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[Campaña de liberación] El Resurgimiento [Priv. Alice, L'Arachel, Morgan]

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Mensaje por Invitado Dom Oct 01, 2017 6:27 pm

Después de casi dos años fuera de su hogar finalmente había llegado el momento de volver, apenas se había terminado de recuperar de lo que había pasado hace dos semanas, su armadura se había destrozado por completo, ahora el príncipe solo tenía unas piezas de metal que pidió al herrero que le hiciera, no era nada con demasiado detalle y pensaba luchar con eso aunque probablemente solo le duraría un par de ataques enemigos, de todos modos deberían nadar hasta llegar a la pasaje que los llevaría dentro del castillo, cuanto menos peso lleven encima más fácil será ese pequeño trayecto.

Ephraim estaba sentado en una habitación donde había una gran mesa cuadrada, estaba sentado en la punta con los codos apoyados sobre la mesa y su boca apoyada sobre sus manos juntas. Su corazón latía rápidamente, deseaba tirar el plan que tenían a la mierda y entrar corriendo de frente al castillo, quería matar a todos los emergidos por su cuenta y vengarse de lo que esos seres le hicieron a Renais, deseaba que todo acabara para poder buscar restos de personas, probablemente no los cuerpo sino ropa o joyas, algún arma o armadura solo para comprobar que su familia y amigos todavía estaban vivos. Nada era más difícil para el príncipe que estar ahí sentado esperando que terminara de amanecer, el ataque sería en el momento del día que más luz haya, no tenía sentido atacar de noche porque probablemente los emergidos tendrían buena visión de todos modos, solo quedaba atacar en el momento en que él y sus soldados pudieran sacar lo mejor de sí.

En el momento en que Ephraim no podía aguantar más las ansias, un hombre llegó a aquella habitación sin puerta para informarle al príncipe que ya habían recogido los explosivos suficientes y que había vuelto el explorador que mandaron días atrás. Al parecer era como había imaginado, arqueros en todas las superficies altas, incluido los escombros. No sería nada fácil pero eso era algo que ya sabía, Ephraim intentó mantener la calma frente al hombre pero no lo logró, se paró de golpe golpeando la mesa con ambas manos y dijo: -¡Llama a Morgan, L'Arachel y Alice!- Al ver que el hombre tardó unos momentos en responder, Ephraim empezó a desesperarse y gritó. -¡AHORA!- Asustado por el grito de su príncipe, el hombre salió corriendo en ese preciso instante para cumplir con las ordenes de Ephraim.

Tardó algunos segundos en calmarse, en ese momento solo podía pensar que si cometiera una equivocación sería suficiente para que muchos soldados perdieran la vida, una vez dentro del castillo debía derrotar al emergido que los estuviera comandando si o si, aunque no tenía idea de cómo hacerlo ya que si el líder enemigo tenía la mitad de poder que el emergido que le había destrozado su armadura probablemente no tedrían oportunidad alguna. Luego de calmarse el príncipe se sentó una vez más, respiraba hondo y pausado intentando reprimir sus ancias, debía aguantar, juntar a su ejército y confiar en que el plan de Morgan tendría éxito, no podía preocuparse o dudar porque eso terminaría afectando su manera de luchar, ahora necesitaba confiar ciegamente en su estratega y así lo haría.
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Mensaje por Invitado Lun Oct 02, 2017 9:02 pm

Tras su encuentro con Ephraim y la batalla que libraron en un campamento cercano a Frelia, los días habían pasado demasiado rápido para Alice. Su estado de salud aún no era óptimo por culpa de las frecuentes infecciones en el ojo, estaba manteniendo una estricta rutina de curas para evitar su deterioro. Cuando su estado físico se lo permitía participaba en los ejercicios de entrenamiento con las comunas de milicianos, ayudando a instruir a los que eligieron la lanza como arma. Un complemento a los instructores que ya había designado el príncipe cuando ella decidía ejercitar sus brazos, aprovechando su experiencia para que otros tomaran ejemplo. Mientras descansaba, permanecía en una sección del campamento reservada para las jinetes de pegaso, un grupo que fue creciendo a medida que el príncipe anexionaba otros campamentos al principal. El trato con las chicas -mayoritariamente frelianas- era bueno, aunque Alice había procurado no establecer lazos muy estrechos. Al fin y al cabo, y aunque ésta antaño fuera su tierra, su familia y responsabilidades aguardaban al otro lado del océano. Demasiado tiempo había retrasado su vuelta, mas fue una pausa necesaria para poder recuperarse de todo lo que pasó. Era una soldado de paso por Renais, cuando el príncipe recuperara su castillo volvería a Silesse y se enfrentaría a su destino.

Retomar su puesto en el ejército o renunciar en favor de una actividad alejada de las batallas. Aún se decidía en su corazón cual sería su destino, sentía que la batalla final por Renais le daría las respuestas que necesitaba.

El campamento respiraba una mezcla de tensión y expectativa al mismo tiempo, pues llegaba el momento en el que se se decidiría el destino de Renais. Los zapadores exploraban el terreno, exploradores vigilaban las cercanías del castillo y otros soldados se encargaban de ultimar los detalles logísticos de la operación, el resto de personas preparaban su equipo y preparaban sus entrenamientos finales mientras miraban de reojo la tienda en la que descansaba el príncipe. Todos sabían que más pronto que tarde saldría para ordenar la movilización de todas sus tropas. La impaciencia empezaba a imperar, todos los que estaban en el campamento lo habían decidido libremente, ellos compartían el deseo de su monarca de recuperar el país. Alice también estaba expectante y concienciada, guardando el máximo reposo esos días para no caer enferma antes de la batalla. Prefiriendo tardar algo más de tiempo en vestirse vez de excederse al llevar su armadura siempre consigo, recibió el aviso urgente de Ephraim sin esperarlo, por lo que se presento a la tienda principal con ropa cómoda y que la abrigasen del templado pero traicionero clima de Renais.

A su entrada, se encontró con un príncipe claramente intranquilo e impaciente, posiblemente malhumorado aunque no podía confirmar aquello con sólo haberle mirado a los ojos. Entendía bien ese sentimiento porque ella misma lo había experimentado. Sabía que lo mejor -para ella- en esa situación era no inmiscuirse en su lucha interna, dejar que fuera él mismo príncipe el que encontrara la salida a toda su frustración, fuera el modo que fuera. Dejando de lado la perturbación de Ephraim, él la había llamado por algo, por lo que tampoco podía quedarse callada. - Hola. - Rompió el silencio con un tono neutral. - Estos últimos días en el campamento han ayudado a que mejore. Gracias por eso...

- ¿En qué puedo ayudar? - Alice ignoraba que venía mas gente hasta después de esa pregunta, momento en el cual escuchó pisadas acercándose a la tienda. Al momento se hizo a un lado de la entrada, dando espacio a los que estaban por llegar.
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Mensaje por Invitado Miér Oct 04, 2017 6:55 pm

Desde que llegué a Renais y acepté estar bajo las órdenes del príncipe Ephraim hasta que llegara el día prometido, lo cierto es que mis actividades se redujeron en su mayor parte a enseñar a las pocas voluntarias que se presentaron a usar los bastones para sanar. Cabe destacar que su edad era bastante avanzada, pero no lo eran ni su velocidad de aprendizaje ni su labia, aunque era más que obvio que no podrían ir al campo de batalla. Para empezar, no tenían el suficiente poder como para curar una herida de forma veloz. Todavía no. En el campo de batalla perderían demasiado tiempo sanando. Además, está el asunto de la edad. Yo misma me encargué de explicarles que se necesita un adiestramiento mucho mayor para poder usar la capacidad de sanación como es debida. Incluso les expliqué mi experiencia personal: curar heridas en un campo de batalla consume mucha más energía que cuando se hace fuera del mismo.

Eso sí, para asegurarme de que no harían nada arriesgado, me encargué de tener sesiones de conversación con las ancianas, quienes me dijeron más de una cosa interesante. De hecho, a mí me sorprende que el príncipe Ephraim no las quiera como espías para asuntos internos. En este tiempo he descubierto todos los asuntos románticos de los hombres del campamento, tanto hipotéticos como reales. En más de una ocasiones las señoras intentaron sonsacarme información sobre mis intereses románticos. Fue una verdadera batalla. Más de una vez les tuve que repetir que no había ningún hombre del que me hubiese enamorado… Y cada vez que lo hacía, soldado del que hablaban y me describían. Como, por el ejemplo, sir Loewe, un jovencito campechano de muy buen corazón de diecisiete años de edad que había crecido junto con la familia de su amiga de la infancia. Y esto no es todo. Sé exactamente todo lo que ha hecho durante su infancia. ¿Y cómo lo sé? ¡Porque las malditas ancianas no dejan de hablar del asunto! ¡Y peor es cuando hablan del príncipe Ephraim porque dicen que “tengo aura de nobleza”! ¡Por favor! ¡Con ese señor no!

Hablando del mismo príncipe, escuché que había sido herido de gravedad hace unos días y que acabó cerca de la muerte. Su armadura también fue destruida, al parecer, dato que pude confirmar hablando con un herrero. Las ancianas de Renais son una fuente inagotable de información… Tanto que me asustaría tenerlas de enemigas. De hecho, me contaron que el mismo príncipe logró seducir a un grupo de jinetes de pegaso… ¿¡Y como se atrevió!? Tiene un país que recuperar, ¿y no tiene otra cosa mejor que perder el tiempo con romanticismo? Pero, ¡si ese príncipe no tiene ningún encanto! Admito que su cara no es fea, ni de cuerpo está mal pero, ¡sus modales dejan muchísimo que desear! ¿Quién en su sano juicio podría sentir ni la más mínima atracción por él?

Y esa misma reacción marcó mi tumba e hizo que toda su atención se centrase en mí. Acabé totalmente exhausta el primer día que aquello sucedió y logré dirigirme al herrero, quien me confirmó la situación del príncipe y que, efectivamente, su armadura había sido destruida. Yo misma le pedí que la rehiciera y, entonces, volví a mi tarea…

----------Unos días más tarde…----------

Pero, señorita L’Arachel – Arantxa no cesaba en sus empeños. – ¿Acaso no ve que nuestro príncipe es un buen partido? – como no, tras escuchar eso, seguido de un suspiro, Miriam tuvo que continuar. – Todas aquí adoramos al príncipe. ¿No creéis que es un buen hombre vos también? De no serlo, no estaría aquí, ¿no? Además, seguro que con una mujer como usted nuestro príncipe podría empezar a ser más sociable. Siempre pensando en sus guerras y batallitas… – y, entonces, Leandra tuvo que intervenir. – ¡Eso! ¡Que nosotras estamos aprendiendo esto de la sanación para que los jovencitos nos escuchen, que va siendo hora! Y la tunda que le voy a meter a mi nieto como lo vea...

Lo cierto es que lo que decían no era incorrecto. El príncipe Ephraim es un buen hombre. Se nota que se preocupa por sus súbditos… ¿En qué diantres estoy pensando? ¡Es un simio! ¡Un simio! ¡No hay nada bueno de ese simio maleducado, bruto y grosero! – Estoy de acuerdo en que a primera vista puede parecerlo, mas no creo que el amor sea algo en lo que debamos interesarnos en estos... – Arantxa, como no, tuvo que interrumpirme. – ¡Paparruchas! ¡El amor es lo único que debería importar! ¡Y es usted muy joven! ¡Piense en grande! ¡Piense en amor! ¡Y nuestro príncipe no tiene prometida!

Pero, ¿a qué viene toda esta presión? ¡Se supone que estamos recibiendo entrenamiento! – ¿L’Arachel? – una voz masculina, preguntando por mí, fue mi salvación. – El príncipe la busca. Se encuentra en su tienda. – unas miradas entre las ancianas me hicieron saber exactamente y con todo lujo de detalles lo que estaba sucediendo. – ¡No es lo que se imaginan! – grité, antes de volverme a dirigirme al soldado. – Gracias. Iré de inmediato. A propósito, ¿podríais por favor decirle al herrero que se dirija a donde está el príncipe con el obsequio que le encargué? Creo que será de su agrado – dije, sin pensar en quienes tenía detrás. – ¡Oh! ¡Un regalo! –dijo Leandra. – ¡Ve, niña! ¡Tú puedes! ¡A por él! – las tres se turnaron las frases y yo, con el más sincero sentimiento de querer enterrarme bajo tierra, huí a toda velocidad escuchando sus palabras de ánimo desde lejos. Aquella era una batalla perdida.

Todavía no me había relajado del todo cuando llegué al lugar, donde ya había alguien esperando junto con el príncipe. Realicé una reverencia para intentar mantener la fachada de que estaba perfectamente. Jamás voy a admitir que ese trío me ha hecho pensar en distintas posibilidades. No, señor. – Siento el retraso. El adiestramiento a las voluntarias ha demostrado ser hoy mucho más duro de lo que esperaba – luego me dirigí a la desconocida. – Creo que no nos conocemos – aunque probablemente el trío me hablase de ella. ¿De quién diantres no me habrán hablado, es la cuestión? Probablemente acabe mezclando su nombre e historial romántico con el de otra mujer. Aquello fue una tortura en un sentido completamente diferente al usual – Mi nombre es L’Arachel. Es un placer conoceros.

Una vez realizadas las introducciones, volví a dirigirme al hombre que ostentaba el cargo más importante aquí presente. – ¿Necesitáis algo?
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Mensaje por Morgan Lun Oct 16, 2017 1:28 pm

Para la plegiana, los momentos previos a salir a combate jamás eran de nerviosismo ni temor sino de mera impaciencia, de ferviente energía que no hacía más que aumentar al paso del tiempo, tornándola incapaz de permanecer quieta hasta que el inicio de la pelea ofreciera libertad. Se suponía que fuese ese día, en que los exploradores dieran la confirmación final y los preparativos estuvieran reunidos, pero el momento no podía llegarle suficientemente rápido. Si era posible estar demasiado lista y dispuesta, Morgan lo estaba. Su actitud provenía en gran parte de insensibilidad, de enfocarse con tanta certeza en recuerdos de su brillante padre explicándole sobre números y bandos que sus ojos no veían a quienes estuvieran del otro lado como nada distinto. Números sin humanidad; emergidos o no, su corazón podía yacer quieto e ignorante al lanzarse a por cabezas enemigas. Se sumaba a ello su ambición personal, su intención de demostrar de lo que era capaz y llevar a casa una historia de triunfo, de cómo había elegido un lugar en las peores condiciones para probarse a sí misma y había salido viva. Esa ambición iba por sobre cualquier misericordia, como ella iba por sobre los demás seres, criada en ideas de ser más grande que su propia mortalidad, llevando en su sangre los alientos de un dios oscuro. La Hija de Grima llevaría al príncipe al trono de Renais, no podía fallar en hacerlo. Aún si no hubiese en ella una sola gota de la nobleza de toda esa causa, era la estratega en quien el heredero había puesto confianza, era la que tenían y cumpliría con la mayor eficacia posible.

Si tan sólo el momento de pelear llegara. Nada impedía que Morgan durmiera bien, distendida y sorda al mundo, pero desde que había abierto los ojos, demasiado pronto para su propio gusto, no había encontrado descanso. Así que había comenzado, sin dilación, a prepararse para lo que tanto anticipaba. La llegada de la mañana la hallaba acordonando las guardas de sus antebrazos con algo de torpeza, al tener que acomodar cada una con sólo una mano y auxiliarse con los dientes, y repasando en constante repetición el plan por delante. Mientras ataba los nudos finales y procedía a apretar el correaje de su funda de espada en torno a su cintura, sin querer tenerlo flojo ese día, volvía a hacerlo. Asediarían las murallas ya en pésimo estado, se harían una molestia suficiente como para atraer a los emergidos a marchar hacia ellos, y entonces...

Un soldado llamó su nombre desde afuera de su tienda, informándole que el príncipe la buscaba. Morgan no perdió un instante más. Encaminándose fuera tan aprisa que casi chocó con el mismo mandado, procedió sin dilación y sin consulta al sitio en que usualmente se reunía con él, acertada en asumirlo. Su ingreso fue directo, cruzando el umbral y procediendo adelante a paso firme, frente en alto, ataviada en su vestimenta de estratega plegiana y portando enfundada la espada a su lado. Era una mujer de altura corta para su edad, cabello oscuro siempre una pizca revuelto, mas se llevaba a sí misma con enérgico y confiado aire. Se aproximó a la mesa del príncipe, viendo por el rabillo del ojo a las otras dos figuras allí presentes, mas demasiado ensimismada en su prisa por salir como para recordar sus modales y saludarlas primero.

- ¿Vamos a salir? ¿Voy reuniendo a las tropas? Te los tengo listos en un respiro, Ephraim. Hoy vencemos. - En su lugar, fue así como comenzó. Cuanto menos, nadie podría decir que la estratega de la operación mostrara poca fe en su éxito. Al pararse, lejos de poder permanecer quieta, pasó ociosamente su peso de una pierna a la otra un par de veces, asegurándose de tener el cuerpo suelto y pronto. Sólo entonces, mientras procedía a juntar sus manos para tronarse uno a uno los nudillos, se volvió a las 2 otras jóvenes en el lugar, dándoles una mirada rápida. No las reconocía del todo; su frágil memoria no retenía con facilidad a las personas nuevas, ni se había ocupado en conocer al campamento a nivel personal, sino en términos de números y tipos de tropas. Sólo veía, en primera instancia, que no parecían tan dispuestas a salir ya a la carga como estaba ella. - Ustedes no lucen list-- tu pelo está lindo. - Empezó a decir, frenándose cuando su mente se ponía al día y reparaba mejor en la compañía. Una de ellas tenía el cabello en un tono curioso de lima, ondulado y atado en una forma que no entendía bien cómo había hecho. La otra simplemente tenía un aspecto de extranjera en alguna forma adorable. Y Morgan, amigable por naturaleza, no se guardaba palabras de halago si le nacían por sí solas. - ¡Y tú eres muy bonita, aww! Bueno, ¿nos ponemos a ello? - Finalizó, sonriente y volviendo la vista adelante.
Morgan
Morgan
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Grandmaster | Wyvern Master

Cargo :
Estratega | Figura Sagrada (religión de Grima)

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Espada de plata [2]
Levin Sword [0]
Siegfried [0]
Espada de acero [2]
.
.

Support :
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Onix [Campaña de liberación] El Resurgimiento [Priv. Alice, L'Arachel, Morgan] JEIjc1v

Especialización :
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Experiencia :
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Mensaje por Invitado Miér Oct 18, 2017 11:59 am

Ephraim intentó calmarse durante el tiempo en que esperaba, intentó relajarse pensando en otra cosa pero fue inútil, solo pensaba en la batalla y en que todo empezara lo antes posible, deseaba matar emergidos ¡YA!

La primera que llegó fue Alice, Ephraim suspiró y, antes de que pudiera decir una palabra llegó L'Arachel y también Morgan, ya estaban todos, al fin el plan podía ser explicado, luego juntarían a los hombres y partirían. El corazón del príncipe empezó a acelerarse pero, por suerte la tranquilidad de la estratega se le contagio, ella era quién lo había planeado todo y si no estaba nerviosa solo significaba que no le preocupaba perder o simplemente no existía esa posibilida, Ephraim optó por elegir la segunda opción, no podían perder.

-Sientense por favor.- Dijo Ephraim cambiando la posición en la que se encontraba para apoyar su espalda sobre el respaldo de la silla y dejando ambos brazos sobre los apoyabrazos. -Calma Morgan... Primero...- Miró a Alice. -¿Cuántas jinetes de pegaso tenemos disponibles? ¿Si hay alguna débil o con alguna lesión que no se pueda curar con la magia de L'Arachel la mandaré a Mitgard, necesito alguien que haga llegar una carta.- Después movió su vista hasta la dama de cabello verdoso. -¿Cuántos clérigos tenemos? Si son de edad avanzada o tienen miedo a luchar quiero que esperen detrás para atender a los soldados caídos. La menor cantidad de bajas posibles quiero...- Quizás estaba abusando de la palabra "quiero", quizás estaba exigiendo algo imposible, pero no estaba pensando en modales ni nada parecido, solo pensaba en la batalla que estaba próxima a empezar, la batalla que decidiría quién ganaba la guerra.

Ephraim suspiró, sacó un pergamino y lo extendió en la mesa, era un mapa bastante detallado del castillo y sus alrededores, un mapa hecho por los exploradores que habían mandado. -Morgan... ¿Cuántos magos tenemos? Lamento no poder brindarte jinetes de wyvern pero... Aquí no es fácil encontrarlos.- Giró la cabeza para mirar a la estratega. -Tenemos dos halcones, serán de gran ayuda. También tenemos a Naruga que probablemente vale él solo por todo nuestro ejército...- Buscó los ojos de Morgan y frunció ligeramente el ceño. -Cuando aceptaste ser mi estratega sabías que sería difícil. Confío en ti Morgan.- El príncipe se paró en su lugar, en la punta de la mesa y dijo: -Les agradezco a las tres que esten aquí, sin ustedes el ejército sería mucho más débil, incluso dudo de que pudiera llamarlo ejército... Todos las personas aquí presentes confían en que los lleve a la victoria. Todos queremos ver el Renais de hace dos años atrás pero... Nosotros nacimos aquí. Ustedes tres son "extrañas" que se unieron a una causa imposible, no se cómo expresarles lo agradecido que estoy porque... No es algo posible, no puedo darles algo del mismo valor que sus vidas lo lamento.- Ephraim se inclinó hacia adelante, no sabía si eso era lo que realmente quería hacer, pero suponía que, si quería expresar respeto eso no estaba del todo mal, luego volvió a sentarse y mirar una vez más a la estratega. -Perdón... Ahora por favor explícanos el plan para atacar el castillo.-
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Mensaje por Invitado Dom Nov 05, 2017 6:43 pm

La aparición de la otra mujer había sido un tanto accidentada, por motivos que Alice desconocía, pero pudo notar su inquietud en los primeros instantes de su llegada. No hizo nada al respecto, no obstante, esperando a que ella terminara de hablar con el príncipe y finalmente llegara el momento de que ambas se presentaran. - Alice, igualmente. - Replicó en un tono neutral, complementando el semblante imperturbable que había mostrado desde que llegó a la tienda de Ephraim. Sus pensamientos no estaban ordenados, producto de la tensión previa a la batalla y la intranquilidad visible del príncipe, mas no exteriorizo su perturbación, se mostró fría y distante mientras intentaba concentrarse. No era tarea fácil, y mayor esfuerzo requirió cuando llegó la última chica como si fuera un torbellino. Su efusividad era excesiva, incluso molesta para la jinete de pegaso, aunque lo que más le inquietaba era que una persona tan nerviosa fuera la estratega de Ephraim en aquella peligrosa campaña. Sabía de ella a través del príncipe, le contó que había una persona ideando un plan para entrar al castillo, pero descubrir la personalidad de la cabeza pensante despertó la suspicacia de Alice. Las dudas sobre la competencia de la niña se hicieron visibles a través de la mirada incrédula que expresó al recibir el cumplido, su ojo sano se clavó en su nuca una vez ella se dio la vuelta para encarar de nuevo al príncipe Ephraim.

Junto en ese momento, Ephraim tomó la palabra, instando a las tres jóvenes a que tomaran asiento. Una vez lo hicieron, el príncipe tomó de nuevo la palabra, dejando de lado todo tipo de formalismo pasó directamente a estimar sus fuerzas. Miró a la jinete de pegaso en primer lugar y preguntó por la cantidad de jinetes que estaban disponibles para la contienda. Cerró los ojos unos segundos antes de contestar. - Unas treinta aproximadamente, otras cinco no están preparadas para la batalla. - Ephraim había dejado a cargo de Alice de las otras jinetes, a pesar de ser una extranjera, pero lo que más le sorprendió fue el buen recibimiento que llegó por parte de las otras chicas. A pesar de su apariencia débil, la jinete Silessiana se había convertido en una buena administradora de la división. Por otro lado, le intrigaba qué motivos tenía Ephraim para mandar una misiva a Mitgard, seguramente le preguntaría cuando todo hubiera terminado. - Quizá si se les cura rápidamente podríamos recuperar a la mitad, pero las otras son demasiado inexpertas, están en mitad de su instrucción. - Intentó sonar contundente mientras mantenía su tono respetuoso, pero no estaba dispuesta a mandar a niñas al campo de batalla.

Se sucedieron preguntas y respuestas con las otras, finalmente, Ephraim hizo una introducción sumado a un agradecimiento. Suponía que estaba demasiado nervioso como para pensar con claridad, pues estaba en profundo desacuerdo con algunas cosas que había dicho. Por como lo dijo, Ephraim parecía que no tenía en estima las fuerzas con las que contaba, diciendo que casi no podía hacerse llamar ejército. Entendía su inseguridad, pero nunca habría dudado de la fuerza que le podían brindar sus súbditos, gestionar a las jinetes de pegaso había afianzado esa creencia. Ardía en deseos de poder matizar sus palabras, pero sabía que no era el momento adecuado. Se mordió la lengua, mientras seguía la conversación sin mostrar signos de contrariedad. En el agradecimiento, simplemente asintió en una forma de expresar “No hay nada que agradecer”.

Y, entonces, su mirada se clavó en Morgan. Ephraim le cedió el turno de palabra, era el momento de escuchar su estrategia.
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Mensaje por Invitado Mar Nov 14, 2017 9:22 am

La chica que estaba allí se presentó como Alice. Alice, Alice… Ese nombre me es familiar… ¿No era esa la novia de Lucis? No. No. Esa era Alicia. Los nombres se parecen, ¿será por eso? Pero no es posible. Alicia no era ninguna guerrera, sino la madre de Sonia Y Marc. Además, ¿no estaba Alicia herida y por eso no podía combatir incluso si tuviera experiencia? Leandra se encargó de explicarme las cosas, pero lo cierto es que no lo tengo claro… No ayuda precisamente que haya tenido que memorizar más de cuarenta nombres.

Luego llegó una chica nueva. De esta sí que había oído hablar. Morgan… Ese nombre me traía muchos recuerdos de la misma época que los nombres de Alicia, Marc y Sonia. Por suerte, no eran ni de lejso tan difusos como los de esa familia (de hecho, dudo que lo sean, considerando todo lo que me contaron). Por lo visto es todo un encanto de chica y las ancianas están más que contentas con ella. También ayuda que sea todo un cerebrito, por lo que parece. Aunque preferiría tener que olvidar todos los otros comentarios que han hecho. ¿A quién le interesa saber que a algunas de las ancianas les gustaría tenerla como nieta? Hay quienes dijeron que la querían casar con sus hijos si no fuesen porque ya son demasiado mayores para ella (técnicamente, dijeron que ella era demasiado joven para ellos, pero dejemos ese pequeño dato aparte). Leandra también ha dicho que su nieta fallecida era incluso más guapa, aunque ya a estás alturas no sé si fue Leandra, Arantxa o cualquier otra... Me tienen completamente confundida.

Lo que sí que está claro es que la chica era todo un remolino. Hice una leve reverencia cuando llegó ella, pero ni siquiera pude apreciar su halago. Teníamos que hablar de la batalla y el príncipe en cuestión quería respuestas y rápido. Yo no iba a ser menos. – La inmensa mayoría de los adiestrados son ancianos. La mayoría no están en estado de ir a la primera línea. Seis estarían listos tanto en capacidad de sanación como en estado físico para ir a la primera línea. Son, de los ancianos, los más jóvenes. El resto, ya sea por miedo a los emergidos o por cuestiones de salud, deberían estar en la retaguardia – después me dirigí a Alice –. En cuanto a las heridas, puedo ocuparme personalmente de ellas si me indicáis dónde reposan.

El príncipe Ephraim dio una serie de explicaciones y después hizo mención a nuestra presencia aquí. De nuevo, se podía ver la desesperación en su habla. Tengo que ayudarlo. No puedo consentir ver esto durante más tiempo. «No hay nada que temer conmigo al frente», sería una frase quizá demasiado presuntuosa por mi parte. Debía evitarlo. Después de todo, ¿cuántos soldados no he podido ya salvar desde que llegué? Gracias a los instruidos, se ha podido reducir ese número…

Sin embargo, no fue hasta que finalizó la explicación de nuestra estratega que, al fin, pude escuchar una voz. – Disculpen, tengo entendido que aquí se encuentra el príncipe Ephraim – se escuchó desde lejos. – Vengo con una armadura hecha para él encargada por la clériga. Si no es molestia, me gustaría pasar y entregarla – yo después hablé. – Va a ser una batalla larga e incluso en ocasiones San Latona no pudo salvar todas las vidas que le hubiera gustado. Una armadura podría ser la diferencia entre la vida y la muerte, príncipe Ephraim.
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Mensaje por Morgan Dom Nov 26, 2017 6:05 pm

Ni detenerse ni sentarse eran cosas que Morgan deseara hacer en ese momento, pero notaba ya que era un tiempo un poco más largo del esperado el que la separaba de su momento en el campo de batalla. Aún había demasiadas instrucciones que remitir, mucho que organizar. Tomó una profunda inhalación y se dejó caer con cierto peso en la silla que le correspondía, aunque su cuerpo quedara al borde, piernas listas para impulsarla hacia arriba a la más mínima señal. Ephraim era como ella, más un general para la guerra que un político para la paz; confiaba en que se comprendieran y no hiciese del proceso preparativo algo extenuantemente largo. Inafectada por las escasas respuestas de sus otras dos compañeras, en cierta forma ya acostumbrada a no preocuparse de que los demás no mostrasen su nivel de efusividad, mantuvo sus ánimos y escuchó con repentina atención lo que aportaba cada quien a la situación. Tendría que aplicar esos números a la estrategia de inmediato. Su sonrisa se desvaneció un poco al dejar la vista quieta en un punto cerca de los pies de los demás, llegandoa fruncir el ceño levemente en pensamiento. Llevar un rostro frío que disimulara lo que sentía o pensaba no era su fuerte. Regresó a sí cuando estimó que era su turno, agitando un poco una mano para disipar las preocupaciones del príncipe a cargo.

- Oye, no te preocupes. Sabes por qué hago esto, estoy bien decidida. - Aseguró. Se lo había dicho de frente: si él se aseguraba de no dejar de mencionar los logros de Morgan, sería suficiente. Lo hacía por el desafío y por el reconocimiento; la gente tenía que oír de ella o no tendría sentido, pero no pediría más. Aclarado lo que consideraba formalismo innecesario, procedió a responderle. - Tenemos cuatro ahora. El mago que teníamos probó a todos los que supieran más o menos leer en el campamento, a ver cuales podían sacar algo con el libro en mano. Sólo tres resultaron tener un algo de aptitud para la magia. Pero oye, considerando de donde viene casi toda esta gente, ¡es bastante! - Celebró. Había guerreros en el grupo, mas también un largo cuerpo de civiles, granjeros y otros hombres simples que, probablemente, jamás habrían sabido que tenían la capacidad de ser magos si no se les hubiese enseñado a recitar sujetando un libro de la forma tosca y rápida. Era más de lo que ella había esperado. En general, tenían bastante más de lo que Ephraim le había pedido contar al momento de plantear el asedio al castillo. Siendo ya su momento de explicar cómo lo harían, plan que había decidido en gran parte en conjunto con el mismo Ephraim, la plegiana se alzó con rapidez de su asiento, tomando el mapa extendido.

- Paaaartimos desde el hecho que el príncipe sabe cómo meternos a la ciudadela principal del castilo, y que allí es donde querremos llegar. Mantengan eso en mente, que es la meta. Ahora bien, la movilización en sí... - Comenzó, acercando el gran lienzo a la vista de los demás y tomando lo que pudiese para apoyar en sus esquinas, de modo que no volviese a enrollarse sobre sí mismo. Hurgó en su chaqueta por algún trozo de sus confiables carboncillos, que utilizó para dibujar algunos círculos y flechas en las murallas exteriores. Era redundante tener ambas cosas, pero como todo lo que iba en sus apuntes, para ella tenía más sentido. Su habla fue mucho más lenta en ese entonces. - Se comenzará asediando las murallas exteriores del castillo. El ejército usará los bosques cercanos para disimularse, de modo que parezcamos ser muchos más de los que realmente somos-- o, al menos, que los emergidos no sepan distinguir si somos muchos o pocos. Nuestros arqueros tienen una cantidad pequeña de explosivos que estarán usando en las flechas, ellos y los magos de los que disponemos atacarán los puntos que lucen más frágiles de las murallas. Allí es donde nos serían de utilidad los pegasos, - Acotó, anotando en ilegible letra bajo sus flechas "arqueros", luego "pegasos" y "magos", haciendo lista de las unidades que se encargarían de esa área, aunque su manuscrita apresurada fuese difícil de descifrar. - Se llevarán pequeñas cargas de explosivos, o a un arquero a lomos, para ayudar con las murallas. La idea es que no se acerquen mucho, sólo que dañen todo lo posible. Si derrumbamos toda entrada o salida del castillo, tanto mejor. - Su mirada dejó el documento un momento, ladeando la cabeza para pasarla con cierta seriedad primero por Ephraim, luego por la sanadora de finas ropas y la jinete pegaso de porte intachable. - De reconstrucción hablarán los albañiles después. Nosotros hablamos de ganar la guerra ahora. -

Tras un instante, retornó al documento. En las condiciones en que se estaban dando las cosas, con lo poco que tenían para tanto que recuperar, no había hallado modo de ejecutar un plan que no implicase ciertos sacrificios. La integridad del castillo en sí, lamentablemente, era lo primero de lo que podrían prescindir. Sin haber llegado aún a la parte en que las cuatro personas en esa estancia siquiera saldrían, prosiguió. - En fin. Si el ejército logra hacernse una molestia seria, los emergidos no tendrán más opción que salir a enfrentarlos, especialmente si están derrumbando las murallas; estarían en riesgo de ser enterrados si se quedan dentro. En este punto es que nosotros empezaremos a movernos. El grueso de las tropas, pensaba que con Naruga a la cabeza, entablará combate de la forma más defensiva posible, considerada la ventaja que los emergidos les tendrán. Mejor entrenados, más resistentes, más equipados... ya saben todo eso. Irán en retroceso y evitarán enfrentarlos directo para minimizar el número de bajas. - Lo segundo que podían sacrificar eran sus vidas, porque verdaderamete no había más recursos. No tenían nada. Y le había expresado ya a Ephraim que en ese punto, si los soldados no huían por sus vidas, si intentaban en cualquier forma alzar armas contra los emergidos, aquel pequeño ejército de supervivientes y fieles civiles no sería nada menos que masacrado. No obstante, no decaía ni titubeaba el confiado carácter en torno a la mujer, cuyo aspecto quizás no resultara del todo acorde a sus palabras; no representaba los años que tenía, ni su profunda dedicación a lo bélico. Aún así, pasaba el carboncillo de una mano a la otra para anotar en cualquiera de los lados del mapa, capaz de escribir en su misma pésima caligrafía con la zurda o la diestra, llenando de notas cada vez más ininteligibles. - Nosotros partiremos a otro lado. Le dije al príncipe Ephraim que fuera la gente en la que más confiara, los que creyera suficientes, así que asumo que seríamos quienes estamos aquí ahora, más un halcón que nos hará de mensajero. Nosotros entraremos al castillo por la vía que nos indicará el príncipe. Si todo sale bien, los derrumbes fuera y el hecho de que los emergidos estén peleando contra nuestro ejército evitarán que haya muchos allí dentro para meterse con nosotros. Iremos directo a la sala del trono y nos encargaremos de lo que sea que haya allí. Sostendremos con todo. -  

Y sin tener más que anotar o dibujar, regresó el carboncillo a donde lo había estado llevando antes, girándose hacia sus compañeros. Cruzó sus brazos sobre su holgado uniforme, las finas placas de metal en las guardas de sus brazos generando un tenue sonido al chocar entre sí. Sus explicaciones no solían ser demasiado amigables, pues hablaba de corrido y asumiendo que su interlocutor tendría que estar entendiendo cada cosa, mas esperaba que ellos la hubiesen seguido sin problemas, pues sólo restaba finalizar. - El halcón nos seguirá sólo hasta que entremos y comprobará el lugar. Luego, irá hacia el grueso del ejército para mantenerlos al tanto del estado de las cosas. Si la información que Ephraim tenía y un poco de la que conozco de casa es cierta, cuando vaciemos la sala del trono los emergidos deberían dejar de pelear y replegarse. -
Morgan
Morgan
Afiliación :
- PLEGIA -

Clase :
Grandmaster | Wyvern Master

Cargo :
Estratega | Figura Sagrada (religión de Grima)

Autoridad :
★ ★ ★

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Espada de plata [2]
Levin Sword [0]
Siegfried [0]
Espada de acero [2]
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Especialización :
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Mensaje por Invitado Dom Dic 03, 2017 2:42 pm

Ephraim escuchó a cada una pacientemente, el número de jinetes de pegaso que tenían era menor al que había esperado y el hecho de que haya algunas inexpertas o heridas le dolía porque eran prácticamente las únicas soldado que había allí, su decición en ese momento era clara, no era fácil de tomar y sería muy difícil comunicarselo a Alice "todas las jinetes menos una iran a la batalla, sin excepción, si están heridas serán sanadas y las inexpertas son incluso más útiles que los civiles". Sería una historia muy parecida con los clérigos que había entrenado L'Arachel, con la diferencia de que los más débiles podrían quedarse en la retaguardia sanando gente pero TODOS irían a luchar.

Cuando vio al herrero entrar con su armadura sintió una sola cosa, alivio, hacía tiempo que estaba pensando en el emergido contra el que se enfrentó tiempo atrás, el mismo emergido que le dejó desde el hombro hasta el codo derecho completamente negro, no sentía dolor alguno luego de que lo hubieran curado pero el hecho de que su brazo se hubiera quedado así era muy extraño, aparentemente el herrero había trabajado mucho en esa armadura, algo le decía al príncipe que con ella sería más difícil que aquel emergido con un arma tan poderosa lo venciera. -Dejala ahí, puedes retirarte.- Fue lo único que dijo, luego ignoró completamente a L'Arachel y depositó toda su atención en Morgan.

Para empezar, el hecho de que tengan cuatro magos era realmente sorprendente, la verdad es que Ephraim no esperaba tener más que el que ya había por lo que abrió grande los ojos sorprendido por unos momentos, en cuanto a la estrategia que había ideado la estratega no tenía objeción alguna, no esperaba menos aunque que los soldados se asusten sería un gran problema que necesitaba resolver antes de que empiece la batalla, aunque no era una tarea fácil para el joven príncipe ya que básicamente le pedía a civiles que vayan a un lugar donde iban a morir casi seguro. -Exacto... Seremos nosotros cuatro... Alice...- Volteó para mirar a la rubia. -Será difícil para ti pero tu pegaso tendrá que hundirse en la entrada de la cueva, desde afuera parece una gran piedra sobre el agua pero en realidad está hueca y se puede entrar por abajo, desde allí podemos llegar a la sala principal probablemente solos en caso de que no se nos venga todo abajo, cosa que la verdad dudo... Para que no haya sorpresas les diré...- Suspiró. -Me he enfrentado a cinco grandes emergidos este año... A uno lo llegué a matar... Pero los otros cuatro... Eran muy diferentes a todos los que he visto... El primero fue un arquero que luego de una batalla desapareció, Alice lo recordará. Luego hubo un jinete de Wyvern que luego de que se escuchara un fuerte rugido se fué, ese día acabé con cuatro jinetes muy poderosos pero ese era diferente, su wyvern era mucho más robusto y el emergido daba miedo, después un espadachín... Contra el espadachín luché junto a Naruga estuvimos a punto de matarlo pero de la misma forma que el jinete de wyvern al escuchar un fuerte ruido se escapó... Por último... Un emergido acorazado de más de dos metros de alto... Tenía una espada que desprendía algo negro y cuando esa cosa negra te tocaba tu armadura empezaba a corroerse de la misma forma que la piel... Cuando desaparecieron diez jinetes de pegaso fue por su causa... Esa cosa casi me mata, confío que con esta armadura podré hacerle frente sin problemas y la lanza que poseo ahora, su punta está hecha con un material de muestra que me mandaron de Mitgard, un hombre de Mitgard con un hacha logró penetrar la armadura de ese emergido así que confío en que podré derrotarlo... A la hora de luchar contra él quiero que todas estén detrás mio... Porque... Realmente...- Bajó la voz. -Le temo a ese enemigo...- Ephraim hizo silencio por un rato. -Naruga... Me gustaría pedirle a él que nos acompañara pero probablemente significaría reducir las fuerzas exteriores a la mitad así que no es posible...- Hizo otra pausa. -L'Arachel...- La miró. -Todos irán al campo de batalla, cuantos más pueda haber en el frente mejor.- Miró a Alice una vez más. -La más débil de las jinetes irá a Mitgard con una carta, las demás lucharan... Todas lucharan... Incluso la más inexperta es más fuerte que los civiles que tenemos y lo quieran o no son soldados, deben estar dispuestas a morir por su reino.- Volteó para mirar a Morgan. -Me encargaré de que todos me sigan ciegamente a la batalla... Esta será la batalla final... Los necesito más que nunca y necesito que estén dispuestos a dar su vida por Renais tanto como yo.- Ephraim puso ambas manos sobre la mesa y se paró con la vista clavada en el mapa. -Los mataré a todos... Lo prometo... ¡LOS MATARE A TODOS! ¡MALDITOS EMERGIDOS!-
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Mensaje por Invitado Vie Dic 08, 2017 7:47 pm

Alice escuchó atentamente a la sacerdotisa, asintiendo cuando se dirigió a ella y de igual modo atendió a la puesta en escena de la estrategia de Morgan. A pesar de sus dudas iniciales respecto a su competencia, el plan era lo suficientemente elaborado como para que no consiguiera encontrar fallas en el mismo. Su conocimiento sobre la gestión de una batalla era escaso, mas cualquiera podría diferenciar un plan suicida, sobre todo para alguien que había estado atacando de frente desde que la invasión emergida apareció en el mundo. Los sucesos recientes volvieron a Alice más cautelosa, a pesar de que mantuviera la beligerancia característica, no tenía el valor suficiente para seguir combatiéndolos de forma insensata.

Y es por eso que la respuesta de Ephraim encendió en ella una ira que le fue casi imposible de contener. Ignorando su recomendación, estaba dispuesto a poner en serio peligro a las más jóvenes, bajo el cínico manto de pensar que eran igual o más valiosas como soldados que los civiles. Era cierto que los pegasos eran una fuerza importante con la que contar, pero había una fina linea que diferenciaba una jinete instruida de una neófita. Había que controlar la montura, coordinar el cuerpo para no caer al vacío y manejar la lanza para proporcionar un golpe certero, si una caballero de pegaso no conseguía dominarlo a la perfección su desempeño en el campo de batalla se veía gravemente perjudicado, tal y como lo hacía un granjero al que se le daba una espada para combatir. Era lo mismo, con la diferencia de que las aprendices no eran mayores de edad. Su temperamento le gritaba que diera un golpe en la mesa, clamando lo que era una evidente injusticia, mas sólo agachó la cabeza para que no se viera su ceño fruncido y sus expresiones de rabia. Entrar en aquellas disputas pondría más vidas en peligro, era imprescindible que todos los eslabones fueran sólidos antes de la batalla. Por otro lado, viendo el fanatismo que estaba demostrando el príncipe, poco podría haber hecho para convencerle. - Si me disculpan, si no hay nada más que decir he de prepararme. - Enunció, levantándose de su asiento con la cabeza aún agachada y saliendo con relativa prisa de la tienda. Paró justo antes de poner un pie fuera. - L'Arachel, si viene después a la zona de los pegasos la guiaré hasta donde están las heridas.

De camino a su parte del campamento, descargó su frustración propinando un puñetazo a un árbol cercano. - Tsk. - Le llevó unos segundos más llegar hasta la tienda principal de las jinetes, momento el cual una buena multitud se arremolinó en torno a ella. En cierto modo, ellas sabías de qué había estado hablando con el príncipe, todas esperaban la orden, que llegara el momento de liberar la capital de Renais de una vez por todas para iniciar la reconstrucción del país. Todas tenían sueños y esperanzas a las que aferrarse, un objetivo en mente y otros tantos que les seguirían, estaban dispuestas a dar la vida en ello si fuera necesario. Alice se mantuvo silente unos segundo y, frunciendo el ceño esta vez con decisión, alzó la voz. - Preparaos.
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Mensaje por Invitado Sáb Dic 30, 2017 8:00 am

He de confesar que estuve muy gratamente sorprendida con la estrategia que había propuesto la joven Morgan. Debía tener aproximadamente mi edad y, a pesar de ello, parecía saber manejarse perfectamente en esos campos. Seré sincera, me ha dado cierta envidia. También ayuda la confianza que parece tener en sí misma mientras lo decía. Eso sí, me gustaría que tuviera una escritura más… Digamos más común, por no decir otra cosa. ¿Qué diantres se supone que ha escrito? Supongo que habrá tenido que ver con la explicación que nos dio, pero no tengo ni la más remota idea (motivo por el cual me dediqué a prestar más atención a su palabra que a su caligrafía).

Solo había una cosa que no comprendía. ¿Por qué iban a replegarse unos seres que buscan, simplemente, la destrucción? No tenía sentido. Si no fuera porque también parece ser que el príncipe Ephraim corroboraba esa información a juzgar por lo que dijo después, junto la información de los emergidos… y aquella orden. – De acuerdo – era una orden un tanto cruel, mas no por ello iba a negarme. Rezaré por su supervivencia en el campo de batalla. No importa lo miserable que me sienta por mandar a personas aterrorizadas por los emergidos a verlos cara a cara. Las guerras son crueles…

Lo que sí que no aprecié fue aquella obsesión que tenía con la venganza. No lo negaré, lo comprendo perfectamente. Sé exactamente lo que siente, mas no por ello voy a dejarme llevar yo por esas emociones negativas. En su lugar, lo que hice fue, simplemente, dirigirme a donde estaban el trío de ancianas. – Informaré a los ancianos en cuestión. Después de ello, os acompañaré, señorita Alice.

Como era de esperar, una vez llegué a donde los demás ancianos, la noticia no les sentó del todo bien. Sin embargo, no escuché ni una sola queja al respecto. ¿Su amor a su patria llegaba tan lejos? De ser así, quizás los haya subestimado bastante. Por otro lado, cuantos más vayan a la primera línea, más vidas podrán salvar… O, al menos, intentarlo. También les informé de a dónde deberían presentarse para cuando empezara la batalla.

Fue bastante similar a la situación que había entre los pegasos cuando llegué. Una vez llegué allí, me acerqué a la señorita Alice, bastón en mano. – Señorita Alice, por favor, si no es molestia, ¿podríais guiarme hasta esas jinetes?

Una vez llegamos, pude observar las heridas. No eran mortales, mas tenía toda la razón. Incluso aunque sanara todas las heridas de cada jinete, era perfectamente posible que hubiera quien no pudiera combatir. Al menos, no en el mejor estado. Lo cual, para su desgracia, significaba que debería combatir muy probablemente. – Haré lo que pueda – y, al acercar el bastón a cada una, una luz surgió de él.

Aquel bastón era uno que había adquirido recientemente. Un bastón que me permitía extraer mucho más poder que los otros que había usado yo anteriormente. Mientras estuve instruyendo me di cuenta de que mi propia eficiencia había mejorado. Qué irónico que esa eficiencia sea precisamente lo que haga que estas jóvenes deban ir a combatir incluso si no están en el mejor de los estados. – Bien… Creo que esto será suficiente – dije cuando vi que no había heridas visibles. – Todavía necesitan descanso, mas eso es algo que no nos podemos permitir, por desgracia – informé, haciendo clara referencia de a lo que me refería. – Dicho esto, dirijámonos con el príncipe. Nos necesitará también.
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Mensaje por Morgan Vie Feb 02, 2018 3:06 pm

Sabiendo que eran precisamente ellos cuatro quienes ingresarían al castillo y harían el intento sobre el trono, Morgan moría por el momento de ver a cada uno en acción. En los últimos días tan sólo había tenido ocasión de vislumbrar a Ephraim en alguna que otra sesión de entrenamiento o de práctica con los demás soldados, mas era muy pálida idea de lo que debería ser su capacidad real en el campo de batalla. A diferencia del entrenamiento plegiano, descubría la estratega que en todo otro sitio la gente intentaba no lanzarse con verdadera intención letal a sus compañeros de entrenamiento; lo cual, a su parecer, resultaba poco productivo. Tendría que esperar al verdadero comienzo de la batalla para verlo tanto a él como a las dos jóvenes. Quizás lo más adecuado sería conocer en detalle las fuerzas y debilidades de cada miembro de un equipo antes de partir a un combate de tanta importancia como aquel, el adorado padre de la mujer seguramente así lo habría recomendado, mas tanta sutileza no se le daba todavía a la estratega en su primer experiencia tan independiente y con tan delicadas posibilidades. Algo impaciente, escuchó a Ephraim con la creencia de que no haría mucho más que aprobar y complementar el plan, debiendo frenarse a sí misma y oír con más cuidado cuando se refirió al enemigo que esperaba enfrentar. Su vista se desvió apenas un instante a la armadura que lo estaría resguardando. Aquello explicaba el tenso humor de Ephraim al hablar del ingreso al castillo, en su conversación pasada, mas de alguna forma sus decisión de dejar a las demás fuera de la mejor batalla no le agradaba del todo.

- Bueno, mejor que nos topemos nosotros dentro del castillo con ese sujeto, a que se lo encuentre el ejército afuera, ¿eh? Veremos qué pasa. - Respondió, tomando aquello de la misma forma que todo lo demás, de buen ánimo. Un ser así aniquilaría al pequeño y poco experto ejército, sin dudas. Por lo demás, su "veremos" era su modo de no dar una completa afirmativa, pues no terminaba de verse satisfecha con la idea de echarse atrás y sólo ver a Ephraim ir contra el enemigo más desafiante. Esperaba, con más que un toque de terquedad, que no fuera un asunto de hombría o algo por el estilo. Antes de que cualquier otro intercambio se diese, procedió a excusarse del sitio la jinete pegaso y tras ella, en breve, la sanadora; la primera partida se le antojó algo abrupta a Morgan quien, algo ilusionada respecto a la fiereza contenida en la mirada de la joven rubia, había esperado tener oportunidad de platicar con ella antes. - Nooooos... ¿vemos? - No le quedó tiempo de decir más que eso, soltando un pequeño suspiro de desazón. Ya se verían todos en el campo, de todas formas. Regresando su mirada a Ephraim, cuyo semblante a esas alturas asustaba, rió despreocupadamente y agitó una mano ante él. - Pero va, Ephra, guárdate el enojo para ahora en unos minutos. Habrá que poner a las tropas en posición ahora. Ah, ¡pido dar la señal! ¡Voy a eso! -

Anunciado aquello, corrió fuera de la tienda de campaña para dirigirse a la pequeña colina de vigía junto a la misma. Allí tomó el cuerno de guerra que sonaba cada vez que el ejército debía de ponerse alerta o prepararse a marchar, tomó una bocanada de aire para llenar sus pulmones y llevó sus labios al pico, soplando con todas sus fuerzas. El sonido grave, estremecedor, se esparció en un instante por el campamento. En reacción los soldados se apresuraron al término de sus preparativos, dirigiéndose enseguida a tomar posición en filas en el descampado. Mientras lo hacían, Morgan no hizo mucho más que observar con una complacida sonrisa en los labios, manos firmemente puestas a cada lado de sus caderas. Ella misma había estado preparada desde demasiado temprano y ahora que la partida se aproximaba en verdad, la inquietud comenzaba a cosquillearle en los brazos. Apenas podía esperar. Buscó a la jinete pegaso y la sanadora con la mirada desde aquella posición, luego al príncipe Ephraim, a cuyo lado se dirigió de inmediato. El ejército yacía pronto, separado en sus correspondientes escuadrones y filas, esperando la señal para marchar por los bosques, aproximarse al castillo de Renais y comenzar el asedio de sus murallas. Morgan, sabiendo que su parte vendría un poco después, sólo se detuvo junto al príncipe y le palmeó con cierta brusquedad la espalda, parada tan erguida a su lado que hasta se sumaba un par de centímetros de altura aparente. - Cuando digas, empieza el ataque. -
Morgan
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