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[Campaña de liberación] What we do in life echoes in eternity [Priv. Sissi]

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Mensaje por Invitado Mar Nov 07, 2017 4:49 pm

Desde su llegada al continente de Valentia apenas habían transcurrido unos cuantos días, si bien con todo lo vivido y las experiencias que llevaba a sus espaldas había logrado hacerse una ligera idea de los tejemanejes que se hilaban no solo en Sindhu, sino en el resto de reinos vecinos, algunos de ellos totalmente extraños y salvajes. No se arriesgaría, ni a sus hombres ni a sí mismo, a embarcarse en una misión de reconocimiento de aquellas tierras, donde además de no contar con los conocimientos y medios adecuados, no contaba con el permiso de sus gobernantes para cruzar las fronteras a los reinos aledaños.

Sin embargo, sí había solicitado permiso a la reina Sissi para descubrir alguno de los lugares más emblemáticos de la nación. Conocía de todas las tareas que mantenían ocupada a la regente, de la misma forma que le ocurría a su hermana mayor, Emmeryn, pero aún así había insistido en acompañarle. Quería dejarle claro su intención de investigar y luchar, en caso de ser necesario, en pos de afianzar la reciente alianza entre los dos reinos. Había dejado atrás la Ciudad Universitaria, misteriosa a la vez que atrayente donde las hubiera. Sus construcciones le habían abierto una nueva visión de las edificaciones que hasta entonces no había tenido, acostumbrado a la arquitectura de Ylisse como estaba. Pero ahora, a lo lejos, se hallaba la Ciudad Blanca, la capital del país.

Antes de adentrarse en los misterios que la gran selva pudiera esconder, había querido asegurar el perímetro. Era una costumbre que también hacía con Ylisstol, la capital. Le solía tomar varios días, caminando a la redonda para evitar perturbaciones que en el transcurso de unos días u horas podían enturbiar la paz del centro del reino.

La densa selva, territorio extenso en el país, había comenzado unos cuantos kilómetros atrás. Había escuchado de boca no solo de la reina, sino de otros soldados, que era allí donde los emergidos se resguardaban y se preparaban para realizar ataques al territorio. Frunció el ceño mientras se acercaba cuidadosamente a una nueva línea de frondosos árboles, pensando en la posibilidad de encontrarse con algunos. En cierto modo no le importaría, ¿por qué tendrían que existir? No eran más que una plaga indeseada que estropeaba el buen venir de todos los pueblos. Tampoco podía olvidar que dentro de la zona más asalvajada, entre árboles, lianas y enredaderas también vivían tribus caníbales, un peligro añadido ante al cual no había tenido ¿la oportunidad? de enfrentarse con anterioridad.

No parece que pase nada, ¿está segura que es por este lugar, majestad? –Con solamente unas palabras y una sonrisa amable, Chrom se adelantó, no demasiado lejos de donde descansaban sus hombres tras un largo trayecto. Las enredaderas y los arbustos dificultaban el avance así como impedían una buena visión, pero estaba emocionado como un niño pequeño con un juguete nuevo.

¡Plaf!

¡Agh, maldita sea! –Había rodado por un desnivel que los matorrales que tenía frente a sus ojos habían escondido eficientemente. La caída no había sido demasiado grave, pero lo suficiente como para dejarle dolorido el brazo sobre el que se había apoyado para evitar un golpe mayor. Por fortuna no había sido el derecho. Al ponerse de pie se sacudió la ropa, tosiendo un poco mientras espantaba con la mano el polvo que había levantado, ¿cómo iba ahora a regresar de nuevo al nivel superior?
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Mensaje por Invitado Sáb Mar 17, 2018 11:06 am

A Sissi le daba vergüenza reconocer lo que Chrom ya debía de haber supuesto: se habían perdido. No llevaban guía porque, en una de las tantas excursiones a la selva, había salido herido por una emboscada emergida. Su compañera de trabajo era también su mujer, y la reina no había tenido el corazón de pedirle que abandonase el lecho donde su marido se recuperaba de sus heridas. En cambio, y siendo la académica que era, había pedido que se le enseñase el camino a seguir. Algo sencillo: entrar, acabar con alguna horda emergida y salir. La explicación había sido fácil de entender, incluso había marcado en un mapa que ahora llevaba en las manos el recorrido. Era imposible perderse, o eso había creído. Después de haber vivido ochocientos años en un desierto, la jungla era un paisaje en el que Sissi no sabía encontrarse. Si se internaba sola entre la frondosa vegetación, siempre podía transformarse en dragona para regresar, y siempre que había ido acompañada había tenido la fiel presencia de algún guía.

Pero ese día era diferente.

Para empezar, su grupo no se componía solamente de gente sindhi, sino que era una mezcla entre su pueblo y los invitados de Ylisse, entre los que se encontraba el Príncipe Chrom. No sería de buena educación alzar el vuelo y abandonarlos, algo que no se le había ni pasado por la cabeza a Sissi, pero tampoco podía admitir una derrota con tanta facilidad. Sissi sabía que la terquedad estaba entre sus defectos, pero es que a veces no podía dar su brazo a torcer. Ese era uno de esos casos. Miraba el mapa con el ceño fruncido, como si pudiera sonsacarle la verdadera dirección con un gesto de desaprobación. Los garabatos que pertenecían a su mano le eran incomprensibles por alguna razón. Sabía que su sentido de la orientación no era el mejor, al fin y al cabo, había sabido moverse por el desierto, pero la jungla le desconcertaba. Si no podía ubicarse físicamente, menos lo lograría en papel.

- Este debería ser el lugar. – recalcó, sin perder la esperanza. Parecía que se estaba convenciendo más a sí misma que al mismo príncipe. Al contrario de los soldados que les acompañaban, la reina estaba de pie, con el mapa expendido en sus brazos mientras miraba a su alrededor. Lo cierto es que todo le parecía igual, como si la vegetación no cambiase por mucho que caminasen. Su ojo poco entrenado no podía distinguir la senda que para otros era como un camino empedrado. Suspiró y alzó la vista. El resto del pequeño grupo descansaba. Había tenido un poco de miedo al principio, pues era la primera vez que mezclaba a sus propios soldados laguz con los beorcs de Ylisse. Pero con el paso de las horas, tanto unos como otros parecían haber formado cierta camaradería, típica de aquellos que se dedican a las mismas artes. Al menos, algo bueno estaba saliendo de todo aquello. Sonrió, pero la sonrisa le duró poco.

Sobresaltada, giró sobre sus talones para buscar al joven príncipe, pero no le encontró. - ¡Príncipe Chrom! – exclamó angustiada, y estuvo a punto de precipitarse por el mismo desnivel de no ser porque un soldado le agarró de sus ropas en el último momento. Tenía suerte de que su atuendo fuera tan vaporoso, compuesto por unos pantalones anchos hasta los tobillos, una camiseta ajustada, y encima una túnica larga de tul que se abrochaba en el pecho, y que daba al conjunto la sensación de ser un vestido cuando no lo era. Si hubiera llevado armadura, o cuero, la monarca de Sindhu se habría precipitado al vacío, pues el material se había resbalado de le la sujeción del soldado de Ylisse que con tanta rapidez había actuado. No tuvo tanta suerte el mapa, que voló de sus manos para planear sobre el desnivel, lejos de su alcance. Tras un sonido de sorpresa, Sissi se asomó por el precipicio para ver si Chrom estaba bien. Entre toda la maleza de color verde, la manakete sobresalía como un punto rosa, gracias a su cabello y sus ropajes del mismo tono. - ¡Príncipe Chrom! – volvió a llamar preocupada. - ¿Está bien? ¡No se preocupe! ¡Ahora bajamos a por usted! – todos los soldados habían dejado de descansar para trazar un plan de rescate.

No ayudaba el sonido metálico de escapas y escudos que no pertenecían a ellos, y que cada vez estaba más cerca.

Ropa de Sissi:
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Mensaje por Invitado Lun Mar 19, 2018 8:23 am

Aunque la vegetación era densa y dificultaba la formación de patrones para conocer el camino que debían tomar, los huecos por los que la luz solar se colaba hasta el suelo podía servirles para conocer la dirección en la que caminaban. También la dirección en la que crecían muchas de las plantas indicaban el lugar de mayor incidencia del astro Sol, pero dado que la tierra que pisaba le era desconocida había preferido fiarse de sus legítimos habitantes. No había dicho nada al respecto, pero juraría haber dejado atrás por segunda vez un helecho con una forma bastante extraña. Porque ser y deber ser, como decía la reina, eran dos planos completamente diferentes. Confiando en que las direcciones eran las correctas, habían llegado a un punto donde no era posible conocer dónde se hallaban sin tener que escalar a alguno de los altos árboles del lugar.

Pero en realidad poco le importaba en ese momento.

¡Estoy bien, estoy bien! –Elevó la voz para que sus soldados se tranquilizasen, así como la reina Sissi. Sabía que sus compañeros se precipitarían por el desnivel solamente para buscar una forma de mantenerse unidos, incluso en la adversidad. Ese era el motivo por el que confiaba plenamente en ellos. Nunca, jamás, abandonarían a uno de los suyos, sin importar si se trataba de su líder o del último en formar parte de sus filas. Todos eran como una familia, estrechamente unida, donde las heridas y el dolor de uno de extendían a los demás, de la misma forma que el júbilo los colmaba a todos de fuerzas renovadas.

Desde su posición, levantó tranquilamente su brazo derecho para saludar a la regente de cabellos rosáceos cuando se asomó entre los matorrales para comprobar su estado. Le dedicó una sonrisa rápida, restándole importancia al asunto, pues tampoco era la primera vez que sufría una caída, ni probablemente la última –¡Reina Sissi, no os preocupéis, intentaré buscar yo también alguna manera de elevarme de nuevo hasta vuestro nivel, si todos bajáis aquí, nos adentraríamos aún más en la espesura de la selva! –Se apresuró a añadir. Desde luego a él no me importaba. Había querido adentrarse en el lugar desde que supo de su existencia. Los lugares nuevos, extraños y peligrosos le llamaban la atención, especialmente en un continente lejano como lo era Valentia, pero tampoco era tan irresponsable como para realizar un acto suicida. Debía volver a su hogar en unas jornadas, llevando consigo todos los pergaminos firmados para que su hermana mayor diera el visto bueno a la relación de ambos reinos.

Caminó unos metros siguiendo el terraplén por el que se había precipitado mientras se frotaba el brazo dolorido. Podía moverlo perfectamente, por lo que ninguno de sus huesos se había fracturado. Probablemente le saldrían algunas marcas moradas, nada de lo que se fuera a asustar a esas alturas.

Suspiró al no encontrar cerca ninguna rampa por la que acceder al nivel superior del terreno. Justo en ese momento, percibió lo que parecían ser unos ruidos bastante poco naturales para el interior de una selva. Los animales no caminaban prácticamente al unísono ni tampoco portaban metales tintineantes. Su semblante se tornó más serio en un momento –¿Estáis escuchando ahí arriba? No estamos solos, pronto tendremos compañía –No quería alzar la voz más de lo debido, así que rogaba para que hubiesen escuchado sus palabras. Por algún extraño motivo, los seres que se estaban acercando parecían conocer su posición y se aproximaban hasta el punto donde había sufrido la caída. Posiblemente habían escuchado el alboroto y las posteriores voces de confirmación.

Se escondió detrás del tronco de uno de los árboles cercanos, dilucidando cuán próximos se encontraban. ¿Serían emergidos? ¿O se trataría de esas otras aberraciones que decían comer carne humana? Nunca había contemplado a estos últimos, por lo que desconocía qué esperar. Vivir en la selva con armadura no parecía ser la opción más inteligente, pero quizás, si buscaban atacar, se habían procurado corazas y armas. A lo mejor simplemente se trataba de un grupo de aldeanos que habían salido de cacería, aunque lo dudaba.

Y dudar solo lo hacía más interesante.
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Mensaje por Invitado Lun Mar 19, 2018 9:20 am

No había palabras que explicasen lo mal que se sentía Sissi ante la situación en la que Chrom estaba metido. No podía verle a la perfección, ay que había matorrales sobresaliendo por el desnivel que le impedían tener una visión entera del príncipe, pero no se fiaba de que estuviera del todo bien. Esa caída, que no había sido lo que se diría corta, podría haberle provocado una contusión como mínimo. En el tiempo que se habían conocido, la reina había llegado a respetar y encontrar muy apacible la presencia del príncipe, y como tal, una amistad comenzaba a surgir entre ellos. La culpabilidad por haber hecho que se precipitase al vacío le provocaba un nudo en la garganta. No solo era el emisario de un reino con el que pretendía establecer una alianza, sino que había sido su propia terquedad la que había provocado el accidente. Daba igual que Chrom le dijera que no se preocupase, pues la manakete ya llevaba segundos de ventaja pensando en todo lo malo que le podría haber ocurrido con esa caída.

No solo estaba en su personalidad el preocuparse por sus amigos, sino que eso tenía también una raíz en su instinto laguz. Los dragones eran protectores de lo suyo por naturaleza, y no les gustaba que aquello a resguardo bajo sus alas fuera atacado o saliera herido de cualquier forma. Estaba entrando en tal estado de pánico, que al principio le costó sentir la presencia de los emergidos. No fue hasta que un escalofrío le recorrió la columna vertebral, que por fin se dio cuenta del viento aciago que iba hacia ellos. La advertencia del príncipe confirmó sus sospechas. Desde lo alto del terraplén, la mirada dorada de Sissi vislumbró a un pequeño pelotón que se dirigían hacia ellos como sabuesos tras la pista de presa. Se componían de unos cinco emergidos, quizás alguno más que estuviera aún entre los altos árboles tropicales. Era increíble lo que aquellas criaturas podían lograr. Incluso el sonido de las aves y de los insectos se volvía más tenue, hasta casi desaparecer, cuanto más cerca estaban.

Por segunda vez, unas manos la agarraron de la ropa y la alejaron de su posición. Una flecha atravesó el aire allá donde la reina había estado más preocupada por la seguridad del príncipe que por la suya. Con el corazón en la garganta, agradeció al soldado laguz y le dedicó una sonrisa suave, aunque temblorosa. Eso había estado cerca, y ese cuerpo débil podía sucumbir a las armas más comunes. La estrategia había cambiado. Los soldados estaban ahora preparándose para la batalla mientras pensaban en la forma de luchar contra los enemigos y rescatar a Chrom antes de que le encontrasen. Incluso un militar experto como él podría ser víctima de un grupo mucho más numeroso. No había momento para dudar, si tiempo era lo que necesitaban, tiempo y cobijo les proporcionaría Sissi. Cebo. Distracción. El muro que recibía los ataques destinados a otros. Esa también era la labor de una reina, como una madre que protege a sus hijos y a su hogar.

Tras una breve explicación al grupo de soldados, apenas un intercambio de opiniones y órdenes rápidas pues el tiempo corría, Sissi y otros laguz felinos se transformaron. Eran los únicos, por ahora, que podían descender el desnivel sin salir heridos o ponerse en peligro. El par de tigres y un gato fueron hasta Chrom, encargados de luchar junto a él de necesitarlo. También, quizás con su ayuda podía subir al estrato superior. Mientras, Sissi se colocó como una barrera entre ellos y el pelotón de emergidos. Su enorme cuerpo dorado era imposible de no ver. Al sol, sus escamas resplandecían como oro, y sus ojos brillantes eran como llamas atravesadas por una fina pupila negra, inteligente y certera. La dragona les mostró los dientes, su hocico arrugado en señal de amenaza. Un gruñido nació de su pecho, tan fuerte que las piedrecitas del terraplén temblaron un poco y una bandada de pájaros huyó asustada. Sin dar tiempo a los emergidos a atacar ellos primero, Sissi abrió las fauces y calcinó al primero que se le puso delante.
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Mensaje por Invitado Lun Mar 19, 2018 6:22 pm

Desde escondite vio volar un par flechas hasta el nivel superior, donde se encontraban sus compañeros. Frunció el ceño. Como mínimo significaba que entre los emergidos contaban con dos arqueros, lo que significaba que se podrían defender a larga distancia. Alguien que no fuera demasiado ágil tendría problemas en acercarse hasta ellos y sería una diana perfecta para que los dos emergidos que usaban el arco probaran su puntería con una diana andante. No escuchó ningún sonido de dolor, ni siquiera un quejido, por lo que suspiró de alivio. No habían dado a ninguno de sus compañeros, era una buena noticia. La mala, en cambio, era que los enemigos sabían perfectamente dónde se encontraban posicionados, así que contaban con ventaja.

Sonrió de medio lado, pues que supieran dónde estaban sus hombres y los de la reina Sissi no significaba que conocieran su presencia en el nivel inferior. Sería una ventaja para todos. Se disponía a acercarse al grupo enemigo, utilizando el resto de árboles enormes y las altas plantas para camuflarse, pero varios laguces se posicionaron a su lado. Dio un respingo al no esperar esa reacción. Con el ceño ligeramente fruncido, los saludo con un gesto de la cabeza pero se llevó un dedo a los labios, en señal de que debían guardar silencio, no quería que por la presencia de los felinos toda la cautela que había tenido hasta el momento se perdiera. Pero también había aparecido una silueta mucho más grande, completamente dorada y resplandeciente. Era imposible no posar los ojos sobre la figura de la reina transformada en su forma de dragón. La majestuosidad que desprendía era digna de su posición, aunque no era solamente visualmente atractiva.

Sino que también era mortífera.

Ver a aquel emergido calcinado por la energía que las fauces de la manakete habían desprendido fue, sin duda alguna, lo más espectacular que había visto durante todo su viaje. Tenía los ojos abiertos como platos, no por temor o incredulidad, sino de puro asombro por el poder con el que un miembro de la tribu de su propia diosa contaba. Bajo su punto de vista, tanto él como su hermana se habían comportado educadamente en el reino, pero desde ese momento, y con más razón que nunca, intentaría no enfadar a la regente.

Aprovechando la distracción de la mayor, desenvainó su espada y se dirigió con suma rapidez hasta donde los emergidos se encontraban. Se habían quedado estudiando las posibilidades que tenían contra un ser prácticamente divino, sin saber cómo reaccionar ante semejante poder. De esta manera, cuando apareció por uno de sus flancos no necesitó más que un golpe rápido y certero para que el filo de su espada atravesase el cuello del emergido más próximo a su situación –Majestad, no esperaba que fuera capaz de veros en vuestra forma de manakete, pero debo admitir que tanto vuestra presencia como vuestro poder son increíbles –Aquella excursión por la selva no hacía más que mejorar por segundos. Iba a poder enfrentarse a emergidos enemigos, había visto la otra forma de la reina, ya solamente quedaba encontrarse a uno de esos famosos caníbales que vivían en la espesura del lugar.

Pero espero que me permita luchar a su lado, si queremos ser buenos aliados le demostraré que en Ylisse sabemos defendernos bastante bien –Observó, primeramente, el cadáver calcinando del pobre emergido que lideraba el escuadrón para después pasar al que ahora yacía a sus pies. Sonrió de medio lado, adoptando nuevamente la posición de ataque correcta -No tardaremos demasiado, prometo no interponerme en medio de sus movimientos -Llamó la atención a otro de los emergidos, golpeándole en un hombro para captar su atención. Si estaba furioso, algo normal después de haberle provocado una herida, le fijaría como objetivo. De esa manera podía retroceder y alejarlo del resto del grupo, por si la manakete quería utilizar de nuevo su poder abrasador.
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Mensaje por Invitado Mar Mar 20, 2018 1:02 pm

El aliento de la reina, como energía pura, hizo desaparecer casi de inmediato al emergido que había liderado al grupo. Algún otro con más corpulencia o más habilidad habría sobrevivido al menos dos asaltos, pero ese enemigo debía de ser de alguna clase más débil, quizás un bailarín o un clérigo. Sissi no se había fijado en tanto, más preocupada en eliminarle que en analizarle. No pudo hacer nada contra el poder de un dragón. Ahora quedaban pocos detritos en el suelo, apenas restos carbonizados que era imposible de saberse quién había sido momentos antes. Posada en el suelo, con las alas plegadas para evitar que las hirieran y una postura algo agachada, mucho mejor para la defensa, estudio sus alrededores hasta visualizar a sus laguz, que no habían tardado en atacar a sus propios emergidos. ¿Y el príncipe? Achicó los ojos, oteando entre la maleza, hasta que se dio cuenta que Chrom no estaba detrás, sino delante, luchando a su lado.

Lo primero que hizo Sissi al escuchar la voz del joven príncipe fue dirigir su gran cabeza dorada en esa dirección, flores rosáceas sobresaliendo por la parte superior como lotos tropicales. Le miró con dureza, como si quisiera saber todos sus secretos. En realidad, solo quería comprobar que estaba bien y que no había sufrido heridas por el accidente de antes. Por cómo había terminado con la criatura, no tenía duda de que al menos su movilidad no estaba del todo mal. Tampoco podía notar sangre. Satisfecha al creer que Chrom solo estaba algo polvoriento por la caída, asintió a sus palabras y volvió a prestar atención al pelotón de emergidos que se les estaba echando encima. Ya recuperados de la sorpresa inicial de ver a una dragona en todo su esplendor, el que parecía el estratega del grupo comenzó a haces gestos a los demás. Órdenes nuevas de ataque y defensa.

Una espada trató de cortar la piel dorada de la reina, pero el metal resbaló y no hizo apenas un rasguño en las duras escamas. Sissi, sin embargo, le dirigió una mirada fija y letal. Su gran ojo almendrado de un color naranja, aunque variaba entre otros tonos propios del fuego, se clavó en la presencia de la emergida en una línea negra. No parpadeó. De un manotazo, lanzó el cuerpo hacia un lado, donde fue agredido de inmediato por las garras de los tigres. Gruñó, instando al siguiente a atacarla, pero no hacía falta. Varias flechas trataron de clavarse en su cuello y en su torso, zonas demasiado bien cubiertas como para ser atravesada. Ayudaba que Sissi se mantuviera en movimiento continuo, así los pliegues membranosos de sus alas no saldrían heridos, ni tampoco zonas como el hocico o los ojos. A lo largo de años batallando a emergidos, había aprendido más de una cosa útil sobre defensa propia.

Otros enemigos habían llegado hasta ella sin dificultad. Pensó en usar su aliento, pero le preocupó hacer daño a un laguz que se había metido en su camino. Le dedicó un gañido de advertencia, como indicándole que tuviera más cuidado, y en vez de usar las fauces para exhalar energía, las empleó para aplastar con los dientes a uno de los arqueros, que no había medido bien la distancia y ahora estaba siendo pasto de la potente dentadura dracónica. Trozos de carne y ríos de sangre cayeron por las comisuras de su boca, manchando todo a su alrededor antes de descender por su cuello como si se hubiera dado un festín. Se podía escuchar el crujir de los huesos al romperse, y el chirriar de la armadura ligera al doblarse bajo la presión. Entonces, Sissi sintió algo que le heló la sangre ya de por sí fría. Un mago oscuro avanzaba hacia ellos, y su aura maligna, como un mal augurio, hizo que todo el mundo se quedara paralizado del miedo. La reina comenzó a temblar, presa de un terror infundado y provocado por la habilidad emergida.

Trató de respirar, y de su ser empezó a salir una marea de paz y quietud que alejó las sombras de todos sus aliados. No dejaría que alguien adepto a la oscuridad tocara los corazones de aquellos que estaban bajo su protección. La esencia tranquilizadora del manakete fue desvaneciendo el miedo de las almas de sus aliados, hasta que el último estuviera libre de ese yugo maldito. Mientras tanto se quedó quieta a merced de los ataques enemigos, pues no podía moverse ella tampoco. Esperaba que Chrom hiciera honor a su promesa de demostrarle lo bien que sabían defenderse, y defender, en Ylisse.
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Mensaje por Invitado Miér Mar 21, 2018 8:03 am

Que un dragón varios metros mayor que uno mismo le escrutase con la mirada como si quisiera ver su interior era una completamente nueva experiencia. Casi podía notar como aquellos orbes refulgentes le inspeccionaban de arriba abajo, aunque no estaba seguro de lograr descifrar qué era lo que intentaba transmitir ¿una especie de regaño? ¿enfado? ¿incredulidad por estar luchando a su lado? No sabía cómo responder, si es que debía hacerlo, pero sencillamente levantó la mano libre y saludó. A pesar de tener ese brazo todavía bastante dolorido por la caída, era mejor utilizarlo para saludar que dejar la espada cuando se hallaban rodeados de enemigos.

Cuando esta asintió, supo que todo estaba correcto y en su lugar, por lo que se volvió a concentrar en la tarea que tenían entre manos. Le estaba sorprendiendo de sobremanera las capacidades de lucha con las que contaban los laguz. Eran especialmente fuertes y resistentes y realizaban movimientos que en la vida había creído posibles, lo cual era completamente comprensible, pues nunca había visto a “animales” luchar y por lo tanto desconocía sus técnicas. En alguna ocasión había observado a los taguel, una raza que vivía en las tierras de Ylisse, pero no se podía comparar a una transformación completa en animales listos y preparados para la lucha. Cuando ese emergido necio, sin saber lo que hacía, golpeó a la reina con su hoja, pronto fue lanzado lejos y rematado por los felinos que antes le escoltaban. Verdaderamente increíble.

Decidió que volvía a ser su turno, ya había pasado el suficiente tiempo como espectador. Trató de llegar hasta uno de los arqueros que ponían en peligro no solamente las alas de la regente, sino en general a todo el grupo. Los ataques a distancia podían ser un verdadero problema cuando se estaba concentrado en otro enemigo. En ocasiones ni siquiera se veían venir, de ahí su gran amenaza.

Pero en cuanto observó a un mago oscuro entrar en escena, el mundo pareció volverse un poco más lúgubre, más sombrío. Eran verdaderamente peligrosos, con su extraña masa de magia de colores purpúreos que parecía prácticamente tener vida propia. Se comportaban muy diferente a los magos de ánima o de luz, y bastaba asegurar que era el enemigo más temido al que se iban a enfrentar. Apretó la mano alrededor de la espada, buscando las fuerzas y el valor necesario para lanzarse contra él, aunque le era complicado. Sus piernas no querían responder. Gruñó. Pese a todo, fue caminando hasta el frente, intentaría captar su atención si con eso sus compañeros no sufrían ningún tipo de perjuicio. Plegia contaba con un inmenso número de magos oscuros, así no era la primera vez que se enfrentaba a uno, ni tampoco, muy probablemente, la última ocasión.

De un momento a otro sintió cómo sus fuerzas regresaban, incluso con un brío mayor al anterior. Entrecerró los ojos, señalando a los arqueros con la espada mientras les dirigía la mirada a uno de los tigres y al gato –Sed ágiles, llegad hasta su posición, mientras el mago oscuro se encuentre aquí necesitamos concentrarnos plenamente en él y los arqueros serían una amenaza constante, ¡os los encargo! –Por algún extraño motivo, la reina se había quedado en silencio, sin mediar palabra, aunque parecía concentrada en algo. Estaba acostumbrado a liderar a sus tropas, por lo que si veía una oportunidad clara no la desperdiciaría, aun si eso suponía dar mandatos a quienes no eran sus propios soldados.

Mientras tanto, el otro tigre restante y él mismo se encargarían del mago oscuro. Con la mano le realizó una seña para que se posicionara en el flanco contrario. Sonriendo de medio lado, adoptó una posición de ataque, porque en ese momento atacar era su mejor defensa –La magia oscura no tiene cabida en este lugar, rendíos o tendréis que cargar con las consecuencias de vuestros sucios actos –Un poder que exigía precio en sangre, en vitalidad, en alma, no podía ser considerado más que demoniaco. Completamente antinatural y en contra de los designios de la divina Naga, la magia oscura era un mal que debía erradicarse –Reina, yo me encargo de él –Le lanzó una mirada de soslayo, asintiendo levemente antes de lanzarse a la vez que el felino. El mago emergido, que por sus palabras habría descubierto que se trataba de uno de los dirigentes de la empresa, lanzó su magia contra él. Sonrió para sus adentros, rodando velozmente por el suelo para esquivar aquella maldición flotante. Chasqueo la lengua al sentir una vez más los pinchazos del hombro y del brazo, pero no le pararían. El tigre se había acercado lo suficiente como para distraerle y crear una abertura en sus defensas que no dudó en aprovechar. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, el filo de su vieja espada le atravesó el costado mientras que las fauces llenas de colmillos encontraron su objetivo en el cuello emergido.

Uno menos. Uno más cerca de acabar con la plaga.
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Mensaje por Invitado Miér Mar 21, 2018 2:10 pm

El acto que permitió a Sissi saber que ya no estaba siendo víctima del mal augurio del mago oscuro fue que el emergido que tenía en la boca por fin cayó al suelo. Recuperaba la movilidad de la mandíbula, pronto el resto de extremidades tomaron el control sobre sí mismas. Dejó de temblar y de estar aterrada sin razón alguno, y poco a poco la paz volvió a inundar su corazón. O al menos tanta paz como pudiera existir en el corazón de una dragona que estaba siendo atacada en su hogar. Se limpió con la larga lengua bífida la sangre que le había dejado el emergido en el hocico, y cuando sintió algunos cortes en el labio, una zona sensible y que seguramente se había resentido al contacto con el acero al ser masticado, rugió. El sonido que nació de su interior era desagradable, diferente a los gruñidos que antes hubiera lanzado. El tono variaba entre grave y agudo de una forma extraña y cavernosa, y más de uno se volvió con miedo a ver de dónde provenía.

Oh, estaba enfadada.

Un emergido mago oscuro era de la peor escoria que pudiera haber. Dos existencias condenadas en un único cuerpo, las peores mitades unidas. Dentro de toda la tolerancia que tenía Sissi hacia lo que era diferente a ella, que era mucha, había ciertos límites que no sobrepasaba. El primero, el del culto a Grima. Ella era una manakete de la Tribu los Dragones Divinos de Naga, y el mero hecho de aceptar al Dragón Caído, la oscuridad hecha carne, le provocaba nauseas. Grima era el eje de muchas de las cosas malas que le habían sucedido a su raza, la personificación de la maldad y la locura de la que eran capaz y nunca en su vida podría adorarle o permitirle envenenar a su país. Por otro lado, los magos oscuros estaban intrínsecamente unidos a la ideología del Oscuro, aún no había conocido Sissi a ningún mago arcano que no adorase a esa terrible entidad. Su magia no era sincera, no era buena, como su credo. No. Ellos, al igual que su dios, no tenían cabida en Sindhu.

Los soldados que antes estaban en el terraplén habían comenzado a bajar uno a uno por una cuerda improvisada con lianas. Al encontrarse en la selva, no era difícil hallar esa clase de plantas a su alrededor, pues en realidad colgaban de casi todos los árboles. Los ciudadanos sindhi debían de haber enseñado a los invitados de Ylisse el uso tan práctico que podían tener. Ahora, todos colaboraban para tratar de erradicar el mal que poblaba el mundo, y que había osado atacar a su príncipe y a su reina. Pronto se unieron en tierra a ayudar a sus compañeros. No parecía haber ningún herido de gravedad aún, y los daños superficiales serían fáciles de sanar con alguna poción que siempre llevaban encima. En cualquier otro momento, la manakete habría sentido orgullo y satisfacción al ver a dos pueblos tan diferentes luchar a la par, con los mismos ideales, aunque hubieran nacido en extremos opuestos del mundo, pero no había tiempo que perder.

Con un batir potente de alas, Sissi se hizo de nuevo al cielo. Había mucha gente ahora a ras de suelo, y su cuerpo era demasiado grande como para moverse con agilidad. Sobrevoló la escena un par de veces con movimientos circulares, analizando con ojos almendrados y reptilianos lo que sucedía. Más o menos, casi todos los soldados estaban luchando uno a uno contra los emergidos. No quería desatar su aliento y calcinarles a ellos también. Entonces, escuchó un gañido cercano y el sonido de alas al moverse y alzar el vuelo. De entre la espesura había aparecido un jinete wyvern, tan impropios de su país. Sissi lo había reconocido antes de verle, por el olor diferente que desprendía, como de dragón subdesarrollado, y que hasta entonces no se había enfrentado a laguz emergidos. Si acaso eso era algo posible. Sin dudarlo, tanto Sissi como el jinete se lanzaron en el aire el uno contra el otro. O más bien dos contra uno, pues el wyvern era casi tan feroz como el que lo montaba.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 22, 2018 9:02 am

La justicia estaba de su parte. Ver apagarse los ojos del emergido significaba que sus palabras estaban en lo correcto, que sus pensamientos e ideales eran los adecuados, pues de lo contrario las divinidades que permitirían que un acto así ocurriera. Por lo tanto, la muerte de los emergidos por el filo de sus aceros no era sino una consecuencia de la superioridad del culto a la diosa Naga, en detrimento de los adoradores oscuros. Cuando la sangre que impregnaba el suelo de la selva dejase de ser de los demonios carmesíes, solamente entonces, sentiría temor, hasta entonces serían los encargados de decidir sobre su punto y final.

Extrajo su espada del cuerpo inerte enemigo. Bañada en un líquido granate oscuro, la limpió, hundiendo el filo en la tierra con rapidez. No le gustaba que el líquido de la vida de los infieles resbalase por su arma, y aquella era la manera más rápida de deshacerse de ella en pleno combate. Más tarde ya se encargaría de proporcionarle los cuidados adecuados, pero siempre después de servir a un honrado fin. Poco a poco, el resto de soldados que antes poblaban del desnivel habían logrado llegar hasta el terreno inferior donde se desarrollaba la lucha. Esbozó una sonrisa de medio lado a sus hombres, asintiendo con la cabeza. No era ni la primera ni la última vez que tendrían que enfrentarse a los emergidos, ya fuera en tierra propia o ajena, así que no necesitaban más órdenes que una mera afirmación, tenían su completo permiso para actuar como prefiriesen, siempre con un objetivo claro: derrotarlos a todos –¡No escatiméis en vigor, que nos recuerden en esta nación por nuestra habilidad y competencia desterrando emergidos de este mundo! –Alzó la voz para que los más alejados también se henchieran de orgullo y blandieran sus armas como si no hubiera mañana.

Mirando de reojo, se percató de que la reina de Sindhu volvía a moverse con soltura. Sus movimientos eran inestimables para la victoria, ya que manteniendo su forma dracontina contaban con una ventaja que los emergidos no habían calculado. Muy probablemente su estratega se habría dado cuenta de que se habían dirigido hacia la boca del lobo, o del dragón, más correctamente hablando. La observó elevar el vuelo, siempre con un cuidado maternal que era incapaz de perder incluso pesando toneladas y con unos colmillos afilados como lanzas. Un nuevo asalto se presentaba en las alturas. Un jinete wyvern que hasta el momento permaneció escondido, se izó sobre las cabezas de sus camaradas, dirigiéndose velozmente hasta donde la regente sobrevolaba. Sabía de la ferocidad no solamente de la montura, sino de los jinetes que acostumbraban a cabalgar sobre ellos, pero allí en las alturas solamente ella tenía posibilidades de derribarlo.

Como en todos los ejércitos, existía una mente pensante, capacitada para designar cuáles eran los movimientos más acertados para enfrentarse a sus oponentes en el campo de batalla. Sus pensamientos, veloces como rayo en una tormenta, debían acercarlos a la victoria, empleando el menor número de movimientos y manteniendo con vida a tantos guerreros como fuera posible. Pues no eran solo soldados, eran compañeros, amigos, padres y madres, hijos. Todos tenían un hogar al que volver. Sin embargo, los emergidos habían adoptado un método ligeramente diferente, obviando la importancia de los sujetos. No eran más que peones en un tablero de juego. No importaba cuántos de ellos perecieran, siempre y cuando realizaran un jaque mate al oponente. No existía la palabra piedad en su interior, así como tampoco honor. Ninguno contra los que se había enfrentado había mostrado signos de benevolencia, así que eso mismo conseguirían de él.

Fijó su objetivo, precisamente, en el estratega. Si desmontaba sus planes y podían escuchar nuevas órdenes, sus movimientos acabarían siendo erráticos en algún momento, consiguiendo una apertura en sus filas. Hizo un gesto con la mano, solicitando refuerzos a un par de sus guerreros de confianza. Protegieron sus flancos mientras él corría directo hacia el emergido. La mayoría de sus oponentes esperaban una estocada al frente, con fortaleza, pero fácilmente predecible. No obstante, era en esos momentos, en los que a apenas un par de metros del oponente, se lanzaba hacia el aire para girar y embestir desde las alturas, con su acero realizando un arco hacia abajo. Si recibía el golpe, los emergidos habrían perdido a su estratega.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 22, 2018 7:05 pm

¿Acaso había un jinete volando a lomos del wyvern? Era imposible de distinguirse tal presencia con la forma en la que ambas criaturas aladas luchaban en el aire. Sissi era ágil y muy buena volando, aprovechaba las corrientes de aire y su fisionomía para tener la superioridad. Otros dragones usaban más el impulso de sus alas, la fuerza bruta, pero los manaketes no eran así. Más en sintonía con su alrededor, con la naturaleza presente tanto en tierra como en el cielo, no había terreno al que no pudieran hacerse como si hubieran nacido en él. Respondían a su entorno como su entorno respondía a ellos, la llamada de lo salvaje. La reina, antes de llegar a donde estaba, había tenido una época en la que había desdeñado esa parte tan fundamental de sí misma, asustada de su propio poder. Y eso, a su vez, había ocasionado que el alma dracónica de Sissi fuera indomable y agresiva, un recuerdo de la locura que había consumido a su raza hasta la extinción. Había sido su hermano quién le había enseñado otro camino, el de aceptarse a sí misma tal y como era, con todo lo feo, con todo lo roto.

Y por eso no perdería. Ella se conocía a sí misma, mientras que un ser incapaz de comunicarse y que solo anhelaba la destrucción del planeta no tenía lo necesario para vencerles. Podían invadir país, hacer caer imperios, pero nunca lograrían acabar con los últimos rebeldes en contra de la ocupación. Mientras quedaran hombres y mujeres buenos en el mundo, guiados por la luz y la esperanza, el triunfo estaría de su lado. No como aquellas criaturas sin honor ni ética, que apenas hacían muecas de dolor al ser atravesadas por el acero de sus aliados o abrasados por su aliento. El wyvern rugía y su montura cargaba contra ella con brutalidad, pero les faltaba determinación, y eso sería su muerte.

Sissi chocó contra el jinete, en un cúmulo de alas, garras y dentelladas. Sintió como el Wyvern le mordía un flanco, pero el dolor era algo acallado en su mente con la adrenalina del momento. La incisión no había sido muy profunda, apenas unos agujeros por los que manó un poco de sangre a lo largo de su flanco izquierdo. La manakete atacó de vuelta con un zarpazo en el hocico, en una zona muy sensible que le hizo soltarla de inmediato. El emergido se aferró a las riendas y trató de blandir su hacha, posiblemente para trotar de cortar su cabeza, pero el movimiento le desestabilizo. En cuanto vio una apertura en la defensa, Sissi giró el cuello y le agarró con la potente mandíbula en la zona del hombro y del cuello. Apretó con fuerza y dio una sacudida que hizo que el cuerpo del jinete cayera al suelo y la cabeza saliera rodando en dirección opuesta. Le habían hablado de que los wyverns, al ver la muerte de sus amos suelen enloquecer de dolor y pena, pero ese no hizo nada de eso. La miró con grandes ojos rojos y relucientes, y continuó en la ofensiva como si nada hubiera sucedido.

Sin embargo, la manakete era mucho más grande y fuerte, y no necesitaba a nadie que guiara sus acciones. Se echó un poco hacia atrás y tomó impulso. Primero le lanzó su aliento, que no llegó a darle del todo, pero sí que le dejó un buen trozo de piel escamosa quemada. Utilizando su ímpetu se lanzó hacia él y aleteó con mucha fuerza para que ambos chocaran contra el suelo de la selva, algo alejados del lugar donde se libraba la batalla en tierra. El wyvern tocó tierra primero. Ambas figuras destruyeron toda la flora que encontraron a su paso con el peso de sus cuerpos. Aves tropicales huyeron al cielo, y una intensa nube de arena se levantó allá donde la selva había salido herida. Por unos instantes se escuchó el sonido de rugidos y de lucha, hasta que de pronto reinó el silencio.

De repente, una figura salió entre los árboles. Cubierta de sangre, algo polvorienta y de aspecto cansado, pero salvo eso, Sissi estaba bien. Se fijó en que la mayoría de las luchas habían terminado o estaban en proceso de ello. Los soldados que ya no tenían enemigos ayudaban a los que sí. Los emergidos no tenían oportunidad de vencer con tantos soldados protegiendo Sindhu. Caminó a cuatro patas hasta el grupo y mientras lo hacía, fue restregándose contra los laguz a su paso, con algún sonido parecido a un gruñido que los demás replicaban de igual forma. Así mismo, la reina aceptó con buen ánimo las palmadas en su lomo que recibía de los soldados sindhi beorc, que estaban agotados y heridos, pero siempre tenían fuerzas para animarse entre ellos tras una victoria. Los propios de Ylisse tenían más reservas, algo más turbados se limitaron a asentir con la cabeza ante el grácil caminar de la manakete dorada.

Cuando llegó hasta Chrom le miró de forma crítica, como al comienzo de la batalla. Después, sin avisar siquiera, sacó la lengua de las grandes fauces y le lamió de pies a cabeza. El tacto del músculo bífido y húmedo limpio parte de la sangre y la suciedad que se hubiera pegado a las ropas y a la piel del príncipe, y también le dejó una buena cresta de cabello azul al terminar. Después, como si nada fuera de lo normal hubiera ocurrido, le dio un golpecito gentil en el brazo con el morro e hizo un sonidito que parecería un ronroneo de no ser porque venía de una dragona gigante, por lo que más bien era un siseo. – No me vuelva a asustar de esa manera. – dijo con una voz cavernosa. Era muy diferente a su tono normal, mucho más dulce y gentil. Este era grave, como un eco en una caverna, pero al mismo tiempo tenía una esencia que solo era propia de Sissi.
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Mensaje por Invitado Jue Mar 22, 2018 8:50 pm

Mientras un aleteo se encargaba de agitar las ramas de los árboles que se agolpaban por encima de sus cabezas, debido al baile incesante de los dos seres alados que batallaban en las alturas, sus ojos se mantenían situados en la tierra. El cielo era la cuna de los seres alados, así como el principal objetivo de los arqueros. Se apresuró a mirar más allá de su oponente, buscando con la mirada a los emergidos cuyas flechas casi los alcanzaban al principio, pero se encontraban en serios problemas enfrentándose a los lanceros sindhi, quienes atacaban incesantemente a la vez que les impedían utilizar sus peligrosas armas. Era más que palpable cómo profesaban preocupación y devoción por su reina, ya que protegían a esta a toda costa. Las alas, que en ese momento eran su mayor punto débil, la dejarían desamparada frente a los envites del wyvern. Por suerte tanto sus soldados como la monarca parecían mantenerse firmes en sus posiciones.

Por su parte, todavía tenía una cuenta pendiente con el estratega enemigo. Su golpe aéreo, que se aprovechaba de la rotación para que el filo golpeara con mayor furia sobre la carne emergida, había penetrado en su hombro izquierdo por completo, dejándole inservible todo su costado zurdo. No obstante, no había fallecido. No bastarían más que varios minutos para que la cantidad de sangre que la herida abierta derramaba le hiciera desfallecer, pero hasta el momento seguiría en pie, con unas fuerzas inexplicables a la vez que elogiables. ¡Ojalá contar con esa capacidad sobrehumana de seguir luchando hasta el último aliento! Aunque por otra parte, la posibilidad de que su vida tocara a su fin era lo que les mantenía cautos, pero también valientes en las batallas. Luchaban por vivir, no por cumplir un objetivo, y dado que para continuar existiendo necesitaban estar saludables, sin heridas graves que desembocaran en la muerta, era la potencia que necesitaban para mantenerse en pie. Era la fuerza de los humanos. Los verdaderos humanos, y no de unos seres completamente desalmados como los emergidos.

No necesitó dar una nueva orden a los valientes guerreros que habían enfrentado al estratega a su lado. En cuanto comprobaron la pobre condición en la que este se hallaba, cada uno por un flanco, decidieron finalizar su existencia de forma rápida. Los restos del emergido coronaban el espacio frente a sus pies. Cerró los ojos, dando por acabado el combate a pie de tierra. Los arqueros emergidos también yacían inertes, uno sobre un denso matorral, capaz de soportar el peso de su cuerpo sin vida, otro unos metros más alejado, bocabajo y con un brazo estirado hasta el lugar donde previamente estaban los soldados aliados. También el cielo parecía haber calmado su rugir, y aunque la lucha se había desviado entre la arboleda del lugar, el silencio volvió a reinar en la espera de la selva sindhi.

La enorme silueta de la reina, aún en forma dracontina, hizo acto de presencia y se acercó hasta donde todos, reunidos, lanzaban vítores por una merecida victoria. Envainó su espada, todavía cubierta del líquido rojizo que sería tan difícil de quitar una vez seco, pero no era el momento adecuado para sacar a florecer sus dotes de limpieza armamentísticas, ya dispondría de tiempo para sí mismo más adelante, y lo aprovecharía para poner a puesta todo su equipo.

Las curiosas pupilas de la regente se posaron sobre su figura, pudiendo observar todos y cada uno de los indescifrables tonos que le otorgaban aquel color tan característico. Tenía la intención de saludar una vez más como lo hubo hecho en el pasado, pero al levantar su extremidad sus ojos no dieron crédito a lo que su piel experimentaba. De acuerdo, si a alguien en Ylisse le asegurara que un manakete le había lamido parte del cuerpo, de la cara y de su cuero cabelludo, probablemente dudarían de su palabra, incluso pondrían en entredicho el buen nombre que se había labrado como custodio; sin embargo, que varios mechones de su azulado cabello se mantuvieran en contra de la gravedad, elevados hacia el cielo, eran una prueba más que fehaciente.

Se quedó paralizado durante algunos segundos, sin saber cómo responder ante un acto cuya naturaleza desconocía. A pesar de haber adoptado su forma laguz, el inmenso dragón que se mantenía elegantemente a su lado no dejaba de ser una reina. Reina, con género femenino, lo cual conllevaba que una mujer había pasado su lengua por su cuerpo.

Una mujer.

Su cuerpo.

Su lengua.

Desearía tener cerca algún árbol sobre el cual poder apoyarse para asimilar todo aquel bullicio de información que reinaba en su mente, pero debía dar una respuesta o pensaría que los emergidos se habían hecho con su lengua –¡Ah! –El golpe de la dragona le sacó de su ensimismamiento, sacudiendo la cabeza para desterrar aquellos pensamientos inverosímiles –D-disculpe majestad, no pretendía preocuparla, ni cayendo por el desnivel ni tampoco por entrometerme en la pelea, pero si buscamos una relación formal entre nuestros reinos, creo que esto es una prueba importante de que lucharemos por el bien de ambas tierras, conjuntamente –Con todas las emociones a flor de piel, había olvidado cómo el brazo herido le palpitaba, buscando unos pocos cuidados.
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Mensaje por Invitado Vie Mar 23, 2018 8:19 am

La sorpresa en el rostro del príncipe y su posterior sobresalto hicieron que la dragona se volviera a poner alerta. Sabía que no controlaba del todo su fuerza, en especial en comparación a los débiles cuerpos de los beorcs. Si su tacto hubiera sido en su forma antropomórfica, estaba segura de que no le había hecho ningún daño al joven Chrom, pero su cabeza de manakete era grande y pesada, y parecía haberle ocasionado alguna molestia a su invitado y aliado. No se le pasó por la mente que pudiera estar turbado por sus cariñosas acciones. ¿Acaso no era normal para un dragón preocuparse por lo que protegía? Más de una vez había lamido las heridas de sus amigos, no tanto para limpiarlas como para tratar de darles consuelo y aliento. Era un instinto básico y propio de su raza, tan sola y extinta en el mundo, el encontrar a otras personas con las que formar lazos familiares y de amistad.

Puesto que no podía ayudarle en esa forma, una luz blanca pronto la envolvió. En el lugar donde antes estaba la gran dragona, ahora volvía a estar la Reina de Sindhu. Estaba despeinada y tenía la ropa raída allá donde el wyvern había logrado penetrar su piel. Parte de su costado presentaba incisiones por las que había caído sangre, pero no era nada que no pudiera ser atendido al regresar. Su rostro preocupado contrastaba con la sangre seca de sus labios y que caía por su garganta. Paradójico cómo una persona tan menuda y de aspecto gentil guardase una bestia en su interior. Aunque ya no quedase nada de ella. La Reina se aproximó al príncipe con las cejas fruncidas. - Por Naga, ¿le he hecho daño? – preguntó con ansiedad. Al no ver nada que pareciera roto o un corte peligroso de un arma enemiga, pudo respirar más tranquila.

Aun así, sería óptimo volver cuanto antes a palacio. Deseaba bañarse y quitarse toda la suciedad que se le había pegado al cuerpo, volver a ser la figura pulcra y elegante propia de una reina. Aunque olieran a victoria, no era un olor que Sissi quisiera tener durante mucho tiempo. Prefería el aroma del agua de rosas, y el tinte picante de la canela y el sándalo. Por cómo los demás comenzaban a limpiar la sangre de sus cuerpos y armas, el sentimiento era compartido.

Podría volver volando hasta allí, pero no sería de buena educación ni correcto el dejar a los soldados y a Chrom atrás, y mucho menos cuando acababan de ser atacados. Por suerte ninguno parecía herido de mucha gravedad, nada que un vulnerary no pudiera solucionar en un instante. No se sentía cómoda al llevar a gente a la espalda. Era algo que no había hecho casi nunca, los instantes pudiendo ser contados con los dedos de una mano. Un manakete no era una montura, no era un animal. Sissi necesitaría una relación muy especial para permitir a alguien ir en su lomo. Después de todo, ahí era donde era más vulnerable, más débil, además de ponerla en una situación de sumisión con la que su lado dracónico no se sentía cómodo. Andando deberían de ir.

Uno de los soldados se acercó a ambos con algo en las manos. Tras llamar la atención de la reina, le entregó el mapa que antes había caído por el terraplén. Sissi lo había creído perdido, cuando en realidad no había planeado demasiado lejos del lugar donde habían tenido la batalla. Estaba algo arrugado, polvoriento y con varios boquetes en el maltratado papel, pero la ruta que habían seguido seguía bien indicada. Se fijó en que su posición aparecía también, ya que una serie de dibujos señalaban la existencia de un desnivel en la zona en la que se debían hallar. No había mal que por bien no viniera. La manakete miró al cielo. Por la posición del sol podrían llegar a la hora del almuerzo. Su estómago rugió un poco al pensar en la comida especiada, picante y dulce, que les debía de estar esperando. Se giró un poco hasta Chrom y, enseñándole su posición en el mapa, le preguntó: ¿Está preparado para una nueva aventura?

Off:
La Dragonstone que usa Sissi es una Dragonstone [2] <3
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Mensaje por Invitado Sáb Mar 24, 2018 7:46 pm

Todavía con el rostro consternado, le estaba costando recuperar la compostura después de la acción de la Reina. Además, que solamente hubiera realizado ese acto con él descolocaba todavía más sus pensamientos. No estaba seguro de cuantos soldados de los que valerosamente habían luchado a su lado se habían percatado del gesto de la manakete, pero o bien no se atrevían a expresar su sorpresa ante el lametazo, o bien la celebración de la victoria les había mantenido entretenidos como para ver el acto. Volvió a mirar al rostro al dorado dragón, aunque habría sido mejor no haberlo hecho. Agachó la mirada velozmente, maldiciéndose a sí mismo por haber intentado preguntar con la mirada, cuando era más que obvio que no obtendría respuesta alguna.

Cuando una luz blanca, justo a su costado, llamó su atención, comprendió qué estaba ocurriendo. Recuperando su tamaño previo, junto a él, reapareció la figura humana de la regente, pero no ayudó a que su último acto se esfumara de sus pensamientos. Todo lo contrario. Incluso con los ropajes desgarrados y los cortes propios de la batalla, se imaginó cómo aparentaría el mismo gesto, pero esta vez con su aspecto antropomorfo.

¡NO! –Añadió, probablemente demasiado rápido para que sus palabras disimularan la realidad. Se reprendió a sí mismo mentalmente, pues su respuesta apresurada solo acarrearía más y más cuestiones que no tenía intención de responder. Abrió la boca, intentando buscar las palabras adecuadas para intentar finalizar el momento incómodo –Simplemente, pues… –Una nueva punzada en el brazo apareció como la mejor de sus soluciones –Es solo que de la caída anterior me golpeé, pero no se trata de nada relacionado con usted, tranquila –En cierto modo no estaba mintiendo, todos saldrían victoriosos con esa mentira piadosa. Se frotó el brazo dolorido, constatando que efectivamente tendría que echarle un vistazo cuando salieran del lugar, tampoco era una herida que pudiera infectarse en la selva, sino más bien alguna magulladura un poco más fuerte que de costumbre.

Cuando no hubo más preguntas al respecto, un largo suspiro de alivió escapó de sus labios. Miró al cielo, dándole las gracias a Naga por ser tan piadosa. Un interrogatorio allí en medio, rodeado de un número elevado de guerreros tanto de Ylisse como de Sindhu no era el mejor momento para aclarar lo sucedido. Y quizás nunca tuviera oportunidad de conocer el motivo de aquel extraño acto, pero en cierto modo puede que fuera lo mejor. No tardaría demasiado en regresar a su hogar, no sería relevante. Quedaría guardado en ese baúl de anécdotas sin explicación.

Reorganizó a sus hombres, dándoles palmadas en la espalda por su perfecto trabajo. No podía estar más orgulloso del desempeño de sus guerreros en peleas que involucraban a emergidos, pues la experiencia en su tierra los había curtido para combates semejantes, aun cuando se encontrasen en un territorio completamente diferente al de su hogar. Cuando todos estuvieron preparados, tras haber atendido las heridas más importantes de un par de soldados, buscó con la mirada a la reina. Incluso con sus prendas destrozadas en parte por la campaña, mantenía el aura propia de quien ostenta el cargo máximo en un estado. En cierto modo le recordaba a su hermana, por lo que esbozó una minúscula sonrisa. Pronto volvería a su lado.

Al ver el mapa que un sindhi había entregado a la reina, tuvo que reírse. Lo había dado por perdido también, pero allí estaba, mostrándoles a todo el camino de regreso. Ahora sí se habían posicionado bien, por lo que, cuanto menos, serían capaces de deshacer sus pasos y ubicarse en la selva rumbo a la salida. Una pequeña punzada de lástima se apoderó de su der, ya que no sería capaz de ver a los famosos caníbales que tanta curiosidad habían despertado en él. Bueno. Probablemente tuviera otras oportunidades, si la alianza continuaba en el tiempo. Los viajes no serían tan frecuentes como los que realizaba a Altea, debido a la distancia y a que los viajes en barco eran más peligrosos, pero sí volverían a encontrarse de nuevo –Creo que hablo por mí y por todos los demás al asegurar que estamos más que preparados, majestad –Posando su brazo sano sobre la empuñadura de la espada, esbozó una sonrisa de medio lado, asintiendo con la cabeza. Lametazo extraño o no, nunca rechazaría una aventura.
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Mensaje por Eliwood Sáb Mar 31, 2018 12:05 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Chrom ha gastado un uso de su espada de bronce.
Sissi ha gastado un uso de su dragonstone.

Ambos obtienen +2 EXP y +1 Bonus EXP!

Chrom puede ahora ascender de la clase Lord a la clase Great Lord.

> Ascender a la siguiente clase.
> No ascender, conservar la clase actual.

Favor de responder seleccionando la decisión.
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
espada de acero [3]
.
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Support :
Marth [Campaña de liberación] What we do in life echoes in eternity [Priv. Sissi] OaIUyNL
Lyndis [Campaña de liberación] What we do in life echoes in eternity [Priv. Sissi] JEIjc1v

Especialización :
[Campaña de liberación] What we do in life echoes in eternity [Priv. Sissi] NqTGGyV

Experiencia :
[Campaña de liberación] What we do in life echoes in eternity [Priv. Sissi] Fy4uE7I

Gold :
1109


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Mensaje por Invitado Dom Abr 08, 2018 6:33 pm

Ascender de clase, ¡gracias! (Y perdón por la tardanza)
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Mensaje por Eliwood Mar Mayo 15, 2018 12:35 am

- Class Change -

¡Chrom ha ascendido de Lord a Great Lord!

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[Campaña de liberación] What we do in life echoes in eternity [Priv. Sissi] Espada%202 ¡El nivel de uso de espadas ha sido aumentado!
La barra de EXP es reseteada. De ahora en adelante, sólo los temas tipo Campaña, Entrenamiento y Misión darán incrementos de EXP.

¡¡Felicitaciones!!
Eliwood
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