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El cazador y la bestia [Campaña de Liberación - Priv. Salkhi]

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El cazador y la bestia [Campaña de Liberación - Priv. Salkhi] Empty El cazador y la bestia [Campaña de Liberación - Priv. Salkhi]

Mensaje por Khigu Jue Oct 27, 2016 8:03 pm

Hoy no era un buen día. Ella estaba de mal humor.

Ella, quien hace un rato se había picado porque uno de los hombres de su tribu había venido de su cacería, con una gran presa a cuestas, fanfarroneando. Su aspecto estaba impecable... eso le había dado mala espina. Seguro que había hecho trampa. Y si se atrevía a mentir así... ya no era digno. Mas nadie dijo nada, todos le alabaron. ¿Por qué? Porque al parecer recientemente se había convertido en uno de los mejores, superando incluso la vez que Khigu había vuelto con varios cadáveres de lobo a rastras. Pero claro... ella era ella. La oveja blanca en un rebaño de negras. Bendecida por unos pocos, maldecida por muchos. Había logrado ser mínimamente respetable delante de todos ellos. Pero aún así... seguían habiendo momentos como ese. Ella, quien de toda su tribu había nacido albina, con sus correspondientes ojos rojizos. En comparación al resto de su gente, con quienes únicamente compartía el color de piel, de los cuales sólo se parecía a sus padres en rasgos; todos ellos con sus hermosos cabellos de color carbón y ojos canelos.

Se había pasado toda la mañana gruñendo por lo bajo. Sacándole el filo a su hacha, apretando los duramente encallecidos dedos de sus manos contra la roca alijadora. Al terminar, lanzó dicha piedra al aire, para que fuera muy lejos. "Ojalá pudiera romperle el cráneo a ese imbécil" pensó mientras lo hacía.
Flexionó sus músculos, estiró sus extremidades mientras se levantaba, agarró sus pertenencias y sin decirle nada a nadie, como de costumbre, salió a buscar algo con lo que desahogarse.

Y cuanto más grande, mejor.

Más tarde, después de unas horas rondando las planicies, entró a uno de los pocos bosques del lugar. Buscando presas, caminando sin miedo entre la maleza. Rompiendo alguna que otra corteza de árbol con su hacha, que balanceaba con rabia de vez en cuando. Y notó algo. Algo muy grande, una sombra cerca de un lago. Se agachó y se acercó gateando, revolviéndose entre los arbustos, haciendo el menor ruido posible.

Un oso.

Tenía hambre y allí estaba un oso que tranquilamente descansaba a la orilla, buscando algún insecto. No la había detectado, lo cual era perfecto. Aunque por unos momentos le pareció escuchar algo más por arriba de los árboles, no le hizo demasiado caso. Ya cuando terminara con aquella presa se dedicaría a buscar más...
Sonrió, apretando los dientes a la par que fruncía el ceño. Y en cuanto lo hizo, se posicionó, preparada para salir de su escondite. Soltó un gruñido muy fuerte, llamando la atención de aquél oso, y salió corriendo hacia él con el hacha en alto, agarrando con dos manos.

El animal se dio la vuelta mirando hacia ella, y reconociendo la amenaza, se levantó a dos patas, soltando un ruido como respuesta a su gruñido. Cuando la tuvo cerca agitó una de sus zarpas, que podría haberle destrozado la cara a Khigu, si no fuera porque justo se agachó, balanceando el hacha hacia el costado del oso, clavándoselo con ganas. La piel del oso era dura, así que ella empujó hacia dentro el filo con fuerza, hundiéndola insistente. Mientras se llevaba unos cuantos arañazos tontos en la espalda, pues el animal no alcanzaba a atacarle bien con ella posicionada de aquella manera.

Hasta que algo más había "llamado la atención" al oso, girándose. Al hacerlo ella no pudo evitar girar con él, agarrada a su piel con el hacha aún clavada, manchándose toda de su sangre. No entendió que había sucedido hasta que alzó la mirada al animal para verlo mejor por detrás.

- ¿¡Q-...?!
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Mensaje por Invitado Dom Oct 30, 2016 10:00 pm

Tarde o temprano, el hambre comenzaba a aparecer en la gente de Sacae.

Con el comienzo de los primeros vientos fríos, la caza comenzaba a escasear para aquellos no experimentados en remover hasta la hierba para encontrar a animales durmientes o que se prepararan para sobrevivir al duro invierno de la gran llanura del mundo. Y no solo las presas de carne, también la recolección se hacía dura, y mucho más cuando uno debe alimentar a su ganado, una de las pocas fuentes de carne caliente en la peor estación para un nómada. Por ello mismo, los cazadores se convertían en personas respetadas por todos los habitantes del mayor trozo de hierba del mundo, pues eran ellos quienes se atrevían a salir al duro mundo para conseguir todo lo necesario que las familias necesitaban para pasar la estación fría... Pero, claramente, Salkhi no cazaba por ser un buen samaritano. Necesitaba el dinero de esas familias, y también necesitaba lo que los animales que cazaba le ofrecían para sí mismo: La misma carne, huesos para caldo y utensilios varios, piel para un saco de dormir… Había perdido el anterior en la última estación fría, y ahora iba siendo hora de conseguir uno nuevo, por lo que la caza era necesaria para estar listo lo antes posible.

¿Y qué mejor presa que un oso?

El cazador de pelo rubio había encontrado su rastro dos jornadas atrás, con marcas de arañazos en un árbol y pelo en unas rocas del camino, señales de que había estado afilando sus uñas y limpiando su pelaje. Por la posición de huecos creados en el árbol debía de tratarse de un ejemplar de casi dos metros, lo suficientemente grande como para un buen saco de dormir y piel extra para forrarse las botas de cara a las lluvias y nevadas que llegaran en el futuro.

Durante dos días el nómada persiguió al animal  con precaución constante, procurando en todo momento que su olor no fuera arrastrado por el viento hacia la posición de su presa, y realizando el menor ruido posible en todo momento, pues el oso que era capaz de ver a cierta distancia gracias a la gran planicie que es Sacae estaba a la distancia suficiente como para percibir el ser perseguido si uno no era lo suficientemente cuidadoso. Por ello, la concentración en su persecución era constante, llevándola la misma hasta uno de los pequeños bosques que uno podía encontrar en la gran llanura, tal vez uno de los cuatro o cinco que eran atravesados por un río, lo que dejaba al cazador en una buena posición de cara a conseguir su presa.

“Se paciente. Espera el momento perfecto. Busca el punto exacto…” Sacando el arco de su funda, Salkhi colocó una flecha en la cuerda de su arma, recogiendo el brazo y preparándose para soltar el mortal virote en dirección al entrecejo del oso, un punto en el que la flecha se hundiría en su cerebro de forma directa, provocando una muerte instantánea y rápida… Por desgracia parecía ser que la suerte no sería demasiada en el final de la cacería, dado que el oso se giró de forma rápida y se alzó sobre sus patas traseras por alguna razón que el rubio no comprendía al tener al animal de piel oscura cubriendo una parte de la orilla contraria del río. “Tranquilo… Recalcula, busca otro blanco.” Sin soltar la cuerda del arco, Slkhi localizó otra zona blanda con rapidez, la base del cuello, en la cual una herida directa provocaría una muerte instantánea. Por ello, soltando el aire que llevaba en sus pulmones, el cazador quitó sus dedos de la cuerda, viendo como la flecha salía disparada y se clavaba en el cuello del oso.

Con calma, sabiendo que se había cobrado una presa importante, el nómada solitario pasó al otro lado del río mientras colgaba el arco de su hombro izquierdo, acercándose a ver la herida del oso. “Sin problemas. Un tiro limpio, como debe ser. La piel no parece demasiado desgarrada, así que servirá para un buen saco…” Durante medio minuto, Salkhi estaba demasiado ocupado en observar la flecha y su entrada como para percatarse de que había otro par de ojos observando la escena. -¿Uhm?- Al levantar la mirada, el cazador pudo ver a una joven de piel oscura, ojos rojos y pelo blanco, aunque su cabello, cuerpo y ropa estaban manchados por líquido carmesí, y el aire comenzaba a llenarse simultáneamente del olor de la sangre. “No puede ser…” La primera señal fue el hacha que se encontraba en la mano de la chica, empapada por completo de fluido vital, pero fue al girarse y ver la enorme herida que el oso tenía en su vientre, por la cual comenzaban a asomar sus intestinos, que el rubio comprendió por completo que acababa de suceder. “El oso se giró por ella, y esta chica le ha destrozado el torso…” Girando la vista levemente, apoyando ambos brazos en la pata superior del oso en gesto positivo, Salkhi clavó sus ojos en las pupilas escarlata de la chica, mostrando un gesto de seriedad absoluta.

-Mío.-
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Mensaje por Khigu Lun Nov 21, 2016 9:14 pm

Lo que había llamado la atención, o más bien, lo que había hecho que el animal reaccionase de aquella forma: no había sido nada más que el impacto de la flecha en la base de su cuello, por detrás; el cual había sido certero y por ello se andaba retorciendo de dolor durante unos pocos segundos antes de que dejara caer su peso muerto sobre la nómada, que andaba entre cuidando que el animal no aplastara sus brazos y hacha, y buscando con la mirada quién había tirado aquella flecha.

Ahí lo vio, un hombre joven, alto y rubio. Por sus pintas parecía ser de alguna otra tribu de nómadas. Alzó una ceja mientras lo observaba en silencio por unos segundos. Esperaba que eso no significara lo que creía... Comenzó a hacer un gesto disgustado con la boca, apretando los dientes mientras él se colocaba encima del brazo del oso ya muerto, como apropiándose de él mirándola con una mirada que ella interpretó como un reto.

- Grrrrrrr.... -gruñó, y fue entonces que al oír aquella palabra, se alteró- ¡¿Pero qué dices!? -gritó, claramente enfadada.

- No, no, no ¡Y NO! -No pasaría otra vez por el mismo problema. Sin soltar el hacha con una mano, usó la otra para arrancar la flecha y partirla en dos con su propio puño, delante de la cara del hombre. -¡Y una mierda! Búscate otra presa. -exclamó en un tono serio.

Tiró con desprecio los trozos de la flecha al suelo y pasó ese mismo brazo alrededor del cuello del oso, cerrando el "abrazo" con la mano del hacha que apuntaba a su vez al otro cazador, e intentó tirar del animal hacia ella. Ya había comprobado que era algo pesado y tal vez aquél agarre se lo dificultaría, pero ya estaba acostumbrada a cargar con cosas similares.
Mientras hacía esto para provocarle y que se alejara, lo miró bien... A pesar de que era un hombre musculado, aunque no tanto. Más bien su cuerpo era atlético... Pero era un arquero, seguro que esta vez podría con él, como no podía haber vencido a Naruga. A pesar de que el enmascarado fuera más delgado y algo más bajo que el hombre rubio que se encontraba delante de ella.
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Mensaje por Invitado Jue Ene 05, 2017 8:31 pm

Había algo en aquella hembra que le parecía curioso, y no era precisamente su falta de respeto hacia la regla del primero que ataca es quien se lleva la presa, sino que portaba ropas de una tribu con cuyos miembros había comerciado en el pasado en repetidas ocasiones, pero su aspecto físico era totalmente diferente al de aquellos con los que había tenido contado, pues el pelo negro al que estaba acostumbrado había encontrado el total opuesto en aquella situación. Pero, en realidad, aquello no importaba en lo más mínimo en esa situación. Si, curioso era que una mujer de piel oscura y ojos rojos llevara prendas de una tribu con otras características, pero ninguna curiosidad puede vencer al hecho de que a uno le estén robando la presa de forma descarada delante de las narices.

“Que se habrá creído esta…” No realizó ningún cambio en su rostro cuando la extraña rompió la flecha con una sola mano, aunque sí que se pudo percibir en su mirada un brillo de enfado que empezaba a moverse peligrosamente a ser chispa que inicia incendio, y comenzar un fuego en medio de los árboles es algo muy peligroso. “Le he perseguido durante días, le he dado caza, ¿y ahora quiere que me vaya a por otra presa? Ya de paso la despellejo al oso por ella para que no se rompa las uñas la muy…” Pocas cosas enfadaban en verdad a Salkhi: Los emergidos lo que más, pero que un falso cazador intente robarle la presa ya tomada está a un solo escalón de la plaga de seres no-humanos que asolaban el mundo.

El fútil intento de la mujer de arrastrar el oso le habría provocado risa si no fuera porque lo que quería llevarse era su propia pieza, ante lo cual el arquero reaccionó de la forma más natural posible. Dio dos pasos hacia donde se encontraba aquella persona que quería arrebatarle el trofeo, y estirando el brazo agarró la muñeca contraria, quedando frente a frente con la guerrera a escasos centímetros de distancia, pudiendo observar con claridad desde tal posición el rostro ajeno, y como la sangre del peludo animal comenzaba a secarse sobre la piel humana. -MÍ presa. Largo.- ¿Acaso se creía que iba a dejarse intimidar por un hacha y cuatro gritos de enfado? Había escuchado aullidos peores y armas más peligrosas y afiladas habían intentado acabar con él, así que lo último que debía atreverse a pensar era que podía escaparse con una presa ajena así como así.

Ahora que estaba más cerca, el cazador se permitió la libertad de examinar de arriba a abajo a la mujer sin ningún pudor, recorriendo en un par de segundos su fisionomía, y por ende creando una rápida descripción mental de la extraña: “Músculos bien formados y entrenados, poco pecho pero musculado… Ha dedicado la vida a pelar, o al menos a entrenar para ello.” Y la palidez en los nudillos de la mano del hacha, más los músculos tensos de ese mismo brazo le indicaban al rubio nómada la intención ajena de usar el arma a las primeras de cambio. Debía estar preparado para saltar hacia atrás en cualquier momento, y más aún para descargar el arco de su hombro y disparar a su oponente si las cosas se ponían sucias. Su plan del día era tomar la ida de un oso, pero si la del animal costaba la de una mujer que pretendía robar su presa, que así fuera entonces.
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Mensaje por Khigu Vie Ene 06, 2017 10:03 pm

Tirando poco a poco de la presa, notó que el arquero se había puesto delante suyo, impidiéndole el paso. No pasó ni un segundo desde que hizo eso para ver su brazo libre siendo agarrada por la muñeca. - !!! -Le echó una rápida mirada con enfado, para encontrarse con su rostro a pocos centímetros de la cara de ella. No se sintió intimidada por eso, más empezó a gruñir desde lo más hondo de su garganta. ¿"SU" presa? Pensaba que había sido clara con el hombre. ¿Por qué siempre le pasaba lo mismo? Hoy no estaba de buen humor para esto.

Además, notaba que él no sería como Naruga, sabía que sería imposible llevarse bien con él. No, más bien... Hoy Khigu no iba a llevarse bien con alguien.

Al verlo analizarla de pies a cabeza, Khigu ya se temía lo peor. Ja... Sí, ya sabía lo que pasaba. Era otra persona que juzgaba por las apariencias, y seguramente de una tribu en la que hombres y mujeres no eran igual. Esa mirada le cabreaba, le hacía perder su poca paciencia. Frunció el ceño, preparando su garganta mientras elevaba la barbilla, de modo que lo mirara desde arriba.

Y lo escupió en toda la cara. Sonrió con los dientes, burlesca, antes de volver a bajar la mirada a una más seria.

- ¿¡Qué miras!? - le gritó, mientras apretaba el puño de su hacha.

Ella podía deshacerse de su agarre con la misma mano, pero necesitaba un movimiento amplio para atacarle si él no quería que acabara con su vida con un ataque cercano. Así que decidió jugar un poco, aquel chico parecía atrevido así que tal vez seria un rival digno, como mínimo, para desahogarse con él.

Soltó el cuello del oso que tenía enganchado con el otro brazo, para bajarlo y posar la palma de esa mano suavemente sobre el pecho del rubio. Pausó unos segundos antes de impulsarse de golpe con el brazo agarrado y un pie hacia adelante, empujándolo bruscamente y tirándolo al lodo de la orilla. Como él no la había soltado, eso provocó que ella cayera también encima suya, movimiento que aprovechó para girar el filo del hacha contra el cuello del hombre, sin rozarlo.

- ¿Entonces qué te parece si TÚ eres MI presa? -exclamó con una sonrisa pícara, mientras se elevaba poniéndose de rodillas, aún encima suya. Con la mano libre, siguió haciendo presión en su pecho para que no se le ocurriera hacer ningún movimiento.

Dos por uno. Eso es lo que pensaba ella en aquel momento. No sólo se llevaría el oso de vuelta a la aldea si no que también podría usar al nómada enemigo como amenaza. Él tenía buenos músculos, eso no lo negaba. Por eso mismo le serviría para acojonar a algunos idiotas de su tribu.
Sólo bastaba que el extraño tuviera que enfadarla aún más para que ella realmente se atreviera a matarlo.
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Mensaje por Invitado Dom Feb 05, 2017 4:27 pm

Había algo en la presencia de la peliblanca que le irritaba más que de costumbre en lo referido a cualquier ser humano. ¿Sería su actitud? Muy probablemente, pues la arrogancia que desprendía por cada poro de su piel se podía oler desde lejos, y con bastante intensidad cuando se encontraba uno frente a ella. Como extra, el arquero simplemente encontraba su presencia irritante: El gesto de agresividad, el tosco arma que portaba en su mano, el que parecía no saber que una flecha es más letal que un hacha si es certera… “Ni estando solo uno puede tener días tranquilos.” Debía resignarse a aquella realidad que tanto detestaba, el que siempre aparecería alguien que destrozaría su rutina y silencio con comentarios y estupideces, como aquella mujer estaba haciendo ahora mismo.

Sin embargo, la guinda del pastel estaba a punto de llegar.

En primer lugar fue el sonido de líquido siendo lanzado de entre sus labios, sintiendo al instante viscosidad en su mejilla, cerca de la nariz y el ojo derecho. “…” La tranquilidad del cazador estaba a punto de romperse por culpa de aquel gesto de desprecio, de aquel escupitajo con tonos carmesís, y lo último que quería era tener que mancharse las manos de sangre humana. “Cálmate…” La respiración del arquero era sonora, y alguien con buen ojo sería perfectamente capaz de distinguir las venas en su cuello y brazos. La ira estaba empezando a consumirle por dentro, y aquella extraña estaba a un par de pasos de alimentarla lo suficiente como para que escapara del interior del nómada a base de puñetazos.

En segundo, y definitivo lugar, llegó el suave posar de la mano ajena sobre su pecho. -¿Uhm?- Un sonido de extrañez salió furtivo de entre los labios de Salkhi, quien miraba a aquella extraña con gesto serio, pero extrañado por aquel gesto… El cual se desarrolló peor de lo que ese esperaba. Un rápido movimiento ajeno que no vio venir, y aquella distracción hizo que se encontrara en el aire con destino al suelo. “¡Mierda!” Claro y conciso fue el pensamiento del cazador, quien ahora estaba con la espalda en el suelo, la mujer sobre él con su mano en los huesos del pecho, y un hacha cerca de su cuello. “Simplemente genial…” Aquella situación podría haber resultado curiosa para cualquiera que lo viera desde fuera, pues la postura de ambos nómadas recordaba a la de los jóvenes que se entregan a la pasión mutua cuando su cuerpo lo requiere… Pero allí no había esa clase de pasión, solo ira y deseo mutuo de librarse del contrario.

“Bueno… Ella se lo ha buscado.” Ignorando el comentario arrogante de la extraña de pelo blanco, Salkhi actuó de forma rápida para sorprenderla mientras se regodeaba en su éxito. Con un rápido movimiento, el arquero golpeó la mano que sostenía el peso ajeno sobre su esternón, desbalanceando a la contraria para que cayera sobre sí mismo. Al mismo tiempo, y para evitar perder la cabeza, con la mano que tenía libre agarró la muñeca de la extremidad que portaba el hacha, girando así el cuerpo contrario hacia la derecha y provocando su caída hacia ese lado. Durante este movimiento el joven de pelo pajizo sintió el morder del bronce ajeno en su brazo, más no se giró para ver que le había sucedido, continuando el movimiento  hasta que pudo sacar las piernas de la pelvis femenina, soltando entonces las extremidades de la ladrona de presas y rodando en dirección contraria.

Realizando un movimiento que había usado durante años. Salkhi descargó el arco de su hombro izquierdo, sintiéndose afortunado por ver que la madera seguía intacta a pesar del golpe contra el suelo, y cargó una flecha en la cuerda. No tensó la misma, sino que clavó su más seria mirada en la mujer de pelo blanco. -Largo.- Moviéndose a su alrededor, sin perder de vista ni un segundo el cuerpo femenino, el nómada se colocó entre aquella extraña y el oso muerto, bloqueando la figura del mismo con su cuerpo. “Mierda… Estoy sangrando seguro. Espero que no sea grave.” Salkhi no miró hacia su brazo izquierdo, pero el calor que sentía derramarse por la piel indicaba que estaba perdiendo sangre. Aun así, no podía permitirse el lujo de apartar la mirada de la atacante. Estaba a distancia suficiente como para que no le agarrase por la pierna y le derribara, pero debía andarse con ojo, pues no esperaba que entendiera el mensaje que le estaba lanzando: Si das un solo paso más hacia mi oso, mis flechas probarán tu carne.

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Mensaje por Khigu Mar Feb 07, 2017 5:50 pm

Cuando el hombre golpeó el brazo con el que se apoyaba para impedir que él se levantase, Khigu cayó encima, sintiendo su pecho apretarse contra el lado derecho de él. El reflejo le hizo mirar hacia el hacha, la cual hubiera apartado para evitar dañarse a sí misma por accidente; pero no fue necesario, ya que el hombre había agarrado su otro brazo, provocando que dejara caer el hacha a un lado del enemigo. Éste siguió forcejeando contra ella, logrando apartarla y zafarse de sus piernas.

A pesar de quedarse tirada en el lodo, viendo como el hombre se apartaba mientras agarraba su arco, ella sintió un subidón de adrenalina por todo su cuerpo, realmente su fuerza estaba a su nivel. Puede que incluso un poco más. Eso significaba que estaba fuera de los estándares que había conocido fuera de su tribu. Tal vez más rápidos o más listos, pero pocos eran los hombres que habían logrado apartarla con mera fuerza física.
Perfecto, pensó que justo lo que necesitaba era esto.

- Haha... -rió para sí misma mientras seguía al tipo con la mirada, quien la apuntaba- ¡¡Hahaha!! -rió nuevamente en alto, al ver el corte en el brazo del arquero. Seguramente se lo había provocado él mismo cuando había hecho que ella soltara su hacha.

A pesar de su cara seria, con esa actitud sólo hacía que Khigu quisiera jugar más con él, le parecía desafiante. Miró el cadáver del oso tirado detrás de él y se le ocurrió una idea.

- ... ¿"Largo"? -repitió, arqueando una ceja- ¡Este es mi territorio, chico! He meado sobre el oso, ahora me pertenece. -sonrió maliciosamente- ¡Al igual que tú! -dijo, relamiéndose los labios.

Debía impedir que huyera; así que ignorando su orden, se reincorporó de rodillas en el barro, desprendiéndose del chaleco empapado en suciedad para poder acomodarse mejor. Se arrastró un paso hacia la izquierda para agarrar de nuevo su hacha, la cual sujetó con ambos brazos, apuntándola hacia él tras levantarse.

- ¿Sabes? Me importa un bledo quién seas, de dónde vengas o lo que digas. -Total, ¿qué iba a hacerle? ¿dispararle a la cabeza?
Que así fuera, pero ella no se iba a rendir. No lo hizo con Naruga en su momento e incluso las cosas salieron mejor al final. Tal vez en este caso no esperaba llevarse bien con el rubio, pero ya hacía rato que se había olvidado del oso.
Ahora sólo quería dominarlo. Demostrar que la más fuerte era ella.
... Que ella era la más fuerte que los de su tribu.

Lo imitó a la hora de rodearlo, o más bien, intentar acercarse a él. Fijando su mirada en el arco ahora tensado. - ¿Oh, tu cara bonita sirve para algo más? ¡¡ADELANTE, HAZLO!! -sonrió, Khigu sabía que estaba irritando al hombre, y disfrutaba con ello-  Tus flechas no me van a hacer nada, ¡no me das miedo! -exclamó- Además, mírate, estás herido. ¡JAJAJAJA! -carcajeó.

... En esos momentos le había parecido sentir algo en la lejanía, pero decidió ignorarlo. Ahora estaba demasiado concentrada en provocar a su rival.
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Mensaje por Invitado Jue Feb 09, 2017 9:03 am

“Está loca…” Dos palabras cruzaron la mente del cazador cuando la tipa de pelo blanco comenzó a reírse a pleno pulmón porque sí, porque la daba la gana. ¿Acaso la gente con un mínimo de inclusión en una civilización estaba así de mal en todos lados? El arquero no tenía demasiadas ganas de pensar en ello, ni en la razón de aquella risa histérica de la ladrona de presas, ¿Por qué iba a preocuparle? Tenía cosas más importantes en las que pensar, como el asegurar que ella no iba a moverse de donde estaba si no era para marcharse, o la preocupación que sentía por dentro a causa de notar calor derramarse por su brazo izquierdo. ¿Cómo de grande y profundo sería el corte? ¿Podría sostener el arco tensado con su extremidad así? Puede que no fuera la parte de su cuerpo encargada de estirar la cuerda, pero agarrar la madera requería de fuerza, sobre todo para  apuntar correctamente y que la flecha no saliera disparada hacia cualquier lado, por lo que la situación era bastante peliaguda para Salkhi.

La palabrería constante de aquella mujer no lo hacía mejor: Se hacía la poderosa  a pesar de haber probado el suelo por precipitarse, se proclamaba poseedora del lugar y del rubio porque sí, porque la daba la gana. “Tsk…” La mente del nómada solitario solo pudo expresar un chasquido interno de rabia, pues ya sabía a qué venía aquel monólogo ajeno de la mujer: Seguro que había visto su herida, sabía que su brazo no funcionaría completamente, y eso la ponía en ventaja de una flecha. Si provocaba a Salkhi lo suficiente, si conseguía enfadarle y que disparara, su brazo herido podría costarle un acierto, lo que la daría tiempo a acercarse y rebanarle la cabeza de un hachazo o partirle por la mitad. Y aunque no era común enfadar a alguien como Salkhi, ella lo estaba consiguiendo poco a poco.

Ninguna palabra pasó por la mente del rubio, pero este ya estaba cansado de tanta dialéctica inútil, por lo que hizo lo que amenazó con su postura: Tensó el arco con la flecha cargada, apuntando a la cabeza de la peliblanca, sintiendo en ese momento un quejido de su cuerpo en la zona donde tenía el corte. “Puedo sostenerlo y no es excesivo dolor, eso es que no ha tocado el hueso… Pero hay sangre, no es superficial.” El análisis rápido de la herida requeriría verla más tarde, por lo que por el momento debía basarse en experiencias pasadas y el nivel de dolor que sentía. Pero, por suerte para sí mismo y para mala suerte de aquella hembra, quien acababa de proclamar aquella herida, el brazo del hombre era capaz de aguantar la tensión de la cuerda, así que ya podía irse despidiendo de la vida en la que se encontraba…

Sin embargo, el destino tenía otro plan para los cazadores.

“¿Qué ha sido eso?” Salkhi lo había escuchado, estaba seguro. Un gruñido en la distancia transportado por el eco, aunque no sabría decir a cuanto de lejos exactamente, pues los árboles a su alrededor limitaban el sonido y lo hacían rebotar constantemente, aunque estaba claro que había sido desde dentro de la arbolada. “¿Animales salvajes? Tal vez una manada de lobos o… No.” Ignorando el hecho de que se encontraba en una pelea, y que un descuido podía costarle la vida, el arquero se giró y clavó ambos ojos en el oso muerto, repasando su cadáver con la mirada rápidamente: La herida seguía abierta, algunas moscas habían comenzado a aparecer, y la sangre se había derramado por completo por el suelo, lo que había levantado el peculiar olor del líquido vital de todo ser viviente. Y en los campos de Sacae, había aparecido un cazador que se cegaba y corría desbocada hacia el punto de origen de aquel olor si lo detectaba. “No…” Un segundo gruñido, más potente y cercano, terminó de eliminar las sospechas del joven de pelo rubio, quien acababa de confirmar lo peor que podía haber pasado. La esencia del oso muerto había sido detectada por ellos, y ante la promesa de carne y sangre se habían precipitado, sin saber cuántos exactamente, hacia aquel lugar en el que los nacidos en Sacae peleaban.

El segundo sonido debía haber sido lo suficientemente potente como para que la peliblanca lo escuchara a pesar de su aparente falta de atención hacia las amenazas de otros, por lo que no se molestó siquiera en mirarla. Salkhi, simplemente, preparó su arco para tensarlo y disparar en el primer momento en el que viera una cabeza gris asomar entre los árboles, mirando alrededor tratando de adivinar por donde aparecerían en aquella ocasión.
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Mensaje por Khigu Vie Feb 10, 2017 9:21 pm

Silencio. Eso era lo único que le seguía impacientando de aquél nómada desconocido. Y si no fuera porque el rubio parecía tener músculo y agallas, le hubiera dado la paliza que le había propinado al joven peliblanco tiempo atrás... ¿Mone? ¿Kamono?... algo así se llamaba. Un crío sospechoso que había tomado la mala decisión de callarse cuando Khigu le interrogaba por sus intenciones. Hacía ya meses que no aparecía por aquellos lugares así que al menos parecía haber tomado el consejo de ella sobre no acercarse jamás a su tribu o caballos, así estaba bien.

- Grrrr.... ¿¡por qué no dices algo!? -exclamó. ¿Para qué lo estaba provocando si no? Así no era divertido.

La albina acercó más el hacha hacia él. Ya no quería rebanarlo hasta matarlo pero si seguía portándose "mal", tendría que tatuarle algunas cicatrices con el filo de su arma... ¡para que aprendiera quién era la más fuerte en ese lugar!

Incluso estaba preparada para recibir aquella flecha. Vamos, ¿a qué esperaba? Su cara seria le decía que iba a hacerlo, y sin embargo no lo hacía. ¿Qué le hacía dudar? ¿Le dolía tanto aquella herida? No podía ser un debilucho, su comportamiento decía lo contrario.

¿Y por qué se había girado ahora? - ¿Mmm? - ¿Lo había asustado? ...¿Iba a huir al fin y al cabo, se habría equivocado con él? No lo permitiría. Siguió con la vista centrada en él hasta que un segundo ruido llamó por fin la atención de la salvaje, escuchándolo con claridad.

Emergidos.

- Tsk... -chasqueó ella. Seguro que ahora sí aprovecharía para huir como un cobarde que había resultado ser. Pero a pesar de estar malhumorada ante la posibilidad de perder ambas presas, Khigu no se lo pensó dos veces y se giró para estar preparada para atacar.

- Te recomiendo ahorrarte las flechas hacia mí, chico. -le dijo sin mirarle, decidida. Eran una plaga inhumana de la que jamás podría sentir la mínima duda de acabar con ellos, así que su prioridad ahora serían ellos.

Pero de un reojo hacia el rubio; cuando pensaba en que ya más adelante se encontraría con él, e incluso pensando en ir a buscarlo cuando terminase con aquellos monstruos; vio que él ya no le estaba apuntando a ella, si no a través de su cuerpo.

- Heeeh... -esbozó una sonrisa ladeada. Parecía que se había equivocado con él, sí que tenía agallas. Entonces, no se iba a preocupar de que se fuera. Ahora sólo quedaba estar atentos a ver por dónde saldrían.

Pero, sin esperar, pues Khigu no era paciente, dio dos pasos hacia delante, soltando un sonoro gruñido amenazante a los lados.

En seguida comenzaron a aparecer unas sombras entre los árboles, acercándose al pequeño lago, guiados por el olor de la sangre expandida del oso. Era un grupo de unos cuatro emergidos, posiblemente más. Aún ni se veían sus armas pero las brillantes orbes rojas que poseían como ojos les delataban, y en cuanto Khigu los vio, comenzó a correr hacia uno de ellos, con el hacha a una mano.

- ....GRRAAAHH!!! -gritó, tirándose encima de uno, de un salto, provocando que este cayera al piso. Dicho emergido sólo portaba una daga, que apenas pudo utilizar para defenderse- ¡¡OS VOY A PARTIR EN DOS, QUE HOY NO ESTOY PARA TONTERÍAS!! ¡¡¡BICHARRACOS DE MIERDA!!! -y es que aquello sí le ponía de mal humor. ¡Que se entrometieran!

Sin saber aún que otros dos emergidos que la rodeaban, portaban unas espadas. Oxidadas, pero que podrían acabar con ella, que seguía partiéndole el cráneo con su hacha a aquél emergido. En el cual imaginaba la cara de aquél imbécil tramposo de su tribu. ¡Ojalá poder matarlo así, a gusto, como mataba a aquél emergido!

Otro de los emergidos aún se escondía, mientras que de los dos espadachines, uno se acercaba lentamente al oso mientras que el otro clavó parte de su espada en el hombro de la nómada. Haciendo chillar a ésta de dolor y levantando su mirada al salir de su trance. ¡Eso había dolido!
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Mensaje por Invitado Mar Feb 14, 2017 1:34 pm

Palabras brutas, amenazas y brutalidad resumidas en una agresiva frase… Tal y como el arquero se esperaba, aquella mujer no se había percatado del sonido en absoluto, y pensaba que el arquero le estaba dando la espalda a posta, tal vez para provocar o para salir corriendo del filo de su hacha. “Pfff, vaya cazadora que está hecha…” Un suspiro escapó de sus labios mientras retomaba la verticalidad, preparando su arco para disparar en cuanto comenzaran a aparecer emergidos… Aunque alguien se le adelantó en el atacarlos. Para su sorpresa, la peliblanca se lanzó a por ellos grito en la garganta y hacha en mano, saltando sobre el primero que tuvo la mala suerte de pisar el lugar y partiéndolo en dos con un poderoso golpe de su arma. “Vale… La concedo que tiene agallas.” Salkhi no pudo evitar sentir sorpresa y hasta cierto agrado hacia aquella persona al ver la rabia con la que se enfrentaba a los monstruos que habían surgido de la nada para atacarles. Si, era una falsa cazadora que se dedicaba a robar las presas de otros, pero el que sintiera y expresara el mismo odio y rabia hacia los emergidos que el la daba algún punto en su lista de gente que valía la pena. Aún estaba en negativo, y no sabía nada sobre ella, pero alguien que odiara a los emergidos no podía ser alguien que le cayera demasiado mal.

Dejando de lado aquellos pensamientos, y reintroducido en la pelea con el grito de la mujer a causa de la herida provocada por aquello de unos seres, el cazador retomó la concentración y tensó el arco, apuntando al emergido que aún tenía arma en su mano, a contra del otro que la había clavado. “¡Muere!” Apuntando a la sien de aquel ser, el virote de bronce salió volando desde el arco del rubio nómada, impactando la flecha justo donde la había dirigido, atravesando la cabeza del ser de lado a lado y haciendo que callera con peso muerto al suelo de forma súbita, eliminando a uno de sus oponentes de la lista. “Quedan tres.” La mente de Salkhi se dirigió, no al espadachín que había herido a la peliblanca, sino al cuarto emergido que había dirigido su atención hacia ellos. En ese caso, era uno armado con un hacha del mismo tamaño que la de la mujer, y apuntó la misma con un infernal grito hacia la figura del arquero, comenzando a correr hacia donde este se encontraba. “Oh, ¿quieres jugar monstruo?” La sombra de una sádica sonrisa apareció en el rostro del humano, quien cargó otra flecha en su arma y tensó la cuerda, ignorando el dolor de su brazo herido a causa de la adrenalina que recorría su cuerpo.

La flecha escapó de la madera, pero no encontró carne sino el metal del casco que aquel ser llevaba en su cabeza, rompiéndose en el acto a causa del impacto contra la dura superficie. “Mierda.” La mente de Salkhi protestó contra aquel gesto de mala puntería mientras el cuerpo mandaba el brazo hacia atrás, dispuesto a cargar otra flecha en el arma. Sin embargo, la suerte no estuvo de su lado y el emergido llegó antes de que pudiera sacar otro virote, obligando al nómada a saltar hacia un lado y cesar en su intento de re-equiparse, pues la distancia no estaba a su favor en ese momento y un golpe de aquel se sería mortal en caso de que impactara su arma contra la carne humana. “Vamos… Oblígame a ser cruel.” La frialdad del arquero estaba siendo sustituida, poco a poco, pro rabia animal debido a la cercana presencia de los seres a los que tanto odiaba. Usualmente no reaccionaba así, pero ya fuera por la cercanía de sus rivales o los gritos de rabia de la mujer que peleaba a algunos pasos de distancia, algo primitivo estaba surgiendo en su interior mientras vigilaba al emergido al que se enfrentaba, el que se lanzó con un salvaje gruñido hacia él con un salto igual al que había realzado la peliblanca poco tiempo atrás. -¡AAAAAAAAAGGGHHHH!- Un grito de rabia escapó de forma involuntaria desde la garganta del nacido en aquellas praderas, quien agarró una de las flechas de su carcaj y, sin cargarla siquiera, la clavó en el ojo del emergido tras lanzarse sobre él antes de que pudiera levantar su hacha del suelo de nuevo, apuñalándolo con tanta fuerza que pudo sentir como la madera quebró al chocar con la parte posterior del interior del cráneo de aquel ser.

No esperó a ver como la luz se apagaba en sus ojos por mucho que lo deseara. Salkhi dejó caer el cadáver de aquel ser, sacó otra flecha de su carcaj y se giró para ver el otro lado del río, buscando posibles emergidos a los que matar que hubieran decidido atacarles por la espalda mientras él y la mujer, la cual esperaba que siguiera viva y hubiera matado al emergido que la había atacado, despachaban al cuarteto que se había lanzado en un ataque frontal.

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Mensaje por Khigu Sáb Feb 18, 2017 6:42 pm

El dolor era inmenso, la espada de aquél emergido se había clavado bien en su hombro, por lo cual le había sacado del trance de seguir destrozando la cara del emergido cuyo cadáver ahora se iba esfumando.

- Ughhrrrrrr.... Te voy a aniquilar. -escuchó el grito del emergido que iba a atacar al rubio, pero ella estaba demasiado concentrada sin ni siquiera girarse para poder ver como el otro cazador peleaba con los otros dos que quedaban, Khigu agarró la espada aún clavada por el mismo filo con sus desnudas manos, no le importaba cortarse la palma y derramar ahora sangre corriendo por todo su brazo, sólo quería sujetarle bien fuerte antes de levantarse y apartarle. Su sangre bombeaba velozmente por sus venas cuando arrancó el bronce ajeno de su piel y se tiró encima de su enemigo, con tal impulso que acabó rodando por el piso con aquél emergido.

Agarró el hacha con una mano en el palo y otra en la esquina, y la empujó hacia abajo como si fuera una guillotina; el emergido había intentado bloquear su ataque protegiéndose con la espada pero eso sólo hizo que el lado de su espada rebanara su propio cuello, debido a la fuerza de peso que ejercía la chica. Y así lo consiguió derrotar, pese que ahora tenía el escozor del gran corte en su mano y la grave herida en su mano.

Respirando agitada mientras otro cadáver desaparecía, era una lástima que ocurriera esto porque de no ser así, siempre hubiera podido demostrar su fuerza llevando aquellos cadáveres a la tribu. Aunque al no aportar producto per se, no eran necesarios. Ellos sólo se dedicaban a hacer daño porque sí, no parecían entender de retos... eso le fastidiaba. No estaban vivos, Khigu había conocido humanos idiotas pero nada peor que los emergidos. Eran... simplemente un incordio para el mundo, por eso se lanzaba a atacar contra ellos sin dudar ni un segundo. Además que por culpa de ellos algunos de su tribu la habían vuelto a ver mal por el color de sus ojos.

En ese momento, escuchó otro grito, esta vez más humano, proveniente del rubio. ¿Estaría en peligro? ¡No, no, no! Tenía que darse prisa, si alguien iba a hacer de él su presa... esa tenía que ser ella, nadie más.
Si su oído no le fallaba, sólo quedaba uno, con el que estaba luchando el nómada. Se giró y volvió hacia atrás, para encontrarse con la emocionante escena del rubio acabando con aquel monstruo de un flechazo... pero a la mejor usanza que podría hacer: clavándola como si fuera un afilado cuchillo mortal. Al girarse y encontrarse con su mirada, ella pegó un silbido de sorpresa.

- ...Wow. -exclamó sonriendo a pesar que su sangre goteaba sin parar desde su hombro y mano. Era excitante ver a alguien tan atrevido como él, en aquella situación... ¡Quería luchar con él! Quería...

No marearse. Otra vez empezó a tener aquella sensación en su cuerpo, tenía que curarse pronto aquella hemorragia. Ya había aprendido la última vez. Dio un paso hacia delante para no desequilibrarse y empezó a buscar la pequeña botella de medicina que colgaba de la parte de atrás de su cinturón, bajando el cuerpo. Pero al subir la mirada, pudo ver de nuevo dos orbes por detrás del rubio, quietos, como si se tratara de otro arquero. Seguramente un último emergido que había estado escondido todo el rato.
Aprovechó y se agachó un poco más para agarrar una piedra algo grande del suelo.

- ¡Más vale que agaches la cabeza! -Gritó ella antes de lanzar la piedra por encima de la cabeza del rubio. Aunque eso le había costado un dolor inmenso en su hombro que le hizo desplomarse al suelo con la misma.
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Mensaje por Invitado Miér Mar 29, 2017 8:02 pm

No sabría decir exactamente por qué, pero Salkhi no dirigió su mirada hacia el lado opuesto a donde se encontraba la guerrera de pelo blanco, sino que su propia cabeza se giró hacia donde ella estaba, sin pensar en ello ni tener siquiera el plan de hacerlo. ¿Acaso su ataque de rabia y sed de sangre le habían desorientado y por ello no había controlado bien sus movimientos? Mala señal, pues aún no sabía si la batalla había terminado… Aunque por el lado ajeno si lo parecía, pues la falsa cazadora, aunque ensangrentada, se encontraba en pie y con las cenizas del emergido al que había matado rozando sus pies al ser arrastradas por el viento. “…” Su mente estaba cansada, sin palabras que llegaran a describir la sensación que provocaba ver que aquella joven, aun siendo una ladrona y una mentirosa, había matado a emergidos con ganas y deseo de verles convertidos en polvo, algo con lo que el arquero era capaz de identificarse y respetar.

No fue, sin embargo, el silbido de sorpresa ajeno lo que llamó su atención, ni el tambaleo que sufrió a posible causa de sus heridas, sino lo que hizo al poco de tocar suelo tras un extraño movimiento de inclinación, cuando el joven de pelo pajizo había dado un paso ya hacia su posición, dando la pelea contra aquellos seres por finalizada. “No me digas que va a morirse ahora…” Pesimista, como era natural al ver la cantidad de sangre que ella había perdido, Salkhi ya empezaba a visualizar una tensa escena al tener que llevar un cadáver a una tribu ajena. Mas no fue una pérdida de conciencia lo que vio, sino una piedra siendo arrojada en su dirección con un grito de agachar la cabeza. La sorpresa del momento hizo que no hiciera caso de tales palabras, sino que se inclinara hacia un lado y girara para ver la trayectoria de aquella piedra voladora, la cual pasó ligeramente sobre su oreja izquierda, aterrizando frente a un árbol al borde del claro… Frente a los ardientes ojos rojos de un emergido, que en ese momento soltaba la cuerda de un arco. “¡Mierda!” Una queja interna, un rostro que reflejaba la ira propia por bajar la guardia y la tensión de volver a pelear y un movimiento ligeramente fuera de tiempo hicieron que no pudiera apartarse a tiempo, y sintiera una dolorosa punzada en el hombro izquierdo, a una distancia semejante al ancho de su pulgar del hueso. La flecha de aquel ser, por suerte, había fallado en dar a su cabeza. Por desgracia, le había atravesado la carne del hombro y la tela que encima portaba, lo que le había devuelto a la realidad e hizo que postrara una rodilla en tierra. “¡No! ¡Así no!” El pánico intentaba abrirse paso a través de él, hacer que se quedara congelado en el sitio, con la pierna izquierda doblada sobre la hierba y el puño del brazo herido cerrado con fuerza en su arco, cuya madera empezaba a mojarse por la sangre que emanaba de las heridas abiertas en la extremidad. Los ojos del nómada, mientras tanto, no se apartaban de aquel ser de piel grisácea y ojos carmesí, quien buscaba ya una segunda flecha en el carcaj que portaba en su espalda.

Habría sido fácil dejarse llevar por el pánico y aceptar la muerte, agachar la cabeza y entender que él mismo se había buscado aquel destino con su estupidez al bajar la guardia y relajarse en medio de una batalla… Pero tenía algo más importante que hacer que lamentarse. Tenía que terminar la tarea que había jurado llevar a cabo. Tenía que proteger la vida que aquella mujer había salvado al avisarle de la presencia de un arquero enemigo a sus espaldas. Tenía que moverse para poder volver a sentir el viento de Sacae sobre la piel.

Tenía que matarlos a todos.

En un movimiento instintivo, impulsado por su instinto de supervivencia y experiencia, Salkhi giró sobre su hombro izquierdo, apoyando espalda y cuello en la hierba y apretando los dientes al sentir como su propio cuerpo tocaba el extremo final del virote y lo empujaban un poco más hacia su interior, mas no detuvo aquel giro que había tenido que realizar en repetidas ocasiones en sus cacerías cuando algún animal salvaje cargaba hacia él, sino que lo llevó hasta el final, quedando entonces a cierta distancia de su posición anterior y con la rodilla derecha hincada en el suelo… Pero, sobre todo, distanciado del lugar donde acababa de aterrizar una flecha de color oscuro y aspecto antiguo. “Mi turno.” No hubo sonrisa en el rostro del cazador, solo dientes apretados cuando, a pesar del terrible dolor que sentía en su brazo, cargó una flecha en el arco y tensó la cuerda, soltándola en cuanto el emergido quedó apuntado correctamente, tomando una segunda y repitiendo el proceso con velocidad, sin hacer caso de un cuerpo que gritaba de dolor sin que importara la crítica situación a la que se enfrentaba. Por suerte para él, la primera flecha impactó en el esternón, donde tendría un corazón si estuviera vivo, y la segunda en la constantemente abierta boca de aquel ser, quien se derrumbó hacia detrás y comenzó a convertirse en ceniza casi instantáneamente, abatido por las críticas flechas del nómada.

“Eso… Debería bastar.” El aire comenzó a entrar y salir de forma agitada de Salkhi, quien dejó caer el arco y llevó su mano derecha al hombro opuesto, palpando con la mano el contorno de la herida que el virote había dejado en su carne. “Al menos… La herida es limpia.” No podía estar seguro en lo que se refería a su interior, pero el exterior no sería complicado de arreglar, sobre todo con la ayuda de una de las pócimas que portaba en su cinturón, si es que aún estaban allí. Sin embargo, antes de sacar la flecha de su hombro y comenzar a curarse, el arquero retomó la verticalidad y comenzó a caminar hacia donde estaba el cuerpo de la joven de piel oscura y pelo claro. Antes de nada, quería asegurarse sobre si estaba viva, la pérdida de sangre y el cansancio habían terminado por enviarla al más allá, o en ese momento se encontraba en un punto intermedio entre ambos. Sin embargo, y por suerte para él dado que sería incapaz de realizar una cura en aquel instante, movimientos regulares aunque lentos y el sonido de la respiración ajena indicaron que ella seguía con viva. “Suerte que tiene… Aunque ahora estoy en deuda con ella.” Un resoplido precedió a una queja en tono bajo, lo que llevó a Salkhi a, finalmente, sentarse en la hierba con delicadeza y, tras tomarse un par de segundos para respirar, desabrochar su cinturón y colocarse el cuero de la correa en la boca, dispuesto a empujar la flecha hasta que saliera por el otro extremo de su brazo, lo que le permitiría sacar la flecha de su carne y comenzar a curar la herida, aunque aún no sabía si necesitaría cerrarla con hilo y hueso o una de las pócimas que portaba serviría para arreglar su piel y músculos.
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Mensaje por Khigu Miér Mar 29, 2017 10:54 pm

Un dolor inmenso después de tirar la roca. "Mierda", pensó la albina. ¿Quizás la apuñalación le había desgarrado un músculo? Tirada en el piso, con el otro brazo se agarró el hombro, a pesar de que en esa palma de la mano estuviera toda cortada también por el agarre de la espada. Había soportado peores situaciones, era cierto, pero una hemorragia así seguía siendo grave.

¿Por qué se había quedado aquel tipo en babia? ¡Tenía que haberle gritado aquello o si no no habría reaccionado! Por suerte, se había apartado justo en el momento. "Habría sido una pena destrozar una cara bonita como esa" pensaba, aún sin perder el humor.

Sin embargo, no tenía tiempo que perder. Al no haberse agachado, la flecha del arquero emergido le había alcanzado. No estaba segura de a dónde había planeado apuntar, pues no entendía aquellas armas, pero al menos le había tocado una zona segura. Aunque fuese sobre el mismo brazo que ya estaba herido del hacha de ella.

Al ver al hombre arrodillarse de, seguramente, dolor, sintió como que tenía que hacer algo. No parecía moverse, y a ojos de ella casi que lo veía sin intenciones de ello. ¿En serio? ¿Iba a rendirse AHORA? ¿Cuántas veces le había parecido que lo haría y sin embargo había sido más valiente de lo que creía? ¡Sólo quedaba uno! ¡Un mísero bicho!

- ¿¿QUÉ HACES?? ¡LEVÁNTATE, IDIOTA! -gritó desde el suelo, aún no podía moverse, pero de ver aquella escena sólo la hacía hervir su sangre. No había miedo, sólo rabia.

Pero... ¿Para quién se lo decía, honestamente?

Juntó las fuerzas y ella se levantó, insistente, no quería quedar en el piso como una perderora. ¡El hombre no iba a salirse con la suya! - Grrrrrrrrrr.... ...ugh! -con la misma intensidad con la que se había empujado hacia arriba, se desplomó nuevamente contra el piso, esta vez, provocando que sus oídos pitaran y su vista se oscureciera por unos segundos que parecieron una eternidad. Esto le impidió mirar cualquier maniobra que habría realizado el rubio. Aún mantenía la consciencia para agarrar finalmente la botella de vulnerary de su cinturón y destaparlo con los mismos dientes. Nada mas tomar un trago su cabeza cayó hacia atrás y la botella se derramó hacia un lado. Se había desmayado mientras el otro nómada acababa con el último emergido.

...

Sólo fue momentáneo, pero el suficiente tiempo como al abrir los ojos de nuevo se encontrara ya con la cara del rubio enfrente. Éste no la miraba, y sólo estaba a su lado y no encima suya, pero esto sorprendió a la muchacha por unos segundos. Hasta que vió cómo tenía el cinturón de cuero como mordaza puesta. ¿Qué estaba haciendo?

- Tú... tienes unos fetiches muy raros. -murmuró nada más recuperar la consciencia del todo.

Con el humor, había dado por entendido que había conseguido cargarse al enemigo. Aún así... ¿por qué no se había largado y ya? Es más, ¿por qué estaba ahí cerca? Si hace nada el hombre estaba molesto con ella, ¿por qué no la había abandonado a su suerte? Se quedó un poco confundida, al no entender por qué no se había ido.
Ella habría estado bien, no había necesidad para eso...

La pócima, la cual cuya fórmula era tan mágica como el poder de las clérigas como Luzrov y Mulitia, había conseguido detener las hemorragias al instante. Sin embargo, la empuñadura seguía abierta y viendose bastante profunda, por lo cual seguía escociendo y estaba propensa a infectarse. Pero al menos ahora estaba en una situación menos peligrosa.

Dirigió su mirada a sus manos y brazo. ¿Qué clase de técnica extraña tendrían los de su tribu para sacarse una simple flecha? Aún así, no pudo evitar explotar en una carcajada.

- ¡¡JAJAJAJAJAJAJA!! ¡JAJAJAJA! ¿Misma presa... y misma herida en el hombro? ... ¿EN SERIO? ¡¡JAJAJA!! -no pudo parar de reir mientras seguía ahí acostada, viendo cómo el hombre se trataba. Aquella situación era un tanto peculiar.

Cuando paró de reir para tomar un respiro volvió a mirar al nómada. - ... ¿Quieres que te eche una mano? ¿Un... brazo de apoyo? -preguntó con humor, pero sin dejar de decírselo en serio.
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El cazador y la bestia [Campaña de Liberación - Priv. Salkhi] Empty Re: El cazador y la bestia [Campaña de Liberación - Priv. Salkhi]

Mensaje por Invitado Jue Mar 30, 2017 11:10 am

Si había algo que Salkhi odiaba era la indecisión que sufría siempre que tenía que realizar aquella técnica. Antes de empujar el virote de punta afilada más en su carne, su mente tramitaba la posibilidad de arrancarlo hacia atrás, lo que sería más rápido e indoloro. Pero, en esas situaciones, recordaba como más de una vez había visto a hombres y mujeres destrozarse la carne al extraer mal la flecha, como las puntas que el metal tenía a ambos lados rasgaba aún más carne en su retroceso, empeorando la situación del herido… Uno de los ancianos le había enseñado aquella técnica, que aunque dolorosa, era más segura para proteger la carne ya herida y no empeorar lo que ya estaba herido. “Aunque es más efectiva cuando está profunda… Y esta tampoco lo está tanto.” El dolor debía de haberle afectado a los sentidos, por ello había notado el virote más dentro de lo que estaba en realidad, por lo que no tendría que empujar hacia el otro extremo de su carne, lo cual era de agradecer. Aunque, por desgracia, lo que estaba a punto de llevar a cabo iba a doler igualmente.

Sin dejar de morder su cinturón, el cazador tomó la madera de la flecha y, lentamente, comenzó a tirar de ella hacia atrás, poniendo su mano izquierda en el virote y la derecha junto a la herida, asegurándose de que el metal que tenía dentro no se desviara ni se rompiera, lo cual supondría un grave problema incluso con pócimas curativas a mano. “Con cuidado, con cuidado…” La concentración se reflejaba de forma máxima en su rostro, con los dientes apretados, sudor recorriendo sus facciones y ambos ojos cerrados, esforzándose por no soltar en ningún momento la madera al saber que si lo hacía le costaría el doble retomar la cura que se auto practicaba. Aun con estas, Salkhi era capaz de escuchar la respiración de la peliblanca, quien había dejado de bromear en cuanto había entendido lo que iba a hacer el cazador. O eso pensaba el al menos, porque tal vez si estuviera hablando o bromeando pero él era incapaz de escucharla o entenderla, pues sus sentidos estaban centrados en extraer el objeto de sus dolores y sufrimientos.

Finalmente, tras un minuto que se sintió como una hora de agonía, Un último movimiento extrajo con suavidad la triangular punta de bronce de la flecha de la carne humana, provocando que un hilo de sangre carmesí comenzara a fluir desde la misma. Con un gesto rápido, Salkhi llevó la mano a la pequeña bolsa que aún colgaba del cinto en su boca, extrayendo de ella una de los pequeños recipientes contenedores de líquido curador. Escupiendo el cuero de la boca, el nómada recibió con gusto el amargo sabor de la pócima en su boca, tragando la misma con la velocidad y lanzando el frasco hacia su izquierda una vez lo hubo vaciado, ya inútil. La familiar sensación de hormigueo que acompañaba a la cura que provocaba la bebida no tardó demasiado en llegar, lo que obligó al cazador a retener sus ganas de rascarse y decidiera mirar a su alrededor para asegurarse de que el claro estaba en calma completa. Efectivamente, no había rastro alguno de ningún emergido en los alrededores, por lo que la pelea podía darse finalizada sin problemas. Pero, como es natural, nada bueno llega sin algo malo. “Dioses… Esto debe de ser una broma cruel.” El oso que había iniciado la disputa con la peliblanca, el oso cuya sangre había atraído a los emergidos, el oso que había propiciado todo estaba siendo asaltado por una bandada de cuervos, quienes rápidos como solo ellos saben se habían lanzado sobre el cadáver en cuanto habían visto la oportunidad de alimentarse de donde los humanos planeaban sacar beneficio.

“Bueno… Al menos estamos vivos y los emergidos muertos.” Instintivamente, Salkhi giró el rostro y clavó sus pupilas en los ojos rojos de la joven de piel morena, como si quisiera estar completamente de que había sobrevivido a las heridas y no había sido una mala jugada de su imaginación. -…Tuya pues.- Un pequeño golpe de cabeza hacia el oso dejó claro que el cazador renunciaba al oso, algo que no servía de mucho ya que no se podría sacar demasiado de él, con las aves siendo las primeras en llegar y con otros devoradores ya en camino para darse un festín con la carne del inmenso animal. “Ahora, a ver como ha quedado el brazo.” Con el cosquilleo terminado, el nómada centro su atención en donde se habían encontrado sus heridas antes de beber la pócima, encontrándose con que la situación era mejor a como la había dejado, pero no perfecta. Ambos cortes estaban curados en profundidad, pero la piel se encontraba en ambos casos sin cerrar. En el del brazo, por suerte, no había quedado un corte profundo, por lo que su cuerpo podría cerrarla por sí solo. Por desgracia, el flechazo del hombro aún tenía cierta profundidad, por lo que necesitaría coser la apertura para que pudiera cerrarse. Eso le fastidiaría en las cazas durante un tiempo, y tal vez se viera obligado a subsistir a base de trampas y recolección, pero era la única opción que tenía.

“Bueno, hora de moverse.” Con un impulso y usando el brazo sano como apoyo extra, Salkhi se impulsó hacia la verticalidad, procurando no mover demasiado el hombro mientras colocaba de nuevo su cinto alrededor lo cual era complicado y ligeramente doloroso cuando usaba demasiado la zona abierta. Con algo de maña y calma, finalmente, el complemento quedó cerrado y ya solo le quedaba retomar su arco del suelo para marcharse. Sin embargo, cuando tuvo la madera cubierta parcialmente de sangre seca entre las manos, el cazador no pudo evitar mirar atrás y fijarse, una última vez en aquella falsa cazadora de pelo blanco. “… ¿Por qué me ha hecho reaccionar así?” No sabía la razón, pero sentía interés hacia ella. ¿Puede que fuera su irrespetuosa actitud? ¿O tal vez el que su presencia le había vuelto más agresivo por alguna razón? No sabía la causa, y no le gustaba tener una duda relacionada con una persona de la civilización, alguien atado a normas e impresiones de otros. Pero, a pesar de eso, no podía evitar sentirse curioso hacia su personalidad, hacia sus acciones hacia su rabia… Igualmente le caía mal, pero eso no evitaba que le provocara un mínimo interés.

Una inclinación de cabeza, una señal rápida de agradecimiento, fue todo lo que ella obtuvo por parte del arquero rubio, quien la dio la espalda inmediatamente y se marchó por donde había venido, en dirección a una pequeña colina entre la infinita marea verde de Sacae, donde podría retomar energías y descansar de la pelea antes de tomar sus instrumentos y cerrar la herida de su hombro.

Podría haberlo hecho en el sitio, pero eso implicaba tener que escuchar una vez más a aquella mujer, quien por muy interesante que fuera poseía una voz y forma de hablar que irritaban a Salkhi de sobremanera.
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Mensaje por Khigu Vie Mar 31, 2017 10:05 pm

No hubo respuesta. ¿La estaba ignorando a posta? ¡¿Cómo se atrevía?! Encima que le ofrecía su ayuda... - ¿Hola? ¿Me escuchas? - Pero fue en vano, el hombre estaba demasiado concentrado en pensar cómo se sacaría la flecha. Oh, vamos... no era para tanto, ¡que se la arrancase del tirón y ya!

Sin embargo, Khigu dejó de intentar molestarlo en cuanto vio que apretaba el cinturón con sus dientes, aquello tenía que dolerle. Iba lento, pero estaba haciéndolo, finalmente. Se quedó observándolo curiosa en silencio mientras ella tomaba la botella que había derramado antes, aprovechando el resto que había quedado dentro. Aquello se veía complicado, pero si no quería ayuda tampoco iba a insistirle. Ella misma era tozuda en ocasiones.

Se quedó analizando sus rasgos de la cara, sus expresiones, el cómo cerraba los ojos. Era... interesante, verlo. Ella suspiró de resignación. - ¡Está bien, quédate con el oso! -comentó cuando había terminado, mientras él bebía. Ella ya podría irse a buscar otra presa más tarde, quizás a la noche, cuando se recuperase. Y se aseguraría de que no le ocurriera otra vez lo mismo. A pesar de que lo había visto primero, le había partido las entrañas con su hacha... había sido también su presa.

Ella miró hacia el oso también, donde había dirigido la mirada el nómada, para encontrar la razón de la mala cara que había puesto. - ... Oh. -pausó- ¡Mala suerte! -exclamó sin más. No había remedio, ellos tenían que haberse entretenido con los malditos emergidos. Pero así era mejor, ahora no tenían excusa para que cada uno se fuera por su lazo a cazar su presa correspondiente.

Khigu reincorporó su espalda para quedarse sentada, ahora que se sentía ligeramente mejor. Devolvió la vista ante la mirada penetrante del rubio. Ella mantuvo el contacto visual de la misma forma, como intentando saber por qué la miraba así. Él habló y señaló con un movimiento de cabeza el animal.

- ¿Huh? -¿Se había vuelto tonto del dolor? El oso estaba siendo vaciado por los cuervos, y él lo había visto bien claro. - ¿No me oíste antes? ... ¡Bah, déjalo! -se resignó, apartando la mirada. - No me gusta llevarme presas que he cazado junto a otro de todas formas. ¡Me gusta hacerlo por mí misma! -respondió- No soy como ese imbécil. -murmuró esto último en voz baja. Para ladrón, sería el caso de aquél sospechoso de su tribu, que había venido limpio sin heridas, con una caza que parecía no haber sido suya. Pero que aún así la gente lo aclamó. Khigu recordó la causa principal de su mal humor previamente.

- Además, sólo estaba jodiéndote. -confesó con una sonrisa pícara; pues aunque no había sido su intención desde el principio, había resultado ser una diversión para ella, el molestar al extraño nómada. - ¡Siempre puedo cazar más que tú! -rió. Además, quería volver con una caza enorme, digna de alguien fuerte.

Él era muy cuidadoso con todo, se notaba cuando se comprobaba otra vez las heridas. Todo lo contrario a ella, quien apenas ni había pensado en vendarse el brazo con al menos un trapo para que no se le infectara o se curara algo mejor.
"Me va a quedar marca de esta tontería", pensó. Aún dolía un poco, por supuesto, pero al haberse detenido la hemorragia ya no se marearía, soportando mejor el dolor.

Ella también se levantó y se dio la vuelta, no sin antes haberse encontrado con los ojos del hombre mirándola de vuelta, haciéndole un gesto con la cabeza y girándose de nuevo. Eso había sido... ¿una despedida? o quizás... ¿unas gracias? Aún había cosas que Khigu no entendía de la gente de otras tribus.
Esta vez lo dejaría ir... sí, mejor que se fuera, antes de que cambiase de opinión. Había querido perseguirlo, pero antes de seguir su camino, se detuvo de nuevo.

- ... ¡¡De nada, idiota!! -exclamó con una sonrisa, echando finalmente a correr. No estaba huyendo, eso estaba claro. Pero sabía que era mejor separarse de mientras.

Ya lo perseguiría otro día, ¿cómo se llamaba? Se había olvidado preguntarle al final... pero igualmente, con esas pintas y actitud, no sería muy complicado encontrarle de nuevo.
Khigu
Khigu
Afiliación :
- SACAE -

Clase :
Reaver | Marshal

Cargo :
Comandante (Ejército de Caelin)

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Ti'bizzăn'ah [0]
Lanza de bronce [1]
Armads [0]
Tarjeta de platino
Espada de Kaltrina
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El cazador y la bestia [Campaña de Liberación - Priv. Salkhi] Empty Re: El cazador y la bestia [Campaña de Liberación - Priv. Salkhi]

Mensaje por Eliwood Vie Abr 14, 2017 12:38 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Khigu ha gastado un uso de su hacha de bronce.
Salkhi ha gastado un uso de su arco de bronce.
Khigu ha gastado un vulnerary.
Salkhi ha gastado un vulnerary.

Ambos obtienen +2 EXP y +1 Bonus EXP!
Eliwood
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Great Lord

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Marqués de Pherae

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