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Detrás de los emergidos (Campaña - Priv. Jaqu'n - Gaius)

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Detrás de los emergidos (Campaña - Priv. Jaqu'n - Gaius)

Mensaje por Invitado el Mar Feb 02, 2016 3:52 pm

La tarde comenzaba a dar paso a la noche, las aves nocturnas salían de sus nidos, mientras los últimos conejos corrían a sus madrigueras. La pradera estaba silenciosa y tranquila y todo seguiría con su normal calma, si no fuera por la hueste de emergidos que con paso marcado avanzaban por el camino de tierra, alborotando a todos los animales del área.
Gaius, que observaba desde la retaguardia el avance de estos seres, se felicitaba a si mismo por el estupendo trabajo que venían haciendo con su compañero de seguir a estos seres sin lograr ser detectados. Habían cometido errores, no había sido un rastreo perfecto,  en más de una ocasión uno o dos de esos tontos humanoides habían volteado la cabeza para su dirección. Peor los continuos rezos del ladrón a su deidad favorita los habían salvado de ser descubiertos, o así lo creía el ladrón.  

Hacia unos días había recibido el mensaje de seguir a un grupo de emergidos que deambulaban por la zona. Aparentemente se habrían dado cuenta que cierto grupo de estos seres que viajaban con emblemas de cierto reino, siempre atacaban las ciudades de esta parte del mundo, por lo que la orden de coyote fue clara:
Viajaras en la retaguardia de estos seres sin ser detectado hasta que lleguen hasta el pueblo del norte de Begnion. Allí deberás infiltrarte en las oficinas de la guardia y robar todo lo parecido a mapas que encuentres, en especial aquellos que tengan indicaciones o anotaciones. Viaja con el nuevo recluta. Parece ser hábil y perspicaz, pero no te confíes mucho de él, por lo que sabemos, podría abrirte el cuello mientras duermes por pura diversión. Asegúrate de direccionar bien su energía hacia el objetivo correcto.
Y por cierto: eres un inútil! Deja de meter la pata en todo lo que haces y haz algo bien en tu vida! Si fallas en esto también, pediré tu lengua como compensación! No más excusas.
Coyote Gris

Si bien a Gaius le habían leído el mensaje, perfectamente podía escuchar el grave tono de su jefe pronunciando esas palabras. Suspiró, era cierto que llevaba una mala racha en sus trabajos, y después del desastre que había ocasionado en Daein, le sorprendía todavía tener la cabeza sobre sus hombros. Pero una cosa era cierta, se le habían acabado los permitidos. Ahora era triunfar o morir.
Volvió la vista hacia su compañero quien permanecía a su lado con la inmutable mascara cubriendo sus facciones, el empecinado silencio que había mantenido hasta ahora había sido provechoso, ya que pretendían pasar desapercibidos ante los emergidos que perseguían. Pero ahora que los emergidos viajaban en una ruta clara y ya no necesitaban mantener tanta cautela… su compañero comenzaba a ponerlo nervioso.

-Bueno… está ha sido una cacería provechosa, ahora ya sabemos que este batallón se dirige al pueblo. No hay nada más en esa dirección, así que solo debemos separarnos un poco de ellos, esperar a que ellos comiencen el ataque, y escabullirnos nosotros después detrás de su ataque. Fácil, no? –

Gaius trataba de sacar tema de conversación debajo de cualquier piedra, por eso había repetido el plan que los dos ya conocían al derecho y al revés como cincuenta veces. Pero en momentos de paz le molestaba el silencio, y estaba demasiado intimidado por la apariencia de su compañero como para hacerle preguntas personales. Por lo que el incómodo silencio volvió a reinar no bien termino su reiterado comentario.
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Re: Detrás de los emergidos (Campaña - Priv. Jaqu'n - Gaius)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 14, 2016 11:11 pm


La noche era más fría y oscura de lo normal. El viento aullaba a la luna con un quejido lastimero mientras los hombres se acercaban al fuego para calentar sus entumecidas manos. Notaban esa bruma gélida que les congelaba la sangre y esa presencia continua que los vigilaba sin cesar. Tras muchos días de infatigables batidas, lo habían capturado. El demonio dorado había sido detenido cerca de una apartada aldea, como un lobo acechando a un indefenso rebaño de ovejas. La pesadilla había llegado a su fin.

Redoble de tambores, el griterío de los pueblerinos, la voz del capitán de la guardia alzándose sobre la del resto, el restallido de las llamas y el silbido de un hacha oxidada afilándose no con demasiado interés por el verdugo, embriagado con la idea  de propinar un par de hachazos al frágil cuello del asesino, antes de dar fin a su miserable existencia. El escenario estaba dispuesto, el público proclamaba justicia para el monstruo, sólo faltaba que apareciera él, el protagonista de aquél relato complicado que restaba fuerza a la esperada escena de muerte.

Aún el arquero rememoraba aquél escenario, tan nítido y prístino como si hubiera acontecido el día anterior. Las voces de sus espectadores aún zumbaban en sus oídos y la calidez de las antorchas todavía le abrasaba la piel de su rostro. Había tenido públicos de toda clase y condición, pero sin duda, esa noche el aforo estaba completo y cada vez que clamaban su nombre solo acrecentaba una distorsionada sonrisa, oculta tras su máscara. Pero aquél público, plomizo y carente de algún matiz de color salvo el brillo purpúreo de sus ojos, no eran como el resto de su tan amada audiencia, pero aullaban igual con cada lanzazo de su arco.

Hacía ya varias lunas que seguían en completo silencio, surcando aquella foresta como un susurro más en el viento, bajo la agitada supervisión del joven que le acompañaba. Mero sustituto de aquél que el destino puso en su camino y le volvió a dar alas para su divina comedia, nadie por el que mereciera volcar un ápice de su grandioso talento. Pero si algo tenía el enmascarado, que eximía momentáneamente al pícaro de ser atravesado por una de sus flechas, era un retorcido sentido de gratitud. El hombre concedió tres nombres a su liberador a cambio de haber contribuido que el suyo siguiera siendo sinónimo de muerte y belleza. Un murmullo nervioso lo devolvió a ese espanto de realidad, en la que un tartajeo se tornaba una cacofonía estridente a sus oídos, en forma de un redundante comentario carente de vibración para el artista. Ladeó su cabeza, acercándose poco a poco, mudo salvo por el crujir de la armadura dorada del bufón hasta pocos centímetros del ladrón, intercambiando miradas con su único ojo, casi como si pudiera deshilar cada fibra del alma del joven.

- Deberías conocer el poder del silencio. - espetó seco, al tiempo que desenfundó su arco apuntando entre los ojos del pelirrojo. Acariciaba las negras plumas de la flecha, mientras forzaba la tensión de la cuerda cada vez más, hasta que dejó volar el proyectil.

La saeta cortó el aire, a pocos centímetros de su oreja gracias a un último cambio en la dirección en la que apuntaba el arquero, dando en el objetivo que había atisbado segundos antes de que el pelirrojo hubiera terminado de hablar. Un gemido de dolor venía de su retaguardia, eco profundo de la garganta de un emergido que ahora se hallaba impedido por la diestra, ahora empalada en el tronco de un árbol por su flecha.

- La muerte no debería ser algo rápido, debería ser, como una ópera. - le susurró de cerca en el oído, siniestro y sombrío, dejándolo atrás mientras tomaba una segunda flecha de su carcaj, acortando distancias con la cenicienta criatura que forcejeaba para librarse de aquella estaca.

Con parsimonia acomodó el proyectil entre sus dedos, con ternura, como si arco y hombre fueran amantes, tensando la cuerda una vez más esta vez, apuntando a su inmundo corazón. Los segundos pasaban mientras aquél ser se retorcía, desesperado, alzando la vista al demonio que le arrebataría su vida con una sonrisa eterna y marmórea. Un silbido, y la flecha se hunde en la carne, alcanzando sin esfuerzo su objetivo, que lentamente dejaba de agitarse. La enguantada mano del arquero elevó la cabeza de la moribunda alimaña, obligando a que le mirase hasta el último aliento, sin poder hacer nada ante la última pincelada. Una rosa que tenía en su morral, de tallo afilado y repleto de espinas, se hendía en el orbe derecho del emergido con suma lentitud.

- Tu vida no tenía valor antes de conocerme. - dijo, acercando su rostro a la frente del monstruo, posando los labios de la máscara en un teatral beso hacia su víctima, como había hecho otras muchas veces antes de que la abominación de oscuridad se desvaneciera en una nube de vapor violácea. - Debemos darnos prisa, tengo un público que espera impaciente, ávido de mi inspiración. - añadió, retorcido, mientras pensaba en cuál sería su siguiente obra.
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Re: Detrás de los emergidos (Campaña - Priv. Jaqu'n - Gaius)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 22, 2016 8:24 pm

Gaius quedó atónito, como si la flecha que había detenido a la emergida lo hubiera  paralizado a él. Que era lo que estaban viendo sus ojos? Con que clase de maniático lo habían mandado a trabajar? El ladrón desvió la mirada cuando su demente compañero comenzó a hacer aquellas cosas obscenas con la moribunda, el solo hecho de mirar en esa dirección hacia que se le revolviera el estómago. Por lo que apretó los puños y respiro hondo mientras el enmascarado terminaba de divertirse con su compañera.
No se sentía quien para juzgar a a nadie por lo general, pero este hombre le había generado mala espina desde el momento que lo había conocido, y el espectáculo que estaba dando ahora, solo le confirmaba que sus sospechas habían sido correctas.  

-Bueno Romeo- Dijo haciéndose de valor y usando lo que le quedaba de sarcasmo para poder enfrentar esta situación
-Cuando termines con tu novia… nos ponemos a trabajar? El grupo de emergidos ya aparentan haber despejado la zona aledaña al camino, por lo que podemos avanzar sin ser vistos, no crees?- N isiquiiera miraba para esa dirección, mantenía la vista hacia el camino tratando con todas sus fuerzas que no se notara como le temblaba la mano derecha. Respiró hondo un par de veces hasta que logro calmar las palpitaciones de su corazón. Si eso le hacía al enemigo… que clase de locuras le haría a él si bajaba la guardia?
-Bueno! En marcha!- Dijo apurando el paso y saliendo del arbusto en el que estaban metidos. No había enemigos a la vista, salvo por su compañero arquero al que estaba dejando atrás. Paro la oreja para escuchar la situación tramo adelante. Lo que le había parecido hacia unos instantes se volvía a confirmar.
-Gritos… - dijo en voz baja
-Gritos desde el pueblo, el ataque ha comenzado! Puedes oírlos tu también? O esa mascara tuya también tapa tus oídos?-  Se volvió a ver al demente, la idea de darle la espalda a un arquero, se estaba dando cuenta, no era la más inteligente.
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Re: Detrás de los emergidos (Campaña - Priv. Jaqu'n - Gaius)

Mensaje por Marth el Mar Mar 08, 2016 11:06 pm

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