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La gran caída {Social} {Privado: Kija}

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La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 13, 2016 7:13 am

Hacía ya unos cinco días que había salido corriendo cobardemente para huir de sentimientos abrumadores y situaciones que no sabía cómo controlar. Volviendo de Dogern, corrió hacia La Guardia en pleno ataque de histeria, sin pensar en nada más que en desaparecer de todo lugar cercano, empujando al cuidador de caballos que era colega suyo sin mediar palabra ni explicar las lágrimas que surcaban sus mejillas, llevándose a Polvorón -su corcel habitual- de las caballerizas no hace mucho obtenidas por la organización. Esprintaron en direcciones ignotas, rumbos erráticos que ni hubo razonado, sin saber qué era lo que estaba buscando exactamente.

Con los ojos abiertos, veía su vida descompuesta en mundos que no encajaban, que no le pertenecían. Su boca estaba seca por la carrera que había emprendido hasta aquel lugar y por las miles de palabras que era incapaz de verbalizar. No se sentía a salvo ya, considerándose agredida por su entorno. La traición de su pareja y estar enfadada con su padre, esos hechos no destruían su vida pero sí la seguridad a la que trataba de aferrarse con todas sus fuerzas, la base de su convivencia habitual. No sabía cuándo había surgido esa debilidad dentro de ella, pero no podía dejar de llorar por su causa y maldecirla. Los culpaba a todos pero también a sí misma por ser tan vulnerable, a la persona que deseaba ser nunca nada hubiese llegado a derrumbarla de esa manera tan brutal, los muros que cuidadosamente había erigido durante tantos años habían cedido piedra a piedra, encontrándose ahora expuesta a todo ese dolor confuso que le venía muy grande.

Era nuevo para ella todo lo que estaba viviendo, así como lo era la sensación de sentirse derrotada, indefensa ante dificultades que no podía enfrentar. ¿Dónde se encontraba su voluntad guerrera? No quedaba ni rastro.

Cabalgó durante días sin siquiera pensar en comer y beber salvo cuando pasaba ocasionalmente por alguna población que le quedase de camino, lugar que aprovechaba también para atender otras necesidades personales como el aseo. Pero no era la misma en ese momento, sus ojos estaban tan apagados que llegaron incluso a preguntarle en un par de ocasiones si se encontraba bien. No podía dormir, algo no funcionaba en su interior, cerraba los ojos pero no alcanzaba la inconsciencia, esa frustración aumentaba su mal aspecto y comentaba a causarle unas ojeras que odiaba ver, que le recordaban la forma en que se había dejado vencer por las circunstancias. Había tomado un prendedor del tocador y lo lanzó contra el espejo hasta agrietarlo, marchándose sólamente en cuerpo presente mientras retomaba el rumbo junto al fiel animal que la acompañaba.

Comandando a su montura día y noche, incluso en tan poco tiempo había llegado bastante lejos en comparación con su punto de partida, ahora estaba en un recóndito rincón del país vecino, acelerando el galope a ratos para que el viento azotando su rostro la hiciese sentir viva, algo que le estaba costando. Ni siquiera sabía por qué seguía moviéndose, ni si alejarse le estaba causando alguna mejoría. Aceleraban en dirección a ninguna parte, pero corrían como si se quisieran librar del decaimiento que perseguía a la pelirrosa junto a imágenes del pasado, de unos días atrás pero de mucho antes también: meses ha, el tiempo en que su nuevo modo de vida había eclosionado.

-Me siento... traicionada. -fue apenas lo único que profirió en días, hablándole al infinito. Azuzó incluso más al caballo, las cosas se empezaban a distorsionar ante su iris anaranjado de lo deprisa que iban, demasiado para su seguridad y eso se probó cuando la herradura del equino se vio importunada por un pequeño pedrusco y ambos se precipitaron hacia delante en un prado frondoso. Ella rodó por una pequeña ladera abajo, resignándose a los golpes y sin emitir un solo quejido. Buscó con la mirada al caballo, encontrándose en pie en la cima y relinchando, lo que la alivió de esa preocupación... Pero no de las otras. Impactada por el golpe físico y los sentimentales, se abrazó a sí misma -sintiéndose romper, apretando sus pedazos- mientras yacía en el suelo tras la aparatosa caída, comenzando a llorar con los ojos carentes de brillo y la mirada fija en la hierba tan verde que se presentaba ante ella... Todo le parecía menos colorido igual, su decepción con el mundo crecía por momentos y renunciaba a sentirse de otro modo nunca más. No quería ni levantarse.

¿Quién iba a devolverle la confianza depositada en otros? ¿Y la oportunidad de corregir los propios errores? ¿Acaso alguien podía devolverle su inocencia, en ambos sentidos? Se había entregado a aquello en que creía verdaderamente y no había sido suficiente, así como no lo era el falso calor de aquellos brazos que no habían sabido sostener nada. Sus ojos se cerraban por fin ante la rendición, carentes de orgullo. -"¿Qué hay de malo en mi? Todo el mundo se marcha... Todos se van a ir, no puedo volver a querer a nadie más, nunca más. Ni a nada." -se dijo a sí misma, mientras se acordaba de cierto caballero albino que siempre la protegía y se reía sardónicamente de ser tan débil como para pensar: "Sálvame". Le resultaba tan patético por su parte, ¿cuándo se había convertido en una de aquellas damiselas en apuros que tanto repudiaba? Había hecho bien en esfumarse sin decir nada a nadie.

Se odió y les reprochó interminables cosas a su mala suerte, a la vida tan frágil que llevaba en que todo se iba cayendo como piezas de dominó. Llegaba tan lejos el resentimiento de aquel bajón acentuado por la falta de sueño que, ahora que su cuerpo había claudicado y dormía en medio de la tierra yerma por primera vez en demasiadas horas, las lágrimas seguían descendiendo regularmente por su tez. Sí, en sueños.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Kija el Sáb Feb 13, 2016 9:03 am

"Hundiéndose en un profundo mar de tristeza donde incluso abrir los ojos era inútil poco a poco la doncella caía esperando a que nadie la encontrase.

Pero en medio de aquella obscuridad el caballero encontró una silueta que la luz le ayudo a vislumbrar. El estiro la mano para alcanzarla pero arrastrada por las olas la perdió de vista

- Me pregunto si hay algo que pueda hacer por esa pequeña figura que se esta hundiendo en lo profundo -

Se dijo mientras saltaba hacia el mar de lagrimas para perseguirla, dejándose envolver en lo obscuro con la mano extendida hacia ella

- Espera, ahora mismo voy por ti.... así que por favor ya no llores -
"
Fragmento del cuento "La doncella del mar profundo"

Después de un ligeramente accidentado viaje el joven manakete se dirigía a Begnion, la sede del gremio de jauría para desempeñar mas activamente su papel como tesorero y, de paso, volver a ver a su amiga de la cual hacia días no sabia nada. Pese al contratiempo que le suponía no poder trasformarse el chico de ojos azules llego al lugar sin mayores problemas, preguntando por Saabirah ni bien llegado al gremio.

- No se ha pasado por aquí, pero la vieron en la guardia hace días. Quizá aun se encuentre allí -

Le comentaron como quien no quiere la cosa y sin desistir Kija emprendió camino hacia la guardia. Allí se sorprendo al enterarse de que su amiga pelirosa llego hecha una furia tal que incluso había empujado l cuidador de los caballos llevándose a uno de ellos, la preocupación del joven híbrido aumento cuando el susodicho encargado de los caballos le confeso que el rostro de la chica estaba empapado en lagrimas. Sin perder tiempo el muchacho solicito que le prestaran a uno de los caballos dando un poco de dinero para asegurar que lo devolvería y, una vez ensillado el muchacho emprendió carrera hacia la dirección donde la habían visto marcharse. Y así, preguntando por ella en los pequeños poblados y ciudades e incluso pidiendo información de los espías del gremio fue que la persiguió por varios días. Su determinación a encontrarla se hacia mas firme en cuanto escuchaba que su salud parecía deteriorarse, pidiéndole a su caballo que apresurase el paso lo mas que le fuera posible, cargando en el animal raciones extra de comida preparada por el pues igualmente le habían comentado que la chica estaba cada vez mas y mas delgada. No desistiría, después de todo ella no lo hiso nunca cuando el la necesitaba, era momento de corresponderla sin importarle realmente que tan lejos debía perseguirla.

Fue entonces que, justo cuando pensó que le había perdido la pista que sus sentidos se alertaron, dándole aviso de que una presencia muy familiar se encontraba cerca. Era imposible que no la identificara, después de todo cada manakete emite un aura distinta y la suya propia era inconfundible.... una de sus escamas se encontraba en la cercanías y solo una persona podría estarla portando. Kija entonces se vio envuelto ahora en un juego de "frió y caliente" pues su escama no le daba una posición exacta, solo le señalaba si estaba cerca o si se alejaba de ella. Finalmente encontró a un caballo que miraba de forma inquieta a una pequeña ladea, encontrando por fin a quien tan desesperadamente había estado buscando por tantos días. Dejo al caballo junto al otro y con premura descendió por la ladera, ella no se movía y un terrible temor se apodero de el al imaginarse la peor de las situaciones, sintiéndose profundamente aliviado al comprobar que aun respiraba, notando que aun en sueños seguía llorando. Haciendo uso de su vulnerary comenzó a limpiarle las heridas, vendando los golpes mas importantes con paciencia y cuidado, deduciendo que debía estar agotada al no despertar con tanto movimiento.

Sintió que lo mas prudente entonces era dejarla descansar, por lo que la cubrió con su capa para protegerla del frió y poso bajo su cabeza su bolso de viaje, el cual no era tan cómodo como una almohada pero si mas que el piso. Permaneció entonces a su lado, limpiando sus lagrimas cada vez que estas volvían a brotar con pequeñas compresas de tela. Finalmente cuando la noche comenzó a caer Kija encendió una pequeña fogata, recostándose a su lado de forma protectora y tarareando una pequeña melodía que alguna vez escucho mientras esperaba pacientemente a que despertara.

- Estaré con usted todo el tiempo que sea necesario.... Señorita Saabirah, por favor recuperese pronto. -

Le murmuro cariñosamente apartando con cuidado los cabellos que había en su rostro, lanzando un pequeño suspiro pues estaba preocupado de muerte por ella, aun así intentaba permanecer tranquilo pues nada ganaria alterandose en una situación como aquella.... Así, sin saber como o cuando se quedo profundamente dormido a su lado pues el viaje tambien lo tenia exhausto.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 13, 2016 12:31 pm

En un lugar prácticamente blanco por completo en que apenas se percibía textura alguna, podía ver la pureza infinita ante sus ojos. Probó a ver sus propias manos, para luego percibir que eran diminutas, así como el cuerpo que asilaba bajo sus palmas. Una niña con un vestido rojo y media melena larga rosada con dos tirabuzones delanteros caminaba por una inmensidad ligeramente lumínica. Su voz aguda emitía quejidos de molestia y puede que de miedo por no comprender que aquello no lo estaba viviendo sino que era un sueño. Por más que caminaba, el espacio no se terminaba, pero sentía cómo se iba inundando de cosas y de personas, a veces sólamente de sus voces.

-Pequeña Saabirah, lo importante no es tenerlo todo sino necesitar lo menos posible.
-¿Mami? -la buscó, sin mucho éxito.

Recordaba aquella frase, se refería a los bienes materiales. En tiempos de pobreza, algo que llevarse a la boca y un techo bajo el que dormir le habían resultado más que suficiente. Pero siempre surgían complicaciones cuando la felicidad llamaba a su puerta, su madre se había ido, de su padre solo conocía el rostro y había otros niños mendigos a su alrededor.

-¡Bruja, bruja, bruja! -voces burlonas coreaban al unísono.
-¡¡Silencio!! Yo no soy nada de eso.
-¿Ah, no? ¿Entonces quien lanzó rayos a Jason? Bruja.
-Pero... yo solo quería jugar con él.. fue sin querer... -musitó, siendo abucheada y satirizada.

Molesta, corrió hacia ellos haciendo aspavientos con las manos para disiparlos, ya entonces era bastante poco paciente. Aquel niño con quien jugaba le había tirado del cabello en una ocasión, por lo que ella le dio una leve descarga sin pretenderlo. Desde entonces no se pudo quitar de encima aquel sobrenombre que tan poco le agradaba, incapaz de hacerles callar con los quejidos de su voz extremadamente aguda de niñita.

Vio un tomo de trueno en el camino y lo recogió, curiosa. Para encontrarse con la silueta de su padrastro. Sabía que no dejaban de discutir y que siempre habían tenido miles de discrepancias, pero se querían y cuidaban al más puro estilo duro, con indiferencia fingida, actuando a las espaldas del otro.

-Tienes un don y jamás llegarás a dominarlo con esa mentalidad. Serás mediocre, una persona normal, si no dedicas toda tu vida a progresar en él.
-Es que quiero ser normal. -replicó, la niña malencarada.
-Desearlo no te hará una de ellos. -contraatacó.
-¡¡Cállate!! -se tapó los oídos.
-Eres una deshonra para tu sangre y para mi. Una deshonra.
-¡¡¡Cállate!!! Calla de una vez, vete como todos los demás. -exclamó, cerrando los ojos y aguardando.

Y así fue que se disipó en el ambiente blanquecino mientras se escuchaba el eco de la palabra "deshonra" con una voz masculina grave e imponente, aguardentosa, desgastada por los años. Una tergiversación de la actuación del progenitor adoptivo fue lo acontecido, pero no fue la única voz degenerada que se escuchó por el lugar sino que varias conocidas tenían algo que decir en su inconsciente. Su mente empezaba a retorcerse, la niña se tapaba los oídos pero escuchaba igual porque todo estaba en su cabeza, a medida que sus manifestaciones cobraban vida ante sí.

-Olvídalo, Saab, no eres capaz de hacer feliz a nadie. Mira qué fácil es sustituírte, ya ni siquiera te recuerdo.
-Muchacha, me arrepiento del día en que te uní a mis filas, eres un lastre.
-...Patético.
-¿Está molesta, Señorita Saabirah? Espero que no esté pensando en lanzarnos otro rayo.

Cuatro personas importantes para ella la desafiaban con la mirada y le recriminaban, haciendo que la pequeña criaja luchase para contener las lágrimas, negando con la cabeza incluso al susurro de Sothe, pero volviendo a sentir el mismo nudo en la garganta que cuando germinó en su interior la idea de huir. Antes de que pudiese siquiera intentarlo, las siluetas se descompusieron en partículas de energía eléctrica y se juntaron para dar lugar a un ser antropomorfo y viscoso de color amarillento que se acercó a ella amenazando con engullirla con su masa corporal.

-Nunca serás feliz, no te ha sido concedido el derecho -escenificación indigna pero terrorífica de lo que su imaginación comprendía por espíritu del rayo se cernía sobre ella -¡¡TU VIDA ES MÍA!!



[...]



-¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!! -reincorporó el torso de repente y extendió su mano hacia el infinito en medio de un grito desgarrador que prácticamente había dejado oír el sonido desde sus entrañas. No sabía lo que buscaba agarrar ni el por qué, tal vez algo o alguien que la auxiliase ante aquel ser. Jadeante, sentía gotas acuosas deslizarse por su faz pero ya no distinguía si eran de sudor o de lágrimas. Lo que sí llamó su atención fue el hecho de tener el antebrazo vendado. No recordaba haberse tratado los... ¿Golpes? ¿Cuándo se había herido? Poco a poco, sus recuerdos fueron regresando a ella y se giró para sorpresivamente ver a su lado al hombre por quien clamaba en su fuero interno cuando estaba ya a punto de perder el conocimiento. -¿Kija? Pero no puede ser... -sus ojos se abrieron de par en par con su visión, sin comprender cómo había llegado tan lejos como para encontrarla, especialmente cuando había cruzado la frontera entre Begnion y Crimea. Entonces recordó que había algo entre ambos pechos, cercano a su corazón, que podía indicarle su posición. Se sintió estúpida al no haberse dado cuenta de que portaba la escama, pero tampoco se hubiese deshecho de ella antes de partir por nada del mundo.

-¡Kijaaaaa! -ignorando lo dolorida físicamente que se sentía todavía, se lanzó hacia su pecho desesperadamente y casi de un empellón. Su berrido de antes seguro que lo había despertado al pobre, pero prefería que estuviese despierto porque las lágrimas que era imposible contener al llorar sobre él no eran las mismas gotas estúpidas que descendieron de sus ojos en momentos en que estaba un poco triste, no eran tonterías, eran cascadas. Gimoteaba, sollozaba e incluso gritaba entre algunas de esas acciones. Antes de tener aquel sueño que había durado horas no hubiese reaccionado de forma tan exagerada sino mortecina y apática, pero su psique acababa de meter el dedo directamente en las llagas que tenía como traumas, ante las que el dolor corporal de su caída palidecía completamente. -P-pensaba que estaba sola. Todos se han ido y-yo no sab... sabía bien qué hacer. ¡No quiero! No te vaayas. -pidió, de forma casi inentendible por el llanto, mientras se aferraba a su cuerpo como si sus brazos pudiesen cobijarla cual torres sustitutas a las paredes emocionales que cayeron por el peso irracional que ella les situaba encima, demoliéndolas día a día por el desgaste, erosionadas.

Siguió llorando y desahogándose a base de llorera. Su pecho se notaba menos pesado que antes. A medida que se iba desahogando, su voz comenzaba a ser más audible y comprensible para los oídos de su interlocutor. -Gaius me ha engañado con otra persona, me ha traicionado. A pesar de que me entregué a él totalmente... Le di mi cuerpo sin dudarlo. Ahora me siento sucia. -le explicó, separando el rostro de su torso y volviendo a mostrar esos ojos opacos que no relucían con su fulgor habitual. Se miró, repasando lo visible de sí misma con un poderoso asco. En su voz había cierto rencor, no como cuando hablaba de los nobles pero bastante remarcable. -No quiero volver, no hay sitio en que no nos vayamos a encontrar. Sé que estoy siendo una cobarde, pero no quiero verle nunca más. ¡Nunca! -estaba siendo demasiado caprichosa pero, a pesar de todo lo sucedido, seguía pensando decididamente en la idea de huir lejos. Tan impropio de ella y a la vez convencidísima... Estaba avergonzada, pero no podía evitarlo.

-Siento estar siendo una carga... Pero no puedo más, todo se está volviendo extraño y se rompe... Y yo también. -confesó, todavía sollozando un poco y cubriéndose el rostro con las manos para que no la viese de esa forma tan lamentable. Cuánto más recobraba la cordura, mayor era su abochornamiento por su actitud. Y recordaba sus ojeras, su mal aspecto, su mirada perdida... Estaba horrible, más aún ahora que estaba llorosa. Le bastaba con ser escuchada, se escondía como un avestruz, pensando que no era vista sólo por ocultar su tez tras los dedos que eran la última barrera que le quedaba en pie.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Kija el Dom Feb 14, 2016 2:13 am

"La doncella en el fondo del mar aun se sigue hundiendo y detrás de ella el caballero que la persigue, intentando mostrarle que ese mar no es el único mundo que existe. Sin conocer su verdadero rostro o el sonido de su voz no se daba por vencido aun que dentro del obscuro océano estirase la mano y solo alcanzara burbujas.

Dentro de aquella obscuridad, pese a que no podía verla sintió el leve roce de sus manos, el no tenia forma de darse cuenta que sus miradas se encontraron al darse ella la vuelta.

- No dejare que nadie vea mi rostro.... solo déjame tranquila -

Y tras estas palabras se hundio mas en las profundidades mientras que sus lagrimas brillaban en la penumbra del abismo.
"
Fragmento 2 del cuento "La doncella del mar profundo"

La respiración del muchacho de cabellera blanca era tranquila y apacible, disfrutando de un sueño tranquilo ahora que se había asegurado de que su querida amiga estuviese a salvo aun que un tanto magullada. Antes de pertenecer al gremio Kija se había visto forzado a dormir a la intemperie muchas noches por lo que no le molestaba estar dormido en el pasto junto a ella abrigados por el calor de la fogata. No supo exactamente cuanto tiempo paso paso a partir de allí, pero un estridente sonido le hiso regresar de poco a poco a la realidad. Kija al igual que su padre pecaba de tener sueño pesado y dificultades para despertar, pero aquello había tenido suficiente intensidad como para despertarlo. No obstante, su despertar fue tranquilo, abriendo ligeramente los ojos y comenzando a reincorporarse lentamente sin saber que sucedía de buenas a primeras. Entonces sintió algo aferrarse contra su pecho, haciéndole abrir totalmente sus ojos azules con sorpresa terminando por traerlo  de vuelta a la realidad. Saabirah estaba despierta, llorando a cantaros cosas que no lograba comprender del todo debido a su momentánea forma de hablar errática. La abrazo para brindarle seguridad, dándole ligeras palmaditas en la espalda para consolarla. Era la primera vez que veia tal cantidad de sufrimiento en su rostro y sus lagrimas brotaban a caudales

- Aquí estoy señorita Saabirah y no me iré a ningún lado. -

Le hablo con su tranquilidad habitual con lo poco que logro entender de los gimoteos contrarios sin soltarla en ningún momento, apoyándola en su dolor tal como ella lo había hecho hace ya un tiempo atrás. Así pasaran las horas o los días incluso el seguiría abrazándola hasta que se sintiera mejor, protegiéndola de cualquier cosa que quisiera hacerle daño. Poco a poco sus palabras comenzaban a cobrar sentido, haciéndose mas claras pero aun cargadas de dolor y tristeza y Kija, sin decir nada se limito a escucharla aun que no entendía los conceptos como "Haber entregado su cuerpo" lo cual lo dejaba algo confundido y acomplejado, sin saber que poder decirle. Aun asi, habia algo que le quedaba muy claro al ver como se cubria el rostro: estaba avergonzada por algo y por eso intentaba ocultarse. Fue por ello que, tomando nuevamente su capa blanca que antes uso como manta para ella que la cubrio a modo de capucha, asemejando a las alas protectoras de su verdadera forma como habia sido en el baile de la viña.

- Usted no es una carga... nunca lo ha sido y no lo sera en el futuro. Es usted una persona importante para mi y si es que acaso su mundo se rompe yo le ayudare a recoger los pedazos para ponerlos juntos de nuevo. No me iré a ningún lado. -

Comento limpiando sus lagrimas pero sin mirar directamente a su rostro gracias a la capa que la cubria, abrazandola nuevamente dandole pequeñas palmaditas. Era un asunto que no comprendia, por lo que no sabia muy bien como lidiar con aquello, siendo el parmanecer a su lado lo unico que podia hacer por ella.

- No logro comprender del todo lo que esta pasando por lo que no puedo imaginarme el dolor por el que debe estar pasando, pero voy a escucharla, cada una de sus palabras, cada idea que la atormente, le prometo que intentare comprenderla en la medida de lo que me sea posible. De verdad lamento no poder ser de mas ayuda. -

Le dijo sintiendo cierta impotencia por verla sufrir de aquella manera y no poder hacer nada mas que escucharla y hacerle compañia. Se sentia tan inutil como cuando contemplaba que los años se llevaban a su madre sin que el pudiese hacer nada al respecto.

- Ahhh.... pe-pero.... usted no esta sucia, son solo las lagrimas. Veamos.... si limpiamos un poco vera sin dudas que sigue siendo tan encantadora como siempre, permita me. -

No entendoa el concepto de "estar sucio" fuera del contexto literal por lo que pensó que se refería a las manchas que las lagrimas dejaban sobre su bello rostro, el cual se encontraba ligeramente demacrado. Tomando un pequeño trozo de la capa se dio a la tarea de secar su rostro como si ella se tratara de una niña pequeña que se ha ensuciado con la comida en su plato.

- Listo, se siente mejor ahora?. Con respecto a su ropa podría prestarle una túnica que traigo de repuesto e ir a algún rió cercano a limpiarla si gusta -

Comento con una sonrisa amplia esperando que aquello pudiese ayudar aun que fuera un poco, ingenuo, inocente e ignorante respecto a los sentimientos ajenos y a los propios, sin poder siquiera distinguir a que se debia esa inquietud que lo invadia.


Última edición por Kija el Lun Feb 15, 2016 12:46 am, editado 1 vez
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Invitado el Dom Feb 14, 2016 5:56 am

Se llevó un pequeño susto cuando la cubrió con su capa como escudo, dando un muy leve respingo por los inesperado de la acción contraria. Le recordaba a cómo la había cuidado otras veces, tanto en forma de manakete como de híbrido, atravesando distintas situaciones en que también decidió arroparla de aquella manera para cubrirla de los peligros que la acechaban en aquel mundo que a veces se tornaba caótico para alguien demasiado sensible como ella, siendo incapaz de simular fuerza en todo momento. Permitiéndose ser vulnerable como excepción -tampoco es que tuviese alternativas en ese estado-, se encogió en el interior del manto blanco y se dejó abrazar una vez más por él mientras una mueca en forma de puchero se formaba en su rostro como reacción a sus palabras, sintiéndose culpable por haber querido marcharse indefinidamente sin decirle nada a nadie. No era justo, ni se imaginaba lo que tenía que haber pasado para encontrarla, ahora que era incapaz de realizar su transformación. Se sentía algo más sosegada y capaz de hablar, pudiendo explicarse mejor, incluso si era imposible evitar que las lágrimas descendiesen por su rostro como el rocío. Le posó las manos en el pecho, sin darse cuenta del modo en que sus dedos se plegaban alrededor de la tela con marcada frustración.

-Yo estaba a punto de huir para siempre, sin mirar atrás. Me he peleado con casi todas las personas de mi entorno y no me sentía capaz de permanecer a merced de las discusiones, incluso si era injusto y debería haberme quedado luchando para evitar que todo se derrumbase. No podía. Pero tú... tú has venido. -el simple hecho de pronunciar esas palabras en voz alta le había hecho algo más feliz. Deseaba ser encontrada por él en su momento de debilidad y, de algún modo, su deseo se había cumplido. No podía negarse sus emociones, incluso si su moral no lo aprobaba y no quería sentirse tan patéticamente débil como para necesitar auxilio de nadie. -Lo siento por pensar estas cosas, pero no quiero volver. Si todo cayó por su propio peso, lo mejor será que se quede así... Acabaría haciéndolo tarde o temprano. -era mucho más sencillo para ella huir, autodenominarse fracasada mentalmente y seguir adelante en otro lugar como si nada hubiese pasado. Estaba en fase de negación, esa era la vía fácil. Ni siquiera asimilaba verdaderamente la cadena de infortunios que había provocado la ruptura entre ella y el exterior.

Le acarició la mejilla cuando se disculpó por no ser de suficiente utilidad, negando con la cabeza de forma perceptible aún debajo de la capa. Ni siquiera era consciente de lo que había hecho ya. Incluso si sus ojos seguían ensombrecidos, el hecho de ser abrazada y escuchada disminuía la ansiedad. Si algo no le faltaba a la relación entre ambos jóvenes era comunicación, lo que era muy reconfortante en situaciones como aquella especialmente. Intentó aclarar sus ideas para transmitirle los pensamientos que pululaban por su mente, pues era perfectamente consciente de que no se había dado a entender. No era nada grave, grave, pero para alguien que estaba viviendo retazos de una adolescencia tardía en su vida adulta resultaba un mundo. Tantas experiencias emocionales que había pasado de largo, ahora tenía que conocerlas de golpe.

-Pues resumiendo, dejando aparte asuntos como el tremendo enfado con mi padre hace tiempo y que no dejo de meter la pata en todo... Cuando se tiene una pareja, le prometes fidelidad y amarle solo a él, por eso cuándo se va con otra persona es una traición a la confianza que se le ha depositado y a los sentimientos que se supone que se comparten. -le dolía estarle explicando aquello porque el afecto no podía desaparecer de un día para otro. ¡Ojalá, le hubiese sido utilísimo! Pero no, si estaba tan fuera de sí y tan dolida era porque seguía sintiendo algo por él. Al bandido le quería, no le amaba, lo acabaría sabiendo en el futuro, pero en aquel momento era el drama amoroso de su vida. -Mi vínculo con él está roto. Para siempre. -hizo un gesto en que posaba una mano sobre la otra con las palmas hacia el suelo y luego las extendía bruscamente hacia lados opuestos. Era irrefutable, al menos por el momento no se sentía propicia a la amistad con él, por eso era un problema tan grande el hecho de tener que verle en La Guardia y en Jauría, aparte de la posibilidad de encontrárselo casualmente por la capital. No paraba de pensarlo obsesivamente porque la idea le aterraba, así como antes había mencionado los inconvenientes.

Parpadeó un par de veces ante las palabras de Kija, quien le limpiaba las lágrimas creyendo que se encontraba verdaderamente sucia en sentido literal. No era el caso, en plena carrera hacia lo desconocido seguía siendo una señorita de lo más higiénica, pero agradecía los gestos, a pesar de la incredulidad que se reflejaba en su gesto. Antes se había preguntado si el manakete habría tenido pareja alguna vez, ahora ya no albergaba duda en cuanto a que no pudo comprender sus palabras -N-no, no es eso... -fue lo único que pudo decir, mientras buscaba eufemismos mejores para hablar del tema sexual que no incluyesen su previa genialidad de destapar el frasco y demás perlitas que salieron de su boca. Afortunadamente, había aprendido de la experiencia para expresarse de forma menos basta, por lo que trataría de darse a entender sin ocasionarle otro trauma más.

Agitó levemente las manos, algo nerviosa, manifestando algo más de emoción progresivamente en su cuerpecillo. -Cuando quieres a alguien mucho más o distintamente que al resto de las personas, quieres amarle de forma especial... Usas tu cuerpo para... Ehmmm, demostrar el afecto que sientes con actos, uniéndose la pareja en uno solo. Yo le dejé tomar el mío, por eso me siento figuradamente sucia porque luego me ha dejado por... Alguien mejor. -si ya estaba ruborizada por el llanto, ahora lo estaba mucho más. Estaba segura de que debería darle la charla de la semillita, pero aquello ya era demasiado para lo avergonzada que estaba al explicarle lo que había hecho. -Pero hay formas más simples que esa, como mimarle o... -se posó el dedo índice en los labios de forma tímida y luego lo posó en los suyos, dando a entender el símbolo de beso en los labios, pues aquel había sido uno indirecto en cierto modo. La capa se desprendió de su rostro y quedó a la altura de sus hombros, volviendo a dejarla visible ante sus ojos. Dicha explicación no era ninguna tesis doctoral sino la aclaración de sus dudas más tangibles según su discurso. Podía haberse explayado más sobre sus problemas pero empezaba a sentirse mal consigo misma por causarle tantos problemas, incluso si no podía evitar llorar a ratos con sus ojos lóbregos, esbozando una falsa media sonrisa a duras penas.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Kija el Lun Feb 15, 2016 6:06 am

"La joven doncella ahora se dejaba caer en las profundidades voluntariamente, intentando escapar del cálido roce en su mano y la gentileza de aquel que desendia a pocos metros de ella, asustada por los rayos del sol que venían desde arriba y atravesaban la obscuridad de su tristeza dejándola expuesta.

- No te vayas!!! -

Intento gritar el caballero mas en lugar de su voz solo salieron burbujas que se desvanecieron sin alcanzarla. Llego un punto en el que todo se había tornado tan obscuro que la silueta de la doncella se fundió completamente en la obscuridad, dejandole desolado en la penumbra sin poder contemplar siquiera la punta de sus dedos extendidos.

- Alguien que emana tanta luz jamas podrá entenderme.... -

Se lamento la doncella habiendo llegado al fondo del mar, abrazándose las rodillas mientras que la obscuridad silenciosa la mantenia oculta.
"
Fragmento 3 de "La doncella del mar profundo"

El joven de cabello blanco escuchaba con atención todo lo que su amiga decía, intentando comprender la situación en la medida que le fuera posible ya que su perspectiva de las cosas era por demás distinta. razono un poco las cosas antes de intentar emitir palabra pues aquello parecía un asunto delicado y lo menos que deseaba era alterar mas a la hechicera de rosado cabello. Su forma de hablar se volvió mas tranquila mas las lagrimas aun se derramaban de sus ojos como pequeños ríos, sintiendo igualmente como se le aferraba de las ropas a momentos. Kija solo podía imaginarse un solo tipo de dolor capaz de hacer que las lagrimas brotaran de aquella manera desenfrenada por horas, incluso días o en su caso meses y ese era el dolor de perder a un ser amado, por lo que le costaba mucho entender el por que su querida amiga sufría de aquella manera tan descomunal por un par de riñas cuando en cualquier momento podría ir con aquellas personas y hablar las cosas, estaban vivos aun después de todo.... sin embargo opto por no decir aquello contemplando la posibilidad de que aquello podría sonar insensible por su parte.

- Por supuesto que vine a buscarla, no había manera de que me quedara de pie sin hacer nada cuando usted tiene problemas. En cuanto me entere que usted no estaba en el gremio me pareció extraño así que fui a buscarla a la guardia donde me dijeron que había tomado un caballo sin dar mayores explicaciones. Pero nadie se notaba realmente molesto, mas bien yo diría que estaban tan preocupadas como yo de verla en ese estado. -

O por lo menos esa fue la impresión que tuvo dado el hecho de que todos a los que le pregunto sobre el paradero de la chica se notaban extrañados, mas solían usar mas frases "me pregunto que le paso" y "Espero que este bien" a frases que denotasen molestia o rechazo y aquello era un detalle que sentía debía hacérselo ver a su amiga.

- Por otro lado, creo que es normal discutir con tus padres.... o que discutan contigo.... o que discutan entre ellos.... o que discutan entre ellos mientras discuten contigo. En fin, las relaciones familiares suelen ser.... um... complejas?. Pero por mas cosas que se digan siguen siendo tu familia por tanto es imposible se odien en realidad, pienso que no hay discusión familiar que no se arregle con una buena taza de te y galletas recién horneadas -

Su familia distaba mucho de ser perfecta, tenían muchas dificultades en cuanto se tocaban temas de creencias, costumbres o como demonios educarían a un crío que no era ni humano ni manakete por lo que las confusiones y conflictos estaban usualmente a la orden del día, mas de alguna manera siempre terminaban haciendo las paces. Por supuesto Kija no sabia nada acerca del pasado de Saabirah así que quizá estaba pisando senderos peligrosos. Fuera de eso el híbrido ladeo la cabeza ligeramente acomplejado cuando hablo acerca de lo que significaba la traición de una pareja pues era un tema bastante nuevo para el también. Fue entonces que escucho su explicación acerca del por que se sentía sucia que, al parecer, no tenia nada que ver con la tierra en su ropa cuando cayo de su caballo, sintiendo como su corazón se aceleraba cuando la muchacha poso su dedo indice en sus labios después de haberlo puesto previamente en los propios, haciendo que el chico se sonrojara.

- Y.... como sabes que quieres a alguien de forma distinta? -

Pregunto una vez mas con cierta curiosidad pues sus sentimientos hacia ella eran confusos desde hacia ya una temporada, hasta ese momento simplemente lo había abordado como un cariño familiar como el que tenia por sus padres pero tal como ella había dicho, lo sentía "diferente". Acaso quería a la joven de aquella manera?, no lo sentía correcto de ser así y un leve dolor se clavo en su pecho nuevamente.... lo mejor para ella seria vivir su vida con otro ser humano, quizá aquello seria lo menos doloroso para ambos.

- No.... olvide mi pregunta por favor. Yo.... ahhh, es verdad, me dijeron que usted no había estado comiendo adecuadamente asi que prepare comida extra para cuando la encontrara. No es muy sano descuidar los hábitos alimenticios, podría enfermarse. A.... ademas.... usted no es el tipo de persona que se saltaría una comida así que me preguntaba si se le había acabado el dinero o algo. D-disculpeme un momento!!! -

Y sin esperar respuesta Kija subió para encontrarse con su caballo, desamarrando un bolso mediano donde habia guardado toda la comida que preparo para ella, acto seguido bajo hacia ella nuevamente abriendo dicho bolso y buscando en su interior, sacando varios paquetes envueltos.

- Veamos..... traje un poco de pan, estaban recién horneados ayer por la mañana pero ya no están tan frescos. Un trozo de queso.... carne seca, jugo de frutas varias.... ohhh y..... esto... -

Al abrir el ultimo paquete envuelto Kija sintió su respiración detenerse unos segundos así como los latidos de su corazón. Eran los bombones recubiertos de chocolate que tanto le habían gustado en el baile de la viña y que prometió preparar para ella un día, el rostro del joven híbrido estaba mas rojo que un tomate y no sabia explicarse exactamente el por que, estaba nervioso e impaciente por que ella los probase y diera su opinión al respecto.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Invitado el Lun Feb 15, 2016 7:30 am

Le observaba perpleja a medida que le contaba el proceso por el que había pasado antes de salir en su busca. Tal y como pensaba, le había causado trastornos de todo tipo y más que lo creería cuando, más adelante en la conversación, él comentase acerca de sus pesquisas en las poblaciones que iba atravesando, siendo literalmente perseguida por alguien que no tenía por qué hacer algo así de noble por ella, menos aún cuando era consciente de la conducta inmadura que estaba presentando. Simplemente, se sentía incapaz de evitarlo, cierto detonante la hizo explotar y marcharse lejos sin rumbo alguno ni clara intención. Y, a pesar de todo, ¿él no era el único que se preocupaba por ella?

-¿Es-están preocupados? -sus ojos reflejaban incredulidad al principio pero ésta fue disipada por los detalles de su relato. Recordaba haber empujado a Shin sin siquiera un poquito de contemplación o modales, como si solo fuese un obstáculo en su ansiosamente furibunda escapada, entre el caballo y ella. -Pero si yo no me lo merezco... -susurró, sintiéndose culpable. Pero seguía sin tener ganas de volver, ahora menos que nunca, no sabía cómo iba a mirar a esa gente de nuevo a la cara sin sentirse verdaderamente mala persona. Un suspiro silencioso fue proferido mientras su mirada acomplejada se perdía entre el blanco infinito de sus vestiduras, tristemente absorta y sin poder pensar en nada por unos instantes. Contra todo pronóstico, eso no la había animado en absoluto, pues a una persona normal sí... Y ella de normal tenía bastante poco.

-Sí, tienes razón. Las relaciones familiares son sumamente complejas... Sobre todo cuando discutes con alguien que no es tu verdadero padre. -una sonrisa de exasperación se formó en su rostro al recordar que tenía un padrastro exigente y severo, que gritaba por todo. Normalmente, pasaba olímpicamente de lo que le dijese e incluso tenía una sección de desconexión en su mente para cuando acontecían los sermones, pero aquellas veces estaban verdaderamente enfadados más allá de chiquilladas. -Nos pasamos la vida entera entre gritos, pero se podría decir que esto fue más grave. Llevamos un mes negándonos a vernos mutuamente... Pero no nos odiamos, no. -en realidad lo que eran es idiotas, muy orgullosos y muy tercos. ¿Quién podía negarse a ver a su hija y quién a su padre por tanto tiempo sólamente por haber tenido una discusión acerca de ciertos chicos? Pues un par de idiotas tercos y orgullosos, ni más ni menos. Ninguno quería dar su brazo a torcer en su postura, supuestamente tan cierta desde su punto de vista como para alcanzar la iluminación. Así eran ellos, polos idénticos que se querían pero se repelían a base de discusiones cotidianas. Se secó otra lagrimilla con el dorso de la mano, esta al acordarse de los detalles bonitos -que también los tenía con ella- del barbudo anciano a quien echaba bastante en falta, lo reconociese o no.

Su corazón dio un gentil vuelco cuando él preguntó cómo saber que se quería a alguien como más que un amigo. Sintió el impulso de llevar la mano a su mejilla y demostrarle a qué se refería en realidad pero cuando notó que tenía la mano extendida y que su torso comenzaba a inclinarse, se detuvo sin comprender lo que le ocurría. El corte de su amigo para hablar de otra cosa distinta le hizo recular y regresar a su posición inicial, luciendo un gesto de extrañeza absoluta por haber intentado acto semejante. Se le quedó mirando mientras él se preocupaba por su salud, quizás algo descuidada por aquellos días de activa huida. Mirándole con ternura, se dijo a sí misma que jamás podría aspirar a alguien tan puro, no se lo dijo con palabras sino con imágenes sobre su conducta. Se vio a sí misma, deprimida y rencorosa, luego a él que tan radiante se mostraba en todo sentido... Ese momento de vulnerabilidad no podía volver a repetirse, alguien como ella solo podría llevarse su inocencia y echar su vida a perder, como le había pasado a ella. Avistó el suelo con los puños sobre las rodillas, debatiéndose su psique sobre si el amor verdaderamente existía o no, doliéndole cada latido que dedicaba a intentar descubrirlo.

Vio cómo su amigo acudía a por algo de comer que residía en una especie de alforja pendiente del caballo, pero ella no sentía su apetito voraz de siempre, incluso si el detalle le hacía ilusión. -Es raro en mi, ¿verdad? Suelo comer como una lima y ya no recuerdo la última vez que lo he hecho en condiciones, más allá de lo mínimo para no desmayarme. Tengo dinero, pero no tenía el menor apetito... -al menos hablaba en pasado, su estómago estaba menos encogido ahora que había llorado y se había desahogado a gusto. Observó las deliciosas viandas, él siempre había cocinado excelentemente y eso se solía confirmar por el ¡Pero es que siempre cocina Kija! que se escuchaba en momentos en que otros querían probar a hacerlo. Ninguno alcanzaba la mitad de calidad de sus platos, eso sí. -¡Gracias! Yo... Es todo tan perfecto como siempre, nunca he conocido a nadie que cocine tan bien como tú, entra hambre solo de echar un vistazo. Es perfecto. -se repitió, enfatizando. Ahora lloraba un poco pero era porque se había conmovido por el gesto que tuvo con ella, por todos y cada uno en realidad. Tomó un poco de pan, fresco o no, y comenzó a mordisquearlo a un ritmo infinitamente más calmo de lo normal. Pero seguía siendo un avance. Reparó en un último paquete que abrió para dejar ver unos bombones que le eran conocidos.

Varios flashes acerca del Baile de la Viña inundaron su memoria, en aquel momento estaba feliz y despreocupada sin saber lo que ocurría a sus espaldas. Los dos reían con sinceridad mientras iban probando toda cuanta comida apetitosa encontraban, travesía durante la que aquellos bombones habían sido una parada obligada. Tan deliciosos sabían que Kija había afirmado que podría reproducirlos y allí estaban. Su mirada de iluminó un poquito y tomó uno de ellos entre sus manos, contemplándolo como si no pudiese dar crédito. -Lo has conseguido, son los mismos bombones de aquella ocasión tan especial en Ylisse, justo después de bailar por primera vez. Es... increíble. -no tenía palabras para expresar la impresión que le habían causado esas pequeñas sorpresas que había reproducido para ella. Introdujo el que hubo tomado en su boca, mientras el eco de las risas de ambos pululaba por su memoria, sacándole una sonrisa al recordar la de él durante aquel evento tan especial. -Me encantan. Son tan dulces como tú, Kija. -sonrió ampliamente por primera vez en prácticamente una semana, así como nutrido porque apenas había probado bocado. Empezaba a sentirse menos muerta y algo más viva, tanto física como emocionalmente, quería volver a reír como aquel día incluso si le resultaba una expresión distante.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Kija el Miér Feb 17, 2016 7:22 am

"El caballero y la doncella estaban hundidos en el mar de tristeza donde incluso abrir los ojos era inútil, perdidos en cualquier lugar de la negrura no podían encontrarse mutuamente.

- No puedo llegar a ella -

Se lamento el caballero dejándose envolver igualmente en la penumbra, faltando sus las fuerzas para regresar a la superficie si no era con ella. Las lagrimas de la doncella seguían desvaneciéndose en el infinito mar, resguardada en las profundidades y al tener los ojos cerrados no podía darse cuenta que la luz sobre ella comenzaba a desvanecerse
"

Fragmento 4 del cuento "La doncella del mar profundo"

Kija se sintió ligeramente acomplejado al escuchar la afirmación de su amiga referente a su padre, sintió que quizá no debió decir nada pues por su parte el gozo de una infancia feliz y rodeado del amor de sus dos padres por tanto no se sentía capaz de entender la relación que podrían tener un padre e hija que no compartían la misma sangre. El joven de cabello plateado se sentía cada vez mas inseguro pues si se ponía a pensarlo no sabia casi nada de su amiga, su pasado, sus amistades, sus relaciones familiares, en realidad solo estaba enterado de su gusto por los alimentos con especial preferencia por las golosinas y su pasatiempo orientado a la lectura. Como podría ayudarla si siquiera la conocía?, nuevamente aquel dolor en su pecho se presento al sentirse inútil, sin ser capaz de ver lo mucho que la había ayudado desde el momento en que llego.

No obstante la sonrisa dibujada en el rostro de la muchacha gracias a los bombones le trajo algo de alivio, haciéndole sonreír suavemente en respuesta al ver había logrado animarla un poco, aun que adivinando que era solo de forma temporal y el halago hacia su persona le hiso sentir una sensación extraña en el estomago, casi como si tuviese mariposas revoloteando dentro de el. El joven manakete quedo en silencio unos momentos sin saber que decir, la pobre chica se notaba tan dolida que no pensaba que fuese prudente traerla de regreso y menos aun con la posibilidad de volver a toparse cara a cara con el causante de su sufrimiento. El corazón de la pelirosa necesitaba tiempo para sanar pero al ser aquel un gremio mundial realmente veía difícil el que ella se pudiera esconder mucho tiempo, ademas de que si permanecía escapando por mucho tiempo sin dar razones probablemente terminaría con problemas serios, siendo obligada al final a compadecer ante el líder del gremio.

- Señorita Saabirah..... um.... q-quisiera saber.... si usted querría.... -

Comento el muchacho con un nudo en la garganta, costandole el poder decirle aquellas palabras que rondaban sin descanso en su cabeza pero se negaban a salir por su boca, transformándose en un notorio sonrojo y un acelerado palpitar de corazón. Solo quería invitarla a pasar un tiempo en su casa rodeada por la tranquilidad mística que tenían los jardines de Naga, deseaba mostrarle lo hermoso que era la tierra que lo vio nacer por lo que no comprendía por que era incapaz de decírselo normalmente como lo había hecho en veces anteriores, soltó un pequeño suspiro resignado mientras le acercaba nuevamente los bombones que parecían animarla tanto.

- Tomar otro bombon.... los prepare para usted así que puede comerlos todos. -

Le sonrió nuevamente, ligeramente frustrado por la conducta tan cobarde que estaba adoptando en ese momento. Pensaba que no era el indicado para estar allí con ella en ese momento así como el no tener el derecho de invitarla a su hogar.... no, ella debía ser feliz con una pareja humana, para el bastante era ya el hecho de que pudiesen ser solo amigos... "solo" amigos, era la cuestión. Kija permaneció en silencio, siendo ahora el quien estaba ligeramente cabizbajo, tomando uno pan con un poco de queso y llevándoselo a la boca pues el tampoco había comido nada desde el día anterior pensando que de abrir la boca de nuevo metería la pata en un asunto delicado nuevamente.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Invitado el Miér Feb 17, 2016 11:37 am

Notó que se ruborizaba por el elogio que le había dedicado y le resultó adorable a más no poder, riendo un poco disimuladamente. Empezaba a parecer una persona normal de nuevo, al menos si nadie se fijaba en el espejo de su alma. Sus ojos seguían estando oscuros y apagados, como si siguiesen reviviendo los hechos mientras su parte consciente trataba de luchar por no aparentarlo ni sentirlo. Quería dejar atrás todas aquellas emociones que la superaban pero las sentía como un ancla y ya no podía ocultar su excesiva sensibilidad natural, ya no tenía cómo defenderse. Agradeció a su propio cuerpo que pareciesen habérsele terminado las lágrimas que derramar porque ni sintiendo melancolía momentánea al mirar atrás seguían brotando. Ya estaba algo más calmada. Se sentía igual de mal pero había detalles que lograban arrancarla de las fauces de la tristeza momentáneamente, incluso si luego volvía a estar hundida al mismo nivel que al inicio. Era como si luchase, pero todavía no pudiese librarse de ese yugo porque le faltaba cierta introspección, reflexionar de las cosas sin huir por causa del miedo.

Sus momentos de silencio no pasaron desapercibidos, ahora que estaba más centrada, haciendo saltar las alarmas porque sentía que ahora no estaba del mismo modo que al principio, lo que le hizo fruncir los labios con culpabilidad. Le observaba mientras comenzaba a hablar por fin, asintiendo con la cabeza cuando empezó a formular una pregunta que le estaba costando, quedándose algo trabado. Se notaba que era alguna proposición difícil, por lo que estaba tensa al igual que él. A la espera de lo que diría, se percató del corte de la frase porque no era la primera vez que ella hacía eso -sin ir más lejos, había cortado su acción anterior en la que casi le había besado- y le era bastante familiar la sensación de intentar aparentar normalidad. Sin embargo, su salida tampoco le parecía mal ni mucho menos, siendo como era amante de aquellos bombones.

-¿En serio puedo? Es fantástico, te tomo la palabra. Gracias. -cumplió con su afirmación y los fue comiendo uno a uno, con una leve sonrisa en la boca que luchaba por ensanchar inútilmente. Aún siendo incapaz de cumplir con ese objetivo, el sabor achocolatado era delicioso y antidepresivo natural, por lo que iba elevándole el ánimo y el estado físico paulatinamente. Fue comiendo mientras observaba a Kija en silencio, quizás de forma un tanto obsesiva, entre cada mordisco. Cabizbajo, también se disponía a consumir alimentos son mediar palabra. No sabía lo que ocurría, pero sí que dedujo que era por su causa y de su berrinche. Dio por hecho que, a pesar de su bondad, sí que había sido una carga pero que él nunca se lo diría por ser tan modosito por naturaleza.

Se acercó a él de nuevo gateando un poco. -Hey, Kija... ¿He hecho algo malo? ¿Es que mi tristeza te ha hundido a ti también? Estás diferente, tú que viniste a salvarme. Lo siento tanto, por esto no quería compartirlo con nadie. -su voz era débil hasta casi perderse en un susurro, sintiéndose tremendamente culpable. Le posó una mano en la coronilla, dándole tímidas caricias inocentemente y sin saber qué hacer, estaba apesadumbrada pero seguía dando prioridad a su estado de ánimo. También por ello se sentía fatal, había entristecido a la persona que la rescató en primer lugar. No era justo para el pobre manakete, eso pensaba ella.

-Sé que no tengo derecho pero, ¿puedo pedirte que me digas lo que pensabas inicialmente? Antes podíamos hablar de todo. -comentó, algo desanimada por el conjunto de sus reacciones, considerándolas detonadas por su propio comportamiento. ¿Es que acaso a él le había decepcionado? ¿ya no creía o confiaba en ella? Pensar eso dolía como una espina, pero ya no podía llorar y sólo se le congestionaba la voz.  -Lo siento, Kija, lo siento tanto. Sé que yo no debería ser así. -se acercó a él por un lateral para no interferir con su comida y lo abrazó mientras apoyaba la cabeza en su hombro, jugando con la fina capa inferior de su cabello. Esperaba que eso le hiciese sentir mejor, no quería ser la causante de su decaímiento.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Kija el Vie Feb 19, 2016 7:22 am

"Inmersa en la silente soledad del mar la doncella abrió los ojos esperando encontrar el resplandor de los rayos del sol que antes había sobre su cabeza, encontrando solo negrura y una inquietud que no sabia explicarse al notar unas lagrimas brillantes que caían hacia ella.

- Los rayos del sol no pueden llegar hasta aquí, deberías marcharte y dejarme aquí -

Decía ella mas se sentía incapaz de apartar la mirada de aquella obscuridad encima suyo, preguntándose si el caballero seguía atrapado en el abismo o por fin había decidido regresar a casa. Fue entonces que para asegurarse extendió la mano esperando solo sujetar las frías burbujas en el agua pues seguro su caballero se había marchado, mas aquella mano cálida la sujeto en respuesta gentilmente.

- Por fin te alcance -

Dijo el caballero con una sonrisa y lagrimas en los ojos, tomando a la doncella y abrazándola fuertemente, aun que ninguno podía verse las caras en aquel mar tan profundo.
"

Fragmento 5 del cuenta "La doncella del mar profundo"

Los bombones iban desapareciendo uno a uno y la joven parecía recobrar sus ánimos de siempre mas era aquella mirada sombría la que lo preocupaba. Como podría sanar una herida tan profunda?, como podría llegar a ella?, que hacer para regresar ese brillo inquieto y alegre a su rostro?, Saabirah merecía ser feliz con todo lo que se esforzaba siempre para que todos lo fueran, recuperar esos ojos soñadores que parecían mirar mas allá de las estrellas, esa sonrisa luminosa como la que tenia en el baile de la viña al danzar con ella aquel vals. Al joven alvino le dio un vuelco el corazón cuando su amiga comenzó a disculparse, estaba tan inmerso en sus dudas que no había reparado en el hecho de que era ella quien realmente importaba... tal como siempre no era capaz de expresarse correctamente y había sido mal interpretado desembocando en la tristeza de la pelirosa, sintiendo doloroso su abrazo acompañado de aquel tono de voz apagado.

- No.... no es asi -

Correspondio abrazandola igualmente con fuerza pero sin llegar al grado de lastimarla, con su mano derecha posada en su nuca y la izquierda abrazándola desde la cintura, atrayendo a la chica junto a su cuerpo en un intento desesperado por reconfortarla, de protegerla de lo que sea que le estuviese ocasionando dolor, sintiéndose frustrado por no saber que decirle o que hacer para consolarla.

- Yo.... lo que quiero decir es que.... -

No recordaba que su larga vida su corazón golpeara tan fuerte contra su pecho al punto de resultar doloroso, sus manos temblaban mientras la sujetaba entre sus brazos y los nervios hacían que el aire le faltaba, quería decirle lo que sentía en ese momento pero entre tantas palabras existentes las suyas se perdían en algún rincón de su mente pero si no hablaba corrie el riesgo de causarle a la chica mas dolor del que ya tenia.

- Estoy para usted precisamente para este tipo de situaciones.... lo recuerda?, usted me pidió ser el árbol que la resguarda bajo su sombra cuando usted se sintiera débil y cansada. Aun que un árbol nunca pueda ser una flor, aun que no pueda entender el sufrimiento por el que esta pasando quiero estar a su lado, quiero verla sonreír de nuevo.... -

No sentía que estuviese siendo claro de hecho siquiera el mismo entendía toda esa gama de sentimientos que se arremolinaban en su interior causándole un sabor agridulce en el alma por lo cual no podía ponerlo en palabras, aun así intentaba explicar aquello que solo podía sentir.... No solo deseaba que ella fuera feliz si no que quería ser el quien la hiciera feliz

- Quiero que venga conmigo a los jardines de Naga... es un lugar apartado y muy difícil de encontrar, allí seguramente podrá descansar sin ser molestada bajo el resguardo de los cerezos sagrados... Yo.... no se que es lo que pasa conmigo ni que son estos sentimientos extraños que me quitan el aire, que es esta inquietud que me invade cada vez que estoy lejos de usted y por que solo puedo pensar en usted día y noche, contando las horas y los minutos para volver a verla.... Soy un híbrido y se de sobra que estar a su lado solo nos hará sufrir a ambos pero.... la idea de no estar con usted me parece insoportable... la quiero demasiado.... tanto que me entristece no poder devolverle la sonrisa que le arrebataron, tanto que me duele en lo mas profundo de mi alma el hecho de que usted este sufriendo tanto por el cariño que le tiene a ese hombre. -

Sin saberlo hacia mucho tiempo ya que estaba celoso de aquel hombre pelirrojo que la había besado en los labios enfrente suyo, aquel que se había posicionado como la pareja de la muchacha y tan afortunado fue que hasta se daba el lujo de poder lastimarla tanto, que ella lo quería a tal grado de querer desaparecer sin siquiera contemplar el acudir a su resguardo para consolarla.... Si, Kija estaba celoso y no lo sabia, no había manera de que entendiera una emoción que nunca había sentido. No la soltó en ningún momento, casi como si temiera que ella se podría desvanecer en el aire en el momento en que se apartara, no quería perderle, no de nuevo.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Invitado el Vie Feb 19, 2016 8:55 pm

Rodeó con sus brazos al manakete al ver que correspondía su gesto, sintiéndose algo más calmada al encontrarse ahora mismo lo suficientemente cerca como para sentir su calor y la fuerza cariñosa de las extremidades que la cubrían del mundo exterior con quién se había confrontado hasta quedar en aquel estado emocional tan deplorable, inestable. Malinterpretar sus palabras era algo claramente malo que no dejaba de sucederle como si fuese su karma, pero no podía evitar sentirlo como algo positivo en aquella situación. Suspirando de forma casi inaudible por el alivio que le causaba el hecho de haber escuchado que las cosas no eran así, que era una errónea deducción merecedora de ser aclarada por sus palabras posteriores que también parecían reacias a precipitarse de sus labios. Y lo entendía, lo comprendía perfectamente porque ella había sentido el mismo deseo de quedarse en ellos por mucho que se lo estuviese negando a sí misma. Pero se contentaba con aspirar su relajante aroma con los ojos cerrados, él era el verdadero hogar que estaba con ella sin importar terrenos sin importancia y la cercanía con él le hacía sentir más segura.

Se quedó en silencio, esperando con una paciencia que no sabía que tenía o que era probable sólamente surgiese con él, inusitada, por que aquella voz pronunciase los verbos que impartirían la lucidez en la oscuridad de su ignorancia, de su pésima interpretación. Pensativa, con la cabeza apoyada en su hombro y oculta de su mirada, se permitía observar los alrededores mientras pensaba en lo que le decía. Allí también había árboles, unos cuyo tronco suponían cimientos tan sólidos como los del albino que en su abrazo estaba portando con el peso de ambos en todo sentido. Sus ojos titilaron mirando de reojo su cuerpo, al escuchar que quería ver su sonrisa pero, ¿acaso estaba bien que fingiese ser feliz por hacerle sentir mejor? No, sería cínica y ella siempre era honesta hasta el punto de no saber mentir. Ni quería falsear la verdad. Tenía que luchar por sonreír con profunda convicción de nuevo, doblegando al dolor y a los acontecimientos de su pasado que ahora sabía que no se marcharían porque eran parte de la persona en quien se había convertido, la Saabirah presente en aquel momento.

Sus ojos se abrieron de par en par al escuchar la parte más concreta de su discurso sentimental, agradeciendo que no viese su cara de asombro al parpadear un par de veces debido a lo que había creído comprender. Sus mejillas se sonrojaron y con el latido más fuerte de su corazón sorprendido algo de luz se dejó entrever como el resplandor distante de la luz al final de un angosto túnel. Se sentía querida de repente y los latidos de su corazón se encadenaban formando las melodías cantarinas que ella no se atrevía a entonar en palabras contenidas que más adelante sí pronunciaría cuando se diese la ocasión. Pero escuchar aquello no ayudaba a su elocuencia sino que aceleraba sus pensamientos hasta que apenas sabía lo que pasaba por su mente.

Retrocedió su torso para quedar frente a suyo, ahora llevando el abrazo a las manos que rodearon sus mejillas, afectuosa. -¿Quieres decir que estabas celoso? Él y yo ya no somos nada más allá del empleo. -preguntó, a la vez que aclaraba que el recuerdo del pelirrojo se desvanecería con el tiempo, que ya no eran nada. Aún no era capaz de perdonarle. Se quedó mirándole a los ojos con ternura, pero suponiendo automáticamente que no se trataba de algo romántico, siendo llamada loca por su mente cuando esta duda rondaba su fuero interno. Se puso más roja por lo que iba a decirle, rubor intenso recorriendo sus mejillas. -Me da vergüenza decirte esto, pero... El motivo de que me lanzase sobre ti nada más verte es que, cuando me caí, estaba pensando que ojalá estuvieses aquí para sa-sal-salvarme... -su voz era trémula a ratos y eso dificultaba que expresase lo que quería decirle en realidad, pero era difícil para alguien que solía mantener sus emociones enjauladas junto a ese jilguero que cantaba bajo llave en su pecho. Carraspeó. Reunió valor para resistirse a ese mecanismo nocivo de autodefensa, encontrándolo más sencillo ahora que estaba debilitada en ese aspecto. -Lo que estoy intentando decir es que es cierto que no quería involucrarte en esto para no hacerte daño, pero a la vez deseaba que estuvieras aquí y en mis noches en vela para darme un abrazo como el de ahora, diciéndome que todo saldría bien. Y, cuando vi que esto ocurría en la realidad tras desmayarme, me sentí tan egoístamente feliz que nada más me importaba aparte de cumplir ese deseo de consuelo, sin importar barreras raciales o personales. Nada. Ya estábamos juntos otra vez, como siempre. Te quiero muchísimo, gracias por venir a salvarme. -torció levemente el gesto por la vergüenza con lentitud y cuidado, con el rostro de color cromático y mirando hacia el suelo tras el agradecimiento. Era la persona más importante para ella, siempre le había querido un montón y no dejaba de ganar terreno en su corazón. Llevó sus manos de su rostro a los hombros, algo cohibida, pero intentando serenarse al respirar hondo durante unos segundos.

Se quedó pensando acerca de su proposición, hacía mucho tiempo que se lo había ofrecido por vez primera y el deseo de acudir allá era poderoso, creciendo cada vez que escuchaba alguna anécdota o descripción referente a su lugar natal. ¿Allí podría estar sin que la encontrasen y en compañía de Kija? En ese caso, no había nada que sopesar. Sus ojos mostraban un cansancio que merecía ser reparado, no se le ocurría un lugar mejor al que huir antes de enfrentar la realidad que tanto la amedrentaba y tomar las decisiones pertinentes ya con la mente fría.

-Sí, por favor, llévame a los jardines de Naga contigo. Llevo queriendo ir desde hace mucho tiempo y no se me ocurre un momento mejor. -le pidió, clavando las pupilas en las suyas, perdiéndose en el color cerúleo que tanto le encantaba de él. Algo de determinación se dejaba ver en su solicitud, incluso si seguía estando algo menos energética debido al peso de sus lóbregas emociones negativas. Veía esperanza en aquella alternativa, era perfecto. Sonrió todo lo que pudo sin forzarla ni dejar de ser verdadera, incluso si era una poco más de una fina curvatura. -Sonreiré, volverá a ser de corazón. Solo necesito algo más de tiempo bajo tu sombra para recuperarme, ¿vale? No me marchitaré, lo prometo. -posó la mano sobre el brazo dirigido hacia su nuca, el que mostraba su parte de bestia sagrada, sus años de vida más allá de su corta e inmadura existencia que tanto le estaba haciendo flaquear ante su atenta mirada; para hacerle un cariño, acariciando la piel que se dejaba ver sin ser arropada por su manga. Lucharía para no volver a dejarse llevar por sus fallas, siendo él otro motivo importantísimo para ser fuerte.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Kija el Miér Feb 24, 2016 7:50 am

"Estando el caballero y la doncella tomados de la mano sabian que no estaban solos, aun dentro de aquella negrura que no les permitía mirarse. Aquel mar lleno de tristezas y lagrimas poco a poco comenzó a tornarse mas cálido y la luz del sol en la superficie comenzaba a colarse en las profundidades, las vacías burbujas a su alrededor comenzaron a empujarlos hacia arriba. El caballero mantenía un agarre firme en su mano para que la doncella no perdiera su camino de regreso.

- Mira, lo vez?, bajo la luz del sol tus colores también son brillantes y hermosos -

Le dijo el caballero con una sonrisa mientras la acurrucaba contra su pecho, ambos mirando el inmenso cielo azul que se extendía sobre ellos, descansando en la playa que dejaba atrás el mar de la tristeza
"

Ultimo fragmento del cuento "La doncella del mar profundo"

Las pequeñas y suaves manos de la pelirosa se posaron en su rostro nuevamente lo cual provoco que el joven híbrido posara su mirada en los ojos contrarios que lo miraban con cariño y un pequeño rayo de esperanza que los iluminaba. No entendía exactamente eso de "estar celoso" pues nunca lo había sentido realmente por tanto no sabia con que compararlo, sin embargo y antes de poder preguntar por mas detalles un alivio inmenso inundo su pecho y sus ojos celestes brillaron de felicidad cuando Saabirah le aseguro que ya no había nada entre ella y el pelirrojo. Razonandolo un poco se sentía igualmente culpable por estar feliz con tal cosa, después de todo su querida amiga estaba sufriendo por ello pero de todas maneras se mentiría a si mismo si dijera que aquello le molestaba. Un notorio tono carmín invadió el rostro del albino en cuando ella le relato aquella pequeña anécdota acerca de su corta pero sufrida huida, sintiendo el martilleo de su agitado corazón en cuando le revelo que en realidad todo ese tiempo ella esperaba que fuera a buscarla.

- Entiendo.... lamento no haber llegado antes -

Le dijo suavemente depositando un pequeño beso en su frente como ya parecía ser costumbre cuando cualquiera de los dos estaba triste o decaído, sin percatarse de que poco a poco habían comenzado a desarrollar costumbres de pareja, sin saber desde cuando realmente se había hecho tan cercanos y necesarios el uno para el otro como lo era el aire que respiraban.

- Pero ya estoy aquí y no existe fuerza en este mundo que pueda apartarme de su lado. Hasta que recupere su sonrisa, hasta que llegue la primavera y pueda florecer una vez mas tan bellamente radiante como siempre lo ha sido. Hasta entonces cuidare de usted y la cubriré de las tormentas que intenten sacudirla y de la fría nieve que pretenda cubrirla. Siempre estaré a su lado señorita Saabirah.... siempre. Todo estará bien si estamos juntos -

Y dicho esto Kija comenzó a ponerse de pie, cargando a la muchacha de ojos dorados como si de una doncella de los cuentos de hadas se tratase y el un caballero que había ido en su búsqueda. Ahora que ella estaba a salvo no pretendía dejarla ir, no permitiría que volviera a sufrir en soledad.

- A partir de aquí yo me encargare de todo, así que siéntase libre de descansar todo lo que usted desee -

Primero debían regresar los caballos a la guardia y explicar que Saabirah se encontraba bien, estaba seguro que aun seguirían preocupados por ella después de lo acontecido, después escribir una carta a la Jauría explicando que tomarían un par de meses libres, pidiendo no ser molestados pero asegurando que regresarían a sus actividades normales en la brevedad de lo posible, después de todo seria malo que considerasen que ambos se habían fugado abandonando a la Jauría, ahora que era el tesorero sabia perfectamente las consecuencias de ello. Sin embargo no diria nada de eso a la joven que ahora tenia en brazos, dejaría que su pequeña florecilla descansara bajo su sombra sin preocuparse de nada. Ella aseguro que no se marchitaría, aun así el tampoco pensaba permitirlo.
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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

Mensaje por Eliwood el Miér Mar 09, 2016 1:03 am

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Re: La gran caída {Social} {Privado: Kija}

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