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Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

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Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Pelleas el Jue Feb 04, 2016 10:05 pm

El silencio era desolador, extendiéndose por kilómetros y kilómetros en el páramo inerte. El fin del mundo había pisado ese reino y aquello era lo que quedaba atrás: caminos de piedra serpenteando entre campos de vegetación quemada y pisoteada, bestias carroñeras disputándose los cuerpos humanos que yacían antigua o recientemente allí, ciudades fantasma y fuertes destruidos, cada mancha de sangre ennegrecida un testimonio. Si bien habían lugares donde la resistencia se disputaba aún, la mayoría del paisaje era uno de lúgubre silencio, no un reino sino casi un continente entero en un estado de quietud inquebrantable. Colinas vacías y abandono hasta donde el ojo alcanzaba a discernir.

En medio de todo aquello, el príncipe espiritista había levantado su humilde campamento para uno. Eligió un camino cualquiera, ninguna lógica en especial tras su decisión, tan sólo el primer camino que había encontrado cerca de la frontera, que le condujo a través de un par de fríos campos de batalla y pueblos arrasados hasta los cimientos. Eventualmente había encontrado una mansión reformada como una posada y una pequeña capilla junto a esta, lugares de paso que en algún momento seguramente habían sido un sitio de descanso conveniente y popular para los viajeros. La mansión se había derrumbado estrepitosamente, carcomida hacia su centro, pero la capilla se hallaba intacta, y era en esta donde había decidido instalarse; la madera del derrumbe le serviría para una variedad de cosas y la estructura de la capilla era simple pero fuerte, ambas cosas le venían bien. Apartó un poco los largos bancos que alguna vez habrían recibido a los fieles para hacer más espacio en el pasillo de en medio, usó el altar como mesa de trabajo y se acercó las demás mesas laterales como escritorios, acomodándose a su gusto allí. Afuera tenía también un par de mesas auxiliares, resguardadas bajo un toldo. Sobre estas así como al interior de las ventanas, tapadas en su mayoría por gruesas tablas antes clavadas a los marcos, se podía atisbar el brillo de las lámparas que encendía por la noche, momento en que le era más propicio trabajar.

Quizás debiese de encenderlas pronto. Comenzaba a caer la tarde y con el cielo tan encapotado como había estado ese día, seguramente sería la noche más oscura y cerrada hasta el momento. Habían pasado 4 días desde que había recibido y contestado la carta del misterioso mago oscuro, aparente duque de un territorio distante, que había pedido reunirse con él. No le molestaba esperar por él, era alguien en extremo paciente y ni siquiera había terminado con sus asuntos en Valm. Además, estaba bastante cómodo en su alojamiento, a gusto con la soledad del imperio caído y las largas jornadas de enfrascarse en sus investigaciones, no habría pensado todavía en cambiar de locación. Aún así, eran innegables las ansias que la carta había dejado en él y no cesaba de anticipar la llegada del extranjero, preguntándose en cada momento cómo sería él, cómo se daría su llegada y qué sucedería en aquella reunión. La carta le había dejado con tantas preguntas, más aún la forma en que se la había hecho llegar: entregada por un laguz a quien había nombrado como su sirviente, el cual, pese a estar a solas y carecer de cadenas o grilletes, claramente no tenía intenciones de huir a ningún lado. Inclusive había aceptado cargar la carta de Pelleas de regreso a su amo. Aunque en un principio la presencia de un subhumano le había puesto más que nervioso, tomando a instinto ya despreciar la raza, su interés tan sólo había escalado con aquello.

Pero era el final de otro día, y tal parecía que no se daría el encuentro aún. Pelleas observó la lejana línea del horizonte, donde se perfilaban las siluetas de sus protectores: tal y como un libro le había sugerido hacer, tenía allí toda una hilera de emergidos muertos, dispuestos en estacas cuales guardianes o espantapájaros. Un número impar de ellos, con la vista hacia afuera del territorio. Se suponía que le previniese de que otros ingresaran, pero terminaba de confirmar que no funcionaba así, pues apenas aquel mediodía había despertado al ruido de un par de ellos deambulando fuera de la capilla. De esos dos había capturado a uno para otras pruebas, el cual terminaba apenas de transportar más cerca de su estación de trabajo frente a su temporal vivienda, amordazado y atado al punto de la inmovilidad total. Quizás no le alcanzara el tiempo para utilizarlo, o quizás sólo haría falta una pausa para encender las lámparas antes de continuar. Ni siquiera se acordaba si se había detenido a comer durante el día.

Dejó al especimen atado en mitad del descampado mientras pensaba en ello con calma. Aquellos días no existía realmente la prisa y podía vivir a su letárgico ritmo, principalmente nocturno. Se apartó para comenzar a encender las lámparas, al menos las de afuera. Mientras lo hacía, sin embargo, detectó algo moviéndose a través de las siluetas de sus guardianes fronterizos y alzó la vista con curiosidad. Demasiado lejos como para ver bien, por lo que bajó un poco por el camino de piedra para revisar de qué se trataba.

Spoiler:
Aún si la idea era que abriera yo para poner el lugar y la ambientación siento que me fui de mambo y me extendí banda con ello perdoná ddgdfhhsfhf xD


Última edición por Pelleas el Jue Abr 28, 2016 9:42 pm, editado 1 vez
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 05, 2016 5:38 pm

Sodoma poseía una gran afluencia de gente exterior al ducado, comerciantes principalmente pero también muchos curiosos, si bien la mercadería principal que vendía aquel territorio era también la principal atracción también su buen vino y sus agradables entretenimientos eran razón de regresar para quienes solo habían llegado por asuntos estrictamente de negocios. Esta riqueza de extranjeros que entraban y salían hacían que pese a estar en un lugar tan aislado, Sodoma fuese un ducado sumamente informado del mundo exterior, las noticias volaban cuando no se tenía nada con que entretenerse más que conversar con quien se tuviese al lado, y sin televisión, radio y no siendo de alcance público los teatros, óperas o incluso el privilegio de saber leer para caer en el hobbie de la lectura, no había nada mejor que hablar de cotilleos y rumores. Así fue como un cotilleo tan interesante se expandió como fuego sobre pólvora, actividades horrendas, sanguinarias, se desarrollaban en las tierras abandonadas de Valm, cuerpos abiertos, carentes de órganos, como carcasas vacías, eran dispuestos en poses sujetos por estacas frente a altares con extraños símbolos dibujados. Cadáveres que parecían secos, como si alguien les hubiese quitado cada gota de sangre de su interior, pero que no presentaban heridas. Otros con la boca repleta de una espuma negra y todos sus fluidos parecían teñidos de negro, incluso tiñendo la parte blanca del ojo en un gris oscuro y los dientes en un marrón poco saturado. El duque escuchó con gran interés abriendo su mirada afilada, en la taberna hablaban con miedo y exageraban algunos detalles pero enseguida recordó aquellos textos en la biblioteca de la Escuela de Nigromancia, también clases de sus profesores, esos reatos no podían representar nada menos que el paso de un practicante de lo arcano. No perdió tiempo regresando a su hogar para redactar una carta, optando por encomendársela a uno de sus esclavos más confiables, un joven laguz felino que había criado desde sus 9 años de edad que sabía que podría encargarle con la carta. Ese mismo día el esclavo salió en su travesía.

En el amanecer del otro día el duque salía emocionado por el encuentro de un mago extranjero, si bien había posibilidades de que su esclavo no pudiese localizarlo, que no fuesen reales esos cotilleos o incluso que el mago ya se hubiese ido de aquel lugar, no podía perder la oportunidad, por remota que fuese, de conocer a un mago oscuro fuera de la escuela de Nigromancia donde todo parecía un poco limitado, pues encerrados en sus bibliotecas había sentido que no habían investigado mucho más de lo que aquellos viejos libros decían. Estaba agradecido, gracias a ellos se había iniciado y había aprendido a hacer mortales los libros de hechizos en sus manos, pero no quería decir que tuviese sed de más. En su viaje tuvo bastante tiempo de pensar, imaginar quizás, sobretodo en su tiempo en el mar al cruzar hacia el otro continente. Con sus pies descalzos sobre la madera rugosa y sus codos apoyado en el barandal del barco miraba el mar y pensaba en cómo sería aquel encuentro, como sería aquel mago. Un ermitaño viajando por conocimiento, quizás teniendo un buen puñado de años encima, de cabello cano y mirada oscura, quizás fuese alguien solitario o todo lo contrario, quizás era un grupo que viajaba. Haciendo su viaje un tanto más llevadero al tener en que pensar durante las largas horas del día.

En su salida había llevado consigo cuatro esclavos, un número perfecto a su opinión, estos se encaraban de todas las tareas que necesitase así como de cargar su equipaje. Dos de ellos laguz felinos, un tigre de tonalidad marrón y bellas marcas negras, en su forma humana un hombre de anchos hombros y tribales negros sobre una piel trigueña, cabello marrón que, siendo corto, armonizaba muy bien con el pelaje de sus orejas y su cola, muy bueno en las tareas manuales y con fuerza considerable para cargar sin problemas los bultos que llevaba. El segundo, un gato de menor tamaño, ágil y de buena lengua había aprendido a leer y escribir por lo que era un buen compañero para el duque así como para encargarse de su itinerario, su cabello largo de tono negro contrastaba muy bien con sus orejas grises jaspeadas con un arito dorado que conservaba aún en su forma animal, una cola de largo y tupido pelo era solo el indicio del hermoso gato de angora en que se transformaba. Los otros dos, humanos, un hombre de pelo corto y rubio ayudaba en la carga y en lo que fuese necesario. La mujer del grupo, de cabellos color chocolate y mirada de miel era una joven casi tan alta como el duque, de modales delicados y figura de envidia entre quienes la miraban, hábil cocinera y asistente de su amo en sus asuntos personales casi nunca se despegaba de su costado. Todos ellos sin excepción llevaban gruesos brazaletes dorados en sus muñecas y tobillos y vestían túnicas similares a una toga, no tan decoradas y bastante más simples que la que llevaba su dueño. Hicieron una pequeña para en Chon'sin para descansar durante una noche, repusieron provisiones y consiguieron caballos antes de continuar hacia áreas desoladas al sur del continente, viajaron por un día completo hasta llegar a un campamento recientemente atacado, no habían emergidos y los bolsos se encontraban abiertos y su contenido desperdigado, habían sido arrasado por bandidos, no muy lejos de allí encontraron a un hombre joven con orejas y cola de felino de un llamativo tono rojizo, un laguz. Ofreciéndole comida y agua logró acercarse a él, pocas palabras después descubrió que había sido capturado en otro país y que iban a venderle, pero había logrado escapar en el revuelo de un ataque cuando los bandidos les habían atacado. A base de palabras le convenció de viajar con ellos, mientras pudiese evitar utilizar la fuerza bruta lo haría.

En su camino recibió al esclavo que había enviado con la carta, cansado y un poco sucio fue bien recibido por la caravana, había acertado al enviar a un laguz, con sus habilidades de rastreo había logrado encontrarle incluso en un lugar con caminos tan destruidos como para no hacer un paso claro. Descansando durante el día debido a haber atravesado un terreno bastante hostil obligándoles a tomar una pausa retomaron camino después del almuerzo, no tardaron en ver en el horizonte una hilera de personas. En un inicio se detuvieron confundiendo aquello como un avance enemigo, fue el mensajero que les tranquilizó y les dijo que continuaran explicando que no estaban vivos. A medida que se acercaban el olor a muerte y descomposición se hacía insoportable, el duque debiendo de cubrir su nariz con su mano e incluso sintiendo asco de respirar por su boca, al pasar con los caballos por medio de aquel pavorosa puesta en escena las moscas se amontonaban alrededor y se podía las manchas negras bajo las estacas de los fluidos que habían escapado de los cuerpos al ser expuestos al sol. Apresuraron un poco el paso, el duque sobre un caballo negro y su eslavo rubio, humano, sobre un caballo marrón llevando sobre este parte del equipaje, un poco más atrás el gran tigre marrón con la joven en su lomo levaba la otra parte del equipaje, el gato gris de largo pelaje trotaba a la par del caballo muy cerca del tigre cobrizo, un poco desnutrido, que se había unido recientemente a la caravana siendo vigilado un poco de cerca del gato color arena que había sido el mensajero.

No tardó en ver una figura acercarse por el camino de piedra, no parecía a lo que había imaginado, no había barba, tampoco alguien encorvado y de avanzada edad, aunque si se había presentado como príncipe podía llegar a ser alguien relativamente joven, apenas entrando a la adultez, detrás de este individuo se veía la evidencia de un campamento, luces iluminando, retrasando un poco más la especial oscuridad que aquella noche traería obre sus cabeza y toldos que resguardaban de una posible lluvia, pues algunas nubes se acercaban por el horizonte, pero tan oscuro el cielo no dejaban terminar de ver si eran de tormenta o no, así mismo tenía mesas fuera, seguramente para su trabajo, se veían también rastros de equipajes, bultos y cajas exparcidos sin preocuparse por posibles ladrones, pues era bastante obvio que había que ser bastante valiente para cruzar una hilera de guardianes putrefactos y adentrarse en el territorio de un amante de lo arcano. Asumiendo que sería el mago se adelantó a trote con el caballo, su cabello, entrepeinado con plumas negras y marrones, parecía flotar detrás suyo al viento y el mover de la cabalgata, caía largo por su espalda e incluso sobre las ancas del animal su cabello solo apenas llegaba a sus codos pero por varios centímetros más hacia abajo lo continuaban largas plumas que por su tamaño no podían pertenecer a otra cosa que a laguses cuervos y halcones, vestía con una túnica de tres capas por el clima un poco más frío que en el desierto en su ducado, siendo la interior roja y las otras dos blancas con bordados en sus bordes, la simpleza de sus ropas era contrarrestada por la carga de joyas, pulseras de oro con rubíes así como tobilleras gruesas, a su cuello numerosos collares de intrincados diseños con placas y cadenas de oro y en su centro brillando una pieza circular de oro del tamaño de una moneda, tal carga hacía que el movimiento de la cabalgata fuese un tintineo musical de sus joyas. Su mirada estaba delineada en negro resaltando el tono oro de sus ojos de espesas pestañas, encontrándose descalzo se veían sus pies solo envueltos en tela donde se apoyaban contra el metal de los estribos para proteerle de lo abrasivo que podía ser el metal. Al acercarse bajó su marcha jalando con firmeza de las riendas del caballo, un animal de pelaje corto tan negro y brillante por el sudor de la cabalgata que parecía de seda, se notaba que era un animal que había valido más de lo que un pueblerino podía ganar con varios años de trabajo. Habló, el silencio del lugar era tal que no necesitó alzar demasiado su voz para hacerse escuchar y su voz era tan profunda y suave como un terciopelo cayendo sobre las cuerdas de un cello
- Dux Faysal quien le habla, ¿es usted el arcano errante? - había leído en la carta que se trataba de un príncipe, pero no revelaría nada al respecto, título propio o ajeno si no estaba seguro de que era a quien buscaba.
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Pelleas el Sáb Feb 06, 2016 1:44 pm

Una silueta surgió de entre la estática, distante imagen de sus guardianes de frontera, luego otra, un par más, hasta formar una pequeña procesión que se acercaba por el vetusto camino. Cauteloso, el mago oscuro se detuvo en su andar y dejó que se aproximaran. Llevaba entre manos tan sólo el pequeño candelabro con el que había estado pasando el fuego de lámpara a lámpara, mas en la manga de la túnica, contra la palma de su mano, yacían dobladas y ocultas dos páginas de Ruina de las que podía servirse si llegaba a necesitarlo, siempre que fuese capaz de conjurar a memoria. Ciertos incidentes le habían enseñado a asegurarse de tal modo y no podía sino ponerse en alerta, pues reconocía en la procesión más de un laguz en forma animal. Recortados contra la escasa luz que quedaba se distinguían dos felinos de gran tamaño, uno o dos más pequeños cuyas figuras se perdían en el resto del grupo, entre 2 caballos que significaban, afortunadamente, algo de presencia humana. Pelleas no logró ver a los jinetes con claridad sino hasta que dejaron atrás la penumbra, apareciendo a la luz de las llamas un hombre de aspecto decididamente extranjero y portentoso. Brillaba; la cantidad de oro sobre su persona se le hacía excesiva, cada joya y piedra destellando al reflejar la luz del fuego, inclusive el dorado de su mirada bajo las tupidas pestañas. No cabía duda que se trataba de un noble. No podía decir que luciese como un mago oscuro, pero al menos sí un noble.

Igualmente, suponía que no debía de ser él una anticipada visión. Debía de parecer excesivamente joven en comparación; alto pero delgado, de hombros anchos pero en exceso huesudos, debía de parecer menos imponente de lo que su contacto por correspondencia anticipase. Especialmente estando a solas en el descampado. Su mente se llenó de tales preocupaciones y se sintió súbitamente inadecuado frente a la procesión, la idea de todo el viaje que aquel hombre había realizado para verle. Su confianza flaqueó un tanto, ante lo cual el príncipe respiró profundo e intentó erguirse, alzar la mirada decaída y permanentemente melancólica, remitirse a la emoción que antes había sentido y a las posibilidades que aún tenía por delante.

- Aquel que ha recibido y respondido a su carta, sí. Me imagino que su... sirviente, ha de poder reconocerme. - Respondió con lentitud, desviando la mirada hacia el laguz de pelaje color arena, un gato de tan dócil aspecto en su otra forma, que había llegado a no sentirle como una amenaza. Elegía con cuidado sus palabras, 'esclavo' era delicado término y no recordaba si lo había llamado como tal en su carta, por lo que 'sirviente' era mejor. Tuvo intención de esbozar una sonrisa, mas se sentía completamente incapaz de hacerlo teniendo frente a sí a los cuatro laguz del noble; se limitó a inclinar la cabeza brevemente hacia él, presentándose. - Pelleas de Daein. Complacido de conocerle al fin, duque. -

No estaba precisamente preparado para el arribo, no a esa hora, no en ese día, aún si había estado pensando al respecto. En algún momento se había equivocado, por seguro; el tono de su carta había resultado tan esperanzador a los ojos de un mago errante que tanto intentaba conocer a otros como él, que había omitido preguntarse si un duque extranjero sería una persona intimidante o no. Súbitamente se le hacía más que extraño el tono de la carta recibida, en que el duque Taghia se le había dirigido casi como a un superior, por motivos de la doctrina. Lejos de sentirse el de superior posición allí, Pelleas pensaba mucho más en que le parecía que el bajo de sus botas estaba sucio de una gran cantidad de sangre seca, sino también el bajo de la larga túnica negra o el cinto de tela bordado en el idioma de los tomos arcanos; había tenido que acallar con su suela algunos problemas en la captura de su espécimen emergido y no había tenido tiempo de limpiar eso todavía. Demasiado tenso como fijarse si era así. Prefirió pensar en por donde debía empezar.

- Um, este-- - Sintió que algo de cera de la vela que cargaba alcanzaba su dedo y se contuvo de hacer cualquier gesto, aunque le sirvió de recordatorio de lo que había estado haciendo. Sería mejor terminar de encender las luces. - Discúlpeme un momento. No esperaba que viajase de noche, aunque su escolta me explica un poco las cosas. No es la clase de caravana que tendría problemas con la oscuridad... - Dijo, refiriéndose a conciencia a los brillantes ojos de los felinos. Retrocedió hacia la puerta de la parroquia, estirándose allí para encender la lámpara que colgaba encima, enseguida un par que tenía dispuestas en el área, así como arriba de su mesa de trabajo. El espécimen amordazado, aunque volviéndose visible a medida que se encendían las luces, era apenas reconocido por el varón de cabello ondulado, que pasaba despreocupadamente a su lado. - Este es el lugar donde su mensajero me alcanzó, donde he estado permaneciendo y sospecho que permaneceré un tiempo aún. Ah... lo lamento, siéntase libre de dejar su... ¿equipaje? Y poner a descanso a sus animales. Hay espacio al interior de la parroquia. - Y se refería a los caballos al mismo nivel que a los laguz, aunque verdaderamente les considerase algo menor. Se lamentaba un poco, sin embargo, de no tener el espacio o las acomodaciones apropiadas.

Cómo esperaba que el mayor no fuese y metiese a sus bestias a descansar dentro de la parroquia. No era propenso a hablar sobre esa clase de cosas, pero si lo hacía, quizás le resultase necesario. Escasamente conseguía apartar la vista de las criaturas, tan profundo y tan violento su desagrado por la raza que incluso en ese entonces le carcomía, siguiéndoles con la mirada. Tomaba toda su fuerza de voluntad no mostrarse con desdeñoso gesto hacia ellos, criaturas que sólo conocía como salvajes e inferiores. Al menos aquellos cuatro no apestaban a pelo de animal; notaba que no, pues parecían limpios y cuidados. El mensajero, en particular, hasta había estado arreglado, aunque Pelleas carecía de una vista apreciativa para aquello.
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Lun Feb 08, 2016 7:27 pm

El pequeño grupo que conformaba la procesión del noble de Jehanna se había quedado a una respetuosa distancia a varios metros por detrás, deteniendo su paso los felinos así como el caballo, solo siguiendo algunos pasos más el nuevo de cabellera rojiza el cual fue inmediatamente detenido por el joven a caballo, este desmontó y se interpuso en su camino, con un ligero gesto de su mano le indicó que no avanzara, los demás le secundaron cuando el nuevo integrante los miró, sin decir más se sentó moviendo la punta de su rabo de forma disconforme. Mantenían la distancia como para dar privacidad y espacio al encuentro de su amo y señor con el mago errante, únicamente el felino de color arena siguió sus pasos separándose de la procesión, sus patas pisaban con delicadeza el piso de piedra en completo silencio por sus mullidos almohadoncillos en sus dedos, su cabeza en alto y anteponiendo una pata frente a otra mostraba un andar elegante que resemblaba más a una pantera que aun gato. No fue hasta que estuvo a unos escasos par de metros detrás del equino de su amo que procedió a tomar forma humana, las pequeñas marquitas en sus mejillas brillaron y sus patas delanteras se alzaron para posicionarse en una postura bípeda, el pelo sobre su cabeza creció ondulándose un tanto más rojizo, sus orejas permanecieron así como su larga cola y la mirada de pupilas rasgadas, el brillo pasó por su cuerpo dejando atrás una piel suave y ligeramente dorada por el sol haciendo desaparecer su piel animal. Los reflejos de luz portentosos hicieron que los brillos acariciaran las joyas de su dueño realzando un tanto más la abundancia de oro en este, el sumiso mensajero bajó la mirada en forma respetuosa, solo adelantándose unos pasos para quedar a la par de las ancas del equino, mantenía una sonrisa sumamente frágil en sus labios delgados así como sus ojos permanecían cerrados dejando solo la línea negra que perfilaba su mirada en el parpado superior agregando un aire exótico y atrapante a una mirada que podía llegar a ser salvaje y animal a ojos de otras personas.

El duque observó al arcano de manera respetuosa mientras este hablaba, únicamente desviando su atención de él cuando mencionó que su "sirviente" le podría fácilmente identificar como el receptor de la misiva, los cabellos oscuros del aristócrata acariciaron su hombro cayendo en una corta cascada a su pecho quedando entre estos una pluma marrón jaspeada en beige, resaltando bastante entre los cabellos negros y el fondo blanco de su túnica. El siervo movió sus orejas al escuchar que había sido nombrado, escoró su cabeza encontrando sus ojos esmeraldas con los de su amo, confirmando que esperaba respuesta volvió a bajar su cabeza y la movió en una afirmación silenciosa. En ese momento el patricio bajó su cabeza hacia el mago, príncipe de Daein, mostrando sus respetos incluso desde la altura superior que se encontraba
- El placer es todo mío, Príncipe Pelleas. Permítame agradecerle la amabilidad que ha tenido hacia mi esclavo. - su agradecimiento era una etiqueta bastante utilizada entre los aristócratas en posesión de esta clase de objetos vivos, cada vez que era prestado un esclavo con el fin que fuese o fuese utilizado de la manera que considerase el beneficiario, era correcto agradecer el trato que se le había dado si el esclavo regresaba en buenas condiciones, el cual había sido ese el caso. Y encontrándose frente a un príncipe, no podía faltar en modales y etiquetas, pese a que nunca había visitado dicho país si lo conocía. Sus visitas a Tellius eran frecuentes pero quedándose dentro de las fronteras de Begnion nunca había puesto pie y solo conocía lo que se decía de este. Begnion era un país sumamente religioso, y claro estaba, donde había siervos del señor había corrupción, leyes que podían omitirse si la pieza de oro puesta sobre la mesa era suficientemente grande, así era como obtenía permisos para cazar en sus fronteras. Había recibido bastantes críticas de los países vecinos, dejando de parte los lugares habitados por bestias, se había dicho de Daein ser un territorio altamente militarizado, de Crimea un país noble de débil monarquía, ninguno de ellos particularmente parecían perfiles de países que fuesen afines a las artes arcanas. Había averiguado y no había encontrado información de ninguna escuela que impartiese esa clase de enseñanzas en el continente, ni biblioteca que pudiesen contener algún ejemplar de la doctrina, ni a la luz ni en el bajo mundo, en cada visita al continente había visto sabios y había consultado pero siempre había encontrado respuestas negativas. Sin embargo lo tenía frente a sí, el príncipe de Daein era claramente hijo de lo arcano, podía presentirlo con solo observarlo.

Sus manos soltaron las riendas de su corcel y como si esta acción fuese una taciturna orden la joven mujer que montaba el corpulento tigre bajó de aquella montura singular, sus pies descalzos chapalearon contra la roca en un andar veloz pero para nada torpe, sus pies se movían como una bailarina apenas tocando con la punta de estos la superficie, la túnica blanca ondeó alrededor de su cuerpo menudo pero bien formado así como el pequeño morral marrón rebotó en su cadera. Se detuvo junto a la montura de su amo y con cuidado le tomó su pie quitándolo del estribo, sus manos apenas rozaban la piel de su dueño pero con cuidado de no provocarle cosquillas, quitando así la tela que protegía el mismo, rodeó al caballo para repetir aquel proceso de liberar el otro pie y volvió al frente, pasando las riendas por sobre la cabeza del caballo, jaló hacia abajo obligando al animal a doblar sus patas delanteras y agacharse para facilitar la bajada del duque, a su vez el mensajero se acercó a uno de los lados y adelantando una de sus piernas posó la rodilla de la otra al piso quedando en una genuflexión dejando la rodilla alzada en perfecto alineamiento con su pie y su torso alzado, permitiendo así que el noble apoyase su pié en el muslo utilizando al esclavo como escalera para bajar del caballo sin hacer siquiera un esfuerzo. Al apoyar sus pies descalzos sobre la superficie sintió la suciedad de esta, la sangre seca siendo áspera contra los cantos rodados que conformaban el camino, la tierra como arenilla bajo sus plantas, pero no mostró señal de incomodarse, frente a frente al príncipe notó lo que sobre el caballo no había sido capaz de apreciar, el arcano le llevaba algunos centímetros, siendo un hombre alto no había esperado encontrar alguien de apariencia más joven ser más alto que él, sus ojos seguían brillando dorados frente a la vela que su futuro maestro sostenía y bajando su mirada inclinó su cabeza y pecho en una pronunciada inclinación, los collares tintinearon al moverse la cantidad de dijes y cadenas, incluso las plaquitas unidas por pequeños eslabones, como un mensajero del viento sonando por el movimiento, alzándose volvió todo a su lugar volviendo a acomodarse frente a su pecho.
- Por favor, no tiene porque hacer gran preparación por mí. He sido yo quien he venido a importunar en su viaje. - su procesión avanzó nuevamente acortando las distancias, el felino rojo un tanto confundido por aquel comportamiento sin saber como actuar ya estaba un poco alterado por la mención de la palabra "esclavo" y ver el actuar de los otros para con el hombre que le había dado auxilio.

Siguió unos pasos al príncipe cuando continuó con su tarea, alzando su mano hacia la capilla para que darle orden a los siervos que procedieran. Lo había tomado como un bulto más, parte del equipaje esparcido por el lugar, incluso quizás una roca de forma muy extraña o un escombro dejado en medio del camino pero a medida que la luz iba revelando más detalles de la figura se develaba el misterio de aquel objeto, un apresado que seguramente le esperaba un macabro destino, sobretodo viendo aquella pared de guardianes hediondos y putrefactos que custodiaban el campamento. Rodeó a la víctima con pasos suaves, apenas haciendo ruido por sus pies descalzos contra las peñas, analizaba las ataduras, exageradas a su parecer, con mucha menos cuerda habría podido inmovilizarlo mejor, quizás si podría, en agradecimiento si el arcano accedía a hacerle tutoría, enseñarle algunos trucos que podrían serle de utilidad en el futuro, pues menos cuerda significaba más velocidad a la hora de atar y desatar. Si bien nacía un poco su curiosidad no preguntaría al respecto, no por el momento, no sería cortés hacerlo. A sus espaldas el grupo de laguzes y humanos se movilizaba de manera organizada, llevaban a los dos caballos al costado de la catedral donde la joven mujer y el hombre quitaban sus bultos y sillas de montar poniendo solo cuerda al cuello para quitarles las riendas y permitirles descansar, el tigre fue el único que permaneció en forma animal permitiendo que se le cargara en su lomo la totalidad del equipaje siendo el felino de largo pelaje gris jaspeado, ahora con la forma de un joven adulto delgado de cabello negro y sonrisa desdeñosa que lo acompañaba al interior de la capilla, tras de si la frondosa cola de pelaje largo y suave. Ninguno de los animales o esclavos presentaban suciedad, por el contrario, un aroma suave y exótico, ligeramente picante, llenaba el aire cerca a ellos... menos el felino de pelaje rojizo que era bastante obvio que no pertenecía al grupo, si bien tenía una túnica limpia y se había acicalado un poco, seguía teniendo aquella apariencia un poco abandonada y la piel un poco curtida de una vida dura.

Observó con cuidado el lugar al contar con algo de tiempo mientras sus siervos trabajaban y el príncipe terminaba sus asuntos, sus orbes dorados brillaban al igual que sus joyas al movimiento de las llamas de las diversas lámparas, la brisa nocturna movía sus cabellos, mucho más livianos donde estaban las plumas, haciendo que fuese como un halo oscuro tras su silueta sumamente clara. Su naturaleza le inclinaba a juzgar cada detalle pero se obligó a dejar aquello de lado, su compañero de cátedra había mostrado ser alguien de buen letrado, sumamente educado y cortes, sin embargo no podía dejar de presentir que había algo que le molestaba, que ponía distancia y generaba ligeros tintes de incomodidad en su mirada, consideraba que aquellas miradas eran hacia sus esclavos, en un inicio confundiendo con admiración ahora comenzaba a dudar de ello. No podía ser, era ridículo, sus esclavos eran los más hermosos que podría encontrar, seguro estaba confundido y debía ser algo más... ¿sería que era alguna de esas extrañas personas que no estaban de acuerdo con la esclavitud? si lo pensaba, había llamado a su esclavo "sirviente". Mejor observaría un poco antes de apresurarse a sacar conclusiones, manteniéndose al margen de las tareas que realizaba intentando no ser una molestia, solo cuando la última lámpara fue encendida llegó a dejarse escuchar
- Estoy sumamente agradecido que me haya permitido encontrarme con usted, interrumpirle en sus tareas. Procuraré no ser una molestia pues mis motivos de encuentro no son más que de interés hacia el estudio de lo arcano que, muy a mi pesar, me he visto imposibilitado de seguir adquiriendo. Mis más humildes disculpas por la ignorancia que voy a presentar pero desconocía totalmente la existencia de escuela alguna en el territorio de Tellius. ¿Dónde ha estudiado, su alteza real? - Daein era un territorio importante, no un simple país pequeño, por lo que consideraba irrespetuoso solo llamarle alteza, a parte desconocía si se trataba del primer príncipe o secundarios, prefería sonar adulador por sobra de honoríficos que insultar por la falta de estos.
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Pelleas el Jue Feb 11, 2016 4:09 pm

El duque llamaba 'esclavos' a los laguz que le acompañaban, Pelleas captó aquel detalle y se aferró a la noción con alivio. Eran criaturas indignas e inferiores a sus ojos; teniéndolos como propiedad, pues un esclavo no era sino un objeto entre los muchos de valor de un pudiente, el duque tácitamente reafirmaba su inferioridad. Lo sentía como una visión compartida, un acuerdo. Si los cargaba en calidad de esclavos podía inclusive apreciar el hecho, aunque reconociese con algo de desconcierto que era lo último que parecían. Bien vestidos, limpios, comportados, inclusive algunos de ellos maquillados. No podía imaginarse a un animal salvaje como aquellos dejándose acicalar de ese modo, era irreal e inverosímil, mas suponía que era justamente por ese aspecto, sumado al comportamiento sumiso y dócil, que había llegado a prescindir de cualquier temor hacia el mensajero. Le rechazaba tanto como a cualquiera de ellos, a un nivel ya visceral e instintivo, pero no le temía.

No cabía duda, igualmente, de que los esclavos eran leales a su amo, obedeciéndole de forma tan absoluta que no parecían necesitar de una orden verbal siquiera. Le ayudaron a bajar, inclusive siendo el cuerpo de uno de ellos escalón para el descenso del duque, sin un sólo titubeo, sin queja, sin resistencia, un suceso que Pelleas vio con acallada satisfacción. En efecto, les utilizaba como a objetos de su propiedad. La servidumbre procedió a sus tareas, encargándose de los caballos y de cargar el equipaje, afortunadamente sin cruzarse en el camino del príncipe, quien tan sólo miró con cierto pensativo aire lo que llevaban. La presencia de equipaje de tal tamaño podía indicar dos cosas: o aquel duque extranjero simplemente cargaba con amplias comodidades a la hora de desplazarse, o acudía con intención de estar un largo tiempo lejos de su hogar. Sin el carácter para cuestionarlo, Pelleas sólo podía preguntárselo en fuero interno y dejarlo así. Después de todo, el duque no estaba siendo sino agradable y paciente, disculpándose repetidamente por importunarlo.

El pequeño candelabro finalmente fue dejado sobre una mesa de trabajo atiborrada de documentos, unos pocos libros adquiridos en el viaje prácticamente enterrados en el fruto de su propio esfuerzo: páginas y páginas de anotaciones y diagramas, cuadernos enteros que había redactado a puño y letra con lo aprendido en el internado de Plegia y lo recopilado en el resto de la travesía, plumas, tinteros, un par de tomos de Ruina y el cuaderno en que había iniciado su bitácora personal, desbordando en ese entonces de páginas añadidas, sobre el segundo en que se había visto obligado a continuar. En la mesa contigua, por el momento ignorada, era que yacían el resto de sus materiales y utensilios, las cuchillas finas y gruesas, las plumas para sangre, un cilicio viejo y uno nuevo cuyos eslabones estaba terminando de afilar y trenzar él mismo en sus ratos libres, así como un par de herramientas más pesadas traídas de Plegia. Pelleas hizo algo de espacio en la primera mesa para posar la vela y apagarla con un breve soplido, cuidadoso de no dejar fuego cerca de sus preciadas escrituras, inclusive moviendo la lámpara de aceite a la mesa de instrumentos para asegurarse. Entonces se volvió hacia el duque, quien en respetuoso silencio parecía haberle seguido y aguardado, hablándole apenas cuando terminaba.

Era una dualidad extraña; el hombre que manejaba a tantos esclavos y se erguía inconmensurablemente superior entre ellos, poniéndose en una posición tan humilde y prudente hacia él. Era impresionante la fluidez con que manejaba ambas facetas y la amabilidad acabó por ablandar un poco su tensión. Se ahogaba de ansiedad sin tener algo qué hacer con las manos sino girar con el dedo pulgar los anillos en los demás, difícilmente le miraba por un segundo entero antes de apartar la vista, dirigiéndose a alguna joya de sus collares en lugar de a los ojos del visitante, pero la tensión usual en sus hombros no estaba allí y esbozaba una leve sonrisa, la más honesta en semanas. - Por favor, no tiene nada que agradecer. Se lo he dicho por escrito, creo; que esto es inusual para mi, pero que realmente... realmente me alegra. - Pese a su contento, era poco lo que llegaba a alzar la voz. Podía adjudicarse fácilmente al tiempo que había pasado a solas últimamente, mas no era menos que la forma en que casi siempre había hablado, aunque su pesimista y grave timbre fuera reemplazado en ese momento por una tímida alegría. - Todo este tiempo he buscado a personas como usted, jamás ha sido fácil y súbitamente los caminos se han cruzado por sí solos, es fantástico. Verá... - Dio un corto y liviano suspiro, principalemente serenándose. - Está correctamente enterado. No hay escuelas de magia oscura en todo el continente de Tellius, ni modo alguno de instrucción. Si existen o no muchos otros magos de la doctrina en mis tierras, francamente, yo también lo desconozco. -

Comprendía que daba aún más espacio a duda con esa respuesta, pero era ineludible. Mantuvo la vista distraídamente en el grueso collar de oro sobre la clavícula del otro hombre, rígido, de aspecto bastante incómodo a su parecer; más fácil mirar allí que a sus ojos, entretenerse con el reflejo danzante del fuego en las placas brillantes. - La forma en que he iniciado en la doctrina es... difícil de explicar. Pero hasta hace un poco menos de un año, había estado estudiando por mi mismo, a solas. He tenido que salir de Tellius para cambiar aquello y en el corto período desde entonces, he aprendido más de lo que había logrado en 7 años. Pero me temo que fuera de una breve estadía en el internado de Plegia, poco ha tenido todo esto de estudio formal, si es lo que deseaba hallar... - En aquel momento consiguió hablar tendidamente, extendiéndose sin siquiera notarlo. Era el tema, era la magia oscura en sí; el sosiego que le traía suavizaba sus cansinas facciones, el interés y la emoción contenida le empujaban a expresarse. - El mago busca la sabiduría, la sabiduría encuentra al mago. Ha escrito usted que proviene de la escuela nigromante de Renais... pensaba dirigirme hacia ella en un punto futuro de mi viaje, quizás después de este lugar. ¿Cómo es? Me encantaría saber de ella, todo lo que desee compartir-- s-si no es un problema, claro. En la medida en que esté bien. -

Parpadeó y desvió la atención hacia la puerta de la parroquia un momento, viendo a través del umbral a la servidumbre del duque descargar del lomo de su tigre el equipaje. No sentía sino rechazo hacia todos ellos, mas era un hecho que les prefería, por lejos, en sus formas humanas. Era en aquella forma que había hechos las paces consigo mismo para tratar con neutralidad al mensajero, era la forma en que lucían menos salvajes, símiles a un aspecto que podía aceptar. Todos ellos habían adoptado tal forma excepto el tigre, por cuanto cargaba peso; ahora que parecía terminar, Pelleas no perdió oportunidad de decir lo que necesitaba. Agachando la cabeza un poco, su voz tomó un timbre un tanto más serio al hablar. - Duque Faysal. Preferiría que sus esclavos no tomen... esa forma, dentro del lugar en que yo mismo me hospedo. Si es en forma humana, no objeto a su presencia. -
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 12, 2016 3:45 am

Los esclavos que le acompañaban eran simplemente los mejores que habían pasado por sus manos, incluso uno de ellos era un laguz criado en cautiverio, nacido en Sodoma de la unión de dos esclavos cuidadosamente seleccionados para hacer una camada de hermosos gatos de pelo largo y color como un cielo nublado, había sido entrenado para servir desde la más tierna infancia junto con sus hermanos y el mejor de la camada había quedado para el duque, nunca le había tenido que disciplinar por un mal comportamiento, la única vez que su fusta o mano se había levantado contra él no era más que por simple diversión. No había esclavo que se quedase que no considerase de los más bellos, los más entrenados y los de carácter más servicial, solo a estos se les premiaba quedándose con el duque donde se les aseguraba la mejor alimentación, cuidados y seguridad de nunca terminar sirviendo como simple esclavo de carga, y pasaban a ser parte de los mancebos del noble gozando de pequeñas libertades que era imposible con otro dueño. Estaban más que acostumbrados a servir en silencio sin cruzarse en el camino de nadie, siendo solo sombras en la habitación mientras hacían sus tareas, solo hablando o mostrándose si se le era pedido.

El arcano oscuro de afilada mirada no faltó a observar la cantidad de libros y apuntes que tenía el otro en aquella mesa, su cantidad le hacía parecer desordenado pero una mirada más cercana mostraba todo lo contrario, apilados y cuidadosamente puestos de manera que no se dañaran y no corrieran peligro, el clima era bastante seco y casi no se movía viento alguno, por lo que tanto la llama de la vela como los papeles sobre la mesa apenas se mecían sin abandonar su lugar igualmente el noble de mayor poderío se inclinó y mató aquel fuego con su aliento mostrando el cuidado que le tenía a su trabajo. Intentó calcular mentalmente cuantas noches en vela, cuantas horas sentado, y cuantas investigando podían hacer que aquel príncipe hubiese llegado a completar tantas páginas de estudios despertando aún más admiración, podía llegar a entrever diagramas sobre pentáculos e incluso podía adivinar el boceto de un tetragramaton sobre uno de los papeles que asomaban entre los volúmenes apilados. Él había dedicado algunos años de su joven vida a los estudios arcanos, pero nunca había hecho sus propias investigaciones, simplemente estudiado de libros y apuntes de otros, el trabajo que el otro estaba realizando salía ya de un simple estudiante a ya ser la de un sabio que no solo busca el conocimiento si no que también lo crea. Su atención pasó de los ejemplares oscuros hacia la mesa donde era dejada la lámpara, el brillo del fuego hizo danzar destellos sobre las cuchillas y demás instrumentos, muchos de ellos nunca los había visto en su vida pero como estudiante de lo arcano podía llegar a comprender perfectamente para que eran utilizados.

Encontró la mirada del otro mago cuando este se dirigió a él, sus ojos ligeramente caídos le daban un aire melancólico que no se apegaba mucho a la imagen de un príncipe, más de un príncipe de un país como Daein que siempre le había visto como poderoso y duro, tenía un aire de literato que no podía negar o quizás simplemente fuese los viajes lejos de su hogar que despertaban aquel cansancio y melancolía, simplemente extrañaba su hogar, él mismo lo experimentaba si pasaba demasiado lejos de su ducado. La voz suave y gruesa de su interlocutor era tranquilizadora, agregaba un aire de paz a aquel lugar en el que solo practicantes de las artes oscuras podrían encontrar acogedor. Se mostró sorprendido al alzar sus cejas y entreabrir sus delgados labios, el escucharle sobre la inexistencia de escuelas que impartiesen el arte lóbrego en Tellius, estaba en lo cierto, pero entonces ¿cómo se había iniciado el joven mago? Consideró que habría tenido un tutor pero enseguida lo negado cuando aclaró que no había forma alguna de instrucción, era un poco confuso
- No llego a compartir tanto aquel sentimiento pero permítame decirle que le entiendo. Pese a la Escuela de Nigromancia, no hay demasiados magos oscuros... y en mis tierras carecen por completo. Comprendo la soledad de la doctrina. - su tono imitó el volumen bajo e íntimo que estaba dando el otro. Compartía un poco aquel sentimiento, habiendo estudiado solo escasos años en la escuela fue difícil volver al ducado donde las miradas sobre él habían cambiado, el temor aparecía en los ojos de quienes antes habían sido sus compañeros de corte, incluso en los esclavos y sirvientes que le habían criado obligándolo a caer en una soledad bastante forzada, debiendo de apartarse lo más posible de su magia para poder volver a ser un normal entre normales y trabajar nuevamente la confianza de los que una vez le fueron cercanos, aquel mago había sido una brisa fresca, una luz en su soledad, alguien con quien podía, no solo aprender si no compartir abiertamente su doctrina. No faltó notar que se le evitaba mirarle a los ojos, lo cual era algo que estaba acostumbrado, ninguno de sus esclavos lo hacía fuera de la intimidad, tampoco lo hacían sus sirvientes, aunque si era raro de alguien de la nobleza y siendo de mayor estatus que él, no cuestionaría, no sería el correcto proceder, solo le dejó continuar hablando, interesado en lo que tenía que decir.

Las palabras del otro despertaba más dudas de las que aclaraba pero al menos tenía una idea un poco más clara de lo que había pasado su compañero. Le tomó un poco desprevenido que fuese solo un año de estudios y ya lo tuviese tan avanzado, no lo había leído pero la simple presencia de tantos apuntes y libros era de alguien aplicado, así mismo el despliegue de cuerpos que había en aquel lugar no estaba en manos de un principiante por más que parecía que el príncipe se catalogaba de esa manera a si mismo. No era propio de si entablar charlas en un ambiente tan improvisado, de pie en medio de las ruinas, sin bebida de por medio o un lugar cómodo donde recostarse, si bien pensó en extenderse optó por ser un tanto descarado
- Espero no estar cayendo en ningún agravio hacia su persona pero ¿desea tener esta charla en comodidad? Puedo ofrecerle vino y procuraré su confort de la mejor manera que me sea posible. - gran equipaje era más que nada por la comodidad de su propio viaje, no vaciló en cargar consigo alfombras, algunas pocas almohadas, comida seca así como bastante agua acostumbrado a viajes en el desierto y, por supuesto, vino.

Observó al interior de la capilla viendo al tigre sobre sus cuatro patas, meneando suave su cola, terso y limpio pelaje un tanto más largo en su pecho y garganta, el otro laguz, en su forma humana con su tupida cola gris alzada terminaba de quitar el resto de equipaje de su lomo. Al alzar su mano hacia su mentón tintinearon algunos de los dijes que colgaban de su collar
- Oh, claro. Si me permite informarles no será problema alguno. ¿Acaso se siente incómodo con su presencia inhumana? Les diré pero no debe temer, son perfectamente seguros y le aseguro que están limpios y educados. Si me disculpa por un momento. - se excusó dando una reverencia nuevamente antes de alejarse hacia el umbral de la capilla que servía de hogar improvisado en aquel campamento. Al acercarse también lo hizo el gato, intercambiaron unas palabras y este fue a hablar con el tigre el cual casi al instante tomó forma humana siendo un hombre de hombros anchos y bastante corpulento. Faysal no regresó enseguida, si no que esperó allí mientras sus esclavos se apresuraban en abrir uno de los equipajes, una caja de madera en forma de cofre de base curva, ideal para ser cargada por algún animal, caballo o tigre. Al regresar hacia el príncipe cargaba en sus manos dos copas de plata labradas y una botella de vidrio de intrincado diseño de arabescos con un tapón también de vidrio aunque rodeado de una fina capa de corcho en donde ajustaba, en el interior se veía el inconfundible color del vino - Mis disculpas por la tardanza, permítame agasajarlo con una copa de vino mientras hablamos, es lo mínimo que puedo hacer como agradecimiento. - Apoyó ambas copas sobre la mesa y destapando con un gesto delicado de muñeca sirvió el vino con una ligera inclinación, entrenaba a sus esclavos en modales impecables de servicio, los cuales él también tenía y no mostraba problemas en ponerse en aquella postura frente a alguien de mayor poderío.

Ya con vino en su mano se sentía más cómodo como para mantener una charla un poco más extensa
- Mi viaje a Renais fue bastante corto realmente... mi interés en las artes oscuras fue simplemente por escuchar de dicha doctrina de uno de los muchos viajeros que pasan por el ducado y al ir a la escuela lo hice como un simple hijo de duque sin más conocimiento que el simple interés e historias que parecían salidas de libros infantiles. Fui iniciado allí mismo al ingreso, afortunadamente mostré disposición a lo arcano, temeroso de no tener el talento ni fortaleza suficiente como para controlarlo. No habían demasiados magos en el lugar ni tampoco demasiados pupilos, las clases eran extensas y si bien había mucha teoría no tenía casi práctica, la escasez de sujetos de pruebas hacía que fuese sumamente extraordinario el poder practicar y era solo un privilegio reservado a los mejores estudiantes. Es sumamente estricto el régimen pero si algo me gustaría destacar es su vasta biblioteca, he visto tomos que se me ha hecho imposible conseguir pero al menos he tenido el placer de ver y tener entre mis manos... impresionante poder sentir cosquillear sus dedos bajo tanto poder e incluso sentir el pecho contraerse en terror al saber que de solo intentar utilizarlo caería victima de su dominio sin ser capaz de controlarlo. Incluso esa sensación que su propia vida se drena al contacto como millares de diminutas agujas lacerando la piel que tiene contacto con el papel. - cerró sus ojos al beber un trago, bajando ligeramente su cabeza en un gesto de melancolía al recordar el lugar que nunca más visitó, el delineado de sus ojos se vio más evidenciado sobre sus pestañas, la gruesa línea de tinta negra sobre la pálida piel que tomaba un tono algo anaranjado por la luz de la lámpara de aceite. Volvió a verle con renovado interés en sus ojos dorados - Siete años es mucho tiempo para vivir bajo el manto de la ignorancia, algo debió haber aprendido... quien le ha iniciado debe haberle dado alguna clase de pista siquiera del poder que le estaba dando. - cuestionó con cuidado sin intención de pisar donde no le era permitido.
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Pelleas el Sáb Feb 13, 2016 3:47 pm

Pese a la nobleza que el recién llegado denotaba en cada aspecto, la existencia de los esclavos, la opulencia de cada detalle y la sublimidad general de aquella reunión, había algo que evitaba que la presencia del duque terminase de hacérsele incómoda. Una suerte de mutuo entendimiento, un punto en común que trascendía los diferentes caminos que habían recorrido y le hacía sentirse vinculado a ese extraño, de una forma que aceptaba enteramente. Era fácil, natural en cierto modo. Nada lo representaba mejor que el par de cartas intercambiadas y Faysal acertadamente describía una parte de ello, aunque no todo, era un concepto que no necesitaba siquiera mayor elaboración para calar profundamente en los ánimos de Pelleas: la soledad de la repudiada doctrina. En aquello podían entenderse perfectamente, verse a nivel, compartir la gratificación de ese encuentro. Oírlo dicho en voz alta le dejó con la impresión de que Faysal encajaba en el ambiente que sólo para él mismo había construido, le hacía sentir aliviado y satisfecho de que así sucediese. Asintió con lentitud, sobrando agregar palabras a lo que era tan comprendido ya. Su impresión, como casi siempre, se la reservaba para sí mismo.

- ¿Ah? - Alzó la vista un poco, encontrando cierto extraño sonido al que su invitado le ofreciera vino y comodidades. De agradable, pasaba a rozar lo servicial; era de esperarse de un noble de menor posición frente a un príncipe, así fuese un príncipe extranjero, pero era trato al que Pelleas no estaba muy acostumbrado. No era común en Daein, donde quien recibía honores era tan sólo el rey, ni era trato del que se hubiese sentido digno aún. Fácilmente avergonzado por tal, carraspeó levemente antes de hablar. - Um... ha sido tiempo desde la última vez que he bebido, no me molestaría en absoluto. Pero, por favor, no se preocupe demasiado. - Apresuró sus palabras al intentar darse a entender. Algo no parecía correcto respecto a una relación de príncipe y vasallo para con el duque; más relevante era aquello que compartían, que les había llevado a ambos a Valm y que él prefería, a fin de cuentas. A sus ojos, Faysal era otro mago oscuro. Un compañero, a lo sumo un aprendiz, si podía ser que compartiese con él lo que sabía. Alzó la mano un tanto en un gesto conciliador, brillando sobre dedos largos y huesudos el único anillo que en aquellos días portaba, la gruesa pieza de oro con el escudo de Daein; contradictoria, de cierto modo, con las palabras que pronunció a continuación. - No he tomado este viaje como príncipe, sino como mago... por eso es que... -

Exhaló tendidamente, dejando en al aire aquello que suponía un tanto delicado de presionar. Suficiente pedía ya del otro noble, al haber hecho tan clara y definitiva su petición respecto a sus esclavos. Otro aspecto en que el esclavista fácilmente estaba acomodándolo, asegurándole del comportamiento y la higiene de las bestias. - No es temor lo que me generan. Simplemente... me desagrada aquella forma. - El espiritista murmuró en respuesta. No podía negar que el temor existiese, en cierto nivel, pero habría sido gravemenete inexacto adjudicarlo a ello. Desagrado, a su vez, era poco; se trataba de un rechazo mucho más profundo a lo inferior y a lo salvaje, inculcado por las bases de su educación y confirmado por sus escasas experiencias con la raza. El único subhumano que había llegado a ver de cerca, antes del mensajero del mismo Faysal, se había comportado como una criatura sucumbida a los más bajos instintos y había dejado en él tal impresión. Odio, un odio enardecido e imperecedero. Descartar a la raza como meras herramientas para alguno que otro fin. Le costaba no canalizar su desdeño a aquellos esclavos, por distintos que parecieran, y así era como resultaban las cosas. Al menos el esclavista cedía sin mayor indagación. Se alivió de verlos a todos ellos en una forma más aceptable, como también de que el duque pareciese disponerse a regresar a solas a su lado.

No obstante, había algo que él debía hacer, también. Volvió su atención al espécimen en el suelo, que a su parecer había cambiado un tanto de lugar, probablemente arrastrándose por el suelo pese a sus ataduras. Los emergidos jamás parecían dejar de luchar, jamás parecían cesar hostilidades. Un destino aciago y certero le aguardaba, pero tomaría su tiempo; sería mejor asegurarse de que no hiciese nada inconveniente hasta entonces. Pelleas avanzó hasta la criatura, propinando una brusca patada para girarla boca arriba en el césped seco. Insensible al dolor de quienes no consideraba humanos válidos, metódicamente procedió a apoyar la suela de su bota sobra las costillas, apoyando su peso y presionando hasta sentir un leve crujido. Insatisfecho con aquello probó con un golpe más fuerte del talón, un par de patadas, hasta que los crujidos se multiplicaron y el asomo de las costillas bajo la delgada ropa fue deformado, destrozado. La criatura gruñó contra la mordaza, mas no gritó en dolor. Igualmente, arrastrarse por el suelo habría de serle un suplicio con las costillas rotas, por lo que supuso que con eso bastaría. Una ansiedad de continuar cosquilleó en sus extremidades, mas dio un suspiro y a paso tranquilo regresó, a tiempo de encontrarse con el duque que se disponía a servir la bebida.

- Discúlpeme, también. He tenido una faena incompleta al momento en que ha llegado, me temo que no puedo dejarla desatendida por mucho... -  Se explicó, mostrando con un gesto de la mano al hombre amordazado, aunque su atención se hallaba más en la hábil forma en que Faysal servía. Había sido un tiempo realmente largo desde su último trago de vino, y la verdad era que le gustaba bastante beber. Era sólo que en meses no se había dado un momento afín, quizás hasta lo había omitido al no tener a menudo compañía ni ocasiones que considerar especiales. Sin las presencias laguz que tanto rechazaba en las cercanías, se le hizo tanto más fácil esbozar una pequeña y agradecida sonrisa, moviéndose enseguida para apartar un poco sus cosas de la mesa. No había motivo para cubrir o quitar los documentos, apenas apartar y apilar ordenadamente para dejar espacio; no eran secretos, a excepción quizás de su diario personal, que no sólo contenía una extensa y detallada recapitulación de todo lo acontecido en el viaje, día a día, sino también los pensamientos, impresiones y sentimientos del mago errante. Aquel yacía cerrado y cubierto ya por los demás tomos, dejando a la vista tan sólo el fehaciente resultado de su incansable dedicación, el gran motivo por el que una leve sombra había aparecido bajo sus ojos cansinos. Entregaba su persona con demasiado ahínco a aquellas páginas y diagramas. Más que importunado, estaría gustoso si el otro mago los ojeaba. De buena gana aceptó su copa de vino y la llevó cerca de sus labios, curioso por el robusto aroma que daba. Tan característico como la mirra y el incienso que parecían impregnados en la persona que le acompañaba.

Mientras le oía, plenamente interesado en la travesía de un arcano nacido y criado en el nuevo mundo, aventuró una mirada al rostro del hombre. Su interés tan sólo creció al oír que había temido a su propia iniciación, y enfrascado de sobremanera en el relato guardó un respetuoso silencio. Tímida, titubeante, su sonrisa se ensanchó un tanto. Tales eran, entonces, las condiciones en la escuela de Renais, tan distintas a las del internado de Plegia. Por lo demás, resultaba obvio el respeto y temor que el duque albergaba por su propia maestría, sumado a la misma admiración que Pelleas sentía por el poder que comandaba. Para evitarse interrumpir bebió un largo primer trago del vino, emitiendo un leve ruidito de agrado al acentuado sabor, tras el que inevitablemente habló. - ¿Desea usted llegar a controlar esa clase de magia? ¿Los tomos superiores que la escuela nigromante albergaba? Suena... suena tan impresionante. - Nuevamente, la emoción por el asunto vencía a su retraída naturaleza. Los estudios del otro habían sido más formales y extensos, quizás no le habían llevado a los mismos resultados que Pelleas ostentaba a aquellas alturas, pero hacían palidecer sus experiencias en comparación, al menos al inicio. No era algo que envidiase, sin embargo, sino algo que admiraba. Sintiendo necesario explicarse, negó levemente con la cabeza. - No ha habido alguien que pudiese darme tal cosa, pues he realizado a solas mi iniciación. Diría que la fuente de lo que conocí aquellos años han sido los mismos espíritus, nada más que ellos... de algún modo u otro, han conseguido guiarme. Más aún, me han acompañado. Es así que logré hacer fructífero el estudio solitario, experimentar con lo que pudiese, practicar hasta en mi propia persona... hasta tocar un límite que estaba seguro que en Tellius no conseguiría rebasar. Trasladándome al internado de Plegia conseguí continuar, conocí a algunos otros en mi camino, visité inclusive la biblioteca de Ilia... debí de comenzar mis propias investigaciones, para coordinar lo aprendido en Plegia con lo recopilado en otros lugares, pero me faltan destinos aún. La escuela de Renais, o los templos de la religión grimleal, por ejemplo. -

Tomó otro sorbo de vino y dejó la copa sobre la mesa, sus dedos permaneciendo sobre el cuello de la misma unos instantes, tanteando para ocuparse y mantener a raya cualquier nerviosismo. - Um, disculpe, ha dicho usted que... en el momento de ser iniciado, mostró disposición a la magia oscura. Imagino que ha de tener, pues, una admirable cantidad de ella. Sé que será esto algo extraño de pedir, pero, este... - Su vista bajó nuevamente, hablándole a la clavícula del hombre en lugar de a sus ojos, y extendiéndole una de sus manos para demostrar con claridad su intención. Quizás la alegría de todo ello le hacía aventurarse a más de lo que usualmente haría. - ¿Se-Sería posible que me ceda su mano un instante? O, um, cualquier cosa, realmente. -
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Dom Feb 14, 2016 4:41 pm

No solía mencionar que dominaba, o más bien que manejaba a modo a su parecer, básico, las artes oscuras. Con el tiempo había aprendido a base de experiencias, que no era la mejor manera de proceder pues las reacciones de los que no eran adeptos a los campos arcanos reaccionaban de las peores maneras posibles, podía pasar de simple desentendimiento al más visceral de los repudios o el más profundo terror. El caso era que con aquel hombre aquello era su vértice, donde ambos se unían en común, y no era como los profesores que había tenido en Renais, más bien sabios viejos que apenas dejaban la biblioteca, si no que un hombre joven que llevaba sus investigaciones al campo, incuso a la práctica sin preocuparse por lo mal que pudiese verse. En Renais, pese a ser una escuela declarada abiertamente a lo arcano, mantenía un bajo perfil debido a la población que la rodeaba, los pobladores y mismo la nobleza del lugar respetaban pero porque eran mantenidos en ceguera ante las prácticas que la doctrina arcana realizaba, no había a la vista los cuerpos empalados, desmembrados, deformados por el paso destructivo de aquella magia, las viseras ofrecidas sobre círculos de invocación eran puestas en los sótanos más oscuros tras varias puertas con pesados candados, ni siquiera se veían ni los efectos ni los instrumentos de tortura que aquel hombre tenía tan tranquilamente dispuestos brillando a la luz de la lámpara sobre la mesa. El bajo perfil del instituto era una obra tan bien montada que muchos de los habitantes hasta ignoraba que el sacrificio, el sufrimiento y la muerte fuese siquiera parte de la magia oscura, como si la palabra "nigromancia" no estuviese allí más que por decoración, a vista del pueblo de allí solo habían magos de largas túnicas ingresando a una construcción un tanto alejada a los cuales solo se les respetaba como sabios, respeto con un ligero temor por lo desconocido de su sabiduría por parte del pueblo ignorante. No podía si no sentirse cómodo en aquel lugar y en compañía del príncipe y si bien era un tanto extraño tener todo lo que había ocultado allí tan a la vista, no era un sentimiento negativo, incuso era un alivio poder sacar, quien dice, los trapitos sucios al sol.

El sonido de los huesos quebrarse, ceder bajo el peso y brutales impactos de la bota del príncipe era un sonido seco y húmedo a la vez, limpio pero con un eco viscoso demasiado característico como para no ser reconocido, la cacofonía siniestra hizo que las orejas de todos los felinos presentes se moviesen en aquella dirección, así como la atención del hombre de cabello emplumado que sintió un estremecimiento cuando vio con sus propios ojos como el peso del arcano hundía el pie el pecho hasta que asomaron por entre la vestimenta desgarrada el blanquecino marfileo inconfundible de los huesos de aquel desdichado, y tal como había sospechado, infortuno destino le había aguardado a que lejos de perder la vida, no sería menor el suplicio de aquellos huesos rotos que le impedirían realizar incluso la acción más básica de respirar sin padecer una agonía continua. Estaba habituado a la sangre, a los huesos rotos, al sufrimiento ajeno y los sollozos y lamentos de los arrepentidos, incluso las maldiciones a su persona y al destino al que caían, era casi que pan de cada día en su profesión, pero seguro sería a un nivel totalmente diferente en la doctrina compartida por ambos hombres, apenas si había tenido experiencias con un sujeto de pruebas, apenas si había utilizado su magia en algún emergido que llegaba por el desierto o en la intimidad de sus aposentos con algún esclavo de descarte solo por aquel placer morboso que aquel poder le daba al quitar la vida con él.

Con la copa de vino en la mano, de brillante material, se veía que estaba pulido meticulosamente pues ni siquiera las hendiduras del tallado estaba ennegrecido, reflejaba los reflejos naranjos en su superficie e incluso líneas de colores claros donde el deformado reflejo del duque decoraba. La luz no llegaba al interior del recipiente por lo que su contenido parecía negro, igualmente al llevar bajo su nariz la copa, el aroma del vino no daba a dudas de su contenido. Bebió un trago corto mientras sus ojos se dirigían al anillo que antes había mostrado el príncipe, le era inconfundible aunque era la primera vez que veía uno, pero era que un anillo de oro tan grueso en su dedo con el escudo de la casa de un noble era solo permitido entre la nobleza real. Intentó no ser impertinente y volvió la mirada a aquellos ojos melancólicos al hablar
- Comprendo perfectamente, si es por su comodidad permítame asegurarle que son obedientes, y si se les pide permanecer en su forma civilizada, lo harán. Les he entrenado yo mismo y uno fue de una camada que mi padre mismo crío desde cachorros, le puedo asegurar que son fieles, obedientes y especialmente limpios. Por favor, descaradamente le solicitaré que no les compare con las bestias que corretean sueltas revolcándose en su propia porquería o los esclavos de los puertos que lejos de estar entrenados simplemente son bestias asustadas por un látigo.  - Compartía en parte la opinión del príncipe mas sus esclavos eran diferentes y se aseguraba de dejar eso en claro, los laguz a sus ojos eran criaturas sucias, de escasa inteligencia, salvajes y desagradables desde cualquier punto que los mirase, incluso, como toda bestia salvaje, de olor profundo y despreciable que solo podía matar después de meses de baños y cuidados a su pelaje así como un cambio a sus costumbres... en caso más extremos en machos no tenía más opción que mutilar sus genitales para evitar ese aroma almizclero que ni el baño ni los aceites podían vencer.

No fue falta su atención al gesto que los labios del arcano melancólico hacía, una sonrisa sutil se formó a la presencia del alcohol, un placer que Faysal disfrutó en silencio, una pequeña victoria, así como apreció la mirada en la propia mientras relataba, la atención de aquel hombre era simplemente exquisita, tan dedicada y respetuosa que incitaban a uno a extenderse más en sus explicaciones. Enseguida alzó su mano mostrando su palma con un gesto de negación, aunque era más bien típico de sus tierras y podía ser que el arcano no comprendiese por lo que agregó enseguida con un tono similar, aunque ligeramente más ronco a causa del vino, como si el terciopelo ahora se deslizase a contrapelo contra el cello
- No, mas quisiera. Los tomos que alberga la biblioteca de Renais son demasiado avanzados, con solo posar mis dedos sobre sus páginas comprendí que si bien, podría llegar a intentar conjurar ese poder, me arrancaría la vida como precio, mínimo. - una sonrisa afable se mostró en su rostro perdiéndose enseguida al sumirse en sorpresa ante las palabras del arcano, intentando disimular aquello tras el borde de su copa al pasar un trago del vino - Realmente es sorprendente y admirable, desconocía completamente la posibilidad de poder iniciarse en solitario... así mismo el practicar en uno mismo. He oído sobre Plegia tanto de forma positiva como negativa, se me ha dicho que es un país muy cerrado a los suyos y no son muy bien recibidos los extranjeros. También me han recomendado ir efectivamente allí a mejorar mis estudios. Lamentablemente no es algo que pueda permitirme ¿sabe? una internación, como se me ha dicho, no está en mis posibilidades faltar por demasiado tiempo en mis tierras.  - siendo el único regente de Sodoma no podía simplemente dejar sin vigilancia un lugar con tan delicado equilibrio en la paz, así como leyes y costumbres tan conflictivos para los extranjeros quienes abundaban debido al mercado.

Al notar que el nivel del vino había bajado dejó su copa sobre la mesa parcialmente despejada y tomando con delicadeza y un poco de parafernalia excesiva al verter el vino rellenando la copa con un ligero inclinar de su cuerpo y no solo de su muñeca, el tintinear de sus joyas y la caída de su cabello airoso por las plumas solo agregaron más gracia al ya delicado movimiento. Volvió a dejar la botella y colocar el tapón de vidrio encima para evitar que el aroma se escapase y regresó su atención al príncipe y a su petición, no podía negarse ni pensaba hacerlo. El contacto físico era algo sumamente natural en él, era parte de la cultura de su ducado y como había sido criado, extendió su mano hacia la del príncipe arcano, sus delicados dedos de uñas pintadas de negro pasaron con un roce por debajo de la mano ajena huesuda, tenía manos grandes incluso más que las del hombre de ojos dorados. Se inclinó a la vez que levantaba la mano ajena y la yema de su índice rozó por debajo el anillo de oro que representaba el país que gobernaría, sus labios hicieron contacto en la pieza de joyería sin siquiera rozar la piel ajena, una muestra de respeto y reconocimiento hacia su posición nobiliaria, apenas apartó su rostro al tomar la mano con su otra y sujetándole con ambas girarla para tener frente a si la palma del príncipe.
- Por favor, permítame mostrarle la esencia de lo que se me fue sembrado y que con sacrificio he cultivado. - susurró aún inclinado delante de su alteza real, mirando desde aquel nivel claramente inferior cerrando enseguida sus ojos y volviendo a inclinar su cabeza dejando que la cortina de cabellos y plumas cayera sobre sus hombros y a los lados de su rostro dando aún más intimidad a aquel gesto. Sus labios se posaron en la palma de quien Faysal pretendía tomar como maestro, deseoso de tener lo que fuese necesario para ser aceptado, el roce fue sutil, apenas hizo contacto su labio inferior y un toque del pequeño piquito de su cupido. El flujo de magia oscura en su cuerpo era el mismo que el de su energía, así que la forma más directa de mostrársela era a través de su boca por ende no había mejor manera de hacerlo que así. Concentró su atención en aquella sensación pesada, fría y cálida a la vez, que siempre cargaba consigo, la obligó a concentrarse en su pecho antes de hacerla subir por su garganta y depositarla con un sutil acezo que le conllevó a una ligera sensación de ahogo por un momento, no acostumbraba manejar su magia de aquella manera, pero la pequeña entrega estaba hecha, directa sobre la palma del arcano, el lugar más receptivo que tenía. Apartó un poco su cabeza levantando su torso, soltando su mano pero sin quitar las propias, dejándole apoyarla sobre estas si lo deseaba, esperando una sentencia del otro no emitió sonido alguno, solo el silencio de quien espera ser juzgado.
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Pelleas el Lun Feb 22, 2016 2:04 am

De haber captado su atención, habría repudiado la reacción de los esclavos laguz al crujir de la caja torácica de su sujeto de pruebas. Primitivos y salvajes como los creía, cínicamente habría tachado de poca sorpresa el volver de sus orejas hacia el ruido, seguramente llamados por el instinto de cazar o el aroma de la sangre que inevitablemente escaparía cuando una costilla fracturada atravesó la piel, en un grotesco ángulo hacia adelante. Sin embargo, su atención yacía ya en el duque en lugar de su séquito, sopesando con sorpresa y alivio sus palabras. Insistía en que aceptase a los esclavos que había traído, mas al hacerlo marcaba una distinción tan clara respecto a bestias poco civilizadas, que podía asumir que compartían visión respecto a la raza en general, aún si los suyos no le parecían demasiado distintos aún. Pero podía confiarle sus límites a un hombre que hablaba de otros laguz de ese modo. Si había otra forma de incular comportamientos y modales en ellos fuera de la punta de un látigo, la desconocía por completo, pero el esclavista frente a él comprobaba con innegable veracidad que podía hacerse y lo había hecho. - Confío en su palabra, Faysal. - Dijo. Fiarse y ceder estaba en su naturaleza, pero creía que lo hacía correctamente en aquel momento.

Pese a continuar evadiendo verle por largos momentos, llegaba a captar detalle de la sincera forma en que le daba su atención, el profundo y calmo tono de su voz. Era tranquilizador, agradable a sus oídos; una persona a la que podría oír por largos períodos de tiempo, si acababa por pedir en mayor detalle el resto de su historia. Por el momento, sentía cierta culpa por no poder corresponder a su consideración siquiera sosteniendo su mirada, pero no podía hacer mucho más que intentarlo de entre sus momentos de mayor distracción. Imaginaba la biblioteca y los años dentro de sus murallas, la clase de magia arcana que se le hubiese enseñado, su mente se adentraba de sobra en ello y sus pausas eran largas, admirativas. De cierto modo, el alcohol ayudaba. No porque restase a su inhibición, su resistencia era alta y serían bastantes copas más antes de que aquello fuera a suceder, sino por la comodidad que al ambiente confería, el poder mirar el líquido oscuro en la copa ajena cuando la alzaba y disfrutar el distintivo sabor que perduraba en su garganta. - Ah... los que mencionado deben de haber sido tomos superiores. ¿Quizás hasta un ejemplar legendario? ¿O una copia de uno? He leído de casos en que los han reproducido exitosamente. - Conjeturó, considerando ya esa noción como un buen motivo para mantener en pie sus intenciones de visitar Renais. - En el instituto de Plegia eran conservados a plena vista bastantes tomos poderosos, hasta se le permitía al alumnado intentar emplearlos, sólo con comunicar que se creían capaces. Era algo un poco, um, pernicioso, a veces. No dudo en creer que hayan habido varios más resguardados fuera de mi vista o la de otros alumnos temporales, pero no llegué a aproximarme a algo así. Quizás en una futura visita... - Dijo. En su momento no había pensado en tomar los libros que consideraba fuera de su rango, demasiado prudente como para eso, mas había visto con interés los intentos ajenos de liberar sus hechizos; cuan poderosos e incontrolables parecían, exactamente cómo se volvían contra los magos soberbios e inexpertos, y las secuelas que dejaba un fallo. Todo había sido de utilidad para él, como espectador.

La primera copa de vino fue dejada cerca de la suya, servida una nueva cantidad de la bebida. Y Pellleas no perdía detalle, con suma curiosidad, de lo gráciles y ligeros que eran los gestos de Faysal al hacerlo. Extraño, pues si pensaba en aquella delicadeza y si contemplaba los detalles como el maquillaje sobre sus pestañas, lo largo que dejaba su cabello o las plumas que se mezclaban entre el negro, podía hacerse una impresión relativamente femenina. Y sin embargo, al ver al duque, jamás lo parecía. Una cosa armonizaba con la otra y no dejaba de lucir masculino, bello y llamativo para ser un varón, pero incuestionablemente uno. Tan sólo cargaba sus grueso físico con una elegancia que al hombre de Daein le resultaba ajena; así lo hizo al rellenar su copa de vino, así lo hacía al tomar su mano sin demasiado contacto real, inclinarse, llevar sus labios a la gruesa pieza de joyería con un gesto que, pese a lo medido y respetuoso, le hizo apartar la vista rápidamente. No hubo forma en que fuese discreto; antes de que los labios ajenos tocaran el oro bajó la cabeza tanto más, rápido y hasta algo sobresaltado, inclusive audible en tomar y contener su aliento. - E-Este... - Murmuró, tales gestos muy escasamente le eran dados y no era lo que había esperado al pedirle su mano, pues algo mucho más leve habría sido suficiente. A falta de palabras que lograse articular, dio una pequeña risa nerviosa cuando el hombre le giró la palma, sólo aquella exhalación, y alzó la vista a su rostro al verse algo confundido. - U-Um. -

El duque no parecía haber terminado. Razonablemente, pues un beso sobre un anillo distaba de ser lo suficientemente personal como para permitirle percibir su magia. Sus palabras se lo confirmaron, aunque el gesto a continuación le pareció pasar de lo personal a rozar lo íntimo, y ese sí lo presenció en su totalidad; no pretendía apartarse de Faysal ni retractarse de aquella oportunidad, pero ojalá y le tragase la tierra bajo sus pies para evadir al menos el vergonzoso instante en que su mano tembló en el agarre, antes de que lograse controlarse. Forzándose a ignorar el calor que tomaron sus propias mejillas ante toda esa situación, apretó los labios y llevó su atención tan sólo a lo que fluía entre ellos, casi tangible. La magia parecía atravesarle la piel, no un etéreo hálito que se tradujese en un inocente cosquilleo, sino un poderoso frío que se forzaba a través de los poros, tomaba un espacio y un peso al pasar por su mano hasta su muñeca, diluyéndose en algún punto allí. Acostumbrado a ese particular dolor, se permitió sentirlo en cada instante, apreciar la fuerza de ello. No cabía duda que era un mago oscuro, y que era muy bien albergada y mantenida la energía en él. Buscó su mirada y le encontró expectante, sujetando aún sus manos.

- Ah. P-Por favor cese de ha-hacer eso. Ya lo he notado. - Avisó; su mano libre fue enseguida a posarse sobre la ajena, no se negaba en absoluto a que se arrodillasen frente a él ni se mostraba incómodo con hablar en esa posición, tan sólo era un beso tan concienzudo de un varón lo que le descolocaba, era eso lo que con su mano prevenía. En su nerviosismo sujetó la mano del otro mago con un poco demasiada fuerza, esbozando una sonrisa algo animada. - Es usted muy afín. Está a muy buen término con lo que reside en usted... - Declaró con cierto orgullo, claramente en aprobación. Cabía cuestionarse si lo que había sentido había sido influenciado por las páginas de Ruina que llevaba ocultas al borde de la ropa, no obstante, de ser así, se habría tratado tan sólo de un potenciador, una expresión de lo que el duque poseía. Aquello seguía siendo claro a sus ojos, respaldado por el crónico murmullo en su cabeza que por un momento se había intensificado de sobremanera.

- Volviendo a lo que pretendía proponer... um, no, más bien plantearle... ya que es imposible para usted acudir personalmente a Plegia o tomar estudios allí, no sería problema para mi compartir lo que yo he aprendido en mi estadía. Cargo apuntes muy detallados al respecto, claro que no es precisamente lo mismo, pero aún así. - Ofreció de buena gana, hasta algo emocionado él mismo por la idea, sentimiento que mostraba a través de apretar aún más la mano ajena. No se consideraba precisamente un maestro ni un sabio, pero dada la situación y por mero aprecio a la doctrina, no estaba en contra de ello. - O lo aprendido en mis viajes en general, si gusta. Quizás sea mejor así, es posible que las bases mismas de lo que conocemos difieran de un lugar a otro, así como... - Suavemente soltó al hombre de Jehanna, estirando una mano para tomar de la mesa los últimos tomos de magia oscura que había estado utilizando, enseñándolos. Uno de ellos se veía considerablemente más roído que el otro, con la portada casi que en negro y un rotulado bastante artesanal sobre esta, mientras que el otro parecía un libro de más cuidadosa edición. Se trataba de su primer tomo de Ruina, aquel que había obtenido a duras penas en Tellius, y uno de los nuevos con los que se había abastecido en Plegia. - Así como un hechizo básico posee ligeros cambios de simbología, de nombre o hasta de invocación en distintos lugares. Sería maravilloso para mi conocer el uso de su magia y la forma en que ha aprendido a usarla. -
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Miér Feb 24, 2016 8:33 pm

Ser un hombre de Sodoma era en definitiva lo que mostraba ser el duque de dicha región. Las ropas livianas eran aptas para la vida en el desierto, los colores claros reflejaban el sol y mantenían un poco más fresco el cuerpo bajo estas, sueltas hasta casi los tobillos cuidaban la piel del astro abrazador y utilizando una segunda a modo de capa sobre su cabeza, normalmente asegurada con una cadenitas de oro con un dije colgando obre su frente dejaba la larga tela caer sobre sus brazos y su cabeza para protegerse en caminatas o travesías. Sus pies no tocaban la arena ardiente por lo que solía ir descalzo, pues solo las calles de tierra lisa y loa interiores de su palacio tapizados de finas alfombras era lo único en su tierra natal que llegaba a pisar, si no siempre a lomo de bestia o en otros casos en carros. En este caso, fuera de su tierra sus pies descalzos pisaban sobre un área sucia pero no caliente, incuso sentía un poco de frío en aquel lugar pero asumía que sería por la noche que les había caído, de bajar más la temperatura y no ir a descansar seguro su felino gris se aproximaría en sumo silencio y manteniendo una considerable distancia sosteniendo su capa de abrigo, a la espera de que fuese solicitada. Oro y maquillaje no eran más que decoraciones, muestras de nobleza en sus tierras, enmarcar sus párpados era simplemente realzar el idioma de las miradas, perfilar la belleza de los ojos donde se creía que estaba la verdadera intención de las personas. La diferencia de culturas no solo estaba en creencias si no que también en la estética de su gente, perfecto ejemplo el de ambos nobles parados uno frente al otro siendo ambos de la misma doctrina, casi misma altura y con el potencial de ser tan parecidos y sin embargo eran como dos caras de una misma moneda.

A pesar de las diferencias, sus viajes le habían hecho abrir un poco más su cabeza a aprender sobre otras culturas, sobretodo sobre otras reglas de etiqueta, por lo que el beso y la inclinación habían sido correctas, o al menos eso esperaba, ante el príncipe de tan distinguido país, siendo este vecino de Begnion utilizaba la etiqueta de dicho país esperando no equivocarse y ofender al superior. Sus ojos se cerraron solo el tiempo justo, la concentración que era necesaria dar a aquel acto, no más ni menos, la energía había sido entregada y su mirar expectante se alzó quedando el duque aún incado frente al príncipe, cabellos oscuros caían sobre su rostro al haberse inclinado tendiendo a amontonarse sobre su ojo derecho rozando su mejilla y las plumas cosquilleando en el costado de la mano real cuando apartó su rostro; su lengua rozó sus labios, un poco fríos por su propia energía y resecos ante el paso de tan mortífera magia incluso para su dueño, o podría ser la presencia de un hechizo demasiado cercana y ajena al mago de cabellos oscuros. No faltó de ver el nerviosismo atravezar las expresiones del melancólico arcano, sus ojos se removieron un poco nervioso antes de bajar la mano del duque con un gesto bastante brusco dejando un tanto atónito al patricio que no terminaba de comprender si le había ofendido en algún grado o simplemente no había sido suficiente su poder para atraer la atención del otro. Al hacer siquiera amago de retirar su mano sintió la presión, el agarre posesivo del otro y su miraba buscó la ajena, oro contra zafiro y pudo ver que no había rechazo que inicialmente había creído, la profunda voz del futuro regente de Daein se lo confirmaba y el actual regente de Sodoma suspiraba casi a la par mientras se alzaba más tranquilo al respecto.

Despertaba su interés de manera hipnótica, los gestos del hombre eran firmes, incluso un poco fuertes, acompañaban a su cuerpo alto y ancho aunque no había esperado precisamente eso del arcano de espalda ligeramente curvada y ojos cansinos, interesante a su propia forma de ser así como en su propuesta la cual no pudo pasar por alto, sus palabras se apresuraron en muestra de su interés y su entusiasmo
- Sería un completo honor ser su pupilo en la doctrina. Si bien dice no haber tenido avances en sus años iniciales en Daein, el simple hecho de mantener su energía en movimiento es más de lo que yo he hecho. Deshonor sobre mí que habiendo aceptado este poder solo le he hecho dormir en mi interior por años, dejando que, incluso en las tierras que poseo y donde mi palabra es ley, he de ocultarlo como si de una vergüenza se tratase. - oculta la mitad de su rostro bajo el espeso manto de plumas y cabellos ébano en muestra física de su pena, sin despegar su rodilla del piso aún se mantenía altura por debajo hasta que su mano fue liberada y tomó aquello como permiso para ponerse nuevamente de pie.

La presentación de los libros atrajo de inmediato la atención del esclavista, su mano se levantó apenas separándose de su cuerpo, ni siquiera llegó a tronar sus dedos que el felino de pelaje gris moteado, cola alzada de abundante pelaje suave y terso, se acercó en un andar ligero casi en punta de pies que recordaba mucho a su naturaleza gatuna aún estando en su forma humana
- Mi libro y mi capa. - la petición fue corta y sin palabra emitida por parte del esclavo, que ni siquiera había entrado en el campo de visión de su amo antes de que este hablase, se giró sobre sus pies y fue a paso presuroso pero delicado hacia donde aún estaban desempacando. No tardó en regresar con una tela amplia de tonalidad bordó con su interior en un tono más oscuro de marrón y un sobre de cuero negro con gruesas costuras y grabados en repuje de garabatosos diseños. El sobre de gran tamaño fue puesto en las manos del duque que procedió a abrir la tapa y sacar de su interior un libro, estas acciones no eran interrumpidas mientras el esclavo procedía a colocarle la amplia tela sobre un hombro y cuidadosamente acomodaba su cabello sobre esta mientras la pasaba por su espalda y sobre su otro hombro cruzando con cuidado por su frente, acomodando enseguida sus joyas por encima, más que una capa parecía ser otra prenda que cubría la túnica y caía hasta la mitad de sus brazos ajustándose un poco a su cintura donde el esclavo ató un nudo pequeño. El sobre de cuero fue dejado sobre la mesa y el aristócrata arcano presentó antes el príncipe un tomo de tapas de madera forradas en cuero teñido de violeta, en dorado tenía grabado el nombre del tomo, o aquello podría asumirse pues la tipografía no era conocida, sino más bien un conjunto de puntos y curvas [ تدمير ], debajo repujado se veía un pentagrama sumamente decorado pero este no estaba dorado a la hoja como el otro sino que simplemente era un desnivel más oscuro en el cuero. Reaccionaba al tacto soltando ligeras estelas negras, como un humo de incienso pesado que caía apenas perceptible en la oscuridad de la noche y su dueño no dudó en ofrecerlo a su maestro en inspección - Este es mi tomo, Tadmir se le llama, también conocido como Ruina. Le he adquirido en la escuela de Nigromancia y es el tomo con el que he tenido mayor afinidad. Según se me ha explicado no es uno de los más poderosos. - desconocía si tendría algo que ver que uno de los libros que mostraba tenía el mismo nombre que el suyo, sin embargo se veía bastante diferente, aunque había sido justamente aquello lo que le estaba explicando el arcano. Ansiaba poder ver como sería un hechizo en manos de su maestro y la diferencia que podría verse entre ambos.

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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Pelleas el Lun Feb 29, 2016 1:21 am

Verdaderamente, jamás había notado cuanto apretó la mano ajena en su momento o lo brusco que podía llegar a ser, a su discreta forma. Era torpe, aquello lo sabía con certeza. El resto simplemente venía a él, fuese por hábito o algo innato, inclusive meras expresiones de su recurrente ansiedad. Supo detectar, sin embargo, la importancia que el duque extranjero estaba dando a su juicio, aguardando con tal expectativa y tan sólo irguiéndose cuando soltaba él primero. Se sentía tan extraña esa mirada de iris dorada, pero imaginó que él mismo no se habría comportado de distinta forma, si un mago oscuro más experimentado hubiese aparecido frente a él mientras vivía en Daein. Lo comprendía. No cesaba de ser difícil verse a sí mismo en ese rol, instruyendo tan pronto, pero podía disipar el aislamiento de Faysal con el arte que dominaba, podía inculcar lo que para él era tan preciado, y era suficiente razón.

- No... no se preocupe. Yo tampoco practiqué abiertamente en Daein, entiendo las razones. También esperé demasiado tiempo, me limité, me resistí a ir demasiado profundo. La corte me recomendaba ocultar el don, así que es lo que siempre hice. - Explicó con lentitud, paciente, comprensivo, suavizando la mirada en remembranza. Era imposible no serlo con algo que él mismo había experimentado ya. La soledad del arcano, aislado y a la vez en compañía de lo que cargaba en su interior, era la dualidad más familiar que conocía. Un trago amargo y un cobijo a la vez. - Pero no renegó de lo que había dentro de usted, Faysal, como yo tampoco hice. Lo mantuvo consigo todo este tiempo, y he notado cuanto lo ha cuidado. Tanto como para venir hasta este lugar. Ha sido valeroso y admirable de su parte. - Sonrió con calma, un gesto diminuto y sutil. Siempre era tan fácil ver lo admirable en las personas que frecuentaba, no tanto en su propio camino, y había más de una cosa que admiraba ya en el duque, desde su porte hasta la comitiva con que se había hecho. Pelleas había comprendido en cierta medida el trato del hombre de Jehanna hacia sus esclavos, la cualidad de objeto que los hacía perfectamente ignorables si la situación lo ameritaba, meras herramientas para facilitar tareas; así, no prestó atención alguna al gato que iba y venía mientras hablaban, y tan sólo prosiguió. - Va a adentrarse en esto ahora, ¿no es así? Le ayudaré en todo lo que pueda. Le enseñaré lo que sé, si me muestra usted a su vez. -

Casi no reconocía palabras de ánimo como esas, salidas de su propia boca con tanta seguridad. Se le hacía tan ajeno. Suponía que era la necesidad urgente de apoyar algo en lo que con honestidad y vehemencia creía, como también reconfortar a alguien que se veía en una encrucijada otrora transitada por él mismo. Pequeñas muestras de fortaleza como aquella no le venían a menudo, pero ahora él mismo se sentía motivado a continuar. Vio la tela color vino ser acomodada sobre la figura del otro hombre, hábilmente puesta de tal modo en que se asemejaba a la holgada vestimenta debajo, decorada como todo en él al ponerse encima las joyas; con el dorado brillando entre su cabello azabache y la vestimenta bordó, de cierto modo le veía más como un mago oscuro. El libro lucía también concorde entre sus manos de uñas pintadas de negro. No intentó ocultar su fascinación por la fina edición de Tadmir, la peculiar tipografía o el diseño en su tapa, los libros eran un lugar de resguardo para él, no sólo los mágicos sino también toda clase de lecturas; incontables las horas, las noches que se quedaba leyendo hasta el amanecer, aún sabiendo que sería contraproducente a la jornada venidera. Amaba los libros en sí, magia o no, y aquel era un ejemplar hermoso. Tanto más lo era cuando los dedos de Faysal levantaban un hálito negro de su superficie, antojando al príncipe tomar el ejemplar entre manos. Ya llevaba un brillo de fascinación en la mirada, ya portaba una titubeante sonrisa al presenciar todo aquello. Que el otro mago se lo ofreciese le superaba.

- Ruina es una buena invocación pero, sí, se considera fácilmente fuera de los escalafones superiores de las artes oscuras. Aún así, Tadmir luce... muy distinto. Um, ¿con su permiso? - Su vista pasó un par de veces entre el hombre y el libro, preguntando para confirmar, aún cuando este se lo había ofrecido en primera instancia. Con un gesto entre nervioso y alegre acabó por tomarlo; apenas en el traspaso titubeó el hálito que rodeaba el tomo, removiéndose en un patrón algo alterado ante las manos de otro portador. Tangible y pesada, la oscuridad acarició sus dedos en cada gesto y movimiento, mas no le incomodaba en absoluto, sino todo lo contrario. Con sumo cuidado, una delicadeza inusitada para manos usualmente tan torpes, abrió sus páginas para mirar en estas, pasando a través de aquellas en que los hechizos ya entonados y utilizados se veían casi desvanecidos del papel. Llegó a las páginas frescas y cargadas aún, numerosas de allí en más, y su cansina vista pasó por las líneas al revisar lo escrito sin pronunciarlo. - El hechizo no parece ser distinto a mi Ruina o la de Plegia, o al menos no mucho. Leve diferencia en la invocación... - Concluyó, alzando la mirada de regreso a Faysal y ofreciendo una tímida sonrisa. - ¿Le importaría que lo utilizase? ¿Sólo un poco? Podría ser interesante. A-Ah, por supuesto, pediría lo mismo de usted con uno de mis libros, si no es molestia. -

El texto era casi igual, pero ansiaba constatar si lo que producía sería lo mismo. Sin descontar, por supuesto, la forma en que alguien estudiado en Renais lo utilizase. Se apresuró a extenderle sus libros, ambos de ellos, pues ninguno era tan llamativo como su extranjero Tadmir y difícilmente se sentiría justo en el momentáneo intercambio. Mientras lo hacía sopesó la forma en que habrían de probar, no tendría queja alguna con que el esclavista dirigiese hacia él sus hechizos, no temía a la magia oscura en absoluto y confiaba bastante en su resistencia al dolor, pero a la hora en que fuese su turno las cosas serían complicadas. Su mirada se desvió a un muy certero punto, visible su gesto y su dirección a la luz de las lámparas: miraba con completa tranquilidad al emergido atado en el suelo, jadeando superficialmente contra sus costillas rotas. Sin cambiar si quiera su expresión, sugirió con suma normalidad. - Puede probarlo en esa criatura. Pensaba llevarlo a la frontera y hacer algunas pruebas con la, um, línea de defensa que se suponía que repeliese a su raza... - Dijo, refiriéndose a la hilera de cuerpos en estacas al borde de su campamento. Un libro comprado a alto precio en Ylisse le había sugerido hacer eso, pero hasta el momento, no había funcionado ni una sola vez. Su intención era forzar al emergido justo frente a sus aliados y buscar al menos un ápice de reacción, posibilidad que veía demasiado remota ya. De todos modos el espécimen no soportaría mucho tiempo más, dañado y desangrándose. - Pero creo que puedo rendirme ya en eso. Sería más provechoso utilizarlo en esta práctica, después de todo. ¿Qué le parece? ¿Me concedería el honor de verle emplear su don? -
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 30, 2016 8:21 pm

La afirmación que el mago arcano hacía por sobre sus propias palabras referente a su afinidad con el libro solo acentuaban lo atrasado que se encontraba el duque en sus propios estudios. Era de su conocimiento lo poderoso que era en sus tierras, solo bastaba que se le viese con el tomo oscuro entre sus manos y el ligero hálito oscuro subiendo como finos hilos de humo de incienso para que los presentes, humanos y laguz por igual, temblasen de terror en las esquinas del ducado, sin embargo era un poder falso, pues entre otros magos de su misma doctrina no podía ser considerado más que un joven en entrenamiento, aún con un tomo tan básico entre sus manos. Un viejo dicho dicta que el tuerto es rey en tierra de ciegos, pero ahora comenzaría a recorrer tierras donde muchos de sus habitantes tenían los ojos muy abiertos al conocimiento arcano y los conocimientos que el arcano de cabellera ébano poseía de la materia no era más que la punta de un gran iceberg que era tan vasto en la materia como la parte oculta bajo la superficie, tendría que aprender a abrir sus dos ojos, su mente y su cuerpo para hacer crecer más aquella oscuridad que mermaba en su ser y comenzar a convertirse en un miembro digno de su secta.

Sentimientos encontrados lucharon en el pecho del mago al ver el hálito negro rodear ahora las manos de su nuevo portador. El tomo le aceptaba y reconocía como digno de su uso cosa que afirmaba la afinidad y poderío mágico de aquel ser arcano, sin embargo no podía evitar sentir aquel ligero tinte de celos y traición por su propio libro, siempre fiel a él y de su propiedad. Dejó aquellos sentimientos pasar, no dejarse dominar por cosas tan calientes y enfriar su pecho y cabeza a la pura lógica, a verle como su tutor y superior, su llave a abrir aún más puertas de conocimiento y ascender en los escalones de lo que aún era desconocido para él en la doctrina. Extendió su mano para indicar que procediera cuando la solicitud del arcano de mirada melancólica
- Adelante, ya el hecho que se muestre interesado en mi tomo es un alago, no puedo tomar más que como un honor que lo utilice. Lamento no poder ofrecer un tomo mejor. - notificó con un tono cortés mientras bajaba ligeramente su cabeza, cabellos ébano resbalando sobre su hombro nuevamente hacia adelante perdiendo el lugar donde el felino les había acomodado momentos antes, como una tela más quedaron oscureciendo su hombro y ahora parte de su pecho. Pasos más atrás el felino seguía de pie a respetuosa distancia, con sus manos a su espada y cabeza en alto, solo sus orejas grises se movían cuando captaba algún movimiento; los laguz a su espalda acomodando aún el equipaje y acondicionando donde su amo estaría, al emergido que ya su respiración gorgoteaba por la sangre que se acumulaba en sus pulmones, probablemente perforados por las costillas fracturadas. La frondosa cola apenas se movía, solo su punta muy suave, serpenteante, atento y listo para cualquier orden que le siguiese pero a medida que los dos hombres continuaban hablando y no parecían necesitar de él, retrocedió. Primero un paso, silencioso, un segundo y finalmente se dio vuelta regresando a sus tareas, enseguida volviendo a dar órdenes a los dos humanos que apenas podían calmar al felino de pelaje rojizo. Incluso entre esclavos había una jerarquía y aparentemente aquel felino estaba en un escalafón lo suficientemente alto como para darse el lujo de dar órdenes. Enviando a los humanos a ayudar con el desempaque se quedó él con el felino nuevo hablando en voz baja, aparentemente calmándole.

Una opción era presentada frente a si por el otro arcano. Se podría decir que dudaba, la mirada dorada del duque paseó de un libro ofrecido al otro. No dudaba por que considerase injusto el cambio, por el contrario no se creía merecedor de tomar uno de aquellos tomos, si bien no eran tan vistosos como el suyo y tan bien cuidados, tenían algo que apreciaba mucho más: el uso. Ambos estaban usados, incluso uno costosamente mantenía sus hojas dentro y se debía de ayudar con una fina cuerda de cuero, detalle que hablaba bien del mago de cabellos violáceos, se preocupaba de mantener sus libros en el mejor estado posible pese a su uso y desgaste. Ese libro era el que parecía tener mayor historia, incluso veía manchas de sangre en los bordes y un arrastre de dedos oscuros que seguramente habrían pertenecido a su dueño, se podía leer en aquella mancha el desespero de alguien que se aferra a su tomo como si este hubiese sido la única salida a una situación de vida o muerte, y seguramente lo hubiese sido. No se creía merecedor de utilizar un libro con tanta historia, pero quería saber cómo se sentía, si aquel libro había sido capaz de embeberse de la energía de cada momento, si había quedado rastros de magia de cada vez que había sido utilizado. La curiosidad le venció y su mano se dirigió al tomo más dañado, aquel que había venido mismo desde Daein y había acompañado desde el inicio de su viaje a su maestro, un libro más valioso a su vista que un tomo producido en masa en Plegia o el suyo, más atractivo a la vista pero igualmente producido en serie para los alumnos de la escuela.

El roce de las yemas de sus dedos sobre la portada despertó aquella energía dormida y latente, el hálito oscuro de ligera tonalidad violácea, diferente ligeramente al de su libro, se alzó y envolvió como una serpiente los dedos del patricio de Sodoma, pero como si no le hubiese reconocido, austero, el hálito se retiró disolviéndose en el aire. Los movimientos de su mano se detuvieron, casi como si tratase con un ser vivo volvió a intentar otro acercamiento, esta vez más firme, imponiéndose frente a ello, alzando el tomo entre sus manos y esta vez despertando, llamando él mismo a aquel hálito que volviendo a hacerse presente se fundió con sus manos, se sentía mucho más pesado, frío y filoso.
- Le ha utilizado recientemente... aún se siente vibrante su magia en estas hojas. ¿Está bien si utilizo este? Espero que no lo considere un atrevimiento pero me gustaría sumar mi presencia a la historia que este tomo carga. - Comprendería si recibía una negativa, pero si se le era ofrecido no veía problema, sin embargo creía prudente expresar sus intenciones, pues no era simplemente utilizar un tomo como si fuese de simple magia elemental, la magia oscura estaba viva y parecía tener intenciones propias, usando al mago oscuro solo como un instrumento para manifestarse.

Siguió la mirada de su hermano de doctrina hasta encontrarse con el convaleciente engendro, examinando al maldito mientras escuchaba la explicación, ahora cobrando algo de sentido aquel macabro espectáculo de estacas con cuerpos empalados rodeando el campamento
- Procuraré reponer su criatura cuando terminemos. Y no veo porque se detendrían ante tal espectáculo, estas criaturas no parecen tener empatía, ni siquiera por los suyos. Les considero menores que las bestias pese a su forma engañosamente civilizada. - los collares tintinearon cuando se movió, llevando el libro con sumo cuidado hasta su pecho y visualizando el entorno - Quizás fuera prudente preparar un poco el lugar, será rápido, le pediré a mis esclavos que lo acondicionen. Permítame ofrecerle otra copa de vino mientras espera. - volvió la vista hacia la mesa donde aún descansaban las copas y el contenedor de vino.
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Pelleas el Lun Mayo 16, 2016 9:11 pm

Podía comprender, en lógica, el por qué del profundo respeto que aquel hombre le dedicaba, mas nada haría que terminase de asumirlo o que se acomodase por completo a ello. Era su superior en doctrina y un excelso en rango, como estudiante ya avanzado de artes oscuras y como príncipe de Daein, empero no conseguiría por mucho tiempo aún verse a sí mismo en ninguna clase de pedestal. Inseguro de cómo reaccionar a todo ello, no pudo sino intentar tomarlo con calma, sonreír nerviosamente, regresarle la leve inclinación de la cabeza. Era un hombre admirable y digno el que se tomaba todas esas molestias con él. A sus ojos, una situación demasiado dispar. - E-Está más que bien, por favor no se preocupe, Faysal. - Intentó enmendar, agachando la cabeza al clavar la vista en la tapa de Tadmir. Cual fuera el tipo de escritura que lo rotulaba, no podía leerlo, pero el libro debía de ser toda una obra de arte por parte de la escuela de Renais. No imaginaba mirarlo en menos. - Conozco mis libros, conozco lo que invocan y cómo se manifiestan conmigo. Ansío ver si aquellos mismos hechizos, con la sola diferencia de invocarse en un tono forjado en Renais, se manifiestarán de la misma forma ahora. Es una oportunidad excelente. -

Aguardó a que el otro mago eligiese a su vez un libro, no sin considerable ansiedad por el conjunto de hojas desprendidas y manchadas que tenía él por su primer tomo. De algún modo, era justamente ese el que parecía tener la atención de Faysal, por sobre el aún sano ejemplar plegiano. Anonadado, el joven príncipe se mordisqueó la comisura del labio un tanto. Otra cosa más que no entendería del hombre de Jehanna; tan buen sentido parecía tener para la belleza tanto como para la finura, y se fijaba en algo así. Intentó proseguir impasible, aunque su mirada ya no estaba en él. - La otra prueba de mi interés es, justamente... ver a un mago instruido en la escuela nigromante invocar los hechizos cuya forma y manifestación ya conozco. Y vice versa, claro está. Sólo gracias a su presencia aquí y a lo que carga consigo puedo realizar esto, le estaré y estoy ya muy agradecido. - Dijo. En cuanto terminó, su mirada captó algo de movimiento tras el hombre de cabello largo, distrayendo en este su atención. Movimiento y voces, acalladas pero presentes, proviniendo de los esclavos algo apartados del par de magos.

En ningún momento había oído a los laguz del esclavista hablar, caía en cuenta de ello recién entonces. No habían pronunciado una sola palabra, en todo el tiempo que habían estado allí. Quizás eso había contribuido a que dejase de notar sus presencias. El hecho de que estuviesen hablando en ese entonces tampoco parecía una ocurrencia casual, sino una señal de que algo extraño sucedía. Algo parecía andar mal con uno de los felinos, exigiendo la atención de otro de ellos. Cuando el peso de su tomo mágico dejó su mano, Pelleas regresó la vista al hombre frente a sí, captando tardíamente el sonido de su voz.

- ¿Ah? Uhm... - Bajó la vista al libro. Parecía que Faysal había conseguido que su energía fuese aceptada por este al menos. Pelleas no había sido el primero en poseer ese tomo, por muchas manos de comerciantes y coleccionistas había pasado antes de llegar a él, mas sí había sido el primero y único en invocar sus hechizos. Esbozó una leve sonrisa al oír el acertado juicio del duque sobre su uso; no habría sabido identificar si estaba orgulloso de quien se suponía fuese su pupilo ahora, o si sólo se ilusionaba más aún de la conección que les unía. - ¿Puede sentir la magia residual? ¿El desgaste de sus hechizos? ¡E-Eso es fantástico! - Alabó, titubeando al alzar un poco la voz por sobre su volumen usual. A él mismo jamás le había sucedido, aunque tampoco había intercambiado libros con otro mago en el pasado. Si lo pensaba en extensión le generaba cierta inquietud, pues ese libro y la magia que había liberado de él le habían visto en algunos de sus más angustiantes momentos, varios que deseaba enterrar en su memoria y de la sola sospecha de que otro ser humano pudiese siquiera percibirlos, pero quería creer que eran preocupaciones exageradas. Asintió con lentitud. - Lo he utilizado muchísimo. Me ha acompañado desde el principio y a través de muchas, muchas circunstancias. Es el libro con el que me inicié, la energía más familiar que conozco. Debe de sonar, uhm-- debe de sonar algo extraño, pero es como si... hubiese mucho de mi en ese tomo. Si hay algo más que perciba usted al utilizarlo, por favor hágamelo saber. -

Pronto lo comprobaría. Siguió la mirada del duque al ambiente a su alrededor, el descampado vacío y silencioso alrededor de la capilla, tragado por la oscuridad a excepción de la pequeña área que las velas y lámparas abarcaban. Estaba relativamente despejado, exceptuando tan sólo el material que Pelleas comúnmente dejaba afuera, material que no estaba seguro de querer que otro tocase. Dio un paso hacia sus mesas de trabajo, sólo en caso de. - No se preocupe de reponer a la criatura, pero ah, adelante. Quizás deban de vigilar el perímetro, en caso de que sea atraída alguna clase de, um, atención indeseada. O resguardarlo, si desea tener al espécimen suelto para esto, en caso de que haga un intento de escape. Fuera de eso, no estoy muy seguro de qué... - Terminó en un murmullo. No sabía qué tanto acondicionamiento era el que desearía el duque, pero de un modo u otro, que se le ofreciese alcohol era algo a lo que no se negaría prácticamente nunca. Aceptó aquello con un complacido asentimiento.

Regresó a tomar su copa, cuyo contenido había dejado sin terminar. Dando la espalda al descampado y a los esclavos, la empinó para apurar ese par de tragos que suponía había sido descortés dejar, extendiendo la copa vacía al duque en tácita petición de más. Mejor brindar vino nuevo con él. Igualmente aprovechó el momento de aproximarse con la copa para ir unos centímetros de sobra más cerca del otro hombre, miró de reojo a los laguz y musitó con cautela al dueño. - Uno de sus esclavos parece... alterado. - Se refería, por supuesto, al felino de cabello rebelde y rojizo. Aún con el gato de angora tomándose el tiempo de hablarle y tranquilizarlo, no parecía que estuviese del todo bien. Seguía dando uno que otro paso atrás o adelante, intercambiando ocasionales palabras con su compañero. Desconfiado de los instintos y los comportamientos de los subhumanos, Pelleas no podía sino guardar algo de cautela.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [8]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 14, 2016 10:52 pm

NO ME ODIES TnT:
Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón... mucho tiempo sin responderte, lo lamento tanto!! DX ya te doy cierre al tema, lo lamento... sé que solo le quedaba una respuesta y te la he demorado dos meses. No me odies, perdón -se me te de nuevo bajo la piedra de la vergüenza.-

El que el mago arcano de mayor nivel estaba expresando era algo que nunca había surcado siquiera la mente del sodomita, un experimento tan válido y obvio que era sorprendente de que no tuviese una respuesta y que esta fuese dada en las clases de las escuelas de las artes oscuras. Los hechizos eran los mismos, o al menos la composición y lo que estos decían, las ordenes que se les daba a la energía oscura que habitaba en el interior de cada arcano pero esta podía ser diferente, los magos eran diferentes, también los libros, podría ser que incluso hubiesen pequeños cambios en la redacción. El intercambiar libros con un mago arcano instruido en otro lugar era una tarea que sonaba simple, pero era la primera vez que se reunía con otro practicador de dicha doctrina, en sus clases se le había dicho que eran escasos los hombres que podían contener la energía oscura en su interior y había muchos que la rechazaban sin ser capaces siquiera de intentarlo, algunos incluso muriendo en la misma iniciación. De todas maneras ahora la duda también estaba en él, aún sentía como traición de su tomo aceptar sin dudar a un nuevo amo pero nuevamente barrería aquellos sentimientos de su pecho, mantenerse de mente fría era primordial frente a su maestro. Quería ver como se vería un hechizo de su libro manifestado de las manos de otro mago, uno de mayor experiencia y de otra parte del mundo, ya había visto, sin embargo, que sus profesores y maestros conjuraban de igual forma, pero a final de cuentas era de quienes habían aprendido así que no era de extrañarse.

El levantar de su mentón fue acompañado del sonido de sus collares, siempre acompañándole en cada movimiento y haciendo su presencia no tan silenciosa y bastante más particular, los ojos dorados del patricio también se alzaron bajo las espesas pestañas, el punto negro de su pupila era más evidente aún a la luz de las velas cercanas, había detectado algo de duda en la voz del príncipe e intentaba discernir la causa al ver su rostro pero no parecía ser tan trasparente como para poder verlo a simple vista
- Puedo sentir esa energía ligeramente. - confirmó con un sutil inclinar de su cabeza, como siempre su timbre profundo y vibrante de voz cortando el silencio del devastado lugar que residían por el momento - No tan clara como me gustaría, solo lo suficiente como para saber cuándo ha sido usado... un poco el humor de la última vez que ha sido usado... - cerró sus ojos pasando sus dactilares por la portada, como si moviese ondas en el agua la pesada energía, manifestada como neblina negra, se movió a su alrededor y acarició la mano que le rozaba, sus comisuras marcaron unas leves arrugas en los costados de su boca cuando sonrió delatando que ya no era un muchacho joven - Se lo haré saber si siento algo más, pero apenas un deje de... ¿miedo? ¿desesperación? ¿odio? ¿resentimiento? es bastante confuso pero creo que es lógico si la última vez lo ha utilizado en batalla. - sus dedos viajaron por el cartón hasta el lazo de cuero, su índice y pulgar jalaron hasta que el nudo cedió y puso abrir las primeras páginas. Sombras de letras, antiguamente deberían haber hechizos sobre esas páginas pero una vez utilizados se desvanecían dejando sólo palabras desvanecidas, huellas del poder que aquel libro había contenido. Cada página que pasaba veía una historia distinta pese a lo vacío de estas, cada hechizo usado era una situación, un logro o una frustración, un grito de auxilio o un cántico de victoria, llantos de los caídos y perdidos así como lágrimas de alegría por lo que prevalecía. Todo eso y más podía estar escrito en lo que tenía delante, hechizos utilizados hacía demasiado tiempo como para que el arcano sodomita pudiese sentir algo. Finalmente las últimas páginas, más rotas y manchadas de sangre, seguramente donde el príncipe había dejado de estudiar y había salido al mundo, donde sus conocimientos habían sido utilizados en guerras y enfrentamientos más decisivos. Y la primera página con letras, letras de un idioma ya muerto que solo los arcanos aprendían a interpretar. Pasó nuevamente sus dedos por allí y finalmente cerró el libro apretándolo contra su pecho para alejarse del moribundo emergido que ya daba sus últimos alientos ahogados.

Dejó sobre la mesa el libro, con cuidado como si se tratase de un objeto sumamente delicado, como si no fuese más que delgadas hojas de cristal, no sabría que haría si llegase a romperlo, si alguna hoja llegase a caer o peor, las tapas se desprendiesen, mejor ser extra cuidadoso. Asegurado de que el libro estuviese lejos de peligro y lejos del vino o el fuego tomó el contendor para volcar algo del líquido en la copa del príncipe que parecía disfrutar bastante de aquella bebida. Le ofreció una sonrisa
- No se preocupe, mis esclavos dejarán todo listo y despejado... - apartó la mirada cuando fue llamada su atención, la cercanía que mostraba el joven noble de cabellos azulados no le molestaba, siquiera la notaba, era demasiado sutil como para incomodarle y acostumbrado más a las costumbres de Sodoma aquello no era absolutamente nada, ni siquiera había contacto. Pero eran sus palabras que le preocupaban y le borraban la sonrisa, no aceptaba insubordinaciones entre sus esclavos, incluso le era difícil de imaginar a alguna insubordinación con sus cercanos que era los que había traído, pero al ladear su rostro y ver a lo que refería el arcano soltó un suave suspiro de alivio - Ese... le encontramos en el camino hacia aquí, aún no está entrenado, he de admitir que ha estado bastante bien portado en el viaje. - mientras hablaba se llenó nuevamente su copa de vino y acercó la misma al filo de sus labios, solo dejando que el aroma llegase a sus pulmones en el suave respirar, un poco pensativo mostró una sonrisa tras la copa, bebió un trago que saboreó antes de pasarlo - Creo que no necesitaremos ir a buscar una criatura para las pruebas. Solo beba y relájese, me encargaré del resto. - Inclinó su cuerpo en una reverencia antes de dar media vuelta, su cabello haciendo un abanico a su espalda y con la copa aún entre sus dedos se alejó hacia el esclavo felino. Su mano libre descansó en el hombro de su hombre y miró al alterado de cabello rojizo, solo unas palabras fueron necesarias para que este mostrase una sonrisa y asintiera con su cabeza, lentamente su cola salió de entre sus piernas y se puso a llevar el equipaje dentro de la estructura. A solas con su felino de espeso pelaje se inclinó tanto que sus labios parecían rozar su oreja, esta se movió cuando el duque susurró y con la cola alzada en atención movió su cabeza de manera afirmativa mostrando una sonrisa altiva antes de ir en trote silencioso hacia el interior del edificio para comenzar los preparativos. Desde la distancia el duque miró al príncipe, su brazo se apoyaba en su pecho y sobre este descansaba su codo que alzaba en el extremo de su mano la copa de vino, una sonrisa y un brindis antes de empinar la misma en un amplio trago vaciando su contenido.
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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

Mensaje por Eliwood el Jue Ago 04, 2016 4:46 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Pelleas ha gastado su Pergamino de Armas. Su nivel de uso de tomos pasa de nivel "C" (primero) a nivel "B" (segundo).

Ambos obtienen un incremento de +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
500


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Re: Reyes del Bajo Mundo [Privado; Faysal]

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