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Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

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Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Gaius el Lun Feb 01, 2016 7:34 pm

La distancia que separaba los cuarteles de La Guardia con Dogern no era mucha, pero al bandido se le hizo un trayecto interminable. No sabia si era por su falta de sueño, o por la fea charla que tendría al llegar, pero cada paso que daba era como un pisar un clavo, y lo hacían dudar en todo momento si no dar media vuelta y huir como la buena rata que era. Giró la cabeza hacia el camino por el que venía y dudo realmente si no regresar…. Suspiró y volvió la vista al frente. No! Saabirah había hecho muchísimo por él, lo mínimo que se merecía era que lee dijera la cerrada la cara.
“ La verdad” esa palabra retumbó en su cabeza. Ni él mismo podía creerlo todavía. Como había pasado todo esto? Porque?.. Porque justo a él! Que tanta fama de gran amante tenía! Que había pasado mil veces por la prueba de fuego que ha todo hombre le hacen, y siempre se había levantado erguido e inmaculado. Y ahora? …. Ahora caminaba por el camino de la vergüenza, como un perro arrepentido con el rabo entre las patas.

Llegó a su destino poco antes del anochecer, siguiendo sus costumbres habituales puso camino de inmediato hacia la taberna, pero se detuvo en el umbral de la misma. “ vine por la guardia, vine por la guardia” se dijo mientras giraba sobre sus talones para emprender camino hacia los cuarteles de la guardia local.
Inmediatamente los vio, sintió como su estomago se encogía sobre si mismo, pero debía recordarse que no estaba aquí ni con malas intenciones, ni nadie sospechaba de él. Pero aun así no estaba tan loco como para meterse de forma voluntaria a uno de esos. Se recostó contra un muro y esperó paciente a que un guardia le pasara por enfrente.

-Disculpe caballero, vengo de parte de la guardia, a ayudar con la vigilancia al pueblo. Sabe donde se encuentra el resto de mis compañeros? Me temo que estoy algo perdido-


El guardia lo miró de arribaa abajo con el ceño fruncido. Bufo un poco antes de responderle al ladrón, pero siempre mirándolo con malos ojos.

-Por la entrada norte… debajo del puesto de vigía. Siempre se reúnen ahí. Si fueras de la Guardia deberías saberlo.-

El bandido comenzó a sonreír al desconfiado soldado y caminó hacia el lugar que le había indicado.

-Oh! Si es que soy nuevo. Muchas gracias!-


Le dijo por encima del hombro al guardia si detener su marcha- huida.
Llego en menos de dos patadas al punto señalado, y ahí, hablando con otro guardia, estaba de espaldas la dulce hechicera pelirosa. El bandido sintió como se le volvía a achicar el estómago. Tocándola en el hombro, llamó la atención de la muchacha.

-Eh…. Hola Saab! Que coincidencia, no? Ehm… pero bueno… yo…. Yo tenía que hablar unas cosas contigo… si no estas muy ocupada, claro.-

El sudor corría libre porsu frente.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 01, 2016 8:32 pm

Aquel día había tomado una misión aparentemente sencilla de realizar porque deseaba llevar veinticuatro horas de existencia pacífica para descansar de su repentinamente emocionante vida. La petición consistía en la vigilancia de un lugar llamado Dogern que no distaba mucho de allá y al que podría acudir sin necesidad de recurrir siquiera a las caballerizas. Emprendió el rumbo con gran seguridad, sin saber que se había metido en un gran berenjenal amoroso desde el mismo instante en que dio el primer paso firme hasta allá. A buen ritmo, ni aprisa ni lenta, caminaba mientras su capa ondeaba y los bucles de su cabello brincaban con la alegría que su rostro hierático no transmitía. Pero su mirada severa no tomaba a nadie por sorpresa, los soldados de aquel emplazamiento trataban de imitar su seriedad como si se tratase de una actitud positiva que reafirmaba su compromiso para con la causa.

Un soldado de La Guardia que había llegado un poco antes se ofreció a escoltarla hasta el lugar en que debían realizar la misión junto a otro miembro que, según sus palabras, "se las apañaría" para llegar a la parte inferior del puesto del vigía. Durante todo el camino, éste no dejó de elogiar la increíble labor de las mujeres guerreras, como si pretendiese ganarse su aprecio con su falso reconocimiento a la feminidad más ofensiva. Rodó los ojos, molesta, cada vez que uno de sus comentarios condescendientes hacia el supuesto sexo débil se escapaba de sus labios. Miró a los cielos en busca de algún proveedor de paciencia pero se rindió al ver que su esfuerzo era baldío, encarando al mercenario con el mayor sarcasmo. -Por supuesto, crear una clara división social entre géneros nos hace sentir muy integradas y valoradas, ¡gracias! -le espetó, chistando por lo bajo ante lo que consideraba una ofensa, importándole en absoluto que la hubiese emitido sin malicia. Esas actitudes eran una de las lacras de su sociedad y llegaba un momento en que la pelirrosa se cansaba de encararlas. Lograban ponerla de mal humor en menos de lo que canta un gallo, justo como en ese momento. Aquel energúmeno había arruinado el inicio de un día radiante que de por sí acabaría en la miseria.

El resto del camino transcurrió en absoluto silencio gracias a la pedazo de bofetada verbal que fue proferida por su persona hacia su acompañante. Y lo agradeció, ¡vaya si lo agradeció! Callado hasta parecía una persona normal. Solía ser amistosa con la gente de la organización, lo suficiente para mantener una relación cordial, pero siempre surgía algún palurdo eventualmente que parecía que no lo hubiesen educado en su casa. Conste que ella no pretendía ejercer de madre de nadie, pero le gustaba rebajar a los incultos que se creían en posesión de la razón, así como a los orgullosos. Solo recibió palabras del susodicho tipo de persona cuando éste le comenzó a informar de que ya habían alcanzado el punto de encuentro y la ponía al corriente del cometido que debían llevar a cabo. Asentía a cada punto, agradecía el repaso de prioridades, incluso si él seguía repugnándole.

Una mano en el hombro la abstrajo de esa dinámica, la de Gaius, que parecía ser el tercero de los miembros de la misión. Le gustaba combatir a su lado, por lo que se sintió algo aliviada al verle y le iba a dedicar una sonrisa acompañada de un beso... Hasta que contempló su rostro y su actitud nerviosa evidenciada por el sudor que se le escurría por la frente. Preocupada, sus cejas se enarcaron alrededor de sus ojos abiertos y su mandíbula cedió ligeramente ante la inquietud que le causaba la sorpresiva actitud que nunca había visto en él anteriormente. Le hizo un gesto con la mano al soldado idiota para que se ocupase del primer turno de la vigilancia y éste pareció comprender, por lo que ascendió al puesto. Entonces, ella tomó por los hombros a su pareja para tratar de darle su apoyo sin atosigarlo.

-No pareces en muy buen estado, ¿te encuentras bien? -preguntó, examinando sus rasgos faciales concienzudamente para notar cualquier anomalía, como si bucease en ellos. Ese era su patrón psicológico cuando notaba algo en el ambiente que se escapaba a su control, en especial cuando afectaba a sus seres queridos. ¿Podría haberle ocurrido algo cuando ella no se encontraba presente? Era una posibilidad tangible, pero mantuvo la calma para intentar transmitírsela mínimamente. -Sabes que puedes contarme lo que sea, estoy aquí para ti, Gaius. -le limpió las gotitas de sudor con la manga cariñosamente, con sumo cuidado, y le miró fijamente mientras sonreía, esperando a que le comentase lo que había venido a decirle.

Pero algo inesperado ocurrió y es que el lugar fue alertado con la campana que últimamente era tocada cuando se acercaban los emergidos. -Maldición, ¿qué es lo que ha vigilado este inú...? Espera, está muerto. Arqueros. -era la única conclusión lógica, le habían derribado de forma certera y sin que nadie se enterase, sutil actuación a la que ni la magia a distancia se hallaba sujeta. Soltó a Gaius y tomó su grimorio de entre el forro de su capa, tomando cobertura tras una muralla para atinar de frente con una ráfaga de rayos en forma de estocada a quiénes trataban de pasar a través de la zona que custodiaban saltando las edificaciones defensivas. Supuso que Gaius no se encontraba suficientemente bien para pelear en aquel estado emocional tan turbulento, por lo que buscó la manera de hacerlo por sí misma. Trataba de idear una estrategia capaz de salvar sus amenazados pellejos.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Gaius el Mar Feb 02, 2016 4:57 pm

La muchacha, tan dulce y tierna como siempre, dedicándole esos ambarinos ojos y esa tierna sonrisa que hacían que el corazón de cualquier hombre se encantara con ellos. Gaius se sintió el ser más pequeño del mundo en ese momento, como un mortal contemplando a una imponente y benévola deidad. Sentía que no debía hablarle, pues los oídos de esa angelical muchacha no debían ser manchados con el rudimentario graznar de sus palabras.
Suspiró, lo que debía decirle a continuación no era fácil ni bonito, el estomagó se le achico dentro de él, mientras su mente empezaba a visualizar las consecuencias de lo que estaba a punto de decir. Como se lo tomaría? No era como que pudiera desaparecer de su vida ahora, ambos dos ahora ocupaban un alto cargo dentro de la organización y debían trabajar hombro con hombro. Se podrían seguir mirando a la cara después de esto? Como podía haber sido tan estúpido de ensuciar la bella relación con la hechicera ¿ Y encima con tan insignificante … persona. La cabeza le latía de tal manera que instintivamente se llevó una mano a la cien. Quería huir, mas que nada en este mundo quería escapar y no tener que nunca decir las palabras, no afrontar la irada de la joven, no pagar por las consecuencias de sus actos.
Viendo que la muchacha seguía sonriéndole, se obligó a sonreírle también. Esperó a que estuvieran a solas para empezar a hablar, ciertamente esta conversación no necesitaba oídos ajenos.

-Saab yo… Tengo que hablar de algo muy serio contigo. Ehm… Recuerdas cuando dij…-

No pudo terminar su frase, cuando un agudo silbido se escuchó en la calmada noche, seguido del estrepito de un cuerpo cayendo sobre el suelo. Sobre el hombro de la hechicera, Gaius pudo ver tendido el cuerpo del previo interlocutor de la joven, de inmediato sus ojos se giraron hacia donde había provenido el ataque.
Si bien fueron los labios de Saab los que dijeron la palabra en voz alta, el bandido pensó en la misma palabra al mismo tiempo: Arqueros.
Rápidamente giró sobre su espalda y se puso a cubierto en la seguridad del grueso mudo de la muralla. Con mucho cuidado se animó a mirar por uno de los costados de la torreta y contar de soslayo la cantidad de enemigos que atacaban el pueblo. Pero estaba muy entrada la noche y sus ojos, por mejor vista que tuvieran, no podían ver en la oscuridad.

-Ah! No puedo ver bien de cuantos se trata, pero son un grupo bastante grande. Vinieron con todo a atacar, no es ninguna patrulla perdida.-

Todavía con la espalda contra el muro, Gaius miraba expectante a la joven. Ella era la que tenía más experiencia en este tipo de cosas, Ella siempre sabia como guiarlo. Y recordar la cantidad de veces que la joven le había salvado el cuello y como podía colocar su vida en sus manos, hiso que se le volviera a encoger el estómago.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Invitado el Mar Feb 02, 2016 6:58 pm

Maldijo internamente a todos y cada uno de los mortecinos caminantes que trataban de abalanzarse sobre ellos, llegando en el momento justo para interrumpir la conversación que esperaba con ansiedad. Las reacciones del bandido, su forma de esquivar el contenido real de su discurso para resaltar su importancia y su expresión facial denotaban algo tremendamente grave. Le costaba explicarlo por algún motivo, incluso si ella pensaba que podían hablar sin tapujos, ingenua de ella al no conocer lo que había ocurrido realmente a sus espaldas. Por eso fue que se sintió ligeramente irritada al ver que no hacía uso de esa confianza que ella le brindaba siempre, no en vano la comunicación era la base de las relaciones sociales, prefería saber la terrible verdad. Pero, claro, no podía preguntarle mientras eran atacados por emergidos, ¿o sí?

Desvió la mirada hacia un lateral, todavía apoyada en el muro de espaldas debido al peligro de ser fulminada en cuanto pudiese exponerse. Los nervios de la batalla eran incrementados por la intriga de no saber qué le pasaba a la persona que tanto quería, con quien intentaba construír un futuro que podría verse amenazado sin ella saberlo. Le miró de reojo mientras él hacía uso de su agilidad natural para echar un vistazo a los alrededores. Parecía asustado, pero no tanto como aquella vez que habían combatido juntos por primera vez, una intensa batalla que le hizo que ambos se empezasen a ver mutuamente como algo más que amigos. No pudo evitar sonreír tímidamente ante el recuerdo y torcer el gesto cuando sintió sus pupilas dirigidas hacia ella para que no notase que lo estaba observando. Siempre se sonrojaba a su lado, no podía evitarlo ni en momentos como aquel, la pasión del primer día seguía viva en su interior.

-Entiendo, somos numéricamente inferiores y no podemos permitirnos el lujo de ir a avisar a los soldados porque masacrarían lo que hallasen a su paso mientras traemos los refuerzos... -pensó en voz alta, mientras trataba de centrarse en el momento presente. Ahora sí le miraba fijamente, sabía que se encontraban en una posición complicada que podrían no llegar a contar, por lo que dio prioridad a su supervivencia. Si aquello se volvía exageradamente sanguinolento, urdiría alguna estratagema para poder alejarle de la escena de batalla y que conservase la vida. Así era ella con las personas que le importaban. -Todo saldrá bien, vigila y yo tenderé trampas. -respondió, inmersa en sus preocupaciones sobre la posterior alternativa a tomar. Ya se había olvidado casi totalmente del dato importante que desconocía y que de sus labios no había logrado a brotar, carecía de importancia de repente.

Palpó la muralla que rodeaba la zona de vigilancia en busca de resquicios que pudiesen aprovechar para quebrarla o de puntos flacos que no costase demasiado atravesar cuando eran tantos. Había una panoplia cercana a plena disposición de aquellos que se encargasen de las labores de guardia, por lo que se hizo con unos cuantos puñales que le parecieron adecuados, junto a una especie de sedal que no tenía ni idea de para qué servía pero sí cómo utilizarlo a su favor. La oscuridad era su aliada y su enemiga al mismo tiempo, por lo que se dirigió a una zona resquebrajada del paredón y dispuso la cuerda encajada casi a ras del suelo, alrededor de dos piedras cuyo relieve sobresalía especialmente. Los filos estaban enredados de tal modo que se sostenían por el mango en los sedales, enredados con gran tensión, para ser liberados en línea recta cuando el fino cordel fuese atrevesado. Esa trampa la había aprendido de un ladrón también en su día, no era nada del otro mundo pero les ayudaría a ganar tiempo en caso de que intentasen invadir bastamente su perímetro.

Otras trampas que puso consistían en armas sujetas con sedales pero se trataban de tales como hachas cediendo su peso sobre el primero que atravesase la zona cubierta o espadas tendidas como si fuesen la colada que cortarían a su paso pero no lo suficiente para cercenar. Le serviría para mantener todo bajo control, no quería gastar su energía sin ton ni son. Solo recurrió a su magia para posicionar un par de minas eléctricas en cada extremo bordeable de la muralla, invocándolos mediante palabras apenas pronunciables de un idioma casi olvidado.

Pero fue pillada por sorpresa mientras posicionaba la ùltima ingeniosa treta. Se trataba de uno que se había logrado colar antes de que la mina fuese impuesta, pasando desapercibido entre las tinieblas y abalanzándose sobre ella. -¡Kyaaa! -la lanza se cernía sobre ella pero frenó su cayado entre la puntera y el tacón de su zapato por pura casualidad, emitiendo un grito agudo de asustada sorpresa y dando lugar a un pulso de fuerza que claramente estaba perdiendo hasta quedar casi hecha un ovillo sobre su espalda. Tras mucho forcejeo, de un librazo en la cara, logró que bajase la guardia y empujarle lejos de sí misma. Algo agotada por el enfrentamiento, trató de alejarse arrastrándose hasta llegar a un lugar seguro y le lanzó un chispazo a ras del suelo que se propagó como una onda de forma lineal e impactó en él. Su corazón iba a mil por hora, pero logró reincorporarse y sacudir sus vestimentas con intención de desempolvarlas antes de comprobar la muerte en el acto del inesperado rival.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Gaius el Jue Feb 04, 2016 1:59 pm

Gaius no pudo hacer más que quedar expectante y con la boca abierta viendo como la muchacha corría veloz de un lado a otro de la muralla preparando su gran emboscada, el bandido suspiró sintiéndose incapaz de hacer nada y demasiado temeroso como para despegar la espalda de la seguridad del muro, su estomagó todavía no había logrado calmarse, por lo que no estaba en sus mejores condiciones para enfrentar al desafío de pelear por su vida.
“De todas charlas que debo tener con Saab, tenían que atacar estos horribles bichos cuando debo dar la más importante” maldijo mentalmente el ladrón a las inoportunas bestias.

De pronto el grito de su amada lo saco de sus amenazas internas y lo hiso regresar a la realidad, la muchacha  estaba por ser atacada por uno de esos seres que había logrado acercarse hasta ella sin que lo pudiera detener. El ladrón sin pensarlo se vio impulsado hacia ella, como disparado por un resorte que lo empujaba hacia la joven. Pero la distancia que los separaba era la suficiente como para que la hábil maga hubiera solventado el problema sin necesidad de la intervención del pelirrojo.  
Gaius tuvo que frenar de golpe para do recibir él mismo también el impacto del mortal rayo, pero aun así no pudo evitar que el olor a emergido chamuscado le invadiera la nariz dejándolo con una extraña sensación de apetito y asco.  Estornudó varias veces antes de que ese la nariz le dejará de picar por la inhalación.
Terminó de acercarse a la muchacha y colocándose a su derecha le preguntó.

-Bueno, eso los detendrá un rato. Tienes algún otro plan?-
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Invitado el Jue Feb 04, 2016 11:14 pm

Se había arrastrado lejos del cuerpo con todas las fuerzas que le restaban tras el forcejeo y un vistazo momentáneo delató. A distsncia la falta de vida de éste tras el chispazo, lo que la tranquilizó notablemente pero no pudo evitar que su corazón siguiese latiendo con gran fuerza e incluso sus palpitaciones reverberasen poderosamente en sus tímpanos. Un susto de muerte era lo que acababa de recibir, por suerte no habiendo terminado en esa misma palabra sino que un arrebato de suerte era lo que le había salvado la vida en el último momento. Pero su cuerpo y su mente eran conscientes de que era afortunada, nada tenía que ver con su habilidad, podría haber muerto sin oponer resistencia alguna como aquel compañero que yacía atravesado por una flecha. El solo recuerdo de lo inútil de su vigilancia la hizo estremecerse, eran tan débiles en verdad, justo como los laguz pensaban... Pero poseían la fuerza de voluntad para no dejarse vencer cuando podían oponer resistencia. Su intranquilidad la hizo temblar por unos instantes, pero recobró ese valor de luchar por la supervivencia al ver junto a sí misma al pelirrojo que había prometido proteger, tanto a él verbalmente como a su propia persona.

Posicionado a su derecha, le preguntaba cuál era el siguiente paso del plan. Se levantó del suelo mientras disimulaba sus emociones, con la respiración todavía algo acelerada. Se dirigió hacia todas las armas posicionadas y aprovechó la energía de rayo que comenzaba a disiparse en el ambiente para impuir algunas con la escasa potencia que restaba, pues no era buena idea que ésta se desaprovechase cuando podía dársele un uso como potenciador ofensivo. Su mano deslizó las estelas lumínicas hasta los puñales enredados en el sedal mayoritariamente, pues estos podían quedarse clavados en la carne y dar chispazos en los adentros de las despiadadas bestias... Siempre que atinasen y no rozasen, por supuesto.

-Están llegando hacia nosotros, escucho los ruídos metálicos aproximándose inexorablemente hacia la muralla, lentos pero seguros como la muerte... -afirmó, dirigiendo una mirada algo asustada hacia el lugar en que los chirridos comenzaban a producir disonancias salientables alrededor del único muro que les cubría en aquel momento y cuya estructura seguía presentando fallas importantes que sabrían aprovechar. -¡Han llegado! Pero no te preocupes, no dejaré que te alcancen. -le posó la mano en el hombro y comenzó a observar el patrón enemigo. Algunos sobresalían por encima del muro porque lo habían trepado para elevarse y saltarlo. Desplegó su grimorio de trueno y comenzó a fulminar a esos a base de relámpagos pequeños que les daban en el rostro y los desestabilizaba como para tirarlos hacia atrás, resistiendo como buenamente podía.

Las buenas noticias eran que los arqueros no podrían alcanzarles mientras durase aquella situación defensiva, las malas noticias eran que se habían dado perfecta cuenta de todo y los hacheros comenzaban a embestir los puntos semiderruídos de la muralla para abrirse paso a través. No tardaron en conseguirlo, pero otra hacha pendía y cedió su filo sobre ellos para atravesarlos de cabo a rabo, incapaces de defenderse del primer impacto tan fuerte porque era el que portaba todo el impulso, el arma siguió balanceándose y causando problemas un ratito más.

Uno de ellos tuvo la gracia de derribar la muralla en otro lado por sí mismo, llevándose insertados los puñales, que lo llevaron a una especie de electroshock que alivió a la muchacha, pues su fuerza al no necesitar ayuda debía de ser abrumadora. Comenzó a pensar en posibles excusas para librar a su pareja del peligro, pues enemigos tan poderosos podían rajarlos a ambos como si se tratase de mantequilla y no pensaba exponerle al peligro bajo ningún concepto. Mientras se le ocurría, tuvo que ir a encarar a un grupo que habían realizado una especie de cadena con sus cuerpos para propulsar al más alto por encima del muro y el resto tratar de trepar.

Se hubiese preocupado de interceptar a los invasores que, como Gaius había dicho, cargaban con todo lo que tenían. ¿Por qué tanto interés? Pocas armas había ya para asegurar su perímetro y ni la mitad de útiles que las que frenaban por poco tiempo a los enemigos de las inmediaciones. Interpuso un brazo entre el pelinaranja y un espadachín que se acercaba hacia ambos, conjurando relámpagos alrededor del cuerpo de ella que se proyectaron en un haz que lo estampó contra la pedregosa superficie protectora, rompiéndola incluso más para su desgracia. Enemigos comenzaban a colarse por entre las aberturas, no muchos pero sí seguidos. El resto usaban a sus camaradas montados sobre ellos para alzar sus flechas por encima, comenzando a llover sobre ellos. Su estrategia había fallado, incluso si los mantenía con vida.

-¡NO! ¡¡Corre!! -exclamó, desesperada por la situación que les superaba. Tomó la mano del ladrón por si seguía tan impresionado como al principio y aceleró todo lo que sus delgadas piernas le permitieron, aprovechando su ligereza para ganar aceleración progresivamente. Se dirigía hacia dónde los soldados podrían verles, era horrenda la idea de acudir en busca de su ayuda con toda la horda pisándoles los talones, pero desde allá podrían verles y proveerles de auxilio. Soltó la mano de Gaius con toda la suavidad que pudo para que no se percatase inicialmente y siguiese corriendo, después de todo él se había apuntado a una guardia y no a una guerra. Se adelantó un par de pasos hacia ellos y empezó a lanzar rayos por doquier para intentar alejarlos, quería que ganase tiempo para huir, además de que estaba empezando a enfadarse lo suficiente como para freír unos cuantos cráneos putrefactos.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Gaius el Jue Feb 11, 2016 4:53 pm

El caos a su alrededor hacia que la mente del ladrón estuviera completamente embotada en ideas y pensamientos, el entorno giraba sin sentido alrededor del ladrón quien apenas podía agacharse a tiempo para evitar alguna flecha ocasional. Debía decir las palabras que había venido a pronunciar en vos alta, pero el contexto hacia que la hechicera saltara de un lado a otro del lugar sin dejarle un instante para recobrar el aliento.
Sintió su mano en su hombro y sus dulces palabras en sus oídos, pero casi no las registraba. Estaba tan nervioso que veía todo como si de un mundo onírico se tratara, completamente ajeno a él, aunque estuviera completamente empapado en aquella horrible realidad.

Los emergidos comenzaron a subir por la irregular muralla a una velocidad apabullante, y antes que el bandido pudiera decirlo en voz alta la esbelta muchacha lo tomó de la mano y corrió lejos con él, en camino a la protección de la guardia local. Fue en ese momento que no pudo contener más sus lágrimas, quienes bajaron a toda velocidad por sus mejillas. Ella hacia tanto por él… y el ladrón había traicionado todo tipo de confianza que le habían depositado. Cuando la muchacha le soltó la mano, comenzó a tirar rayos para tratar de frenar a sus perseguidores. Pero el bandido ya no media situación o contexto. No bien la muchacha dejó de emanar energía, por más que respiraba agitada y estaba en la primera línea e ataque del enemigo, nada de esto le importo al egocéntrico ladrón.
LA tomó por los hombros y la giro para si, recibiéndola con una cálido y profundo beso al instante. Ya nada importaba. Cuando sus labios se separaron, tomó valor y dijo las palabras más difíciles de su vida.

-Saab! Te he sido infiel!- gritó tratando de imponer su vos por encima del rugir de la batalla. No le importaba que le escucharan los demás, sabía que la mayoría estaban ocupados en la batalla, o no sobrevivirían para contarlo.
-Con un hombre que conocí en  Plegia!- Terminó de soltar su fatídica confesión.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Invitado el Vie Feb 12, 2016 1:44 am

Estaba tratando de alejar a los emergidos con rayos pero a duras penas detenía su avance. Sólamente podía lidiar con aquellos individuos a quiénes había electrocutado, que no eran pocos pero tampoco los suficientes. Se quedó parada observando el entorno en busca de algún objeto que usar en su beneficio, pero no tuvo tiempo porque fue girada por los hombros hacia Gaius. Iba a gritarle que corriese de una vez, preocupadísima por el hecho de que los enemigos se aproximaban a un ritmo alarmante hacia su posición, pero el sonido de sus palabras fue extinguido por un sentido beso. No era la primera vez que lo hacía en una situación semejante, igual de inadecuada para arrumacos y morreos, por lo que tener a una horda de bichos medio muertos como voyeurs no le impactaba emocionalmente.

Vio entonces que estaba llorando. ¿Desde cuándo? Ni cuenta se había dado. Pero sus palabras de consuelo no pudieron ser pronunciadas porque de los labios de su pareja salió una afirmación del todo inesperada... Al menos para ella. Enarcó ambas cejas, una cara de asombro legendaria pobló su rostro al no poder creer lo que acababa de escuchar proveniente del pelinaranja en quien tanto confiaba. -¿QUÉ? ¿Que has hecho qué...? ¿Con... qué? -era incapaz de asimilarlo, ciertos esquemas se estaban rompiendo en su mente a base de puro derrumbamiento. Estaba confusa, no sabía cómo sentirse, pero sí tenía claro que aquella traición le hizo no saber quién era amigo y quién enemigo nunca más.

Sus ojos casi se salieron de las órbitas, aquel berrido era del todo inusual. Si bien la muchacha era lo más moderno que podría uno encontrarse -no racista, no homófoba-, incluso ella comprendía los motivos por los que ir clamando tu relación con alguien del mismo sexo que el propio era una pésima idea. ¡Y le daba una rabia tremenda porque con ESO que él tenía pero ella no no había modo de competir! Su mente no era realmente capaz de sosegarse y sacar conclusiones, pero muchas hipótesis rondaban su mente, así como nuevas emociones amargas que no le gustaban nada. El primer amor conllevaría su primera ruptura, un proceso en absoluto sencillo cuando ni siquiera se contempla como una posibilidad. No podía perdonar eso.

-Así que yo no soy suficiente... -respondió, con voz grave y cargada de rencor, cabizbaja y furiosa. Vio una jabalina tratando de descender sobre ellos de reojo y le dio un empujón con todas sus fuerzas a Gaius en el pecho que, contra todo pronóstico, no pudo resultarle más gratificante. De ese modo, la lanza voladora no le logró ensartar. -Incluso si es así, yo cumpliré mi promesa de mantenerte a salvo. Pero prepárate para olvidarme, es lo mejor para los dos. -respondió, aún furiosa a ojos vista, tomando la jabalina e incrustándosela entre ceja y ceja a un enemigo que se había acercado de forma peligrosa a su delgado cuerpecillo.

Desprendía un aura furibunda, machacada emocionalmente, tenía ganas de gritar hasta que esa emoción desapareciese. En lugar de ello, su magia respondió a sus emociones y sus rayos multiplicaron su potencia, su cantidad y luminosidad. Estaba desahogándose matando, incluso si la marabunta no terminaba de ser reducida por completo. Reparó en unos leños que estaban atados a la derecha de ambos. Lanzó un rayo pequeño para cortar las cuerdas que los sujetaban y rodaron por doquier, estorbando a los combatientes enemigos, dando tiempo a la milicia local de socorrerles.

Intentaba contener sus emociones, enfocándolas en el enemigo, pero una vez los vio tropezando estúpidamente entre troncos como si se tratase de un gag cómico no pudo contenerse y se lanzó contra el pecho del bandido. Era Saabirah, ni queriendo podía ocultar nada de lo que le pasaba en realidad. Ella misma se había dado cuenta de que su actuación no encubría nada de nada. -¡¡Maldita sea, yo he confiado en ti, me he entregado a ti!! Ninguna de las dos cosas las hago con apenas nadie y yo... Tú solo me has demostrado que no puedo volver a hacerlo nunca. ¡Y lo odio porque no quiero volver a estar sola! -le espetó, literalmente gritando hacia su pecho mientras lo golpeaba con sus puños débiles pero cargados de frustración. Su voz estaba tomada pero se negaba a llorar, no iba a hacerlo por alguien que consideraba no merecedor de ello. -¡¡Te odio, te odio!! -hora del berrinche, del desahogo. Pero tampoco sabía muy bien qué hacer, cierto frígido progenitor no le previno de aquella situación, nadie le dijo que iba a ocurrir ni cómo debía reaccionar. En su egoísmo, les odiaba a todos por no haberle advertido realmente y a sí misma por no haber tomado en cuenta los escasos consejos recibidos al respecto.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Gaius el Lun Feb 22, 2016 5:34 pm

Gaius sintió el brusco empujón de la muchacha y cayó de espaldas al piso, no era que no lo esperase, pero esperaba algo más como una cachetada o similares, no fue hasta que la jabalina se clavara sobre el piso a pocos centímetros de él, que entendió el motivo del empujón. Trago saliva nuevamente, quería que la tierra bostezara y se lo tragara en ese mismo momento. LA ira en la mirada de la hechicera hacia que quisiera encogerse sobre él mismo, y no bien la muchacha le dio la espalda para combatir la nueva amenaza, el bandido se apuró a beberse su poción de resistencia a la magia, podía ser que todavía no le hubiera lanzado un rayo encima, pero no iba a esperar a la cuenta regresiva para tomar medidas al respecto.
Los troncos rodaron por el suelo y tuvieron la buena suerte de dar cerca de un emergido quien se acercaba por la espalda del ladrón, quien si no hubiera chillado al ser golpeado por el tronco, habría tenido un ataque directo a la espalda del pelirrojo. Gaius no volvió a cometer el error de dejar su espalda descubierta, empujó al emergido para que tropezara con los troncos, y una vez en el suelo, se abalanzó sobre él para clavar su daga en su garganta.

Volvió la vista hacia la furibunda maga quien todavía echaba rayos de ira hacia todos lados. Sus palabras hirieron más que cualquier puñalada.
-No! No es lo que piensas! Yo! Yo no pude evitarlo!!Es todo…-
Quiso grietar que era un malentendido, de verdad quiso. Pero las palabras se le murieron en la garganta. Como podía decir que no le había gustado, que no lo había disfrutado y deseado. Quizá al principio si… pero ahora… era imposible negar la verdad, por más que le doliera en el orgullos y en otro lado.
Bajó la cabeza en ese instante, a sabiendas que no le quedaba otra opción que bajar la cabeza y afrontar la ira de la muchacha, se la merecía, él mismo se odiaba por lo todo lo que había pasado en la forma que había pasado.
-Me merezco tu odio, pero a pesar de ello, yo nunca dejaré de cuidarte Saab.- Dijo levantando la cabeza con una media sonrisa, al tiempo que lanzaba su fiel daga a un emergido que amenazaba con atacar a la distraída muchacha a su espalda, clavándosela en medio del pecho.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 22, 2016 6:54 pm

El caos de la batalla era omnipresente, manifestándose en gritos por parte de todo el mundo y en intentos de asesinato improvisados de los tres bandos -dos aunando fuerzas contra los emergidos que les rodeaban- en medio de la acalorada discusión de ambos amantes, que seguían luchando juntos pero a su manera, a pesar de todo. Para colmo, numerosos soldados acudían en su ayuda pero verles correr por doquier como patos mareados no era algo que tranquilizase a una muchacha que gozaba mucho más de tener la batalla mínimamente controlada. El alboroto no contribuía a que controlarse sus nervios y se calmase, todo lo contrario, la hostilidad la irritaba, causando que reaccionase incluso peor a los amagos de comentario proferidos por Gaius en su propia defensa por la infidelidad.

-¡Ah, bien, resulta que no pudiste evitarlo, eso sí que es gracioso! -pero no le hacía ni pizca de gracia, por más que lo exclamase a viva voz. Se llevó una mano a la frente mientras miraba al cielo, exasperada. Gesticuló ampliamente, ilustrando sus futuras palabras con gestos explícitos a la par, exaltadísima. -¿Cómo pude no darme cuenta hasta ahora? ¡Culpa mía por no suponer que apareciste de la nada ante sabrá la Diosa quién, desvestido por medio de magia de aire contra tu voluntad y la misma brisa que mágicamente se llevó tu ropa a tomar viento hizo que te cayeses involuntariamente encajado sobre su recto para mandarlo tú a tomar por culo! -estaba tan histérica que, en medio del sarcasmo, su voz se iba distorsionando entre agudos propios únicamente de una tesitura elevada. ¡No daba crédito a sus oídos! No solo había metido la pata sino que se había intentado escudar en estúpidas excusas que no engañaban a nadie. Y eso la enfurecía tanto, tanto, tanto, que no recordaba en su iracunda existencia haber estado tan enfadada como en aquel momento -y si lo estaba era por lo mucho que aquel chico le importaba.

Se entretuvo entre esa ígnea sensación que le desgarraba el pecho como si fuese una llamarada abrasando sus adentros, así como enviando más rayos hacia los mortecinos enemigos que se negaban a entregarse a su sino. Con la ayuda de los guerreros que los apoyaban, iban disminuyendo el número de emergidos que se intentaban abrir paso entre la pasarela de leños que no podían atravesar sin que éstos rodasen bajo sus pies y se pegasen el piñazo padre, algo que resultaba francamente patético pero útil al mismo tiempo. Aprovechaba para ir pulverizando -sí, pulverizando porque sus emociones amplificaban los rayos hasta dar maldito miedo- a los que se levantaban de entre los enemigos y avanzaban mejor. La distracción había sido enorme y casi le costó la vida, siendo salvada a manos de la persona que era total fruto de su ira. Incluso si el gesto era bonito, no podía evitar verlo como un ultraje, ¿acaso se estaba riendo de ella?

Estaba salvando su vida como si realmente le importase, como si aquello que les separaría próximamente no hubiese ocurrido nunca, como si siempre fuese a estar ahí para cuidarla. ¡No, él había perdido ese derecho! La había perdido, no quería ser salvada por el ladrón, le daba rabia. Vio al cadáver cediendo tras ella, cayendo por el golpe certero y tuvo que luchar para no echarse a llorar a mares. -¡¡NO, ni te atrevas a decirlo!! No me has cuidado y no lo harás ahora. -sintió el impulso de poner la palma electrificada de su mano en su pecho y empujarlo de nuevo, como si su cercanía le resultase peligrosa a nivel emocional. Y no se contuvo. Se negaba a aceptar esa promesa, así como a llorar delante de él. Tenía que aparentar que no le importaba, que le odiaba en lugar de quererle, de eso se estaba autoconvenciendo al acallar los latidos de su corazón. Lanzó un rayo mucho más importante que todos los anteriores e hizo que su implosión en contacto con un leño le prendiese fuego de una forma tan intensa como ella se sentía ahora, estando la mayoría de los rivales en llamas y habiendo casi quemado o electrocutado a algunos aliados sin importarle en los más mínimo.
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Re: Tenemos que hablar {Campaña} {Misión de La Guardia} (Priv. Saabirah)

Mensaje por Marth el Mar Mar 08, 2016 11:06 pm

• Tema cerrado •

Gaius ganan 30G


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