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En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

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En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Jue Feb 04, 2016 5:44 am

El viento de la costa estaba particularmente fuerte esa mañana haciendo que este se arremolinada  sin control o patrón posible. La joven Sail trataba de llegar a la costa lo más rápido posible, pero debía hacer un esfuerzo doble tratando de mantenerse estable en el aire y no ser arremolinada por las corrientes y lanzada lejos, eso sumado al esfuerzo que le implicaba mantener su forma bestial hacia que la muchacha se desesperara por llegar a la seguridad de su destino. En el ultimo tramo de su larga travesía, la pequeña cuervo tuvo que batir sus alas con locura para poder llegar en una pieza, y no ser impulsada por las ventiscas que amenazaban con estrellarla contra las filosas rocas. Cuando sus patas tocaron tierra, simplemente se desplomó sobre la hierba del claro, llevaba casi una hora volando sin descanso y el ultimo tramo había sido el más complicado, por lo que sus energías estaban completamente drenadas de su cuerpo. Pero pese al cansancio se las apañó para mantener su forma animal, ya que era la forma más segura de viajar en territorio humano. Sabia por historias, que un vigía mortal no haría gran escandalo por ver pasar un ave de gran tamaño, pero si veía a un humanoide alado, probablemente pusiera RL grito en el cielo.
Con eso siempre en mente Sail se incorporó del suelo y aleteó un par de veces para secar de sudor sus propias alas y se permito mirar con sus agudos ojos su entorno por primera vez, ya que hasta entonces solo se había dirigido hacia la primera señal de tierra que había visto.

Estaba al borde de un risco pedregoso de negras y filosas rocas, pero más haya de las pierda se podía visualizar el comienzo de una arbolada. El olor de la madera se filtró entre las corrientes, haciendo llegar hasta la nariz de la cuervo el inconfundible olor a fresnos y eucaliptos, para la cansada muchacha, la idea de encontrar alguna semilla que poder llevarse al pico dio las energías que le faltaban para poder ponerse en pie nuevamente y alzar vuelo corto hasta los árboles. Voló al ras del suelo, ya que incluso en la seguridad de la costa el viento era demasiado fuerte como para que fuera seguro ganar altura, pero tras unas pocas y cortas aleteadas, pudo llegar a la seguridad de tierra adentro. Ahí, a los pies de los altos árboles el olor de la madera y hojas se intensificó, llenando la nariz de la pequeña con una deliciosa variedad de esencias de distintos tipos de madera, alzó vuelo hasta posicionarse en una de las ramas bajas, pudiendo visualizar mejor el interior de la zona boscosa. Vio algunas deliciosas semillas colgando de las ramas más altas, y solo verlas casi logra que se abalanzara sobre ellas, pero el aroma de algo más apetecible a nivel del suelo hizo que desistiera y bajara la mirada al piso. Sobre un colchón de hojas secas, al pie de un gran fresno, dormían plácidamente un suculento y bien maduro grupo de manzanas rojas, tumbadas torpemente en el suelo, casi esperando por la cansada y hambrienta muchacha.
Sail, quien era victima de la fatiga por la larga travesía, no se detuvo ni un segundo a pensar en lo extraño y anormal de la situación, y siendo guiada únicamente por su bestia interior, se abalanzó sobre las jugosas manzanas con seguridad y decisión.

Cuando la gigantesca red se cernió sobre ella, la muchacha estaba tan sorprendida que apenas tuvo tiempo de cubrir su cabeza entre sus alas. El impacto de las gruesas cuerdas la azotaron como duros latigazos, elevando a la joven de su sitio y dejándola pendiendo a pocos metros del suelo dentro de una gran red de cáñamo. El impacto de la trampa al activarse, habían echo que la joven perdiera las pocas energías que le quedaba haciéndole imposible seguir manteniendo su forma laguz y dejándola tendida en la red en su débil aspecto beorcino. Indignada, la muchacha bailo dentro de su prisión tratando inútilmente de escapar, pero solo consiguió enredarse más dentro de la trampa. Rendida se desplomó sobre sus ataduras y se limitó a mecerse en la trampa, mirando melancólicamente al suelo. Desde este, las tramposas manzanas parecían burlarse de ella.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 05, 2016 5:23 pm

Transitaba seguido las costas de Begnion así como sus límites con Gallia evitando Goldoa, aves y felinos eran sus objetivos, quizás algún conejo pero ni por cerca buscaría un dragón, demasiado peligroso e inestable como para poder domarlo para sus fines. La cacería de laguses era casi que deporte para personas acomodadas en la sociedad en aquel lugar y si bien muchos lo hacían, la mayoría buscaba solo diversión en destruir al marginado o una linda piel para adornar su pared o piso de la mansión, pero el duque de ojos de oro tenía planes más rentables en mente, viendo inútil simplemente eliminar un excelente recurso que podrían ser perfectamente utilizados. Cada viaje de cacería en aquellas tierras le dejaba de 20 a 30 nuevas pieza para trabajar de las cuales con suerte podría rescatar dos o tres y el resto simplemente venderlas en el tablón del ducado. Si bien solo se llevaba lo que considerase de calidad, nada de especímenes viejos, demasiado heridos, con malformaciones o enfermedades, piezas jóvenes, fuertes, agradables a la vista y sanos eran los único que llevaba, los otros simplemente los soltaba o si necesitaba los mataba para utilizar su carne para alimentar a las otras bestias, claro, no si mostraban signos de enfermedad. Si bien solo se llevaba lo mejor pocos se amoldaban a la vida de Sodoma, pocos podían ser entrenados a su gusto y transformarlos en la crem de la crem en lo que esclavos se trataban, los que no podía no gastaba recursos y simplemente los vendía como mano de obra en bruto, sus nuevos amos sabrían hacerlos trabajar a punta de látigo si era necesario y por un precio extra él se dedicaba a extraerle las garras y los colmillos a los felinos así como los talones a las aves si ponía nervioso aquello a su cliente.

Había llegado una mañana a aquella zona y con sus acompañantes había pasado casi todo el día dejado varias trampas a lo largo de la costa suroeste de Begnion, cercanas estaban las islas de los laguz avez por lo que sus trampas eran para estas, tenía un gran repertorio de trampas para poder cazar sin necesidad de dañar a su presa, pues un esclavo herido o dañado bajaba abruptamente su valor en el mercado. Colocó cuerdas con lazos en las ramas más altas, con nudos fuertes de una vía para que no pudiesen quitárselos sin un objeto afilado y cebo para que cayeran confiados en lo que parecían inocentes ramas con alguna que otra hiedra que no eran más que las cuerdas disfrazadas, también colocaba redes mezcladas en las altas copas de los árboles ocultas entre el follaje espeso de estos para que se enreden sus alas y patas, incluso en forma humana siendo difícil su escape, aunque si forcejeaban mucho a veces había encontrado a más de un ave con alguna ala o pata quebrada. Hojas amplias de forraje pintadas con sabia pegajosa era otra de sus predilectas, el pegote hacía que se pegaran en sus plumas y quedasen adheridos allí sin dañarse demasiado, agua tibia y paciencia arreglaba las plumas y en caso de arrancarse algunas crecían a los pocos meses. Incluso algunas trampas más básicas eran colocadas como redes a nivel del piso por si algún felino pisaba o algún ave bajaba, aunque mucho menos por temer capturar a algún humano que pudiese alzar represarías contra él y generarle problemas al gobierno local, tenía permiso del país para cazar laguz allí y no quería perderlo, prefería hacer las cosas dentro del marco legal de ser posible, aunque eso significase algún que otro soborno. Había terminado de colocar las trampas la tarde anterior y en la mañana había pasado a revisarlas sin encontrar nada en esa parte de la costa, haciendo una pequeña pausa para almorzar y seguir recorriendo, pues nunca era bueno dejar demasiado tiempo un laguz en una trampa sin que llamase la atención, se lo robasen o lograse escapar. Ya caía la tarde cuando regresaba acompañado de dos de sus esclavos más fieles y compañeros. Un tigre de pelaje marrón y un gato gris de pelaje largo que siempre le acompañaban, esclavos que tan bien le habían quedado en su entrenamiento que había decidido quedárselos para él.

Se acercó a la trampa activada viendo un bulto de plumas negras y telas marrones colgado tenso de la rama curvada por el peso, girado graciosamente en el marco de árboles del espeso bosquecillo con las manzanas abajo, alguna que otra había rodado más lejos por la activación de la trampa. Tomó una de las manzanas, roja y brillante, habiendo sido lustrada antes con una tela áspera para sacarle brillo suficiente para que llamase la atención de cualquier animal en el opaco piso de aquella arboleda, se adelantaría solo él, sus dos esclavos más atrás, manteniendo distancias, parados en su forma humana esperando alguna orden de parte de su dueño. El hombre camino dibujando un círculo alrededor de su presa observando el pequeño tamaño de esta, su ojo entrenado buscaba detalles, color de las plumas, forma de las alas, color de ojos y piel, todo lo que determinaba la raza de aquella ave
- Hola pequeño cuervo, oh, perdón, pequeña. ¿Te encuentras bien, necesitas ayuda? - sonaba suave y cálido como el amor incondicional de una madre, le alcanzó la manzana, seguramente lo que había hecho que la joven cayese en aquella trampa. La mirada del esclavita era aún más afilada que la de un felino, delineada en negro y con espesas pestañas incluso para un hombre, ensombrecían y enmarcaban aún más sus orbes dorados ligeramente almendrados, su cabello formaba una capa oscura sobre sus hombros y espalda pasando su cadera prolongado no por su largo si no por una cantidad de plumas negras y marrones, de cuervos y halcones, que cuidadosamente había entrepeinado entre sus cabello como su fuesen alas oscuras detrás de sí, si bien vestía sumamente simple con una túnica blanca la cantidad de oro que colgaba de su cuello, muñecas e incluso sus tobillos engarzadas con piedras rojas hacían que cada paso fuese un tintineo metálico pese a estar descalzo.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 05, 2016 10:05 pm

Habían pasado un par de horas desde que la trampa se había activado, la joven laguz se limitaba a columpiarse en su prisión, completamente rendida en el fondo de la red. Había pasado toda la tarde mordisqueando y arañando aquellas gruesas cuerdas sin ningún resultado mas que curtirse las manos y un muy mal sabor de boca. Ahora, con lágrimas en los ojos, la muchacha había pasado los últimos minutos tendida boca arriba preguntándose si alguien vendría a rescatarla o si ese sería el final de su historia. Pensaba en su hogar, en sus padres y sobre todo en su rey, al cual iba a fallar en su encargo. Este ultimo pensamiento logró que volviera a caer en llanto suelto, doblándose sobre si misma y tratando de esconder su rostro entre sus manos, pero enredada como estaba en la potente red, no podía hacer ni eso.

Desconsolada estaba, hasta que el viento volvió a girar trayendo con él unas extrañas fragancias hasta su nariz. La inconfundible escénica de felino le invadió, de haber podido, se habría incorporado de un salto, más solo pudo retorcerse inquieta. Eran dos escénicas, similares pero diferentes al mismo tiempo, y después, llegando más demorada que sus compañeras, la tercera se hizo presente. La muchacha nunca había sentido esa presencia con tanta proximidad, pero la conocía muy bien. “ Un beorc…” se dijo a si misma. La piel se le puso de gallina, nunca había estado tan cerca de uno, y pretendía que esto siguiera así, si bien nunca había interactuado con uno, siempre le habían advertido que mantuviera distancia de éstos seres a los que la mayoría describían como “ bestias sedientas de poder y de sangre”. Beberían sangre de verdad? La muchacha no quería quedarse para averiguarlo. Con energías renovadas volvió a zarandearse dentro dé la red, mordiendo y arañando desesperadamente.

Las tres enigmáticas escénicas finalmente llegaron hasta ella, la cual se quedo quieta al instante que los vio. Eran dos hermanos laguz, un tigre y un gato que caminaban a la par con este … enigmático humano.  Lo primero que llamó la atención a los ojos de la codiciosa ave, fue la gran cantidad de oro y joyas que este hombre de gran porte llevaba. Sus ojos eran fríos y su sonrisa lo era todavía más, pero su andar era lento y sus movimientos delicafdos, dejando la la emplumada sin idea de que pensar. No pudo evitar removerse en su prisión tratando de alejarse de él, si bien todavía no había dicho una palabra, todo en él la ponían nerviosa.
Vio como el humano comenzaba a dar círculos alrededor de ella, analizándola con esos fríos y calculadores ojos. Sail podía sentir como todos sus músculos se ponían en tensión por mero instinto, y con los dientes apretados solo pudo verlo pasar. Que estaba haciendo? Porque dos hermanos laguz viajaban con un humano? Sabía que algunos laguz solian estar en buenos terminos con los beorc, pero había algo en la actitud de estos dos que la dejaban con un mal sabor de bocaQue estaba pasando?
Cuando levantó la manzana del piso y se la ofreció con aquel maternal saludo no le quedó más dudas, está trampa en la que había caído había sido puesta por el humano, y encima ostentaba burlarse de su desgracia. Poseída por una flamante irá, la muchacha no pudo contener su chillona voz.

-Maldito beorc! Como te atreves a tratarme así! Sácame de está prisión y quizá perdone tus ojos!-
- Cuando mi gran señor se entere de está ofensa, la pagaras caro! -
-Libérame! Obedece!-


Volvió a sacudir frenéticamente la red, tratado esta vez de romperla usando la fuerza de sus propias alas para ello. Evidentemente resultó en un esfuerzo inútil y la pequeña volvió a caer rendida entre las cuerdas. Con la respiración agitada volvió a mirar a sus hermanos felinos.

-Ayuda! Por favor! Sálvenme!!-


Grito desesperada con la esperanza depositada en su propia raza, y con ojos llorosos vio como estos simplemente se quedaban observando sin hacer nada.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 08, 2016 8:25 pm

Los aromas que inundaban el bosque eran bastante fuertes, las maderas de los árboles solían despedir su aroma con el vaho del aire y pese al clima despejado al estar cerca de la costa se cargaba de humedad el ambiente, la cercanía de la costa agregaba a su vez un aroma salado y fresco, el césped y la fruta daba un tinte dulzón a aquella mezcla natural. Lejos de lo natural era el aroma de santos, perfume de dios, que cargaba el aristócrata, incienso, mirra, oro y bálsamo eran las fragancias penetrantes que se podían percibir en el hombre de cabellos ébanos, fragancia sumamente fuerte para la delicada nariz de un felino. Ligeramente picante, a tierras exóticas, humos y metales olorosos era la esencia que probablemente nunca había percibido en su vida la pequeña, mucho menos de un humano. Como una pincelada de gris sobre un óleo de un cielo encapotado era apenas perceptible entre tantos diferentes matices el aroma a cuervo que podría emanar de su cabello, proveniente de las plumas de dicho animal, laguz, que tenía entrepeinadas junto con las de halcones.

Sus joyas tintinearon mientras caminaba era el único sonido que emitía, pues sus pies descalzos se posaban demasiado cuidadosos sobre las hojas y el césped apenas haciendo un murmullo de sus pisadas, sin embargo las pequeñas medallitas que colgaban de las cadenas y placas de oro, unidas por pequeños eslabones, se movían con cada oscilación del cuerpo del patricio, brillando por los rayos de sol que se colaban costosamente a través del follaje en un tinte ligeramente verdoso jugando con los reflejos tanto en sus joyas como en sus ojos del mismo tono que el oro que portaba sobre su cuerpo. La elegancia de sus movimientos y la sutileza de sus gestos fue detenida abruptamente por la chillona voz de la joven colgada de la trampa, rompió la tranquilidad vida del bosque donde aves y otros animales se sobresaltaron, volaron fuera de los árboles e incluso sobre la rama que colgaba la trampa corrió una ardilla tan asustada que sus orejas estaban echadas hacia atrás y su cola tan baja que golpeaba la madera en cada saltito de huída que daba. Incluso ambos esclavos echaron hacia atrás sus orejas tensando los músculos de su espalda parándose más derechos dejando en mayor evidencia la diferencia de alturas y contexturas entre el felino gato y el tigre. El noble pestañó sorprendido ante tal fortaleza pulmonar y dejó caer la manzana tomando algo de aire antes de hablar, sintiendo que su voz era apenas una caricia sobre la cuerda de un violín en comparación los platillos cayendo por una escalera que era la voz de la menor
[color=#d9b45b]- ¿Gran señor? Mm... no tienes ninguna marca de propiedad, ¿quien es tu amo, pequeña? Quizás esté preocupado por ti. - [/b]era de notar el enojo de la cautiva así como su alteración, las aves eran criaturas sumamente asustadizas, no dudaba que los humanos bestia de esta raza lo fueran también, tan sencillos de alterar y asustar como para que se pusiera a gritar de aquella manera.

Permitió que la pequeña se moviese inquieta, que gritase y forcejeara todo lo que deseara en la trampa, era a su favor que ella se cansara, que agitara su aliento y consumiera sus energías, correría menos riesgo de lastimarla en un forcejeo innecesario, dentro de las cuerdas de yute no tendría riesgo, estas, compuestas por yute seco al humo y tratadas con aceite mantenían su fortaleza fibrosa y flexibilidad, diseñadas para soportar a un felino embravecido no podría cortar aquellas cuerdas a no ser que fuese con una daga serrada, pues ni siquiera un filo liso podría penetrar aquello. Ante el pedido de ayuda a sus hermanos de raza, estos movieron sus orejas captando así la atención de ambos. El tigre de anchos hombros y pequeñas orejas redondeadas marrones movió su cola en un azote mientras desviaba la mirada ignorando el llamado, un tinte de culpa en su rostro bajando sus orejas. En cambio el gato de cabello negro y orejas jaspeadas en gris, puntiagudas por los largos pelos que prolongaban la puntas movió su cola frondosa ondulante a su espalda alzándola en atención así como sus orejas, había visto aquella escena cientos de veces, sabía que no había escape y sabía el destino que a la joven le esperaba y con una sonrisa filosa, desdeñosa donde asomaba sus colmillos mostró deliberadamente que no ayudaría a la joven.

Los crujidos de las hojas alertaría a la joven que el duque se acercaba, apenas un murmullo en su andar delicado pero si había suficiente silencio en el bosque ahora que las aves se habían callado solo quedaban las voces de ellos dos y el rumor del viento en las hojas de los árboles, se acercaría a la pequeña pichona nuevamente con su mirada interesada en su aspecto pero deteniendose en sus facciones al hablarle
- Mientras estés alterada no podré soltarte, creo que lo mejor será que intentes calmarte. Ellos no te harán daño, tampoco acudirán a ti, trabajan para mí. - Sus ojos perfilados por sus espesas pestañas sobre la línea de pigmento negro que decoraban sus parpados volvieron a examinarla, sus palabras intentaban distraerle mientras veía su estado de nutrición, el rostro así como los brazos eran lo primero en mostrar una desnutrición comenzando a chuparse, también buscaba signos de maltrato, suciedad o incluso sus ropas de que clase de calidad eran y que estilo poseían, pudiendo saber así si era una esclava de Begnion o del exterior. De encontrarla en mal estado no dudaría en llevarsela, incluso si ella decía que tenía dueño y pretendía permanecer fiel a este, no lo valía, alguien que no cuidase a su esclavo no merecía tener uno, menos uno derechamente exótico y con el potencial que podría llegar a tener aquella pichona de cuervo.- ¿Que hacías en este bosque tan apartado? - su tono en todo momento era suave y tranquilo, no admitía que eran sus trampas aunque no lo negaba precisamente.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Miér Feb 17, 2016 9:58 pm

Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras  inútilmente Sail intentaba estirar su menuda mano hacia los dos laguses que acompañaban al extraño hombre, mas cuando ambos se quedaron impasibles en su sitio la pequeña sintió un bloque de hielo en el estómago.  Uno desvió la mirada incapaz de poder  mantener el contacto con la implorante, pero su compañero sonreía con malicia disfrutando del lastimero espectáculo que les presentaba. Entendió que no podía contar con ellos, la piel se le puso de gallina mientras su mente daba vueltas a mil por hora tratando de entender que ocurría. Lentamente empezó a echarse para atrás dentro de su red pegándose lo más que podía a la pared de la misma, como si tal cosa ayudara en algo. Que ideas cruzaban en la mente de sus captores, que destino le tenían preparado? No tenía ni la menor idea, pero siempre le habían advertido que se mantuviera lejos de los humanos, ya veía que no eran meras palabrerías dichas por sus padres.

Las palabras del hombre llegaron como un eco lejano a la mente de la asustada ave, pero de igual manera hicieron mella en ella quien se giró rápidamente al escuchar la palabra mágica que había mencionado.

-S-soltarme?-   Dijo tartamudeando y secándose lo mejor que pudo la nariz en su manga.

-Por supuesto que me van a soltar! O acaso crees que soy un conejo o algo así que ha caído en tu trampa?!-

Si bien seguía manteniendo el tono altruista, su tono de voz era ligeramente más bajo y ya no se retorcía tanto en la red. Por una lado estaba terriblemente cansada, pero por otro también tenía la esperanza que el humano mantuviera la palabra y que la liberaría si dejaba de causar gran alboroto, se aferró con uñas y dientes a la idea de que se trataba de un cazador que no buscaba atrapar a la muchacha, sino algún animal con menos cerebro que llevar a la olla. Sabía que se mentía a si misma, pero no quiso perderla esperanza de que todo fuera un mal rato.
Pero el hecho de lo ricamente vestido que iba su captor, o que llevara acompañantes laguz… todos estos hacia que le un sudor frío le corriera la espalda.

-B-bueno que esperas?! Libérame humano! Que esta no es forma de tratar a una importante mensajera del gran reino de Kilvas! Si mi señor…-

Tuvo que interrumpir su discurso antes de tiempo, ya que había cometido el error de mirar al hombre a los ojos directamente. Aquellos discos dorados que la recorrieran de arriba abajo varias veces, tenían un efecto más aterrador cuando se los miraba directamente. El humano no había hecho una sola acción hacia ella, no le había tocado una sola pluma, pero el solo echo de tener sus ojos encima de ella, hacia que se le erizarán todas las plumas.
Como pudo se abrazó a si misma cubriéndose lo más posible de aquellos infernales ojos, cubrió su propio rostro con sus alas en un intento inútil e infantil por sentirse a salvo, dentro de un capullo de plumas.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Jue Feb 18, 2016 3:16 pm

No fallaba de notar que la joven chiquilla estaba un poco dispersa, sumida en sus propias lágrimas de desespero y pena parecía no caer en cuenta de la situación a su alrededor, ni de lo que le hablaba ni de los ligeros pasos que daba el esclavista sobre las hojas secas. Su captor no podía esperar menos, los animales solían mostrar esa clase de comportamiento cuando estaban asustados o acorralados, tal como una presa frente a un depredados que corría desesperada hasta quedar arrinconada, con un poco más de uso de razón o teniendo la capacidad de optar por una forma humana más civilizada, los laguz no eran diferentes a las bestias del bosque, mucho más sencillos de doblegar al saber que eran presa y prisioneros de su propio instinto más que de las cadenas que se les pudiese poner encima. Por dicha razón era tan sencillo doblegarles por el miedo, entrenarlos bajo el yugo de crueles castigos, amenazas de dolor, mutilaciones para que obedezcan, el temor de lo que podría pasar si desobedecían, cazarlos de jóvenes para romper su espíritu salvaje y solo gravar a fuego en las partes más profundas de su mente lo incapaces que eran de escapar de aquel ser superior que podía hacerlos retorcerse de dolor si quería, los humanos, específicamente, su amo. En cambio el sodomita no seguía dicho camino de entrenamiento, no si podía evitarlo. Su primera opción siempre era la más pacífica, acudir a los instintos y manipular estos para poder acercarse, mostrarse, no como una amenaza si no como un cercano, atraerlos a su lado y solo allí romper su instinto, hacerles dependientes, inútiles lejos de su persona, esclavos voluntarios que defenderían su calidad de esclavos en lugar de rechazarla, tal como los dos que le acompañaban.

Continuó paciente esperando, las lágrimas consumían energía, también sus forcejeos, así que consideraba que no tardaría demasiado en caer rendida. Al parecer algo había captado la atención del avecilla negra, sus alas parecieron tensarse un poco así como sus orejas mientras secaba el líquido que su nariz había desprendido a causa del llanto. No se hizo esperar los intereses de la menor, claro, no podían ser de otra manera ¿no era su libertad lo que un preso más ansiaba? tanto como para comenzar a tranquilizarse. Notaba, a través de las telas de su ropa, el pequeño pecho que subía y bajaba presuroso y errático, dominado por el cansancio y el llanto, sin embargo los tratos de la menor no parecían cambiar, ni siquiera mejorar un poco ante la promesa de libertad.
- Intentemos nuevamente pero con mejores modales ¿sí? No te estoy agraviando de ninguna manera para que te dirijas a mi persona con un tono tan desdeñoso... y llamándome humano como si no supiese lo que eso significa entre los suyos. Si viajo en compañía de laguz creo que debería ser obvio que estoy algo enterado de su cultura. - siempre había considerado que los cuervos eran la raza de laguz más astuta de las que él trabajaba, tanto como para disfrazar insultos en palabras que parecían normales o para engañar a los hombres para conseguir lo que deseaban antes de atacar como haría un felino. No se dejaría engañar, si bien uno de los dos laguz que le acompañaban era criado en cautiverio, nacido como sodomita en calidad del cachorro del duque, el otro, mayor, tigre de anchos hombros y piernas fuertes de los bosques de Gallia, había sido capturado años atrás y en confianza con el duque después de bastante forcejeo, le había confiado bastante de su vida.

Un gesto de sorpresa cayó en el rostro del patricio, ambas cejas se arquearon y su perfilada mirada se amplió al ver que la joven se interrumpía y se hacía un capullo, sin haber hecho absolutamente nada a su propia opinión, cerró sus ojos, largas pestañas bordeando el inferior y dejando más en evidencia la línea negra pintada sobre su parpado, hinchó su pecho en un suspiro casi silencioso que escapó por sus labios, miró hacia sus esclavos alzando su mano en un llamado reservado, señaló la cuerda tensa para que comenzaran a bajarla. El tigre se adelantó y con movimientos bastante hábiles, costumbre claramente adquirida, desató el nudo de la cuerda y comenzó a bajar, poco a poco, la prisión del ave. El gato, con andar delicado, apenas apoyando la punta de sus pies sobre la hierba, se acercó para recibirla antes de que tocase el piso, de cerca se notaba más que no olía simplemente a laguz, a felino, si no que compartía aquella esencia de maderas y especias que tenía el humano. No la bajó, tampoco la liberó, simplemente la sostuvo con una firmeza que podrían ser demasiado similar a la de un gato que acababa de atrapar una paloma.

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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 22, 2016 11:04 pm

Sali sentía el movimiento de su red siendo cortada para posteriormente colgar de los brazos del que, según su aroma, suponía era el gato. El súbito golpe de alturas hizo que se le hiciera un nudo en el estómago, si bien no había llegado a tocar el suelo, el choque contra el fondo de la red  había dolido igual. La situación cambiaba, podía escuchar los suaves pies de sus captores danzar alrededor de ella, más ahora no estaba completamente atrapada, tenía una  forma de escapar y era todo a sus afiladas garras de cuervo, las cuales dentro del secretismo de entre sus alas, afilo todavía más ayudándose de sus dientes, comiendo las partes redondas para volverlas todavía más afiladas a lo que ya eran.  Si bien le habían dicho que la iban a liberar, había algo que le generaba mala espina. Un aura dentro de los ojos de ese hombre que la hacían querer huir despavorida para no tener que volver a verlos jamás.

Espiando muy quieta a sus captores de entre sus alas, asomándose para mirar entre los huecos de sus propias plumas, esperó a que el felino desviase la mirada de ella, cuando lo hizo, no perdió el tiempo. Con un rápido arañazo atacó la mano que sujetaba el extremo de su prisión. No podría haber hecho nunca un corte de gravedad, ya que el espacio entre las cuerdas de su red y lo corto de sus dedos, no le permitían hacer daño alguno. Pero si le permitieron a su afilada uña, escurrirse entre las cuerdas para clavarse en la carnosidad de la palma izquierda de su captor.
El resultado fue exactamente el esperado, tras una breve exclamación de sorpresa por parte del felino, este instintivamente abrió su zarpa, dejando que red y cuervo cayeran al piso, todo por el mero reflejo del sorpresivo pinchazo

El golpe contra el suelo fue ciertamente más contundente que el anterior que había recibido, pero tampoco demasiado fuerte como para dejarle algo más grave que el costado derecho levemente sentido. Sin perder un segundo, la pequeña comenzó a rodar sobre sí misma, huyendo en una voltereta de carnero camino abajo con red incluida. La pequeña respiraba agitadamente mientras enfocaba cada fibra de su cuerpo a seguir en ese movimiento circular constante, sentía como cada irregularidad del camino se clavaba sobre ella en cada giro, pero igualmente no detenía su avance que la llevaría a una libertad segura, en lugar de quedarse a confiar en las promesas vacías del humano.
La boca de la red, la cual al verde librada del árbol, comenzó a abrirse lentamente, hasta que finalmente en un giro en el que una roca demasiado afilada engancho uno de los extremos, la pequeña Sail salió despedida de su celda, como una mariposa saliendo de su crisálida, al no sentir más la prisión de cuerdas a su alrededor, lo primero que intento hacer fue estirar las alas y volar lejos, convirtiéndose en cuervo para ganar más velocidad y fortaleza. Comenzó a brillar en su característica luz, tratando de adoptar su preciada forma bestial, mas no pudo más que emitir una tenue luz, cuando cayó completamente exhausta sobre la  mullida hierba. Sus alas apenas le respondían  y cada miembro de sus ser estaba ligeramente entumecido. Todavía conservaba la conciencia, pero no podía mover un musculo.
Inmóvil desde su lecho natural, con el corazón en la boca, volvió la vista hacia los que segundos atrás la tuvieran atrapada en la red.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 30, 2016 2:56 am

La joven ave negra cayó sobre los brazos del felino gris y tan pronto como este la aferró la soltó con un quejido de dolor y sorpresa, un chillido breve pero agudo acompañado con el llevar hacia atrás de sus orejas, así mismo lo hicieron las orejas del tigre marrón que era su acompañante alertando así mismo al amo de ambos esclavos. Un posible ataque de la cuervo podía significar atención extra, y no permitiría que un ave salvaje hiriese, siquiera con un rasguño a uno de sus esclavos más valiosos, criado en cautiverio había dedicado parte de su vida en su esclavo personal. El duque de Sodoma se adelantó con apremio, alarmado y buscando con la mirada señales de sangre o alguna clase de herida mayor en las manos y brazos de su esclavo distrayendo en un inicio su atención de la cuervo que en la red no esperaba que pudiese escapar tan sencillamente, cuerdas y nudos impedirían que se desenredase con facilidad. El felino observó su mano también y mostrando sus colmillos en un alzar de su labio superior en un gesto que mostraba muy claramente su lado animal observó a la niña cuervo rodar por el piso golpeándose contra las irregularidades de este. Al cerciorarse de que no hubiese herida alguna el esclavista volvió su atención a su nueva adquisición antes de que llegase a escaparse, molesto por aquel acto ya no mostraba una mirada amble ni gestos gráciles, alzó su índice señalando a la menor que salía de las cuerdas con dificultad - Cázala. - dictó con un tono frío y delgado como el hielo del lago en el primer frío invernal.

El felino de frondosa cola cambió su forma al medio salto, siento en su forma salvaje un animal de gran envergadura, tanto como la de una pantera pero con orejas puntiagudas como las del gato que era, de puntas afiladas y largos pelos más oscuros, su pelaje completo de manto gris nebuloso con sombras blancas como nubes de tormenta, su pelaje de angora le daban un tamaño mayor del real. Las patas de firmes colchones rosas aterrizaron contra el césped y hojas secas usando sus afiladas garras para afirmarse al piso al avanzar ya en carrera para perseguir al ave que también intentaba tomar su forma animal. Saltó al encuentro incluso antes que pudiese la pequeña darse por vencida, pesadas patas cayeron sobre sus alas afirmándole contra el piso, espaldas al jergón de caducas. Ocultó sus garras ni bien aseguró su presa, no era una presa para matar, solo apresar, pero las plumas perdidas por el ataque y el peso del gran felino daba casi seguridad a este que la pequeña no estaría del todo cómoda, a menos adolorida por el golpe. La espesa cola serpenteó sobre el cuerpo de caderas alzadas mientras la rosada lengua relamió sobre los afilados colmillos, hileras blancas de afilados dietes se asomaban sobre los labios del felino, movió sus orejas cuando el sonido de las hojas al romperse bajo el peso de los pasos de su amo. Una última mirada predatoria al ave antes de sentarse sobre su presa y levantar su mirada verde ácido hacia el duque de ojos dorados
- Tal parece que no podemos hacer esto por las buenas. Podríamos haber tenido un comienzo mejor pero es de obviar en tu comportamiento que no tienes intenciones de hacerlo agradable o siquiera sencillo, lamento decirte que no seré yo quien la pase peor en esto si no cooperas y eres buena niña. - se podría decir que el esclavista mostraba sus verdaderos colores en ese momento. El flexionar de una rodilla hizo que el cuerpo se inclinase un poco hacia adelante, collares y telas colgando desde su cuerpo tintinearon como un mensajero de viento en un sonido frío y delgado, los largos dedos de uñas negras rozaron los cabellos oscuros de la pequeña ave de mal augurio para despejar su rostro cansado, siguió bajando su mano por el costado de su rostro y recogió una pluma suelta la cual hizo girar entre su pulgar e índice. La observó por unos instantes, nuevamente esa mirada distante que miraba más allá del individuo, una mirada estricta que observaba la calidad y condición de la mercancía, su pequeño pecho se movía vertiginosamente, estaba agitada, signos de cansancio y miedo, no parecía tener ninguna herida a la vista, ni manchas de sangre u otras sustancias que en algunos casos el cuerpo saltaba bajo situaciones de miedo o estrés. No sería necesario restringirle el movimiento, al menos no de sus piernas y brazos - Gírala. - ordenó  el felino obedeció, retomando su forma civilizada la manipuló hasta ponerla boca abajo sobre la manta de caducas.

No necesitó revisar demasiado en su morral hasta tomar una larga tira de tela trenzada, liviana y suave pero fuerte, más flexible y menos dañina que una simple cuerda, el tono blanco y el aroma suave a incienso indicaba que habían viajado con él bastante tiempo aquellas herramientas. Con tacto firme y cuidadoso plegó las alas de la joven y pasó la tela trenzada por sobre estas, primero atando la parte superior por donde doblaba a los hombros de la joven apretando lo justo para que las alas se mantuviesen plegadas sin poder extenderse pero no demasiado, no pretendía dañarla ni siquiera por calambre. Un firme nudo afirmó aquello y una segunda cuerda ató las plumas largas contra la cintura delgada de la niña, un lazo y ató el nudo sobre el primero justo entre los hombros de la pequeña donde no le sería sencillo llegar sola a liberarse. Así evitaría que escapase volando e incluso su transformación al no tener espacio para aumentar su tamaño sin lastimarse con las ataduras brazos
- Arriba y camina. Tus piernas funcionan bien. - sin palabras dulces se puso de pie él mismo, el camino no era muy largo hasta donde tenía el carro con la captura del día.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Miér Abr 06, 2016 2:41 am

Tendida en el suelo la laguz fue capaz de escuchar las zancadas del feroz felino que venía por ella, intento incorporarse con todas sus fuerzas pero solo pudo removerse en el lugar, y cuando la bestia llego hasta ella descargando sobre su espalda el peso de su cuerpo sobre sus alas, la pequeña vació sus pulmones en el último grito de dolor que se pudo permitir. Sintió las afiladas uñas del animal como de habían clavado entre sus preciosas plumas, que ahora volvían a ocultarse dentro del felino, mas dejando las heridas abiertas sobre su víctima, y no conforme con eso, dejaba asomar sus afilados colmillos hacia su presa en una clara amenaza a la pequeña la cual solo temblar en su sitio concentrándose en cada bocanada de aire.
Los pasos del duque sobre las tempranas hojas caídas del otoño llegaron como un eco distante pero consiguiendo que el gran felino desviara la mirada de su presa dejándola dar un ligero suspiro de alivio, pues ya creía que se convertiría en la merienda del gato.

El noble ya no mentía, mostraba su verdadero ser a flor de piel, un cambio el cual Sail comparaba al que ella misma hacia cada vez que pasaba a su forma bestial, la única diferencia era que el humano no había brillado en luces mágicas para pasar por la metamorfosis.
Agazapándose sobre ella y encima osando tocarla con tanta ligereza que la llenaba de rabia a la pequeña. Con el poco aire que pudo juntar pudo murmurar unas pocas palabras entrecortadas

-No..me…to-ques….huma!-

Se tuvo que tragar esa última silaba, ya que el fornido laguz que tenía sobre su espalda, al escuchar las desdeñosas palabras dedicadas al su beorc, gruño en el acto acercado peligrosamente su hocico a la cabeza del cuervo, con la boca abierta muy cerca de sus ojos.
Temblando, solo pudo cerrar los ojos y tratar de apretar su ser más contra el suelo, mordiéndose el labio hasta que el gato apartara la cabeza, sin poder hacer nada contra el humano quien seguía haciendo de las suyas, mirándola y observándola como una mercancía, como si ella realmente no estuviera ahí, y fuera solo un gran costal de harina. Era humillante, y no tenía idea que se pondría peor.

A una orden de su amo, el gato retomó su forma humanoide y giró a la pequeña, manipulándola como si fuera una muñeca de trapo incapaz de ofrecer resistencia, dejándola sentada sobre la hierba.
Ahora boca arriba iba a continuar su sarta de improperios envalentonada por la nueva forma del laguz, pero antes de que pudiera decir nada, este coloco su mano sobre su pequeño cuello. No apretó, no  araño, pero mantuvo firme su garra sobre ella, con la amenaza punzante sobre tan vulnerable zona. Sail cerró con fuerza los ojos mientras obligaba a su mente a concentrarse en respirar. “Esto no está pasando. Es solo un sueño. Esto no es real” se repetía una y otra vez en su mente mientras sus preciadas alas eran amarradas a su propia espalda, mientras aquella atípica soga la atrapaba como una boa constrictor, negándole lo más preciado en la vida, su habilidad de volar. Cola las lágrimas corriéndole a ríos por las mejillas, intento un par de veces resistirse, mas al menor movimiento el gato hacia una ligera presión en su agarre, apenas un recordatorio de que debía obedecer, dejándole a la cautiva la única opción de apenas y tomar aire.

El noble coronó su completo trabajo con un nudo entre las alas de la chica. Cuando se apartó de ella, recién ahí el gato soltó su cuello, por lo que pudo volver a tomar aire normalmente, el cual de a grandes bocanadas lleno el adolorido cuerpo de la joven repleto de cortes y moretones.
Escuchó la orden que se pusiera de pie, pero solo giró su cabeza hacia el otro lado, demostrando que todavía tenía orgullo para quemar. Pero un corto gruñido del tigre, y un rápido tirón desde el nudo del gato, pusieron a la joven el la posición que se le había indicado. Mordiéndose el labio con rabia y teniendo un felino en cada flanco, Sail se dejó guiar por el perverso mercader hacia donde sea que la estuvieran guando. Apretaba los puños con rabia, y trataba de concentrarse en mirar por donde iba cara uno de sus pies. Forzó las ataduras de sus alas he incluso llegó a llevar una mano hacia el hombro. Pero el gato enseguida le intercepto la mano y se la volvió a bajar al mismo tiempo que le enseñaba los dientes.  
Volviendo la vista hacia la blanca espalda del esclavista.

-D-dijiste que me dejarías ir-

Dijo con voz entrecortada, en un tono lo suficientemente audible.

-Q-que quiere un humano de mí?  Mi señor no pagará gran cosa por mi rescate y … y no tengo nada de valor!-
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 16, 2016 6:21 pm

No se detuvo a observar a la corvidea levantarse, si tenía heridas o golpes eran demasiado leves, nada que un par de dias de descanso no solucionaran. Confiaba a medida justa en los dos esclavos que poseía, más aún en el felino que guiaba de cerca a la joven ave interceptando cualquier intento de rebelión o rescate, si bien el mismo laguz había desarrollado una ligera vena sádica tras una vida de ver de cerca a sus hermanos de raza e incluso etnia ser doblegados en voluntad y despedazados sus ilusiones de derecho de igualdad, en parte también actuaba en pro de las nuevas adquisiciones. Conocía lo que le sucedía a los que no colaboraban, a los que se resistían y el destino que les esperaba era mucho más oscuro que los de un laguz que era obediente. Estos últimos, si tenían la suerte de ser agraciados a la vista del esclavista y fuese por su aspecto dentro de los estándares de belleza humano y por sobretodo los estándares de belleza del sodomita, o por su valor en su raza, su edad o incluso el sexo del animal, estos "suertudos" tenían la oportunidad de tener un futuro menos traumático si lo aceptaban desde los primeros pasos. Llevados sin violencia, siempre intentando el camino de la palabra por encima del camino de las cadenas, eran entrenados y enseñados para servir a las altas esferas de los diferentes reinos, un esclavo de adorno, tareas ligeras y cuidados humanos como una cama cálida y cómoda, baños regulares, todas las comidas y atención del noble que había pagado una buena porción de su fortuna para tenerle. Estos eran los afortunados que conseguían una estadía en cautiverio incluso agradable para algunos pocos, la estadía de cautiverio que tenía el felino que nunca había conocido la libertad desde nacimiento y no sabía que anhelar, ni siquiera la deseaba tachando de estúpidos a quienes peleaban por ella. En cambio, también conocía por testigo directo la otra cara de la moneda, aquellos esclavos mal portados que tenían que ser limitados con cadenas, acallados a punta de látigo, que tenían que ser arrastrados por el piso y tratado con gritos y palabras despectivas, aquellos que su piel quedaba marcada de por vida por sus entrenadores  posteriormente por sus dueños, aquellos que eran expuestos sobre estandartes de madera en escasa ropa, examinados y tratados como una fruta de cuestionable calidad siendo apretados, tocados y jaloneados para después ser vendidos al mejor postor, los más suertudos terminaban trabajando en campos haciendo trabajo de músculo, otros encontraban alivio en el campo de batalla liberando sus frustraciones o pereciendo bajo el acero, los menos afortunados terminaban como material descartable trabajando casi sin alimento, ni agua ni descanso hasta caer rendidos y ser dejados a morir. Viendo ese abanico de posibilidades le convenía a la joven cuervo ser obediente y no generar problemas a su nuevo dueño.

Encabezando la procesión el esclavista se encontraba sin mirar hacia atrás, el felino doméstico caminaba al lado de la pequeña avecita y el tigre por detrás mantenía el área vigilada en completo silencio, solo los acompañaba el sonido de la respiración entrecortada y gimoteante de la pequeña cuervil apenas interrumpido por el crujir de las hojas bajo el peso de los andantes. La vocecilla sonó como campanitas en el bosque haciendo que el felino grisado moviese sus orejas hacia ella, el esclavista siguió caminando, ni siquiera se giró hacia ella al responderle
- Se dicen muchas cosas, pequeña, pero pocas se cumplen, palabras de humanos o beorcs, libres o esclavos. Las condiciones condicionan, querida. - pese a que no estaba a la vista de la joven los labios del pelinegro se afilaron en una sonrisa reflejo de lo que sospechaba, si tenía un amo y a parecer uno que no la trataba del todo bien. Descuidado el hombre que la poseía, ignorante del verdadero valor que tenía aquella avecilla de alas negras  vivarachos ojos carmines, de corta edad tendría bastante energía, de lengua ágil seguro que podría llegar a ser buena adquisición para cualquier comerciante y como había dicho era mensajera, así que tendría experiencia en socializar entre humanos. Podría sacarle más oro del esperado si lograba entrenarla. - Tu señor no sabe lo que posee, eres una pequeña muy especial. Vales más de lo que crees y si eres afortunada encontraremos a alguien que opine de la misma manera que yo. No es demasiado largo el viaje a la caravana pero si lo será al que será tu hogar por un tiempo. Por favor, no intentes escapar, será mejor para ti simplemente colaborar. - intentó ir por el camino de las palabras, siempre siendo la primera opción por sobre la violencia, no era de la preferencia ni el agrado del duque el recurrir a esos métodos pero a veces simplemente no había otra salida si quería que las bestias menos civilizadas entendiesen.

Tal cual le había dicho, no era demasiado largo el camino, apartado del sendero que se utilizaba por caravanas y viajeros para moverse dentro del territorio de Begnion se podía llegar a ver entre los árboles la caravana del pelinegro. El aroma a laguz llegaría a la nariz más sensible de las bestias que le acompañaban así como el de humanos, apenas unos pocos entre ellos, vestigios de mirra y sándalo salían del carro principal y aún había aroma a sangre en el aire de las liebres que habían carneado para la comida de ese día. Dos de los carros eran jaulas, no muy amontonados en uno se veían cuerpos cansados, con cadenas a sus cuellos y muñecas, atados entre sí y a los barrotes, orejas y colas felinas y un par de alas marrones; el segundo carro estaba con una gata de joven aspecto y un tigre también joven, sin cadenas solo encerrados conversaban en voz baja. Sueltos se veían tres laguz trabajando y dos humanos, ninguno de ellos con cadenas, ni siquiera alzaron la vista hacia los que llegaban
- Irá en la segunda jaula, si genera problemas a la primera. Partiremos bajo el velo de la noche. - anunciaba al gato más cercano, su esclavo más fiel. Se movilizaban en la noche, si bien tenían comprados los derechos de caza en aquel territorio no eran más que los derechos comprados en una mesa en una cena con un senador, no eran derechos oficiales ni alabados por las leyes del país. Iría con sumo cuidado como siempre lo había hecho.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Lun Jun 06, 2016 1:54 pm

Apretando fuertemente los labios, la pequeña fue forzada a poner un pie delate del otro por lo que sus pies poco acostumbrados a caminar, se sentían torpes sobre la alta hierba y más aun considerando que la emplumada ni zapatos llevaba. Levantó la mirada hacia sus felinos escoltas buscando algún signo de esperanza en ellos, algún rastro de piedad o compañerismo por una hermana laguz, mas solo consiguió que el veterano le desviara la mirada, y que el joven le mostrara los dientes en una sádica sonrisa. El esclavista la ponía nerviosa, pero ese gato que parecía disfrutar con lo que le estaban haciendo, la hacía sentir peor, por lo que desdichada volvió a dejar caer la mirada hacia sus pies.
Las respuestas del humano no tenían sentido dentro de los valores de la emplumada, la cual estaba a punto de volver a replicarle al alto y esbelto noble que enserio ella no poseía oro alguno, pero estaba atada y rodeada de feroces gatos, poniendo todo en la balanza prefirió morderse la lengua y dejar que el humano siguiera adelante y se sonrió por dentro al imaginar la cara que pondría cuando se diera cuanta que efectivamente no sacaría ni una sola moneda de entre sus pertenencias. “Humano tonto” repetía internamente una y otra vez convencida ciegamente que el propósito del humano era revisar entre sus bolsillos o exigirle el pago a su rey. Aunque como haría para enviarle la carta a su señor? Esos detalles extraños e inconclusos en su teoría le entretuvieron el resto del camino.

Al cabo de un rato llegaron efectivamente a la caravana del noble, el cual ya poseía otros especímenes atados y enjaulados en prolijos carromatos. La imagen que tenía enfrente le descolocaba tanto que la pequeña por unos instantes solo pudo avanzar mecánicamente mientras trataba de terminar de ensamblar la imagen que se le presentaba. Porque tanto laguz? Pensaba pedir rescate por todos? Un cuervo podría llegar a ser un rehén valioso, pero nadie en Gallia pagaría un bronce por un …
Quedó petrificada cuando la verdad terminó de dibujarse frente a él. Esclavos! Por supuesto! Como había podido olvidar tal hecho? No era su madre la que le contaba historias de humanos que llegaban con cadenas y raptaban a los niños e sus camas? Esa historia siempre le había dado mucho miedo de pichona, mas con los años y siendo recadera de las más importantes esferas de la nobleza en Kilvas, la imagen de los humanos le había sido cambiada de amenazas a clientes de comercio con los cuales debía tener mucho mucho mucho cuidado, por lo que no era raro que se le hubiese escapado este pequeño gran detalle.

El grito corrió libre por su garganta para afuera, un bramido mitad humano mitad bestial que colmó el tenue murmullo de la caravana, haciendo que todas las miradas se volvieran aunque fuera solo por un instante hacia la pequeña.
Desesperada, ahora siendo plenamente consciente de las intenciones del humano, clavó los pies en la tierra y se negó a dar un paso más. Tiró arañazos, rasgó y mordió toda mano que se le acercó siendo tumbada casi en el primer segundo al suelo, Estaba colérica y desesperada, solo se contorsionaba  alocadamente tratando de llegar al nudo de sus alas, al mismo tiempo que comenzaba a brillar levemente tratando de transformarse, pero teniendo las alas y lastimada como estaba, tal acción le era imposible y apenas podía lograr era tener un leve tono jade en la punta de las alas.
“No! Esclavos no! Todo menos eso” suplicaba en su interior. Rezándole al gran dragón blanco que se apiadara de ella.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Jue Jun 23, 2016 9:57 pm

Aquello funcionaba como una sociedad organizada, cada esclavo tenía una función que hacía que todo estuviese atendido, incluyendo otros esclavos. Los de más confianza caminaban sin cadenas ni restricciones y un miedo general hacía que no hubiese rebelaciones ni disturbios, incluso en la ausencia del esclavista estos parecían mantener un orden común y es que solo bastaba que uno se mostrase sospechoso para que los demás le empezaran a mirar, buscar el favor de su amo y recompensas a base de capturar a los rebeldes. El sistema parecía ser difícil de comprender pero era bastante sencillo al momento de llevarlo a cabo, evitaba utilizar derechamente el miedo al dolor, al látigo o directamente a él, el miedo podía funcionar en esclavos comunes que pasaban su vida entre cadenas pero para los esclavos que él tenía, no era lo que buscaba. Era tan sencillo como evitar cualquier sentimiento de unidad, nada era peor que un esclavo que se creyera fuerte y apoyado, no se lo permitía ni entre otros esclavos, si encontraban un apoyo o compañerismo tenía que ser con su propio amo. Enfatizaba más el dar premios que el dar castigos, un esclavo bien portado y feliz trabajaba mejor y generaba menos problemas que uno infeliz y temeroso, así mismo un esclavo feliz cuidaría su entorno de trabajo a sabiendas que ese era el mejor lugar en el cual podría terminar, la desobediencia muchas veces no llevaba a duros castigos físicos si no simplemente la venta de dicho esclavo al peor trabajo que pudiese encontrar, normalmente en las minas de Durban o vendidos a los piradas para que pasaran el resto de su vida haciendo trabajo en un barco sin pisar tierra hasta que fuesen alimento de tiburones. Ante este conocimiento los esclavos que se comportaban nunca les faltaba la comida ni un lugar cómodo donde dormir, los mejores escalaban hasta ser los favoritos del amo y hasta yacer en su cama si lograban complacer. En el campamento nadie se detuvo en sus tareas en la llegada de la comitiva pero cuando el grito cortó la tranquilidad todos detuvieron para ladear su rostro hacia la nueva.

El caos fue instantáneo, los esclavos capturados dentro de la jaula se alzaron y comenzaron también a rugir y gritar, algunos incluso lograron tomar su forma animal mientras sus garras pasaban entre los barrotes intentando alcanzar a los libres o simplemente desesperación por escapar, otros apenas brillaban sin fuerza para tomar su forma o impedidos por los fuertes grilletes en sus cuellos y muñecas que les impedían aumentar su tamaño. Uno de los esclavos libres fue alcanzado por una de las zarpas y la sangre tiñó el césped de un oscuro tono rojizo, el aroma a sangre solo alborotó más a los más salvajes que cegados por la desesperación se lastimaban entre ellos dentro de la jaula. El felino de menor tamaño no dudó en precipitar su cuerpo contra la pequeña ave derribándola al piso donde el tigre de pelaje marrón sostuvo su cuerpo para que dejase de forcejar y pudiese lastimarse. El enojo del oscuro patricio se hizo visible al ver uno de sus esclavos preferidos herido
- ¡Es tu culpa! Revoltosa, sin modales. Te he dicho que te comportaras ¿o no te lo he dicho? ¡Será vendida al mejor postor, ojalá termines en las minas! ¡Lo mismo para ustedes! - la amenaza alertó a sus propios esclavos que libres se apresuraron a acomodar el entorno, vendar al herido y tratar de calmar a los enjaulados, los dos laguz en la jaula apartados se mantenían juntos y en silencio, esforzándose por mostrarse bien portados para no encontrar el mismo fin. La mirada austera perfilada por las espesas pestañas negras y el tinte negro que la perfilaba se clavó en la niña caída bajo el peso del felino - Salvajes, eso son. Es imposible razonar con ustedes, apenas unos pocos tienen suficiente inteligencia como para sumirse como deberían. Si no puedes entender palabras a punta de látigo serás acomodada. - su mirada se alzó al tigre que con sus orejas bajas se notaba el pesar que tenía por el destino de la pequeña - Métanla a la jaula de los salvajes, no quiero volver a verla si no acomoda su mente y esté dispuesta a cooperar. Si no ocurre antes de llegar a Sodoma, será vendida en el mercado. - sentenció dándose media vuelta, con su cabello emplumado y telas vaporosas de su túnica formando un abanico a su espalda y ondeando en su apresurado andar hacia el carromato principal donde descansaría hasta la cena y posteriormente a la partida. Viajarían de noche donde el velo de esta les cubrirían de las autoridades que no estuviesen compradas.
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Re: En las manos de un monstruo (Priv. Faysal)

Mensaje por Eliwood el Jue Jul 14, 2016 8:51 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen un incremento de +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2945


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