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Mensaje por Invitado Jue Mar 01, 2018 1:52 pm

La sinfonía que conformaban los canturreos de los mercaderes con sus productos frescos y precios por los suelos no cambiaba nunca. Como cualquier otro día en el animado mercado de Ylisse. Podía decirse que era la bienvenida típica que se recibía cuando se ponía un pie en la avenida principal, a rebosar de tenderetes y colores de toda clase ¡Y eso sin contar el resto de callejuelas que conectaban con esta! Igual de abarrotadas con todo lo que uno quisiese: fruta, pescado, pieles, e incluso abalorios para los más sibaritas. Era por experiencias como esa que no se arrepentía de haber renegado a su vida pasada. Una de noble, sí, pero con todos los impedimentos y prohibiciones que conllevaba estar bajo el ala de su familia. En fin, para Alanna era una estampa que tenía más que vista, pero de la que nunca se cansaba.

¡Dichosos los ojos, jovenzuela! Ya hace tiempo que no te dejas ver por aquí.

¡Alanna, querida, en que buen momento llegas! Hoy tengo el pescado más fresco que puedas encontrar.

¡Oh! ¡Pero si hoy vienes acompañada! ¿Es una amiga?

Aunque sí que era cierto que no solía tener el privilegio de visitar el mercado en compañía. En especial, si la nueva allegada a Ylisse apenas conocía las costumbres y los recovecos del lugar. Liderando la marcha entre el gentío que poblaba una larga hilera de puestos de venta, Alanna se adelantaba para allanarle un poco el terrena a su recién conocida compañera. —¡Gracias, me pasaré más tarde a echar un vistazo! ¡Ah, Lady Corrin! ¡Por aquí! —En un día como hoy, las calles eran muy traicioneras y cualquiera podía perderse, ya fuese entre el bullicio o de quedarse embelesado con los productos que se mostraban de cara al público. No es que le preocupase en exceso que una muchacha como Corrin pudiese desorientarse con tanta facilidad. Es decir, hacía falta gran valor y una voluntad férrea para encarar a los emergidos en batalla como lo hizo ella cuando la conoció. Pero claro, los días de mercado concurridos como aquel eran, ¿cómo decirlo?… Otra clase de guerra a la que uno debía acudir preparado si no quería acabar con los bolsillos vacíos. Daba fe de ello cuando no era más que una chiquilla inexperta, arrojada al mundo exterior y sin mayordomos que le hiciesen los recados.

Todavía quedaba el asunto de cómo devolverles tamaño favor que le hicieron Gerard y Corrin asistiéndola en aquel poblado. Y ya que la oportunidad se presentó por sí sola, no veía mal llevarse a la joven dama y guiarla por medio de su experiencia y soltura en el mercado. —Disculpad que no pueda dar abasto y atenderos, pero me temo que soy demasiado conocida por aquí como para pasar desapercibida. Las pegas de haber hecho tantos encargos por la zona —se excusó, esbozando una sonrisa vergonzosa. —Decidme, el otro día os fuisteis a explorar con Gerard, ¿no? ¿Hay algún sitio que os gustaría visitar? Debo informaros que me conozco hasta la última tienda de la avenida y en cuales nos harían un buen precio. —Le guiñó el ojo. Sí, sería una buena forma de empezar con buen pie y pagar su deuda, aunque… ¿Cómo sería eso de ir de compras en compañía?
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Mensaje por Invitado Jue Mar 01, 2018 2:59 pm

Un nuevo día había dado comienzo, y con él nuevas aventuras. Sin embargo, no podía olvidar todo lo que había sucedido la jornada anterior junto con su compañero en aquellas tierras vecinas. Había sido una tarde bastante particular y habían recorrido muchos de los puestos del mercadillo. En un determinado momento una señora mayor les había llamado la atención… y desde entonces lo cierto es que prefería no hacer uso de memoria porque tenía destellos ligeramente vergonzosos. Negó con la cabeza para que se esfumaran. Como el día anterior no había podido compartirlo con su nueva amiga, había pensado que lo justo era tener esa mañana para ellas dos solas. Nada de caballeros, nada de bebidas extrañas y nada de ¿bailes?

Se llevó una mano a la cara, negando con la cabeza. Definitivamente lo mejor era pasar página rápido. Afortunadamente, el día soleado acompañaba a la música con la misma intensidad, haciendo que las previsiones de la jornada fueran esperanzadoras.

Cuando los vendedores saludaron a su compañera, no fue capaz de reprimir una sonrisa amable mientras escuchaba la conversación. Parecía haberse labrado una buena reputación entre los aldeanos del lugar, cosa que no le extrañaba debido al buen corazón de la muchacha, seguro que les habría hecho algún que otro favor o recado. Saludó tímidamente con la mano cuando hicieron mención de ella —Es un placer —Se apresuró a añadir, pero en seguida se posicionó al lado de la jovencita de cabellos dorados, mirando hacia ambos lados de la calle —Nunca llegué a pensar que este sitio fuera tan grande, eso quiere decir que ayer Gerard y yo no vimos ni una mínima parte, así que me hace bastante ilusión poder conocer esto un poquito más —Aseguró, asintiendo a su compañera. A esa hora del día el ir y venir de los vendedores, los repartidores y el número de compradores era muy superior al de por la tarde. Las mujeres discutían en voz alta y regateaban precios para preparar el almuerzo de ese día. Los hombres que buscaban materiales y recursos para sus oficios también deambulaban por el lugar. Y ellas dos, bueno, podían incluirse en el grupo de jovencitas que admiraban los productos, indecisas y abrumadas por tantas posibilidades.

Ante su ofrecimiento, se quedó pensativa durante unos segundos —Ah, no os preocupéis por mí, por favor, aunque a decir verdad preferiría evitar los puestos de comida y de bebida, preferiría dejar las provisiones para otro momento —Le daba vergüenza admitir la verdad, pero aunque la comida que había probado había sido una maravilla para el paladar, a saber qué especias extrañas utilizaban en algunos puestos en sus víveres. No, no. Mejor mantener la cabeza en su lugar —¿Qué os parece si vemos… no sé, prendas de vestir? —Debido a que en aquel lugar no estaban permitidas las armas, además de estas y de alimentos para su viaje lo que podía necesitar sería alguna muda. También tenía curiosidad por saber cuán diferente era la moda de Nohr respecto de la de Ylisse, ¡qué distintos podían ser dos territorios vecinos!
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Mensaje por Invitado Jue Mar 01, 2018 7:32 pm

Al final, de entre todas las opciones que barajó el día anterior, salió a flote la de aventurarse al mercado con Corrin y llevársela de compras. Aunque parándose a pensarlo con frialdad y recapacitar, una duda bastante importante le surgió: ¿había alguna especie de protocolo para las compras conjuntas entre mujeres? O quizás… ¿Debía seguir un itinerario que ya estaba estipulado para tales ocasiones? Le daba vergüenza admitirlo, pero todo aquello le estaba cogiendo con la guardia baja. Hasta entonces, siempre había salido de compras ella sola. Lo único que le venía a la mente era alguna que otra charla que escuchó de un par de escuadrones pegaso con los que llegó a colaborar en encargos. Pero casi que prefería descartarlo; para lo único que el grupo de mujeres mencionaba el mercado era si habían encontrado a cualquier tendero joven al que echarle el ojo.

De ahí que hiciese un poco de trampas y le cediese la palabra a Corrin, para saber por dónde sería mejor empezar y no quedar como una inepta. Sutileza en todo su esplendor. —Entonces nada de comida por el momento. Estupendo, pues. Supongo que más tarde y cuando llegue el hambre podemos ir a un par de sitios que son una maravilla. Aunque os advierto que deberías andaros con ojo con algunos productos que venden por ahí… —No hace mucho que corrían rumores sobre varios puestos de dudosa confianza y su… “mercancía”. Unos supuestos brebajes que traían la buena fortuna y con los que engatusaban a viajeros crédulos. Pura charlatanería. Y encima, a saber que llevarían los potingues de marras. Pero bueno, no estaría de más avisar a su compañera, ¿no?

La sugerencia que le dio a continuación la chica, en cambio, le encendió una pequeña luz en su cabeza. Bien, ya tenía aclarada la duda de por dónde empezar, y justo sabía el sitio idóneo. —Ropa, ¿eh? —Chasqueó los dedos con una nueva ocurrencia en mente y alzó el índice —Me conozco una tienda en donde venden prendas de toda clase. Os puedo asegurar que tendrán lo que estáis buscando —afirmó con emoción. Debía confesar que a ella también le gustó la ocurrencia de Corrin con la ropa. Es más, no recordaba la última vez que se buscó cualquier prenda cómoda para cuando no tenía encargos entre manos y… lo cierto es que necesitaba actualizar su armario cuanto antes. En el último año, los lazos de sangre que la emparejaban con su madre habían estado haciendo travesuras con su cuerpo y poniéndola en más de un compromiso.

Vale, ganar un par de tallas en ciertas partes no se consideraba el fin del mundo, pero nunca más quería volver a pasar por el bochorno de tener que pedir que le reajustasen la pechera de cuero porque le quedaba prieta. Dioses, aquel día quería enterrar la cabeza en un hoyo.

Dejando a un lado sus problemas con la madurez física, Alanna le indicó a Corrin que la siguiese por uno de las callejuelas que conectaban con la vía principal. Allí, desplazarse fue increíblemente más sencillo que antes por la menor cantidad de gente transitando las calles paralelas. Al final, tantas escapadas al mercado daban sus frutos; todo era mucho más simple cuando se conocía de antemano el lugar al que se quería ir, y sus respectivos atajos. Nada más cruzar una esquina, llegaron a un local de apariencia humilde, pero con un surtido bastante colorido de prendas y vestidos que descansaban en el escaparate —¡Pues aquí es! ¿Qué tal si pasamos a…? ¡Bendita Naga! ¡¿Habéis visto ese vestido de ahí?! —Los ojos por poco se le salieron de sus cuencas en cuanto vio aquel conjunto de un blanco tan prístino como la nieve. No supo cómo describirlo con exactitud, pero era como si una fuerza ulterior hubiese movido sus pies hasta el escaparate y la plantase delante, ensimismada cual bobalicona.

Por mucho que se intentase huir de los orígenes nobles, había costumbres que no se perdían.
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Mensaje por Invitado Vie Mar 02, 2018 11:00 am

Tuvo que aguantar la respiración durante unos segundos cuando propuso de ir a comer más adelante en algunos de los puestos del mercado. Casi de forma inconsciente se llevó una mano sobre la superficie de la armadura que cubría su estómago. Todavía no estaba preparada para algo así de nuevo. Era cierto que parecía conocer aquel lugar mucho mejor que ella así que… —Oh, ¿hay puestos que venden productos defectuosos o algo por el estilo? —Cerró los ojos durante apenas un instante. Seguramente el día anterior el caballero y ella habían tenido la malísima suerte de cruzarse con uno de los que mencionaba. Exhaló el aire que poblaba sus pulmones antes de recuperar la compostura. Por fortuna solo iba a quedar en una curiosa anécdota, por lo menos lo que lograba recordar. Había partes demasiado confusas…

Pero en su mente pronto se activó una nueva lucecita. No había manera posible de que la ropa fuera peligrosa, ¿cierto? No podía atacar, no te alienaba los sentidos, no suponía un peligro directo para su salud o la de su amiga. Más bien incluso podía salvarles, dependiendo de la ocasión en la que se encontraran. El buen humor se apoderó de sus rasgos cuando la rubia rápidamente le habló de un establecimiento —Bueno, en realidad debo admitir que no tengo ninguna idea concreta en la mente ahora mismo, en todo caso me decantaría por lo que llamase mi atención una vez vea el género disponible —Iba a necesitar prendas resistentes. No solo resistentes a los ataques, sino también que soportasen arduas caminatas en su camino de regreso a Nohr, que no le hiciera pasar dificultades en caso de tener que necesitar de una montura para ciertos trayectos o que, sencillamente, no le rozaran las costuras. Encontrar una armadura de la calidad de la propia sabía que era una misión imposible, ningún otro reino tenía mejores herreros que los que tenían la oportunidad de disfrutar en su hogar. Tendría que esperar hasta su regreso para poder hacerse con una nueva pieza que le diera los mismos excelentes resultados que la actual.

Jugando con uno de sus largos y blanquecinos mechones mientras decidía en qué debía gastar su dinero, siguió los pasos de la joven que caminaba con una seguridad abrumadora en ese laberinto de transeúntes, puestos y callejuelas. Si tuviera que regresar hasta su hospedaje, difícilmente sería capaz de recordar el camino, viéndose obligada a preguntar a los viandantes. Por lo menos eran lo suficientemente amables como para responderle con una sonrisa en el rostro, era una cualidad que echaría de menos cuando volviera a casa. Allí todos parecían mucho más apagados, a pesar de contar con una situación mejor con respecto a la invasión de los emergidos.

El local al que habían llegado no tenía nada de diferente a los demás. No se establecía en la calle como muchos de los puestos ambulantes, pero tampoco irradiaba glamour. En realidad no era de extrañar pues era un lugar de trabajadores, seguramente la gente pudiente no buscaría prendas de vestir en tal lugar, sino en locales más especializados y refinados. No obstante, no quería ser descubierta, su identidad debía mantenerse en secreto y tampoco era que se hubiese llevado todos sus ahorros para gastarlos en un puñado de telas que podía tener gratis en su hogar —¡Alanna, esperad! —Se tuvo que reír. Su compañera había salido disparada hacia una de las prendas, de un completo color blanco que resaltaba sobre las demás. En una tierra de labradores, el color blanco, que se ensuciaba con solamente mirarlo, no era el mejor para tener, pero debía admitir que era bonito —Haría que vuestra piel luzca aún más pálida, pero os quedaría bien con el tono de pelo —La moda era una de sus asignaturas pendientes, más aún la moda extranjera, pero aquellas palabras le habían salido del corazón. Solo añadiría algo más:

¡Probáoslo!
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Mensaje por Invitado Vie Mar 02, 2018 7:19 pm

En los dos años que se había pasado escondiéndose del yugo de su familia, aprender a valerse por sí mismo y sin lujos fue imperativo. No iba a negar que fue una ardua tarea la de adaptarse a la vida mundana y humilde: no había sirvientes a los que pudiese acudir en caso de necesidad, ni facilidades que se le otorgasen por el derecho de pertenecer a la alta alcurnia, ni tampoco la capacidad de permitirse toda clase de caprichos con su… bueno, con el dinero de su familia. El único punto a favor por el que se le hizo demasiado complicado adaptarse fue que no era ni la mitad de casquivana que sus hermanas. Tenía lujos, sí, pero no desarrolló una malsana costumbre por abusar de ellos como su hermana Loretta. Incluso siendo una noble, se sentía orgullosa de la humildad que la caracterizaba.

Pero claro, también estaba su talón de Aquiles, que incluso todavía la perseguía a estas alturas. Uno de los pocos detalles que echaba en falta de su vida pasada eran las preciosas vestimentas que solía llevar. Oh, nada que ver con los vestidos descocados y sobrecargados que tanto gustaban al resto de mujeres de su familia y las hacían parecer pavos reales de lo ostentosos que eran. Ella prefería prendas más sencillas, pero también agradables a la vista. Y, por supuesto, con un precio tan desorbitado que no podría pagar ni en dos vidas con su sueldo de mercenaria. Pero, a fin de cuentas, el vestido blanco que se hallaba contemplando con puro ensimismamiento sería de mucha menor calidad, pero seguía siendo muy bonito. —¿Vos creéis? Pensaba que después de tantos encargos bajo la luz del sol no estaría tan blanca —supuso, meneando la cabeza. Por desgracia, la palidez de piel también le venía por parte de madre, y parecía no haber remedio alguno.

Pero lo que la pillo por sorpresa fue que su compañera de compras la alentase a que se lo probase. Alanna boqueó, devolviéndole una mirada perpleja a Corrin, y luego se viró de nuevo hacia el níveo conjunto. Cielos, debía admitir que el muy dichoso la estaba tentando horrores, pero ella había ido hasta ahí solo para complacer a su curiosidad —P-pero yo no… —La lengua se le comenzaba a trabar con cada intento de pronunciarse. Pero es que se conocía a si misma de sobra, y como se lo probase… Ay, dioses. ¡Y lo que más la aterraba era el precio que figuraba! Que no tendría nada que ver con las escandalosas cifras de la ropa de gala que solía vestir antes, pero aun así seguía siendo un golpe muy duro a sus ahorros. No, no. Su mente empezó a trabajar con celeridad en una excusa con la que convencer a Corrin.

B-bueno, tampoco creo que el vestido sea para tanto. —Hizo varios aspavientos con la mano para quitarle importancia. Santa Naga, no recordaba ser tan pésima contando trolas. «¡Vamos, Alanna! ¡Esmérate un poco más! Piensa en otra… ¡Oh!», la chispa del ingenio hizo acto de presencia en ella una vez más. Carraspeó para disimular mejor y, con el dedo índice alzado, dijo: —¡Además! No luciría tan bien con unos botines tan toscos como los que llevo. —Extendió sus palmas hacia los pies con un falso aire de resignación—. Para esta clase de cosas siempre es mejor llevar un calzado en con… —Calló de sopetón, con la vista plantada en el suelo que ambas mujeres estaban pisando. Para ser más concisos, en el que pisaba Corrin. Con sus pies descalzos. Parecía mentira que se hubiese dado cuenta justo en ese momento de un detalle tan llamativo.

Se sentía un tanto estúpida preguntándolo, pero es que simplemente le chocó para no hacerlo. —Lady Corrin, ¿habéis estado yendo todo este tiempo descalza? —Le picaban las plantas de los pis de solo pensar en lo mucho que habían estado caminando desde que salieron de la posada hasta allí. Sin embargo, ella tampoco parecía haberse dado cuenta de dicho desliz. ¿De verdad que no había notado sus pies desnudos rozando el pavimento en ningún momento?
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Mensaje por Invitado Mar Mar 06, 2018 7:20 pm

Se acercó un poco más a la joven, observando no solamente su rostro sino también sus extremidades mientras se cruzaba de brazos. Su tono no se acercaba al blanco casi inmaculado de su propia piel, consecuencia de no haber visto apenas la luz solar, solamente en los últimos tiempos y gracias a sus continuos viajes y escapadas de Nohr; no obstante, la fina capa de tono anaranjado que coloreaba su piel blanquecina previa le daba un aspecto saludable, alegre, atractivo. No descompensaba la paleta cromática clara que predominaba sobre ella en ningún momento, sino todo lo contrario, hacía que precisamente sus ojos destacasen con más fuerza que si fuera sobre un rostro completamente pálido.

Frunció un poco más el ceño para, finalmente, asentir y dar una especie de visto bueno —No es un blanco como cuando pretendes que las prendas de vestir queden de un color níveo, pero se nota que tu piel era clara a pesar de tener ahora cierto color, yo creo que queda bonito y que el pequeño contraste puede quedar aún mejor con el vestido —No era una experta en moda ni mucho menos, y en realidad todo lo que había escuchado provenía de las trabajadoras del castillo o de su hermana mayor, pero nadie negaría que a simple viste no parecía bastante lógico que la combinación sería acertada.

Se llevó una mano a los labios, tratando de ocultar una sonrisa traviesa. No quería que se notara demasiado que sabía del apuro de la joven de cabellos dorados, pero es que la situación estaba siendo de los más entretenida a su parecer, era como un quiero pero no puedo, o más bien no debo, porque en caso de no poder permitírselo no tendría tantas dudas asaltándole la cabeza.

¡Vamos, vamos! Aunque sea solamente por probar —Le dio un pequeño codazo contra uno de los brazos de su compañera de compras. Su rostro parecía un lienzo en el cual trazaban un complejo cuadro intentando transmitir cientos de sensaciones diferentes a la vez, o más bien sin saber cómo esconderlas —¿Cómo que no? —Obviamente tal afirmación carecía de validez alguna, ella era una chica con encanto, así que desmerecerse de esa manera iba a provocar que quisiera golpearle por necia —Bueno, es que pienso que un vestido sería para reservarlo, obviamente en el día a día es complicado poder vestir con uno, pero siempre hay ocasiones donde un cambio en el vestuario no viene mal —Incluyendo, obviamente, el calzado.

A decir verdad, no se había percatado de la mirada de la rubia hasta que no siguió los ojos de esta. La dirección era más que clara, así que agachó la cabeza y observó tranquilamente sus desnudos pies sobre el pavimento del local. Movió los dedos mientras le regalaba una sonrisa a la joven, volviendo a aguantarse una nueva risotada —Siempre he caminado con pies descalzos, desde que tengo uso de razón, me siento cómoda y liberada llevando los pies sin ningún tipo de atadura o de calzado que lo encierre —Se encogió de hombros, como si su planteamiento fuera el más lógico del universo entero. En realidad no comprendía cómo todos en general estaban tan a gusto caminando con los pies aprisionados, apretados, en ocasiones incluso sudando o teniendo que encoger los pobres dedos, ¡eso sí que era un sufrimiento!
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Mensaje por Invitado Miér Mar 07, 2018 8:07 pm

¿Habría sido demasiado intrusiva con Corrin señalándole su falta de calzado? Es decir, lo había mencionado porque era muy extraño encontrar a alguien que estuviese caminando descalzo un buen trecho. Pero claro, que tampoco su compañera hubiese dicho nada todo este tiempo ya la ponía en duda. Cualquiera se daría cuenta de un desliz como lo era olvidarse los zapatos. Aunque quizás no se trataba de eso y había decidido ir así ¿aposta? Oh, ahora que lo pensaba… Había escuchado habladurías sobre una vieja costumbre que tomaban algunos peregrinos durante sus viajes: a modo de penitencia, decidían caminar durante largos trayectos descalzos como un acto de fe y reafirmar sus creencias. Sin embargo, no tardó en ponerle una mueca a semejante idea; no veía a Corrin como una ferviente devota, ni que decir que dicho hábito lo solían practicar personas de mayor edad con cientos de experiencias a sus espaldas.

Su compañera no tardó en explicarle que no había sido un descuido con una sonrisa inocentona, y que lo más chocante de todo es que le afirmase que esa no había sido, ni mucho menos, la primera vez. —¡¿S-siempre?! —exclamó Alanna con un ridículo tono de voz. Su cara se volvió un poema según miraba a Corrin de hito en hito y trataba de asimilarlo—. Queréis decir… ¿Qué nunca habéis llevado calzado alguno? —¡Qué barbaridad! Andar descalza por las empedradas acequias, las explanadas irregulares y llenas de cantos rodados, los riscos escarpados y con afiladísimos salientes. Un escalofrío le recorrió por la espalda de solo pensar que ella misma tuviese que hacer sus típicas marchas de mercenaria a pie descubierto. Le entró una risa nerviosa; no aguantaría ni medio kilómetro antes de que se despellejase las plantas.

Pero Corrin no parecía contrariada por tal problema, además de que estaban hablando de una chica que procedería de una rama noble cualquiera. Bien sabía que nadie de alta alcurnia permitiría que ningún miembro de su familia anduviese descalza por todos lados. Por lo menos, no en Ylisse. De todas formas, ser o no de la nobleza era la menor de las preocupaciones que le rondaba por la cabeza a Alanna en esos momentos. Se rascó la coronilla y, torciendo el gesto de la boca, extendió la otra palma a los pies de la chica. —Pero, Lady Corrin, marchar a cualquier parte sin nada que proteja los pies es muy peligroso. Sobre todo, si también lo hacéis en combate. —No se fijó en su momento, pero, ¿de verdad que luchó en aquel pueblo descalza?—. Correríais un riesgo muy grande si pisáis mal, o resbaláis. ¡Un paso en falso sería fatal! —También estaba el hecho de que resultaba una práctica para nada higiénica, pero eso prefirió guardárselo para sus adentros. A lo que quería llegar, es que una mínima protección que cubriese los pies era necesaria. Por nada llevaba unos botines tan toscos cada vez que el deber la llamaba, nada elegantes, pero cumplían su función para las largas travesías por las carreteras del reino.

Corrin quizás no lo viese de esa forma, pero Alanna bien sabía que plantar mal el pío podía llevar a una mala pasada si no se tenía cuidado. Recuerdos de hacía dos años cuando trastabilló en una bajada escarpada la invadieron, recordándole el dolor de los cuantiosos cardenales que se llevó. De ninguna manera podía permitir que su nueva compañera corriese la misma suerte, y fue así como se le ocurrió una brillante idea. No sería suficiente pero, sería un buen comienzo para saldar su deuda con ella. —Decidido, pues. —Con firmeza, dejó caer sus manos sobre los hombros de Corrin—. Lady Corrin, esto ahora mismo nos urge más que nunca: vamos a buscaros unos zapatos. —Dicho eso, sus manos bajaron hasta sostener las muñecas de la peliblanca y tironeó de estas con delicadeza—. También me conozco un par de zapaterías donde conseguiros algo práctico —anunció, rebosante de satisfacción por poner en buen uso su conocimiento de las tiendas del lugar. ¡Ah, se acabó la tortura que sería destrozarse los pies!
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Mensaje por Invitado Jue Mar 08, 2018 1:36 pm

Asintió con tranquilidad una vez más ante la mirada desconcertada de la rubia, ¿acaso era algo tan extraño como para observar a alguien reaccionar así? Sabía que en ocasiones sus hermanos habían lanzado miradas contrariadas hacia sus extremidades desnudas, pero no se habían pronunciado al respecto. Quizás simplemente respetasen su opinión, o pudiera ser que directamente no querían discutir con ella sobre un tema tan trivial, sin ningún tipo de valor o relevancia —Pues sí, eso mismo he dicho, siempre siempre, incluso cuando nos conocimos caminaba sin calzado —Levantó un dedo como para revestir de mayor seguridad sus palabras mientras miraba de reojo a la joven. Todavía su rostro no había recuperado su semblante habitual, así que aquella conversación que giraba en torno a la base de su cuerpo le parecía hasta cómica —Eso es, nunca jamás, en alguna ocasión he intentado usarlos pero… —No quería ni siquiera recordar el mal trago.

Tampoco entendía qué provocaba tanto drama o sorpresa. Era de lo más natural caminar sobre el suelo, el asfalto, o cualquier otra superficie. No habían nacido con calzado sobre los pies, y a diferencia de otras partes del cuerpo no era vergonzoso dejarlo al aire libre, pues no atacaba a la intimidad o la decencia de nadie. Así que siguiendo era regla de tres, ¿qué daño hacía su actitud de no precisar zapatos? ¡Si estaba bien! Si se estuviera haciendo daño, provocando heridas, congelando o quemándose, ella sería la primera persona en plantearse tal posibilidad, aunque fuera meramente pasajera, pero no era el caso.

Pero de verdad que estoy a gusto, no me molesta, y no es la primera ni será la última vez que esgrima mi espada contra los enemigos usando mis pies desnudos como apoyo, me he entrenado para combatir de esta manera, así que espero que sigáis confiando en mí como compañera de aventuras —Respiró profundamente, orgullosa de las palabras que se habían escapado de sus labios. Se lanzó un nuevo vistazo, tampoco es que fuera un sacrilegio o un acto inhumano. Aunque a lo mejor no se había documentado bien sobre la importancia del calzado en Ylisse, ¿podría ser ese el motivo del desasosiego de su compañera? A lo mejor había pasado por alto alguna práctica cultural importante y por ese motivo se encontraba tan contrariada. ¡Y eso que intentaba pasar desapercibida! Si estaba haciendo un acto contrario a lo más lógico en esas tierras, iba a llamar la atención quisiera o no. Se llevó una mano a la boca, preocupada por lo que pudiera suceder a continuación.

Sintió las manos de la rubia sobre sus hombros primeros, pasando después hasta sus muñecas. Eran cálidas, transmitían confianza. A pesar de ser una experta en el manejo del hacha, se notaba también que sus gestos eran a la par delicados, detalle que le provocó sorpresa. En cierto modo sus manos le recordaban a las propias, pues a pesar de ser una guerrera contaba con la educación de su familia y sus maneras eran más refinadas, ¿pero acaso no era la joven de cabellos dorados una mercenaria? Se mordió el labio, pensando que quizás, solo quizás, estuviera ante alguien que también guardase un secreto, pero no tuvo tiempo para pensar de nuevo en ello —¡Aaahh, Alanna, por favor! ¡D-de verdad que no es necesario! —Giró la cabeza en ambos sentidos, buscando algo, alguien, animal, persona o deidad que la amparase, pero no observó más que a la dependienta del establecimiento riéndose por la actitud de las dos jóvenes.

Cerró los ojos, mirando al cielo una vez hubieron salido al exterior. Grima, Anankos, Naga o cualquier otra divinidad existente, ojalá se apiadasen de ella.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 08, 2018 8:33 pm

Debía de reconocerle a Corrin que, si había luchado contra aquellos emergidos en el poblado tal cual iba en esos momentos, gozaba de una resistencia y control frente al dolor que era digna de elogio. Por supuesto que eso hacía que tuviese una mucho mayor estima en ella y en su forma de combatir. Se notaba a simple vista que era una joven fuerte, pero la honraba su humildad si era verídico que por sus venas corría sangre noble. Era una lástima que Alanna no hubiese conocido antaño a más nobles con el mismo espíritu que la peliblanca. Por lo menos no se tendría esa idea generalizada que los tachaba de convenencieros. Pero bueno, eso tan solo le daba razones de más para serle de ayuda a la chica y conseguirle un calzado digno de una guerrera como ella —¡Claro que seguiré confiando en vos! Lo hago ahora y no dejaré de hacerlo, no lo dudéis —puntualizó, elevando y girando el dedo índice para darle más énfasis. Luego, dibujó una mueca de preocupación—. Pero también quiero velar por vuestra seguridad. Sé que os puede parecer una tontería, pero me dolería mucho si os ocurriese cualquier cosa por esta nimiedad.

Quizás exageraba con que unos zapatos pudiesen ser cruciales para la supervivencia, quien sabe. Pero si Corrin se había propuesto realizar un viaje demasiado largo, los pies estaban expuestos a todo: terreno, clima… y emergidos. Más valía prevenir que curar.

Aunque Corrin no se lo estaba poniendo muy fácil, por desgracia. Seguía en sus trece en negarse a ir a mirarle unos zapatos cualesquiera. Alanna compuso un mohín, dada la insistencia que su compañera tuvo antes con lo del vestido blanco y que se le estuviese resistiendo para aquello. ¡Pero no era lo mismo! Un vestido era un lujo, pero en el caso de la otra chica, lo suyo era más bien una precaución. Quiso replicarle, pero la risa entrecortada que se le escapó a la dependienta del local la alertó de que estaban montando una escena. Entonces se fijó en la expresión de Corrin, más bien decantándose por el suplicio. Alanna torció el gesto de la boca, culpable porque tal vez estuviese siendo demasiado brusca y estuviese convirtiendo todo aquello en un drama innecesario. ¿Tan importante era para ella era el llevar los pies al aire libre?

Se disculpó con la dependienta con un cabeceo y se llevó a Corrin al exterior de la tienda. Soltando un largo suspiro, volvió a sostener las muñecas de la joven, pero esta vez con firmeza para transmitirle calma. —Entonces… ¿qué os parece si hacemos un trato? —le sugirió en un susurro, condescendiente—. Lo único que haremos será buscaros un par de zapatos para que os los probéis. Sólo para que os los probéis. A cambio, yo… —Meneó la cabeza con reticencia—. Me probaré ese vestido. ¡Pero solo probármelo! —Era fácil decirlo, pero quien sabía los juegos sucios de sugestión a los que le sometería su mente cuando se pusiese encima esa preciosidad y quisiese salir de la tienda con él puesto. En fin, eran los esfuerzos que tenía que hacer para contentar a las amigas.

Así pues, y con el beneplácito de la joven trotamundos, Alanna hizo una vez más de guía por las intricadas callejuelas del mercado para conducirlas hacia su nueva parada. Para ser francos, hacía bastante tiempo que no se pasaba por aquella zapatería, posiblemente desde que se compró el par de botines gruesos que llevaba justo encima y a los que tanto partido les ha sacado. Puesto que ya la conocía, no vio por qué no llevar a Corrin allí para que su primera experiencia con los zapatos no acabase con repercusiones demasiado negativas. Quería ayudarla, no que le cogiese más tirria al calzado. —Oh, ya que estamos, ¿por qué no me decís que clase de calzado os gustaría? Yo misma iré a buscároslo, así que podéis confiar en mí. —Y para terminar de sellar el acuerdo, le guiñó el ojo junto a una escueta sonrisa. Le costaba creer que le estuviese resultando tan divertido algo tan trivial como ponerse a mirar zapatos. ¿acaso sería por esto que las chicas preferían salir de compras juntas?
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Mensaje por Invitado Dom Mar 11, 2018 9:54 am

Se llevó una mano al pecho para suspirar de alivio. No quería que nadie dudara de sus habilidades de guerrera por el simple hecho de caminar y combatir con los pies descalzos, las habilidades de cada uno no reposaban únicamente en un detalle sin importancia como ese —De acuerdo, de acuerdo, por lo menos en ese caso me quedo mucho más tranquila, por lo menos me halaga que me tengáis en tal estima —Porque sí, era cierto que habían luchado juntas, pero una batalla no siempre decía todo sobre una persona. Se podía ser a la vez un gran luchador pero un nefasto ser humano, y eso era terriblemente peligroso a su parecer. Si alguien con un poder semejante y a la vez una mente despiadada tuviera tal habilidad para combatir podría traer la miseria no solo a sus tierras sino también a todas las colindantes —Pero es que de verdad, como ya os he dicho… —Se llevó una mano a la cara, iba a ser imposible hacer cambiar de opinión a aquella jovencita más cabezota que ella misma.

A lo mejor solamente insistía para que pudieran pasar un poco más de tiempo juntas. A decir verdad, no conocía en profundad a su compañera por lo que lo mejor era aprovechar esa oportunidad que tenían en el momento para saber la una sobre la otra, aunque siempre con excepciones, por supuesto. No podía comentarle a nadie que era una princesa de otro reino. Por el contrario, sí que podía profundizar un poco más con respecto a sus gustos, porque con la excepción de sus dos hermanas no podía disfrutar demasiado de una conversación coloquial con otras chicas. Especialmente cuando Felicia le daba la razón en muchas cosas a pesar de no tenerla.

Cuando intentaba pensar cómo podría encarrilar sus siguientes palabras para no intentar herir los sentimientos de la joven o ser demasiado brusca, sus palabras le llamaron la atención, por lo que parpadeó —¿Cómo decís? ¿Qué me proponéis una especie de trato? —Sus ojos se abrieron un poco más que de costumbre, levantando ambas cejas por la sorpresa ante esa propuesta. De todas las posibilidades, un trato era lo que precisamente menos se esperaba en aquel momento donde casi había estado a punto de dar su brazo a torcer, aunque fuera momentáneamente —En realidad no me parece una mala idea —Admitió. De una manera u otra las dos verían cumplidas sus pretensiones, ya que aunque solo se tratase de probar una prenda, en cierto modo no era justo que solamente una de las dos atendiera a la proposición de la otra. De esa manera, las dos verían a la otra con las prendas que habían elegido: El vestido o los zapatos. Y de ahí a comprar algo… había un largo recorrido.

Caminó de nuevo al lado de la joven rubia, mirando hacia los dados. No quería admitir que de alguna manera se encontraba más nerviosa de lo que había pensado, una mezcla de miedo y ¿emoción? a partes iguales le recorría todo el cuerpo. No entendía el motivo, pero quizás aquello no estuviera tan mal. Además, solamente era probar, exacto.

Suspiró de nuevo, pero esta vez esbozó una sonrisa, dándose por vencida —Está bieeeeen, de acuerdo, en realidad no sé qué tipo de calzado sería el que mejor me viniera, creo que entiendes más que yo, aunque en realidad… —Se quedó pensativa. Su hermana mayor, Camilla, desprendía elegancia allá por donde fuera. Muchas veces había sentido una pizca de envidia por no ser como ella, pero recordaba a la perfección su vestimenta —¿Qué os parece si elijo dos pares diferentes? Por un lado, tengo curiosidad por saber cómo me quedarían uno de esos altos, ya sabéis, pero también creo que unas botas parecidas a las vuestras serían una opción acertada —Ya que se los iba a probar, por lo menos su rango sería amplio.
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Mensaje por Invitado Dom Mar 11, 2018 1:12 pm

La sonrisa de Alanna se amplió aún más con la respuesta afirmativa de Corrin. Temía que haberla llevado un poquito a la fuerza hacia la zapatería la hubiese espantado lo suficiente como para cerrársele en banda, pero al final salió mejor de lo esperado. Se le notaba en el rostro que ya no existían tantos rastros de ansias como antes y, a decir verdad, ¿eso que le asomaba eran indicios de diversión? Tenía la sospecha de que el principal motivo de su cambio de humor era poder verla a ella con el vestido, pero… ¿Acaso no era la misma curiosidad que sentía por comprobar qué tal le quedaban un par de zapatos a la peliblanca? Cielos, y eso que no era ella quien se los iba a probar, que extraño resultaba.

En el interior de la tienda, giró sobre sus talones e inspeccionó de arriba abajo la indumentaria de Corrin, pensando en combinaciones de colores y texturas que casasen bien con su estilo. —Bueno, tampoco debéis considerarme una experta en lo que viene a ser el conjunto de prendas. Se alguna que otra pauta básica que seguir, nada más. —Honestidad ante todo: lo que podría saber sobre ropa era gracias a (o más bien, por culpa de) la insistencia de su madre con el dichoso código de etiqueta para ciertos eventos y congregaciones. Al final le terminó cogiendo bastante manía, y tras dos años llevando ropa que escandalizaría por completo a su progenitora, era normal que acabase dejando en el olvido todas esas premisas que la agobiaban. Sin embargo, las palabras de la joven le llamaron la atención—. ¿Altos? ¿Unos zapatos con tacones, decís? —Una sonrisa traviesa le curvó los labios mientras se llevaba una mano a los labios—. No entraba dentro de mis planes buscaros algo así, pero si os hace ilusión… —Y para qué mentir, a ella también le encantó la idea. —¡Sea, pues! Esperadme un momento y enseguida os traeré un par para que os los probéis. —Con una leve y teatral inclinación, se separó de Corrin para meterse de lleno en las estanterías que mostraban todo lo que la tienda ofrecía.

Tacones. Le seguía haciendo mucha gracia. Después de haberla visto tan espeluznada por la mera idea de probarse unos simples zapatos, ¿a qué se debía que cambiase de parecer, y encima por unos zapatos con tacón? En fin, Alanna no iba a decir nada al respecto. Fuesen o no el suplicio de cualquier mujer, unos tacones eran hasta capaces de realzar la figura. Aunque también había que andarse con ojo con ellos, pues en más de una ocasión le había tocado sufrir con algunos que demolían los tobillos con solo un par de pasos. Incluso se le ponía mal cuerpo cada vez que veía a su hermana Loretta con unos tacones desproporcionadamente altos. Todo porque la muy caprichosa siempre quería quedar por encima de su hermana mayor, incluía la estatura. Nunca entendería cómo era capaz de caminar con esas cosas.

Puesto que serían los “primeros” de Corrin, vio preferente buscarle unos que tuviesen un tacón bastante manejable, y justo dio con un par de zapatos negros que desprendían elegancia por su mera simplicidad. Respecto a las botas, ya se estaba imaginando que el principal temor de Corrin radicaba en tener muy apretujados los pies. Las suyas eran amplias, pero muy toscas, pensadas para que diesen los mil y un trotes y aguantasen los suficiente. Por eso optó por cogerle un par que se le hicieron hasta livianos en las manos. Un pinchazo de extraña envidia le recorrió el cuerpo; a simple vista le daban muchas vueltas a las que llevaba puestas.

¡Ya estoy de vuelta! Espero no haber tardado demasiado. —Enérgica, llegó hasta Corrin con una sonrisa ufana y alzó los dos pares de calzados para que los apreciará con todo lujo de detalles: unos botines para la rutina diaria, y unos zapatos para casos más… especiales. —Si necesitáis ayuda para ponéroslos, decídmelo. Me muero de ganas por veros dar un par de vueltas con ellos —le confesó, tapándose la boca con su mano para contener una risita. Debía de admitirlo: nunca antes se había divertido tanto yendo de compras, y empezaba a entender por qué a las compañeras que conocía de varios encargos les encantaba ir juntas a deambular por las tiendas. Hasta entonces, Alanna veía demasiado peligroso inmiscuirse más de la cuenta con otras personas a causa de mantener en secreto su identidad. Por miedo a que su origen saliese a la luz, pero también porque segundos que no tuviesen nada que ver pudiesen salir perjudicados.

Pero pasear junto a Corrin no había sido tan malo después de todo, incluso le daba lástima que no pudiesen repetir semejante experiencia más a menudo debido a su viaje. Lo único que podía hacer al respecto era disfrutar todo lo que pudiesen juntas. En especial, porque después de los zapatos de Corrin, era su turno de ponerse un vestido —Oh, Lady Corrin, cuando hayamos acabado con lo vuestro… —Se llevó las manos tras la espalda, con aire remolón—. ¿Creéis que podríais ayudarme a buscar otro par de zapatos que conjuntasen con el vestido que vimos antes?
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Mensaje por Invitado Dom Mar 11, 2018 5:14 pm

Respiró hondo una vez más al ver el rostro lleno de asombro de la mercenaria. Con decisión y el ceño ligeramente fruncido, asintió —Sí, eso mismo he dicho, quiero probar uno de esos con tacones, hay quienes caminan a la perfección con ellos así que tengo bastante curiosidad —En cierto modo, habría sido bastante más fácil esperar a estar de nuevo en Windmire para pedírselos a su hermana mayor, pero también podía ser contraproducente. Si se caía, se lastimaba, o sencillamente parecía un ave mareada caminando con ellos el rumor no tardaría en esparcirse entre todos los habitantes del castillo, y en especial entre el resto de sus hermanos. ¡Se moriría de la vergüenza si algo así llegase a ocurrir! A Camilla no le importaría, pero ya se podía imaginar la sonrisa socarrona de Leon —No me voy a mover de aquí, lo prometo, así que tómate tu tiempo en elegir unos que sean bonitos pero a la vez prácticos —Le comentó un poco más alto mientras veía a la de melena rubia perderse entre varias estanterías repletas de infinidad de calzado distinto.

Se quedó sentada en uno de los taburetes del lugar. No demasiado lejos había un espejo de pie, bastante ornamentado por los bordes. Era una pieza de los más llamativa, seguro que incluso hacía que los zapatos se vieran aún más bonitos en los pies que los llevasen. Sonrió al imaginarse ahí, frente a él, con los elegidos por su amiga.

No pasó mucho tiempo hasta que esta regresó.

¡Para nada! En realidad casi ni me he dado cuenta —Había estado demasiado ocupada pensando en las distintas posibilidades que se podían presentar ante sí. Observó con cautela los pares seleccionados. En primer lugar, las botas cómodas, parecían ser resistentes pero a la vez lo suficientemente ligeras como para no entorpecer su ritmo caminando. Iban a aumentar bastante el espacio que ocuparían sus pies, pero no podía decir mucho más al respecto sin probárselos —Pues en ese caso empecemos, ¿no te parece? Es una promesa —Las tomó con cuidado, sin querer causar ningún desperfecto sobre ellas. Pesaban. Nada iba a ser más ligero que unos pies descalzos pero no le quedaba más remedio. Con cuidado introdujo primero un pie, y después el otro. Trató de mover los dedos, y asombrosamente tenía bastante espacio para ello. Incluso eran visualmente bonitas. Pero en cuanto se hubo puesto de pie tuvo que fruncir el ceño —¿Cómo podéis caminar todos los días con un peso semejante sobre vuestros pies? ¿No os cansáis? No obstante, es verdad que son bastante cómodas y blanditas por dentro —Dio una especie de pequeños saltitos para comprobar la suela almohadillada. En comparación con el suelo, todo era blando.

No era algo que viera necesario en su vida, pero en el caso de esas botas podía llegar a entender que las chicas que necesitaban caminar o trabajar mucho quisieran hacerse con ellas. Estaba fuera de casa y no debía gastar mucho dinero, no sabía en qué situación podría encontrarse apenas horas más tarde, pero si alguien se empeñara en regalarle un calzado ese no estaba para nada mal. Valía los elogios.

Pero el verdadero dilema no había hecho más que comenzar. Se quitó cuidadosamente las botas, dejándolas a un lado —Si os apetece buscar unos que peguen con el tono del vestido lo podemos hacer ahora en cuanto termine yo, sí —Tuvo que sonreír también. ¿Por qué siempre era más divertido buscar algo para otra persona que para uno mismo? Quizás por la posibilidad de encontrar justo lo que el otro necesita, o por el simple hecho de ver en otros lo que uno jamás utilizaría. Cualquier opción era válida. Su vista se posó ante su siguiente reto, que estaba esperando a ser probado. Los acercó también, pasando los dedos por los bordes, por el tacón de cada uno, tan elegantes como cualquiera de los que una dama, una noble, debería tener. Metió el primer pie, o por lo menos eso es lo que estaba intentando. Eran sumamente estrechos, así que tuvo que ahuecas un lado con los dedos para que su pie pudiera entrar. Los dedos se encontraban como en una especie de jaula de piel, sin respiración, sin tranquilidad, y el talón, muy por encima del nivel del suelo, buscaba constantemente un lugar donde poder apoyarse bien y no de manera inclinada.

Aun con todo en contra, decidió realizar el miso proceso con el otro pie, hasta que los dos hubieron encajado en su lugar. Respiró hondo y, con los brazos ligeramente extendidos por si necesitaba agarrarse a algo o a alguien, se puso de pie. Parpadeó cuando lo vio todo desde más arriba, con una perspectiva ligeramente diferente. Los tacones parecían ser bastante resistentes, por lo que se encontraba confiada en que no ocurriría nada, así que incluso una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro —¡Mirad Alanna! ¿No parezco así mucho más mayor, más madura? —Con un movimiento de pies rápido, acostumbrada a que estos estuvieran descalzos, trató de girarse deprisa como si también llevara una falda de vuelo que intentara hacer girar.

Un profundo error por su parte.

La suela resbaló, a diferencia de lo que un pie normal habría soportado. Trató de apoyar el otro tacón rápidamente, buscando de nuevo el equilibrio, pero pese a que este era bastante estable trastabilló, cayendo hacia atrás mientras extendía los brazos hacia delante, aferrándose únicamente al aire —¡AY…! —Se mordió el labio, agachando la cabeza. Uno de los zapatos se había descolocado tanto que había acabado del revés, colgando sobre los dedos de la extremidad. El otro, el que había provocado el resbalón inicial, seguía en su sitio, como si nada hubiera pasado. Pero eso no era lo único. Un dolor punzante se le comenzó a extender desde la pierna hasta la espalda como consecuencia del golpe. Cerró los ojos, llevándose una mano a la zona dolorida. Encima notaba cómo toda la sangre de su cuerpo se le agolpaba de golpe en el rostro, el cuello y en las orejas; las notaba incluso palpitar. ¡Se quería morir de la vergüenza! Ojalá pudiera hacerse una bola y sencillamente desaparecer de allí. Se quitó rápidamente los zapatos, dejándolos al otro lado de las botas que se había probado previamente y, con una reverencia, se apresuró hacia la salida del establecimiento para huir de allí cuanto antes. Le dolía la cadera al levantarse, también uno de los pies, pero aún más el orgullo.

¡¡Los zapatos son el demonio!!
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Mensaje por Eliwood Mar Mar 20, 2018 12:06 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambas obtienen +1 EXP y +1 Bonus EXP!

Gracias al incremento de experiencia, Corrin obtiene un nuevo skill de la rama Lord:

[Social] ¿Te vienes de compras conmigo? [Priv. Corrin] Derecho%20Real Derecho Real - Skill que causa que todos y cada uno de los temas que el Lord rolee en el lugar al que está afiliado, aporten a la liberación del territorio. No sólo campañas, sino también misiones, entrenamientos y temas comunes/sociales.

¡Felicitaciones!
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
espada de acero [3]
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Support :
Marth [Social] ¿Te vienes de compras conmigo? [Priv. Corrin] OaIUyNL
Lyndis [Social] ¿Te vienes de compras conmigo? [Priv. Corrin] JEIjc1v

Especialización :
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Experiencia :
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Gold :
924


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