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Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento]

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Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento] Empty Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas Vie Mayo 13, 2016 4:01 am

Llegaba con la puesta de sol. Tarde, apresurado, preocupado y tragándose cualquier pensamiento negativo hacia quienes le habían transportado hasta Bulgar: una ostentosa procesión de una docena de carruajes mercantiles. Joyeros, o algo por el estilo. Fantásticas comodidades y un viaje gratuito para él por ningún motivo más que ser quien era, lo agradecía todo profundamente, pero la movilización había sido lentísima y arribaban a muy mal tiempo, con media hora de luz o menos. En vano había prestado a ser utilizado su título como excusa para acortar caminos y regodearse en las rutas y fronteras a cruzar, aunque aquello, felizmente, Pelleas lo desconocía. Conservaba su pasividad y no se quejaba, sólo agradecía, se despedía a prisa y bajaba del carruaje frontal, directo a la vía principal del mercado. Algunos puestos se habían vaciado por la jornada ya, otros comenzaban a cerrar los postigos. Le convenía apresurarse y preocuparse tan sólo de lo que tenía por delante. Soltó un largo y pesado suspiro, agachó la cabeza un tanto y echó a andar.

El día del mercado era uno sólo en la semana, después de todo. Única oportunidad en que la ciudad de Bulgar bajaba las barricadas y abría los portones, mostrándose viva y ajetreada a una grandiosa afluencia de mercaderes, compradores y viajeros de todo el continente y hasta de los contiguos. Era ese intervalo de tiempo y solamente ese intervalo de tiempo. Si perdía ese día, Pelleas estaría varado allí por la semana entera, hasta el siguiente día seguro; y estaba tarde, pero suponía que aún a tiempo para abastecerse y buscarse su siguiente transporte más allá de la ciudad, si tan sólo contara con algo de suerte. Asumía que lo más difícil sería hallar quien accediese a un viaje al interior de Valentia, tierra de nadie donde otrora existiese el Imperio de Valm, más infestada de emergidos que habitaba por humanos aquellos días. El apartado lugar donde le convenía a él asentarse a desarrollar sus estudios. Si fuese a encontrar transporte y ahorrarse un peregrinaje arduo e inacabable a pie, pues... tenía hasta medianoche para hacerlo. Mejor ponerse a ello. No era que le agradase mucho preguntar por allí, negociar o siquiera acercarse a hablar con personas nuevas, pero el oro en su persona y sus bolsillos solía facilitar un poco.

Se adentró en las calles, entre los edificios y los puestos, colmados aún de transeúntes. Como si la mitad del nuevo mundo hubiese sabido meterse en esa pequeña ciudad de paso. - Disculpe-- con permiso. Uhm, lo lamento, con su permiso... - Fue murmurando una interminable tirada de disculpas en su camino, intentando ladearse a un lado o al otro para pasar. Traía prisa y sus preocupaciones le tenían más que un poco inquieto, pero jamás había sido la clase de presencia por la que otros se hiciesen a un lado. Alto, sí, lo suficiente como para sobresalir entre las demás cabezas, pero no para imponerse. Aparentemente, hasta fácil de ignorar. Más de un hombro impactó contra su costado al andar.

Vio alas negras a su lado. Por el rabillo del ojo captó enseguida la magnitud de las mismas, alas capaces de cargar algo similar a un ser humano. Allí, por vez primera y por mero acto de impulso, supo empujar con fuerza y apartar del camino al cuervo que caminaba por la vía, un subhumano suelto, como cualquier otro ser humano de los que allí transitaban. El hombre alado le miró con desconcierto, mas Pelleas sólo apresuró el paso para alejarse. El pulso acababa de subirle a la garganta. Se preguntó con profundo desasosiego si Bulgar era una de esa clase de ciudades, esa clase de sociedades que mezclaban humanos y subhumanos en libertad. No necesitaba más que mirar con mayor detenimiento entre la multitud de locales y extranjeros, buscar más pares de alas, cabezas con orejas animalescas sobresaliendo del cabello. Oh, odiaba esa clase de ciudades, las detestaba, le ponían los nervios de punta. Sus deseos de dejar el lugar atrás a la brevedad se intensificaron. No querría estar allí cuando terminase de caer el ocaso, menos querría una semana entera en un sitio así. Necesitaba irse.

Se engañaría a sí mismo si pretendiese que no temía. El temor y rechazo a las bestias era inculcado en su nación, pero él mismo había tocado lo que yacía al otro lado de la cadena y ya no sólo rechazaba, sino que odiaba. El problema no eran todos ellos, ciertamente podían agradarle y mucho, cuando estaban en sus cadenas o jaulas, lo que no comprendía era por qué se les permitía caminar libres. Y tantos de ellos caminaban por Bulgar, no conseguía hallarse un camino en que no tuviese que pasar cerca de alguno u otro. Si se descuidaba, el recuerdo amargo que intentaba suprimir surgía insistentemente una y otra vez, tras cada laguz libre que miraba con desagrado. Ardor de marcas de garras que ni siquiera estaban allí, sanadas a la perfección en su momento. Sus nudillos adoloridos de golpear, su boca llena de fuerte sabor a sangre, garganta seca y rasposa, calor incómodo, la impresión de una mano alrededor de su muñeca. Rechazo, temor, agresión contenida, humillación, frustración. Si nadie sabía podía pretender que nunca nada le había sucedido, pero la angustia y la molestia seguían acumulándose.

Quería tomar la salida Este de la ciudad, allí tendría que encontrar lo que necesitaba. Sintió algo removerse a su costado, mas no se sobresaltó; era sólo algo que se había desacomodado entre sus libros de hechizos. Podía sentir la energía aún a través de todo, de algún modo demasiado presente. Su persona entera respondía a la magia negra, o la magia negra respondía a él. Y sin que lo notase siquiera la emanaba, una fuerza indetectable a los ojos: ahora las personas sí se movían de su camino, pero eran los laguz en particular que lo evadían. Le esquivaban la mirada. Era un mal augurio instintivamente percibido, un temor digno de estremecerse. Sin ser enteramente consciente de lo que invocaba, Pelleas pudo enderezarse y seguir su camino con más soltura en ese entonces, aunque no hallase la salida de la ciudad.
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Mensaje por Invitado Miér Mayo 18, 2016 2:18 am

El dorado y naranja de la puesta de sol teñía todo el mercado. Advari observaba entretenido a algunos faroleros encendiendo temprano las antorchas por ahí y por allá, algunos mercaderes moviendo mercancía, mucho movimiento en el trajinar diario cuyo ritmo desconocía pero al parecer encajaba perfectamente a cada persona disponible en ese lugar. Tuvo que agacharse cuando un par de paquetes fueron arrojados por encima de su cabeza a una carroza, pero no dejó que eso le desanimara, al contrario, era muy interesante, aun cuando fueran simples,  apetecibles y molestos beorcs, había una cantidad de laguz suficientes para calmar su erizado pelaje. Era el lugar con más movimiento en el que había estado hasta ese momento.

Mucha gente también, tenía que ejercer mucho su autocontrol.

Aquellas semanas habían estado llenas de acontecimientos que le ponían a prueba tanto en su paciencia como en su capacidad de reacción. ¡Su inteligencia también! no había sido fácil descubrir que ser libre era todo un problema. Gruñó y luchó por mantener su orgullo, nunca volvería a una jaula, mataría a cualquiera que lo intentara meter en otra. Así que se las tendría que ingeniar a como pudiera para comer como se debía. Y comer no era tan sencillo como esperar a la siguiente ronda de los cuidadores o destazar a su víctima ocasional. Dormir seco no había sido un problema antes, ¡ni los bichos! menos el asunto de tomar decisiones. Aún le causaba cierta inquietud. Claro, era fácil decidir que lo quería era comer, dormir, rodar perezosamente, follar o matar a alguien, pero no era tan sencillo decidir hacia dónde ir, cómo conseguir comida o dónde dormir, y para follar era todo otro lío, chillaban mucho y terminaban desquiciando al león, rompiéndoles el cuello de un mordisco. Esos pequeños detalles le causaban dolor de cabeza. Si tan solo todo fuera tan sencillo como arrancarle las vísceras a alguien, claro, había víctimas en todas partes, pero incluso él sabía de no atacar a humanos en plena vista, esperar a que pudiera desaparecerlos en un callejón, evitar los gritos, evitar mancharse demasiado de sangre para no ser evidente, luego estaba el esconder parcialmente el cuerpo y desaparecerse de la zona.

Porque sí, era evidente cuando a alguien lo mataba y semidevoraba un león. Eso apuntaba directamente al único de la zona.  No quería que mandaran cazadores tras de él en ese lugar, no ahora que había dejado el continente problemático.

Y estaba el asunto de su melena. De haberla tenido completa no hubiera dudado tanto, pero era vergonzoso solo pensar en buscar a otro león como él. Sabía que se suponía que tuviera su cabellera completa, esos beorcs ignorantes no le hubieran rapado de no ser así. Los mechones de cabello habían crecido, pero no lo suficiente, no más allá de una melena muy corta. Le daba una sensación extraña de autoconciencia.

Pero como fuera, últimamente se sentía más confiado con eso de andar libre por ahí. Tuvo suerte incluso con eso del viaje en barco! Laguz y más laguz, y no dentro de jaulas o usados para entretenimiento. Nadie parecía ver extraño al pelirrojo, al menos no desde que había conseguido ropa “decente”. Él había estado muy bien con su toga a la cintura, pero al parecer tendía a llamar la atención con tanta cicatriz y demás. En especial la marca en el pecho. Así que de ahí su nueva indumentaria, obtenida por medios no muy legales. Seguía caminando descalzo, por costumbre y comodidad suya, pero al menos la túnica blanca en combinación con el chaleco y cinturón azul le hacían camuflarse mejor en aquel entorno “civilizado” nadie miraba dos veces a sus pies descalzos, si acaso su rabo leonino llamaba la atención, y eso era divertido y provechoso, pese a las preguntas indiscretas.

- Maah~ me pregunto si podré conseguir algo de comer en este lugar- rascó y sacudió una de sus orejas antes de dejar que su mirada se paseara en la multitud. No era bueno robando, pero si podía encontrar una víctima cerca de un callejón podría intimidarle a darle algo de dinero, para comer sin tener que gastar demasiada energía. Pensaba en ello cuando un cosquilleo en su nariz le hizo desviar su atención.

Humm, conozco ese aroma . Íntimamente. Su interés enfocado en su nueva meta, olvidó el asunto de la comida para comenzar a olfatear los alrededores, empujando a un lado a los que se atravesaban, sin preocuparse por ser educado o cortes, un simple codazo y les apartaba como moscas molestas. Nariz respingona y ojos dorados enfocados en su tarea, abrió un poco la boca y resopló para despejar cualquier otro olor, ¡ahí estaba otra vez! gruñó bajito y aspiró profundamente. El corderito no le había dejado del todo contento con ese último truco. Le había dejado marcado, ya era bastante malo deberle parcialmente su libertad. Deseaba, no sabía si romperle el cuellito o darle solo una paliza, tal vez clavar las garras en la piel y no dejar que sanara, rasgar y rasgar, dejarlo atado e indefenso, esperar a ver que sucedía con un beorc con una herida en mal estado.

Y ahí estaba.

- Corderito~ -
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Mensaje por Pelleas Jue Jun 09, 2016 9:42 pm

Podía estar mucho más a gusto si los subhumanos libres se mantenían fuera de su vía, y aunque no comprendiese cómo estaba logrando ese efecto en ellos o por qué sucedía en su pequeña medida con las demás personas también, no habría podido quejarse al respecto. En una situación en que lo necesitaba, no podía sino ser un gran alivio que, por una vez, ostentara cierta presencia. La suficiente como para que los demás transeúntes se apartaran, dedicándole miradas extrañadas y confundidas por sobre el hombro al dajarle pasar. El mismo Pelleas desconocía aún la habilidad desarrollada a tacto e instinto, pero el efecto le servía de tan buena forma en esos momentos, que conseguía tranquilizarse un poco. Bajó los hombros y aflojó un poco la tensión en sus manos, una apretada en un puño y la otra sujetando con fuerza el borde superior de un libro, a través de la tela del bolso. Pudo alzar la cabeza un tanto más de lo usual, aunque la mirada que de reojo dirigía a las bestias entre la multitud seguía siendo tajante y desconfiada. Estaría tranquilo mientras no se le acercaran.

Y en su gran mayoría no se le acercaban. Pero estaba ese que, al contrario, aparecía en su camino como si hubiese estado buscando cruzársele, nada accidental ni casual al respecto. Cubierto en ropa normal y más o menos limpia podía llegar a dificultarse el reconocer al imponente felino pelirrojo, para quien le conociese de las épocas de jaulas, mas no había modo en que fuese así para Pelleas. El príncipe que había estado viéndolo en cualquier destello dorado que lo tomara por sorpresa, cualquier ruido extraño de bestias o huella de subhumano en las rutas de su viaje, no podía sino reconocerlo al primer atisbo de él y sentir que se le hundía el corazón entre las entrañas de saber que estaba allí. Sólo hallaría a un felino de ese exacto porte, cabello corto pero alborotado y orejas redondeadas perdiéndose entre el mismo, una de aquellas personas que encontraba instintivamente inquietantes por tener que alzar el mentón para verle al rostro. Todo intento de bloquear recuerdos se desmoronó como si nada. Cada detalle grabado a fuego en su memoria comenzó a surgir de regreso, al momento de verle y oír el enervante sobrenombre que le tenía puesto. Y Pelleas se frenó para no dar contra él, ni acercarse un paso más en la ajetreada vía.

Cual fuera la barrera que había puesto entre él mismo y los demás laguz, la habilidad que apenas comenzaba a controlar, habría querido emplearla en ese momento también. Pero el impulso se había ido y la seguridad ya no estaba allí; no lograba volver a hacerlo. A duras penas se convencía de no dar pasos hacia atrás, no quería tomar esa clase de actitud frente al laguz. Sólo mantuvo la cabeza en alto, le miró con ojeroso pero muy marcado desdén. - Ah. Estás vivo. Después de lo herido que estabas... - Dijo, realmente apenas sorprendido. Bajó a la altura del pecho ajeno. Habría querido saber si podrían reconocerse en él las cicatrices que se había esmerado en dejar, mas no yacían a la vista. No había mucho modo de saberlo, y aunque le interesara, tampoco tendría que invertir mucha atención en el león. Desvió la vista a su alrededor. Lugar público, demasiadas personas, ni siquiera la clase de gente entre la que podría pedir guardias para contener a un subhumano sólo por estar. Mejor ni hablar con él allí. No había forma en que resultara bien.

- T-Traigo prisa. No puedo lidiar contigo ahora mismo. - Declaró, apresurándose para anteponerse a cualquier otra cosa. Realmente no había nada de lo que tuviesen que hablar, nada que pudieran decirse que no fuera excesivamente incriminatorio. Si se lo pensaba, no quería saber qué pensaría una sociedad de humanos y laguz libres de la cicatriz que él había puesto en el felino. No le convenía estar a su alrededor. Intentó desviarse un poco, alejarse por el costado del corpulento subhumano, vigilándole con la mirada hasta que decidió que ni siquiera podía lidiar con el contacto visual, y apartó eso también, agachando la mirada. - Al parecer, eres hombre libre en esta ciudad. Espero lo disfrutes; yo, um... pretenderé que no te he visto. -

Por sobre todo, no quería perdurar alrededor de él mientras la última vez que le había visto siguiera tan fresca en memoria. Las manos le temblaban levemente, estaba seguro que si oía cualquier minúscula alusión al incidente se le pondrían peor, no sabría donde ocultarse. Al intentar pasar de él descubrió, sin embargo, que no era tan simple como sólo caminar por su lado, menos aún darle la espalda al alejarse. Aún en un sitio público y contra razón lógica, le consideraba demasiado peligroso. Apretó la mandíbula y apretó las manos para contener cualquier movimiento nervioso de las mismas, en lugar de ello hundiéndose las uñas en las palmas, y pasó con la mayor calma posible a su izquierda. Apretó los labios, mantuvo una expresión seria. El pasaje aún le quedaba estrecho; con un gesto forzoso del hombro empujó hacia adelante como para sacarse al león del camino. Nadie iniciaría una discuta pública por un gestito pasivo-agresivo entre él y un sujeto claramente más grande.
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Mensaje por Invitado Vie Jun 24, 2016 2:41 am

Estaba a todas luces muy inquieto con su entorno. ¿Qué molestaba a su víctima que no fuera él? una sola mirada a los alrededores le dijo todo. Su princesa temía a los laguz sueltos. Se permitió una sonrisa torcida al comprobar que había dejado una marca más profunda en el pelinegro de lo que se podía ver. Al menos el mocoso no se había alejado de aquel puerto sin una marca, visible o no, era irrelevante cuando a todas luces era bastante paralizante. Bien . Pensó vengativo. Luego de las marcas físicas que dejó, es lo menos que merece, sentir el culo en peligro cada que mira a otro laguz .

El apetito que sentía antes se vió desplazado por su nuevo interés. Verle frenar tan en seco le hizo avanzar para mirar a su presa con más detalle. No había pasado mucho tiempo, así que no había cambio significativo en su apariencia. Ese cabello ensortijado, los ojos temerosos y llenos de saludable recelo por su cercanía, incluso el rencor. Le provocó una sonrisa de satisfacción. ¿Estaba algo pálido por el susto? olfateó nada discreto, tratando de atrapar entre todas las esencias y aromas el del joven.

- ¿Herido? ¡Ha! oh dulzura~ he sufrido heridas más discapacitantes en la arena de pelea, lo tuyo fueron rasguños de pasión- añadió más peso a su ofensa con un ronroneo al final de esa frase. Se veía tan nervioso que era irremediablemente divertido. Venganza parcialmente olvidada, solo quería jugar y morder un poco. Tal vez dejar un recuerdo más físico en ese cuerpo flaco, con la cantidad de marcas que ya tenía seguro no le importaba unas cuantas más.

- ¿Mmmhh? ¿Tienes prisa acaso?¿no quieres ver tu firma?- siguió burlándose, sin dejar que se alejara mucho. - Vamos princesa, no seas así~- ronroneó siguiendo sus movimientos con la mirada. - ¿Y esa timidez? Eras puro fuego antes- no dejaría que le diera el esquinazo. Deseaba ver más de esas reacciones del corderito. Rozó con su rabo las piernas ajenas, la punta cubierta de pelo acariciando la tela. Colocó una mano pesada sobre el hombro del mago cuando éste le empujó.
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Mensaje por Pelleas Dom Jul 10, 2016 8:23 pm

Estaba muy consciente del entorno en que se hallaba y lo que sería viable o no hacer, mas no creía que el animal tuviese la mitad de aquella consideración. Sentirlo olfatear el aire siquiera cerca de él le hizo encogerse de hombros y le tentó a golpearle en la nariz, pero no era el modo en que debería actuar si quería salir del asunto sin incidentes. Aún así, cuanto menos, podía rehuirle un poco. Aunque no quisiera mostrarse ni temeroso ni siquiera dudando frente al animal, no quería saber lo que el aroma pudiese traicionar. En cualquier momento sentiría el sudor frío correr. No podía convencerse de que el león lo hiciese adrede, para importunarle o por intimidar; no suponía que fuese más que su instinto, y aún así, le molestaba de sobremanera.

No le estaba admitiendo mucho. Podía menospreciar las heridas que le había dado cuanto quisiera, pero Pelleas las recordaba vívidamente, quizás la más recurrente de todas las memorias respecto a ese día, y sabía que no habían sido meros rasguños. De todos modos, no era lo relevante; la venganza no había sido tanto el acto en sí, sino la secuela. No poder desvestirse sin mostrar la inscripción, el insulto a su naturaleza. El objetivo real era tenerle marcado en forma duradera. Respiró profundo y se atrevió a mirar de reojo, imposible disimular donde era que atrapaba su atención. - No es la forma en que lo recuerdo. Pero, ¿sigue allí? Mi 'firma'. - Fue lo único que preguntó, preciso y tajante. En cierta forma, llamarlo su firma no le resultaba desatinado; no desechaba el personal sentimiento unido a esa marca, pues frente a lo que el león había dejado en él, sobreponía fuertemente lo que había dejado de regreso. La marcaba no la había hecho ningún otro, le daba cierta impresión de posesividad sobre el pelirrojo que aún consideraba un esclavo en negación. Y era en lo que estaba muy interesado, aunque no esperaba que deseara responderle de frente.

Cuando la mano en su hombro le impidió seguir su camino, el mago se recordó insistente y apresuradamente que era sitio público, que no estaba tan acorralado como se sentía, no iba a sucederle nada verdaderamente malo. Si había alguna disputa, pues había también guardias presentes para separarla, aunque no fuesen a castigar a un laguz de peor manera que a un humano, como deberían de. Aún así, su hombro se tensó notoriamente bajo el tacto, como lo hizo la totalidad de su cuerpo. Bajó y alzó la vista un par de veces, urgiéndole replicar de alguna forma, aunque él mismo se daba señales contradictorias entre irse, discutir, pelear o dejarlo ser. Cerró las manos en puños, dando un leve crujido de algún punto en los nudillos, como le sucedía cuando le invadían los nervios.

- ¿P-Princesa? ¿Qué? - Espetó, para nada divertido con la denominación. Al menos, no estaba sintiendo la cola rozarle todavía, la tela gruesa del pantalón disimulaba. - Te lo he dicho, eres un hombre libre en este lugar. No voy a causarme un problema contigo cuando tengo otras cosas que-- ¡ya, demonios! - Alzó la voz cuando finalmente la notó, pues daba cierta resistencia al moverse. Y ya era suficiente. No se consideraba alguien valeroso, pero él también recordaba los modos en que el león había conseguido alterarlo antes, y continuaba sucediendo. Acorralado, hasta la presa podía enseñar colmillos. Y aún conociéndose como alguien menos que valiente, a Pelleas parecía sucederle bastante; la frustración guardada bajo su constante rutina de retractarse, bajar la cabeza y dejar ser siempre le traicionaba.

- ¡Es suficiente! - Tomó al león por el frente de la ropa, jalando con brusquedad para asegurarse de tener su atención. Si tiraba así, acortaba la distancia y se le dificultaba mucho menos enfrentarle en altura, ponerse a nivel. El movimiento, las señas físicas de un problema entre un par de viajeros atraían de inmediato la atención de los guardias del ajetreado lugar; Pelleas podría advertirle al león que no era conveniente para ninguno de los dos hacer lío, pero dudaba que a un animal como aquel le importase. A su propia discreción, pensó en alejarse un poco de la vista e intentó empujarle a andar, inseguro él mismo de lo que intentaba hacer. - Muévete, bestia. - Tironeó torpemente para llevarlo, hacer una línea recta y clara fuera de la vía principal y hacia la salida del lugar, donde yacían más carretas y carruajes que humanos y laguz.
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Mensaje por Invitado Miér Jul 27, 2016 1:44 am

Tenía la tentación de clavar las garras en esa carne suave. Pero no en público. No podía hacer ese tipo de cosas en compañía de gente “civilizada”, había aprendido muy rápido esos detalles importantes sobre la convivencia en grupos grandes de personas.  Al parecer el canibalismo estaba mal visto también. O el atacar de la nada a alguien. O con motivos. Algo sobre preservar la paz y el orden público en las calles. No importaba demasiado cuando eran un par de callejeros, la turba hasta animaba. Pero no quisiera apalear a un noble estirado para obtener algo de dinero, porque ahí si se metía en problemas.

Tsk, comportamientos absurdos de humanos . Como ese tira y afloja del beorc frente a él. Era obvio que le interesaba. Advari detestaba a todos los beorcs sin excepciones, pero aquel corderito era muy atractivo como entretenimiento y comida.

Por no hablar de ese espíritu de leona que le llamaba tanto la atención. No cualquiera tenía los huevos de ordenarle comerse a un enemigo. Había sido glorioso, delicioso también. Aun con todo el asunto de la marca y el lloriqueo por su dudosa virginidad perdida. Había sangrado como una hembra pero no esperaba que se comportara tan indignado como una. ¿Quién entendía a los beorcs?

- Deliciosamente clara como el primer día ¿Tómo por tu interés que si quieres ver?- se lamió los labios y le dedicó una sonrisa ladina. - Tus rasguños de pasión son buenos para distraerse en las noches frías~- gruñó suavecito. Era tan divertido oler el miedo y la ira, verlo brincar al notar su rabo acariciarle. La oleada de aromas, el sudor pegajoso y el pulso acelerado. Volvió a lamerse los labios, las orejas se mantenían erguidas hacia el frente, prestando toda su atención a Pelleas.

Soltó una carcajada al verse “atacado”, podía soltarse del agarre si quería, era solo ropa y al laguz poco le importaban esas cosas. Andaría desnudo si pudiera salirse con la suya. Le dejó hacer, cuando quería darle un manotazo y dejarle aturdido en el suelo. Qué maravillosa visión sería si pudiera sacar algo de sangre en ese golpe.

- Alejate, ven aquí, más aprisa… debes decidirte princesa- aprovechó la cercanía obligada para acariciar con su mano tosca los glúteos que se movían enfrente suyo. Sería un desperdicio no estrujar la carne sabrosa cuando la tenía al alcance y tan dispuesta.

- Si no querías problemas no debiste dejar un recuerdo de amor tan duradero~ ¿No lo sabías? para los laguz las mordidas y rasguños de amor es casi matrimonio- mintió con descaro. - Te he perdido el rastro un tiempo, pero con lo rápido que te mueves espero no hayas empezado un harém o algo así, no comparto a mis perras, así no funciona una manada de leones-
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Mensaje por Pelleas Dom Ago 28, 2016 10:34 pm

Tenía que hacer verdadero esfuerzo para bloquear las palabras ajenas, y fallaba. No estaba en su naturaleza caer a provocación, bastante había soportado a lo largo de su vida y bastante más bajo el severo puño de su padre, su rey. Pero por algún motivo, ya no estaba dejándolo pasar como siempre hacía. Quizás porque provenía de una persona de la que realmente sabía que no debía, una especie considerada inferior; si aceptaba insultos y molestias de su parte, caía demasiado bajo como para aceptarlo. Quizás, también, porque era lo más lejos que alguien había ido para irritarlo y su paciencia no era infinita. Primera vez que se agotaba. No lo comprendía del todo, pensar con claridad era justamente lo que no podía hacer y desconocía todo eso en él mismo, realmente, pero no podía hacer otra cosa. No podía quedarse tranquilo. El león rebasaba sus límites, le crispaba los nervios más allá que cualquier otra cosa en su vida, hasta el punto en que no sabía ni cómo lidiar con ello.

Bloquearlo claramente no estaba funcionando, ignorarlo mucho menos. Era muy consciente de las orejas volteadas en su dirección, le oía, y si en algo tenía razón el subhumano, era en que sí quería ver que la marca siguiera allí. No era mucho, pero le daría un sentido de retribución o de justicia que quizás le devolviese un poco de paz. Quizás en eso se enfocara, pues francamente, dos segundos después de comenzar a llevarse al laguz, Pelleas cayó en cuenta de la nula idea que tenía respecto a qué hacer a continuación. En el fondo, había dudado que tironearle por ahí funcionara siquiera, pues sabía bien cual de los dos era el superior en fuerzas. Ahora que lo tenía y le estaba apartando de las vistas de multitudes y guardias, el siguiente paso se tornaba borroso. Al menos hasta sentir la pesada mano asentarse sobre él, en un área suficientemente personal como para hacerle sobresaltar; eso rebasó otro límite que el mago ni sabía que le quedaba y le hizo decidirse. El apretón era sólo sal en la herida.

- ¿P-Por que tendría que importarme la forma en que eso funciona para ustedes? - El último momento de su vida en que querría tartamudear, pero ahí estaba. Era inevitable. La ira no se lo quitaba, sospechaba que inclusive lo empeorase, tenía algo de manos temblorosas en general. Jaló con fuerza para echar al laguz más adelante, tenerlo más o menos a su lado en lugar de trás él, donde se hacía un peligro. - Estaba mejor sin saber nada más. Lo mínimo que podía hacer era-- era ver que cargaras al menos esa marca, estaba defendiéndome... -

Y un tanto más de otros sentimientos complejos que no tenía por qué explicarle al subhumano. Omitía mucho sobre lo que esa vez había sido y cómo él la había tomado, pero así estaba mejor. Salidos de la ruta del mercado, terminó por marcharle hacia una hilera de carretas cuyo cargamento estaba cubierto por toldos blancos cerrados. A provocación de las últimas palabras de esa voz grave que a cada tanto parecía gruñirle, el último tramo lo hizo soltando al animal de la ropa y en lugar de ello empujándole con ambas manos. No lo hacía del todo bien, no era alguien físico y no estaba nada acostumbrado, pero no podía evitarlo. Mantuvo la cabeza algo gacha para no tener que verle, avergonzado hasta el tope por las implicaciones de lo que innegablemente habían hecho. Por instinto sacó un libro de tapas negras, eran sus armas y su defensa, lo alzó como si fuese a utilizarlo y encontró que no podía. No tenía la paciencia, no tenía la entera voluntad. Lo sujetó y sólo lo usó para propinar un mal dado golpe a la quijada del hombre más alto, antes de dejarlo caer hacia un costado.

- ¡No! - Se quedó con las manos vacías y enseguida las hizo puños. - Esto no es una manada y tú no eres el dueño de nada, eres un esclavo, no lo olvido y tú tampoco debes de haberlo olvidado y-- ¡y yo estoy harto de soportar! - Dio un precipitado paso hacia delante, luego otro, alzando el puño un poco. Era una idiotez, no sabía pelear mano y mano y con su torpeza natural, no sería buena idea atreverse a hacer eso. - Tú eres el que se ha quedado con una marca visible, tú eres el que no puede librarse, ¡yo no soy propiedad! - Culminó, y contra toda cautela, sí se atrevió a intentar propinarle un puñetazo hacia algún indefinido punto del estómago.
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Mensaje por Invitado Jue Sep 29, 2016 2:44 am

Le sorprendía que durara tanto enfrente suyo sin quebrarse luego de la última vez. Eso lo hacía más entretenido y atractivo a sus ojos, como un juguete especialmente resistente que podía morder y morder sin que llegara a romperse irremediablemente. Se relamió los labios y las orejas leoninas se movieron con interés hacia el frente. Aprovecharía esa fuente de entretenimiento mientras pudiera. Le había mentido, no le estaba buscando activamente cuando se lo encontró producto de la pura casualidad; eso no significaba que no fuera a disfrutar de esa coincidencia deliciosa.

- Mira, toca si quieres, puedes usar esas garras escuálidas que los humanos llaman uñas- gruñó de nueva cuenta, un rumor ronco en su garganta, una imitación de un ronroneo sin serlo. Tomó su mano pálida y la guió hacia su pecho, sobre las cicatrices apenas ocultas por la ropa. - Sabes que disfruto especialmente el dolor ¿no querías complacerme? por ese buen y delicioso tiempo en el muelle. Vaya confusión. Debería importarte cómo funcionan las cosas para nosotros las bestias pequeño conejito, si no quieres malentendidos. Podría pensar que intentas cortejar mi atención- Apretó el agarre en su mano.

- Liberándome, portandote tan altanero y orgulloso, alimentandome como una leona reina paseándose frente al león y moviendo el rabo mientras le muestra la presa que ha de comer. ¡Oh sí conejito!, debería importarte cómo hacemos las cosas los laguz si no quieres acabar en cuatro patas otra vez- Le dejó empujarlo, era débil en comparación con él, físicamente al menos, mentalmente tal vez, la magia era la peligrosa en ese pequeño humano de cabellos oscuros y ojos atormentados. Que delicioso olía en su furia e indignación. Quería morderle otra vez, escucharlo gimotear mientras rogaba.

- A menos por supuesto que hayas disfrutado de tenerme dentro tuyo ¿es eso acaso? tanto grito y gimoteo, lloriqueando y pidiendo más dolor ¿a quien intentas engañar? ¿A mi o a ti mismo? me rogaste que te mordiera, que te marcara con mis dientes para poder correrte. Disfrutaste de recibirme como una perra caliente, alzando el culo y demandando que te llenara con tus grititos necesitados- le sonrió, puros dientes y crueldad, divertido por la gama de expresiones que pasaban por ese rostro. - Fue mi forma animal la que te recordó con que estabas follando, pero estabas emocionado de verme devorar a tus enemigos, disfrutaste ¿era erótico para tí algo así? ver cómo masticaba el hígado de ese emergido, debes tener un alma de leona en tí, ese placer de ver al macho alimentarse con la presa y las ansias de follar despues- ¿Así era como habían pasado las cosas? Advari era capaz de distorsionar todo el asunto por puro placer.

- Ah… pero mientras que me has sacado de la jaula, parece que te has enredado en tus propios grilletes- le miró con algo parecido a lástima. -Crío, incluso en cadenas nunca fui un esclavo como hubiera querido tu especie. Torturas, marcas, hambre, y aun era tan salvaje como el primer día- una nueva sonrisa peligrosa, colmillos y crueldad.  - Incluso en la jaula era libre, tú… pequeño conejito, eres esclavo de tu propia mente, de tu miedo- se inclinó sobre él, desafiando al príncipe a golpearlo como quería, sería delicioso recibir la ira en su cuerpo, escuchar más de sus gritos indignados. Y le dejaría, no porque se lo debiera, si no porque el león encontraba la violencia erótica. El puño, incluso con la cercanía y todo, se estrelló contra su abdomen con poco efecto, había recibido patadas de moribundos más fuertes que ese golpe. Era risible en su tamaño contra él, tan pequeño y de muñecas tan frágiles en comparación con su propio cuerpo musculoso aun medio muerto de hambre.

- Vamos, te doy otro golpe libre, puedes hacerlo mejor que eso~- le incitó un poco más.
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Mensaje por Pelleas Miér Oct 19, 2016 5:06 pm

Jamás había sido alguien que se defendiera mucho; donde surgiera tensión, era el primero en bajar la cabeza o el que se retiraba antes de causar una situación conflictiva. De allí nacía, por supuesto, el infinito pozo de frustraciones calladas y agresión contenida que con el subhumano que le enfadaba terminaba estallando. De allí venía también que le costase tanto responder de un modo convincente, negar lo que el león decía de alguna forma y detener todo. Peor se le hacía sabiendo que había razón en muchas de sus palabras; acertaba por completo, por ejemplo, en guiarlo a la cicatriz que perduraba en su pecho. Sentir que estaba allí hacía su mano perdurar largos instantes más de lo necesario, aliviado y complacido por ello. Ardía la curiosidad de verla en más detalle, pero no era un momento ni veía forma prudente de hacerlo.

Y había más aún en lo que Advari decía la verdad, irritantemente. Exageraba, llevaba las cosas a un extremo crudo y conveniente y omitía los repetidos intentos del mago de defenderse o detener lo que había sucedido, pero había cosas también en las que atinaba. Aquello le dificultaba aún más al príncipe renegar en ese entonces, arrinconado por los hechos y la forma en que el león se los refrescaba, tanto por su ancha presencia pareciendo sobreponerse todo el tiempo. No había sido así; no todo, y algunas cosas eran aún malinterpretadas. Demasiado avergonzado siquiera por el tema como para seguir viéndole al rostro, el mago se apresuró a intentar acallarlo, pues de permitirle continuar sabía que perdería la conflictiva voluntad que lo estaba manteniendo hasta ese punto.

- Sabes que la forma en que hablas es... es vulgar, ¿cierto? ¿Acaso no puedes dejar de hablar así? Lo haces más difícil... - Acusó aquello enseguida, pues suficiente tenía con el tema en sí, como para agregar la clase de palabras que el león constantemente usaba, demasiado para un hombre generalmente tímido. No permitía que el color se fuera un poco de su rostro. Dicho aquello, tomó aire y continuó con creciente brusquedad, acumulando la impotencia que todo le causaba. - Tendría que ser claro ahora que no c... "cortejaba" tu atención y no era nada de eso lo que intentaba hacer. Todo iba bien, incluso estaba bien respecto a ti, hasta que terminaste de pelear, yo estaba listo para irme y decidiste que tenías que... que ser recompensado o algo así. ¡Antes de eso todo iba bien! ¡Pudo haber sido sólo eso! Pudiste haberlo dejado así. - Dijo. Si abría la boca para decir cualquier cosa respecto a lo que había sucedido entre ellos posteriormente, sabía que tendría que mentir, y ni era hábil mentiroso ni tenía las agallas para intentar mentirle al subhumano. Advari no era tan denso, aunque mintiendo fuese el único modo en que Pelleas podría posiblemente referirse al encuentro; aferrándose a sus iniciales palabras de rechazo, omitiendo todo incentivo suyo o su propia petición de continuar. No olvidaba, aunque por verguenza lo desease, que había sido él quien se hallara incómodamente excitado desde antes que Advari siquiera le tomara, por motivos más relacionados con la brutalidad del animal en batalla que con sus invasivas caricias. Había algo satisfactorio respecto a alguien que lastimaba con tal facilidad, sin siquiera necesitar de más que a sí mismo como arma, tan fuerte como para ser capaz y tan decidido como para ir y hacerlo; algo atrayente hacia quien podía herirle a él en tan cercana e íntima forma, como había sido con su mordida y sus garras. Nada que dijese cubriría adecuadamente aquellos hechos. Prefería evadir por completo hablar de esa parte.

Si había razón o verdad en el resto, las burlonas declaraciones sobre la libertad del subhumano y la suya, no tenía humor siquiera para considerarlo, mucho menos de parte de él. Las maliciosas expresiones en su rostro jamás ayudaban a ablandar a Pelleas para tomarle en consideración. - Sólo hay una cosa que puedo decir, que ya no importaría, después de todo... - Comenzó, aunque no necesitó más que otra breve mirada a la altura de los ojos del laguz para decidirse en contra. Él y el león no podrían hablar en esa clase de términos, ni en honestidad. - No. No vale la pena. Ugh, ¿qué he pensado...? No es como si pudiésemos tener una conversación, o como si un animal fuera a escucharme, o a entender algo. -

Y el ofrecimiento ciertamente le tomaba un poco por sorpresa, pero esos sí eran términos en los que el animal entendía, o así Pelleas asumía que podía ser. Seguía dispuesto a eso, no pensaba negarse. Aunque la escasa reacción a su apresurado primer intento y tan tranquila invitación a uno segundo le causaran cierta desconfianza, no obraría de otro modo. Ni siquiera pensaba recoger el libro que tan sólo había usado para lanzarle. Tomó un par de momentos para prepararse, respirando profundo y manteniendo la mirada en la ajena, los puños apretados desde ya. No había llegado a estar en muchas peleas a puños en su vida, no más que un par de frenéticos minutos mientras recobraba un tomo de magia, pero había tenido cierta práctica en los años vividos con su padre y recordaba. Había conocido la inamovible caída de un puñetazo demasiado certero en el rostro, capaz de tumbarlo al suelo al instante. Creía saber algo sobre cómo golpear dolorosamente, o cuanto menos sobre resistir a aquellas alturas. Podía hacerlo y lo haría. Estaban fuera del camino, nadie estaría viendo siquiera.

Era lo que necesitaba, de todas formas: defenderse y descargarse, de una vez. Cuando se adelantó con todo el aplomo que había conseguido reunir, sintiendo su ira hacia el otro no disminuir sino intensificarse en aquel pequeño impulso, la voluntad de golpearlo se perdió a cambio de la de tumbarlo primero. Prácticamente se lanzó en embestida contra el león, agarrándose a su ropa con ambas manos y echándole al suelo con él por encima, pues era sólo con su peso con lo que conseguía moverlo. Sólo entonces, en el frenético par de instantes que creía tener antes de que el laguz reaccionara, que sospechaba que no sería de buena forma, se apresuró a alzar el puño y descargar un golpe mucho mejor apuntado, mucho más pesado, contra su mejilla. Quizás terminase peor por hacer las cosas así, pero estaba reaccionando al fin y los dioses sabían cómo le había hecho falta.
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Mensaje por Invitado Jue Oct 20, 2016 9:03 pm

- Hhmmm ¿oh?, creo que ya habíamos acordado en que soy una bestia vulgar y sucia, posiblemente pulguienta tambien- se rascó una oreja sin ningún disimulo y analizó sus garras por si algo se había quedado atorado ahí. Sí, o su garra estaba sucia, no sabía. Rascó una garra con otra y finalmente se dió por vencido. Era un león en bastante mal estado, higiénicamente hablando, si se comparaba con las mascotas o esclavos más caseros que el mago se hubiera topado hasta el momento. No había punto de comparación, Advari era un felino sarnoso.

Y Pelleas un principito mago con problemas de autoestima. El pobre no podía siquiera hablarle con la misma altivez de antes. Se veía tímido, retraído. Al fin tomó valor para reclamarle no dejar las cosas como estaban. Como si hubiera podido. Una risa ronca se escuchó proveniente del león. Le sonrió con descaro y se limitó a alzar una mano y dar un par de toquecitos a la punta de su nariz.

- Princesa, podía oler la lujuria en todo tu cuerpo. Si hubieras sido una hembra te habrías mojado los interiores hasta las rodillas solo de verme en acción- gruñó suavecito, pegando sus caderas a las suyas  y manteniéndolo ahí mientras seguía divagando sobre subhumanos, bestias y poca capacidad de entendimiento.

Advari entendía bastante bien. Solo se negaba a prestarle atención más allá de lo que le convenía. Como sus deliciosas reacciones mientras se preparaba para golpearlo. Sus ojos dorados le vieron desde arriba, con interés cada movimiento y respiración agitada. Cuando finalmente atacó, el león poco pudo hacer para esconder otra carcajada. Aquel ataque era condenadamente sensual. Tumbarlo al suelo para poder golpearlo. El primer puñetazo fue doloroso, por supuesto que lo era, pero eso no le sacaba la cabeza de la cuneta.

Ronroneó y se retorció debajo suyo sin hacer ningún intento por bajarlo o impedirle golpear su cara. Gimió cuando el siguiente golpe aterrizó contra su mejilla, pensando en el moretón que dejaría y como podría presionar la piel lesionada más tarde y sentir el dolor residual renacer una y otra vez.

- Mmmm mucho mejor princesa, casi me convences de que eres un macho- se burló y onduló sus caderas para hacerle mostrar su renovado interés ahí abajo. Con un movimiento brusco y poco amable, giró sobre sí mismo sujetando al principito hasta dejarlo bajo suyo.

- Caes tan fácil en la tentación, me hace dudar de tus palabras~- gruñó contra su cuello amenazadoramente. Estaba muy cerca de zonas vitales, sus uñas afiladas rasguñando por sobre la tela, amenazando con dañar la piel. - O tal vez necesitas desesperadamente que alguien te enseñe a dar un buen golpe- lo dijo solo para humillarlo, para un humano aquello había sido un buen puñetazo, pero al león no le convenía darle demasiadas alas a su princesa. Solo las sufcientes para disfrutar. - No tengas miedo de dar un jodido puñetazo, apunta mas allá de mi piel ¡Vamos! ¡golpeame con la intención de golpear el puto suelo a traves de mi cara! -
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Mensaje por Pelleas Vie Oct 28, 2016 11:31 pm

En un momento así, lo que más necesitaba era mantener su resolución firme y su irritación hacia el laguz tan viva como pudiese. Le ayudaría a que su voluntad no flaquease. De todas las cosas sobre el león que le enervaban, por ejemplo, que le llamara despectiva y vergonzosamente en femenino era una de las peores. Si bien estaba acostumbrado a mantener su propio ego bajo, prácticamente nulo, un sobrenombre como ese afectaba de sobra. Bastantes prejuicios tenía él, por su propia cuenta, respecto a hombres que yacieran con otros hombres; no necesitaba ser llamado de ese modo para echar sal a la herida. Pensar en ello le hacía apretar tanto los puños que los nudillos le crujían, desacostumbrados. Y habían cosas peores en Advari, motivos aún mayores por los que verle después de ese tiempo era frustrante. Su brutal honestidad era uno. Otro, quizás el principal, eran las confianzas que se tomaba hacia él, cada agarre prácticamente inescapable de sus manos pesadas y cada acercamiento demasiado frontal. Que fuese capaz de tocarlo y de acercarse con tal simpleza, a su gusto y libertad, merecía todo lo que Pelleas pudiera hacerle. Entre más pensara en ello, más fuerzas hallaba para enfrentarlo.

El movimiento del cuerpo ajeno contra el suyo terminó de convencerlo. Con el alzar de su cadera el laguz le había levantado a él también, además de permitirle sentirlo con claridad, y el descaro y facilidad con que seguía haciendo esa clase de cosas fulminó todo rastro de su usual cautela. Estaba harto de tenerle por encima, siempre cerca y desafiándolo consciente o inconscientemente con su superioridad física. En ese sentido, sólo tenerle a ras del suelo era una mejora y un alivio, capaz de impulsarle a sentirse bastante más seguro, mas no pensaba parar; sólo dejar que la ira acalorase su pecho y sujetarle por la ropa para el siguiente golpe. Un puñetazo de ventaja era todo lo que Advari le había dado voluntariamente, mas con lo complacido que se mostraba, impertérrito al dolor, Pelleas se perdía a la sobrecogedora necesidad de seguir. Debía cambiar las cosas. Con una expresión de ira que jamás antes había portado, apretó los dientes y alzó el puño para seguir golpeando, ya sin ver cuando pararía. El paso inicial era el más difícil, sin duda, pero seguir era sorprendente e inquietantemente simple.

Pese al enfurecido y brusco impulso, su puño no llegó a conectar nuevamente. El subhumano le sujetó, y antes de que atinase a nada, ya le había puesto a él por debajo, con la espalda contra el suelo. - Qué-- cómo-- - El príncipe murmuró, entrecortado y confundido por la propia lentitud de sus reflejos, en comparación a los del laguz. No había estado preparado, ni siquiera vestido convenientemente, pues al intentar separarse del suello y llevar los puños contra el león, se halló ahorcado y retenido por la capa que quedaba hecha un lío bajo ambos. Las garras de Advari ya estaban sobre él. Garras que podían volver a marcarse en su piel, de un modo que no necesitaba volver a ver. Interpretando sus palabras como una amenaza de hacer exactamente eso, con el pulso en la garganta y cada músculo tenso, el mago se desabrochó a toda prisa la prenda, dejándola en el suelo al moverse para apartar a la bestia; con un brusco tirón a una oreja leonina primero, lo único que la proximidad permitía, y un torpe codazo a la altura del cuello después. Enseguida volvió a lanzarse contra él, apoyándose en el peso de su cuerpo para girarlo y regresar arriba con mucha menos presición que el otro, no en un ágil intercambio, sino sólo poniéndose más o menos en alto. Le bastaba.

- ¡Bien! ¡Como quieras, subhumano! - Respondió a la provocación. Tenía que estar arriba mientras podía, mientras el frenético impulso le guiaba a golpearle con saña, repetitivo e insistente. El acto en sí le servía para descargarse, pero hasta el momento no había logrado una reacción de dolor en el subhumano y la necesitaba. No un dolor al que pudiese ronronear, sino uno que le borrara la socarrona sonrisa al fin. Pensó en los peores actos del laguz, lo recordó sobre él y empapado en sangre semanas atrás, así como las palabras que acababa de decirle, y agitado por el esfuerzo golpeó cada vez con más fuerza. Un puño y el otro, una mejilla ajena y la otra, como si apuntase más allá de él. - No... puedes... disfrutar... esto. - Habló en un gruñido, casi una orden. Descargaba los golpes con todo lo que tenía, y en sus propios dedos dolía cada impacto, a causa de los anillos de oro y joyas que aún llevaba; algunos finos, mas la mayoría gruesos y contundentes. No pensaba detenerse ya, ni sabía cuando querría hacerlo.
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Mensaje por Invitado Sáb Oct 29, 2016 1:29 pm

Le dejó golpear la primera vez, la segunda e incluso una tercera. El dolor en su cara era un indicador de que tan frustrado se encontraba su princesa. Podía sentirlo hervir encima suyo, buscando venganza y eso era tan divertido que sus carcajadas se escuchaban con fuerza. Era hilarante desde su punto de vista. Un pequeño beorc escuálido liándose a puñetazos contra un león.

Ohhh en la arena hubieran disfrutado tanto esto . Hizo una mueca ante un golpe especialmente duro, algo crujió en su mandíbula pero no cedió, eso era bueno, no quería un diente menos. Creo que has tenido suficiente, princesa . Con una sonrisa torcida, detuvo el siguiente golpe en el aire. Su mano apretando con fuerza la muñeca del otro macho. Sujetó también el otro puño, porque no era idiota y el principito tenía un buen gancho con ambos. Y a esas alturas estaba lo suficientemente enojado para tratar de usarlo a pesar de que le había detenido.

- GROOOAARR!!!- rugió en su cara. No era tan impresionante en su forma humana, pero era lo que tenía para sacarlo de su estado de estupor agresivo. Le sonrió al ver la mirada que le daba. Oh si, Pelleas no era feliz. Pero era culpa suya por toparse con él en aquel lugar. Advari solo andaba buscando tierras mejores lejos de los sucios emergidos y humanos, aquel sitio había parecido perfecto. No que se quejara de reencontrarse con su princesa. Solo que hubiera preferido que fuera en sus términos y no como un accidente. No era feliz tampoco.

- Eso... ha estado mucho mejor- alagó, sin soltarlo aún. Repitiendo, no era imbécil, solo un desgraciado cabrón. Acarició la muñeca de la mano que retenía con su derecha, su puño izquierdo apretándose un poco alrededor del otro.

- Pero… nunca dije que dejaría que siguieras golpeándome sin represalias- Y con eso, soltó la muñeca para darle un revéz, con fuerza. ¡Oh! ¡Cómo disfrutó eso! ronroneó y se incorporó, sacudiéndose como un perro del polvo de su espalda.

- Sigues siendo muy ingenuo- frotó su cara magullada, había algo de sangre, seguramente por los anillos de su princesa.
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Mensaje por Pelleas Miér Nov 23, 2016 9:02 pm

Era perfectamente consciente de que no podía ganar en un enfrentamiento físico contra el laguz; no había podido cuando el encierro y la malnutrición lo tenían en peor estado y no podría en ese entonces, que lucía más sano. No obstante, aquella lógica noción tenía poco y nada que ver con sus intenciones de seguir de todas formas, pues no se trataba de pelear y vencer, sino tan sólo de que los golpes diesen, su frustración hallase alivio y el león supiese que no aceptaría ser tratado de ese modo por más tiempo. Eso era todo. No resultó sorprendente siquiera que pudiese frenarlo, sujetando su huesuda muñeca para detener en seco el golpe que intentaba, mas sí era irritante. Aún no había terminado. El otro puño fue apresado de similar forma, y al verlos inmovilizados Pelleas tironeó tan bruscamente como pudo, impaciente y ansioso de poder continuar. Sólo el rugido detuvo verdaderamente su impulso, ruidoso y feral pese a provenir aún de una garganta humana; tener esa aproximación y ver sus dientes cerca no tenía un efecto muy distinto en una u otra forma.  

Paró, capturado por las manos ajenas y quedando en un punto sin salida del enfrentamiento. El silencio después del rugido le obligaba a detenerse, silenciarse él también y ver. El león ya no lucía tan sonriente y calmo al alabar sus golpes, y aunque cambiar su expresión era lo primero que Pelleas había pretendido, la expectativa respecto a lo que sucediese enseguida le inquietaba. La caricia en su muñeca le ponía aún más alerta. Prefería que regresaran a la agresión, antes que aquel momento tenso y quieto. Para su alivio e infortunio a la vez, lo que recibió efectivamente fue un golpe en el sentido opuesto, tan veloz el movimiento y tan bien llevado el impacto que le lanzó de espaldas, fuera de su posición sobre el laguz. El dolor en toda la cabeza, el pitido en uno de los oídos y el deje de sangre en su boca, producto de los dientes pellizcando lo que no debían, eran todas sensaciones familiares. Y quizás su padre había tenido razón todo ese tiempo respecto a cultivar su resistencia a tales cosas, pues no hubo momento de desorientación posterior, sino el inmediato reflejo de apoyar las manos en el suelo y alzarse un poco, volviendo su atención tan pronto como podía al frente. Sus dientes habían dado contra la comisura de su boca, aunque el daño era ínfimo en comparación a lo que podía ser si no los hubiese apretado por instinto. Se hallaba relativamente bien; había soportado y podía soportar bastante más. Y nada le quitaría la satisfacción de ver al león dañado también, habiendo maltratado su rostro suficientemente con sus puños y los pesados anillos como para hacerle sangrar.

- ¿Qué quieres decir con ingenuo? Sé lo que hago, lo sé, pero es que... - Negó con la cabeza, más preocupado de recobrar aliento que de hablar. Apoyando una rodilla en el suelo, se levantó lo suficiente como para probar que su equilibrio y su cuerpo respondieran bien. Sabía que habría repercusiones. Y no le era importante lo irracional que fuese de su parte, necesitaba hacer eso, aún si él pudiese y seguramente fuese a terminar mucho peor que el subhumano. Hasta donde fuese capaz, tenía que persistir, cuanto menos hasta que el animal le tomase en serio. - Tú creías que podías tratarme de la forma en que se te antojara, ¿no es así? P-Pues no puedes. Y yo est-estoy harto, ¡y también hay represalias! - Terminó de alzarse y se enderezó, olvidando por completo la blanca y costosa prenda de ropa que había dejado en el suelo. En algún sitio había dejado su libro también, pero prescindiría mientras no supiese siquiera donde. Podía pararse frente al subhumano, podía moverse sin que la cabeza le palpitase y con eso bastaba.

Apretó  los puños, y sin esperar a que el laguz diese el primer paso o limpiase la sangre de su rostro se adelantó por él, tomándole por el frente de la ropa y halando para acercárselo, pues de otro modo su rostro era un blanco demasiado alto. El impulso inicial hacía subsidido, sin embargo, y su energía menguaba; no era alguien físico y era notorio, pues su gesto en ese entonces fue más torpe que el anterior, dando pasos de sobra adelante y pisando en falso. Creía pisar por error sobre el pie del laguz, mas no resultaba ser eso, sino algo que cedió levemente. Debió tensar más la tela entre sus manos, prácticamente sujetarse de allí por estabilidad. Al bajar la vista, sin haber llegado a lanzar el golpe que pretendía sino tan sólo teniendo la ropa del subhumano entre sus dedos, halló allí el tomo de tapas negras que había descartado antes, cerrado y polvoriento. Abrió los ojos un poco más ampliamente en sorpresa, dudando de súbito entre recogerlo o no.
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Mensaje por Invitado Vie Nov 25, 2016 6:39 pm

- Ingenuo en tus actos, en tus palabras, en tu forma de hablarme- acarició ese rostro lastimado. Se veía tan frágil y tan fuerte bajo sus manos. Era tan sencillo de dominar físicamente y había tanto fuego ardiendo dentro suyo. No sería divertido si no fuera así. Aquel jugueteo que tenía con el humano, una manera de desquitarse contra los humanos, solo un modo de atormentar a uno, el primero que vio estando en libertad luego de tantos años.

El león se encaprichaba. No había otra explicación para su comportamiento irracional y fuera de carácter. Estaba encaprichado con el pequeño mago y por eso no lo mataba, tan sencillo que se le haría con cualquier otro boquisuelto que se topara. Era su manera torcida de agradecerle su liberación. Le atormentaba, acosaba, manoseaba e insultaba pero no le mataba. Había acabado con la vida de otros humanos por menos que eso, por hambre, por disgusto, para mejorar su estado de ánimo. Pero a su hembra, no, Pelleas era especial a su manera. Tenía algo que le llamaba como un imán, no solo su actitud ingenua al enfrentarse a un laguz mucho más fuerte que él, no, había algo que no podía explicar.

Ronroneó con gusto al verle enderezarse. Enseñarle a golpear era un avance, no dejaría que una pareja potencial quedara mal mostrando incompetencia o debilidad a otros. Pelleas era fuerte, debía ser fuerte.

- Muéstrame~ tus represalias, enséñame que no eres un corderito indefenso que tomará todo a cuatro patas y tal vez te crea entonces, pero hasta ese momento, seguiré recordándote así, como esa perrita ansiosa retorciéndose debajo mío mientras le tenía con el culo en vilo y las entrañas llenas de semen- le recordaría de ese modo hiciera lo que hiciera el pobre mago, era un recuerdo delicioso para fantasear, pero deseaba verle tratar. Soltó una carcajada cuando sujetó el frente de su ropa. - ¿Mhh? ¿Vas a golpearme o a besarme? pareces bastante indeciso- ronroneó y gruñó en su dirección, chasqueando los dientes juguetonamente y usando su rabo para frotar una de sus piernas hasta sus caderas. Creyó verle saltar y avanzar eso le llenó de placer hasta que notó lo que realmente había provocado aquella reacción.

Un libro. El libro que el mago usó para golpearle en vez de usar un hechizo. Frunció el ceño en su dirección, mirando a Pelleas, y luego del libro al mago, del mago al libro.

- Necesitas mas ayuda de lo que pensé si dejas tu arma principal tan fácil y luego dudas en tomarla, mierda crío no me lo pongas tan fácil- reprochó y se inclinó el mismo a tomar el tomo de tapas oscuras. Le miró con curiosidad, las orejas irguiéndose hacia adelante cuando abrió y pasó las primeras páginas. Incomprensible galimatías a sus ojos, pero era bonito a su manera. Ver las páginas llenas de tinta era agradable.  No hizo gesto alguno de devolver el libro. De hecho, clavó las garras un poco en las cubiertas, solo en caso de que el pequeño mago se hiciera ideas de arrebatárselo.
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Mensaje por Pelleas Jue Dic 01, 2016 10:41 pm

Cualquier contacto de parte del laguz le llenaba la piel de escalofríos aún, y sospechaba que no cesaría de hacerlo. Había demasiados recuerdos unidos a él, a la sombra que le cernía y la amplitud de su porte, inclusive a la mera textura o el peso de sus manos. Nada pasaba para el mago de la casual forma en que parecía ser para el otro. Un simple roce de su cola servía para erizarle por completo, tanto como para avivar su irritación al percibir con claridad una característica tan bestial. Bajo las palabras que no se le antojaban sino burlonas, su tono en demasía calmo y sus gestos animalescos, el usualmente retraído príncipe no mantenía los estribos. Enrojeció rápidamente, mas por su innata renuencia a tocar una cola laguz fue incapaz de quitársela de donde abría el corte frontal de su túnica y llegaba a su cadera, tan sólo retrocediendo como si hubiese sido él la persona sujetada. La pregunta y la mera palabra "beso" lo habían alterado demasiado como para reaccionar de otro modo, temiendo por un momento que las cosas fuesen a salirse de su control, como en el anterior encuentro. - ¡D-Dije que ya es suficiente! -

El león no estaba creyéndole, claramente. No creía que habrían represalias por lo que hacía, o que el mago oscuro tuviese posbilidad de defenderse ante él, o quizás ambas cosas. Como fuese, era obvio a Pelleas que le tomaba con escasa seriedad, frustrándolo más aún. Después de todo el tiempo transcurrido, no podía segur siendo así. Vio al laguz hallar su libro y agacharse a tomarlo, decidiendo en ese mismo instante que no debía quitárselo ni utilizarlo, si el león pensaba que era todo lo que tenía para defenderse. Le demostraría que podía sobreponerse con o sin el tomo. Estaba incrédulo y en cierta medida sospechaba de lo interesado que parecía en el contenido de las páginas, como si realmente intentara dilucidar algo ahí, como si las letras en idioma antiguo o siquiera letras en general le significaran algo, pero aprovechó que la atención de su contrario yacía en ello. Apoyando tan sólo los dedos del otro lado del tomo abierto, en el lomo, levantó en torno a todo el objeto el hálito negro de la magia, tan leve que subía como humo y se desvanecía con la misma facilidad en el aire. No conjuraría, no valía la pena gastar buenos hechizos si no estaría empleándolos y guiándolos debidamente, pero mostraba que podría si lo deseara.

- No lo necesito. - Dijo entre dientes, claramente irritado. En acordancia cesó enseguida lo que hacía. - No es tan fácil como crees-- esa vez fue distinta, todo salió mal, pero no podrías lastimarme ahora. - Apartó la mano. Al bajar, su dedo medio recorrió la tapa, y con la leve frialdad de la que se impregnaba habia rozó también el pecho ajeno. No más que un tacto pasajero, aunque aún así sentía la irregularidad de las cicatrices en la piel, bajo la tela. No pensaba atacarlo con hechizos, pero con tanta intensidad lo resentía y tan decidido estaba en esos momentos, que se atrevía a poner sobre él una maldición. Y eso había hecho. Todo lo que necesitó fue ese pequeño tacto. Retrajo su mano como si el gesto le hubiese quemado los dedos y retrocedió nuevamente, dejando al libro y a él. El arte de maldecir era uno que no dominaba en absoluto, poca certeza le daba, pero era lo único en que podía canalizar su hastío.

Necesitaría que fuese el laguz quien lo atacara, no vice versa. La maldición no podía herirlo ni inflingirle dolor con facilidad; tan sólo hacerle sentir el mismo dolor que él le causara al mago, cuando y si lo agredía, en la misma vividez e intensidad. Necesitaba que hiciese algo. Por supuesto que él también sufriría, él sería quien tuviese las heridas, pero en ese momento se inclinaba a pensar que valía la pena y desear provocarlo a algo grave. Buscando una reacción agresiva del animal, intentó golpear el libro fuera de sus manos, para luego empujarle a él con cuanta fuerza podía reunir, bastante menos fuerte ya que al principio. Aún así, era insistente y brusco, intentando hacer al león retroceder, hastiarlo, provocarlo. - Un golpe no ha sido nada. Intenta lastimarme realmente, te reto-- ¡inténtalo, bestia subhumana! -
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Mensaje por Invitado Lun Dic 12, 2016 1:46 am

Su reacción provocó que su sensación de satisfacción creciera un poco más. .
- Muy bien, si es lo que desea mi princesa - comentó en un tono burlón, sin dejar de centrarse en el libro más que para alzar y bajar una ceja juguetonamente en su dirección. Tal vez no entendía lo que estaba escrito, pero eso no impedía que sintiera interés por lo que su compañero de apareamiento espontáneo tuviera entre manos.

Advari era un bruto, Pelleas ya sabía eso y no debía esperar que fuera repentinamente más civilizado que la primera vez que le encontró. Aunque dado que no le tenía clavandosela contra la pared del callejón, el mago debería sentirse agradecido de su buena fortuna. Que el león sintiera más interés en el libro que en juguetear más con el joven humano.

Ronroneó al notar el cambio en su tono de voz. El corderito se escuchaba tan seductor cuando trataba de ser orgulloso y altivo. Le hacía desearlo más. Una leona después de todo no muestra interés por el león hasta que este ha demostrado su valía en combate. Advari pensaba que ya se había ganado a su leona, pero claro, Pelleas era un ser humano, así que estaba siendo difícil en aceptar su posición evidente, o simplemente no quería complacer sus jugueteos. Su actitud agresiva era muy interesante, pero agotadora si se mantenía mucho tiempo. Un suspiro de frustración escapó de sus labios y las orejas se tumbaron contra su cráneo. El humano le veía como una bestia idiota, eso era obvio. ¿Qué creía? ¿que intentaría hacer magia? obviamente no era capaz de eso, solo sentía curiosidad.

- Si quieres tu libro solo tienes que ser amable, no me lo pienso quedar- no mucho, solo lo suficiente para curiosear sus hojas. No iba siquiera a romperlo o maltratarlo, ese tipo de tratamiento se lo dedicaba solo a su comida, a Pelleas solo lo magullaba un poquito.

-Debes aprender a estar en guardia en todo momento, quiero que seas fuerte mi hermosa princesa- ronroneó e hizo el intento de volver a pegar su cuerpo al suyo. La mano del mago oscuro le detuvo, intrigado por la caricia extraña, sus orejas se irguieron con optimismo y le rodeó la cintura con su rabo posesivamente. ¡Finalmente! Pelleas había llegado a la conclusión que era más fácil seguirle el juego y tenerle contento mientras estuvieran cerca el uno del otro. Eso haría las cosas más interesantes.

- No te haré daño, a menos que eso sea lo que quieras de mi- se relamió los labios y le acorraló. - ¿Quieres que te lastime? ¿te gusta rudo, verdad? hmmm claro, por eso me pedías que te mordiera durante nuestro apareamiento- sus palabras eran crudas e insensibles. Disfrutando obviamente sus memorias. Y Pelleas estaba reaccionando de manera agresiva. No había esperado eso pero era divertido igual, si quería seguir haciendose el difícil bien por él. Gruñó y le empujó de vuelta, chocando el cuerpo del humano contra el muro del callejón y clavando una rodilla entre sus piernas.

- Siempre provocando al león, quieres dolor y luego te quejas ¿Y sabes que? no me pareció justo que la vez anterior te fueras sin una sola marca gracias a tus pociones- le sujetó con fuerza, clavando levemente las garras en sus hombros y gracias a la adrenalina casi no notando la maldición afectándolo. - ¿Qué te parece si igualamos las cosas mi dulce bocadillo?- lamió el cuello de cisne, que se retorciera si quería, no le dejaría ir tan fácil esa ocasión. Apartó la tela molesta del cuello y hombro, dejando al descubierto una zona vulnerable y atractiva para morder. Mordió con fuerza, decidido a dejar una marca en esa ocasión, y con la mordida vino un curioso, extraño y doloroso efecto que le hizo tensarse y gruñir de dolor sin soltar aun a su presa. Apretó los dientes y el efecto se repitió en él. Su mano derecha soltó al mago y subió a su propio hombro, nada, Pelleas no le había mordido en represalia. Le soltó y le miró con intriga.

- ¿Qué jodida mierda has hecho?- sobraba decir que sus ganas de follarselo en seco otra vez se habían ido volando.
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Mensaje por Pelleas Sáb Dic 31, 2016 10:53 pm

Spoiler:
Pelleas haciéndose respetar, finalmente!!: Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento] Fb4 (?)

Era difícil escucharle con atención, más aún entenderle, cuando los modos en que le llamaba se le hacían tan vergonzosos e irritantes cada vez. Quizás no todo fuese una burla; quizás fuese tan simplista la mentalidad del animal que sólo supiese tratar en femenino a quienes había tenido en intimidad, quizás creyera que no era problema o hasta fuera su única tosca, burda y molesta forma de expresar una suerte de relación, que por supuesto que no tenían, pero que podía llegar a malentenderse. Pero Pelleas no tenía la paciencia, no con Advari, como para pensar detenidamente en esas posibilidades y desenredar mejor las cosas, sino sólo la reacción inmediata de tensarse y enfadarse cuando le trataba así. Su raza no contribuía a que fuera comprensivo con sus modos. De lo que decía, no dilucidaba ni por asomo que el león no estuviese en ánimos de agredirlo sin más, ni mucho menos se molestaba en analizar la extraña intención de que buscase verle fuerte. Calmo, seguramente habría sabido tomar esas palabras y entender un tanto más al laguz en sí, mas en aquel momento nada cobraba mucho sentido.

- ¿Eso es lo que te importa...? - Dijo, incrédulo. El león no parecía feliz de que lo atacara o se resistiera en la mayoría de ocasiones, sus palabras parecían contradictorias. Las siguientes, más aun; había sido muy capaz de hacerle daño antes y no veía donde pudiese yacer el cambio. El gesto de relamerse los labios parecía inclusive un mal augurio para eso. Convencido de que mentía o mezclaba historias otra vez, la mirada de Pelleas se tornó acusadora al responderle, tomando aire como si fuese a ser más brusco, gritar o agitarse, mas conteniéndose a fin de cuentas, tan sólo sonando algo indignado. - No te creo. A estas alturas, decir que no me harías daño... - Avanzó un paso más, dispuesto a dar otro empuje para cortar sus persistentes recordatorios y comentarios, lo que fuese necesario para hacerle atacar de regreso, cuando el león reaccionó por sí mismo.

No cuestionó lo rápido que había sido; lo esperaba de un subhumano, según todo lo que sabía de ellos. Sólo le puso en alerta la forma en que lo hacía, azotando su espalda contra una pared a la que no había visto que se acercasen. Los ojos del mago oscuro se abrieron ampliamente en sorpresa entonces, alzando la vista a él con cierto temor a que las cosas se fuesen nuevamente de control. Le arrinconaba y se acercaba demasiado, cuando sólo necesitaba que lo lastimara. Tragó saliva en ansiedad. Recordándose constantemente que debía persistir, que el intento debía funcionar, Pelleas no hizo siquiera amago de apartarlo, sosteniendo el contacto visual pese a lo mucho que le avergonzara; su único movimiento fue el instintivo alzar de las manos cuando el animal bajó la cabeza hasta su cuello. Sus palabras le daban la señal indicada, no se negaría. Al contrario, sus manos continuaron el camino hasta el corto cabello rojo, aferrándose para cuando el dolor llegara. Su veloz pulso golpeteaba al costado de su cuello, contra la lengua cálida, mas dio tiempo inclusive a que le apartara la ropa, apoyando la nuca lentamente en la pared detrás. Fue incapaz de cerrar los ojos. Y otra vez se hallaba a sí mismo urgiéndolo a morder, sólo que no vocalmente en esa ocasión.

Como había pasado antes, la anticipación a una mordida que sabía que lastimaría le agitó. Cierto calor en el vientre, una suerte de tensión que sólo se soltaba cuando el dolor llegaba, más alivio que molestia. Era inentendible, pero era lo que le sucedía. No llegó a pronunciar un acobardado "espera" antes de que el laguz hundiese su afilada dentadura en la piel, causándole un poderoso escalofrío que dobló hasta los dedos de sus pies al interior de sus botas. Haló de los cortos mechones de cabello al apretarlos entre sus manos, resistiendo con un quejido bajo, todo menos incómodo. Estaba seguro de que compartían el dolor, sentía la molestia y la tensión apretando la mandíbula ajena; permaneció decidido entre sus fauces, las manos temblando al no poder apretar más fuerte, hasta que fue el otro quien no pudo continuar. Soltando un pesado suspiro, el mago enseguida recargó su peso contra la pared detrás, decayendo sólo un poco. Nada le aliviaba más que haberle hecho retroceder, tomarle de sorpresa y propinar una pequeña venganza.

- Algo que he aprendido desde la última vez que me viste. Ha funcionado... - Exhaló, apenas creyéndolo él mismo. No había intentado esa maldición en particular antes. Satisfecho con el resultado, ni siquiera atendió la mordida sangrante y la ropa desacomodada en torno a su cuello y hombro, tan sólo dando una breve risa, con el aliento aún algo perdido por lo que acababa de suceder. - Represalias. Dije que las habría, ¿no es así? - Dijo, feliz en la medida en que podía estarlo. Ganar en una pequeña cosa hacía gran diferencia para el príncipe; la sonrisa no dejaba sus labios ya. - Las cosas no son iguales ahora. -

Sus deseos de atacar al laguz y descargar su resentimiento habían aminorado, tanto por haberse agotado en el intento, como por aquella pequeña satisfacción, despejando al fin la mente de Pelleas. Recobrar el aliento le hacía sentir que regresaba en sí. Finalmente se separó de la muralla externa de la ciudad, acomodando su ropa en torno a su cuello, más sin cerrarla demasiado contra la herida. Cubriéndola con su mano, pues no tenía en ese instante el tiempo para atenderla ni siquiera sus cosas a mano para buscar medicina, sólo se irguió y avanzó en dirección al subhumano. Mientras el rojo manchaba entre sus dedos, dio un par de pasos lentos, mas provistos de nueva seguridad. La maldición no funcionaría por más tiempo que el que ya había funcionado, sin embargo, mientras el león desconociera ese hecho podía manejar la situación. Se detuvo a cierta distancia, firme en su sitio. - ¿Vas a intentarlo nuevamente? El dolor será peor. La próxima vez, es posible que también comiences a lastimarte. Será mejor que esto termine... -
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Mensaje por Invitado Sáb Ene 14, 2017 2:59 am

- Tienes tus motivos para no creerme, pero te aseguro que si no fueras de mi agrado te hubiera roto el cuellito flaco cuando te estaba cojiendo en aquel callejón- Miró amenazadoramente al pelinegro, no le gustaba mucho que dudaran de su palabra, era un antiguo esclavo y un laguz, pero eso no debía significar que sus palabras valieran menos. Claro, igual y tenía que ver que se contradijera a cada rato. Deslizó su lengua por encima de sus colmillos, limpiando y disfrutando de los restos de sabor a sangre de Pelleas. - Pero, mierda, has aprendido algunos trucos interesantes desde la última vez que tuve el placer de encontrarme contigo- remarcó la palabra placer con un ronroneo lascivo que dejaba a ver lo mucho que había disfrutado el último encuentro.  El chispazo de dolor fue sorpresa, era fácil notar eso con su reacción, pero algo así solo era un pequeño contratiempo en todo el asunto.

Pelleas era jodidamente adorable. Jodiblemente adorable también. Su princesa tenía garras, disfrutaba la idea. El rabo ondeó y se sacudió a sus espaldas mostrando lo emocionado que estaba ante toda la situación.

- Te has vuelto más fuerte. Aun golpeas como una princesa, pero es mejor que la primera vez- si Pelleas quería huir y retroceder no se lo permitiría tan fácil. Solo tenía que tener cuidado de no romperle nada importante. Al desparpajo de león poco le importaba sufrir un poco de dolor o bastante ahora que sabía lo que podría venir. Era intrigante que Pelleas pudiera conjurar semejante protección y en su contra además. Resopló divertido al pensar lo diferente que hubiera sido todo en el puerto si ese pequeño mago hubiera conocido ese poder en aquel entonces. Era algo masoquista pero la idea de sentir el dolor de su pareja mientras le jodía el culo era perturbadora. Si, mejor no probar, pese a que quería borrar esa sonrisa de satisfacción de la cara del pequeño mago, le gustaba más ver al mago con el ceño fruncido y ahora estaba disfrutando aquello demasiado. Le recordó por un instante a sus anteriores captores, con sus armas, cadenas y lanzas obligándole de una jaula a la arena, sabiendo que el león poco podría hacer para contraatacar en esas condiciones.

Contuvo a duras penas un gruñido, pero la punta de su rabo dió un par de sacudidas a la vez que las orejas se tumbaban contra su cráneo. Para cualquiera que conociera el lenguaje corporal laguz sería obvio que estaba molesto. ¿Qué tanto lo conocía Pelleas? no parecía ser de los que prestan atención a los esclavos, sus previos encuentros se lo decía, pero siempre había sorpresas.

- Te lo he dicho, no quiero hacerte daño, tsk, es tu culpa por ponerte difícil en primer lugar ¿no he sido amable?- respondió entre dientes, era un cínico león, justo en ese momento quería clavarle las garras en los brazos y hacerle chillar mientras se frotaba contra él. La fantasía le hizo sonreír, todo dientes y peligro mientras daba un paso en su dirección, y otro, pegando su pecho al mago. - Siempre actúas tan altivo, solo quería averiguar si tenías la fuerza para respaldar esa actitud de perra soberbia - alzó una zarpa para acariciar el cuello pálido. - No quiero que otro imbécil te mate porque abriste esa bocaza para algo más que chupar pollas-
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Mensaje por Pelleas Dom Ene 29, 2017 4:04 pm

Todo lo que el león había llegado a tomar de él, además de los golpes intercambiados, era un poco de sangre. Unos segundos de tenerle entre las fauces, suficiente sangre para empapar su boca, pero nada más. Ni heridas graves, ni gestos de intimidad forzados; a los ojos de Pelleas era un ultimatum exitosamente dado, una demostración apropiada de que lo de antes no volvería a suceder. Y sin embargo, la expresión de arrepentimiento, dolor o cuanto menos de frustración que habría querido ver en el rostro del laguz no estaba allí. Al contrario, podía decir que Advari parecía contento con el hecho; orgulloso, en cierta inentendible forma, de lo que había logrado quien se le oponía. Por unos momentos, esa clase de actitud atentó contra su seguridad, llevando al joven mago a preguntarse si no sería suficiente para detenerlo, después de todo.

La leve presión nerviosa en el pecho, tan veloz como había aparecido, se desvaneció al estar cerca y ver, finalmente, al león comenzar a mostrarse molesto. Por primera vez no hacía intentos de tocarlo, ni amenazaba de arrinconarlo. Supuso que el entendimiento de que no sería tan simple había entrado en su mente al fin. Aliviado, Pelleas respiró con lentitud, disfutando a discreto y silencioso modo de no tener que sentirse en peligro tan sólo por la corta distancia entre ambos. Podía pararse frente a Advari con cierta confianza, al fin.

- No se supone que luche con mis puños... sólo he tenido que. - Respondió, recordando de ese modo el libro descartado. Había cumplido su cometido de no utilizarlo, mas los tomos de magia negra eran un recurso demasiado raro y preciado como para permitirse descuidar uno. Separándose un poco, recogió el suyo del suelo, limpiando las tapas con sus manos y el tramo de túnica oscura frente a sus piernas. Mirando el libro, su sonrisa crecía un poco, agradeciendo como cientos de veces antes lo que las artes ocultas hacían por él. Esta vez, también se enorgullecía de sí mismo por el punto al que había llegado; no había usado el libro, sino sólo sus manos, pero todo lo debía a la magia arcana igualmente. - Pero así es. He estado aprendiendo. Aunque aún queda mucho... - Murmuró. En cierta forma, reaccionaba al reconocimiento del laguz, contentándose en algún nivel de que viera y alabara su progreso. Su respuesta, pues, había sido muchos menos distante en ese momento, sino más bien calma, al nivel de agrado con el que podría hablar con una persona normalmente. Tal humor se resquebrajó al oír al animal proseguir.

- ¿A-Amable? ¿Amable? - Recriminó lo dicho, incapaz de creer que se atreviese a utilizar tal palabra, la más opuesta a la verdad desde su punto de vista. Peor aún fue lo que siguió, nuevamente palabras vulgares que ponían una mueca en el rostro del príncipe. No retrocedió, mas apartó la vista de inmediato. - ¡Qué asco! Eso es... ugh, es desagradable. - Sintió un escalofrío, no por alteración sino por los dedos que se aproximaban a su cuello. El ardor de todo tacto cerca de la herida le hizo tomar aire con rapidez y retenerlo, apartando hacia un lado el brazo ajeno. En la mordida, sólo los colmillos superiores e inferiores habían llegado verdaderamente a perforar, dejando una enrojecida impresión de la dentadura ajena en él, mas sólo cuatro puntos de los que habría brotado sangre, ya cesando de. Pelleas cubrió el daño con su mano otra vez, acomodándose más cerrada la ropa alrededor. Con un profundo suspiro y la vista posándose de regreso en el laguz, respondió con honestidad; la suya y en la que creía, al menos. - Yo estaba siendo amable, en su momento... más aún, si las cosas hubieran terminado bien y nada de lo que pasó no hubiese sucedido, te habría llevado conmigo al irme de Begnion. Había pensado en ello, podía ser bueno para ambos. Pero no ha sido así, y eso es por ti. -      

Tomó distancia, sin interés alguno en perpetuar una competencia de intimidación. La forma de acercarse y de imponerse con su físico era una actitud que reconocía ya de muchas instancias en el subhumano, demasiado básica a su parecer. - Ya viste lo que querías averiguar, así que es suficiente. Yo no tengo más que resolver contigo. Sería hora de... - Comenzó a decir, decidido a retirarse y buscando con la mirada sus pertenencias caídas. En la oscuridad que comenzaba a profundizarse, pudo ver igualmente la capa blanca y el bolso del mismo color, siendo aquello lo que le tornó consciente de la iniciada noche. En algún momento entre la disputa, el sol del atardecer había terminado de bajar, completamente fuera de vista ya. Y Bulgar se cerraría por completo por toda una semana, hasta el próximo día de mercado. Rememorando con urgencia la situación en la que estaba y el transporte al que debía de llegar cuanto antes, Pelleas recogió todo con súbita rapidez. Debía conseguir un vehículo a la frontera con Valentia, o cuanto menos un caballo; lo que fuese, o se vería obligado a hacer un considerable tramo a pie. Si no era en ese instante, no se quedaría a esperar la semana. Dejó la capa apenas colgada a su brazo, echándose el bolso el hombro. - ¡D-Debo irme! ¡Debo irme hoy y me has hecho perder demasiado tiempo! ¡Ya es noche! -
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Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento] Empty Re: Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento]

Mensaje por Invitado Miér Feb 15, 2017 8:00 pm

Que irritante que no fuera más agradecido. Esos humanos no sabían lo que era bueno. Con lo sencillo que le hubiera sido romperle el cuellito impertinente. Si no lo encontrara tan interesante y delicioso. Advari había sido muy amable. Tuvo varias oportunidades de simplemente matarlo, pero no, era tan amable que le trataba con más consideración de lo que trataría a otro humano. Pensó en lo que hubiera sido seguir a Pelleas como este comentaba, andar por Begnion como su siervo o animal de ataque, eso hubiera sido una estupidez ¿que hubiera hecho? ¿ser su mascota? ¿Su esclavo? no, mejor libre. Así podía atormentarlo un poquito cuando se lo topaba, romancear a distancia. Ronroneó ante la idea.

Si tan solo hubiera alguna magia para transformar a su princesita en una leona. Las cosas serían perfectas entonces. Se permitió fantasear por un segundo o dos.

- Hmph, pues harías bien en estar preparado. Ya te he atrapado dos veces sin tus preciados libros y poco has podido defenderte sin ellos, tan dulce y vulnerable, si no puedes engañarme o endulzarme para evitar conflicto debes poder usar los puños, un arma, algo más. Deberías agradecerme por mostrarte lo vulnerable que eres sin esa cosa, no puedes depender de solo un objeto para protegerte, mira a donde te ha llevado mi dulce princesa- Tan fácil de lastimar como un corderito. Y con unos ojos tan grandes y expresivos como los de un ternero. Vaya que era difícil no querer comérselo en todas las formas posibles.  - Tal vulnerable tentación- ronroneó. Y se hubiera pegado una vez más a su cuerpo si Pelleas no hubiera decidido que era buen momento para escapar.

Bueno, tonto no es, sabe cuándo hacer una retirada.

- Siempre andas con prisas- suspiró agotado y se encogió de hombros. Hastiado de la situación que no le era provechosa. Podía obligarlo a quedarse otro rato con él, pero si trataba era posible que empezara a gritar, atrajera gente curiosa y le metiera en problemas. O se metieran ambos en problemas. Lo segundo sería divertido, pero problemático. - Hhmmm ¿qué daño te hará un día de atraso en el viaje? esas cosas duran semanas- le siguió insistente, tanteando la capa con curiosidad y olfateando su cabello para asegurarse de que hubiera aroma suyo en el humano. - ¿Vas muy lejos?- Pelleas parecía más ocupado preocupándose que prestándole atención o temblando ante sus presencia.  - Para todas tus quejas, puedes ignorarme bastante bien gran parte del tiempo ¿A dónde vas corderito? si no me dices tendré que seguirte- bien podía mentirle, pero eso no pasó por su cabeza, no era de planes a largo plazo.

Se asomó a ver fuera del callejón. Ciertamente había oscurecido, las antorchas comenzaban a encenderse en algunos puntos estratégicos de las calles.

- Hay algún barco que debas tomar hoy, suelen salir temprano, no tarde- si fuera un bote lo habría perdido. Ladeó la cabeza y le siguió con interés. - Querías que fuera contigo a Begnion… ¿y si voy contigo ahora?- no estaba en sus planes, pero si le hacía perder más el tiempo, el cordero se vería obligado a perder ese día de viaje. Y ya había oscurecido, los humanos se ponen más interesados de noche ¿no era así?.
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Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento] Empty Re: Cien veces recordado [Privado; Advari // Entrenamiento]

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