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Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

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Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Mar Ene 19, 2016 5:30 am

Cielo encapotado y gris, augurio de una lluvia próxima pero afortunadamente ligera. El marqués alzaba la vista a aquel cielo con inquietud, rogando que fuese sólo una llovizna y aún entonces, que no creara un lodazal en el barranco bajo el fuerte. Le dificultaba la movilización a los caballos. Con una expresión inescrutable en el rostro, asegurándose de no mostrar un ápice de duda frente a sus soldados, bajó la vista al campo de batalla que se extendía frente a sí, haciendo los pertinentes cálculos en caso de que el clima no fuese a su favor.

Eran mareas cambiantes y difíciles de predecir, más aún de controlar. La situación ya era delicada. Salir al encuentro de los emergidos e intentar retirarlos de los fuertes que habían tomado a lo largo de Lycia probaba haberlos agitado, causando de su parte una clase de agresión que Eliwood jamás les había visto tomar. Su avanzada, destinada a enfrentar un grupo de menor tamaño y tomar discretamente un fuerte en particular, se había visto forzada a atrincherarse en tal refugio, asediada por un grupo del doble de cantidad. Las viejas puertas y las murallas cubiertas de moho no soportarían demasiado, estaban defendiéndose en lo mejor de sus capacidades, bajo el mandato del ya experimentado marqués, pero el muro exterior ya había sido cruzado y la pelea estaba dentro. En esas condiciones no se trataba ya de salir a vencer, sino de esperar por refuerzos para cambiar de rumbo la situación.

Una silueta distante pero excesivamente grande captó su atención. Eliwood entornó la vista, saliendo a la abierta cima de la torre para intentar ver mejor lo que venía, lento y pesado, arrastrado por media docena de cuerdas que los emergidos jalaban. Como un estoico titán cautivo. Frunció el ceño, apartando de su rostro el cabello que el viento movía de lugar, y se esforzó por discernir. Se trataba de una catapulta de madera robusta reforzada con herrajes de acero, un artefacto pesadísimo y casi imposible de transportar, pero que claramente estaban haciendo un esfuerzo sobrehumano por acercar al fuerte. Y si lo lograban las cosas empeorarían gravemente. Había suficientes rocas en el terreno inmediato como para cargarla varias veces y las murallas definitivamente no soportarían.

Debía pensar en algo. Podía salir él mismo y un grupo de sus mejores a intentar interferir con la catapulta antes de que entrara en uso, pero habría sido arriesgado. Quizás la lluvia sí fuese una bendición, si caía, pero no podía apoyarse en eso. Pensativo y tenso, buscó en el horizonte señales de los necesitados refuerzos, y al no ver nada provechoso a la distancia se decidió a actuar.

- Necesito un grupo de 3 de mis guardias reales. Los más veloces. - Declaró para los soldados tras él, que aguardaban siempre sus órdenes para comunicarlas. Cuan mortificante era, sin embargo, dar una orden cuando sabía que no era la mejor.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Invitado el Vie Ene 22, 2016 3:24 am

Su llegada a tierras nuevas fue mejor de lo esperado, paseó por la ciudad costera donde ni siquiera se vio en la necesidad de disfrazar sus alas, más de alguna mirada curiosa, incluso preguntas de parte de los lugares donde se detenía a mirar, comer o comprar. No encontró odio quizás un poco de miedo de algunos pero no era la reacción general, en experiencias así de agradables le era difícil ver a los humanos como los veía Reyson, aunque solo le tomaba un poco de tiempo para recobrar aquel rechazo cuando recordaba el bosque quemado... Si bien tuvo un intento de captura al pasar por una taberna de dudoso ambiente, no podía decir que no esperaba algo así desde el momento que había entrado, pero no hizo mucho más que dejar a uno de los hombres con un dedo menos y el otro con un profundo arañazo en su brazo antes de escapar y llevarse consigo el oro de uno de ellos. Con el mismo compró algunas chucherías antes de seguir su camino.

Siguió viajando al sur, no tardó en averiguar que había llegado a Lycia, uno de sus tantos marquesados, los paisajes le atraparon enseguida, grandes espacios verdes que le daban una sensación muy agradable de libertad, la comida era deliciosa, muy sabrosa y con condimentos que no conocía, así mismo un vino sumamente exquisito. Definitivamente tenía que encontrar contactos comerciales provechosos en ese lugar para poder hacerse de esas especias y ese vino. Buscando un lugar donde pasar la noche, preferentemente un pueblo donde pudiese alquilar una habitación con una cama cómoda y ventanas con postigones para evitar el viento.

El cielo comenzó a encapotarse, las nubes grises ya no dejaban ver nada de azul sobre su cabeza, desconfiado apresuró su vuelo pero el viento comenzó a desestabilizarlo y cuando las primeras gotas de agua comenzaron a caer ya le era demasiado difícil volar en su forma humana, y transformarse le agotaría más y no sabía donde conseguiría resguardo. Al notar una estructura de piedra en la lejanía se dirigió hacia allí pero no tardó en sentir el sonido de la guerra y enseguida el olor a sangre. Sobrevoló alto, observando su alrededor y visualizando en la muralla principal a quien buscaba, un humano que estuviese dando ordenes. Bajó manteniéndose a una distancia fuera de alcance inmediato, en su forma humana, con su cabello mojado contra su rostro y sus ropas haciéndole peso, sus alas tenían casi dos metros a cada lado extendidas mientras volaba - Parece enfrentar problemas con estos humanos poseídos por la rabia, ¿Cómo se encuentra, mylord? - observó al pelirojo, sus ropas eran las de un noble, bordados, telas caras, capa, joyas... claramente era un noble y un noble bien posicionado pese al desastre de fuerte que tenía debajo.

Desvió su mirada hacia donde el noble observaba, la gran catapulta saltaba a la vista así como los emergidos que subían por las paredes, rápidamente detenidos desde arriba por los soldados que inmediatamente identificó como el ejercito de aquel pelirrojo. No pudo ocultar la sorpresa en su rostro al reconocer banderas de Begnion en aquella catapulta y el escudo de dicho país en los soldados... aunque no fue capaz de reconocer las armaduras. Enseguida las palabras de Reyson resonaron en su mente.

No estaba para perder tiempo, la situación empeoraba y no se quedaría allí si esa catapulta era cargada, al menos no gratis. Tenía dinero, pero nunca venía mal reforzar sus fondos, y si aquel hombre estaba en peligro prestaría su pico por el precio justo.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Lun Ene 25, 2016 3:41 pm

Los soldados bajaron para realizar los preparativos pedidos por el marqués, dejándole a solas sobre la desprotegida superficie de la torre, su techo derrumbado hacía demasiado tiempo. No había peligro, pues no habían arqueros entre los soldados acorazados y rasos que asediaban el fuerte, y por lo demás, necesitaba de una posición con visibilidad para manejar la situación. Ni siquiera dejado a solas se sintió en privacidad suficiente como para dejar que sus hombros decayeran o que su postura mostrase la tensión que realmente sentía, pero su expresión tomó un gesto de aprehensión enseguida, frunciendo el ceño y bajando la vista en preocupación. Era una carrera contra el tiempo si sólo esperaban por refuerzos, o una carrera contra la suerte si salía a intentar deshacerse de la catapulta. Sólo podía hacer lo que estuviese en sus manos hacer, pero prefería aquello a esperar.

Una sombra le cubrió en lo ya sombrío de la tarde, aunque sin resguardarle de las gotas de agua que apenas notaba que caían. - Oh, no... - Murmuró, distrayendo su atención un momento para mirar por el borde, al suelo que comenzaba a humedecerse. Llovía ligero, pero llovía, el lodo que se formaba entorpecería a esa catapulta pero también a sus tropas, ya cansadas y en limitada movilidad. Si seguía así ni siquiera conseguirían salir a interferir. Tensó las manos contra el borde de roca oscura y mantuvo la mirada en el campo de batalla hasta que la voz, la sombra que por un momento descartó, le hizo alzar la vista otra vez.

Lo que encontró allí le dejó inmediatamente boquiabierto, pasmado en una mezcla de temor y admiración. Metros de alas negras, brillantes, reflejando un tono levemente azulado donde la mortecina luz las tocaba, a la espalda de un alto hombre de elegante vestimenta, su cabello bastante similar a sus plumas. Era impresionante el espacio que ocupaba en el cielo, la naturalidad con que se mantenía en este. Si bien no era el primer laguz que veía y podía identificarlo con un poco menos de sorpresa, nunca había presenciado a un ave laguz con las alas majestuosamente extendidas de ese modo. Y le llamaba lord, como si supiese de quien se trataba. Claramente no era un enemigo, pero tampoco se explicaba que fuese un aliado. Por lo demás, resultaba muy extraña y muy acertada a la vez su descripción de los emergidos; habría de llamarla una rabia fría y calculadora, pero profunda. Eran humanos cegados, ciertamente, y no sabía cómo más se lo explicaría a un miembro de otro especie.

- Mis disculpas, caballero, pero... ¿será que nos hemos visto anteriormente? - Preguntó de la más cortés forma, la única en que sabía expresarse. Rogaba que no fuese en el puerto de Begnion. No cabía duda que veía a un laguz libre y curiosamente muy cortés; tan distinto al otro ejemplo que tenía para comparar, que no había sido sino un lobo salvaje e independiente. Este, en cambio, le daba la impresión de hablar con un hombre noble o bien posicionado. - Me encuentro... digamos que mis manos están un tanto atadas, en este momento. Pero si necesita usted algo, quizás refugio de esta desagradable llovizna, no dude en utilizar este sitio. Sólo tenga en cuenta que no ha de ser prudente permanecer, puede que no sea sitio seguro en algunos momentos. - No si la catapulta derribaba sus murallas, pero el hombre ave siempre podría apartarse volando, o eso suponía. Le ofrecía lo que podía.

Un ahogado grito de exaltación sonó a su espalda. Eliwood se giró de inmediato, alzando ambas manos para apaciguar al soldado que acababa de subir y divisar al gran cuervo. Se le acercó para intercambiar un par de tensas palabras, sin preocuparse por estar en rango auditivo del cuervo, al cual seguramente no afectaba en nada lo que sucedía. Malas noticias; ya no podían salir en los caballos y no había nada más que hacer respecto a la catapulta. Eliwood le agradeció y le ordenó regresar al frente, aunque no había nada que agradecer a la suerte con que contaba ese día. Suspiró con pesar e intentó pensar en una nueva solución.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 04, 2016 5:35 am

Observó con detenimiento la manera que el Lord pelirrojo reaccionaba a su presencia, disfrutaba aquella expresión en los humanos, sabía que para algunos laguz era difícil leer los gestos de los humanos, utilizaban tan poco su cuerpo para expresarse y era todo movimientos en su rostro que a vista de un animal eran casi imperceptibles, sin embargo el cuervo había pasado suficiente tiempo con aquella raza como para aprender bastante bien como leerlos. Sonrió de lado aún con sus brazos cruzados y se acercó un poco cuando se aseguró que no era una figura agresiva, sus botas negras, lustradas y limpias, ahora un poco mojadas por la lluvizna, se apoyaron en el borde del fuerte, las alas se plegaron un poco a su espalda. La manta de plumas daba una terminación mate y lisa a estas, todas acomodadas de manera tan perfecta que no dejaba filtro y las gotas de agua cayendo sobre estas y deslizándose en gotas redondas sin siquiera mojarlo. La lluvia no era suficientemente fuerte y el polvillo sobre sus plumas las impermeabilizaba para no impedirle volar en esa clase de climas, claro, una tormenta no soportaría pero ese nivel de lluvia no sería problema por el momento.

Hizo una ligera inclinación llevando su diestra sobre su pecho en señal de respeto - No he tenido el placer con anterioridad. Es mi primera vez en Ilia. - desconocía en que momento había cruzado la frontera, la última vez que había preguntado donde se encontraba le habían dicho aquel país y si bien llevaba ya un día de viaje estaba más acostumbrado a países de mayor extensión en Tellius, consideraba que aún estaba demasiado cerca de la costa como para ya haber entrado en otro territorio - Mi nombre es Naesala, del reino de Kilvas. Y si bien estaba buscando refugio puede que sea más útiles mis garras y pico. - ofreció enderezándose y bajando su mano al ya haberse presentado agregó casi enseguida - Contando con gastos en mi viaje me sería también de ayuda un trabajo remunerado. - dijo sin plumas en la lengua al respecto, sus servicios tenían un costo y si bien no lo dejaba en claro el monto si desde un inicio hablaba de frente en cuanto sus intenciones.

Observó por sobre el hombro del marqués cuando escuchó el sobresalto, sus plumas se inflaron un poco al ver que el hombre apretaba el agarre en su espada, pero se volvió a relajar cuando esta bajó tranquilizado inmediatamente por el líder. Eso decía mucho para el cuervo, pues si la tranquilidad del líder y la confianza de este frente a una aparente amenaza calmaba a sus hombres de manera tan efectiva significaba que hacían voto ciego de confianza a su juicio incluso en áreas que desconocían. Dentro de los suyos era un humano confiable al menos.

Escuchó sin problemas, su oído no era especialmente bueno como el de los halcones, pero era más agudo que los humanos. Se giró para mirar la catapulta, como los soldados jalaban y ahora comenzaba a serle difícil el avance por la lluvia, pero solo los retrasaría un poco, pues ya estaban sumando cuerdas que tirasen para llevarla a posición. El barro, a no ser que fuese alimentado por una tormenta mayor, apenas hundiría unos centímetros la estructura, que por el tamaño, no era absolutamente nada. Habló en voz un poco más alta para que le escuchase el marqués pero no dirigiéndose hacia él, más bien pensando en voz alta - Podría volar hacia ellos, retrasar y ganar tiempo con ataques a individuos puntuales. Daría tiempo a que soldados a pie llegasen para detenerles. - la sonrisa seguía plasmada en su rostro, no parecía preocupado o siquiera nervioso por la situación que se presentaba. Había estado en campos de batalla y cuando los humanos enfrentaban a los laguz lo hacían de las maneras mas ruines y crueles, más que entre ellos. Seguro que si fuese un ataque a sus hermanos aquellas rocas estarían bañadas en brea y prendidas fuego.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Lun Feb 08, 2016 4:35 am

Le costaba terminar de comprender lo que presenciaba, ver a un laguz siendo tan cortés, tan elegante y tan poco animalesco. Quizás se debiese a que era un ave en lugar de un canino, no podía estar seguro, tan sólo reconocer que era una criatura a la que denominaría un caballero con facilidad; y aquello le inspiró inmediatamente cierto agrado, por sobre la innata fascinación que guardaba por todas las criaturas míticas y las razas desconocidas del nuevo mundo. Todo lo nuevo era bienvenido, todo lo ajeno a su cerrado y limitado mundo de cuna dorada era sorprendente e interesante a su modo. Aguardó, sin embargo, a que su soldado se encontrase fuera de vista para ver al cuervo nuevamente, adoptando enseguida el semblante que portaría frente a otro hombre de estatus. Una plácida sonrisa reemplazó a la mirada preocupada y distante de hacía un momento. El pelirrojo se mostró tan compuesto como pudo y prontamente se inclinó en una corta reverencia.

El cuervo se había presentado con toda propiedad y debía hacerlo él también. No importaba el contexto, no importaba lo desesperado de la situación o hasta lo contraproducente que pudiese ser preocuparse por pequeñeces en momentos así; era un caballero hasta las fundaciones de su persona y debía actuar como tal. - Es un agrado, Naesala de Kilvas. Me ha tratado con tan acertados modos que hasta me ha confundido un instante, lo siento. Mi nombre es Eliwood, marqués de Pherae y comandante de este ejército. Gustosamente le proveería de mejor asilo si pudiese asegurárselo, aunque... he de informarle que no se encuentra en Ilia ahora, sino en Lycia. - Explicó, mostrando un gesto culpable al informar que no podía hacer mucho más por él. No estaba en su naturaleza negar la ayuda a un refugiado, aunque en el caso del cuervo, era este quien la ofrecía. Curioso por aclarar aquello y quizás comprender un poco mejor la aparición del ave de tan elegante aspecto, Eliwood no dudó en preguntar sobre aquello. - ¿Acaso es usted un mercenario errante, caballero? O quizás sólo ha cruzado este sitio en el momento propicio. De igual modo... - Dudó un poco, no quería involucrar a alguien que sólo había parado allí para resguardarse de la lluvia, pero con indagar no perdería nada. Se convenció de que era sólo indagar. - Me interesaría conocer el monto de sus honorarios. -

La sugerencia del ave no era mala. Y sería tener a alguien con la movilidad como para ejecutar tal cosa. El comandante del ejército se posicionó junto al cuervo, mirando el mismo paisaje, seguramente previendo el mismo curso de acción. Aún tendría que sacar tropas del fuerte y cruzar lo peor del campo de batalla, sería difícil, pero podrían ir sin los caballos y si llegaban, podrían completar la operación. No cabía duda de que tendría que ser él quien saliera adelante, demasiado peligroso y delicado todo aquello como para no hacerlo, y con la ayuda de una criatura tan ágil y certera como un cuervo podían tener buenas posibilidades. Apretó los labios levemente al planearlo, la mano bajando instintivamente a revisar que su espada siguiese en buen estado, asegurada a su cinto. Toda la idea le tentaba, era la primera luz de alivio que se cortaba la oscura fortuna de aquel día, mas prontamente terminó por negar con la cabeza.

- No... disculpe mi indiscreción, eso no sería correcto... - Dijo. Estaría poniendo demasiada presión en quien debía ser un protegido, no un soldado. Aunque se lo hubiese ofrecido y claramente se lo pensara, era demasiado para su conciencia. Ofreció otra sonrisa tranquila, asegurando y asegurándose de que las cosas no eran tan graves. La lluvia achataba su cabello, bajando gruesos mechones a perfilar la mirada tensa en sus ojos. - Debe estar cansado por su viaje. Además, hay un poco de lluvia, asumo que ha de dificultarle volar... sólo asumo, disculpe mi ignorancia si no es así, no estoy muy acostumbrado a contar con laguz en las filas. - Se explicó, intentando buscarse desde ya alguna otra solución. Lo único en que podía pensar era salir de todos modos, a pie, intentar acercarse y llegar a tiempo para interrumpir el uso de la catapulta. Se apartó desde ya, encaminado a bajar al campo de batalla.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 07, 2016 3:52 am

La lluvia era ligera pero suficiente ya para comenzar a pegar algunos mechones cortos contra la frente del cuervo que aún parado en el borde de aquel muro, descansaba sus alas plegadas a su espalda, grandes sobresaliendo de la altura de su cabeza y casi llegando a sus talones las plumas más largas de la punta, el agua resbalaba de esta sin dificultad alguna mostrándolas aún secas y de lisa superficie prolija y cuidadosamente peinada, siendo estas impermeables en sus capas superiores, resistirían bastante antes de que llegasen a mojarse y dificultarle el vuelo, se preocupaba más por el viento que el agua. Mostró una sonrisa ante la reverencia ajena y llevó su diestra a su pecho para inclinar un poco la parte superior de su cuerpo, ligeramente ladeada sin llegar a hacer una reverencia propiamente - Marqués, es todo un gusto. Puedo decirle que se nota en su porte que no se trata de un simple guerrero, de ahí el trato. - dejó en claro que tenía trato con humanos, o al menos sabía reconocer sus rangos y portes - Oh, al parecer he volado más de lo que había creído. Mercenario sería como ustedes lo llaman, de hecho, es un término bastante aceptado aunque sería más un cazador de oportunidades y ave de muchos talentos. - lindas palabras para oportunista, que es lo que era realmente.

Con su mano en su mentón brillaba en su dedo meñique un anillo de oro, grueso pero liso, tal como el que un regente llevaría pero sin el sello, al menos no la vista, pues volteado estaba contra su palma, seguí ofreciendo una sonrisa cortés al marqués, incluso cuando la suma salió de sus labios - Cien monedas de oro no serán problemas para un hombre de su alcurnia. - no eran honorarios bajos, pero la ayuda de un laguz en las filas de batalla siempre era cotizada a la alta, no por nada los esclavos vendidos para tal fin solo se lo podían permitir reyes y familias muy acaudaladas, siendo casi que tratados como una clase a parte en el mercado de esclavos laguz, el rey de Kilvas estaba sumamente consciente de ello y el valor de su pico y garras. Y claro, con tales pretenciones, esperaba que el noble de cabellos fuego considerase un poco más en sus amables ofrecimientos de cobijo.

Una risa corta escapó de sus labios alzando una ceja - He de ver que desconoce la resistencia de un cuervo. Confíe en mi cuando le digo que estoy en optimas condiciones, hace falta una lluvia mucho más fuerte para que pese en mis plumas y un recorrido mucho más largo para que me haya meya el cansancio. - infló un poco sus plumas y las sacudió dejándolas secas nuevamente, mostrando a lo que se refería, gota que caía sobre la negra superficie era gota que corría como si estuviese sobre un papel encerado - He estado en muchas líneas de batalla, sobretodo tomando en cuenta que mi raza es cazada de donde vengo, aún conservando mi libertad creo que es más que suficiente prueba de que he de ser un espécimen fuerte, marqués. - afirmó sus palabras con algo que los humanos podían entender, la caza de esclavos no era algo agradable, era más duro que una guerra, mucho más cruel, pues no estaba la salida de la muerte. Hombres persiguiendo a otros con trampas, garrotes, cuerdas y hasta magia para doblegar la voluntad, escapar a cadenas y jaulas, a látigos y de hombres que no tienen ya honor y solo son movidos por el oro. En una guerra se podía encontrar la piedad, no allí, el solo mencionar esa palabra solo desencadenaba risas y castigos más duros. Pero no era realmente el momento, el humano se enfrentaba a una situación bastante difícil ya de por sí y tenía muchas vidas bajo su mano como para rechazar el pico y garras del laguz. - Usted dirá entonces, mi general~ - dicho esto sacudió un poco su cabeza pasando su mano por sus cabellos húmedos y extendiendo sus alas las sacudió para quitar el agua. Una estela azulina le cubrió, plumas negras cubrieron su cuerpo, donde estaban sus pies ahora grandes patas escamosas con garras negras se aferraban a la roca, el ave era casi tan alta como un humano y sus ojos rojizos resaltaban en su cabeza negra, observó al marqués esperando ordenes, o que le diese luz verde en su plan inicial si le parecía bien.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Jue Mar 17, 2016 3:31 am

Realmente era un extraño invitado, el que tenía allí. Un laguz que ejerciese las labores de un mercenario era un recurso más que conveniente, digno de cotizar mucho más alto que un mercenario humano, considerada la ventaja que representaban sus alas. Y su precio no era excesivo: cien monedas de oro, cantidad que Eliwood podría extraer del depósito de aquel mismo fuerte en un instante. Por el servicio que se ofrecía a realizar, lo cierto era que el comandante habría pagado bastante más. El cuervo estaba informado correctamente, se hacía accesible y la oferta era innegablemente tentadora, presentada además con la atrayente fluidez de quien sabía ya desenvolverse en su ambiente. Ciertamente hacía que contratarlo no pareciese tanto un abuso de la bondad de un refugiado, sino un negocio convenientemente coordinado. Sus palabras le siguieron, le detuvieron en su trayecto. Cuanta facilidad tenía aquel caballero de alas negras para regresar a la balanza lo que había aparentado ser una decisión ya tomada.

- Tiene usted la razón. Cien monedas es escaso precio para lo que usted y sólo usted es capaz de hacer aquí. Aún así... - Volvió a mirarle. A aquellas alturas buscaba ser convencido, más que cualquier otra cosa; buscaba en la confiada sonrisa del cuervo y la admirable visión de las alas negras una persuasión, algo para su propia paz mental. Podía creer en lo que decía, no lucía ni la mitad de agotado que sabía que estaban ya sus soldados. Más que un convencimiento, sin embargo, lo que recibió de Naesala fue un recordatorio. - ¿Cazados...? Ah, me temo que... sé de lo que habla. Creo en sus palabras. - Respondió con lentitud, remitido a los puertos de Begnion, sus jaulas, sus laguz comercializados como piezas de colección. El oro había pasado de mano humana a mano humana a cambio de uno antes, bajo la pretensión de que le daba un agradable hogar a una criatura hecha para los campos de batalla, lo que Eliwood había comprado era la libertad de un lobo. No había permanecido cegado al error del asunto por mucho, pero podía decir que conocía el negocio en profundidad ya, otrora atendido como un rey por quienes lo ejercían. Cuidó meticulosamente su semblante entonces, a sabiendas de que delatar algo así frente al hombre de Kilvas habría sido abismal. Pero su caso y el negocio entre ellos era muy distinto, se resguardó en ello con renovada decisión. Por descontado que no volvería a comprar la libertad de un laguz a quien no le correspondía poseerla, pero si era la misma criatura la que ofrecía su uso, no veía nada de malo en ello. Alzó la vista y asintió. - Comprendo su posición. Si es usted, pues, quien ofrece voluntariamente su servicio, lo aceptaré a cambio de los debidos honorarios. Está usted bajo contrato del ejército aliado de Lycia y Altea, Naesala. -

La transformación que tomó lugar frente a sus ojos no fue inesperada, aún así, el marqués mantuvo la mirada en el cuervo al cambiar, ojos azules reflejando las minúsculas centellas que se desprendían de su cuerpo, tan notorias en el gris del paisaje. Le dedicó entonces una sonrisa tranquila, y como si hablase aún con un caballero de elegante porte prosiguió. - Pediré de usted lo que ha sugerido: detenga a quienes traen esa catapulta. Acudiré con usted con rápido como pueda, llevaré hombres que me ayuden a desmontarla, pero necesitaré que evite que la catapulta lance. Pediré también que no haga nada más que esto. - Agregó, tomando cierta dureza en su tono. No tenía tiempo para largas explicaciones, debía ser conciso en lo que era importante. - Tanto por su seguridad, Naesala, como por parte de los términos de este contrato. Este ejército no agrede donde no es necesario y reduce pérdidas en todo lo que sea posible. Su único blanco es la catapulta. Más que eso, sólo será justificable bajo defensa propia. ¿Comprende? Reuniré a los míos, avisaré del cambio en la estrategia y saldremos en breve. - Era un hombre flexible en casi todas las cosas, paternalmente cálido aún en los momentos en que debía ejercer autoridad, pero inamovible en muchos de sus principios. El manejo de sus fuerzas era un área en la que no descuidaba, menos aún siendo responsable también de las de Altea.

Se encaminó hacia abajo entonces, pasos apresurados dejando apenas su capa tras de sí por unos instantes antes de desaparecer al interior de la fortaleza. Informó y ordenó esparcir las noticias, lo último que habría de servirle en ese momento era una falta de reacción adecuada de sus soldados ante la ayuda con la que ahora contaban. Tras ello pidió un reducido número de escoltas, no más que un lancero a su lado y dos magos que pudiesen ayudar a proteger a Naesala desde cierta distancia. Una comitiva mínima pero que podría moverse con agilidad. Descendió entonces al caos, protegido por los suyos a través del área del fuerte que había sido invadida ya por el enemigo y consiguiendo salir al exterior, donde el camino enlodado se presentaba aún largo y difícil, pero al menos carente de tanta presencia enemiga. Mantuvo el sable en su funda al correr adelante, centrado en moverse más que en combatir, y de soslayo buscó en el cielo la presencia de su mercenario.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 07, 2016 12:58 am

Las gotas de agua, aún ligeras como para presentar un verdadero impedimento, resbalaban en las plumas enceradas del cuervo, negras y brillantes carecían de imperfecciones, las cuidaba demasiado y las mantenía tan pulcras y sanas como le era posible, eran su herramienta de trabajo y también su carta de presentación. Su mirada tenía un brillo de inteligencia que otras aves que no eran laguz carecían, la forma que miraba de costado al marqués al ya no tener los ojos frente a su rostro si no a cada lado, abarcando más área de visión, no dejaba de ser atenta y asintió con su cabeza para indicarle que entendía sus indicaciones. Sin poseer labios o una lengua capaz de moverse sobre si misma se veía incapaz de vocalizar palabras humanas así que solo emitió un graznido bajo antes de separar un tanto sus alas y lanzarse hacia adelante, planeó por un corto trecho antes de alzar vuelo.

No compartía lo que el humano había dicho, pero ahora estaba bajo contrato del marqués de Pherae y acataría sus reglas mientras el dinero fuese conveniente. No veía razón para perdonar la vida de humanos enfermos por aquella enfermedad similar a la rabia, parecían no responder a palabras y solo buscar guerra, no encontraba razón más que eliminarlos para mejorar la situación. Incuso si les sacaba las armas de las manos encontrarían la manera de continuar luchando y matando, así fuese con las manos, ridículas manos carentes de garras, puntas de dedos suaves y redondos incapaces de hacer daño real. Igualmente era mejor sacar el mal de raíz... pero eran las tierras del pelirrojo, si él quería dejar ese cáncer expandiéndose en ellas, no era su problema realmente.

Rodeó la catapulta al llegar allí, el viento le hacía tener más dificultad al moverse pero había llegado bastante rápido, detrás suyo casi a medio camino ya veía a la pequeña procesión con el pelirrojo sencillamente ubicable en el paisaje lodoso. Bajó en picada hasta el asta de la catapulta posando sus patas en la ancha cuerda, su pico bajó comenzando a desgastar la cuerda, abajo un par de soldados se acercaron y empuñando jabalinas lanzaron hacia el ave. Ningún enemigo parecía sorprendido de ver un cuervo gigante, tal como siempre, no mostraban sorpresa, no mostraban casi emociones más que la sed de pelea fría y calculada que daba escalofríos. Se vio obligado a dejar la tarea para esquivar y volver a dar una vuelta en el aire regresando al mismo punto cuando la cuerda comenzó a ceder soltó y solo colgando de una fina hebra el asta terminó por romperla y comenzar a caer, obligando a otros soldados a sujetar esta para evitar la colisión. Un par de arqueros se apresuraban a posicionarse y el ave volvió a tomar altura para poder valerse del viento y hacer más difícil que le alcanzaran las flechas.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Jue Abr 21, 2016 1:43 am

Ágil y veloz, la única silueta negra que surcaba el cielo en ese malhadado clima descendió sobre la catapulta, donde se perdió de vista algunos instantes entre la gran estructura de madera, cuerda y piedra y los soldados que la movían. No parecían siquiera agotados de arrastrar semejante artefacto a través de un lodazal por el que Eliwood apenas podía desplazarse bien, por ratos luchando por no resbalar, por otros luchando por levantar las botas siquiera. Vio al ave surgir de entre el enemigo y lanzarse de regreso y se contó ya afortunado, pues su mercenario no sólo acataba de maravilla las indicaciones, sino que parecía muy poco intimidado por los números que jugaban a su contra. Un cuervo era mucho más veloz que un hombre, por descontado que así sería, pero los emergidos eran varios y estaban bien armados. Si era eso lo que un laguz lograba en un campo de batalla, estaba más interesado y atento ahora que nunca. Valía el oro, cuanto menos.

Al verle alzarse en el aire otra vez, alejándose del enemigo, comprendió el peligro de inmediato. Dos arcos se alzaron en su dirección, las puntas de plata destellando contra el gris transfondo de todo. Estaba lejos aún, pero comprendía lo que su mercenario necesitaba de él. - ¡Desde aquí! - Alzó la voz, acompañando a su vez con un gesto de la mano hacia el suelo, una indicación de mantener posición. Sus magos pararon en el sitio, algo cansados ya de la apresurada carrera en el difícil terreno hasta ese punto. El marqués y el soldado que restaba continuaron adelante en línea recta, pronto seguidos de dos arcos de fuego a través del aire, que se entrecruzaron frente ambos hombres al seguir hacia la formación enemiga. Los arqueros fueron los primeros en ser alcanzados. La vestimenta comenzó a tomar llama y los hombres de ojos rojizos se dejaron caer, rodando sobre el suelo empapado en la maniobra de volver a levantarse. Inteligente y carentes de temor, una fatua combinación que parecía siempre presente en el comportamiento de aquellos ejércitos. Eliwood aún guardaba lástima por ellos, más aún al ver la ropa roída y la piel lamida por las llamas, a la que no parecían siquiera reaccionar.

El paso de su espada a través de una garganta era, entonces, una suerte de misericordia. Y odiaba aquello, odiaba cada momento de combatir contra hombres que no atendían sus heridas, que no mostraban empatía por el destino de sus compañeros ni parecían conocer la posibilidad de la rendición. Pero no había de otro modo. La situación era suficientemente desesperada de por sí; la lluvia que en cualquier momento podía empeorar, el fuerte ya invadido, el número de tropas, la catapulta, todo jugaba ya en su contra. Tras el primer corte siguió un giro que desembocó fluidamente en el segundo, abriendo otra garganta a una altura levemente fuera de cálculo, justo bajo el mentón. Y con eso abrió combate contra los demás soldados allí presentes, que preferían deshacerse de la amenaza antes de preocuparse nuevamente de la catapulta. El hombre de ya avanzada edad entró en el ritmo de aquella danza sin problemas. No necesitaba dar órdenes siquiera, pues su acompañante era un soldado ya entrenado. La lanza servía para desviar las armas enemigas de alcanzarles, abría espacio para que el señor de Pherae diese los golpes de gracia. Un corte ascendente al estómago, un giro para dar una estocada a través del pecho de otro. Entre la lluvia y la media luz, no veía mucho más que a los enemigos directamente frente a él.

Hasta que acabó más cerca de la catapulta de lo que había calculado. No comprendió por qué el enemigo estaba preocupándose menos de proteger la estructura, sino hasta que vio la parte decaída, careciendo de la soga principal que daba tensión al lanzamiento. Parpadeó en sorpresa. El único laguz que había conocido anteriormente había entendido poco y nada de costumbres y de artefactos humanos, mas parecía que Naesala los comprendía muy bien, tanto como para saber desarmar uno en instantes. Eso era bueno. Sólo pudo confiar en que continuase con el trabajo, pues no contaba con espacio ni oportunidad de prestar atención a mucho ya. La lluvia comenzaba a empapar su ropa, el cabello empapado ya sobre su rostro, el filo de la espada esparciendo gotas de agua en cada movimiento.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 23, 2016 3:54 pm

El clima era inclemente, los vientos a esas alturas golpeaban las alas del laguz que se veía obligado a estar en constante aleteo para mantener su estabilidad y no ser arrastrado, ya la lluvia comenzaba a saturar sus plumas volviéndole más difícil la tarea de volar, a este paso no podría continuar en el aire. Trazando grandes círculos sobre el campo de batalla esperó las flechas pero solo una llegó siendo fácil de esquivar justamente por el viento y que por los ataques abajo el arquero no había tenido demasiado tiempo para apuntar correctamente. Se paró sobre lo alto de la catapulta, esponjando un poco sus plumas las sacudió para quitarse el exceso de agua y observó como el pelirrojo comenzaba aquella peligrosa danza. Lo enemigos se re organizaban velozmente, sin arqueros en la vista eran los soldados con lanzas y espadas que se enlazaban en combate con su empleador y aquel soldado compañero, los magos eran gran ayuda, pero la lluvia no dejaba prevalecer las llamas que habrían sido de mucha utilidad en la catapulta. El número de enemigos los superaba y tomándose unos preciados segundos para descansar sus alas y usar su pico para acomodar las plumas más largas, apenas apretándolas un poco para escurrir el agua y sacudirlas para volver a cubrirlas del polvillo aceitoso que las volvía impermeables por unos momentos más.

Se dejó caer en picada hacia la línea trasera de enemigos, un destello azulino fue el único anuncio de su cambio entre la lluvia y la ligera neblina que se formaba, más por el vapor de la lluvia con la magia flameante. En su forma humana bajó de pie sobre la cabeza de un soldado, no siendo demasiado pesado simplemente se valía de la velocidad para que le sirviese el impulso a modo de fuerza, su mano sujetó el mango de la lanza para apartar el posible ataque y empujó con ambas manos para evitar que pudiese herirlo. El acercarse de otro por un costado hizo que el cuervo se girase anteponiendo el emergido como escudo y dejando que la espada se enterrase en el cuerpo enemigo y no en el suyo, tomando ese instante para ladear su cuerpo anteponiendo sus hombro, teniendo sus manos ocupadas utilizó su ala para dar un azote hacia el rostro del emergido, como siempre atacando a la vista volvió a golpear en un movimiento rápido intentando que las plumas y el agua molestasen los ojos del emergido, lo suficiente para entorpecer sus ataques.

Lograba ver al pelirrojo no demasiado lejos, desechando el cuerpo del emergido lo dejó caer para quedar frente a frente al otro enemigo que mantenía sus ojos entrecerrados por el golpe anterior. A puño cerrado golpeó su nariz, pequeño truco que había aprendido de su compañero halcón y de inmediato pateó su estómago para empujarle hacia atrás. Al extender sus alas para alzar vuelo nuevamente el enemigo con su rostro sangrando por el tabique partido, como si aquello no le causase dolor, se lanzó hacia el cuervo dando un espadazo en su pierna, el pantalón se rajó y de entre la negra tela se vio la piel clara ahora zurcada por una línea roja que comenzó enseguida a sangrar. Emitió un quejido pero no se detuvo en volver a tomar vuelo, tendría que mantenerse en el aire ahora.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Mar Jun 07, 2016 3:34 pm

En una ocasión distinta, la imagen de un gran cuervo negro posado, observándole pelear, habría sido un terrible mal augurio. Un recordatorio desagradable de la proximidad de la muerte. En esos momentos, sin embargo, veía como un heraldo de gloria al laguz que le asistía, burlando con tanta facilidad a sus oponentes e interviniendo con tanta precisión donde él lo necesitaba, que le daba un sentido de ventaja quizás necesitado en esa batalla. Por cuanto no podía apartar la vista demasiado de lo que tenía frente a sus ojos, no pudo percibir el cambio en la forma del laguz hasta no estar próximo a él; las alas aún más grandes a su espalda ahora le ayudaron a reconocerlo a tiempo, a modo de saber evadirlo. Le preocupaba que cambiara de forma, asumía que estaría más desprotegido, mas el hecho visible era que no necesitaba mucha asistencia, se las arreglaba bien con su físico humano y sus alas. Debía saber más sobre humanos de lo que Eliwood asumía que cualquier laguz supiese.

Mejor así, si no tenía que encargarse en demasía de su bienestar. No estaba en posición de lidiar con mucho a la vez. Le descuidó unos momentos para buscar a sus magos con la mirada y halló tan sólo a uno de ellos cerca, no asumió, no preguntó, mas sí dio la indicación hacia la catapulta desvencijada. Sólo por estar seguros. El fuego no dañaría la piedra, pero las cuerdas y la madera sí, de modo que sería imposible de reparar. Se unió a sus soldados en abrir paso a que el mago se arrodillase junto a la estructura y comenzase a intentar quemarla desde abajo, donde al menos algo tenía que perdurar lo suficientemente seco. Para cuando aquello estuvo encaminado, ya había perdido a Naesala de vista nuevamente. Y para cuando le encontró, ya no lucía tan relajado e intocable como antes había parecido; surgía de entre el enemigo con un espeso hilo de sangre salpicando bajo él, proveniente de una herida en su pierna. Eliwood miró a los hombres tras de sí, el brillo naranja ya estable bajo las vigas superiores de la catapulta, y enseguida de regreso al cuervo. Lucía como hora de salir del peligro, si fuese posible.

- ¡Naesala! - Alzó una mano al llamarle. No era su forma de obrar en general, pero el campo de batalla exigía hacerse oír tanto como ser conciso. Le apuntó de regreso al castillo, bastante poco visible entre la lluvia y el cielo encapotado, que tragaba la luz natural de allí afuera. - ¡Está herido, no permanezca aquí! Nosotros también regresaremos. - Dio las instrucciones como siempre las daba en ocasiones así, mercenario o caballero suyo; si veía un herido, no lo mantenía en el frente. Y Naesala podía volar, tenía todas las facilidades posibles a la hora de hacer su retirada, sin siquiera necesitar que Eliwood le asignase defensores.

Sólo tenía que preocuparse de su propio regreso. Retroceder de a poco, sin llegar a darle la espalda al enemigo. El marqués se apartó el cabello empapado del rostro, sintió la ropa y la capa pesarle, el frío entumeciéndole las extremidades al volver a blandir el sable. Un hálito blanco aparecía frente a sus labios al exhalar. Sería bastante de qué recuperarse cuando regresara a la seguridad del fuerte, pero regresaría. Cortó bajo al abrirse paso a través del lodazal y los emergidos, sin pretender matar al instante, sino incapacitar a los más posibles de perseguirles. Vigilaba sus espaldas cada pocos pasos, volvía a alejarlos de sí. El camino era largo, pero las puertas se abrían para todos ellos ya; un espacio de tiempo corto en que tenían que mantener la ruta despejada, recibirles a través de las puertas del fuerte y cerrar de regreso enseguida.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Invitado el Lun Jun 20, 2016 11:10 pm

La herida en su pierna había ardido y ahora llegaba el dolor, toda su pierna dolía no podía siquiera flexionarla y el agua que hacía pesada la ropa ya enjuagaba la sangre haciendo que goteara rojo a los enemigos debajo, cosa que no parecía importarle a los humanos con rabia. Desde la altura miró con su ceño fruncido, odiando a aquellos humanos con más ahínco por haberle herido y sintiendo necesidad de atacar, aquel instinto que sin importar cuánto estuviese conviviendo entre humano seguía teniéndolo latente haciéndosele difícil el obedecer las órdenes que se le habían dado... no matar de forma innecesaria. Bajó la mirada a su herida, no era profunda, pero le dolía, seguramente la espada estaría herrumbrada o desgastada haciendo desgarrado más que cortado, entre la tela y la sangre no podía ver con claridad.

La llamada del marqués, su actual contratante, le hizo alzar la atención, asintió de manera sistemática y sobrevoló el campo de batalla tomando su forma animal, los soldados del marqués estaban haciendo lo suyo para hacer retirada pero lo difícil del terreno no los hacían muy ágiles y los seguían muy cercanamente los emergidos con armas en mano. Quedado atrás el mago al pesarle la túnica con el agua y hundiendo sus pies en el barro casi hasta las pantorrillas fue alcanzado por un enemigo que espada en mano le sujetó de la tela para atraerle. Bajando en picada el fuerte graznido del cuervo distrajo la atención del enemigo que alzó su vista solo para ver las patas del cuervo con sus grandes garras negras golpear su rostro, uno de sus talones hundiéndose en uno de los ojos y el otro encontrando paso dentro de su mejilla y uno de sus dedos en el otro ojo, el grito desesperado del emergido que intentó blandir su espada a ciegas llamó la atención de sus compañeros y cayó por el impulso del ave al soltarlo, ciego intentando tantear a su alrededor. La herida seguía en su pata, el haber cambiado de forma no le había curado y seguía perdiendo sangre pero sujetando al horrorizado mago de los hombros cavó sus garras en estos y lo alzó del piso, apenas llegaba a lastimarle, rasguños inofensivos en comparación de lo que habían mostrado que podían hacer aquellas armas y adelantándose por encima del capitán y sus soldados le dejó en el piso un tramo bastante alejado y más seguro. El pobre literato cayó sobre sus rodillas y vació su estomago sobre el lodo, víctima de la impresión y el miedo de la escena.

El cuervo tomó su forma humana acercándose al pelirrojo sin entorpecer su avance, siempre en el aire aunque sus alas ya comenzaban a pesar por el agua, demasiada como para que su impermeabilidad natural pudiese mantenerlas secas por mucho más tiempo - Ustedes están más cansados que ellos al haber hecho el camino hacia la catapulta, no tardarán en darles alcance en su retirada. Avance con sus hombres hacia el fuerte, retrasaré a los enemigos, descuide, ninguno perderá la vida. - tranquilizó con una sonrisa torcida que no inspiraba demasiada confianza. De hecho, al que había atacado no había perdido la vida, pero seguía, sangrando por su rostro, de rodillas contra el césped húmedo buscando a tanteos su arma.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Jue Jul 07, 2016 3:10 pm

No iba a regresar a solas, en muchas cosas era el primero en ir al frente, pero se rehusaba a serlo en la retirada; incesanetemente miraba hacia atrás, buscaba a sus hombres, los impulsaba hacia adelante. Entre menos eran, más imperiosa se volvía la necesidad. Separado de uno de los suyos, un recluta aún bastante carente de experiencia, se volvió de inmediato buscándolo con la mirada, testigo del cuervo que lo salvaba por sus propios medios. El suspiro de alivio le bajó los hombros, le quitó peso del pecho. Se adelantó bajo la sombra del ave, la capa apenas ondeando tras él por el peso del agua, hasta alcanzar el sitio donde el joven fue depositado de regreso en el suelo. Eliwood le alzó por los brazos casi de inmediato, pretendiendo reanudar la marcha hasta las invitantes puertas y quienes aguardaban del otro lado, preparados para cerrarlas cuanto antes.

- Se lo agradezco mucho. No hay servicio más valioso que el que acaba de realizar... - Le dijo al cuervo antes de partir. Después de todo, a su recluta parecía costarle sostenerse sobre sus piernas en ese instante; necesitaría un par de segundos para recobrarse. Podía considerar el contrato cumplido con creces, mas la iniciativa que el laguz aún tenía no podía sino dejarle un poco confuso. Quedarse atrás para asegurar la retirada parecía demasiado. Eliwood alzó la mirada a su rostro de afiladas facciones y mirada sagaz, consternado, intentando medir la intención con que tales palabras eran dichas. Parecía confiado, al menos, en lo que decía poder hacer.

En aquel instante, Eliwood cometió el error de mirar atrás. Revisar la proximidad del enemigo, el número de ellos siguiéndoles para darles cacería. Había decenas, como era de esperarse, mas frente a ellos corría a la carga una escena de las más tenebrosas pinturas de los ejércitos de ultratumba: un hombre con el rostro empapado en sangre, la mejilla perforada y los ojos un manantial rojo, los párpados hundidos hacia el interior de la cuenca, surcados por la enorme marca de talón y garra de ave predatoria. Y sin embargo corría con los demás, el arma alzada a ciegas, sólo yendo hacia adelante al paso en que iban sus compañeros. Eliwood sintió un mareo sobrevenir y respiró profundo a través de la boca para no perderse a la sensación, enfermo de su propio rechazo a la sangre y a la brutalidad. Por unos instantes, perdió el semblante y su pecho subió y bajó en respiración agitada. - Y-Ya veo que puede hacerlo. Por favor, no tarde demasiado. Las puertas no durarán abiertas. - Habló como pudo y reanudó el paso, dando la espalda a la desagradable escena. Nuevos horrores para visitarle en lo profundo de sus pesadillas.

No demoró mucho en alcanzar las puertas, asistiendo al mago a ir adelante al cruzarlas. El agua cesó de golpetear sobre su cabello y hombros, el viento frío cesó de alcanzarle tan cruelmente. Al instante los hombres hicieron amago de cerrar, mas el marqués les detuvo con un gesto de la mano, deteniéndose en la entrada y mirando el campo de batalla, a la espera del hombre de las alas negras. En ese clima, costosamente veía a la distancia. No conseguía discernir donde estaba, no encontraba su silueta en el cielo ennegrecido. Ahora las cosas estaban más o menos resueltas, el fuerte podría soportar el asedio y eventualmente los refuerzos llegarían a su auxilio, mas no pretendía poner la vida de aquel mercenario como precio de la victoria. Ni la suya, ni la de nadie, si podía evadirlo. Aguardaría unos momentos más.

No obstantes, las puertas tendrían que cerrarse. El enemigo avanzaba y si cruzaban la entrada, el esfuerzo de toda la campaña habría sido en vano. El hombre de cabello rojo entornó la mirada al buscar en ese aciago paisaje señal de Naesala, encontrando tan sólo la proximidad cada vez más urgente de las tropas enemigas. - ...comiencen a cerrarla. - No tuvo más remedio sino ese. No obstante, mientras las grandes puertas comenzaban a ser movidas con un ruidoso chirrido y un crujido contra la madera hinchada por la humedad, él permaneció frente a estas, mirando con ansiedad el espacio que disminuía y disminuía.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 12, 2016 1:13 pm

Podría no parecerlo pero las peleas entre laguz eran mucho más despiadadas que entre humanos, dejando de lado las intenciones o las razones de peleas, en donde la crueldad ganaba por lejos entre los humanos, estos habían creado herramientas y armas especializados en acabar rápido con la vida, mucho más rápido y preciso que as garras, dientes y picos de los laguz, sin embargo era justamente esto lo que al momento de la pelea se volvían más crudas las cosas. Ver a un enemigo con el rostro bañado en sangre, sin ojos era una imagen que ya había visto antes, más siendo de la tribu de las aves donde un ataque a los ojos era mucho más común, entre los pueblos de las bestias no era raro ver luchadores con jirones de piel colgando por las garras  o cuellos abiertos y desgarrados por los grandes colmillos. Muchos laguz consideraban a la forma de los humanos más despiadadas, las heridas sanaban y dejaban cicatrices, la lucha era más justa y la fuerza se medía más mano a mano, garra a garra, en cambio los humanos era simplemente el que tuviese la herramienta más grande y matase más rápido, era la forma del cobarde según muchos. Para Naesala era mejor de esa manera, el enemigo no regresaba y todo era mucho más rápido y eficiente para resolver disputas... aunque los humanos tenían una gran habilidad para llevar pequeñas disputas a dimensiones de guerras mundiales. Los culpaba por esta epidemia de humanos con rabia.

Este humano parecía diferente, parecía tener algunas ideas que no esperaba encontrar en esa raza, ya había trabajado como mercenario y las ordenes siempre eran matar rápido, este en cambio prefería dejarlos con vida, no terminaba de decidir si era misericordia o la crueldad más retorcida que hubiese visto en su vida pues varias unidades enemigas corrían tras ellos con heridas abiertas, yagas y ampollas abiertas por el fuego y rostro mutilados, hasta sería un alivio darles muerte a esas almas atormentadas, incluso si se curaban quedarían con terribles secuelas. Vio el dudar en los ojos del pelirrojo, el horror y decidió que era la primera opción, seguramente no quería generar más muertes sin ver más allá... pobre iluso. Asintió con su cabeza cuando finalmente le habló - Las puertas no significan nada cuando uno tiene alas, ¿no cree? - dijo en tono de broma y volvió a alzar vuelo hacia el enemigo.

El destello azulino de su transformación pareció un rayo de tormenta entre el cielo nublado y como tal cayó frente a la línea enemiga, no pretendía dar muerte tal como había prometido en su contrato oral, solo sembrar caos para evitar su avance. El derribar de un lancero detuvo a la formación que intentó acertar al cuervo, pero este volvió a alzar vuelo antes de ser atacado. Repitió aquella misma estrategia en diferentes puntos, sus garras extendidas dejaban heridas, aunque no mortales, simplemente suficientes como para dificultar el avance. El agua pesaba en sus plumas, se volvía más lento y sus movimientos más torpes y una lanza le alcanzó, el chillido del cuervo fue ahogado por la tormenta y el golpe de su cuerpo contra el piso por la maleza alta. El ave alzó su cabeza y sacudió sus plumas, negras no se notaba la sangre que las teñía pero el pasto bajo su cuerpo se vio teñido por un momento antes que la lluvia comenzase a lavarlo, observó hacia el fuerte, ya no veía al pelirrojo ni figura alguna moviendose, seguramente ya habían entrado. Su trabajo estaba hecho pero tras de si se aproximaban demasiado rápido aquellos humanos rabiosos.

Le costó levantarse pero alzó vuelo pese a sus heridas, las plumas cayeron cuando un hacha arrojadiza e golpeó en un costado, para su suerte no fue el filo si no el mango que le alcanzó, un poco desestabilizado alcanzó altura suficiente como para planear hacia el fuerte. Su pico abierto tomaba tanto aire como podía y al llegar al borde del fuerte solo se dejó caer en el mismo punto en donde se había encontrado con el marqués. Un gran ave negra con sus alas extendidas cubría aún más espacio que un hombre en el piso, bajo el las rocas de la construcción no tardaron en mancharse de carmín. Solo cerró sus ojos unos momentos, no buscaba refugio si no que había regresado tan solo a cobrar, no confiaba en ellos pero el cansancio le venció sin ser capaz de siquiera cerrar sus alas.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Mar Jul 12, 2016 6:36 pm

Las puertas se cerraron con un estruendo, aseguradas de inmediato por los soldados al interior del fuerte. Y el mercenario no había regresado. Eliwood miró la escena desenvolverse con un gesto distante e ilegible en el rostro, superponiendo la calma de siempre a toda emoción que los sucesos le causaran. La forma en que los emergidos luchaban y las heridas que soportaban seguía afectándole, la imagen gravada en sus recuerdos seguía quitándole el aire y los deseos de continuar; pero la pérdida de una vida por una causa que absolutamente nada debía significarle, la responsabilidad de llevarlo a ello, era lo que más pesaba. La seguridad del fuerte fue confirmada, se iniciaron los preparativos para simplemente soportar y defender, hasta que los refuerzos llegaran para voltear por completo la situación en ese frente. Tomaría algo de tiempo y paciencia, pero estaban a salvo y tenían la victoria asegurada. Sabiendo eso, Eliwood dictó las instrucciones pertinentes y se excusó para retornar al interior del lugar, tan impertérrito e impecable como podía estar.

No entendía lo que acababa de suceder. Naesala había parecido tan tranquilo, tan seguro respecto a lo que se lanzaba a hacer. No veía cómo podía haber salido algo mal. Mientras se adentraba en la fortaleza, empapado en su ropa y con el aliento mostrándose blanco frente a su boca en cada exhalación, Eliwood se cuestionó una y otra vez aquel desenlace. Contempló la posibilidad de que simplemente se hubiese retirado, de que hubiese encontrado mejor resguardo, pero era mayor ya para tales ilusiones; se desvanecían tan rápido como aparecían y la culpa volvía a él, asentándose con peso de plomo sobre sus hombros. Subió escalera tras escalera, encaminándose con anticipado desasosiego a la azotea, donde pudiese contemplar mejor el despejado campo de batalla.

Al surgir en la cima, donde el viento soplaba a cuenta nueva contra el cuerpo entumido del marqués, encontró al cuervo otra vez. No muy lejos de donde primero había aparecido, mas no posado con tranquilidad en el borde, sino yaciendo con la alas abiertas en el suelo, enorme para un cuervo e inconfundiblemente él, el mismo que le había estado salvando. La impresión dejó al pelirrojo quieto por unos momentos. De alguna forma, había conseguido ir hasta allí, aterrizar, o más bien dejarse caer. Y vivía, a juzgar por el leve movimiento en el torso del ave, señal de una respiración pausada. Saliendo de su estupor, el marqués soltó su espada, dejándola caer al acudir para arrodillarse junto al cuerpo del ave negra, buscando con la mirada las heridas que mojaban de rojo la piedra bajo él.

- ¡Sanador! ¡Necesito un sanador! - Llamó al máximo que sus pulmones podían en esos momentos. No sabía cómo tratar a un ave, ni siquiera como tomarla, pero intentaba recogerle las alas contra el cuerpo, acomodarlo de una forma en que pudiera cargarlo en sus brazos. Las heridas no eran letales, había fuerza en su respiración aún. - Cielos, qué alivio... gracias, Naesala. Gracias. - Murmuró al laguz inconsciente, soltando un suspiro pesado y profundamente exhausto. El sanador no tardaría en llegar, había muchos de ellos aún en la fortaleza, y tratándolo a tiempo sobreviviría el altercado sin problemas. Todo lo demás, tendría que esperar a que estuviese en condiciones. Eliwood le había prometido protección y cumpliría con ello.
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Re: Bajo cielos grises [Privado; Naesala // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Jue Jul 14, 2016 8:20 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Eliwood ha gastado un eso de espada de bronce.

Ambos obtienen un incremento de +2 EXP.
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