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El arte de mantener apariencias [Privado; Anton, Marth // Baile Viña]

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El arte de mantener apariencias [Privado; Anton, Marth // Baile Viña]

Mensaje por Eliwood el Lun Feb 01, 2016 2:50 am

Spoiler:
Ya, listo, al fin. <3 De acuerdo a lo pactado, empiezo con Anton algunos turnos, luego entra my babe Marth, luego vemos, seguimos o me salgo or something (?)

Aquel día, el mundo era distinto. Era otro, revertido a las épocas en que la plaga de los emergidos no existía todavía, y los tronos no eran la triste colección de puestos vacíos y miradas de desconfianza en que se habían transformado. El nuevo mundo se presentaba maravilloso e invitante frente a sus ojos otra vez. Y allí lo tenía todo: una tierra extranjera y lejana en la que nunca antes había estado, una celebración alegre de magnitudes impresionantes y una cantidad satisfactoria de rostros conocidos y por conocer. No podía estar más feliz. Sentía que habitaba temporalmente un mundo de negación, pero le hacía recordar el pequeño repunte en la situación de Lycia y era tan, tan bienvenido a sus ánimos. Al menos por aquel día, todo parecía estar en un estado de fantástica paz y alivio.

Diestro en el ambiente como ningún otro noble de Lycia, Eliwood supo ocupar su tiempo y medir sus más provechosas movidas. Era menester saludar y presentarse ante un gran número de personas, aunque fácil identificar cuales eran las cruciales y de cuales podía y debía prescindir. La charla ligera y superficial era un mal necesario. La pista de baile era otro asunto: una orquesta cinco veces más grande que la de Pherae interpretaba al fondo del gran salón, colmándolo de un estilo de melodía que desconocía. El compás era de vals, sin embargo, aquello podía reconocerlo. Se separó en la puerta de la ligera compañía que tomaba y dejaba a cada tanto, dejó su copa de vino hacía rato vacía sobre la bandeja del sirviente más cercano y se adentró, buscando con la mirada una posible compañera de baile. Más que un rostro conocido, le convenía detectar un buen contacto.

Vestía en rojo oscuro aquel día, contrastando con los puños dorados del traje, botones dorados, cordón y fina cadena de oro sujetando el pecho hasta donde se abría para dar espacio al cravat en su cuello. Un traje de caída corta sobre pantalones oscuros, sin entorpecer la empuñadura del sable que portaba por mero decoro. Sus zapatos chasquearon levemente contra el suelo al adentrarse. Se preguntó por el muchacho que había garantizado su invitación a aquel evento, le debía aún sus gracias, además de una plática de asuntos rezagados aún a tratar, pero no parecía estar a la vista. Otro llamó su atención, sin embargo: un joven que reconoció por su corta altura y pálidos razgos, un duque conocido en tierra muy, muy al norte de Ylisse, que no había anticipado ver allí en absoluto. Curioso pero para nada desanimado por tal coincidencia, esquivó a los ocupantes del salón en su camino hacia el pequeño pelirrojo, y al hallarse cercano tocó confianzudamente su brazo, una suerte de caricia que no llegó a bajar hasta su mano. Con él, tampoco le venía nada mal hablar.

- Anton de Vedenie. Qué gusto verle nuevamente. - Saludó con una inclinación corta, resumida, fluidamente pasando a apoyar una mano tras su espalda y prácticamente secuestrándolo fuera de donde estaba. No le apetecía estar entre el grueso de los invitados, al menos no en compañía de aquella persona. Era una relación laboral demasiado delicada como para sentirse cómodo teniendo sus conversaciones al alcance de oídos ajenos, situarse más cerca de la salida hacia el balcón sería mejor. Le sonrió con tranquilidad, pretendiendo convencerlo con buenos modos del pequeño secuestro. - Permítame algunas palabras con usted. Pretenda bailar conmigo, lucirá más natural; o mejor aún... - Estar tan cerca como una pareja bailando garantizaba privacidad a la hora de charlar. Su sonrisa se ensanchó un tanto. Sí que estaba de buen humor. Para un hombre de su calaña, fiestas como aquella eran la mejor diversión que podía conseguir, rodeado de corsets almidonados y reglas de comportamiento. Se situó frente al muchacho, ofreciendo sus manos a tomar. - Bailemos, realmente, ¿qué diferencia habría? -
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Re: El arte de mantener apariencias [Privado; Anton, Marth // Baile Viña]

Mensaje por Invitado el Miér Feb 03, 2016 3:14 pm

Alentado por los finos hilos de viento que removían ingrávidamente su cabello y lo oscilaban suavemente en la oquedad del ambiente, el receptor del título nobiliario creyó de más provecho salir a dar un paseo antes de presentarse formalmente a los invitados. Aún le parecía sorpresiva la lacrada misiva que le había sido otorgada en la palidez de su castillo, enunciando la recatada ceremonia que se conduciría en las dependencias del desconocido territorio. Toda esa perplejidad entrañable para algunos, tenía un digno origen que ser explicado. Trasegado por las tóxicas amenazas que se sucedían en las sombras de cada paso que se atrevía a dar hacia la protección de su soberanía, caviló en su seriedad sobre la veracidad de la situación. Perfectamente podría ser una trampa enmarañada por la astucia de sus enemigos, que se entornaban incansablemente alrededor de las distintas ocasiones en las que podían emplear sus sucios y desarraigados utensilios.

Era plausible que fuese una inocente y sencilla celebración, tal como se motivaba en los escritos, que sólo había sido perjudicada por una terrible sensación de desesperanza y resarcida por el sentimiento colectivo de incredulidad, sin embargo, la cautela era el primero de todos los férreos muros que anteponía ante cualquier menester de aquellos. Advertido por las circunstancias, se empecinó en lucir lo suficientemente grácil y dócil para las autoridades que previsiblemente se erguirían frente a las viñas. Trató su nívea piel con sedosos aceites y cremas, brillando su transparencia con los tensos hilvanes abigarrados del astro solar. Luego de ello, adornó su belleza licenciada por el destino con un jubón ceñido al pecho, amilanando el cetrino color de los alerces, surcado quebradamente por un tahalí a la altura de la cintura que lo sujetaba y lo oprimía, acentuando los hombros y los pectorales. Bajo el último hincapié del delgado cinturón, se hallaban unos marcados pantalones que se interrumpían a mitad del sendero por unos zapatos de punta, cuyo lustre denigraba la visión.

Y así es como se exiliaba al jardín, perfumándose su nariz con los deleitosos aromas de las flores y los pastizales que se adecuaban a las instalaciones que trabajaban la uva. Era fascinante la dulzura con que el fruto de esos campos cautivaba la boca de tantos bebedores impenitentes, y los hacía caer entre las fauces del alcohol, vicio de los que se sofocan en las marismas de sus problemas. No obstante, toda esa articulación de resguardarse en lo fingido y emplazarse como alguien asiduo a la desdicha de las tertulias aristócratas resultaba en un sudor inminente en su frente. Mentiría descaradamente si se confesase al silencio del paisaje como una melodía entre canciones. Más bien parecía una nota despilfarrada entre anacrónicos compases de un cántico ruinoso.

Rebelándose a su aburrimiento y a su desliz con la normalidad con la que transcurría el evento, concluyó su paralización penetrando paulatinamente el salón agraciado por la danza, y se detentó hostilmente en un espacio yuxtapuesto a la orquesta. Desde ahí, tuvo una lánguida contemplación por todo el sector, distrayéndose con las parejas remilgadas que se sostenían las manos y se drogaban con el sonido de la armonía. Sus ojos eran como fragatas invadiendo la morigerada voluntad del horizonte, acelerando el rumbo cuando de soslayo atisbaba algún mínimo escándalo entre comprometidos.

En el enmascarado tugurio de intercambio de abrazos y giros en torno al eje del baile, fue importunado por un roce atiborrado de bríos descarados que provocó un escalofrió que lo dejó helado. Se tornó sobre sí para reprender a su fustigador, y para su idilio, se trataba del mismísimo marqués de Pherae, Lord Eliwood, que seguramente se habría acercado  al lograr reconocerlo en la trémula distancia. Lo único en lo que pudo discurrir entre su confusión, fue esbozar una leve sonrisa en aprobación a su arribo.

- Eliwood de Pherae. El día era un adagio hasta que usted ha irrumpido en mi soledad. Siempre será un placer recibir a quien es mi aliado – correspondió al saludo de su compañero, sesgándose a su vez imitando el ademán de gratitud establecido por el hidalgo. No se querelló al ser conducido febrilmente por su interlocutor hacia un lugar enfocado al balcón, protegido inefablemente de los críticos ajenos y los pacientes remordimientos portador por los vigilantes de su tierra, dispuestos en sus atalayas a disparar al menor descuido.

Pese a que no le fastidiaba el hecho de ser su camarada, no pudo evitar el arrebol en sus mejillas ante la osada proposición del hombre. ¿Le estaba pidiendo indirectamente que se uniesen en una pieza de baile? Los rumores serían determinantes y lo humillarían en la boca de sus rivales, desprendiendo de sus agrios resoplidos las burlas que lo catapultarían a la derrota. Por otra parte, era imposible negársele. Sería de mala educación rechazar o declinar la propuesta, y además, si dentro de todos los gemebundos esténtores que se le aparecían nítidos en su estancia allí, meditaba un poco sobre las oleadas de sus sentimientos, el caballero de ignífugas hebras sonsacaba una sensación muy extraña desde su interior. Algo que jamás había experimentado, pero que lo volvía un esclavo de sus instintos.

- Eh… N-no le entiendo. ¿Bailar conmigo? ¿P-por qué? ¿No s-sería contraproducente? – cuestionó en un indicio de nerviosismo, manteniendo la abrasante temperatura de sus pómulos al máximo – ¿Qué dirían esas arpías y esos demonios? Eso no le haría justicia, no me gustaría perjudicarlo, marqués – señaló sosegando la desesperación y aceptando las tendidas manos que se le otorgaban, percatándose del ligero estremecimiento que desencadenaba el contacto de su tez desnuda contra la fibra de los guantes.
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Re: El arte de mantener apariencias [Privado; Anton, Marth // Baile Viña]

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 21, 2016 11:39 pm

Escapaba a su entendimiento cómo podía hallarse alguien descontento, en cualquier modo o nivel, en un ambiente como el de la fiesta. Fácilmente lo descartó como algo imposible, seguramente su pequeño protegido sólo había pausado un momento en falta de compañía conocida, entre tantos rostros extranjeros y un confuso laberinto de escalafones, árboles genealógicos y títulos de nobilidad de la otra punta del mundo. Sí, tan sólo debía ser eso. Más importante era el hecho de que era bien recibido y conseguía apartarlo un poco; entregado el tácito permiso del duque, constató que el balcón parecía vacío y le aproximó más hacia este, lo suficientemente al borde del salón como para ser poco vistos, mas no fuera, donde el secretismo habría dado extraña impresión.

Cuidaba sus propias espaldas, después de todo. Aunque era más que notorio a su atención el color que afloraba en las pálidas mejillas de su acompañante, el pensamiento que seguramente estaba surgiendo en su mente era uno que Eliwood ya había considerado; o tal cosa creía ser la que le sonrojaba, el cuidado a la reputación y lo inortodoxo de bailar con alguien del mismo sexo. Siempre podía reír y soltar, su humor con aquellas cosas no era desconocido ni poco característico en su persona. No sería grave, aunque ciertamente se preocupaba de tenerlo resuelto de antemano. Aún así, se le antojaba su justa medida de cómico y adorable ver a un joven de su carácter tan descolocado por una simple proposición; tanto, que cuestionaba si era sólo reputación lo que yacía detrás. Quizás una falta de experiencia que desconociese en él aún.

- Sí, sí, bailar con usted. - Apremió con una despreocupada risa, manteniendo el buen humor de su semblante en contraste a la pequeña inseguridad que presentaba el menor. - No será nada de qué preocuparse, pudiendo pasar tan fácilmente como un juego, una broma. Ah, hasta lecciones de baile, si se le antoja una excusa. - Ofreció. Decidido a convencer, aguardó sus manos, y tan pronto como se hubieron posado sobre las suyas el marqués las tomó, gentil pero hábil, rozando su muñeca al guiar una a que se posara sobre su hombro, la otra simplemente sujetando la ajena. Mejor no darle tiempo a pensarlo en demasía, quizás el ambiente y el humor de la jornada le hacían imprudente, pero prefería tener las cosas como le agradaban y le divertían más, por el momento.

Una mano sujetando la ajena, la otra tomó el adecuado lugar a la altura de la cintura, aunque no se trataba de que lo sujetase, propiamente; apenas y se posó allí, sutil, respetuosa de la menuda figura bajo el tacto. Fue sólo con la otra que le guió suavemente hacía adelante, por la mano, llevándole a la cercanía adecuada para dos que compartían una pieza. Inconscientemente le dejaba la posición femenina en cuanto al baile, aunque aquello era de adjudicarse principalmente a lo menor que le quedaba en altura, dejando al instinto sin otra opción que tratarlo de ese modo. Le sostuvo por si chocase contra él en el súbito movimiento, dejando que se acomodase, sin hacer amago aún de comenzar. Tan sólo al verle cómodo iniciaría con el seguro paso hacia adelante, hacia atrás, el suave mecer al plácido ritmo de la orquesta, como un par más en el gran salón. Con la naturalidad con que sucedía todo, no había aún ojos que se volviesen a ellos.

- Sea indulgente con el capricho de un hombre que prefiere hablar cerca, cuando se trata de un lugar algo ruidoso. ¿Cómo es que ha llegado hasta aquí? ¿Puedo contar con que Vedenie está en perfecto estado, aún sin su presencia? - Preguntó; la lejanía preocupaba un poco y desconocía cómo, precisamente, habría decidido administrarse el nuevo noble. Por lo demás, su gesto confirmaba lo que decía, pues yacía lo suficientemente cerca del menor como para que su voz llegase fácilmente a sus oídos, sin necesidad de alzar de sobra su volumen. Apenas el primer y segundo paso, mas si lo ameritaba le atraería más cerca aún; dependía de la intimidad que pretendiese para la conversación. Aunque se disponía a guiar, consideró prudente consultar con el duque. - Por cierto... imagino que habrá sido instruido en baile de salón con anterioridad, ¿no es así? -
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Re: El arte de mantener apariencias [Privado; Anton, Marth // Baile Viña]

Mensaje por Marth el Vie Abr 01, 2016 1:32 am

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