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La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

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La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Jue Ene 21, 2016 3:14 pm

Tras recibir la misiva de aceptación del marqués Eliwood, se me permitió acudir a Altea para unirme a las fuerzas de liberación. Escribí a mis hermanos y les expliqué las razones de mi actuar. Era imposible dejar pasar la posibilidad de evitar hacer más enemigos de los que muy probablemente ya tengamos. Por otra parte, confío en que podrán hacer frente a los Emergidos en mi ausencia. Además, había una tercera razón: si lográbamos tener amistad con al menos una de las casas de Lycia, podríamos tener facilidades para comprobar si hay alguien allí que haya tenido algo que ver con la aparición de los emergidos, como sospecho no solo de Lycia, sino de cada uno de los países, sean “aliados” nuestros o no. La mejor manera de poder investigarlos es siendo amistosos con ellos. Y para tener una buena justificación de mis actos, utilicé como excusa el auxilio que prestaron a Kamui. De esa forma, no sospecharían en absoluto sobre mí. Lo que sí que no les mencioné era que sentía una cierta curiosidad hacia el príncipe Marth y su obvio parecido conmigo. Ya lo averiguarían cuando le conociesen.

Tomé unos jinetes de wyven, de los cuales dos de ellos harían de mensajeros, para mantener al corriente a mi familia de lo que iría sucediendo, obviamente sin revelar los planes de combate de la alianza entre Lycia y Altea. Eran los suficientes como para no afectar a nuestro desempeño en el combate contra los emergidos.

Hubo ciertos problemas a la hora de llegar a Altea debido a que éramos un grupo armado, así que esperé a que se comunicase de mi presencia y mis intenciones a las autoridades pertinentes: asistir en la guerra contra los emergidos. Al final se nos permitió pasar, con la condición de solo llevar un único escolta en castillos y zonas parecidas. Elegí a un hombre de confianza para ello: uno de los dos mensajeros. De esta forma, también podría dar su impresión personal de los nobles, algo que siempre es útil.

He de admitir que sentía cierta curiosidad por el marqués. A pesar de ser de un continente que en principio debería ser enemigo, no dudó en establecer una relación amistosa con Marth, el príncipe de uno de los reinos de Akaneia. ¿Qué clase de persona sería? ¿Sería tan precavido como él? ¿Era un ingenuo? ¿Pretendía utilizar Altea? ¿Tendrá alguna relación con los emergidos? De ser así, ¿cuál es su intención para ayudar a Altea? ¿Conseguir nuestra confianza para después culpar a otro país? ¿Eliminar a los líderes de los países? No tengo ninguna prueba sobre ello, pero no puedo evitar pensar que su actuar es un tanto sospechoso a mis ojos. La única posibilidad, y la razón por la que otorgaré el voto de la duda, es que es posible que no sea más que una víctima de los emergidos, tal y como somos muchísimos otros, y que el cerebro detrás de estos sucesos no fuese él, sino otro completamente distinto.

Sea lo que sea, solo lo averiguaré una vez conozca al marqués. No tiene sentido preocuparse de antemano cuando ni siquiera he podido hablar con él.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Lun Ene 25, 2016 1:00 pm

Vaya condiciones para su primera visita a Altea, y cuan mezcladas las impresiones que el brillante reino dejaba en él. Él mismo había ansiado el viaje por un largo tiempo, desde las épocas en que había intercambiado toda clase de cartas con el rey, hasta el momento en que con su heredero consiguió establecer la deseada alianza. Y allí estaba, deleitándose de un ambiente que en Elibe no existía siquiera: las grandiosas peatonales empedradas, los teatros, las plazas, los desfiles... belleza que parecía imposible en la oscura época que atravesaba el mundo, floreciendo bajo el gobierno del príncipe Marth mucho más de lo que a su conocimiento había hecho durante el manejo del rey anterior. ¿Cómo era posible? Le mistificaba, pero era algo que prefería disfrutar antes que cuestionar.

La respuesta, de todos modos, comenzó a aparecer frente a sus ojos con el sólo pasar de los días, sin que la buscase siquiera. La ciudad capital era gloriosa, sus costas eran seguras, su milicia era confiable y sus habitantes lucían satisfechos, pero los barcos que volvían del frente de batalla en las islas contaban otra historia. Ni siquiera se le relegaba a dichas islas a él, quien ostentaba el comando de un tercio del ejército libertario, a la par del marqués de Ostia y el mismo príncipe de Altea. Altea tenía sus secretos, no cabía duda. Pero su deber estaba en otro frente de la batalla y ocuparía su mente allí, guardándose cualquier sospecha colateral.

Así mismo respecto al invitado de honor que recibiría. El príncipe Leon era un contacto de Marth, no suyo. Lo que fuese que ocurriese entre ambos reinos, lo que fuese que hubiese impulsado al hombre de Nohr a prestar su ayuda, seguramente tendría que ver mucho más con Altea que cualquier otra cosa. No era su asunto y a la vez le atañía, como aliado que podía llegar a verse afectado, pero prefería llevar una actitud paciente y observar. Si era cierto que el príncipe Leon prestaba ayuda sin pedir nada a cambio, bienvenido sería. Y si no lo era, tal cosa pronto saldría a la luz. Se había transformado en un adepto de los motivos ocultos, últimamente; mantendría su más discreta atención en ello.

El frente plegiano sería el escenario en que podría evaluar todo aquello. Bastante decía del príncipe Marth el lugar al que había resuelto enviarlo, pues era una responsabilidad que sabía que significaba bastante para él, desconfiando del reino de prácticas ocultistas. Un puesto importante, para aplacar cualquier desasosiego de Eliwood, y a la vez alejado del secreto de las islas. Allí mismo mandó a convocar al príncipe de Nohr, dejando instrucciones de que se le hiciese abordar en el gran navío que él dirigía, el cual saldría de la isla capital junto a una pequeña flota para repeler los navíos emergidos que constantemente se acercaban desde las aguas de Plegia. Velas izadas y travesía marítima iniciada, Eliwood no se vio con tiempo entre manos sino hasta horas después, como para buscar al invitado de honor y presentarse finalmente. El momento del encuentro en las aguas se acercaba, podían verse los barcos enemigos en el horizonte ya, y tendría que proteger al heredero de Nohr en ese entonces.

Se apartó de la proa, llevando la mano al sable en su cinto sólo para asegurarse de tenerlo a fácil acceso. Comprobado aquello así como el curso del navío y el tiempo restante hasta interceptar, dejó a los soldados a cargo y echó a andar por la cubierta, buscando al noble extranjero. Habían mencionado a un jinete de wyvern con él; no necesito más que buscar tal figura, un reptil enorme posado en algún extremo de la embarcación, para divisar al príncipe cerca de este. No tenía una descripción física en qué apoyarse, pero así como ciegamente creía que la nobleza era una cualidad indescriptible que podía reconocerse en cualquier que la poseía, era capaz de distinguir a un hombre de alta cuna tan sólo de ver su postura, sus gestos y su vestimenta. Revestido él mismo en telas teñidas y bordadas en Etruria, capa importada de Renais, con la modesta banda de marqués cual corona sobre la cabeza, se presentó frente al más joven y realizó una profunda inclinación. Una mano sobre el pecho, la otra tras la espalda, un gesto cuidadoso y practicado.

- Príncipe Leon. Lamento tenerle a la espera por tanto tiempo; soy Eliwood, marqués de Pherae y comandante de esta facción del ejército. - Dijo. No dudaba para confirmar siquiera que fuese la persona correcta, la nobleza se distinguía a sí misma, aunque al ver con claridad su rostro fue incapaz de disimular un parpadeo extrañado. Su rostro se le hacía increíblemente familiar. Había estado tan cerca como Hoshido, pero jamás había cruzado a Nohr y estaba seguro de que jamás se había topado con aquel muchacho. Pronto comprendió que no se trataba de reconocimiento, y sacudiendo la cabeza levemente se excusó. - Ah, disculpe, es sólo que por un momento le he visto muy parecido a alguien. ¿Se encuentra usted repuesto de su travesía hasta aquí? ¿Preparado? -
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 26, 2016 8:31 am

Los soldados estaban más que preparados para el combate en cualquier momento. Sin embargo, no podía evitar sentir como había una cierta sensación de incomodidad. Supongo que es lógico, considerando que se va a hacer frente a los emergidos. La tensión era palpable. Mi compañero de viaje y yo sentíamos probablemente esta tensión aún más por el hecho de estar en tierra extranjera. ¿Sería lo mismo para el marqués Eliwood?

Poco después, escuché una voz por detrás, así que me giré para observar a un señor que desconocía pero que pronto se presentó como el marqués de Pherae. He de decir que me esperaba que el marqués fuese alguien… mayor, la verdad. Casi diría que parece no más que tres o cuatro años mayor que yo. Espero que no fuese el mismo caso que se dio cuando conocí al rey de Ylisse. ¡Ya serían dos casos de personas que desafían las leyes de la naturaleza! Sin embargo, no permití que eso se me notase. Sería muy grosero por mi parte que se percatase, sin importar lo insultantemente jóvenes que se mantengan algunos respecto a otros. En lugar de mostrar sorpresa, decidí imitar un saludo militar al que estaba más que acostumbrado. Además, otra cosa que me preocupaba era por qué no llevaba ningún tipo de armadura. Yo llevo la reglamentaria de mi país, pero no puedo evitar preocuparme por la seguridad del marqués si iba a ir ataviado con esa vestimenta como protección.

Es un placer conocerlo, mi comandante ―dije serio para después relajarme un poco―. En estos momentos no soy más que uno de los tantos soldados que comandáis ―dije―. Aclarado este asunto, actuaré como el príncipe de mi nación hasta que comience el combate ―imité entonces el saludo del marqués, aunque mi inclinación fuese, probablemente, más leve― Es un placer conocerlo, marqués Eliwood. No es la primera persona que me ha confundido con otro. Supongo que mi parecido físico con su alteza, el príncipe Marth, es lo que ha provocado eso.

¿Para qué engañarnos? Yo mismo me quedé sorprendido cuando conocí al príncipe de Altea. Y puedo asegurar que lo mismo le pasó a él cuando me vio a mí por primera vez. Curioso el gran parecido entre dos príncipes procedentes de dos países tan distintos. Sin embargo, el tema del parecido no era mi motivo de hablar. El marqués mencionó que no especifiqué los motivos y si buscaba algo como compensación por la ayuda y, si es tan inteligente como espero que sea, no creo que no quiera saber si hay algo oculto tras mis intenciones. En este caso, la mejor opción era decir los motivos que aceptarían con facilidad.

Me gustaría aclarar un punto que no hice cuando me puse en contacto con vos que mencionasteis en el pasado y que probablemente queráis conocer ―¿Quién no iba a querer saberlo?―. Hablo de las razones por las que Nohr decidió prestar su apoyo. Existe una razón muy simple para ello: Altea nos prestó su ayuda anteriormente sin pedir nada a cambio en el pasado. Desde ese entonces, siempre hemos visto el país como un aliado en la lucha contra los emergidos. Luego, si se me permite añadir un motivo más personal que no posee relación con el oficial, he de decir que siento una gran curiosidad por vos, marqués ―Nunca se me dio bien eso de decir las cosas sin decirlas―. Habéis forjado amistad con el príncipe Marth bajo una situación que, por mucho que me avergüence admitirlo, no habría sido capaz de iniciar. Creo que esta unión puede ser el primer paso para recuperar la relación de la que anteriormente gozamos todos los países. Es por ello que creo que es correcto asumir que la asistencia de Nohr es una especie de inversión hacia el futuro ―tomé una pausa―. Lamento ser tan directo, pero nunca se me ha dado especialmente bien dar la información a medias.

Creo que esto sería suficiente como para hacer que fuese más fácil comunicarme con el marqués. Después de todo, es cierto que no le dije los motivos para asistir en esta misión que, en principio, no nos incumbe en absoluto.

Aclarado eso, me gustaría conocer la estrategia de combate, mi comandante ―dije―. Poseo experiencia de combate con los emergidos, pero desconozco la geografía de este país, así que me adaptaré a vuestros planes.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Dom Ene 31, 2016 10:49 pm

Por supuesto que no había error, aquel era el heredero de Nohr. Un noble de la clase con la que sí acostumbraba tratar; era difícil hacerse ideas sobre extranjeros de lugares en los que jamás había estado y todo lo que había oído de Nohr era que era uno de los reinos mejor militarizados de Akaneia, pero, para su suerte, su tercer príncipe no parecía tosco ni carente de la etiqueta regular. Lo comprobó con alivio al oírle hablar. Inevitablemente le causó la debida sorpresa que reconociese el parecido que tenía con Marth, no había explicación posible, dado que la familia real de Altea estaba relacionada tan sólo con la de Ylisse, pero así era. Un misterio conocido por los tres, al parecer. - Tiene razón, es a él a quien se parece. Cielos, no había caído en cuenta... - Respondió, soltando una breve risa. De algún modo, aquello le alivianaba las cosas.

Lo frontal del hombre de Nohr en querer referirse a aquello que por correspondencia había quedado inconcluso le hizo alzar una ceja. Ciertamente no daba rodeos. Pensó que se trataba de disipar dudas, de saber que la ayuda desinteresada tendía a sonar sospechosa en aquellos tiempos. Y por supuesto que a él le había extrañado, pero lo tomaba con toda la naturalidad posible. Asintió un par de veces mientras le oía, convencido desde la primera razón que le daba. Por mucho que se le diese la política, era aún alguien ingenuo para su edad y para su puesto; si era natural o era un subterfugio la forma en que el extranjero desviaba la atención de sí y hacia el marqués, no tenía la menor idea.

- Saber en quien confiar no es fácil, comprendo. En tiempos como estos, pensar en diplomacia no es exactamente simple, ni demasiado prudente, pero... he tenido mis motivos para considerar este el momento correcto de hacerlo, tanto como para elegir Altea. - Había tenido motivos para necesitar un reino poderoso como el de Altea, en primer lugar, y aparentemente su elección daba buenos frutos. Tal como todo aquel movimiento, el campo de batalla que se desenvolvía frente a sus ojos. Después de todo, no se consideraba ni un guerrero ni un conquistador, sino puramente un diplomático. - Y contando con esta fuerza militar, esto es lo que finalmente logramos. La primera gran ofensiva organizada contra los emergidos... - Exhaló con una sonrisa de agrado, señalando con un corto gesto a la flota que se movilizaba y a los soldados de la alianza sobre los navíos. La mayoría de ellos eran alteanos, el ejército de Lycia simplemente no se comparaba en tamaño, y otra buena porción eran contratos temporales; aunque, bajo el mismo uniforme y los mismos estandartes, era difícil saber tal cosa. Eliwood agachó la cabeza levemente al tomar como halago la atención del extranjero y enseguida negó con suavidad. - No se preocupe, me alegra saber que las cosas son así. Ah, pero dudo que sea yo a quien deba mirar en busca de ejemplo. -

Pasó, pues, a continuar con la operación. Extendió su brazo para gesticular al príncipe Leon a que le siguiese antes de dirigirse hacia estribor, donde los soldados preparaban la ofensiva. Verlo de primera mano sería más simple que explicarlo. A medida que se acercaban a la flota enemiga, los soldados subían a cubierta grandes planchas de madera reforzada, disponiendo de estas en todo un lado de la embarcación. - No hará falta conocer el terreno. - Eliwood comenzó por decir, su vista puesta más allá de los barcos, más allá del mar, hacia la costa del otro lado. - Aquella costa corresponde al Oeste de Plegia, no de Altea. No llegaremos a tocar tierra, no contamos con el permiso necesario ni hará falta. Aquel barco... - Apuntó entonces al gran acorazado que se les acercaba. Portaba una bandera de Grannvale, mas en aquel punto Eliwood no se molestaba en tomar tal cosa en consideración. - Son emergidos que vienen de Plegia, con miras a entrar en Altea. Lo interceptaremos en breve. Detendremos su avance con los nuestros, y enseguida dispondremos de todo esto, - Apenas desvió la mirada hacia las grandes planchas de madera. - Para hacer puente a nosotros y nuestros soldados a ingresar. Nos desharemos de ellos y tomaremos su barco aquí, en mar abierto, antes de que se transformen en cualquier clase de problema en el reino. Esa es, en resumen, la operación de hoy. -

Y no faltaba mucho para iniciar el ajetreo. Eliwood retrocedió un poco para no estorbar la movilización, la flota alinéandose ya para bloquear al barco enemigo. Dos barcos resistentes bloquearían el camino, mientras aquel que Eliwood dirigía tomaría lugar a un costado del enemigo para iniciar la invasión. No había más que hacer sino esperar a interceptar, las tropas ya en posición y preparadas.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 11, 2016 10:50 pm

Poco después de aclarar mi tremendo parecido con el príncipe Marth y de anunciar mis razones para participar al marqués de Pherae, me pareció notar que era alguien que confiaba en la gente. De hecho, si no fuese porque podría ser ofensivo decirlo, no creo que haya tanta diferencia entre él y yo en lo que a estratagema política se refiere. Sin embargo, es muy posible que tenga esta sensación por la tremenda juventud de la que goza. Juventud que, por cierto, he de reiterar en lo insultante que es si fuese a compararlo con otros que conozco. Sin ir más lejos, mi hermano mayor aparenta ser mayor que el marqués cuando es a la inversa.

Las palabras del marqués me hicieron meditar durante unos cuantos segundos. “La primera gran ofensiva organizada”, ¿no? No puedo evitar sentir como que es algo que quizás esté un poco fuera de lugar, aunque sea muy cierto. Admito que es, cuanto menos, admirable que se haya llegado a este nivel. La alianza entre Altea y, al menos, Pherae había demostrado tener una buena repercusión. Sin embargo, no sé si será suficiente.

El único verdadero problema es que desconocemos de dónde surgieron estos enemigos. Esta información es tan vital como eliminarlos cuanto antes ―mi pensamiento negativo decidió expresarse sin yo ser verdaderamente consciente. Aprovechando la situación, decidí continuar―. También preocupan sus movimientos. Aún no hemos sido capaces de detectar a qué zonas tienen más tendencia atacar… Esto es todo lo que podemos hacer por el momento.

Recibí la explicación del plan o, más bien, de la falta del mismo. Combatir en barco era una experiencia totalmente nueva para mí, pero eso no iba a hacer que no pudiese cumplir con mi objetivo. No pude evitar fijarme en el detalle de la bandera de los emergidos y que el marqués afirmase que provenían de Plegia. Lo que no entendía era por qué no intentaban hacerlo desde tierra.

Es interesante que hayan optado por una ruta marítima considerando la frontera terrestre que comparten Plegia y Altea. Imagino que las autoridades en Grannvale han negado una vez más su implicación, ¿cierto?

En cuanto al plan, era algo simple. No podía catalogarlo como un verdadero plan, pero lo cierto es que ponía a los civiles en primer lugar al decidir atacar antes de que siquiera lleguen a tierra firme. Sin embargo, no pude evitar preocuparme un poco por una información que me dijo el príncipe Marth en el pasado. Mencionó que en Plegia había muchos magos oscuros. Y… por muy poco que me agrade admitirlo, los emergidos pueden haber provenido de una magia de esa rama. No estoy del todo seguro, pero es una posibilidad que es necesaria considerar.

¿Sabemos algo de las tropas? Tengo entendido que en Plegia se encuentran varios magos oscuros ―dije―. De ser así, creo poder hacerles frente con relativa facilidad ―dije―. Cualquier tipo de información podría servir.―también estaba la posibilidad de que fuesen de Grannvale, en cuyo caso desconozco la fuerza que los destaca.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Vie Feb 19, 2016 6:13 pm

- Por supuesto. Son asuntos a los que habrá que atender una vez que se estabilicen las cosas aquí. - Dijo en voz baja, complaciente, a las inquietudes que el heredero de Nohr planteaba. Intentaba perpetuamente ser agradable con los demás así como proveer de una impresión de tranquilidad, no podía sino darles la razón cuando era necesario, ocasionalmente decir algo que no terminaba de ser honesto con tal de dar la necesaria paz mental; en ese caso, omitía que el movimiento estaba muy poco preocupado del origen de la plaga, sus intenciones o sus repercusiones alrededor. En ese momento, se trataba de Altea y nada más. Era egoísmo y prioridad. Eliwood quería creer, de igual modo, que cuando la estabilidad de su territorio y el de Marth estuviesen aseguradas, procederían de algún modo en auxilio de otros, pero lo cierto era que tal cosa no se había discutido en absoluto y presentía que no estaba sobre la mesa.

- La última vez que he consultado el tema con Grannvale, la respuesta ha sido... brusca. - Expresó con suavidad lo que era de por sí considerablemente tenso. No podía decir que no comprendía, se frustraba un dirigente de ser continuamente acusado e interrogado; a su pequeño territorio en su dañada Lycia llegaba poco de aquello ya, pero lo había conocido alguna vez. - Tan sólo puedo lidiar con lo que tengo frente a mis ojos, aunque he de reconocer lo que me veo como un planeamiento estratégico. Si toman la ruta marítima, que da directamente a la isla de gobierno y el castillo del príncipe, en lugar de la via terrestre que sólo guía a ciudades y territorios civiles... son más certeros de lo que podría uno asumir. Y menos crueles. ¿No le parece? Hay gentileza en derribar el poder superior sin afectar a quienes sirve. - Se volvió hacia el menor entonces, portando inclusive en el escenario de batalla una afable expresión; transparente en sus gestos, no ocultó el parpadeo sorprendido y algo descolocado ante la sola mención de magos oscuros. Ciertamente no sabía demasiado de ellos, pero su fama en Elibe era temible, rodeada de un misticismo supersticioso en el que Eliwood había caído de lleno. Se creía cada espeluznante mito y esperaba, en su vida, tener pocas ocasiones en que debiese lidiar con tales personajes, mas Leon parecía anticiparlo con tranquilidad.

- ¿Cómo podría usted...? - Musitó, confuso. - Lamentablemente, los navíos han sido muy discretos últimamente. Aún si logramos espiarlos, apenas mantienen un par de hombres sobre cubierta, las tropas suelen ocultar su número y características hasta el último instante. Sólo podemos ser cautelosos y reaccionar rápidamente, especialmente usted y yo, en cuanto a liderar la carga. Sé que ha dicho que puedo tratarle como a un soldado, pero es usted un hombre demasiado importante como para permitirle fuera de mi lado o no extender mi protección. A cambio, y si le es más agradable la idea, estaría encantado de ver a un hombre de Nohr desenvolverse en combate, ¿quizás recibir un consejo o dos? He oído tan admirables cosas de sus capacidades militares. - No pudo evitar halagar donde lo sentía propicio, dibujándose en su rostro una expresión un tanto más ingenua por la expectativa. Siempre podía aprender algo más. Y las desconocidas técnicas de reinos lejanos no sonaban nada mal de presenciar.

Divisó al vigilia dándole señal desde su puesto, y alzó la mano derecha a su vista para reconocer el mensaje entendido. Llegaba el momento. La formación de los barcos alteanos se había cerrado para atascar el posible paso del barco enemigo hacia adelante, mas parecía que este procedía de igual modo, en plena intención de darse contra ellos. Por supuesto, el barco enemigo estaba acorazado, lucía capaz de aguantar un golpe o dos, pero no quitaba que fuese un muy extraño proceder. Eliwood miró de reojo al joven de Nohr y le indicó con un gesto de la mano que le siguiese, acercándose a estribor para ver la escena desenvolverse en las aguas: el barco con la bandera de Grannvale intentando abrirse paso, sus tropas saliendo a cubierta para acercarse lo más posible a los barcos alteanos que estorbaban su cruce y echando a propinar hachazos a las estructuras de madera. Lo que parecía una boba y demasiado simple ofensa, se tornaba un problema cuando lo hacían de tan organizada manera, filas de luchadores a cada lado del barco dando rítmicos hachazos a la madera de sus barcos. Se volvió más difícil para aquel en que viajaba Eliwood acercarse, tardaría demasiado de ser siquiera posible; el marqués, actuando en aquella jornada como comandante alzó la voz al dirigirse a los soldados que comandaban cada platón.

- No podremos acercarnos así, pongan los puentes entre este barco y el siguiente, cruzaremos desde allí al enemigo. - Indicó. Silenciosos y eficiente, los soldados se dispersaron para ponerse a la tarea, poniendo a lugar las planchas de madera que actuaron como puentes entre aquel barco y uno de los que mantenían atascado al enemigo; platón a platón, el ejército se movilizó adelante, casi que vaciando por completo el primer navío al pasar al siguiente, poniendo a lugar nuevos puentes que conectaron con el enemigo, dejando paso a invadirlo. Moviéndose justo detrás de los puentes, el marqués no miró siquiera a Leon al hablar, tomando ya un semblante serio frente a la urgencia de la situación. - Vamos. -
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Dom Feb 21, 2016 8:46 pm

No sabría decir si el marqués quería ignorar mi comentario o si prefería pensar en eso en otro momento. Sin embargo, como era un comentario que tuve que excusar porque eran mis pensamientos hecho voz, decidí no darle ninguna importancia.

Lo que sí que no pude tolerar de ninguna manera eran las palabras del marqués de Pherae con respecto al planteamiento estratégico y, sobre todo, a la menor crueldad de sus actos. Tuve que calmarme un poco antes de responderle haciéndole saber lo dolorosa de la situación, no solo en Akaneia, sino en todo el mundo, diría yo.

En tan solo dos años, los emergidos han logrado sembrar el caos en todos los países, marqués. En tan solo dos años han provocado más muertes y más conflictos que los que jamás podríamos haber imaginado que provocaría una guerra mundial. En tan solo dos años ―volví a repetir ese inicio de frase―, muchísimos civiles y soldados han perdido sus vidas para que nosotros, los líderes, podamos seguir con las nuestras y no perder de forma definitiva la batalla contra ellos. ¿Tiene acaso la más mínima idea de lo que los países han sufrido por el ataque de los emergidos? Y no me estoy refiriendo exclusivamente a Nohr, sino a todos los países en general. Tras dos años, esta es la primera ofensiva organizada contra los emergidos. ¿Sabe lo que eso significa? ¡Significa que no ha habido ningún verdadero ataque a los emergidos desde que aparecieron! Además, esta ofensiva fue organizada inicialmente por dos países: Altea y Lycia. El resto de los países todavía no ha realizado una ofensiva parecida. Habríamos recibido noticias de ello tal y como sucedió con este movimiento. Por si el asalto de los emergidos no fuese suficiente―porque todavía había más―, existe otro problema que, a mi parecer, es el verdadero motivo de que en dos años no haya habido otro movimiento. No existe país cuyo pueblo confíe en los habitantes de un país de donde aparentemente provinieron los emergidos. Lo que vos y el príncipe Marth habéis iniciado es un gran movimiento, pero otros países podrían verlo como una visión utópica. Puede que haya incluso quienes piensen que Altea y Lycia son las que han iniciado todo este problema. Nohr se mantendrá neutral ante esta posible forma de pensar, pero tened en cuenta que lo que habéis iniciado no es algo que a otros gobernantes se les ocurriría, especialmente considerando que a nuestros continentes llegan emergidos con las insignias de nuestros países, marqués.

Tras haberme dado cuenta de que mis palabras, aunque tremendamente certeras a mi parecer, podrían haber sido quizás demasiado extremas. Era una mala costumbre que tenía al decir las cosas tal y como eran sin buscar cómo suavizarlas. Además, había dicho demasiado debido a mi arrebato de ira e incomprensión hacia el marqués. Debía disculparme, aunque no sintiese que me hubiese equivocado en absoluto.

Lamento lo dicho. He experimentado y hecho frente a los emergidos del pasado y he sido testigo de más muertes de las que uno podría acostumbrarse. Por ello he reaccionado de esa forma. Sin embargo, os recomendaría tener más en cuenta lo que se ha iniciado con esta alianza.

Intenté tranquilizarme viendo el navío y recordando la respuesta de Grannvale. No me extrañaba en absoluto. Pedir explicaciones a un país que también recibe emergidos con las banderas de países de Akaneia es… complicado. Podrían hacer lo mismo con nosotros y, debido a nuestro desconocimiento, no podríamos dar una buena explicación. Eso suponiendo que, de verdad, no tengan absolutamente nada que ver con lo que está sucediendo. Siempre está la posibilidad de que oculten información y no debo eliminarla en ningún momento.

El marqués me volvió a sorprender cuando me dijo que no me trataría como un simple soldado y que me trataría como miembro de la realeza que también soy. No me agradaba, pero por lo menos me hacía saber que podía contar con él en combate. Por otro lado, aunque es bien cierto que el halago se apreciaba, no pude evitar sentir que no podría responder a sus expectativas.

Mi experiencia en combate marítimo es bastante poca, pero hasta donde yo he visto en mi propio país y por lo que he podido averiguar de los otros países… Puedo deducir más o menos el tipo de tropas que puede haber, aunque no sería más que una hipótesis ―di una pausa―. Hasta donde he averiguado, los emergidos suelen simular no solo por insignia el país del que parecen provenir, sino también en sus fuerzas. Desconozco si es una coincidencia… Pero si portan la bandera de Grannvale, es importante hablar un poco de sus ducados más importantes: Calphy, Jungby, Velthomer, Freege, Dozel y Edda y, por otra parte, su capital, Belhalla. Si a eso se le suma que provienen de Plegia… Nos espera una batalla bastante complicada. Lo único de lo que quizás no haya que preocuparse por su exceso puede ser maestros de la lanza. No existe ducado en Grannvale que posea una historia relacionada con ellas. Salvo eso, todo es posible ―según lo que destaque, ya sabré qué zona habrá que investigar―. Cada ducado tiene su trasfondo relacionado con algún tipo de herramienta usada en combate, por lo que podemos esperar un combate que requerirá que no se baje la guardia ni un solo instante. Yo os cubriré con mi magia para hacer frente a los proyectiles enemigos.

La batalla inició poco después de haber dado aquella información con mis ojos atentos a todo tipo de improvisto. Los soldados se movieron rápidamente y cuando el marqués dio la orden de usar puentes para conexión, me dirigí a mi jinete escolta

Vigila los alrededores. Es posible que vengan refuerzos enemigos. Si es así, búscame a mí o al marqués y comunícanoslo. Si no estamos a la vista, junto con los demás jinetes iréis a retener su avance. Tanto movimiento no pasará desapercibido a nuestros ojos.

Y tomé mi tomo para dirigirme junto con el príncipe Eliwood para iniciar el combate con los emergidos. Los soldados de la alianza se defendían bastante bien, desde luego. Ello ayudaba a que la labor de las unidades de apoyo fuese más fácil de realizar. Mis ojos espiaron a un emergido con su arco a punto de disparar a uno de nuestros soldados con la tabla para empezar el asalto y, rápidamente, conjuré un hechizo de mi tomo oscuro para tumbar a dicho enemigo.

Una masa oscura surgió de la nada que hizo que aquel arco tan tensado viese como su cuerda aflojaba a medida que el emergido se iba colocando de rodillas al suelo. La flecha que al final acabó disparado cayó al agua debido a la poca fuerza con la que se disparó.

¡Ten más cuidado! ―exclamé para llamar la atención del soldado y después me dirigí al marqués―. Avancemos con precaución.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Dom Mar 06, 2016 3:04 am

Su Lycia y la aliada Altea ponían una luz sobre sí, surgían al silencioso escenario político de un mundo en épocas oscuras; y no necesariamente de positiva forma. La idea permaneció en su mente, acechó en agregar un peso a sus hombros que el mayor supo dejar de lado para atender en un momento más prudente. Nada venía sin consecuencias, inclusive aquello que realizaban para afirmarse a una minúscula y costosa paz habría de tener sus repercusiones más allá. No había estado pensando en ello y el campo de batalla tampoco era el contexto para hacerlo, pero comprendía los ánimos del príncipe extranjero en darle voz a lo intangible en el momento en que podía. Por un instante se sintió ingenuo para sus años, presuroso en sus optimistas e ilusos modos. El cambio en su semblante, sin embargo, no se dejó ver por más que un segundo o dos, y regresó a su rostro la expresión de un hombre al que nada alteraba, la adecuada y necesaria sonrisa. Mostrar calma importaba tanto más que tenerla, las advertencias habían sido recibidas e incorporaría esas visiones a sus planes posteriormente.

- Descuide, príncipe. Agradezco la perspectiva; será usted menor en años, pero es de superior alcurnia y debe ser sensato de mi parte tomar en cuenta lo que observa. - Dijo. Aún teniendo la privilegiada posición de un marqués de la Liga de Lycia, conocía su relación de poder para con príncipes, se aseguraba de ser cuidadoso con ella. De igual modo, le daba su cuidado al sitio en que se encontraban, y aunque cada soldado allí era de impecable dignidad, no cesaban de ser más oídos testigo de los que deseaba. - Permitir a las emociones tomar mando no suele ser seguro, ni en combate ni en trato. La serenidad nos llevará a través de esto. Pero creo que eso ya lo sabe, pues posee más que experiencia de combate, según lo que me ha permitido entrever. -

El conocimiento del nuevo mundo valía en similitud, por ejemplo. Si el enemigo emularía, en efecto, a las tropas con que el reino de Grannvale verdaderamente contaba en la actualidad, entonces saber de tan lejano reino sería parte de su defensa. Había estado tan cerca como Silesse hacía un tiempo, pero a Grannvale jamás había cruzado y lo que desde la otra punta del mundo podía aprenderse no era demasiado. Tomó a conciencia las predicciones del rubio a su lado y sintió cierto alivio, pues al menos no se trataría de plegianos y sus tenebrosas artes, sino algo tan entendible y familiar como el acero. Eliwood tomó con presteza el lugar que le correspondía frente al otro, la posición de un defensor. - Tanto mejor, lidiar con un terror ya conocido, que uno incógnito. Mi espada es suya. -

Pero no eran tan ajenas ni tan lejanas las artes que había descartado ver ese día. Avanzó con las tropas, tan familiar el latido del combate como una vieja danza; donde avanzar, cómo moverse, qué buscar, a qué apuntar, cómo enfrentar el acero sin pensar ni por un instante en la sentencia que amenazaba a dar. Se adelantó a él, sin embargo, lo que se sentía como una ráfaga de viento pero se veía como una masa sólida, aferrándose alrededor de un enemigo en el barco opositor y subyugándolo. Eliwood frenó y dio señal a sus hombres de hacer lo mismo, alzando una mano y bajando el arma, precavido de no lanzarse a batallar sin poner a consideración lo que veía. - ¿Plegianos...? - Se giró sobre el talón, volvió la vista a Leon y vio la negrura que se posaba alrededor de su tomo mágico, apagándose al terminar el ataque. Nadie le había avisado de antemano. Tampoco había dicho él que tuviese problemas o preferencias por las que necesitara aviso, pero por los cielos que habría apreciado saber lo que llevaba consigo a las aguas. La sorpresa no abandonó rápidamente su rostro, pero el tiempo apremiaba y urgió a continuar el avance. - ¡Adelante! No duden. ¡No hay magos entre el enemigo! - Sólo entonces serenó sus propios ánimos respecto a ello; al menos tal cosa estaba de su lado en ese momento, algo se sentía extraño sobre contar con una unidad mago oscuro entre los suyos, pero tenía que verlo como una buena señal. Dio una leve inclinación de la cabeza hacia el joven de Nohr. - Nos ha traído una inesperada ventaja. Lo que esperaba ver de mi enemigo, es lo que encuentro en mi aliado. ¿Quién lo diría? -

No tenía nada más de qué preocuparse. Las tropas aliadas comenzaron a abordar el navío enemigo, recorriendo la cubierta e iniciando el combate directo. El pelirrojo en función de comandante se mantuvo relativamente rezagado para verse cerca del príncipe de Nohr, preocupado de repeler a cualquiera que se le aproximase; no faltó una escurridiza mujer que se coló entre las filas para ir directamente hacia él, portando una espada esbelta y ligera, a quien Eliwood no enfrentó la punta del arma propia, sino que desvió con la parte chata de la espada y empujó hacia las aguas. No se trataba de género, se trataba de renuencia a derramar sangre donde podía tenerla. El mar lo haría más rápida y eficazmente. Pero el número de enemigos no parecía disminuir, y pronto se encontró mirando extrañado a el entorno, a la vez que retrocediendo más cerca de su compañero. - ¿Cuantos...? Debieron haber estado escondiendo muchísimos bajo cubierta... -
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 10:25 am

Aquel brote de incomprensión que se convirtió en un reproche fue un verdadero error. Yo mismo era consciente de que, como alguien de posición social superior, debía ocultar mis emociones como pudiese. El haberlas mostrado de esa forma había sido un gran error por mi parte que, si bien el marqués no tuvo en cuenta, lo cierto es que fue algo que no debería haber hecho.

En serio, por favor, olvídelo. Ha sido un momento del cual me arrepiento enormemente. Estoy bastante seguro de que tanto vos como el príncipe Marth ya habréis analizado esa posibilidad. Lo que he dicho estaba fuera de lugar. Aceptad mis disculpas, por favor.

Poco tiempo después, nos sumamos al combate y fue cuando di lo que parecía ser un espectáculo demasiado llamativo. Admito que más de uno puede ver la magia oscura como una práctica cuestionable. Hasta ahí puedo llegar. Sin embargo, No esperaba que eso también fuese algo propio de Lycia. ¿En qué continente no era vista como algo cuestionable?

El poder no es malo de por sí. Todo depende de quién lo use y de cómo lo use ―fue mi respuesta―. Y tengo intención de usarlo contra estos engendros.

Para mí, la magia oscura era algo natural. Por eso, aunque pudiese comprender la lógica detrás de todo este escepticismo, no podía evitar cierto rechazo hacia mí como persona. Entiendo de dónde viene toda esta lógica, pero no quiere decir que me siente bien que rechacen aquello con lo que he estado creciendo desde pequeño.

Sin embargo, este no era ni el lugar ni el momento adecuado y tampoco creo que estas sean las personas con las que debo tratar el tema. Más emergidos empezaron a aparecer y sus números eran muy elevados. La situación no era la mejor posible. El marqués hizo un gesto de defensa ante un emergido que se nos acercó y me impactó como un acto de… ¿miedo a la sangre?

Muy buen movimiento, marqués ―elogié―. Sin embargo, dudo que ese tipo de movimientos fuesen a ser suficientes contra todos los enemigos que se nos están presentando…

Tantos enemigos… ¿No eran demasiados para venir de dentro del barco? Sinceramente, esperaba que no hubiese más de los que ya hubiesen parecido. Pero con un poco de imaginación no pude evitar pensar que había demasiados como para estar en aquel barco que, si bien era bastante grande, no podía serlo lo suficiente.

Tengo una extraña sensación sobre lo que acabáis de destacar. He escuchado que existen algunos países que son capaces de usar un tipo de magia especial para transportar tropas. Y… tras ver las dimensiones aparentes del barco y la cantidad de emergidos que hay, no puedo evitar pensarlo, aunque no tenga ni la más mínima prueba de ello.

Un arquero disparó una flecha y, si bien no nos llegó a dar, lo cierto es que estuvo bien cerca de darme a mí. Por suerte, después pude eliminarlo con otra ráfaga del tomo. Una vez más, aquella masa oscura acabó devorando lo que podría ser la vida de ese emergido.

Lo que no entiendo es por qué no los envían aquí. Si mi hipótesis fuese cierta, deberían ser capaces de transportarlos donde sea. ¿Por qué limitarse a sumar fuerzas desde ese lado en lugar de atacarnos por sorpresa?

¿Quizás el interior del barco era más espacioso de lo que pensaba? De ser así, podría ser posible. Y eso implicaría que no hubiese ningún tipo de magia extraña y desconocida. Decidí empezar a barajar esa posibilidad y, de vez en cuando, mirar al cielo para ver si había algún movimiento de los jinetes de wyvern. Por ahora no había pasado nada. No iban a tener más refuerzos de los que ya están ahí. Al menos, aún no.

Si no es ningún tipo de magia desconocida, es posible que el barco enemigo sea mucho más espacioso de lo que aparenta. De ser así, debemos aguantar todo lo que sea posible hasta que los eliminemos a todos.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Jue Mar 17, 2016 2:19 pm

Las líneas frontales no eran un lugar donde Eliwood acostumbrase estar. Experiencias, había tenido bastante extensas y peligrosas; pero había visto largos años de paz antes de la Caída y, con el estado de las cosas, en mayor parte había estado optando por evitar combates directos. No sabía contra qué peleaba ni quien era realmente su enemigo. Algo sobre echar a quitar vidas bajo condiciones así no podía sino dejarle un amargo sabor de boca; demasiada paciencia, quizás, cuando aquellos soldados definitivamente estaban esforzándose por derrumbarlos y la situación claramente lo ameritaba, pero no había descartado sus preocupaciones. Piedad a lo indefendible. No obstante, Marth le había confiado ese frente en su reino, le había puesto a cargo de sus tropas, como también le había dejado responsable de la seguridad de Leon ahora. Terrible momento para ser blando.

Debía mostrarse seguro si pretendía que el príncipe extranjero se sintiese a salvo en su cuidado; cerrando sus preferencias tras una sonrisa practicada, casi impersonal, se dispuso a pretender que ese pequeño desliz no había ocurrido. - Discúlpeme. Supongo que no es un momento en que se dispongan de muchas opciones, ¿no? Tendrá que ser de ese modo... - Dijo. No le agradaba, pero sería lo mejor. Después de todo, Leon no dudaba en ejecutar; y cuan certera y temible era la ejecución a manos de un tomo oscuro.

Era por ello que consideraba con seriedad sus palabras, si intuía él que una clase de magia estuviese interviniendo la situación. Cosas más extrañas había oído en su momento, aún había mucho en el amplio mundo que desconocía y bien podía ser. Aún si el mismo Leon lo ponía sobre la mesa como una remota posibilidad, se veía renuente a descartarla. Pensativo, guardó silencio unos momentos más, apenas gesticulando con la mano en marcada moción para que le siguiese; ajustó su agarre en el sable que portaba y cuando el avance le puso al alcance del enemigo nuevamente, fue el primero en alzar su arma. Un pie hacia adelante, el cuerpo levemente ladeado para adelantar tan sólo el brazo de la espada con una estocada recta que perforó al varón a través de la garganta. El filo entró y fue retraído casi al instante, permitiendo a la sangre caer espesa y pesadamente, seguida en breve por el cuerpo inerte. La técnica con la espada era segunda naturaleza para el marqués ya, aún si matar era algo que casi nunca hacía, el manejo requerido estaba allí; era su mente la que se retiraba un poco de las cosas, vuelta a la embarcación y las posbilidades respecto a la misma. Resultaba un problema más grande de lo que se había anticipado, ajustar el curso de acción sería sólo lo natural de hacer.

- Tomar y hacer nuestra una embarcación de Grannvale no servirá ningún propósito útil. - Comenzó por decir. Su ejército era reducido pero eficaz, y el de Marth contaba con todo lo que pudiese llegar a faltarles; los recursos eran el último de los problemas en Altea. No valdría la pena complicar las cosas con un barco que luciría sospechoso de tener. Y neutralizar la amenaza que representaba en ese momento había probado ser más complejo de lo que había parecido a la vista, dejando escasa complejidad a la decisión. - Entremos. Haya lo que haya; hundamos este navío y retirémonos de él. Puede ayudarme con ello, ¿no es así? - Preguntó, volviendo la vista al tomo entre las manos de su acompañante. Una espada no abría una brecha en un barco con facilidad, pero la magia quizás sí; podía conseguir a un mago de entre sus tropas para acompañarles, pero si con él era suficiente, sería tanto más fácil movilizarse y actuar.

Fuese como fuese a darse la operación, debía moverse aprisa. Se encaminó hacia la trampilla por la que subían a cubierta sus enemigos, por la que a cada tanto volvían a surgir. Escabullirse no era una opción muy viable, por seguro se toparían con más de ellos. Miró a su alrededor, llamando la atención de los soldados que tenía a mano y apuntándoles a la trampilla. - ¡Nos abriremos paso! ¡Vamos! -
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 31, 2016 6:36 pm

El marqués hizo una simple mención a mi crítica a su forma de combatir. ¡Son emergidos! ¡Enemigos! Si uno no los mata, ellos acabarán matándonos a nosotros. ¿Por qué dudaba? Eso no tenía ni pies ni cabeza. Ese tipo de actitud no es la mejor posible en un soldado, aunque supongo que siendo un gobernante no debe preocuparse tanto por ese tipo de cosas, ¿no? Increíble… ¿De verdad

Cada uno tiene sus formas de combatir, mas no creo que contenerse sea lo más adecuado contra estos enemigos. No cuando ni siquiera conocemos su número.

Poco después de esta pequeña reprimenda, di la hipótesis que se había formulado en mi cabeza tras ver la falta de naturalidad de la situación. No era normal que hubiese tantos enemigos y no sé si es porque coincidía conmigo o por cualquier otro motivo, pero el marqués pareció haberse decidido a creerme. No voy a cuestionar su lógica. Siempre y cuando pueda ser útil para eliminar a los emergidos, ¿por qué iba yo a preocuparme por cuestiones nimias como su rechazo al combate?

Como si me hubiese leído la mente y me hubiese querido callar con actos, esta vez decidió usar su arma como era correspondiente, asestando un golpe certero que acabó rápidamente con otro emergido. Durante un instante, recordé que el príncipe Marth mencionó que su preferencia personal era usar estoques o armas similares, preferencia que también era común en algunos nobles de Nohr. Pensaba que era algo exclusivo de Akaneia. Veo que me equivoqué por completo. Cada país tendrá sus costumbres, pero este parece ser un punto en común.

A continuación, compartió sus pensamientos al respecto, con los cuales estaba de acuerdo.

Coincido. Aunque admito que me gustaría investigarlo un poco ―añadí―. Una pena que no vaya a ser posible.

Sinceramente, me gustaría ver si en la embarcación de Grannvale habría algún documento firmado por algún noble importante de allí. Supongo que durante el combate puedo buscarlo. Aunque estaba más que clara cuál debería ser mi mayor preocupación en estos momentos, lo cierto es que la idea de poder encontrar algo de esas características me tentaba mucho ¿Y a quién no le gustaría encontrar documentos comprometedores de algún noble? Una pena que se vaya a destruir el barco sin siquiera prestar atención a eso. Tantos posibles recursos perdidos… Pero bueno, no me preocuparé. Esta es la situación de Altea. Si fuesen a acudir emergidos con un barco de Grannvale a Nohr, entonces todo esto cambiaría.

Le sigo. Me encargaré de cubrirle lo mejor que pueda.

Muchos emergidos se encontraban en el interior del barco. Sin embargo, gracias a los soldados logramos eliminar a la mayoría de los que nos recibieron. Había muchas puertas cerradas en aquella zona tan amplia. Tanto que, por un instante, me dio la sensación de que habría alguna trampa. Fue por ello que abrí mi tomo y me dirigí al lado de una puerta y me agaché. No sin antes, por supuesto, avisar a medias al marqués de mi pequeño plan.

La magia oscura que uso es capaz de absorber la fuerza física de aquellos que considero enemigos ―expliqué―. Considerando eso, tengo una pequeña idea para ir eliminando a los emergidos que nos quieran tender una emboscada. Irrumpid en la sala cuando os lo indique, por favor.

Y fue entonces cuando, ya avisado, empecé a extraer la magia de mi tomo haciendo que se propagase como si fuese una pequeña nube por debajo de la puerta a una sala que podría (o no) estar infestada por emergidos. Y, por suerte, así era. La puerta se abrió lentamente y algunos emergidos empezaron a salir. Ninguno muerto, pero debilitados. Probablemente fuese porque en lugar de concentrar el poder del hechizo, lo esparcí por toda la sala, así que este tipo de efectos son normales. Uno me intentó golpear, pero gracias a esa misma debilitación, puede esquivarlo sin problemas, aunque el hechizo se detuvo.

Si mi magia se detiene, recuperarán las fuerzas. Hay que eliminarlos ahora que siguen débiles.

Y respondí al ataque del emergido, esta vez con el poder concentrado de mi tomo, haciendo que, como en el primer caso, sucumbiese lentamente al cansancio y las heridas ocasionadas.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Miér Abr 06, 2016 5:43 pm

No podría decirle al príncipe de Nohr cuanto habría preferido él también investigar en lugar de derribar, o cuanto menos antes de, pero las condiciones simplemente ya no eran propicias. Era aquella la clase de idea que le hacía titubear, si se permitía considerarla por demasiado tiempo. Debía mantener la tranquilidad y enfocarse. Luchar del modo en que sucedía seguía sintiéndose profundamente errado, mas el caballero se hacía a la idea de lo inevitable que era en ese punto y, contra su inquietud, proseguía. Descendían a territorio aún más peligroso del que venían. Bajo cubierta, la estancia principal bajo la escalinata, el pasillo que se adentraba y las puertas en este hacían a la embarcación lucir más grande aún. Asegurándose de no distanciarse del príncipe extranjero, Eliwood acudió con él en la dirección que tan resuelto parecía elegir.

- A su disposición, príncipe. Nadie conoce lo que puede hacer mejor que usted mismo. - Asintió a su petición. No estaba en condiciones de indicarle cómo usar o de idear cómo aprovechar mejor algo que en su mayor parte desconocía; confiaría, pues, en el mejor criterio del príncipe respecto a sus habilidades. Su tarea volvería a ser protegerle, un papel que adoptaba con presteza. Volviéndose hacia el semioscuro entorno, pasó la vista por las tropas que habían conseguido bajar con ellos y alzó una mano en alto para indicar tácitamente que aguardasen un poco antes de intentar tomar aquel pasaje. Daba tiempo al más joven a actuar primero. Y si los suyos guardaban cualquier inquietud respecto al humo negro que parecía tragarse aún más la escasa iluminación allí abajo, la compostura de cada uno bien lo disimulaba.

Pero era esa, justamente, la clase de batalla que sí sabía luchar con suma destreza. Cambiar las ideas y mover la moral del ejército era juego de un par de palabras, elegirle un ángulo a las cosas y guiar. Allí, era fácil. Aguardó hasta el instante adecuado, el momento en que la puerta se abrió y tanto el espeso hálito negro como los emergidos que intentaban apartarse del mismo salieron. - En nada debemos temer a Plegia, con poder como el suyo entre nuestras filas. - El marqués alzó la voz, poniendo en sus labios una confiada sonrisa. Era Plegia a lo que los alteanos recelaban, era Plegia a la que el ejército veía en esos barcos invasores, así que era Plegia a la que el marqués debía referirse. Trasnformar una fuente de inquietud en un motivo para sentirse más poderosos, una fuente de confianza y unión. Todo podía ser hecho una ventaja, la presencia de Leon allí no sería distinta. El filo de su espada atravesó presurosamente al enemigo que se había acercado al príncipe extranjero, y tras empujarlo fuera del camino para retomar su lugar como el escudo frontal de Leon, Eliwood volvió a dirigirse a las tropas. - Han oído al mago, el enemigo se debilita. ¡Avancen! -

Eso disiparía las dudas que restasen aún. En filas de decenas, los soldados ingresaron por aquel pasaje para comenzar a despejarlo. Antes de preocuparse de ir a la carga, Eliwood se volvió hacia el príncipe que escoltaba con casi fraternal gesto de preocupación; aún le parecía joven para campos de batalla y no podía evitar vigilarle de sobra. Aún si fuese un mago de demostradas capacidades, aún si fuese un extranjero que apenas conocía, persistía el hecho de que era la persona confiada a su protección. - ¿Ha sido eso extenuante para usted? ¿Doloroso? Si hay algo que necesite, sólo hágamelo saber. - Consultó. Si en ese punto no le guiaba con una mano en el hombro o la espalda, era tan sólo porque se trataba de un noble y la confianza no superaba a la respetuosa distancia que le debía. Sólo podía asegurarse de que no cayese atrás y proseguir a través del umbral, mirando con detenimiento la habitación.

Otra trampilla para descenso. Haciéndose paso entre la unilateral batalla contra los emergidos que no lograban responder adecuadamente, Eliwood se dirigió directamente a levantarla, apoyando una rodilla en el suelo al inclinarse para ver el nivel inferior. Eso debería ser suficiente para que el navío estuviese dentro del nivel del agua; demasiado abajo, y la madera estaría reforzada de sobra como para atravesarla fácilmente. Abrió la puerta de trampilla hacia atrás y se alzó. - ¡Necesito magos aquí! ¡Conjuren allí dentro! - Indicó en voz alta. El fuego sería idóneo, pero de igual forma el trueno o el viento podían resquebrajar y reventar la estructura, aplicados correctamente. Retrocedió para dar espacio a que actuasen; la naturaleza de la magia que Leon manejaba era una que no suponía que fuese a ser aplicable a tal tarea, por lo que tan sólo le indicaría lo que sucedería a continuación. - Una vez que oiga un estallido, tendremos que salir lo más rápido posible. - Dijo. Cuando el agua comenzara a entrar al barco, seguramente lo haría con un estruendo. Y una sacudida. Era bueno saber, al menos, que el camino de regreso hacia arriba estaba más o menos despejado. Eliwood miró a su lado y apoyó una mano en la pared de la habitación, sólo para sentirse un poco más afirmado. - Probablemente necesite sujetarse. -
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Vie Abr 08, 2016 10:55 am

Llevamos a cabo la pequeña estrategia y el marqués Eliwood hizo comentarios sobre la magia. Seré sincero, al principio las palabras del mayor me sentaron bastante mal por la simple cuestión de temer a los magos oscuros por su poder. Sin embargo, aunque odiase tener que admitirlo, lo cierto es que había tenido la delicadeza de dar ánimos a los soldados, haciéndome recordar que la inmensa mayoría de ellos eran de Altea, el país del que provenía el príncipe Marth, muy probablemente también reacios a todo lo relacionado con la magia oscura. Lo había tomado como un idealista, pero parece ser que hay más de lo que los ojos pueden observar al principio. Eso tengo que reconocérselo más adelante.

Me había ofuscado en el simple hecho de que me rechazasen por ser mago oscuro con algunos comentarios que ni siquiera había considerado por completo el lugar donde me encontraba. Para los soldados alteanos, la única diferencia entre los plegianos y yo era que yo estaba de su lado. Eso no implicaba que fuesen a ver a los magos oscuros de otra forma. ¿Por qué no había caído en un detalle tan simple como ese? Debería darme vergüenza…

Además, a pesar de lo que podría o no pensar, lo cierto es que no dudo en ser amistoso conmigo después de presenciar aquello. ¿Será cosa de su actitud idealista? Pero lo cierto es que no se equivocaba del todo: usar la magia de una forma que no es la originalmente planeada puede provocar un agotamiento en ocasiones excesivo. No era la primera vez que me sucedía.

Estaré bien. Esta no es la forma en que normalmente se usa el conjuro de mi tomo y eso conlleva ciertos inconvenientes… Pero puedo seguir combatiendo. Y… gracias ―añadí al final.

Seguí las tropas manteniendo el ritmo al mismo tiempo que recuperaba el aliento y en el momento en que escuché al marqués ordenar que los magos conjurasen algo comprendí su idea por completo. La aclaración que dio más adelante fue el detonante final de mi sospecha. Una muy buena idea, sí señor…

Recibido ―dije e imité al marqués.

Y sucedió tal y como el predijo. A pesar de haberme preparado para el problema, lo cierto es que perdí un poco el equilibrio, aunque no llegase a caer al suelo (aunque estuve a punto de hacerlo). Parecía ser que no se andaban con chiquitas.

Los soldados y yo, asegurándome de que el marqués estuviese a salvo, abandonamos el navío rápidamente a medida que iba cayendo pasto de las llamas. Los emergidos seguían combatiendo con los soldados que estaban y más de uno acabó cayendo por la borda. Hubo uno en concreto al que conjuré y que justo después fue empujado por uno de los soldados que nos acompañaba para que no nos estorbase en el escape.

¡Vamos! ―llamé la atención al marqués, indicándole que había una ruta libre.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Jue Abr 21, 2016 3:50 am

Fuese una falla de carácter o una simple inclinación, se encontraba a sí mismo tomando con marcada facilidad aquel rol protector sobre quienes veía más jovenes que él mismo. La fe que había puesto sobre el joven príncipe de Altea, inexperto aún pero prometedor a sus ojos, se veía reflejada en cierto modo en su impresión del príncipe de Nohr; la misma cordialidad y formalidad que rayaba por ratos en lo frío, la misma firmeza de ideas, la misma insistencia en esforzarse de sobra, sumada a la misma dificultad para soltar una palabra de sincero agradecimiento. Enternecedor, realmente. No conseguía imaginar si dos muchachos de tal clase de carácter se llevarían muy bien o muy mal, mas conocía el lugar en que él mismo caía y aquel era el puesto de un guardián. Temporal y ajeno, pero sintiéndose inspirado a velar por el menor, así fuese con una discreta y breve risa por el instante. Ah, lo más agradable de esas cosas era que sepermitiesen cuidar las personas que se le antojaba cuidar, cuando el instinto así le dictaminaba, pero no estaba seguro de que fuese a darse mucho.

Lo haría de todos modos, hasta donde pudiese. Cuando el impacto sacudió el navío, se vio demasiado ocupado de afirmarse él mismo como para serle de ayuda al mago a su lado, mas apenas subsidió el primer tremor enfocó la mirada en él. Le halló siguiendo su consejo y deshaciendo el camino tomado para regresar a cubierta. Un gesto serio volvió a su rostro, al tiempo que se apresuraba tras el príncipe, sable en mano y preparado a la eventualidad de escudarlo nuevamente; pero un tomo iba más lejos que una simple espada y, a fin de cuentas, era Leon quien estaba protegiéndole de que el enemigo se acercase siquiera a él. Sintiéndose algo descolocado fuera de su rol, no pudo sino mantenerse atento y preocupado del joven. Al menos, se volvía aparente que los soldados cooperaban con él con naturalidad ya, asistiéndole donde Eliwood no llegaba a hacerlo, bastante atrás en la formación que se retiraba a toda prisa del barco. Consciente de cuantos de los suyos veía frente a sí, miró por sobre su hombro para constatar que los faltantes estuviesen cerca, huyendo con todos ellos.

La voz del joven príncipe le regresó la mirada al frente. Casi volvían a cubierta y el barco se remecía cada vez más, inestable por las entradas de agua. Comenzaría a hundirse, si no había empezado ya sin que lo notase. - Enfóquese, vaya... - Se dijo a sí mismo con un corto suspiro, antes de seguir al muchacho el último tramo hacia el exterior. Le recibió el aire marítimo cargado de un aroma metálico, aunque el escenario que se desplegaba a la vista era mucho menos caótico de lo que había sido al momento de bajar. Muchos menos soldados allí arriba, casi ningún enemigo a la vista. Los suyos, para su alivio, escapaban de regreso a sus navíos para evitar el naufragio.

El barco en que estaban ya no lucía a nivel con los demás. El agua que había ingresado hacía lo suyo ya, torciéndolo hacia un costado al comenzar el hundimiento. Sin poder disponer ya de planchas de madera para actuar de puentes, el ejército les tendía escaleras de soga y redes gruesas por las que pudiesen trepar al barco alteano. Comprendiendo al instante el deber que en ese punto le correspondía, Eliwood apoyó una mano tras la espalda del príncipe de Nohr y le impulsó en la dirección correcta. - Casi estamos allí. Adelante. - Hablaba aún en una voz paciente y cuidadosa, aunque la tensión de aquellos instantes se leía con facilidad en su rostro. Un gesto preocupado remarcaba los detalles de la edad en él, las pequeñas arrugas junto a los ojos o la boca, usualmente tan disimuladas. No dudó en correr él también hacia el ascenso más cercano, aunque no se separase un instante del extranjero; cuando la escalera de sogas estuvo al alcance, no dudó en acercarle aún más. - Con su permiso. - No dijo más que eso antes de agacharse lo suficiente para rodear la cintura de Leon con un brazo y alzarle, encaminándole hacia arriba. Él primero, el resto de ellos después, Eliwood no habría podido sentirse tranquilo de otra forma.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 21, 2016 4:49 pm

Fuimos avanzando para abandonar el barco. No podíamos avanzar tan rápido como nos gustaría, pero íbamos saliendo poco a poco a medida que la embarcación se iba hundiendo. El marqués de Pherae, que siempre se había caracterizado por tener un carácter amistoso hasta ahora empezó a ser presa de la tensión. Pudo mantener la calma, pero, probablemente porque teníamos posiciones similares, era capaz de darme cuenta de sus nervios. Sinceramente, la situación también me preocupaba, pero tenía que autoconvencerme de que lograríamos salir a tiempo.

Sí. Ese era mi plan. Simple, ¿verdad? Me pregunto cuán difícil uno puede pensar que es cuando un brazo amigo te sorprende y decide alzarte con un aviso que ni siquiera esperó. Si por si acaso uno se plantease cómo me sentía en esos momentos, sería imposible para mí hacerlo. Había tantos sentimientos y tantas cosas que quería decir que ni siquiera era capaz de transmitirlos.

En su lugar, como si aquello fuese a sustituirlo todo ―si bien era dolorosamente consciente de que ese no era el caso en absoluto―, lo único que deje escapar fue un pequeño grito de sorpresa mientras vivía lo que era una experiencia tan humillante como novedosa. De hecho, por la sorpresa, lo único que pude hacer fue resignarme con un pequeño rubor en mi rostro debido a lo vergonzoso del asunto.

Aquellos minutos me parecieron horas. Horas eternas en las que el tiempo se había parado mientras pensaba en que nunca me había tratado nadie de esa forma. Ni mi padre, ni mi madre ―aunque esta era de esperar―, ni mis hermanos… Ni siquiera Camilla, considerando cómo es con Kamui y Elise. Y, aunque jamás lo admitiré por motivos más que obvios, lo cierto es que no era del todo desagradable, por muy humillante que lo sea también. ¿Sería posible que fuese por la falta de contacto a la que he estado acostumbrado todo este tiempo? Sea lo que sea, era algo que no me gustaba tener que admitir por varios motivos que no soy siquiera jamás de mencionar.

Al final, acabamos volviendo y, para mi eterna vergüenza, aquel jinete de wyvern que me había acompañado había visto la situación tan incómoda en la que estaba. Al principio escuché los pasos del hombre acercándose, preocupado por si algo me había pasado. Sin embargo, aquella preocupación se convirtió en una sonrisa que no me pasó desapercibida cuando vio que estaba perfectamente y no había pasado absolutamente nada. Se estaba aguantando la risa como podía. ¿Cómo podía culparlo? Yo también me sentiría de la misma forma si no fuese quien pasase la vergüenza. Sin embargo, eso no implicaba que no fuese a tomarme ningún tipo de venganza en el futuro.

Le lancé una mirada de reproche al soldado, diciéndole que se abstuviese de reír, y entonces me di cuenta de que había cavado mi propia tumba. Aquel hombre dejó escapar una risa aunque después hizo todo lo posible para que no se le volviese a escuchar. Creo que ni es necesario mencionar que la situación se había vuelto mucho más vergonzosa con aquel soldado haciendo todo lo posible por no explotar en risa (probablemente porque sabe que no me gustaría nada que lo hiciera) mientras que yo estaba muriéndome de la vergüenza y la rabia por la situación tan “especial” en la que me encontraba.

Sir Eliwood… ¿Podéis bajarme ya? ¿Por favor? Hay algo que me gustaría discutir con vos con relación a la batalla… y no creo que en esta posición pueda tener una buena conversación.

Preguntas que en el fondo casi podían ser interpretadas como casi una orden si el marqués se percatase de las risas entrecortadas de aquel hombre, las cuales empeoraron tras escucharme a mí. Estaba a punto de explotar. No iba a volver a bajar la guardia con este hombre bajo ningún concepto. Antes pensé que era una persona que se daba cuenta de los detalles de tipo social. Sin embargo, ahora lo retiro. Por completo. ¿Cómo se le puede ocurrir tener una idea como esta?

Pase lo que pase, mis hermanos nunca sabrán lo que sucedió. No. Mejor dicho… Nadie debe saber que esto ha sucedido. Nadie. Esta experiencia no puede ser peor que nada de lo que vaya a experimentar en mi vida. De hecho, muchas de mis experiencias pasadas podrían considerarse una pequeña broma si lo comparase ahora con esto. No puede existir nada peor que esto.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Dom Mayo 01, 2016 10:46 pm

Enfocado en el camino hacia arriba, todas sus fuerzas en mantener estable lo que cargaba en brazos, Eliwood no prestó oídos al caos bajo ellos ni a queja alguna de parte del príncipe, ignorante a si la hubo o no. Preciado era el muchacho que se le había encomendado cuidar, no estaba por dejarle ir sino hasta saberle a salvo. Tenía la impresión de que iba bastante más escudado que los magos que en sus tierras se veían, el metal sumando algo de peso a quien habría sido de otro modo mucho más ligero; ni demasiado alto ni demasiado grueso, al menos le era fácil acomodarlo en su agarre. No tuvo problemas en subir con él de regreso al barco de Altea, ni en quedarse sujetándolo mientras miraba a su alrededor. Muchas cosas qué comprobar primero.

No parecía que el enemigo hubiese conseguido infiltrarse en su navío. Por lo demás, los hombres tenían la situación en admirable control, reagrupando, encargándose de los heridos y dividiéndose para manejar el barco. Enfilarían ya para regresar. El marqués sujetó a Leon con firmeza al girarse hacia las aguas, donde a su vista se hundía el navío enemigo. Lento pero inescapable final. Los emergidos que debían de seguir en su interior tomaban la derrota con sepulcral silencio, ni gritos ni imprecaciones sonando desde la estructura que se perdía en el azul. Eliwood sentía inclusive más lástima por la forma en que aquellos hombres morían, que por la forma en que vivían. Soltó un leve suspiro y cerró los ojos un instante, buscando acallar sus inquietudes y regresar el golpeteo de su corazón a un ritmo más normal, más digno. Oh, seguramente estuviese desarreglado, sentía su cabello demasiado caído sobre su rostro y había humedad en su capa, eso jamás le era agradable y querría resolverlo, pero su imperturbable compostura vendría primero.

Inconscientemente había acomodado al príncipe del modo en que mejor podía sostenerlo, un brazo alrededor de su cintura y el otro sirviendo de apoyo bajo sus muslos. Le fue fácil, entonces, oírle hablar; aunque era a su acompañante a quien se había dirigido. De cierto modo le alegraba que tuviesen humor, aunque no era el mejor momento aún, con la batalla apenas culminada. Un poco perdido respecto al intercambio entre ambos hombres, Eliwood sólo cayó propiamente en cuenta cuando el joven de Nohr pidió ser bajado al suelo. Alzó la mirada al rostro del menor, topándose al fin con su mirada seria y el fuerte tono rojizo en sus mejillas. Al comprenderle, una sonrisa ladeada y entretenida curvó sus labios. - He de discrepar. No me alteraría en absoluto hablar de este modo; me asegura su atención y a usted la mía. - Rió con suavidad. Le bajaría, por supuesto, pero el gesto en el rostro del príncipe le enternecía más de lo que le convencía de ser veloz al respecto. Así que le demoró al menos esos instantes, un par de segundos más de nerviosismo.

- Bromeo, bromeo. Mis disculpas, me he dejado llevar un tanto en mi preocupación por su bienestar. - Aclaró, negando con la cabeza y haciendo un gesto lento y parsimonioso de inclinarse para poner los pies del rubio en el suelo. Retrocedió con la misma calma, disimulando tras la usual sonrisa y el nivel cortés de atención cuanto disfrutaba las cosas así. Prefería ver a un muchacho como él en esas condiciones, mostrando al fin una actitud pueril y avergónzandose con facilidad, que en el semblante seco y severo que un campo de batalla ameritaba. Alivianaba su propio humor. - Tiene mi atención. ¿Qué sucede? Por esta jornada, creo que hemos terminado. -

Era una victoria, sí, pero no se sentía en ánimos de celebrarla. Trataba el asunto con neutralidad y si volvía la vista a la escena a su alrededor, era con desazón; no había gloria en una faena como esa, aunque si alzara la mirada un tanto más habría visto las banderas de la alianza izarse alto en el mástil del navío. No impediría que los hombres celebraran. Él mismo, sin embargo, no hacía más que acomodar su ropa, ajustar la correa de la espada en su cinto y apartarse el cabello un poco del rostro, enderezando la banda de oro sobre su frente. Satisfecho pero lejos de alegre, resolvió que sería mejor apartarse del bullicio y se acercó a Leon para moverle suavemente, con una mano tras la espalda, para guiarle a andar hacia la proa. - Por aquí. Ya regresaremos a puerto.  -
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 02, 2016 5:05 pm

Me quejo y pido que se me permita incorporarme como es debido, pero el marqués, de una forma dolorosamente sádica para mi orgullo, se niega para después decirme que era una simple broma para después permitirme incorporarme como es debido. Pude captar un rostro de cierta decepción por parte del soldado que antes se rio, pero esta vez no le di el gusto de hacer ningún comentario. Todavía seguía demasiado nervioso como para siquiera ser capaz de comunicarme como es debido.

Gracias ―fue lo primero que dije tras levantarme, momento en el que mencionó el tema a hablar mientras arreglaba mi armadura y mi pelo como podía. ¡Por favor! ¡Qué desastre!―. Sí. Hemos logrado acabar con los emergidos esta vez, pero… ―iba a decir algo, pero pronto me di cuenta de que quizá sería demasiado apresurado decirlo delante de los soldados―. Quizá sea mejor hablar de esto un poco más apartados del resto.

Intentaba mantener la actitud que tuve al principio, cuando le conocí, aunque admito que tras lo que había pasado hace unos minutos no era algo precisamente fácil de hacer. Dejé a mis hombres celebrar lo que era una victoria que a mí no me lo pareció como tal. No al menos hasta por lo menos saber qué pensaba el mismo marqués, así que decidí aprovechar que él se apartó del bullicio de forma voluntaria y vino hasta mí para hablar de nuevo.

Sí. He de confesar que deseo ver tierra firme ―y entonces ya decidí ir a la carga―. Sir Eliwood… Dudo que aquellas tropas tuvieran siquiera la más mínima relación con Plegia ―confesé―. Si Plegia hubiese estado relacionada con eso, ¿por qué no hubo rastros de magia oscura? Soy un mago oscuro y a mis oídos han llegado que existe un internado en dicho país donde se entrena a los magos oscuros. Me resulta extraño que, si estos emergidos viniesen de Plegia, no hayamos visto a uno solo cuando tienen un lugar donde los adiestran. Es… desconcertante. No quiero atacar la moral de los hombres, pero aun así creo necesario mencionarlo. Vos tenéis más experiencia que yo. ¿Cuál es vuestra opinión al respecto?

Me quedé un rato en silencio. Tras haberlo experimentado, sabía por qué dijo el marqués e hizo menciones sobre Plegia o los magos oscuros durante el combate. Sin embargo, era necesario decirlo para que hubiese otras cosas que tener en cuenta.

Por otra parte, y en un asunto completamente diferente, he de confesaros que escuché hablar de vos al príncipe Marth en una ocasión anterior. Me alegra poder haber podido tener la oportunidad de conoceros. Sois exactamente como imaginé que seríais tras hablar con él.

Si no mal recuerdo, me dijo que era un muy buen diplomático y bueno en la política. Además, por la impresión que he tenido de él, no es precisamente un fanático de las batallas ni del poder. Aquello era bueno. Es hasta posible que él influyese mucho para conseguir la relación que tiene con Altea. Por suerte o por desgracia, es capaz de eliminar la tensión de los soldados, aunque en ocasiones tenga que recurrir a pequeños sacrificios sociales para ello, por mucho que me moleste ser uno de ellos.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Miér Mayo 18, 2016 4:48 pm

Creía entrever en cierta medida lo que aquejaba la mente del príncipe, si de los enemigos que acababan de derrotar se trataba. Como siempre, Eliwood guardó sus aprehensiones bajo un calmo semblante, una sonrisa leve y recatada. Podría nombrar uno que otro problema con todo ello, pero mientras no surgiesen a la luz las dificultades del asunto, seguiría él en su molde. Una lástima ver al joven de Nohr regresar al suyo, aunque no cesaba de ser divertido y gustoso a la mirada observar sus intentos de reacomodarse, volver a ponerse tan serio y digno como al principio. Pero el color sobre sus mejillas no era tan fácil de disipar, los rastros del vergonzoso momento quedaban, y eso mantenía a Eliwood de buen humor. Deseoso, inclusive, de hallar forma de prolongárselo un poco más, así fuese sólo para aligerar la seriedad del muchacho.

Pero qué frontal continuaba siendo. Cuando mencionó en voz alta el problema que veía con la batalla, asunto nada ligero ni mucho menos desatinado a su propio parecer, el marqués permaneció impávido por los siguientes momentos. Sin un gesto de sorpresa, sin exaltación, sin algo que pudiese catalogarse como reacción verdaderamente, tan sólo una mirada pasajera para confirmar que al menos le había oído. Prosiguió adelante mientras permitía al príncipe continuar, llevando su mano a la baranda el borde del navío y poniendo su vista en la lejana línea del horizonte, la gran isla sobre la que descansaba la capital de Altea. Llevaban una victoria a puerto y tendrían una recibida de héroes por ello; otra parte para la que no se veía realmente en ánimos. Aún apoyándose en Leon para mantener en alto su humor, le miró con silenciosa y prolongada atención, tras lo cual sólo llevó una mano a ajustar levemente la tiara sobre su cabeza. - Oh, qué desprolijo, mi príncipe. Permítame. - Sonrió ampliamente. Se entretendría un poco más con eso, aunque la verdad era que no estaba para nada desarreglado ya.

Después de todo, cual fuese la buena disposición que Leon tuviese hacia él, era posible que la perdiese por completo en algunos momentos. Podía ahorrárselo, podía renegar que hubiese cualquier extrañeza en la situación o inventar para sus enemigos una excusa, pero hacerlo habría rayado ya en una falta de respeto hacia el heredero frente a sí. No valía la pena. Era un futuro rey, merecía que se le hablase con claridad. Eliwood cambió por fin el gesto en su rostro, borrando su sonrisa con una suave exhalación.

- No, Plegia no tiene nada que ver con este conflicto. En absoluto. No estoy en condiciones de asegurar más sobre nuestro enemigo de lo que podría usted o cualquier otro, pero me parece igualmente obvio, a estas alturas. La experiencia me dicta exactamente lo mismo. - Dijo con cuanta seguridad podía transmitir en sus palabras. Él mismo tomaba tal cosa como un hecho; y si iba al caso, verdaderamente, no diría que el enemigo había sido Grannvale tampoco. Naturalmente que debía de haber un culpable, pero interpretaba que era uno oculto entre muchos, algun reino o alguna facción de un mismo. Cualquier cosa menos lo que se les mostraba de frente. - Sin embargo, si pide usted mi opinión, esa es... - Miró al joven heredero a los ojos antes de agachar la cabeza levemente, en un gesto casi de disculpa. - Nuestros hombres necesitan creer en la batalla que libran. La gente, también, necesita creer en una guerra de liberación esperanzadora y justa; no una batalla desesperada contra lo que sea que venga a nosotros, sin saber si estamos bien o mal. Nada destruiría a un pueblo y a su ejército tanto como eso. Lo que ha sucedido aquí el día de hoy es lo que necesitaba suceder, la luz que necesitábamos ver. Una buena victoria. -

No sabía nada del príncipe Leon como persona. No conocía las costumbres ni las ideologías de Nohr, mucho menos la crianza o la forma de pensar de aquel muchacho, sabiendo tan sólo que era alguien recto de carácter. Aún así, las verdades que Eliwood consideraba inevitables, el debe más amargo y más intrínseco de un regente, eran algo que de un príncipe no ocultaría si se preguntaba en tales circunstancias. Personas de menor rango, claro, no necesitaban esa perspectiva; era la carga de un gobernante solamente. Por eso lo mencionaba como debía de ser mencionado. - Quisiera hacer las cosas de otro modo, le aseguro. Pero eso conllevaría defender la imagen y la integridad de un enemigo que está constantemente intentando acabarnos. Aún si es mi deseo, actuar de ese modo desintegraría la unidad de quienes guío y protejo, les robaría de toda sensación de seguridad, y estaría muy lejos de defender Pherae o Altea; es algo que un hombre con responsabilidades no puede permitirse hacer. - Concluyó con otra inclinación de la cabeza, una media sonrisa dotada de cierta desazón. - Me pregunto, pues, si se alegra aún de conocer al hombre que ve frente a usted. -
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 18, 2016 7:31 pm

No importaba cómo de serio intentase mostrarme, el marqués siempre mostraba un carácter completamente distinto, invitándome a relajarme. Era una sensación… nada desagradable la verdad. Aunque no lo admitiría, durante unos instantes me sentí atraído por esa calma que irradiaba. Aunque, al mismo tiempo, esa posible impresión se desvaneció por completo cuando mencionó el desastre de apariencia que llevaba. ¡No! ¡No había estado haciendo el ridículo! ¡Eso no podía ser! ¡Me he preparado para evitar esa incomodidad! Pero si soy un poco más realista, he de considerar que apenas he tenido tiempo para arreglarme en condiciones. ¡¿He estado teniendo una apariencia ridícula todo este tiempo hasta ahora?! ¿¡Y nadie me dijo nada antes de reunirme con el marqués!? ¡Han hecho que pase por este bochorno! Menos mal que él ha sido lo bastante educado como para no solo no hacer un mundo de esto, sino también para solucionar mi problema de vestimenta.

Gracias ―dije, en un pequeño hilo de voz―. Siento que os hayáis visto en la obligación de hacerlo.

No sé si porque supo que mi sentido de la vergüenza estaba llegando a su límite o si fue por cualquier otro motivo, pero lo cierto es que al final dio su opinión y, durante un instante, vi a mi hermano reflejado en él. Fue entonces cuando comprendí por qué me sentía en ocasiones atraído por su forma de ser y podía relajarme. Tanto él como Marx eran líderes natos y eso se notaba por el carisma que, sin duda, transmitían. Además, su forma de explicarse, si bien podría diferir un poco con la de mi hermano, puedo ver los parecidos en la estructuración.

Explicación que, por cierto, jamás se me había ocurrido a mí.

No sabía exactamente lo que sentía en esos momentos. Probablemente inferioridad, visto que de forma indirecta me han recordado que no importa cuánto me esfuerce jamás podré superar a Marx. O quizá sea también admiración, por la misma razón. Sin embargo, eso no cambiaba mi opinión general sobre el marqués Eliwood.

Marqués, aunque sea un príncipe, estoy bastante convencido de que no sería un buen rey ―aseguré―. En más de una ocasión he ocasionado problemas por no medir lo suficiente mis palabras, tanto en exceso como por defecto. Sin embargo, mi hermano mayor, el heredero, no es así. Siempre tuvo en cuenta este tipo de factores que vos me habéis hecho ver y que yo fui incapaz de percibir por mi cuenta.

La forma de combatir, sin pensar en ninguna estratagema y siendo justos y fieros al mismo tiempo con los emergidos, era idéntica a la de mi hermano. Por supuesto, su estilo era el mismo, pero ambos me han transmitido la misma sensación. Quizá es por eso que me he podido relajar un poco y poder actuar como antes de que los emergidos llegasen, aunque no fuese a durar mucho este día. Y, ya que estamos, ¿por qué no relajarme un poco más?

Me alegro de corazón de haberos podido conocer en persona. Desde que los emergidos llegaron, mis hermanos y yo apenas hemos tenido ocasiones para encontrarnos. Solo con ellos he logrado relajarme hasta hoy ―miré a lo lejos, con una pequeña sonrisa―. Admito que en ocasiones el trato de preferencia puede resultarme incómodo, pero no me desagrada cuando no es en público ―admití―. Me produce una sensación nostálgica que pensaba que había olvidado ya. Como si fuese un padre que consiente a su hijo.

… No he dicho eso. No. No he podido decir eso. ¡No lo he dicho! ¡Maldita sea, Leon! ¿Por qué te relajas tanto? ¡Ahora no solo has dicho que podría malinterpretarse sino que, además, te has puesto en ridículo! ¿Y ahora cómo voy a solucionar este embrollo?

Quería decir que… Eh… ―suspiré―. Le agradecería enormemente que olvidase eso último que he dicho…

No era capaz de mirarle a los ojos. El ridículo que había hecho de mí mismo me lo impedía.
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Re: La alianza [Priv. Eliwood] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Sáb Mayo 28, 2016 2:08 am

Como esperaba, seguía siendo agradable ver todas aquellas expresiones en el rostro del joven príncipe, bastante divertido si se permitía honestidad al respecto, aunque continuar habría sido cruel de su parte. Anticipaba ya que extrañaría los pueriles gestos cuando llegase la mirada de reproche o de rechazo que consideraba que sus palabras le habían ganado, mas parecía demorar en suceder. Aguardó en digna calma igualmente, buscando en la inusual coloración de aquellos ojos la primera seña de rechazo. Nada aún. No terminaria de comprender la mirada que le dedicaba, pero las palabras que finalmente le dio no eran de recriminación ni de cuestionamiento siquiera, sino una frontal y bastante humilde honestidad que no habría presentido de él. De nadie en su posición, realmente.

Parecía, pues, que el secreto de lo que no terminaba de calzar sobre esa guerra se quedaría entre líderes. Aquello se mantenía como debía ser. Más aún, de importancia más personal para el pelirrojo, parecía que la actitud del joven de Nohr hacia él permanecía donde antes, imperturbada aún frente a lo que acababa de admitir. Si algo cambiaba, parecía ser en dirección contraria: de cierto modo le alababa, comparándole a un hermano que sólo podía imaginar que admirase, a juzgar por su tono y su gesto. Una sonrisa curvó los labios del hombre mayor nuevamente, indeciso en si deseaba revolver el cabello del menor o si más bien desease levantarle el mentón y recordarle que estaba haciendo las cosas bien, hasta donde él veía. Se decantó por lo segundo, y con apenas un toquecito del dedo índice bajo el mentón buscó que lo alzara con el orgullo de al principio.

- Comprende usted cosas bastante amargas. Y por el momento, es suficiente que las comprenda; en lo personal, prefiero ver que su pensamiento es aún más recto que esto. - Dijo, invadida su voz por el alivio que sentía respecto a Leon. Tampoco cabía en él coincidir en la decepción con que el menor admitía no haber pensado en ese ángulo; comprendía cómo podía frustrarle, mas era una impresión que no compartía. El príncipe era aún joven, probablemente tuviese mejores rutas que transitar. Apartó la mano de su rostro y prosiguió con una suave risa. - Oh, seleccionar palabras es todo un arte y toma muchísimo tiempo de dominar, se lo asegura alguien que aún trabaja en ello. Pero, ¿sabe? Creo que yo tampoco sería un buen rey, así que estamos a la par. No me cabe duda que ser un buen líder para los míos no siempre implica seguir mi corazón o ser siquiera una persona neutra y justa, no puedo imaginar la dificultad que ha de conllevar ser un rey. - Admitió con simpleza. Llevaba casi dos décadas en su cargo ya, asumido a muy temprana edad porque la situación así había presionado, y una de las cosas que había aprendido al punto de la certeza en todo aquel tiempo era aquella. Inclinó la cabeza levemente frente al menor. - Pero pondré de mi fe en que será notable el siguiente rey de Nohr, su hermano mayor, si tanta alberga usted mismo. -

Cualquier gracia que que pudiese tener él en suavizar y sobrellevar las cosas se comparaba poco al puro, franco alivio que le traían las palabras de Leon. Lo que había perdido en discreción, lo había ganado en aprecio de parte suya, al parecer. Extraña ocurrencia que las cercanías con que apenas antes lo avergonzaba y su practicada complacencia lograran relajarlo, pero no negaría que le agradaba oír que así era. Había hecho algo por el joven rubio, sin planear hacerlo. Eliwood le dejó terminar, satisfecho de cada palabra que oía, mas mostraba ya una sonrisa ladeada y arqueaba una ceja a medida que se tornaba más comprometedora aquella honestidad. Leon, claramente, sabía que se había expuesto de sobra. Y él no le permitiría esquivar tal cosa. - Así que no es desagradable para usted, mi estimado príncipe. - Murmuró con un asentimiento que demostraba que comprendía. Se inclinó para intentar atrapar su esquiva mirada, aunque no fuese para hacer mucho en particular, ni siquiera cambiando su ya complacida expresión. - Si en público resulta vergonzoso, me aseguraré que no sea en público, perfecto. Y si le sirve a usted saberlo: me alegro de conocerle igualmente. Es un encanto. - Rió, irguiéndose nuevamente. Debía dejar de entretenerse a expensas del muchacho.

- Tengo entendido que la intención de presentarse aquí y prestar asistencia ha sido suya, no de su familia. No olvido que es usted el responsable, usted quien ha hecho un buen trabajo. Debería mantenerlo en mente, también, y permitirse su propio crédito. - Habló con un ápice más de seriedad en ese momento, la justa para que sus palabras no escaparan a la atención del muchacho. Desvió la mirada hacia el camino con interés, pues el puerto se delineaba a la vista con cada vez más claridad, pudiendo vislumbrarse los detalles a medida que se aproximaban. Las multitudes a la espera, las banderas en alto, el recibimiento dispuesto para ellos mismo. No quedaba mucho tiempo antes de afrontarlo, aunque Eliwood no quisiera ya nada de ello. Suspiró suavemente. - Y si le es de utilidad relajarse, estaré a su disposición, ¿de acuerdo? Pherae estará abierto a recibirle. -
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