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Nada de qué sorprenderse [Priv. Iriva]

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Nada de qué sorprenderse [Priv. Iriva] Empty Nada de qué sorprenderse [Priv. Iriva]

Mensaje por Aran Lun Sep 19, 2016 4:26 pm

Tan pronto Aran volvió a pisar las calles del Puerto sin nombre, tuvo el presentimiento de que algo sucedería. Sus compañeros relacionaron su premonición con la mala experiencia por la que había pasado el soldado la última vez que había estado allí, por lo que no le dieron mayor importancia.

Era cierto, al menos en cierta medida, que pensaba en problemas cuando en realidad no había ningún motivo para hacerlo. Apenas pasado el primer día en el puerto ya se había olvidado de aquella sensación, sin preocuparse más allá de lo que debía preocuparse un guardia ejerciendo su labor. Las órdenes que el escuadrón del soldado tenía, y que los habían llevado a volver al puerto, eran el recibir y escoltar a un senador que había emprendido un viaje a tierras lejanas, y aparte de eso no había más información disponible. Su llegada estaba prevista en dos días, por lo que tenían bastante tiempo libre que consumir. La mayor parte de los soldados estaban desperdigados por el pueblo, esperando el atardecer para reunirse y volver a los cuarteles.

Aran, por su parte, había decidido quedarse lejos de los callejones. Se paseaba a lo largo de la calle principal, observando a la gente común que caminaba junto a él. Estaba atento por si es que veía algún movimiento sospechoso o anomalía entre la multitud, pero la verdad era que estaba distraído con el ambiente y con el calor del sol, que, por el yelmo que llevaba puesto, lo estaba volviendo loco. Por fin llegó donde los edificios hacían sombra, y se quitó el casco, suponiendo que en ese lugar a nadie le importaba si cumplía con el uniforme o no. No había ningún otro soldado cerca, por lo que, al menos por ahora, podía respirar tranquilo. La brisa marina era un alivio de sentir para cualquier cuerpo cansado, y para Aran no era la excepción. Había decidido entonces quedarse allí lo que quedara del día, porque además de ser un buen sitio para descansar, podía ver claramente toda la extensión de la calle, por si es que sucedía algún problema o incidente en el que tuviera que intervenir.

Pasaba desapercibido. Estaba de pie y casi inmóvil, de espaldas contra una pared. El color de su armadura tampoco lo ayudaba a resaltar, y lo único que lo salvaba de parecer una estatua era su rostro desnudo, que de todas maneras no tenía ninguna expresión que pudiera destacarse entre la de los demás. No tener que estar pendiente de nada y de nadie era motivo suficiente para relajarse y olvidar sus preocupaciones. Aran se mantuvo allí un largo rato, sin pensar en nada en concreto y sin cansarse de su postura, por lo acostumbrado que estaba a mantenerla.
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Nada de qué sorprenderse [Priv. Iriva] Empty Re: Nada de qué sorprenderse [Priv. Iriva]

Mensaje por Invitado Lun Sep 19, 2016 6:40 pm

La primera vez que salía de Thracia y era para acabar en mitad de Begnion, en un maldito puerto con comercios. Después de soñar años con salir de su hogar natal, recibir la noticia de que marchaba de viaje le emocionó, sin embargo esa nube de histeria y curiosidad sobre el mundo se esfumó al oír la petición de su abuelo.- Debes viajar, Iriva… no te pediría esto si pudiera ir con mi propio pie pero sabes bien que apenas soy capaz de moverse.- El anciano sentado en la orilla de la cama con las manos sobre el bastón, con un aspecto tan frágil que rompía el corazón de la bailarina.- El lugar donde debes ir es Begnion, allí hay un misterioso puerto donde puedes conseguir casi cualquier cosa.- Las palabras del anciano se ensombrecieron en ese instante.- Escucha, debes tener mil ojos allí, no es un lugar seguro… no solamente por la guerra entre nuestro países, allí…- No terminó la frase, guardó silencio unos segundos pensativo.- Solo ten cuidado, vete armada y pasa desapercibida todo lo que puedas.- El hombre trataba de no asustar a su nieta, pero Iriva había comprendido lo que quería decir.- En el puerto hay un comercio de joyas, encargué hace mucho un broche muy caro, por supuesto no han podido traerlo, debes ir tu, por supuesto… disimulando, aprovecha que eres bailarina y nunca digas de donde vienes.- Con esa advertencia, le entregó el dinero necesario para el viaje y pagar el objeto.

Durante el viaje no paraba de pensar en las palabras de su abuelo, no entendía porque el broche era tan importante, no se lo quiso decir pero para arriesgar la vida debía significar mucho. Esa fue la razón que le movió a aceptar la petición. Pasar desapercibida no le costó mucho, por sus atuendos todos pensaban de inmediato que se trataba de una bailarina normal, nada importante. Eso jugó a su favor, viajar así daba gusto.
Le costó creer unos minutos que el nombre del puerto fuera “Sin nombre” ¿A qué clase de genio se le ocurrió? Pero teniendo en cuenta el tipo de personas que se reunían allí, un toque de misterio le pegaba.  Nada más pisar el puerto supo que algo raro pasaba, quizás fuera el ambiente, una sensación de ser observaba le acompañaba constantemente. Quizás fueran imaginaciones suyas, en cualquier cosa se mantuvo siempre en a la vista evitando los callejones oscuros. Había logrado encontrar el puerto, aún quedaba el puesto de joyas. Mucha gente, confusión y miedo, tres cosas juntas que acabaron por desorientarla. Dando tumbos de un lado a otro, buscó el puesto sin éxito, y en un segundo intento quiso la ayuda de alguien. Parada en medio del gentío, miraba a las personas pasar buscando uno con aspecto normal… mucho le costó, las personas que pasaban por allí eran raras (o su paranoia les hacía lucir así), otras la miraban de reojo, conocía ese tipo de miradas y dios sabía como querrían cobrarle el favor. Estaba por desistir, marcharse y decirle a su abuelo que le robaron el broche, pero… ¿Mentirle al abuelo? No, él nunca lo haría. Con paso pesado, casi cayendo al suelo, se acercó a un puesto para comprar un par de manzanas.- Gracias.- Agradeció al tendero para seguir el camino. Introdujo la mano dentro de la bolsa de manzanas para sacar una, sin embargo al sacarla, una de ellas cayó al suelo rodando. Iriva fue tras ella subiendo un poco la velocidad, por suerte la manzana se detuvo de pronto. Se agachó para cogerla, la limpió con un pedazo de la ropa y se puso en pie para guardarla otra vez. Al ponerse de pie de nuevo se dio cuenta de la presencia de alguien más, de no ser por su cara hubiera jurado que se trataba de una estatua pegada a la pared. Retrocedió insegura, pero tras deducir que debía tratarse de un guardia no tuvo más remedio que preguntarle.- ¿H-hola? ¿Puede ayudarme? Ando muy perdida aquí, no conozco esto y creo que me observan.- Sonrió para dar una imagen inocente, la costumbre del trabajo.
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Mensaje por Aran Mar Sep 20, 2016 1:14 pm

Aran notó la manzana rodar por la calle,  viendo como nadie acababa por pisarla. Llegó hacia donde él estaba parado, y al verla, el soldado tuvo la pequeña tentación de recogerla para él, porque no le faltaba el hambre y esta parecía no tener dueño. Pero no lo hizo, viendo que entonces llegaba alguien buscándola a toda prisa, ¿quién era? Una chica de ropas coloridas y extravagantes, que de inmediato sorprendió al soldado por lo mucho que destacaba entre los demás. Tomó la fruta, y al parecer tardó en percatarse de que él estaba allí. Por la forma en que le pedía indicaciones supuso de que se trataba de una extranjera, seguramente una artista de circo, o una bailarina ambulante. Aran había visto a personas así en el pasado, en Sienne, pero nunca había tenido el privilegio de hablar con una de ellas. Por eso el soldado se quedó un rato viéndola y sin decir nada, como si realmente fuera una estatua, y cuando reaccionó, pareció que él era quien estaba perdido.

-¿Que alguien te está observando? -el soldado investigó sus alrededores, buscando a quien se supone estaba haciéndolo.- ...a primera vista, parece no haber nada. -dijo. Observó a la desconocida, quien le parecía bastante insegura, posiblemente porque estaba tratando con un guardia.- No sé si sea capaz de darte direcciones, pero quizás puedo ayudar.

Tal vez quien estaba nervioso no era ella, sino él. Había vivido varios casos de gente que se le aproximaba de la nada para hablarle, pero eran pocas las veces que gente desconocida iba donde él pidiendo ayuda o, en este caso, direcciones. Mucho menos alguien tan llamativo como lo era ella, cuya sonrisa lo ponía en un estado de duda.

-Tan solo... dime qué lugar estás buscando. -No se le había ocurrido acompañarla, pero pensándolo bien, ¿de qué otra manera iba a estar seguro si le indicaba bien el camino? El caso era que de todas maneras le llamaba mucho la atención una viajera como ella, y no podía ignorar el interés que le causaba saber qué haría en la ciudad.- Por cierto, ¿eres una bailarina, no? ¿Harás una actuación en el puerto?
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Mensaje por Invitado Mar Sep 20, 2016 3:02 pm

La espera para recibir la respuesta del soldado se hizo eterno, casi dudó de que de verdad fuera una persona pero al escucharle se alivió. Desde luego, por la forma en que hablaba aquel sujeto no tenía pinta de ser muy parlanchín.- ¿En serio? Serán imaginaciones mías- Respondió girando la cabeza para ver a su alrededor confirmando las palabras del hombre. Iriva respiró más tranquila ahora, saber que nadie la espiaba iría por el puerto más segura. La bailarina se fijó más detenidamente en el hombre, un soldado en el puerto significaba vigilancia, mientras permaneciera a su lado estaría a salvo.- B-busco un puesto de joyas, en teoría hacían exportaciones pero… bueno, obvio ya no pueden.- De lo contrario no estaría allí en medio.-Tengo que buscar… algo.- No quiso concretar, el hombre era un soldado pero no se fiaba un pelo de la gente del lugar. En el pueblo se rumoreaba todo tipo de cosas sobre las gente de Tellius y Akaneia. Asesinos, ladrones, violadores… todos rumores llegados desde el frente de batalla pero Iriva no se creía la gran mayoría. En tiempos de guerra las personas podían convertirse en criaturas salvajes y despiadadas, más con sus enemigos. Los civiles de los reinos enemigos pasaban a ser una baja sin importancia, lo mismo lo que sucediera con ellas, y eso sucedía en todo los ejércitos, cada uno contaba contaba con un indeseable número de soldados capaces de cometer actos horribles… el puerto avivaba la idea de que los habitantes del lugar no fueran de fiar, sin embargo confiaba en la buena fe de las personas.-Te agradezco la ayuda, grandullón.-  Agradece de corazón, por lo menos alguien se dignaba a ayudarla.

Un escalofrío le recorrió la espalda por la pregunta del peliverde, una completamente normal nada más verla, cualquiera la identificaría como una bailarina. Respiró hondo para tranquilizarse, no había motivos para asustarse en absoluto, solo actuar normal.-Así es, soy bailarina...- Confirmó, metió la mano otra vez en la bolsa de manzanas y sacar una.-Para ti, como agradecimiento.- Extendió la fruta al soldado para que la tomara, de alguna forma se lo agradecería.-Sí… haré una actuación más tarde, cuando encontremos el broche, puedes verme bailar si quieres.- No planeaba hacerlo. de ser necesario nada más pero de negarse quizás el tipo se molestaría o algo.-Pero no es la gran cosa, no soy muy buena.- Lo era pero nunca lo aceptaría, sin importar lo que practicara o el tiempo que le dedicaba, para Iriva no era suficiente, quería ser como su madre. La situación entre ambos se iba relajando, en unos minutos el hombre no le parecía tan atemorizante.-¿Dónde están mis modales? Soy Iriva, un placer conoceros.- Hizo una leve reverencia de respeto.- Disculpad si en algún momento he sonado descortés.- Dio un mordisco a su propia manzana, disfrutando del crujido que esta hizo al ser mordida. Masticó la fruta lentamente para saborearla.-Que dulce, es genial.- Murmuró mientras masticaba. Tragó la comida y miró al peliverde avergonzada.- Disculpad mis modales...- Rió nerviosa, esperando no haber molestado al peliverde al hablar mientras comía.
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Mensaje por Aran Miér Sep 21, 2016 11:05 pm

Así que un puesto de joyas. Aran juraría haber visto algo parecido por el mercado, aunque nunca le echaba el ojo a ese tipo de locales, por ser productos que siempre estaban fuera de su alcance y su interés. Era curioso, quizás aquella joven no era nada una persona humilde, por ser capaz de costearse un lujo así, pero el soldado no le dio más vueltas al asunto. No quiso sospechar nada extraño, y tampoco es que ella le diera motivos; incluso logró hacerlo sonreír de medio lado con el cumplido, aunque era obvio que llegaba a incomodarlo, por la forma nerviosa en la que reaccionó. Empezó entonces a moverse para guiarla, escuchando lo que su interlocutora tenía que decir

Ella entonces le regaló una de las manzanas que traía consigo. El soldado la recibió sin ocultar su sorpresa, aunque no quiso comerla de inmediato, pues era incapaz de hacer algo así con un regalo. Una lógica extraña, pero había aprendido de su familia que lo correcto era conservar un obsequio la mayor cantidad de tiempo posible sin usar, o en este caso, sin morder, por lo que guardó la fruta en uno de los bolsillos de su cinturón, que siempre traía consigo. Supo entonces que la desconocida era una bailarina como él bien había pensado, aunque no buscaba, al saber esto, verla bailar. No tenía necesidad de hacerlo, aunque sin duda no rechazaría la oportunidad de verla si se decidía a hacerlo.

-Mi nombre es Aran. -le dijo, una vez la joven le reveló el suyo. Sentía los modales un tanto fuera de lugar dado el contexto, pero él no era nadie para decir que hablaran con más soltura.- Está bien. No es que yo sea un noble o algo parecido para estar preocupándome por eso, tampoco tengo los mejores modales... Por cierto, gracias. Guardaré la manzana para más tarde, si no te molesta.

Aran caminó junto a ella hasta llegar al mercado. Ese día había más gente que de costumbre, porque apenas había lugar para moverse. El soldado no se apresuró al pasar, abriendo una ruta para poder llegar a los puestos de comercio. La mayoría de ellos vendían bienes comunes como lo eran la comida o las herramientas, pero una tienda justamente parecía vender lo que la bailarina estaba buscando. Aran, cuando vio al vendedor, lo señaló desde lejos con su dedo índice.

-Supongo que esa es la tienda que buscas. -La miró, sin dejar de avanzar.- Así que... ¿Dijiste un broche? Creo que no querías decírmelo, pero lo dejaste pasar. -sonrió un poco otra vez, ya  que no entendía por qué le hubiera podido preocupar que él lo supiera.- ¿Es tan importante como para haber viajado al puerto tan solo para buscarlo? aunque, claro, depende de dónde hayas venido...-empezaba a entrometerse quizás demasiado, pero estaba acostumbrado a cuestionar a los extranjeros que llegaban de tierras lejanas, preguntándoles motivo, lugar de residencia, y todo lo que podía ser importante si un individuo no era tan moralmente correcto como aparentaba ser a primera vista.

Llegaron al puesto de joyas, un lugar que justamente estaba siendo custodiado por otro de los soldados del escuadrón de Aran. Era de esperarse, dado el valor de aquellos productos, que pidieran un poco de vigilancia por si ocurría algún problema.
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Mensaje por Invitado Vie Sep 23, 2016 6:20 pm

-Aran...- Repitió sin quitarle ojo al soldado para luego sonreír. Por la reacción del peliverde no cabía duda de su timidez a pesar de mostrarse alegre con esa media sonrisa casi imperceptible que vio en el. Las personas así no eran malas, era imposible, nadie capaz de hacer atrocidades se comportaría de tal forma, mas bien se los imaginaba con sonrisas de superioridad y mirada amenazante, de esas que nada más verlos sabes que no se traen nada bueno entre manos. El soldado no pintaba como uno de esos monstruos de los que se rumoreaba… a veces las cosas se exageran y meten a todos en el mismo saco. Lo importante es que estaban en marcha finalmente, Iriva supuso que Aran conocía el puesto de joyas y por eso echó a andar, pero que no lo dijera le hacía preocuparse ligeramente. Le pareció raro que guardara la manzana, incluso pensó que quizás no le gustó, haciendo que se avergonzara levemente. Odiaba las situaciones incómodas, sobretodo con desconocidos… pero eso paso cuando el soldado le aclaró lo de la manzana. Sonaba a estupidez pero eso la alivió mucho, lo suficiente para dejar de preocuparse un segundo para simplemente seguir avanzando tras él. Sin embargo quería aclarar lo que dijo.-Os es por motivos de nobleza, ni nada de eso… tampoco lo soy pero se puede decir que me criaron para actuar ante personas de esa clase.- Convertirse en una gran bailarina, de cumplirse el sueño de su madre, trataría con gente de alta alcurnia y en consecuencia a  tratarlos.

Tras andar un rato ambos entraron en el mercado, lleno hasta los topes. Iriva se quejaba antes de la cantidad, ahora mismo se sentía asfixiada. Más ojos que la observaban, analizaban ¿O de nuevo imaginaciones suyas? Tal vez ir acompañada de un soldado les llamaba la atención, pensarían que era una detenido o criminal… Iriva no paraba de pensar todo tipo de cosas así, consiguiendo ponerse más nerviosa de lo necesario… estaba exagerando. Casi tropezó cuando el soldado le preguntó sobre lo que iba a comprar… o más bien, porque a lo tonto y sin pensarlo mucho se lo había comentado no mucho antes.-Mierda… antes lo dije- En ese momento se sintió idiota, al final eso de disimular se iba al carajo en un momento. Para alivio de la bailarina, Aran no parecía muy interesado en la reliquia, más bien le hizo gracia por la nueva sonrisa que apareció en el rostro ajeno. La pelirosa infló las mejillas infantilmente muy molesta, no le reclamará nada pero le dieron ganas de darle una buena patada.-Ese debe ser… por las indicaciones que me dieron.- No estaba segura, solo siguió avanzando junto con Aran hasta el susodicho puesto. De nuevo le tembló el cuerpo cuando el peliverde decidió indagar un poco más, preguntando si de verdad era tan importante, más miedo le dio cuando empezó a cuestionarse la procedencia de la muchacha.-El… el broche no es para mi.- Negó con la cabeza suavemente, aún guardando cierta distancia con el vendedor y los guardias que allí vigilaban.-Nunca seré capaz de costearme una joya así, la joya… perteneció a mi abuela.- Confesó esperando que el soldado tuviera cierta piedad de ella.-Mi abuela me rogó que viniera por él, ella siempre quiso uno y mi abuelo lo pidió pero nunca llegó, de ahí mi presencia.- Sin nada más que decir se acercó al vendedor. Examinó primero las joyas y adornos del puesto, maravillada con la belleza de todas ellas. Cuando el tipo comenzó a mirarla de reojo, reaccionó preguntando por el broche. Unos segundos después el tipo le mostró una bonita caja de madera y al abrirla Iriva por fin pudo ver el broque de su abuelo. Mentiría al decir que no quedó maravillada, era un objeto bellísimo. Pagó al tendero lo acordado y entre le entregó la caja con el broche dentro. Evidente el contacto visual con los otros guardias y regresando con Aran con la caja en brazos, abrió ligeramente la tapa para que el soldado pudiera verlo.-Es muy bello… ¿Cierto?- Medio minuto después cerró la caja satisfecha, ya teniendo el broche había pasado lo difícil del viaje.
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Mensaje por Aran Dom Sep 25, 2016 8:46 pm

Las razones de su viaje tenían sentido, o al menos Aran se conformaba con lo que había dicho la joven, incluso cuando otros hubieran sospechado de cómo lo había expresado. El caso es que venía a tomar el broche de manera legítima, y así lo hizo, comprando la joya con los recursos que supuestamente le habían regalado sus abuelos. Aran, en silencio, y mientras ella se ocupaba de la joya, observó su entorno en busca ,otra vez, de ojos ajenos que les estuvieran clavando la vista. Nada en el mercado parecía, a primera vista, peligroso, pero el soldado sudó frío cuando vio entonces a un grupo de individuos encapuchados apenas asomándose por un callejón, que parecían estar dándoles la espalda. No quiso sacar conclusiones apresuradas, pero sin duda era un riesgo que supieran que la bailarina había comprado una joya, porque se podían decidir a seguirla una vez abandonara la protección de los guardias.

Dudó al momento de mencionarlo. ¿Valía la pena preocupar a la joven por sus alrededores? Ella parecía ya estar bastante alterada, e indicarle con el dedo un posible peligro no le sería de gran ayuda. Había pensado que entonces ya no tenía necesidad de acompañarla, pero quizás debía, conociendo lo oscuras que podían llegar a ser las calles del puerto sin nombre. Fue entonces cuando ella volvió, cargando una caja. Dentro de ella estaba el preciado broche, e Iriva dejó a Aran verlo.

-Sin duda es valioso. -dijo en tono de admiración e inclinándose un poco para observarlo, aunque no sonaba convincente, porque la preocupación que sentía era lo único que alcanzaba a demostrar.- Guárdalo bien. No deberías dejar que te vean con eso.

Pensó que entonces la bailarina se iría, y su labor allí se daría por terminada. Podría simplemente quedarse en ese mismo sitio y guardar el puesto de joyas junto a su compañero, quien parecía más dormido que cualquier otra cosa. Pero el soldado no se lo permitió, y alzó la voz para detener a Iriva en su sitio.

-¿Dónde irás con la caja? ¿Tienes un lugar para querdarte? -La miró, pudiendo expresar en su rostro la seriedad con la que le hablaba.- Caminar por las calles con algo así... no deberías. Sería bueno que me dejaras acompañarte, al menos hasta una posada. -no quiso forzarla, por lo que intentó relajar el tono con el que hablaba.- Es tu decisión. No estoy dudando de que puedas defenderte sola. Te seguiré hasta donde tú quieras dentro de la ciudad, o puedo guiarte a otro sitio.

Aunque quizás no debiera, se sentía responsable por quien antes le había pedido su ayuda. El puerto sin nombre era uno de los peores lugares que podía imaginarse en toda Begnion, y sentía que toda persona extranjera estaba en desventaja si era la primera vez que lo visitaban, incluso estando en pleno día y en medio de una multitud de gente.
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Mensaje por Invitado Lun Sep 26, 2016 2:04 pm

Esperaba un poco más de sorpresa y admiración por parte del soldado, no todos los días uno se permitía contemplar tan de cerca una joya de esas proporciones. Algo cambió en la voz de Aran, no supo exactamente qué pero no era para nada bueno. Restó importancia al comportamiento de su protector, después de todo solo faltaba el viaje de regreso, quizás mañana partiría un barco de regreso con suerte. El hasta ahora casi mudo peliverde rompió a hablar, realizando pregunta tras otra ¿Qué le sucedía? Se le veía todavía más serio que antes y eso era mucho decir. Se quedó en silencio sin saber que responder exactamente, pensando detenidamente la respuesta a las preguntas antes de contestar.-No tengo un lugar donde alojarme hasta mañana, pensaba buscar una posada nada más terminar de comprar el broche.- Tal vez debió haber planeado eso mientras iba al mercado, ahora le tocaría dar un paseo largo hasta encontrar una.-Bueno… deberías relajarte, pareces tenso.- Bromeó.-Sí insistes en acompañarme hasta una posada podrías recomendarme una, sinceramente, no pensé sobre la posada.- Agradecía la preocupación del peliverde, no todos los días uno se cruzaba con personas amables.-Muchas gracias, grandullón, la verdad es que dudo mucho ser capaz de sobrevivir por mi cuenta aquí.

Cada persona del puerto era un posible enemigo preparado para atacarla o robarle, seguro que alguien ya estaría observando esperando quedarse sola para actuar. Ideas paranoicas pero el soldado había cambiado radicalmente en su forma de actuar, ocurría algo seguro. Casi se le escapó una carcajada cuando insinuó que se las podía arreglar sola. La fuerza no caracterizaba precisamente a Iriva, usaba las dagas, sí pero casi no sabía manejarlas. Lo único que controlaba era la danza, y ponerse a bailar contra unos ladrones no servía de mucho, bueno sí, para que disfrutaran de un espectáculo antes de robarle y matarla. En ese momento agradeció encontrarse con Aran, una casualidad llegada de la mano de una manzana, una tontería que tal vez la salvó de más de un peligro.-Pero Aran ¿Sucede algo? Te noto extraño…- Susurró acortando la distancia entre ambos solo para que él la pudiera escuchar.

Hubiera esperado que se quedara junto con el resto de guardias vigilando las joyas, un trabajo importante a la paz de tranquilo (dudaba que alguien se atreviera a robar con tantos guardias delante) tendría que ser muy buen ladrón para hacer semejante hazaña. Tampoco era bueno confiarse, había escuchado sobre ladrones que habían entrado en los castillos de reyes evadiendo la guardia real sin problema, robando todas las riquezas posibles antes de que nadie se diera cuenta ¿Cómo hacían eso? Entrar en un castillo de por sí era complicado, pero que nadie se diera cuenta… a veces hubiera deseado aprender a robar en vez de bailar, todo sería más divertido. En cualquier caso lo importante era encontrar una posada segura y barata para pasar la noche, vigilando las espaldas para evitar que la siguieran. Las muchas historias de su abuelo se arremolinaron en su cabeza, todas malas sobre las gentes del lugar… ningún lugar sonaba seguro, incluso los posaderos podían jugartela y robar mientras dormía ¿Pero qué opción le quedaba? Aún tenía a un alto guardián, él se encargaría de protegerla.-Puede sonar raro pero… ¿Te importaría quedarte conmigo hasta mañana? Quiero decir… es tarde para buscar un barco que salga ahora y de todas formas estoy agotada, creo pasaré la noche aquí.- Comenzó a explicar apenada.-Mañana temprano me iré y te liberaré de tu ayuda, por favor.- Juntó las palmas de las manos a modo se inclinó suavemente a modo de súplica esperando que aceptara..
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Mensaje por Aran Miér Sep 28, 2016 12:34 am

Aunque en un principio le preocupaba la idea de asustar a la bailarina con sus precauciones, el soldado debía admitir que el hecho de que ella no se preocupara en la misma medida que él llegaba a molestarle. No lo expresó porque, por supuesto, no servía de nada, y sabía bastante bien que a veces se pasaba de la raya con su seriedad, como muchos de sus compañeros le habían expresado alguna vez. Se mantuvo callado intentanto recordar cuándo y dónde había visto una posada, pero nada se le vino a la cabeza, porque simplemente no estaba familiarizado con la ciudad, y apenas conocía el mercado y la apariencia general del puerto. Puso entonces su mano en su cuello, y miró hacia el puesto de joyas.

-Entonces encontremos una -dijo, aliviado de haberle dado el consejo de que buscara un lugar para quedarse antes de que cayera la noche. Nuevamente la forma en que ella lo trataba lo descolocó un poco.- No es problema ...y no, no es nada. No me sucede nada. -No sabía bien qué decirle, aunque no consideraba extraño su propio comportamiento (seguro a ojos ajenos parecía mucho más alterado de lo que él creía que estaba). Quería ponerse en movimiento lo antes posible, y era cierto que debía relajarse, porque todavía no había cosa exacta que fuera un peligro y de la que debieran huir. Era que el recuerdo de aquel día lluvioso seguía fresco en su mente, como un recordatorio de que no bajara la guardia.

Fue entonces que Iriva le hizo una sugerencia de lo más extraña, y lo dejó tan sorprendido que el estrés se desvaneció de él como si nunca lo hubiera afectado. Le clavó la vista con tremenda ingenuidad en su mirada, esperando a que dijera que no iba en serio. No fue así, por lo que el soldado no supo realmente qué responder. ¿Qué podía hacer entonces? Debía reunirse con su escuadrón cuando cayera la tarde, no podía permitirse faltar. Además, ¿de qué manera iba a quedarse con ella? Lo pensó un par de segundos, incluso llegó a considerar la posibilidad de acompañarla, pero su decisión terminó siendo la más obvia.

-Yo...no puedo permitírmelo. -dijo sin más.- Estoy en el puerto por una órden en particular. Compréndelo. -se veía indeciso, pero era lo que debía decirle.- Pero yo soy quien está exagerando. En la noche, los guardias seguiremos haciendo rondas, por lo que puedo vigilar de lejos el lugar en que te estás quedando. Solo que... no dentro. Más tarde, me daré una vuelta por ese sitio por si es que necesitas mi ayuda.

Esperando que fuera suficiente explicación, Aran por fin puso un rostro más sereno, e indicó a la bailarina que lo siguiera hacia donde él creía que habían posadas. Quizás frente al mar, había pensado, tenía más posibilidades de encontrar alguna destinada a los viajeros. Esperaba que la joven tuviera suficientes recursos para costear su estadía, porque las habitaciones en las ciudades comerciales nunca eran fáciles de conseguir. Mucho menos si se venía de un largo viaje por el mar.

-Escuché que te vas en un barco. -comenzó a hablar.- ¿A qué lugar vuelves exactamente? -Esta vez no pudo contener la pregunta a la que venía dando vueltas desde el momento que supo que era una extranjera.
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Mensaje por Invitado Miér Sep 28, 2016 12:14 pm

La negativa le sentó pesada pero le comprendía perfectamente, el no podía permitirse perder el tiempo en ayudarle, a diferencia de Iriva, el hombre debía cumplir órdenes y patrullar, bastante se había molestado en acompañarla hasta el mercado en busca de las joyas. Abandonó la posición anterior para erguirse de nuevo, entrelazando los dedos por detrás de la espalda.- No te preocupes, tienes razón… tienes que cumplir órdenes.- Se disculpó ligeramente avergonzada.-No estoy familiarizada con eso de seguir y cumplir  órdenes, la rutina no me va.- Lo bueno de no tener nada es que te daba la libertad de hacer e ir donde quisiera, nadie dependía de ella y trabajar para los gobiernos nunca le llamó demasiado. No le iba a dar mucha importancia al asunto tampoco, se por si le daba cierta el pobre Aran, seguro no acostumbraba a tratar con mujeres tan molestas como ella. Trataría de no incomodarlo de ese momento en adelante, bastante hizo por ella.-Te agradezco la ayuda, si te pasas por la posada con tus compañeros sería genial.- De pasar cualquier revuelo los soldados no tardarían en acudir y con sobrevivir unos minutos le bastaba.

Siguió sus indicaciones en silencio, dejando ya el tema atrás por el momento. Decía estar bien sin embargo algo le hizo dudar ¿Lo estaría de verdad? No dudaba de Aran, de todas formas no habría razón para mentirle en el momento. Pensó la estaba guiando hacia una zona de posadas, una vez allí tocaría buscar una que se pudiera permitir… la gente local a veces se aprovechaban de la desesperación e ingenuidad de los viajeros. Repasaba mentalmente el oro que le quedaba para pagar la posada y el viaje, y el resultado no era mucho. Esperaba encontrar una posada barata o esa noche dormiría con las rata.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por Aran, esta vez preguntaba directamente sobre la procedencia de la pelirosa. Continuaba un poco asustada pero decidió confiar en su nuevo “amigo”.-Sí… mañana partiré barco.- Confirmó sin dirigirle la mirada.-Regreso a mi tierra natal, Thracia.- Confesó finalmente después de evitar el tema.-El broche debería de haber llegado por un mensajero pero la situación entre los países no ayuda… - Todo el asunto de la guerra estaba siendo muy molesto para gente de a pie.-Y aquí estoy… medio asustada a cada paso, la verdad… por un momento pensé que toda la gente de este lugar era mala, traicionera y ladrona, me disculpo por eso.- Esperaba no molestarle con lo que decía.-También tuve suerte de cruzarme contigo, no se si otros soldados harían lo mismo.- Lo dudaba, sinceramente, no los conocía pero el encontrarse con Aran por pura casualidad debía ser una señal del destino.-Creo estoy hablando de más por los nervios, otra vez lo lamento.- ¿Cuántas disculpas iban ya? ¿Tres? Mejor era callarse y tener el camino en paz.
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Mensaje por Aran Jue Sep 29, 2016 11:54 pm

-Gracias por entender. -respondió.- Aunque no hablaría por el resto, todos tienen sus asuntos, así que solo espera verme a mí. -Ni siquiera se le había ocurrido mencionar a los demás los sucesos del día. Eran raras las veces en que ellos preguntaban, y por lo tanto Aran se había acostumbrado a no contarle nada a sus compañeros. En esta ocasión tampoco lo haría.

La bailarina le reveló entonces su lugar de origen, aunque al escuchar el nombre el peliverde puso un rostro inocente. Thracia... ¿Thracia? Perfecto, la segunda vez que no podía reconocer el nombre de otro continente. Y se suponía que existía un conflicto entre este último y Tellius, pero él no era ni siquiera capaz de discernir entre ellos. Aran agachó la cabeza ante el pensamiento, resolviendo que, a pesar de su ignorancia, era bueno conocer a personas que le recordaban que no estaba solo en el mundo. La imagen que la bailarina tenía de la gente de Tellius era sin duda muy drástica, pero era fácil decirlo, porque él seguramente también tendría prejuicios de una tierra que apenas acababa de conocer.

-Pienso que la gente del pueblo es la misma en todos lados. -dijo Aran, mirándola por el rabillo del ojo.-aunque no sabría qué decirte de las personas del puerto... a mi en realidad me asustan. -sonrió, haciendo claro de que se trataba de una broma, al menos en cierta medida.- -no deberías preocuparte por los demás. Todos quieren lo mismo, proteger a Begnion. Por eso somos soldados. -O al menos eso creía. Aran no podía imaginarse a tanta gente madrugando, entrenando y siguiendo órdenes por puro placer, o cualquier otra razón que no fuera por  el bien mayor de proteger sus provincias, y, a una mayor escala, a la patria. Esperaba siempre creer lo mismo, y nunca encontrarse con la sorpresa de que en realidad no era así.

Finalmente llegaron al puerto, en el cuál todavía partían y echaban ancla los barcos. El comercio se extendía por toda su longitud, recibiendo a los extranjeros necesitados de recursos. El soldado se adelantó un poco para ver si lograba identificar un letrero, y terminó encontrando uno un poco más allá, que respondía al nombre de posada. Caminó hasta dicho sitio, encontrándose una casa de dos pisos que parecía mucho más pequeña de lo que en realidad era, y que tenía las puertas abiertas al público. Aran entró, tan solo para asegurarse de que efectivamente se tratara de una posada, y se lo confirmaron. Pudo respirar tranquilo, y echó un ojo al horizonte, dándose cuenta de que ya estaba cayendo la tarde y era hora de que se reuniera con sus compañeros. Entonces se dirigió a Iriva.

-No sé si te parece bien esta posada, pero seguro encuentras otras en esta misma calle. -le dijo. Empezó a alejarse, y se acordó de volverse a poner el yelmo, porque tanto le molestaba cargarlo al brazo como cargarlo sobre la cabeza.- Como he dicho, volveré después, para asegurarme de que todo esté bien. Y quizás entonces puedes contarme un poco más sobre... "Thracia". -por supuesto no podía olvidarse de la curiosidad que le causaba aquel nombre. Se despidió con un gesto sin ganas, y se fue a paso lento hacia donde los soldados habían acordado reunirse.
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Mensaje por Invitado Vie Sep 30, 2016 2:48 pm

Esperaba otra reacción al desvelarse su procedencia real, sin embargo en vez de eso adoptó una actitud pensativa… ¿Acaso no conocía Thracia? Bueno, quizás Jugdral si le sonara más, aunque de no saber sería mejor, evitando cualquier tipo de conflicto. Por el contrario tal vez no le importaba mucho de donde viniera mientras no causara problemas… y desde luego sus ganas de llamar la atención eran nulas, prefería permanecer invisible entre la multitud.

Seguía al soldado de cerca para no perder entre la multitud, perderse en esos momentos no empeoraría la situación.-Entonces debo tener cuidado, si un hombre tan fornido como tu tiene miedo de esta gente, yo no duraría ni dos minutas.- Continuó la broma de Aran buscando crear un ambiente más relajado entre los dos. A veces no sabía si el peliverde estaba nervioso, enfadado o contento, se habían acabado de conocer pero le estaba confiando su vida, de suceder cualquier conflicto su única protección era ese hombre.- Cada persona desea proteger con todas sus fuerzas el hogar pero a veces esa ambición hace que queden ciegos ante la verdad.- Continuó con una tono más serio.-Inventan cosas o cometen actos deplorables por su ignorancia… bueno, disculpa.- Cortó el tema en ese momento, ir por ese camino podría conducirla a una discusión innecesaria, tal vez en otro momento.

Disfruto de la brisa marina que soplaba, meciendo sus cabellos rosados suavemente. Paró para ver las embarcaciones allí ancladas, la gente bajando de ellas o cargando cajas. Esos segundos que perdió fueron suficientes para su acompañante se adelantara, y al darse cuenta, Iriva aumentó la marcha para no perderle, parando tras de él.-Casi me pierdo.- Respiró tranquila, tampoco es que se hubiera alejado mucho pero era mejor ser precavido. Tocaba despedirse por el momento. Iriva se inclinó a modo de reverencia-Muchas gracias, Aran. Seguro esta posada me sirve, espero no sea muy cara.- Se perdió con la mano.-¡Hasta más tarde! Te contaré lo que necesites.- Se quedó allí parada hasta que desapareció de su vista. Entró en la posada, por lo menos allí estaba más segura que en la calle, expuesta a cualquier peligro. Después de pedir una habitación a la posadera, la guió hasta la habitación. Una vez sola, dejó las cosas sobre la cama, se sentó en el borde de esta y suspiro. El día había sido duro pero todo fue bien, estaba deseando contarle su pequeña aventura al abuelo. Tomó un baño, cambió sus ropajes y bajó para comer algo. Recordó la manzana que le había dado a Aran ¿Se la habría comido ya? No creía que se pasara todo el día sin probar bocado, eso era horrible. Con unas pocas monedas compró una caja de galletas que vendían allí y espero fuera de la posada, justo en la puerta, ver la figura del soldado aparecer.
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Mensaje por Aran Dom Oct 02, 2016 8:54 pm

Camino de vuelta al cuartel, Aran se acordó del obsequio que le había dado Iriva. No es que lo hubiera entrenado el ejército para ello, pero simplemente se olvidaba de comer a menudo, por mucho que lo necesitara. La probó, y sorprendido por su sabor tan dulce, la acabó en tres mordiscos, justo en el momento en que se reunía con los otros. Descansaron un par de horas esperando sus siguientes instrucciones, y quienes habían visto a la bailarina con Aran hicieron las respectivas preguntas, sin obtener ninguna respuesta concreta del soldado (como siempre). El general al mando del escuadrón no cambió las órdenes, sino que mantuvo la misma, la de vigilar la ciudad, justo como Aran pensaba que lo haría. Esta vez asignó a varios grupos distintos distritos del puerto, pero el peliverde logró pasar desapercibido sin ser incluido a ninguno. Logró escabullirse con un trozo de pan, que era lo único que les habían ofrecido, y salió al exterior, donde ya la noche se hacía presente.

Caminó con lanza en mano y yelmo puesto de vuelta a la posada. La calma después de la tarde era peligrosa y traicionera, por lo que no podía descuidarse de mirar los rincones oscuros e incluso los tejados (había aprendido aquello por las malas). Por suerte en el camino no se encontró con ninguna sorpresa desagradable, quizás porque todavía la gente estaba despierta en sus hogares y cualquier crimen no iba a pasar desapercibido. Aran llegó entonces al puerto una vez más, y se dirigió recto hacia donde se encontraba la extranjera, sin estar seguro de qué iba a hacer allí. ¿Iba tan solo a saludar y a seguir su camino, o iba a quedarse allí lo que quedara la ronda de guardia? Dependía, por su puesto, de que si ella necesitaba su ayuda o no.

La vio en la entrada del local, lo que lo hizo sorprenderse. No se imaginaba que ella lo iba a estar esperando, lo que lo hizo pensar que tal vez algo no muy bueno le había pasado. Sin embargo, al acercarse la vio perfectamente, por lo que supuso que solo lo esperaba por el hecho de hacerlo.

-Hola. -dijo cuando estuvo cerca. No era necesario alzar la voz en ese silencio.- ¿No ha sucedido nada?-preguntó con interés. No tardó mucho en recordar que habían dejado un asunto pendiente del cual hablar, y ese era el lugar del cual provenía Iriva, cuyo nombre ya había olvidado por completo.- Si tienes alguna pregunta respecto a Begnion, podrías hacerla ahora. Por si quieres volver algún día. O tal vez si es que quieres quitarte esa primera impresión que tenías...

El soldado no tenía problemas con quedarse de pie y hablar ahí mismo, por lo que no hizo ningún gesto de querer sentarse o entrar.

-Y entonces podrías contarme sobre el lugar del que vienes. Quizás sobre su ejército, o sus reyes. -sonrió. Era difícil apreciar cuánto le interesaba de verdad saber sobre aquellos temas.
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Mensaje por Invitado Lun Oct 03, 2016 8:06 pm

Para su fortuna no tuvo que esperar demasiado para encontrarse con el peliverde, esperaba incluso verle más tarde. Un saludo en voz baja para evitar llamar la atención, a esas horas la mayoría de personas estaban durmiendo y no había necesidad de despertarlas.-Hola de nuevo.- Respondió al saludo de igual modo.-No, todo ha sido... tranquilo, nada raro la verdad.- Le contó para tranquilizar cualquier preocupación que tuviera el soldado. De golpe y porrazo el hombre quería continuar la conversación dejada a medias, queriendo saber si la bailarina tenía alguna pregunta o duda sobre Begnion.-Bueno… en general me gustaría saber como es, la clase de gente que vive aquí… comprobar que no hay tanta diferencia como dicen.- La pelirosa quería explorar el mundo, sin embargo el miedo y las historias evitaban que se lanzará al viaje (eso sin contar la salud de su abuelo). Descubriendo que quizás no todo era verdad algún día tomará valor para marchar.

Por supuesto, el soldado también tenía sus preguntas sobre Thracia, quizás un poco más especificas de lo que ella querría pero tampoco tenía nada que ocultar. Guardó silencio unos segundos con aire pensativo hasta que finalmente habló.-Thracia es… un país montañoso, no es precisamente un lugar sencillo de transitar o donde vivir.- Recordó los caminos imposibles de pasar, donde más de uno acabó muerto.-¡Oh! ¡Allí viven muchos jinetes wyvern! ¿Sabes que son?- No esperó la respuesta.-No los he podido ver de cerca pero son geniales… ¡Sobrevuelan el pueblo a veces! Son criaturas fantásticas, siempre he querido tocar uno… o montarlo, eso sí sería emocionante.- Habla con más emoción de la necesaria, en sus ojos se notaba ese brillo de la ilusión… pero dudaba tener la oportunidad de montar en una de esas criaturas, ya había visto a los jinetes subir en ellos.-Bueno… es una tontería, déjalo.- Quitó importancia al asunto, cambiando de tema.-Sí te soy sincera… no tengo ni idea sobre el tema del ejército o los reyes…- La alegría de desvaneció en un segundo.-Mi madre participó en la guerra… es lo único que se.- Se encogió de hombros, desviando la mirada.-Mi abuelo siempre me dice que no me preocupe por los asuntos políticos y me dedique a bailar, quiere que algún día alcance el nivel de mi abuela.- Sin darse cuenta estaba hablando más de la cuenta, suspiró y dejó de hablar.

Recordó la caja de galletas que había comprado anteriormente que aún cargaba en las manos. La extendió hacia el soldado sonriente.-Para ti, es mi modo de agradecerte toda la ayuda… no quería irme sin darte un detalle.- Esperaba que no le molestara el regalo o le incomodara, el soldado le había caído bien, le demostró que no todo era como lo pintaban y procuraria contarle la historia a su abuelo.


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Mensaje por Aran Mar Oct 04, 2016 9:40 pm

-Un país montañoso... -intentó imaginarse un exceso de montañas, pero pocas veces había visto pueblos en lugares así. Quiso decirle que conocía los jinetes wyvern, y que había tenido una experiencia bastante extraña al respecto, pero no le dio la oportunidad. Decidió primero escuchar y después responder a las preguntas que ella había dicho de su tierra.

No se molestó al saber que ella no tenía conocimiento de esos temas. Lo que le llamó la atención fue el asunto de la guerra, y que su madre participara en ella. Supuso, por supuesto, que ella ya no estaba presente en su vida. Al pensar al respecto Aran desvió la vista; simplemente no merecía saber esos detalles de una historia ajena.

-No dudo que llegues a bailar como ella. -dijo.- ...aunque en verdad no se me ocurre qué hace a unos bailarines mejores que otros.

Iriva entonces puso a su alcance una caja, que en un principio el soldado miró de manera extraña, sin comprender qué podía ser. "Para ti", dijo ella. Aran se sorprendió en su justa medida. Si ya se había inquietado porque le regalara una simple manzana, aquello lo dejaba en duda de qué era lo que tanto hacía para merecer tantos regalos. La recibió con un poco de duda.- Gracias... espero no te arrepientas de haberlo comprado. -le sonrió, otra vez en tono de broma. No sabía cómo es que iba a cargar com tanta cosa, y decidió simplemente ponerse la caja bajo el brazo.

Entonces tuvo la oportunidad de hablar. Aran pensó un momento qué era exactamente lo que iba a decirle, golpeando el suelo con la parte inferior de la lanza y mirando hacia el cielo estrellado mientras se le ocurría algo.

-Begnion es una nación de mucha influencia en Tellius. Por eso mismo Sienne es una capital muy importante y avanzada. -dijo Aran, como si fuera un discurso que se hubiera aprendido de memoria, de tanto escucharlo de otras personas.-Pero la gente no se siente superior a la de otros países. Hay mucha gente común y corriente, como en cualquier parte del mundo. Y con decir mucho es poco, porque la población es muy grande igual que el territorio. Literalmente puedes encontrar personas con cada paso que des. -Esa era la visión que tenía el soldado de aquella tierra, la que, se notaba, tenía en mucha estima.- Lo que supongo nos hace diferentes sería que aquí se rinde culto a Ashera. Y lo más notorio es que quizás, alguna vez, llegues a ver un laguz, aunque sea de lejos. -dio por sentado que ella sabía lo que eran. Aran era una de las pocas personas que utilizaba ese término con ellos, porque su nueva familia le había quitado la costumbre de llamarlos sub-humanos, como lo hacían en Daein.- No te lo había dicho antes, pero yo no no he nacido en Begnion.
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Mensaje por Invitado Mar Oct 11, 2016 12:52 pm

Lamentaba no poder proporcionarle más información sobre su tierra natal, pero el vivir encerrada toda tu vida en un pueblo causaba ese problema. Se encogió de hombros al escucharle repetir sus palabras, notó que pensaba detenidamente sobre ello, quizás buscando una imagen mental del lugar.-Lamento no poder ser más específica, no estoy sirviendo de mucha ayuda.- Se disculpó al sentirse mal por la falta de conocimiento sobre su propio hogar, le daba vergüenza lo que pensara de ella.

Fue un error sacar el tema sobre su madre, no tenía nada de malo en sí pero los recuerdos por mucho tiempo que pasará no dejaban de ser tan dolorosos como el primer día. Por fortuna el peliverde no indagó más de lo necesario en el tema, animando simplemente a la pelirosa con que algún día sería una gran bailarina como su madre. Acto seguido confesó no saber qué hacía a un bailarín mejor que otro.-En todos en los aspectos de la vida una persona destaca por encima de los demás en un determinado ámbito.- Comenzó a explicar.-Para ser considerado el mejor en algo debes reunir una ciertas cualidades.- Quería explicarle lo más detallado posible sobre el tema.-En un bailarín influyen el atractivo, la habilidad, la destreza, la pasión… ese conjunto puede hipnotizar a las persona, atrapandolas en su baile. Ser uno de los mejores bailarines del mundo implicaría fama, bailar para tropas para subir el ánimo, y con mucha suerte, actuar para un rey o príncipe, una vez consigue eso, sin duda eres de los mejores.- Esas mismas palabras se las había repetido su madre años atrás para interesarla sobre el baile, y las repetía con la misma pasión que ella en su momento.

Aran aceptó extrañado el regalo, dudaba que los extranjeros fueran regalando comida a los soldados sin motivo alguna, pero Iriva era así.-Sólo quería mostrarte mi agradecimiento… puedes considerarlo así, el precio del regalo es el equivalente al miedo que he sentido paseando por las calles.-  Desde su llegada hasta el encuentro con Aran el camino había estado repleto de temor, por cada esquina que cruzaba.-Me arrepentiré de habertelas regalado si no me das una antes de irme.- Le siguió la broma riendo suavemente.

La explicación de Aran sobre Begnion fue tan detallada que hizo palidecer la suya sobre Thracia, haciendo sentirla estúpida, sin embargo con la convicción con la que hablaba le fascinó. Casi le dieron ganas de aplaudir cuando finalizó.-Vaya… esa es mucha información, y yo incapaz de darte ninguna útil.- Bajó la cabeza avergonzada.-¿Laguz? Nunca he tenido la oportunidad de ver uno ¿Cómo son?- Había escuchado sobre ellos a sus abuelos, viejas historias sobre encuentros con ellos. Recordaba con interés una en concreto que escuchó de la boca de su abuela.-Una vez escuché a mis abuelos hablar sobre ellos, una laguz en concreto, lo recuerdo porque mi abuelo dijo que era bellísima y mi abuela reaccionó golpeándolo.- Comenzó a reírse sola con su propio historia.  
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Mensaje por Aran Jue Oct 13, 2016 12:00 pm

-No es necesario que te fuerces a recordarlo. -dijo. Claro que hubiera querido más detalles, pero si no podía ella dárselos, no iba a insistir. Él tenía el privilegio de conocer gran parte de Begnion por su labor de soldado, pero muchas otras personas nunca salían de sus pueblos en la vida. Conocía varios, aunque su familia adoptiva era la excepción porque se trataban de comerciantes.

Ella le explicó entonces cómo es que los bailarines podían resaltar sobre el resto en el mismo oficio. Claro, era obvio que solo quienes tuvieran la mejor calidad fueran quienes bailaran para las grandes cortes, pero eran pocas las veces que había oído hablar de bailarines en medio de un ejército. Le entraba la duda de cómo no llegaban a salir heridos, pero podía decirse lo mismo de los usuarios de bastón, y ellos sí que llegaban a ser muy útiles. No le dio más vueltas al asunto, y sin decir nada se llevó una de las galletas a la boca. Después tomó otra y se la dio a Iriva en la mano. Aran empezaba a sospechar que la bailarina tenía la habilidad oculta de comprar los mejores alimentos de entre todos, o quizás estaba exagerando, porque cualquier cosa dulce le encantaba.

Estaba a punto de llevarse otra galleta a la boca cuando se detuvo en seco. No era la sorpresa por saber que ella nunca había visto uno; era común que pasaran desapercibidos por Tellius y muy extraño que se adentraran en la tierra de los humanos. Simplemente no se le ocurría cómo describírselos apropiadamente más por su aspecto, que desde ya era un tanto obvio. Pensó un momento, devolvió la galleta a la caja e hizo el esfuerzo de recolectar todas las memorias que tenía de ellos.

-Los laguz son ...criaturas que se parecen mucho a nosotros. -comenzó a relatar.- pero hay unos que tienen mucho pelo, e incluso alas. Eso es cuando no están transformados. Pero cuando lo están, son igual que leones, o aves. Y son muy grandes. -hizo el gesto de expandir ambos brazos como ejemplo.- Una vez mi padre adoptivo tuvo que lidiar con unas aves enormes que intentaron saquear el barco en que iba, pero logró salvarse al llegar a este mismo puerto a tiempo. -contó.- pero yo nunca he visto uno personalmente. Aunque estoy seguro de que, si los viera, los reconocería.

Aran se quedó callado un momento. Más que fascinarlo, le asustaba la idea de tener que encarar a uno de ellos, o mucho peor, tener que luchar contra los mismos. Lo habían entrenado para algún día tener que acabar con uno, "la mayor desventaja que tienen es que se lanzan contra todo sin pensar".  Era irónico admitirlo, pero muchas veces él no había sido un buen ejemplo de técnica en combate. Sonrió sin motivo aparente, mirando hacia el mar, recién dándose cuenta de lo cansado que estaba.
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Mensaje por Invitado Lun Oct 17, 2016 4:32 pm

Iriva dio unas palmadas de emoción cuando Aran le entregó de las galletas que le había regalado segundos antes. Dio un pequeño bocado a la galleta partiendo está, saboreando el alimento detenidamente. Las galletas de Begnion estaban bastante buenas, pero nada se comparaba a los alimentos tradicionales de su tierra.-Están deliciosas, creo después compraré otra caja para mi abuelo, seguro le encantan.- Devoró el último trozo de galleta de un bocado, sacudiendo las manos para librarse de las migas.

Escuchó atentamente cada palabra de Aran para crear una imagen mental del tipo de criatura que le explicaba. Quedó impresionada y aterrada al imaginar criaturas así ¿Serían peligrosas? El relato de que su padre tuvo que luchar contra uno daba la sensación de que eran peligrosos, pero recordaba la historia de su abuelo y no lo parecía en absoluto.-Los laguz… pueden parecer animales pero son como nosotros ¿no?- Preguntó intrigada.-Dices que tu padre tuvo que lidiar con uno, y mi abuelo me habló de una simpática… entonces no son bestias salvajes, son como nosotros, los hay buenos, malos, conflictivos y pacíficos.- En unos minutos esa la conclusión final de Iriva, pero tendría que comprobarlo personalmente.-Con tu descripción probablemente los identifique, muchas gracias.- Esperaba encontrarse con un laguz algún día, y sobretodo que fuera amable y uno de esos salvajes de los que hablaba.

La brisa nocturna era agradable, le costaba creer que le fuera tan bien hasta ahora, en un rato iría a dormir para tomar el primer barco de la mañana.-Soy repetitiva pero te agradezco de corazón todo lo que has hecho por mi, quizás fuera por deber o no se… pero igual muchas gracias.- Se rascó la nuca avergonzada ¿Cuántas veces le había agradecido ya?-¡Oh! Y por supuesto, si alguna vez viajas a Thracia no dudes en pasar por mi casa, incluso podemos darte cobijo un par de días, tenemos una habitación libre.- Aran era el primer “amigo” que hacia fuera de su pueblo natal, y de no ser por él quizás las cosas no hubieran sido tan fáciles.-¿Estáis teniendo una patrulla tranquila? Aquí dentro todo va bien, hay algunos tipos extraños pero nada importante.- Aclaró riendo, la verdad es que la calma era genial, le daba la oportunidad de disfrutar del viaje.
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Mensaje por Aran Miér Oct 19, 2016 1:14 pm

No podía ser más obvio que se trataba de una extranjera. Cualquier persona del continente a la que se le preguntara sobre los laguz, los trataría despectivamente, o con miedo. Sus opiniones eran demasiado grises.

-Ojalá realmente fuera así. -Aran permaneció un tanto escéptico, aunque verdaderamente quería creer que el día que se encontrara con uno, este fuera como los que contaba la bailarina. Era un pensamiento que estaba en contra de todo lo que le habían contado; no había sujeto en el escuadrón que no relatara una historia de cómo los laguz eran un peligro. De todas maneras no quería que llegara el día, porque nada le aseguraba que la otra raza tuviera mucho aprecio por la suya.

Era cierto que Iriva ya le había agradecido lo mismo muchas veces, pero en esta ocasión el soldado, ante la tranquilidad y lo sincera que sonaban esas palabras, no pudo evitar sonrojarse un poco. Evitó mirarla, y se preguntó, "¿De verdad es tan importante lo que hago?". Estuvo entonces agradecido de ser un guardia, incluso cuando la mayor parte del tiempo creyera que no había elegido a los mejores empleadores. Se devolvió a ver a la bailarina y sonrió por su ofrecimiento de un lugar en qué quedarse si viajaba a Thracia. No quería negar la posibilidad de viajar a esa tierra algún día, por lo que prefirió no decir nada al respecto.

-Pues, la verdad es que el único sitio que estoy patrullando es este, pero no parece que vaya a pasar nada extraño esta noche en el puerto. -o quizás sí. Se estaba quedando demasiado tiempo en la posada, y estaba distraído. Sintió un poco de culpa, pensando en que estaba perdiendo el tiempo.- Yo... creo que debería estar moviéndome por el área, y tan pronto pueda, debería volver al cuartel.-esperaba que comprendiera.- ... ha sido un placer.

Le tendió la mano, pero pronto pensó que dársela con el guantelete puesto era un tanto extraño, por no estar tratando con otro soldado. Se retractó y, buscando la manera de sostener la lanza y la caja de galletas con las manos ocupadas, se dio el tiempo de quitárselo para darle la mano limpiamente.

-Espero que tengas un buen viaje. -dijo entonces.- cuida bien esa joya. -sobre todo le preocupaba aquello. Pero confiaba en que, una vez en el barco de regreso, Iriva estuviera segura.
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Mensaje por Eliwood Miér Oct 26, 2016 6:10 pm

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