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[Campaña de liberación] Desolation Comes Upon the Sky [Priv. Cassandra & Slider]

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Mensaje por Invitado Lun Mar 19, 2018 8:00 am

- Por el poder que me ha sido otorgado, yo, Sissi de la Tribu de los Dragones Divinos de Naga, Reina Manakete de Sindhu, la Primera de su Nombre, Señora de las selvas y los volcanes, Patrona de la Ciudad Universitaria, Madre de los Refugiados, y Guardiana de Valentia, te expulso de la Universidad de Sindhu hasta que vuelvas a reunir los requisitos necesarios para una nueva matriculación. Mi palabra es ley. – la voz de Sissi resonó por toda la habitación durante unos segundos, apenas interrumpida por el sonido del viento al traspasar por los ventanales y el ruido de la vida estudiantil que ocurría en las afueras. La quietud duró uno, dos segundos, antes de que el muchacho que había sido juzgado, estallara en llanto.  Imploraba que se le admitirá de nuevo, que no dejaría sus lecciones abandonadas, que no sabía cómo enfrentar la furia de su padre al hacerle conocer esa decisión.

A la reina se le rompía el corazón ver a un joven tan desesperado, pero esas eran las normas de la Universidad. Sindhu no podía prosperar sin unas leyes clave que regulasen cada aspecto de la vida política, económica y social, pues de lo contrario se establecería un libre albedrío imposible de controlar. Esto era especialmente importante en las sociedades que contaban con ciudadanos tan variados y diferentes entre sí. Además, esa decisión no había sido suya, si no del propio claustro de catedráticos. Ella era una simple figura de autoridad, un final al trámite que había sido la expulsión de un estudiante vago, negligente y poco agradecido. Muchos pagarían por tener esa plaza en las aulas y, sin embargo, la estaba ocupando alguien que no apreciaba la labor de la enseñanza y el aprender. Quizás, tras un periodo de reflexión, volviera con una actitud cambiada. Eso es lo que esperaba Sissi.

Con el sonido del llanto a sus espaldas, la Reina se despidió y caminó hacia la salida flanqueada por dos guardias. Su labor había sido cumplida y no deseaba quedarse allí más tiempo del necesario. A medida que avanzaba, estudiantes, visitantes y profesores se inclinaban por igual en señal de respeto. Incluso aquellos no conocieran su cara, pronto sabrían que era la soberana de Sindhu por los murmullos que la acompañaban allá donde iba, y que revelaban su identidad. Por su parte, Sissi asentía y regalaba a cada uno de los presentes una sonrisa cálida y encantadora. Ellos no lo sabían, pero la reina amaba a todos y cada uno de sus ciudadanos, y cualquier contacto que tuviera con ellos era apreciado enormemente. Le gustaría pasar más tiempo entre su gente, pero tenía muchas obligaciones como monarca, aún más siendo Sindhu un país recién creado. Debían afianzarse en el mundo y cultivar relaciones con otras naciones. Además de resolver el problema de los emergidos.

Suspiró por dentro y se agarró las faldas de sus ropajes. Llevaba una falda larga, con una ligera cola que arrastraba al caminar. Su color era de un brillante turquesa, que contrastaba con los continuos bordados en plata y piedras preciosas de la tela. Los motivos eran florares y geométricos, y hacían juego con la prenda superior: una túnica de manga larga que se abrochaba en el pecho, y cuya longitud llegaba hasta por debajo de sus rodillas. Un pañuelo amplio y semi-transparente del mismo color descansaba sobre sus hombros, mientras que su cabello rosa ondeaba a su libre albedrío a su espalda, apenas decorado por una joya de oro que reposaba en su frente. Elegante, descendió las escaleras del edificio principal de la Universidad, demostrando la misma cortesía y amabilidad al resto de personas que se encontraban con ella.

No obstante, esa paz no tardó en ser interrumpida por el sonido de gritos y pasos apresurados a su espalda. Sissi se giró a tiempo de ver cómo el muchacho al que acababan de expulsar de la universidad se lanzaba como loco hacia la reina. Sus ojos estaban rojos por las lágrimas y por el odio, y su expresión era una de pura desesperación. Ni siquiera los guardias tuvieron tiempo de reaccionar, cuando la mano brusca del beorc le agarró de sus finas ropas con tanta violencia que el golpe le dejaría una marca morada en el brazo. - NO PUEDE HACERME ESTO. – vociferó, y su voz pudo escucharse en toda la plaza principal y los jardines adyacentes. Los alumnos se llevaron las manos a la boca, sorprendidos y alarmados por el ataque. Nadie esperaba esa clase de actitud allí, y mucho menos dirigida hacia su soberana.

Oh, pero qué error más grave había cometido. Apenas instantes después de que llegara a su posición y le pusiera una mano encima, a Sissi la envolvió una luz blanca. ¿Acaso creía que estaba indefensa? Siempre llevaba su Dragonstone con ella a donde quiera que fuera, su poder estaba a un pensamiento de distancia, y no se dejaría amenazar por una débil cría de beorc que había faltado a su honor de todas las maneras posibles. En el lugar de la apacible reina de Sindhu apareció una dragona dorada, tan grande que los guardias salieron despedidos a ambos lados, donde varios estudiantes les ayudaron a incorporarse. Todos los presentes se echaron unos pasos más atrás, pues el riesgo de ser aplastados era real. Todos, menos el agresor, que actualmente estaba apresado bajo la garra derecha de la manakete. Un rugido interior nació de su garganta. Una advertencia. Le mostró los dientes afilados alzando las comisuras de los labios dracónicos en una actitud hostil, que pretendía establecer dominancia sobre su enemigo.

Lo único que se pudo escuchar en el lugar fueron los llantos del joven, completamente aterrado. Pedía piedad, o eso parecía porque no se le entendía muy bien entre la histeria y las lágrimas. Era un espectáculo patético, que generó disgusto en la misma Reina que le dijo: Careces de honor y de lealtad. No mereces pertenecer a esta institución ahora ni nunca. Deberías ser enviado a Senay por tu transgresión hacia la Universidad y hacia tu Reina. – gruñó, y su voz cavernosa, nada parecida a la suavidad de su tono normal, hizo que más de uno sintiera un escalofrío. Era fácil olvidar el gran poder que habitaba en el interior de la gentil reina de Sindhu, y por eso muchos les miraban con los ojos como platos. ¿Se lo comería? ¿Lo abrasaría con sus llamas? Todos guardaron el aliento ante el posible final del transgresor, pero Sissi no hizo nada de eso. Con la garra que le mantenía aprisionado contra el suelo le alzó como un fardo y se lo ofreció a los guardias que no tardaron en agarrarle. - Llevadle a casa de sus padres, que sepan la deshonra que ha traído su hijo a su casa.

Y dicho eso, la manakete batió sus alas y se hizo al cielo.

Ropa de Sissi:

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Última edición por Sissi el Dom Abr 01, 2018 10:32 am, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado Lun Mar 19, 2018 8:53 am

No hacía más de unos días que Artemis se había separado del grupo, pero seguía con la añoranza. Teníamos que dejarle partir en busca de su amigo. La misión del Kitsune era llevarnos hasta aquí, y nosotros ya nos las ingeniaríamos para ir preguntando por Lisa. Había sido muy bonito mientras duró, pero ahora Slider y yo volvíamos a estar solos en una ciudad donde el conocimiento y la sabiduría era la clave. Estaría por todas y cada una de las estructuras que me rodeaban... pero estaba hoy bastante desanimada. Agradecía que Slider estuviera a mi lado animándome. La paciencia que tenía Slider conmigo era más fuerte que el orgullo de un caballero.

Esa mañana me había despertado temprano, antes que el dormilón de Slider. Los dos dormíamos en la misma habitación pero en camas distintas. Gracias a nuestros ahorros nos pudimos pagar durante una semana un hostal bastante barato, el cual acogía a jóvenes aventureros que venían de visita a la ciudad de la sabiduría. Puede que hubiera sido un chollo, pero el dinero escaseaba así que este día lo dedicaríamos a buscar tRabajo.
Después de desperezarme, me vestí rápidamente detrás de un biombo que la pequeña habitación tenía. Hoy me apeteció ponerme mi vestido blanco pulcro con volantes por debajo y unas mangas que empezaban por debajo de los hombros. Los detalles en azul hacían juego al lazo que me había colocado en el cuello del mismo color. Después, fui hacía el espejo que estaba en la pared, cerca de la puerta, y recogí mi cabello en dos coletas.

Lista. —Sonreí ampliamente al verme tan guapa en el espejo. No es por tener ego, pero si que tenía bastante amor propio. Me giré a ver a Slider y, suspirando, dije:— ¡Slider, vamos, levanta! ¡Tenemos que buscar trabajo! —Exigía al manakete de cabellos rosados, acercándome a él. Una vez estaba a su lado, agité la mano diestra que sobresalía de su cama.— ¡Vaaaaamos! Me prometiste que iríamos a ver la universidaaaaaad a buscar a Lisa y a visitarla. ¡Vago!

Una vez conseguí que Slider se levantará e hiciera lo que tuviera que hacer (como vestirse y demás), salimos del hostal dejando nuestro cuarto ordenado y limpio para la noche. Nos tocaba un día cargado de aventuras.

[ . . . ]

Cerré la puerta de casa de aquella señora, volviendo a agradecer su hospitalidad y su dinero. Habíamos conseguido un trabajo bastante simple: ayudar a la señora a arreglar un desperfecto de su casa. Gracias a que tenía algo de manitas y a la ayuda de mi compañero, logramos conseguir el dinero suficiente para pasar un día más. Además, la amabilidad de aquella mujer mayor fue tal que hasta nos dio de comer antes de irnos.
Estaba bastante contenta porque estaba empezando a amar este pueblo, olvidándome un poco de la ausencia de Artemis. Con Slider a mi lado, caminamos hacía la Universidad: el orgullo de Sindhu.
Las calles estaban bastante transcurridas. En ellas se podía ver a jóvenes estudiantes dirigirse al mismo camino que andábamos; mujeres acompañadas de sus hijos que inocentemente hablaban o caminaban; parejas agarradas de la mano. Sindhu era un lugar maravilloso, carismático y hermoso. Incluso se podía decir que sería un perfecto hogar para vivir después de toda la catástrofe que había pasado. "¿Se sentirá a gusto Slider estando rodeado de tantos manaketes?", me pregunté a mi misma mientras nos dirigíamos hacía la universidad, la cual ya estaba apenas a unos metros de distancia.

Oye, Slider, ¿Estas agusto aquí? ¿Crees que Lisa se hubiese sentido a gusto y está ahora mismo aquí? Quizá esta estudiando en la universidad; a ella le encantaba leer y aprender, como a mí. Podría ser que se fugase porque quería pasar unos largos años aprendiendo, ¿eh? —Intentaba sonar convincente hacía el manakete, mostrando una mueca alegre, pero parecía muy forzada mi teoría. ¿Quién en su sano juicio pasaría años y años estudiando en el mismo lugar? Hasta yo misma, amante de un buen libro y forofa del conocimiento, me cansaría.— Bueno, quizá sea hora de...

Un estruendo me interrumpió, una imagen a lo lejos me acalló. Un gran dragón dorado estaba en la entrada de la universidad, rodeado por varias personas que veían la escena. No nos habíamos dado cuenta de quien estaba detrás de ese dragón, pero en mi cabeza vino un vago recuerdo de mi infancia. Lisa... era muy parecida a ese dragón.
Estaba en estado de shock, sin saber como reaccionar. ¿Sería nuestra amiga? No me dio tiempo a decir nada porque solo miré a Slider, esperando a ver como reaccionaba. Yo le había puesto una mano a la espalda, dudando entre si salir corriendo o no. El tiempo apremiaba y ese dragón ya estaba batiendo el vuelo para marcharse, dejando la Universidad. Estaba a unos metros de nosotros, se nos estaba yendo.

¡SLIDER, PUEDE QUE SEA LISA! —Vociferé con la adrenalina en mi interior. La señalé entonces con mi dedo índice. No estaba escuchando el murmullo de la gente que nos rodeaba de la sorpresa, pero si pusiéramos atención nos podríamos dar cuenta que estaban diciendo su identidad: la reina de Sindhu.— ¡TENEMOS QUE IR TRAS ELLA! ¡PUEDE QUE SEA ESTA NUESTRA OPORTUNIDAD!

Vestuario y aclaración:
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** Lisa, la amiga de Slider la cual están buscando, en forma dragón es muy parecida a Sissi con la diferencia que su color es más apagado y tiene un par de cicatrices (un corte en su ojo diestro y una pequeña en su vientre). Además de que es un dragón más joven y pequeño, y sus ojos son oscuros. Solo era eso~
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Mensaje por Invitado Lun Mar 19, 2018 11:19 am

Había llegado el momento de que Artemis marchará por su lado, había resultado ser un buen compañero, pero era algo que sabíamos desde el principio él tendría que seguir su camino y nosotros el nuestro, era algo que esperaba y que en parte no fue tan duro por eso mismo, por esperado, pero igualmente se echaba de menos su compañía, el no tener su voz entre nuestras palabras se hacía raro, pues nos habíamos acostumbrado demasiado rápido a él, incluso de vez en cuando miraba hacia atrás inconscientemente buscándole, para acordarme de que él se había ido por su cuenta, por otro lado a hacer lo que tuviese que hacer.

La primera noche en Shindu me costó pegar ojo porque me sentía un tanto cohibido, era consciente de la cantidad de manaketes o laguz que podían haber en aquel lugar, de hecho había llegado a oler a los manaketes y me sentía un tanto curioso ante aquello, nunca había pertenecido a un gran grupo de manaketes y en parte me sentía en casa, pero… ¿Cómo se sentía Cala? Llevaba tiempo siendo yo el extraño en tierras de humanos que ahora ser alguien más era una sensación extraña.

La rubia me despertó por la mañana, tirando de mi brazo, hasta que me hizo ceder y despertarme, no tarde en levantarme y vestirme, pues solía dormir prácticamente en ropa interior o muchas veces desnudo, pero ahora que compartía habitación con Cala no podía permitirme esas formas, ahora debía ser más cuidadoso con lo que hacía en la intimidad, de hecho desde que Cala viajaba conmigo en muchas ocasiones había conseguido mantener las formas.  Pero los ronquidos seguían en mí, de eso estaba seguro.

[…]


Ya en las calles de Shindu podía notar en el ambiente aquel olor tan familiar que me inundaba las fosas nasales, me encontraba algo más callado de lo habitual por lo extraño que me sentía, no es que tuviese incomodo ciertamente, pero si que me sentía fuera de lugar entre los míos, quizás por estar tanto tiempo alejado de otros como yo, cuando solo había estado con mi familia y luego con Lisa durante otro tiempo, nunca había estado en grupos demasiado grandes, no sabía si más de bebe lo había estado, en tal caso no lo recordaba.

La pregunta de Cala acerca de si me encontraba cómodo allí me hizo dudar, no podía definir la sensación como cómodo o incómodo.

Es raro – miré a Cala – llevo tanto tiempo entre humanos comunes y laguz de otro tipo que entre tanto manakete me puedo llegar a sentir fuera de lugar, conviven entre ellos y se sienten en casa, yo sin embargo no sé cuál sería mi lugar aquí – explicaba mientras caminaba – no sé si algunas vez te has sentido así o te sientes ahora. – solté un suspiro.

Cuando me comentó que Lisa quizás se hubiese marchado para estudiar negué con la cabeza, ella jamás se habría marchado sin despedirse por algo así, cada vez tenía más miedo de que la idea de que hubiese muerto o la hubiesen raptado se hacía más fuerte en mi mente, aunque no quería ceder a la desesperanza pues sabía que mi humor cambiar durante bastante tiempo si me dejaba llevar por el desánimo.  

Fue entonces cuando un sonido nos acalló a ambos, un rugido, entonces lo vimos un dragón dorado apareció y se alzó alejándose de lo que era la famosa Universidad de Shindu, las palabras de Cala eran ciertas, se parecía mucho a Lisa, incluso podía ser que fuese ella, sin pensármelo demasiado adopté mi forma dragón y con un movimiento de mi cola la hice subir a mis lomos para echar a volar y gritar cuando estaba cerca de aquel dragón que tanto me recordaba a Lisa, si es que acaso no lo era.

¡LISA! – grité tratando de que me escuchará – ¡SOMOS SLIDER Y CALA!¿NOS RECUERDAS? – la miré a los ojos.

Habían un par de cosas que me confirmarían si era ella o no, especialmente que nos reconociera y luego un par de rasgos físicos, especialmente un cicatriz cerca de su ojo y otra en el costado.

¿Por fin habíamos dado con ella?


Vestimenta de Slider:
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Mensaje por Invitado Dom Abr 01, 2018 11:45 am

El aire de Sindhu era húmedo y cálido. Las brisas marítimas acariciaron sus escamas doradas y la luz del sol las hizo relucir como oro pulido. Desde lo alto podía ver la Ciudad Universitaria como una perla en medio del verde salvaje de la selva, que se extendía a lo largo del horizonte. La naturaleza le llamaba a ir a hacia ella, tan era su vínculo con el mundo selvático. Ya fuera la jungla o el desierto, una parte de sí misma se sentía en paz al hallarse de explanadas infinitas de campos, bosques, mares o arena. Había cierta soledad en los manaketes, se había dado cuenta, quizás porque sus años largos de vida indicaban que mucha de la gente que conocerían en el camino no lo recorrerían entero con ellos. La naturaleza quedaba como un refugio, una piedra estable de continuidad que perduraría hasta la misma destrucción del planeta. Sissi había aprendido que cualquier conflicto interno que sufriera, podía resolverlo en gran medida rodeada de árboles y vida y contemplación.

Le había enfadado la actitud del muchacho. ¿Acaso no pensaba en el deshonor que traía hacia sí mismo con su egoísmo y su soberbia? No podía ser que su cabeza no pensara más allá de su dolor. Debía de haberse dado cuenta de sus fallos y admitirlos, para después tratar de ser mejor. Le desesperaba esa actitud que tantas veces veía en los beorc, a veces tan preocupados con el ahora que no veían el ayer o el mañana. Y, encima de todo, se había atrevido a ponerle una mano encima, una alta traición y acto en contra de la corona. Podría haberle castigado, quizás mandarle a Senay por osar atentar contra ella, pero antes debía dejar que ese fuego de su interior se extinguiera. Debía pensar con cabeza fría, hacer uso de la meditación y luego ya regresar a la civilización con una idea clara. Con suerte encontraría una respuesta en el murmullo de las hojas y en el sonido de los arroyos al correr entre el frondoso follaje.

Pero, casi de inmediato, su atención fue captada por un alboroto que la seguía. Sissi no se volvió porque se sintiera llamada. Si alguien hubiera gritado “Lisa” en cualquier otro momento apenas se hubiera perturbado, a no ser que lo hiciera de forma que llamase su atención o curiosidad. Sin embargo, esa vez era diferente. La voz era cavernosa y cercana, algo imposible de conseguir a tantísimos metros del suelo a no ser que proviniera de un dragón o un manakete. La presencia que sentía a su espalda, auténticamente única por la esencia propia de su raza, y el olor familiar que pudo percibir por sus fosas nasales le dieron la respuesta antes de volverse en medio del aire para hacer frente al desconocido. Los grandes ojos almendrados de la reina se clavaron en el manakete con certera precisión, una línea negra como pupila analizando al dúo.

Primero, se sorprendió de que fuera un hermano de raza el que la perseguía. Si hubiera sabido que había un nuevo manakete en Sindhu habría hecho lo posible por reunirse con él. Eran tan pocos en el mundo, que gran felicidad sentía al encontrarse con uno. Especialmente, ese era un tema muy sensible para Sissi, que había perdido a su querido hermano Kija hacía poco. El dolor había sido grande y, aunque podía cubrirlo y no pensar en ello con el peso de la corona sobre su cabeza, no por ello hacía que desapareciera por entero. Una parte de ella sufría. La visión del forastero le provocó que su corazón se le constriñera en el pecho. Detuvo su vuelo para quedar aleteando en medio del aire, su gran cuerpo dorado girado para enfrentar al manakete y la beorc que iba a su espalda.

Eso fue lo segundo que llamó su atención, aunque no especialmente para bien. Ya era extraño ver a uno de sus semejantes, como para que encima en su lomo cabalgase una muchacha. Si pudiera hacerlo, se le habría desencajado la mandíbula de la conmoción. Mucha confianza debía de depositar su hermano de raza para dejar a volar con él de esa forma tan vulnerable y comprometida. Ella había dejado en contadas ocasiones que algo así sucediera, ni siquiera al Príncipe Chrom, un aliado definitivo de Sindhu y suyo, le había ofrecido ir a su espalda cuando había estado herido. El solo pensarlo llenaba de nerviosismo y ansiedad a la reina. Por pudor, casi tuvo ganas de girar la gran cabeza dracónica para no mirar a la pareja. Pero no lo hizo, porque estaba claro que ambos eran foráneos y podría ser que no conocieran sus costumbres. Que la llamaran por otro nombre era perfecta evidencia de ello.

Hizo un gesto con los ojos hacia abajo, la jungla algo más dominada que rodeada la Ciudad Universitaria. No se sentía con ganas de hablar en medio del cielo.  Suelo. – ordenó, su voz profunda como el eco entre las rocas, y sin esperarles descendió entre los árboles hasta aposentarse en una cama de helechos, musgos y hongos, propios de los estratos inferiores de la selva. Elegante, se sentó con pose regia y esperó a que ambos estuvieran frente a ella para decir. No soy la persona a la que buscáis. Yo soy Sissi, Reina de Sindhu. – Le llamaba un poco la atención que no hubieran escuchado los rumores acerca de la reina manakete del sureño país, eso era lo primero que se decía sobre ella.
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Mensaje por Invitado Dom Abr 01, 2018 2:34 pm

No podía controlar los latidos de mi corazón. La emoción se dispersaba por mis poros y salía en forma de una sonrisa en mi rostro. Estaba delante de nosotros una esperanza que jamás hubiéramos pensado encontrar. No habíamos llegado ni a entender la situación ni a pensar que podría ser otra persona. Estábamos tan desesperados en encontrar a nuestra amiga que no pensamos que podría ser otra persona. Habíamos escuchado hablar sobre leyendas del majestuoso dragón dorado que reinaba Sindhu, pero, en ese momento, Slider y yo veíamos a Lisa. No pensábamos que en unos segundos todas nuestras alegrías se romperían con solamente una frase.

Nos quedamos detenidos en el aire. Sentía como la suspensión y el estar tan lejos del suelo me daba esa sensación de vértigo, pero intentaba no mirar hacía el precipicio. Me agarraba con fuerza a las escamas de mi amigo Slider, estando recostada un poco para evitar caer. Confiaba tanto en Slider que sabía que si me caía él iría a cogerme; aun así, no quería pasar el mal momento de la caída al vacío.
El dragón dorado se volteó, mirándonos con esos ojos brillantes. Había algo en ella que no me estaba empezando a gustar. ¿De verdad era Lisa? En ese momento no me di ni cuenta, estaba tan feliz y sonriente por haberla encontrado que ni pensé que podía ser otra persona. Emocionada, solté un grito. Justo en ese momento la manakete nos ordenó que bajáramos del cielo. Estaba bien sabido que no era muy normal ver a dos dragones en suspensión, tapando la luz del sol a los humanos. Quizá por no llamar la atención o por no alertar más a los ciudadanos de Sindhu, la dragona bajó. Yo miré a Slider y, dándole unas palmadas a modo de orden, comenzamos a bajar.

En cuanto estuvimos a su lado, con la ayuda de mi amigo dragón, pude bajar de sus espaldas. Mis pies tocaron suelo y, en ese momento, sentí ese placer absoluto. Me gustaban las alturas y me encantaba volar a lomos de Slider, pero lo que más adoraba era la sensación de cuando sentía la gravedad otra vez en mí.
Antes de que pudiera caminar hacía la dragona, su voz poderosa me detuvo. Sus palabras me dejaron fría por fuera y rota por dentro. Habíamos estado tan cerca de encontrar a Lisa… pero nos habíamos confundido. Me sentí horriblemente mal porque yo fui la primera en reaccionar al ver al dragón. Mi mirada empapada fue a mirar a Slider, volteando la cabeza. Mi mueca demostraba que estaba a punto de decir algo, pero solo solté un suspiro. “Hemos estado tan a cerca…”, era lo que decían mis ojos.

Limpié las lágrimas —las cuales era una mezcla entre decepción y emoción por lo que antes pasó— y volví mi mirada hacía la proclamada reina. Agarré los bajos de mi falda, incliné mi cuerpo y la saludé con los modales que mis padres y el Lord de Pherae me enseñaron desde que era infante.

Mil perdones, su majestad. La hemos confundido con una vieja amiga. No conocíamos sobre su majestuosa presencia así que espero que sea misericordiosa y pueda entender que solo somos un par de aventureros en busca de nuestra compañera. —Pedí perdón, manteniendo mi reverencia ante la mujer y alzando la voz para que me escuchase. Me puse recta, mirando unos segundos a Slider. — Mi compañero y yo no teníamos intención de molestarla.. —Le di un golpe a Slider a modo de que él reaccionara también para pedir perdón. Estaba harta de educarle, pero nunca me cansaría en insistirle e inculcarle modales. Volví a mirar al dragón dorado— Espero que no hayamos sido una molestia, su alteza. No queríamos perturbar su vuelo…

Estaba acostumbrada a tratar con la realeza; al ser alguien de familia de alta cuna era lo primero que te enseñaban. No me temblaba la voz en ningún momento, sin embargo la presencia de aquel dragón tan parecido a Lisa me hacía tener esos sentimientos encontrados. Al no ser Lisa me sentía bastante mal, pero estar delante de la mismísima reina de este hermoso lugar se me hacía como un regalo. Tener contactos con las personas importantes era lo que siempre me habían aconsejado. ¿Sería una compensación del destino haber fallado, pero poder conocer a la misma reina de Sindhu?
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Mensaje por Invitado Lun Abr 02, 2018 10:48 am

Cuando la dragona nos indicó que bajáramos así lo hicimos sin dudar, pero había algo que no me encajaba, Lisa no actuaria de esa manera, para nada, todo lo contrario, Lisa se habría alegrado de vernos o eso esperaba, en caso de que se hubiera olvidado de nosotros sería algo triste pero probablemente la haría entrar en razón, por otro lado su olor, su olor tampoco era como el de Lisa y eso era lo que provoco que me frustrará yo tenía claro que no era Lisa, pero aun así descendí, igual tenía información acerca de ella.

Cuando nos confirmó que efectivamente no era Lisa solté resoplé profundamente ya habiendo recuperado mi forma humana, no me gustaba estar en tierra en mi forma dragón, no me gustaba gastar energía de forma innecesaria.

Por su parte Cala parecía bastante interesada en lo que tuviera que contarnos aquella dragona que no era Lisa, algo que para mí era mucho más importante que cualquier otra información que nos pudiera dar. Si, tal vez sonaba algo arrogante y de mala educación, pero mi frustración era muy grande y a veces eso me hacía incapaz de razonar, solo hablaba y actuaba mi molestia.

Finalmente se confirmó que efectivamente era la reina de Shindu algo que para mí no significaba absolutamente nada, nada de nada en realidad, era molesto tener que estar delante de alguien con quien había confundido a Lisa para encima decirme que no era ella y que encima era la reina de aquel lugar.

Mucho blablabla – murmuré – si no tienes información sobre Lisa no me interesa. – me crucé de brazos y le di la espalda la dragona y a Cala que si parecía interesada en que fuera una reina.

Por su forma de hablar parecía que sabía bastante protocolo, yo por mi parte no tenía ni idea de cómo actuar ante ella, por otro había algo que me resultaba molesto, su olor me resultaba bastante parecido al de mi familia y estaba seguro de no haberla visto jamás, pero su olor me despertaba cosas por dentro, una sensación de familiaridad que me incomodaba por el simple hecho de que hacía tiempo que no lo sentía y tenerlo tan fuerte era como que me hacía verme a mí mismo más débil.

¿Por qué estaba tan extraño? Era como si mi ánimo de siempre estuviera más decaído de lo normal, fuese como fuese, ya daba igual, aquí no parecía que fuésemos a encontrar a Lisa tampoco.

Suspiré y me giré hacia la dragona señalándola con el dedo. Pero algo me interrumpió justo antes de que fuese capaz de hablar, parecía que teníamos visita y por alguna razón tenía la corazonada de que la compañía no venía con intención de hacer amigos.

Mierda – murmuré, mirando alrededor, poniéndome en guardia.

Fuese lo que fuese que estuviese a punto de aparecer no me pillaría desprevenido y lucharía con todas mis fuerzas para salvar mi vida, la de Cala y la de aquella dragona, era cierto que no era Lisa, pero también era cierto que tampoco había hecho nada para que yo dejase que alguien le hiciese daño.
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Mensaje por Invitado Vie Abr 06, 2018 8:03 am

Sissi sintió pena por ambos jóvenes, lo que le hizo cambiar su actitud de una algo defensiva a una más pacífica, preocupada por ellos. Su padre siempre le había dicho que la compasión era la virtud de los reyes y, aunque ella no había sido criada para dirigir una nación, sino un pequeño ducado perdido en Hatari, sí que había aprendido a empatizar y entender a los demás. Estaba en su carácter. Así, olvidado en un segundo el enfado que la había llevado a transformarse, la manakete regresó a su cuerpo antropomórfico. Una luz la envolvió hasta que en su lugar quedó su figura más parecida a la de una beorc, de no ser por sus largas orejas llenas de pendientes que eran propias de su raza. Se agarró la falda de su elaborado atuendo verde, y bajó hasta ambos extraños con una sonrisa de disculpa en los labios. Cassandra era la persona que tenía más acerca, por lo que se dirigió primero a ella. Le tendió un pañuelo de seda con bordados en hilo de plata para que se enjugase las lágrimas.

- Tome, querida, no debe darse por vencida. Estoy segura de que encontrarán a su amiga. Lamento no poder ayudar mucho. La única Lisa que conozco es la Princesa de Ylisse, y estoy bastante segura de que no es una manakete como yo. – no había sido muy difícil saber por qué la habían confundido. Muchos miembros de su pueblo tenían una apariencia parecida a la suya. Las escamas doradas eran una característica propia de los dragones divinos. A los ojos de alguien neófito en la materia, todos ellos podían ser tan semejantes que propiciaba la confusión.  – No se preocupe, no me ha molestado. Aunque he de decir que sí que es una sorpresa encontrar a una joven pareja como la vuestra. Más aún cuando uno es un manakete.

Si bien era algo grave el no reconocer a la reina de un país, no se lo echaría en cara. Eran jóvenes y eran extranjeros, su labor era educarles y ayudarles en la medida de la posible. Aunque tal parecía que su hermano de raza sería un hueso duro de roer. Cambió su atención de ella hacia Slider con las cejas ligeramente fruncidas. Entendía su frustración si esperaba encontrar a su amiga y no lo había hecho, pero esa actitud era más propia de una cría de beorc que la de un manakete. Si había algo que les sobrara a los miembros de su raza, eso era el tiempo. En ese caso, Cassandra tendría más derecho a enfadarse que él, que tenía miles de años por delante. - Hermano, la impaciencia no es una actitud favorecedora. – dijo con tranquilidad, apenas perturbada por la actitud infantil de su semejante. - Además, ¿no es útil hasta cierto punto saber que Lisa no está en Sindhu? Es duro y difícil, pero también útil. Podéis tachar un lugar de vuestra lista. Conozco a todos los manaketes de mi país, así que estoy segura de lo que digo.

Meditó un poco sobre qué más información les pudiera ayudar, continuó: tampoco creo que un manakete fuera a vivir a algún país como Daein o Begnion, propensos a esclavizarnos. Tampoco a los países tan tomados por emergidos que son naciones emergidas, como Phoenicis. Diría que su amiga podría estar en el Reino de Senay, gobernado por el Rey Thoth, o quizás Mitgard, el ducado del Jarl Brynjar. Me consta que los manaketes son bienvenidos en ambos países. Si no, Akaneia es otro lugar donde podría estar. Ylisse y Altea veneran a Naga y los manaketes son sangrados en esas tierras. Pero aparte de ellos dos, no recomendaría ir a otros sitios del continente, no creo que sea muy seguro. – Había escuchado cosas preocupantes del conflicto entre Hoshido y Nohr, y realmente nunca los enviaría a un país como Plegia, lleno de fanáticos de Grima. Regna Ferox decían que era una provincia de Altea, pero puesto que desconocía todo sobre el tema no se atrevía a sugerirles viajar allí.

Les hubiera hablado de más lugares donde podrían hallar a su amiga, pero un escalofrío le hizo callar y mirar hacia la frondosa jungla. No se podía ver aún nada. Sin embargo, Sissi sabía que había enemigos cerca, podía sentirlos como un viento aciago de maldad que se extendía por los alrededores y hacía saltar todas sus alarmas. Todo su ser estaba alerta, dispuesta a defenderse en caso de un ataque inminente. Debía de ser un grupo de enemigos que se dirigía a la Ciudad Universitaria. Las agresiones por parte de los emergidos eran algo continuo, en especial los que venían de la selva, por lo que a menudo debían hacer incursiones para acabar con los grupos antes de que arremetieran contra las zonas urbanas. Aquel momento era tan bueno como cualquier otro. Se acercó hasta colocarse delante de ellos. La Reina era fuerte y se había curtido en multitud de batallas, no dudaba de su capacidad para protegerles.

Al estar tan cerca, pudo oler con mayor claridad a su hermano de raza. Antes se había fijado en que había cierta familiaridad entre ambos, no sabía si era por pertenecer a la misma tribu o si, por azares del destino, tenían lazos de sangre más cercanos. Ese no era el momento de hablarlo. Enemigos se acercaban. Suspiró. - Ese lenguaje. – le regañó sin verdadera fuerza, y después volvió a retomar su apariencia dracónica.
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Mensaje por Invitado Vie Abr 06, 2018 3:23 pm

Cassandra sintió un golpe en su pecho muy fuerte al ver la respuesta que su amigo le dio a la mismísima matriarca de este lugar. La rubia conocía la actitud despreocupada del pelirosa, sin embargo esas maneras que tenía de tratar a las personas cuando no le interesaban eran las que ella más odiaba. Se sintió horrible por dentro y avergonzada por fuera, mostrando en sus mejillas redondas un rojo muy intenso. La rabia y la vergüenza ajena eran una mezcla de emociones para la estratega. Ella estaba muy enfadada porque estaba contando las veces que le había dicho a Slider que se comportara bien, sin ningún efecto en ninguna de esas veces. Ella inhaló aire y, antes de que pudiera hacer algo, fue interrumpida por la reina.

La majestuosidad de aquella mujer era envidiable. Cassandra observaba su belleza como quien contemplaba un hermoso cuadro pintado con amor y cariño. En lo que primero se fijó fue en sus hermosos ojos dorados brillantes, como si fueran dos luceros relucientes en una noche estrellada. Bajando más puso encontrarse con sus labios gruesos que se movían al estar hablando. Cuando siguió analizando, se quedó embelesada en el vestido tan hermoso que llevaba. Comparó el de la reina con el suyo, sintiendo vergüenza ajena por los trapos tan ligeros que llevaba; vaya noble estaba hecha. Lo que más llamó la atención de la rubia era el color de su cabellera bien colocada: rosa. Rápidamente pasó una ligera mirada por Slider. Qué casualidad de que dos manaketes tuvieran el pelo rosa. ¿Sería que algunas personas de su raza los tenían así o quizá por cosas del destino?
Volvió su mirada a la reina, intentando hablar con ella con el mejor protocolo posible. Cassandra estaba acostumbrada a tratar con nobles de título y muchas personas importantes, por lo que no le daba miedo a mantener una conversación con personas de alto estándar social. Con las mejores formas que conocía, un lenguaje corporal abierto y una sonrisa impecable, contestó a la reina cuando tuvo su turno:

Muchísimas gracias por su pañuelo y su bondad, su majestad. No es a la princesa de Ylisse quien estamos buscando como bien afirma, pero seguiremos buscando. —Comentó la rubia de coletas con esa tranquilidad que siempre se denotaba en ella cuando hablaba con las personas. — ¿No son muy comunes los manaketes? La verdad es que Slider y yo viajamos siempre juntos y somos amigos desde hace bastante tiempo, pero… supongo que nos tomamos su asombro como halago. —Inclinó la cabeza con una sonrisa.

Debería de hablar esto con Slider. ¿Por qué se sorprendía de los manaketes? ¿A caso no eran una raza muy particular? El dragón jamás le había contado nada sobre su raza y ahora le entraba la curiosidad sobre todo aquello.
Cassandra se quedó en silencio, pensando en que era lo que podía preguntarle a Slider. Mientras, ajeno a sus pensamientos, la reina estaba dirigiéndose hacia la impaciencia de él. Parecía como si una madre estuviera riñendo a su hijo.

Supongo que tiene razón. —Cassandra volvió a la conversación cuando la reina les intentó ayudar dándole ese punto de vista tan positivo. La rubia también era una chica bastante positiva así que debía de conseguir animar a su amigo. Después fue escuchando los reinos en los que podían estar, dándose cuenta que debía de apuntar todos y cada uno de ellos en una lista: y así hizo. Sacó su diario de viaje y, en la última hoja, cogió una pluma de tinta y comenzó a apuntar todos los reinos y ducados donde podría estar su amiga: Senay, Mitgard, Akenia… ¡Muchísimas gracias, su majestad! Su información nos ha sido de gran ayuda. Es usted muy misericordiosa. —Le dijo con una sonrisa amplia en su rostro, mirando a Slider mientras le enseñaba lo que acababa de apuntar. No todo estaba perdido.

Los ojos de Cassandra estaban pegados al folio donde escribió los reinos. Ella no se daba cuenta de lo que su alrededor estaba a punto de pasar porque solo pensaba en donde podría ver un mapa con tranquilidad para trazar la siguiente ruta. Levantó la cabeza, guardando su diario otra vez en su bolsa de viaje y miró hacía la reina que miraba al horizonte. Slider también. ¿Qué se estaba perdiendo?

¿Ocurre algo? —Dijo Cassandra para que alguno de los dos contestase.

Pero no hizo falta respuesta porque enseguida se dio cuenta que, al horizonte, unas sombras se estaban acercando cada vez con más velocidad. Los sonidos de ultratumba la hicieron alertarse, tragando saliva. Ya sabía que es lo que esos manaketes habían notado antes que nadie.
Miró hacía la reina y hacía Slider, estando en medio de ellos dos. Estaban en medio de la calle, pero ellos no eran los únicos que se habían dado cuenta de lo que estaba a punto de pasar. Los ciudadanos que estaban tranquilamente paseando ahora corrían por sus vidas, alejando a los niños o a los más ancianos para que no les pasara nada. En poco tiempo las calles se vaciaron, quedando solamente los guardias de la ciudad universitaria y nosotros tres.

Mi reina, le ayudaremos con esto. Sabemos luchar, podemos ser de ayuda después de la información que nos ha dado. —Le dijo Cassandra a la reina con una voz segura, sacando entonces el libro de hechizos. Puso una mano diestra en el hombro de Slider, diciéndole. — Slider, quiero avisarte de que estamos en una ciudad ajena donde estamos de invitados. La única orden que te doy es que seas cuidadoso en todo momento y no destroces nada. Yo te protegeré las espaldas. Sé que es mucho pedir y muy costosa la misión, pero si la pasamos: tendremos la aceptación de la reina. ¿Está claro? —Susurró Cassandra al oído de su compañero manakete, esperando a que este se trasformase y pudiera cubrirle sus espaldas.
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Mensaje por Invitado Jue Abr 12, 2018 4:59 pm

Por mucho que aquella reina dijera que era bueno poder descartar un lugar donde buscar debido a que Lisa no estaba allí era buena señal, pero no, para él no, lo bueno era encontrar a Lisa y punto, lo demás solo era demasiada palabrería, era un tanto impaciente, era cierto que él tenía mucho tiempo para poder encontrar a Lisa y que quizás Cala no tenía tanto tiempo, pero él chico quería encontrarla cuanto antes para que Cala también pudiera disfrutar de su compañía, si no la llegaban a encontrar ese viaje habría sido una pérdida de tiempo, pero también era cierto que el entrenamiento de Cala era importante y era necesario que ella pudiera entrenar para convertirse en una buena estratega.

Cuando Cala obtuvo el mapa suspiro, había demasiado países donde buscar y una vuelta al mundo llevaba su tiempo, aunque esperaba que realmente no tuviesen que recorrer todos los países para poder encontrarla, no pensaba que Lisa se hubiera alejado tanto, era algo un poco extraño… ¿Por qué iba a hacer algo así? No tenía sentido.

Pero ahora todo eso no era importante, aquellos seres volvían con ganas de tocar las narices, estaba dispuesto a dejarles nuevamente calentitos, le apetecía freír a unos cuantos de ellos, pero escucho las palabras de Cala, le pidió que no destrozara nada y que intentara ser cuidadoso, en eso Cala tenía razón, debían ayudar sin liarla demasiado por que no estaban precisamente en campo abierto donde el bueno de Slider tenía más facilidad de movimientos, entonces sonrió mirando a Cala y a la reina.

Quizás es un buen momento para luchar a puños – dijo orgulloso, no sería la primera vez que lo hacía – así no destrozaré nada, su majestad. – miro a Cala y luego a la reina, que cada vez notaba que había algo que le resultaba mas familiar en ella.

Cuando pudo ver la cantidad de Emergidos que se acercaban comprobó que era una locura y que en esta ocasión lo mejor era que se transformase en dragón para poder acabar con aquellos bichos.

Bueno… – soltó un aburrido suspiro – creo que lo mejor será que lo haga la próxima vez, en esta ocasión volveré a transformarme. – dijo el peli-rosado, aunque no parecía conforme.

Una vez transformado en dragón echo a volar un poco para que sus patas traseras cayeran sobre tres emergidos aplastándolos prácticamente sin opción a que pudieran hacer nada, era algo que a Slider le encantaba hacer, luego inclino su cuerpo hacia delante lanzo una bocanada de fuego a otro emergido que iba directo hacia él, el cual no tardo en caer calcinado sobre el suelo.

Patéticos… – murmuró el dragón – si no fuerais tantos probaríais mis puños. – dijo aún algo frustrado.

Podía ser un chico bastante cabezón cuando una idea se le metía en la cabeza y era capaz de estar dándole vueltas durante horas o días, realmente también dependía de la importancia que tuviera para el peli-rosado el tema. Aunque generalmente al poco tiempo se le pasaban esas cosas.

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Mensaje por Invitado Jue Mayo 24, 2018 9:18 am

Sissi se transformó con elegancia, como una persona totalmente acostumbrada a ello. Antes había tenido mucho cuidado de que su enorme cuerpo no estuviera cerca de nada al cambiar de cuerpo antropomórfico al dracónico, pero a medida que usaba más sus habilidades, había sido más consciente de su alrededor hasta tal punto que ya no temía aplastar a nadie por descuido. La manakete dorada se mantuvo en su sitio, su alas extendidas hacia arriba y su larga cola ondulando a su espalda. Ambos jóvenes se prepararon a su modo para luchar a su lado. Después de la batalla se lo agradecería, pues Sissi apreciaba el apoyo de cualquiera que quisiera proteger Sindhu, pero por ahora mantendría la concentración en el presente. Protegería a su pueblo y a los extraños viajeros. La muchacha sacó un tomo, por lo que Sissi supo que debía dedicarse a las artes mágicas y, seguramente, a alguna rama de conocimiento. Los académicos e intelectuales eran más que bienvenidos en su país, en especial aquellos que tenían tan buena educación como la muchacha. Su nombre era Cala, según recordaba que la habían llamado al principio.

Por el contrario, su hermano de raza era una caja de sorpresas para ella. Slider. Le resultaba familiar, pero no sabía de qué. Hacía tiempo que había dejado de preguntarse esas cosas pues cuando uno superaba los 800 años de edad, a menudo había sucesos y personas que le recordaban a otros del pasado. Pero con Slider no era una mera sensación de reminiscencia. Su olor era cercano, conocido, y a la vez estaba segura de que nunca le había visto. Recordaba a todos los manaketes que habían pasado por su vida, y el misterioso muchacho no era uno de ellos. Quizás lo estaba pensando demasiado, desde que le habían informado del destino de su hermano Kija, una parte de sí misma había muerto. Había un hueco vacío y oscuro en su corazón, en el que antes había amor, y en el que ahora solo quedaba la soledad de volver a estar sin familia. Todos habían muerto de una manera u otra, cada una más horrible que la anterior. Los manaketes, pese a todo su poder y fortaleza, cargaban con ellos una maldición: la soledad y el conocimiento de que, aunque todos se marcharan, su existencia perduraría durante milenos.

Al menos, Slider parecía haber encontrado una compañera de aventuras, una amiga y amante. Quizás era su mujer, Naga sabía que los beorcs se casaban muy pronto. Parpadeó y enfocó su vista en ambos. Sus grandes ojos almendrados, de un color que distaba del dorado usual en su mirada, más parecido a la miríada de tonos de una hoguera, observaron con cierta curiosidad a ambos. De no ser porque sabía que Slider era un manakete, habría pensado que era un humano normal, pues su comportamiento y manierismos distaban mucho de la cultura manakete. ¿Luchar a puños? Esa idea le pareció una locura sin sentido, en especial cuando los civiles habían apresurado su paso para ponerse a cubierto. En las cercanías, podía escuchar el ruido de armas y los gritos de los guardias al haber sido informados de un nuevo ataque de los emergidos. Las criaturas no tardaron en aparecer frente a ellos, armas y tomos en mano. Los magos fueron los que primero obtuvieron la plena atención de la reina, pues su poder era el único capaz de atravesar la dura capa de escamas que recubría su cuerpo.

Sissi gruñó y al primer hechicero le lanzó un hálito tenue, ligero, que le impidió formular las palabras que habrían desatado su magia. Miró por unos momentos confuso su libro, antes de alejarse para dar lugar a otros enemigos que sí podían hacer uso de sus habilidades. El siguiente en llegar, era un mercenario que portaba un hacha. A él le dirigió su aliento de manakete ofensivo, brillante y eficaz como un rayo, que no tardó en calcinar parte del enemigo aunque aún seguía en pie. Una lanza arrojada por una Jinete Pegaso resbaló en las escamas de su pecho, pero el arma hizo girar la pesada cabeza dracónica de la reina en su dirección. Entrecerró los ojos y su pupila formó una fina línea que indicaba la molestia que sentía en su interior. Con un par de aleteos fuertes, alzó el vuelo por encima de las cabezas y los edificios, y comenzó a dar caza a la emergida y a su montura. Confió en que ambos jóvenes fueran capaces de apañárselas en el suelo durante unos minutos mientras ella se ocupaba del aire.
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Mensaje por Invitado Miér Ago 08, 2018 7:12 pm

- Qué rollo... - La contrariada manakete bufaba para sus adentros mientras atendía a una de las tantas aulas que albergaba el amplio centro educativo. No estaba allí por gusto propio, como era de esperar, si no la voluntad de la monarca por que se “integrara en el ambiente de igualdad y fraternidad en un viaje por la sabiduría y el entendimiento”. Lo que no entendía Sissi es que la mayoría de las enseñanzas que se impartían ya las había interiorizado hace años, tras un proceso de lectura autodidacta en un periodo que abarcaba lo que decenas de vidas humanas. Los beorcs o los laguz bestia, por su parte, debían asimilar todas aquellas nociones en un lapso de tiempo irrisoriamente pequeño. Debían mostrar su progreso contrarreloj, cómo no, a través de sendas evaluaciones. Sissi estaba encargándose de aquellos menesteres mientras su sirvienta se veía avocada a hacer tiempo hasta que sus deberes finalizasen.

Volviendo al tema del conocimiento, cada cuarto de siglo la mayor parte del saber humano perecía junto con sus recipientes mentales, teniendo que repetir el proceso con la nueva generación en un ciclo interminable de desaprendizaje. Qué poco práctico. Y la efectividad quedaba en entredicho cuando el alumno no podía tomarse un tiempo que no tenía en interiorizar los escritos, alinearse con la forma de pensar de su autor, introspeccionar, razonar por sí mismo y llegar a las mismas conclusiones que se muestran al final de la obra. En cambio, debían emplear más su memoria que inteligencia, a excepción de unos cuantos genios que conseguían asimilar por completo todas las enseñanzas en un tiempo récord. Kuroyuki intuyó un principio de ley natural en el sistema académico de la universidad, pero para que surtiera el efecto deseado debían ajustar el sistema de recompensas un poco más. Quien sabe... Kuroyuki guardaría en sus adentros la sugerencia de premiar a los alumnos más aventajados emparejándolos entre ellos y asegurando una descendencia muy numerosa y fuerte, mientras que los que estuvieran por la cola se les dificultara la opción de procrear...

Mientras su mente se perdía en divagaciones, una sensación extraña pero familiar invadió su mente sin permiso, cuyo origen provenía de las afueras de la misma universidad de Shindu. Ni más ni menos que emergidos, un ente sobrenatural que acababa de llegar al mundo pero con una fuerza capaz de hacer tambalear a los cimientos de la misma civilización. Los más apegados a ella, como no podía ser de otra forma, tomaron la llegada del viento aciago con una agresividad desmedida, sin embargo Kuroyuki no compartía la misma beligerancia hacia ellos. Salvo en lugares claramente infestados, los emergidos causaban los mismos o menos estragos que la acción humana, por lo que le resultaría hipócrita odiarlos más que a los humanos. Su postura fue la de mantenerse al margen en la medida de lo posible hasta que eventualmente alguien descubriera la razón de su existencia.

Junto con la tenebrosa fuerza invasora pudo detectar el aura de Sissi, seguramente ejerciendo su deber de soberana y protectora del pueblo. La infante milenaria no era capaz de entender la seriedad con la que se había inmiscuido en la vida de los humanos, hasta el punto de compartir su vida y preocupaciones en un cien por ciento. Para ella, todas las labores de criada se las tomaba como un juego, un divertimento que ejecutaba a la perfección y sin esfuerzo, y que por supuesto evadiría si le causara el más mínimo resquicio de estrés. Sea como fuere, la ex guardiana de la selva intuyó que sería de recibo reunirse Sissi en el campo de batalla para - Hmmm... - No sabía qué haría una vez viera a la reina, ya que la opción de erradicar a los emergidos quedaba reservada para los momentos de verdadera necesidad.

[…]

A su llegada, convenientemente tardía, sólo quedaban los reductos de la batalla. Una pila de cuerpos disfuncionales por diversos motivos: Principalmente por combustión o desgarro, mas no reparó en analizar en detalle cada uno. Mientras tanto los emergidos restantes se defendían de una fuerza que no podían contener. Oh, Sissi, que irónico era su contraste de heraldo de la paz frente al salvajismo de su forma ancestral. Era una constante inevitable en los dragones antiguos, ellas eran herederas de su legado. - Reina Sissi. - Comentó a su espalda, a una distancia prudencial tanto de los emergido como de la manakete sagrada. - La guardia de la ciudad ha sido debidamente informada y con su actuación ha dado tiempo y diezmado a sus fuerzas lo suficiente para una defensa segura de la universidad. - Añadió con la misma parsimonia, preparando el terreno para sus siguientes palabras. - No malgastes tiempo y energías en vano, deja que tus soldados se encarguen del resto.
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Mensaje por Invitado Sáb Ago 11, 2018 8:06 am

No fue muy complicado para dos manaketes y una estratega hacer frente al grupo de emergidos que había tratado de atacar la ciudad. Sissi acabó con la jinete pegaso sin demasiado problema, pues eran unidades débiles para ataques directos, en especial los de una figura dracónica con inmenso poder. El cielo era también parte de su reino, y cualquiera que osara ocuparlo con fines malignos sería arrasado de igual forma que las figuras enemigas que se movían por tierra. A menudo solía combatir en el suelo pues los emergidos que más encontraban en Sindhu eran de clases no-voladoras. Para acabar con ellas, era mejor estar con las patas en tierra pues tenía comprobado que cuando estaba mucho tiempo con el estómago al descubierto, este podía ser víctima de ataques con lanzas que podían llegar a perforar la tierna piel del interior. Sin embargo, al dar caza a la jinete no tuvo que preocuparse por eso ya que estaban demasiado altas en el aire y su velocidad de vuelo impedía que cualquier ofensiva desde abajo le llegase.

Volar era uno de sus grandes placeres desde que hubiera aprendido a controlarse en su forma ancestral. Aunque hablar de control sería erróneo, más bien era aceptación: ser consciente que el ser manakete no podía reducirse a simplemente usar su forma dracónica cuando le convenía. Era una parte de sí misma intrínseca y compleja, con su propios deseos y gustos, un alma tan antigua como los pilares que sostenían la civilización. Si trataba de reducirla y tenerla como un vestido que usar y descartar según le apeteciera, más salvaje se volvía, más trataba de revelarse. Sus padres no le habían explicado que cada uno de ellos podía reaccionar de una forma diferente a sus dragonstones. Ahora Sissi sabía que cada persona era un mundo, y que no había nada malo en no ser totalmente igual en su forma dracónica que en su forma antropomórfica. Cuanto más lo aceptaba, más consciente era de lo que hacía al transformarse, y más calmada estaba su alma. Si hubiera seguido por el otro camino estaba segura de que le hubiera llevado a la locura.

La guerra contra los emergidos le había enseñado eso, y muchas cosas más.  Era irónico que en la paz una era como deseaba ser, pero en tiempos de barbarie una aprendía cómo era realmente. Sissi aún trataba de reconciliar ambas posturas. Pero tiempo al tiempo, por suerte, eso era algo que una manakete tenía de sobra. No como los emergidos, que  pronto verían su final. La jinete pegaso así lo hizo, cayendo en picado al vacío tras ser alcanzada por el hálito de la reina. Por su parte, Sissi regresó al lugar de confrontación inicial y vio que casi todos los enemigos habían caído producto del otro manakete y su amante estratega. Parecían hacer un buen equipo. Aun así, aún quedaban en pie algunos en pie, a los que no tardó en dirigir su atención. Con uñas y dientes se lanzó contra varios: su peso y sus poderosas mandíbulas descuartizaron a un emergido en dos con facilidad. Su aliento destruyó a otro que trataba de atacarla por un costado. En el transcurso de los meses había ido haciéndose más y más fuerte, hasta llegar casi al pico de sus habilidades. Aquellas criaturas no tenían nada que hacer contra ella.

La presencia del otro manakete y la estratega también ayudaba, aunque se fijó en que la joven había sido herida en el proceso y se agarraba con fuerza al lomo de su amante. Tras encargarse de un enemigo, Sissi se dirigió a ellos y dijo: Os agradezco la ayuda, pero puedo continuar sola. Los soldados de Sindhu no tardarán en llegar. Deberías llevarla a un médico, esa es tu prioridad ahora. – así, ambos jóvenes desaparecieron habiendo hecho un favor al reino de Sindhu y con todo el agradecimiento de la monarca, que se prometió el ir a visitarles una vez que la Universidad estuviera segura. Poco después, pudo sentir la presencia de su sirvienta Kuroyuki que, haciendo caso a su propia naturaleza, llegaba tarde para lo que no le interesaba. Sissi hubiera rodado los ojos de estar en su forma antropomórfica, pero como manakete sagrada se limitó a mirarla con fijeza y gruñir con suavidad, como ofendida por tal sugerencia. - ¿Acaso no luchas contra los que te han hecho daño, Kuroyuki? Eso mismo hago yo: Mi reino está impreso en mi cuerpo. La tierra y las ciudades son mi piel. Mi sangre son los ríos y el vino que toma nuestra gente, mis manos un cáliz que les sacia la sed. Mi cabello es la indómita selva, y mis ojos el sol que da luz y calor. Mi corazón está formado por cada una de las personas que forman Sindhu, y cualquier intento de dañarlos es como un intento de dañarme a mí. Cada afrenta suya es mía.

Entonces, una emergida trató de atacarla, una mercenaria con la espada en alto. Sissi simplemente levantó la enorme pata y dejó caer con fuerza sus garras sobre ella. Como las más poderosas dagas, sus uñas atravesaron la armadura como si fuera de papiro y llegaron a la carne con saña. Después, lanzó su cuerpo sin vida hacia el resto de enemigos ya derrotados, al borde de la muerte.
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Mensaje por Invitado Miér Ago 15, 2018 12:33 pm

- “Pobrecita... Está tan perdida en la vida...” - Valoró mentalmente, su semblante no cambió ni un ápice durante el monólogo de la reina. No era tolerante a la verborrea humana, sus ornamentados pero superfluos discursos, como el que proclamó Sissi en ese mismo instante. Por cosas como aquella demostraba a su sirvienta que había sido criada entre beorcs, y en aquella ocasión su “humanidad” se le había subido a la cabeza. No compartía su ideal de protección absoluta, pues durante el perdiodo selvático de Kuroyuki ella sólo actuó en los momentos donde el equilibrio estaba en verdadero peligro. - Si los proteges de toda amenaza, se volverán dependientes, débiles. - Respondió con una entonación respetuosa, contrastando con su insípida expresión facial.

Kuroyuki no estaba para darle lecciones vitales, de todos modos, así que no tardó en cambiar de tema. - Esperaré por aquí a que termine con esto. Cuando todo esté controlado volveré a su residencia a disponerlo todo para su llegada, seguro que estará cansada, y hambrienta. - En comparación con el palacio de la capital, los aposentos de la reina en la ciudad universitaria eran mucho más pequeños y fáciles de gestionar. - ¿Le apetece algo en especial? Tenemos casi de todo en la despensa. - Y apenas comensales, la preparación sería rápida sin importar qué le apetecía a la reina, eso no es algo que pudiera hacerse en palacio, allí se lleva un menú semanal más estricto y organizado.

La sirvienta esperó la respuesta de su señora mientras contemplaba cómo se desenvolvía en batalla, en la seguridad de una rama alta la que había subido con sus propias manos y ayudándose con sus alas. De ese modo no estaría al alcance de emergidos y podría ver mejor cómo se estaban desarrollando los acontecimientos.
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Mensaje por Invitado Miér Ago 15, 2018 5:06 pm

Con la llegada de los guardias no se tardó demasiado en tener la situación controlada por completo. Los emergidos que aún quedaban con vida fueron atacados de inmediato, sin dar tregua. No podían permitir que se reagruparan y se arrastraran de vuelta a la selva, pues eso quería decir que en algún momento regresarían en mayor número y con un poder mayor. Esa plaga era mejor aplacarla cuanto antes, y por eso no dejaron que ninguna criatura se escondiera en los alrededores. Sacaron a todos de cada uno de los cubículos donde pretendían pasar inadvertidos y les dieron muerte, sin pena alguna. Poco a poco, los cuerpos fueron apilados a un lado para su pronta cremación. Era la única manera que tenían para disponer de los cuerpos sin contaminar el resto del mundo: dejarlos en la selva podía ser un problema para los aldeanos que se adentraban en ella pues no merecían ver decenas de cadáveres al pasear, las aguas tampoco deberían contaminarse con cuerpos muertos, y Sissi no deseaba enterrar a ninguno de esos seres en su tierra.

Se mantuvo en su forma ancestral hasta que sintió que no era necesario hacer más guardia, lo que pudieron ser minutos u horas desde que hablase con Kuroyuki. A veces le costaba contar el tiempo cuando estaba transformada, pues su percepción se le haría complicada y diferente. Aun así, su fiel sirvienta seguía allí con ella. Le había contestado con una especie de gruñido en su momento a si quería algo especial de comer, más preocupada con acabar con el enemigo, pero ahora que volvía a su forma antropomórfica descubría que estaba muerta de hambre. En la batalla no había sufrido heridas extensas, pues el grupo había sido débil, o ella se había hecho demasiado fuerte. El caso fue que incluso sus ropas estaban presentables al regresar a sí misma. Se quitó el polvo del saree, se ajustó un poco el largo cabello rosa, y se acercó a los soldados para darles unas últimas instrucciones antes de irse de allí. La gente comenzó a salir de sus casas una vez que el peligro había pasado. El mundo se había acostumbrado a vivir con los emergidos como si fueran tormentas tropicales, una vez pasados, uno era libre de salir al exterior.

Sissi, por su parte, caminó hacia Kuroyuki y le hizo un gesto para que bajar a tierra con ella. – Perdona por la espera, Kuroyuki, espero que no se haya hecho muy pesada. – se disculpó con una sonrisa de oreja puntiaguda a oreja puntiaguda. Y respondiendo a lo de antes, lo cierto es que ahora me comería lo que fuera, estoy famélica. Algo picante estaría bien, tikka masala de tofu o coliflor. Y fruta. Mucha fruta. Aunque creo que me debería bañar antes. Creo que huelo un poco como un laguz tigre en pubertad. Y mira, se me ha roto un poco el vestido. No voy a poder ir al Consejo de la Universidad así. ¿Qué opinas sobre el saree nuevo que me obsequió aquel comerciante tan encantador? El de color rojo con bordados en flor. Yo creo que iría perfecto, además de que aún no lo he estrenado, creo que es el momento de hacerlo. – así, charlando animada y tranquila, Sissi y criada regresaron a la Universidad. Ya no estaba tan enfadada como cuando hubiera salido, su forma de manakete le había ayudado a liberar esa rabia y frustración.

Atrás quedaron los cuerpos ardientes de los enemigos que, sin haber logrado su destructivo objetivo, se perdían en un espeso humo que subía hasta el mismo cielo. Olvidados para siempre.
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Mensaje por Eliwood Lun Ago 20, 2018 5:03 pm

Tema cerrado. 80G a Sissi. 20G a Kuroyuki.

Sissi ha gastado un uso de su dragonstone.

Sissi obtiene +2 EXP.
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
espada de acero [3]
.
.
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.
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