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El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

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El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Mar Ene 12, 2016 10:00 pm

"...dos años aún se ha pospuesto la travesía, rendido lo que calificase otrora un sueño a las inamovibles fauces de la catástrofe sobre este reino cernida, como sobre las insondables distancias que no me atrevería ya a anhelar. Inclusive si venidera e imprevista fortuna impulsase mi marcha, ¿permanecerán allí, al final de mi odisea, los destinos que el transcurso inclemente de estos meses me han apartado? ¿O habrán sucumbido ya"--

Hubo un discreto golpeteo de nudillos contra la puerta, tan respetuoso que inequívocamente habría de ser un soldado. El joven detuvo el movimiento de la pluma entintada sobre el papel, volviendo la vista hacia la puerta. Una voz avisó, formalmente, que se requería su presencia en la sala del trono. En respuesta no pudo hacer más que suspirar, mirando de soslayo las páginas del diario personal apenas iniciado. Descargar con libertad las ideas que aquejaban su mente, en contraste con lo poquísimo que hablaba en voz alta durante el día, se le había hecho agradable y liberador, no deseaba dejarlo aún. - Um. Enseguida, muchas gracias. - Contestó sin alzar demasiado la voz, mas lo que hizo fue apurarse a mojar a cuenta nueva la pluma y al menos terminar el párrafo.

--"los antiquísimos cimientos de las escuelas sabias? Nada menos que monstruosa habría de ser la plaga que osaría diezmar las bases mismas de la gloria de este mundo, apenas revelada de la neblina de nuestros aislados siglos y arrebatada enseguida por épocas aún más oscuras. Inconmovible desdicha, la de llegar a conocer la existencia de otros como yo, antes de que alcanzarlos se tornase la más infausta campaña."--

Otro toque a la puerta, probablemente por no haber salido con el primero. Otra vez detuvo la pluma y otra vez habló para el guardia que le apresuraba. - E-Enseguida voy. Sólo un momento. -

--"Me atrevo empero a conjeturar que preferiré este destino, sin embargo, y la esquiva ilusión de que encuentren su fin estos aciagos días. Me permitiría ambicionar, pues, que cuando suceda estén aún allí los luminosos pasillos y los místicos altares, las torres impertérritas y silentes como vigilias fuera del tiempo. Llegará el día en que a ellas emprenda mi marcha, búsqueda y regreso a las verdades que en el réprobo cuerpo residen, pero la mente falla en tomar."

Limpió la punta de la pluma con el pañuelo correspondiente, cerró el frasco de tinta y dejó todo sobre el escritorio, incluido el diario cuyas páginas recién usadas necesitarían secarse por un par de minutos. Entonces se apresuró a salir, dirigiéndose sin más a los niveles inferiores del castillo; sabía perfectamente a qué se le llamaba, mas tenía sus motivos para creer que había algunos minutos a su favor. Y era que en todo asunto oficial, así como en variadas reuniones de peso o simples actos del gobierno de su padre, era necesario que permaneciese junto al trono. Suponía que principalmente para observar y aprender, ya que opinar solía estar muy, muy fuera de cuestión, inclusive hablar en la mayoría de los casos. En un principio había sido tan emocionante. Hasta que había comenzado a sentir no sólo innecesaria su presencia, sino invisible, como si nadie se enterase de si estaba allí o no, dejándole a pensar que no sería siquiera notada una entrada tardía.

Jamás había logrado sentir que el importantísimo lugar junto al trono fuese apto para él, y por la forma en que le miraba su progenitor la mayoría de las veces, sospechaba que estaban en acuerdo. Pero allí estaba, entrando de la más silenciosa forma al gran salón en que ni una sola mirada se giraba a recibirlo. Tomó su lugar junto al trono y un par de pasos atrás, donde la sombra del asiento inclusive se cernía sobre él; se enderezó, tan alto como cualquier varón de Daein de pura sangre, puso las manos tras la espalda de su oscura túnica y aguardó todo el tiempo que tomase hasta que su padre culminase sus asuntos. Habría sido absolutamente erróneo asumir que se aburría en tales ocasiones, pues no lo hacía, no era una persona que fácilmente se aburriese cuando contaba con su atareada mente, mas allí en lo que siempre se enfocaba no era nada más que el rey. Vigilaba a conciencia su postura, su actuar, la forma en que enunciaba sus palabras, la clase de respuestas y órdenes que daba; en el fondo, intentaba aprender con todas sus fuerzas, y su padre se engrandecía a sus ojos como el mejor ejemplo posible.

Cuando hubo culminado y una que vez que se vaciaba el salón de sus ocupantes, todos sino el rey y quizás la guardia de más alto rango, el delgado muchacho de mirada siempre gacha se atrevió a dirigirle la palabra. - Padre. - Se inclinó, a la vez un saludo y una despedida, pues era difícil asumir que tuviese deberes pertinentes allí. Faltaba, sin embargo, un par de horas hasta su próxima tutoría.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 19, 2016 12:44 am

Desde la llegada de su hijo al castillo todo había sido una decepción tras otra, culpaba a la pobre crianza, quizás a mala alimentación, pero si bien mostraba su altura así como su color de cabello, y en contadas ocasiones su voz,  no era ni la sombra de lo que él era. Su cuerpo no era el de un guerrero y no importaba cuanto le pusiera a entrenar las espadas resbalaban de sus manos y las hachas caían torpemente lejos de donde debía atacar. Sus tutorías habían aumentado en carga horaria pero solo había logrado que el joven cayera presa del cansancio y no se pudiera levantar por días. Ahora intentaba otra cosa... le estaba intentando meter más en sus planes políticos, parecía tener facilidad para la letras, siempre entre libros y estudiando había escuchado maravillas de sus profesores, así que al menos, si no sacaba aunque sea un buen guerrero, sacaría un buen político. Esto no quería decir que debía de dejar de lado sus entrenamientos.

La reunión de ese día sería entre sus estrategas y generales, discutirían los movimientos militares que se habían observado en Begnion y Crimea, evaluar que tanto estaba afectando la situación del país los emergidos, no solo en Daein si no en sus vecinos y ver como poder aprovechar esta amenaza como una ventaja.  Al momento de llegar los miembros de la reunión mandó llamar a su hijo para que acudiese al acto. Ni siquiera se preocupaba de haberle avisado con antelación, solía mandarle de aquella manera, incluso interrumpiendo sus clases si era necesario, sus tutores ya sabían esto.

La reunión había comenzado tras una muy ligera charla para darle tiempo al príncipe a bajar las escaleras, pero al no llegar simplemente se comenzó. Pasando unos minutos volvió a mandar al soldado a llamarlo, con su voz tensa y ya sus manos tamborileando sobre el  posabrazos del trono. Aquella reunión era vital para el príncipe, pues el rey pensaba proponer ponerle a cargo de unos de los planes de acción contra Crimea que estaban discutiendo en ese momento... y no llegaba.

El príncipe llegó como una sombra moviéndose en silencio, sumamente molesto escuchó cada paso como si estuviese caminando sobre hojas secas, no necesitó mirarlo pero el aura de descontento del rey era algo que tensaba hasta sus generales. La reunión continuó pero no dirigió la palabra a su hijo ni tampoco le ofreció aquel puesto, simplemente la finalizó. No era digno, como era de esperarse,  ni en su cuerpo ni en su mente era digno para ser próximo soberano de Daein.

Todos se retiraron, los estrategas y generales así como algunos guardias, solo la gente usual de la sala del trono estaba allí haciendo guardia y el escriba terminando de transcribir toda la reunión para el archivo real. La voz del príncipe le hizo hervir la sangre levantándose y dirigiendose con pesados pasos frente al príncipe.

Pelleas. Haz llegado tarde a la reunión. ¿Cuál es tu excusa?

No esperaba realmente una respuesta a esa pregunta, pero ya por el tono que utilizaba era obvio que el silencio no era una opción. El aire tenso del lugar era demasiado y por su conveniencia el escriba juntó sus cosas y se retiró seguido por los guardias dejando a ambos hombres solos en la sala del trono.  Su mano se levantó y con un golpe fuerte con su palma en el costado de la cabeza del príncipe llegando a golpear su oído le volteó el rostro y así como la mano pasó volvió para pegarle con el reverso en el mentón para hacerle caer al perder el equilibrio. No cerraba su puño, no quería hacer que perdiese el conocimiento, simplemente disciplinarlo. Se adelantó un paso más cubriéndole con su sombra.

¡No tienes excusa! ¡No vale ninguna excusa! ¡Acudes a mi llamado cuando se realiza sin importar que estés haciendo! ¡¿Qué era más importante que esta reunión?! ¡LEVANTATE!
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Vie Ene 22, 2016 7:02 pm

Futilmente continuaba remitiendo a memoria cada detalle, información con la que poco y nada podía hacer, ejemplos que ni en sueños podía seguir. Era bueno saber que su padre pensaba aprovechar la situación mundial, Daein no carecía de milicia y podía comprenderlo ahora; la operación de tantos años destinada a incrementar el número de tropas y fomentar la educación militar desembocaba en esa fatídica situación, justamente una necesidad de más tropas, para poder manejar a la vez la defensa de Daein y posibles movimientos contra los vecinos con que siempre habían tenido tensa relación. Eficaz, despiadado y brillante. La clase de ideas que no creía lograr tener algún día, aunque podía entenderlas y analizarlas a la perfección. Creía comenzar a conocer, de igual forma, al rey que había pasado hacía poco de ser un extraño a ser su padre. Los modos en que operaba eran admirables, pese a la crueldad. Mostraban fuerza. Los memorizó, pues si bien fuerte era lo último que era, al menos querría aparentarlo algún día.

El peso de sus pisadas cargadas de voluntad, allí había otra cosa que creía conocer. Le adivinaba molesto, jamás suavizaba su expresión frente a él ni le hablaba con particular gentileza, pero podía distinguir cuando estaba especialmente descontento. Se tensó apenas al oír su nombre; un derecho para nada recíproco, le debía demasiado respeto como para llamarle 'Ashnard' de regreso. El corazón le dio un vuelco nervioso en el pecho. Entonces sí le había notado. ¿Importaba? No lo parecía, pero se volvía aparente que de todos modos ausentarse no era una opción. Los demás ocupantes del salón estaban retirándose y esa era una mala señal. Pelleas los miró con un leve resentimiento. - Es sólo-- -

Fue demasiado pronto. No podía decir que no vio, de antemano, la tensión en el brazo de su padre, pero había supuesto que esperaría cuanto menos a que los guardias hubiesen salido y cerrado las enormes puertas dobles tras de sí. Llegó a intercambiar miradas con uno que echaba un vistazo por sobre el hombro al salir, y no necesitó más que eso para entender lo obvio: podrían haber estado ahí dentro, mirando al rey alzar la mano contra su heredero, y de todos modos no habrían hecho nada en absoluto. Era exactamente igual. Sólo que sin testigos, ahora. El primer golpe le hizo retumbar la cabeza y le dejó un zumbido en el oído, el segundo le hizo perder contacto con el suelo con facilidad. De forma fría y distante tomó nota: dañar los oídos dañaba directamente el equilibrio. Una buena lección.

Aún así se reprochó por caer, alzando la parte superior del cuerpo un poco, una mano en el suelo y la otra sujetándose la cabeza, el cabello ya más desordenado de lo usual. Emitió un pequeño, mínimo quejido de dolor, tan contenido como le era posible; no era la primera vez que se veía en esa situación y mostrar el dolor no solía ser la mejor forma de hacer a su padre sentir más contento con él. Lo mejor sería pararse, sí, pero el equilibrio le estaba fallando aún. - ...l-lo siento, padre, desconocía que fuese necesaria mi presencia. - Musitó desde el suelo. Mejor empezar a explicarse antes de agravar las cosas. Ninguna excusa valía, o eso decía su rey, pero simplemente no podía evitar dar alguna, hacer un intento de remendar. Era instintivo,, quería mostrarse al menos un poco mejor. - Estoy al día respecto a Crimea y al movimiento. -

Hizo un nuevo intento de ponerse de pie, luchando contra su desorientación. Lento, torpe, consiguió erguirse, y aún de pie aquella sombra le cubría casi por completo. Evitó la mirada férrea del mayor y con la mano temblando severamente se tanteó la mejilla golpeada. Casi la tenía entumida y por ahora seguía normal, en la delgadez de su piel sentía el pómulo y la quijada sanos allí, pero seguramente vendría un moretón después. Respiró profundamente y con un hilo de voz recalcó. - Padre, um, esto... marcará. - Cabía preguntarse si afectaría de algún modo, tener una marca en un lugar tan visible. Posiblemente tuviese aún un moretón anterior, pero era bajo las costillas. Llevó sus manos tras su espalda nuevamente, más que nada para sujetarse las muñecas, conteniendo el aterrado temblor de ambas manos con frustración. No quería huir, no quería detenerlo, lo que quería era dejar de temblar y compensar, conseguir la aprobación inalcanzable.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 30, 2016 10:50 am

Nunca nadie hablaba, nadie se atrevía a decir nada pese a lo obvia de la situación familiar de la familia real de Daein, el miedo  era tal hacia el rey que ninguno de sus subordinados mostraba intenciones de contrariarlo cuando deseaba hacer su voluntad. No es que solo el joven mago oscuro fuese la única víctima de los abusos del rey, ya ese piso de piedra conocía sangre de más de un hombre de Daein, traidores, inútiles e incluso gente que había servido de motivador para los demás de no llevarle la contraria, cosa que le había resultado bastante bien. El príncipe solo recibía su mano abierta, pesada o no era mucho menos de lo que otros había recibido, nunca una herida mortal o un golpe que le arrebatase la conciencia, el rey no pretendía lastimarlo después de todo si no que simplemente disciplinarlo. Reconocía que no era fuerte físicamente, su cuerpo era débil pese a su altura y constitución, pretendía que eso cambase pero parecía que no importaba cuanto le enviase a entrenar el príncipe nunca parecía fortalecerse.

La mirada de desprecio se hizo presente en su rostro cuando no se pudo levantar, nuevamente le estaba desobedeciendo, a su criterio el golpe no había sido fuerte, no merecía aquel "teatro" de su parte, era débil y en un campo de batalla ya estaría muerto si no apresuraba su velocidad de reacción o al menos su capacidad para recuperarse. Le enojaba más verle así, le frustraba de sobremanera que alguien con su sangre corriendo por sus venas fuese alguien tan débil y patético. Su pié golpeó inquieto el piso y alzó su voz de manera imponente haciendo eco en el lugar.

Si he de llamarte ES necesaria tu presencia. Acudes a mi llamado sin importar qué pienses o si crees que sea inútil. ¿Dices saber todo respecto a Crimea? ¿Tanto sabes que consideras que puedes quedar exento de las reuniones de estrategia? ¡Eres el puto príncipe de Daein y debes comportarte como tal!

Lentamente el príncipe se reincorporaba y la mano del rey se adelantó para tomarle de sus ropas, túnicas de telas caras carentes de cualquier clase de protección o armadura, estaba más que claro que para los ojos del mayor Pelleas no estaba ni por asomo preparado para un campo de batalla. Le puso de pie el vilo y con una sacudida le sostuvo para que no volviese a caer, apenas dejándole para pararse sobre la punta de sus pies.

¿Marcas dices? ¡Ridículo! ¡Quejándote por un mísero moretón cuando los verdaderos hombres cargan verdaderas cicatrices de sus logros! ¿Qué clase de rey pretendes ser si te quejas por un mísero golpe? ¿Qué clase de comandante serás? ¡Eres una basura que no vales ni las ropas que vistes! ¿Cómo te harás fuerte a este paso? Necesitas más compromiso con tu misión, darte cuenta del privilegio que tienes y responsabilizarte por el.

Las palabras quedaron resonando en el lugar incluso después de que había terminado de hablar, su puño aún se cerraba firme con la túnica entre sus dedos y el príncipe casi colgado de estas, su mirada crítica contra el menor buscando en su rostro aunque sea un ápice de intención de redimirse por sus errores y tomar cartas en el asunto, no solo dar excusas.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Mar Feb 02, 2016 9:12 pm

La voz del monarca resonaba, de por sí, en la amplia recámara de piedra y bajo el altísimo techo abovedado, mas dentro de la conciencia del heredero era donde cobraba la mayor fuerza. Sonaba como el crujido de un trueno cuando quería. Pero no se trataba del ruido en sí, sino de la imponencia, la insignificancia que le confería a su voluntad, recalcando siempre que se mantuviese obediente; era así como terminaba creyendo que nadie podía posiblemente tener más razón que el rey Ashnard, ni siquiera él mismo en sus asuntos personales, pues un padre probablemente conocía mejor. Le empequeñecía, la amargura de tener a su padre descontento con él la mayoría del tiempo. Le afectaba bastante más que la voz que resonaba con fuerza a su alrededor.

La mano grande y carente de titubeos le tomó por la ropa, sujetándole recto cuando apenas había conseguido pararse, aunque la fuerza del hombre mayor le alzaba de sobra y le dejaba casi pendiendo de su agarre. Las plantas de sus pies comenzaron a separarse del suelo. Instintivamente llevó una mano en frente, al antebrazo ajeno; era posible que tuviese la fuerza física como para hacer algo, la magia oscura fortalecía e, increíblemente, algo habían logrado las dolorosas y larguísimas horas de extenuante entrenamiento físico, podía llegar a ofrecer resistencia, pero su mente lo bloqueaba. Nadie tenía más razón que su padre. Así como apretó los dedos alrededor de su brazo, bastante brusco en el impulso inicial, los soltó al segundo siguiente. Si se resistía, si expresaba dolor, sólo estaría demostrando el punto del rey respecto a su debilidad, su falta de resistencia o su renuencia a demostrarse.

- Lo-- lo l-lamento. E... es-- - Habla claro, por la diosa, habla claro, se urgió. Con un leve carraspeo volvió a hablar. - Es verdad. Tiene razón. Sólo fue un golpe. Estoy bien. - Oraciones cortas y fáciles de enunciar, eso le ayudaba a recobrar control de su voz, evadiendo revertirse al insufrible tartamudeo con el que había hablado de pequeño. A la vez se esforzó por mantener su postura, regresando sus manos tras su espalda. Sólo había sido un golpe de corrección, nada tan inusitado, aunque le había dejado un curioso sabor a sangre de aquel lado de la boca. - Sólo un golpe o sólo una dificultad... no me moverá de mi misión para con Daein. Lo prometo. - Dijo, asintiendo levemente. Se entregaba a la posibilidad de que hubiese más casi con indiferencia. Si lo comparaba con su misión, su país, parecía en efecto algo ínfimo.

Más difícil que aceptar sus breves castigos, sin embargo, era mirarlo a los ojos. No acostumbraba hacerlo con nadie, por respeto intentaba que aquella fuese la excepción, pero no terminaba de quitarle lo fatigoso; intuía en la severidad de su mirada que había hecho un error más grande del que asumía al llegar tardío a la reunión de estrategia. Apresuradamente le dio vueltas al asunto, Crimea era un blanco desde siempre, pero la situación aún no era exactamente propicia, tampoco era como si estuviese él en condiciones de que se le enviase a un campo de batalla. Nunca había sucedido, al menos. Pero algo se había esperado de él aquella jornada que había fallado en dar, y ahora el mismo Pelleas estaba frustrado también. No ayudaba que se intensificaba el sabor a sangre en su boca, volviéndose aparente que se había lastimado, de algún modo, con el golpe o con la caída. Probablemente se había mordido el interior de la mejilla sin notarlo, o el impacto se lo había reventado contra los dientes y ahora sangraba a constante ritmo, obligándole a tragar sangre y saliva de tanto en tanto. Hablar se tornaba complicado, pues mostrar que el único golpe le había hecho tanto sería contraproducente. Apretó los labios y pretendió indiferencia, dejando que la sangre le llenara la boca antes de tragarla de una vez y hablar.

- ¡Y-Yo también quiero ser más fuerte! ¡Por supuesto que lo quiero! - Dada con torpeza y con las manos apretadas en frustración, esa era su respuesta. No se atrevía a alzar la voz en demasía frente a su padre, mas en momentos como aquellos el tono llegaba a asemejarse. Constató con alivio que la sangre de su herida no se escapaba de su boca aún, aunque sus dientes se entreveían teñidos de rojo. Agachó la vista con inquietud. - Y comportarme como un príncipe, pero, ¿qué es lo que debería hacer? Asistiré a las reuniones aún, padre, y a las clases, y a los entrenamientos. Pero ninguno de los sabios puede instruirme en lo que poseo, aprendiendo de ellos y enfrentándome contra magia común no puedo continuar más allá, es poco... fortalecerme es algo que no consigo hacer. - Dijo, sincero. No podía exactamente esconder hechos de su rey, menos su mayor frustración. Los sabios con los que contaban, aún siendo los más destacados del reino, seguían siendo usuarios de anima. Pelleas era aún, en ese momento, el único mago oscuro que conocía, y nada sino sus prácticas y descubrimientos le abrían camino alguno hacia adelante.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 09, 2016 1:43 pm

Observó como su hijo intentaba alzar sus manos, como leyó en sus intenciones el pelear, sujetarle, forcejear, por un instante pensó que realmente lo haría y anticipaba aquello, ansiaba ver que intentase desafiar su autoridad pero enseguida las manos bajaron y se dejó hacer como solía suceder en todo momento. No era malo, lo contrario, que aceptase en que se equivocaba y aceptase su castigo sin poner resistencia ni lloriquear era una actitud que un hombre recto debía tener. El tener la expectativa de una rebelión por parte de su hijo era más que nada un retorcido deseo de buscar competencia, de encontrarle razones para alzar más fuerte su mano, para doblegarle más fuerte, un caída desde más alto, pero Pelleas se comportaba en ese momento. El maldito tartamudeo volvió a los labios del menor, su mano se apretó alrededor de la ropa, ningún hombre de Daein, menos un hijo suyo, tendría tantos titubeos al hablar, no denotaba seguridad ni el poderío que un príncipe tenía que tener.

¡Habla claro, mierda!

Presionó con su voz profunda como un azote contra el otra, sin tener la paciencia siquiera de permitir que acomodase sus pensamientos y su mente. Palabras cortas  y concisas fueron lo que necesitó el menor para tener un control más claro de la situación, probablemente librando una batalla en su mente mucho más dura de la que se le enfrentaba en aquel momento en el salón del trono. Su mano le bajó mostrando una sonrisa conforme con la respuesta que su hijo le estaba dando, algo que esperaba, una determinación que le era un poco ajena ver en un mago. Maldecía el día en que su hijo había seguido ese camino y no el de un verdadero guerrero, culpaba derechamente a su camino en la magia a su cuerpo débil y falta de carácter, despreciaba aquella doctrina y aún más ahora que veía en primera mano lo que le hacía a un hijo suyo, tan alto y ancho, con el potencial de ser un gran guerrero... reducido a un larguirucho desnutrido que no era capaz de hacer una oración completa sin trancarse en la mitad de sus palabras. El solo recordar eso le hacía enojar más, él mismo se recordaba aquello e insistente en su mente prevalecía solo alimentando su cólera, y así como le había soltado le alzó la mano nuevamente descargando un tercer golpe con el reverso de su mano en la mandíbula, como un azote más que un golpe. Desgracia de hijo tenía.

¡Entonces hazte fuerte! ¡No puedes simplemente encerrarte todo el día y noche en tu habitación durmiendo hasta altas horas del día sin hacer nada de utilidad! Dejaste de asistir a tus entrenamientos físicos ¡¡Y YA PARECE QUE PRETENDES IR DEJANDO DE VENIR A LAS REUNIONES DE ESTRATEGIA TAMBIEN!!

Su mano volvió a alzarse pero su puño se cerró y al bajar no fue sobre su rostro si no que contra el estómago del menor haciendo un poco de oídos sordos a sus intentos de justificación, volvía a hablarle de magia, volvía a abrir aquella yaga y discordia entre ambos, un general de Daein no podía ser mago, no había honor en lanzar firufletes desde la retaguardia, un verdadero hombre medía fuerzas con su enemigo mano a mano. Si un golpe así hacía caer a su hijo claramente perecería en los primeros minutos de batalla. Los magos no eran más que unidades de apoyo, no podía confiarle el trono a una unidad de apoyo.

¡Deja esas tonterías de magia y aprende algo útil! Han habido mejoras desde que has comenzado con tu entrenamiento físico ¿No encontraste aún un arma que se sitúe...? Al menos espada si no consigues el equilibrio para utilizar un hacha o las agallas para subirte a un wyvern.

Era lo más cercano a un consejo que podía llegar a darle, o palabras de apoyo. A sus ojos había visto una mejora en la condición de su hijo cuando había comenzado con sus entrenamientos físicos, al menos ya sabía cómo sujetar un arma y su cuerpo ya no era solo una montaña de huesos y piel, sin contar que años atrás no habría podido siquiera soportar el primer golpe. Lo estaba mejorando, lo estaba volviendo fuerte, poco a poco se hacía alguien digno de Daein. Esa era su tarea como padre.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Jue Feb 18, 2016 1:12 am

Le daba señales que no conseguía seguir, aceptación y rechazo, orgullo y decepción, paternal guianza e igualmente paternal castigo. Y tan endudado estaba con aquel hombre por tomar a un supuesto huérfano y reconocerlo como príncipe, que cada una de sus señales apretaba su pecho, cada gesto suyo era dotado de la más profunda importancia, movía su mundo como si nada más certero existiese. Aún era más su rey que su padre y sospechaba que así habría de permanecer, pero no le restaba en apego, casi dependencia. Vio una leve sonrisa, algo dicho o hecho por él había ganado un ápice de aprobación y su mente repasó enseguida la escena, sintiendo que comprendía poco a poco. Como había pensado, no negar la agresión sino demostrar que podía recibirla era una señal adecuada de fuerza. Podía comprender tal línea de pensamiento, no sólo porque era la que regía el actuar de su padre, sino porque en muchos aspectos era la suya propia; como tantas otras ideas que crecer en Daein terminaba inculcando. Logrado o no, silencioso o no, seguía siendo un hombre de su patria. Más que sólo aceptar los modos del mayor, en el fondo, estaba en acuerdo con ellos.

Era eso lo que haría, entonces. Se paró derecho cuando sus pies lograron posarse en el suelo firmemente otra vez, las manos tras la espalda, casi formal. Y cuando el siguiente golpe vino, lo recibió sin rehuir, apenas moviendo la cabeza con el impacto. Algo productivo había, por seguro, en saber cómo caer y en saber cómo recibir un golpe sin arriesgarse a fracturas o a daño duradero. Volvió la vista al frente y se enfocó en ello, la mirada perpetuamente melancólica puesta casi inexpresiva en tal momento, distante, intentando desligarse del dolor en su mandíbula y tragando otro poco de sangre de su mejilla. Sus hombros bajaron un poco ante la reprimenda, no por el volúmen ni por la brusquedad, sino por la indiferencia de la que le acusaba. Contra su propio sentido de la disciplina, no pudo sino apresurarse a responder.

- N-No, no es así, no voy a fallar en-- - Debió refrenarse, su padre alzaba la mano y si se tomaba el instante para medir el golpe, quería decir que iba a ser uno fuerte. Debía apretar los dientes o iba a morderse la mejilla o la lengua, otro error de aquellos. Lo aguardó con la firmeza que en un instante podía juntar, aunque sus manos amenazaran con echar a temblar nuevamente tras su espalda, y recibió el puño en su estómago sin un sólo paso atrás. Sólo se dobló, perdiendo de súbito el aire y tomado por una instantánea sofocación. Con un seco, insonoro quejido se esforzó por erguirse, un hilo de la sangre en su boca escapando por la comisura de los labios, aunque no se mostrase un ápice menos dispuesto. Podía recibir lo que fuese necesario recibir.

Se centró en recuperar el aliento, respirar profundo y no ceder a la inquietud. Por supuesto que deseaba complacer a su progenitor, por supuesto que tomaba armas cuando se lo indicaba, pero dejar su doctrina era algo que se sentía enteramente incapaz de hacer. Algo que no quería hacer, inclusive bajo órden de su rey. Creía aún en el provecho del poder que poseía, pero demostrarlo se le antojaba imposible, hasta contraproducente; surgió en su mente el temor a que Ashnard reaccionase de modo similar a los clérigos y las maestras del orfanato, echando tela de juicio a sus extrañas prácticas, torciendo el gesto con desagrado y rechazo. Había aprendido a ser discreto con ellas. No podía mostrarle los estudios y avances que con la magia arcana realizaba, a lo sumo sus resultados, pero estaba tan lejos de resultados satisfactorios aún. Atribulado, bajó la vista un momento, normalizando su respiración pese al calambre en su vientre.

- De no haber sido... de no haber sido por la magia y la marca de ella, su emisario no habría podido reconocerme, padre. - Musitó al fin. No hacía falta detalle, lo que más personalmente unía al mago con su padre era aquella marca en su frente, mal oculta ahora que su cabello se había desordenado un tanto. Sin ella, no estaría donde estaba. Sin ella, no tendría a Ashnard como su familia ni habría heredero al trono. Le debía tanto al pacto espiritista, como le debía al mismo rey. Su voz se alzó considerablemente al volver a hablar. - Puede ser útil, lo juro. Los espíritus oscuros son superiores, resistentes-- creo que son el motivo por el que he podido mejorar. S-Sólo permítame demostrar que puedo más. - Pidió, alzando la vista a su vez. Si la cercanía era mutua o no, no terminaba de comprenderlo, pero conocía al hombre que se había vuelto su padre y sabía que las acciones hablarían mejor que sus titubeantes palabras ante él. Debía ofrecer acciones. - Vuelva más arduo mi entrenamiento. Enfrénteme con quien sea. S-Si lo necesario es que sea a muerte, lo aceptaré, sólo, por favor, déjeme demostrarlo. - Negoció aprisa. Iba más lejos de lo que tenía seguridad de poder hacer, indudablemente que se atemorizaba a sí mismo con todo ello, pero estaba en una posición en que ofrecer convenía más que pedir. Se anticipó a cualquier cosa, dio medio paso adelante, se enderezó y se preparó a tensarse o a apretar los dientes en cualquier instante, en el caso de que hubiese aún otro golpe que soportar, y continuó prometiendo lo que francamente no sabía si lograría dar. - Me haré de poder, y una clase de poder que nadie más en el reino tiene. Me aseguraré de que le sea de utilidad. -


Última edición por Pelleas el Mar Mar 08, 2016 4:09 am, editado 1 vez
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 26, 2016 10:05 am

Si bien había mucho que desaprobaba en Pelleas sentía que habían muchas cosas bien en su hijo, un potencial que él tenía que sacar, un diamante en bruto que tendría que pulir, o más bien un carbón que a fuerza de puño tendría que convertir en diamante para después pulirlo. Tenía el ancho de físico, tenía la altura, tenía el potencial perfecto para ser un gran guerrero, sin embargo volcaba aquel potencial en la magia, asquerosa doctrina para los débiles, igualmente tenía un gran punto a su favor, y era su mente. El joven heredero era inteligente y compartía la visión del rey en su gente, en su reino y en su forma de llevar las riendas, era un gran punto conector que hacía que aún siguiese interesado en hacerle un buen hombre, un gran rey, y es que no esperaba menos de Pelleas que ser un hombre igual a él para poder entregarle el país, un hombre que siguiese el camino que estaba labrando y continuase con sus visiones para Daein, un sucesor.

Recibía los golpes de frente, no rehuía aunque de a momentos creía verle dudar, temblar un poco y obligarse a quedarse en el lugar, pero lo hacía y se mantenía de pie incluso  cuando un hilo de sangre caía por la comisura de su labio, incluso cuando este comenzaba a inflamarse un poco por el golpe o el costado de su rostro comenzaba a mostrar una marca rojiza que sería un moretón en algunos días. Si bien no comprendía la magia, no necesitaba comprenderla, no le temía, al menos no más de lo que temía una espada p una lanza dirigida hacia su persona, que no fuese algo táctil no lo hacía diferente que una forma de ataque, aunque una que hacía sumamente débil físicamente a su usuario, razón principal por a que la rechazaba, probablemente de ver que se le mostrase lo contrario podría aceptar de mejor gana la doctrina. Se mostró molesto ante el comentario, pero no le refutó, tenía la razón, era la marca que portaba en su frente lo que le había hecho un ser reconocible, al parecer dicha marca no le había dado el poder de un dragón pero si una capacidad mágica que no era conocida ni por los sabios más viejos del reino, o al menos eso era lo que él creía.

Puedes mostrar tu valor cumpliendo tus tareas. Haciéndote fuerte y yendo a donde se te manda.

Sonrió al escucharle, realmente quería ser fuerte, si estaba tan dispuesto entonces no sería él quien para cortarle los pies a su propio hijo en su camino por buscar la fortaleza, le miró de manera analítica, observó como se paraba, como pedía, la fuerza de sus palabras y asintió una vez con su cabeza. Alzó su mano pero esta no cayó con un golpe si no que una palmada un tanto fuerte sobre su hombro.

Esas palabras son mejores. Si tanto quieres probarte como hombre de Daein, te concederé lo que estimes necesario para obtener ese poder. Pide y te daré los medios para ganarte ese derecho.

Nada era gratis, nada venía de manera fácil con aquel rey, pero si lo que realmente su hijo quería era estudiar aquella inútil materia, se lo permitiría bajo sus propios medios, si le complacía podía llegar a ser flexible, darle unos años más así como se los había dado en los periodos de internación militar, podría darle un oportunidad en estudiar. Aunque no le permitiría simplemente dedicarse a aquella materia exclusivamente, aún tenía la idea fija que más que un libro era un hacha lo que quería en las manos de su hijo.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Mar Mar 08, 2016 8:05 pm

No sabía qué debía interpretar de sus palabras, o si había acertado en la forma en que había decidido seguir, aceptando cada golpe por cuanto convenciese a su padre de que tenía algo de voluntad. No sabía predecirlo o leer su severa mirada, apenas capaz de sostenerla la mayoría de las veces, sino hasta que la delatora tensión en las manos le servía de señal para comenzar a apretar los dientes; cosa que no estaba sucediendo otra vez, al menos no por el momento. No dudaba que volviese a ocurrir. Esforzándose por mantenerse recto, Pelleas tomó alientos tan profundos como su vientre resentido le permitía y aguardó el juicio y sentencia de su progenitor. No sabía cuanto más podía soportar en pie, pero pensaba intentarlo con lo que viniese. Sin embargo, no era la familiar y anticipada ira lo que descargaba sobre él en ese momento, sino algo que francamente no sabía interpretar en su padre: una sonrisa, un gesto complacido y una mirada que ya no le desdeñaba.

Pero el instinto era fuerte, y aunque hablase con sobrada determinación, lo cierto era que una mano de su padre alzada hacia él le ponía en alerta. Quedó tenso, desde el hombro que recibiría su tacto hasta el último tendón en los dedos. El aliento quedó atrapado en su garganta. Miedo, el cariño no se oponía en absoluto al miedo que también le tenía. Cuando aquella gruesa mano tan sólo le dio una palmada capaz de remecer a un hombre cualquiera, el joven mago parpadeó con desconcierto, formándose en sus labios una insegura pero aliviada sonrisa. Al parecer, había hecho algo marcadamente bien. Tan bien como para agradar a su rey. La tensión se aflojó un poco, dejando el sordo y palpitante dolor arder a sus anchas sobre su piel. Peor había soportado, aquello apenas valía la pena de considerar, menos cuando el buen humor de su padre valía tanto más. Miró su mano con contenida alegría, ignorando por completo la salpicadura de su propa sangre sobre los nudillos, y enseguida alzó la vista a su rostro.

- Amé este país antes de ser su príncipe, padre. Antes del emisario, antes de conocerle en persona a usted. Probaré que hay algo que... que yo puedo hacer, algo de utilidad. Si así debe ser. - No creía que lo hubiese aún, francamente, pero Ashnard había dejado bastante en claro que si no se hacía de utilidad, lo último que tendría sería la libertad de hacer lo que le agradase. Suspiró, la mejilla resentida e inflamada le hacía más fácil exhalar por la boca, y reacomodó sus ideas. El hombre frente a sí le estaba dando la libertad de hacer una petición, mientras fuese para un fin provechoso y claro. Debía tomar aquella oportunidad con prudencia, no había dicho que fuese una sola cosa ni había puesto mayores limitaciones, pero si el hijo del monarca le conocía de la forma en que creía, sería de su conveniencia hacer una sola petición, enunciada de la más cuidadosa forma. Nada costoso, nada incierto. La flexbilidad era una valiosa y rara ocurrencia, errar cuando contaba con ella sería abismal. Apretó los labios, tragó la sangre en su boca por si más de ella fuese a escapar, pues sabía que tendría que limpiarla si así era, y finalmente decidió.

- Padre, ¿recuerda la petición que le he hecho hace dos años? Justo antes de la Caída. - Verle al rostro súbitamente parecía más fácil, y era que su visión había perdido en cierta medida el enfoque, desapercibida la férrea dureza que siempre le reducía frente a la mirada del mayor. Una leve sombra se había asentado bajo los ojos del mago oscuro, una mezcla del usual mal hábito de sueño y los efectos de la pérdida de sangre, la desorientación dejada por los golpes que tan dócilmente había aceptado. Estaba más pálido y se sentía exhausto, pero a la vez más despierto que nunca. El pulso seguía acelerado, el cansancio ya se manifestaría después. Ni siquiera de molestó en limpiar la sangre en su mentón, sino sólo en continuar. - Aquella respecto a... ausentarme brevemente del reino. He estado de acuerdo en la postergación, cierto es que no ha sido seguro salir de Nevassa, mucho menos de la frontera, pero... - La idea era valiente, el concepto era valiente, lo que carecia de coraje allí era él, quien se suponía que la tomase. Pero no tenía mucha otra opción. En Daein, no habría mejora perceptible que pudiese ofrecerle a su padre, así que el ideado viaje a escuelas reales de su doctrina era a lo que apostaría. Sólo a eso podía apostar. - Le pediría que la repase. Le daré a cuenta nueva todo lo que necesite ver, un plan de ruta-- lo que haga falta. De la seguridad no tendrá que preocuparse, si representa una complicación. - La idea de movilizarse en tierras infestadas de emergidos había conseguido detenerlo antes, inclinarle a postergar por comodidad y seguridad, en lugar de tener que incorporar ideas sobre escoltas y defensas; tal cosa, de momento, había perdido su peso. Aguardó con cuanta atención podía una impresión positiva o negativa de su padre, un gesto, una expresión cualquiera, aunque verle con claridad era cada vez más difícil. Tanto como mantenerse recto y firme sobre sus pies.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 16, 2016 10:30 pm

Que su hijo dudase no le tenía en menor cuidado, conocía muy bien esa duda temerosa, ese miedo en la mirada y esa confusión cuando era una palabra de aliento o un cariño en lugar de un golpe, por el contrario le parecía lo correcto, era la reacción que debía tener, debía temerle para obedecerle, él era más grande, más fuerte y podría fácilmente acabar con la vida de su hijo solo con el apretar de sus manos, le parecía bien que su hijo reconociera eso y temiese, que fuese el miedo el motor a ser más fuerte y a superarse, a ser un mejor heredero al trono. Sus dedos fuertes se apretaron contra el hombro del menor y lo atrajo un poco, más bien le arrastró hacia su lado para poder observar más de cerca esa expresión, la tímida sonrisa insegura manchada de sangre, misma su mano sobre su hombro, misma que le había golpeado con restos de esa misma sangre. Le sonrió aún más amplio, más como solía hacerlo cuando estaba complacido con lo que sucedía.

No puedo permitir que el heredero a la corona exponga su vida. Si no te demuestras capaz de defender tu propio cuello no saldrás de estas paredes.

Sus palabras sonaron a sentencia, demasiado claras, grabadas en piedra como todo lo que decía. Le soltó y dándole la espalda comenzó a caminar hacia una de las puertas laterales que daban al uno de los tantos salones privados, ese en particular uno que se utilizaba como centro de estrategias.

Sígueme. Hablaremos al respecto, si tu cuerpo se rehúsa a ser fuerte quizás sea porque se está enfrentando mal el problema. Si dices poder conseguir una clase de poder que nadie más en este reino puede conseguir, entonces deberás probarlo.

La pesada puerta se abrió sin dificultad bajo la mano pesada del rey, sus pasos resonaban un poco a metal en cada movimiento debido a las piezas de armadura que siempre cargaba consigo incluso en reuniones o encuentros sociales, kilos y kilos de metal que ya lo sentía tan natural como quien lleva una camisa. Frente a ellos se encontraba una mesa amplia con un mapa de Tellius detallado, tan grande que se permitía tener detalle de las ciudades y pueblos, incluso de los pequeños. No estaba todo detallado, solo Daein, Crimera y Begnion dejando a los países de sub humanos como manchas oscuras en el mapa, tierras perdidas en manos de bestias, tierras que tomaría cuando terminase de encargarse de lo que realmente le importaba. Sobre el mapa habían una serie de fichas, pequeñas estatuitas de madera toscamente talladas y pintadas en azul, rojo y verde. Numerosas cartas y papeles estaban acomodadas con cuidado sobre una mesa auxiliar. No parecía que hubiese reconsiderado la idea, pero sin embargo habló ni bien estuvieron en el interior.

Cederé a tu solicitud. Sería estúpido de mi parte negarme a tener un poder que nadie más tiene, más aún si ese poder viene de mi propio hijo pudiendo ser tu el arma que Daein necesita para inclinar la balanza de una vez por todas. Dices que tu fortaleza no es física si no que es tu magia, pues demuéstralo. Si logras matar al mago más fuerte que el ejercito de Daein posee y a su mejor soldado te consideraré apto para ir a desarrollar tus estudios fuera. Demuestrame que tu utilidad no está en la espada si no en la magia.

No quería rendirse, pero era una realidad que pese a todo lo que su hijo entrenaba, no estaba desarrollando un poder físico a la par de los soldados, y ya un sabio le había mencionado que la fortaleza de su hijo residía en otro campo, no quiso escucharlo y simplemente siguió con su entrenamiento habitual sin tener mayores frutos más que llevarse una mano al rostro al ver a su hijo intentando maniobrar un hacha.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Jue Mar 31, 2016 12:44 am

Era consciente de cuanto dependía de la palabra de su padre, cuanto podía fluctuar el curso de su vida con una sola decisión, una positiva o negativa del rey. Había aprendido que la pérdida de autonomía era parte de la nobilidad, seguramente tanto allí como en cualquier otro reino. Y si aquellas palabras representaban una negativa después de todo, se hallaba en un peor encierro de lo que había creído. No porque no se le permitiese apartarse de la capital con facilidad, sino porque no había mucho más que pudiese ofrecer de utilidad; acabaría regresando a la internación militar a ese ritmo, si nada más quedaba. No obstante, su padre parecía de mejor humor, tan afable y cercano como podía llegar a verlo. Interpretaba que debía ser una buena señal. Pelleas tardó en comprender que su petición no estaba siendo rechazada y cuando lo hizo, reavivado por la indicación de que hablarían al respecto, pudo soltar una larga exhalación y dejar sus ojos cerrarse un instante. El dolor en su rostro y su quijada dejó de importar.

- Um... sí, padre. - No comprendía aún a qué se refería con demostrarle su capacidad, pero no había más que hacer sino encomendarse a su mejorada suerte y seguirlo. Casi que agradeció el momento en que la pesada y gruesa mano le dejó; se convencía de que compartían un buen vínculo filial, una relación sana y afectuosa en razonable medida, pero era un hecho innegable que el contacto físico exaltaba sus nervios, le erizaba la piel y le tensaba tanto que moverse nuevamente le hacía crujir los hombros. No estaba desprovisto de culpa por reaccionar de tales modos a su propio progenitor, pero prefería permanecer a su espalda, fuera de vista por un instante que aprovechó para mover un hombro a la vez, quitarse la rigidez de estos así como del cuello. Tenía la sensatez como para no poner a la vista su expresión adolorida. No obstante, fue cuando se apresuró a caminar tras él que notó verdaderamente los efectos, tan prevaleciente cada dolor y tan sobrecogedor el mareo que las piernas le flaquearon. Se las arregló para andar, no quedar demasiado atrás, mas en el umbral fuera del salón del trono su vista se desenfocó y sus piernas se rindieron un momento, haciéndole decaer hacia adelante; sujetarse del pomo de la puerta le evitó caer del todo y con urgencia debió de enderezarse, intentando cerrar la puerta con un movimiento un poco más grácil que la nerviosa torpeza que traía. Estaba haciendo demasiado ruido con la pesada puerta en la estancia, había eco fuera y eso no ayudaba, o al menos interpretaba en su ansiedad que ese nivel de ruido era demasiado. Sus disculpas surgieron enseguida, como siempre. - Disculpe. Lo siento. - Se obligó a respirar profundo y tomar las cosas con calma. La puerta quedó sellada a su espalda y tenía bastante más qué hacer por delante, cosas bastante más críticas. - S-Sobre esto... -

Pretendía dar de forma más completa la idea; lo poco que requería, la ruta que tomaría, el tiempo que estimaba y cosas de aquel orden. No era él, sin embargo, quien tenía derecho a exponer primero sus condiciones. Lo comprendió de inmediato y se silenció. Tan sólo llevó sus manos tras su espalda y dio pasos más firmes hacia adelante, de un lado de la mesa de estrategia, escuchando con detenida atención. Las expectativas que el monarca ponía sobre sus hombros eran una alegría y una causa de preocupación a la vez, no un deber inmediato pero sí una responsabilidad que tendría que cumplir eventualmente. Sin embargo, le engrandecía un poco tomar algo como aquello por meta. Asintió una vez, aceptando con gusto ese tanto, mas le detuvo al instante la palabra matar tan fluidamente enunciada a continuación; matar o ser matado, nada más simple. No debía sorprenderse, no tendría que. No era rara ocurrencia en Daein y no era ignorante a ello, desde que habitaba el palacio. Sabía qué objetivo tenía y cómo funcionaba aquello, también la prueba que siempre representaba. Se mantuvo recto, sin mostrar mayor reacción que un instante de silencio antes de confirmarlo en voz alta. - Como un... ¿duelo? ¿Como aquellos entre los soldados de rango? Sin derrota objetiva, sin descalificación por perder la conciencia. Sólo a muerte. -

La respuesta la sabía, tan sólo se hacía algo de tiempo. Sabía que estaba frente a una prueba y su mirada no dejaba la del monarca, aunque podía anticiparse tan sólo de conocerlo que la decisión estaba tomada. Esas eran sus opciones, tan sólo le restaba elegir. Había soñado antes con ser un soldado de Daein; la muerte era cercana a la vida del soldado, por supuesto, pero se le acercaba a más vertiginoso paso del que había creído, de un modo que no era el que había imaginado. Aún así, de ello pendía todo. Y eran los métodos de su padre, los valores de su padre. Por ende, los del actual Daein. Hacerlo no le convertiría en nada más que un príncipe entregado a su deber, a fin de cuentas. - ...bien. Lo haré. No s-será un problema. - Dijo a la brevedad, sin bajar la vista en un sólo instante. Sus cavilaciones permanecieron en su mente y su rostro se mostró calmo, aunque el habla hiciese un pequeño titubeo de los usuales. - Si se trata de un mago, es... simple. El más poderoso de ellos dentro del ejército sería, um, probablemente alguno de los que he conocido en el  octavo platón... - Mencionó, recordando rostros y nombres. Seguramente fuese un hombre que reconocería, alguien con quien habría intercambiado más que un par de palabras. Decirlo en voz alta asentaba la realidad de ello y encontró que le servía decirlo, familiarizarse a la idea. - El material con el que cuento actualmente es limitado, así que pediría elegir un tomo de entre lo que poseo y llevarlo yo mismo... este... eso sería todo, m-me parece. ¿Cuando tomaría lugar esto? -
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Vie Abr 08, 2016 3:06 pm

El pesado sonido de la puerta arrastrarse hasta cerrarse era natural, el lastre de la misma era demasiado como para ser silenciosa, no perturbó al monarca que solo ignoró el sonido así como la disculpas del menor. Avanzó directo hacia la mesa de estrategias considerando lo que ocurriría a continuación, sin embargo el titubeo del menor le hizo fruncir el ceño a nueva cuenta. Estaba siendo flexible, demasiado ya para lo que él solía ser y no estaba sintiendo agradecimiento de parte del menor, si no la misma duda y titubeos que solía escuchar a diario de sus labios, se preguntó en silencio si había hecho lo correcto en ceder pero inmediatamente se aseguró. El menor mostraría su valía, ya tenía edad y entrenamiento y si no podía vencer y perecía en la arena entonces ni hubiese sido un buen hombre para Daein, iba más allá de solo una prueba para sus estudios, era la primera de muchas pruebas a las que se tendría que someter para llegar a ser digno del trono de tal potencia.

Si, un duelo a muerte. No será problema, ¿verdad? Si tanto haz estudiado y tan seguro estás de que el poder que puedes alcanzar es superior, entonces no te será problema vencer a un mago.

Dictaminó complacido al notar una resignación del contrario y no más dudas. Se mostraba firme, con su postura impecable como siempre de espalda recta y pecho adelantado, siempre su mentón ligeramente alzado para mostrar altura y ver a los otros desde abajo. Asintió a las palabras del otro y continuó.

Si, será del octavo platón, probablemente se hará un pequeño torneo para enviar al más fuerte. No sé ni como se organizan esos vejestorios pero no quiero al de mayor rango si no realmente al más fuerte. Lleva el libro que quieras. En 7 días se hará el torneo, de ser el resultado positivo para ti, partirías al próximo mes. Haremos algunos preparativos antes.

Su mano se apoyó sobre la mesa, las fichas en esta vibraron un poco con el golpe y una de ellas cayó de lado, la mesa era tan grande que ocupaba gran parte del recinto y el mapa de tales dimensiones que estaba hecho de a tramos de grueso papel unidos por pequeñas puntadas de hilo de yute. Las piecitas estaban posicionadas cuidadosamente cercanas a las fronteras y las dimensiones del mapa permitían ver a la perfección cuales estaban ubicadas sobre fuertes, pueblos o descampados.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Lun Abr 18, 2016 6:57 pm

Si había algo de lo que no albergase duda alguna, era aquel duelo. Se trataba de magia y de magos que conocía, y así como esa familiaridad era lo primero que podría poner a temblar sus manos en el campo de batalla, era también lo que le aseguraba buenas posibilidades de victoria. Si tan sólo de magia se trataba, sabía que podía sobreponerse. Y soportar ataques mágicos le era simple, para nada comparable con las ocasiones ya pasadas en que se le había hecho entrenar contra soldados; pensó con extrañeza que, después de todo, sí era algo que le debía a su padre. Soportar armas de acero había subido su umbral de dolor y sospechaba que la magia, aquello a lo que naturalmente tenía buena resistencia, le afectaría aún menos a aquellas alturas. Curiosa forma en que los meses pasados estarían pagándole.

- No dudo que pueda vencerlo, es sólo... - Se detuvo de algo que, según asumía, habría de interesar muy poco a su padre. Sobraba decir que la dificultad no era medir poder, sino tratar la vida de alguno de aquellos hombres del modo en que se le pedía que hiciera. Verdaderamente, no tenía segunda opción. Hacerlo era honrar los modos y valores del actual Daein, así que hacerlo era lo que invariablemente eligiría. A medida que el rey recalcaba las condiciones del asunto, la persona a quien estaría viendo y todo lo que le era prometido posteriormente, la realidad de todo aquello cayó en su debido lugar, al entendimiento del joven heredero. Era una prueba ineludible, pero una que abriría el resto del camino adelante. Todo lo que había dudado poder conseguir ya, volvía a ser perfectamente alcanzable. Dejó de pensar en demasía en aquella prueba y comenzó a enfocarse con agrado en lo que vendría después. - El resulto será positivo, descuide, padre. Es simple. - Dio una leve sonrisa, enterrada la memoria y cualquier pensamiento misericordioso sobre los magos del octavo platón. Desobedecer no estaba en su naturaleza, si tales eran las condiciones, acababa por asumirlas. Un aire de seguridad y de calma, para variar. - Confío en esto. -

Perdía el sentido de peso de todo ese asunto. La aprobación del monarca, la recompensa, el poder seguir adelante, todo lo que se vaticinaba de su victoria le confería una surreal insignificancia al hombre que se sacrificaría por ello. Pelleas podía ser increíblemente bueno en hacer ojos ciegos a ciertos detalles, dependiendo de quién se lo pidiese. Con el humor desde ya mejorado, volvió la vista hacia el mapa y las piezas a juego; las segundas, ignoradas de momento, pues no se trataba de un plan militar ni requería de demasiado. Se acercó sólo un poco. - No pediré grandes preparativos, realmente... cualquier escolta que llevase conmigo sería un guardia menos en Daein, y... n-no pediría algo tan egoísta. El peso y bulto de provisiones no es necesario, si cargo lo que poseo en oro, o así creo. Así que ni hombres, ni bienes, a menos que algo haya que desee usted que yo lleve. - Explicó. Entre menos pesaran sus pretensiones, mejores oportunidades veía de obtenerlas. Honestamente, no necesitaba nada más que oro y la capacidad de defenderse a sí mismo en el camino; o pasar desapercibido, como solía sucederle más a menudo.

- Ah, he recordado... mi, um, mi estatus... quiero decir, mi nombre y mi rostro no son realmente de conocimiento general. Si eso sigue siendo así, y más aún, sin una comitiva a mi alrededor, dudo que se necesite avisar mi paso en cualquier sitio. ¿Quizás eso facilite? - Habló en voz leve, aún bastante avergonzado respecto a hablar de su estatus, referirse a sí mismo en una posición de importancia. Parecía encajar tan poco. Pero entendía el asunto; no tenía una sagaz mente política, capaz de predecir las acciones y reacciones a su alrededor, pero era suficientemente inteligente como para entender las condiciones. Dio una mirada general al mapa antes de apuntar a la costa Este de Daein, saliendo por el costado izquierdo del mapa para volverse hacia el derecho, donde las aguas de Daein pasaban a ser las de Thracia, Regna Ferox y Hoshido. - De ser así, sólo pediría el transporte. Un barco hacia alguno de estos puertos de Akaneia, de modo que pueda hacer mi camino hasta... aquí. Plegia. - Señaló el reino. Su posición lo hacía un inconveniente viaje por donde se le viese, pero esa era la mejor ruta en la que pensaba.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 25, 2016 2:04 am

Las expectativas que tenía de su hijo estaban un tanto encontradas, por un lado tenía expectativas altas, quería que saliese ganador con creces, que le diese ese orgullo por más que fuese a través de una doctrina tan insulsa y poco digna de un guerrero como lo era la magia, pero incluso en ello, si era el mejor y podía controlar una clase de magia que no era conocida en el país entonces podría llegar a considerarse menos indigno. Por otro lado, pese a las palabras de Pelleas que aseguraban el éxito, no transmitía la seguridad que debería, Pelleas no era un hijo del que se sintiese orgulloso y culpaba y resentía a su madre por ello, no era el guerrero que esperaba y si el pelivioleta menor fallecía en aquel encuentro, seguramente sería para mejor, pues se pondría en la búsqueda de un heredero digno sin preocuparse por el primogénito. Igualmente esos pensamientos eran cosas irrelevantes si no tenía resultados claros, lo mejor era esperar y poner algo de fe en el muchacho, quizás hasta podría llegar a sorprenderle.

Y al parecer así era, pues las palabras que le siguieron complacieron al rey, que fuese consciente del gasto de unidades armadas en un ejército hablaba bien de la consciencia del futuro regente sobre la importancia de cada hombre armado cuando el tiempo de guerra parecía estar siempre a la vuelta de la esquina, que fuese autosuficiente en lo que respectaba a seguridad también hablaba bien de quien iba a emprender tal viaje. Asintió con la cabeza de manera complacida mientras miraba el mapa dándole espacio a sus explicaciones, al parecer tenía todo más que planeado y no sería necesario poner logística por su parte, nuevamente otra cosa que le complacía del menor.

Entonces llevarás oro. Te proporcionaré la cantidad que necesites, pero no permitiré que estés con tus manos vacías. Ningún hijo mío irá por la vida desarmado y esos libros no te defenderán de los verdaderos peligros que hay fuera de estas murallas. Llévate esto. Después de tanto entrenamiento ya sabrás como usarla. -

Se apartó de su hijo pero solo lo suficiente hasta una base con hachas, tomando una de estas, si bien era un hacha de mango largo, este no era tan largo como para utilizarlo desde una montura, si no que era para combate cuerpo a cuerpo, el largo de su mango serviría para atacar a los enemigos antes que se aproximasen y a sabiendas del físico débil, en comparación con guerreros de Daein, de su hijo, sería mejor que mantuviese a los enemigos lejos. Llevó el arma hasta la mesa y se la extendió al pelivioleta para que la tomase.

¿Plegia? ¿Qué irás a hacer allí?
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Pelleas el Vie Abr 29, 2016 3:15 pm

Aquellas ideas y planes habían rondado su mente por años. Plegia, por sobre todas las cosas, había sido objeto de interés y admiración, idóneo y maravilloso el concepto de un reino en que las artes oscuras fuesen la doctrina dominante, avaladas por la religión nacional. Todo lo que desde su limitada perspectiva desconocía, allí podría descubrirlo. Alcanzar el sitio algún día siempre había sido su intención y había leído, planeado, pensado y calculado al respecto hasta el cansancio, ilusionado de todo ello. Ahora que asomaba siquiera la esperanza de concretar el viaje, separada de él por la única condición que su rey le imponía, Pelleas se hallaba tan preparado como podía llegar a estar. No sólo dispuesto a tomar el duelo con el otro mago como una faena más, sino también preparado en cuanto a lo que vendría después; sumamente aliviado de ahorrarse a sí mismo las semanas de preparativos y a su padre el tiempo de espera. Al parecer no era en vano, pues sus planteamientos tenían hasta el momento el visto bueno de su padre.

Intentó no adelantarse, pero estar en acuerdo y a nivel con el monarca era rara ocurrencia, inevitable que se dejase llevar un poco. Sonreía pese al dolor en la mejilla, que se esparcía ya hacia todo el costado de la cabeza, ignorando el moretón que se formaba o la mancha de sangre junto a su boca. Estaban entendiéndose bien y todo era perfecto. En ese momento, más que nunca, se veía convencido de que eran una buena familia. Asintió, tomando con alivio la confirmación de que llevaría sólo oro, pero bastante de ello; el estatus le había acostumbrado con nula prudencia a tener dinero que gastar, era algo de lo que no deseaba privarse si podía evitarlo. Tomó a su vez con naturalidad la advertencia de que debería de estar armado, lo estaría, aunque si su padre así lo prefería llevaría algunas dagas o algo más práctico. Ofenderse por los reiterados insultos a su uso de la magia requería de orgullo, o de dignidad, cosas que Pelleas no tenía en abundancia, en particular si de llevar contrarias a su padre se trataba. - Se lo agradezco mucho, padre. Con eso, ya... estaría... uhm... -

Comenzó a bajar los hombros con desánimo al verle tomar el mango de un hacha, terminando por suspirar apesadumbrado cuando la llevó hacia él. Debía de haberlo anticipado. Dudó unos instantes, cuestionándose si debiese decir algo o no, mas la respuesta era obvia; no era su lugar hacerlo ni mucho menos el momento. Su padre y monarca le hacía un favor, lo que imaginaba desde su punto de vista como un modo de protegerlo. Tomó el mango del hacha con ambas manos, tensándose de antemano para no desequilibrarse al momento en que el otro soltase el peso; entonces movió el arma a su lado, afortunada o desafortunadamente acostumbrado a manipular tan ajeno objeto, tan inútil en sus manos. La forma de cargarla y sostenerla podía llegar a dar la impresión de que sabía lo que hacía con un hacha larga, pero la realidad era que no la blandiría dos veces sin agotarse por completo. Inclusive entonces, con lo afectado que estaba, se le dificultó quedarse con el peso en una mano, sujetando cerca del filo metálico y dejando el resto del mango tras de sí. Miró el acero con claro desasosiego. - Um, la utilizaré si resulta ser necesario. Gracias, nuevamente. Por procurar mi seguridad. - Dijo. Sería mejor dejar las cosas así, cargar el arma consigo y contarse afortunado.

- La magia negra es a Plegia, como el entrenamiento de wyverns es a Daein. Su gobierno se basa en su jerarquía de magos, en paralelo a su jerarquía de sacerdotes de artes oscuras. Todas sus escuelas, templos, sedes militares... inclusive sus orfanatos, según he averiguado, son centros de entrenamiento. No hay plegiano sin ocupación que no sea instruido e ingresado al servicio de su gobierno. Es un régimen interesante. - No sabía él mucho sobre política, ni hablar de políticas exteriores, pero era bastante lo que había leído sobre Plegia. Si fuese poco motivo de sorpresa o de admiración, no lo habría sabido. - Supongo que enviaré una carta antes, pediré formalmente el ingreso a un internado de aprendices. Algunos meses, supondría... - Explicó. Sin más que planificar respecto a su ruta o su destinación, dio un paso atrás para distanciarse del mapa, llevando sus manos instintivamente tras su espalda y enderezándose. El resto estaba también en orden, suponía que no quedaba más que plantear. - Eso... creo que eso sería todo, padre. - Dijo. Había aprendido a no pedir más tiempo del mayor del que fuese necesario. Y ansiaba regresar a su habitación para descansar; el cansancio y el dolor ya sordo y distante seguían pesando sobre él. Tan sólo le sostenía la alegre noción de que las cosas estarían mejorando para él, de allí en más.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [8]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
883


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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 18, 2016 1:54 pm

Se sentía complacido que su hijo tomase el hacha, la manera que la sujetaba era un orgullo para su padre, seguro era el único mago en Daein y se atrevería a decir en el mundo que podía desenvolverse con un hacha lo suficiente como para partirle la cara a otro mago, aunque aún no pudiese hacerle frente aún a un guerrero entrenado, tenía aún la pequeña esperanza de que hubiese sacado provecho de sus clases y si su vida dependía pudiese utilizar un arma de verdad como Ashera mandaba. Al menos en tierra de mago podría defenderse bien.

Escuchó con atención las explicaciones aunque no tardó en torcer su gesto en desaprobación y enseguida en una risa burlona, un país solo de magos era una ridiculez, confirmaba lo que había oído de la paz que reinaba en ese momento en Akaneia entre sus países, consideraba que era una paz conveniente para ellos y de desencadenarse una guerra serían los primeros en caer bajo el acero. Pero bueno, si era lo que Pelleas deseaba y eso garantizaba un poder que no tendría igual, y por sobretodo no le generaba molestias, se lo permitiría. Quizás era lo que necesitaba para darse cuenta que estaba perdiendo el tiempo y que debería volver al camino del acero. Asintió con su cabeza una única vez y miró el mapa de Tellius sobre la mesa, prescindiría de su hijo, pondría a otro general a cargo de aquellos movimientos, en parte aquello le aliviaba un tanto y por otra parte se sentía un poco desilusionado.

Comprendo. Un país de magos tendrá más que ofrecerte en tus estudios. Si bien me parece que es una completa ridiculez lo que estás haciendo tienes tu oportunidad de demostrarme que sabes lo que haces y que podrás traer orgullo a Daein por caminos que desconozco. No olvides tus enseñanzas aquí, no te conviertas en un viejo escuálido e inútil que solo mete sus narices en los libros. Continúa entrenando tu cuerpo que será lo que te salve si no tienes uno de tus papeles con brillitos a mano. Retírate. Yo haré los anuncios necesarios para tu prueba y tu posterior partida. -

Más le valía al mago no regresar sin haber logrado una notable mejoría, no le cerraría las puertas en la cara pero si el rey tenía razón y su poder mágico no crecía suficiente como para hacerle frente a un guerrero del acero, Pelleas tendría un tiempo difícil de entrenamiento en su vida.
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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

Mensaje por Eliwood el Vie Mayo 20, 2016 8:25 pm

Tema cerrado.
50G a cada participante.

Cada uno obtiene un aumento de +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
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Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
718


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Re: El Largo Camino Hacia Abajo [Privado; Ashnard]

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