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Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

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Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 26, 2016 9:59 pm

IMPORTANTE:
Ok, he editado el post después de ver el de Saabirah... ¡porque me ha contagiado las ganas de cocinar desde el principio! Es por eso que hago un par de referencias a su post en el mío. Espero que no haya problemas con eso XD

Y allí estábamos todos: líderes, sublíderes y tesorero del gremio debatiendo asuntos de mayor y menor importancia. Madre mía… Cuatro horas encerrados en aquella sala. Por Ashera, es un maldito milagro haber tenido a Gaius tanto tiempo sentado en una silla y participando en cosas como esta. Al menos había logrado sentarme en el lugar más alejado de Kija. Maldita sea, ¿por qué tenía que haber un hybrid? Puedo alejarme de él todo lo que sea, pero vamos a tener que acabar hablando en privado. No puedo huir permanentemente de alguien con quien voy a compartir espacio en una misma habitación, aunque sea para futuras reuniones.

Por lo menos, dentro de la incomodidad, no se podía decir que no corriese el aire; la mitad del piso superior estaba más que derruido y no había una sola habitación que estuviese entera. Cogimos la que estaba algo mejor, pero los cristales rotos de las ventanas nos procuraban una buena ventilación… aunque tal vez seguía siendo demasiada. Sin embargo, eso no impidió que me centrase en los asuntos todo el tiempo, ofreciendo soluciones y sugerencias cuando convenía. Me convencí a mí misma que aquello era un entrenamiento para cuando recuperase mi casa, terreno y nombre. Después de todo, estar con los mandamases de la Jauría ya indicaba algo inimaginable en mis comienzos.

¡Y la reunión llegó a su fin! ¡Ya era hora! Y no sólo la hora de terminar, sino que por la oscuridad que ya había fuera y el frío que hacía, tocaba cenar. Tras un debate sobre quién quería cocinar y comentarios del tipo “a mí no me importa”, “pero es que Kija cocina siempre” y “mi guiso de boniato y zapallo está de muerte…”, al final decidimos echarlo a suertes con un juego. Y, cómo no, me tocó perder. Como fui la primera en salir elegida, decidí adelantarme.

Bueno, qué remedio… Iré preparando las cosas. Los que vayan a acompañarme recordad que la cocina está en el piso de abajo derecha ―indiqué antes de cerrar tras de mí lo que quedaba de puerta.

A pesar de todo sabía que no hacía falta la explicación, porque fue precisamente donde dejamos antes todas las cosas que no íbamos a llevar encima. Lo cierto es que era la única estancia casi intacta que había en toda la mansión. De hecho, el único motivo por el que no nos reunimos ahí mismo es que la mesa era demasiado estrecha como para estar cómodos debatiendo todos allí, con papeles y otras cosas de por medio.

Llegué casi enseguida, así que cogí los restos de una silla rota para ponerlos en la chimenea y con un trozo de cortina rota y unas piedras de magnesio ya empecé a hacer el fuego. Mientras la madera comenzaba a arder, aproveché el resto de la cortina y limpié con ella el polvo de la encimera. Hasta me dio tiempo de colocar sobre la encimera todos los ingredientes que encontré, y acababa de volver del pozo del patio con un par de cubos de agua cuando escuché abrirse la puerta.

¿A quién le ha tocado ayudar? ―pregunté antes de girarme, rezando para que no fuese Kija. Aunque después de todo éramos seis... No había tantas posibilidades... ¿no?

Pero como resultó no serlo, seguí con lo mío. Ya le había echado el ojo a una enorme marmita y, tras asegurarme de que estaba limpia, le eché un cubo y medio entero, dejando el resto por si alguien quería utilizarlo. Afortunadamente su querida compañera Saabirah supo por dónde iban los tiros y le tendió amablemente unos trozos de carne envuelta.

¡Genial! Me viene de perlas; ¡ya verás cómo los impresionamos!

Y es que un estofado era lo más fácil de cocinar del mundo: solamente consistía en echar los ingredientes en una olla con agua y se hacía casi solo. De hecho, me planteé cocinar un poco la carne antes de echarla al caldero, pero pensé que era una tontería arriesgarse a quemarla cuando iba a calentarse igualmente en el fuego… así que eché los taquitos directamente al agua. Miré alrededor y encontré las patatas que estaba buscando. También se me ocurrió que podía pelarlas… pero la había visto cocinada otras veces con la piel, y estaba muy buena. Es verdad que nunca las probé así en un guiso, pero ¿qué más daría? Las lavé bien en el agua y las eché directamente a la olla. Bueno… supongo que pude haberlas cortado por la mitad o algo… pero ya estaba hecho. ¿Qué hago? ¿Las saco? Mmm… ¿Qué habría hecho mi madre? No, mi madre no me habría dejado. No podía sacarlas ahora; sería muy antihigiénico. Total, ya se cortarían en el mismo plato; no había que ser quisquilloso.

¡Oh, sí! ¡La sal! ¡¿Cómo se me iba a poder olvidar la sal?! Ah, ahí estaba. ¿Cuánto debería echar? Normalmente se echaba un poquito, pero es que el recipiente era muy grande y tenía mucha agua… Era mucha cantidad. ¿Tal vez un cuarto de paquete? ¡Ups! Bueno, es casi medio, pero tampoco importa; como dije antes, era mucha cantidad… Aunque… ¡ESPERA! ¡ESTO NO ES SAL! Oh, cielos, este es el paquete que saqué de las cosas de Gaius… será mejor probarlo. Sí, efectivamente: azúcar. Bueno… supongo que habrá que hacer algo… Oh, allí está la sal de verdad. Supongo que si le echo el paquete entero servirá para compensar. Sí, seguro que así está bien… Después de todo, mi madre siempre me dijo que mejor que sobre que no que falte.

Pero aún no había bastantes verduras… ¿Y pimiento? Sí, eso podría ir bien. Para no repetir el error de las patatas (porque soy muy aplicada y aprendo rápido de mis escasos errores), cogí el pimiento verde y tras cortarlo a trozos lo eché en la marmita. Pero mientras lo hacía… vi que Saabirah usaba unos pequeños y rojos super monos y decidí echar, también troceados, algunos que le sobraron. También mi madre decía que había que darle color al plato, así que no habría problema. ¡Verduras listas! Pero… ahora que lo pensaba… había echado muy poca carne para el pedazo de olla que tenía delante. Intenté buscar más, pero ya fuese porque no había o porque mis compañeras lo usaron, estaba claro que no quedaba. Bueno… seguro que había otra cosa que pudiese hacer el apaño. ¡Oh! ¡Sardinas! Pero… es pescado… Aunque bueno, ya había oído hablar de ciertas comidas finas que se llamaban “de mar y montaña”, que por lo visto se caracterizaban por mezclar carne y pescado… Entonces no podía estar malo, ¿no? Sí, seguro que mi madre habría aprobado la originalidad…

Bueno, cuando creí que estaba todo, llevé la olla casi a rastras y con bastante dificultad la colgué del gancho sobre el fuego. Menos mal que la chimenea era enorme y había sitio de sobra para tres personas.


Última edición por Karen el Miér Feb 10, 2016 11:07 am, editado 8 veces (Razón : La última vez es porque acabo de descubrir que hybrid y branded pueden reconocer a otros branded XD)
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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Invitado el Mar Ene 26, 2016 11:47 pm

Tenían suerte de que la maga no fuese quisquillosa con los lugares adonde la llevaban, pues aquella mansión daba maldita pena de lo semiderruída que estaba por todos lados y la ausencia de varios cristales de las ventanas. Tenían tanta ventilación que en los momentos de mayor ventolera se podían oír silbidos ilusorios debido a la fuerza eólica abriéndose paso por los miles de huecos que hallaba en la estructura. Intentando no ser demasiado crítica, se contentó con saber que no llovería porque entonces acabarían todos como si estuviesen recién salidos del lavadero y les hubiese dado tal pereza limpiar sus ropajes que decidieran saltar de cabeza al agua. Se rió ante la sola idea de la escena y no era la única tontería que estaba atravesando su mente -se los había imaginado incluso en una coreografía de lo más ridícula y animada, bailando en amor y compañía. Todo por entretenerse durante una reunión que le estaba resultando de lo más tediosa.

Todavía se preguntaba a qué clase de genio se le pudo haber ocurrido juntar una élite como aquella... Ah, sí, a su novio. Le dirigió una mirada de soslayo para comunicarle a distancia lo mucho que se aburría y tampoco le sería reprochable porque se había pasado demasiadas horas elevando la voz en grito y debatiendo sobre ideas favorables para el gremio. Tuvieron que tomar el relevo al difunto Coyote Gris y no era fácil para una fauna tan variopinta como ellos formar una jauría. Un zorro, una lechuza, una hiena, un gato, un lince y un dragón... Ya podían decir que el gremio era un zoo, y es que la variedad de motes se correspondía con la de actitudes, por lo que llegar a un acuerdo era un desafío bastante grande en ciertas ocasiones: Uno era bromista e inquieto, otra una ególatra loca, un asesino sanguinario entre ellos, junto a un manakete pacifista, una mujer de bondadoso corazón y... Ella misma, que era lo más pedante y malencarado que alguien se podía echar a la cara cuando le llevaban la contraria en asuntos donde ciegamente creía llevar la razón. Por lo demás era bastante dulce con todos, pero era notorio que seguían siendo totalmente opuestos entre sí. ¿Cómo podían llevarse bien? Pues era un misterio, incluso algunos de ellos se habían intentado matar en cierto incidente anterior que no sería descabellado verse en futura repetición pero con participación colectiva. Aquella armonía era un milagro, pero ella estaba tranquila porque contaba con personas de confianza entre los que se hallaban en el encuentro y eso suprimía de inmediato la posible sensación de inseguridad.

-¿Acabamos? ¡Acabamos, acabamos! -se puso a dar saltitos al lado de la mesa cuando se vio liberada del yugo de la responsabilidad. Pero no iba a librarse de la tertulia posterior, estaban debatiendo sobre quién iba a cocinar y todos se esforzaban para meter baza. Otra vez discutiendo, desvió la mirada hacia el cielo que veía desde un trozo agujereado del techo, como si pidiese ayuda a alguna altísima deidad. ¡Una que le escuchó porque decidieron echarlo a suertes! ¡Soluciones rápidas por una vez en la vida de ese consejo animal! Lo secundaba completamente, sin importar la medida tomada. Parecía tratarse de un juego llamado "roca, pergamino, cubeta" en que la forma de la mano decidía la postura que estabas adoptando y todas se derrotaban entre sí cíclicamente. La primera en perder fue Karen, la segunda fue ella, quien infló las mejillas en señal de disgusto mientras se iba al lugar en donde la líder de la hoguera se encontraba encendiendo el fuego.

-A mi. ¡Karen, deja que te ayude, ya verás la de cosas ricas que vamos a preparar! Chicas al poder. -le dijo, ilusionada con la idea de darles a probar sus platillos, mientras elevaba el puño con entusiasmo. Ya había abandonado su fachada guerrera y tampoco se aburría porque estaba entretenida, por lo que el trato no le había salido para nada mal. La pelirroja había dispuesto los ingredientes en el piso de abajo a la derecha en que se encontraban, por lo que podía elegir sin que nadie supiese lo que iba a escoger como manjar. Aquella curiosidad culinaria que sacaba lo peor de sus deficientes habilidades como cocinera empezó a aflorar y tomó una especie de taquitos de carne que había por allí, tendiéndoselos a su amiga. -Toma, esto parece poder convertirse en un gran plato. Seguro que le sacamos mucho rendimiento. -comentó, tendiéndoselos en el papel en que iban envueltos, ya que la carne como aquella siempre era una apuesta segura en cenas de varios invitados porque daba para hacer un buen estofado.

Ella, por su parte, encontró una especie de masa de oblea y decidió comenzar a experimentar. La enrolló sin dificultades hasta formar un cilindro perfecto, que abrió para ir rellenando con el resto de componentes maravillosos que a su cabecita se le iban antojando. Lo primero fueron unos trozos de piña que iban en cuadraditos pequeños y quedaban muy bien en su interior porque no abultaban, seguidos de unas cuantas guindillas troceadas y unas cuantas bolas de pimienta negra que estaba convencida de que eran chocolate. Con la intención de incrementar el supuestamente dulce sabor, espolvoreó algo de azúcar por la superficie de la oblea una vez la hubo enrollado de nuevo. Pero sintió que debía humedecer la masa para tostarla bien, por lo que rebuscó en los alrededores para hallar algo líquido que pudiese quedar bien. -¿Qué es esto? Será algún tipo de sirope nuevo... -se dijo a sí misma, tomando un bote que tenía sus motivos para estar alejado. Se trataba de un vinagre que se encontraba en forma de bálsamo debido a la experimentación antipiojos de la gente de la época, es decir, que poseía una acidez concentrada tremenda pero lucía de un marrón achocolatado hermoso que casi pasaba desapercibido y daba a aquella asquerosidad manifiesta el aspecto de postre inofensivo. Hizo varios de ellos y se acercó a dorarlos junto al fuego mientras mantenía sujeta la estructura por un palo que la atravesaba, aunque se estaba pasando tanto que el rollito entero estaba marrón, a veces por chamuscado y otras por el "sirope" que lo bañaba por encima. Pero le parecía soso por la monocromía reinante y decidió esparcir encima lo que consideró hierbas decorativas -una cantidad ingente de orégano en cada porción- para que quedase precioso y a la gente le diesen ganas de probarlos aunque pareciesen trozos de selva recién arrancados.
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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 01, 2016 4:12 pm

No recordaba una reunión como aquella en siglos, y aunque mi pequeño corazoncito internamente se alegraba de volver a ver los rostros de todos -mis numerosas ocupaciones aquí y allá sólo dejaban espacio al contacto mediante correspondencia-, el nivel de mi bostezómetro amenazaba con desbordarse y destruir el mundo. Y es que cuando los temas que nos ocupaban eran discutidos dos, tres, o cuatro veces convirtiendo aquello es una desbordada e intragable tertulia de media tarde, mi cerebro desconectaba y mis párpados se cerraban inconscientemente. Las canciones de cuna no tenían nada que envidiarle a las voces de mis compañeros pasadas las dos primeras horas; la somnolencia era inaguantable y más de una vez me atreví a depositar mi cabeza sobre la mesa para echarme un sueñecito. Llegó un punto en el que solamente reaccionaba cuando alguien pronunciaba mi nombre y yo, con toda la despreocupación e irresponsabilidad del mundo, asentía y todo me parecía perfectísimo. Suerte que no me preguntaron si estaba de acuerdo en entregar todos mis ahorros... Espera, ¿no lo hicieron, verdad?

Cuatro horas que duró la maldita reunión; tediosa, aburrida y problemática. Suerte para nosotros que ya nos conocíamos desde la época de los pañales y más o menos sabíamos cómo ponernos de acuerdo y tolerábamos con más benevolencia cualquier exigencia personal. Coyote Gris había muerto y eso nos dejaba en una privilegiada posición de asumir galones en el gremio, pues habíamos sido nombrados sus herederos aún por encima de otros miembros con más veteranía. Apostaba a que muchos estarían en desacuerdo e incluso planeasen un motín alegando que éramos demasiado jóvenes o que nuestras manos no se habían manchado lo suficiente. Pero si Coyote Gris nos había elegido como sus sucesores era porque había visto en nosotros un gran potencial... eso, o que simplemente tenía más confianza en nosotros por el hecho de habernos criado desde bebés. En cualquier caso, ardía en deseos de contemplar la reacción del padrino cuando le dijese que ahora era YO quien le daba las órdenes... ja, ja...

Yeah, right. Como si en verdad fuese capaz de alzar mi autoridad contra ese hombre.

- ¡Yo! ¡YO! Me presento voluntaria como tributo a la gastronomía -alcé la mano derecha en una actitud envidiable y rebosante de autoconfianza. Mis compañeras Karen y Saabirah lo habían echado a suertes con los demás, pero a mi me hacía especial ilusión ayudar a preparar el banquete- Los muchachos del teatro nunca me dejan cocinar para ellos. Dicen que no quieren que me sobreesfuerce haciendo actividades secundarias. Tan lindos... -ah, la ingenuidad- No os preocupéis, ¡haremos unos platos dignos de recordarse durante mucho tiempo! -levanté el pulgar enérgicamente y corrí a reunirme con mis compañeras abajo en la cocina.

Antes de empezar a preparar lo mío me tomé algunos minutos para fisgonear lo que preparaban Karen y Saab, para no repetir el mismo plato o añadir ingredientes similares. ¡En la variedad está el gusto, dicen!

- Uhh, un estofado. Buena elección, eso nunca falla -le di una palmadita de ánimo a mi estupenda subordinada- ¿Y eso qué es? ¿Un kebab? ¿Un rollito de primavera? ¿Un sandwich exótico? -pregunté curiosa cuando Saab empezó a trabajar con una especie de obleas- Vale, entonces tenemos un estofado de carne y verduras, tenemos... eh... eso... -enumeré y descarté diferentes opciones en mi cabeza. Un plato con pescado fresco hubiera sido fantástico de no ser porque no estaba dispuesta a bajar al río y ponerme a pescar. No; debía de improvisar con lo que teníamos por ahí.

Tomé prestados algunos ingredientes menores de las mesas de mis compañeras y rebusqué en los estantes en busca de algo más. Por suerte encontré un saquito de arroz en una de las despensas, así que me dispuse a empezar por ahí. Un arrocito siempre acompañaba bien.

- "La base de una buena comida es siempre un buen sofrito" -memoricé unas palabras que había leído hace tiempo en un libro de cocina. Y no, mis aspiraciones no eran las de ser cocinera, simplemente tenía una pasión desmedida por la lectura y no me importaba leer desde novelas, cuentos y biografías, hasta guías de bricomanía, recetas y manuales de instrucciones.

Manos a la obra con el sofrito pues. Ajo, cebolla, tomate y un poco de pimiento, eso sí lo recordaba. Todo a cocer dentro de una olla, ¿verdad?... Sí, por supuesto. Que la palabra sofrito llevase lo de "-frito" de manera explícita no significaba para nada que los alimentos debían de pasar por sartén y aceite. Nada de eso. ¡AGUA! Be water my friend. Ahora bien, ¿eran dos dientes de ajo o dos cabezas de ajo por cada comensal? ¡Agh! Siempre me hacía un lío con esos términos. Uno, dos, tres, cuat-... Bueno, mejor no arriesguemos. Con diez cabezas de ajo será suficiente para darle un toquecito suave de sabor, no sea que luego me quede corta. Me tomó bastante tiempo pelar y cortar todos y cada uno de los dientecillos, y cuando mi paciencia se hubo agotado introduje los últimos que me quedaban con cáscara y todo. Total, nadie se daría cuenta y fijo actuaba como digestivo, en plan fibra y esas cosas. Los tomates los espachurré con las manos para exprimirles el jugo primero -consideraba que así el caldo quedaría más sustancioso- y con la misma los introducí de nuevo en el guisado. El monólogo dramático comenzó a la hora de cortar la cebolla.

- ¡¡Maldita sea, Fernando Augusto!! ¡¡YO TE QUERÍA!!... Sniff... ¡¡Y me traicionaste!! -las lágrimas corrían por mis mejillas al mismo tiempo que mis ojos ardían en escozor- ¡Maldigo el día que te presenté a mi hermana! ¡¡LO MALDIGO!! Sniff...¡¡Vos, TRAIDORA DE MI PROPIA SANGRE!! -señalé a Saabirah incluyéndola en mi improvisada actuación. Eh, pues tampoco era mala idea llevarse algún spray de cebolla a las obras de teatro. Las lágrimas eran muy reales- ¡Oh, mi Karen! ¡Mi dulce, dulce Karen! -metida completamente en el papel y llevada por el cachondeo me acerqué a ella con los párpados enrojecidos y el rostro contrariado- ¡Tomad ese cuchillo y acabad con mi vida, no puedo soportarlo! ¡¡Aaayyy, la ANGUSTIAAA!! -y entre medio de todo aquel paripé del que ya me costaba no romper a carcajadas, agarré media cebolla recién cortada y con un rápido movimiento se la restregué por la nariz. Y es que el "sufrimiento", compartido, era más llevadero. Pero en verdad la quería mucho.

Tras aquella improvisada pausa cada una regresó a sus labores, yo en concreto hacia mi guiso de arroz el cual empezaba a parecerme algo soso y poco sustancioso. Busqué nuevos ingredientes intentando emular la destreza culinaria de mis compañeras y tuve la inmensa suerte de encontrar un nacimiento de setas en una de las esquinas que daban al patio exterior de la mansión. ¡Arroz con setas recién cultivadas! ¡Claro que sí! ¡CLARO QUE SÍ! ¡Platazo! ¡¿Por qué no se me ocurrió antes?! Había aprendido que las setas rojas o las que tenían muchos colores podían llegar a ser peligrosas para la salud, pero aquellas tenían una tonalidad blanquecina y marrón muy inofensiva. Consideré entonces que le darían al plato el toque que necesitaba y recogí unas ocho o nueve.

...y estaba claro que muchos libros de botánica no había leído, porque aquella variedad de setas, que tan alegremente había troceado e introducido en el caldero, eran alucinógenas de efecto inmediato. No tenían graves consecuencias, eso sí, pero uno se quedaba "grogui" viendo unicornios fosforescentes y demás fauna psicodélica durante unos minutos o unas horas, depende de la ingesta.

- Lunes aaaantes de almorzar, una ladroooona fue a robar, pero nooo pudo robar... porque tenía que co-ci-nar. Así cocinaaaba, así, así. Así cocinaaaba, así así -canturreaba alegremente.

Así, llevada por el impulso de hacer un buen plato que satisfaciera a todos los presentes -en especial a Gaius, que parecía andar bajo de ánimos- dispuse un bote de miel que había encontrado en un cajón. La etiqueta estaba bien borrosa y tuve que olfatear su contenido varias veces para cerciorarme. Por suerte la miel nunca se caducaba, eso lo sabía, como también sabía que Gaius apreciaría el sabor dulce del plato. Después de todo siempre le gustó el azúcar y todo eso, aunque a mi nunca me hizo demasiada gracia. En cualquier caso, a la hora de integrar la miel en el guiso la consistencia me extrañó un poco. Costaba despegarla del recipiente, y una vez pude conseguirlo, cayó al interior del caldero como un espeso y viscoso mazacote que se zambulló en el agua hierviendo con un pesado chapuzón. Tuve que remover varias veces para que se diluyera, aunque no conseguí la consistencia que buscaba. El arroz llevaba cerca de hora y media en el fuego y no estaba segura de que ese fuera el tiempo correcto de cocción, estaba quedando todo demasiado pastoso... así que opté por añadir un puñado más de arroz buscando el equilibrio sin darme cuenta de que eso resultaría en un plato con unos granos completamente pasados y otros completamente crudos. Bueno, supongo que la intención es lo que cuenta.

Mi fabuloso "Arroz Caldoso con Setas a la Miel diluida en suave Sopa de Ajo" ya estaba listo... claro que la cantidad de ajo era capaz de suprimir por completo la inmortalidad del mismísimo Conde Frácula y la miel que yo tan inocentemente creía no era miel... sino una especie de "algo en vinagre" que en su día pudo llegar a ser comestible y que, después de más de seis décadas abandonado y olvidado en aquella mansión, había fermentado hasta adquirir una consistencia viscosa y amarillenta y propiedades dignas de ser censuradas incluso por el laxante más potente del mercado.

El nombre correcto hubiera sido "Arroz Crujiente y Caldoso con Setas Alucinógenas a la Sospechosa Sustancia Fermentada diluida en pegajosa Sopa con Cáscaras y Tropezones de cosas que no deberían de estar ahí". Pero eh, minucias, minucias. Mis compañeros sabrían apreciar el esfuerzo.
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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Kija el Lun Feb 01, 2016 9:58 pm

"Las personas ponen todo su corazón y cariño al cocinar, por eso es malo desperdiciar la comida pues estas rechazando la buena fe con la que te han preparado los alimentos"

Aquello fue lo que había dicho su madre cuando el pequeño híbrido no quería comerse la sopa de pimientos que le había preparado; poco y nada podía saber la bella mujer que varios siglos después estaría condenando a su amado hijo a un suplicio mas cruel y doloroso que cualquier tortura plegiana gracias a aquellas palabras.

Todo comenzó en un día ligeramente diferente a miles que había tenido el chico de ojos azules. Esta vez debía asistir a una reunión bastante seria respecto a lo que harían de ahora en mas después de la partida de Coyote gris. Era un miembro relativamente nuevo pero ya tenia el placer de conocer a casi todos los integrantes de la mesa redonda (que mas bien estaba ligeramente ovalada desde su perspectiva). Gaius, Keeva y por supuesto Saabirah ya formaban parte de su circulo de amistades y los apreciaba a todos casi por igual, siendo la pequeña pelirosa quien tenia un trato ligeramente preferente. Pero quien llamaba su atención era aquella a quien no conocía, la señorita que casi de inmediato detecto como a alguien igual a el, una joven de sangre mestiza. A Kija francamente le hacia mucha ilusión el conocerla pues imaginaba que al ser similares tendrían un montón de cosas en común para charlar, incluso en su encuentro idealizado se los imaginaba charlando por horas mientras se divertían.... ingenuo el.

La reunión a los ojos del semi manakete fue demasiado corta  pues las horas que para todos ellos parecían eternas para el no fueron mas que un par de minutos, de hecho considero que debían de haber debatido los temas un poco mas a profundad pero no se les podía culpar pues con excepción del peliblanco que estaba fresco como una lechuga y envidiablemente atento todos parecían medio muertos.

El asunto de la comida al final se decidió por un asunto de suerte, por su parte no tenia problemas en cocinar la comida como siempre pero las chicas se veían tan emocionadas que decidió simplemente aceptarlo y esperar. Kija no podía evitar sonreír ampliamente imaginando que tipo de comida deliciosa podría probar manos de sus compañeras de gremio, por lo que espero de forma paciente a que la comida comenzara a llegar.

Sin embargo, no paso mucho tiempo hasta que el instinto de Kija se disparo como la flecha de un arquero haciéndolo sentir extrañamente incomodo, como si algo en su interior estuviese terriblemente mal. Miro hacia todos lados y todo parecía tranquilo, era un lugar seguro pero por alguna razón su manakete interno prácticamente le gritaba que corriese de aquel lugar como si la misma grima se estuviese manifestando en las entrañas del edificio. El chico no entendía a que se debía esa inquietud hasta que Karen llego con el primer platillo. "Estofado de mar y montaña" decía.... aun que para Kija aquello mas bien parecía "estofado del mal de entrañas" pues de alguna manera no lograba explicarse como es que podía sentir un aura maligna emanar de su plato.

Ella seguro debió poner lo mejor de si para poder prepararles la comida y no quería rechazar aquellos sentimientos. En pos de una nueva amistad la miro unos momentos, sonrió amablemente y dio el primer bocado de aquel estofado espeso y maligno. Lo primero que impacto su boca fue un penetrante sabor dulce, empalagoso como nunca antes hubiese probado en sus 300 años de existencia pero aquello solo fue la punta del iceberg pues al mismo tiempo el sabor salado contrastante lo atacaba sin cuartel y el ardor característico del pimiento terminaba de dar el golpe de gracia. Las verduras estaban recocidas por fuera y crudas por dentro al igual que la carne y para colmo la cascara se habia impregnado con el exceso de sal/azúcar agregado a la mezcla. Para colmo de males el estofado tenia un desagradable sabor a sardinas secas. Sea como fuere Kija simplemente opto por terminarse su porción a base de pura fuerza de voluntad y el vaso de agua que tenia al lado.

- Esto tenia un sabor muy.... impactante.... gracias por la comida señorita Karen.... -
Spoiler:

Le dijo a la chica esbozando una pequeña sonrisa, sintiendo como su  estomago protestaba un tanto por la monstruosidad que recién le había dado como tarea digerir.... no importaba, seguro podría pasarse el mal trago con la comida que vendría después. La siguiente seria su querida amiga Saabirah, ella seguro podría ayudarlo a olvidar el mal sabor con algún platillo delicioso pues a sabiendas de lo mucho que le gustaba la comida imaginaba que por lo menos tendría una buena mano para la cocina... entonces le puso su platillo a la mesa. "Rollitos de selva" pues si que hacia honor a su nombre pues sus ingredientes seguro estarían atacando sus intestinos con la fiereza de las criaturas salvajes que la habitaban y, si fue incapaz de negarse a Karen como podría siquiera plantearse en hacer de lado la comida que su mas preciada amiga le había puesto a la mesa con aquella sonrisa deslumbrante y ojitos de cachorro?
Spoiler:

La piña en combinación con la pimienta negra fueron el menor de sus problemas, la masa estaba cruda y para colmo la habian bañado con algo de sabor tan ácido y profundamente amargo cono vinagre, pero no era vinagre, parecía ser algún tipo de derivado que probablemente los antiguos dueños de aquel lugar usaban para algo que nada tendría que ver con los alimentos. Kija tosió un poco sintiendo que los trozos que intentaba pasarse por la garganta intentaban regresar por su garganta en un intento desesperado de su cuerpo para que los escupiese, pero nuevamente el chico de ojos azules se mantuvo firma y termino de comerse  el bendito rollo de la muerte. La boca le dolía de una forma en la que nunca lo creyó, incluso podría jurar que escuchaba el chillido de su estomago al ser tan inclementemente atacado... recordaba con anterioridad haber comido plantas venenosas menos dañinas que aquello que ahora moraba en sus entrañas.

- Fue una experiencia muy.... intensa.... gr-gracias por la comida señorita Saabirah.... -
Spoiler:

Se esforzó lo mas que pudo en regalarle una sonrisa a su querida amiga pero la verdad era que ya comenzaba a sentir mareos y su cuerpo comenzaba a debilitarse al ir perdiendo la pelea contra la comida de las chicas.... mas lo peor aun estaba por venir.  Sin saber como un aura de muerte entro por la puerta principal, esta vez en las manos de Keeva. Kija se vio forzado a enterrar las garras en la agarradera de su silla para no salir corriendo como alma que lleva Grima.... de hecho estaba seguro que incluso grima saldría huyendo al ver semejante cosa.

"Como es posible que una comida sea capaz de emanar esencia del viento aciago?!!, aun que ahora que lo pienso siquiera el viento aciago es capaz de hacerme temblar como lo que sea que esto contenga. Naga me libre.... no, hoy Naga no esta aquí.... ni vendrá."
Spoiler:

Penso para sus adentros en cuanto tomo la cuchara y tragaba algo de saliva. Miraba la cara expectante de la chica fue incapaz de rehusarse.... "Arroz Caldoso con Setas a la Miel diluida en suave Sopa de Ajo", la verdad es que ya siquiera tenia fueras para relacionarlo con algo que no fuese la epitome del mal.... algo que indignaría al mismísimo dragón caído. Habia, entre todas las cosas u leve resplandor verde en el contenido del arroz crudo y recocido.... unas setas de aspecto inofensivo pero que al verlas  en la obscuridad brillaban de color verde fosforescente.... la comida estaba brillando muy tenuementente de un color verdoso con la poca iluminación y eso no podría traerle nada bueno.

"No mas por favor.... no mas..... "
Spoiler:

Suplico para sus adentros mientras sentía que los ojos le lloraban.... Su férrea voluntad de antes estaba por los suelos pero le consolaba saber que nada podría venir después de aquello, en el mejor de los casos podría caer muerto o algo. Olvidando totalmente sus modales Kija tomo el tazón, abrió la boca y bebió todo el contenido sin molestarse siquiera en intentar saborear lo que sea que estuviese comiendo con sus arruinadas papilas gustativas, poniendo el plato de nuevo en la mesa con un golpe seco.

- Estuvo delicioso señorita Keeva.... ahora.... por favor... necesito que le digan al duende violeta que la fiesta es a las 8.... -

No habia tardado nada en comenzar a desvariar debido al efecto alucinogeno de los hongos, de hecho Kija comenzo a merodear por la habitacion diciendo disparate y medio mientras chocaba contra las paredes o los muebes, siendo inevitable que de improviso el pobre colapsara sin mas en el piso como si de un saco de patatas se tratase.

Aclaración:
Pedí permiso previamente a las bellas damas para mover un poquito a sus personajes y asi agilizar un poco.
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Arqueólogo

Autoridad :

Inventario :
DragonStone Plus [1]
Tónico de resistencia [1]
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Support :
Reyson
Gaius
Sissi

Especialización :

Experiencia :

Gold :
159


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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Gaius el Mar Feb 02, 2016 7:28 pm

Gaius quería encerrarse en el más oscuro y recóndito calabozo del mundo y tirar la llave. Estaba seguro que terminar sus días de esa manera seria menos tormento que seguir a la cabeza del gremio.
Hacia unos pocos días habían pasado la noticia: Edwin Cicuta consejero en el reino de Ylisse, también conocido como Coyote Gris fundador de Jauría gris, había fallecido debido a su avanzada edad. El hecho no había sido de gran importancia en el reino donde ejercía su fachada, pero para la interna de la jauría… había sido una noticia devastadora.
Él siempre había estado a la cabeza, guiando y reclutando a los miembros, aconsejándolos y dándoles un propósito para vivir. El propio Gaius hoy probablemente estaría muerto si en su momento ese viejo buitre no lo hubiera rescatado de las calles. Ahora, sin él, solo les quedaba dar sus respetos y seguir hacia adelante, fácil de decir pero muy difícil de hacer.
Coyote había dejado un testamento, en el cual lo nombraba como su principal heredero, recibiendo en el acto todas las responsabilidades de dirigir al gremio. Por suerte para él, esta era una tarea compartida con otros cinco miembros más. Pero compartida o no, era una tarea demasiado importante para el ladrón analfabeta, quien se sentía completamente agobiado por ello.

Ahora se encontraba en una casa a medio derruir, sentado en una improvisada mesa redonda con todos los papeles y mapas que Coyote les había dejado como herencia. Gaius los miraba sobre la mesa siendo incapaz de entender una sola palabra escrita en los pergaminos, o entender una sola acotación garabateada en los mapas. Porque estaba él ahí? Ese era la mayor incógnita.
Llevaban horas hablando sobre los distintos asuntos retratados en los diversos papeles, y no iba a mentir, Gaius no había entendido ni la mitad de lo que hablaban. Las principales oradoras habían sido Karen y Saabira, e incluso ellas parecían agobiadas por la tarea. Sí, todo indicaba que esa reunión había sido una pérdida de tiempo. Pero como todo en esta vida, por suerte ya había llegado a su fin. El ladrón no pudo contener un enorme suspiro de alivio cuando declararon por terminada la reunión. Simplemente dejó caer su  cabeza sobre la mesa  mientras seguía suspirando. Nunca en su vida había tenido que penar o estar tanto tiempo a algo, no había rincón de su cerebro que no estuviera cansado o adolorido. “Nunca más!” se dijo el ladón. “Esta es la primera y última vez que me vengo a una de estas reuniones! De aquí en más si necesitan algo de mi podrá intentar buscarme en el…” Se detuvo a sí mismo en su perorata interna. Levantó la mirada de la mesa y volvió a contemplar nostálgico los papeles sobre la mesa. Quizá no podía leer las palabras, pero reconocía muy bien el pulso y trazo del que había escrito esas palabras. Miles de escritos que habían salido de la misma mano de su tutor se apilaban ahí enfrente de él. El ladrón no pudo evitar ponerse melancólico.
Coyote había sido un terrible tutor, Gaius no tenía que ser un experto en enseñanza para saber que darle una daga a un niño e indicarle que peleara contra un soldado, no era una buena idea. Y como esa, había mil anécdotas. Todas siempre cargadas de exigencias, reproches, castigos y amenazas. Pero…había otros recuerdos también. Como la vez que enfermó y coyote lo había acogido en su propia recamara y cuidado él mismo. O la primera vez que había pagado su fianza… Si, quizá no había sido un buen tutor, pero se había preocupado por él cuando nadie más lo hacía, cuando no era más que un gatito enfermo bajo la lluvia sin que a nadie le importase si vivía o moría.
Tomó una de las cartas escrita por Coyote y volvió a suspirar. Pero esta vez no de cansancio, sino de melancolía. De ese hombre, que tanto había representado en la vida del ladrón, ya solo quedaban esas indescifrables cartas. No pudo evitar el momento de debilidad, y una lágrima le corrió por la mejilla. Rápidamente la secó y miró perseguido hacia todos  lados temeroso que alguien lo hubiese visto llorar como una torpe señorita enfrente a la carta de su amado. Por suerte para él, las muchachas habían bajado hace tiempo hacia la cocina, dejando al ladrón en compañía del dragón y del enmascarado arquero. El dragón parecía más interesado en seguir los sonidos que provenían del piso de abajo que en notar al gimoteante bandido. En cuanto al arquero… era imposible saber que pensamientos  había detrás de esa mascará, así que el ladrón simplemente miró hacia otro lado haciéndose el desentendido y volvió a dejar la carta sobre la mesa.

A los pocos minutos las chicas volvieron a subir cargadas de olas y fuentes con humeante y aromáticas preparaciones. El bandido se enderezó en su silla, no se había dado cuenta hasta el momento del  hambre que tenía y el olor dulzón de muchas de las preparaciones le incrementaba el apetito todavía más. Aunque este echo hizo que se parara en secó antes de abalanzarse sobre las ollas. Olor dulce? Todos eran guisados y preparaciones de apariencia salada… porque ese fuerte olor a miel? Cauteloso el bandido se disculpó y puso excusa de que debía ir a satisfacer el llamado de la naturaleza y se alejó raudo de la habitación. Esperó un buen rato antes de volver a la habitación, su plan: esperar a que otros comieran la comida y ver las consecuencias que eso traía.
Volvió a entrar a la sala fingiendo acomodarse los pantalones. Lo que vio le confirmó que había tenido la mejor idea en su vida entera. Kija se tropezaba y daba vueltas sin sentido por la habitación, con un extraño rastro de baba en la comisura de los labios, el resto de las chicas no paraba de ofrecerle más de sus “exóticos” platillos. El bandido estaba a punto de darse media vuelta y huir, cuando una mano conocida lo tomó del hombro. Su querida hechicera estaba enfrente a él con ojos de ilusión y ofreciéndole una porción de su… Gaius ni siquiera intentó adivinar qué era eso que le ofrecía, solo sabía que había visto animales aplastados en los caminos que parecían más sabrosos de lo que la hechicera le obsequiaba.
Pero preferiría enfrentar a un ejército de emergidos con  un escarbadientes a desilusionar a su querida muchacha. Con gran valor tomó una cucharada de “eso” y se lo llevó a la boca.
El penetrante y desagradable sabor de la inmundicia no se hizo esperar, no bien la cuchara había tocado sus labios Gaius podía sentir que le daba arcadas, pero pese a todo se terminó de llevar la cuchara a la boca y contuvo las lágrimas de tener tal cosa dentro de su boca. Sin tragar aquel infernal engrudo volvió la cara hacia su amada y fingió una sonrisa. Fue la sonrisa que más esfuerzo le había tomado fingir en la vida.

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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 08, 2016 2:09 am


Aquella tierra le era enormemente extraña. Había recorrido cada rincón de Chon'sin, cada colina de aburridas y apagadas tonalidades de verde, embelleciéndolas con el bello tono carmesí que tanto fascinaba al enmascarado. Aquél blanco marfilino de los pétalos de cerezo en flor, floreciendo rojos y hermosos de los innumerables cuerpos de los pueblerinos que aterrorizados huían de su risotada. La sonrisa que ofrecía la muerte, a aquellas almas elegidas para abandonar el mundo terrenal. Su cuerpo podría estar asentado, al menos de modo temporal en Begnion, pero su colorida y abstracta mente estaba anclada en su primer y más valioso lienzo, estancado en cuál sería su siguiente creación y quién sería el afortunado de recibir de manos del artista, su preciado don de la perfección.

Ahí estaba, inmóvil, como una gárgola plomiza mirando al infinito paisaje, de árboles mustios y sombríos, azuzados por el vendaval que se desataba más allá de los derruidos muros de las ruinas de aquella mansión. El ojo vítreo, borgoña, escudriñaba en la oscuridad de aquél lugar desprovista de toda luz salvo la de las llamas de la pequeña hoguera, que danzaba con pasos sinuosos al compás del restallido de las brasas. Las voces del resto de cofrades parloteando sobre temas mundanos, grises y carentes de todo color para el virtuoso, lo traían de vuelta a aquella habitación donde aporreaban y marcaban puntos de un enorme mapa sepia desteñido, proponiendo cuál sería el modo de actuar, dándole un sentido a aquél atajo de perros en forma de un hueso que aún tuviera algo de carne que mordisquear. Algo superficial que no alcanzaba a interpretar. Cuán vacíos eran la ambición y el propósito de aquellos cachorros, ahora abandonados a su suerte por su difunto liberador. Decepcionante.

Debido a su mediocridad, se vio privado, atrapado en aquella red de araña, que lo mantenía apartado de su infatigable carrera y de cada minueto decadente de los corazones que apagaba con sus saetas. Alzaba la vista, ladeando la cabeza extrañado por el incesante traqueteo de utensilios y el sonoro cotorreo que se cocía bajo sus pies, sin poder sacarse de la cabeza las miradas que les dirigía el público mientras manaba la sangre de sus cuellos. La muerte de una hermosa víctima, fruto de su propia creatividad, era lo máximo que podía ofrecer el talento teatral de Jaqu'n, pero el público sentía adoración por los espectáculos grotescos.

No transcurrió mucho, cuando las mujeres aparecieron, con muecas de enorme satisfacción en sus rostros mientras portaban las marmitas para servir lo que en apariencia debía ser la cena del resto de la jauría. El enmascarado observaba con curiosidad, ladeando su cabeza, mientras la compañía de teatro salía a representar la función de aquella noche. Podía olerlo, no provenía de las carbonizadas ollas, no de los guisos que con apagado borboteo, pero lo reconocía pues cada vez que tensaba su arco, esa esencia manaba como un torrente por el aire. La dama oscura de dedos de hueso rondaba por aquellos pasillos, acechando en la sombra para reclamar la vida de alguno de los allí presentes. Un zorro abandonó el gallinero, mientras un dragón se veía arrinconado por tres alimañas con más armas que platos, estofados y cubiertos. Jocoso, casi como si fuera a arrancar una risotada parca y queda de su maltratado cuerpo. Con asombro admiró como el albino semblante del peliblanco iba degenerando a unos bellos tonos de azul y púrpura, que coronaban su sien con cada cucharada que ingería. Una condena de lo más lenta, y particularmente deliciosa para el enmascarado bufón, que disfrutaba a diferencia del comensal con cada bocado. No tardó demasiado en volver a escena el descuidado zorro, desconocedor de la sombra que se cernía y que con una amable sonrisa, lo haría caer en su juego. El ilustre, no apartó la vista, deleitándose en el momento en que la condescendiente mueca de amabilidad del pícaro se transformaba en una risa forzada, como la de una máscara de teatro.

Abandonó la lúgubre compañía de las sombras, para acercarse una vez más al resto de su compañía. Tomó asiento, recorriendo con la punta de sus dedos metálicos el contorno de cada uno de los platos, disociando cada elemento, tono, textura y aunque por separado no tuvieran ninguna cohesión, su mente acababa de concebir el modo de perfeccionar sus creaciones a una de mayor trascendencia. Derramó todo su contenido, y tal como haría un panadero, amasó la argamasa con ahínco, dando forma a la mezcla y acomodando según las ideas iban y venían de su cabeza. Ahondó su siniestra en su morral, añadiendo con movimientos rápidos y concisos, pequeños ramilletes de lilas blancas, llomberas y paniculatas, dando vida a un hermoso centro de mesa que bien parecía un extracto del suelo del bosque, con algún hongo luminiscente creciendo desde el estrato más bajo. Solo faltaba el elemento central, un nexo que consagraría aquella burda pieza de madera a un fin mayor, una obra que plasmase pavor y belleza a partes iguales. Con ambas manos tomó la fruta podrida, su unión, dejándolo deslizar entre sus afilados dedos en la médula de su lienzo. La cabeza de una hermosa doncella descansaba ahora sobre el lecho de comida, plantas y flores, desprovista de aquellos ojos de color turquesa que días atrás fulguraban repletos de vida. Sus largos cabellos castaños, entrelazados con hiedra, lirios y hortensias desgajadas, equilibraban su creación, dotándola de una belleza mórbida sin igual y única.

Apartó lentamente sus manos, observando con fascinación el culmen de aquél lienzo, exhalando una prolongada bocanada de aire, donde una voz ronca susurraba una palabra que bien podría helar la sangre al caballero más valiente.

- Perfecto... - subrayó con una ronca risotada.  
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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 13, 2016 2:27 pm

La mansión abandonada donde se encontraba le hacía recordad el internado en donde había estado prácticamente todos los años hasta fechas recientes, las tablas de las escaleras crujían al ser pisadas y ratas merodeaban toda la escena. La luna ya se asomaba por entre los orificios que se podían ver en el techo junto a la gran cantidad de tela de arañas que había. Al parecer el viejo a cargo del gremio se había muerto y siendo ella encargada de una de las secciones de dicha organización debía estar presente en esa reunión, aun había individuos que no conocía, la pelirroja, el hombre de la máscara y la chica de ojos verdes eran a quienes no conocía, luego se encontraba el manakete a quien había tenido la oportunidad de conocer en su trayecto de regreso del templo de Grima, el pelirojo a quien le había metido a mas no poder instrumentos por cada orificio que tuviera cuando fue su turno de torturarlo hace un tiempo quizás debería pedirle que se repita la tortura fue muy divertido para ella el hecho de romperle en trocitos las extremidades y hacerlo sufrir a mas no poder y por ultimo Saabirah la maga que encontró en el desierto y quien se le había llevado su capa con ella en aquel momento, era con la única que se podría decir que ella tuviera simpatía.

La reunión inicio y se hablaron de gran cantidad de temas en relación al futuro del gremio, muchas de esas cosas ni siquiera la involucraban, solo acudió al llamado por si se modificaba su cargo de encargada de torturas, la reunión fue completamente aburrida sin mucho interesante que ver, solo a Gaius hacer que sabía leer las cartas que sostenía entre sus dedos. Paso el tiempo y finalmente se había terminado todo, la peliroja que respondía al nombre de Karen pidió ayuda para hacer la cena para todos los presentes, Tharja la miro mientras sostenía su libro con ambos brazos apenas levantado la vista –Emmm…no… -Dijo de de forma seca frente a la pregunta formulada. Por otro lado, las otras dos chicas si se apuntaron al trabajo con gran entusiasmo y así las tres se retiraron de la habitación dejándola con los tres hombres presentes, pensó mejor las cosas y se retiró siguiendo a las chicas un trayecto muy largo detrás de ellas, al no tener intención de cocinar nada ya que ella tenía sus manzanas como era costumbre, sin hacer ruido se acercó y escondió al borde de la entrada a la cocina, asomando solamente una pequeña parte de su rostro que era camuflado por las sombras.


Observo por unos minutos la situación hasta llegar al punto de no comprender que era lo que estaban cocinando, vinagre, una cantidad imposible de cabezas de ajo, miel y una maza que parecía…no sabía que parecía. –Hee, hee, hee… -No pudo evitar reír al pensar que pasaría cuando alguien comiera tal cosa, al ver que estaban por terminar los platillos se escabullo hacia el piso de arriba nuevamente viendo a Gaius que salía de la habitación sin notar su presencia se escondió detrás de unos de los pilares que se encaraban del sustento de la mansión donde podría ver que era lo que pasaría cuando alguien tragara los alimentos. Finalmente, las chicas volvieron y el elegido para deleitar los platillos fue nada más que el manakete de cabello plateado, platillo tras platillo parecía que se desvanecía de su estado de conciencia hasta llegar al punto del delirio. –HEE, HEE, HEE… -Soltó una risa que se pudo escuchar por todo el lugar. Decidió salir de su escondite y acercarse al cuerpo del manakete que yacía en el suelo, se agacho teniendo sus piernas juntas hasta poder tocar la mano de Kija, que era algo que le encantaría experimentar con ella en algún momento. –He, he, he… ¿no quieres una maldición? te puedo curar como aquella vez he, he, he…
-Dijo en un intento casi desesperado para que el manakete le dijera que así poder conseguir más información sobre ellos. Los otros dos integrantes masculinos probaron los platillos teniendo únicamente algunos gestos de disgustos en sus rostros. Tharja saco una manzana y comenzó a comerla mientras picaba con el dedo la mano de Kija que aún estaba en el suelo delirando.
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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 21, 2016 3:41 pm

Lo cierto es que me había tocado una gran compañía en la cocina: tanto Saabirah como Keeva eran muy alegres y les entusiasmaba la cocina tanto como a mí. ¡Esto sería todo un éxito!

¡Desde luego! ―comenté feliz cuando mi amiga de la infancia alabó la elección del estofado por mi parte―, pero tengo que decir que debo tan excelente idea a Saabirah. ¡Fue ella quien me dio la carne! Con tan excelente ingrediente, lo demás es coser y cantar. ¡Muchas gracias! ―sonreí a la pelirrosa, que andaba pendiente de su propio plato, y presté atención a la conversación por si podía aprender algo de sus maravillosas recetas―. ¿Qué vas a hacer tú, Keeva? ―pregunté con curiosidad cuando la vi examinando lo que había en la mesa.

Ah, ¡qué divertido! No me entretenía tanto en una cocina desde la época en que mi madre me enseñaba a cocinar, siendo yo pequeña. ¡De ella aprendí todo lo que sé! Ahora que lo pienso, nunca entendí que en la mansión nunca la dejaran cocinar… De hecho, teníamos que escondernos e ir por la noche para que no nos pillaran. ¡Por favor! Todavía recuerdo aquel estúpido rumor sin sentido que acusaba a mi madre de ser maga oscura. ¿Tanto alboroto por luces, llamas y humo de colores saliendo de la ventana a medianoche? ¡Qué disparate! Mi madre era una gran cocinera, ¡sobre todo con sus creaciones en la marmita! ¿Qué pociones ni qué laguz muerto? ¡Era una artista! Mmm… “Arte”… Supongo que, en cierta forma, Jaqu’n y ella podrían haber sido grandes amigos… Bueno, al menos si él no fuese tan… así…

Pero una trágica voz me sacó de mi ensimismamiento y, cuando me giré, vi a Keeva montando un drama mientras cortaba una cebolla. Antes de darme cuenta ya me había echado a reír, sobre todo cuando metió a Saabirah en la obra. ¡Obviamente no iba a desperdiciar mi oportunidad cuando se me presentó!

¡Oh, lady Keeva! ¡No me obliguéis a hacer tal cosa! ―supliqué sumándome al dramatismo de la escena mientras me acercaba a mi amiga con el rostro tan afligido como me lo permitían las ganas de reír―. Después de tantos años a vuestro servicio, ¡¿cómo podría yo…?! ¡Eh! ―exclamé con una mueca que era la perfecta mezcla entre sorpresa, indignación y diversión, en el momento en que me restregó la cebolla en la cara. Cuando me alejé unos pasos frotándome la nariz, me aseguré de llevarme conmigo un huevo escondido en mi otra mano―. ¡Infamia! ¡Ultraje! ¡¿Y vos llamáis traidora a vuestra hermana?! ―alcancé a decir antes de estallar en carcajadas y lanzar por sorpresa aquel huevo a Keeva. Obviamente mi intención no era darle realmente, así que sólo le pasó cerca, pero se me olvidó añadir en los cálculos que Saabirah se encontraba justo detrás. Tampoco le di a ella, pero fue de puro milagro―. ¡Uy! ¿Lo siento…? ―pregunté más que me disculpé, intentando disimular con la mano en la boca las ganas de reír.

Pero tras un rato de diversión, todas volvimos a nuestras tareas, acompañadas por la alegre y graciosa canción de la albina. Mientras sonreía al escucharla, reflexioné sobre lo que acababa de ocurrir y pensé que sería una buena idea añadir un par de huevos al estofado, pero salvo eso y añadir unas cuantas especias y mejunjes varios (¿Veritaserum? ¿Qué sería eso? Bueno, era transparente… ¿Sería algún tipo de alcohol? El caldero era enorme, así que seguro que echar todo el bote no le hacía ningún mal al estofado…), no hice muchos más cambios… aunque más tarde me arrepentí. Las obras de mis compañeras resultaron ser tan originales que temí no estar a su altura. ¡Pero bueno! Gracias a ellas había aprendido mucho sobre la cocina, así que estaba segura de que la próxima vez las superaría.

Así que no me faltó confianza cuando puse en una bandeja unos cuantos platos a rebosar de mi perfecto estofado y me adelanté a mis compañeras. Tuve que tener bastante cuidado para que no se derramaran, pero logré llevarlos todos sanos y salvos al piso de arriba. Cuando terminé de repartirlos, llegaron las otras cocineras e hicieron lo mismo. Kija fue comiendo los platos uno por uno, comenzando por el mío, que fui la primera.

Vaya, ¡gracias! ―sonreí a una distancia prudencial, feliz por el halago pero sin poder seguir confiando totalmente en un híbrido.

Por otra parte, Gaius prefirió comenzar por la comida de Saab. Era lógico, ya que tenía entendido que eran novios desde hacía poco. Mientras tanto, Jaqu’n empezó a... a… ¡¿Qué narices está haciendo Jaqu’n?! ¡¿Es que no sabe que no se debe jugar con la comida?! Aunque claro, a ver quién es el guapo que se lo dice… En cualquier caso, después de manosear, seleccionar, redistribuir los ingredientes y adornarlos con flores, se acercó a sus cosas y sacó un… una… una… ¿CABEZA? ¿HA SACADO UNA CABEZA? ¡¿QUIÉN NARICES GUARDA UNA CABEZA?! ¡¿POR QUÉ LLEVA UNA CABEZA?! ¡¿QUIÉN NARICES CONTRATÓ A ESTE TÍO?!

Pero después de su escalofriante risa, otra más extraña captó mi atención. Cuando me giré, Kija estaba diciendo no se qué de un duende morado y una fiesta a las ocho, y Tharja se había acercado para  preguntarle si quería una maldición.

¡Oye, oye! ―grité acercándome para llamar la atención de la maga oscura―. ¡¿Se puede saber qué le has hecho?! ¡Hasta hace un momento estaba perfectamente! ¡¿Acaso lo has drogado?! ―pregunté, interponiéndome entre ambos para proteger al manakete y mirando a la morena con una mezcla de desconfianza y advertencia―. ¡¿Es que pretendes dejarnos sin tesorero?!

¿Sería eso? ¿Pretendería quedarse con el dinero del gremio?
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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 22, 2016 5:34 pm

Los rollitos que iba a presentarles a los chicos y a Tharja ya estaban más que dorados en distintos tonos de marrón que daban lugar a bronces terrosos como a colores arena y achocolatados que parecían hechos a posta incluso si no era en absoluto el caso. La pura suerte se había encargado de decorar su arma mortal para que pasase realmente desapercibida ante los inocentes ojos extraños... Si no se paraban a oler o reparar en la cantidad de orégano abrasado alrededor, algunos tan carbonizados que casi parecían virutas de chocolate negro. Los ingredientes de su interior se encontraban más que calientes, algunos reaccionando con endurecimiento y otros quedando blandurrios. Era un asco terrible por el que Keeva se había acercado a preguntarle, respondiendo ella con el orgullo propio de una madre hacia su monstruosa creación.

-Casi, pero no, ¡son rollitos de selva! Postres deliciosos que os harán a todos la boca agua, ya lo verás. -le sonrió, con los brazos en jarras, mientras permitía que ella se recrease la vista con aquel monstruo que iba a destrozar los estómagos de todos, en realidad, por muy segura de sí misma y contenta que estuviese. Se dispuso a colocarlos todos en una especie de recipiente de cartón genialmente decorado que servía de improvisada bandeja para exponerlos, escuchando durante tal tarea un elogio hacia su persona que hizo que sus ojillos se iluminasen al sentirse útil. Juntó las palmas de ambas manos ante sí con gran ilusión y se giró hacia ellas. -¡¡Oh, no ha sido nada!! Es que estaba segura de que alguien con tal destreza con los cuchillos haría un gran plato de carne. -exclamó, tal vez sin darse cuenta de que medio gremio era completamente diestro con las dagas o puñales porque estaban rodeados de ladrones. Saabirah y la lógica, la lógica y Saabirah... A veces tan buenas amigas, otras veces la pelirrosa perdida en su mundo mental en que las fantasías cobraban realidad. Normalmente, cuando se dejaba llevar a paraísos mentales alternativos era que estaba bastante feliz, por lo que no cabía duda de la expresión de suma alegría que ocupaba su rostro. ¡Era la primera vez que se sentía como si estuviese en una familia numerosa llena de hermanos y hermanas!

Comenzó a tararear melodías alegres mientras daba los últimos retoques, para darse cuenta en el momento justo de que un huevo se dirigía hacia ella, abriendo los ojos de par en par y haciendo lo único que podía -¡Cuerpo a tierra! -se abalanzó en plancha hacia el suelo y agradeció no tener tanto pecho como para lastimarse, pero sí el suficiente como para que el aterrizaje fuese mullidito. A medio levantarse, se encogió de hombros con una media sonrisa ante la especie de disculpa proferida por Karen. No estaba molesta porque sabía que no era su intención, recobrando prontamente la actitud cantarina -en cuanto se le pasase el susto de haber estado en medio de la trayectoria de un arma mortal culinaria. Y no era la única que cantaba, por lo que le hizo los coros a Keeva cuando cantaba algo típico sobre cocineras o algo así, repitiendo el final de sus frases con musicalidad.

Al final terminaron en el mismo orden de llegada, ¡había que ver qué organizaditas eran!  Subió tras Karen para ver a Gaius huyendo hacia la llamada de la naturaleza y se encogió de hombros, le recordaba tan absorto que no le extrañaba que no se hubiese percatado de la urgencia hasta que era inminente. Quien sí se estaba animando a probar cosas era Kija, por lo que ella no fue menos y se aproximó hacia él con toda la ilusión del mundo. -¡Mira, Kija, mira, son rollitos de selva! -le plantó la bandeja al lado con desbordante euforia, ilusionada, aguardando a que se sirviese. Observó meticulosamente todas sus caras, creyendo que era parte del proceso de desgustación, es decir; que eran caras de absoluto disfrute. Lo que le hizo dar saltitos de alegría cuando él le agradeció y denominó como "intensa" la experiencia. ¡¡Sabía que lo estaba viviendo a tope de potencia!!

Vio llegar a Keeva y le dejó espacio para acceder al muchacho, agradecido con la comida por naturaleza, para luego correr con aquel de quien ahora mismo deseaba la total aprobación. ¡Se había esforzado por que estuviese rico! Pensaba que podría animarle, estaba muy preocupada por su estado, incluso si trataba de no agobiarle porque sabía que él no era tan mimoso como ella por naturaleza. Le aproximó el platillo con tal cara de ternura que casi parecía un cachorrito, esperando a ver qué le parecía. Verle sonreír le hizo sentir alegre, por lo que le abrazó y le dio un beso en la mejilla. -Me alegro mucho de que te guste, cariñín. -posó la mano sobre el brazo del bandido como quien no quería la cosa, en un gesto de apoyo. Solo hubo algo que pudo interrumpir aquella manifestación de cariño tan sentida y fue un ¡pataplof! causado por el manakete al desplomarse en el suelo. Soltó al pelinaranja y se dirigió hacia él, preocupada, mientras observaba a Tharja queriendo hacerle un agujero con su dedo impactando contínuamente en la misma zona de su escamosa mano.

-¡¡Kija, eso te pasa por comer demasiado!! No puedes querer de todo, luego acabas así de empachado. Ay, qué hombre este... -le regañaba maternalmente, para colmo, la muy descarada. No asociaba el exagerado poder mortal de los alimentos a su reacción sino que creía que iba a explotar como un pez globo. Cruzada de brazos, se quedó mirándole, preocupada, pero sin poder enfocar su atención en otra cosa que en el nuevo centro de mesa que cierto pirado estaba creando con la cabeza de una muerta y toda la comida. La mandíbula inferior se le desprendió como acto reflejo y se acercó a él para darle algo parecido a aprobación porque pensaba que, en su locura, no era más que un incomprendido desequilibrado que mejor haría en ser encerrado para siempre en alguna celda, pero... En el fondo le daba bastante lástima ver a alguien con un alma tan corrompida. Le posó la mano en el hombro. -Muy.... artístico, Jaqu'n. -no encontraba palabras para expresar la impresión que le había causado su invención pero, aún estando horrorizada, quería hacerle sentir mínimamente comprendido. Se acercó a Kija disimuladamente porque era quien estaba inconsciente y proteger su cabeza le pareció una excelente idea. ¡Aunque tenía que reconocer que el peinado que el artesano le realizó a su obra sí le había inspirado!

-¡¡¡Oh, cielos, siempre he querido hacerle esto y es el momento perfecto!!! -colocó su cabeza en el regazo y comenzó a tomar mechones de su fino cabello para dividirlos en tres secciones e irlas enredando mutuamente en ciclos muy estudiados, dando lugar a trenzas pequeñitas que le iba haciendo a lo largo de la cabeza. -Tharja, ¿me ayudas? Es muy divertido, ya verás qué cara pone cuando despierte. -y vea la cabeza de alguien peinado igual, debió añadir, pero tampoco había caído en la cuenta de ese pequeño detalle cuando aquella idea juguetona apareció en su mente. Y es que era poco más que una broma que le hacía manifestar una sonrisa feliz, indiferente a los berridos de Karen hacia la plegiana, no considerando tan grave el incidente.
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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

Mensaje por Marth el Mar Mar 08, 2016 11:10 pm

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Gaius, Kija Karen y Keeva gana 10G


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Re: Qué rico... ¿veneno? (Priv. Saabirah, Keeva, Kija, Gaius, Jaqu'n y Tharja)

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