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Mensaje por Invitado Jue Ene 18, 2018 1:59 pm

Después de aquella batalla y haber tratado a los soldados, envié a unos pocos al barco. Sus heridas todavía eran demasiado graves y un descanso en un lugar más alejado del campo de batalla principal los ayudaría a reponerse. De los pocos que estaban en condiciones de combatir, dos fueron a explorar con más detalle los alrededores en busca de más emergidos y, sobre todo, civiles.

Parecía mentira que hubiese retornado al castillo de Rausten. Casi podía ver los pasillos de mi hogar antes de la destrucción. Podía recordar todo lo que había vivido. Hasta recuerdo dónde estaba mi habitación. Lo recuerdo todo tan bien que me duele a unos niveles inimaginables. He vuelto a mi país después de haberlo fallado tan estrepitosamente. ¿Qué diría mi tío si me viera? Seguramente, conociéndolo, se alegraría de verme. Sin embargo, ¿qué hay de los soldados de Rausten y de los civiles? Tienen toda la razón en mostrar su descontento conmigo. Sin embargo, aquí estoy. Ni siquiera estoy para liberarlos en el sentido más estricto de la palabra. Carezco de los recursos para ello. Por eso deposité mi confianza en Ephraim. Haré lo imposible por hacer que vuelva a existir paz en este país.

Y lo cierto es que hemos empezado con buen pie. Gracias a la asistencia de un dragón divino hemos podido no tener ninguna baja por ahora. Dragón que, además, se ha convertido por ahora en uno de los nuestros. Me pregunto qué estará haciendo. Me encantaría preguntarle con más detalle todo lo que le ha traído aquí pero, ¿no sería demasiado presuntuoso por mi parte dirigirme a un dragón divino de esa forma? Solo por ser quien es, merece mi más absoluto respeto y admiración. Él representa la veracidad de mis creencias y hasta la posibilidad de que las historias con las que crecí fuesen ciertas. En cierto sentido, él se había convertido en, junto con Ephraim, mi esperanza, cada uno en sentidos diferentes.

Y no solo porque lo aprecio enormemente y le debo un inmenso favor que le dejamos reposar junto con nosotros. También porque es mi deber como ahora la futura pontífice de Rausten tratar con alguien de su categoría. Aunque he de confesar que estoy preocupada por lo que pueda ver aquí. Todavía no he ido a la sala del trono. Cerca pude ver muchos esqueletos, probablemente de los soldados de Rausten. Todos esos esqueletos llevaban a la sala del trono. Probablemente fuese allí donde mi tio falleciera.

Y es precisamente por eso que no me atrevía. Quizá fuese esa la verdadera razón de que me dirigiese al dragón divino. Quizá lo único que quería era que me diesen un poco de fuerzas para el futuro. Quizá solo deseaba que alguien me dijese que no había nada de qué preocuparse, que allí no estaría el cadáver de ningún pontífice. – Hola, Hácuriuu – había mejorado un poco mi pronunciación del título del dragón. – Espero no inoportunaros. ¿Hay algo que pueda hacer por vos? Ahora mismo es difícil, mas haré todo lo que pueda por satisfacer vuestros deseos. Poco después partiré para buscar a más civiles a los que proteger.
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Mensaje por Invitado Jue Ene 18, 2018 11:08 pm

- Pero que estoy haciendo?... -

Se pregunto en voz baja mientras miraba por una de las ventanas hacia el exterior, aquello admitía que había sido un acto impulsivo, la frustración acumulada de no haber sido capaz de salvar su propio hogar y allí estaba ahora dándoles falsas esperanzas a los humanos de ese lugar con respecto a que podría ayudar a salvar sus hogares arrasados. Se sentía por demás hipócrita además de estar temeroso por las numerosas advertencia que en su tiempo su padre le dijo sobre los humanos.

- Los humanos se vuelven dependientes de los "Dioses" y más cuando los tienen a su alcance… lo sé padre pero en tus tiempos de deidad no tenias a cuestas la plaga de emergidos…. como habrías evitado tú la destrucción de Hoshido si no era interviniendo?... En tiempos aciagos como estos ser pasivo y distante solo provoco que destruyeran nuestro hogar. -

Se recargo en el marco de la ventana, mordiéndose el labio inferior con frustración y apretando los puños, el templo había sido tomado por emergidos y su madre aun estaba enterrada en el jardín trasero del templo. Fue entonces que la voz de la joven clérigo que conoció el día anterior lo saco de sus cavilaciones por lo que casi de inmediato se giro hacia ella. Al parecer solo iba a preguntar si le faltaba algo o eso pensaría se Kija fuese una persona normal mas con sus años y experiencia sabia identificar perfectamente cuando parece suceder "algo mas" de lo que dicen las palabras.

- Bueno, ha usted sanado mis heridas, me han dado de comer y un lugar cómodo para descansar, difícilmente podría pedir algo más que eso… salvo quizá un baño, pero de eso puedo encargarme yo mismo mas adelante en cuanto encuentre un rio o un lago cercano. -

Después de todo el aseo era una costumbre muy arraigada que tenia de Hoshido y podría decir que no le vendría mal ponerse un par de prendas limpias y reparar las rotas y raídas que ya tenía puestas. Toda la habitación estaba bañada con el aura de Kija, aquella sensación cálida y reconfortante que se sentía como el abrazo protector de un padre o como un oasis de agua fresca en medio del desierto, el joven de cabellera plateada entonces avanzo hacia la chica pues poco Cortez le parecía entablar un dialogo de lejos.

- Si es así le suplico que me permita acompañarla, no hubo bajas pero si heridos según me enteré. De esta manera ustedes se encargaran de proteger a los civiles y yo me encargare de protegerlos a ustedes para que regresen todos a salvo. -

Era lo menos que sentía que podía hacer por ella pues de alguna extraña manera miraba en los ojos de la joven la misma melancolía y tristeza que notaba en su propia mirada, ella había tenido el valor de regresar a ese lugar destruido y por lo que sentía el mismo por Hoshido suponía que no habría de ser nada sencillo para ella…. de alguna manera también parecía estar utilizando el ayudarla como una excusa para no regresar el mismo a su seguramente arrasado reino.
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Mensaje por Invitado Vie Ene 19, 2018 1:37 pm

El dragón divino parecía estar relativamente bien, dentro de lo que cabía. Tal parecía ser que sus heridas se habían sanado. Suspiré aliviada cuando no veía ningún rastro de que todavía siguiera herido. Gracias a los espíritus que ha podido salir bien de esta. El bastón que usé no era el más poderoso de los que existen en el mundo. Era un simple bastón de curación. Hice una reverencia cuando mencionó que sería imposible la opción del baño – Siento las molestias que ello pueda causaros, mi señor. Hay un río al oeste, mas es perfectamente probable que haya emergidos cerca. He enviado soldados para explorar y confirmar esto mismo.

Lo que no me esperé fue que se ofreciera a acompañarme. Si entendí bien lo que quiso decir, ¿se refería a acompañarme en esta misión? Eso… Eso no tenía sentido. Por muy dragón divino que fuera, esta… esta no es su patria. No puedo pedirle que se sacrifique por humanos que ni siquiera lo conocen. Yo… No puedo. Simplemente no puedo. No cuando ni yo misma me considero en estos momentos digna de la bendición de un dragón divino. Su aparición fue una bendición, mas es algo que no debe hacerse norma. – Yo… lo siento. No puedo aceptar vuestro ofrecimiento, por muy generoso que sea – otra reverencia fue acompañada de la negación. – Os agradezco toda la ayuda prestada, mas este lugar es peligroso. Los emergidos pueden venir en cualquier momento y bien podríais ser objetivo de ellos si vinieseis conmigo.

Pero, claro, si su alma estaba tan llena de luz como creo, no va a aceptar esto por razón. No me queda otra. Si quiero salvarlo, debo hacerle ver lo que permití que pasara en mi ausencia. Lo que consentí que sucediera no aquí en Rausten, sino en toda Jehanna. – Por favor, ¿podríais acompañarme un momento? – pregunté, antes de caminar un poco y alejarme. – Hay algo que debo mostraros. Luego de esto y la explicación, espero comprendáis por qué, a pesar de lo que pedís, no puedo aceptar vuestra ayuda.



Caminando, acabamos pasando por unos esqueletos. Probablemente el dragón divino, oriundo de otras tierras, desconociera quiénes eran. Aunque sería fácil deducir que eran de Rausten, no tanto sería que descubriera su rango en el ejército del ya desaparecido país. – Rausten fue de los primeros país en caer ante los emergidos. Jehanna lo absorbió tras el fallecimiento del Pontífice Mansel, mi tío, y la desaparición de su princesa. En otras palabras, me encontraba desaparecida para el mundo – expliqué, antes de acercarme más a uno de los cadáveres. – Me salvé porque en ese momento estaba estudiando en otro país. Sin embargo, pronto llegó a mis oídos la noticia de que mi amada patria había sido destruida por completo. No creí que mi tío hubiese fallecido. Lo veía imposible. –me agaché y acaricié la armadura del soldado. Era tan nostálgico ver esta armadura. Tan nostálgico y, a su vez, tan doloroso... – Este es el cadáver de uno de los soldados de la Guardia Sagrada del Pontífice. Si está aquí, es bien posible que el Pontífice estuviera aquí también. Y tengo una ligera idea dónde puede encontrarse.

Me reincorporé y seguí caminando, como quien hace un pequeño turismo por el castillo, recordando todos los recovecos anteriores e intentando resistir la agonía de retornar a ellos tal y como están ahora. – En mi situación, podría haber pedido asilo a las autoridades de Jehanna, mas no lo hice. Mi mera existencia era potencialmente peligrosa para la clase política del país. Para el resto del mundo, yo debía estar muerta. Mas es bien sabido que no salió bien. Los resultados se pueden ver. Jehanna siguió a Rausten y, con ella, muchísimos civiles fallecieron. Y no hice absolutamente nada para salvarlos.

Los pasos nos llevaron hasta una gran puerta, también destrozada. A través de ella podía observar la sala del trono. O, más bien, lo que restaba de ella junto con muchísimos cadáveres. Tantos que no era capaz de ver a nadie que destacara. Me sentí asquerosamente reconfortada por ello, creyendo que, quizá, solo quizá, mi tío logró escapar. De hecho, no quiero entrar. No quiero ver que él está ahí. No quiero que mi esperanza se desmorone así, sin más. Deseo aferrarme a ella con todo lo que tengo. Mas debo hacer frente a la realidad. Este señor tiene una imagen de mí que no es la real. No me considero merecedora de tener tal asistencia divina. No cuando no pude hacer nada por salvar a mi tío y dejé que muchísimos civiles pereciesen. – Más allá de estas puertas en tan pésimo estado se encuentran los restos de la sala del trono de Rausten. Señor Hácuriuu, ¿sabéis por qué os estoy contando todo esto?
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Mensaje por Invitado Vie Ene 19, 2018 11:22 pm

Al parecer estaban investigando que el rio fuese seguro, eso quería decir que podría gozar de un refrescante baño en poco tiempo y eso le alegraba el día; la respuesta de la joven sin embargo le dejo bastante sorprendido pues su padre le había advertido hasta el hartazgo que una vez que lo identificasen como un "dragón divino" no dejarían de pedirle cosas cada vez mas y mas egoístas hasta el punto en que quizá llegarían a intentar utilizarlo como un arma… pero en los ojos de aquella joven humana podía notar un resplandor gentil que le recordaban mucho a los de su madre, una humilde clérigo de Naga que llego a amar a su padre por el hombre que era y no por la deidad que todos le consideraban… Aun viendo el poder que desplego, incluso herido, ella se preocupaba por su seguridad y eso, a ojos del hibrido, hablaba mucho de ella.

Sin decir nada accedió a acompañarla con un gentil inclina miento de cabeza, caminando por los pasillos de aquella suerte de ruinas que había quedado en el lugar. Kija admiro la arquitectura, o lo que quedaba de ella, admirando que pese a tal ataque por parte de los emergidos se mantuviese aun en pie aun que algo dañada… su arqueólogo interno parecía querer bullir en deseos de investigarlo hasta que el ambiente se puso…. denso. No tardo en ver porque, pues pronto encontró a varios esqueletos con armaduras que el desconocía pero adivinaba que serian soldados; escuchaba a la joven sin interrumpirla, acompañándole en su pesar con cada una de sus palabras, un pesar que el comprendía muy bien.

- Creo que entiendo bien el por qué, señorita… Puedo suponer que esta es la razón por la cual me ha dicho antes que no puede aceptar mi ayuda? -

Comento soltando un pequeño suspiro, sonriendo de forma amarga estando frente a aquella puerta, sin poder decir lo que sentía detrás… él era un manakete y ya fuese por una u otra razón era sensible a las energías del ambiente, podía percibir cosas que los humanos no así como lo eran la presencia de los emergidos a largas distancias o…. la energía sagrada que emanaba alguna fuente detrás de aquella puerta.

- Somos más parecidos de lo que pensé, entonces…  Y ya que usted me ha contado su historia, creo que merece escuchar la mía pues yo tampoco soy lo que usted cree. -

De esta manera ella también podría estar al tanto de con quién trataba y el pecado que cargaba a cuestas, de la razón por la que ahora sentía una fuerte empatía hacia aquella joven, desconocida hace unas horas atrás.

- Le comente que mi padre fue considerado una deidad en Hoshido… le llamaban "Hakuryuu" que podría traducirse como "Dragón blanco", el fue la deidad guardiana del templo en la cima más alta de los jardines Sevenfold donde los peregrinos hacían un recorrido de "purificación" de varios días para subir a la montaña. Pese a que mi padre era un manakete en su totalidad desposo a una joven humana que se enamoro de él, una devota y gentil clériga de Naga, y del amor que se tenían ellos dos nací yo… un hibrido que no es humano ni dragón. -

Spoiler:
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Comento alzando su zapa a la vez que le explicaba aquello pues primeramente era necesario aclararle que no era un dragón divino, no al menos completamente y su zarpa a medio transformar era una prueba inequívoca de ello.

- Para resumir… herede el templo de mi padre cuando este un día desapareció sin dejar rastro. Mi deber era quedarme y cuidar del templo, aun si nadie subía ya la montaña, aun si había pequeños templos de Naga más accesibles en las faldas de esta… aun si con el tiempo se habían olvidado del "Hakuryuu";  Pero la soledad me desgarraba el alma y deje el santuario para viajar por el mundo con la excusa de buscar a mi padre. -

En parte la culpa lo carcomía por ello, pues sentir que había dejado su templo descuidado solo por querer ver que había más allá de los arboles de cerezo, por el egoísta sentimiento de encontrar a su padre y que regresaran juntos.

- Para cuando regrese al fin el reino entero estaba plagado de emergidos, aun así, me limite a regresar a mi templo y solo observar pues me tenían dicho que los dragones no deben intervenir en los asuntos humanos… para cuando me decidí a actuar ya era demasiado tarde, los emergidos nos superaban en número y fuerza; En un último intento hice un llamado para que los sobrevivientes se refugiaran en el santuario de Sevenfold, el templo que yo protegía… -

Agacho la mirada con vergüenza, cerrando los puños ante aquel recuerdo fresco en su memoria pues había ocurrido hace unos cuantos días, suspiro nuevamente, recuperando la calma más aun con dolor en sus ojos celestes, uno muy similar al de la joven.

- Pero no pude hacer nada… todos los que habían creído en mí, porque se supone que era la deidad del templo, por que como mi padre debía protegerlos empezaron a morir uno a uno y al final un emergido, mas fuerte de lo que nunca había visto antes me asesto un golpe muy certero y caí herido de gravedad; entre soldados y civiles se interpusieron para sacarme de allí e incluso intentaron escapar en barco, pero las cosas se complicaron más de la cuenta y al final termine escapando, volando con las últimas fuerzas que me quedaron hasta llegar a este lugar… -

Al final, el joven de blancos cabellos deposito su mano humana sobre la cabeza de la chica, casi como si intentase reconfortarla ante toda la tristeza que ambos parecían compartir en partes iguales.

- En realidad no soy una deidad si no solo un hibrido que defraudo a todos los que confiaron en el, que permitió a su hogar ser destruido y escapo dejando a su suerte a quienes le salvaron. -

Esperaba que ella no estuviese desilusionada por contarle la verdad pero lo creía oportuno, tanto para que ella aliviara un poco su corazón sabiendo que no era la única con culpa sobre sus hombros y preparándose para el caso en que, después de escucharle ella le pidiese que marchara, cosa mas que razonable a su parecer.
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Mensaje por Invitado Lun Ene 22, 2018 9:35 am

La historia que el dragón me contó fue lo suficientemente fácil de envisionar. Tanto que no dudé en ningún de la veracidad de sus palabras. Sin embargo, había una gran cuestión con la que no estaba en absoluto de acuerdo. Si bien es cierto que había cierto paralelismo entre nuestras experiencias (por muy egocéntrico que sea ponerme al mismo nivel que un dragón divino), lo cierto es que la razón de nuestros actos fueron completamente diferentes. Él, por lo menos, siguió las órdenes de su padre. Siguió su voluntad. Él al menos no defraudó a su padre. Él luchó por protegerlos. ¿Qué hice yo? Esconderme. Quizá, si hubiese acudido a las autoridades de Jehanna, habría podido lograr algo.

También había algo que, si bien podía comprender en parte, había otra que no comprendía. Sé lo que es la soledad. Desde que mi amada Rausten no conocí a nadie que pudiera considerar aliado hasta que empezaron los movimientos para salvar tanto Jehanna como Rausten. Puedo entender por qué quería tener alguien de confianza cerca de él. Sin embargo, no puedo comprender el amor de un padre ni su necesidad. Supongo que haber crecido sin mis padres es la principal causa. – Decís que somos similares, mi señor. Yo, sin embargo, no lo creo.

Cerré los puños, antes de continuar hablando, todavía sin abrir la puerta. – Vos mismo habéis dicho que habéis combatido por salvar a los fieles. Vos habéis hecho todo lo posible para asegurar el escape de muchísimos de estos. Si no hubiese sido por eso, ¿cómo habrían acabado sobreviviendo? Habéis salvado miles de vidas, sin duda. La herida de la que fui testigo es prueba de lo que estoy diciendo, cuanto menos.

Sí… Él había hecho lo posible. Supongo que esto es lo que Ephraim quería decir cuando defendió que había que tener una mayor proactividad contra los emergidos. – Lo que yo hice, sin embargo, puede ser calificado y con buenos motivos como simplemente yo huyendo del problema principal. Y, al igual que vos tenéis pruebas de vuestros actos, también hay pruebas de los míos.

Y, acto seguido, decidí abrir la puerta de la sala del trono. Entre los esqueletos de los soldados había uno que destacaba por tener una ropa de calidad superior, destrozada por el paso del tiempo. Ver que había una corona cerca de ese esqueleto particular me confirmó lo que yo más temía: aquel hombre era, sin lugar a dudas, mi tío. – Esto es lo que no pude evitar. Esto se ha repetido también en Jehanna, si consideramos Rausten como un territorio independiente. Yo… no hice nada por ayudarlos.

Debía contenerme. Debía evitar dejarme llevar por las emociones. Por mucho que quisiera, por mucho que ahí tuviera la clara prueba de que el fallecido era mi tío, debía controlarme. Esto era algo que tenía que haber esperado desde el principio. Algo que debería haber aceptado. Lo sé perfectamente. Lo sé, y sin embargo…

¿Por qué no soy capaz de contener mis lágrimas? – Ante vos se encuentra, entre to-todos los cadáveres, el de Mansel, el antiguo pontífice de Rausten y mi tío – no sé cómo, pero podía controlar mi voz a duras penas. – Estoy convencida de que le habría encantado conoceros en vida.

No podía andar. Sentía que mi intento de mostrarme fuerte ante la adversidad de las emociones sería, sin duda, destruido en cuanto me acercara a él. Sabía que tenía que ser él. La corona es la prueba de que estaba entre todos los cadáveres, mientras que esa vestimenta tan particular era, sin duda, otra prueba. Muy probablemente el cadáver que iba vestido de aquella forma distinta sería él. Y, si no lo era, era otro de los ahí presentes. – Esto es lo que tuvo como consecuencia mi falta de acción. No… No volveré a cometer el mismo error.

Me sequé las lágrimas que habían salido y me volví a dirigir al dragón divino. – Mi señor Hácuriuu, si vos habéis defraudado a los que os adoraban a vos y vuestro padre… ¿Qué soy yo? ¿Qué podríais decir de la princesa que dejó a su país, a su gente, sola e indefensa ante el peligro no una, sino dos veces? A diferencia de mí, vos no tenéis ninguna obligación por sangre para asistirlos, si no me equivoco. Mi tío solía repetirme una y otra vez que hay que gobernar por y para el pueblo. No solo ignoré mis obligaciones como princesa pensando que hacía lo mejor posible. Estoy convencida de haber decepcionado a la única figura paterna que yo jamás he tenido.

Cerré un momento los ojos. Tenía que dar el último paso para dejarlo todo claro. – No creo ser merecedora de ayuda divina. Se supone que la realeza de Rausten debe seguir la senda de la luz, mas es bien posible que la haya abandonado hace ya mucho tiempo y no haber sido consciente de ella.
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Mensaje por Invitado Miér Ene 31, 2018 12:01 am

Escucho a la joven replicar su historia, al parecer sin tomar demasiado en cuenta el que le confesase que el también había abandonado su puesto y al regresar ya era demasiado tarde, aun así, no la interrumpió y la escucho con paciencia acerca de todo lo que tenía por decirle pues, a veces, la mejor forma de sanar una herida en el corazón es sacando primero todo el veneno fuera. Ella merecía descargarse, solo imaginando el hibrido de ojos azules por todo lo que tuvo que pasar aquella jovencita, a su parecer casi una niña. Se abrió la puerta hacia el trono y Kija entonces pudo contemplar a la fuente de aquella energía sagrada, una que lograba sentir incluso detrás de la puerta… Allí estaba el antiguo pontífice orgullosamente sentado en el trono, los ojos del manakete se abrieron al contemplar la escena, escuchando la voz entrecortada de la muchacha y empetacando con el dolor que ella debía sentir en ese momento pues si algo comprendía era la agonía de perder a un ser querido aun si las circunstancias eran diferentes.

Aun así era raro, incluso para él, el sentir una energía de luz tan fuerte proveniente de un humano, casi como si aquello hubiese dejado en el lugar grabado un aura que intentaba trasmitir un mensaje, una energía que al parecer solo alguien como él podría percibir. Si tenía que describirlo, era la sensación de estar bajo una cálida luz, un deseo, una plegaria que había quedado impregnada en el ambiente. Por un momento cerró los ojos y recordó una sensación similar cuando los peregrinos oraban en el templo con todas sus fuerzas, aquel llamado silencioso que sintió cuando una joven samurái elevo a los dioses una plegaria… ese tipo de sentimiento que tanto él como su padre podían sentir claro y fuerte…. quizá, solo quizá la plegaria que dejo atrás aquel hombre fue la que acabo llamándole en primer lugar, por lo que, aun si no era consciente de ello quizá encamino su vuelo a ese lugar, un llamado que le dio fuerzas para no desfallecer antes de llegar allí.

"Protégelos… Protégela…."
Spoiler:
[Social] Maybe it was fated [Priv. Kija] MRj6F40

Sin palabras, el mensaje le había llegado, probablemente, aun en aquella terrible situación el pontífice rezo con todas sus fuerzas a los dioses así como quizá lo hicieron los soldados del lugar, notando que algunos efectivamente tenían la posición de haberlo hecho aun que el tiempo desgastara sus cuerpos y estos hubieran cedido. Sin pensarlo mucho, Kija abrazo a la joven de forma protectora, posando el rostro de ella contra su pecho y ocultándola del mundo con su capa blanca aun que algo desgastada para que descargara su pena pues tenía el derecho de sentirse triste y, al menos ante él, no tenia por que fingirse fuerte.

- Esta bien…. shhhh… todo va a estar bien…. -

Le acaricio un par de veces su cabeza casi como si consolase a una niña pequeña pues de esta forma el estaba acostumbrado a hacer las cosas…. los humanos eran tan frágiles, tan efímeros y aun así Vivian su vida de forma más intensa que cualquier otra criatura en la tierra. Espero a que ella misma quisiera apartarlo, después de que se desahogara lo suficiente, después, la tomo suavemente de la mano usando su zarpa de dragón y comenzó a avanzar hacia el trono a paso tranquilo hasta quedar frente al antiguo pontífice. Kija soltó a la muchacha rubia, avanzo un paso más y entonces se arrodillo ante él hasta que su cabeza tocara el suelo lleno de polvo. No se estaba humillando ni rebajando como quizá parecía si no todo lo contrario pues era costumbre Hoshidiana inclinarse de esa manera tanto para pedir perdón como para mostrar un profundo respeto.

Spoiler:
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- Su mensaje me ha llegado, fuerte y claro. Lamento no haberlo escuchado antes señor Mansel, antiguo pontífice de Rausten. -

Comento el muchacho de pelo blanco, quedándose inclinado unos momentos, antes de volver a reincorporarse lentamente y girarse hacia donde estaba la chica antes de pronunciar palabra alguna.

- Los manaketes somos sensibles a los cambios de energía en el ambiente, dígase por ejemplo la energía negativa que emanan los emergidos y los campos de batalla o… la plegaria de un alma noble, el deseo del bienestar ajeno, de proteger. No sé cómo explicarlo, son auras que nos atraen de alguna o de otra manera y quedan impregnadas en el ambiente mucho tiempo, trasmitiéndonos ciertas sensaciones cual si fuesen palabras; puedo asegurarle que un aura de luz muy fuerte proviene de su tío, quizá, sin darme cuenta fue esto lo que me atrajo aquí en primer lugar mientras volaba. -

No tenia reparos en contarle aquello pues sentía que ella merecía saberlo, Kija entonces volvió a girarse para caminar unos pasos más para acercarse al cadáver quien sujetaba, aun muerto, un bastón y un libro de luz contra su pecho, notando la forma inclinada de su cabeza que daba fe de sus presentimientos.

- "Protégelos…. y protégela" es el mensaje que esta aura me trasmite, la primera supongo que va dedicada a usted y la segunda seguramente a los dioses. -

Con mucho cuidado y respeto, el manakete tomo el tomo y el bastón, haciendo nuevamente una inclinación respetuosa, después, volviéndose hacia la chica con la solemnidad que aquella situación requería, se inclino ligeramente ante ella, extendiendo con respeto aquellos instrumentos que increíblemente se encontraban en asombroso buen estado pese al tiempo que allí tenían.

- Pienso que si usted hubiese estado aquí antes habría perecido junto a su tío y Rausten no tendría esperanza alguna. Usted está aquí y ahora señorita L'Arachel, pese a todo regreso para ayudar a sus súbditos, es gentil y apasionada, tanto que la culpa la carcome por no haber actuado cuando no se podía hacer nada… desde mi punto de vista usted tiene todas las cualidades para convertirse en la nueva luz de Rausten. -

Kija hablaba de forma sincera, si era tan importante para ella el salvar a su reino entonces quería decir que le importaba y podía percibir el mismo amor a su patria que él sentía por su pérdida Hoshido, esperando el también regresar algún día y recuperarla.

- Ahora, ya que fue su tío quien me ha pedido protegerla seria grosero rechazar su voluntad, no lo cree?.... si es que usted aun me considera como "ayuda divina" después de confesarle que soy mitad humano. -

El joven dragón le sonrió ampliamente entonces, esperaba haber podido traerle un poco de paz al corazón de la pobre joven al trasmitirle la sensación que sentía en ese lugar y así mismo, deseaba también corresponder la petición del antiguo pontífice así como la bondad que su sobrina le había extendido.

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