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[Social] Un encuentro destinado [Deirdre]

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Mensaje por Sigurd el Lun Nov 06, 2017 1:38 pm

Recordaba esa playa. Había estado mil veces en ella. Pero ahora era como si fuera la primera vez que pisaba sus arenas y contemplaba sus olas.

La recordaba de niño. A pocos kilómetros de su castillo, era uno de los sitios preferidos donde un jovencísimo Sigurd disfrutaba de darse un baño en las aguas en compañía de su hermana y de amigos nobles de su infancia. También disfrutaba de hacer castillos en la arena y jugar con la pelota en la orilla. Eran momentos que Sigurd tenía grabados en su corazón, momentos de paz, propios de un niño normal, escasos debido a su condición nobiliaria y a la educación estricta a la que estaba sometida por ello.

La recordaba de adolescente. Fue en aquella orilla, de noche estrellada y sin nubes, bajo el abrigo de la luz de una luna creciente, que Sigurd confesó su amor a la que luego sería su esposa. Un lugar idílico y precioso. Y un momento mágico, sobre todo cuando dicha mujer aceptó. Sigurd jamás podría olvidar ese instante tan decisivo en su vida, por mucho que su esposa llevase más de un año desaparecida y todo el mundo ya la hubiera dado por muerta.

La recordaba de adulto. Casado y con un hijo, pero aún sin tener encima la carga del ducado de Calphy sobre sus hombros debido a que su padre todavía no había desaparecido. Esta vez era su hijo el que jugaba y Sigurd le contemplaba cuando no le enseñaba a nadar o se animaba a jugar también con él. Momentos también inolvidables, grabados para siempre en su memoria.

Pero ahora, la playa era completamente distinta, y Sigurd la contemplaba con unos nuevos ojos.

La arena, antes ocupada por bañistas y turistas, ahora estaba repleta de soldados. Las aguas, antes llenas de niños jugando, estaban repletas de botes y barcos anclados. El paisaje, antes bello de prados y bosques a la lejanía, estaba ahora oculto tras vallas de madera y estacas puntiagudas clavadas en la arena. Aquello ya no era una playa. Era una base militar. Era el comienzo de la reconquista de Grannvale.

El dolor todavía perduraba en Sigurd. Había fallado a Calphy. Había fallado a Grannvale. En medio de la campaña de liberación de Renais, no había estado presente cuando su reino sucumbió a la horda de los Emergidos. Había desoído las peticiones de sus consejeros, suplicándole que se quedase para proteger Grannvale del peligro. Pensaba que no pasaría tal cosa, que los Emergidos no serían capaz de llegar tan lejos en su ausencia.

Los había subestimado por completo. Y ahora pagaba las consecuencias. Oleadas de cartas llegaron a Sigurd de Calphy y de todos los demás rincones de Graanvale narrándole los funestos sucesos que estaban acaeciendo. Aldeas y ciudades arrasadas, civiles masacrados, cosechas quemadas y destruidas… La capital Barhara había sido tomada por los Emergidos, el gobierno disuelto y en el exilio. El caos adueñado de todo.

Sigurd no se iba a quedar de brazos cruzados. En cuanto supo la noticia, reunió a todos los hombres que habían marchado con él hasta Magvel, mas aquellos que escaparon con vida de la masacre de los Emergidos y marcharon hasta el encuentro del duque para sumar fuerzas. Quien no llegó hasta Sigurd fue su hijo, pero las cartas que había recibido comentaban que había logrado escapar y que andaba escondido resistiendo y aguardando en algún rincón del reino hasta que llegasen refuerzos para lograrlo salvar. Aquello metía presión en el duque, quien debía actuar contrarreloj si quería evitar perder también a su hijo.

Aunque no era la única razón por la que debía actuar a contrarreloj. Entre las cartas que le llegaron hubo una misiva del príncipe Xander de Nohr. Aparentemente, el reino de Akaneia estaba dispuesto en acudir a Grannvale para expulsar a los Emergidos, tal y como Sigurd acudió a Nohr en sus horas más bajas. Sólo que con la diferencia que ahora Nohr no sólo pretendía desterrar a los Emergidos de Grannvale, sino imponer su gobierno y su religión, en una clara campaña de conquista. Una traición que Sigurd sintió como una auténtica puñalada en su corazón. Debía darse prisa y reclamar su reino de las manos de los Emergidos antes que lo hiciese el reino de Nohr, quien ya estaba moviendo ficha.

Aquella playa sería el primer peldaño. Los Emergidos habían tomado su reino desde hace poco y todavía no habían colocado vigilancia en todos los puertos, por lo que pudieron desembarcar sin ser vistos y empezar a montar ahí mismo una base improvisada. Dicha base estaba situada a escasos kilómetros de Calphy, su hogar y primer objetivo a reconquistar. Y desde Calphy plantearía la reconquista del resto de ducados hasta volver a llegar a la capital. Si durante el camino se encontraba con alguien de Nohr… pues sea. Ya respondió a Xander por carta avisándole de las consecuencias de que sus hombres penetrasen en su territorio sin permiso.

La playa era un punto estratégico vital no sólo por ser la palanca para recuperar Calphy, sino también porque toda conexión con el exterior se haría a través de ese puerto. Por ello mismo, se extremaban las precauciones y poco a poco se iba construyendo una base que no sería temporal, sino que debía aguantar durante todo el periodo de la reconquista.

-¡Mi señor Sigurd! ¡Traigo noticias de los exploradores!-le dijo uno de sus soldados en tono marcial, mientras el duque examinaba como marchaba la construcción de aquella base.
-¿Han localizado algún asentamiento de los Emergidos?-aunque la playa estaba desierta de esas criaturas, Sigurd bien sabía que los Emergidos no dejarían los alrededores de un punto estratégico como el castillo de Calphy desprotegido y sin guardia. Por eso había enviado exploradores para rastrear el terreno y conocer de antemano donde iban a encontrar resistencia.
-No se trata de Emergidos. Es una superviviente. Una mujer que ha  escapado de los Emergidos. La están escoltando ahora mismo.
-¿Una superviviente? ¿Aquí? ¡Traedla ante mi cuanto antes!-aquello era una buena noticia. No sólo por el hecho de salvar la vida de una mujer en peligro, sino también porque aquella mujer podría explicar cómo andaba la situación por la zona como testigo ocular de los hechos. Información muy útil en aquel entonces.

Poco sabía Sigurd en aquel momento que aquel encuentro que iba a tener marcaría todo su destino.
Sigurd
Sigurd
Afiliación :
- NOHR (GRANNVALE) -

Clase :
Lord

Cargo :
Duque de Calphy

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Vulnerary [3]
Esp. de bronce [2]
hacha larga de bronce [2]
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[Social] Un encuentro destinado [Deirdre] Empty Re: [Social] Un encuentro destinado [Deirdre]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 19, 2017 8:01 pm

"¿De dónde salieron? Tengo que irme. No puedo ganarles haga lo que haga, si me enfrento cara a cara contra ese pequeño ejército seguramente moriré, y no puedo morir. No aún." En la desesperación de la mujer por intentar escapar de los extraños seres que la perseguían con velocidad, con armaduras, cascos y armas, desgraciadamente la albina era completamente incapaz de hacerles frente por su nula capacidad ofensiva y por eso mismo su mejor carta en la baraja era escapar de ellos. Los latidos del corazón de la peliplata eran cada vez más y más veloces, claro que huir de esos caballeros le daba muchísima adrenalina cosa que en vida jamás había pasado por la extrema calma del bosque en el que vivía, se sentía viva al tener ese nivel de adrenalina.
La respiración con cada paso era rápida, no poseía tiempo para hablar, toda la energía la estaba empleando en escapar de ahí, sosteniendo con sus dos manos el vestido hacia arriba, si corría con el largo vestido sin alzar la tela tranquilamente podría caer y hacerse daño que era lo que claramente no quería que le pasase. "Aún me siguen..." Pensó en el agitamiento, ¡si que eran duros! Ya llevaban persiguiéndola unos varios minutos, ¿cuándo se cansarían? Era lo que se preguntaba.

"No voy a llegar... ¡Me alcanzan!" El paso acelerado se volvía cada vez más lento y los extraños ni sudaban, ¿¡pero qué eran!? Seguramente tenían un alto entrenamiento militar para poseer semejante aguante físico y cuándo llegó el momento del fin.

Cerró los ojos, se detuvo y cubrió con sus manos.

Oyó armas y gritos, unos extraños habían acabado con esos "militares" porqué no era consciente de que eran emergidos, no tenía ni idea de eso. "¿Me matarán?" Pensó en el momento que abrió los ojos y los vió a los hombres, aparentemente con seriedad le ofrecieron ayuda y decidió dejarse llevar, los escoltas ahora eran esos militares y eran aliados suyos.

─ Hola. ─. Una simple palabra que dirigió al hombre que estaba frente a ella, ese hombre era el destino al que los soldados decidieron llevarla, todos estaban detrás de ella.
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Invitado

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Mensaje por Sigurd el Miér Nov 29, 2017 2:06 pm

El soldado no tardó en cumplir con la orden que le dio Sigurd, y se dirigió hacia el grupo que había encontrado a la mujer superviviente. Dicho grupo no tardó en guiar a aquella dama hasta la orilla, donde Sigurd contemplaba el mar en silencio.

Cuando el duque escuchó los pasos a sus espaldas, sospechó que se trataba de esa mujer que había ordenado buscar. Dio un último vistazo a las calmadas aguas y se dio la vuelta para mirar cara a cara a aquella mujer.

Y entonces, Sigurd era el silencio.

¡Era ella! ¡¡Era ella!! No, no era ella. Se parecía. Se parecía mucho. Se parecía muchísimo. Esa piel pálida, ese cabello largo y plateado, esos ojos… Realmente se parecía a su esposa perdida hacía ya tanto tiempo. Durante unos cuantos segundos, se le cortó la respiración a Sigurd, incapaz de reaccionar.

Era irónico que, en aquella playa, se encontrase con una mujer que resultase idéntica a su amada esposa. Los recuerdos que albergaba en su corazón reflotaron de nuevo, consumiendo su alma. Tardó en darse cuenta de que la mujer la había saludado con un sencillo “Hola”. Sigurd estaba como en otro mundo, embutido en la confusión.

Pero al final, se obligó a apartar a un lado esos recuerdos. Sigurd era el duque de Calphy, era la esperanza de su patria ¡Debía comportarse como tal! Aquella mujer parecía cansada, agotada, aterrada. Esa pobre mujer no tenía la culpa de parecerse a su querida esposa desaparecida. Sigurd debía tratarla con respecto, como a cualquiera de sus compatriotas en horas tan oscuras.

-Perdonad que haya tardado en reaccionar, tengo… demasiadas cosas en la cabeza.-se disculpó el duque como buenamente pudo, consciente que había mantenido un silencio incómodo con la llegada de la mujer que había durado demasiado.-Me presento, soy Sigurd, duque de Calphy. Mis hombres y yo hemos construido esta base en la playa para recuperar Grannvale de los Emergidos. Relajaos, estáis a salvo aquí. Nadie os hará daño, os lo prometo por mi honor.

Lo primero era relajar un poco la situación. La mujer había sobrevivido a una situación terrible, todo un reino infestado de aquellas diabólicas criaturas. Sigurd quería asegurarse que se sintiera bien antes de nada, que pudiera confiar en ellos.

-¿Necesitáis algo? Bebida, comida, descansar un poco. Lo que necesitéis. Reconozco que tengo preguntas que haceros, pero pueden esperar a que estéis descansada, señorita… Oh, perdón. Ni siquiera he preguntado vuestro nombre, disculpad mis modales… Yo…-¡¿Qué demonios le pasaba?! Se sentía nervioso hablando con la mujer, y sentía a su vez que metía la pata continuamente ¿Era acaso porque esa mujer se parecía a su desaparecida esposa? ¿Por eso no podía evitar mirarla a los ojos continuamente?

Maldita sea. Había acudido a aquella playa para salvar a toda su gente y ni siquiera era capaz de hablar con una mujer cara a cara. Qué patético ¡Hay vidas en juego! Debía seguir comportándose como debía. No podía permitirse perder los nervios por semejante tontería.

Y sin embargo, no podía evitar seguir mirando a aquella mujer en los ojos.
Sigurd
Sigurd
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Clase :
Lord

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