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El Torneo Clandestino de Hoshido [Priv. Gaius] [Entrenamiento]

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El Torneo Clandestino de Hoshido [Priv. Gaius] [Entrenamiento] Empty El Torneo Clandestino de Hoshido [Priv. Gaius] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado Vie Mar 04, 2016 3:18 pm

Se podía afirmar sin temor a la equivocación que Ame era el miembro del clan Yato con quien mejor se llevaba Kagura. A menudo se les podía ver entrenando en los apacibles jardines de Naga, disfrutando de una puesta de sol en los terrenos adyacentes a los campos de arroz o incluso organizando trastadas para disturbar la tranquilidad de Hoshido. Por esto último, también constituían la principal fuente de los dolores de cabeza del Maestro Nhat, jefe del clan.

Ame era un joven sencillo que poseía la misma edad que Kagura, y aunque su personalidad pícara compartía algunas características esenciales con las de su hermana adoptada, por lo general actuaba de manera más serena y comedida que ésta.
Le gustaba el combate casi tanto como a Kagura. Aunque en realidad, su afición preferida y más peculiar tenía que ver con una innata obsesión con las máscaras: siempre que encontraba algo de tiempo libre para sí mismo, el joven shinobi se encerraba durante horas en su taller construyendo y perfeccionando caretas y antifaces tradicionales con aspectos y tamaños de lo más variopinto. A pesar de tener tan sólo dieciséis años, la calidad de sus diseños rivalizaba con los de cualquier otro artesano experto del país, pero como se negaba a desprenderse de sus creaciones y darlas a conocer, tampoco tenía demasiada fama.

No obstante para Ame, aquella noche la situación era muy distinta. Pues sin haber podido hacer nada para evitarlo, la más preciada de sus máscaras se había convertido de repente en el primer premio de un torneo secreto que Kagura había organizado a espaldas de los líderes del clan, que por fortuna se encontraban en esos momentos trabajando en una importante misión, muy lejos de casa.
Todo comenzó en la víspera de uno de esos festivales veraniegos tan típicos de Hoshido, en los que las calles se llenaban de luces y un bullicio contagioso. Los ciudadanos del país se reunían para participar en los múltiples eventos que la celebración podía ofrecerles, mientras se montaban puestos de comida y ferias tradicionales por doquier. Para un turista, ese ambiente tan agradable podría resultarle fascinante y diferente a lo que se podía encontrar en las demás naciones, pero para Ame y Kagura les era mortalmente aburrido. ¡Siempre era lo mismo! Por ese motivo y con algunas semanas de antelación, habían estado trazando un plan para esa fecha: la realización de un torneo de lucha clandestino en el que además de anfitriones, serían también participantes.
Cada uno se encargaba de organizar una parte del evento. Mientras que Ame se comprometía a correr la voz en muchas de las tabernas del país justo el día antes del inicio del festival, Kagura preparaba el lugar donde se llevaría a cabo el concurso y escogía los premios que recibirían los ganadores. Habían actuado con tan poco margen de tiempo debido a que querían evitar que el resto del clan llegase a enterarse antes de tiempo de lo que tenían entre manos, y puesto que temían una escasa presencia de público y de participantes por ese motivo, les resultó grato ver cómo el lugar que habían escogido para el torneo se llenaba rápidamente de gente.

-¡Daaaaamas y caballeros!- anunció gritando a pleno pulmón Kagura, que disfrutaba imitando la voz de presentador. Acto seguido explicó a los presentes las reglas del torneo. Les contó que los combates serían por parejas, por lo que cada combatiente tendría que escoger un compañero; y añadió en tono socarrón y altanero que para ganar el premio -la máscara blanca del zorro-, tendrían que vencerla a ella y a su hermano en un enfrentamiento final. El uso de armas estaba permitido, pero no el asesinato. -¡Así que ahora sería mejor que hablaseis entre ustedes para buscar un compañero con el que hacer equipo! ¡No os olvidéis de registrar vuestro equipo! ¡Tenéis diez minutos!-

Kagura y Ame se habían vestido de una manera peculiar para aquella ocasión. Llevaban una túnica negra por encima que cubría sus atavíos normales y ocultaban su rostro tras dos máscaras de zorro, una blanca y otra negra, parecidas a la que había expuesta en la vitrina del premio, sólo que de menor calidad. La de la muchacha pelirroja era la negra.

-¿Cómo crees que he estado?- le preguntó la joven a su hermano con alegría, que no contestó a su pregunta, ya que estaba muy ocupado recibiendo a los visitantes y llevando el registro de los equipos de luchadores. Además, aún estaba enfurruñado por lo de que Kagura hubiese puesto su máscara favorita como primer premio sin habérselo consultado antes.

El torneo clandestino se estaba celebrando en el interior de uno de los viejos dojos del clan Yato ubicado en las cercanías de los campos de arroz. Como apenas se utilizaba, tanto Ame como Kagura habían pensado que sería el sitio idóneo para sus intenciones. Se trataba de un edificio de madera enorme escasamente iluminado en el que cabía mucha gente. Constaba de dos plantas: en la primera se encontraba el tatami, mientras que la segunda era una especie de balcón que rodeaba todo el recinto, en el que el público podía observar sin problemas los combates.

-Más te vale que reces por que los ganadores de este torneo seamos nosotros.- dijo finalmente Ame. Sus palabras sonaron incluso más severas detrás la máscara de zorro blanco que tapaba su cara. A continuación alzó la voz y dio por finalizados los registros, anunciando los primeros dos equipos que se enfrentarían primero y deseándoles –con algo de hipocresía mal fingida- suerte.
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Mensaje por Invitado Lun Mar 07, 2016 4:18 pm

En su breve estadía en este extraño  y exótico país, Gaius ya había tenido un par de encuentros interesantes y comenzaba a familiarizarse con las costumbres locales. Iba ataviado con su clásica vestimenta Ylissiana pero le llamaba mucho la atención las vestimentas locales, en especial la que llevaban algunos integrantes de los llamados “dojos”. No tenía bien en claro lo que esa palabra significaba, solo había entendido que eran los cuarteles de entrenamiento, pero los pocos que había visto no tenían gran cantidad de armas o siquiera espacio, por lo que empezaba a dudar de la capacidad de combate de esta nación.
Pese a que eran lugares a los que les restaba importancia, si un rumor había llegado a sus oídos y captado toda su atención. Un par de noches atrás había escuchado dos palabrerías muy interesantes que corrían entre los susurros: El primero no era un secreto, la noche de luna nueva se celebraría un gran festival  a los pies del templo local. El otro, si un verdadero rumor, es que se jugaría un torneo clandestino en el viejo dojo del clan Yato.
Como a Gaius la curiosidad le podía más que cualquier instinto, decidió esa noche ver de qué se trataba ese famoso torneo.

Cuando llegó al torneo en cuestión quedo pasmado no bien cruzó el umbral. Decenas de jóvenes peleando de a pares con pocas armas o a mano limpia el uno contra el otro, de forma ordenada y prolija, mientras que eran observados por el resto de los participantes desde los costados de la sala. Lo ordenado de todo le resultaba inverosímil. Como la gente observaba tranquila desde sus asientos, apenas emitiendo alguna exclamación, pero solo  ocasionalmente. Lo ordenado y limpio de todo lo dejó pasmado, pero lo que más le sorprendió fue el premio por lo que todos estaban debatiéndose esa noche. “Una máscara de porcelana? Es enserio?” El bandido miraba todavía incrédulo la situación que lo rodeaba, teniendo que pellizcarse para comprobar que no había caído dormido.  Claramente en este reino no compartían el mismo concepto de premio que el ladrón, y estaba por dar media vuelta e irse, hasta que un particular movimiento de uno de los participantes le llamó poderosamente la atención. Era un movimiento que conocía, que manejaba a la perfección, una ligera llave que servía tanto para desarmar como para liberar las manos en caso de que te hubieran atrapado. Fascinado de que con un truco que él consideraba de supervivencia ese pequeño joven hubiera resuelto el combate hizo que abandonara la idea de retirarse y decidió quedarse a ver como esos jóvenes terminaban de resolver los enfrentamientos con simples trucos de escapismo.
Contempló un par de enfrentamientos y al poco tiempo pudo ver maso menos como solventaban las situaciones los locales. Gaius estaba terriblemente entusiasmado, nunca había visto a tantas personas manejar las técnicas que se enseñaban en los callejones oscuros y sucios de Ylisse, serpia esta una escuela de ladrones? Si era así, ahora Gaius estaba ansioso por demostrar su valía.
Con paso decidido fue hacia el veterano quien llevaba las pocas apuestas del combate.
-Soy Gaius, deYlisse. Y quiero participar!- dijo inflando el pecho al chaparro anciano quien tenía que elevar el cuello para poder mirarlo al rostro.
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Mensaje por Invitado Miér Mar 09, 2016 5:25 pm

Desde su sitio en el balcón superior, Ame se había fijado en el recién llegado desde que éste había decidido poner un pie en el antiguo dojo. Tras observarlo un rato y viendo que no parecía integrarse con el resto del público, pensó que sería buena idea ir a darle la bienvenida, ya que al fin y al cabo, estaba a cargo de las recepciones. Se levantó con elegancia y bajó al primer piso para encontrarse con él. Por su parte Kagura, que empezaba a aburrirse, decidió seguir de cerca a su hermano. A su parecer, los contendientes que se habían reunido aquella noche para demostrar su valía eran perros más ladradores que mordedores. ¡Estaba segura de que podría vencerlos a todos ellos sola y con los ojos vendados! ¿Y por qué todo el mundo estaba tan callado? ¿Qué palabra de Torneo Clandestino no habían entendido? ¡No había necesidad de tanta tranquilidad! Chasqueó la lengua disgustada mientras descendía por las escaleras. En Hoshido, toda la gente era igual de aburrida.

El extranjero les daba la espalda cuando por fin lo alcanzaron. Pudieron escuchar cómo se presentaba ante el anciano de las apuestas, revelando su procedencia y su intención de participar en el torneo. Incluso sin poder verle el rostro, el instinto de Kagura supo en seguida que era alguien especial e interesante… al menos en comparación con el resto de los presentes.

-Lo siento, amigo. Llegas tarde. Ya no se aceptan más participantes.- le dijo Ame a Gaius a través de su máscara y tras ponerle una mano en el hombro para llamar su atención. -Pero si te apetece puedes quedarte a ver el rest...-

No llegó a terminar la frase, pues la kunoichi le interrumpió clavándole la punta de su parasol azul en el pie. Ame no dijo nada más. Y por eso la pelirroja sospechó que estaba haciendo un gran esfuerzo para no quejarse del dolor que debía de estar sintiendo en esos momentos.

-¡Claro que puedes participar!-
empezó a decir Kagura con alegría y quitándose la máscara negra de zorro para que el extranjero de Ylisse pudiese verla mejor. Gaius despertaba su curiosidad, así que sin decir nada más acercó peligrosamente su rostro al del recién llegado para examinar con detenimiento el parche con el que ocultaba su ojo derecho. ¡Debía de ser un luchador experimentado! -Pero las normas son las normas. Y los combates son de dos contra dos. Necesitarías una pareja antes que nada. Pero no hay nadie más aquí que quiera pelear.-

Kagura alejó por fin su rostro del de Gaius y colocándose al lado de su hermano, que seguía inmóvil y en silencio, se puso otra vez la máscara sin apartar en ningún momento la mirada del extranjero.

-Así que no puedes participar. A no ser…- musitó la kunoichi alargando más de lo normal la letra “e” de la última palabra, intentando añadir misterio a lo que diría a continuación. -¡…qué quieras formar equipo conmigo!-

Ame intentó replicar con una nueva objeción. Estaba claro que no le hacía ninguna gracia que se uniese en el último momento un nuevo participante dispuesto a llevarse como premio su preciada máscara, pero tuvo que volverse a callar en cuanto sintió de nuevo cómo la fina punta metálica de un parasol se clavaba de nuevo en su ya de por sí dolorido pie.
Kagura, sin esperar casi la respuesta del extranjero, lo tomó de la mano arrastrándolo al centro del dojo, donde cuatro luchadores les miraron perplejos por su intromisión.

-¡Cambio de planes!- Anunció la pelirroja a la muchedumbre. -¡Este combate pasa a ser ahora mismo de dos contra cuatro!-
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Mensaje por Invitado Mar Mar 15, 2016 6:07 pm

Una graciosa pareja de hombres zorros se acercaron a él mientras todavía estaba negociando con el chaparro veterano para que le permitiera inscribirse al torneo. El hombre intentaba explicarle de fechas, plazos y periodos de inscripción, y Gaius tenía cada vez más ganas de levantarlo y zarandearlo por los aires. De qué plazos e inscripciones le hablaba? Una competencia siempre era un cuadrilátero, uno combatiente adentro, y el resto iban entrando y saliendo hasta que solo quedara el mejor. Así eran todas las competencias que había visto, y por ende, en el pequeño mundo del ladón, así era como eran todas.
No había llegado a sacar las manos de las caderas cuando esos dos niños disfrazados se le acercaron con sus llamativos disfraces. Debía admitir que eran muy coloridos trajes, pero igualmente no pensaba darles dulces por ellos. Aunque levantó una ceja cuando escucho lo que venían a plantear.

-Que yo pelee contigo?- Dijo incrédulo recorriendo con su único ojo a la pequeña pelirroja, quien parecía más una palabra que un hecho. La sola idea de ver a esa pequeña en el campo de batalla hiso que se sintiera mal, lo último que quería era cargar en la conciencia que la joven terminara con un ojo negro. Y viendo por la rudeza del resto de los participantes, supo enseguida que la delgada muchacha no aguantaría n round entre todos esos fornidos guerreros.
-Ey! Chica, es muy admirable tu empeño y espíritu, pero no creo que una arena de combate sea lugar para una niña. – Dijo dedicándole una sonrisa paternal, al tiempo que se inclinaba ligeramente sobre la joven y le acariciaba la cabeza.
-Sé que en algún lado está tu madre preocupada de porque no estas acostada a esta hora de la noche. No me gustaría tener que ser yo el responsable que algo malo te pasara, y tener que llevarte de regreso. -
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Mensaje por Invitado Lun Mar 21, 2016 10:30 pm

A Kagura no le gustaba la manera con la que el extranjero la trataba. Instantes atrás, había tenido la impresión de que en realidad el hombre del parche era alguien especial, pero las palabras paternales que éste le dirigió a continuación le resultaron hirientes y a su vez reveladoras. Llegó por tanto a la triste conclusión de que Gaius de Ylisse pensaba de la misma manera que los demás adultos cuando trataban con ella.

-¡Oye! ¿Quién demonios crees que ha organizado todo esto? ¡¿Eh?! En efecto. ¡Esta es MI arena de combate!- le respondió la pelirroja en un tono de voz algo enfurruñado mientras observaba cómo sus cuatro oponentes empezaban a rodearlos. Kagura retiró entonces con brusquedad la mano del extranjero que le acariciaba la cabeza y adoptó una postura de lucha defensiva, preparada para repeler cualquier ataque inminente.

-Y descuida. No tengo padres.- añadió con frialdad a través de su máscara inexpresiva. Fue en ese preciso momento en el que uno de los luchadores se adelantó al resto dispuesto a atacarles. Se trataba de un hombre joven cuya mirada honesta denotaba algo de impulsividad. A diferencia de sus compañeros, tampoco parecía amedrentado ante la idea de hacer daño a una adolescente de apariencia tan frágil como la de Kagura, y portaba además un bastón largo de madera que hacía girar en su mano con excelsa destreza.

La kunoichi se agachó justo a tiempo para esquivar el amplio barrido que su adversario ejecutó con el arma. La máscara limitaba un poco su visibilidad, pero como ninja, estaba lo suficientemente entrenada como para eludir ese tipo de ataques tan evidentes de forma casi instintiva. Respondió a la ofensiva con una rápida voltereta que le permitió acercarse al joven adversario antes de que éste pudiese reaccionar. Y sin levantarse aún del suelo, enredó las dos piernas contra uno de sus tobillos efectuando una precisa técnica marcial. La pierna atrapada crujió dolorosamente debido a la presión y el oponente, tras mascullar una maldición, cayó al suelo. Kagura aprovechó ese instante para incorporarse y apuntar con picardía el cuello del participante derrotado con la punta de su parasol.

Uno menos. Quedaban tres.

-¡Tú! ¡Parcheado!- gritó de repente la pelirroja refiriéndose a Gaius. -¿Pretendes luchar u observar? Hagamos una cosa: tú te encargas de esos dos y yo del último.-
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Mensaje por Invitado Jue Mar 31, 2016 4:56 pm

Gaius no pudo evitar levantar una ceja en una expresión de incredulidad, mientras miraba a la jovencita teniendo que bajar la barbilla.

-Tu? Organizaste todo esto? –

Dio un largo suspiro al tiempo que se acariciaba la nuca

-Diablos.. Creí que esto era un torneo real entre verdaderos guerreros, no una demostración abierta para niños-


No había malicia real en las palabras del bribón, simplemente un inocente comentario de profunda incredulidad, y así lo dejaba en claro su expresión de sorpresa y escepticismo, a que todavía se negaba a creer que todo esto hubiera sido organizado por una niña pequeña. Pero que fuera inocente no significaba que fuera idiota ya que se daba cuenta que, a pesar de no ser su intención, estaba lastimando los sentimientos de la joven.
Tomó aire para iniciar su disculpa, cuando el imprevisto ataque de uno de los contrincantes lo tomó por sorpresa al bandido, pero a la enmascarada no, quien con una rápida llave y en pocos minutos había reducido al corpulento hombretón. Con los ojos como plato, Gaius casi se traga el escarbadientes ante tal proeza, mas lo que realmente le sorprendió fue la petición de la joven después.

-Que yo que?-

Dijo al tiempo que se giraba a contemplar a los otros dos grandes luchadores que se encaminaban en pos de él. Sus anchas espaldas daban cuanta de un sinfín de músculos, y sus posturas agazapadas, de un conocimiento en combate el cual calculaba similar a los de la jovencita.
Con la frente empapada en sudor, el bandido llevó su mano hacia su vieja y confiable daga instintivamente, solo para recordar en ese instante que este era un torneo y no podría herir de gravedad a ningún contrincante o las consecuencias podrían ser peores que dejarse golpear por los dos sujetos. Tragando saliva y dando un par de pasos hacia atrás, el tuerto ladrón espero a que sus contrincantes dieran el primer paso.
Armados con gruesas y largas barras de madera, el primero de los dos guerreros arremetió contra el delgado pelirrojo, quien, desde que había perdido su preciado ojo derecho, ya no se le daba tan bien calcular las distancias, por lo que no logró esquivar del todo la estocada, recibiendo un fuerte palazo en el brazo. Con un agudo grito de dolor, cayo de costado sobre el prolijo tatami para enseguida rodar sobre sí mismo y volver a enderezarse, era una pelea de dos contra uno, no tenía tiempo de ponerse a llorar de dolor.
Vio como el compañero ya casi arremetía sobre él, pero ya estaba listo y preparado, sabía que no era cuestión de ganar distancia con su oponente, sino de acortarle lo más posible, así que casi pegándose al costado derecho de su agresor, en una posición donde las distancias no importaban, le dio un fuerte golpe en la palma consiguiendo que este soltara su arma, para enseguida atraparla con la mano libre. Ahí fue solo cuestión de girar el propio palo en el lugar, que este golpeo directamente en la frente del hombretón, cayendo de espaldas. Sin desaprovechar el estado vulnerable del mismo, Gaius dio una corta pero potente estocada con su nueva arma en una zona muy sensible de su contrincante, el cual pregono lo efectivo de su golpe con una serie de gritos, girando en círculos en el lugar donde había caído.

-Mejor ni te levantes-

Dijo mientras volvía a enderezarse y clavar la vista en el adversario que todavía se mantenía en pie.
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Mensaje por Invitado Mar Abr 12, 2016 8:32 pm

-¡Bien hecho, parcheado!- felicitó Kagura a Gaius después de presenciar su extraordinaria destreza al momento de neutralizar a su oponente. La joven ninja, estando todavía algo molesta por las anteriores palabras del extranjero, se encontraba subida encima de la espalda del tercer adversario, con el que forcejeaba en un intento de dejarlo sin aire y sumirlo en la inconsciencia. Para ello, presionaba sin piedad la garganta del contrario contra la vara de madera de su parasol. ¡Pero el luchador se resistía demasiado! A Kagura le empezaba a cansar tener que prestar tanta atención a los movimientos de su robusta presa para evitar perder el equilibrio y caerse.

Ante el hecho de que el rostro del participante que la kunoichi estaba estrangulando comenzaba a enrojecerse demasiado, el público murmuraba inquieto. ¿Acaso estaba pensando en matarlo? ¡Eso iría en contra de las normas! Incluso el propio Ame, que había regresado al balcón superior del dojo para observar mejor la pelea, le hizo una seña urgente a su hermana adoptada para que parase. Mas la testaruda Kagura no quiso darse cuenta de la advertencia del shinobi y continuó asfixiando al luchador. ¡Peor incluso! Envalentonada por lo que auguraba como una inminente victoria, se arrimó a su oreja y cometió el error de provocarle.

-¿Te rindes ya?-
le susurró en un tono de voz pícaro y malicioso. Oír esto hizo enfurecer a su adversario, que resultaba ser también un honorable hombre para el que la rendición no figuraba en su vocabulario. Haciendo acoplo de las pocas energías que le quedaban, el varón dejó caer su cuerpo hacia atrás para tratar de aplastar así a la pelirroja. El plan le funcionó pero Kagura, que tuvo que reprimir sus ganas de soltar un quejido de dolor, siguió presionándole el cuello, incluso con más fuerza que antes. ¡Cuánta resistencia tenía aquel formidable participante! Pero a pesar de haber creído sentir el crujido de algunos de los huesos de su liviano cuerpo debido a la caída, la tenacidad de la joven logró imponerse y finalmente, su objetivo quedó inconsciente. Apartó el cuerpo desmayado antes de incorporarse con la ayuda de su parasol, e indicó a los ayudantes más cercanos que se llevasen a los tres luchadores derrotados.

Kagura se quitó la máscara de zorro negra y la tiró al suelo del tatami con rabia. Claro que le alegraba comprobar que no se había roto nada en el anterior enfrentamiento, pero prefería no reconocer jamás que aquel participante había estado a punto de derrotarla. Si quería durar más tiempo en el torneo, no podía permitirse subestimar a ningún otro futuro adversario.

La kunoichi pelirroja se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano antes de dirigir de nuevo su atención a su compañero de equipo. ¿Debería quizás echarle una mano con su último oponente? Pero desechó esa idea instantes después al recordar el trato que le había propuesto: del mismo modo que ella se había encargado de dos participantes, él tendría que eliminar a los otros dos. Si Gaius era incapaz de salir victorioso no merecía tenerla a ella, una orgullosa ninja del clan Yato de Hoshido, como pareja. Así que Kagura se cruzó de brazos y se limitó a sentarse en un extremo del tatami, a la espera del desenlace de los siguientes acontecimientos.

Una vez terminado aquel enfrentamiento, tendría lugar una pausa de diez minutos en la que podrían descansar.
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Mensaje por Invitado Miér Abr 13, 2016 8:38 pm

Por lo que el bandido podía ver por el rabillo del ojo, la pequeña niña era bastante buena en esto de la lucha, mucho más que él que era un viejo y conocido peleador de las calles, por lo que asintiendo con la cabeza se quedó colgado viendo como esta terminaba de derribar a su último contrincante. Nada mal, nada mal….

Pero haberse quedado distraído mirando a la jovencita le costó caro, ya que su contrincante aprovechando que estaba distraído, arremetió contra él, dándole un fuerte golpe en el hombro y tirándolo al suelo. Su adversario no se detuvo a ver su reacción y enseguida arremetió con una nueva estocada directa a la cabeza del bandido. Este tuvo que girar lo más rápido que pudo y agradeció todos sus años de práctica en adquirir estos reflejos, de lo contrario no habría podido contar el cuento.
Con los ojos en los de su adversario, Gaius intento medir las intenciones de este, ese último ataque no había sido parte de un combate amistoso, estaba dirigido específicamente a un punto vital y con una fuerza sospechosamente alta. Conteniendo el aire el ladrón se llevó la mano a la empuñadura de su daga y arremetió contra su oponente, no le importaba que lo descalificaran, si este grandulón quería meterse con él, lo iba a encontrar.

A tan poca distancia le fue fácil al ladrón aferrarse a uno de los brazos del guerrero y hacerle un corte en el antebrazo, con el alarido que su rival emitió y la fuerte brazada que dio, el ladrón nuevamente voló por los aires, pero por suerte esta vez pudo caer de pie ya que aterrizó de espaldas contra una de las paredes del lugar. “por suerte son paredes suaves” pensó el ladrón sin sacar los ojos de su rival, solo para dos segundos después darse cuenta de sus palabras y volverse hacia la que hubiera ido su pista de aterrizaje. El shōji que antaño fuera prolijo y cuidado, ahora era un amasijo de madera y papel sin forma reconocible.
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Mensaje por Invitado Dom Abr 17, 2016 6:23 am

El público enardeció al ver la sangre derramada. Sabían que el uso de armas blancas estaba permitido, pero en verdad ningún otro participante parecía dispuesto a arriesgarse a ser descalificado usando instrumentos de ese tipo. Resultaba demasiado osado emplearlas en un torneo en el que el asesinato quedaba prohibido, pues eran muy propensas a provocar accidentes indeseables. Hasta la propia Kagura, que se hallaba sentada expectante en un extremo del tatami, no pudo ocultar su mezcla de sorpresa y admiración al presenciar el valor de Gaius. Y aunque se percató de las verdaderas intenciones del adversario al que se enfrentaba su pareja, no quiso detener el combate. Le gustaban los movimientos del extranjero, suaves y precisos, así que quería ver que más sabía hacer. Se notaba que a diferencia de una amplia mayoría de los asistentes, era en verdad un luchador bastante experimentado, a pesar de que el hecho de estar recibiendo tantos golpes hacía parecerle lo contrario.

-¡Ánimo, parcheado!- exclamó la pelirroja de inmediato. Su alentadora voz no tuvo problemas en alzarse sobre el murmullo general que resonaba por el dojo. El público no parecía muy contento con la inesperada intrusión de Kagura y Gaius en el torneo, por mucho que supieran que la pelirroja era una de las personas implicadas en su organización.  -¡Acaba con él!-

Sin embargo, la expresión del rostro de la ninja palideció al ver cómo el ancestral shōji quedaba hecho trizas debido a la fuerte caída de su compañero. Dirigió una mirada nerviosa a su hermano, que acomodado en el balcón superior, también parecía alterado. ¡¿Cómo explicarían ese desperfecto a los líderes del clan una vez que regresasen de su viaje?!
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Mensaje por Invitado Mar Abr 19, 2016 2:06 pm

Jadeante Gaius se incorporó de los escombrosos restos de lo que había sido una pared. Jadeando y tambaleante miraba en todas direcciones intentando dar crédito a lo que acontecía. Su primera impresión era que este era un torneo diferente al cualquiera que hubiera presenciado antes, ya que sus observadores se limitaban a mirar la acción prolijamente sentados a los costados del área de combate. Pero ahora que el ladrón había sacado un puñal y había apuñalado a un contrincante, el ámbito de jolgorio y fiesta que generaron los espectadores lo descolocaron bastante, ya que esperaba palabras de desaprobación o que se le vinieran en patota a detenerlo. Pero no, todo lo contrario, se le reconocía y admiraba el valor por hacerlo? Incluso la pequeña remilgosa lo alentaba a seguir adelante. Bueno, mejor para él. Con una sonrisa en los labios se paró erguido midiendo a su adversario, ahora que sabía que este “torneo” no era más que una pelea callejera con linda fachada, las cosas irían mucho más fácil para él.  

Todavía sacándose pedazos de tablillas de entre las ropas, Gaius se acercó tambaleante hacia su oponente, no iba a mentir, estaba cansado y adolorido, pero tampoco se iba a dejar ganar por un bravucón con un palito, mucho menos ahora que sabía que podía usar a su vieja y gastada daga para defenderse. “No matar, no matar” se repetía constantemente  mientras tomaba nuevamente una posición defensiva enfrente al hombretón, quien estaba ahora obligado a tomar su arma con una mano, mientras con la otra se sujetaba la abierta herida.
Con una media sonrisa en los labios Gaius nuevamente acoró la distancia que los separaban, sabiendo que cualquier embestida que hiciera este sería más lenta de lo que el bandido se pudiera mover. Una vez apegado contra el vientre de su adversario, Gaius volvió a golpearlo con su daga, pero no en una forma tradicional ya que no golpeo con el filo, ni golpeo hacia su abdomen. Tal cual había derrotado a su anterior adversario, le efectuó un fuerte golpe con el mango de su arma en la parte donde el estómago pasa a ser otra cosa.
“Justo en los gemelos” se dijo n ladrón mientras se incorporaba y veía danzar de dolor a su rival en el suelo.
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Mensaje por Invitado Miér Abr 20, 2016 10:04 pm

-¡¡Hurra!!- gritó Kagura animada mientras daba saltos de alegría al ver el resultado del combate de Gaius. Ya incorporada de nuevo, se acercó a su compañero a toda prisa para ayudarle a levantarse mientras que los asistentes se llevaban al luchador caído. ¡Aquello había sido un combate formidable! Y a juzgar por los ensordecedores vítores que resonaban por todo el dojo, el público pensaba igual. La kunoichi, por su parte, opinaba que a pesar de que al extranjero no parecía dársele tan bien combatir como a ella, sí que poseía mayor resistencia física. Pues un único golpe igual de potente como el que su compañero de equipo había recibido instantes atrás, habría bastado para dejarla fuera de combate en caso de encontrarse en su lugar.

En un intento de evitar sentir remordimientos, procuró no dirigir de nuevo la mirada al shōji destrozado y llevó al extranjero al exterior para que tomase un poco el aire. Tenían al menos diez minutos de descanso antes del siguiente enfrentamiento, así que Kagura esperaba que pudiesen aprovechar ese breve espacio de tiempo para conocerse mejor. La joven pelirroja se encontraba de mejor humor, por lo que todo aquel desagradable asunto de la actitud paternal de su compañero estaba olvidado para ella. Sentía además un renovado interés por el extraño tras haberle visto en acción. Aunque de haber sido honesta, habría reconocido que por un instante creyó que Gaius no daría la talla y sería descalificado prematuramente.

-A pesar de las tundas que te han dado, pareces estar bien, parcheado.- le dijo la ninja en un tono de voz amigable. Quizá él no fuese tan fuerte como había pensado en un principio, pero al menos sabía defenderse mejor que aquellos participantes tan robustos y tan torpes que en esos momentos debían de estar siendo atendidos en la enfermería improvisada del dojo. Le tendió una cantimplora con agua fría a Gaius a la vez que abría una de las puertas correderas de salida secundarias. -Por cierto, creo que debería presentarme. Soy Kagura. Mucho gusto.-

Fuera del enorme edificio de madera, el aire que se respiraba era mucho más fresco. El ambiente también era más tranquilo en comparación al que el que reinaba en el interior. Rodeados por una amplia extensión de campos de arroz, tanto Kagura como Gaius eran los únicos que estaban allí a esas horas de la noche. Una suave brisa veraniega mecía los cultivos de forma intermitente mientras que un reconfortante grillar se superponía pacíficamente a los ruidos procedentes del interior del dojo. Muy en la lejanía, aún se podía apreciar parte de la ciudad iluminada por las mil y una luces del festival. El escenario era, por tanto, íntimo y sereno. Si algo bueno tenían las fértiles tierras de Hoshido era que precisamente sus esplendorosos paisajes eran únicos y lograban despertar diferentes tipos de sensaciones. Por su parte, Kagura se prometió no olvidar jamás aquella escena nocturna tan conmovedora.

-Supongo que te habrás fijado en esos tipos vestidos de blanco de ahí adentro, ¿no?- dijo la kunoichi intentando romper el silencio. Se refería a los ayudantes encargados de retirar a los luchadores derrotados.
-Si crees que te has roto algo, quizá deberías ir a pedirles que te curen antes del siguiente combate.-


Kagura se apoyó en una pared y suspiró profundamente. Todavía le dolía la espalda a causa de su último enfrentamiento, pero se sentía lista para continuar.

-¿Por qué querías apuntarte a este torneo, Gaius?- preguntó entonces, pronunciando por primera vez el nombre del extranjero en vez de llamarlo ‘parcheado’, como de costumbre. -¿Acaso buscas pasar un buen rato? ¿La gloria? ¿El premio quizás?-
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Mensaje por Invitado Mar Abr 26, 2016 9:22 pm

Siendo tironeado por la pequeña revoltosa, Gaius fue escoltado hasta las afueras del dojo. Había hecho algo malo? Porque lo sacaba? Siendo esta una tierra tan diferente a las que había conocido antes, prefirió no oponer resistencia y dejarse guiar por la pequeña, era cierto que había usado un arma blanca en medio de un combate cuerpo a cuerpo, a lo mejor esa era su forma de echar a los descalificados en esta tierra. Mucho más civilizada al método que conocía de su tierra natal.
La pequeña lo había conducido a un pequeño pasillo abierto del edificio, donde la luz que se escurría desde adentro dejaba apenas iluminada la madera, el resto de la iluminación la brindaba la hermosa luna, que se mostraba tan blanca y redonda como siempre. Todavía sin saber que se tría la pequeña entre manos, el muchacho se permitió observar el tranquilo campo muy bien cuidado que tenía delante,  un pequeño grupo de luciérnagas se paseaban de volando en círculos, y las chicharras y grillos musicalizaban la atmosfera, ya que desde su posición no se percibía casi el gran ajetreo de la sala principal. Sí, todo era muy tranquilo, muy mágico, muy (tragó saliva) romántico.

Se volvió para mirar a la pequeña a los ojos, esta le hablaba y elogiaba con la mirada vibrante, la imagen estaba más que clara en la mente del bandido. Y solo pensar en ello le aterraba más que enfrentarse nuevamente a los dos hombretones de recién.

-Escucha, pequeña. Me alaga que pienses en mi de esa manera… pero yo no podría… eres muy pequeña todavía. Vuelve en unos años…quizá…-

Estaba sudando a mares mientras mantenía la mirada fija e inmóvil en el campo, forzándose a que no hubiera contacto ocular de ningún tipo.

-Lo que vine a hacer aquí? No, solo fue por curiosidad… Es mi primera vez en este reino y no quería irme sin ver una buena pelea de tabernas. Aunque esto no se parece en nada a lo que estoy acostumbrado-

Con las manos todavía sudándole por lo tenso del momento, atinó a decir una frase puntual y volver adentro, a la seguridad del grupo grande y de colegas hombres que le ayudarían a sacarse a la pequeña enamorada de encima.

-Bueno.. es hora de ir volviendo, no?-
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Mensaje por Invitado Miér Abr 27, 2016 3:07 pm

-¿Eeeh? ¡¿Pero de qué demonios estás hablando?!- le preguntó Kagura a Gaius con su brusquedad característica. No entendía a qué venían esas tonterías de que fuese muy pequeña o de que volviese en unos años, pero definitivamente algo raro le estaba pasando al parcheado. El tono de su voz también parecía titubear y se negaba a devolverle la mirada. De repente y sin saber por qué, el extranjero se comportaba de una manera muy extraña, y la kunoichi empezó a sospechar que quizá se hubiese dado un golpe fuerte en la cabeza durante su anterior combate.

-Oye, estás muy pálido. ¿Seguro que no quieres ir a la enfermería?-
inquirió preocupada. Si Gaius estaba en realidad lesionado, lamentaría tener que quedarse sin pareja para el combate. Escuchó sin poner mucha atención a lo que su compañero le explicó acerca del porqué de su participación en el torneo, que se le antojaba diferente en comparación a las peleas de tabernas a las que al parecer estaba acostumbrado. En cambio, Kagura estaba más interesada en averiguar por qué Gaius estaba tan tenso y sudoroso como si aún estuviese enfrentándose a los otros luchadores. Era cierto que se encontraban en una noche veraniega, pero las temperaturas eran bajas y el paisaje, tranquilizador. ¡No tenía sentido que el parcheado se portase de esa manera! Para asegurarse de que no estaba enfermo, Kagura tuvo la espontánea idea de sujetar al ladrón por la barbilla para obligarle a fijar su vista nuevamente en ella. Acto seguido, colocó la palma de una de sus manos en la frente del mayor y juzgó la temperatura comparándola con la suya propia.

-No pareces tener fiebre.- observó sin comprender entonces lo que le pasaba. Soltó el rostro del pelirrojo para adoptar una posición pensativa. No es que le importase el bienestar del extranjero por puro altruismo, puesto que en realidad la única razón que motivaba a la joven genin a preocuparse por él radicaba en que si éste abandonaba el torneo, se quedaría sin pareja y no podría volver a competir hasta que llegase el combate final. ¡Se aburriría muchísimo sentada en el balcón esperando ese momento! Por lo que si sus peores temores no eran infundados, lo mejor sería llevar a Gaius a que le tratasen fuera lo que fuese el mal que le aquejaba.

-¡Ah! ¡No!- exclamó Kagura ante las nuevas palabras de su compañero. El joven hombre quería marcharse antes de que terminase el tiempo que tenían de descanso, pero eso era algo que la ninja no podía permitir todavía. Para evitar que huyese, le agarró por el cuello de la camisa para encararlo una vez más. -Primero me vas a tener que explicar por qué te estás comportando de manera tan rara.-
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Mensaje por Invitado Mar Mayo 10, 2016 11:55 pm

La jovencita seguía en el juego haciéndose la inocente, desentendiéndose por completo de las claras insinuaciones que le estaba dando al bandido, y este cada vez más nervioso ya no sabía cómo desprenderse de la pequeña pegajosa de encima. Para colmo, estaba usando al escusa de “estoy tomando tu temperatura” para acercarse todavía más a él. Pst! Típica actitud de niña enamorada, que hacía que el bandido se pusiera doblemente nervioso.
Por un lado estaba el hecho de que era todavía muy menor como para que sus atributos femeninos hubieran terminado de florecer, y por otro lado estaba ese pequeño detalle de que el bandido últimamente no disfrutaba tanto la compañía femenina como antaño. En los últimos tiempos había descubierto… gustos nuevos, por así decirlo. Y ciertamente habían hecho que su interés hacia lo femenino disminuyera considerablemente. Pero claro! Ese era un secreto inconfesable y completamente tabú para la sociedad. Si se llegaba a saber, sabía que en alguna esquina le proporcionarían una golpiza, cuando no significaba terminar ahorcado en la plaza pública. No, este nuevo gusto lo guardaba con más recelo que a sus preciadas monedas de oro.

Estaba por darse vuelta y marcharse a la seguridad del dojo, cuando la enérgica enana lo tomó por los bordes de la ropa y lo trajo hacia sí. Abriendo grande su único ojo, el bandido contempló sorprendido la tenacidad que estaba demostrando la pequeña, al mismo tiempo que se intentaba controlar mentalmente para no empujar a la jovencita. Tan enamorada estaba de él? Tan buena impresión había causado? Tenía que admitirlo, se había lucido de sobremanera momentos atrás derrotando a esos dos grandulones. Como culpar a la muchacha por enamorarse él después de verlo hacer tal proeza? El bandido se debatía en el gran dilema de como despachar a la niña y a su vez no generar sospechas sobre sus …. “gustos”.
Fue entonces cuando recordó las palabras que un viejo soldado borracho le dedicara años atrás: No hay mejor defensa que un buen ataque. Por supuesto! Esta jovencita probablemente todavía no tuviera experiencia en el galanteo, seguramente tampoco en el “feo galanteo”, y ahí estaba la solución mágica a sus problemas.

Dedicándole una sonrisa ladina el bandido se aproximó a la jovencita, la cual todavía no le había soltado la ropa.

-Bueno, si tantos deseos tienes que me quede… Será un placer, muchachita-  

No fue sutil ni caballeroso, tomó a la jovencita con ambas manos desde la base de sus glúteos, y la empujo hacia él, haciendo que sus cuerpos se chocaran y manteniéndola firme en el lugar, siempre tomándola del mismo punto. No estaba erecto, pero sabía que para la joven casta este detalle pasaría inadvertido.
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Mensaje por Invitado Mar Mayo 17, 2016 9:50 pm

Pues no. Kagura no tuvo manera de predecir lo que sucedió a continuación. Sintiéndose incapaz de actuar a tiempo, contempló horrorizada como Gaius asía su cuerpo sin pudor alguno. ¿Pero qué acababa de pasar? En vez de obtener explicaciones acerca del porqué del extraño comportamiento del extranjero, la muchacha pelirroja había conseguido algo aún más insólito ante lo que no sabía cómo reaccionar. Tenía entendido que la gente de fuera de Hoshido tendía a ser demasiado afectuosa, claro estaba. Pero aquello que Gaius le estaba haciendo iba mucho más allá de un simple abrazo afectuoso. Aunque bastó para que la pelirroja soltase al fin el cuello de su camisa.

Kagura palidecía en esos momentos aún más que el propio ladrón, pues todo su mundo parecía haberse detenido. ¡Qué vergüenza! ¡Qué deshonra! No tenía sentido que ella, que en su corta carrera como kunoichi había hecho frente a amenazas inimaginables para una chica de su edad, no supiese qué hacer ante tal afrenta. Tenía que apartarse. Quería alejarse. Y sin embargo, tanto impacto le había causado la sencilla y perversa acción de Gaius, que era incapaz incluso de replicar nada. ¡Peor todavía! Se sorprendió a sí misma al ver como inconscientemente, acabó por apoyar la frente en el pecho de éste. Desde luego que nunca antes nadie había desarmado a Kagura de esa manera. Sin embargo era comprensible, puesto que en Hoshido la mayoría de relaciones interpersonales solían estar imbuidas de gran respeto y educación. De ese modo, los apretones de manos o los abrazos eran gestos de cercanía no muy habituales de encontrar. Kagura jamás había recibido antes nada parecido a un abrazo, por ejemplo. Aunque eso tenía mucho más que ver con las costumbres del clan en el que había crecido que con la propia cultura de su país.

Estando apoyada sobre el pecho de Gaius pudo escuchar la respiración de su compañero y el latir de su corazón. Estos nuevos estímulos, lejos de sumir a la pobre ninja en un estado de confusión mayor, le permitieron despertar de su abstracción. ¿Pero qué diantres creía estar haciendo? En vistas de que el ladrón parecía contar con la suficiente fuerza como para evitar que ella se pudiese apartar de él de manera convencional, Kagura se las apañó para dejar caer su cuerpo hacia atrás, forzando también a Gaius a seguir el mismo camino. La muchacha, que había entrenado esa proyección marcial tantas veces, pretendía aprovechar la fuerza generada por la caída para rodar y empujar a la vez a Gaius con una pierna. No obstante, su plan no salió como había previsto, ya que en el último instante llegó a vislumbrar una presencia familiar asomada a un lado de la puerta corredera de la entrada del dojo. Estaban siendo observados por Ame que, preocupado, había salido en busca de su hermana.

-¡Ame!- llegó a exclamar Kagura sorprendida antes de que su espalda chocase violentamente contra el suelo. Habiendo interrumpido la llave a medio camino, en esos instantes tanto ella como Gaius se encontraban en una postura malinterpretable y muy desafortunada. La muchacha enrojeció de vergüenza al percatarse de que estaban aún peor que al principio.

-¿Qué estáis haciendo?- preguntó impasible. Todavía llevaba su máscara, así que era imposible averiguar el tipo de expresión que estaría mostrando su rostro. Aunque Kagura intuía que debía de estar muy furioso. -Más vale que espabiléis. Os toca combatir dentro de nada contra Shin.-

“¡¿Contra Shin?!” quiso poder decir Kagura con sorpresa. Pero tener encima a un pesado hombre dificultaba mucho que pudiese siquiera respirar. Podía decirse que Shin era… una especie de anciano agricultor que trabajaba gran parte de los campos de arroz de Hoshido. Su vieja amistad con el clan Yato lo convertía en un importante aliado, y Kagura podía jurar por la benevolencia de Naga que lo mejor que podía hacer alguien prudente era no enfadarlo. “Bueno, al menos espero que no lleve consigo su bastón de bambú.”

-¡Oh! Una cosa más. Shin trae su bastón de bambú.- terminó por decir el shinobi como si le hubiese leído el pensamiento a la pelirroja. “¡No!” Ame se acercó con lentitud a la pareja mientras decía lo anterior. Su expresión seguía siendo imperturbable y era totalmente imposible averiguar en qué estaba pensando. Pero de repente y en un abrir y cerrar de ojos agarró a Gaius por el cuello, obligándole a levantarse. -Y tú… que sepas que como te vuelvas a acercar a mi hermana de esa forma no dudaré en arrancarte las pelotas.-

Dicho esto, se dio media vuelta y regresó al dojo.
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Mensaje por Invitado Lun Mayo 23, 2016 1:52 pm

Tendido en el suelo con la pequeña revoltosa sobre él, siendo interrumpidos por el hermano de esta…. El rostro del ladrón estaba de todos colores, incapaz de moverse, con el estómago completamente anudado. Como habían terminado las cosas de esta manera? Era tanta la pasión que profesaba la niña hacia él? Sabía que era un buen ladrón, pero nunca pensó que había logrado robar su corazón de esa manera. Además, para sumarle incomodidad a la situación, tener a la chica sobre él, había generado una extraña y atípica erección que iba en contra de todo pronóstico. Si, hasta el propio ladrón estaba desorientado por el hecho, y ya no sabía que pensar de sí mismo o del contexto en que estaba. Solo quedó muy quieto en el lugar, generando un pequeño charco de sudor nervioso en su sitio.

Cuando el enojado hermano de la niña lo levanto por los aires tomándolo del cuello, Gaius llevó sus manos rápidamente a cubrir su zona genital, en parte por la potente amenaza que este le había lanzado a sus genitales y en parte para que este no notara lo.. Elevado del asunto. Cuando este lo soltó Gaius trató de mantenerse de pie, mas solo logró trastabillar unos segundos y caer sentado al instante. Era mucho, demasiadas cosas pasando a su alrededor demasiado rápido. EL ladrón acostumbraba a experimentar situaciones extremas como esa, pero ya no era un jovenzuelo, su corazón de veinteañero no estaba para aguantar tantas emociones juntas.
Desde el suelo se concentró en su reparación y en calmar su mente. Que debía hacer? Quedarse? Irse? No quería tener que volver a mirar a la cara a la niña, ni a su hermano, n a cualquiera de los que estaban en el interior de ese delicado dojo de paredes frágiles. Miró a la lejanía el extenso campo de arroz que se le presentaba enfrente. Podría huir de ahí atreves de él? Podría alejarse de toda esa locura sin ser detectado? Tentando al destino el ladrón comenzó a gatear por el piso de madera lustrada, alejándose de la puerta del dojo, de la niña, de toda la locura. Estaba huyendo como la rata que era.
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Mensaje por Invitado Mar Jun 14, 2016 9:31 am

Kagura sacudió su cabeza confusa. Prefería olvidar lo que acababa de suceder en vez de buscarle un sentido. Al fin y al cabo, estaban a punto de enfrentarse a Shin. Un oponente difícil que prefería enfrentar estando plenamente centrada en la batalla. Por lo que intentó dejar de darle vueltas al asunto de los toques indecentes, las caídas tontas y las erecciones inesperadas. Sus esfuerzos fueron en vano, pero aun así encontró fuerzas para reincorporarse y regresar al interior del dojo. Antes de abrir la puerta corredera, se atrevió a fijar la vista atrás en busca de Gaius y lo que vio le resultó decepcionante.

-¿Q-qué crees que estás haciendo?-
le espetó con voz temblorosa. Su rostro seguía enrojecido por la vergüenza, a pesar de que Kagura se esforzaba por mantener la compostura y aparentar que en realidad no se sentía desconcertada por los últimos acontecimientos. -¿Acaso no querías participar en el torneo?-

Mientras la muchacha pelirroja encaraba al ladrón que trataba de huir, el anciano y venerable Shin esperaba a sus contrincantes sentado en mitad del tatami y sujetando en su mano izquierda su característico bastón de bambú. El público empezaba a cuchichear inquieto. Ignoraban a qué se debía aquella larga interrupción del torneo y tampoco cesaban de preguntarse qué había ocurrido con los otros dos participantes que faltaban. Ame, imperturbable como de costumbre, permanecía en silencio y de brazos cruzados desde el balcón superior del edificio. Si Kagura y Gaius no aparecían a tiempo para disputar la siguiente contienda, irremediablemente tendría que descalificarlos, y no es que esa idea le terminase de desagradar del todo. “Es más” se dijo a sí mismo, “si los descalifico, ¡habrá más probabilidades de que nadie consiga quedarse con mi querida máscara!”.

El compañero de Shin había quedado fuera de combate durante la ronda anterior. Sin embargo el anciano campesino, que para Kagura había sido en el pasado como un segundo mentor, insistía en que quería seguir participando en el torneo a pesar de encontrarse en inferioridad numérica con respecto a otros equipos.
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Mensaje por Invitado Dom Jul 10, 2016 1:21 pm

La voz de la chillona jovencita le llegó  desde la espalda al asustado ladrón, quien sintió como se le erizaban todos los nervios del cuello mientras todavía estaba acuclillado en el suelo.
Atrapado, así se sentía. Atrapado en alguna especie de manicomio donde estaba forzado a que una niña se le fregara y su lindo hermano lo amenazara de muerte, él siendo incapaz de clamar su inocencia, quedando contra la espada y la pared.
Tragó saliva antes de girar el rostro para enfrentar la mirada de su compañera.

-Eh? No… yo…. Yo solo…-

Estaba en blanco, solo quería irse de allí y lo más rápido posible, pero tampoco tenía el corazón para abandonar tan cruelmente a la jovencita enamoradiza sin unas palabras que le sirvieran de bálsamo para su dañado corazón. Como no entenderla?  Ella había caído bajo su encantador y hipnótico encanto, pocas eran las personas que no habían suspirado cuando les dedicaba una sonrisa, o desfallecido de placer  guiñaba un ojo? Aunque debía admitir que esto ultimo había disminuido desde que sufriera aquella asimetría en el rostro. Sacudió la cabeza, se estaba yendo de tema. Tenia que concentrarse en del aquí y ahora. Y ahora estaba arrodillado en un duro piso de madera, a escasos pasos de un frondoso campo de arroz que  ería su  escapatoria de ese ridículo torneo, de esa extraña e incomoda situación con la muchacha, y de un posible puñetazo por parte de su hermano. Pero a pasar de tener la salida perfectamente señalada y lista para que corriera  libre por el mundo,  no, se incorporó sacudió sus ropas y le habló claramente a la chica.

-Mira, yo se que estas enamorada de mi,  pero nunca pasará nada entre nosotros. Eres muy chica y tienes toda una vida por delante. Prefiero huir y demostrar mi madurez siendo yo el que parta primero, ya que en tu juventud se que trataras de detenerme, pero créeme, nunca funcionará lo nuestro-

Dicho esto se giró sobre sus talones y se zambulló entre los altos juncos del arrozal, corriendo a todas prisa, empapando sus prendas sin que le importase la gracia o glamour de su huida. Solo quería poner mayor distancia entre la ira del hermano mayor y él.
No se atrevió a volver la vista, sabia que la muchacha debía estar llorado desconsoladamente a su espalda,
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Mensaje por Eliwood Miér Sep 28, 2016 1:25 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Gaius ha gastado un uso de sus dagas de bronce.
Kagura ha gastado un uso de sus dagas de bronce.

Cada uno obtiene +2 EXP.
Eliwood
Eliwood
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
espada de acero [3]
.
.
.
.
.

Support :
Marth El Torneo Clandestino de Hoshido [Priv. Gaius] [Entrenamiento] OaIUyNL
Lyndis El Torneo Clandestino de Hoshido [Priv. Gaius] [Entrenamiento] JEIjc1v

Especialización :
El Torneo Clandestino de Hoshido [Priv. Gaius] [Entrenamiento] NqTGGyV

Experiencia :
El Torneo Clandestino de Hoshido [Priv. Gaius] [Entrenamiento] Fy4uE7I

Gold :
940


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