aquel pueblo antes de que se declarara bajo el control de Plegia, Soldado detenga al gran grupo del este, esos 5 aldeanos del oeste son mi responsabilidad, dictaba ordenando a un pequeño grupo que haría el trabajo de volver a reunirles dentro de poblado.


Minutos habían pasado pero la orden dada había sido fácil de seguir, todos los aldeanos ya esperaban impacientes por ver que harían con ellos, rodeados de los jinetes de Wyvern que claramente no eran nada amigables, en mi parte esa plaza gozaba con una pequeña fuente y un altar a sabe que dios pero que sin dudas estar terminaría siendo un altar a Grima.


Preparando lo que sabia del culto a grima rompiendo todo lo que enfurecía a nuestro benefactor y dando las decoraciones que agradaban a este y así poder arrodillarme ante este nuevo altar dedicado a Grima rogando y rezando esperando a que el amo llegara al pueblo.
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Mensaje por Invitado el Miér Dic 19, 2018 12:27 pm

La misión era muy simple: atacar por tierra y destruir a los emergidos que estuvieran cerca del poblado mientras las fuerzas aéreas lo tomaban sin causar daños. Cuando aquel poblado superviviente hubiera caído, lo usarían de base y punto de control entre la carretera y los campamentos que ya poseían. Sería de vital importancia obtener el lugar pues así obtendrían una conexión entre el este de Manster y el oeste, donde habían batallones que, a pesar de poderosos, no eran tan grandes y por ende no podían dar tanta guerra como lo hacían los comandados por Gangrel. Luego, con el pueblo en su control, seguirían con la táctica de colmena que tan bien había ido (tres escuadrones, uno atacando, otro defendiendo y uno descansando que se iban relevando para atacar desde diversos flancos) y posteriormente, cuando se reunieran con el ejército del oeste, iniciarían las nuevas tácticas que Gangrel tenía pensadas. Hasta ese momento, el ataque debía ser perfecto.

Gangrel cabalgaba su corcel blanco protegido con dorada armadura (como él) y escoltado de cerca por una formación de nada más ni nada menos que dos mil soldados. A fin de cuentas, aquel ataque no tenía la intención de hacer una gran conquista sino una mucho más táctica, así pues, el objetivo no era matar emergidos, era tomar una ciudad, y por ello, el número de efectivos desplegados por tierra eran escasos. Por aire, también había tomado dos millares para el ataque, lo cual no era nada teniendo en cuenta el número de escuadrones que poseían de este tipo de soldados. Acompañando al monarca, se encontraban los miembros de su guardia de cerca también cabalgando, y la formación era la siguiente: los soldados formaban un cerco en forma de cuadrado alrededor del rey, con cuatro hileras idénticas de soldados a cada lado, la primera de las cuales con los escudos en alto, la segunda formada por arqueros, una tercera de más escudos que protegía a los arqueros colocándolos diagonalmente sobre ellos, y una cuarta más cercana al rey de curanderos y magos. Técnica extraña, pero con precedentes. Una especie de falange simplificada que utilizaba flechas en vez de un exceso de lanzas y que tenía más la intención de atacar desde lejos que a corta distancia. Gangrel creó aquella formación, la cual era solo utilizada para combates de cercanías y con enemigos que les superaban en número por demasiado. Era fácil de crear y difícil de disolver. Y eso la volvía un verdadero escudo para el rey, que avanzaba lenta pero inexorablemente dirección al pueblo.

Por el camino, llegó el momento en el que se encontraron con la zona todavía no tomada, obviamente. Pero nada pudieron hacer los emergidos contra aquella formación, que seguía su curso sin temerles. Tal vez, si aquellos seres tuvieran corazón, temerían por aquel nuevo reino que conquistaba sus tierras y no temía a la muerte.

Gangrel se encontraba en el medio de aquella formación con total y marcada indiferencia (como era normal en un rey) hasta que llegaron a la entrada principal del pueblo. Lo que hizo el ejército a continuación fue simple. Las tropas se dispersaron para formar una herradura alrededor del lugar, quedando en primera fila la infantería y en última las otras líneas que también portaban escudos, y dejando protegidos a arqueros y magos, pero dejando sin problemas la entrada al rey. De momento, este no había tenido que luchar, pero sabía que eso era algo que no duraría mucho.

Descabalgó cuando se encontraba a un solo paso de la pequeña barricada que habían montado los aldeanos para retener a los emergidos, dejando su blanca montura bajo la protección de uno de sus mayordomos de la guardia real. Y con ese pequeño problema resuelto, avanzó hacia la plaza donde según había ordenado debían encontrarse todos los aldeanos. En total, aproximaba, ahí debían haber unas quinientas personas supervivientes de la tragedia que había sufrido el país, y eso era mucho. Al fin y al cabo…

Eran mil manos que podría explotar como se le antojara. Y ya tenía la forma perfecta de hacer que estos besaran la bandera de Plegia. ¿No os habéis preguntado por qué la forma que habían creado las tropas era la de una herradura? Bien. Tal vez debería especificar diciendo que la zona que permitiría la entrada al poblado era justo la que todavía seguía infestada de emergidos, y esta era la menos protegida. Si los aldeanos no se decantaban por ayudar, acabarían muriendo todos y cada uno de ellos. Niños, mujeres, embarazadas, ancianos… Le era indiferente.

Al fin y al cabo, el bien mayor se anteponía a todo eso. El rey accedió con aquellos ideales a la plaza con un gesto triunfal, es decir… Indiferencia total y absoluta. Lo primero que vio fue que su concubina había decidido decorar un pequeño altar en honor a Grima. Eso no estaba nada mal. Parecía que las palabras del dios caído habían calado en ella. Se acercó en silencio a ella con la intención de que esta no supiera de su llegada, y en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, le colocó una mano sobre el hombro.

-…Lo has hecho bien. De todas formas, princesa mía, debemos proseguir con el plan. –fue un mensaje bastante más tajante y carente de expresión de los que solía entregarle a la fémina. Pero de todas formas, ahí estaba como el futuro emperador y soberano de Manster, y también como el rey de una de las naciones más ricas que ya había- Cuando termines con tu rezo ponte en pie y monta a tu pegaso.

En ese momento, Gangrel chasqueó los dedos, y a él se acercaron sus más fieles comandantes. Ellos serían el verdugo de lo que aquel rey decidiese. Y no sería precisamente agradable. Ya lo sabían.

-…Atraed a los emergidos al poblado. Dejad que entren y lo arrasen con todo… Pobladores incluidos

Gritos. Los niños lloraban, las madres instintivamente les abrazaban ante una muerte inminente. Gangrel tardó a propósito mucho en continuar sus palabras para disfrutar de aquel dulce espectáculo. Era un verdadero placer. Una dolorosa forma de mostrar su poder. Pero… Decidió seguir hablando.

-A no ser… Que ellos decidan servir a Plegia. Contened a los emergidos que atraigáis una hora. Ese es el tiempo que tendrán para decidir si colocar en este poblado la bandera plegiana o morir todos. Esta es mi voluntad. Y quiero que todos la cumplan. Dejadles hablar en la plaza… Y de nuevo, no permitáis que escapen. Sarah… Tú te encargarás de la “comodidad” de estos caballeros. Y en una hora, quiero que me des su veredicto. Yo contendré a los emergidos junto al resto de soldados.

Se dirigió sin dar más respuesta al frente, mientras los gritos y órdenes empezaban a hacerse presentes entre sus soldados para que se movilizaran. El plan del rey debía salir a pedir de boca. El castigo podía ser fatal… Pero la recompensa todo lo merecía. Al fin y al cabo, estaban hablando de no volver a pasar hambre jamás.

Y de convertir a Plegia en el reino más poderoso de todos por y para siempre.
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[CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah] Empty Re: [CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 23, 2018 11:40 pm

¿Crueldad?, es pensaba mientras rezaba al grima, a decir verdad aunque nuestros actos eran cuestionables con tan solo repasar los planes era mas que obvio que Plegia solo estaba reclamando una tierra olvidada por su propia cadena de mando que no había hecho nada por defender ese terreno suyo ante los emergidos.


Entre las familias era evidente que eran muchos huérfanos, por ir a lo seguro estos estaban en esta situación por eso mismo, los padres seguro que dieron sus vidas por defender a sus familias y morir sin la ayuda de su ejercito, entonces claro que no me oponía a nada de esto, con tan solo escuchar a mi amo dar nuevas me tomo solo 5 minutos mas terminar de rezar.


Levantarme y montar a Brego de nueva cuenta y ver la reacción de todos ante el mandato del rey, angustia y tristeza era lo que sentía en aquella plaza, mas sus ultimas palabras fueron algo que dejo algo de salvación en al menos la mitad de los concentrados ahí presentes, por mi parte ¿que mas podía hacer?, desde mi experiencia podía decir que si dabas todo y entregabas tu creencia a grima y servir por completo a Plegia entonces tenias un día mas garantizado de poder seguir respirando y existiendo en este mundo.



Mirando atentamente ante los susurros de todos los aldeanos, algunos ya resignados otros todavía debatiendo si valía la pena rendirse y formar parte de Plegia, ¿que mas tenían que debatir?, ¿preferían morir?, ¿morirían mejor libres? , preguntas difíciles de llenar o responder pues en mis adentros esa clase de cosas en verdad eran triviales.


¿Acaso no era mas valioso el seguir vivo y junto a tu familia? y con esto lo echarían todo a la borda ¿solo por querer ser libres?, todas estas preguntas llegaron a mis oídos y ahora los hombres querían una respuesta dictada por mi, ¿acaso eso cambiaría las cosas?, bueno tampoco les dejaría en ignorancia ante sus pensamientos que para mi no tenían sentido mas claro me asegure de responder con algo que seguro les haría pensar mas las cosas.  Bueno caballeros, antes con su antigua cadena de mando eran libres y están al borde de la muerte si mal no recuerdo desde la invasión sus ejércitos nunca llegaron a defender les y ustedes tuvieron que hacerlo todo solos, con su rendición y absoluta obediencia Plegia defenderá a muerte lo que es nuestro



Con solo decir esto mire a otro lado dando algunas señales para que reforzaran la guardia viendo que faltaba poco para la decisión final y estos parecían estar todavía platicando sobre eso pero ahora mas de la mitad parecía convencida de que tal vez era bueno seguir conservando sus vidas.



No quedaba nada mas que esperar, seguir las ordenes al pie de la letra, al final en el peor de los casos solo se tendría que limpiar las calles y reparar alguna que otra casa, mas mis últimos pensamientos fueron interrumpidos por nuevamente a los caballeros de antes que sin dudas en mas miedo que respeto solo pidieron algo una bandera de Plegia, con solo escuchar eso me acerque a uno de los jinetes que portaba una bandera de conquista con la cual con solo extender mi mano este la terminaba depositando en mis manos.



¡¡¡Todo en orden!!!, hasta que vuelva su majestad nada cambia!!!, gritaba a todo pulmon mientras entregaba esa bandera a los hombres quienes aseguraban pondrían la bandera ellos mismos asi que con esto ya decidido me sujetaba de Brego por completo y hacerle tomar carrera, Vuela rápido brego.



Decía por tercera vez en el día sintiendo la velocidad que no tardaba nada en tomar mi fiel pegaso alzándome rápidamente en el aire localizando a mi amo en cuestión de pocos minutos, yendo en total picada tras encontrarle y aterrizar justo a su lado, Amo, la aldea ya puso la bandera en su torre mas alta, ahora son parte de Plegia, mencionaba con algo de importancia solo esperando a la palabra de mi amo.
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Mensaje por Invitado el Lun Dic 24, 2018 6:31 am

Sabía que dejaba el pueblo en buenas manos. Sarah era una mujer obediente y que no se cuestionaría las órdenes demasiado. Y sabía que podría acabar convenciendo al poblado ella sola de que alzaran el estandarte plegiano. Pero hasta que en una hora el rey volviera al pueblo, la suerte estaba echada. Aunque… La diosa fortuna más de una vez se había visto forzada a ceder el favor a Gangrel.

El monarca se encontraba ahora en el ala este de la formación con forma de herradura que habían creado alrededor de la aldea. La mitad de los escuadrones aéreos habían sido enviados a explorar mientras las tropas a pie esperaban las tropas, con los curanderos y arqueros en últimas filas y la infantería defendiendo. Gangrel también había enviado un mensajero al campamento principal para que trajeran escuadrones de apoyo que aseguraran la zona en caso de que los aldeanos aceptaran la propuesta.

Los pocos emergidos que se acercaban a la aldea, grupos desorganizados sin ningún tipo de líder aparente, caían en pocos segundos ante los hechizos plegianos y las flechas que rápidamente se precipitaban contra sus cabezas. Si ese era el estilo de combate que tenían los seres de aquel lugar, verdaderamente era un misterio saber cómo demonios Manster había caído ante ellos.

De todas formas, aquello no era importante. Ahora era él quien se hacía cargo de la tierra y no los anteriores nobles que posiblemente se encontrarían muertos tras la masacre que los emergidos habían hecho en el lugar. Las órdenes dadas eran simples: contener el ataque enemigo hasta que el poblado tomara una decisión. Y ya sabía él que pasara lo que pasara, ahí se acabaría dictando la ley de su nación.

Plegia era poderosa. Sus tropas eran arquetipos de soldados perfectos y su monarca el mejor orador que podía encontrarse por Akaneia. Gangrel, recordando la situación y mirando el combate desde la protección que le brindaba encontrarse rodeado por su guardia personal. De vez en cuando, tenía que contenerse las ganas de atacar y luchar él como uno más. Pero no… Todavía no había llegado el momento. Faltaban escasos minutos para que se cumpliera el plazo y el monarca volviera a dirigirse a la plaza central. Ese ansiado momento en el cual esperaba encontrarse ya reconocido como el rey de todas aquellas personas y el supremo gobernador también del poblado. Aquella guerra recordaba a Gangrel el golpe de estado que dio para llegar al poder, con una diferencia: ahora era él quien controlaba al ejército y estos no eran sus enemigos. En aquel momento, sino fuera por las masas populares, el poder militar (desgastado, eso sí) de la Plegia de por aquel entonces hubiera bastado para sofocar el golpe. Y ahora… Bien, solo había que mirar la buena obra hecha por el rey. Un inmenso ejército, la religión del estado establecida como única y la soberanía defendida frente a los emergidos.

Y de pronto, Gangrel empezó a reír. Empezó a reír porque uno de sus soldados cercanos le advirtió de que el plazo ya se había cumplido. Y por lo que podía mirar alzando un poco la cabeza, parecía que la decisión de los moradores del lugar era clara. Servirían a Plegia. Eso era motivo más que suficiente como para justificar la risa del futuro emperador. Y por eso, entró con el caballo de nuevo a la ciudad, escoltado por una guarnición de quince soldados de la guardia real.

Y no cesó de reír hasta que llegó junto a Sarah. En ese momento, retomaría la compostura instantáneamente, como si nunca hubiera estado desternillándose por la situación. Descabalgó lentamente del corcel y se dirigiría a los que ahora eran siervos de la patria.

No le salían las palabras. Intentó decir algo, pero rápidamente tuvo que llevar la mano a la boca para ocultar la risa, haciendo un gesto de disculpa con la que tenía libre. De todas formas, sabía que todo lo que dijera iba a ser aplaudido, pero… Bien, quería dar una buena impresión del que sería su nuevo gobernador.

-Bien, bien… Parece que mi propuesta ha sido aceptada, ¿cierto? Entonces ahora formáis parte de los territorios que se encuentran bajo mi protección. Y eso significa que a partir de ahora vuestro resguardo es asunto de estado como el de cualquier otro plegiano –caminaba lentamente mientras hablaba, rascándose la barba con una de nuevo adquirida seriedad que permitía al monarca recuperar aquel porte elegante que todos los reyes parecían obligados a poseer- ¿Y sabéis lo que significa eso? Que las tropas que hay alrededor de la aldea la protegerán hasta expulsar a los emergidos y hacerles retroceder del camino que comunica Manster… A cambio por supuesto de que vosotros deis el trabajo necesario a la nación

Y en ese momento, realizó el saludo a la romana (extender el brazo hacia delante totalmente erguido) que era oficial en los actos de su reino. Una forma de enseñarles a los aldeanos qué les deparaba el futuro.

-Sarah, querida… Lidera las tropas por aire y despejad la zona. Lo mismo harán mis efectivos por tierra –miró a la joven por unos segundos con una pícara sonrisa, acercándose a ella un poco para volver a acariciarle el pelo- Ve movilizando a las tropas, y… Ya te compensaré por lo que has hecho hoy, querida
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Mensaje por Invitado el Mar Dic 25, 2018 11:48 pm

Un nuevo poblado, un nuevo territorio al cual llamar parte perteneciente de Plegia su conquista estaba dentro de todo lo acordado, el ver sonreír al amo resultaba algo fuera de lo normal pues aunque en veces anteriores le veía reír y sonreír de la misma manera esta vez tal parecía que sus planes salieron tan bien que por eso se encontraba en esa situación.


Al menos estaba de bueno humor, por que donde algo le molestara entonces no habría dudas todo ese poblado seria arrasado de ser necesario pero todo esto parecía ir muy bien por eso ahora todos los soldados activos defenderían ese poblado como parte del territorio de Plegia.


Acabar con los emergidos y terminar la batalla, esas serian mis nuevas ordenes las cuales no se cumplirían solas tenia que actuar ya, una recompensa me aguardaba tras terminar el día, esas eran las palabras de mi amo quien mostró una leve caricia en mi cabello como parte del buen trabajo que había desempeñado era de suponer que el convencer a los lideres de aldea a unirse a Plegia había sido demasiado bueno.


Parto ahora bajo sus ordenes Amo, no dude mas no espere mas solo di media vuelta y volviendo a montar a Brego y dando ordenes para que se me siguiera y terminar la misión lo mas rápido que pudiéramos.

......


La batalla aunque larga por la resistencia de los emergidos estos no pudieron al final contener a todo el ejercito que claramente con mejores formaciones de ataque y defensa les terminábamos asestando un golpe critico por lo cual estos ya no presentaban amenaza alguna para el nuevo poblado, tras todo esto al final tenia que reportarme con una sola persona, dejando a Brego en los cercas pero reportan dome ante el rey de Plegia.


Amo, sus ordenes fueron cumplidas al pie de la letra, mencione mientras me arrodillaba ante el dando a entender que ya todo había pasado, ahora simplemente esperaba por nuevas ordenes ya que siempre que cumplía volvía ante él, pues era ya mi única labor lo que literalmente me mantenía ocupada.
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Mensaje por Invitado el Dom Dic 30, 2018 3:17 pm

Era algo que tenía que pasar, obviamente. La victoria de Plegia estaba augurada desde el primer momento nada más las tropas pisaron aquella pequeña ciudad superviviente. De todas formas, el monarca ya estaba preparando planes para los habitantes del lugar. Era obvio el cómo acabarían, pero también el por qué de tan fatídico destino. Habían sido conquistados por Plegia, y este país les había salvado de la mayor amenaza que podía haber en el continente. La deuda que tenían era demasiado grande como para ser pagada con oro. De todas formas, lo importante ahora no eran los planes de futuro del rey loco, sino que la parte del contrato que les incumbía fuera cumplida.

Gangrel decidió enviar las órdenes cuanto antes mejor para apoyar al ejército aéreo con un fuerte ataque por tierra y así dispersar a los emergidos. Él mismo comandaría con su maestría y empirismo el ejército para destruir a los pequeños pelotones de emergidos que rodeaban y atacaban constantemente el poblado. Ordenó a sus mayordomos del campo de batalla que le trajeran sus armas predilectas, una gran cantidad de dagas que hábilmente llevaría colocadas por su cuerpo para poder arrojarlas en cuanto fuera necesario. Tal vez no fuera el mejor en combate y posiblemente no lucharía con demasiados emergidos, pero hasta el general de las tropas debía ser capaz de defenderse en caso de ser necesario.

“GRIMA SALVE A PLEGIA”. Un grito generalizado inundó el cielo y la tierra en cuanto el rey se colocó frente a sus efectivos, los cuales salieron a la carga organizadamente y recuperando la formación de falange en cuanto el monarca gritó junto a ellos. Hasta Gangrel, estando casi en el centro de todo aquello, podía luchar con los frágiles enemigos que morían una vez una lanza les atravesaba, una espada caía sobre ellos o las hachas hacían su oficio. Sus rápidos ataques tenían como objetivo inutilizar a los enemigos, no matarlos, pues ese era el deber de los soldados. Se escabullía como una rata para atacar a los más débiles, rematarlos, o cortar a los más fuertes para que no fueran rivales. Una táctica sucia que sin embargo permitía al rey lanzar sus dagas como un poseso y no sufrir daños en el proceso, protegido por una lluvia de flechas y magia inacabable. Las tropas de infantería servían como pivotes entre los que esconderse y podía permitirse fardar ante el enemigo y salir para asestar golpes más agresivos una vez veía que los soldados aéreos descendían. Él era el rey de Plegia, y ahí estaba, como uno más, matando enemigos y protegiendo el poblado que ahora era suyo. No quería que tocaran sus cosas, al fin y al cabo. Ahora que aquel lugar le pertenecía, lo defendería con garras y dientes si era necesario.

Pero al final, como todo, el último emergido de la zona circundante cayó. Fue el mismísimo Gangrel quien se reservó para él un derecho tan poderoso como era realizar la suerte de acabar con la vida de aquel desgraciado, lanzando una daga contra la cabeza del mismo que la atravesaría sin demasiados problemas. Escucharía las nuevas otorgadas por su concubina con un rostro completamente indiferente. No, no, no habían acabado de defender el lugar. Debían seguir.

Y él ya había lanzado una orden que permitiría al ejército plegiano obtener un par de metros más de tierra antes de retirarse como siempre hacía y asegurar nuevos campamentos en la zona. En el horizonte, justo por la dirección en la que se encontraba el campamento más cercano, aparecerían unas extrañas siluetas en el cielo. Paladines wyvern, tal vez un centenar de ellos en una formación que recordaba a la de las bandadas de pájaros. Pero colgando bajo ellos se encontraba algo verdaderamente inusual. Calderos de gran tamaño que eran portados por cadenas por cada decena, teniendo en total diez de estos, pero verdaderamente gigantescos. Podía verse por la altitud baja y la lentitud de los wyvern que eran verdaderamente pesados. Y en ellos… Estaba el Agua de Grima, algo tan insignificante como la brea que utilizado como lo hacía el reino grimante era simplemente devastador. Ni uno solo de los batallones enemigos del lugar que se había enfrentado al líquido había salido bien del contacto con una de las armas mejor guardadas del reino.

-…Avanzaremos un poco más. Hasta el próximo poblado que haya en el camino emergido, aunque esté destruido, para crear un cordón de seguridad alrededor del poblado –las órdenes del rey movilizarían de nuevo rápidamente a las tropas terrestres. Pero él seguía ahí, impasible frente al todo- Toma las riendas del ejército del aire que poseíamos. ¡LOS SOLDADOS DE TIERRA QUE SE QUEDEN AQUÍ Y NO SE ATREVAN A MOVERSE POR EL CAMINO EMERGIDO! –la orden tenía la intención de protegerlos de la brea que caería del cielo, por supuesto- Sarah, entretén a los enemigos hasta que lleguen los refuerzos con los batallones del aire. No quiero que sufráis bajas, así que id subiendo y bajando prudentemente… Y tú, muchacho –señaló a un soldado montado en wyvern vulgar- Dale la orden a las tropas que se acercan. Quiero que inunden el camino que va de aquí hasta el próximo poblado. Y que sea rápido
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Mensaje por Invitado el Jue Ene 03, 2019 9:24 pm

La batalla para defender el nuevo poblado de Plegia fue todo un éxito, pues hasta donde lograba recalcar solo se reportaron heridas menores y una sola grave la cual ya se atendía, el proteger esto al máximo e impedir que mas ejércitos emergidos era una necesidad obvia y por la sabiduría de mi amo este también veía esa necesidad como algo urgente.


Ahora estaba claro que pasaría a continuación y esa seria cortar el camino de los emergidos con un golpe fuerte que conllevaba a cortar o mejor dicho quemar su camino con la arma secreta del amo, mas que decidida a completar tal orden pero y si me aseguraba de que incluso mas enemigos murieran, tal vez era un plan pretencioso pero al ver la precisión de los tiradores de Plegia tenia confianza en que la exterminación seria visible para todos y como no, subir la moral de todos, con tan mínimo esfuerzo.



Montada en brego mire el limite impuesto por el rey calculando así lo que tal vez seria un buen plan, era la primera vez que sentía confianza desde que había llegado a Plegia, pero estaba segura de que todo saldría tal y como literalmente simulaba en mi cabeza, sin ninguna baja en el batallón transportador y claramente eliminando a todas esas amenazas que sin lugar a dudas serian aniquilados por tal mortal lluvia de flechas.


Amo.....solicito un pequeño ataque de todos sus tiradores justo al borde del camino emergido......garantizo que habrá objetivos con los cuales las flechas de Plegia darán muerte a mas enemigos sin la perdida de ni un solo miembro de la milicia., asegure viendo que no había nada en ese momento en el limite pero que con mi velocidad haría que eso cambiara haría que todos los enemigos me siguieran para que así estos terminaran corriendo justo dentro de la lluvia mortal de nuestros tiradores.


Dicho esto hice que brego comenzara a galopara para tomar velocidad y así despegar lo mas rápido posible viendo que los ataques enemigos no tardaban nada en volar y llegar a lo mas alto de los cielos, para así comenzar yendo tan rápido como brego me permitía así haciendo pequeños ataques los cuales al final enfocaban toda la atención en mi ya que era la única atacando y en movimiento era algo costoso pero al final el plan resultaba, dando estoques rápidos para llamarlos con cada inmersión que lograba hacia el suelo en picada solo para volver a alzarme y así dirigirlas a un solo lado.


Ese mismo lugar que yo había remarcado y que ahora con solo dar un pequeño vistazo las primeras flechas comenzaba a impactar en el suelo, algo que ponía nervioso a brego pero que supe calmar con un par de palmadas y así lograr que comenzara volar mucho mas rápido solo para mirar hacia atrás viendo como es que todos esos enemigos comenzaban a caer un tras otro por las múltiples flechas que impactaban en sus cuerpos sonriendo pues ahora ninguna flecha había impactado en mi o en brego siendo ya casi un récord personal de entrar y salir de una lluvia de flechas sin daño alguno.

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Mensaje por Invitado el Vie Ene 04, 2019 8:24 am

El rey Gangrel se encontraba en el frente. Tras él, todo su ejército, un inmenso grupo de soldados que solo con que él alzase la mano empezarían a matar sin piedad. Y sin embargo, no se moverían. Todos sabían cuál había sido la orden. No moverse. Dejar que el arma hiciera su oficio. Que la ira de Grima aplacara al enemigo con todo su poder y lo hiciera retroceder hacia el sur, donde se encontraba Thracia. Y cuando Thracia cayese, la tomarían. Y cuando eso sucediera, todo Jugdral sería grimante. Y luego, irían a por Magvel, a por Akaneia, a por todo. El mundo sería de Grima.

Gangrel, montado sobre su blanco corcel, podía notar el frío aire de Manster en su rostro. Ese aire, ahora libre por el caos, también sería suyo. Aquel suelo que ahora pisaban sería suyo. Los árboles serían suyos. Todo sería suyo. Hasta las almas de quienes fallecieron serían suyas después de esa conquista. Gangrel empezó, sin razón aparente, a reír sin cesar. Uno de los ataques de locura que tan popular le habían hecho volvió a aparecer. Quería matar a todos los enemigos. Quería sangre.

Y por eso, cuando Sarah llegó con él, no pudo evitar descargar parte de su locura en ella. Aprovechando que ambos estaban al mismo nivel al estar montados en una montura, no tendría problema en colocar sobre la cintura de la contraria la mano con posesividad. Era solo suya. Aquellos malditos soldados que por detrás de él iban no tenían derecho ni a mirarla. Pero quería divertirse un poco con su querido juguete.

-…Lo haremos de otra forma, pero los arqueros se desplegarán. Deja las tácticas a tu amo. Y tú, Sarah… Creo que ha llegado la hora de verte luchar mano a mano con un emergido de una vez. Desenvaina tu arma, princesa. Quiero verte matando rivales. No has movido el arma ni una vez propiamente diciéndolo… Así que usa tu lanza para empalar enemigos, como todos los de tu escuadrón. Y ahora ve. Recuerda mi orden –se dirigiría ahora a sus arqueros- Dirigíos todos y cada uno de vosotros a donde hay jinetes wyvern y colocaos sobre ellos. Utilizaremos el círculo plegiano para acabar con ellos

Eso era un círculo cántabro normal y corriente, pero era una táctica que bien sabían usar ellos. Gangrel haría que sus efectivos de larga distancia se movilizaran para cumplir la orden mientras llegaran los jinetes que portaban la brea, moviéndose más al frente para observar con atención lo que a continuación pasaría.

Los jinetes wyvern que ahora llevaban un tirador con ellos deberían descender a casi nivel del suelo para que el ataque surtiera efecto. Eso atrajo una horda de emergidos importante, si bien no tan grande como para igualarse con la cohorte que llevaba Gangrel, sí para superar en número a los arqueros. Pero el problema para ellos ahí era que eso era algo con lo que contaba. Dividiéndose en dos grandes escuadrones, las tropas empezarían a cargar, cada una por un lado, contra los enemigos. Y cuando poco quedaba para el impacto, alzarían un poco más el vuelo, replegándose para formar cada uno un semicírculo conectado con el otro escuadrón y descargando a su vez un aluvión de flechas. Teniendo todos los frentes cubiertos, esa táctica servía para poder frenar hasta una legión por su lentitud en comparación. Y así, tras pocas repeticiones, todos los emergidos que habían realizado el primer ataque cayeron sin que Plegia sufriera bajas. Si lo hubieran hecho como había pedido Sarah, dejarían por completo al descubierto unidades tan débiles como lo eran los arqueros. Y así, sin embargo, estaban completamente protegidos, haciendo que los emergidos no pudieran llegar a ellos. Después del primer bombardeo de los arqueros, era el turno de los jinetes en sí. Cada uno de ellos debería avanzar para atrapar a los supervivientes de la horda y matarlos con sus hachas y lanzas. Sarah estaba incluida en esa orden. ¿Arriesgar tanto una unidad tan valiosa? Sí, a Gangrel en ese momento lo único que le importaba era ver el caos, y sabía que era poco probable que la derrumbaran. Y en caso de hacerlo, posiblemente movilizaría hasta al más débil de sus soldados para que la recuperasen.

Cuando las tropas despejaron la legión que se había acercado, llegaría la hora de que se replegaran, obviamente. Porque ahora eran los escuadrones que cargaban con los calderos de brea quienes tenían que actuar. Habiendo luchado el mismísimo rey para apoyar a las tropas cuando habían defendido el poblado, la moral estaba muy alta. Y ahora lo estaría más. Pocos habían visto el poder del Agua de Grima. Ahora lo harían más y más.

Solo cuando se aseguraron que no había nadie en el suelo que iban a quemar para que no hubieran heridos el más funesto y macabro escuadrón que ahí estaba presente atacó. Se desplazaron hasta la zona que el rey marcó, y una vez ahí, lo arrojarían contra las carreteras. Fue el mismísimo Gangrel quien procedió a iniciar el encendido de la brea. Tomó una de sus dagas, y tras impregnarla en el líquido, ordenaría que prendiesen fuego al arma. Al mismo instante, mientras él la lanzaba, sus arqueros prenderían sus armas en fuego para imitarle. Aquella fracción de carretera estallaría en llamas.

Llamó a Sarah. Quería tenerla cerca para hablar con ella. Y cuando esta estuvo a su lado, descabalgó de su montura desde la cual había visto el espectáculo, con una sonrisa de satisfacción en su rostro.

-No ha estado mal, princesa. Espero que seas tan firme siempre que te necesite en una misión… Y ahora… ¿Has cumplido mi orden?
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Mensaje por Invitado el Lun Ene 07, 2019 12:06 am

Se podía notar que a pesar de la situación el rey tenia un muy bueno humor, se podía notar pues con tan solo pasar a su lado aun estando ambos montados este estiro su brazo para rodear mi cintura y dejar en claro algo que desde el inicio de nuestro
encuentro era "eres mia", no mas no menos para una vez mas dar sus ordenes.

Al final la táctica de mi amo era mejor, como era de esperarse sus ordenes fueron claras tenia que participar y claramente tenia razón, como tal mi lanza no había visto acción pero tenia que demostrar que era una guerrera o seguro habría repercusiones graves sobre la reputación de mi amo, algo que no planeaba siquiera en ensuciar, en cuanto la carga inicio mire atenta enfrente mio tomando mi lanza para así lanzar le justo enfrente de mi, para atravesar la cabeza del enemigo y tras acelerar un poco junto con brego y retomar mi lanza sintiendo la sangre que ahora tenia tras atravesar aquel enemigo.

entre aquellas fuerzas enemigas parecía haber una unidad la cual también parecía tener la capacidad de volar para hacernos frente y su primer objetivo parecía ser yo, Brego no retrocedas, llegue a decirle a mi montura para así ir directo aceptando su duelo solo estirando mi arma y terminar atravesándole sintiendo el calido liquido que emanaba de la herida, viéndole morir y caer al suelo.


Las lluvias de los tiradores en verdad eran mortales, en cada picada que hacia hacia el suelo de los veinte enemigos de se levantaban para pelear terminaban por dejar solo dos o tres de estos los cuales con una simple estocada en su cuello para separar su cabeza de sus hombros o dos rápidos cortes uno a la altura del estomago y el segundo directo al cuelo, solo para acabar por atravesar su cabeza al descubierto.


El mismo procedimiento hasta que la brea caliente el "aliento" de grima cayo sobre el camino de los emergidos para asi ver como estos comenzaban a arder tras ser alcanzados por una sola chispa de los tiradores lanzaban con sus flechas envueltas en fuego.


Todo acabo y era la hora de reunirme una vez mas con mi amo,
mas no me sentía del todo limpia, pues tras ser emergidos estos ¿eran humanos?, lo que ellos demarraban ¿era sangre de verdad?, tras terminar con nuestro trabajo esta "sangre" de emergidos era lo que tenia encima mio, inclusive Brego tenia esta sustancia parecida pero que a mi parecer no era mas que algo mucho mas desagradable que la sangre.


Tenia la necesidad de tomar un baño aunque la mayor parte de eso ya lo había retirado con varios paños y telas limpias las cuales habían terminado mas sucias, mas no era una opción el no presentarme a mi amo, si este no me requería entonces no dudaría me tomaría un baño, de ser lo contrario me quedaría hasta que el amo no me necesitara.


Amo, una vez mas, eh cumplido sus mandatos, dando a conocer mi presencia cercas suyo todavía armada y encima de Brego, dejando ver lo que verdaderamente había cumplido.
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Mensaje por Invitado el Lun Ene 07, 2019 6:18 am

Y ya estaba todo hecho. La victoria era suya. El rey de Plegia se alió otra vez con la suya, tal y como era de esperar. Con un cordón de seguridad levantado alrededor del poblado, podrían proceder a las tareas de explotación como debía ser. Un fragmento más de Manster era ahora propiedad de Plegia, con todos los habitantes que habían dentro. Aquel día, sin duda, era insólito, pues rara era la ocasión en la que se encontraban con nativos del caído reino. De todas formas, eso les beneficiaba más que otra cosa, pues si no habían supervivientes no se encontrarían con molestias como encontrar zonas sobreexplotadas.

Y lo más importante, por lo que podía ver desde ahí, su querida concubina había sobrevivido. Bien, todo eran buenas noticias. Llegaría a sus manos un informe con el balance. Bajas mínimas, a duras penas llegaban a las cinco en lo que iba de día, y a pesar de que sí era cierto que el número de heridos era muy superior a esos cinco, se estaban tratando por el escuadrón médico que llevaban con ellos. Por lo tanto, todo era un verdadero éxito.

El rey loco no podía mostrarse más optimista ante las tropas. Al no haber tenido que entrar en combate más que en una ocasión, y al haber podido también enviar a sus tropas como él había querido, su estado era óptimo, se encontraba en perfectas condiciones para hacer lo que le diera la gana, como si nunca hubiera estado peleando. Sin embargo, ahora solo tenía una cosa en mente: salir de ahí y poder estar en calma un rato.

Descabalgó de su caballo, acercándose al campo de batalla que ahora estaba ardiendo para mostrar su felicidad a las tropas. Y además, muy concretamente… Quería reunirse con la que había ejercido de comandante aquel día. Al encontrarse con ella todavía armada y montada en su pegaso, Gangrel no pudo hacer más que esbozar una sonrisa.

-Lo has hecho bien, Sarah. Muy bien. Y por lo que veo en tu ropa… Has cumplido mi orden de ejecutar a un enemigo. Aunque ahora mismo no es que te encuentres en tu mejor momento, precisamente –sonrió a la contraria, acercándose a ella para demostrarle lo poco que le importaban las armas que llevara- Deberías darte un baño. Y creo que yo también. Así que… Dejaré el mando a alguno de mis generales y volveremos al campamento con una pequeña escolta. Tampoco estamos a tanta distancia. Y además… Tampoco lo estamos de la frontera con Thracia

Lanzó ese comentario al aire, pero quienes supieran el verdadero plan del rey sabría a qué se estaba refiriendo. El objetivo del rey era expulsar a los emergidos de Manster, sí, pero también forzarlos a tomar Thracia. Con eso hecho, serían pacíficos con ellos como en la Plegia verdadera y tomarían a su vez el último bastión que quedaba en el continente y no rezaba a Grima.

-Descansaremos juntos. Y obviamente, buscaré una forma de compensar tu valor como se debe. Has sido muy útil para el país, querida mía. Mucho más que una concubina del rey, hoy has sido una verdadera guerrera.

Y lanzó un fuerte silbido, para llamar a su caballo, sobre el cual se montaría con agilidad. Su trabajo como monarca ya estaba hecho ahí, solo quedaba esperar a que llegara el ancho del ejército y tomaran la nueva zona asegurada. Y al ver que esto sucedió con inesperada velocidad, tomaría marcha hacia el lugar, con una tranquila sonrisa en el rostro. Había ganado la batalla. ¿Acaso había algo mejor para producir una sonrisa en el rostro de alguien?
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Mensaje por Eliwood el Sáb Feb 09, 2019 9:13 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Gangrel ha gastado un uso de sus dagas de bronce.
Sarah ha gastado un uso de su lanza de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP.


Ficha | Relaciones | Cronología
Gracias a Roxy por el nuevo avatar!! <3


AWARDS!:
[CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah] Scf7o0
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
espada de acero [5]
.
.
.
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Support :
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Lyndis [CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah] JEIjc1v
Izaya [CAMPAÑA DE CONQUISTA] Plegia's will[Priv. Sarah] JEIjc1v

Especialización :
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Experiencia :
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Gold :
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