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Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento]

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Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] Empty Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento]

Mensaje por Aran Sáb Jul 09, 2016 8:07 pm

Era mediodía, y llovía a cántaros. El viento soplaba con fuerza en dirección al suroeste, mecía las aguas y dirigía la lluvia de golpe al suelo. Gran parte de los mercaderes se había refugiado bajo techo, los pescadores habían salido de altamar, y la mayoría de los ciudadanos se había encerrado en sus hogares, presagiando una tormenta que tenía calidad de ser recordada. Las únicas personas que entonces caminaban a lo largo del puerto eran marineros y tripulantes, que recién habían llegado a pisar tierra, o se preparaban para embarcar. Tan solo tres enormes barcos estaban anclados en el muelle, habiendo uno que destacaba sobre los otros dos. Este último portaba en lo alto de su asta y en su vela el estandarte de Begnion , y para sorpresa de muchos, tenía intenciones de adentrarse a mar abierto.

En efecto, soldados de la nación tenían planeado abandonar el continente. El porqué era una razón desconocida, y como la mayoría de sus compañeros, Aran la ignoraba. No le importaba, pues no iba a formar parte de la embarcación. Su tarea allí no era otra sino resguardar la carga que el mismo barco que se disponía a partir había traído. Se podía deducir que eran, en su mayoría, provisiones y armas destinadas a sustentar a la milicia y a la guardia real. Estaban cargándolo todo en carromatos tirados por dos caballos cada uno; los mismos que su escuadrón había acompañado a pie durante el camino de ida y que tendrían que volver a acompañar en el camino de vuelta, teniendo como objetivo abastecer a los fuertes que estuvieran alrededor del recorrido. Tareas minoritarias como estas eran el pan de cada día del soldado, pues hasta el momento no había recibido órdenes de explorar el territorio, o incursionar tierras extranjeras. Fuera como fuera, allí estaba él, de pie y a un lado de una gran caja todavía abierta.

Era la única que habían abierto, para comprobar de que efectivamente fuera el cargamento deseado. Lo que había dentro no era más que un montón de heno para caballo, ahora mojado e inservible. Cualquiera podría adivinar que la nación carecía de recursos para autosustentarse y estaba recurriendo al comercio exterior, y quizás también interior, para superar el drástico problema. Todo, pensaba Aran, era culpa de los emergidos, quienes habían destruído una gran porción de los campos en su marcha a través de Tellius. "Malditos sean todos...", pensó el soldado, sosteniendo con fuerza su lanza. Si solamente tuviera la oportunidad, la capacidad, la valentía para deshacerse de ellos...

Junto a las cajas de provisiones, también se encontraba una gran cantidad de cofres que estaban siendo cargados a los carromatos. No era otra cosa que el resto de las transacciones hechas, un montón de oro encubierto en acero (no se arriesgaban a guardarlos en cofres de madera). Cada uno de los soldados presentes portaba una llave para mayor seguridad del oro; ninguna estaba numerada, por lo cual era imposible saber a qué cofre pertenecían. A Aran, sin embargo, le había tocado una cuya procedencia sí conocía, pues había visto a su superior probarla en uno de los cofres en la cubierta del barco.
 
Le causaba escalofríos saber la importancia de la carga, pues el puerto nunca había poseído la mejor de las reputaciones en cuanto a seguridad, ¡si ni siquiera habían guardias aparte de ellos! La lluvia, además, tenía a los integrantes del escuadrón un tanto separados. Sus compañeros habían tomado refugio detrás de los carromatos y las cajas apiladas, y tan solo se trataba de unos pocos afortunados los que habían conseguido este privilegio. El resto, quienes no habían subido al barco, debía aguantar el empaparse por completo, siendo Aran uno de ellos. Por el momento el temporal no amainaba, y todavía quedaban muchas carretas por cargar.
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Mensaje por Invitado Dom Jul 10, 2016 7:24 pm

El joven ladrón se acuclilló en el borde del tejado a dos aguas, justo donde se encontraba la viga del medio, y observó hacia abajo con una sonrisa y una mirada como zorro. Caía una cortina de agua bastante densa por lo que las gotas se escurrían por entre sus ropas empapadas y su largo cabello, sin embargo a él eso no le importaba.

Aquel clima era idóneo para una cacería pero nunca había que subestimar a la naturaleza, pues a la vez podía ser igualmente traicionero. Aquella cortina generaría como una bruma que dificultaría la velocidad, eso le permitiría huir, pero a la vez el terreno empapado y las calles harían que la movilización fuera difícil y tenía que descartar el poder trepar muros o meterse en lugares estrechos. Todo eso contando que podría andar por lugares adoquinados y no dejar huellas que podrían ser seguidas con facilidad en el barro.

Abajo estaba su objetivo: una serie de cofres traídos de un barco. ¿Por qué eran sospechosos? porque estaban protegidos por soldados, lo que claramente indicaba que tenían un contenido valioso. Si no eran finas especias o telas de mucho valor podían ser provisiones o armas. Demonios, si el grupo Celes hubiera estado allí con él entonces aquel atraco sería más sencillo. Pero no importaba, hacerlo solo era más arriesgado, le generaba esa emoción que lo hacía sentir vivo y, si lograba llevarse algo, no tendría que compartirlo.

Pero volviendo a su estrategia: mientras estaba buscando una manera de subirse a los tejados del puerto para poder ver mejor la escena descubrió que los cofres estaban firmemente cerrados con llave. Por supuesto, él como buen ladrón ya sabía cómo burlar todo tipo de cerrojos pero ¿para qué molestarse teniendo una llave a mano? Lo había visto a uno par de caballeros mostrándoselas entre si, lo que derivaba a tres opciones: O todas las llaves abrían todos los cofres y era una trampa para atraer a delincuentes como él, o sólo una abría todos los cofres y las demás eran falsas, o había una llave para cada cofre y estaban mezcladas. Si era esto último, sería un dolor de nuca.

Su intención, de todos modos, no era tanto el robar en sí sino crear disturbios entre todos esos hombres que llevaban los cofres con esfuerzo y los cargaban en los carromatos un poco más adelante. Cada carro estaba llevado por un caballo.
Observó los que cofres que quedaban, los intervalos y dónde estaban posicionados los carros. Sólo cuando trazó su plan se puso de pie, ató su cabello empapado en una coleta con una cinta y dio la vuelta. Su primer objetivo eran un par de guardias que, en su ronda, se habían adentrado en el callejón entre el almacén en el cual él se encontraba y el próximo.

—Que divertido —canturrió el joven calculando su salto.

Los dos guardias se acercaron hablando con sus lanzas, Luka saltó y aterrizó con ambos píes en la espalda de uno. Sus movimientos fueron gráciles y entrenados, como si hubiera hecho aquello toda su vida. Tomó la lanza del caído con la inercia que lo dejó en cuclillas y, de un sólo movimiento, golpeó con la punta plana la base del estómago de su compañero. Este, tras soltar un quejido de dolor, cayó al suelo inconsciente con los ojos abiertos y baba saliendo de su boca.

El hombre que tenía bajo sus pies embarrados llamó a su colega por su nombre en un grito, pero Luka lo silenció pegándole con la lanza y dejándolo también en brazos de morfeo.

Con las manos ágiles dignos de su profesión, el muchacho dejó el arma y  tomó las dos llaves que tenía cada uno y usó la cortina de lluvia para escapar de la escena, dirigiéndose hacia la salida contraria a donde se encontraba el resto de los soldados.

Tenía dos, sólo necesitaba un par más como para probar suerte y, luego de eso, comenzaría lo verdaderamente interesante. Por el momento, intentaría atraparlos uno a uno a los más estúpidos.
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Mensaje por Aran Mar Jul 12, 2016 2:34 am

Aran giró la cabeza hacia donde lo había escuchado. Un ruido extraño y distante, ahogado por el chisporrotear de la lluvia. No venía del barco ni de sus tripulantes, estaba seguro. Titubeó un poco antes de dirigirse al soldado más cercano, uno que había conocido en el camino al puerto, y que era oriundo de un pueblo al sur de Begnion. Tuvo que alzar mucho la voz para llamar su atención, pues este último contemplaba absorto cómo se mecían las olas del mar, de color grisáceo oscuro.

-¡Tom! -lo llamó. El muchacho, al oírlo, se acercó a él de manera curiosa. Una vez lo suficientemente cerca como para no tener que gritar, Aran continuó.- Juro que he oído una voz

-Pero si aquí hay muchas voces -le dijo en respuesta.- ¿No te estás preocupando de sobra?

-Pero no se trataba de cualquier voz. Lo he tomado por un grito. -no iba a ceder tan facilmente. Tom no sabía qué decir a continuación, pues era verdad que había estado distraído todo ese tiempo.- ...si se trata de alguien de la ciudad, no podemos ignorarlo. Creo que provenía desde allí. -señaló una calle que no alcanzaban a ver. Tom observó detrás de ellos, y respiró hondamente.

-...De acuerdo, de acuerdo. Espero, eso sí, que nadie nos vea dejar el puesto. -terminó diciendo con una sonrisa a medias. No parecía preocupado, sino más bien agradecido por tener algo interesante que hacer, y no tener que ser una simple decoración lo que quedara del día.

Se adelantó al peliverde, avanzando de manera apresurada. Seguramente esperaba encontrarse con una persona que se había resbalado, o quizás con algún borracho que había sido lanzado fuera de una taberna, nada grave. ¿Quién se atrevería a cometer un crimen cuando más de un centenar de guardias se encontraba en el puerto? Había que estar loco para intentarlo. Aran, en cambio, avanzaba de manera mucho más discreta. Para él la lluvia no era motivo de calma, pues nublaba en gran medida la vista, y si se alejaban demasiado del grupo, sería imposible pedir ayuda si es que la necesitaban. Además, la mitad de los soldados presentes embarcaría pronto, y las fuerzas del grupo en tierra disminuirían considerablemente a la hora de marchar, por lo que cualquier cosa era posible.

Tom se internó en el callejón antes que él, y se detuvo en seco. Cuando Aran se acercó se dio cuenta de lo que sucedía; pudo ver a dos de sus compañeros inconscientes en el lodo, con sus armas en el suelo. Se acercó raudo a comprobar en qué estado se encontraban. No parecían heridos de gravedad, lo que era un alivio.

-¿¡Quién ha sido!? -gritó Tom a sus espaldas.- ¡Ven, seas quien seas!

-Les han quitado las llaves... -susurró Aran, poniendo boca arriba a ambos soldados, quienes no parecían dar indicios de despertar pronto. No valía la pena recriminar a su compañero por el ruido; quien sea que hubiera hecho aquello ya debía de conocer la posición de ambos desde hace ya un largo rato. El peliverde se puso de pie y miró hacia todas direcciones, no encontrándose con nadie a la vista, ni siquiera en los tejados. Si no habían subido, la única vía de escape para el actor de aquella agresión estaba delante de ellos. -...Debemos irnos.

Sin embargo, Tom ya había emprendido carrera hacia delante, gritando "cobarde" al atacante de sus compañeros una y otra vez, sin descanso. Aran no sabía que hacer entonces. Tenía la lanza y el escudo en mano, pero ¿qué tan útiles le serían si se trataba de una emboscada? Fuera como fuera, quien había atacado a los soldados los había tomado a ambos por sorpresa, de eso estaba seguro. Era un punto a su favor.
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Mensaje por Invitado Jue Jul 14, 2016 1:57 am

Luka escuchó que alguien gritaba tras de él mientras estaba escondido tras una gran caja, si no se equivocaba creía que llamaban a alguien "cobarde" aunque por el sonido de la lluvia y la distancia apenas podía entenderse. Frunció el entrecejo y mordió su labio inferior de repente nervioso ¿Ya habían descubierto a los guardias inconscientes? eso era malo, estaba arruinando su plan. De esa manera no podría conseguir las cinco llaves que quería como objetivo y, para colmo, aquella persona se estaba acercando. Podía subirse nuevamente al tejado con las grandes cajas que tenía adelante o continuar por la calle pero si lo hacía acabaría cerca de la zona de embarque y los guardias lo superarían en número. Observó alrededor buscando una nueva salida, sintiendo con gusto que su corazón empezaba a palpitar de emoción.

Encontró una puerta abierta media cuadra más atrás y, arriesgándose, volvió sobre sus pasos para entrar en aquella pequeña caseta.

La cabaña de madera tenía una sola puerta que alguien, muy convenientemente, había olvidado cerrar y una ventana a un lado, cubierta parcialmente por unas cajas de madera viejas. Parecía un utilero o un sitio donde se guardaban trastos que sobraban, el espacio no era mucho con tantos estantes y cosas en una simple habitación pequeña pero al menos parecía ser el único ser vivo, aparte de los insectos, dentro del recinto.

Tomó lo primero que se vio que podría ser usado como objeto contundente, un palo de escoba roto por la mitad, y se pegó a la pared de madera, espiando por la ventana sucia y llena de cajas como podía mientras su cabello atado en una coleta y sus ropas mojaban lo que tenía alrededor.

La voz se hizo cada vez más fuerte hasta que superó el ruido de la lluvia y se hizo audible sin problemas. Vio un movimiento fujaz y, sin siquiera corroborar de quién se trataba, Luka sdio la vuelta, salió por la puerta que había dejado abierta y dio un paso hacia adelante, quedando en cuclillas y alargando su mano con el palo roto.

El soldado tropezó y dio de lleno en el adoquinado con un ruido seco al caer hacia adelante. Luka pensó dejarlo escapar y armar revuelo, pero al ver que tenía su arma desenfundada cambió de opinión en una décima de segundo y, para cuando el soldado logró arrodillarse, el ladrón ya había recuperado su postura y dado una patada certera en la base de la nuca.

Cuando el tercer soldado quedó fuera de combate Luka agradeció al grupo Celes por enseñarle aquellos movimientos. Sabía que eran útiles pero nunca creyó que acabaría usándolos todos en un mismo día. La vida de una persona como él siempre estaba llena de aventuras pero tenía que cuidarse, había sido afortunado por ser perseguido sólo por un guardia.

Sabiéndose afortunado por tener una clase de aventura que lo emocionara como aquella tomó al soldado y lo arrastró hasta el interior de la caseta.
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Mensaje por Aran Dom Jul 17, 2016 1:01 am

Su compañero se había adelantado demasiado entre los callejones de la ciudad. Aran lo seguía de cerca, mirando hacia todos lados, techo; ventanas; esquinas, y cuidándose de cómo pisaba, para no resbalar por error. Tom gritaba tan fuerte que no era necesario verlo para seguirle el rastro, incluso con la lluvia desmenuzando su voz. Por el momento no sucedía nada, era como si al actor del crimen se lo hubiera tragado la lluvia.

Pero entonces, hubo silencio.

Aran detuvo su andar cuando se dio cuenta de que solo escuchaba el agua golpear el suelo, y al viento de la tormenta rugir. Su corazón empezó a latir sonoro y redundante, y la desesperación llegó a su mente, pensando en que ahora se encontraba en desventaja. Saboreó el agua que le corría por los labios, tembló ante el frío; sabía que era demasiado tarde para retroceder. Dio un paso tras otro con mucha cautela, el ritmo siendo marcado por su respiración, y fue entonces cuando lo vio. A unos cuantos metros de donde se encontraba pudo distinguir una figura; era la punta de una bota deslizándose dentro de una cabaña pequeña, la cual era azotada despiadadamente por el torrente de agua. Aran parpadeó un par de veces, incrédulo. No veía a nadie, pero sabía que lo había encontrado, o mejor dicho... habían encontrado a Tom.

Analizó la cabaña : poseía tan solo una puerta y una ventana, la cual por suerte no daba en su dirección. La calle por su parte estaba mayormente descubierta; había una carreta vacía a un costado; unas cajas junto a algunos locales; algunas plantas colgaban de los techos. Aran decidió apegarse al costado de una casa para avanzar de manera horizontal, para así estar lo más cerca posible del lugar. Llamó el nombre de su compañero en un susurro, y no recibió otra cosa que silencio en respuesta. La lluvia se deslizaba por su armadura y se escabullía por sus uniones, por lo que Aran se sentía totalmente empapado por dentro. Su rostro, además, estaba perlado por el sudor. Estaba solo; era el último de sus compañeros que todavía quedaba en pie, y si no hacía algo al respecto, caería junto a ellos.

Una vez cerca, supo que no podía entrar a la casa por la puerta, y mucho menos podía acercarse a la ventana. Intentar entrar a la fuerza le sería imposible. Su única opción, pensó, era delatarse desde aquel punto ciego.

-¡Sé que estás allí! -gritó con todas sus fuerzas, para superar así el ruido de la lluvia.- ¡Sal lentamente! ¡Si no sales, iré a buscarte allí dentro!

No era cierto, no lo era. Todavía no podía creer lo fácil que se había llevado a sus compañeros. Aran apretó la lanza, se le resbalaba de las manos. Tenía los dedos entumecidos de pavor. Hasta entonces su trabajo no lo había obligado a atrapar más que ladrones hediondos a licor, chicos traviesos, el tipo de gente que no se resistía. Pero este era un caso distinto. Si no lo veía cara a cara, sabía que estaba perdido. Por eso mismo no debía mostrarse débil, debía ser hostil, debía provocarlo...

-¡Pagarás por lo que has hecho! -Gritó por última vez. Palpó entonces donde colgaba la llave de su cintura, la encontró y la arrancó; acto seguido se la puso dentro de la bota. No iba a dejar que se la llevara tan facilmente.
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Mensaje por Invitado Dom Jul 17, 2016 12:57 pm

Arrancó la llave del soldado inconsciente que había dejado durmiendo apoyado contra una de las cajas y escuchó la voz de un hombre adulto que provenía del exterior. No lo había escuchado llegar y, para colmo de males, estaba en una situación desventajosa. Irónicamente eso era lo que más le gustaba al muchacho: La emoción de sentirse acorralado, la adrenalina del escape, de superar situaciones de riesgo. Por esa misma razón había seguido los pasos del grupo Celes y había formado su vida de ladrón: Era más fácil encontrar cómo sentirse vivo siendo el malo del cuento.
Suspiró, se apartó algunos mechones de la cara y guardó la tercer llave en uno de los bolsillos de su pantalón, donde tintineaban las otras dos. Dicho eso observó por la ventana pero no pudo ver al soldado que lo increpaba. No podría tenderle una emboscada dentro de aquel recinto, tendría que salir y quedar al descubierto pues aquel perro de la armada era muy cauto. De todas maneras mejor así, si peleaban en un espacio tan reducido estaría en desventaja.

Fue hacia la puerta, salió despacio y la cerró tras si sin dar la espalda. Fue entonces, a través de la cortina de agua, que pudo verlo: era un joven que llamaba por demás la atención pues su cabello era de un tono muy particular. Portaba una armadura que, de seguro, la lluvia le estaba haciendo muy incómoda y una lanza que le ayudaba con su rango. Este chico estaba alerta y armado, lo cual subía la apuesta de que pudiera perder su oportunidad de realizar un atraco decente ¡Mejor así!
Sin embargo, también podía notar que había poca confianza en sus ojos y su tono de voz. En esos momentos no supo definir si era por la cautela o si realmente estaba asustado. En todo caso, parecía inexperto, tal vez podría jugar un poco con él antes de robarle la llave... No. Tenía que dejar de ceder a esas tentaciones. El tiempo apremiaba y tenía una carreta llena de cofres que robar.

—No deberías ladrar tanto, tu amigo está durmiendo —le dijo con una sonrisa señalando con una mano desnuda el interior de la caseta. Tal vez con esa actitud lograra intimidarlo, esa era su intención.

Dio un paso adelante, demostrando que no encontraba amedrentado. Era uno contra uno, ¡que suerte! si más guardias se hubieran dado por enterados entonces estaría en serios problemas.
Desenfundó sus dagas y las puso por delante, uno de sus códigos le decía que si bien era bueno estar alerta él no lastimaría con sus armas a quien no lo hubiera atacado primero. Le daría una chance al caballero solitario:

—¿Por qué no hacemos las cosas fáciles? Me das tu llave sin resistirte y yo no le digo a tu superior que me dejaste ir. ¿Qué te parece? De paso nos ahorramos golpearnos y esas cosas.

Se lo dijo como si estuviera cansado, con una sonrisa socarrona, poniéndose en posición. Si lograba quitarle la llave a este idiota entonces tendría cuatro. Una más y llegaría a su objetivo y, una vez que las tuviera, robaría una de las carretas.
Pero tenía que apresurarse.
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Mensaje por Aran Dom Jul 17, 2016 11:25 pm

Aran apuntó la lanza al extraño apenas vio que salía de la cabaña. Era tan solo una persona la que había salido a enfrentarlo, al contrario de lo que él se había imaginado. Se trataba de un hombre de pelo largo, atado en una coleta, que no llegaba a ser más alto que él mismo ( o al menos eso calculaba desde aquella distancia), y que no llevaba ningún tipo de protección aparente. El soldado alzó también su escudo al centro de su cuerpo antes de que sucediera cualquier cosa. Fue entonces cuando el extraño habló, pero Aran no hizo ademán de verse ofendido por aquellas palabras. Ahora que tenía al actor de los crimines en su campo de visión, sabía que tenía la capacidad de enfrentarlo. No lo atraparía de la misma manera patética con la cuál había hecho caer a Tom y a los otros dos soldados.

Cuando el criminal avanzó, él hizo lo mismo, poniéndose al centro de la calle, con la intención de dominar la misma con la longitud de su lanza. No podía dejar que se acercara, o que escapara detrás de él. Quizás ni siquiera tenía que reducirlo con tal de mantenerlo en aquella posición. En el puerto se darían cuenta de la falta de cuatro de ellos, pensaba, y los buscarían ...o al menos eso quería creer.

El extraño decidió revelar sus armas, lo que hizo estremecer por dentro al soldado. Hasta el momento el ladrón no había causado más que daños superficiales a sus compañeros, pero era imposible saber cuáles eran sus límites. Hizo todavía más firme su posición, doblando levemente las rodillas para que el escudo alcanzara a cubrirlo, y poniendo la punta de su arma a la altura del pecho del enemigo. La lluvia no golpeaba enteramente su rostro debido al casco que llevaba, única cosa que agradecía de su pesada armadura en ese entonces.

-Desearías que fuera tan fácil... -dijo en respuesta, aunque su murmullo fue muy débil y díficil de escuchar.- No le ofreciste lo mismo a los demás, ¿O sí? -esta vez habló con más fuerza, cerciorándose de que lo escuchara. Le sorprendía que no lo atacara primero, y que no hubiera intentado ningún truco al revelarse ante él.

Acto seguido se aproximó, casi corriendo. Atravesó un enorme charco que se había formado entre ellos, cada vez más cerca, sin dejar que flaqueara la lanza ante la lluvia. "Las lanzas son útiles porque son largas", había dicho una vez el instructor. "Pueden ir fácilmente a la cara, al corazón, o a los pies del contrincante". Había aprendido por las malas el alcance de una lanza de bronce, que, a manos de un experto, era un arma tan de temer como cualquier hacha o espada.

Aprovechó que la calle se hacía estrecha, pues se encontraba una carreta a un lado de ellos, para intentar dar el primer golpe, adelantándose con una sola pierna para no perder terreno. No sostenía la lanza desde el borde, pues quería darle la ilusión de que la distancia que podía alcanzar era menor a la verdadera. Lanzó su afrenta de manera horizontal, sin la intención de perforar o hacer un daño grave, y lo más rapido que pudo. Lo obligaba a retroceder.
Aran
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Mensaje por Invitado Lun Jul 18, 2016 12:21 pm

—Es que me siento generoso —mintió el bandido encogiéndose de hombros sin haber podido escuchar lo que el joven había murmurado con anterioridad. Bien, al menos esa respuesta le dejaba claro que aquello era un no por respuesta pero había sido esperable, todos los perros actuaban de esa manera: cosas de honor y lealtad que él no entendía, en especial a sabiendas que cualquiera podía traicionarte de un momento a otro, así eran las razas en ese mundo ¡Los humanos ni hablar!

Sonrió al ver que el otro imitaba su paso y perdía el miedo para transformarlo en fortaleza, acomodando su escudo y su lanza. Por un momento permanecieron allí, estáticos y eso le dio tiempo suficiente para que Luka analizara la situación porque, claro, amaba meterse en problemas y experimentar la adrenalina que le causaba estar en una situación difícil, pero en esos momentos se las veía negras: estaba en extrema desventaja.

Primero que nada estaba la lanza, aquella arma tenía mucho más rango que sus cortas dagas, por muy largas que estas fueran para ser armas comunes. Nunca había peleado con un lancero, pero sabía a ciencia cierta que aquel palo con hoja en su punta podía engañar al enemigo y golpear como una serpiente. Tal vez por el peso de la armadura y la lluvia no pudiera llegar a sobrepasar sus reflejos de zorro, pero en el hipotético caso de poder bloquear, desviar o esquivar el arma mortal tenía un segundo problema: el escudo.

El soldado tenía muy buena posición y el escudo incrementaba sus defensas. Sabía desde un primer momento que no podría atravesar su armadura de manera tan fácil y si encima le tenía que sumar eso era casi impenetrable. Para colmo no había visto que el joven tuviera una llave como para poder arrebatársela. Hasta aquel momento todos los demás guardias la habían tenido colgando al cinto pero este era una excepción, tal vez no le habían dado una después de todo. Mala suerte.

Analizando todo aquello Lukardia supo que no tenía razones para pelear con aquel hombre, al menos no otra que no fuera la diversión propia. Pero no tenía tiempo para eso, tenía un carro lleno de cofres que robar y luchar contra alguien teniendo las de perder no era su estilo. Otra de las leyes de su libro de ladrón era "no pelees en batallas que no puedes ganar", tendría que contener su emoción por una lucha para cuando hubiera cumplido su objetivo. Una pena.

Observó su entorno y notó que el hombre se lanzaba hacia adelante. No tenía lugar al cual huir, un carro le cortaba el camino a un lado y las paredes de la caseta al otro, no le quedó otra que ir hacia adelante y pateó el suelo con su zurda para lanzarse en una carrera directo a la lanza. Cualquiera diría que estaría loco, que quería morir empalado, pero Luka tenía un plan.

La vio cerca y aquello lo llenó de emoción. Cuando la punta brillante del arma estaba por tocarlo se dejó caer de manera inclinada dando un pequeño salto. El gran charco de agua que se encontraba en el camino hizo las de deslizador y no sólo llegó a donde el hombre esquivando su ataque, sino que siguió de largo.

Sin perder el ritmo, poniéndose de pie lo más rápido que pudo a causa de las ropas mojadas y el piso lleno de agua, el bandido echó a correr en dirección contraria.

—¡Adiós, Fido!

¡No es que estuviera huyendo! Era simplemente una retirada estratégica.
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Mensaje por Aran Mar Jul 19, 2016 1:02 am

Creyó que se movería para esquivar. Es lo que hubiera hecho cualquiera en los entrenamientos, era una reacción natural de sorpresa. Sin embargo, quien terminó sorprendiéndose fue él, al ver que de un momento a otro el ladrón había desaparecido del alcance de su lanza. Escuchó cómo se deslizaba por el agua, pero no supo cómo. Se giró cuando escuchó que estaba detrás de él, pero era demasiado tarde para atraparlo, pues había puesto pies en polvorosa sin siquiera atreverse a contraatacar. Aran decidió ir tras él de todas maneras, pero su equipamiento pronto le supuso un incordio. El soldado tiró la lanza, el yelmo, y el escudo al suelo para perder peso, cuidándose de no perder de vista al extraño. Sin embargo sus pies le fallaron, y casi cayó de cara al suelo, salvándose solo por sus reflejos. El cabello mojado cayó sobre su frente, pero lo ignoró. Quería gritar, pero no podía dejarse llevar por la incoherencia, debía pensar algo antes de que fuera demasiado tarde.

Fue entonces, en aquella pequeña fracción de segundo, que recordó algo importante. El ladrón, ¿qué quería el ladrón? ¿por qué no había intentado noquearlo? Era porque no valía la pena. Debía hacer que valiera la pena entrelazarse en combate, sin importar quién saliera ganando.

Aran fue en dirección a su bota derecha, lugar donde había puesto la llave.  Metió los dedos fríos dentro de ella y sacó el objeto de un tirón. Se levantó apresurado, alzó la llave en lo alto e inspiró aire hasta llenarse los pulmunes.

-¡AQUÍ ESTÁ LA LLAVE! -gritó, raspando su garganta.- ¡SÉ A QUÉ COFRE PERTENECE! ¡SI LA QUIERES, VEN A POR ELLA!

Indiferente si es que el bandido lo había escuchado o no, el soldado recogió su lanza y su escudo, y corrió a la misma cabaña de antes. Abrió la puerta y entró, viendo primero que nada a su compañero, quien seguía dormido. Tal como había supuesto no tenía su llave. Revisó rápidamente si es que había sufrido algún daño, pero Tom parecía estar en buenas condiciones. Bien sabido su estado, Aran salió hacia afuera una vez más, confiando en que su voz había alcanzado los oídos del extraño. Tenía su propia llave entre dos dedos, en la misma mano en que sostenía la lanza. Decidió ponerla en un lugar que estuviera a la vista, pero que no fuera fácil de arrebatar, y ese lugar era la cinta que sujetaba la porción de armadura de su antebrazo. Estaba apretado con firmeza, así que podía confiar en que no se caería.

En lo que no podía confiar era en que si el ladrón le había creído. Era cierto que sabía a qué cofre pertenecía su llave, ¿pero sería capaz de tragárselo? Aran no sabía si el bandido había cuestionado a los otros sobre las cerraduras. Ellos no lo sabían, él era el único. Era el cofre redondo y grande, desde lejos se notaba una protuberancia en su soldadura. Si el ladrón lo vencía se lo diría, pero primero tendría que obligarlo a hacerlo. Con esto en mente se decidió a peseguirlo una vez más, con la misión de detenerlo incluso sin haberlo convencido. Si no llegaba a encontrarlo, iría de vuelta al puerto y avisaría a todo mundo de la situación, antes de que volvieran a atacar a uno de ellos. Sus intenciones serían suficiente motivo para que de todas maneras el ladrón quisiera detenerlo.
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Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] Empty Re: Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado Mar Jul 19, 2016 11:00 pm

El grito fue audible y las palabras claras. Luka trastabilló y casi cae de cara al suelo cuando el hombre le dio justo en donde quería, llamando su atención por completo.

Se volteó llevado por la curiosidad y vio que el muchacho tenía la llave en su mano, refulgía con una plata reconocible, incluso por la lluvia y la distancia. Había creído que no tenía ninguna de ellas porque no la llevaba escondida, pero aquel perro astuto seguramente la había ocultado para evitar que se la robaran. En esos momentos supo que ya no podía simplemente huir, la carnada era evidente y la trampa más aun. Eso, o que simplemente era alguien demasiado estúpido.

Pero a la vez era una presa fácil. Por más desventaja que tuviera con el escudo y la lanza al menos él estaba solo. Si lo dejaba libre posiblemente fuera a buscar refuerzos y su plan se viera arruinado. Si era tan honorable como para declararle un duelo como había hecho entonces podría formar un pacto con él. Bien, había conseguido lo que quería: su interés había regresado, la adrenalina de un encuentro difícil hacía que tuviera ganas de saltar en el lugar y la lluvia no parecía querer amainar pronto, el cielo continuaba igual de oscuro.

Ensanchó su sonrisa y dio media vuelta, regresando sobre sus pasos. Había recorrido una buena distancia creyendo que aquel hombre saldría tras su persecución pero la mesa se había dado vuelta y ahora ya no sabía si se enfrentaba con un perro o con un conejo. ¿Quién sería el cazador y quien la presa? aquel juego lo llenaba de entusiasmo y, si ganaba, no solamente se llevaría una carreta llena de cofres que podría entretenerse abriendo más adelante, sino que aparte tendría por seguro que uno se abriría. No podía perder aquella apuesta.

Para cuando el soldado salió de la caseta,l muy seguramente para comprobar que su compañero estaba a salvo, Luka ya estaba a una distancia prudente, nuevamente en el sitio. No había necesidad de perseguirlo, la tentación había sido demasiado grande, sin contar que no podía darse el lujo de ser descubierto por las grandes fuerzas aún.
Revisó al muchacho para ver si no había escondido la llave tras la puerta cerrada y se deleitó al encontrarla atada en la muñeca del joven, aquella cuya mano llevaba la lanza. Era un buen sitio, no iba a negarlo. Acercarse a ella para tomarla era complicada, pues la mano del arma siempre estaba en movimiento y aquella, en particular, se favorecía con las distancias. Sin embargo nada era imposible y él lo sabía. Encontraría una manera.

—Te doy un punto por saber cómo llamar la atención —lo elogió separando ambas piernas para darse estabilidad—. Pero si eres tan honorable como dicen no me culpes cuando tengas que cumplir tu parte del trato luego de que juegue contigo.

Llevó una de sus dagas hacia arriba para apoyar la parte roma sobre su hombro zurdo, la otra mano la dejó relajada a la altura de la cintura. Estaba lleno de aberturas, pero mostraba una mirada enfocada y una sonrisa socarrona. Es una invitación a que el otro atacara primero si así lo deseaba, una manera de provocarlo para que comenzara a cometer errores.
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Mensaje por Aran Jue Jul 21, 2016 1:38 pm

Aran no halló manera de expresar su sorpresa al ver en frente suyo al mismo individuo que antes había intentado huir de él. Detuvo su carrera de inmediato, y lo observó de pies a cabeza, boquiabierto. Le había creído... ¿cómo es que le había creído? Sus palabras habían sido desesperadas a más no poder, y la promesa demasiado riesgosa para cualquiera. Que hubiera sido capaz de volver no hacía más que justificar lo que el soldado ya creía; aquel hombre no tenía límites para su ambición.

Aran permaneció de pie bajo la lluvia, cuidándose de actuar presurosamente. El frío, que hasta entonces le había calado hasta los huesos y lo hacía castañetear los dientes, comenzó a desvanecerse ante un repentino fuego dentro de sí. El soldado poseía una mezcla acalorada y repugnante de emociones en su cuerpo, ira y miedo tomadas de la mano, confusión y sorpresa por doquier. Sin embargo, algo podía rescatar el peliverde de aquel caldo, y ese algo era que no sentía ni una sola pizca de empatía recorriéndole la sangre. No  podía ver otra cosa en aquel hombre que la imagen de un malviviente que, aunque no se hubiera llevado la vida de sus compañeros, sería capaz de hacerlo si le suponía un beneficio. Para el soldado no llegaba a ser diferente de cualquier bárbaro, siendo la única diferencia que en vez de un hacha, llevaba un cuchillo al hombro. Tenerlo allí, a tan solo unos pasos de su persona, significaba tan solo una cosa para Aran: podía detenerlo, y no con su lanza, sino con aquella tentación, con la llave que todavía poseía, y con su secreto. El tiempo corría.

-Te darás cuenta de que no parloteo tan fácil como tú.-dijo, frunciendo el ceño, y sin quitarle sus ojos claros de encima.- ...te costará ponerme esa daga en el cuello.

Adoptó una vez más su posición de manual, única que conocía, con su escudo en frente y su arma apuntando hacia delante. Sin embargo, esta vez había algo de duda en su postura. El soldado ya había tanteado un poco del estilo de lucha de su contrincante, y sabía bien que la postura ortodoxa era demasiado rígida y estática, útil en el campo de batalla, pero no en aquel escenario. Fue una revelación que llegó a sufrir; había entrado en terreno desconocido. Aran simplemente no podía obligarse a dar otro paso, a intentar mantener la distancia como antes. Miró su brazo izquierdo, que estaba ocupado por el escudo, y lo dejó caer como si se tratara de una roca. El metal cayó y salpicó agua a sus pies, dando cuenta de su enorme peso. Aran, ahora desprotegido del lado izquierdo igual que el derecho, llevó ambas manos a la lanza, y dobló sus rodillas, apuntando firmemente hacia su enemigo.

-¿Quién dice que iré a entregarte la llave en la mano? -dijo, aunque sin demostrar burla en su hablar.

Tenía la mano derecha en la punta inferior de la lanza, y la derecha puesta en la mitad de la misma. Su rango de ataque se había ampliado bastante, y sus movimientos se había hecho, por supuesto, más ligeros.
El bandido, por otra parte, seguía pareciendo un blanco gigante al cual ensartar la lanza, una ilusión que era su mayor ventaja. Por supuesto no era invulnerable, ¿pero cuáles eran sus verdaderos puntos débiles? El tiempo seguía corriendo.
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Mensaje por Invitado Sáb Jul 23, 2016 4:19 am

Luka hizo girar la daga en su mano de manera despreocupada y soltó un silbido de admiración un poco exagerada, aquel muchacho se había desecho de su escudo, aquella defensa impenetrable y el mayor problema para Lukardia, en pos de ganar un poco más de estabilidad y ligereza para sus ataques. Era cierto que aquello podía ser igualmente peligroso y hasta mortífero pues una lanza bien empuñada podía ser muy engañosa, pero en agilidad de movimientos muy pocos le ganaban al bandido y esa era la razón por la cual no necesitaba ningún tipo de protección: El sobrevivir en las calles, el robar para subsistir, luego por diversión, las peleas constantes y el hecho de que la mitad de su sangre fuera kitsune le daban la ventaja. No hacía falta tener una defensa si el enemigo no podía darte, en especial cuando te enorgulleces de tus reflejos pero, a cambio, atravesar otras defensas se le hacía un poco complicado, lo suyo eran los ataques sorpresa por la espalda, no ese tipo de batallas.

Sin embargo, como una ironía, aquellos duelos eran lo que más le emocionaban y no iba a decirle que no a un reto como aquel.

Observó con detenimiento a su enemigo, por su postura recta y casi perfecta se notaba que tenía un buen entrenamiento que sabía usar el arma en sus manos. Ambas manos en la lanza le daban fuerza y también libre maniobravilidad, tendría que tener cuidado con eso, pero aun así su estado defensivo y el cuidado con el cual trataba en el enfrentamiento le hacía creer al de cabellos oscuros que tenía inseguridad, tal vez un dejo de miedo, al encontrarse en aquella situación ¿nunca antes había peleado a muerte con nadie? esas cosas solían pasar en la milicia, donde todo era vino y rosas y nadie salía herido de verdad a menos que se enfrentaran a situaciones como aquella, las cuales muy posiblemente ocurrían rara vez.

—Voy a quitártela, soy un ladrón después de todo —le dijo sin rodeos caminando unos pasos a un lado en un semicículo con calma.

Al menos eso hizo hasta llegar a donde el muchacho había dejado tirado su yelmo. Se posicionó de atrás, levantó una pierna y lo pateó en dirección a la cara del enemigo con todas sus fuerzas. El objetivo era una distracción, fuera bloqueado, esquivado o golpeara eso le ganaría unos segundos, los cuales utilizó para lanzarse hacia adelante con el cuerpo agazapado. Luka era zurdo por lo que aprovecharía aquello, desviaría la lanza con la daga en su izquierda e intentaría alcanzar la llave en la muñeca contraria con la diestra, estaba seguro que de un simple tirón podría arrebatársela.
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Mensaje por Aran Sáb Jul 23, 2016 7:32 pm

El soldado siguió al ladrón durante todo su movimiento, sin cerrar los ojos ni un instante. Sostenía la lanza con tanta fuerza, que, aunque quisiera, Aran se sentía incapaz de soltarla; ni siquiera la lluvia era ahora capaz de hacerla resbalar de sus dedos. Intentaba predecir entonces lo que su contrincante haría, aunque definitivamente no era un buen lector, pues no se le ocurría bien qué podía hacer el bandido andando en semicírculo. Tiempo atrás el instructor se lo había hecho saber en cara, de manera que se le quedara grabado para siempre, y le había sugerido no intentarlo,  que era preferible que se enfocara en lo que era bueno, y esa cosa era aguantar cualquier afrenta hasta el momento oportuno del contrataque. Aran, aun así, parecía reacio a darle una oportunidad a esa técnica.

No tuvo éxito. Ni siquiera se había acordado de haber dejado el yelmo en el suelo. Tenía la mirada clavada de tal manera en su oponente que tan solo fue capaz de ver su casco cuando estaba a centímetros de su rostro, tan solo como una gran mancha grisácea. Aran instintivamente se recogió sobre sí mismo, de manera que el objeto chocó contra su hombrera y rozó levemente su cabello, saliendo disparado unos metros hacia atrás. Sus reflejos lo habían obligado a cerrar los ojos, pero se obligó a abrirlos con toda su voluntad. Cuando lo hizo se dio cuenta de era demasiado tarde, y el bandido había aprovechado para traspasar gran parte de su defensa, estando ahora demasiado cerca de su cuerpo. Quiso golpearlo con la lanza, pero el soldado tuvo la sensación de que estando tan cerca y desde ese ángulo no sería efectivo hacerlo ( su posición no le permitía hacer un golpe en forma de arco hacia su izquierda, sino que priorizaba la amenaza con la punta afilada). Además, el ladrón tenía alzada su daga, y la había puesto en el camino de su lanza. Por tomarlo de improvisto sería capaz de desviarla al menos un poco.

Quería quitarle la llave rápidamente, de eso podía estar seguro. Para hacerlo tenía que alcanzar su mano derecha, la cuál sostenía la punta inferior de la lanza. Aran apegó esta mano contra su cuerpo, y para repeler al ladrón, no hizo otra cosa que intentar darle con un rodillazo de su pierna izquierda. Después del rodillazo, aprovecharía de su posición para intentar golpearlo con el palo de la lanza, aproximándose, así pudiendo alcanzarlo también con su codo derecho y el otro extremo del arma, el cual también poseía una punta (aunque, por supuesto, mucho más corta). Esta acción lo dejaría con la lanza apuntando en diagonal hacia arriba, pero bastaría para alejarlo -al ladrón- de su espacio. Mantenía su brazo lo más apegado a su cuerpo posible, no iba a abrir ese flanco con facilidad.

Si le daba el respiro merecido, Aran volvería a apuntar su lanza hacia delante.
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Mensaje por Invitado Dom Jul 24, 2016 12:28 am

Por suerte su distracción dio resultado. No pegó en la cabeza de su enemigo como tenía planeado, pero al menos le otorgó el tiempo suficiente para acortar las distancias. Una lanza era buena cuando el rango era amplio pero cuando este se reducía casi a cero era difícil maniobrarla y hacer que diera en el blanco con sus filosas puntas. Estiró la mano lo más que pudo y se llenó de emoción al verlo tan cerca, pero lejos de su expectativa el hombre se retrajo alejándola de su alcance, la mano del ladrón se cerró en el aire apenas rozándola y aun agudo dolor en el estómago hizo que mantuviera la respiración y retrocediera un paso.

Había subestimado al muchacho. Al no tener el escudo aquello le daba más libertad de movimiento y, así como él solía hacer, no era necesario atacar sólo con un arma, el cuerpo existía para moverlo y, bien usado, podía ser algo muy útil en situaciones como aquella. Tenía que darle puntos no solo por haber superado su ataque sorpresa, sino también por haberle podido asestar un golpe nada agradable.

La rodilla del caballero se retrajo tras el golpe certero y Luka notó cómo rotaba la lanza, bloqueó un empuje con el palo y predijo un nuevo ataque con la parte trasera del arma y el codo casi a la vez en un movimiento ascendente. Desde esa ventajosa distancia no podía bloquearlo nuevamente, no sin que saliera herida su mano libre. Su cuerpo, en un movimiento instintivo, saltó hacia atrás volviendo a crear una distancia prudente.

Cuando notó que había perdido la ventaja no pudo evitar sonreír con sorna, darse cuenta de su estupidez y soltar una maldición. Era increíble cómo odiaba haber cometido un error como aquel y también como disfrutaba del reto. Con el dorso de la mano removió el agua que le molestaba en los ojos a la vez que recuperaba el aliento y notaba cómo su enemigo regresaba la lanza a una posición ofensiva, con la larga punta por delante. Había perdido una buena oportunidad, estaba seguro que no podía volver a distraerlo para acercarse, los trucos no solían funcionar dos veces con la misma persona, a menos que fuera una sumamente estúpida.

Afiló su mirada, sus ojos violáceos parecieron volverse negros a la vez que la sonrisa se ensanchaba. Separó sus pies y le hizo una seña con la mano libre para que lo atacara. Sabía que de hacerlo él no obtendría nuevamente la ventaja, pero si él no podía acercarse por culpa de aquella arma entonces haría que el otro se acercara. Su capacidad de observar los movimientos y su destreza de zorro jugaban a su favor.

Todavía podía jugar un poco más con ese sujeto.
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Mensaje por Aran Lun Jul 25, 2016 8:56 pm

Viendo que su defensa había resultado, y que había sido capaz de asestar al menos un golpe a su oponente, Aran tuvo la vaga esperanza de vencer en aquel combate. Sin embargo, el soldado estaba enfocado de tal manera en los hechos que le era imposible expresar alguna emoción al respecto, como si se encontrara en trance. El ladrón, herido, se alejó de él y evitó que los demás golpes del soldado con su lanza conectaran, lo que recordaba a Aran de su asombrosa agilidad, digna de alguien también entrenado para el combate. No debía subestimarlo tan solo por ser el primero de ellos en causar daño, el otro no había perdido la voluntad de pelear, y no parecía debilitado ni dispuesto a huir.

Aran permaneció en su posición ofensiva, atento a cualquier otro truco que lo pusiera en peligro. Sentía la sangre fluir dentro de él a un ritmo frenético, ignorando en gran medida el cansancio que ya sentía desde antes del combate. Desde un principio el viaje hacia el puerto lo había agotado hasta la extenuación, y por lo mismo había querido retirarse tiempo atrás, antes de que Tom cayera junto con los otros. Pero ahora era irrelevante.

Su oponente lo miraba con una sonrisa incomprensible, sin flaquear, y sin atreverse a incursionar de nuevo cerca suyo. Lo que quería, sin duda alguna, era que el soldado ocupara el siguiente turno para aproximarse, cosa que Aran hizo con lentitud y lanza en mano. Pisó por encima de su escudo y lo alejó de ellos con un desliz de su pie, para así limpiar el terreno en el que luchaban. Acto seguido decidió rodear un tanto al enemigo, de manera que las espaldas de ambos dieran a ambos lados de la calle donde se encontraban los edificios, y una vez en esa posición, cargó por fin dando estocadas, intentando no dar un respiro a su oponente no importando la dirección en que se desplazara. Su plan era acorralarlo contra una casa, que intentara esquivar hacia los lados, y que quizás tropezara gracias a la humedad contra algún escombro, para así estar indefenso. Su lanza estando extendida alcanzaba fácilmente las paredes de los edificios, por lo que podía acosar a su contrincante fácilmente.

Aran, si es que llegaba a impactar la lanza en el enemigo con su persecución, no apuntaría a sitios vulnerables. Nunca, desde un principio, había planeado infringir daños mortales al bandido; ni siquiera pensaba en tener la oportunidad de ocasionarlos. Al ser atacado, su oponente se daría cuenta de estas restricciones con facilidad, pues el soldado no planeaba ocultarlo. Era un tanto rebelde en ese aspecto, siendo que el entrenador recomendaba acabar con una vida antes de perder la de uno mismo, habiéndolo mencionado incontables veces a sus reclutas.
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Mensaje por Invitado Mar Jul 26, 2016 2:17 pm

Luka tenía que ser honesto consigo mismo, Había subestimado los movimientos de su enemigo que, respondiendo ante su provocación de acercarse, fue directo contra él, obligándolo a retroceder.

Aquel hombre retiraba y volvía a asestar la lanza, obligando a Lukardia no solo a dar pasos hacia atrás teniendo cuidado de su estabilidad en el terreno mojado sino también esquivando los estoques que se sucedían a gran velocidad. Notó que muchos de ellos estaban dirigidos a sus piernas y sus brazos, sus hombros y sectores abiertos para moverlo en la dirección que el hombre deseaba, se notaba que sabía usar su arma y lo demostró aumentando gradualmente la velocidad al punto de dejar un pequeño corte en una mejilla y en el brazo derecho del bandido.

Él no se dio por enterado. Le escocía, pero sabía que distraerse podía llevar a ser atrapado y, de todas maneras, así era mucho más interesante. O al menos lo fue hasta que llegado un punto, luego de esquivar y bloquear varios ataques, que chocó contra la pared de uno de los depósitos. Cualquiera podría sentirse amedrentado al estar en tal situación, entre la lanza y la pared de manera bastante literal, pero no el bandido, al cual le agradaban aquellas situaciones de extrema desventaja. La adrenalina subió por su cuerpo y sonrió a la vez que afilaba las miradas. Los zorros eran astutos por algo.

Espero a que el joven diera una nueva estocada, apostaba que al tenerlo contra la pared esta tendría más fuerza y, por lo tanto, sería un golpe más lento. Observó la punta, la esquivó y con su diestra tomó el palo justo por debajo del filo, aferrándolo lo más firme que fue capaz.

Habiendo inmovilizado el arma de nuevo y estando en rango Luka se decidió a no soltarlo pasara lo que pasase, no podía volver a perder aquella ventaja, por lo que usó un truco similar al que su enemigo había usado con anterioridad y usando el agarre del arma como sostén elevó una pierna para darle una patada a la altura de la boca del estómago con intenciones de cortarle la respiración al menos un segundo y quitarle la llave que estaba sólo a un brazo de distancia o, al menos, sacarle el arma y dejarlo desprotegido.
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Mensaje por Aran Miér Jul 27, 2016 4:58 am

Hacía todo lo que podía, aunque era cierto que no recataba en energías en su ataque. Aran no pensaba en guardar fuerzas y velocidad, y por lo mismo era capaz de alcanzar al ladrón, cosa que iba a acabar muy pronto yendo a ese ritmo. ¡Pero no había otra manera de obtener la ventaja! De esto estaba muy convencido, y todavía más al ver que había logrado rozar la piel del extraño con la hoja de la lanza. Tan solo faltaba un poco para hacerlo caer, para amedrentarlo y detener aquella batalla sinsentido.

Y sin embargo, al momento de ocurrir lo que esperaba, teniendo el filo de su arma a centímetros de inmovilizar a aquel bandido, pudo ver el fallo en su estrategia.  Su último golpe fue tan lento, tan pesado, que incluso Aran fue capaz de predecir lo que sucedería a continuación. El bandido aprovechó aquel momento de debilidad para agarrarse a su lanza, cosa que congeló el ataque del soldado. Este último estaba seguro de que con su fuerza podría arrebatársela de las manos, pero no tuvo tiempo de reaccionar, pues el golpe que le propinó el bandido lo dejó paralizado. Sintió cómo algo se le enterraba debajo de las costillas, justo entre medio de su coraza, haciéndole un gran daño. Sus piernas flaquearon, pero no su brazo. Por esto mismo, lo que ocurrió fue que Aran trastabilló, y cayó apoyando la rodilla izquierda en el adqoquín empapado. Ambos manos seguían sujetadas a la vara, tirándola hacia abajo, y llevándose al bandido con él si es que seguía sujetándola, aunque sin hacerlo caer.

Seguramente le había quitado la llave. Su mano derecha estaba desprotegida y separada de su torso, y no había manera de que lo hubiera podido detener. Efectivamente, así era, pues ya no la veía. El soldado gruñó entre dientes ante el fallo, pero no dijo nada. Que perdiera la llave no significaba que fuera a dar a conocer el cofre al que pertenecía. Aran aprovechó la situación para zafarse definitivamente del bandido, jalando con todas sus fuerzas la lanza, y poniéndose de pie lo más rápido que pudo. Su pose ofensiva, eso sí, estaba destruída. Aran chocó contra una pared de ladrillos tras utilizar su fuerza, y respiró agobiado. Fue entonces cuando un trueno hizo eco en el ambiente. La lluvia comenzó a caer de manera directa contra el rostro de ambos, como pequeñas agujas provenientes del cielo.

Incluso con aquella tormenta, capaz de llevarse toda una flota, el barco de Begnion anclado al puerto seguía teniendo intenciones de zarpar. Eso sí, cuando la tripulación ya se despedía de tierra firme sucedió un hecho insólito; dos soldados, ambos sosteniéndose el uno del otro, caminaban a paso letárgico hacia el pequeño ejército que allí descansaba. Cayeron en brazos de sus compañeros, y murmuraron a duras penas que un asaltante había robado sus llaves durante una emboscada. Los soldados no tardaron en agruparse, para así dirigirse en dirección a los suburbios. En ese entonces no había manera de que ellos supieran lo que ocurría en aquel callejón, donde dos hombres luchaban ajenos al mundo.
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Mensaje por Invitado Miér Jul 27, 2016 5:04 pm

Su golpe traspasó las defensas del muchacho y dio en el blanco, logrando su objetivo. Él retrocedió y aprovechó para dar un tirón e intentar quitarle la lanza pero, sorprendentemente, no pudo y fue arrastrado con el hombre que cayó sobre una rodilla, quedando el ladrón inclinado hacia adelante. Se dio unos segundos para ver anonadado la fortaleza de aquel hombre que no había soltado su arma a pesar del dolor y entonces estiró la mano con la daga y le arrancó la llave.

El lancero dio un tirón brusco, zafándose de él y se alejó hasta dar contra la caseta en la cual su compañero continuaba dormido. Lo observó mientras intentaba recuperar el aliento, un trueno cruzó el aire y la lluvia que había amainado volvió a alzarse con más fuerza, por unos segundos solamente pudo escuchar su propia respiración agitada y la de su enemigo. Al menos hasta que algo a su derecha le llamó la atención.

Se volteó para ver cómo un grupo de soldados gritaba el nombre de algunas personas y daban instrucciones, estaban lejos y no podía verlos por la lluvia, pero llegarían en cualquier momento. Se le había acabado el tiempo.
¿Qué haría entonces? Tenía cuatro llaves, podía ir al centro del puerto y robar una de las carretas, pero eso no le aseguraba que los cofres ya no hubieran sido trasladados al barco, o que alguien más los hubiera robado. Eso sin contar que él se encontraba cansado y los guardias ya estaban alertas.

Relajó su postura, guardó su daga y soltó un profundo suspiro. Dejó su peso sobre una pierna y rebuscó en los bolsillos de su pantalón a la vez que con la mano libre se limpiaba la sangre de la mejilla. Luego lanzó las cuatro llaves a los pies del caballero, que continuaba con su defensa rota y tratando de recuperarse. Las piezas de metal repiquetearon en el suelo adoquinado.

—Es un empate —le dijo antes de voltearse. Lukardia había logrado quitarle la llave, pero a cambio no había llegado a tiempo. Pensó que con sus habilidades y un ataque sorpresa podría robar un buen botín y a la vez sentir la emoción de haberle ganado a una jauría siendo solamente una persona. Más que el dinero quería alimentar su ego y divertirse un rato imponiéndose un reto lo suficientemente grande como para sentirse vivo. Creyó que en aquellos cofres podía estar lo que buscaba... aun lo creía, pero no tenía pruebas. Nunca creyó que uno de esos perros sería lo suficientemente habilidoso como para hacerle frente.

—Puedes quedarte con el crédito esta vez, Fido —le dijo haciendo un ademán y alejándose de él—. Pero yo que tu vuelvo rápido. El lugar está infestado de piratas y ustedes son tan invisibles para ellos como lo es un faro.

Los refuerzos se acercaban, él estaba cansado después de dejar a tres personas en el mundo de los sueños y de pelear cara a cara con el lancero. Era temerario pero no estúpido, sabía que si se quedaba hasta que llegaran acabaría tras las rejas.
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Mensaje por Aran Vie Jul 29, 2016 4:31 am

Aran escuchó los gritos, y los apreció con cierta ingenuidad. "¿Quiénes son?" fue un pensamiento que cruzó su mente, sin poder razonar lo que oía. Tardó en darse cuenta de que esas voces lejanas eran lo que tanto había esperado, por lo que había luchado hasta ahora. Buscó con la mirada sus compañeros, pero no pudo encontrarlos; tan solo tenía en frente de él al ladrón el cual, sin duda, se había dado cuenta de la situación en que se encontraba. Si corría, no podría alcanzarlo, pero al menos podría estar seguro de que no volvería al puerto, incluso teniendo las cuatro llaves robadas. Eso debía justificar que las lanzara al suelo, como si no fueran más que un montón de guijarros que estorbaban en sus bolsillos.

-¿Un... qué? -murmuró el soldado, presionando su dentadura con fuerza.- Tú...

Aran apoyó la lanza en el suelo, haciendo un esfuerzo por que la gravedad no lo echara en tierra otra vez. Su armadura resbalaba contra la pared  del edificio, y el peso de sus ropas mojadas lo atraía lentamente hacía abajo, como una fuerza invisible. Ahora era que se daba cuenta del peso que había adquirido su cuerpo, y del cansancio que suponía haber luchado bajo la lluvia. La fatiga lo dominaba,  y no se sentía capaz de volver a apuntar la lanza hacia delante. Lo único que podía hacer en ese momento era poner ojos en aquel que estaba a punto de darse a la fuga, mirarlo , e imaginarse una manera de retenerlo allí, cosa que era imposible.

-No... entiendo. - dijo, ahora fijando su visión en nada en concreto. Su voz daba signos de una ira contenida al fondo de su corazón, y sus facciones no hacían más que delatar sus emociones. Había sido traído de vuelta a la realidad, fuera de la pugna, del miedo, y dejando relucir tan solo su incomprensión por aquellos actos que el extraño había cometido. ¡...Nunca hubieras podido robar los cofres en primer lugar...! ¡No lo entiendo!

Los pasos, antes lejanos, se habían hecho ahora fáciles de descifrar por sobre los otros sonidos del ambiente. Aunque vinieran de una sola dirección, daba la ilusón que se acercaban por ambos extremos de la calle, y que estaban a punto de colisionar con ellos, como una estampida de animales salvajes. Aran, al saber que venían, intentó enderezarse, pero no pudo resistir el impulso de dejarse caer sentado sobre la piedra. La adrenalina se esfumaba de sus sangre, por lo que el dolor se había incrementado. El golpe seguramente dejaría una marca en su piel. El soldado cerró los ojos y apretó los dientes con aun más fuerza, fruto de la resignación y de la impotencia.

No se dio cuenta cuándo el ladrón se había ido, pero al reconocer las voces de sus compañeros cerca, supo que todo aquello ya había acabado. Los soldados de Begnion que habían venido lo ayudaron a levantarse, y no hicieron preguntas. Investigaron la cabaña y encontraron a Tom despierto a duras penas, e incapaz de moverse, murmurando una y otra vez que "le arrancaría la cabeza", pero nadie supo a quién ni cómo planeaba hacerlo. Se llevaron a ambos de vuelta al puerto durante una caminata que pareció más larga de lo que en realidad era, sin que durante el trayecto amainara la lluvia que los azotaba. Quienes cargaban a Aran le comentaban que, dado que había sucedido aquel altercado, partirían sin demora una vez llegaran. No había razón para posponer el viaje de regreso.

-Tienes mucha suerte. No tendrás que caminar hasta que te vea un médico. -le dijo entre risas.

Una vez llegaron al muelle lo tendieron dentro de una de las carretas, en un lugar donde todavía quedaba algo de espacio, y lo dejaron a solas junto con Tom, quien murmuraba incoherencias rabiosas. No les revisarían las heridas hasta que llegaran al primer punto de control en el camino, aunque el soldado estaba seguro de que no se trataba de nada grave, e insistía en caminar después de un pequeño descanso. Una gran sorpresa fue ver su yelmo de vuelta en sus manos, pues uno de sus compañeros se lo había recogido. Tenía una pequeña abolladura por uno de los lados, pero nada que no pudiera arreglarse con un herrero.

No pasó mucho hasta que azuzaron a los caballos para que iniciaran la marcha, y así sin más, alrededor de doscientos soldados emprendieron el camino de regreso fuera del puerto sin nombre, rodeando las carretas cargadas de suministros a un paso letárgico. No cabía duda de que todos y cada uno de los soldados quería abandonar la ciudad lo antes posible, pues desde siempe había tenido una pésima reputación, y un registro inagotable de criminales. No era nada fuera de lo común que un par de ovejas perdidas salieran lastimadas cuando se separaban del rebaño, y por lo mismo nadie dio mayor importancia a los hechos ocurridos entre aquellos callejones. El capitán lo comentó al grupo en general, "Es una sorpresa que no haya muerto nadie. No habían órdenes de patrullar más allá de nuestra localización. Aprendan de esto", etc. La mayoría de lo que dijo aquel hombre pasó como una brisa por los oídos de Aran, quien ya se había puesto de pie y caminaba en silencio junto a los demás.

En su mente todavía existía el recuerdo fresco de lo que había acontecido. Lo revivía una y otra vez, volvía a ver el callejón como si estuviera en frente suyo, y volvía a ver al sujeto de negro huyendo de él. No podía dejar de reflexionar al respecto, ¿había sido necesario enfrentarlo? ¿había valido la pena? Detrás de él ya apenas se veía el mar, el cielo todavía oscurecido por nubes negras, incluso hasta donde ellos hacían la marcha. La lluvia, sin embargo, había amainado por fin.
Aran
Aran
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Sentinel

Cargo :
Guardia de Nevassa

Autoridad :

Inventario :
Jabalina [4]
Lanza de acero [2]
Tarjeta de platino
Black Relic [2]
.
.

Support :
Pelleas Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] JEIjc1v

Especialización :
Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] T5YdKSG

Experiencia :
Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] VO4IE4z

Gold :
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Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] Empty Re: Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento]

Mensaje por Eliwood Jue Ago 04, 2016 5:48 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Aran ha gastado un uso de lanza de bronce.
Lukardia ha gastado un uso de sus dagas de bronce.

Cada uno obtiene un incremento de +2 EXP.
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
espada de acero [3]
.
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.
.
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Support :
Marth Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] OaIUyNL
Lyndis Tempestad incesante [Priv. Lukardia] [Entrenamiento] JEIjc1v

Especialización :
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Gold :
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