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Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

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Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 13, 2016 3:21 pm

Regresaba de una ardua misión gremial que la había dejado maltrecha por enfrentarse con una horda de enemigos pensantes de diversa especialización, algo tremendamente más complicado que los emergidos a los que estaba acostumbrada y cuya única dificultad era su inhumana resistencia al dolor físico. Eran mucho más numerosos los ejércitos de los no muertos, no en vano ponían en jaque a los países del mundo y los volvían beligerantes frente a los opuestos, irradiando la confusión fruto de su ardid; mas nada tenían que hacer contra humanos capacitados dirigidos por un buen estratega que conociese claramente sus puntos fuertes y flacos, así como los de su rival... Comenzando por la individualidad de la general, que la dejaba sola ante el peligro. Se había arriesgado mucho al tomar la tarea por su cuenta y ya era suficiente regalo el conservar la vida tras aquella imprudencia. Era perfectamente consciente de ello, tenía que empezar a pedir más ayuda de las personas que componían el gremio, cada vez se enfrentaba a grupos más poderosos.

Caminaba tratando de disimular su dolor pero no era sencillo cuando alzar su armadura con soltura le causaba un gran dolor y la abertura de sus heridas sangrantes. Alguien había reparado en ella y comenzaba a seguirla, sabía que su organización comenzaba a convertirse en un problema para los malhechores de la zona. No le pillaba por sorpresa, avistando desde uno de sus laterales por el rabillo del ojo a las siluetas amenazantes cargadas de metal que la acechaban. Calmada, siguió avanzando al ritmo más raudo del que era capaz en un estado tan lamentable, con sus heridas lacerando de tal modo que contenía los quejidos al avanzar. Casi parecía arrastarse en vez de caminar, inusual en alguien tan grácil por naturaleza. No quería involucrar a la población de aquella aldea perdida de la mano de la divinidad. Llamó su atención que en aquella comunidad devota, una iglesia enorme se alzaba en lo alto de una pequeña colina al finalizar la zona donde se encontraban la mayoría de las humildes viviendas. Ya que iba a tener que proteger a quien se hallase en las cercanías del ataque que proferirían en su contra, prefería que fuese en un edificio tan bien construído, cimientos firmes y habitaciones que podrían ofrecer una ventaja estratégica. Si algo había aprendido del incidente que sucedido con Naqiba era que debían de tomar cobertura antes de tomar la iniciativa ofensiva.

Fue por ello que según se alejaban de la zona poblada, comenzaban a darle alcance con mayor ahínco. No pudo hacer otra cosa que encorvarse y correr, abriendo el doble portón de la construcción sagrada para luego poner el cierre desde dentro, una barra de madera horizontal entre los enganches de la puerta. También apoyó su espalda metálica cuando notó que pateaban con intención de derrumbar el elemento en sí y abrirse paso. El bloqueo conjunto evitó que traspasasen la dudosa barrera que se oponía entre los monjes y ella, que guardaba silencio para escuchar lo que los opresores tenían que decir al respecto de su ataque.

-¡¡Sabemos lo que le has hecho a nuestros amigos, sucia zorra!! Ahora toda la capilla y tú arderéis con el fuego de sus candelabros por tu osadía. Espero que te sientas orgullosa. -era venganza, obviamente, aunque no aguardaba represalias tan pronto por un acto cometido escasas horas ha. Había liquidado a la facción principal de un grupo de contrabandistas muy importante, uno que tenía contactos. Como era de esperar. Imperturbable, ni siquiera respondió a la provocación de los malvados sino que se separó del imponentd portón y preparó su arma, su escudo, su escasa condición física restante para defender a los civiles.

Dirigió una mirada atenta a los presentes mientras los examinaba. Algunos estaban por entrar en pánico, otros lo llevaban mejor y los últimos parecían ser incapaces de dar crédito a sus oídos. -Buenas gentes, no temáis el ataque de estos altaneros rufianes que recurren a alardes para ganar una batalla que ni siquiera ha comenzado. -elevó ligeramente su delicada voz para hacerse escuchar en los rincones en que estaban todos desperdigados, la mayoría ahora aproximándose hacia su encuentro. Gesticulaba con el brazo en que llevaba el escudo engarzado, sosteniendo la lanza con el restante en actitud imponente y disimulando el dolor incluso si la sangre se podía apreciar con relieve en el bermejo de su armadura cuando se prestaba la debida atención. -Lamento haberos involucrado en esta situación, me temo que era defender la iglesia o el pueblo entero en batalla campal. Yo, Edith, líder de Alas de Fénix, protegeré vuestras vidas con la mía, tenéis mi palabra de que este percance será sólamente un mal recuerdo. -no podía asegurar que la creciente pero aún insuficiente reputación del gremio fuese a tranquilizarles, pero sus palabras eran ciertas y lucharía hasta el último suspiro para salvaguardar su integridad. Se puso en guardia para sobreponerse a cualquier circunstancia adversa, observando el modus operandi de sus enemigos.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 13, 2016 9:50 pm

Me encontraba en un pequeño pueblo de Pherae en Lycia, era un lugar que a primera vista parecía placido y tranquilo las gentes hacían vida normal en los campos y en alga que otro negocio improvisado, a parte el buen tiempo acompañaba a la paz y simpleza del lugar, pues el cielo estaba despejado con alguna nube surcando por el y un radiante sol que calentaba las tierras, una suave brisa marítima recorría toda la zona embriagando lo con un aroma marino la mar de reconfortante.

El motivo de mi visita en estas tierras era meramente analítico, en los tiempos libres que no tenia trabajo como mercenario me gustaba viajar estudiando los distintos terrenos del mundo, quien sabia si en un futuro tendría de entablar un combate en ese lugar, era mejor tener una poca información útil del terreno que partir de cero, a parte simular batallas me ayudaba a mi desarrollo como Estratega, el entrenamiento básico diario de la mente era fundamental para fomentar su agudeza y agilidad mentales para facilitar la toma de decisiones en el campo de batalla, esta claro que en el momento de la verdad todo es muy distinto, pero estos entrenamientos ayudaban.

Empece a andar  por el pueblo perdido en mis pensamientos, sin prestar ms atención a la que me rodeaba, andando andando no sabia cuanto tiempo había pasado pero me encontraba mas o menos en la cima de una colina con el pueblo atrás y un enorme edificio delante mio este se trataba de una iglesia algo antigua, se notaba que intentaban tenerla arreglada y cuidada pero que los años no perdonaban, sin pensármelo mucho entre en el lugar, el cual lo primero que notabas era un claro olor a incenso, no es que abundara la gente en su interior y  decir verdad al parecer la mayoría eran los monjes que allí habitaban, un seguido de bancos de madera recorrían doto el lugar hasta llegar al altar, para no quedarme en medió avance hasta el segundo de los bancos del final y me senté. Hacia mucho que no entraba en una iglesia y aun hacia mas que no rezaba, así pues juntando las manos y inclinando la cabeza dije en voz baja:

- Abuelo, abuela… Hacia ya tiempo que no es hablábamos. ¿Todo bien por allí arriba? Aquí las cosas son duras pero voy tirando hacia delante tal y como me enseñasteis… - Esta era mi forma de rezar no aun dios, ni nada por el estilo sino amis abuelos.

Yo seguí mi monologo en tío de conversación con mis difuntos abuelos tranquilamente había muchas cosas que les quería contar y muchas otras que me hubiera gustado preguntarles, pero era imposible ellos ya no estaban pero al menos eso aliviaba un poco mi corazón, hacia que recordara una época mas feliz, mas despreocupada. De golpe algo me saco de mis rezo el ruido de una armadura y de unas puertas cerrándose junto a unos gritos, algo sorprendido mire a mi alrededor en busca de que estaba pasando y al fijarme en la entrada pude ver a una mujer vestida de acero que había cerrado la puerta y con su cuerpo hacia presión para que esta no cediera intrigado observe a la muchacha de cabellos pálidos, al poco de de aguantar la puerta y ver que esta aguantaría se aparto de la misma y empuñando un escudo y una lanza se encaro mirando la puerta en posición defensiva y luego miro a las presente, para informar que no teníamos de temer el ataque de los hombre que la habían seguido pues estos eran como perros que mucho ladraban pero poco mordían, entonces intentando elevar la voz y con un plante mas imponente se disculpo por inmiscuirnos en esta pelea, alegando que era o proteger este lugar o el pueblo, realmente entre esas 2 opciones esta podía ser bien, bien, la mejor era mas reducido y con menos cantidad de gente, por otro lado quedaba acorralada, y un poco a merce de lo movimientos de su enemigos, la hermosa muchacha siguió hablando diciendo su nombre... Edith y que era la líder de un Gremio llamando “Las Alas del Fénix y que pretendía protegernos con su vida…  En cierta manera no hacia falta decir eso ella era la causante de la situación así que era normal que nos librara de ella, pero algo en la muchacha no me cuadraba, su respiración era forzada y a no ser que llevara horas y horas corriendo el sudor de su rostro tampoco era muy habitual, atentamente la observe y me di cuenta que su condición física actual no era para nada buena ella tenia mellas en su equipo recientes y por las juntas de su armadura se podía ver como algo e sangre brotaba de ella, quizás para alguien “normal” ella podía parecer estar apta para el combate pero para un ojo dedicado al análisis y a estudiar las tropas en el campo de batalla estaba claro, si la dejábamos luchar sola directamente contra esos hombres lo tendría difícil.

Me acerque a la muchacha suspirando, si no la ayudaba y esos hombres entraban mi propia seguridad correría peligro y eso era algo que no me gustaba, al estar cerca de ella con fuerza pero con cuidado golpe el hombro del brazo que portaba el escudo posando mi mano para llamar su atención sino es que ya lo había hecho al acercarme y intentando mirarla a los ojos le dije:

- Creo que seria mejor que te tomaras un ligero descanso. - Dije con un tono un poco irónico intentando hacerla entender que sabia de su situación sin alterar a los de mas presentes.- Déjame dar un ojo a ver que se puede. - dije mientras me acercaba al portón.

Una vez allí observe detenidamente el lugar en busca de ventanas y rejillas por donde poder  mirar al exterior, con ayuda de una silla fui mirando por las que vi mas propicias para ver el enemigo, pero era un poco difícil y no pude ver claramente ni cuanto eran ni que equipamiento llevaban, pero con lo poco que pude ver estaba claro que la cosa iba a ser difícil de nuevo me fui acercando a la muchacha  y la observa de arriba a bajo mientras me llevaba la mano al mentó pensativo, intentaba visualizar la manera mas optima de salir de ese lugar con vida.

- Edith verdad? La situación es algo complicada, y no creo que tu solo puedas encargarte de ella así que dejame prestarte mi ayuda, no suelo hacerlo, pero de no ser así dudo de que pueda conservar fácilmente mi integridad física. - Dije algo serio mirándola a los ojos. - Tal y como veo la cosa no se cuantos hombres te perseguían ni cuan bien armados iban lo que es seguro que en un combate abierto no podamos hacerles frente, así que nos debemos de preparar lo mas rápido posible, actualmente el “enemigo” se concentra en la parte delantera de la iglesia y hemos de hacer que esto permanezca así lo máximo posible, para que podamos con los bancos y lo que se pueda crear 2 barricadas una a cada lado del portón creando un pasadizo lo mas estrecho posible para que cuando abramos las puertas ellos no puedan entrar de golpe sino que que tengan de entrar de forma reducida para que tu y yo podamos combatirlos de manera gradual, se que es arriesgado y un plan algo simple, pero a veces en la simpleza reside la calidad por otro lado y para evitar que los ciudadanos  estén en peligro deberíamos mirar si hay otra salida por la que puedan huir cuando abramos a las bestias, en caso contrario se habrían de agrupar lo mas alejados posibles, y para facilitar la tarea de nuestro contra ataque táctico seria propicio que a medida que los civiles vayan retrocediendo hacia la otra salida o a resguardarse al fondo de la sala fueran apagando las luces que hayan, la oscuridad es otro factor que puede jugar a nuestro favor pues ellos tardaran un poco al adaptarse tal cual entren y nos facilitara al menos acabar con los primero.

Tras la breve y rápida explicación de mi plan a la muchacha espere una respuesta por su parte y acto de liderazgo pues de seguro le iban a hacer mas caso a ella que a mi.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Quinella el Dom Feb 14, 2016 10:13 am

El santuario gozaba del silencio espiritual típico de los lugares religiosos, perfecto para establecer una conexión entre el mortal y lo divino. Los únicos que no "respetaban" la norma eran aquellos que teñían la atmósfera con un armonioso canto que ayudaba a camuflar los pasos y murmullos de los visitantes. Hay otros momentos en el que el silencio es absoluto mientras la autoridad eclesiástica predica, pero no era ese el caso, el silencio se produjo de forma violenta. El sonido de la herrumbre agitándose, un portazo acompañado del bloqueo del portón, seguido de la violencia para intentar echarlo abajo. Gritos, improperios, amenazas y, después, un silencio tan mortal como el que se anunciaba en el templo. Un sujeto había profanado la iglesia con una armadura bermeja ensangrentada -aunque era difícil diferenciar el fluido de la pintura de la coraza-, sus persecutores lo querían muerto y por extensión a todos los testigos del asesinato. Quinella podía ver el miedo en los ojos de los civiles, pues la mayoría reculó hacia el otro extremo del edificio, donde ella se encontraba. Con la panorámica de la primera fila perturbada por los débiles y cobardes, la sacerdotisa no tuvo más opción que levantarse del banco y dirigirse a la entrada. 

Ahora custodiada por dos sujetos: el mastodonte rojizo -con una larga cabellera descolorida que hacía entender que se trataba de una dama- y un joven igual de pálido que la albina, pero con el pelo negro. Parecía que hablaban entre ellos, pero aún estaba demasiado lejos como para poder entender sus palabras. - "No van a poder afrontarlo solos..." - Lamentó la clériga, quien albergaba la esperanza de no tener que poner su vida en riesgo. Quería aprovechar el caos de la escabechina para escapar, pero no era posible si el rebaño se agolpaba en el extremo opuesto a la vía de escape. El dúo seguía evaluando la entrada a espaldas de Quinella, quien se aproximaba a ellos con pasos silenciosos -tiene la costumbre de andar descalza en los lugares sacros-. - Me gustaría ayudar. - Anunció una vez que se acercó lo suficiente. - Edith, puedo ver que tus palabras son sinceras, mas tu cuerpo no puede cumplir esa promesa. - Comentó con un tono maternal y de reproche a partes iguales. Evaluó rasguños, cortes y laceraciones producidas, fáciles de encontrar debajo de las perforaciones de la armadura. - Algunas heridas son delicadas. - informó, aunque el aspecto dolorido de la justiciera era más que suficiente para haber llegado a esa conclusión. - No cedas a la debilidad, pues con el tiempo sanaré tus heridas, aliviaré tu dolor. - aún tenía que perfeccionar sus dotes de oratoria, pero fue suficiente para captar la atención de los aldeanos, que era lo que quería.

Los aros de plata de su vara se activaron desprendiendo una tenue luz, vibrantes, produciendo un delicado ruido metálico. - "thveu aoy a ntau ngre karchhucheab robsa anak" - Las plegarias de la sacerdotisa fueron escuchadas, activando el poder de la reliquia, su mano derecha empezó a desprender  un brillo y sonido idénticos a la de los anillos del bastón. El objetivo era cicatrizar un corte profundo en el abdomen, muy delicado, se había desgarrado hacia el lateral izquierdo debido al esfuerzo de mover tan pesada armadura. - Debo decirte que esto te va a molestar mucho. - advirtió a la maltrecha damisela, pues una herida tan profunda no podía sanarla delicadamente, no con el poder de esa vara. - Siéntate, será más fácil para las dos. - Ayudó a Edith a sentarse en uno de los bancos, ella se arrodilló para tener la herida a la altura. - Bueno, vamos allá, esto no te va a resultar cómodo. Perdóname.- Es más, le iba a doler y a quemar, pero era la única forma de que pudiera mantenerse en pie sin que la gravedad de sus heridas se incrementara. Se incorporó un segundo para darle un sentido beso en su casco para compensar la purga que estaba por venir. Se acabó la delicadeza, pegó bruscamente la mano en la zona de la herida, la vibración de su mano atravesó el metal de la armadura y aceleró el proceso de curación natural de su cuerpo en aquella zona. El proceso llevaría varios minutos, quizás tiempo que el portón no podía dar, pues estaba siendo asediado por los bandidos del exterior.- Joven, voy a necesitar que ganes algo de tiempo, aunque creo que eso era de lo que estabais hablando antes. - el mal estado de Edith había hecho que no reparara en la presencia de Kirin, aunque ahora su ayuda sería vital para conseguir sanar el mal estado de la albina.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Dom Feb 14, 2016 6:05 pm

Las reacciones que daban lugar en la extensa capilla eran muy dispares, aunque parecía que la mayoría de los presentes habían creído en su fuerza y en la firmeza de sus palabras sin cuestionárselo dos veces. Alguien con una armadura colosal imponía cierto respeto a los civiles, uno que aprisa podía derivar en la sensación de seguridad que la agrupación de ellos experimentaba. Juzgar a alguien por su aspecto era un error humano en que mucha gente caía y le resultaba desagradable a la general, pero su superficialidad natural había calmado el pánico que podría haber surgido en cuestión de segundos. Era un alivio no tener que lidiar con ello, pues la gente tendía a alarmarse con asombrosa facilidad y el único hombre que aparentaba percibir su verdadero estado fue lo suficientemente astuto como para no delatarla abiertamente. Su comentario sutil decía bastante sobre su observación de los detalles, su capacidad de análisis. Sus ojos violáceos se clavaron en los encarnados de su interlocutor, que destacaban mucho más su color sanguinolento por el cabello oscuro que los enmarcaba. Asintió con la cabeza, seriamente, sabía que descansar era lo que necesitaba antes de tan brutal escaramuza. Confió en sus pupilas atentas para proporcionarle una información fiable, incluso si no conocía su condición de estratega, aguardando su regreso para el consiguiente reporte, que escuchó silenciosa hasta el final.

-En efecto, soy Edith Parthalán. Agradezco profundamente vuestra asistencia, estoy en deuda con vos, pero aún con ello me gustaría tener la osadía de preguntaros vuestro nombre. -de algún modo tenía que referirse al nuevo individuo y no es que morenito fuese la mejor de las maneras, pese a ser la única que se le ocurría en aquel momento. -Comprendo el punto, yo misma apruebo el pragmatismo por encima de la complejidad teórica. Estoy más que dispuesta a poner a prueba vuestro plan, permitidme que use mis fuerzas para desplazar los bancos incluso si mi estado físico no es óptimo. -le dedicó una leve sonrisa, para luego levantar un banco por el centro para mantener el equilibrio sobre su hombrera. Uno sobre cada brazo, iba transportándolos de dos en dos para bloquear los laterales del portón, contribuyendo paulatinamente a que sólamente una pasarela estrecha quedase como desfiladero.

Sólamente se detuvo a descansar en el momento en que notaba sus heridas ensancharse, cerrando los ojos con el ceño fruncido por el dolor. Aquel acto no le hubiese supuesto tan importunamiento si no se encontrase tan desvalida, para su desgracia. Elevó ligeramente los párpados para observar a una voluptuosa mujer de cabellos lilas y ropas claras, caminando con seguridad mientras ofrecía la ayuda de su báculo. -Me temo que estáis en lo cierto, mas continuaré hasta las últimas consecuencias. -le respondió, con suma determinación, pero plegando el rostro de forma sumisa porque sabía que era ella quien tenía toda la razón en aquel asunto. Conociéndola, cumpliría con su palabra, el problema era que podría no vivir para contarlo. Pero la ayuda de la clériga era bienvenida, por lo que le permitió observar los resquicios en su armadura con total libertad, evaluando como buena curandera. Volvía a estar en lo cierto. Por desgracia, no estaba habladora debido al dolor que la acuciaba. Elevó el mentón y se quedó mirándola fijamente cuando afirmó que la se llevaría su dolor, sorprendida por la certeza que transmitía con sus palabras, resultándole en gran medida admirable. Verbo antiguo fue el preludio de un resplandor que alivió su dolor, dejándose llevar hasta el banco en que la pelilila quiso sentarla para tratarla adecuadamente.

-No os preocupéis, soportaré lo que sea necesario si eso me permite protegeros después. -apoyó su escudo y lanza en el bando para que no supusiesen un esfuerzo ante las hábiles manos sanadoras de la curandera, dispuesta a soportar el dolor con todo lo que tenía. Lo que le sorprendió no fue aquel esperado tormento sino un beso de la mujer sobre su casco en forma de pico, haciendo que se sonrojase prominentemente. Sentada, su respiración se volvía pesada y acelerada por momentos, conteniendo ciertos gruñidos con la mandíbula apretada potentemente. Ardía, mucho más que su armadura siendo recorrida por magia de fuego. Pero tenía que soportarlo para que sus marcas cicatrizasen y el muchacho no tuviese que enfrentarse en soledad a los enemigos. Lo miró de medio lado, a él y a las defensas que hubo dejado a medio erigir, avergonzada ante su impotencia. Apretó con su mano el borde del banco cuando la luz le iba a hacer retorcerse, arrancando sin querer un pedazo que se elevó al son de su brazo. Sus ojos se abrieron de par en par, así como su boca, en expresión inocente. La adrenalina aumentaba su natural habilidad física hasta que perdió el control sin darse cuenta.

-¡Pro-prometo que pagaré esto luego! -exclamó, impactada por el pequeño accidente, mientras balanceaba el madero hacia todos los presentes y los miraba con una sonrisa algo forzada. Por suerte, eso la estaba distrayendo de la tan provechosa pero odiosa terapia lumínica. -Guau... Eso sí es desbancar y lo demás son tonterías. -se dijo a sí misma en voz baja, casi en un susurro, soltando el fragmento para que no le estorbase por más tiempo, dejando que este hiciese un ligero ruído al impactar contra el suelo. La mujer de nombre desconocido -aquel debía de ser el día oficial en contra de las presentaciones, o una norma implícita de la iglesia que no conocía- se dirigió al proveedor de estrategias para pedirle una prórroga pequeña tratándola. Se sintió tensa, dirigiéndole una mirada de soslayo al espadachín al no poder evitar la culpabilidad de estar resultando un lastre.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Mar Feb 16, 2016 7:37 pm

Al principio  pareció que la acorazada muchacha entendió mis intenciones y mi sutileza pues se sentó tras escuchar mis primeras palabras hacia ella, mientras yo había analizado la situación para elaborar el plan que posteriormente le iba a transmitir a la muchacha, mientras ya seguía con mi labor me esta pregunto mi nombre, cosa a la cual  solo pude contestar con una mueca de extraño para posteriormente decir.

- Puedes llamarme White… Ya si salimos de esta y vale la pena te diga mi nombre.

Dije esas palabras ara luego terminar mi trabajo y  contarle el plan a lo cual ella acepto sin rechistar y se puso manos a la obra, yo por mi parte suspire pues la muchacha volvía al trabajo cuando le había dicho claramente que descansara y no justamente se lo había tomado en calma sino que se forzaba a llevar de dos en dos esos viejos y pesados bancos… La verdad es que la muchacha tenia ímpetu y y una gran fortaleza pues de ser otra persona estaba convencido que no podría ni tan siquiera moverse, pero eso no duro mucho pues al poco una mueca apareció en su rostro, ¿alguna de sus heridas había empeorado? No sabia exactamente el que pero cuando fui a acercarme a ella una muchacha parecía que la iba atender… Mejor no podía perder mucho mas tiempo seguí montando las barricadas con los bancos de la forma mas solida posible también aproveche candelabros y todo lo que se pudiera usar para crear ese “paso de las Termopilas” improvisado.  

Cuando por fin hube acabado me gire en dirección a las dos muchachas y lo primero que me encontré fue la mirada de cachorro de esa guerrera… Como una guerrera podía tener una mirada tan tierna, suspire de nuevo y continué acercándome a las muchachas, al parecer la nueva integrante a nuestro improvisado grupo de defensa se trataba de una priest, al parecer la suerte nos había sonreído pues esta estaba tratando a nuestra primera linea defensiva. Al acabarme de acercar a ellas la joven priest me miro y me dijo que ganara algo mas de tiempo pues aun tardaría un poco en acabar de dejar lista a Edith, simplemente asentí y me dispuse a actuar.

Mire al portón el cual aun viejo era robusto y parecía difícil  derrumbar así que opte para proseguir con la otra mitad de mi plan, la protección de los aldeanos y monjes del lugar,  así que me acerque hasta el altar de la iglesia y mirando a mi nuevo publico dije:

- Damas yyyy Caballeroos, mi nombre es White o al menos así me conocerán hoy. -Dije con un alto tono de voz para que todos los del interior de la iglesia me escucharan y así captar su atención. - Yo soy un simple hombre de a pie como vosotros, eh podido aprender el arte de la guerra a causa de las malas épocas que pasamos.- Mi tono cambio a uno mas piadoso que hiciera que entrar en empatia con mi persona. - Por eso yo no puedo garantizarles su seguridad… Pero aquí en este momento esta dama es la Señorita Edith, Líder del Gran y famoso grupo de las Alas del fénix, un grupo con un litado de victorias militares realmente envidiable, se dice que un solo guerrero puede equipararse a 10 de los emergidos, y hoy aquí  tenemos a su mismísima Líder- Mi tono sonó algo mas esperanzador como el de un juglar contando historias  de héroes y dragones, aunque a decir verdad estaba mintiendo cual bellaco pues nunca había escuchado ni el nombre de la chica antes ni de su grupo pero todo fuera para que el plan saliera a la perfección. - Así que querido pueblo os pido que sigáis a los monjes sea a la salida trasera o al punto mas seguro de la iglesia para facilitarnos el trabajo y recordar que esto no sera mas que una pesadilla y que hoy volveréis a casa para ver a vuestros seres queridos. - Con esto esperaba que ya los presentes no molestaran mas incluso que si había algún luchador mas entre ellos se animara a luchar para intentar impresionar a la muchacha de armadura escarlata.

Volví al lado de  la muchachas crujiendo me los huesos preparándome para la batalla delante de ellas extendí mis manos una a cada una y termine diciendo.

- Queridas es la hora de dejar entrar a los perros. Seroñita sacerdotisa, si quiere usted puede quedarse atrás para asistirnos si lo desea sino por favor tome lugar con el resto de los aldeanos para  asegurar su bien estar.

Espere a ambas muchachas.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Quinella el Miér Feb 17, 2016 6:06 am

Quinella concentró al máximo el modesto poder curativo de su vara para incrementar los efectos de curación, pero la magia siempre tiene un coste. Generalmente es el agotamiento después de canalizar los poderes por mucho tiempo, pero aquellos que osan sobrepasar los límites se llevan un castigo mayor. La magia curativa de ese nivel estaba pensada para ejecutarla a distancia, pero Quinella decidió concentrarla y aplicarla al contacto, produciendo quemaduras no solo a su paciente si no también a su mano derecha. Una leve quemadura mágica quedaría oculta debajo de su armadura -Era un mal menor teniendo en cuenta la gravedad de la herida y de la situación- pero la extremidad de la sacerdotisa quedó quemada en toda su superficie, llena de ampollas y costras, sobre todo en la palma la cual hizo contacto directo con el cuerpo de la justiciera. A pesar de ello la clériga ni se inmutó por el dolor, tan solo unas gotas de sudor bajaron por su frente como resultado del esfuerzo. Ella siguió ignorando los estímulos negativos del mismo modo que la acorazada soportó el proceso de curación que le estaba aplicando.

Mientras tanto, contempló lo bizarro de la escena, ese momento en el que la albina descontroló su fuerza y rompió uno de los bordes del asiento mientras que el hombre entendió que debía ganar tiempo con la gente del templo y no con aquellos que querían profanarlo. Afortunadamente Quinella erró en la evaluación de la rigidez del portón pues este aguantó el tiempo necesario para que la herida de Edith estuviera prácticamente curada. - Veinte segundos. - Replicó al espadachín, era el tiempo que necesitaba para completar la cicatrización. - Puedes ir abriendo, estará lista para cuando entren. Me quedaré tras la barrera y os ayudaré desde allí. - Añadió, pues ya estaba metida en el ajo y era la forma más segura de salir de allí con vida. Finalmente las puertas fueron abiertas, los criminales fueron entrando en tierra sacra progresivamente, justo en el momento que la albina ya estaba recuperada. - Su turno, Edith. - Agarró uno de sus brazos con ambas manos para ayudarla a levantarse. Su mano derecha, ya sin luminiscencia, dejo ver las heridas que le había provocado su exceso con la magia, algo que podría -o no- atisbar la lancera antes de su embate.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Miér Feb 17, 2016 1:59 pm

No pudo evitar reparar en el discurso que el moreno estaba entonando en pos del bienestar emocional colectivo, situándose al lado del altar y demostrando las suficientes dotes de oratoria como para dirigir al rebaño en la dirección esperada, que era la que causaba obediencia hacia el trío de salvadores que se había personado. Se volvieron manejables y obedientes al instante, repentinamente reconfortados. Tales eran las dotes de los estrategas, hombres y mujeres que comprendían las mentes de las personas que se encontraban, visualizándolas en forma de factores que alterar para alcanzar la victoria. Presentándose comp White y con el cabello más oscuro que la noche, el contradictorio hombre había logrado ganarse a la multitud.

-"¿Que mis tropas queeeé?" -se preguntó a sí misma en su fuero interno como respuesta a sus palabras. Quedó anonadada nada más oír que uno de sus compañeros se comparaba a diez guerreros normales. No lo consideraba embarga absoluto, si bien contaba con unidades tremendamente capacitadas, por lo que se preguntaba si aquello era alguna clase de rumor surgido por las gestas de todos a lo largo de aquel tramo de constitución del gremio o un bulo que se había inventado. Sea como fuere, le llamó poderosamente la atención el hecho de que conociese la organización como tal y le causaba cierto grado de orgullo.

El dolor le causaba dificultades a la hora de concentrarse en lo que acontecía a su alrededor. La palma de la mano entraba en contacto con su cuerpo, por lo que echó la cabeza hacia atrás, dejando su melena plateada cayendo como una cascada blanquecina y comenzó a inspirar, expirar y exhalar rítmicamente. Abría y cerraba los ojos según su capacidad de templanza, pero era igualmente una mujer de gran paciencia. Cuando hubo terminado la sanación, se reincorporó, tomó a la pelilila de la muñeca de la mano abrasada y besó el dorso de la mano como su madre le había enseñado que se hacía con la gente en contacto con la divinidad cuando se sentía gratitud.

-Estoy en deuda con vos, serah. -y entonces elevó los labios de su extremidad, pronunciando uno de sus anticuados tratamientos de cortesía de antaño. Expuso la palma de su mano para observar la herida de la mujer, lamentando que aquel fuese el caso. Lo había hecho por salvarla de las terribles heridas que la acuciaban y dejaron en su piel blanca una marca similar. La soltó con delicadeza y tomó sus propias pertenencias bélicas, pues ya habían acordado abrir la puerta para cuando ella se encontrase lista. Sin embargo, aparte de la iniciativa de ambos de abrir paso, un ariete se escuchó procedente del exterior y, aunque no era lo suficiente potente para abrir la puerta de par en par, abrió un boquete del tamaño de persona promedio y media a lo alto, quizás un poco estrecho. Era obvio que lucharían por abrir mucho más espacio pero daba comienzo el asedio.

-Perros, ¿eh? Supongo que todas sus conductas hasta el momento evidencian, efectivamente, lo primitivo de sus mentes y la supremacía de sus instintos sobre la razón. -apareció desde el dorso de su estratega para interponerse entre él y un soldado lancero que se dirigía de forma frenética a empalar su cuerpo, rebotando su lanza contra la pesada armadura de la general que lo miraba con suficiencia. Estaba demasiado acostumbrada a entrenar con dichas unidades, le traía recuerdos de su tiempo en la milicia. Su lanza no estaba correctamente empuñada por el ansia que le dominaba, por lo que desarmarlo fue hartamente sencillo haciendo palanca contra su mango sin el mayor esfuerzo, para luego ensartarlo por la yugular, carente de piedad a pesar de su corazón clemente por naturaleza.

-No hagáis ver que se ha cometido un error al ajusticiar a individuos de vuestra ralea. ¡Amenazásteis al pueblo para tomar su oro, instaurásteis un negocio oscuro en el seno de su sociedad y pretendisteis dominarla mediante el tráfico de substancias de dudosa legalidad! No tenéis perdón. -eran lo más cercano a una mafia que podía encontrarse en algunos de los lugares circundantes de Pherae. Escondían bien su huella y una exhaustiva investigación fue llevada a cabo por la general antes de descubrir que aquellos sucesos extraños eran culpa directa de una organización clandestina poco cuidadosa pero que se escondían bien de los autoridades... Descuidados con los grupos de mercenarios como el suyo. -¡¡Hoy ha sido el último amanecer de vuestras vidas, por haber sumido la vida de muchos en la penumbra de la marginalidad!! -exclamó, con la elocuencia reparada al ver sus heridas sanadas. Ahora, desde delante de White, mareó el rostro para verle de reojo con decisión. Le pareció que se encontraba bien y eso la tranquilizó, dispuesta a hacer de barrera entre todos los que llegasen y él, lanza en mano y justicia implacable reflejada en su rostro ahora prácticamente pétreo.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Vie Feb 19, 2016 2:58 pm

Refunfuñando la Curandera de pelo lila me pidió esperar 20 segundos mas para acabar de curar las heridas de la General, la magia de curación al parecer era un trabajo lento pero un millón de veces mas rápido que si hubiéramos de esperar que se curara por si misma lo que hubiera sido una condena asegurada para muchos, así pues no dije nada referente a la espera de esos 20 in significantes segundos, tras los cuales la cleriga dio pie a la ansiosa guerrera que ya era su turno, sin pensarlo esta agarro su escudo y su lanza con ganas y fuerza dirigiéndose a la puerta para abrirla y así dar paso a la batalla que nos esperaba, pero justo antes de encontrase con nuestro destino un extraño ruido se escucho llenando cada rincón de la iglesia un persistente y contundente golpeteo, a primera vista parecía que los “bandidos” para llamarlos de algún modo también habían agotado su paciencia y con algún árbol o semejante objeto cercano que en contaron hicieron un ariete con el cual arremetían contra el viejo portón, que pese a su dureza podía aguantar golpes de los hombres, incluso espadazos pero ante el contundente golpe de un ariete no fue rival, haciendo que parte de la estructura de la misma saliera despedida hacia el interior de la iglesia como si de una pequeña explosión se tratara dejando una brecha del tamaño de una persona media algo mas pequeña,  mientras cientos de esquirlas de madera volaban por el lugar.

Eso no me lo había esperado, pero lo cierto es que era un golpe de suerte pues de esta forma los bastardos solo podrían entrar de una manera muy reducida y mejor controlada que si hubiéramos abierto la puerta de par en par, aveces la mejor estrategia es la mera espera para poner mas nervioso al rival y así provocar que haga actos imprudentes y poco pensando como ese, aunque no siempre esta tendría de salir tan bien como ahora.

Sin esperarlo, mientras me distraje por unos observando la escena uno de nuestros enemigos que había penetrado ya al interior del santuario se lanzo al ataque hacia mi persona, cuando me di cuenta del peligro ya casi tenia al hombre encima y las posibilidades de esquiva eran reducida, pero fuera suerte, azar o una mera forma de pagar parte de la deuda Edith se interpuso entre la lanza del villano y yo dejando que la misma arma se empotrara contra su portentosa armadura carmesí, sin pensarlo la albina arremetió contra el pobre desgraciado ensartando su lanza contra la yugular del desgraciado, que instantáneamente cayo redondo al suelo del lugar sagrado muerto, mientras desde su cuello y boca salían burbujas de sangre creadas por el ultimo aliento del individuo. En ese preciso momento la segadora de vidas miro a los malvados para dirigirse a ellos diciendo que no buscaran escusas para culpar la, pues ellos eran los únicos causantes de ese trágico desenlace y así mismo darles un ultimátum en el cual pronosticaba el fin de sus días en vida, con una confianza indudable en su fortaleza  ahora sanada.

Durante un instante la mujer desvió un poco la mirada para verme de reojo supongo que para asegurarse que me encontrara bien, un pequeño detalle por su parte, por otro lado la curandera se situó detrás de la barrera en una distancia prudente que la mantenía a salvo y le permitía asistirnos en caso de necesitarlo, todo estaba en su lugar  listo para la acción que ya había claramente empezado ahora solo faltaba empezar a mover pieza.

Una leve sonrisa se mostró en mi rostro, de tal manera que otros podrían pensar que esa situación me parecía graciosa o que en mi alma había una parte oscura a fin a la muerte, pero por mi lado esa sonrisa solo era muestra del amor que procuraba hacia la estrategia y el combate pues esas dos cosas eran las que habían convivido conmigo durante mas tiempo desde la perdida de mis seres queridos. Detrás del imponente muro defensivo que había creado nuestra guerra las posibilidades de que pudiera luchar eran escasa y eso no entraba en mis planes ni muchos menos iba a dejar que ella hiciera todo el trabajo, me agarre a una de las patas que ahora hacían de paredes los laterales para impulsarme y escalar un trecho, para luego poner un pie en el hombro derecho de Edith para finalmente impulsarme hacia los enemigos con una velocidad optima y controlada, en la trayectoria de caída puse mi pie delantero en el rostro uno de los frenéticos atacantes, provocando su inminente y contundente caída y mi suave aterrizaje quedándome de pie algo agazapado posición que aproveche para con un movimiento rápido pero con poca elegancia, desenfundar mi espada, que impulsándome con las rodillas clave en la garganta de un segundo enemigo de abajo arriba como si de un empalamiento se tratara para luego empujar el aun caliente cada ver hacia los enemigos que aun entraban, para aprovechar con mi otra mano arrancar mi espada corta pasando su filo de delantera a trasera para así clavarla en la cabeza del aun derribado enemigo anterior, de esta manera derrotando de manera veloz a dos de esos individuos, gire de golpe  hacia la general, para coger impulso y escalar uno de los laterales de las paredes improvisadas para salir del rango de los enemigos, una vez arriba del muro y antes de saltar hacia la zona segura del mismo, la mire y sonriente dije:

- 2 a 1 - En tono despreocupado y algo desafiante como si la retara a una competencia de a ver quien acababa con mas enemigos
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Quinella el Lun Feb 22, 2016 6:33 am

Quinella recibió con complacencia a la par que sorpresa el gesto de la albina, un ritual de la que ya había sido objeto anteriormente pero nunca en aquellas circunstancias. - No te preocupes por mí, sanará en pocos días. - Indicó la sacerdotisa cuando la justiciera se dispuso a evaluar el estado de sus quemaduras. - La gratitud es la única deuda. - Añadió por inercia, ya que su labor de protección frente a los bandidos del exterior era el pago principal de los servicios de la clériga. Bandidos que, por cierto, se abrieron paso con un arma de asedio y fueron filtrándose a través del portón progresivamente. La barricada ya había sido levantada, por lo que la capacidad de acción de los agresores había sido mermada de forma considerable. Uno de ellos sobrepasó la barrera que separa la valentía de la estupidez, cargando de frente contra la mujer acorazada quien fácilmente logró inutilizarlo y arrancándole la vida de un plumazo.

El cuerpo moribundo se precipitó al suelo con pequeñas e incontrolables convulsiones de un alma que sentía como su flujo vital lo abandonaba a través de aquella vena seccionada. La sangre tiñó el suelo sacro de granate y también se filtró en la laringe del desdichado, provocándole serias dificultades para no atragantarse con su propio fluido. Acompasaba respiraciones débiles con toses profundas, haciendo de su boca una dantesca fuente de muerte, lo que lo acompañó de la consecuente detención de la respiración del individuo. Ahora le esperaba un viaje de retrospección de sus recuerdos vitales en el limbo, pues no estaba vivo pero tampoco muerto. Quinella observó con detenimiento aquél proceso, ignorando completamente las palabras que había dirigido la lancera a sus potenciales ajusticiados. Sentía una especial curiosidad sobre el proceso por el que una persona fallecía, pues era el acto que liberaba el alma de su cárcel, permitiéndole el reencuentro con su creador, antes de que el recipiente de una nueva vida le obligara a descender de nuevo.

El espadachín no tardó en reclamar su protagonismo con movimientos acrobáticos en plena contienda, consiguiendo segar dos almas más durante el proceso, una actitud tan despreocupada que atrevió a hacer de esa carnicería una batalla de egos. - "Es como un niño..." - Reprochó mentalmente, por muy merecedores de su muerte que fueran, Quinella sí sentía ese mínimo respeto por aquellos que estaban pereciendo ese día. Mientras tanto, desde la seguridad que le otorgaba la distancia y la barricada, empezó a formular un nuevo sortilegio entre susurros para tener listo un remedio en caso de ser necesitado por sus aliados.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Mar Feb 23, 2016 1:19 am

La solemne clériga había insistido en que no merecía gratitud de ningún tipo pero su esfuerzo inestimable no caería en el olvido, igual que los religiosos del lugar siempre recordarían a sus mesías que hubieron acudido a ellos en sus momentos de necesidad para salvarlos de los peligros que los acechaban. Y es que ella no estaba tan lejana al abismo de la muerte, por lo que aquel rescate era prácticamente devolverla a la vida en tiempo récord y en las mejores condiciones imaginables. Su vigor había retornado a ella, ya no tenía que temer no poder hacer frente a la amenaza de aquellos vengativos bribones que pretendían ponerla en jaque. A pesar de que el género no coincidiese, ella era el rey de aquella enrevesada partida de ajedrez, incluso si sus compañeros eran importantes figuras en el tablero sin las que podía ganar, ella se había autoproclamado líder de Alas de Fénix y asegurado que defendería a los presentes en nombre del mismo. Sabedora de que, al igual de la figura que estaba tomando mentalmente como referente; sólamente podía eliminar a enemigos que se encontrasen próximos a ella. A no ser que se le ocurriese una buena idea por la que el muchacho que la desafiaba no fuese el único con acceso a los rivales...

-¡Oh, ya comprendo, este es uno de esos intrincados rituales sociales que pretenden hacer más llevadera la batalla mediante el sano ejercicio de la competitividad! ¡¡Quiero participar!! -sonrió, de forma demasiado angelical si tenía en cuenta las consecuencias de ceder al juego bélico. Pero, de todos modos, era sólamente un enfoque distinto para atroces actos que darían lugar igualmente en pos de la autodefensa. Tanto daba. Era la primera vez que se permitía a sí misma ser tan desenfadada con respecto a un combate, pero tampoco era contra personas merecedoras de respeto por su parte, por lo que relajaría levemente sus maneras para confraternizar con sus aliados.

Usó la lanza para hacer palanca bajo uno de los bancos que suponían una barrera lateral hacia los enemigos y lo desprendió del suelo para luego lanzarlo volando con su fuerza hacia uno de los enemigos que comenzaba a adelantar y que fue sepultado por éste en el más estricto de los sentidos. -Empate. -respondió después, con voz musical y sonrisa serena, como si no acabase de romper los huesos más importantes del cuerpo de ese hombre a maderazo limpio. Aprovechó la cobertura de la pieza de mobiliario para pasar por un lateral del mismo sin que se adentrasen por el flanco que acababa de abrir en la barricada, ejerciendo ella de armadura andante entre los enemigos y el clero.

-Creo que ya he empleado demasiado la fuerza de la palabra en vano, ahora mismo veréis que la justicia que me guía es implacable. -se abalanzó sobre un trío de ellos que se aproximaba peligrosamente a su perímetro, aturdiendo a uno con el escudo y usando la mano correspondiente al mismo para agarrar el brazo de uno, postrándolo en el suelo. Pisándole, atravesó con la lanza al restante en posición seria y tensa, arrojando el cadáver en las cercanías del susodicho asiento. Apoyó su peso en el torso del que estaba pisando y llevó su rodilla metálica a la tráquea del mismo para estrangularlo con sus piernas mientras extendía la lanza hacia el pobre diablo que estaba tan aturdido como para estar dando vueltecitas atolondradas hasta el momento de su inevitable muerte. La cuenta de hombres eliminados por ella iba ascendiendo lenta pero inexorablemente.

Miró hacia atrás para contemplar fijamente a la pelilila elaborando un sortilegio de origen y finalidad desconocida, pero que resplandecía con el fulgor habitual de la gente que era iluminada por la divinidad. Supuso que se trataría de algún tipo de encantamiento de apoyo. La intriga era visible en sus ojos curiosos, pero no se atrevió a preguntar para no inmiscuirse ni poner fin a su concentración, volviendo su vista al frente para poder encarar a los supervivientes que amenazaban con destrozarlo todo. Sacudió la melena, bajó el mentón para ser cubierta por su casco en forma de pico y expuso su lanza de doble filo ante los posibles embates.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Dom Feb 28, 2016 12:16 pm

Todo estaba marchando sobre ruedas, las fuerzas enemigas se estaban debilitado gradualmente y el animo de la general estaba alto a causa de la curación su afán de defender a los inocentes y por la pequeña competición que había creado para motivarla aun mas, esto sin duda mejoraría su rendimiento facilitando de dicha manera la labor, por otro lado los pueblerinos junto a los sacerdotes de la iglesia se habían agrupado en una sala tras el altar de la iglesia podría ser simplemente un vestuario o algún símil pero era perfecto pues gracias a mi discurso o al menos es pensaba se habían calmado y estaban actuando de una forma racional que no se permitía a los 3 centrarnos mejor en el combate y protegerlos como dios manda, finalmente la curandera que nos había prestado sus servicio se encontraba en uno de los laterales de la barricada de forma segura pues los enemigos no podían llegar hasta ella, esta empezó a hacer algo, a mi parecer era magia aunque no conocía muy bien ese mundo pues nunca había tenido la oportunidad de aprender pero fuera lo que fuera seguro que nos seria útil.

Desde mi zona segura observe la situación intentando ajustar la  la estrategia par facilitar la labor, no sabia exactamente cuando individuos había aun fuera pero suponiendo que eran las “sobras” de un grupo de malhechores que la albina había diezmado sus números no podían ser muy elevados así que decidí que quizás lo mas rápido era pasar de la defensiva a la ofensiva. Con mis piernas empuje uno de los bancos superiores haciendo que este cayera encima de 2 individuos, para luego lanzarme y descender al suelo para clavar mi hoja en sus carnes para arrebatar les la vida mire a la general y empezare a correr hacia ella esperando que abriera una apertura en su escudo por la cual escabullirme de los demás agresores, de no ser así simplemente la usaría de apoyo y aria salto a potro con ella par poderme colocar en su retaguardia. Una vez en su espalda colocaría una mano en su espalda justo por encima de la cintura mientras mi hombro lo dejaría reposar en su omóplato de tal forma que me fuera fácil rotar usándola de apoyo para ir ensartando enemigos alrededor de la defensa de su escudo, una vez colocado dije:

- Señorita líder, creo que es momento de cambiar nuestra actitud a una mas ofensiva, así pues si pudiera ponerse en una posición de cierre total con su escudo para ir avanzando ambos mientras ganamos territorio seria fantástico, de mientras yo la apoyare desde aquí ensartando enemigos y dándole un apoyo por si intentan cargar. - Intente darle las directrices de la forma mas suave posible, pues no conocía a esa mujer y si directamente se lo digieran de una forma mas ruda casi ordenando nada me garantizaba que fuera a hacerme caso. -  Cuanto menos espacio tenga el enemigo menor sera su movilidad y su numero y mas fácil sera para nosotros acabar con ellos. Por otro lado me gustaría saber cuantos agresores hay por eso también quiero acercarme pero vigile quédese como mínimo a 2m del agujero y el portón no queremos que arremetan contra usted con el ariete.- Acabe explicando un poco los objetivos y razones.

Finalmente y mientras esperaba la respuesta de nuestra potencia militar principal la señorita Edith mire a la sacerdotisa y dije.

- Su merced! - había escuchado que de esta forma se tenia de hablar a los cargos religiosos así que me salio de dicha forma. - De poder ser en esta ocasión aunque sea algo osado os pediría que vinierais aquí, yo me ocupare de protegeros, pero en caso de que yo o la señorita Edith suframos una herida necesitamos de sus auxilios lo mas rápido posible, se que eso puede costarle un precio carnal. - Refiriéndome a que podría sufrir heridas. - Aun así es para proteger a la gente y este lugar. - Finalice.

Entonce volví a centrar mi mente en los enemigos y a arremeter contra ellos desde detrás la albina.

OFF:
Siento la tardanza estos días no estado muy fino y e tenido varias cosas que hacer entre médicos y trabajo me disculpo por la espera y por lo corto de este post.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Quinella el Mar Mar 01, 2016 6:36 am

Sus susurros se torcieron cuando la general acepto de demasiado buen grado participar en "A ver quien la tiene más grande, edición escabechina en la iglesia". Pero sintió que reprocharles haber tenido esa actitud delante de civiles y religiosos no  habría servido como catalizador de un cambio en ellos, además, el esperpento ya se había producido. Definitivamente habrían sido un gasto de saliva inútil, así que optó por la vía de la resignación, siguió formulando el sortilegio. Cuando la estructura de la bendición fue completada se formó una esfera luminosa de diámetro considerable que mandó a la general, la cual aún tenía heridas menores y rasguños, el hechizo curaba ese tipo de lesiones y además refrescaba su cuerpo aliviando cualquier sensación de dolor o cansancio. Los bandidos se dieron cuenta de ese hecho, alguno de ellos intentó atravesar la barrera, pero afortunadamente Quinella tenía dos defensores en la vanguardia que evitaban que la alcanzaran. La exposición de cuerpos inertes no hacía más que aumentar, sin piedad, merced ni compasión.

Los duelos iban decantándose ganadores, con demasiada facilidad a ojos de Quinella, hasta que se consiguió que las tornas de la escaramuza cambiaran a su favor. El afluente de atacantes que entraban por la pequeña abertura del portón era menor que la rapidez con la que los defensores conseguían despacharlos, una situación que llevo a la "cabeza pensante" del grupo proponer pasar a la ofensiva. Se dirigió a la sacerdotisa, instándola a permanecer cerca del grupo y ofreciendo su protección. - De acuerdo. - Aceptó la orden de Kirin, aunque ella era más partidaria de quedarse al margen, algo que pudo verse momentáneamente reflejado en su expresión facial. Después musitó una risita burlona cuando escuchó una de sus últimas frases. - No hace falta que utilices mi jerga para explicarme las cosas, encanto. - Aquella palabra, 'precio carnal' más concretamente 'carnal' se usaba mucho en su oficio, por lo que le resultó gracioso que el caballero la usara para advertirla de posibles represalias a la usuaria mágica. Se acercó al grupo, refugiándose en la retaguardia, escondiendo su frágil cuerpo detrás de la muralla de acero que portaba Edith.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Mar Mar 01, 2016 2:22 pm

Las piezas de mobiliario se habían convertido en poderosas armas para con el enemigo. Estaba segura de que los creadores de aquellos bancos concretos nunca se hubiesen imaginado un desenlace como aquel para piezas de madera con supuesta utilidad como asientos. Supuesta porque como objeto contundente no tenían igual, realmente estaban siendo un elemento bastante conveniente a la hora de diezmar las tropas mediante el bello arte del aplastamiento. Sus huesos crujían bajo aquellos bancos y se negaban a volverse a levantar nunca más. En el momento de hacerle eso a una persona normal hubiese sufrido enormemente por causa de su recta moral, pero se trataba de la peor de las calañas, gente de la más baja ralea y más cuestionables motivos para justificar sus tóxicas acciones.

Pero parecía ser que la formación cambiaría. El estratega sugería una nueva organización de las tropas para fomentar la productividad. Escuchó sobre sus indicaciones y las sopesó, creyendo que tenía bastante razón. Su mente ágil podría ayudarles a reaccionar mucho más rápidamente a los inconvenientes de una batalla en la que se habían metido la mayoría casi sin pretenderlo. La responsabilidad seguía siendo propia y debía protegerles, era un hecho que no perdía de vista, lo tenía presente en todo momento. Aguardó a que la sacerdotisa se aproximase al grupo para erigir su escudo frente a su cuerpo, sirviendo de poderosa cobertura frente a los posibles ataques de sus enemigos.

-En efecto, sería un verdadero inconveniente ser embestida por el ariete. Tendré cuidado, White. -afirmó, mientras comenzaba a avanzar inexorablemente hacia delante, arrollando a los rivales que encontraba a su paso, la mayoría ensartados por la lanza que empleaba de forma lateral cuando alguno de esos cuerpos se interponía en su camino. -Aparentan ser pocas unidades restantes, pero también bastante mejor preparadas que las anteriores. Es lógico deducir que la vanguardia estaba pensada para tratar de agotarnos físicamente, no valoran las inestimables vidas de sus hombres, ellos son los verdaderamente poderosos. ¡Prevenidos! -exclamó, a medida que se posicionaban en una localización bastante más peligrosa en comparación con la anterior. Un pequeño contingente se alzaba a las afueras del portón y les observaba con desafío en la mirada. Su escudo enorme, afortunadamente, seguía sin flaquear, con su habitual fuerza de voluntad indómita.

-Señorita sacerdotisa, sed cautelosa, por favor. Esta escoria carece de escrúpulos y no dudarán en levantar la mano contra un civil. Es conveniente no tomar más riesgos de los necesarios, incluso estando nosotros aquí para protegeros. -siempre previsora, decidió alertar a la clériga para que tuviese cuidado con las sucias maniobras de aquellos hombres que, a ojos vista, se preparaban para atacarles en cualquier momento. Dirigió una mirada interrogante al estratega, como si percibiese telepáticamente el movimiento de su mente inquieta.
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Invitado el Vie Mar 04, 2016 1:07 pm

Nota post Final:
Hable con Edith que por circunstancias que no vienen al caso fue Baneada y bueno acordamos que podía cerrar este tema  así que me dispongo hacer un mini post de cierre para que no quede tan colgado, disculpen las molestias causadas

El joven siguió con el plan tal cual había mencionado con la general y la cleriga, poco a poco cada uno de los contrabandistas iban cayendo, bajo el apasionado filo de los aventureros, la lanza de  Edith ensartaba uno tras otro los cuerpos de los desgraciados, dejándoles caer en el frio suelo, mientras mi espada segaba cuellos como sino tuviera parangón, nadie quedaba en pie ante su mortal filo.

Ahora los 4 gatos que quedaban del imponente  grupo huían para salvar sus vidas, la pesadilla había culminado, la albina había cumplido su palabra pues nadie inocente había sufrido daños y podían volver a sus hogares, con el mal gusto de lo sucedido nomas, los monjes se encargaron de limpiar el sacro lugar y dar un entierro digno a esos hombres muertos, pues aun que fueran unos seres despreciable su dios dictaba que todo hombre era merecedor de un entierro apropiado, por mi lado me quede con la general no sabia que me depararía el futuro con ella, ni donde me llevaría esa nueva relación, pero era mejor eso que nada, así que cogí mis pertenencias y revise los cuerpos de los muertos antes de que los monjes se los llevaran en busca de algo útil nunca se sabia que podía portar este tipo de ejemplares, con la ropa de uno limpie la sangre de mi espada, para que no se oxidara dentro de la vaina. Tras estar listo agarre todo y me dispuse a marchar, con la puesta del sol a la espada y mi futuro por delante  había sido un día lleno de emoción, solo quedaba una cosa por hacer mire a la mujer de armadura escarlata y dije:

- Mi nombre es Kirin
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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

Mensaje por Marth el Mar Mar 08, 2016 11:08 pm

• Tema cerrado •

Debido a que los participantes no cumplen el mínimo de posts individuales (6 cada uno), este tema no da EXP.

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Re: Invasión sacrílega {Campaña} {Privado: Kirin & Quinella}

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