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Una cita con un sarnoso (Privado Pelleas)

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Mensaje por Invitado Vie Oct 23, 2015 1:16 pm

La luz de la mañana había comenzado a teñir de color el valle. Lentamente comenzaba a bajar desde los picos de las montañas, bajando lentamente por los riscos, hasta llegar a acariciar cálidamente las paredes del castillo. Pero hasta que el tibio sol no tocarse las torretas de la gran puerta, esta no se abriría.
Cientos de granjeros y viajeros ya esperaban del otro lado. Formados en prolijas filas, ansiosos por cruzar el blanco umbral. Muchos dirían que lo rutinario de esta escena habría perdido el encanto con los años. Pues muchos se equivocarían al afirmar dichas palabras. Porque si había algo que nunca dejaba de fascinar a todos sus visitantes, era la magnitud del arco al cruzarse. No importa cuántas veces antes lo hubieras cruzado, porque hasta el más veterano de los granjeros, voltea su cabeza hacia el cielo cuando surca la entrada.
La gran arcada contaba con aproximadamente con cinco pisos de alto. Sus paredes de piedra lisa, y sus torretas coronadas con el emblema real, eran uno de los mayores patrimonios de la ciudad. La puerta abría sus grandes brazos a los viajeros, pero también era un gran símbolo de autoridad. Un eterno recordatorio de que la ley, está por encima de todas las cosas. Blanca, fría e inmaculada, La descomunal cancela era como un gran ojo que todo lo ve y a todos vigila.
La guardia real, desde sus múltiples puestos por encima y debajo de la puerta, reforzaba esa severa imagen. Decenas de poderosos guardias se movían libremente por el predio. Sometiendo a controles a cada carreta. A cada grajero. No dejando pasar fardo sin revisar.

Gaius se había hecho tiempo esa mañana para presenciar la escena de apertura. Trepado a un tejado, como era habitual en él, observaba llegar a los visitantes. La apertura de las tiendas alrededor de la entrada. El olor de las panaderías que empezaban a ofrecer sus tibios productos a los cansados y hambrientos viajeros. El comienzo del bullicio, y el de una nueva jornada.
Si bien Gaius siempre se mantenía alejado de todo lo que fueran guardias y soldados, las mañanas en la entrada era el único momento en el que los guardias estaban demasiado ocupados como para prestarle atención. Por lo que se podía mover con más soltura entre la muchedumbre. Pero está mañana era le excepción. No había venido hasta la gran puerta para despojar de monedas sobrantes a algún viajero despistado. Había venido hasta aquí enteramente por trabajo. El gremio le había encomendado encontrarse con un joven viajero de otro continente. Y ni lento ni perezoso, Gaius ya se había puesto a trabajar.

Como se trataba de un ajeno al gremio, Gaius debía mantener gran recelo. Era sabido que los altos mandos de la guardia habían escuchado de nosotros, e intentaban poner el guante sobre alguno. Por lo que la discreción y el sigilo eran primordiales.
Gaius bajó del tejado hacia un callejón desierto, y desde ahí comenzó su avance entre la multitud hacia el punto de encuentro.
Se había vestido especialmente para la ocasión. Llevaba una camisa color crema y un ajustado chaleco marrón por encima. Unos pantalones oscuros y unas botas en buen estado terminaban de vestir a este nuevo y acicalado Gaius. Que, al haber tenido que bañarse para la cita, se frotaba constantemente sus antebrazos sintiendo raro el roce de su piel limpia.
De su cintura colgaba una pequeña bolsa de cuero, como la que usan los transeúntes para llevar su oro. Pero en la suya no había más que piedras. Este detalle estaba únicamente para enfatizar sus fachas de hombre común, y para jugarle una pequeña broma al pilluelo que se le ocurriese quitársela. Sus verdaderos objetos de valor, viajaban seguros entre sus ropas. Fuera del alcance de manos ajenas.

Tras caminar un par de cuadras llegó por fin a “La botella rota”. Esta lujosa taberna del lado más rico de la ciudad, había sido elegida cuidadosamente por lo amistoso de su tabernero, y por su siempre práctica puerta de salida trasera. Si algo no iba como era de esperarse, siempre tendía dos puertas de escape.
Entró y, tas saludar a su propietario con un alegre ademán, buscó el lugar indicado. La única mesa que estaba situada directamente enfrente de la única chimenea del salón.
Se dejó caer en la silla y explayarse en ella. Le esperaba un buen tiempo de ocio, por lo que una pequeña siesta no vendía mal mientras esperaba a su acompañante.
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Mensaje por Pelleas Dom Oct 25, 2015 9:41 pm

Levantarse al alba no era lo suyo. Si despertar con las primeras luces y alzarse con el canto de las aves era parte de la vida noble, entonces era menos noble de lo que pensaba; años enteros se habían gastado en aprender etiqueta, lingotes de oro invertidos en ponerle ropa cara y hacerle ver lo más noble posible, meses perdidos en el vacío intentando que aprendiese a pararse derecho y no tartamudear, pero, ¿madrugar? Jamás. Debió de pedirle al dueño de la posada que le tocase la puerta lo más ruidosamente posible al despuntar del alba, hasta le había pagado al hombre para asegurarse de que lo despertara. A la hora acordada vino el golpeteo a la puerta, tan fuerte como para remecerla, y el príncipe se alzó ojeroso y confundido. Para cuando se hubo vestido y encaminado hacia la calle, seguía totalmente desorientado, como si se estuviese durmiendo de pie, una sombra de ojeras visible bajo sus ojos.

Apenas llegado hacía poco a Ylisse, no se habituaba aún a la ciudad ni a lo ajetreada que esta parecía ser, tan opuesta al quieto, silencioso y amurallado Daein. Parecía que cada día era día de festival, a juzgar por el ruido y la cantidad de personas. La apertura matutina de la puerta de Ylisse, para colmo, era algo para lo que no estaba preparado de ninguna forma. Tenía que cruzar por allí, la puerta era su punto de referencia y cerca de esta tenía que atender al pequeño asunto que le había forzado a levantarse tan temprano. Ilusamente había creído que sólo se trataba de detenerse allí un momento, orientarse y ponerse a buscar la taberna correcta... no, de ninguna forma sería tan simple. Cuando los caballeros abrieron las puertas y la procesión de carretas, personas y soldados montados llenó el espacio de la entrada, se encontró en mitad del caos, empujado de un lado a otro y casi sin poder seguir caminando. Ni hablar de pedir direcciones. Sus pequeños intentos de alzar la voz no lograban nada. ¿Por qué Ylisse debía ser tan ruidoso tan temprano?

Entre murmullos de "con permiso", "disculpe", "si me permite" y demás intentó llegar a su destino. Había enviado una carta directamente de regreso a Daein para que se le consiguiese ese contacto, seguramente sería imperdonable que llegase tarde... pero lo hizo, y por varios minutos.

Cuando finalmente dio con el sitio, nervioso por su atraso y agitado por la pequeña lucha con la multitud afuera, necesitó tomarse un instante para recordar las instrucciones. Mesa frente a la chimenea. No se le había indicado ni el nombre de su contacto, ni cómo reconocerle; ni un mísero "aquel que lleve un pañuelo azul" para guiarle. La idea de errar y hablarle a la persona equivocada le revolvía el estómago, mas contó con la fortuna de que sólo había una mesa discernible en el lugar indicado, y la ocupaba un hombre a solas. Uno de los escasos comensales a tan temprana hora, para su suerte. Sonrió con alivio e intentó serenarse, caminar un tanto más erguido al acercarse.

Debía de tratarse de un emisario formal, a juzgar por la forma en que vestía. No estaba seguro de si sentirse más tenso o más relajado, aunque no podía evitar llevarse una extraña impresión por dos hechos curiosos: el primero, que pese a su aspecto, el hombre se sentaba de una forma muy, muy poco formal. El segundo, que tenía los ojos cerrados y parecía un tanto demasiado tranquilo. - Um... - Sin atreverse a emitir más que un mínimo sonido, temiendo molestar, el príncipe tomó lentamente el asiento frente al hombre de cabello anaranjado. Aguardó. Supuso que tendría que notarlo. Apoyó sus manos sobre la mesa, jugueteando con sus dedos nerviosamente mientras esperaba. Nada sucedía.

Se le pidió su orden. En un susurro pidió por té, tomándose la libertad de pedir 2, asumiendo que una bebida caliente que le quitase el adormecimiento les vendría bien a ambos. Y entonces, armándose de valor, adelantó su pie bajo la mesa, dando un suave golpecito a la punta de la bota ajena con la propia. - Disculpe... -
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Mensaje por Invitado Jue Oct 29, 2015 11:57 am

Gaius se despertó sobresaltado, al punto que casi se cae de la silla. Miro a su alrededor desorientado. Donde estaba? Una taberna? Que hacia él en una taberna donde ponían mantel sobre las mesas? La todavía dormida mente del bandido trataba de hacer memoria. Se había propuesto únicamente descansar los ojos, pero al final se había quedado profundamente dormido. Del otro lado de la mesa, detrás de un fino juego de losa, estaba su cliente. El cual lo miraba con ojos pacientes pero penetrantes. Rápidamente El bribón se acomodó nuevamente en la silla y con una tímida sonrisa, se disculpó con su interlocutor.

-Mil perdones caballero, supongo que me dejé llevar- dijo mientras se acomodaba el cuello de la camisa.

Su acompañante era… peculiar. Desde su postura hasta sus modales, todo en él indicaba que pertenecía a la nobleza. Pero había algo más. Puede que solo fuera las ojeras, pero ciertamente era diferente a cualquier noble que hubiese visto antes en Ylisse.
Decidiendo que él no era quien para juzgar, Gaius se alborotó sus cabellos, ya que dicho masaje siempre le ayudaba a pensar con más claridad.
Volvió a fijar la vista en su cliente. Estaban aquí por negocios. Y si era noble, era de seguro que tenía dinero. Y eso era algo que nunca estaba o demasiado limpio y demasiad sucio.
Apoyando uno de sus codos sobre la mesa, le dedico una amplia sonrisa.
Los datos que tenía del cliente eran muy pocos. Su contacto solo le había dicho que era noble pero “no de los de por aquí”. Y claramente eso no decía mucho.
Sabía que la situación de Ylisse con sus naciones fronterizas eran con casi todas tensas,  pero se sabía también que los nobles y algunos comerciantes todavía cruzaban las fronteras libremente.
La principal fuente de las relaciones hostiles entre los reinos, era por una cuestión meramente religiosa, a cual no podía importarle menos a este bribón. Él, que solo le rezaba a la diosa de la buena fortuna, y solo en momentos e necesidad, no entendía como las naciones podían seguir tan ciegamente a dichos seres. Pero, una vez más, se recordó que estaba ahí por dinero. Y ese si era una deidad a la cual Gaius seguía ciegamente.

Que puede hacer este humilde servidos para ayudaros, caballero-
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Mensaje por Pelleas Dom Nov 01, 2015 12:50 am

Tomó más de una leve patadita despertar al ladrón. Para cuando lo hizo, asustando al mago oscuro al punto en que este dio un saltito en su silla, ya había entre ellos una jarra de té de aspecto delicado y un par de tazas. Té por el que Pelleas había pagado, por supuesto; había parecido natural, no cuestionaba el nivel económico de su contacto y a él... pues le sobraba el oro, a aquellas alturas. Parpadeó un par de veces, aliviado de no haber tenido la taza entre manos.

- Um, no, no es nada. - Se frotó los párpados e intentó disimular un pequeño bostezo. Ciertamente tenía sus dudas respecto a la forma en que se sentaba su acompañante; o era escaso de altura, o no se sentaba derecho o ambas, pero le quedaba algo corto en frente. Tampoco lucía exactamente cómodo en la ropa limpia, planchada y bien abotonada. Pero estaba demasiado ocupado preocupándose de sí mismo como para cuestionar. Estaba frente a alguien de importancia, alguien de modales probablemente más pulidos que los suyos, debía comportarse, debía ser impecable. Pagarle el té era sólo un detalle. Deslizó la taza de té sobre la mesa para acercarla a él. - M-Me tomé la libertad de pedir, espero no le moleste, no recuerdo el nombre de la hierba de este té, pero... si me permite, todo lo que necesite correrá por mi cuenta hoy. Pida libremente. -

Brillante, pensó con una mezcla de verguenza e ironía. No recordaba nada sobre hierbas y se suponía que sabía sobre té, había estado incluído en las clases de etiqueta. Oh, el emisario que le habían conseguido seguramente pensaría pésimo de él ahora. Carraspeó y se mantuvo lo más recto que podía, cuidadoso de mantener las manos firmes y de no hacer el menor sonido al beber el té. Al menos el hombre de impecable aspecto y curioso color de cabello no le miraba como si lo juzgara, al contrario, parecía bastante... inofensivo. Había algo en su forma de hablar que se le antojaba un tanto extraño, pero lo apartó de su mente enseguida.

¿Qué le pediría? Tenía claro lo que necesitaba, lo que no sabía era exactamente cual era el oficio de aquel hombre y cómo se suponía que le ayudase. - Me temo que no estoy bien informado de a qué se dedica usted, precisamente, lord... um, ¿cual es su nombre? - Debió de preguntar hasta lo más básico. ¿Qué le habían enviado? ¿Un guardaespaldas? ¿Un criado? ¿Un diplomático? No lucía como ninguno de aquellos, pero nada perdía con intentar. Después de todo, él sólo se había encargado de enviar carta de regreso a Daein explicando su situación, recibiendo de regreso nada más que las indicaciones para llegar a su cita. - Asumo que sabe el mío: Pelleas, hijo de Ashnard, heredero al trono de Daein. Estaba buscando pasaje a Plegia, pero se me ha dicho que el camino no es muy seguro... y que no hay una ruta exacta, también. ¿Debo de asumir que la frontera de Ylisse no está exactamente abierta a Plegia? -

Con el estómago demasiado cerrado como para más que una taza de té, se abstuvo de pedir desayuno, ignorando el delicado aroma a miel en el aire, y aguardó alguna clase de explicación. Una criada paseaba entre las mesas, tentando a los comensales a comprar de una bandeja llena de alguna clase de masas cubiertas en miel; al verla acercarse Pelleas tranquilamente negó con la cabeza y con un gesto de la mano.
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Mensaje por Invitado Lun Nov 02, 2015 12:59 pm

El cliente era educado, demasiado. Gaius no sabia que hacer o como moverse. Miró la taza que había enfrente de él. Te? Había escuchado de esta bebida, pero nunca la había probado. Por su color parecía wiski, pero caliente? Vio a su compañero tomar un trago con total parsimonia. “Wooow!!!” gritó mentalmente. Volvió a mirar su taza, si bien era ávido bebedor, nunca había soportado el wiski o similares. Y no creía prudente hablar de negocios en un estado en el cual no podía ni controlar su propio estomago. Pero su compañero… soportando tal cosa con tanta calma… Gaius se maldijo por tomarlo tan a la ligera. Claramente se encontraba ante alguien que merecía su respeto.
-jajaja, no, gracias. Por más que lo aparente, no tengo tanta tolerancia a la bebida. Y menos tan temprano en la mañana-. Contestó al cliente quien le insistía entrar en un extraño juego de bebidas. No tenía problema en declararse perdedor. Claramente su compañero jugaba en otra liga.
No tenía idea de como comportarse, así que lo mejor sería imitar un poco las acciones de su anfitrión. Si bien esos pormenores siempre le resultaban ajenos, el hecho de que se encontraba” trabajando” lo obligaba a tener consideración y respeto para con su cliente.
Cuando el mago se refirió a él como lord, Gaius casi se atraganta con su galleta. Rápidamente simulo una ligera tos.
-Eh?! Lord? No,nooo! No soy nada de eso-. Dijo con cierto sarcasmo, poniendo uno de los codos sobre la mesa. Al darse cuenta que estaba tomando un apostura demasiado diferente a la de su cita, se volvió a acomodar, emulando la espalda recta y postura rígida de su contratante.  “Por los dioses, esto es más difícil de lo que pensaba. Me dijeron que solo tendría que venir a hablar! Y ahora me encuentro con un estirado que gusta embriagarse por las mañanas?”. Volvió a mirar a su cliente con más atención. Era un caso raro, diferente a cualquier otro noble que había conocido antes. La curiosidad empezaba a picar.
Estaba contemplándolo fijamente, cuando de pronto recordó la pregunta que le habían hecho.
-Ah! Soy Gaius!- dijo con prisa, mientras se apoyaba sobre la mesa y hacia lo que él consideraba una reverencia.
-Encantado lord…. Paella? Era Paella, verdad?- dijo tratando de recordar todo el trabalenguas de palabras que su compañero le había pasado por nombre.
Volvió su mente hacia el asunto importante. Cruzar hacia Plegia.
-En efecto señor, las fronteras están algo tensas. Peeeero siempre hay formas- dijo dejando que se le escapara una egocéntrica sonrisa.
- Hay ciertas rutas que están poco vigiladas. Si usted quiere cruzar, yo puedo hacer los preparativos, sin problema!- dijo permitiéndose cruzarse de brazos he hinchando el pecho.
-Pero no hago caridad, sabes? Si quieres el trabajo hecho te costara algu….-
Gaius se detuvo en su parloteo cuando vio a la muchacha acercándose con los suculentos pastelitos con miel. Era como una imagen de ensueño. La suave y dulce miel caía fresca sobre el bizcochuelo, y cuando la tocaba la luz del sol,  brillaba como oro. A Gaius se le hizo agua a la boca. Anonadado contemplando tal obra maestra, no se percató que su compañero había despachado a la moza con un ademán, y ahora los preciados bocadillos se alejaban.
Se levanto como propulsado como un resorte.
-Espera!- gritó a la mesera antes que se siguiera alejando.
Anonymous
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Mensaje por Pelleas Miér Nov 04, 2015 11:35 pm

¿"Tolerancia a la bebida"? El caballero lo decía como si de alcohol se tratara, aunque, pensándolo bien, lo más razonable sería que tuviese alguna clase de alergia a ciertas hierbas, o algo así. - Oh, claro, lo lamento. - Asintió con toda naturalidad, no tendría más opción sino la de tomarse ambos tés, lo cual quizás no resultase tan cortés a la vista, pero le venía aún mejor, considerando que el té lo despertaba. Seguía intentando no bostezar. Siendo lo más discreto posible se abstuvo de encorvarse y mantuvo la taza de té casi siempre sobre sus labios, escondiendo su gesto adormecido tras esta.

Su cita se presentó como Gaius. Ni apellido, ni título, ni lord, ni antecedente alguno por el cual orientarse; tan sólo Gaius, a secas. Como los nombres de los hombres comunes. Resultaba imposible, sin embargo, que lo fuese. Vestía como un hombre de cierto caudal y suponía que si lo enviaban con él, debía ser de importancia... lo único que podía asumir era que ocultaba su profesión. Después de todo, sólo dos clases de hombres ocultaban sus nombres completos: aquellos cuyos nombres no valían nada y aquellos cuyos nombres valían demasiado como para divulgar siquiera. El misterio lo agrandaba en la imaginación del joven noble, quien sospechaba ya que se tratase de un noble expertamente acomodado en todos los reinos, un agente doble a gran escala o algo así. Debía de tener suma cautela.

- Um. Príncipe Pelleas, no lord. - Corrigió en una voz sumamente baja. Era necesario pero poco relevante.

No estaba seguro de estar comprendiendo bien lo que el hombre del otro lado de la pequeña mesa proponía, pero si entendía bien, se trataba de pasar por encima campalmente a los procedimientos fronterizos usuales. Y su contacto lucía bastante confiado al respecto, además. - Rutas poco vigiladas... - Repitió, abriendo los ojos más ampliamente al comprender. - Pero lo que sugiere usted es... ¿no es ilegal? No pedía exactamente una forma fuera de ley, tan sólo una forma que resultara segura, y... - Gaius se puso de pie. Silenciándose enseguida, Pelleas no pudo evitar sorprenderse de la efusividad con que llamaba a la mesera. Seguramente se encontraba hambriento. Con un mero chasquido de sus dedos consiguió que la joven chica regresara, había dicho que pagaría por todo lo que su contacto deseara y lo haría, un pastel no sería nada doloroso a su bolsillo.

Además, ahora más que nunca, quería retener su atención y su buena disposición. Se apresuró a retomar lo que decía, cuidando sus palabras y hablando en un tono bajo. - N-No es que no esté de acuerdo. Lo estoy. No me importa el método, mientras llegue a mi destino, cualquier cosa está bien. - Aclaró, decidido a no repetir la palabra 'ilegal' en presencia de la mesera. Aún así, no quería perder favor con su contacto y si lo pensaba, relamente no le importaba mucho. No tenía especial consideración por otros reinos y sus leyes, tan sólo respetaba profundamente a su propia tierra, habría tratado con cosas más cuestionables aún si fuese por el bien de Daein. Nada estaba fuera de cuestión. - Pierda cuidado conmigo, por favor. ¿Cual sería la mejor forma? -
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Mensaje por Invitado Vie Nov 06, 2015 5:27 pm

Gaius saboreo gustoso aquella obra de arte en forma de bizcocho. Cada bocado era una nueva ola de placer que lo recorría, y él se dejaba llevar. La miel, lo suave del bizcochuelo, y lo ligeramente crujiente de la corteza, hicieron que el bandido estuviera más tiempo del habitual saboreando aquella delicia.  
Cuando terminó, se relamió los dados, y tirándose hacia atrás en su silla, dio un largo y suave suspiro de placer.
En ese momento no le importaba la etiqueta, había disfrutado un delicioso bocadillo y se permitió regodearse por ello.
Volvió la visa hacia el otro lado da la mesa, donde los ojos expectantes de su cliente lo escudriñaban detrás de una taza de té. Se acomodó en la silla, y se aclaró la garganta antes de continuar.
-Muchas gracias por el bocadillo, realmente lo aprecie mucho- dijo con un poco de vergüenza.  
-Ah.. pero si! Volvamos a los negocios.- El bandido arrimó más su silla a la mesa. Poniendo los codos sobre la misma, miro directamente a los ojos de su compañero.
-Bueno, mi “príncipe”, me alegro que el tema de las legalidades no sea un problema. Estoy calculando que una vez este negocio termine, no a voy a tener que preocuparme de que usted hable de más, verdad?
El muchacho parecía inofensivo. A Gaius le sorprendía que hubiera logrado llegar hasta ahí, pero de igual forma, a pesar de su debilucha apariencia, nunca iba a confiar en un noble. Podría trabajar para él, pero nunca jugarse el cuello.
Meditó brevemente que tan seguros eran los pasajes de contrabandistas, y que tan prudente seria atravesarlos con alguien de la realeza. Quizá hacerlo cruzar con los ojos vendados… O cruzar por otro medio. Una guardia armada siempre sería lo más lógico, pero no era ni discreto, ni económico. Y si iba a desplumar a esta gallina, trataría de quedarse con la mayor cantidad de plumas posibles. Pero si había algo que era seguro, no podría hacer cruzar a su majestad vistiendo como un noble.
-Majestad, usted sabrá que, para el camino y la forma en que vamos a cruzar la frontera, sus ropas son quizá… demasiado llamativas.-
-Me temo que tendrá que viajar con ropas más austeras y menos prolijas. Y claramente bajo otro nombre. Es esto un problema?-
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Mensaje por Pelleas Dom Nov 08, 2015 1:25 pm

"Realmente lo aprecié", decía. La aclaración menos necesaria en la historia de las aclaraciones, considerando que el mundo del misterioso caballero había parecido detenerse por un minuto entero, mientras comía. Por algún motivo, sentía que interrumpir la felicidad de su contacto habría sido realmente descortés, por lo que silenciosamente miró a la mesera, aliviándose de constatar que no era él el único mirando a Gaius con un poco de desconcierto. Pidió un pastel para él mismo, probó apenas una esquina, sólo para estar seguro de que no tenía nada de especial, y simplemente lo dejó, apartando el diminuto plato. Con una economía como la que manejaba, ya no se sentía muy culpable por dejar comida a medias. Mejor olvidar aquel pequeño misterio, adjudicarlo a algo extraño respecto al paladar ylisseano, y seguir con su té.

Bebió, guardándose así sus comentarios; habría tenido bastante que preguntar, si tan sólo se atreviese a hacerlo, pues observaba continuamente cosas extrañas de su acompañante y no podía evitar cuestionarlas. Lo que más ocupaba su mente en ese instante era el hecho de que su cita no había durado más de un par de momentos sentado recto en la silla antes de apoyar los codos, o encorvarse, o reclinarse, o moverse demasiado para ser alguien de molde noble. Reconocía la falsedad allí donde era reflejo de la suya propia, no se había criado noble y no podía negar cuan difícil le era a él mismo seguir cada pequeña regla; ni siquiera terminaba de hacerlo bien, era consciente de eso. No comprendía cómo era que tan importante personaje lo hacía aún peor que él. Pero tampoco sabía qué conclusión tomar.

- Um, no, no pensaría comentar lo sucedido. Me imagino que usted tampoco gusta de tener su nombre demasiado mencionado en estas cosas, no se preocupe. - Y a todos les perjudicaría de igual forma, probablemente. Frunció el ceño un poco, el tono de todo el asunto se tornaba cada vez más extraño, pese al inocente punto de encuentro y el buen aspecto de los reunidos, pero había accedido y ya estaba allí. Se aseguró de no alzar mucho la voz. - Aunque no me ha aclarado exactamente cómo le llama a esto, o... pues a qué se dedica en sí. Perdóneme por insistir, sólo estoy muy confundido y, um, no sabría hasta donde se extiende su trabajo. -

Bajó su taza, ahora vacía. No sabía si preocuparse o emocionarse, iba a tener que ir oculto y todo el asunto sonaba a una gran misión encubierta. ¿Su padre aprobaba de todo eso? Debía de ser, sino, no le habría enviado con tal persona. Asintió sin chistar, juntando sus manos para juguetear inquieto con los numerosos anillos en sus dedos. Se había encariñado bastante a la ropa que vestía aquellos días, pero no tanto como para olvidar que hacía pocos años ni siquiera conocía la seda. - Mientras no tenga que deshacerme de nada, no puedo perder nada de lo que traigo... e-en lo posible, quiero decir. Muchas gracias de antemano. ¡Oh! Podría vestirme como un aprendiz nuevamente. ¿O todavía sería sospechoso...? Quizás como un plegiano... - Agachó la cabeza al pensárselo un poco. El nombre tampoco era problema, Gaius ya se lo había confundido hacía un momento, pero podía pensar en otros. - Al menos un nombre me es fácil, hay tantos... como los nombres de los legendarios tomos de magia oscura, quizás. Loptyr, Gespenst, Fenrir, Naglfar, Yotsmungand... - Nombró con facilidad. Sabía los nombres de corazón, aunque fuesen una atrocidad de deletrear. Ni siquiera eran los peores.
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Mensaje por Invitado Miér Nov 11, 2015 3:00 pm

Gaius había abandonado toda postura formal y a su cliente no parecía molestarle. Excelente, ahora podría relajarse un poco más. El hecho de siempre tener que aparentar formalidad y estar jugando a ese extraño juego de espejos con su interlocutor, lo estaba dejando tenso.

Acomodándose como lo hacía normalmente sobre su silla, se animó a contemplar un poco mejor el semblante de su interlocutor. Le ponía nervioso que siempre se estuviera cubriendo con una taza, pero no demasiado como para hacerle llamar la atención. El muchacho había estado de acuerdo con todos los términos y condiciones que había puesto el bandido.  Por lo que no esperaba resistencia u objeciones de su parte.

-Que a que me dedico?- El ladrón le dedico una mirada interrogante al chaparro príncipe. Como se había fijado esa reunión? Como era posible que el noble no supiera con quien estaba reunido? Gaius se rasco la barbilla mientras meditaba. Era claro que este encuentro había sido pactado por Coyote Gris, y si no había dado la menor pista del gremio al noble, entonces este debía de ser un noble de los importantes.

-Pues somos comerciantes por supuesto. Comerciantes de alto riesgo.- mientras hablaba, trataba de contener su sonrisa. Definirse a sí mismo de esa manera, siempre le causaba gracia.
-Yo en particular soy un viajero y aventurero.- Dijo dándose aires.
-He recorrido todos los caminos de esta parte del mundo, por lo que sabré encontrar una ruta segura para vos, majestad.- Dio una pequeña reverencia. Más por sarcasmo que por etiqueta.
-Y hablando de eso. De cuantas personas va a ser su comitiva, su alteza. No es que no se pueda, pero para poder cruzar sería conveniente movernos en un grupo pequeño. Si, es más inseguro en caso de que suframos una emboscada o similares, pero seriamos más difíciles de detectar.-

El bandido empezaba a tener sed, y el hecho de que no hubiera otra cosa en la mesa que ese wiski caliente, lo dejaba nervioso. Carraspeo con la garganta un par de veces. La reunión no iba a durar mucho más. Después que saliera de aquí, podría ir por una cervezas tranquilamente.

-No va a ser necesario que tire nada, señor. Todo lo puede llevar consigo en sus bultos. Pero no crea que ni yo ni mis asociados seamos mulas de carga. Respecto a la vestimenta…. Usted valla con ropas livianas debajo, yo me encargare de darle una capa que servirá perfecta para su disfraz. Deberemos pasar como campesinos, por lo que no espere un camino glamuroso o cómodo. Y si no puede seguirnos el paso, se queda atrás. No importa canto pague, no me voy a jugar el cuello por usted. – Dijo, al tiempo que enfatizaba dando pequeños golpes con el dedo índice sobre la mesa.

Al ver que su compañero empezaba a tirar nombres sin ton ni son el confundido bandido extendió las manos hacia adelante, tratando de romper ese extraño trance en el que había quedado el príncipe, citando nombres que nada significaban para el ladron.
-Oye, oye, calma majestad. No invoque a Grima antes del mediodía. Jajaja!- Soltó una ligera risotada.
-Bueno, esas serían las características del contrato. Quiere cerrar trato?- Extendio la mano al príncipe.
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Mensaje por Pelleas Jue Nov 12, 2015 1:20 am

Un comerciante... sí, podía creer eso. Un noble era un noble, pero un mercader podía ser cualquier clase de persona, con suficiente suerte y habilidad, supuso que inclusive alguien que no podía mantenerse recto y quieto, o que no sabía que uno no debía intentar inclinarse estando sentado a la mesa, lo que lo correcto era sólo agachar la cabeza un poco. Un comerciante y un aventurero era una mezcla que no se daba a menudo, por buenos motivos de estabilidad y Pelleas comenzaba a sospechar. Tenía que confiar en el juicio del rey o cual fuese el miembro de la corte que le había enviado con ese hombre, no debía de preocuparse, pero no podía evitar que resultase muy sospechoso.

- Así que es alguien que viaja mucho... eso es... quizás muy útil, de hecho. - Murmuró, casi que pensando en voz alta. Fuera o no un personaje sospechoso, si le serviría, le serviría, y podía pensar en más de un uso que darle a cualidades así. Sacudió la cabeza, deshaciéndose de su pensativo gesto y dando una sonrisa incómoda. - Ah, pero me estoy adelantando, l-lo siento. ¿Mi comitiva, dijo usted? Um, ese sería yo, solamente. No sé si usted me escolte personalmente o sólo haga los arreglos, pero fuera de eso, sólo yo... este viaje es muy personal, se ha estimado mejor que me mueva sin una gran y llamativa procesión. - Comprendía que eso, a su vez, sonaba sospechoso del príncipe de un reino extranjero, pero estaba lejos del nivel del hombre que le acompañaba.

Hombre que, para variar, se hacía sonar bastante peor entonces. Hacía tantos años que nadie le dirigía aquel tono de "no soy tu sirviente"; encontró que se había acostumbrado demasiado al trato de Daein, donde las cosas eran el completo contrario y ahora la diferencia resaltaba demasiado a sus ojos. De parte de Gaius sonaba inclusive amenazante. No pudo evitar pensar que su padre le habría urgido a imponerse más, a exigir más. Bajó su mano al pequeño bolso blanco a su bostado, donde guardaba sus libros, aquellos que leía y aquellos que usaba para la magia, no porque pensara atacar a Gaius ni mucho menos, sino para apoyar sus dedos sobre la superficie de Ruina y sentirse un poco más confiado. Asintió, sintiendo la magia como una calidez reconfortante contra su mano.

- Tengo que llegar hasta el otro lado. Entiendo que este trabajo se lo ha dado un emisario del reino de Daein, p-por lo cual... - Se volvió a enderezar, intentando parecer alguien seguro y convincente. - Espero no hayan problemas entre el reino y usted, por cualquier fallo en el plan. En Daein se valora mucho esta clase de, um... contratos extraoficiales. Mucho. Querría prolongar la relación de, ah, cliente y proveedor, tanto como sea prudente. - Se felicitó mentalmente por terminar de decir todo lo que quería decir. Sospechaba mucho, muchísimo de la integridad del 'comerciante', pero si era lo mejor para Daein, cualquier cosa serviría, y quería que lo supiese. Personajes como él no estarían más a resguardo en muchos otros reinos humanos.

- Dicho eso, acepto con gusto. - Sonriendo un poco, retiró su mano del libro mágico para llevarla contra la ajena, dando su mejor apretón. Lo cual no era mucho, pero lo intentaba. - Hay otra cosa que... - Murmuró, retirando su mano y jugueteando a cuenta nueva con los anillos en sus dedos, girándolos. - Ha dicho usted que viaja mucho. ¿Quizás pueda localizar algo por mi, si no es mucho pedir? A ciertas personas, quiero decir. -
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Mensaje por Invitado Miér Nov 18, 2015 8:19 pm

-Bueno, si es usted únicamente, no habría ningún tipo de problema en escabullirnos en Plagia.- Gaius estaba empezando a perder todo tipo de etiqueta o subterfugio. Se aclaró la garganta y se sentó recto en su silla.
-Digo, en entrar a la ciudad- dijo en un tono más calmo y mejor modulado. No dudaba que aquel inofensivo monarca fuera a presentarle ningún tipo de problema, pero recordó que estaban en un lugar público, en una de las tabernas más finas y elegantes de su ciudad natal, donde su rostro era ligeramente reconocible. Tenía que ser más cuidadoso.
Cuando el joven monarca mencionó las implicancias del trato con el flujo  comercial- contacto entre Daein y el gremio, Gaius arqueo una ceja y le dedico una mirada sarcástica al joven impertinente. Lo estaba amenazando?
-Pierda cuidado, alteza. Sé muy bien las consecuencias que pueden acarrearme de fallar este trato. Y créame que las acciones que pueda dar Daein, son el menor de mis problemas- Dijo bufándose de la tonta amenaza del príncipe. Gaius, de solo imaginar lo que le haría Coyote Gris si llegaba a embarrar el trato…. Un sudor frio corrió por su espalda.
El bandido aceptó el triste apretón de manos del joven. Comenzaba a dudar que su alteza” saliera mucho fuera de palacio… O que frecuentara tener contacto con otros seres humanos.
Después del apretón de manos, el bandido se desplomó en su silla y exhalo un sonoro suspiro. Se habían dado la mano, el trato estaba cerrado, su trabajo estaba hecho.
Levantó curioso la cabeza ante la nueva pregunta del muchacho.
-Ubicar a alguien? Un grupo específicamente? Ss-si… también hacemos ese tipo de trabajos.-
Adelantó su mano extendida hacia el monarca.
-Cinco monedas de oro sale pasar el mensaje y ver si alguien ha escuchado del tema. Puede demorar, pero en general es bastante efectivo.-
Soltó una pequeña risotada.
-Estoy seguro de que hasta usted ha escuchado del problema de espionaje que está sufriendo Altea, no?- Dijo hinchando ligeramente el pecho.
-Por un trabajo más personalizado, tendría que aumentar la tarifa, Pero dígame, a quienes busca?-
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Mensaje por Pelleas Lun Nov 23, 2015 3:32 pm

El príncipe no era alguien que desobedecería órdenes que provenían de su patria; tenía su incondicional lealtad hacia su padre por el sólo hecho de ser su sangre, su vínculo, como también tenía su profunda lealtad hacia Daein en sí, elevada en su mente a algo intocable y perfecto. Si la órden era encontrarse con el extraño hombre y, al menos en ese trabajo, confiar en él, no llevaría la contraria, no actuaría distinto, no saldría del molde. Pero era innegable ya en su consciencia que no le inspiraba confianza, desde su falta de etiqueta hasta sus métodos y sus tratos.

- De acuerdo. Todo está pactado, entonces. - Asintió. No estaba del todo seguro y hablaba por lo bajo pero, para su suerte, sonar inseguro y murmurar era su estado natural. Se mordisqueó el interior de la mejilla, cerró la mano lo suficiente como para arañarse la palma. Eran sus formas de ayudarse a pensar, tanto mejor si eran discretas. ¿Qué podía hacer? No acostumbraba tomar decisiones por sí mismo, pero enviar una carta para consultar tomaría meses, y de todos modos sería terrible de su parte cuestionar lo que se le había enviado y ordenado. Por una vez, tendría que confiar un poco en su propio juicio. Tantearia por sí mismo, pese a lo mucho que esa idea le retorcía el estómago, y si no se convencía de que aquella persona era confiable... quizás, quizás no obedecería al pie de la letra la próxima vez. O encontraría otra forma. No era tan ingenuo como para no darse cuenta de que estaban adjudicándole los rumores de Altea a la influencia de una fuerza oculta, una fuerza a la que Gaius estaba vinculado, y no era tan ingenuo tampoco como para querer involucrarse de mala forma en algo así.

Pensó, con una especie de vértigo, que ese viaje estaba cambiando demasiadas cosas para él. Siguiéndose la corriente a sí mismo con ello, se convenció de que podía ser un poco más audaz y entrar de la forma correcta en el asunto. - Entiendo, es... muy similar, de hecho. Esparcir el mensaje es todo lo que pediré que haga. - Bajó la cabeza mientras buscaba en su bolso por la pequeña bolsita de cuero en que había guardado el dinero del día; más oro del que una persona podía posiblemente gastar en una jornada, nunca había sido bueno calculando. Depositó 5 monedas sobre la mesa, respiró profundo e hizo todo su esfuerzo po hablar con claridad. - Daein es el único reino con suficiente fuerza como para verse librado del extraño ejército que lo ataca. Sucederá pronto. Para ese entonces tanto como ahora mismo, el príncipe estará buscando a todos aquellos dispuestos a ser leales a Daein, sean de donde sean. Si dudan de quien es el mejor aliado, la liberación del reino se los demostrará. - Soltó el aire que le quedaba en un suspiro y nuevamente se felicitó por la cantidad de palabas hiladas sin un ápice de duda.

- Eso, um, eso sería todo. - Sonrió con alivio, deslizando las monedas de oro sobre la mesa hacia su acompañante. Dudó un momento, como si fuese a agregar algo, mas enseguida negó con la cabeza y se puso de pie, dispuesto a retirarse. Sería mejor así. - Esperaré una señal para dirigirme hacia la frontera de Plegia. Muchas gracias por su ayuda. - Inclinó la cabeza a modo de despedida.
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Mensaje por Invitado Lun Nov 23, 2015 8:34 pm

El bandido recitó para sus adentros aquel extenso cantito que su majestad le había pasado por mensaje. “Dios, como se supone que memorizaré todo esto tan rápido”, se decía el bandido para sus adentros. Sabía que su desmemoriada mente iba a cambiar algo cuando pasara la voz, pero intentaría que llegara lo más completo posible.  Se lo repitió unas tres o cuatro veces internamente para que le quedará más claro, cuando volvió a levantar la vista, su cliente ya se había ido.
El bandido, sorprendido de lo rápido que se había marchado su cliente, miró en todas direcciones por si veía rastro del príncipe, pero este había abandonado su campo de visión por completo. Se encogió de hombros y le restó importancia al asunto. Ya tenía su dinero y su descripción, sería fácil volver a localizarlo cuando tuvieran que hacer el viaje. Un enigmático y bien vestido jovencito como él no pasaban desapercibidos.
Tomó las monedas de su paga y se puso de pie, acomodándose la camisa y el resto de sus pertenencias. Se tanteó en su cinturón y notó que le faltaba la bolsa de piedras, la broma que llevaba para los desafortunados ladrones que quisieran hacerse los graciosos con él. Rio internamente imaginándose la cara de sorpresa cuando en lugar de oro, encontraran rocas comunes del camino principal.
Estaba por abandonar su mesa, cuando la mesera se paró delante de él de improvisto. Se aclaró levemente la garganta y le extendió la palma en busca de su pago. El bandido rápidamente se giró hacia la mesa, no había en ella ningún rastro de otras monedas o dinero alguno. Volvió a contar las monedas que le había dejado. Cinco, ni una más, ni una menos. El rostro del ladrón se puso rojo casi al instante. Lo habían timado! El inescrupuloso y supuesto tímido príncipe le había tendido la trampa más vieja del mundo, y él había caído como un novato. El bandido murmuró una maldición por lo bajo. Puso bruscamente tres monedas de oro sobre la palma de la joven y se apresuró hacia la puerta de salida.
La próxima vez que viera a esa pequeña rata de sangre azul, le cobraría esto, y con intereses.
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Una cita con un sarnoso (Privado Pelleas) Empty Re: Una cita con un sarnoso (Privado Pelleas)

Mensaje por Marth Miér Nov 25, 2015 4:40 am

• Tema cerrado •

50G a ambos participantes.

Ambos obtienen un incremento de +1 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Gaius ha obtenido un nuevo skill. ¡Felicitaciones!

Una cita con un sarnoso (Privado Pelleas) Desarmar Desarmar - Una técnica hábil con la cual el ladrón puede, a través de un leve truco de manos, retirar el arma de la mano de otro, sea este un enemigo, NPC u otro personaje jugador. Al hacer que el arma de este caiga al suelo, cuenta con un momento extra o una ventaja.

El skill queda agregado al listado de skills para ser consultado por los demás usuarios en cualquier momento.


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