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El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

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El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Nils el Sáb Ene 16, 2016 3:51 pm

Su viaje sin rumbo habían guiado sus pasos esta vez a Pherae, un marquesado que parecía prosperar aun en tiempos tan difíciles como lo eran aquellos en los que se vivían. Las personas estaban llenas de preocupaciones y era el trabajo del joven flautista el aminorarlas con su música y, por que no?, ganar unas monedas en el proceso. Tocar, sonreír y una reverencia a su publico era una rutina de todos los días pero que nunca le llegaba a parecer aburrida pues la alegría de las personas era contagiosa en especial tratándose de los habitantes de Pherae, las historias que su querido amigo le contó sobre aquellas tierras eran ciertas: Las personas en aquel lugar sonreían aun en las dificultades, aun que a veces necesitaran un poco de ayuda.

No era que le pareciera exactamente cómodo acampar al aire libre ni tampoco era lo mas seguro del mundo dada su condición de fugitivo por lo que una posada nunca vendría mal, prefería pagar a aceptar la hospitalidad de las personas pues normalmente los posaderos eran menos propensos a intentar jugarle malas pasadas como bien solía suceder con las casas particulares cuyas invitaciones evitaba como a una plaga.... No era bueno recibir ayuda, siendo buena o mal intencionada siempre acabaría mal según su experiencia. Después de una agradable cena el muchacho de cabello verde azulado y ojos carmín se fue a su habitación la cual era modesta pero acogedora, acomodándose en las blancas sabanas de su cama e intentando dormir un poco. El sueño del chico era ligero como una pluma al estar siempre alerta por lo que de inmediato se percato de que en la posada había algo de movimiento.... cosa extraña dado que ya eran altas horas de la noche. Preparándose para salir el joven pego el oído a la puerta, comprobando que efectivamente había muchos movimientos de pisadas y sonidos que develaban que estaban tirando algunas cosas.

Ya fuera por haber llamado mucho la atención o tenido la mala suerte de que algún contacto de los colmillos estuviese en el pueblo era un hecho de que habían llegado unos matones bajo contrato a por el, unos que bien conocía ya, siendo el sonido de conflicto que escuchaba a través de la puerta de madera lo que le indicaba que probablemente la buena gente de la posada se rehusó a entregarlo. Lo dicho, incluso los actos bien intencionados acababan mal en su caso y no podía permitir que esas pobres personas pagaran por el.... no volvería a permitir mas sacrificios nunca mas. Abrió la puerta de su habitación de golpe y hecho a correr lo mas rápido que le daban sus piernas que no era poco, pudo haber abandonado el lugar de forma silenciosa y furtiva como le era costumbre pero su objetivo en esta ocasión era llamar la atención de aquellos matones para que dejaran tranquilos a los posaderos y sus escasos clientes, ese grupo de individuos llevaba ya rato pisandole los talones y sabia de sobra que de ocultarse destruirían el pueblo como ya habían hecho con otros tantos. El joven de ojos rojos era escurridizo como una anguila y armado con su pequeña daga se las arreglaba para defenderse en la medida de lo que le era posible, sabia que lo querían vivo por lo que no corría peligro mortal.... a lo mucho quizá llegarían a darle la golpiza de su vida para evitar forcejeos mientras era llevado de vuelta a la base de esos criminales, eran unos brutos después de todo. Se las arreglo para burlar a sus perseguidores arrojando unas monedas de oro a los posaderos para pagar su estancia y parte de los daños, saliendo como alma que lleva el diablo de la posada con la intención de salir del pueblo y perderse en la espesura del bosque cercano. Volteando hacia atrás para ver desde que tan cerca le seguían fue que no reparo en el hecho de que había alguien delante de el, para variar los gorilas tenían un plan.

Un hombre grande, corpulento le corto el paso y para cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde para esquivarlo, intento brincar por sobre su cabeza pero el cansancio por no haber dormido adecuadamente le jugo una mala pasada, hiso un mal calculo y termino siendo sujetado del tobillo izquierdo, cayendo contra el suelo. Intento liberarse clavando su daga en el brazo de aquel bárbaro pero este le sujeto igualmente del brazo derecho que estaba armado con su gigantesca mano libre, riéndose al contemplar como el niño delgado y pequeño intentaba con todas sus fuerzas liberarse de su agarre, apretujandole un poco las extremidades que tenia presas por pura diversión haciéndole soltar un pequeño quejido. Sabia que era inútil, no tenia la fuerza para liberarse y tampoco servia de nada pedir ayuda, le frustraba su propia debilidad pero no podía darse por vencido tampoco por lo que forcejeaba con todo lo que sus escasas fuerzas le daban.

- No puedo creer que este renacuajo les haya dado tantos problemas, eso solo demuestra lo idiotas que son todos ustedes -

Comento un hombre de aspecto mas delgado pero expresión mas inteligente que los gorilas que lo habían estado persiguiendo, uno que hasta ahora no había visto y tenia mas pinta de saber lo que hacia. Ese individuo había marcado una clara diferencia.... los subestimo y era un error que pagaría caro.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Mar Ene 19, 2016 12:10 am

No había esperado que el asunto tardase tan poco. Apenas el grupo de bandidos había entrado y se había asentado en Pherae, Eliwood había recibido informe al respecto; la frontera no estaba cerrada a nadie que dijese ser un refugiado de las tierras menos afortunadas, aquella era una política que estaría manteniendo aún en tan oscuras épocas, pero resultaba claro cuando los invitados no eran del todo confiables. Y la feliz imagen de Pherae frente a las adversidades de aquel valiente nuevo mundo era una construcción, un equilibrio muy cuidadosamente mantenido para animar tanto a habitantes como a caballeros a seguir adelante. El marqués no podía permitir que señal alguna de peligro apareciera a sus puertas. Sin dudar había puesto bajo vigilancia al sospechoso grupo, intuyendo en su ingreso el atisbo de un problema mayor, uno que querría fuera de sus tierras.

Pero apenas y había tomado una noche. Suponía que tardarían más en actuar, que se darían un prudente tiempo de espera o planearían más extensamente su ataque. Alejarse del ojo público vuelto hacia la novedad, al menos. Pero no fue sino en aquella misma jornada, la primera noche de vigilancia hacia los recién llegados, que decidieron dar el golpe. Se introdujeron a una posada cercana. Bajo la distante mirada del pequeño platón de soldados reales, la luz de un par de velas se encendió y apagó prontamente, visible a través de las ventanas, que se remecieron con un estruendo desconocido dentro. El marqués detuvo con un gesto de la mano a los caballeros antes de que actuasen, intentando dilucidar lo que allí sucedía.

Tomar como blanco a una posada en particular no se daba a menudo. Si se trataba de saquear un negocio, no era el más rentable de todos, más provechoso en funcionamiento que para un simple robo. Por lo demás, nunca se sabía quien se hospedaba y podía resultar menos conveniente para los propios atacantes; de hallarse allí un noble o cualquier persona de influencia, las represalias serían ineludibles. No podía sino concluir que se estaban arriesgando de sobremanera. Debía haber un motivo. En un silencio tenso, a la espera, el marqués intentó comprender qué podían estar buscando y cual sería la forma más segura de retirarlos del lugar. Fue entonces, sin embargo, que por voluntad propia los bandidos comenzaron a salir del edificio, empujando y pasándose entre ellos algo que en la oscuridad no llegaba a distinguirse, probablemente lo recaudado. Salir a la noche abierta con el botín entre ellos había sido todo el error que el marqués necesitaba que cometieran.

Había visto suficiente. Dio la orden a las tropas de movilizarse con un silencioso gesto del brazo. Ahora que estaban fuera del edificio y en pradera abierta, expuestos, no hacía falta contenerse. Los erradicarían de la forma más rápida y eficaz posible, y antes de la mañana el asunto se habría acabado. Los caballos de guerra de Pherae estaban entrenados para una cosa en particular, y sería la mejor apuesta que tenían: derribar al enemigo en su carrera y pisotear los cuerpos, quebrando bajo el peso de media tonelada cualquier intento de supervivencia. Los herrajes hicieron un creciente estrépito al aproximarse en cabalgata, pero antes de que llegasen a abalanzarse y derribar, Eliwood vio entre los toscos intrusos algo que no encajaba: un muchacho joven con un inusual color de cabello, no más de 12 ó 13 años si por vista le juzgaba, sujetado bruscamente entre ellos. Un niño que acabaría pisoteado bajo el paso de una docena de caballos de guerra si los demás no lo notaban o no era movido del camino de inmediato.

Pero no podía detener la avanzada ahora. Perderían a los bandidos, y con ellos seguramente también al muchacho. Apretó los dientes y calculó tan rápido como pudo lo que podía hacer. - ¡Atención! - Exclamó en autoritario tono, al tiempo que pasaba una pierna hacia el otro lado de la montura, como si fuese a bajar en plena carrera. Necesitaría que sus caballeros le vieran, o estaría en tremendo peligro él también. Hasta el último instante sujetó las riendas, asegurándolas a la montura y contando con que su corcel seguiría adelante aún sin él,  y entonces saltó, dejándose caer por un costado del animal.

Sus pies tocaron el suelo con un impacto que seguramente dolería en sus talones después, a juzgar por el pequeño crujido y el dolor que se disparó por su tobillo. Pero había bajando antes de que los demás caballeros llegaran y logró tomar al niño. Debía estar asustado, lo suponía, pero no podía hacer las cosas de forma lenta en ese momento y no tuvo más opción sino ser firme. - ¡Abajo! - Apenas avisó antes de tomarlo y agacharse, echándose al suelo y sujetando al muchacho contra su pecho.

El resto de la caballería estuvo allí en un instante. Derribando a los bandidos, pisándolos, hiriéndolos bajo el acero de los soldados que agitaban las espadas certeras hacia ellos. Un filo tras otro silbó una corta distancia por sobre la cabeza de Eliwood, y así mismo las pesadas patas de los caballos pasaron cerca, demasiado cerca, más de uno saltando por sobre el cuerpo del marqués para no aplastarlo. No podía contar del todo con que no sucediera, era lo que estaban entrenados para hacer, pero confiaba a su vez en que los jinetes intentaran evitarlo, fuese desviando a los animales o jalando de las riendas para que saltaran. Con su pulso estable en su pecho y las manos firmes en quien protegía, se encomendó de lleno a su confianza en ellos.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Nils el Mar Ene 19, 2016 3:38 am

Tenia que encontrar la forma de escaparse, no regresaría a ese lugar, no después de que su querido amigo diese la vida para que el pudiera ser libre....darse por vencido no era una opción y no lo haría. Forcejeo un poco mas pero sus escasas fuerzas poco podían ayudarle en aquella situación, tenia un brazo y una pierna libre pero de nada le ayudaban pues no podía alcanzar al gorila que lo sujetaba siquiera para darle una patada o un manotazo.

- Ten cuidado de no dañar la mercancía, bruto. Lo mejor sera drogarlo para que no nos de problemas al llevarlo de regreso a la base. -

Comento el hombre delgado con pintas de maleante mientras los demás miembros de la banda se reunían con algún botín que lograron pillar de la posada ahora que se habían dado a la tarea de destrozarla por dentro. Nils sabia mejor que nadie que de permitir que lo drogaran todo estaría perdido pues no tendría forma de defenderse o liberarse en el futuro, necesitaba un milagro para salir de aquella situación. Para su fortuna.... o desgracia según el caso aquel milagro llego inesperadamente en forma de una caballería de jinetes pesados que iba en su dirección, los gorilas pese a su muy básico entendimiento comprendieron que no podían hacerle frente a eso solo con fuerza bruta y sus toscas hachas por lo que lo mas inteligentes, si es que se les podía llamar así, soltaron lo que traían entre manos e intentaron escapar, para su mala suerte el gorila que lo sujetaba no era uno de esos pocos sanamente dotados por lo que  intento enfrentar al jinete que iba al frente.

- QUE HACES?!!!!, SUÉLTAME PEDAZO DE TROGLODITA!!!, VAN A MATARNOS A AMBOS!!!!, QUE ME SUELTES!!!! -

Ahora el chico forcejeaba por puro pánico, mas aun cuando ahora se encontraba colgado de cabeza pues el bruto aquel le soltó el brazo para blandir el hacha, un error que el chico agradeció pues le dio oportunidad de clavarle la daga en la mano y así liberarse del agarre justo cuando el caballo embestía al bandido y lo aplastaba bajo sus cascos. Miro como un pelirrojo con capa se acercaba hacia el, uno cuyo rostro le parecía familiar pero sabia de sobra que no podía ser quien pensaba que era. Los enormes caballos de guerra venían tras el hombre y Nils se sintió paralizado, comprendiendo que no había forma de evitarlos con la cercanía que ya tenían por mas rápido que corriese.

- ¡Abajo! -

Fue lo escucho mientras el otro le tomaba en brazos, poniéndolos a ambos contra el piso y cubriéndolo con su cuerpo. Mentiría si dijera que no estaba asustado, lo estaba y mucho por lo que solo se limito a sujetar las ropas de su escudo humano con manos temblorosas, cerrando los parpados con fuerza. El silbido del acero encima de ellos y el golpeteo de los pesados caballos que milagrosamente los sorteaban mantenían el corazón del peliverde latiendo al mil por hora. Aun en esa situación el otro se mantenía tranquilo, protegiendo a un completo desconocido.... aquello le molestaba y le frustraba en gran medida pues le traía recuerdos no muy gratos.

- No necesito tu ayuda.... no necesito.... tu ayuda.... -

Le dijo con un hilo de voz que salia temblorosa de sus labios, sin embargo sus manos aun le sujetaban fuertemente demostrando lo asustado que estaba. El sonido de la caballería se detuvo por fin pues estaban persiguiendo a los pocos trogloditas que ingenuamente pensaron que podrían escapar, poco a poco el joven de pelo verde comenzó a relajar su agarre en las ropas contrarias mientras abría sus ojos carmesí muy lentamente para encontrarse con la mirada contraria, la cual era tan azul como cielo. Le tomo solo unos momentos poner un gesto molesto en el rostro mientras que con sus manos intentaba quitarse al pelirrojo de encima.

- En que estabas pensando?, pudieron haberte matado!!!. Tenia la situación perfectamente bajo control... cielos, la gente como tu no vive mucho tiempo, sabes? -

Estaba molesto si, pero no tanto con el hombre de cabello rojo como lo estaba consigo mismo, por ser tan débil.... aun que debía admitir muy para sus adentros que sin su ayuda probablemente estaría de camino al mercado de esclavos.

- Pero, sea como fuere terminaste ayudándome así que.... te debo una. -

No daba las gracias a menudo pero ciertamente aquel se lo merecía después de haberlo escudado con peligro de haber sido aplastado bajo quien sabe cuantas toneladas de peso de unos percherones acorazados, así que aquello era lo menos que debía de hacer. Intento ponerse de pie mas al apoyar con su tobillo izquierdo hiso un ligero gesto de dolor, entre el agarre de aquel bruto y el forcejeo que había lastimado pero intento disimularlo, imaginando que el otro estaría peor al haber brincado de un caballo de guerra en movimiento.

- Como estas?, puedes ponerte de pie?... vamos, te ayudo. -

Le dijo extendiéndole la mano para ayudarlo a ponerse de pie aun que en realidad era mucho mas pequeño que el pelirrojo y probablemente su fuerza no alcanzaría para ayudarlo a ponerse de pie, sin embargo su orgullo le impedía dejarse ver como un inútil, debía por lo menos corresponder un poco la ayuda contraria. por supuesto, a los ojos del chico aquel que tenia enfrente era solo uno mas de los soldados que probablemente patrullaban la ciudad, en realidad no había manera de que el chiquillo fuese consciente de con quien estaba tratando por lo que su trato era por demás informal.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Lun Ene 25, 2016 3:55 am

No conseguía imaginar qué deseaba tan extraño grupo con un mero pequeño. Habían entrado a Lycia bajo falsos pretextos y habían tomado enseguida su verdadera misión, claramente, todo parte de un acto deliberado: cazar particular y específicamente al niño que ahora él escudaba. De todas las personas que debían de estar en la posada aquella noche, era sólo él a quien habían arrastrado hasta afuera. Esperando a que el clamor de cascos y espadas pasara, Eliwood buscó con la mirada a todos esos hombres, en un intento de discernir algo sobre ellos. Apenas y llegó a verles entre el galope y el polvo que se alzaba, cayendo bajo la caballería y padeciendo una de las más dolorosas muertes que el marqués podía reconocer. Huesos quebrados, cuerpos que se torcían o reventaban de extrañas formas bajo media tonelada de peso. Sería imposible interrogarlos. Atisbó a uno que sobresalía del grupo, un esbelto hombre en larga capa violácea, mas enseguida le perdió de vista en el caos. Aquellos que sobrevivían hacían frente a su caballería ya, imposible asegurar si restaría alguno que pudiese dar respuestas.

La vocecita bajo sí le distrajo de sus cavilaciones, fina y temblorosa, mas emitiendo tercas palabras. Era difícil tomarlas en seriedad viniendo de alguien de su tamaño, alguien que se le aferraba de esa forma. Con una mezcla de ternura e inmensa lástima por lo que el pequeño debía de haber pasado aquella noche, Eliwood le permitió permanecer y sujetarse hasta el momento en que él mismo deseara; la batalla lo dejaba a él y a su protegido detrás, en el polvo que se disipaba, así que no había mucha prisa por moverlo. Tan sólo bajó la vista a lo que yacía entre sus brazos. Su inusual tono de cabello fue acompañado por un aún más inusual tono de irises, un carmín saturado y brillante, que le dibujaba más como una especie de pieza de arte surreal que como una persona común.

Quizás un joven noble de alguna tierra lejana. Había toda clase de naciones en el nuevo mundo, muchas increíblemente exóticas a los ojos de alguien como Eliwood, que había crecido en una educación tan cerrada y conocido tan poco fuera de su ambiente. Tuvo intención de preguntar, mas el muchacho fue el primero en hablar, perdiendo el miedo que antes había mostrado y tomando una actitud que el marqués no podía ver sino infantil. El intento de un niño de ser la parte fuerte en un conflicto. Suspiró y dejó que le apartara, intentando no reír y logrando limitarse a mostrar sólo una sonrisa divertida. Así que tenía la situación bajo control.

- Ah, ¿contra todos ellos, a solas? Por... supuesto... no he notado que la situación estaba bajo control, lamento intervenir innecesariamente. - Respondió con lentitud. Lo mejor sería dejarle ser fuerte y hacer de cuenta que le creía. Pacientemente se giró y procedió a tomar uno de los costados de su capa para sacudirla, levantando en una pequeña nube el polvo que había tomado al cubrirlos a ambos. Cuando se trataba de niños, lo mejor no era guiarles en todo, sino permitirles también sus creencias y elecciones; ya había criado a un hijo bastante complicado, la paciencia y la templanza eran algo que le sobraba a aquellas alturas. Sin embargo, al verle torcer el gesto en dolor, no pudo contener su reacción natural y se apresuró a alzarse y a acercarse, pasando por alto la mano que le ofrecía para ayudar. Simplemente no podía pasar tal cosa por alto.

- ...me temo que tendrá que ser de otro modo. ¿Qué pasa? ¿Qué duele? - Dijo, inclinando el cuerpo para apoyar una mano en el hombro ajeno, mirándole de arriba a abajo. No encontraba heridas, al menos ninguna visible. Quizás un moretón en su mejilla, que al contacto de sus dedos probó ser sólo un poco de polvo. Con un trato aún formal y sin faltar el tomarle como un usted, continuó. - Yo me encuentro bien, descuide. Esos jinetes están conmigo, no me habrían derribado si podían evitarlo. - Si podían evitarlo. Los caballos eran otro asunto, entrenados para pisar, no para esquivar, de haber sucedido habría sabido perdonar a los jinetes, pero era mejor no pensar en lo que podría haber pasado.

- No veo que hayan llegado a lastimarle, aunque por seguro que no habrá sido una experiencia agradable, menos tan de súbito... si me permite acompañarle, joven caballero, le llevaré de regreso con sus padres y veré que todo esto pase. ¿Acaso se hospedan en esta posada? - Preguntó, irguiéndose y volviendo la vista a la puerta, torcida en su marco. El interior del edificio parecía vacío y oscuro, pero nadie más había salido. Era de asumirse que las demás personas estuviesen atrincheradas dentro, probablemente ocultas en las habitaciones mientras el peligro pasaba. Y no era para menos. La caballería apartaba y mantenía a raya al grupo de bandidos, pero entre más se alejaban de la posada en sí, de algún modo, más observado se sentía Eliwood, desconfiando de sobremanera del silencio nocturno y de cada sombra en el entorno. No oía grillos, no oía animal alguno en los arbustos circundantes, y esa era una muy mala señal. O sus ojos le engañaban, u otra vez estaba viendo a esa figura de capa moverse en la periferia de su visión. Se detuvo en seco en el lugar. - ...pediré su nombre y su mano, joven. - Dijo en voz baja, intentando sonreír con naturalidad mientras le ofrecía su enguantada mano al bardo.

Algo claramente no andaba bien, mas no quería alarmar al pequeño. Desde la oscuridad al interior de la posada, alguien o algo definitivamente estaba observándolo de regreso, esperando más allá del umbral. Otra capa oscura. Un discreto destello de magia. Parecía inverosímil, pero sospechaba que hubiese asesinos a la espera. Bandidos y asesinos, todo para atrapar a un sólo niño. La noche se volvía cada vez más extraña.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Nils el Mar Ene 26, 2016 2:51 am

El muchacho asintió con la cabeza mientras tenia en el rostro un gesto firme dándole a entender que efectivamente el podría haberse encargado de la situación aun que claro, solo era como un pavo real que extiende las plumas para verse mas grande de lo que en realidad era.... En verdad le estaba agradecido por ayudarlo pero era algo que jamas admitiría. Sus ojos carmesí se abrieron con sorpresa en cuanto el otro se le acerco posando una mano en su hombro y examinándolo con la vista buscando alguna magulladura, tiñendo sus mejillas en rojo al sentir la gentileza con la que aquel desconocido apartaba el polvo de su rostro como quizá solo un padre podría hacerlo.

- E-estoy bien, perfectamente.... no deberías preocuparte tanto por un extraño. -

Ladeo la mirada ocultando su rostro detrás de su flequillo verde claro pero con el carmín aun notorio en la pálida piel del chiquillo. Ese hombre era uno bueno y amable, lo podía ver en su mirada, en su voz gentil.... aquel era el tipo de persona que seguro terminaría lastimado o peor si no se apartaba de el pronto.

- No me estaba quedando en la posada, estaba entregando un recado. Mi... mi madre es una buena amiga de la encargada. -

Mintió apartando la mano que el extraño le extendía. Nils no era tonto, había sido perseguido el tiempo suficiente como para saber que los estaban acorralando y que el otro correría peligro por lo cual intento apartarlo con aquel engaño... después de todo  las personas difícilmente llegan a creer que un niño como el viaje solo de aquí para allá o siquiera tenga dinero para permitirse una estadía bajo techo.

- Estaré bien, mi casa queda cerca así que no tienes que acompañarme. Reúnete con los otros soldados y sigue tu camino.... después de todo escoltar un aldeano comun y corriente como yo a su casa no es un trabajo que le concierna a un soldado -

Era lo mejor, el era el objetivo después de todo asi que si el otro no le defendía no correría ningún peligro. Solo debía correr, escabullirse por entre angostos callejones, ocultarse entre las sombras como siempre lo hacia y estaría bien, podría escapar y seguir su perpetuo viaje hacia ningún lado. Con una pequeña y educada reverencia le agradeció y, sin esperar ningún tipo de respuesta o argumento el chico de cabello verde se hecho a correr para que le perdiera de vista, sin hacerse esperar el movimiento de aquellos que los asechaban entre las sombras al ver que su presa había comenzado a movilizarse. Eran discretos, silenciosos y ágiles mas cualquiera que fuese buen observador podría notar el movimiento de sus capas purpuras de entre las sombras de los edificios.

- Maldición.... estos si son colmillos. A estas alturas creo que prefiero a esos brutos trogloditas, por lo menos ellos eran fáciles se sortear. -

Normalmente era mucho mas rápido pero su tobillo aun estaba torcido y el dolor al apoyar con el era considerable. Nuevamente retomaría la idea de escapar hacia las afueras de la ciudad donde le seria muchísimo mas fácil ocultarse y escapar, pero el pensamiento de salir campante de la pequeña ciudad parecía algo demasiado optimista pues esta vez sus perseguidores sabían lo que hacían. Un rayo cayo enfrente suyo, cerca, demasiado cerca para su gusto pero sin llegar a golpearlo parando su carrera en seco.

- Toma eso como un amistoso disparo de advertencia renacuajo. Esos idiotas de las hachas fueron la carnada perfecta y y nos facilitaste la tarea al quitarnos del camino a ese soldado molesto que aun estaba contigo.... -

Nils poso su mano sobre la daga que habia logrado guardar en su cintura. A buen ojo apreciaba que eran 4 los que le tenían rodeado.... El hombre delgado que portaba un par de dagas, el mago que le arrojo el trueno de advertencia y otros 2 que aun permanecían ocultos. Nils estaba seguro de poder sortear al hombre de las dagas pero.... su preocupación recaía en el mago de trueno que tenia como objetivo darle la descarga no fatal mas dolorosa de su vida si hacia cualquier movimiento brusco.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Sáb Ene 30, 2016 9:52 pm

Mantuvo su usual y tranquila expresión frente al joven, aunque una ceja rojiza se alzó inevitablemente al detectar, sin demasiado problema, una mentira. Y era que no estaba construida con suficiente detalle; decía que había ido a dar un recado, sin hospedarse siquiera, pero a aquellas horas de la noche parecía bastante irreal que se le enviase a una ida y vuelta tan improvisada. Y era claro que los bandidos de la zona querían algo con él, algo que debía de ser más grande que informaciones de recados. Tenía derecho a sus secretos, por seguro, pero si estos amenazaban de tal forma su seguridad no podía evitar involucrarse. Lo hacía su responsabilidad, a un nivel que trascendía el de su deber político allí.

- Ya veo, entonces sólo piensas regresar... - Musitó, siguiéndole la corriente, aunque era en demasía extraño que un niño no mostrase un poco más de miedo. Después de todo lo que acababa de sucederle, habría esperado que temblase todavía, que llorase y se mantuviese aferrado a los soldados que habían acudido. En su momento, sin embargo, no había reaccionado mal a ser sostenido y escudado, tampoco a la atención; inclusive rehuir tímidamente al contacto le había hecho parecer bastante cercano a un pequeño común. No le comprendía. Tampoco lograba adivinar lo que ocurría a su alrededor. Pero estaba bien, siempre y cuando el niño no quisiera entrar a la posada, donde estaba seguro que le aguardaba peligro aún. - Garantizar la seguridad de un aldeano es exactamente la tarea de un caballero de Pherae, pequeño. - Le contradijo con una sonirsa. - Por favor, permítame. -

Pero no parecía haber forma en que cediera. Una inclinación de la cabeza y ya se le escapó hacia la espesura de la noche. Se movió para intentar ir tras él enseguida, mas no podía precipitarse, estaba a cargo de sus caballeros y el área no estaba despejada de peligros todavía. Tensó la mandíbula un instante y enseguida se puso a ello, volviéndose hacia la posada, a la sombra que había visto en su interior, esperado que entraran para emboscarlos. Ya no estaba allí. Seguramente porque el niño ya no iba a entrar. Comprendía aún menos cada vez, pero no perdía de vista lo que sucedía y no pensaba dejarlo hasta ahí. - Más grave de lo que pensé... - Murmuró, antes de echar a correr hacia el primero de sus caballeros que encontrase en el camino. Dio pocas y concisas órdenes: vigilar el perímetro, limpiarlo de bandidos, tomar el caballo del marqués y regresarlo todo al castillo al amanecer. No habló del chiquillo, dudaba que apareciera si había un pelotón entero buscándolo, y ni siquiera sabía su nombre como para llamarlo. De eso, se encargaría a solas.

Desenvainó la espada en su cinto. No había caso en negarlo, tendría que combatir, aunque no era la clase de solución que le gustaba para nada. No perdió tiempo en salir en busca del pequeño fugitivo, adentrándose entre la arboleda que rodeaba el área. Encontrar algo moviéndose no debía de ser tan difícil si estaba atento. Casi enseguida un destello le cegó por un momento, dejándole parpadeando en la oscuridad e intentando disipar el efecto que había quedado en sus ojos. Un crujido como el de un trueno partiendo madera seca. Supo en qué dirección ir y allí se dirigió de inmediato, escudándose en la sombra de los árboles que tan bien conocía. Detectó al mago y al asesino de las dagas gemelas, mas no así a ninguna otra presencia; exceptuando, por supuesto, el vivaz y extraño color de cabello del escurridizo menor justo allí. No dudó un momento más. Se aproximó lo más que pudo sin ser visto, sabía que tendría que salir, su sigilo no superaría al de un asesino, pero incrementaba sus posibilidades como podía; tomó postura, entonces, una mano tras su espalda que se mantenía en postura perfectamente recta, la otra retraída hacia el pecho, sosteniendo la espada en un ángulo recto.

Cuando salió, lo hizo clavando el filo de su fina espada en la espalda del mago con la precisión de quien inserta una aguja en un bordado. Lejos del pecho, bastante más abajo, atravesando de lado a lado pero sin causar un daño letal; no era un hombre que atacara a matar, si podía evitarlo, sino a incapacitar. El sable apareció por el abdomen del hechicero, bañado en sangre y con la punta reflejando la mortecina luz de la luna. Eliwood lo retrajo en un instante, dejando al hombre caer de rodillas. Para aquel entonces el asesino inevitablemente volvía su atención hacia él, más amenazante en lo inmediato que el pequeño, lanzándose a apuñalar por la espalda. El lord se giró tan rápido como pudo, recibiendo con su arma la intersección de las dagas ajenas y forcejeando para hacerle retroceder.

- ¡Por favor no se aleje! - Exclamó hacia el pequeño, aunque no podía siquiera volver la vista hacia él. Era tan sólo un hombre, con un enemigo tenía las manos llenas, especialmente si se trataba de alguien ágil. Por veloz que fuese su técnica con la espada, su enemigo claramente no era torpe y tomar ventaja no era tan simple. - Puedo protegerle desde aquí, pero necesito que esté cerca. - Pidió, consiguiendo empujar al hombre de las dagas hacia atrás. Sin darle descanso se adelantó enseguida, blandiendo su espada no en cortes, sino en estocadas, cada una dada con aquella recta postura y certera puntería. La clase de técnica que en la casa real de Pherae se dominaba. Confiaba en ella ciegamente, avanzando sin pausa, centrado en bloquear cada ataque del sombrío hombre y buscando momento para responderlos. Le empujó hasta el borde de los árboles y allí logró una abertura para dirigir una buena estocada contra el brazo derecho, parecía usar ambos con la misma habilidad, pero incapacitar el dominante sería mejor. El filo cortó una vena al interior del codo y la sangre se disparó fuera, a presión, bañando el suelo de tierra en momentos. El mago, lejos de estar muerto, recogía su libro en el suelo y conjuraba en murmullos ya.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Nils el Mar Feb 02, 2016 12:30 am

Nils relajo un poco su cuerpo, les haría creer que los acompañaría sin oponer mayor resistencia y esperaría el momento adecuado para escapar una vez mas. No era la primera vez que lo intentaban volver a poner preso y estaba seguro que no seria la ultima, mas en cada ocasión el colmillo negro aprendía de sus errores y poco a poco dejaban de subestimar al joven de ojos rojos, por lo que lo abordaban con planes mas elaborados. El factor decisivo fue, sin embargo el hecho de que aquel soldado pelirrojo no se había dado por vencido y ahora despachaba al mago sin problemas con una estocada limpia. Acto seguido la batalla entre el asesino y el caballero dio comienzo aun que era muy notorio que el pelirrojo tenia dificultades debido a la agilidad de su oponente. Nils pos su parte apretó ligeramente los puños cuando el otro le decía que le protegería y que no se alejara cuando se notaba a leguas que apenas podía defenderse a si mismo. Parecía realmente empeñado en sacarle las castañas del fuego cuando siquiera conocía su nombre e incluso su intento de alejarlo a base de mentiras fracaso miserablemente.... Al parecer no podía evitar que aquel entrometido soldado se pusiera en peligro por su culpa por lo que de momento tendría que cambiar la estrategia.

- No pienso dejar que pelees por tu cuenta una batalla que no es tuya, no soy tan débil como crees  -
Spoiler:

Y dicho esto saco su confiable flauta que guardaba igualmente en su cintura al igual que su daga, posando el instrumento en sus labios, tomando aire para comenzar a tocar una melodía dirigida hacia aquel soldado de buen corazón que estaba peleando para protegerle. La tonalidad era alegre, animada y llena de energía, una música que con su magia lograba relajar los músculos del pelirrojo para darle mayor soltura y por tanto ayudarlo a moverse mucho mas rápido de lo que lo haría normalmente. Pese a estar tocando, sin embargo, el chiquillo se movía con soltura ya mas que acostumbrado a realizar una pequeña danza al son de la música, movimientos que aprovecho para dar un buen salto con intenciones de caer sobre el mago  que aun estaba en el suelo pero aun armado y peligroso dejando que con la ayuda su peso y sus botas la herida de espada que este ya tenia se abriera aun mas de forma bastante dolorosa interrumpiendo su hechizo en el momento. Acto seguido le piso las manos con un segundo salto y le arrebato el libro dándole a este una patada al dar un giro, todo sin dejar de tocar en ningún momento para que su protector lograse pelear contra el asesino en igualdad de condiciones. Basto con un giro/patada mas a la cara del mago para finalmente dejarlo fuera de combate. A partir de allí el chiquillo se centro en permanecer alerta y seguir tocando para el soldado de Pherae aquella música que parecía tener ciertos tintes en los que el bardo se burlaba del oponente.

-  Aun si me matas vendrán otros a por ese crío. Piénsalo, de verdad un chiquillo como ese vale la pena ?... te ahorrarias muchos problemas si solo lo entregaras  -

Comento el asesino mientras tiraba sus armas en un claro gesto de rendición pues cualquiera que fuera minimamente observador podria notar que el pelirrojo no estaba peleando a matar, soltando aquellas palabras para distraerlo y permitir que el arquero que se encontraba oculto entre la espesura pudiera apuntar a un punto vital y derribarlo. Aquello no paso desapercibido a los atentos ojos del chiquillo pues habiendo luna llena el resplandor de la punta de metal fue notoria.

- CUIDADO!!!! -

Sin pensárselo 2 veces el joven de cabello verde corrió hacia el soldado, abrazándolo de la cintura y empujarlo con todas sus fuerzas para quitarlo del trayecto de la flecha, la cual impacto en el tronco de un árbol cercano momentos después. El asesino y sus seguidores no perdieron tiempo para escapar y llevarse al mago herido para evitar que fuese apresado e interrogado. Nils por su parte permaneció abrazado del pelirrojo unos momentos apretando fuertemente los parpados temiendo que sus esfuerzos hubieran sido inútiles y aquel que estaba debajo suyo estuviera muerto por una flecha atravesada en su garganta.... comenzando a tranquilizarse momentos después en los que sintió que el otro aun respiraba.

- O-oye, estas bien?.... la flecha, donde esta? -

Pregunto algo alarmado comenzando a palparlo para comprobar que la flecha no hubiese impactado en ningún otro lado, suspirando aliviado cuando la vio aun clavada en el árbol cercano justo a la altura en la que antes estaba el pecho del pelirrojo. Se sentó en el pasto frente a el notoriamente agotado pues a parte de que no había sido capaz de descansar como era debido gracias al ataque nocturno a la posada la persecución y el baile que acompañaba la melodía de su flauta lo tenían exhausto.

- Te dije que estaría bien, por que has venido?. Dudo que un soldado de Pheare tenga suficiente tiempo libre como para estar persiguiendo a alguien como yo por puro pasatiempo. -

Comento intentando sentarse en una posición un poco mas cómoda pues con todo aquello la torcedura en su tobillo se había hinchado causándole un considerable dolor que, ya estando en un lugar seguro se daría a la tarea de atender.

- Nils.... antes preguntaste mi nombre y es Nils, soy un bardo viajero. Me has salvado dos veces el día de hoy así que por lo menos creo que te debo eso. -

Comento ladeando la mirada y con las mejillas notoriamente coloradas por la vergüenza que aquello le provocaba, estaba agradecido con el pelirrojo por su ayuda pues normalmente las personas solían alejarse de el voluntariamente al notar que estaba siendo perseguido... pero el no lo hiso ademas de que, por mas que quisiera negarlo aquel rostro, tono de voz e incluso esa tendencia de ponerse en peligro por un extraño le resultaba tan extrañamente familiar que lograba sacarle una discreta sonrisa.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Jue Feb 04, 2016 2:12 am

De todas las cosas que anticipaba en aquel aciago escenario nocturno, jamás habría sospechado oír lo que en ese momento alcanzó sus oídos: música, música fina, clara y refrescante, cortando la espesura de la noche con facilidad. Adoraba la música, pero hasta alguien como él comprendía que no era el momento para ella. Y sin embargo, le estaba poniendo en un fantástico humor oírla, como si bajo las notas le inundase la súbita seguridad de que las cosas saldrían bien, adelantando el filo de su espada con soltura. La música ayudaba a hacer los movimientos fluír, cada paso veloz que necesitaba dar, cada giro, cada movimiento de la espada marcado por el ritmo, grácil y perfecto. Como bailar. No recordaba sentirse tan bien en un campo de batalla, enfrentando con determinación las palabras de su enemigo.

- ¿Qué vale más la pena, sino la vida del inocente? No veo otro motivo a mi propia vida. No hay nada que preferiría hacer. - Dijo con suavidad, mas colmado de confianza, embelesado por la sensación en sus propios brazos. El sable danzó bajo el mentón del asesino, acariciándolo al pasar con un silbido y terminar por golpear con el lado chato, un golpe como el de un latigazo a la nuez de adán, enseguida otro similar al centro de la nariz, que la hizo crujir y sangrar profusamente. Dos excelentes formas de dejar a un hombre inconsciente. No tuvo forma de saber si alguna había hecho el trabajo, sin tiempo de pausar entre un movimiento y otro. Sin tiempo para nada más, realmente, pues enseguida la música desapareció y recibió contra su costado el escaso peso del muchacho, impactado con suficiente fuerza como para enviarlo contra el suelo.

Acongojado, Eliwood bajó la mirada enseguida al muchacho que se le aferraba, rodeándole con los brazos en un mero arranque de instinto protector, sin entender qué sucedía. El asesino huyó del lugar, mas aquello no le preocupó en particular; sangrando a ese paso no volvería a ser un problema, si no era que caía consciente prontamente entre sus compañeros. Mucho más alarmantes eran las palabras del chico, que le palpaba con pequeñas pero inquietas manos mientras decía algo sobre una flecha. No estaba lastimado, pero se tornaba aparente que el peligro había estado cerca. - No hay flecha. Claramente, gracias a usted... - Sonrió en gratitud. Era extraño estar bajo tan responsables cuidados de parte de alguien tanto menor, pero no resultaba en absoluto desagradable. Se incorporó un poco cuando el muchacho retrocedió, buscando con la mirada aquella flecha y encontrando, en su lugar, una flauta dulce cuya hechura no reconocía. Estiró el brazo para tomarla, remitiéndose a la música que hacía momentos había oído y levantando la flauta con respetuosa admiración.

- ¿Qué más cree usted que hace un caballero? Esto es exactamente lo que estoy aquí para hacer. Quiero ayudar. Aún si no es alguien de Pherae, sino un joven viajero. - Dijo, apartando la vista del instrumento para volverla hacia el muchacho. Nils. Aún no se explicaba por qué cada aspecto de él le hacía parecer una obra de arte extranjero, mas el rubor en las mejillas ciertamente le sentaba bien. Adorable muchacho, pese a sus tercos modos. Agachó la cabeza un poco, buscó la mirada que insistentemente apartaba. - Quizás sea porque soy un apreciador de la música, y la suya me ha encantado. - Tomó entonces una de las manos ajenas, para poner contra su palma la flauta. No intuía que fuese un buen momento o contexto para preguntarle sobre las personas que le seguían, prefiriendo enfocarse en algo más llevadero, algo que igualmente despertaba su interés. - Esto ha de ser suyo. Usted tocó la melodía de antes, ¿no es así? Ha sido increíble, he sabido de música capaz de causar tal efecto, pero... ¿es usted? ¿O es el instrumento? ¿Cómo lo ha hecho? - Quizás se emocionaba de sobra con poco, pero un hombre como él, que había vivido encasillado en el mundo noble, no podía evitar enamorarse de los misticismos del mundo de afuera. Había entrado en contacto con algo mágico allí, a través de ese muchacho, y le fascinaba profundamente.

No falló en reparar, dentro de poco, en la posición algo extraña de las piernas del pequeño. Bajando la vista creyó discernir un tobillo más grueso que el otro, era difícil ver en esa oscuridad, pero la piel tan pálida ayudaba. Eso debía ser lo que le había estado doliendo. Tendrían que salir de allí pronto y probablemente no fuese conveniente cargarlo en sus brazos, en caso de que algo sucediese en el camino; sería mejor atender a aquello. - Ah. Con su permiso, Nils... - Murmuró brevemente, sin aguardar confirmación antes de apoyar una mano en su rodilla, separando una pierna de la otra con un gesto seguro para alzar la del tobillo hinchado. La forma en que apenas se movía le decía suficiente. - ¿Aún duele? - Se lo preguntaba aunque conocía ya la respuesta, adelantándose a buscar en el borde interior de su bota por sus botellas de medicina.

Un sonido le hizo detenerse. En la noche cerrada muchas cosas podían hacer esa clase de ruido, pero creía reconocer bien los matices a esas alturas, y recordaba que no estaban precisamente solos. Aquello había sido un paso, o el crujido de un arco tenso, no apostaba a nada más. Debían salir de la arboleda o les jugaría en contra. Sin tiempo de tratar el tobillo de Nils en ese instante, optó por ayudarlo a levantarse. En el gesto se aseguró de acercarse lo suficiente como para susurrar, cauteloso. - Desconozco si los arqueros se han quedado atrás o no, pero vamos a salir de aquí. Ahora mismo. Hablaremos después. - Se separó con naturalidad y le instó a andar, apoyando una mano en su hombro para mantenerlo cerca de él. Bien podría haberlo alzado y abrazado contra su cuerpo, escudarlo habría sido más fácil así, pero también se habría ocupado las manos y no sabía si las necesitaría. Confió en que sabría bloquear cualquier ofensa dirigida al menor y comenzó a caminar, dirigiéndose fuera de la arboleda y hacia campo abierto, donde podría llevárselo a un sitio seguro.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Nils el Sáb Feb 06, 2016 5:03 am

Las palabras ajenas lo reconfortaban pero al mismo tiempo le preocupaban otro tanto. Era difícil encontrar buenas personas como el, alguien que estuviese dispuesto a hacer lo correcto pese a las circunstancias.... según sus experiencias ese era exactamente el tipo de personas que solían tener una vida muy corta aun que el pelirrojo parecía saber defenderse muy bien.

- Es.... algo difícil de explicar. La música llega a tener efecto en las personas en mayor o menor medida.... son sentimientos que se trasmiten, trascienden.... um.... no se ponerlo en palabras exactamente pero vamos a dejarlo en que para que mi "magia" funcione necesito poder trasmitir y proyectar mi.... energía?, y también necesito a alguien que la reciba. Es complicado... -

Dibujo un ligero gesto acomplejado que lograba destacar ligeramente sus rasgos infantiles, admirando con cierta nostalgia la flauta que era devuelta a sus manos. Fue entonces que el mayor, al menos en aspecto, se acerco a el pidiéndole un permiso que no espero en confirmar, separando sus piernas para poder alzar la que tenia el tobillo lastimado con mayor comodidad.

- Que?, ahh... n-no, espe.... hya!!!! -

No pudo evitar soltar un pequeño gritillo reprimido cuando el otro estaba comprobando que tan lastimado estaba la extremidad del chiquillo. Ciertamente no era nada realmente grave aun que era mas que lógico que fuera doloroso al punto de que un niño normal ya estaría derramando un mar de lagrimas llamando por sus padres. De hecho el jovencito de ojos rojos no se había quejado hasta ese momento y parecía tomarse la situación demasiado bien para alguien de su edad.

- E-estoy bien, no duele tanto como parece!!!.... so-solo es una pequeña torcedura puedo con ello. -

Decía eso pero o podía ocultar sus ojos vidriosos que delataban lo mucho que aquello le dolía pero nuevamente se rehusaba a ser una carga para el soldado o a mirarse como alguien débil, no deseaba preocuparle ni que le tuviese contemplaciones por ello. Fue entonces que aquel ruido llamo igualmente su atención por lo que con la ayuda contraria se levanto para comenzar a avanzar, probablemente con las intenciones de regresar a la ciudad donde seguramente estarían a salvo pues los otros soldados ya se encontraban patrullando el lugar a conciencia.

- Por cierto... hay algo que me viene incomodando desde hace rato. -

Comento el joven Bardo mientras avanzaban, sujetándose un poco de la capa contraria para poder apoyarse mejor en el y caminar mayor comodidad, mas aun si de verdad el arquero aun los perseguía seria mas difícil que dispare si el chiquillo estaba muy cerca de el pues podría atravesarse y poco les convenía lastimarlo o matarlo.

- Deja las formalidades, solo Nils esta bien.... soy un bardo viajero, nadie importante así que háblame de tu. -

Sabia que probablemente en edad superaba con creces al pelirrojo pero en realidad si que le incomodaba que se refiriesen a el con tanto respeto. No era nadie importante ni deseaba serlo, solo quería una vida tranquila y sencilla.... cosa que en su caso parecía ser mucho pedir. Fue entonces que cayo en cuenta de algo: No sabia el nombre del soldado quien con tanto ahínco lo había estado protegiendo a lo largo de la noche. Se sintió avergonzado de si mismo por ello pues el otro fácilmente pudo haber muerto un par de veces por su culpa y el siquiera sabia como llamarlo.

- O-oye... se que quizá no es el mejor momento pero podrías decirme tu nombre?. Me sabe mal no saber como te llamas después de todo lo que estas haciendo por mi esta noche. No eres un "Soldado de Pherae" mas, tu.... fuiste a buscarme. Ademas te he dicho ya mi nombre así que es justo que me des el tuyo. -

Comento mirándole fijamente con sus ojos carmesí brillantes como un par de rubíes y el ceño ligeramente fruncido dando a entender que no aceptaría una negativa, no con eso. Esperaba que de momento no hubiese mas altercados pues lo menos que deseaba era convertirse en un lastre si otro enfrentamiento se suscitaba, después de todo estaba mas que exhausto y eso se notaba aun que no dijese nada.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Lun Feb 08, 2016 7:22 pm

No tenía el menor problema con que fuese un niño quien le explicase a él, pasadas sus 3 décadas, cualquier cosa que pudiese. Y aquel niño portaba algo que desconocía, por lo que invariablemente atendió con interés a sus rudimentarias explicaciones; dadas, por cierto, con una actitud y un gesto que finalmente le permitieron parecer un simple pequeño, restándole un poco de la extraña seriedad que había llevado antes. Entonces sí era magia, una magia propia de Nils que probablemente no funcionaría de tal modo si otra persona usaba su flauta. Aquello lo hacía tanto más admirable. De un modo similarmente infantil reaccionó a ser examinado, con un titubeo que llevó una sonrisa a los labios del mayor.

Carente de experiencia con heridas, pues siempre le había dejado eso a los sanadores, lo que no fuese un corte o una herida expuesta Eliwood difícilmente lo entendía. Era afortunado ya de tener la educación necesaria tras de sí para saber lo fundamental e importante de las heridas y la forma de curarlas, pero no veía más que un tobillo hinchado y un niño de ojos vidriosos, una reacción totalmente natural y lógica. Acabó por juzgar que si Nils se quejaba tan poco por el dolor y no llegaba a llorarlo siquiera, realmente no debía ser grave; por serio que fuese, un niño simplemente no tendría esa clase de resistencia. La torcedura podía esperar un poco, al menos hasta que estuvieran a salvo. Era un error en el que su ingenuidad no le detuvo de caer.

- Pues es usted alguien admirable, entonces. Lo está manejando muy bien, le felicito. - Alabó, cual adulto contento con un pequeño por soportar una visita al médico o una comida que no le gustase, aunque, por supuesto, el respetuoso trato bien disimulaba que era así. Le permitió tomarse de su capa, aunque halarla desde abajo hacía que se le apretara un poco, y como si se tratase de lo más natural en el mundo continuó adelante, llevando una mano a apoyarse delicadamente en la espalda ajena para mantenerle andando. - ¿Qué le incomoda...? - Preguntó tan brevemente como pudo, esperando que fuese aquel el momento en que el muchacho le contase lo que sucedía a su alrededor. La persecución, los asesinos, un movimiento tan numeroso y planeado en su contra. Debía de ser aquello a lo que se refería y aunque estaba siendo paciente, por supuesto que ansiaba entender.

Pero no fue aquello a lo que se refirió. La petición de que dejase de dirigirse a él formalmente le sonó como un pequeño regaño, dejándolo descolocado y un poco confundido. Nadie le había dicho tal cosa con anterioridad. Dejar la formalidad no tenía sentido en su entorno. Claro, sí había oído similares cosas de parte de su mejor amigo, cierto brusco marqués de otro territorio, pero aquel era un caso especial en el que no podía basarse. Parpadeó algunas veces, entre confundido y levemente avergonzado; sí, exageraba muchísimo, pero un poco de su mundito se desarmaba si le decían algo así. Intentaría quitar el 'usted' de su boca un momento, aunque no podía cambiar la forma en que actuaba; al mirarlo, encontrando sorprendentemente fácil distinguir sus ojos carmín en la oscuridad, no se contuvo de ofrecerle su brazo como con una dama haría, por si desease sujetarse de algo más firme. No caminaba como si estuviese exactamente cómodo, después de todo.

- Err... sí, Nils, haré como diga. Como dices, quiero decir. - Carraspeó, intentando adaptarse. - Así que sé bueno y sujétate, tan cerca como puedas, ¿sí? - Pidió de la mejor forma en que podía, el chico claramente era terco y no muy prudente respecto a su seguridad, pero cada momento en que veía acercarse el borde del bosque se volvía más tenso para él. Una cuenta regresiva a una posible intervención. Y le habría pedido al bardo que tocase para él otra vez, si se trataba de pelear, pero no era la forma en que le gustaba terminar las cosas y tampoco quería pedir más esfuerzos de quien había decidido cuidar. Así como esperaba que el muchacho fuese bueno por el momento y le hiciera caso, accedió también a responder sus dudas. - Sí que soy un caballero más, aunque también el comandante de estas tropas. Mi nombre es Eliwood, actual marqués de Pherae. En este momento estás bajo mi protección, así que aquellos hombres... han hecho de sí mismos criminales en mi tierra. Me aseguraré de que sean encontrados y capturados, todos ellos. -

Eso era asumiendo que sólo eran el asesino, el mago y los arqueros quienes habían orquestado el altercado. Eliwood no podía imaginarse que fuese de otro modo, al menos no en ese momento. Alcanzaban el borde del bosque, salían a campo abierto, poniendo a sus espaldas la vegetación frondosa y los recovecos sombríos donde podían estar ocultos aún los atacantes. Debía dirigir a sus tropas a recorrer la arboleda entera en busca de ellos, más aún, necesitaba que se se les capturase, no sólo por sus principios morales sino porque podrían decirle mucho más estando vivos. Al alejarse del área de peligro apresuró apenas un poco el paso, siempre guiando adelante, y para mantener al pequeño con la atención en él continuó hablando, murmurando. - Sigue, no mires hacia atrás. Olvídalo. Hablaremos con aquellos caballeros que has visto antes y se encargarán de esto, luego buscaremos un lugar donde puedas sentarte a aliviar tu tobillo, veremos esta terrible noche pasar... ¿estaría bien si consigo yo un sitio? Ya que no tenías habitación en la posada, al parecer. -
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Nils el Vie Feb 12, 2016 7:02 pm

Cada paso que daba era ciertamente muy doloroso, punzante como si se tratara de una afilada aguja que se le enterraba en el tobillo cada vez que hacia presión, pero se esforzaba en no quejarse pues su orgullo no le permitiría aceptar más cuidados de aquel desconocido.... o eso pensaba pues el dolor era tanto que no pudo evitar resignarse a tomar al otro del brazo para apoyarse. Era frustrarte, si, pero no tenía muchas opciones realmente.

Al escuchar el nombre y el cargo de lo que él pensaba era un soldado vigía de la ciudad el chico no pudo evitar dibujar un gesto de sorpresa en su rostro y apretar un poco el agarre que mantenía en su brazo. Ese nombre lo tenía grabado en la memoria... aquel que estaba a su lado en ese momento era una persona que nunca había visto pero conocía bastante bien. Por más que el muchacho de pelo verde deseara lo contrario esa persona no podía ser otro más que el hijo del cual su amigo le hablo tantas veces para animarlo.

"Mi hijo, Eliwood, tiene más o menos tu edad… me gustaría presentártelo cuando salgamos de aquí, quien sabe, hasta podrían hacerse amigos. Incluso podrías quedarte con nosotros en Pherae todo el tiempo que gustes, así que por favor resiste un poco más"

Aquellas palabras le retumbaron en la cabeza y se le clavaron en el corazón como una jabalina bien afilada. Por más que deseara que este hombre no fuese quien estaba seguro que era no cabían lugar para las dudas; Su rostro se notaba más joven pero era casi idéntico, aquel cabello rojo brillante, su amable timbre de voz, ojos azul profundo y esa horrible tendencia a meterse en problemas por personas que siquiera conocen además de ser el actual marqués de Pherae, lo cual culminaba con cualquier duda o argumento que pudiese idear para engañarse a sí mismo y salvar su conciencia del hecho de que le había arrebatado a su padre hace tantos años atrás. Agacho la mirada mordiendo su labio inferior, Eliwood merecía saber lo que le había sucedido a su padre y que él fue el causante de su muerte a manos de los “colmillo negro”, lo sabía y aun así no podía darse el valor para decírselo.

No es el momento, no es el momento

Se dijo mentalmente sintiendo que las fuerzas para seguir avanzando le flaqueaban a momentos. Si actualmente estaba vivo era gracias a Lord Elbert, todo ese tiempo había luchado por seguir adelante gracias a la promesa que le había hecho pese a las dificultades pero estaba seguro que la voluntad de aquel hombre por que sobreviviera no estaría por encima de la vida de su propio hijo… no, de entre todas las personas que había en el mundo no permitiría que Eliwood saliera lastimado por su culpa.  Fue por ello que, en el momento en que abandonaron la arboleda, en aquel tramo en el que estarían mas vulnerables Nils soltó el agarre que mantenía en el brazo del pelirrojo, girándose para mirar a la arboleda detrás de ellos donde seguro habría, por lo menos un par de arqueros más esperando a dispararle al vulnerable marques y derribarlo. Sin miramientos el chico de ojos rojos saco la pequeña daga que mantenía amarrada a su cintura, posicionándola en su propio cuello de forma amenazante. Aquella pequeña arma en realidad difícilmente podría servir en un combate real y más estando en manos de alguien tan inexperto como el, mas sin embargo estaba seguro de que sería más que suficiente para perforarle su delgado cuello sin mucho esfuerzo.

- Sé que están allí… es imposible que no lo estén así que más les vale que presten atención. Si se acercan me cortare la garganta, si lastiman al soldado detrás de mí me cortare la garganta, hablo muy enserio… Les recomiendo que sean inteligentes y se retiren a menos claro que quieran arriesgarse a que muera y tener que dar explicaciones a su jefe después.

Hablo fuerte y claro con la esperanza de que aquello resultara, de hacerlos retroceder aunque fuera solo aquella vez pues el jede del colmillo negro no era alguien a quien pudieran llegarse con malas noticias…. Bueno, un fracaso más en capturarlo seguro les haría pasar un muy mal trago pero estaba más que seguro que aquello sería mejor que regresar con el cadáver de alguien a quien por tantos años había estado tratando de capturar vivo. El sonido de unos matorrales se hiso escuchar y después nuevamente silencio, Nils por su parte se dejó caer al piso de rodillas con el cuerpo temblando, esta vez sin ser capaz de detener las lágrimas que brotaban como caudal de rio por sus ojos carmesí. Aquel acto osado había sido una mera fachada pues en realidad se encontraba asustado y exhausto pero la verdadera razón de sus lágrimas era el hecho tener que darle explicaciones a Eliwood, al hijo de su mejor amigo. Debía decírselo, disculparse con el mas sin embargo no se sentía capaz de ello.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Lun Feb 22, 2016 10:24 pm

Se alegraba de sentir la pequeña mano del bardo sobre su antebrazo, sujetándose para andar, claramente con fuerzas aún. Finalmente estaba dejándose auxiliar un poco. Ahora que daba señales de ser un poco más permisivo, Eliwood ansiaba con más ahínco llevárselo, ponerle en un ambiente seguro, saciar su protectivo instinto en darle algo de paz y quizás, si las condiciones eran propicias, obtener algo de información que esclareciera todo lo ocurrido en esa extraña y larga noche. Cómo quería darla por terminada, al menos para el muchacho. Pero eran horas las que le separaban aún de ver el amanecer, y el peligro no había pasado; anticipaba en cualquier instante una flecha disparada a traición contra su espalda, preparado inclusive para asegurarse de cubrir al menor si eso sucedía. No fueron sus perseguidores, sin embargo, los que actuaron primero. Fue Nils quien se movió para apartarse, dar frente al borde del bosque y sacar una pequeña arma, dirigiéndola a un lugar que dejó a Eliwood completamente descolocado.

Boquiabierto, tenso al punto de cesar de respirar, el marqués no se atrevió a hacer cualquier clase de movimiento rápido, por temor a sobresaltar al menor y que el brillante filo de la daga se acercara aún más a la piel de su cuello. Aquel gesto de amenaza que en un hombre adulto ya habría sido apabullante de ver, en un niño no hacía sino oprimirle el pecho, quebrantar un corazón aún impresionable, blando para ser el de un guerrero. Apenas se daba espacio a razonar lo que oía. Estaba negociando, o intimidando a sus perseguidores; el detalle no era importante en ese instante. Temió una infinidad de desenlaces cuando vio a Nils caer, aunque el filo de su daga no se veía empañado por una sola gota de sangre, ningún daño del que debiese preocuparse todavía. Sin embargo vio el acero temblar en su agarre, acariciando apenas su piel en el errático movimiento, y con ello se decidió a acudir a paso firme y decidido.

- ¡Cesa esto inmediatamente! ¡Nils! - Llamó, tomando un tono de voz fuerte por un vez. Jamás había sabido ser un hombre estricto, menos con menores alrededor de la edad de Nils; sabía él cuanto más le costaba mantenerse firme cuando veía sus hombros temblar con el llanto, cuanto se tentaba a simplemente ir y abrazarlo, mas no podía detenerse en ese momento. La situación había escalado demasiado y la imagen de él con la daga al cuello había roto algo dentro del caballero, derrumbada la prudencia que usualmente le detenía de imponerse. Se agachó frente al muchacho y le arrebató el arma de entre manos, a fuerza si así debía ser, arrojándola sin cuidado hacia su derecha. - No. No voy a permitir nada de esto, no voy a permitir que te arriesgues-- de ningún modo. - Estaba asustado, estaba tan preocupado por el bienestar del niño que el miedo le tenía fuera de sí, le impulsaba a actuar desesperadamente. No había otra explicación para tan súbita firmeza, casi una contradicción al modo en que enseguida rodeó al menor con sus brazos, sujetándole contra su pecho con más fuerza de la necesaria, su voz sonando trémula y grave junto a su oído. - ¿Deseas que termine este asunto? Terminará. -    

Los arqueros no se hicieron esperar. Al estar desarmado el pequeño y cubierto por el cuerpo del pelirrojo, descargaron un par de flechas que pasaron con un silbido en el aire justo sobre su cabeza, al haberla apenas agachado en el abrazo. Abriendo sus ojos, la azul mirada del marqués se volvió hacia la espesura y soltó de a poco al muchacho, calculando con tranquila racionalidad la dirección de los proyectiles y el lugar donde debían estar quienes los habían disparado. Sería mejor terminar con ellos, después de todo. Se apartó un poco más del muchacho de cabello verde agua, hablándole sin realmente mirarlo. - Quédate aquí. Toca tu encantadora música para mi, si has de ser tan amable, pero permanece aquí, por favor. Sé un buen chico. -

Entonces se irguió nuevamente, desenvainando la espada aún limpia de sangre enemiga, pero dispuesta en aquel instante a mancharse. No mataría, no rompería su consigna personal si no era una situación extrema la que lo ameritaba, pero iría bastante lejos si era lo requerido para dar un pacífico cierre a esa noche. Sin dudarlo más se adentró en la dirección en que estaba seguro que una de las flechas había salido, apenas tras el segundo o tercer árbol al mismísimo borde de la espesura; se hizo audible un resonante golpe metálico, el del lado chato de la espada contra el casco de placas y piezas de cuero que el arquero portaba, impulsando su cabeza contra el tronco del árbol. El impacto en su nariz la hizo sangrar enseguida y decayó, inconsciente, contra este. Eliwood esperó una nueva flecha para constatar la locación del último, una que rozó su costado a la altura de su pecho, rasgando su ropa pero apenas extrayendo algo de sangre al pasar. Entonces se lanzó en busca de aquel, apresurándose tanto como le era posible en el intervalo que tomase el asesino para posicionar una nueva flecha.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Nils el Miér Mar 02, 2016 4:17 am

Hacia ya un rato que el chico alcanzo sus limites tanto físicos como emocionales y las barreras de hielo inquebrantables que alzaba ante las personas en ese momento se habían roto por completo, mostrándolo tan frágil como era en realidad. Estaba tan sumergido en sus propios pensamientos que la severa voz del pelirrojo lo tomo por sorpresa, haciendo que en un acto reflejo lo voltease a ver directamente abriendo completamente sus ojos carmesí los cuales tenían un color vidrioso y brillante por las lagrimas que aun había en ellos. Su pequeña daga salio volando a un costado al haber sido arrebatada de sus manos temblorosas a la par que el marques le reprendía por ello asegurando que aquello era algo que no permitiría.

- E... es que.... -

"Es que tu no entiendes" era lo que estaba a punto de decir mas aquellas palabras se quedaron atoradas en su garganta en cuanto fue calidamente abrazado por el otro con tanta fuerza que  casi resultaba doloroso. El chiquillo correspondió débilmente al abrazo mientras escondía el rostro en el hombro de Eliwood en una muda respuesta a sus palabras mientras su pequeño cuerpo aun temblaba. Los ataques enemigos no se hicieron esperar por lo que el pelirrojo comenzó a apartarse prometiendo que pondria fin a ello y que tocara una melodía para el, Nils se limito a asentir débilmente con un movimiento de cabeza mientras le veía alejarse con premura hacia sus atacantes... No era como si pudiese detenerlo con acciones o palabras pues reconocía aquella mirada llena de una férrea determinación que ilumino los ojos de Elbert en su tiempo... pero esta vez había algo que podía hacer por poco que fuera.

- Elbert.... por favor cuidalo donde sea que estes -
Spoiler:

Murmuro mientras sacaba su flauta y la posaba una vez mas en sus labios para tocar una nueva melodía. Esta no era tan alegre como la anterior pues por mas que lo intentara era imposible para el interpretar una tonada así cuando su voluntad y su espíritu ya estaban prácticamente hechos pedazos, pero si que había una emoción predominante en su interior, una que ardía en su pecho y que convertiría en música a través de su confiable instrumento para hacérselo llegar a Eliwood, aquel al que le debía una disculpa y que era la viva imagen del hombre al que mas admiraba y nunca tuvo oportunidad de regresar su gentileza.

"Regresa a salvo Eliwood... que mi música te haga llegar esta plegaria"

Y con ello en mente, aun si sus piernas ya no tenían fuerzas para ponerse de pie y sus manos temblaban el chico de cabello verde seguía tocando sin detenerse, con los ojos cerrados para mantenerse concentrado pero las lagrimas aun brotando de ellos sin poder ser detenidas, aun si debía seguir tocando hasta desfallecer lo haría si ello le daba una oportunidad al pelirrojo de regresar vivo. Finalmente, en cuando le divisara ligeramente iluminado por los rayos del sol podría por fin desplomarse en el suave pasto, totalmente exhausto pero de alguna manera feliz.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Eliwood el Vie Mar 11, 2016 5:24 am

No sabía que habría hecho si el niño hubiese intentado seguirlo o hacer algo irresponsable otra vez. Su calma se había quebrantado y se desconocía a sí mismo de ese modo, tan forzoso para con el enemigo, tentado a violar el código de misericordia que siempre había mantenido. Era sólo humano, después de todo. Vislumbrar el límite de lo que estaba dispuesto a soportar era una esclarecedora pero atemorizante experiencia, tan sólo podía resguardarse en el alivio de que Nils había obedecido esa vez y estaría a salvo. Vería que estuviese a salvo. Haría lo que necesitase hacer y contendría su mano de derramar más sangre de la que debiese, aunque estuviese verdaderamente hastiado en ese momento. El mundo mostraba una faceta desagradable aquella noche, le sonsacaba una pesada y amarga sensación de decepción.

Cuando la música llegó a sus oídos, detuvo con culpa sus propios pensamientos y respiró. Una inhalación profunda de frío aire nocturno, una exhalación pausada y tranquilizadora. Renovada fuerza disolvió la tensión en sus brazos, le aflojó la muñeca, facilitó maniobrar el sable fino y ligero de la forma en que debía ser utilizado. Cuando la última flecha fue disparada, no dudó en evadirla y perseguir la dirección de la que había prometido. Adelantó el sable con un corte veloz que encontró la cuerda del arco, así como el antebrazo del arquero, atravesando con un ruido húmedo y un pronto de sangre. Se recordó su disposición. Un giro de la muñeca volteó la espada, el mango se adelantó contra la mandíbula del hombre, impulsándole la cabeza hacia atrás y contra el tronco del árbol contiguo. Como si finalizase una pieza de danza, Eliwood puso un pie un tanto más atrás que el otro y se enderezó, distanciándose del otro varón. La música no cesaba. El limpio, agudo timbre de la flauta dulce guió sus pasos de regreso al lindero del bosque, surgiendo de la espesura para encontrar que las copas de los árboles habían estado bloqueando de su vista las primeras luces del alba.

La noche alcanzaba su fin. Cuando buscó a Nils con la mirada, no lo encontró sólo a él, perdido en el color del césped en la última hora azul de la velada, sino también a un par de caballeros que avanzaban a tranquilo paso en su dirección, los caballos de guerra de Pherae erguidos en tan correcta postura como sus jinetes. El muchacho pareció perder fuerzas, caer sobre el césped, y Eliwood se apresuró para alcanzarlo primero, arrodillándose a su lado. No parecía enfermo, tampoco se le veía herido, tan sólo exhausto; tanto que parecía pacífico y cómodo en su inconsciencia. El pelirrojo se permitió una leve sonrisa mientras le recogía, cuidadoso del tobillo que parecía más hinchado ahora, y le arropaba para cargarle contra su pecho. Se alzó al encuentro de sus caballeros entonces.

- Recorran el bosque entero, encontrarán a 2 hombres inconscientes, cuanto menos. Captúrenlos y reténganlos en el calabozo. Después de tantos años sin uso, esperaba que otra ocasión no surgiese ya, pero... me temo que es necesario. - Indicó, recibido con un asentimientos de la cabeza de cada hombre, al unísono. - Regresaré al castillo. Sospecho que este muchacho es un huérfano de toda esta situación, debo de llevarle al sanador. Habrá mucho que discutir con él también. - Suspiró. Podía relegar una tarea como aquella, cualquiera de los suyos sabría llevar a Nils con el mayor cuidado hasta que el sanador se encargase de estado físico, pero quería hacerlo él mismo. Bajó la mirada al niño salido de pinturas, su rostro desprovisto del gesto terco y desconfiado de antes. Sí, querría encargarse él mismo de lo que sea que sucediese a su alrededor.

Le llevaría de regreso, haría curar su tobillo, aunque la tardanza en atender nunca funcionaba bien con los curativos, inclusive aquellos basados en magia. Una herida curada con un báculo, si no era atendida al instante, dejaba de todos modos una cicatriz. Del mismo modo, su tobillo no terminaría de sanar tan rápidamente. La culpa de no atenderle a tiempo llevaría al marqués a no escatimar en comodidades para el pequeño en absoluto, cediéndole su propia habitación, su propia cama, recostándolo en el lecho de finas sábanas color vino. Él dormiría en otro sitio, si dormía siquiera; sentir la mañana después de una noche como aquella era un alivio muy bienvenido, en el que querría hundirse un poco.
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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

Mensaje por Marth el Vie Mar 11, 2016 6:14 am

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Nils gasta un uso de daga.

Eliwood gasta un uso de espada y rompe su espada.

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Re: El bardo fugitivo [Campaña][Priv. Eliwood]

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