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Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Dom Abr 24, 2016 5:37 pm

Tendría que haberse imaginado que sería un poco extraño mostrarle a un bibliotecario el estado en que estaban algunos de sus libros, siendo aquel uno de los peores, pero ni siquiera el más maltrecho de todos. Las cosas por las que ese tomo había pasado o siquiera de donde había salido, ni él las conocía, pues era sólo el dueño más reciente. Y hacía el esfuerzo que podía por atesorar aquellos recursos, tan escasos y provechosos antaño para sus estudios, pero algunas cosas le habían sido simplemente inevitables. - ¿L-Lo siento? - Murmuró entre una risa nerviosa, por instinto más que nada; Sindri no estaba precisamente reclamando ni acusando. Miró el libro como si apenas lo conociese, pues tan acostumbrado estaba ya a su estado y a su sistema de sujetarlo con una delgada correa de cuero alrededor para no perder hojas, que había dejado de verlo como severamente dañado. - Es rarísimo encontrar un tomo que haga referencia alguna a lo arcano en Tellius, casi tanto como encontrar un libro de magia negra, en sí. En todos mis años allí, no llegué a poseer más que 3 de ellos... podrá imaginar que los estudié al punto de la memorización. - Se explicó. El primero había sido un libro sobre la iniciación espiritista, cómo atraer a los espíritus oscuros y pactar para retenerlos, muy detallado en tal respecto pero nulo en explicar verdaderamente en qué se metía el pactante. El segundo, había sido su primer libro de hechizos, el cual conservaba y utilizaba aún. Luego estaba aquel tomo que enseñaba, tan estudiado como los dos anteriores. Se lo acercó sobre la mesa con cuidado, por si desease examinar el daño. Le quedaba claro que sabía tratar con esas cosas.

- Este, um, le aseguro que estaba más o menos así cuando lo hallé... fue en la Biblioteca Real de mi patria, pero parecía más perdido que conservado allí. Todas las hojas desprendidas, son las que tuve que buscar por mi cuenta. Estaba de a pedazos. De no estar numeradas las hojas, no habría tenido la más ínfima idea de cómo organizar esto, o siquiera de que eran parte de un mismo manuscrito... esta tampoco es la tapa original, ahora que lo pienso... p-pero, en su momento, no me molestó mucho. Revisar entre documentos varios del archivo y hasta del subsuelo para encontrar una página más fue una especie de aventura, para mi. - La reminiscencia de aquellos meses puso una cálida sonrisa en su expresión. Nunca le había agradado mucho el exterior; ni siquiera en la actualidad. Le acomodaban más sus paradas en posadas y sus semanas en el camarote de algún barco u otro, que la movilización entre un punto y el siguiente. En su tiempo en Nevassa, permaneciendo cerca de su padre, la biblioteca real había sido tan hogareña a su gusto como el castillo, o inclusive más. Era un buen recuerdo, el de las numerosas y tranquilas noches juntando, revisando y organizando las piezas de ese extraño tesoro. - Me temo que de donde provengo, simplemente no será tratado como algo de valor, si no es por mi sola persona. Y yo ya he sacado el provecho debido. -

No parecía que hubiese mucho que pudiese hacer por cambiar las ideas de Sindri respecto a los demás mago de su clase, a saber cuantos de ellos conociese o cuales hubiesen sido verdaderamente las experiencias que tuviera, pero así lo dejaba. Porque apreciar la práctica bastaba por sobre considerar siquiera a los practicantes, y porque con él no estaba siendo nada cercano a hostil, aún si era posible que en buena parte se debiese a su estatus. No era relevante. Se acomodaba a ello, lidiaba; lo que verdaderamente se le dificultaba tragar no era nada sobre ellos ni el arte que compartían, sino un tema inofensivamente tratado, un tópico de conversación más entre los varios que surgían. - Ah, claro, en Tellius el fósil de un dragón no sería nada tan extraño, tan sólo sorprendería de encontrarse en ciertos reinos, pero imagino que a los estándares de Elibe... - Convino con un asentimiento de la cabeza. Si hasta allí quedase, no le habría molestado en absoluto. Pero era el natural relacionamiento de ideas, la nueva mención de los laguz, lo que tanta inquietud le generaba.

Desagradable asunto. No podía culpar a Sindri, mencionaban un poco de todo y era razonable que alzara tales dudas con él, quien provenía de un continente bastante poblado por laguz, además de haber dejado en claro tener sus conocimientos al respecto. Pero le tensaba. En un gesto repetitivo tanteó los anillos en sus dedos, los giró en el lugar ociosamente para ocupar las manos, intentó mantener indistinto su semblante. Los laguz que había conocido eran tan sólo esclavos. Inferiores en cautiverio, salvajes y desagradables en libertad. Más allá de las consignas básicas aprendidas sobre ellos en cualquier escuela de Daein, lo que amenazaba con acudir a su mente eran desagradables recuerdos sobre esclavos sueltos y masacres. El eco de un grito propio dentro de su cabeza. Suficientemente difícil era evadir esa clase de pensamientos en sus terrores nocturnos; si podía, los evitaba por completo despierto. - Um... lo lamento, yo no... - Titubeó al comenzar. Por supuesto que evadiría, evadir las cosas incómodas era uno de sus malos hábitos más recurrentes, sólo buscaba cómo. - N-No sabría decirle sobre esas cosas, realmente. Si tienen sus propios registros históricos, lo desconozco, también lo dudo... tan sólo sé lo que de vista y experiencia he aprendido. Asumo más plausible investigarlo de libros... - Dijo. No era la mejor evasión, pero al menos se desentendía de ello.

Tenía motivos para pensar en más alegres temas. Tal parecía que había sido en exceso iluso en su intención de motivar a Sindri respecto a Plegia, pero no era que fallase por completo, pues si bien el joven bibliotecario no aceptaba las facilidades con las que contaba él para un viaje rápido, el interés en pisar el reino en algún momento estaba allí. Le dejaba cierto grado de emoción que apreciaba. - Está perfectamente bien; espero que el día en que un viaje así se concrete, recuerde sobre mi y me haga saber su impresión. - Respondió. Curioso que, justo en un momento así, el bibliotecario mencionase que le hablaría cuanto deseara y de lo que eligiese. Tomaría aquello como otra oportunidad de desviar el tema por completo, lejos del terreno que le era extraño. Aunque le costaba retomar cualquier rumbo en sus ideas, difícil mantener calma y compostura cuando alguien le aclaraba no sólo que no estaba haciéndose una molestia, sino que era buena compañía. Él, que apenas miraba a la cara y hablaba muy por lo bajo. Eso era algo que no oía a menudo, le daba de qué enorgullecerse. No imaginaba, sin embargo, cómo alguien con el carácter de su acompañante pudiese verse en similar situación. Agachó la vista y carraspeó levemente, titubeante pero feliz. - Ah... ¡g-gracias! No pretendería abusar de su paciencia, aún así... aunque disfruto oír, así que puede estar asegurado sobre eso... y hasta ahora no parece usted explayarse sin sentido. - Aunque seguramente también le agradase quedarse escuchando si se explayaba sobre nimiedades, honestamente. -  Ya me he decidido en al menos tres temáticas de las que deberé pedir su ayuda en localizar libros, en cualquier momento puede dejarme a ello, si es requerida su atención es algo más importante... hoy mismo no he de llegar muy lejos, calculo, pero habrá tiempo para dedicar a todo. Me acomoda más estudiar durante la noche y compensar las horas de sueño durante el día. -
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Miér Abr 27, 2016 4:51 pm

Ay... pero por cuántas penurias ha tenido que pasar... – expresó el bibliotecario mientras comenzaba a mirar el amasijo de páginas desde todos los ángulos posibles en cuánto el príncipe se lo acercó. Era un libro en espíritu, de eso estaba seguro, aunque parecía un manuscrito al que se le habían ido agregando cosas sobre la marcha... lo que, de acuerdo con las palabras del Mago Oscuro de Daein, era más o menos lo que había pasado. Él mismo había tenido que reunir todas las páginas y le había dotado de una cobertura, quizá improvisada, que lo sujetase y le evitara daños al transportarlo – Es... – trató de buscar las palabras exactas para expresar lo que quería decir, dentro del trato de respeto que merecía el príncipe de unas tierras lejanas – Un esfuerzo encomiable por su parte, desde luego, si no hubiera hecho eso todo este conocimiento se habría perdido. Sin embargo alguno... – Sindri miró a los ojos del príncipe, como para enfatizar que lo que estaba diciendo era un tema serio... al menos para él – ¿Ha pensado usted a acudir a una biblioteca o a un experto encuadernador para que le haga un trabajo profesional? Seguramente eso protegería más los contenidos y dificultaría un posterior deterioro. – era un consejo disfrazado de una recomendación ya que como propietario y, además príncipe, podía hacer lo que quisiera con el tomo. Además, estaba presuponiendo que el miembro de la familia real estaba dispuesto a desprenderse de un tiempo del tomo y que esos oficios podían encontrarse en Tellius fácilmente – ¿No le darían el respeto que merece a este tomo tan antiguo y venerable? ¡Qué cosa tan terrible! – quizá podría sonar en otros contextos con mucho sarcasmo, pero Sindri estaba siendo sincero: ese tomo merecía los cuidados y la atención a la orden de su valor, que ahora mismo no podía calcular.

Si le digo la verdad, no tengo noticia que se haya encontrado ningún fósil de dragón en Elibe. Raro, ¿no cree? Se disputa una guerra entre humanos y dragones y mil años después no encontramos ni un solo rastro de ésta. – explicó brevemente el muchacho ante el comentario, refiriéndose a su continente. No podía saber lo fácil o difícil que podía ser encontrar cráneos u otros huesos de dragón fuera de ahí – Sería un descubrimiento muy valioso: los libros nos ofrecen importante información sobre los dragones, pero algunas fuentes se contradicen con otras. Un solo hueso nos permitiría calcular el tamaño de un dragón de la leyenda, entre otras cosas, lo que nos permitiría descartar aquellas crónicas menos amigas de la verdad. – una sonrisa residía en el rostro del bibliotecario, al que le encantaba hablar sobre la historia y las controversias que había sobre los estudiosos de qué libro se equivocaba y cuál decía la verdad. Esos diálogos podían transformarse en discusiones muy acaloradas y, cuando esos expertos eran también lanzadores de conjuros, más le valía a la audiencia a salir disparada en dirección contraria a la que aparecía la primera chispa. Sindri pensaba que eran bastante entretenidos.

Y entonces pasaron al tema de los Laguz. No hacía falta ser un entendido en lenguaje verbal y corporal para saber que aquél era un tema que no le interesaba y, de hecho, le incomodaba de gran manera. Jugaba con sus carísimas joyas que tintineaban suavemente en la oscuridad cuando chocaban entre sí y no llegó a recibir una respuesta concluyente. No iba a ser él el que continuase con un tema que no quería – Oí que habían Laguz Gato. Me gustan los gatos, son muy monos... pero no se pueden tener animales en la biblioteca. Una pena, déjeme decírselo. – y con esas palabras, abandonó el tema de los Laguz, justificando su pregunta como mera curiosidad sobre los Laguz Gato. No era totalmente mentira, le encantaban los gatos y había leído que esos Laguz eran gatos más grandes, pero la verdad era que había otra característica de esa raza que le llamaba la atención: su longevidad. De acuerdo a las pocas crónicas que tenía, los Laguz podían llegar a vivir siglos y siglos sin problema alguno, aunque dependía mucho del tipo de Laguz que eran. ¿Qué les hacía vivir tanto? ¿Por qué los humanos no podían llegar a tales edades? ¿Quién había dotado de tamaña ventaja a una raza del mundo pero a la otra no? Había tantas preguntas en su mente sobre ello...  y sobre la Quintaesencia.

Me aseguraré de escribirle cuando suceda, si es que puede usted proporcionarme un canal seguro de información. No sé en Daein, pero aquí los Magos Oscuros no son precisamente populares, por lo que no me gustaría que nadie descubriese mis poderes. De ahí la conversación que tuvimos antes, en la que no pude desvelarlo hasta tener algo de seguridad que usted compartía mis habilidades. – sabía que eventualmente todo el mundo en la Gran Biblioteca de Ilia conocería de su rama de magia y que seguramente tendría que abandonar el lugar. No hacía buena publicidad el tener Magos Oscuros trabajando bajo ella, al fin y al cabo...

No creo tener muchas virtudes, pero me gusta creer que soy paciente, milord, por lo que necesitaría esforzarse a consciencia para abusar de mi paciencia. Eso o malmeter algún libro en mi presencia. Ahuhuhu~ – bromeó un poco Sindri, para destensar un poco el ambiente y alejarlo al tema de los Laguz. Hizo un movimiento con la mano, como dispersando un humo invisible justo delante de él –  Me halaga usted. Soy capaz de aburrir a la gente en una miríada de maneras, por lo que podría considerar usted que es uno de mis talentos especiales. Un poco más, y los médicos del pueblo me llamarán cuando quieran anestesiar un paciente antes de una cirugía. –  continuó un poco con la broma, más que nada porqué no tenía oportunidades de hacer muchas últimamente

¿Tres temáticas? Dígame cuáles y tendrá los libros ante usted antes que pueda decir “Yotsmungand”. – el bibliotecario se levantó, abandonando su cómodo asiento, y se desperezó un poco. Golpeó suavemente el suelo con la punta de sus botas para quitarse un poco la pereza, creando un poquito de eco mientras lo hacía – ¿Algo más importante? Lo dirá usted por la cantidad de gente que hay en este momento en esta sala, ¿verdad? – señaló el espacio sólo ocupado por la oscuridad con un brazo extendido, dando a entender que nadie más necesitaba de él – Así que no tenga temor y dígame qué temas le interesan más. Y concuerdo con usted, la noche es joven y hay que aprovecharla al máximo, ya habrá tiempo de dormir por la mañana. – y viendo que le había tocado el turno de mañana, Sindri lo decía completamente en serio.
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Dom Mayo 01, 2016 5:32 pm

Inclusive a la luz de las velas, distinguía las manchas de humedad y de simple antiguedad en las páginas amarillentas, hasta una sospechosa mancha bordó bajo una esquina. O sangre muy vieja, o vino derramado. Considerando las cosas por las que su equipaje había pasado en los últimos tramos de su viaje, se hacía sus sospechas. Siguiendo con la mirada el libro entre manos del bibliotecario, silencioso al escucharle hablar, terminó por finalmente hacerse de la leve impresión de que quizás Sindri tenía razón, y ya estaba en peligro de terminar de arruinar el tomo. Más que nada por la seriedad con que lo decía. Tendría que haberse preocupado de esas cosas antes, lo sabía, pero el camino había sido difícil y no había parado a reorganizarse en un buen tiempo. - Um... ¿será que esta biblioteca realiza tales trabajos? No estoy seguro de si pisaré otra en un tiempo, si le soy sincero, es a un lugar bastante menos... habitado, al que pretendo proseguir. Daría la ocasión de hacer copia al trabajo, o a las partes del mismo que sean de utilidad. - Medio ofreció, medio pidió, pues no estaba seguro de si tal cosa se consideraba un aporte o al contrario un gasto de recursos. Por si las dudas, mantenía sus expectativas bajas; ninguna novedad en él, de todos modos.

- Entonces, la Batida fue... - Murmuró, inconcluso pero quedándose con la curiosidad. Esa tenía que ser la guerra que Sindri mencionaba, si acaso no hubiesen habido dos grandes guerras del calibre que cambiase el continente entero. Una guerra para el exterminio de los dragones. Grima le daba a asumir que los restos de un dragón plenamente desarrollado no eran fáciles de ocultar ni de erosionar hasta la desaparición; indudablemente que la carencia de restos o señas era extraña, pero veía opciones, acudían a su mente sin demasiada dificultad. Casi ni necesitaba pensárselo. - Se exterminaron aquí a los dragones, y sin embargo, poco camino hacia el norte yace desde hace siglos todo un reino de ellos: Goldoa. Quién sabrá en esta época si no se extendieron antaño desde Goldoa a Elibe, de donde fueron purgados y no intentaron jamás regresar, o si de Elibe no habran huído a Goldoa antes de que se les aniquilase, inclusive... - Si pensaba en esa clase de criaturas, ese era el rumbo que terminaba tomando. Silenciosamente desdeñoso, un poco feliz de pensar que la gran purga de Elibe hubiese sido una campaña de exterminio masivo de subhumanos. Dejó aquello de la forma más casual posible, con la fluidez en la que discutían cualquier tema anterior y la ya usual risita nerviosa. - Pero, um, claro, son sólo ideas... nosotros, los reinos humanos, apenas nos hemos presentado propiamente del otro lado de cada mar. Hay mucho que nos resta entender y descubrir. Quizás se halle una respuesta para eso, también, ¿no? -

No esperaba de Sindri respuestas, ni pensaba en otra cosa en particular. Con hablar de eso y aquello estaba bien; escribirle no habría sido más que un "eso y aquello" más amplio, ligado seguramente a lo que en viajes se observara. Pero así como en la calma del turno nocturno y de los salones vacíos se había nombrado algún tema cuestionable, en particular el de la doctrina que en discreción o públicamente practicaban, era de asumirse que en escrito se nombrase otra vez. Entendía, pues, la prudencia del bibliotecario al respecto. Aunque no acudía a su mente ninguna forma de hablar en código que fuese a servir, ni de asegurar la seguridad de su correspondencia. Siempre estaba desplazándose, se las arreglaba para informar a quienes fuera pertinente cada vez que tenía una parada, pero no podría decir con certeza que cada nota por o para él llegaba a destino, menos sin revisión ajena. Aunque asintió en comprensión, no supo realmente qué hacer con aquello, sino hasta que la respuesta surgió por su propia cuenta.

Fue a los pocos momentos, entre broma y broma de su compañero de doctrina. Las primeras le sonaron más lúgubres que graciosas, ya que malmeter un libro era algo que posiblemente hubiese hecho ya frente a Sindri; bajó los hombros con algo de docilidad, lejos de compartirle el humor. No le seguía fácilmente. Sólo cuando pronunció el nombre de un antiguo, casi mítico tomo arcano Pelleas pareció ponerse al día con las bromas; humor de mago oscuro, eso era nuevo y no le venía mal. Principalmente porque recordaba a cierto ladrón de Ylisse escuchándole nombrar el mismo tomo, entre otro par, y pedirle que no invocara a Grima en voz alta tan temprano. Agachó la cabeza y se cubrió un poco la boca al reír, preocupado de sobra por los ecos en la gran estancia, pero expresándose con bastante más soltura en ese entonces. La idea que frente a ese hombre de Ylisse había tenido se hacía útil en esos momentos.

- Ah, todo esto... me ha recordado algo. Una forma de mantener su seguridad, precisamente. "Yotsmungand" es un nombre que en determinado punto tomé, así como Gespenst. Un pseudónimo para los escritos que necesitaban mantenerse lejos de la responsabilidad de mi nombre y título; Lord Gespenst es uno que aún utilizo. Si no es usted mismo responsable de lo que escriba, por descontado que podrá hacerlo con más libertad. - Sugirió, disimulando lo mejor que podía la ilusión que le causaba todo aquello. No era lo mismo remitirse bajo pseudónimo a alguien que creía que estaba recitando hechizos, que a alguien que entendería de dónde salían las palabras. - Ahora bien, antes de que ponga en mis manos los tomos que estaré ocupando por un par de jornadas, quisiera poner en las suyas algo de mi parte. No un aporte o un intercambio con la biblioteca, sino algo que desearía que sólo usted conserve. - Se explicó al tiempo que se alzaba de su asiento, en vista de que lo hacía también el bibliotecario. De sus tomos separó un ejemplar bastante menos personal, menos maltrecho a su vez: un libro de Ruina del que había tenido ya unos cuantos, dos en su posesión en ese momento. Se aseguró de tomar el que estaba aún sin uso, pues no solía ser bienvenida la energía de un mago oscuro en un libro que ya hubiese tenido a otro como dueño. - Plegia puede estar aún muy lejos de usted, pero un tomo de magia plegiano debería de servirle entre tanto. Le acercará un poco al modo en que allí se entiende y maneja la oscuridad. Creo que alguien como usted podría apreciar diferencias como esas; seguramente sepa sacarle provecho. -

Se acercó al hombre de menor altura, dispuesto a seguirle, pues buscar cualquier libro en semejante colección como era la de la Gran Biblioteca podía tomar tiempo y requerir de cierta caminata. Entonces depositó el libro directamente en sus manos; no se consideraba a sí mismo un hombre generoso ni lo era realmente, sino sólo un derrochador, hasta cierto punto una persona que expresaba su aprecio en objetos y números. - Suyo. - Reafirmó con una leve inclinación de la cabeza. - Veamos, pues... este... la Batida es algo de lo que me agradaría leer en extensión, es una excelente base a la historia del continente. Teoría de la magia, también... de cualquier tipo serviría, tan sólo me agradaría conocer la forma en que aquí es vista. Ah, y por supuesto, cuanto sea posible sobre los reinos de este continente, aunque dudo tener tiempo para historia detallada... más bien política y geografía actual, pues es algo que desde Tellius no habría podido estudiar. Creo que comenzaría por La Batida, sólo por interés personal. -
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Jue Mayo 05, 2016 10:03 pm

Sí, la biblioteca realiza trabajos así. La conservación y reparación de libros es crucial, puesto que no todo el mundo trata bien los libros que llegan eventualmente a la biblioteca... y otros son tan antiguos que incluso pasar una mera página los hace peligrar. – explicó el muchacho, que más de una vez le había tocado la tarea de reparar daños a los libros o cambiarles las cubiertas, dañadas por el tiempo y otras fuerzas externas – Sin ir más lejos, ahora mismo se está llevando a cabo la conversación de un antiquísimo tomo sobre La Batida encontrado en las tierras de Sacae. Se está estudiando los daños que pueda haber adquirido durante el paso del tiempo y, por ahora, no es seguro en absoluto tratar de leerlo. – si una página se convierte en polvo al pasarse, todo el conocimiento incluido en ella desaparecería para siempre. Convenía esperar y acallar la curiosidad, el leerlo podía esperar hasta que hubieran dado el visto bueno – Hacer una copia también sería una buena opción: podría llevar consigo el nuevo libro, más resistente, con la seguridad que aunque le ocurriese algo podría siempre volver a hacer otra copia. Eso sí, las copias tardan bastante tiempo y requieren un buen esfuerzo económico... – no sabía bien cuánto conocía el príncipe sobre el mundillo de la confección de libros, por lo que optó por sólo dar un pequeño consejo y dejar que decidiese el príncipe – Aún así... buscaría alguien de buena confianza para ambos cometidos. Más para el segundo que el primero puesto que tendrá que leer cada palabra del libro. Ya sabe, a alguien que no le importe leer (o transcribir) sobre Magia Arcana. – el que se cubre las espaldas no se las moja cuando llueve, al fin y al cabo.

La Batida fue, en resumidas cuentas, la guerra entre humanos y dragones que ocurrió hace mil años. Ocho héroes aparecieron con ocho armas fantásticas y derrotaron a los dragones, liberando así a la humanidad de sus garras y expulsando a los dragones de estas tierras. – no le sorprendió que no conociese la mitología de Elibe puesto que él tampoco conocía apenas nada de las leyendas de Tellius. La Batida era tan conocida que incluso las madres la usaban de cuento para sus hijos antes de ir a dormir – ¿Un reino de dragones? ¿Está usted completamente seguro de ello? – arqueó una ceja acompañando sus palabras, mirando incrédulo a su interlocutor. Si eso era cierto entonces habría más que tensiones entre los Laguz y los otros habitantes del lugar – ¿Bestias escupe fuego grandes como casas? ¿Con escamas capaces de resistir espadas y magia? ¿Y para las que es necesario tener ejércitos listos para luchar contra unas pocas?si realmente había ahí dragones, entonces era un lugar que quería visitar al menos para observar él mismo si eran los de las leyendas o no. O al menos si coincidían las descripciones – Goldoa... ¿Que sería usted tan amable de decirme más o menos dónde está situada en Tellius? – una petición que ayudaría a Sindri a ver si era posible llegar ahí fácilmente. ¿Algún estudioso de Elibe habría viajado hasta Tellius para ver estos dragones?

Y entonces sucedió el momento que Sindri había estado esperando durante toda la noche: una risa del príncipe. Le gustaba hacía reír a la gente, eso mostraba que estaban cómodos en la conversación y el lugar, y Pelleas había parecido algo incómodo desde que llegó a la Gran Biblioteca de Ilia – Ah, bien, bien ¡Conseguí hacerle reír al fin! Misión cumplida, por decirlo de alguna manera. – él también rió un poco y dejó que su voz reverberara entre las paredes de la biblioteca, puesto que tenía plena confianza que no había nadie más levantado a esas horas – Son unos buenos nombres sin duda, bastante acertados para un Mago Arcano... tomos de antaño. Unos nombres extraños para muchos, pero la mayoría de los Magos Arcanos los reconocerán, lo que incuso podría servir para identificar adeptos. Muy inteligente. – razonó el bibliotecario con la información que tenía, tratando de adivinar el por qué. Pues bien, él quería un alias también – Si tuviera que escoger uno sería Naglfar o Fenrir. Suenan bien al decirlos en voz alta. ¿Tal vez Gleipnir también? Hay tantos para escoger...

Y entonces ocurrió algo que no hubiera previsto jamás: el príncipe Pelleas de Daein quería darle algo a él: un Tomo de Magia Arcana que, a diferencia del tomo del que habían habaldo ya, estaba en perfectas condiciones. La primera reacción de Sindri fue dar una pequeña reverencia y excusarse con las siguientes palabras – Oh, milord, aprecio de buen grado su generosidad, pero no puedo aceptar un regalo de tal magnitud. Los grimorios de este tipo son extremadamente valiosos y raros de encontrar, además que usted, como adepto del Arte también, seguramente los requiere también. – no estaba acostumbrado a recibir regalos y, desde luego, no había recibido absolutamente ninguno durante los cuatro años que llevaba en la Gran Biblioteca de Ilia. No estaba seguro de cómo reaccionar, y menos ante el regalo de una alta autoridad – Además que no cuento con ningún objeto que obsequiarle a cambio de tal cosa. No tengo conmigo muchas posesiones, y desde luego ninguna digna de un príncipe... – pero pareció ser que no convenció al hombre puesto que puso el tomo de Magia Arcana de Plegia en sus manos... desde esa distancia se notaba que era bastante más alto que él. No lo había notado antes – Esto... uh... no sé qué decir... – parecía estar convencido que quería darle aquél catalizador de Magia Arcana y rechazar un regalo por parte de un miembro de la realeza extranjero podría verse como una afrenta directa. Por ello, Sindri cogió bien el libro y le dedicó una profunda reverencia – Le agradezco muchísimo su regalo, milord. Lo cuidaré con todo el respeto que merece un grimorio de esta categoría.

Guardando el libro bajo el brazo, Sindri escuchó atentamente los libros que requería el príncipe y los anotó mentalmente: historia, teoría de la magia y geografía. Sindri sabía donde encontrar tres libros de esas categorías que podrían ayudar a Pelleas –  Discúlpeme un segundo, voy a buscar los libros. – y, cogiendo un candelabro, desapareció en la oscuridad entre las enormes estanterías de la biblioteca. Regresó un tiempo indeterminado más tarde, con cuatro libros consigo: tres que había escogido para el hombre y su obsequio. Iba haciendo algo de equilibrio con ellos, pero se notaba que estaba acostumbrado a llevar muchos libros a la vez.

Descargó los cuatro en la mesa cuidadosamente, dejando el suyo un poco más apartado, y dejó el más grueso de todos cuya cubierta era de un color marrón intenso delante del príncipe, para que lo cogiera cuando lo desease – “Las Crónicas de La Batida” de Portos es un compendio de aquellos tiempos de guerra en el que se recogen numerosos relatos de varias fuentes, todas del tiempo de las batallas contra los dragones. Tiene varios autores y contiene líneas temporales y otras ayudas para el lector, lo que lo convierte en una lectura muy recomendada. – señaló entonces al segundo libro que había dejado ahí, con una cubierta amarilla con símbolos de varias clases dispersados por toda ella – “Misterios de la Magia” del sabio Pent, un aclamado estudioso de la Magia de Ánima en Elibe. Es un libro muy didáctico y de lectura obligatoria para todos los estudiantes de la magia... pero su utilidad es tal que incluso muchos otros sabios lo toman cono referencia para sus obras. – finalmente señaló el tercer volumen, un libro verde algo más fino, pero con las páginas más gruesas – “Guía de Viajes por Elibe” de Volo. ¿Lo recuerda de la conversación anterior? Volo ha viajado personalmente a cada lugar de la guía por lo que es muy fidedigna... si no le importa leer aquí y allá opiniones personales, claro. – aguardó entonces, impaciente, a la opinión del príncipe de los libros que le había traído.
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Lun Mayo 09, 2016 10:42 pm

- No hay mejor opción, entonces. Calculaba ya que estaré aquí un buen tiempo, o al menos hospedándome cerca, así que... será un tomo renovado y quizás un aporte a la biblioteca. - Con un leve gesto de la mano descartó preocupaciones; había cosas con las que era en exceso cauteloso, otras con las que tocaba en todo lo contrario. El brillo de uno que otro anillo en sus dedos y el repiqueteo de pulseras de joyas indicaba que el dinero era una de aquellas cosas por las que jamás se preocupaba. En eso, él y su padre habían estado de acuerdo: mejor llevar para gastar o vender que cargar con bultos. Venía fácil y natural tomar una actitud más tranquila frente a las cosas, cuando él mismo se sentía considerablemente más relajado en todo y con todo.

Reír un poco le había hecho ese tanto de bien, suponía. Igualmente no podía permanecer nervioso para siempre ante alguien que le ponía a hablar y a distraerse, antojado casi al punto de reír otra vez por su pintoresca forma de describir dragones grandes como casas. Eso sí que daba a entender su desconcierto. Sólo sonrió ampliamente, se contuvo de más y asintió. - Así es, Sindri. Dragones, tal y como dice, pero que cuando no tienen la necesidad de su fuego o sus garras se muestran... como personas comúnes, casi. Toman formas humanas, es lo que quiero decir. Aunque he oído que siempre hay algo antinatural respecto a ellos, como colmillos algo crecidos, cierta forma alargada de orejas o marcas en su piel. - Explicó. Era bueno que estuviese advertido de lo que podía llegar a encontrarse, sólo por si las dudas, aunque esperaba que la curiosidad no le llevase demasiado lejos. - Eso sería... suroeste de Tellius, hacia el mar. Todo el lugar está rodeado de un enorme cordón motañoso, casi impasable. No estoy seguro de si seres humanos hayan pisado esas tierras alguna vez. -

No se preocuparía en demasía. Después de todo, lo que tenía allí y en ese entonces era lo que le había puesto tan contento, a su callada y leve manera: una persona con quien fascinarse por las mismas cosas, esa pequeña emoción de hacer una referencia y que alguien más la captase, inclusive que fuera adelante con ella al tratarse de asuntos arcanos. Fuese obra de su autoridad o de simple persuasión, también estaba satisfecho de no haberle dejado modo de negarse al libro de magia regalado, pues de paso aquello le permitía ver al bibliotecario descolocado y titubeante por un instante, otra cosa que le traía cierto agrado. Conseguía el efecto deseado, de cierto modo. - Pues Gleipnir ciertamente es más imponente, aunque Naglfar es más anónimo. Personalmente, diría que tiene otra... ¿finura...? - Se tomó la libertad de opinar mientras retornaba su reverencia con una leve inclinación propia. Raro asunto, ponerse a dilucidar qué clase de tomo oscuro era el más apropiado para servirle de pseudónimo a un hombre en particular, pero venía tan natural como elegir el color de diadema que mejor combinara con el cabello de alguien. Cualquier nombre citado le sentaría, igualmente. Asintió y se separó un poco, debía dejar al hombre trabajar y organizarse un poco por su lado. - Creo que dejarle sin palabras un momento ha sido paga suficiente por ahora. Por favor despreocúpese, adelante. -

Se volvió a lo suyo mientras el bibliotecario iba en búsqueda; asumía que revisar en un edificio de tales magnitudes tomaría su considerable tiempo, inclusive si había un salón para cada temática, o alguna organización similar. Subestimaba severamente a un hombre que llevaba años entre esos estantes, mirando los lomos de todos esos libros. En el intervalo de tiempo revisó el estado de su capa para comprobar que se había secado y, de hecho, había tomado algo de temperatura en la templada estancia; mucho más agradable de poner sobre sus hombros. Ordenó los libros que habían estado mirando de regreso, dejando aquel sobre el mito de Grima y Naga a mano. Serían cuatro tomos, en total, para empezar. Con el transcurso de las noches vería de ampliar e ir a detalles. Cuando el bibliotecario regresó, Pelleas sujetaba aún el tomo, mantenía aún a los dragones en mente. Subhumanos en un sitio, deidades en otro; y en Elibe, exterminados sin importar lo que fuesen o no fuesen. Era un asunto que rondaría sus ideas por buen tiempo, seguramente para terminar plasmado en papel la próxima vez que se sentase a actualizar su diario de viaje. Alguna de aquellas noches, sin falta.

Vio al otro mago tarde como para ayudarle con lo que cargaba, o Pelleas se había distraído o simplemente no era tan ruidoso de andar, pues tan sólo le notó cuando estaba prácticamente a su lado, poniendo los libros sobre la mesa y explicándole cada elección. - Hmm. Un texto histórico mezclado con narrativa individual... - Murmuró ante las Crónicas; un clase de lectura bastante alta entre sus favoritas. El texto de estudio era precisamente lo que necesitaba y el de locaciones, aunque más extenso de lo que un simple listado con data básica habría sido, probablemente sería disfrutable. Acomodó la silla a medio separar de la mesa para tomar asiento, observando los tomos más de cerca, indeciso respecto a donde comenzaría. Como fuese aquello, volvió la vista hacia el otro mago, sonriendo y bajando la cabeza levemente en gratitud. - Tomo sus recomendaciones y las agradezco profundamente. Esto estará más que bien. Ah, disfrutaré mucho las Crónicas, lo preveo, aunque por hoy es seguro que el tiempo me escaseará. - Exhaló, más ilusionado que insatisfecho, y apuntó con el dedo índice hacia la ventana cercana. Aunque empañada por la diferencia de temperaturas entre el interior y el exterio de la biblioteca, permitía ver que el azul del cielo se había tornado menos profundo, comenzando a aclarar. - No tardarán las primeras luces. -
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Mayo 15, 2016 4:29 pm

Si hace eso usted, será el primer tomo sobre Magia Arcana de la Gran Biblioteca de Ilia... al menos que yo sepa. Si de veras quisiera donarlo, le recomiendo que diga que fue un tomo que adquirió recientemente y quiere desprenderse por razones obvias. – aconsejó Sindri mientras observaba de nuevo el tomo y, si bien el hombre parecía seguro de lo que hacía, la experiencia le decía que toda precaución es poca – O use un nombre falso, o quizá pida a alguien de su cohorte que la entregue o especifique que se lo encontró por el camino y no sabe qué hacer con él... – dio algunas opciones más mientras las contaba con los dedos de la mano derecha, aunque fuera sólo para jugar sobre seguro. No quería que se metiera en problemas por su culpa, puesto que había sido él quién le había dado la idea de reparar aquél listado de grimorios antiguos... bueno, siempre podía ser que le tocase a él esa tarea un día de éstos.

Dragones... y vivos... eso sí que es un descubrimiento... gatos y tigres sí, pero, ¿Dragones? – repitió maravillado, casi como si le hubieran contado el lugar donde estaba enterrado un tesoro legendario. ¿Podría ser que estuviéramos ante el hallazgo del siglo de la historia de Elibe? Anotó mentalmente todo lo que le decía el príncipe de Daein – ¿Y dice usted además que se transforman, como los demás Laguz? No tenemos información sobre ello, pero sí hay crónicas sobre el fuego que podían exhalar y como sus garras podían acabar incluso con los escudos más robustos... – Dragones humanoides... ¿Podría ser eso por lo que se alude a un tiempo en que los dragones y los humanos convivían? ¿Habría sido en algún tiempo Elibe como Tellius? – Suroeste de Tellius, más allá de las montañas... ¡Entendido! Gracias por su colaboración. Trataré de ver si hay alguna posibilidad que la Gran Biblioteca de Ilia quiera enviar una expedición a tal lugar. – en búsqueda tanto de obras literarias como de dragones en sí... ¿Qué conocimiento secreto guardarían? ¿Tendrían alguna información de su paso por Elibe? Eso suponiendo, claro, que sean los mismos dragones... quizá antaño había más de una raza de dragones y los de Elibe no tienen nada que ver con los de Tellius –  Si nadie lo ha conseguido, entonces Sindri tendrá que intentarlo, al menos. – encogió los hombros mientras decía eso en tono esperanzado. La búsqueda del conocimiento implicaba algo de esfuerzo y, porqué no reconocerlo, Sindri ansiaba alguna aventura como la que había leído en las novelas de la biblioteca. La búsqueda de un dragón sonaba como una buena premisa para una aventura legendaria.

Muchos tomos, muchos nombres. Siempre puedo variar entre ellos si la ocasión lo requiere, ¿no es así? – asintió con la cabeza, contento que el príncipe compartiese sus ideas. Estaba seguro que él conocía igual que él los títulos de aquellos tomos legendarios de Magia Arcana y apreciaba que compartiera con él sus impresiones sobre el uso de dichos títulos para un pseudónimo. Anonimidad... eso le gustaba más, sí, seguramente elegiría Naglfar de necesitar hacerlo – Debo reconocer, milord, que no estoy acostumbrado a recibir regalos. El último que recibí fue en una pequeña biblioteca de la frontera de Sacae: un libro sobre la religión de Elimine, la más extendida en Elibe. – Sindri siempre apreciaba un regalo, sobretodo si era un libro... había quién no veía valor en uno, pero el bibliotecario veía cada tomo como un tesoro irrepetible – De nuevo, le agradezco el gesto. Le aseguro, milord, que cuidaré de este libro tan bien como lo merece y no escatimaré esfuerzo alguno para ello. – acompañó dichas palabras con una nueva reverencia profunda, de la que no se levantó hasta acabó de hablar. Quería mostrar que se sentía verdaderamente honrado de haber recibido un regalo tan valioso de una persona de tan alto estatus social.

Sindri observó en silencio como el príncipe evaluaba cada tomo y sólo dijo lo siguiente tras asegurarse que no era una molestia o un motivo de desconcentración – Se podrían considerar así, sí. Sin embargo la gran cantidad de puntos de vista ofrecidos por los numerosos escritores es algo muy interesante, puesto que permite a uno conformarse una mejor idea de lo sucedido. – una mayor cantidad de visiones ayudaba a proporcionar una mejor perspectiva... lo que a un escritor no le parecía importante o le había pasado por alto por cualquier razón podía ser considerado importante por otro. Obviamente eso implicaba leer varias veces sobre el mismo suceso, lo que podía llegar a ser algo pesado, pero la calidad informativa bien valía la pena –  Espero que disfrute de la lectura, si necesita algo no dude en contactar conmigo o cualquier otro bibliotecario. Estamos aquí para ayudarle. – le dedicó con una pequeña reverencia con la cabeza, como queriendo hacer patente que había entendido lo que había querido decir y aceptaba sus agradecimientos. En cuanto el miembro de la realeza señaló hacia la ventana, el bibliotecario instintivamente siguió el dedo hasta ésta... sí, la oscuridad comenzaba a desvanecerse y los gallos no tardarían a cantar – Vaya, eso quiere decir que mi turno no tardará en acabar... – mencionó pensativo. Los bibliotecarios se tomaban muy en serio los turnos y, si bien se permitía cierta relajación estos últimos días, sí que se requería que los trabajadores de la Gran Biblioteca de Ilia estuvieran completamente descansados para ofrecer la mejor ayuda posible a los visitantes. Seguramente pronto se iban a levantar los bibliotecarios más jóvenes para relevarlo... los de mayor edad no comenzaban su jornada laboral hasta bien entrada la mañana.
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Lun Mayo 23, 2016 12:23 am

Sabía que tendría que seguir los consejos de Sindri, aunque le desagradase de sobremanera. Todas las opciones eran buenas, no honraban su doctrina como habría querido, pero cualquiera de ellas funcionaría. Sería más o menos como en Daein, pasaría el trago amargo y simplemente lo haría. Con la diferencia, claro, de que en Ilia aceptarían el tomo al final de todo, en lugar de descartarlo a un sótano de archivos obsoletos como si careciese de importancia. Resultaría bien. Asintió y en silencio prestó atención a su compañero de doctrina, dejó que desenredase por sí mismo sus ideas; dragones antiguos de Elibe, laguz dragón justo al norte en Tellius, una que otra similitud interesante... hablar con Sindri sacaba a luz una miríada de cosas como esa. No valía la pena tomar conclusiones sobre algún pasado común entre continentes, era todo conjetura e ideas sueltas, pero considerarlo seguía siendo divertido en cierto nivel. - Es admirable que considere visitar un lugar así, sólo para aprender sobre los dragones... - Denotando, claro, que él mismo jamás desearía ir. Ni siquiera con un ejército a su lado. Era un tanto preocupante que a Sindri le interesara siquiera; aunque intentase ser positivo, Pelleas no pudo evitar apretar un gesto de consternación. - Err... sin dudas que, de acudir, vería una gran cantidad de ellos. Han de ser muchos los que habitan allí, y no hay siquiera humanos presentes con quienes confundirles. Pero, claro, eso es precisamente lo peligroso al respecto... - Dijo. No pretendía desanimarlo, pero se quedaba convencido entonces de que era un extraño sujeto, aquel bibliotecario.

Aunque mantenía la vista algo gacha, al enfocarse ya en los libros, dio una mirada de soslayo al otro mago, esbozando una discreta sonrisa. Así que podía nombrar aún en exactitud el último libro recibido en calidad de regalo, hasta el lugar donde había sido obtenido. Imposible saber cuanto tiempo atrás habría sido aquello, si acaso lo recordase de tal modo por haber sucedido recientemente, pero reaseguraba a Pelleas de igual modo que su tomo mágico estaría en manos de alguien que lo valoraba. No veía como más responder al profuso agradecimiento sino sacudiendo levemente la cabeza. - Sólo no lo cuide en demasía. Deseo que lo use. - Respondió con ligereza. Era un objeto de estudio y a la vez un arma, al fin y al cabo. - Utilizar un tomo extranjero ha de ser, de cierto modo, una puerta a estudiar otra tierra. Otras características y expresiones de la misma magia. Sé que usted será capaz de sacar gran provecho de ello, así que no estaré precisamente enfadado si me entero que ha gastado el libro rápidamente. Haga como más le acomode. -

No restaba más que aprovechar él mismo lo que tenía entre manos. No duraría allí ni un par de horas, apenas estuviese entrada la mañana descendería al hospedaje más cercano, comería y tendría al fin su merecido sueño, que desde el barco a las costas de Ilia no había tenido. Debía de avanzar su lectura lo posible, al menos para saber que en la primera noche había dejado algo empezado. Además, era mucho lo que ansiaba abarcar. Sindri había sabido ilusionarlo respecto a lo que aguardaba entre páginas de las Crónicas de la Batida. - Se lo agradezco. Gracias por, um, por hablar conmigo, y por ayudarme con todo esto. - Quizás decía de sobra, pero con el alba cerca y el turno de Sindri allí próximo a terminar, se sentía en necesidad de dar una suerte de cierre. A saber si estaría viéndole después, para dar una verdadera despedida o para compartirle su impresión de los libros cuando los terminase. Trazó el borde de la tapa del tomo un par de veces antes de abrirlo, sin realmente mirarlo, sino tan sólo ocupando sus manos. - Este... avanzaré lo más posible en esto, pues. Ha de ser pesado un turno largo por la noche, especialmente con lo frío que se torna, así que... le deseo un merecido buen descanso. -

Libro abierto en la mesa, hizo amago de acomodarse y ocuparse en iniciar. No era como si le costase concentrarse, siempre que no hubiesen muchas personas a su alrededor estaría cómodo, mas dudaba un poco aún. No dio más que un momento, escasa oportunidad para el encargado de la biblioteca de partir, antes de alzar la voz otra vez hacia él. - Um. Usted... su turno usual es el nocturno, ¿no es así? Quiero decir... ¿volverá a estar aquí a la noche siguiente? - Preguntó. Sintiéndose algo bobo por todo ello, no demoró en agregar en una voz un poco más alta y aprisa. - Sólo por curiosidad. - Se encogió de hombros y clavó la vista de regreso hacia abajo, a la primera línea del prólogo, como si nada. Su mejor hora de estudio era por la noche, no podía evitar ni modificar eso, si no había alguien manteniéndole la disciplina y empujándolo a funcionar más normalmente. Pero, si se daba la ocasión de volver a coincidir, estaría alegre de ello. Acudiría a continuar sus lecturas las noches siguientes, sin falta, mas si contaba con la presencia y la ocasional guía o recomendación de aquel bibliotecario, pues tanto mejor. Fuese como fuese, echaría enseguida a leer el libro recomendado.
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Jue Mayo 26, 2016 5:21 pm

¿Admirable? No lo creo así. ¿A quién no le gustaría ver un dragón? Son parte de la historia de Elibe... posiblemente. Al menos los de las historias lo son. No puedo decirle ahora por ahora que lo sean. – por como había dicho eso el príncipe, seguramente la respuesta sería “yo”, pero Sindri también sabía bien que la vida del aventurero no era una profesión muy atractiva para todo el mundo. Dormir bajo las estrellas, atravesar bosques con criaturas listas para devorar a cualquier explorador veterano enfrentarse a las inclemencias del tiempo... ¿Pero luego? ¿Tras todo el esfuerzo y la determinación? Se llegaba al Final donde esperaban las maravillosas recompensas del viaje: armas legendarias, tesoros de reyes del pasado, bibliotecas de conocimiento perdido hasta entonces... y, claro, el maravilloso premio que el monarca agradecido daría al valiente héroe, tierras y un lugar en su corte – Si me encuentro con muchos dragones, eso quiere decir que podré contar con multitud de puntos de vista sobre cualquier cosa... y si son fácilmente reconocibles será un trabajo mucho más fácil. – movió un poco la mano, como espantando dudas propias y ajenas – Siempre hay peligro en los viajes, ¿Sí? Sobretodo hoy en día... y si Goldoa es un lugar tan aislado, entonces los Emergidos serán raros de encontrar. Si es que han llegado en algún momento claro. ¿Quizá es un lugar seguro? – sólo tenía comentarios e información diversa sobre el lugar, por lo que no podía hacer más que suponer y especular. Los dragones de las leyendas seguramente hubieran acabado con cualquier Emergido que hubiera aparecido por ahí.

Cuando el Príncipe Pelleas de Daein le dijo que el libro era para usarlo, el rostro de Sindri tomó una expresión de sentimientos contradictorios. Todo el mundo sabía que los Tomos de Magia se podían usar como un arma más, pero eso los desgastaba hasta el punto de hacerlos inservibles... de hecho, se volvían tomos en blanco, con todas las palabras borradas. Era inevitable, claro, pero eso había que hacérselo entender a un bibliotecario, un ardiente defensor de todos los libros y quién echaría la mano al fuego para salvar a un volumen ardiente – Ssssííí... claro, usar el libro... – el tono de voz empleado era el de alguien que prefería vastamente la primera opción, el cuidarlo – Debo reconocer que tengo curiosidad por saber cómo se ha escrito y las especialidades que se han empleado para su construcción. ¿Será muy diferente de uno manufacturado en Elibe? – cogió con cuidado el Tomo de Magia Arcana y lo giró unas cuantas veces con las manos, tratando de verlo desde todos los ángulos posibles. Era un Tomo de Ruina, desde luego, aunque había varias diferencias respecto los que había visto hasta el momento en cuánto a encuadernación y diseño de la portada. No lo abrió puesto que entonces se pondría a leer y, conociéndose, se enzarzaría en la lectura y no podría atender a lo que le dijese el amable hombre que visitó Plegia – Aún así, trataré de leerlo antes que emplearlo. No será difícil, Ilia no es una zona conocida especialmente por ser peligrosa... aunque la seguridad es algo que jamás se puede dar por supuesto a día de hoy. – negó con la cabeza, como queriendo enfatizar que no sabía hasta qué punto estaban seguros en aquél lugar. La inseguridad era algo constante en aquellos días.

Sonrió ante un nuevo agradecimiento del futuro monarca de Daein y lo miró fijamente con una mirada afable y con tintes de curiosidad – No requiere usted agradecerme nada, milord. Mi cometido en la biblioteca es ayudar a todos los que necesitan algún libro o tomo. Y tampoco debe usted agradecerme usted el tener una charla amistosa... ¡Incluso podría recriminarme que esté hablando en horas de trabajo! – bromeó con una risita. Normalmente el hablar estaba mal visto en las bibliotecas por el hecho de poder molestar a otros lectores, pero en aquél caso no había nadie más al que pudieran molestar. Miró con curiosidad como su interlocutor abría distraídamente el libro – Estoy bastante acostumbrado a las noches y a la oscuridad, por lo que no me incomoda mucho tener este turno. Pero gracias, un descanso no me irá nada mal... acepto encantado sus buenos deseos. – una profunda reverencia acompañó aquellas palabras.

¿Si estaré aquí mañana, pregunta usted? Déjeme pensar... – el bibliotecario apartó la mirada y la dirigió al techo, tratando de recordar su horario. ¿Cuántos días hacía que trabajaba en el turno de noche? ¿Dos? No, tres. El tiempo se hacía bastante difuso encerrado entre aquellas paredes... finalmente consiguió situarse temporalmente – Sí, esta semana me toca el turno de noche, por lo que estaré aquí sin falta. Los turnos suelen ser bastante fijos, para evitar que los bibliotecarios vean sus horas de sueño muy movidas. – salvo si habían pocos efectivos, entonces no había rotaciones a no ser que fuera completamente necesario. Se fijó que Pelleas estaba comenzando a hacer los preparativos necesarios para comenzar con la lectura y no deseaba molestarlo en aquel cometido, por lo que pensó que sería un excelente momento para dejar de molestar al príncipe de Daein con su cháchara.

Mi turno está a punto de acabar y pronto vendrá otro bibliotecario que podrá atenderle, si así lo necesita. – informó Sindri en voz baja tratando de no desconcentrar a Pelleas, puesto que sabía lo molesto que era que le arrancasen de la lectura una vez había comenzado – Antes que me vaya, ¿Requiere usted de algo más? – una última pregunta, puesto que no le parecía diplomático dejar sin más a un miembro de la realeza sin asegurarse que tuviera todo lo que necesitara para disfrutar de la lectura.
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Jue Jun 09, 2016 10:28 pm

Cómo explicarle a Sindri que los emergidos eran escaso peligro, en comparación a las bestias que seguramente abundaban en Goldoa. Pelleas había visto emergidos por montones, había combatido contra ellos lo suficiente como para quitarse de encima cualquier sobresalto o impresión sensible. No podía decir lo mismo de los pocos subhumanos que había visto en su vida. Jamás un dragón, para fortuna suya, pero podía hacerse cierta idea resecto al poder destructivo que ostentarían. Cierto era que podrían decirle a Sindri mucho que ni siquiera la conjunta recolección histórica de los humanos manejaba, mas que fuesen a hacerlo gustosamente era otro asunto, uno del que el príncipe de Daein no se fiaba. - Aún si está resguardado de emergidos, por favor cuídese. Han de haber buenos motivos por los que tal viaje no se realiza comúnmente. - Murmuró, finalizando con un corto suspiro. No estaba en posición de disuadirlo. Tampoco de asegurar que era mala idea, realmente; no lo sabía con ese nivel de certeza. Se trataba de algo de experiencia suelta y mucho más de prejuicio puro.

No quedaba del todo seguro de si cumpliría función el tomo que dejaba a cuidado de Sindri si lo último que haría sería justamente practicar con él, mas ciertamente no hallaba ánimos de enfadarse al respecto. El jovial bibliotecario parecía tan interesado en inspeccionarlo de tapa a tapa, que le daba la impresión de que estaría cuidándolo como uno de los de la biblioteca; bien podría ser la última persona en pensar en dañarlo intencionalmente, desgastarlo con el uso. Pero parecía que eso le complacería, a su modo, y Pelleas podía jactarse un poco de haberle dado algo provechoso. Le bastaba. Aunque dejaba cierta faltante. - Oh, una lástima que, por esta vez, habré de perderme el verle conjurar... - Era altamente dudoso, a juzgar por la actitud de Sindri hacia la doctrina que compartían y el sólo hecho de compartir espacio con otro como él, que fuera a ponerse a trabajar con magia oscura en ese lugar. Demostraba ser más discreto que eso. Aún así, Pelleas había albergado en cierto nivel la ilusión. Se encogió de hombros un poco. - Queda a su ritmo y discreción, sí. Quizás algún día, más adelante. -

Esa sería una cosa que volvería a revisar en sus retornos, según calculaba. Vería si había usado el libro, querría buscarse una oportunidad de presenciar a un hombre de Elibe, instruido quien supiese donde, invocando y utilizando la oscuridad. Asunto para próximas veces. Según Sindri le informaba, estaría allí las noches siguientes y muy probablemente fuese pronto para todo eso, pero cuanto menos Pelleas podría enterarse de si leía la extranjera versión de Ruina. Con ese tanto estaría satisfecho. Asintió al remitir aquellos detalles a memoria.

Una luz pálida y mortecina comenzaba a colarse desde los ventanales, mas notoriamente más cálida que los reflejos azulados horas antes. El inicio de una fresca y escarchada mañana de Ilia. La seña para una próxima rotación de personal en la biblioteca. Pelleas se preguntó si llegaría a ver el edificio más concurrido al transcurrir la mañana, o si el peligro que ambos sobreentendían en los caminos y ciudades del reino mantendría escaso el flujo de estudiosos y curiosos. De un modo u otro, él preferiría asegurarse las horas calmas para sus estudios, por lo que al cúlmino de turno del otro mago oscuro le ponía a conciencia del tiempo transcurrido y del que restaba entre sus manos. A su última oferta de asistirle de algo más, Pelleas negó levemente con la cabeza. - No, no será nada más, por ahora. - Dijo, dibujándose en sus facciones una sonrisa agradecida; por palabra del bibliotecario se resistía a seguir agradeciendo, o disculpándose, pero ambas cosas venían en fuerte instinto. Sólo hizo una marcada inclinación de la cabeza y acercó los libros hacia sí. - Estoy seguro de que me sobrará motivo para buscarle cuando haya terminado con estos; pero no será ni hoy ni esta noche aún, probablemente. Gracias, atento caballero. - Al menos, fue escueto en su último agradecimiento. Y verdaderamente suponía que tendría mucho que desearía comentar una vez avanzara en las lecturas, mucho que si contaba con quien discutir, discutiría. Como mínimo, pedir la siguiente recomendación en razón a lo leído. No le cabía duda que en alguno que otro momento habría de buscar al bibliotecario. - Hasta pronto. -

Spoiler:
¿Mandas a cerrar? No lo hago yo porque no sé si querrás poner un último post, si no te hace falta manda a cerrar tranqui <3 GRACIAS OTRA VEZ SINDRI CUTIE
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Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Eliwood el Jue Jun 30, 2016 1:01 pm

Tema cerrado. 70G a cada participante.

Cada uno obtiene un incremento de +1 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Sindri obtiene el primer skill de la rama Dark Mage:

Mal Augurio - La sola presencia del mago oscuro, activando este skill, genera inquietud y duda en aquellos a su alrededor; aliados, neutrales y enemigos. En el caso de enemigos causa también un miedo instintivo que les pone a temblar incesantemente, entorpeciendo sus capacidades. Sólo compañeros de support clase A o S pueden optar por verse sin reacción alguna ante este skill.

Gracias al incremento de experiencia, Pelleas obtiene el segundo skill de la rama Dark Mage:

Venganza - Si el mago oscuro es atacado y sufre daño, puede maldecir a su atacante para que este reciba inmediatamente un daño igual. Puede utilizarse tanto antes como después de ser atacado, mas sólo una vez por tema.
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