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Mensaje por Invitado Miér Nov 02, 2016 9:35 pm

Chon' sin era, para ojos de un extranjero, un paraíso de la extravagancia. La forma de sus edificios; la manera en que vestía su gente; su forma de hablar. Era distinto de Tellius hasta en los detalles más ínfimos, razón suficiente para atraer a los más curiosos a sus tierras, incluso sin tratarse de un territorio del todo pacífico. Los habitantes de la región todavía debían resistir lo que era la amenaza de los emergidos, y debido a esto podía respirarse la tensión en el ambiente, tan espesa que llegaba a ahogar. La primera impresión de Makalov, al llegar a uno de los puertos, fue la de un país demasiado estricto para su propio bien. Demasiado sereno, y callado... ¡Ojalá no fuera así en todas partes! Sino no podría soportarlo, sería igual que meterse en los barrios de la aristocracia de Sienne, y nadie en su sano juicio quería meterse jamás allí. Aunque claro, no sería lo mismo, porque en Chon'sin no se veía gente con los bolsillos a punto de reventar a cada paso que se daba.

No se sentía cómodo en las calles, y tras el largo viaje necesitaba un lugar en que darle descanso a su yegua. Una taberna era siempre bienvenida, por supuesto, porque contaban con establos, pero principalmente con comida y bebida. Seguro tenía suficiente para pagarse ambas cosas, porque hace poco se había hecho con algo de valor. Se trataba de una gema roja, una que había encontrado, irónicamente, al pasar por el barrio alto de Sienne. ¡Esos ricos no podían ser más descuidados! Esa joyita sería equivalente a dos mil quinientas monedas de oro, suficiente para hacer babear a cualquiera. Claro está que tan grande recompensa no la querría lucir entre los mismos individuos que en otrora habían jurado cortarle la cabeza. Así Makalov había decidido viajar a una tierra distinta, de nombre imposible de memorizar (¿Era el puerto de cuánto, de Vals?) y donde no lo conociera nadie, para darle provecho a su tesoro... ¿Pero había elegido el mejor sitio?

A la primera persona que vio, pidió direcciones.

-¡Eh, hola! -gritó a un hombre mayor que descansaba en una silla frente a su casa. Se acercó a él, tirando de las tiendas del caballo, y volvió a hablarle.-¿No sabrás dónde está la mejor taberna de por aquí? Te lo agradecería mucho.

El anciano lo miró de tal manera que estuvo a punto de ahuyentarlo sin decirle nada, pero para su fortuna parecía conocer bien las calles de su ciudad. Le explicó que conocía una, no sabía si sería la mejor o la que él buscaba, pero era a la cual todos los extranjeros llegaban a parar.

-Ustedes nunca vienen por buenas razones. Ni por razones diplomáticas, ni por trabajo. Todos los extranjeros vienen a aprovecharse de Chon'sin. -dijo el viejo, pero Makalov no le hizo el mayor caso, y pasó de largo.

Siguió las direcciones indicadas y llegó a un edificio todavía cerca del puerto, desde donde podía verse el mar. Se llamaba "El conejo tuerto", nombre que le llamó la atención. Le hizo bastante gracia, además seguro era un buen presagio. Los conejos siempre eran señal de buena suerte, aunque el hecho de que éste, específicamente, estuviera tuerto, no terminaba siendo un rasgo que le agradara. Pero a fin de cuentas no tenía importancia, y, una vez ató a Nuez junto con los otros caballos, simplemente entró.

¡Ah, otra vez en casa! No faltaba el gigante con rostro de asesino, ni los hombres de su misma edad con el futuro arruinado. La barra no estaba llena, lo que era agradable, porque tendría bastante espacio para dormirse allí si lo alcanzaba el sueño. Makalov no acostumbraba a ir directamente a beber, sino que prefería probar primero su suerte, antes de que se viera diluido su juicio. Sin embargo, hacía mucho que no se aclaraba la garganta con algo frío, y viendo que todos los demás se daban un gusto, sacó y contó todas las monedas sueltas que tenía, y pidió un trago. El barman le dio la bienvenida, y le preguntó, en pocas palabras, cuáles eran sus asuntos.

-No es difícil adivinar. -le sonrió Makalov, haciéndole un guiño. Levantó la jarra y bebió un sorbo de la cerveza.- ¡Ahh, que fría! ...Bien, estoy aquí para probar mi suerte, tú me entiendes. ¿Qué clase de juego es el más famoso en Chot.. shin?

-...Aquí es famoso un juego de dados. Tan solo mira, allí lo están jugando dos personas. -señaló por detrás de Makalov, y este último se giró para mirar.- ... tiras tres dados, y quien saque la combinación más alta, gana.

-Oh, dados... -contempló a los jugadores un largo rato.- ¿No tendrás algunos para mí, quizás? -el barman asintió, y le cedió tres.- Oooh, ¡gracias! Ahora... tan solo queda encontrar a una billetera con patas. ¡Alguien ingenuo! -empezó a hablar en voz alta. El barman lo miró de manera extraña, pero prefirió ignorarlo.
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Mensaje por Invitado Jue Nov 10, 2016 1:19 am

Había llegado a Chon'sin por los pelos, había escapado en el primer barco que salía de Durban y sin saber donde iría solo esperó hasta tocar puerto, sabría moverse en cualquier lugar que cayera y estaría seguro en cualquier lugar que no fuese Durban, incluso si caía en medio de Daein. El tema había sido el siguiente, había llegado a Durban por un trabajo de su príncipe Leon, iba tras el fugado de Nohr, el príncipe Pelleas de Daein para darle "un mensaje" pero algo había salido mal y entre cosas confusas había terminado él recibiendo "el mensaje". Pelleas estaba libre y siendo simpatizante de la reina de Druban debía moverse rápido y salir cuanto antes de aquel país pues en el momento que Pelleas llegase al castillo tendría a toda la guardia real tras su pista. Así viajó en silencio en aquel barco, usando todo el efectivo que tenía y poniendo por encima trabajo en el barco para poder pagar el viaje solo tenía como pieza fuerte el anillo que había robado al príncipe, el único que al parecer el mago oscuro no había recuperado al haber estado dentro de su carcaj y no con los demás en su bolso. Un anillo de oro macizo y una gema negra que brillaba como un arcoiris en su interior cuando le llegaba el sol de manera directa, una joya digna de un príncipe y si lo vendía tendría un par de miles de monedas de oro tanto por el mismo oro del anillo como por la gema que portaba. Cuando desembarcó en Chon'sin aún tenía resentido el cuerpo y algunas de las heridas no habían terminado de sanar y sin un cobre en su bolsillo necesitaba dinero y rápido para regresar a su país y poder finalmente respirar en paz, entregar su reporte alistarse para la siguiente misión.

No era su primera vez en Chon'sin así que sabía exactamente a que lugar ir y pidiendo el trío de dados se entretuvo un poco haciendo tiempo y distrayendo al dueño jugando por un par de tonterías, su par de guantes por un cinturón de cuero, el cinturón por unas bebidas y ganando y perdiendo se quedó apartado en la barra con una de las bebidas que había ganado y usando el tiempo para utilizar su cuchillo para trucar los dados de hueso, con suma paciencia y sin despertar muchas sospechas al trabajar al tacto y bajo la capa en su regazo solo debiendo de mirar de tanto en tanto para asegurarse de no cometer errores muy evidentes agregó hundiduras en cada cara transformando el 1 en un 5, el 3 en un 5 y el 4 en un 6 dejando dos de los dados en solo probabilidades de 5 y 6. Los puntos no solo estaban tallados en la superficie si no que pintados de negro así que con su uña comenzó a rascar en la parte interna de una de sus correas para sacar polvillo negro del descarne y mojándola con saliva hizo una pasta oscura que fue usando para rellenar los puntos y pasando sus dedos sobre las caras para ensuciar un poco las partes que habían blanqueado por el roce de su cuchillo.

Fue caído del cielo aquel hombre de ojos caídos y pelo voluminoso, Niles no juzgaba por su apariencia si no por como se movía en el lugar, con quienes hablaba y su lenguaje corporal. Así vio la oportunidad perfecta en ese hombre que se ponía tan dispuesto al timo. Su idea no era hacerse de mucho dinero, allí no corría mucho dinero en los bolsillos de los que bebían así que su plan era simplemente hacer trabajo de hormiga y conseguir pequeñas apuestas de muchos para juntar una cantidad decente para al menos poder dormir bajo techo esa noche y comenzar su viaje al otro día, si lograba moverse a un lugar más pintoresco de Chon'sin encontraría gente con bolsillos más llenos o incluso dispuestos a comprar sus servicios, cualquiera de ellos, cuanto menos dinero en su bolsillo más se abría el abanico de trabajo que estaba dispuesto a hacer. Se acercó sin mostrar los dados, ocultando los dos trucados en su manga y el otro tirándolo en su bolsillo - Eh ¿juegas, amigo? - dijo señalando con su mentón los dados en la mano ajena. Niles rengueaba de una pierna y habiendo estado tanto tiempo en el mar y sin poder encontrar hospedaje su ropa estaba en un estad deplorable así como él mismo, su cabello blanco estaba sucio y su parche se había perdido en Durban así que llevaba una tira de tela marrón atravesando su cabeza para cubrir su ojo, de haber sido una herida limpia simplemente lo hubiese dejado cerrado pero sin contar siquiera con párpado había comprobado que espantaba demasiado al punto que le negaban entrada hasta en el peor de los lugares.
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Mensaje por Invitado Lun Nov 14, 2016 10:57 pm

Había pensado en acercarse al sujeto ganador de la última partida de la que había sido testigo. Parecía encontrarse en una racha de buena suerte, y qué mejor que intentar quebrarla y darle la vuelta al juego. Estaba reuniendo el valor necesario para hacerlo -en otras palabras, seguía bebiendo-, pero fue interrumpido mientras levantaba la jarra por una voz que llamó su atención.  Le observó de reojo mientras daba sorbos, sopesando el valor del contrario en los juegos por su apariencia. Algo en aquel extraño lo incomodaba, pero Makalov supuso que la razón de esto era su apariencia y no otra cosa. Osea, ni siquiera él mismo se encontraba tan mal. Tal vez su armadura ya no brillaba, y su camisa estaba a punto de descoserse por sí sola, pero ese hombre parecía haber vivido un largo tiempo en una jaula. Parecía estar esperando a que dijera algo, por lo que el mercenario acabó la cerveza, se aclaró la garganta y le habló:

-¿Con mis dados, no? No nací ayer. -no estaba afirmando que el otro no hiciera trampa, porque no estaba seguro, pero ya había caído muchas veces en el mismo truco.- Hehehe..., si eres capaz de superar en valor a lo que tengo, entonces tenemos una partida.

Volvió a inspeccionarlo con cuidado. El jinete se hacía la idea de que quien tenía en frente se trataba de alguien inofensivo, el alcohol, por supuesto, era el culpable. En otra ocasión hubiera sido capaz de comprender el peligro en que se encontraba, pero en ese entonces sus instintos de supervivencia estaban diezmados, y lo hacían vulnerable. Literalmente hubiera sido capaz de apostar contra un asesino y no  darse ni la menor cuenta. Así, le sonrió al desconocido como si lo conociera de toda la vida.

 -Pareces un buen tipo, así que te contaré un poco sobre lo que tengo. -empezó a hablar. Sería difícil hacer que se callara.-sí, es una maravilla. La obtuve hace mucho tiempo en Sienne. Un hombre gordo como un puerco, pero tan rico como cualquier senador de Begnion, tuvo la brillante idea de salir a tratar asuntos por la calle, ¡totalmente al descubierto! Y yo, hehehe, apenas lo vi, lo seguí durante horas. Ni siquiera se me ocurre cómo es que no se dio cuenta de que estaba allí, ...¡creo que fueron mis habilidades de sigilo saliendo a relucir! -otros dos se habían detenido también a escuchar lo que decía, alzando cejas escépticas. Makalov no hizo caso alguno, y siguió parloteando.-O puede ser que simplemente me hubiera ignorado, ellos ignoran a todo el mundo. Pero bien, al final del día tuve la oportunidad de llevarme algo conmigo. Solo tuve que esperar a que se descuidara y... ¡Ta dá! Me hice con un premio gordísimo, una legítima gema.

Más gente alzó la cabeza, interesados en la pseudo escena dramática que el pelirosa estaba armando solo. Casi parecía que se había olvidado de que le hablaba a una sola persona. Ciertamente, todavía no creía que ese hombre tuviera mucho con qué apostar, y por eso trataba de llamar la atención de todo mundo al mismo tiempo, para ver si otra persona estaba interesada en una partida. Cuando se dio cuenta de que había tenido éxito en su empresa, sonrió, y sacó de sus bolsillos el tesoro del que tanto alardeaba, para que pudieran verlo. Como había dicho era, efectivamente, una gema roja, y una excepcionalmente grande, que brillaba igual como si la hubieran lustrado por horas (algo que el pelirosa realmente había hecho desde el primer día que la tuvo en sus manos). Hasta ahora nadie se había creído la historia, pero pronto quienes estaban en la taberna volvieron la vista de manera codiciosa. Makalov volvió a enfocarse en el extraño, y lo miró fijamente a su... ojo, volviendo a guardar la gema en su bolsillo, y sorbeando su jarra por si es que quedaba alguna gota perdida.

 -Entonces, ¿sigues queriendo jugar conmigo? -Le preguntó.
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Mensaje por Invitado Dom Ene 29, 2017 4:50 pm

El hombre cayó enseguida en su proposición, eso era bueno ya que si lo hacía con tanta rapidez de alguna manera aquel hombre no había visto peligro en la apariencia de Niles, en otro lugar podría llegar a entenderlo pero en aquella taberna de mala muerte podía señalar un par que estaban en peor aspecto que él mismo y varios que podrían hacerle la competencia. Que pidiera por sus dados no era problema, en un inicio dejaría que tomase confianza, tampoco era la primera vez que hacía ese truco - Claro amigo, no hay problema. Juego por diversión y quizás una cerveza. - mintió con la tranquilidad de quien dice la verdad arrastrando un poco su voz ya de por si cascada para parecer más alcoholizado de lo que realmente estaba. El relato que comenzaba a decir el otro se le hacía gracioso pero escuchó con atención asintiendo con su cabeza y mostrando sorpresa, riendo a los comentarios, miraba la apariencia del joven y no podía ver en él nada que pudiese caracterizar a un buen ladrón, desde lo sencillo que alzaba la voz hasta su voluminoso y llamativo cabello que parecería una bengala en un callejón oscuro, pero había nobles muy distraídos así que no lo daba por mentira totalmente, quizás la suerte había tenido mucho que ver. Eso o era vidrio tinteado con una gran historia para hacerlo sonar importante... eso podría jugarle a favor.

Miró con duda la piedra que extendía frente a si, su ojo (único que tenía) experto constantó enseguida que por el brillo y la tonalidad no se trataba de vidrio si no que realmente una gema, levantó un poco la mirada para constatar que varios de los comensales del lugar levantaban la vista codiciosos como una pardada de cuervos hambrientos, tenía que sacar la atención de estos. Se inclinó un poco hacia la gema y la miró de un costado y otro sin tocarla, sin apartarla de la mano de su dueño reciente - Mmm... es grande, muy grande... ¿es real? Es demasiado grande incluso para ser parte de alguna pieza de joyería... y no creo que un noble, sin importar lo pomposo que sea, tenga algo de tal valor como pisapapeles. - el desacreditar aquella historia sacaría el interés de algunos - Y el color no es tan fuerte... podría ser vidrio ¿sabes? Ya me han intentado timar con esas cosas...  pero es hermosa, falsa o no sería un gran regalo para una damita especial, hehe. - él por su parte se quitó el roñoso guante, estaba sucio y desgarrado pero un buen ojo podría ver que había sido de muy buena calidad y se trataba de un guante de arquero, el cual solo tenía cubiertos los tres dedos del centro dejando el pulgar y el meñique al aire y en la muñeca ajustandolo una tira de cuero lo acordonaba, jaló de esta y deslizó el guante para mostrar su mano, uñas sucias y una enegrecida por un reciente golpe fuerte desencajaban en la imagen del anillo grueso dorado con una gema negra que al alzar la mano y le llegase la luz de las velas se vio reflejado una infinidad de colores como un cielo galáctico dentro de la misma, un ópalo negro - Creo que esto puede ser de tu interés también, no le he conseguido comprador aún y en este nido de ratas dudo que alguien tenga siquiera una décima parte de lo que vale. Pero no escalemos tan rápido al premio gordo, primero un poco de diversión y entrar en calor. - y en confianza. Si comenzaban a jugar apostando cosas pequeñas haría que el otro se entusiasmase en el juego, sobretodo si ganaba y entraba en confianza, mejor si lograba que bebiese un poco más.

Volvió a colocarse el guante para cubrir de la vista el anillo que nuevamente había traído miradas de personas indeseables, si llegaba a llevarse el botín no pensaba pasar la noche allí en medio de toda esa gente capaz de matarle por mucho menos, y cuando partiese tendría que hacerlo observando sobre su hombro, pero no le preocupaba, sabía que tenía más habilidad de la que aparentaba y que cualquier mano curiosa, amiga de lo ajeno, terminaría clavada al piso de un flechazo.
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Mensaje por Invitado Sáb Feb 11, 2017 8:39 pm

- ¿De... de vidrio? -murmuró, abriendo los ojos.

Cuando el extraño comenzó a cuestionar el valor de su piedra, Makalov tuvo un vuelco en el estómago. Siempre solía llevar las cosas que encontraba a un catador de gemas en Sienne. Siempre le decía que lo que encontraba era falso o de poco valor, y quizás por eso mismo, por no querer decepcionarse, no había ido esta vez a calcular su precio. Puede que lo que decía fuera verdad y la piedra fuera un simple pisapapeles. ¡Qué horror! Estuvo a punto de buscar mil y un excusas para defenderse, y así mantener el valor de la apuesta y la confianza de todos, pero al parecer al sujeto del parche no le importaba por mucho que hubiera dicho. Makalov no se daba cuenta de que así había ahuyentado a los lobos, y seguramente salvado la vida, pero ya lo sabría más adelante. Por mientras, el extraño había distraído su atención con otra cosa: una joya que había estado ocultando debajo de su guante, y que al verla hizo que Makalov se llevara ambas manos al cabello de la ilusión.

- Pero... ¡Pero qué anillo! -hasta llegó a sentir vergüenza al compararlo con su joya. Brillaba intensamente, incluso en la oscuridad de aquel sitio inmundo, y si los demás habían llegado a interesarse por la piedra de Makalov, mucho más lo habían hecho por esa maravilla. ¿De verdad quería apostar semejante fortuna contra él? ¿Seguro que no era un noble encubierto que tan solo quería burlarse de su codicia? Bah, eso no podía ser cierto.- Ah, bien, ¿con... con qué  podríamos empezar, entonces? C-creo que tengo un poco de cambio...

Se puso a revisarse de pies a cabeza, encontrado en sus bolsillos un pequeño saco con unas cuantas monedas de oro deformadas y sucias, que en cualquier ocasión podrían hacerse pasar por bronce. Parecía suficiente como para "calentar las cosas", así que Makalov buscó una mesa en la que pudieran sentarse y jugar con el hombre del parche. Se pidió una jarra más de paso, confiando en su suerte, aunque nada dijera que las cosas estaban a su favor. De todas maneras era algo que no podía  evitar, el seguir bebiendo y bebiendo hasta que pudiera armarse de valor, para hacer hasta las cosas más estúpidas. Tragó un poco del licor y se sentó, sacando los dados afuera.

-¡Tira primero! -lo llamó entonces.- te doy la oportunidad, amigo. Dicen que las primeras tiradas son las más suertudas.

Los dados de Makalov estaban limpios, así que no había manera de hacer trampa con ellos. Makalov confiaba en que el juego fuera justo y equivalente, aunque de todas formas miraba al extraño con cuidado. Ya se suponía que intentaría trucos para llevar las cosas a su favor.
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Mensaje por Invitado Vie Abr 07, 2017 10:51 pm

El hombre tenía la inseguridad plasmada en su rostro y eso ayudaba a Niles a sentirse seguro de lo que hacía, las personas con el perfil de Makalov eran las víctimas perfectas, bebían de más, hablaban hasta por los codos pero se achicaban cuando había una duda. No pasó por alto tampoco que sus labios temblaron en palabras que no fueron dichas, seguro tenía objeciones sobre el temprano juicio del ladrón de cabello blanco pero como Niles había accedido a jugar seguramente se había quedado con sus palabras guardadas, chico listo él de no revolver más al jugador cuando este, pese a sus dudas, accedía a jugar, seguramente tenía experiencia en los juegos de azar y era algo de tener cuidado. Quizás solo era efecto de sus ojos ligeramente caídos o del alcohol en su sangre, pero no veía al pelirrosa como alguien de preocuparse, sin embargo mostraba pequeñas actitudes que le hacían estar en alerta al espía y este confiaba más en su instinto que en la lógica que la situación presentaba. Ajustando el guante nuevamente en su mano y tirando de las cuerdas trenzadas que apegaban el cuero como una segunda piel emitió un suave quejido al apretar su dedo que aún no había terminado de sanar y el cual le faltaba la última falange en una herida cubierta pero aun abierta, desafortunados gajes del oficio cuando a uno le atrapaban con las manos en la maza. Por suerte, con arco y flecha en su hombro pasaba más por un cazador que por un ladrón y siempre procurando hablar de cacería podía alegar que aquello era solo un accidente con una trampa o mismo un animal salvaje.

Se ajustó la pieza de tela de su rostro para asegurarse de que no se hubiese corrido y se acomodó en la silla de la mesa que ocupaba el pelirosado, pues si iban a jugar ahora asumía que estaba invitado a tomar asiento. El mismo revisó en sus bolsillos, tanteó el dado sin trucar y algunas monedas, dentro del bolsillo tomó las monedas y las dejó sobre la mesa, apenas un oro y varios cobres y la moneda de oro siendo más delgada al haber presionado con calor la moneda para poder quitar algo de oro de los bordes y venderlo a algún joyero por una moneda de plata la cual gastó quedando solo algunos cobres de esta. A simple vista no parecía diferente la moneda más que estaba bastante maltrecha que podría ser por el uso pero de intentar pagar algún impuesto con esta seguro el cobrador del rey exigiría explicaciones, en cambio podía ser usada normalmente. Dejó las monedas sobre la mesa y separó los cobres poniéndolos delante - Siete cobres para iniciar, ¿que dices? Me da un poco de miedo comenzar con algo grande, y no te lo tomes a mal, hermano, pero me gustaría verte jugar antes, uno nunca sabe si está con alguien honesto cuando la apuesta es tan grande. - habló moviendo un poco su jarra ya a medio acabar. Tomó los dados y los sacudió en el hueco de su mano haciendo que tintinearan un poco entre ellos - A parte que es todo lo que me queda, si no estoy en racha no sé si me animaré a apostar y arriesgar a perder lo único de valor. - agregó con una sonrisa más nerviosa, claro, actuada.

Soltó los dados y estos rodaron por la mesa chocando un poco entre ellos y deteniéndose casi al borde de la mesa, los tres dados lanzaron una tirada media, un 5, un 3 y un 1, no estaba del todo mal pero tampoco era una tirada difícil de superar, con la suma de 9 podía ser fácilmente vencido si la suerte no le sonreía. Soltó un quejido y le acercó los dados al otro mientras empinaba la jarra, aprovechando que esta era de latón y no se veía su interior fingió tomar largos tragos cuando solo había bebido unos sorbitos, dando la confianza al otro de que estaba bebiendo más de lo que realmente tomaba. Al bajar la jarra la golpeó suave contra la mesa - Tu turno, amigo. -
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Mensaje por Invitado Lun Mayo 08, 2017 9:47 am

La sensación que lo dominaba entonces era muy rebuscada, entre nervios, decepción, alegría y dudas. Lo que más quería era prestar atención a los gestos del peliblanco, pero sinceramente no tenía la paciencia para fijarse en nada. Cada vez que quería intentar jugar de una manera, digamos, "inteligente", acababa descubriendo de que así no podía, y que de esa manera perdía toda la gracia. Nada de lógica cabía en las jugadas de Makalov, solo un montón de emoción y esperanza, por lo que a pesar de no poder leer el comportamiento de su contrincante, no se retractaría. Buscó en sus bolsillos algo que valiera con lo que empezaban, y encontró allí unas monedas que creía perdidas, que eran justo siete, suficiente como para equilibrar la balanza. Puso esto que le quedaba sobre la mesa, dejando que las monedas se deslizaran lentamente entre sus dedos, cayendo una encima de la otra. Se estaba despidiendo de ellas, aunque seguro ya se olvidaría de que las había perdido.

- Todo... tiene que empezar de alguna forma. -murmuró con una media sonrisa. La expectativa lo hacía morirse de los nervios, y simplemente no podía esperar a que el otro hiciera su jugada. Hace ya mucho tiempo que no se sentía emocionado apenas con el principio de una apuesta, y la verdad no sabía si alegrarse o no por eso.

Lo que sucedió fue que el sujeto tiró un nueve, cosa que sacó una reacción exagerada de Makalov. Se llevó una mano a la frente y sonrió con mucha gracia, sintiéndose suertudo de que no lo eliminara con la suma más grande que se podía conseguir. Suspiró muy mal actuado, y tomó entonces el par de dados, pues ahora era su turno. Antes, eso sí, se llevó un sorbo de cerveza a la boca, bebiéndose la jarra hasta más de la mitad en un intento de ahogar su miedo, golpeando después la jarra sobre la mesa. Entonces miró los dados en silencio, clamándole a quien quisiera ayudarlo que le diera buenos números. El pelirosa tenía una "tirada especial", sujetando los tres dados entre las dos manos, y agitándolos dos veces por lado, izquierda, derecha, entonces pasaba los dados a una sola mano y los lanzaba. Así lo hizo, y los dados rodaron por delante de él. Entonces no pudo ver bien que consiguió, porque la vista ya se le había nublado bastante, así que estiró el cuello hacia delante, cerró un ojo y contó uno por uno los puntitos sobre los cuadrados blancos.

- ¡dos, tres... siete... once! ¡Once! -exclamó al final, sonriendo de forma estúpida. Eran dos 4 y un 3. Levantó la mano y atrajo todas las monedas de cobre hacia él, riéndose entre dientes.- ¡Ehehehe! ¡... la... Primera ronda es mía... hic! -algo que tenía el alcohol en él era que, cuando ya entraba en su sangre de lleno, se notaba a leguas. Puso los dados a disposición del otro, apoyando su codo en la mesa y la mano en la barbilla. - ¿ya te has rendido, parche? Huhuhuh...

Si tuviera que contentarse con esas monedas, lo haría. Le alcanzaba para otra jarra de cerveza si así lo quisiera, o un trozo de pan. Pero entonces el hambre no le importaba, y bien podría beberse toda el agua del mar si tuviera alcohol. Pero bueno, lo que quería era que el extraño apostara el premio grande, la joya. Sin embargo, no sabía si poner ya la gema entre las monedas, quería esperar a que se equilibrara la balanza.

- Uh... phuedes darmeh... ¡Tu guanteh! -lo señaló con el dedo. Quizá equivalía a las catorce monedas de cobre, o quizás no, no le importaba. Cualquier cosa para así tensar el juego, y traer los objetos de mayor valor en frente.
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Mensaje por Invitado Dom Mayo 14, 2017 6:56 pm

Poco a poco la taberna retomó su curso, la gente volvió a prestar atención a sus mesas y a sus propias conversaciones y juegos dejando a los dos en su propia mesa, aún podía el arquero sentir alguna que otra mirada sospechosa sobre ellos vigilandolos, seguramente viendo a donde irían esos tesoros para robarlos cuando estuviesen distraídos o se separasen. El peliblanco ya mantenía cuidado no solo sobre su anillo si no que nadie se acercase demasiado al de pelo rosado, si le robaban no tendría que apostar y sería desafortunado tanto para él como para el otro. Sintió la tensión y le pareció eterno el momento cuando sacudía los dados para tantos lados, queria ya ver el resultado y no tanto por el temor a ganar o perder si no para poder hacerse de aquella gema lo antes posible. A diferencia del otro jugaba por ganar en ese momento y se preocupaba más de leer la actitud ajena para saber como reaccionar y mostrarse para que aumentase la apuesta, no solo aumentase si no que lo hiciera poco a poco, que ganase confianza en él en principio y sobretodo que bebiese de más para facilitarle su tarea. Los dados volaron de las manos del caballero.

La suerte parecía guiñarle un ojo de manera un tanto bizarra, había perdido y era lo que esperaba, darle esperanza al otro y endulzar el gaznate con un trago de dulce victoria, de haber ganado él debería haberle trabajado más con sus intenciones de hacerle entrar en confianza. Los dados habían rodado por la mesa y uno casi llegaba al borde a caer pero permaneció en el borde, contó casi a la misma velocidad que él, no por tener dificultad en su mirada si no por no ser ágil con las sumas y contar, costosamente sabía contar sin utilizar sus dedos, de hecho sobre la mesa movía sus dedos para llevar mejor la cuenta sobretodo cuando pasaba el diez, si bien su señor le había obligado a aprender a leer y escribir lo hacía lo menos posible y le costaba horrores. Pero los dados estaban allí y no mentían, era el perdedor y el pelirrosa ya se llevaba su diminuto botín de monedas con la celebración que esperaba que tuviese un hombre adicto a las victorias. Llevó su mano a su frente y suspiró pesadamente actuando como si aquella perdida hubiese sido realmente una maldición - Maldición... no puede ser que empiece ya con tan mala suerte... quizás sea una señal que no deba continuar. - dijo dudando como lo haría alguien que no ve muchas esperanzas y volviendo a inclinar la jarra bebiendo un pequeño sorbo pero haciendola tardar y tragando saliva como si fuesen gruesos tragos bajó nuevamente la bebida y golpeó con su mano sana la mesa de manera decidida - ¡Apenas me haz ganado por dos miseros puntos! Señal mis calzones, esto no se acaba. - volvió a aflojar la correa que sujetaba su guante y tironeó de las piolitas hasta aflojarlo y se lo quitó. Un guante de arquería podía ser bien vendido si encontraba un cazador o un arquero, si lo llevaba a una casa de reventa probablemente obtendría pocas monedas pero tratando con alguien que le fuese útil podía sacarle más dinero. No era mala elección y supuso que aquel hombre algo tenía de cabeza, al menos suficiente para poder ubicar objetos - Bien, mi guante... por las monedas! - puso el guante sobre la mesa donde antes habían estado las monedas.

Tomó los dados de la mesa y los sacudió un poco entre sus manos, ahora teniendo el anillo a la vista este brilló por la tenue luz de las velas en el candelabro cercano, los dados de hueso tintinearon entre sus manos ahuecadas y los lanzó en la mesa rezándole a quien fuese la entidad de los dados y tardando un poco en sumar los puntos golpeó con la mano sana la mesa - ¡Me lleva la puta! Tira tu. - dijo con enojo pues frente a él se veía un dado con los cinco puntos arriba pero los otros dos tenían un uno y un dos respectivamente haciéndole una tirada aún peor que la anterior... para su suerte.
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Mensaje por Invitado Dom Mayo 28, 2017 10:44 pm

- Huhuhuhu... -soltó una carcajada molesta entre dientes.

Makalov observó el guante que apostaba el otro con codicia. Le encantaba todo lo que se le hiciera gratis, poco le importaba si le iba a ser útil de alguna forma o no. Llevaba ya los suyos desde siempre, que le descubrían los dedos, pero nunca hacía falta un reemplazo cuando estos estaban hechos un desastre de tanto usarlos. Se quedó imaginando qué uso le daría a ese único guante, observando de reojo el anillo, el que con cada segundo que permanecía en su retina se le hacía cada vez más y más hermoso. Le habían dicho más de una vez que tenía la pasión de un cuervo por las gemas preciosas, lo que era bastante cierto. Recién estaban empezando, pero ya podía verse con dicho anillo en las manos, quizás debajo del mismo guante que estaba, según él, por ganar. Ni siquiera sabía si en realidad le quedaba.

Ya el desconocido había tirado sobre la mesa sus dados. Makalov leyó los puntos con la vista un poco borrosa, y por un momento creyó haber contado más puntos de los que el extraño en realidad tenía. Los nervios lo hicieron beber incluso más, escapándosele un poco de licor de entre los labios, cayéndole a la camisa, como siempre. Esa era la razón de que siempre acabara apestando horrores. Contó, y al contar abrió los ojos como platos.

- ¡Ocho! -exclamó para confirmarlo. Sonrió tanto ante la desgracia ajena que sintió que los músculos de su cara se agotaban. No dijo nada más, estirando el brazo, todavía con su sonrisa estúpida en la cara, para recoger los dados y lanzar de nuevo.

Esta vez agitó menos, muy lento. Era su manera de pedir con mucha humildad y cariño que los números le favorecieran. Siempre que lo hacía le salían pares, y nada valía más que un número par en un dado. Entonces, luego de echarle toda la suerte posible a su tirada, lanzó hacia delante. Makalov se apegó con el pecho a la mesa para ver de cerca los dados y contar bien lo que le había salido. Los puntos no mentían: en el primer dado, un dos; en el segundo, un tres; en el tercero, un cuatro.

- ¡NUEVE, NUEVEE! -exclamó, levantando ambos brazos en pose de victoria. No cabía en sí de la alegría, pues se había ganado el guante. Tenía suficientes monedas para otra ronda y una nueva protección para su mano. ¿Qué clase de suerte le estaba dando Ashera, que de repente se sentía tan bendecido? Sus ojos azules, perdidos, se iluminaron. Entonces quería más y más, estaba en su racha de suerte. Lo único malo de estar ganando era la posibilidad de que el otro desistiera al ver sus esperanzas por los suelos. El pelirosa se quedó viéndolo, apoyando el codo en la mesa y la palma en su mejilla.- Ehehehe, parshe... no te vayas a desanimar, ¿hmmm? Todavía...no hemos hecho nadah ¡hic! -dijo Makalov entre dientes, ahogando una risa rastrera.- ¡Pues mirah, todoh o nadah! ¡Baaam!

Estrelló algo contra la mesa, y al quitar su mano de encima, se vio que puso la gema roja como parte de su apuesta, junto a las monedas y el trozo de cuero. Brillaba de manera hermosa, por suerte el golpe no la había arañado. Makalov, poniendo lo de mayor valor sobre la mesa, planeaba terminar con el juego ahí mismo. Estaba pletórico de la emoción y no creía posible perder tras haber ganado dos veces seguidas. Las apuestas consistían en una sola cosa para él, la fe ciega, y tenía montones hasta desbordar. Esperaba que el extraño pusiera ya su anillo para poder jugar con él, triunfar y llevárselo para cambiarlo por monedas de oro. Ohhh... soñaba despierto imaginando el tintineo de las monedas en su bolsa, un cascabel que lo calmaba y lo hacía creer que su futuro no era tan malo como parecía.

Makalov alzó la jarra y bebió hasta el fondo. La bebida helada lo hizo temblar, y se le hizo agua la boca por poder beber un poco más.
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Mensaje por Invitado Vie Jun 09, 2017 11:25 pm

La suerte estaba de su lado por su ausencia, a veces el perder era ganar y en eso se encontraba el arquero, los dados rodaban libres e iluminaban al pelirrosado, en eso no tenía problema de dejar a la suerte libre. El aliento alcohólico del caballero acompañado de su tambaleante diálogo fueron los indicativos que todo iría acorde a lo planeado, la suerte era cosa de borrachos y gitanos, alguien como él no podía deja nada al azar, incluso si esta le sonreía en ese momento, Niles sabía por experiencia lo zorra que podía ser la suerte, coqueteando con uno para que entrase en confianza y remetándolo de una puñalada por la espalda cuando se daba la vuelta. El golpe sobre la mesa llamó la atención de los que ya se habían distraído y el arquero volvió a maldecir entre dientes por lo descuidado y ruidoso que podía ser ese hombre, parecía pedir a gritos que lo robasen. Su mirada se centró entonces en la joya sobre la mesa, tan brillante y grande como la recordaba de momentos antes. Por eso sus dedos rozaron el borde de su manga donde tenía guardado los dados trucados, nada quedaría a la suerte a partir de ese momento.

Fingió dudar, rascar su nuca desacomodando sus cabellos pringosos por la falta de higiene y suspiró  - Bien... un todo o nada. - con movimientos aún inseguros rozó el anillo con sus dedos y lo sacó con cuidado como si estuviese apartando un recién nacido de los brazos de su madre - Pero si apuesto esto te pediré que me dejes aunque sea un par de cobres para pasar la noche si la suerte sigue sin estar de mi lado. Vamos, yo lo haré por ti. - rogó con falsa tristeza y depositó con cuidado el anillo sobre la mesa. Tardando lo justo para que no pareciera una decisión ya tomada si no una insegura pero no demasiado para poner impaciente al otro retiró la mano dejando junto a la gema su parte de la apuesta y como si buscase valor en el fondo de su jarra la tomó con decisión y esta vez si bebió gruesos tragos para bajar hasta la mitad el nivel de su bebida y poder, con un gesto de su mano, pedir que rellenasen las jarras. Acudió un joven, posiblemente el hijo del posadero, que por el gesto en su rostro se notaba que no era su idea de vida ser posadero, sin embargo se acercó con una jarra grande de cerveza pero no sirvió enseguida, Niles tomó el atrevimiento de tomar del fondo de apuestas dos cobres y los colocó en la mano del varón para que rellenase ambas jarras. Siendo de madera las jarras no se veía el nivel de estas así que confiado de que estarían vacías el joven llenó la del pelirrosa y desbordó un poco la del peliblanco - ¡Oye! ¡No arriba de la mesa! No seas torpe, ya, ya, vete. - dijo molesto levantando la jarra y usando su mano para barrer fuera de la mesa y al piso la espuma y restos de cerveza que se habían desbordados. Como el arquero había pagado una jarra completa y solo había llenado la mitad el muchacho solo le dio una mala mirada tomando aquello como descuido de borracho y una oportunidad de guardarse medio cobre para él.

El arquero sacudió su mano, siempre consciente que era en la que no tenía guardado los dados, no era tan torpe para andarlos lanzando antes de tiempo. Fingiendo molestia empujó los dados hacia el caballero - Bien, pero esta vez tu primero, comienzo a pensar que es la primera tirada la que falla. Perra suerte. - necesitaba ser él la última tirada para poder cambiar los dados.
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Mensaje por Invitado Dom Jun 18, 2017 4:22 am

Observó como rellenaban su jarra, callando por un momento. Agradecía el gesto, ¿Cómo no? Pero al ver que la otra jarra se desbordaba de contenido, una pequeña, casi imperceptible alarma sonó en su mente. De entre sus pensamientos nublados logró por fin darse cuenta de que el otro hombre había bebido mucho menos que él todo ese tiempo, y por lo tanto podía deducir que estaba muchísimo más lúcido que él. Eso llegó a molestar a Makalov, quien hizo una mueca de disgusto y frunció el ceño, sin comentar nada. De repente sentía que se estaban aprovechando de él, y que no solamente estaban pasando un buen rato con una apuesta de por medio. Sí, mucha, muchísima rabia, pero no había nada que hacer al respecto. Además, tampoco era que le importara. Hasta ahora había ignorado cualquier estrategia, apoyándose enteramente en la buena suerte que estaba teniendo esa noche. Para el pelirosa daba igual si el otro planeaba algo o no; él iba ganando, y nadie podía cambia lo que dijeran los dados. Makalov se pasó la mano derecha de la nuca al cuello, y recogió los cubos de hueso entre sus dedos.

- ... Verás, ha sido diverthedesemo... -balbuceó, fijándose en el rostro ajeno. Ladeó un poco la cabeza y lo miró con cierta gracia.- peeero... si los dados me dicen que síiiii.... No quiero que me persehgas, ¿hmmm? Hay que saberh dar el brazo a torcer, amiiiigo... -ya se imaginaba que tendría que correr con su recompensa, porque nadie en el mundo era buen perdedor. Maldición, ni siquiera él sabía perder. Siempre acababa quejándose cuando las cosas no salían a su favor, y ganándose un moretón en el ojo de regreso. Quizás Makalov no era el mejor de los ejemplos, pero podía proyectarse a él mismo en cualquiera, y así imaginarse lo que iba a suceder.

Hizo saltar los dados sobre su palma, los miró, los besó con cuidado como quien da las buenas noches a sus hijos, y entonces agitó los tres entre sus dos manos cerradas como sabía hacer. Debía poner todo su espíritu en ello, creer con toda su voluntad que se llevaría la ansiada victoria. Si no era ahora que podía transmitir sus energía a los dados, después ya sería muy tarde.

- ¡ Vamos, VAMOS! -exclamó antes de soltar los dados como un peso muerto sobre la tabla de madera. Estos giraron apenas un poco, pero lo suficiente para contar como una tirada. Los tres acabaron muy juntos el uno del otro, justo al centro de la mesa. Los números...- ... cuatro, c-cuatro.... Dos. ¡Dos! -el número había acabado siendo un diez. Ese era un número muy gris de entre los que podían sacarse de una triada de dados, pero podría haber sido peor, mucho peor. Makalov apretó los dientes de la ansiedad, posando su mano en su frente, y echándose por un par de segundos sobre su silla, tirando la cabeza para atrás y mirando el techo por encima de él. Suspiró muy pesado y sonoro, y una vez volvió a enderezarse hacia delante, clavó los ojos en el rostro ajeno- ¿S-superarme, tú? ¡Si- ...Sigue soñando!

Dicho esto, el joven jinete apoyó brazos y codos sobre la mesa, y enterró su cabeza entre ellos, sin dejar de fijarse en los dados que tiraría el peliblanco. Mientras prefería distraerse imaginando qué podría hacer si ganara, si de verdad la diosa le diera esa bendición. No sabía si sería bueno vender tanta joya, o esperar el momento correcto y usarla de comodín en otra apuesta donde las necesitara. Podría quizás pagar su deuda con aquel bandido pelirrojo de Begnion, o con el comerciante que rondaba la frontera y siempre iba acompañado de sus propios matones. ¡Solucionar tantas cosas, y tan fácil! El otro tan solo debía fallar, y el premio sería suyo.
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Mensaje por Invitado Sáb Ago 05, 2017 11:39 am

Sentía la ansiedad clásica de cuando todo estaba yendo sobre ruedas, estaba funcionando y tendría algo que podría negociar fácilmente por una bolsa de oro que le dejaría viajar cómodo y dormir bajo techo de aquí hasta que llegase a Nohr y más. El pelirrosado se mostraba ebrio a mas no poder y era un blanco demasiado fácil para el entrenado ojo del arquero y estaba seguro que en tal taberna de mala muerte nadie se metería en asuntos ajenos así que ni siquiera corría riesgo si llegaba a ser descubierto más que el tener a un borracho enojado, él siendo ágil y rápido podría fácilmente salirse de esta, a parte tenía más armas él encima ocultas de lo que podrían haber en toda la taberna.

Esperó paciente a toda la chachara que estaba dando, sacudidas y paseos de los dados, besos de la suerte y quizás alguna plegaria a alguno de los tantos dioses que había por el mundo, cosas que el peliblanco consideraba inútiles, la suerte era perra y siempre se salía con la suya jodiéndote cuando más la necesitabas, por eso mismo no dejaba momentos tan decisivos tirados a la suerte. Actuó sorprendido nuevamente con la tirada del pelirrosa, bastante alta comparada a las anteriores, esos dados definitivamente estaban con alguna clase de yeta aunque habiendo solo un maximo de dieciocho, el haber sacado un diez no era algo tan malo. Decidió que por ese número no se arriesgaría a cambiar todos los dados, ya con cambiar dos tendría un mínimo de once que sería suficiente y sería más creíble si salía al menos un número bajo que ninguno. Bajó la mano y golpeó la mesa antes de tomar los dados con su mano hábil - Con mi maldita suerte dudo que pueda superar eso... creo que es una de las mejores tiradas de la noche y apenas es aceptable. Vamooooos... - hablaba mientras sacudía los dados en el hueco de sus dos manos juntas, sacudió un poco hacia arriba y al hacerlo hacia abajo atrapó dos de los dados apretandolos entre sus dedos dentro de la mano mientras la otra dejaba caer dentro del hueco formado dos de los dados trucados manteniendo el tercero apretado con su meñique. Al volver a subir sus manos para soplar los dados dejó caer nuevamente el dado trucado sobrante al interior de su manga por un brazo y los dos normales por el otro, un movimiento que tenía demasiado practicado a lo largo de los años, desde pequeño lo había aprendido y cuando hacerlo bien dependía si comía esa semana o recibía una paliza se tendía a aprender a hacer bien las cosas.

Finalmente soltó los dados sobre la mesa, los dados rebotaron algunas veces y finalmente se detuvieron, un seis, un cinco y un tres. Perfecto, una tirada creíble y que superaba sin dudas el valor anterior. El peliblanco se levanto un poco de la silla para inclinarse sobre los dados como si le costase contar pero con aquel gesto volvía a poner dentro de su mano los dados normales para volver a cambiarlos pronto, por el momento solo sonrió ampliamente y volvió a golpear la mesa aunque esta vez con alegría - ¡Catorce! ¡Catorce! ¡La perra suerte me ha guiñado a pesar que yo no pueda devolverle el guiño! - señaló los dados para que el pelirrosa los mirase y tomó su jarra de cerveza - En vista de mi buena suerte y siendo buen ganador, te invito lo que hayas bebido esta noche más una cerveza extra. - dijo alegre poniendo su mano sobre los dados habiendolos dejado el tiempo suficiente para que viese el resultado pero no dejando que llegase a agarrarlos. El movimiento de su mano fue rápido y al agarrar los dados deslizó los mismos por la mesa hasta que volvía a sentarse y dejó caer por el borde hacia su regazo los trucados, se cruzó de piernas para cubrir con su capa los dados y dejaba los normales nuevamente en su mano lanzó uno al aire y lo atajó como celebración bebiendo un largo trago de cerveza, ya no necesitaba estar tan sobrio. En cualquier oportunidad guardaría los dados trucados en su bolsillo para deshacerse de ellos después.
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Mensaje por Invitado Jue Ago 24, 2017 7:14 pm

Apoyó ambos codos en la mesa, su cabeza en sus manos, y sonrió ampliamente mientras observaba la que podría ser la última jugada de Don parche, gozando de lo cerca que estaba por ganar. Había sido difícil, pero al menos no había perdido las botas, o la armadura, o la camisa. Su gozo lo volvió más atolondrado de lo que se suponía que debía estar, aunque de todas formas el margen de diferencia no era demasiado grande, por lo que su mente empezó a divagar en lo que se suponía gastaría el dinero de ambas joyas combinadas, si es que lograba venderlas. Podía quizás pagar sus deudas con los traficantes de animales, o con el gremio de herreros de Sienne. O quizás simplemente gastarse todo en unas botellas para alegrar su viaje de ida, pues no planeaba quedarse en ese puerto de mala muerte por mucho más tiempo. Y en esto se ocupaba tanto que tardó en darse cuenta de que el otro jugador ya había rodado los dados, con tantos movimientos de manos y gestos que se preguntó si le estaba copiando sus maneras de tirar. Estos rodaron y dejaron los números sobre la mesa, a los que Makalov se acercó.

Abrió los ojos, haciendo el esfuerzo de descifrar los puntitos en los cubos blancos, pero cuando pudo contarlos, creyó que los había leído mal, y al momento de querer confirmar la suma por segunda vez, las manos del otro se deslizaron con rapidez hacia la mesa y se llevaron el atroz número lejos de él, sin ni siquiera darle la oportunidad de cuestionarlo. Pero era cierto lo que mostraban, sin dudael total era catorce. Y después de gritarlo a viva voz, el hombre del parche se ofreció a invitarlo a otra bebida, como si aquello fuera capaz de endulzar la situación. No se daba cuenta de que ahora mismo el espíritu de Makalov se hundía en un pozo muy profundo, hasta rocar fondo.

Sonrió con todos los dientes fuera, sus cejas inclinándose hacia abajo como si pesaran demasiado sobre sus ojos. No dijo nada en absoluto cuando levantó la vista y vio allí a aquel hombre, quien se regocijaba con su victoria como si la misma suerte le hubiera besado la frente, y le hubiera quedado algo de labial encima. "Desgraciado. Me ha timado", pensó, sin poder evitar sudar del miedo. Es que simplemente no podía permitirse creer que, tras tanta suerte, su situación se volcara con tal brusquedad, y justamente cuando la partida estaba acabando. Juraría que había caído en su trampa, fuera cual fuera, pero no tenía prueba de ello, y por lo mismo de lo único que era capaz era protegerse con esa sonrisa.

 - Ja... Jajaja... -rió brevemente.- Q-qué ... generoso... -alcanzó a mascullar, mostrando un atisbo de sobriedad.- peeero... no se me antoja...

Era ahora o nunca. Si tardaba un segundo más, se daría cuenta de lo que planeaba y lo detendría. Y como definitivamente no quería salir con un ojo morado y algún dedo roto de aquella taberna, debía ser rápido. La gema estaba sobre la mesa, brillando como mil soles, entonces siendo lo único que realmente necesitaba conservar. Al diablo las monedas y el guante; su mano derecha cruzó la mesa de manera horizontal, cogió la piedra roja, e inmediatamente su cuerpo se despidió fuera de la silla, hasta la puerta, con la velocidad de quien corre por su vida. Tuvo que hacer piruetas para no chocar contra la aglomeración de mesas y sillas, y no lo consiguió bien parado, porque se golpeo el estómago contra un borde, y paso a empujar en el hombro a otro ebrio como él. Pero al fin y al cabo lo consiguió, tirándose encima de la puerta sin pestillo para que se abriera y le revelara el mundo exterior una vez más. Buscó con rapidez a su yegua, se subió a ella en un salto, y teniendo preparado el nudo para desatarlo en caso de emergencia, azotó al animal de un lado y salió disparado hacia cualquier calle que lo alejara de ahí.- ¡HAS HECHO TRAMPA! -fue lo último que se escuchó de él hasta que su figura se desvaneció en el puerto. Si no fuera por su montura, seguramente no habría sido capaz de concluir su escape, porque había tenido suerte de estar en dirección y muy cerca de la puerta allá dentro, pero fuera, seguramente el tipo tuerto podría alcanzarlo y estrangularlo en plena calle.
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Mensaje por Invitado Lun Oct 16, 2017 3:35 pm

Todo había salido bien, había ganado un par de tonterías y por encima de todo el premio mayor. Trampa o no siempre tenía esa pequeña posibilidad de que todo saliese mal, que le descubriesen, que los dados dieran el peor número posible y terminase perdiendo pese a todo, también que la persona no fuese buen perdedor y sacase una daga de entre su ropa y una simple apuesta podría desatar una pelea de taberna. Los riesgos nunca eran nulos pero aquel hombre de cabello rosa no parecía ser la clase de persona que generarían problemas, más en el estado de ebriedad que estaba, no decía que fuese buen perdedor pero no lo veía con la suficiencia fuerza testicular como para tomar un arma y enfrentar a otro hombre que se mostrase más confiado que él... ahora huir era un tema totalmente diferente.

Confiado se descansó en la silla relajado, pese a la turbación del otro no veía una actitud amenazante, solo nervioso y preocupado por su perdida y lo comprendía, acababa de perder una pequeña fortuna que para un nombre no sería más que moneda de cambio pero para hombres como él, el pelirrosa o cualquiera de esa taberna era mucho dinero, muchos matarían por la mitad de eso... él incluido. Levantó su jarra para beber y la alzó para llamar al cantinero y pedir que las rellenasen pese a que el otro había dicho que no se le antojaba. No era mal ganador y menos cuando ganaba con sus métodos, aún se sentía dulce y quería compartir antes de irse de aquel lugar. Pero el pelirrosa tenía otros planes y así fue. En un movimiento rápido había tomado la gema de encima de la mesa y había salido a la fuga pechando todo lo que tenía en el camino. El peliblanco se tensó listo para salir detrás de él pero se quedó un instante en la silla, si se levantaba caerían los dados que tenía ocultos en su regazo entre los dobleces de su capa y entonces podría tener problemas no solo con el pelirrosa si no con cualquiera que quisiera unirse a su causa para simpatizar con quien ahora tendría dinero... o mismo el dueño de la taberna. Se apresuró a recoger un par de cosas sobre la mesa, las monedas y los guantes principalmente y con la excusa de meter eso en su bolsa a la su cadera tomó los dados y los dejó caer también dentro, lanzó los dados sobre la mesa y corrió detrás cuando ya hacía unos instantes que el pelirrosa se había escapado.

En la carrera ya deslizaba su arco por su brazo y sacaba una flecha de su carcaj, de haber salido de inmediato sabía que el caballero no tendría oportunidad de escapar, tan alcoholizado como estaba no podría hacerle frente a él que estaba fresco y confiaba aún poder bajarlo con una flecha y llegar a darle alcance, no contó con que tuviese un corcel en el cual huir. Al salir a la puerta ya lo veía alejarse, el caballo corriendo a todo galope y su cabello de fuerte color resplandeciendo como una diana en los tonos oscuros del lugar. Extendió su arco y apuntó con la flecha pero al ser un blanco en movimiento la misma no dio en el jinete si no que llegó a herir el anca de su caballo, no era una herida profunda ya que a los pocos metros la flecha cayó solo habiendo solo perforado la piel pero dándole un impulso extra al embravecer al caballo que corrió con más ganas sintiendo el ataque hacia atrás - ¡¡CON QUE VEA TU CARA DE NUEVO EN MI CAMINO TE HARE TRAGARTE ESA GEMA POR DONDE NO TE LLEGA EL SOL!! - gritó con enojo golpeando el piso con su pié. Al parecer estaba en la casilla uno... o peor, por que ahora con la acusación nadie querría jugar con él por dinero. Tendría que seguir su camino a pie y encontrar otro lugar para seguir buscando algún trabajo o tontos dispuestos a apostar.
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Mensaje por Eliwood Lun Oct 23, 2017 11:52 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen +1 EXP.
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
espada de acero [3]
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Support :
Marth [Social] Una gema, cerveza, y tres dados en la mesa [Priv. Niles] OaIUyNL
Lyndis [Social] Una gema, cerveza, y tres dados en la mesa [Priv. Niles] JEIjc1v

Especialización :
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Experiencia :
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Gold :
1080


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