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[Entrenamiento] Donde pongo el ojo pongo... digamos "la flecha" [Priv. Takumi] [+18]

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Mensaje por Invitado Miér Feb 15, 2017 5:43 pm

Acudía tan veloz como había podido pero la verdad era que Leon le había pedido una misión bastante grande y con mínimo de información. Era normal que solo necesitase un nombre para poder dar con su victima pero si esa victima se trataba de más ni menos que el príncipe de un país era otro tema... no era la primera vez que iba a secuestrar un príncipe, ni tampoco era la primera vez que tenía que meterse en un área altamente vigilada, pero las dos cosas a la vez era un tema totalmente diferente. Pero al menos tenía fondos, Leon había sido sumamente generoso con el oro, así que pudo alistarse a sus anchas, arco nuevo en mano, flechas de diferentes tipos en su carcaj y habiendo pasado algunos días en Nohr había podido ponerse ropa acorde para el trabajo. Unos días debió de ocuparos en investigaciones, mover cuanta red de información podía tocar y visitar cuanta taberna conocía en Nohr para averiguar cuanto podía de la ubicación del príncipe de Hoshido, fue llegando a la frontera que dio con un ninja muy poco conforme con su situación laboral la cual la plaga emergida no había favorecido ni tampoco su adicción a la bebida y los juegos de azar, con una buena parte de los fondos de Leon invertidos en eso logró saber los movimientos exactos del escuadrón donde se encontraba el príncipe menor de Hoshido liderando.

Tal como había dicho Leon, fue sin máscaras, no se molestó en camuflarse, su ropa era claramente del estilo utilizado en Nohr y mientras avanzaba en la noche acercándose al campamento su capa era azotada por un viento fresco y sus cabellos despejaban su rostro, veía el campamento no muy lejos de aquella área verde, a varios kilómetros de la frontera pero aún bastante cerca, las improvisadas barricadas de troncos entrecruzados y el resplandor de un fuego le eran ideales, lugares donde esconderse para hacerse paso hasta el lugar donde estaría el general de aquel campamento. Esperaba que la información que había comprado y a muy alto precio fuese correcta y no estuviese atacando el campamento equivocado, le habían trazado en un mapa improvisado sobre la mesa de un bar el movimiento de los emergidos que estaban persiguiendo y donde se encontraban los campamentos centrales donde estarían el grueso del ejercito Hoshideano, aquella pequeña fracción parecía adelantarse separándose del grupo para ir a buscar activamente a los emergidos y si bien funcionaba aquella estrategia contra emergidos, dejaba al general poco protegido contra un ataque como el que él realizaría. Se detuvo a varios metros de distancia, aún resguardado por algunos árboles se colocó de cuclillas y cubriendose con los arbustos sacó su arco, flechas delgadas con puntas de bronce fueron las que seleccionó en primer lugar mientras bajaba lo más que podía el ritmo de su respiración, se acomodó varias flechas a su costado para poder cargar más rápido sin tener que ir a buscarlas a su espalda.

Permaneció por casi una hora allí, inmóvil, apenas respirando esperando la oportunidad, el guardia que tomaba turno se levantó y apartó un poco del grupo, esperaba que diese una vuelta de vigilancia pero fue mucho mejor cuando vio que se acercaba al costado de la muralla de estacas y procedió a vaciar su vejiga. Disparó y la flecha silbó en el aire dando en la cabeza ajena, no hubo ruido alguno más que el del cuerpo al caer al piso sin vida, el peliblanco relamió sus labios dando un respiro más profundo y volvió a respirar suave tensando nuevamente con otra flecha similar. No tardaron en salir dos guardias más buscando a su compañero cuando este no regresó, mantuvo tesado el arco y contuvo el aliento, la segunda flecha abandono el arco y un instante el guardia más resegado cayó al piso, el que iba delante se giró y no dio dos pasos hacia su compañero para ver que le había ocurrido que también cayó. Los tres blancos con una flecha cada uno en su cabeza. Respiró con más calma y recogiendo las flechas restantes se aproximó moviéndose siempre por las áreas más oscuras y deteniéndose esperando movimiento pero al parecer eran los únicos tres que estaban montando guardia esa noche.

Ingresó apegado contra la muralla y vio las carpas de los soldados, el fuego en el centro con un pincho de metal encima donde se cocinaban algunas verduras y un pescado que despedía un aroma que abría el apetito, seguro la cena de aquellos hombres. Se movió en silencio con arco y flecha en mano, algunas de las carpas estaban abiertas por la noche calurosa así que no fue difícil comenzar por estas y disparando a quemarropa prácticamente ir eliminando uno a uno al reducido grupo de hombres de forma silenciosa, como mejor trabajaba. Era cuestión de tiempo que encontrase la carpa donde se encontraba el príncipe... si es que era el campamento. Si no lo era, al menos habrían algunos Hoshidianos menos en el mundo.


Última edición por Niles el Jue Jun 08, 2017 3:48 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado Sáb Feb 18, 2017 10:30 pm

Los enfrentamientos bélicos parecían no cesar nunca. Da igual quien empezara. Un día eran los emergidos y al siguiente se trataba de bandidos y traiciones tramperas. La cuestión era que incluso aquellos territorios que delimitaban la frontera con Hoshido, la situación era nefasta y las armas estaban a la orden del mejor postor. La nación tenía que hacer algo al respecto para evitar la entrada de más indeseables a sus tierras. Por consecuente, la familia real se puso las botas y rápidamente organizó pequeños pelotones ante la falta de personal en los diversos puntos estratégicos del mapa. Si lograban aplacar las fuerzas enemigas más allá del muro, otro gallo cantaría y reduciría tanto la aparición de los baños de sangre como de las injusticias a mano alzada. He aquí donde tuvo lugar la intervención del tercer príncipe junto a su grupo de hombres, los cuales abandonaron el castillo a caballo y pusieron rumbo al Lago Divisorio en el acto.

Durante el trayecto, Takumi hizo paradas breves a los puestos de control más próximos y reunió información diversa. Nunca estaba de más conocer las últimas novedades para prevenir cualquier peligro inesperado. Le proporcionaron un carromato que fue abasteciendo con recursos armamentísticos. También con alimentos y materiales de acampada, pues iban a montar en principio guardia varios días en función de como evaluaran la situación y efectivamente. En cuanto llegaron a su destino, levantaron los jaimas cerca de la orilla y solo después se dedicaron a limpiar la zona de aquellas bestias sacadas del infierno. La infantería estuvo escasas horas combatiendo bajo el liderazgo del arquero hasta que se hizo de noche. Solo entonces tras felicitar el excepcional trabajo de los soldados, el susodicho ingresó a su tienda y deslizó la cortina de la entrada para una mayor privacidad. A continuación, agarró un pincel, un tintero, un pergamino y tomó asiento sobre uno de los cojines del lugar. Se puso a redactar de rodillas y con la mirada puesta en el suelo todo lo que había pasado en el día sin saltarse ningún acontecimiento importante.

Víctima del cansancio, bostezó llevándose la mano a la boca en el proceso y reclamó nada más terminar de escribir la presencia de la persona encargada de pasar el reporte a limpio. Estaba montando guardia delante de su tienda o al menos, eso debería estar haciendo. — He terminado, Ichinose. Deje su puesto y venga. — El joven aguardó unos segundos antes de percatarse que no recibía ninguna respuesta por parte ajena. Intentó llamarlo por su apellido nuevamente alzando la voz. — ¡Oiga, Ichinose! ¿Me ha oído? ¡Ey! — Su relajada expresión pasó a ser una de irritación por la arruga de su entrecejo. La paciencia se le había agotado y por ende, decidió levantarse para enrollar y llevar el escrito hacia afuera con el arco todavía colgado a sus espaldas. Como lo pillara holgazaneando, le iba a caer una buena bronca y de las gordas por hacerle perder el tiempo en ir a buscarlo tan tarde.

Afortunadamente, la hoguera no andaba muy lejos y pudo orientarse en la más completa oscuridad pese sintiendo sus párpados al borde del sueño. Entre el extraño silencio de la atmósfera y la repentina ausencia de cualquier alma humana, le hizo temer lo peor y guardó el pergamino en su cinto de tela para ir cargando una flecha en el arco. A paso cauteloso extremando el sigilo, rodeó el fuego y se fue desplazando por las sombras de puntillas. Fue entonces cuando divisó a la distancia las espaldas de un sujeto nunca antes visto por el mozo basándose en el diseño de sus ropajes. Contuvo la respiración en un puño y situado a su lado, le apuntó dejándose escuchar el sonido que producía la cuerda siendo estirada por el miembro de la realeza; separándoles escasos centímetros la distancia coexistente entre la nuca del individuo en cuestión y la punta de cobre que conformaba el extremo de la flecha. — Solo lo diré una vez. Dese la vuelta e identifíquese si todavía aprecia su vida. — Takumi estaba tan centrado en detenerlo que no llegó a fijarse en la sangre y los cadáveres de sus compañeros esparcidos a sus pies.
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Mensaje por Invitado Dom Abr 16, 2017 2:17 am

Sus pies iban lentos, apenas levantándose suficiente para no arrastrar hojas o grava que hiciera ruido, apoyando primero la punta y poco a poco bajando el talón hasta que su peso comenzaba a pasar al otro pie, avanzaba lento pero no había sonido que pudiese delatarlo, su capa cubría gran parte de su cuerpo y ocultaba los dos arcos que tenía así como las diferentes tipos de flechas que había traído. Utilizaba su arco corto y saetas más cortas para atacar de corta distancia tensando con más fuerza para que la flecha saliera con impulso desde el primer instante que soltaba la cuerda, apuntaba directamente a la tráquea para que el mayor ruido que hicieran los soldados dormidos fuera un gorgoteo antes de ahogarse en su propia sangre debiendo de sostener a alguno que intentaba manotear y hacer algún escándalo, como mucho había caído alguna manta o espada al piso que estuviese apoyada contra las precarias camas. No fue hasta que estaba casi listo su trabajo que escuchó algo, una voz que llamó en el campamento, alguien con autoridad llamaba con molestia a alguien que no estaba acudiendo. Sonrió de lado cuando vio al guardia que con la mandíbula abierta llena de sangre y su cuello atravesado por la saeta le miraba con ojos cristalinos sin vida ya, al parecer este no respondería al llamado. Salió de la carpa y la rodeó buscando con la mirada de donde había venido aquella voz pero con su movimientos lentos no había llegado a tiempo para ver al príncipe, también por que había tomado un camino más amplio entre las tiendas para no ser encontrado.

Avanzó un poco, arco en mano, tensado y ya con la flecha lista para atacar en cualquier momento, se aproximó a la puerta y metiendo solo la punta de la flecha abrió un poco la tela que caía pero no había nada en el interior. Escuchó un ruido y quedó quieto conteniendo su respiración, no estaba seguro si aquello habían sido pasos sobre la gravilla y el césped o el crepitar del fuego, incluso el roce de las hojas de los árboles con el viento frío de la noche. Una sombra clara apareció por el rabillo de su ojo y al mover su cabeza sintió el inconfundible sonido de un arco tensándose peligrosamente cerca... tensó lento y largo, era un arco grande, seguramente de batalla pero no llegaba a ser un arco largo. Aflojó su propio arco y dejó caer la flecha deslizando por su muñeca el arco al pasarlo entre la cuerda y la madera separó un poco las manos mostrándolas vacías ahora y lentamente se giró apenas suficiente para que su ojo bueno llegase a ver el rostro pálido y delicado de quien le apuntaba. Reconocía realeza cuando la veía, aquellos rasgos delicados y piel de terciopelo no eran de un soldado cualquiera, tampoco aquel cabello cuidado y largo que caía a su espalda y el viento acariciaba, un soldado o guerrero no tenía tales cuidados. Efectivamente aquel era el hombre que estaba buscando... ¿hombre? apenas era un niño, tendría la edad de su Lord Leon cuanto mucho si no menos. Sonrió altanero inclinando un poco su cabeza para mirarlo mejor desde sus pies hasta su rostro - ¿Apreciar mi vida? Creo que se equivoca de hombre si apela al amor a su propia vida como incentivo para que coopere. - su voz ronca y lenta parecía arrastrar un tono ligeramente sugestivo, como si las palabras que estuviese diciendo fueran una invitación que haría un hombre de mar a una dama pública en una taberna.

Terminó de girarse quedando frente a frente con el jovencito, miró el arco confirmando que era como había supuesto, observó en particular la manera que sujetaba este y la flecha saltando al ojo que era un arquero entrenado, avanzó un paso hacia él - Tienes buena técnica, muchacho pero tu arco no es el adecuado para la tarea que quieres hacer. - la distancia óptima de un arco era 5 veces su altura pidiéndose esta reducir a una vez su altura si el arquero era suficientemente diestro, al acercarse tanto reducía el riesgo de una herida fatal ya que la flecha no tomaría suficiente fuerza y una herida menor era cosa de todos los días para él, no temía tener una flecha clavada a unos pocos centímetros en su cuerpo. Descaradamente estiró su mano para apartar el arco de su camino - Necesitas un arco más corto o una ballesta, pero como estás en un movimiento militar específico con soldados que se encargan de ir al frente tu y los demás arqueros estarán en las líneas traseras ¿me equivoco? y claro, con arcos acordes como esta belleza. - realmente era un buen arco el de su enemigo, algo digno del título que el joven ostentaba, hasta parecía una blasfemia que dedos angulosos y de sangre sucia lo estuviesen sujetando.
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Mensaje por Invitado Mar Mayo 16, 2017 6:20 pm

La oscuridad no estaba ayudando al príncipe en lo más mínimo. Si bien antes le sirvió para ocultarse, ahora le dificultaba la tarea de identificar al encapuchado. Incluso apuntándolo tan de cerca; oír una voz tan grave hizo que adoptara una postura erguida y tensa por sostener el arco con mayor seguridad. ¿Acaso intentaba confundirlo con esas palabras tan frívolas? ¿Creía que así conseguiría intimidarlo? Sea como sea, lo había conseguido pero Takumi era demasiado terco como para reconocerlo. Era un miembro de la realeza y por tanto, debía mostrar ejemplo de su estirpe y adoptar una actitud dominante en todo momento. Fue gracias a que el extraño se dio la vuelta cuando la tenue luz de la fogata deslumbró su cara.

Nunca antes había visto a ese sujeto en la vida. No se trataba de ninguno de sus hombres y tampoco alguien que usara los ropajes de su país. Un vistazo rápido en su conjunto le propició la información necesaria para etiquetarlo como asesino. Esas telas tan pordioseras fue lo menos relevante de todo. Lo que le impactó fue las manchas rojizas de sus botas que delataban el homicidio al lado de sus pies. En ese preciso momento contempló a escasos centímetros de su propio talón el cuerpo sin vida de uno de sus soldado con una flecha atravesándole la garganta; valiéndose del rabillo de ambos ojos mientras el monstruo se daba el privilegio de pavonearse de su conocimiento sobre los arcos. Sabía de lo que estaba hablando a la perfección. Tenía toda la razón del mundo cuando afirmaba que a esa distancia no le causaría ningún daño. La flecha le hacía falta recorrido por el que adquirir velocidad y fuerza.

El acercamiento tan lento del opresor con parche fue la gota que colmó el vaso. Fisiológicamente hablando, el príncipe era incapaz de contener tanto el nerviosismo como el miedo mucho más tiempo. No deseaba ver su inquieta expresión reflejada en la pupila de un ser tan despreciable. Por tanto, retrocedió ligeramente la cabeza y agachó la mirada mientras el susodicho agarraba su arco. A pesar de que su instinto le gritaba que huyera antes de que fuese demasiado tarde, tenía las piernas paralizadas pensando que sería el siguiente en la lista. Fue gracias a las palabras consiguientes del sujeto lo que le hizo regresar en sí y llevar a cabo una respuesta a su atrevimiento.

De forma automática, el joven pisó con fuerza el tobillo izquierdo del asesino con la intención de desviar su atención. Conseguirlo o no era algo que tampoco iba a quedarse para averiguarlo; al igual que el rápido puñetazo que ejecutó tras recuperar el arco después de un rápido tirón de manos. Independientemente del resultado final, tomó como prioridad alejarse unos metros para continuar apuntándolo.

¡Pagarás cada muerte como veces lleva el diablo aunque sea lo último de haga! — Dicho esto, Takumi montó su arco y tensó la cuerda con una saeta lista para ser lanzada. Adquirió una postura firme y recta sin vacilar ni un ápice lo que estaba a punto de hacer. Imaginar el sufrimiento que tuvo que pasar Ichinose antes de morir con esa herida perforándole el cuello lo ponía furioso; tanto que sostenía el arma con mayor ahínco y emuló una mirada que intimidaba incluso. El ceño yacía hundido de rabia junto a una expresión carente de cualquier emoción por las ansias de venganza. — Empezaré regocijándome en tu sangre cuanto te ahogue de dolor y agonía a punta de flecha.

Lo siguiente que ocurrió fue que dejó ir la flecha hacia el encapuchado. Debía mantener las distancias ahora que contaba con ventaja y estaba a una distancia prudente. Empezó a correr por su derecha mientras cogía del carcaj tres saetas más en plena carrera y las fue lanzando velozmente a matar.
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Mensaje por Invitado Dom Mayo 21, 2017 10:18 pm

No acusaba en ningún momento de ignorancia al joven, quizás si de descuidado o ansioso, quizás de nervioso por la situación pero el error había sido cometido y no había mejor acoso que el psicológico contra las personas de distancia, una mente turbada no tenía la calma para apuntar bien o la concentración para entonar bien un hechizo, en cambio con un guerrero de cuerpo era más peligroso por que no había nada que hiciera más daño que un hacha moviéndose con la velocidad de la rabia y la fuerza del enojo a centímetros de tu cuerpo. Si sus palabras turbaban un poco aunque sea al arquero había menos posibilidades que actuase como un hábil tirador de mente fría, o simplemente intimidarlo con su propia tranquilidad ante una situación bastante tensa y parecía tener éxito pues el príncipito no se movía y lo dejaba actuar de momento, incluso parecía que lo estaba escuchando. Grave error de su parte confiarse y sonreír mirando un tanto de más al joven frente a sí, sus ojos dorados tan vivos y sus labios ligeramente húmedos, rosados en una piel pálida que parecía tan suave a la vista como debía serlo al tacto. El dolor en su tobillo le desconcentró y antes de poder siquiera reaccionar el golpe en su rostro le hizo soltar el arco y cerrar su ojo por un instante. El golpe se había clavado en su mandíbula y siendo más de frente que de lado le había logrado partir el labio. Relamió la sangre que comenzaba a brotar y con aún cosquilleante la sensación del golpe sonrió ampliamente, contrario a lo que parecía aquel golpe había afirmado más la idea que tenía en su mente antes del mismo y que el joven príncipe se defendiese con tal acto le hacía quererlo más. Contuvo un poco la respiración sin tensar el arco, sosteniendo la flecha como si la punta fuese una daga se abstenía a hablar para no delatar su ubicación.

Sin embargo no se quedó allí para escuchar lo que el príncipe tenía que decir y saltó hacia atrás tomando también distancia, el bajar de su brazo hizo que el arco se deslizara por este y fuese sujetado por su mano antes de caer y corriendo hacia un costado sitió el ligero tirón de su capa al ser desgarrada por la flecha que habría acabado en su cuerpo de no haberse movido. Utilizaría el campamento como resguardo, tenía la desventaja al no conocer mucho el lugar pero dudaba que su contrincante también lo conociera tan bien como para usarlo a su ventaja, un campamento que solo era una parada en la marcha no tendría más de unas horas de levantado, por las barricadas precarias de troncos diría que un día o dos, pero no lo suficiente para saber cada rincón y desnivel del piso, como mucho la ubicación de las carpas y lo que estas contenían. Ocultándose detrás de la carpa que contenía a su más reciente víctima se agachó para reducir el área de su cuerpo, una flecha atravesó la lona y muy cerca de esta una segunda, la tercera a una distancia más considerable pero bastante más acertada pues pasó contra su brazo dejando un corte en su ropa y en su piel. Llevando su carcaj a la cadera para mayor comodidad sacó dos flechas y tensó el arco mientras se movía por detrás de la carpa aún acuchillado, que el príncipe corriese le daba la ubicación aproximada en que se encontraba por el sonido de sus pasos contra el césped y la grava.

No esperó demasiado que se levantó y corrió hacia la siguiente carpa apuntando en carrera hacia el otro arquero y disparando una y enseguida una segunda con un desvíe hacia el frente. Entró a la siguiente carpa sacando otra flecha y sin tensarla en el arco utilizó la punta filosa de bronce de esta para rasgar el fondo de la carpa y salir por detrás aunque sin seguir corriendo si no que quedándose allí esperando a que su enemigo le siguiera y poder sorprenderlo. Una táctica bastante sencilla pero que por su simpleza fuese a funcionar.
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Mensaje por Eliwood Mar Ago 15, 2017 12:29 am

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