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¡Aquí no se respeta a nadie! [Priv. Pelleas]

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¡Aquí no se respeta a nadie! [Priv. Pelleas]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 09, 2016 4:49 pm

Se iba a ir sin pagar. Lo había decidido, a ella ese tabernero incompetente no le iba a sacar los cuartos.

La velada había empezado bastante bien, con bebida, música y un ambiente animado para tratarse de ese pequeño pueblo que ni los mapas querrían mencionar. Había algún jovencito mono y una violinista voluptuosa que desangraba a notas su instrumento en una giga que habría hecho levantarse a los muertos sin necesidad de rituales ni invocaciones o plegarias extrañas. Los comensales la habían tratado bien, además: ni una sola mirada irreverente, una extrañeza molesta pero a la vez de esperar, cierta sorpresa de que alguien se atreviera a pisar ese trozo de sembrado que llamaban pueblo y que valorarían como a su vida... lo típico, lo habitual. Kim había pedido una comida ligera y bebida suave y a pesar de su edad se la habían servido pronto y a la temperatura perfecta como para releer sus apuntes de magia un poco antes de empezar a cenar. No, el error había venido después, con la llegada del camarero que le traía el segundo plato y que, quizás al ver su edad, se había acobardado y no la había mirado a los ojos.

Algún otro día eso podría haberla incluso halagado, si la pillaba de muy buen humor. Kim no se consideraba un bellezón arrebatador, pero sabía que era bonita y se cuidaba, y confiaba en que la ropa sencilla que solía vestir no la hiciera pasar por una pobre del montón que era incapaz de comprarse algo más ostentoso. ¡Ay del que osara pensar eso! Pero, volviendo al motivo de la furia de Kim, ese día que el camarero le mostrara una deferencia exagerada había sido suficiente para enfurecerla. ¿Qué se le iba a hacer?

Se encontraba la joven maga negra enfrascada en los apuntes y esperando el momento perfecto para salir de allí y largarse a buscar la taberna de otro pueblo cercano cuando la violinista falló una nota y la desconcentró, incurriendo quizás en su ira. El anciano Danial debía estar feliz de no haberle enseñado a su pupila a calcinar con la mirada porque quizás, de haber podido, lo habría hecho. ¡¿Cómo osaba?!

Pero como Kim no podía incurrir en homicidio mediante sus ojos (y muy posiblemente, de haber podido, tampoco lo habría hecho) se limitó a golpear la parte superior de la mesa con el pie, atrayendo la mirada de un adulto ya un poco bebido y perdiendo todo decoro al notar tal lascivia, lo que provocó que le lanzara un vaso a la cabeza, errara por muy poco y la pobre violinista tuviera que empezar a tocar a la desesperada para calmar los ánimos.
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Re: ¡Aquí no se respeta a nadie! [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Jue Feb 18, 2016 1:12 am

Era momento de volver al camino. Asuntos ineludibles y formalidades necesarias le habían llevado hasta el continente por un tiempo y de por sí había estirado la estadía en Begnion, sabía que lo había hecho, así que... innegablemente, el ocultista viajero debía seguir viajando. Tan cerca como había estado de la frontera de Daein, añorada y paciente patria, no podía sino torcer el camino por el borde de Crimea y enfilar hacia algún puerto que osara aún los viajes marítimos en tan peligrosas épocas. No había decidido siquiera su siguiente destino, pero la suerte habría de dictarle sus opciones suficientemente pronto, del otro lado del reino. El lento caminar del alto y lánguido muchacho cuya postura difícilmente denotaba nobilidad, casi que arrastrando los pies, le alejó con melancolía de la dirección de su hogar y le adentró en Crimea de a cortos tramos. Siempre dispuesto a continuar demorando la partida, tomaba una noche más en cada posada en que fuese propicio, veía en cada pueblo más de lo había realmente para ver y paraba, sin falta, en cada taberna en la ruta.

Las excusas abundaban, si quería tenerlas. En aquella ocasión redactaba correspondencía, o al menos bosquejaba sus ideas en carboncillo, entre sorbos de un licor local que desconocía. Algo anaranjado, de aspecto inofensivo y cierto aroma a duraznos, pero que ardía en la garganta como tragar ascuas. Quería preparar una carta para un hombre que le inspiraba, un admirado ex-general de Daein con el que se había reencontrado hacía muy poco, aunque pasaba más tiempo aprovechando su posición junto a la ventana para mirar hacia afuera que redactando lo que igualmente sabía muy temprano para enviar. No importaba, si se quedaba sin esa excusa, aún tenía bastante más a lo que dedicarse. Debía revisar el diario que había estado escribiendo a cada paso de su odisea, a través de cada nuevo paisaje, pues apenas en el paso por Begnion había decidido que la colección de personajes admirables e historias épicas recolectadas hasta el momento harían un excelente libro algún día. No lo protagonizaría él, claro, debía reescribir para reducirse a una voz pasiva inclusive menos notoria, pero confiaba en que sería una lectura digna. La primera crónica, quizás, que hablase de tan cercanos secretos y detalles sobre los emergidos. Algo encorvado sobre la mesa, aunque aún bastante llamativo en ropa de tela fina y una capa nueva, el hombre de cabello ondulado y ojerosa mirada continuó bebiendo y distrayéndose, dividido entre el papel y el resto del mundo. Menos el papel que el mundo, realmente.

Y era que, en realidad, tenía otra gran excusa para permanecer en la taberna: la persona a dos mesas de distancia, a la cual llevaba aproximadamente media hora observando de a ratos, desviando la vista en su dirección y bajándola enseguida. Agradecía ser alguien poco digno de atención, o habría sido notado y tomado como alguna especie de molesto admirador. O al menos esperaba que no sucediese. Se trataba de una mujer, después de todo; una chica joven de llamativo color de cabello y más llamativos documentos en su mesa. Diagramas, bosquejos de círculos mágicos, símbolos que Pelleas estaba casi seguro de que reconocía. Si no se trataba de magia oscura, como mínimo debía de ser magia común, aunque decididamente se inclinaba hacia la primera, pues tales diagramas abundaban en sus propias notas cuando de la doctrina se trataba. Si algo le hacía dudar aún, era sólo el hecho de que fuese tan raro don en el continente; si ella era oriunda de un reino cercano sería, en definitiva, la primera otra maga oscura del continente que en toda su vida había encontrado. Vaya momento, vaya lugar para tal cosa. Y ansiaba tanto acercar y preguntarlo, o idear una forma discreta de confirmar lo que creía ver, pero la timidez natural no era nada misericordiosa y terminaba pareciendo un admirador, de aquellos que se paran a dos metros de distancia y suspiran a solas.

Hasta que el pequeño altercado del hombre que miraba demasiado y el vaso proyectil ocurrió. En aquel momento Pelleas bajó la mirada enseguida, no fuese a sucederle que bajo las mismas condiciones terminase él con un plato aventado a la cara. Habría muerto de verguenza. No podía ignorar, sin embargo, que un ambiente bastante tenso se cernía en la taberna por los siguientes momentos. O el borracho se tranquilizaba enseguida, o las cosas se ponían más raras. Y rara vez se calmaba tan rápido un hombre bebido, así que lo segundo fue lo que sucedió: el ruido del violín que ponía música a la estancia no cubrió el repiqueteo del vaso de latón dando contra el suelo y rodando por el mismo, luego el golpe de las manos del hombre en su mesa al pararse, tambaleándose hacia la mujer de aspecto menudo y relativamente inofensivo, exceptuando el buen brazo que había demostrado tener. Se tensó, rogó mentalmente que todo el embrollo no la espantara cuando no había conseguido ni dirigirle la palabra todavía. Pero el hombre iba bastante de frente y el asunto no lucía bien, a punto de tornarse bastante físico, a juzgar por las manos hechas puños. Parándose de su propio sitio, Pelleas se apresuró a interceptarlo aunque no hubiese formulado ningún plan.

- Es-Eso no le c-convendría hacer, um, caballero. - No tenía la más ínfima idea de cómo tenía que referirse a un campesino desde su posición. Ya tenía suficiente estrés ante interrumpir de tal modo a un extraño, quien no le recibió exactamente de buena gana, sino todo lo contrario. Se volvió hacia Pelleas como si le hubiese ofendido en grado sumo, una expresión de impaciencia muy reconocible en su rostro. Fantástico, uno de aquellos que no tenían tiempo ni disposición para que les hablase un tartamudo. Pues si le miraba de ese modo, hablar sin entrecortar era exactamente lo último que iba a poder hacer.

Sin embargo, podía ir bastante lejos estando frustrado y sus manos no eran nada pequeñas ni débiles; tomó el antebrazo del hombre y, completando rápidamente la idea que tenía, miró de reojo los documentos de la chica antes de continuar. - ¿No lo ve? Es una... una bruja, claramente. Una maga negra. - Dijo. Eso tendría que servir un poco, bien conocía el rechazo público por su arte y ella no estaba siendo totalmente discreta. Esta vez el violín no llegó a interrumpirse, pero varios comensales detuvieron sus conversaciones y escuchó una serie de murmullos en las mesas circundantes. No faltó una mirada de miedo y duda en el hombre que sujetaba. Lo soltó con más calma y prosiguió, intentando terminar de asustarlo. - Si llega a agredirla, ella probablemente, este... maldiga su hogar, o su familia, o sus cultivos. Conserve lo suyo, caballero. Los cultivos maldecidos una vez por brujas se tornan áridos por generaciones, ¿sabe? - Sólo repetía cosas que había oído, no dudaba que la mitad fuese descarada exageración. Pero estaba funcionando.
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Re: ¡Aquí no se respeta a nadie! [Priv. Pelleas]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 05, 2016 5:29 am

En ocasiones, Kim tenía que reconocerlo, se dejaba llevar un poco (pero muy poco, no nos engañemos) por su temperamento. Si las ocasiones para enojarse se sucedían, no importaba el grado de ofensa del pobre al que le tocara estar en frente, la maga negra tendía a proyectar su ira en forma de cualquier cosa que tuviese a mano. Y no utilizaba sus habilidades en pueblos pequeños porque las noticias corrían demasiado rápido y ser muy pública era más un problema que un avance, que cabalgar huyendo de una horda con picos y lanzas era peor que si solo había un tabernero ofendido y dos o tres comensales.

Ahora bien, poco faltaba para que se hartara y empezara a recitar. ¡Maldito el tabernero cuyo vaso rechinaba de forma tan molesta! Prefería mil veces el cristal, que se astillaba con un ruido bonito. Y obviamente, preferiría haberle pegado al borracho que ahora caminaba en su dirección y provocó que Kim, en un arrebato de cordura poco habitual en ella, recogiera los apuntes y los dejara en un pulcro montoncito antes de echar mano del plato ya vacío y empezar a levantarse con deliberada calma. Esa vez de la violinista no tenía quejas. O sí, ahora había desafinado una nota.

Mas volviendo al tema, la situación tomó un rumbo claramente inesperado cuando un joven de pelo azulado tomó la palabra... ¿para interceder por ella? ¡Pobre! Ahora había atraído sobre sí la ira del borracho y Kim no sabía si plantearse defenderlo. Tenía muy mala opinión de los hombres que la juzgaban por su aspecto frágil, pero a aquellos que se movían por educación sí los respetaba. Con el plato en la mano y los apuntes en una pulcra esquina, la joven Danial esperó a ver cómo se justificaba el muchacho. Obviamente, ya que iban a dar sorpresas, la cosa no podía ir ni medio normal y la verdad saldría por su propio peso.

"Es una bruja". Vale, o el tipo había perdido la cabeza, o ella lo había estafado antes. O eso, o era un pueblerino de montaña perdida en la quinta arboleda que veía a una mujer leyendo y ya asumía sandeces. Pero el "Una maga negra" sí provocó que el plato que iba a salir volando (misteriosamente, claro) hacia los dos tipos molestos precediendo a una retirada estratégica se detuviera. Muy poca gente usaba ese término. En un pueblucho así, mucha menos.

-Oye, muchacho, ¿qué te hace pensar eso? -Le preguntó en un tono de voz todo lo educado que pudo en ese momento (que fue, para el caso, bastante). -Aquí la gente no tiene tiempo para supercherías y cosas así. Esa acusación es muy grave y, para una gente que vive de la tierra, peor. -Argumentó, casi hasta pareciendo una personita racional. -Y además, todo el mundo sabe que las brujas no maldicen cultivos, solo echan el mal de ojo y roban niños en las noches de luna llena. -Y ya tenía a tres aldeanos panolis asintiendo a sus palabras. -Son los brujos los que hacen tal cosa. -Y ya eran seis los convencidos que empezaban a cotillear.

Siendo franca, era mucho más sencillo embarcarse en una discusión de sandeces que maldecir a alguien. ¿Que el borracho no se libraba? Pues claro, cuando no hubiera testigo le iba a maldecir a la vaca, al pollo y a lo que se le ocurriera. Pero era más divertido ocultar sus habilidades hasta que llegara el gran momento de demostrarlo. Si algo se hacía, se hacía bien.

Solo que... ¿ahora a quién le tiraba el plato?
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Re: ¡Aquí no se respeta a nadie! [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Dom Mar 13, 2016 9:50 pm

La mano que no había usado para sujetar al imprudente le temblaba como nunca. Todo el nerviosismo contenido y disimulado en los instantes anteriores había tenido que irse a algún lado u otro, después de todo. Sólo esperaba que entre la manga de la túnica y la capa estuviese quedando fuera de vista, pues no luciría muy seguro ni muy respetable sino. Para el príncipe errante, aquella era la primera vez haciendo algo siquiera remotamente similar a un rescate, a interceder por alguien de tal modo, y preveía ya que no era para lo que estaba hecho, aunque lo hubiese sentido muy necesario.

Lo que más le intimidaba era que la muchacha lucía lista para retirarse y hasta había parecido que lo hacía por un momento, tomando su plato y dejando su mesa; ante la noción de que se hiciese baldío su pequeño acto se valentía y se quedase, además, a solas con el problema entre manos, sintió ya un vacío en el estómago. Si la perdía de vista el esfuerzo habría carecido de sentido, la idea era llegar a ella con una excusa para hablarle. No obstante y para su fortuna, no fue aún una retirada. La supuesta maga aguardó y las cosas, en general, parecieron un poco más calmas desde ya.

Y sin embargo, lo peor fue oírla hablar. La suerte no estaba sonriéndole, nunca la había tenido muy de su lado, pero aquello le superaba. Sus palabras le hicieron sentir como si su corazón se hundiese a peso de plomo en sus entrañas, desconcertado, perdido y desesperanzado. No era alguien versado ni hábil en actuación, francamente horrendo en disimular y nulo en manipulación; si alguien mentía a su alrededor, siempre y cuando la mentira estuviese bien elaborada y pareciese lógica, lo más seguro era que el mago no cayese en cuenta. Y si la chica de cabello rojizo tachaba de 'supercherías' una referencia a la magia, tan sólo podía disponerse a temer. Consideró en aquel instante una variedad de posibilidades, desde que no tuviese ni idea de lo que había estado leyendo hasta que no fuesen siquiera suyos aquellos documentos. Por algo no parecía demasiado preocupada de agarrarlos o de esconderlos, sólo los había apartado como una persona prudente ordenaba. Parpadeó, incapaz de disimular ese instante de pánico antes de componerse, dar un pequeño paso al costado para no quedarse entre ella y el hombre que había perdido los ánimos agresores, pero que seguía bastante metido en el asunto.

- U-Un mal de ojo no es asunto de escasa gravedad, claro está. - Dijo con cautela. No podía decir que se le diese mal ponerse a nivel con el resto de las personas; demasiado bien vestido para ser un campesino, con un grueso anillo de oro en el pulgar, pero más acostumbrado a ambientes como aquellos que a lo verdaderamente opulento. Y conocía tan íntimamente el prejuicio hacia su doctrina, que sobraban los recuerdos de los que pudiese servirse para saber qué decir. Las palabras no necesitaban sino acudir a él por repetición, desagradables pero necesarias. En aquel momento, sin embargo, debía de doblarlas. - Desconozco de brujos, me temo que jamás he oído el término en masculino, pero sé que debe uno mantenerse apartado de brujas. No tanto aquellas ancianas que se dedican a las pócimas, sino las verdaderamente peligrosas, aquellas que mantienen el aspecto de jóvenes e inofensivas damas. -

A su parecer, estaba defendiéndola. Ser visto como un practicante de lo arcano no favorecía a la discreción, pero ser temido solía proveer de cierta seguridad. Lo que no comprendía, fuera de ello, era qué pretendía la mujer con desviar la atención del tema hacia brujos. Se preguntó si habría sido indiscreto él, si habría tenido sus propios libros y apuntes demasiado a la vista; miró por sobre el hombro a la mesa que había estado ocupando, tanto como podía asumir como una mirada casual. No suponía que nada allí fuese particularmente delator, papel y carboncillo, una carta apenas empezada pero inocua. Exhaló con alivio e hizo amago de moverse de regreso a su mesa, mas deteniéndose a la esquina de la ajena, donde sus documentos reposaban. Tan sólo quedaba visible la primera página sobre todo lo demás en la pila, nada digno de incriminación, pero el hombre de Daein se quedó viéndola con fijo interés. - Yo cuidaría, personalmente, a los viajeros con quienes vaya a buscarse un conflicto. -
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Re: ¡Aquí no se respeta a nadie! [Priv. Pelleas]

Mensaje por Eliwood el Mar Mayo 03, 2016 11:49 pm

Tema cerrado. 10G a Pelleas.
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