Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Mar Ene 12, 2016 5:26 am

Pelleas debió de torcer el cuello para alzar la vista al techo abovedado, cuya cima no llegaba a adivinarse del todo, ensombrecida por las inmensas dimensiones de la habitación. Seguramente de día podía verse donde terminaba el techo, pero a aquella hora y a media luz, la oscuridad hacía parecer que seguía infinitamente. Escasas lámparas estaban ya encendidas en aquella zona, ofreciendo círculos de cálida luz amarillenta; acababa de caer la tarde y suponía que en un edificio tan enorme como aquella biblioteca, sus encargados tardarían un buen tiempo en encenderlas todas. Tenía lo suficiente como para ver, de todos modos. Tan sólo dejó que sus ojos se acostumbraran a aquella iluminación, sacudiendo de sus hombros y de su cabello la fina capa de nieve que la tundra de Ilia le había dejado.

El continente le había recibido con costas muy familiares, pese a ser la primera vez que ponía un pie allí. Estaba acostumbrado a la nieve, después de todo, y la desolada inmensidad de Ilia frente a sus ojos se asemajaba bastante a los paisajes de Daein en invierno. Le hacía sentir un poco menos lejos de casa. Alivianado en espíritu, había proseguido a su siguiente destino, la legendaria biblioteca, en un trayecto para nada veloz desde la costa hasta el cordón montañoso que cobijaba tan importante lugar; y aún teniendo los medios para costearse un buen transporte en prácticamente donde fuese, había tardado no menos que toda la jornada en ello. Podía culpar a las limitaciones del transporte por tal cosa, pues el carruaje sólo había podido llevarle el pie de las montañas antes de que debiese terminar el recorrido por sus propios medios, subiendo por horas las escalinatas de piedra casi totalmente enterradas entre la nieve. No era de sorprenderse, así, que para cuando llegase hubiese acumulado cierta cantidad de nieve sobre su persona, sintiéndola derretirse y entumecerlo por el frío.

Pero no importaba mucho. Había conseguido llegar, y al mirar el interior del edificio no podía sino pensar que prefería comenzar a explorarlo mucho más que preocuparse de entrar en calor. El recibidor era modesto, hecho principalmente para cortar el frío y templar el ambiente, pero el salón principal al que entró inmediatamente después no era sino glorioso a sus ojos: estanterías de libros hasta el mismísimo techo, escaleras en espiral, un separado de las categorías y secciones que le inspiraba a perderse entre los pasillos colmados de tomos... todo le quitaba el aliento, dejándole levemente boquiabierto. Y era tan sólo una habitación. Había oído de muchas dentro del recinto, salones de clases, legendarias secciones ocultas tan sólo para entendidos de alto orden en la magia y otros misterios, pero por el momento, estar donde estaba le dejaba lo suficientemente complacido. ¿Por donde empezar, siquiera?

- Uhm. ¿Hola? ¿Buenas noches...? - Pronunció en su usual volumen de murmullo, sin siquiera un eco que ayudase a cargar su voz. Debía de haber un bibliotecario, tanta riqueza en tomos no habría de hallarse desprotegida. Era tarde, sin embargo, y supuso que comprendía si la persona encargada se hubiese retirado ya a descansar.

No era como si se atreviese a dañar de ningún modo el contenido de la biblioteca; con sumo respeto se abstuvo de acercarse demasiado a cualquier estantería al avanzar, húmedo por la nieve derretida como estaba, no deseaba el infortunio de llegar a mojar el dorso de cualquier libro. Quitó su bolso de su hombro y tras este su capa, casi que empapada, colgándola bajo una de las antorchas para que secara un poco. Secándose las manos en el bajo de su túnica, se dispuso a revisar la estantería contigua, llevando un dedo sobre los dorsos de los libros al revisar sus rotulados. Religión antigua, religión moderna, mitos del nuevo mundo... era apenas lo primero que veía, y ya robaba de sobremanera su interés. Continuó de a cortos pasos sobre el suelo de piedra, revisando títulos y pensando que fácilmente podría pasarse la noche justo allí, eligiendo algo para comenzar a leer; suponía que mientras no dañara ni cambiara de lugar los libros, no habría problema.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Mar Ene 12, 2016 9:55 pm

Ah, el turno de noche. Un gran desconocido. El tipo de trabajo que menos gente quería, era un incomprendido.

Pero mirémoslo bien, ¿Qué traía consigo? Primeramente trabajar cuando todo el mundo descansaba y tener que pasarte hasta altas horas de la noche despierto, lo que no se puede negar que sea engorroso. Sin embargo, miremos lo positivo: lo primero de todo era la paz y la tranquilidad que podía respirarse en el lugar... aunque no se podía decir tampoco que la Gran Biblioteca de Ilia estuviera muy concurrida últimamente. Cosas de los Emergidos. También se trabajaba en uno de los momentos donde había menos trabajo y menos demandas de los magos de entrega de libros y otras ayudas, puesto que o bien estaban ocupados con sus experimentos o estaban todavía más ocupados durmiendo. Era cierto que hacía algo más de frío durante las noches y todo podía parecer más tétrico, pero estaba en Ilia, por lo que el frío era algo a lo que acababas acostumbrándote de cierto modo y la oscuridad... digamos que la oscuridad no le importaba mucho a la persona que estaba considerando los pros y los contras en este momento. Finalmente, era un turno que no era muy popular entre los bibliotecarios de más avanzada edad puesto que necesitaban un buen descanso, así que solía relegarse a los bibliotecarios más jóvenes, por lo que Sindri no tenía tampoco tanta competencia.

Sí. Desde luego el turno de noche era lo mejor.

Un Mago Oscuro sentado en el mostrador de los bibliotecarios supervisaba una biblioteca completamente vacía y oscura pensando en su buena fortuna por tocarle este turno tan seguidamente. El viento aullaba fuera de los muros del lugar y un fuego crepitaba en algún lugar alejado de los libros, pero suficientemente cerca como para calentar la estancia. Una vela hacía compañía al bibliotecario junto a dos libros, uno sobre la crianza de los pegasos y otro sobre la historia y mitos de estas criaturas, algo que le había comenzado a interesar desde su visita a Sacae. Haría una hora que la última persona se marchó a la posada y sólo quedaban los libros para hacerle compañía. Seguramente el turno de noche se conservaba más por su valor de tradición que por su utilidad aquellos días, pero a veces habían rezagados que necesitaban un libro y no podían esperar a mañana y podían darse emergencias.

Y parecía que se requería su atención.

Una voz retumbó por los vacíos corredores de la Gran Biblioteca de Ilia, anunciando una presencia en su recibidor... no había sido una voz muy fuerte, sino casi era un susurro traído por un muy leve eco. Extrañado por ello y admitiendo que era su responsabilidad, Sindri cerró el libro con un marca páginas y cogió la vela, llevándola consigo en un candelero en dirección a la voz misteriosa que había aparecido de pronto en escena. No tardó mucho en llegar, tras cuatro años trabajando ahí conocía todos los corredores y recovecos de la estructura a la perfección, por lo que en cuestión de minutos llegó al recibidor de la biblioteca. No tenía mucha decoración, pero cumplía su función bastante bien, y en ese momento había una figura en él, curioseando los libros que había en él: muy bien hecho, demostraba el espíritu de alguien a quién le gustaban los libros. O quizá de alguien que cuestionaba el gusto decorativo del lugar.

Buenas noches tenga usted, señor. – por si no lo había visto, anunció su llegada con una voz clara. Había iluminado un poco más la estancia con el candelero y por eso pudo ver mejor al ocupante: un joven alto de cabellos oscuros, supuesto propietario de una capa que reposaba bajo una antorcha... por ahora tuvo que conformarse con ello puesto que no podía obtener más información desde el ángulo en el que estaba – Le doy la bienvenida a la Gran Biblioteca de Ilia, hogar del conocimiento de Ilia, ¿Que puedo ayudarle en algo? – era una pregunta que era costumbre, pero no por ello menos importante de llevar a cabo. Tenía mucha curiosidad por saber quién era y qué asuntos le traían a la Gran Biblioteca de Ilia a aquellas horas de la noche, no porque no fuera bienvenido, todos eran bienvenidos en este lugar, pero Sindri era alguien curioso y no podía evitar que se le agolpasen una miríada de preguntas en la cabeza.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Vie Ene 15, 2016 10:15 pm

Con un gesto sumamente cuidadoso, devoto, el príncipe extrajo de uno de los estantes superiores un tomo que, según su título, habría de contar el mito originario de Naga y Grima. Tal temática había llegado a ser rápidamente su predilecta en lecturas durante los últimos meses, aunque no hacía menos difícil el acto de elegirlo; Pelleas era un lector extremadamente veloz, uno de sus escasos talentos, pero muy consciente de que aún si dedicase semanas a los libros de ese salón, no lograría terminar de leer ni la mitad. Y aquel era sólo ese salón. Aún así, le emocionaba la idea de empezar y no querría perder más tiempo del que había gastado llegando. No había dormido, pero cualquier atisbo de sueño se había desvanecido por completo en ese momento, le restaban muchas horas a la noche aún y tendría en qué ocuparla.

Hecho ya a la idea de pasar así su noche y esperar con toda paciencia a por un bibliotecario de mañana, la voz que se alzó a su espalda se le hizo absolutamente imprevista. Tomado por sorpresa, saltó un poco en el lugar, instintivamente soltando todo lo que tenía en las manos, que en ese caso era sólo el libro. Aún más alterado, manoteó el aire para intentar recuperarlo antes de que tocara el suelo, acabando acuclillado y todavía más avergonzado que antes, pero con el tomo a salvo entre sus manos. Un tintineo metálico delataba las joyas en sus muñecas, así como el brillo de numerosos anillos en sus dedos. Carraspeó con incomodidad, mirando por un par de tensos segundos al bibliotecario y rezando que el suelo de la biblioteca se tragara su pobre alma.

- Sí-- quiero decir, no, no es necesario. - Se apresuró a responder en una voz suave, murmurando. El bibliotecario traía su propia vela y un par de libros bajo el brazo, por seguro se había ya retirado por la noche, quién sabía si por culpa de Pelleas no había tenido inclusive que levantarse de la cama. Con un toque de pánico ante la idea de incomodar tan prontamente al encargado, negó con la cabeza. - Espero no haber interrumpido su descanso... entiendo que sea tarde para un visita formal, pretendía llegar a mejor hora, pero es mi primera vez en Ilia y el camino resultó mucho más largo de lo que anticipé. Sin ánimos de serle un molestia, sólo adelantaré algunas lecturas de aquí a la mañana. Si no presenta un inconveniente, quiero decir. - Dijo, inseguro en cada palabra. Su vista pasó por el resto de la habitación, evadiendo contacto visual con el otro mago, hasta dar con la capa blanca colgada en la pared. Enseguida, Pelleas hizo una leve mueca al explicarse. - Oh, lo siento por esto, es que la nieve la ha empapado... -

El bibliotecario no parecía precisamente alguien inflexible, ni se le veía realmente molesto; todo lo malo del asunto estaba sólo en su cabeza. A lo sumo, se veía al caballero un tanto joven para estar a cargo de un lugar así, pues tal tarea solía ser dejada a sabios de muy avanzado nivel y muy entrada edad. Irguiéndose finalmente, el mago pretendió apartar un polvo inexistente de la tapa del libro mitológico, más que nada para ocupar en algo sus manos, y en otro murmullo se atrevió a una discreta petición. - Aunque, uhm... quizás sería prudente saber exactamente a qué salones he de tener acceso mientras tanto. - Dijo. Suponía que era sólo eso. Ya había pasado bastante verguenza frente al bibliotecario y ansiaba volver a estar a solas, el único contexto en que no le pasaban esas cosas.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Ene 17, 2016 7:37 pm

Buenos reflejos. Estoy seguro que a mí se me hubiera caído. – alabó al desconocido tras ver el numerito con los libros: Sindri no era especialmente ágil o rápido por lo que no creía haber mentido. Un retintineo hizo que el bibliotecario se fijara en las manos del sujeto, que resplandecieron unos momentos bajo la luz del candelabro... anillos y abalorios que el muchacho no pudo acabar de ver, lo que ya proporcionaba suficiente información sobre el sujeto. ¿Sería un noble? ¿Un mercader adinerado? No podía saberlo bien ahora por ahora pero sí que era cierto que eso había despertado algo de curiosidad en él. Magos, filósofos de todo tipo, eruditos... muchos eran los que pasaban por la Gran Biblioteca de Ilia, pero ninguno de ellos traía consigo tanta riqueza y distinción. Especular estaba bien, pero tampoco era cosa de dejar su trabajo a medias por ello.

Nada más lejos de la realidad, soy el encargado del turno de noche de la Gran Biblioteca de Ilia. Sin embargo, si ese libro llegase a caer, quizá despertase un Mage o un Sage que están descansando ahorita mismo y entonces ambos podríamos tener problemas. Ahuhuhu~ – señaló con el candelabro el piso de arriba, que es donde dormían y entrenaban los Magos de Ánima de la Gran Biblioteca de Ilia, mientras guiñaba el ojo al opulento desconocido, como queriendo hacerlo partícipe de la broma – La gran mayoría de ellos son buena gente y son comprensivos, pero si usted ve algo brillante que viene hacia nosotros a gran velocidad, le recomiendo que se agache. Las manchas de fuego mágico cuestan muchísimo de sacar de la ropa. Créame en esto, tengo experiencia personal. – cesó con las bromas, tratando de aligerar el ambiente tenso del lugar. El hombre con el que estaba hablando parecía muy tenso e incómodo, y Sindri opinaba que era su deber como encargado del lugar y, por suerte, conocía bastantes chistes y bromas para ello. Ésas eran sólo para tantear un poco el terreno.

Nunca es demasiado tarde para una visita a la Gran Biblioteca de Ilia: estamos abiertos todas las horas de todos los días del año. Ahora bien, dependiendo del momento puede encontrar más o menos gente con la que compartir espacio. A juzgar ahora mismo... – hizo una pausa dramática, estirando el cuello como si escuchase algún ruido lejano – ... no tendrá mucha competencia para elegir el libro que prefiera, de eso estoy completamente seguro. – sonrió con confianza puesto que lo sabía bien: en estos momentos no había absolutamente nadie en ninguna de las salas habilitadas para la lectura ni en los recintos donde se guardaban los tomos y lecturas – El camino a Ilia siempre es largo y pesaroso, eso no hay manera de cambiarlo. Venga de donde venga, permítame decirle. Es un páramo helado rodeado por cordilleras y montañas hasta donde el horizonte permite ver. Así que no se preocupe en absoluto por esto, los que vivimos aquí entendemos lo intempestiva que puede llegar a ser cualquier cosa. – movía un poco la cabeza mientras mantenía la sonrisa, tratando de asegurar que esto pasaba mucho. Las caravanas sabían cuando salían de Ilia pero nunca cuando iban a llegar: si no había una ventisca habría algún desprendimiento o el camino sería intransitable.

No es ninguna molestia y, bueno, deje ahí la capa si quiere. Ya se secará, no creo que nadie la quite de ahí... a no ser que haya sonámbulos. – miró a la figura que tenía delante con una expresión divertida. No había sonámbulos en la Gran Biblioteca de Ilia, eso era seguro, o al menos no pasaban por la biblioteca – No hay problema, le llevaré a un salón en el que pueda leer a placer. Puesto que están todos vacíos, le llevaré al más cálido de todos: el agradable y placentero clima de Ilia no perdona. – se giró y, tras un pequeño cálculo mental, trazó una ruta – Sígame, por favor. – y con esas palabras, Sindri se adentró en la oscuridad y comenzó a desfilar por la maraña de pasillos que conformaban la Gran Biblioteca de Ilia, esperando que el visitante lo siguiese. Si no, tendría que volver al recibidor... de todos modos algo de ejercicio rompía la monotonía de la noche.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Vie Ene 22, 2016 4:31 pm

No estaba muy seguro de que la risita o el humor del bibliotecario lo tranquilizaran; estaba siéndole amable, sí, Pelleas podía percibir eso y apreciarlo con un tendido pero discreto suspiro de alivio, pero la mención de los sabios durmientes ponía un peso culpable sobre sus hombros. Nuevamente tenía el viejo y conocido impulso disculparse un par de cientos de veces, controlado bajo un leve apretar de las manos en torno al libro. Por lo demás, aquella era una risa bastante peculiar, la del bibliotecario, y un sentido del humor un poco fuera de blanco si así podía llamarlo. No le quedaba del todo claro hasta qué punto bromeaba y desde donde debía de preocuparse verdaderamente. Por cautela optó por preocuparse. - Entiendo. Todo esto ha de ser demasiado valioso, no juzgaría mal que deseen protegerlo de daño así que, um, seré muy cuidadoso. - Respondió, quizás excesivamente formal frente a alguien que le trataba con tal jovialidad, pero no podía hacerlo de otra forma. Ni siquiera le veía a los ojos, pues era algo que no acostumbraba a hacer, posando la mirada en la llama de su vela o en los libros bajo su brazo en lugar de ello.

De algún modo siempre estaba topándose con excéntricos... se permitió remitir al recuerdo de otros magos que había conocido en Plegia, magos oscuros todos ellos; desconocía si el bibliotecario fuese un mago común siquiera, pero era un patrón que parecía repetirse. Gustosamente dejó que fuese él quien hablase, encontrando allí ocasión para serenarse un poco y componerse. Se paró derecho y sujetó el libro con más seguridad, alzándose a la formidable altura de un varón de Daein. Era inevitable alzar una ceja ante los gestos del otro joven, siguiéndole con la mirada tan extrañado como interesado. Como encargado nocturno, se hacía sonar más acostumbrado a las visitas en esas condiciones y a esas horas de lo que el extranjero habría creído, lo cual representaba cierto alivio. Llegó a serle un tanto difícil mantener un semblante serio ante los gestos del otro y agachó la cabeza un tanto al reír levemente. O era una persona muy excéntrica, o sólo se aburría mucho cuando la biblioteca estaba así de despejada.

Pelleas se cubrió la boca con una mano; reír en voz alta alrededor de alguien no era algo que hiciese muy a menudo, por breve que fuese. Habló en un murmullo, paranoico en demasía respecto a despertar a los sabios de la biblioteca. - Ah, muchísimas gracias, entonces. Me temo que tomará mucho más que una noche para abarcar todos los que quisiera leer, pero cuanto antes comience, mejor será. ¿Acaso no podría uno permanecer en un lugar así toda la vida? - Dijo sin pensárselo demasiado, tan sólo desviando la vista con admiración al paisaje de estanterías a su alrededor. Se atrapó enseguida, sin embargo, pues no podía asegurarse que el encargado compartiese su impresión; quien sabía bajo qué circunstancias acababa trabajando en un lugar tan recóndito, o si era una vida que disfrutara. - Espero no sonar imprudente, es sólo que parece el destino de todo un peregrinaje para mi. -

Echó a andar tras el hombre y la iluminación de su pequeña vela, ansioso. Un poco curioso, además, del cuidadoso gesto con que decidía sus pasos; no había llegado a ver el tamaño total de la biblioteca desde afuera, pero ahora estaba comenzando a sospechar que se requería necesariamente un guía allí dentro para tomar el pasillo correcto hasta el lugar correcto. Habían demasiados desvíos, la mayoría oscuros a esa hora, parecía fácil perderse. - Nuevamente le agradezco, pero, ajem... - Intervino, volviendo la mirada de un lado a otro, por cada misterioso pasaje y salón cuya puerta se entreveía. Estaba en aquel viaje para aprender tanto como para ver el mundo con sus propios ojos, y no sólo en sus libros podía la biblioteca instruirlo. - Es un... lugar bastante más amplio de lo que parece, ¿no es asi? Si pudiese ver un poco más, si no interviniese eso con sus deberes de esta noche, estaría tremendamente agradecido. - Se atrevió a preguntar. Quizás era la emoción de todo aquello, que le mantenía adelante aunque siguiera helado hasta los huesos y el cabello húmedo no le ayudara mucho a tomar calor. Se adelantó en un par de pasos largos para no caer detrás de su guía.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Ene 24, 2016 11:37 pm

¿Valioso? Y que lo diga, todo el conocimiento es valioso. Aunque en la Gran Biblioteca de Ilia se llevan a cabo trabajos de escriba y de copistería, cada uno de estos volúmenes es único a su propia manera. No sólo por la información que contiene, sino también por el hecho que el que lo escribió invirtió mucho tiempo y esfuerzo en su creación. – explicó Sindri mientras guiaba el misterioso visitante por los pasillos de la biblioteca, sólo con un candelabro para alumbrar el camino. No lo necesitaba, durante cuatro años había recorrido el edificio entero innumerables veces, y se sentía capaz de caminar por ellos en completa oscuridad... además, la oscuridad no le molestaba en absoluto – Aunque los Sage seguramente estarían más molestos por haberlos despertado de sopetón y haberlos hecho levantar de la cama. Y quizá algún Mage también. Les gusta bastante poder descansar bien por las noches... ¿Y a quién no? – bromeó Sindri de nuebo. Conocía bastantes magos que estudiaban en las plantas superiores de la biblioteca, y podían resultar bastante cascarrabias por las mañanas. No eran malas personas, o al menos la gran mayoría no lo era, aunque era una buena idea sólo tratar de entablar una conversación tras el almuerzo – Oh, vamos, no soy tan alto, no hace falta erguirse así. No soy peligroso en absoluto, palabrita de honor. Sólo soy un bibliotecario. – dijo tras observar entre las sombras como el hombre se alzaba, no del todo bien por tener que llevar él el foco de la luz, pero pudo observar lo suficiente para hacerse una idea de lo que pasaba. El bibliotecario podría tratar de erguirse como varón de Lycia, pero no quería despertar al edificio entero con las carcajadas del visitante.

Lo único que se podía oír durante un rato fueron el eco de los pasos de ambos sujetos mientras seguían por la galería... Sindri quería hablar, era hablador por naturaleza, pero no tenía ningún tema ahora mismo sobre el que hacer una diatriba. Pero, por suerte, el hombre le proporcionó uno... ¿Cómo podría responder la cuestión que acababa de plantear? – Depende a qué bibliotecario pregunte, la respuesta es “sí”. Algunos de ellos se vanaglorian de haber nacido en un pueblecito de Ilia cercano a la biblioteca y haber tenido sólo un trabajo durante toda su vida: como bibliotecarios. – explicó mientras continuaba paseando. Todo el mundo conocía las batallitas de los bibliotecarios más mayores, fuentes inagotables de sabiduría y conocimiento, puesto que solían contarlas a cada momento que tenían oportunidad – Es un buen empleo, sobretodo para los amantes de los libros. O quizá debería decir “sólo para los amantes de los libros”. Se está rodeado de ellos todos los días y cada aspecto del empleo tiene que ver con ellos. – su tono era enérgico, puesto que él entraba en la primera categoría – No hay imprudencia alguna, cualquier pregunta que haga será bienvenida.

Y entonces llegaron ambos a una sala enorme con estanterías hasta donde se podía ver, con algunas mesas estratégicamente colocadas, algunas con velas encendidas para no estar en la oscuridad más absoluta. Sindri no podía leer en ella. Libros bien cuidados de todos los tipos imaginables eran bañados por una luz anaranjada y danzante, aunque las sombras habían tomado posesión de la mayoría de las estanterías. Arriba, una bóveda decorada con motivos y escenas relativas al conocimiento y a la magia, se alzaba imponente durante las horas del día... pero ahora poco podía verse – Le doy la bienvenida a la sala central de la Gran Biblioteca de Ilia, que contiene una gran colección de libros y, a su vez, conecta las salas más especializadas en cada materia. – una breve introducción puesto que había escuchado la petición del desconocido – ¿No le gusta la oscuridad? Comprensible, hay muchas cosas que temer en ella. Permítame unos instantes. – poco a poco se acercó a la mesa más cercana y comenzó a compartir el fuego del candelabro con algunas lámparas que ésta alojaba. Cada vez la luz iba cobrando más terreno a la oscuridad.

¿Que puedo tener el placer de saber con quién hablo? – inquirió mientras seguía con su labor de farero sin prisa pero sin pausa – ¿Es tal vez usted un filósofo o un profesor de alguna clase? Hay cursos y simposios por la mañana a los que podría apuntarse si prefiriese. – ya sólo faltaban algunas velas para que toda la mesa reluciese – ¿Quizá es usted un mago en busca de tomos de conocimiento y de hechizos? Hay muchos de ellos disponibles, aunque habrá que ver si lo está usando alguien ya... son muy solicitados. – una vez terminó se acercó al visitante de nuevo, con el candelabro en la mano poco a poco, mientras recordaba un tema – Y, en caso que sea un Mago Oscuro o aficionado a la Magia Arcana, no, la biblioteca no dispone de ningún Grimorio de Magia Arcana aquí. Tenemos varias biografías de magos dedicados a esta rama de la magia, eso sí. Le sorprendería cuanta gente pregunta esto. – todos los Tomos de Magia Arcana estaban guardados en la habitación de Sindri, a buen recaudo, por lo que era cierto que la Biblioteca no disponía de ninguno ella misma – Si siguiese teniendo frío, puedo encender una chimenea o algo por el estilo. ¿Quiere una manta? – se ofreció, mientras esperaba una respuesta.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Sáb Ene 30, 2016 1:40 am

- ¿Ah? L-Lo siento, lo lamento. - Murmuró apresuradamente, bajando los hombros y dando un paso atrás. Demasiado fácil, quizás, pero era la postura que más comúnmente adoptaba en casa y era fácil revertirse a ella. El viaje ciertamente había comenzado a darle otra clase de seguridad, nueva y aún ajena para él, pero seguía siendo aquel tipo de persona que cedía y era el primero en echarse atrás, aún si le era dicho en broma y en tan jovial tono. Pese a los embrollos que él mismo se armaba en su mente, lo cierto era que aquel bibliotecario no le transmitía nada negativo; su sentido del humor no le era muy entendible aún, pero estaba siendo cordial y amable y hablándole bastante, lo cual apreciaba. Le facilitaba bastante las cosas poder silenciarse y escuchar, sin preocuparse de los silencios o del inicerto tartamudeo que insistía en arruinarlo cuando hablaba. Además, cada cosa que exponía el bibliotecario tenía captado su interés; imaginaba la vida en aquel recóndito edificio, más grande que muchos de los palacios que conocía, y no podía parecerle sino fantástica.

Tal parecía que el encargado nocturno compartía su opinión. Sonaba alegre con su situación; no estaba seguro de cómo sonaría tal persona al estar descontenta, pero aún así. - Sí es usted, en efecto, uno de los bibliotecarios que concordarían, ¿no? Lleva más de un libro consigo. - Pelleas recalcó, apuntando a los dos tomos que había traído junto con su candelabro. Detalles como aquellos saltaban a su vista con facilidad. Lo más seguro era que estuviese leyendo hasta antes que él mismo llegase, si por tales cosas juzgaba. - Ha de estar bastante encaminado en la odisea de tomar cuanta sabiduría contiene esta biblioteca. -

Un leve pero súbito destello le encandiló la vista, haciéndole volver la vista hacia la fuente de luz con un parpadeo confundido. No se trataba de nada más que velas, pero viniendo del pesillo oscuro, bajo la sola guía de la luz que portaba el bibliotecario, la diferencia era notoria. Con sobrada fascinación aprovechó de mirar a su alrededor, emitiendo un pequeño ruidito incoherente y emocionado al percibir las dimensiones de aquella habitación. Tan solo aquel cuarto era más grande que cualquier biblioteca que hubiese conocido con anterioridad, y sin embargo le transmitía la misma sensación de comodidad y resguardo, como un agradable silencio que no presionaba ni exigía. Las historias, conocimientos y creencias contenidas en los cientos de libros le llamaban. Ciertamente no le molestaba algo de oscuridad, pero en tal lugar, lo que más deseaba era ver. Recordó prontamente todo lo que había oído sobre la biblioteca previamente, y enseguida paseó la vista por sus paredes, sus columnas y su techo, admirando la fina hechura de cada cosa. Cuando el bibliotecario comenzó a encender las luces, finalmente pudieron captar sus ojos lo que más buscaba, deteniéndose a admirarlo con ansias.

- La deidad Forseti... ¡oh! Y la corrosión de Bolganone. - Sonrió, reconociendo las representaciones artísticas en el techo, o al menos aquellas ligadas a la magia. No llegaba a discernirlo todo, seguramente de día la vista sería mucho mejor, pero lo que veía le emocionaba ya. Cómo deseaba ser capaz de llevar consigo esa visión, de algún modo; extensamente intentaría describirla en su bitácora después, pero dudaba conseguir expresar la maravilla del lugar. A la voz del otro hombre bajó la vista de regreso, avergonzándose inmediatamente de la emoción que mostraba y esquivando su mirada. - Oh, no, por favor no me malentienda, yo sólo soy un estudiante, yo-- - Paró un momento. Había mencionado magia oscura. Ea una mención casual, meramente enlistando cosas, pero le sorprendía de igual modo. - Ha dicho... ¿ha dicho que muchas personas preguntan aquí sobre estudios de magia oscura? He sabido que los mejores magos del continente se generan en los salones de esta biblioteca y ha sido suficiente motivación para mi, además de visitar en lugar en sí; pero es que es tan inusual que se incluya ese tipo de magia, que simplemente no he pensado que... - Se detuvo con una leve risa, estaba hablando de sobra. - Discúlpeme, me he puesto a parlotear sin medirme. Aceptaré lo de la chimenea, si no es inconveniente. -

Todavía tenía el cabello húmedo y empezaba a sentir el frío asentarse, después de todo. Aunque quería seguir recorriendo el lugar, había bastante en esa habitación que quería revisar también, por lo que supuso que estaría su buen rato. Dudaba en molestar al bibliotecario con el asunto de su doctrina; de algún modo, la forma en que había hablado de los magos le tenía dada la impresión de que no era uno de ellos y quizás no estaba tan involucrado. A su vez, sin embargo, había algo sobre él que se sentía familiar. Lo percibía con más fuerza cada vez que pasaba cerca. Pensó que si le tocaba, quizás, terminaría de notarlo con seguridad, pero hacer tal cosa de una forma casual parecía imposible. Suspiró levemente y se acercó a las estanterías, comenzando a revisar rótulos, familiarizarse con la clase de títulos de este salón. A su vez, al encontrarse bajo cierta sección del techo y sus representaciones artísticas, apuntó hacia una de estas: bajo la tierra surcada por Bolganone, obscurecida por nubes negras, aparecía tenuemente una serie de escrituras y marcas. - Esos son los siete círculos de Verrine, un tomo arcano. Había oído de los artistas que tuvieron oportunidad de pintar el techo de la Biblioteca de Ilia, y que uno de ellos había incluido, en tiempos en que tal doctrina mágica era casi que repudiada, una sutil alusión a su presencia. No espero que sea algo que aquí se imparta, pero me alegra este tanto. - Se giró hacia el bibliotecario, pasando una mano por su ondulado cabello para apartarlo de su frente, mostrando por apenas un momento la marca en su frente, una runa delineada en rojo que había marcado el inicio de su camino de vida. - Ya que es la doctrina que practico. Y usted... - Se animó a decir ese tanto, mas no a terminar.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Lun Feb 01, 2016 7:46 pm

Está usted perdonado. Si se yergue ante gente que no ha sido bendecida con altura se puede acomplejar. Y yo tampoco soy tan alto, ¿hm? No tengo tampoco que usar zapatos con tacón, pero ya me entiende. – explicó el bibliotecario tratando de dar algún tema de conversación al que el interlocutor pudiera entrar cómodamente. Parecía alguien solemne y estudioso que no era muy dado al humor... bueno, Sindri estaba ahí para remediar esa segunda parte en aquella conversación. Con la luz, pudo mirarlo mejor, y pudo comprobar como tenía un porte singular... hasta que lo retiró, podría decirse que parecía alguien noble, o al menos alguien que había aprendido a mantenerlo. No podía asegurarlo, hacía años que había dejado la corte de Ryerde y las nieblas de la memoria podían hacer que se confundiese. Pero había algo regio ahí, su intuición le decía que estaba hablando con alguien con un estatus en la vida superior al suyo – Esos zapatos altos. ¿Se imagina? Irían de perlas para alcanzar los libros a los que no llego normalmente. – hizo un gesto como para coger un libro imaginario que estaba justo encima de él – Pero quizá haría mucho ruido con cada paso y distraería a los que quieren leer. Los zapatos con tacones que he visto parecen pesados y no creo que quiera aprender como andar con ellos. – explicó con voz afable mientras acababa de encender las últimas velas que quedaban cercanas al visitante. Realmente tampoco tenía tantos problemas con su altura y, relativamente, él era uno de los más altos de la biblioteca, si no contábamos los Mage y Sage que a veces les visitaban.

¿Libros? Sí, desde luego, son una de mis pasiones. ¿Oh? – se dio cuenta sólo entonces que todavía llevaba los libros que había estado leyendo consigo. Estaba tan acostumbrado a transportarlos que llevar grimorios con él había sido algo natural durante cuatro años en la Biblioteca – Verá, acabo de llegar de un viaje a Sacae y allí he aprendido mucho. A raíz del viaje, he querido conocer más sobre pegasos y... ¡Bueno! Hay una sección dedicada a ellos aquí. – puso los dos libros sobre la mesa, dejándolos visibles – La mayoría son muy avanzados, llenos de tecnicismos o libros de cuidados que ya presuponían que tenías conocimientos sobre ellos. Esos no me sirven de mucho, pero... – señaló un libro de colores brillantes con una portada muy elaborada y unas lentras enormes en la parte superior de ésta – “Guía de Volo para Todas las Criaturas” por Volothamp Geddarm. Un libro muy interesante en el que se describen en gran detalle una miríada de seres, entre ellos los pegasos. Incluso trae consigo algunos mitos y leyendas sobre estos caballos alados... ¿Sabía usted que los pegasos son los encargados de hacer los arcoíris? Increíble, ¿cierto? – entonces señaló el otro libro, uno de cubierta de cuero oscura con unas letras plateadas justo en el centro – Este es un libro de cómo criar pegasos, pero es el primer volumen y es más introductorio que otra cosa, por lo que puedo entenderlo bien. La colección está escrita por una famosa caballera de pegaso, Falena, que vivió hace tiempo aquí mismo, en Ilia, hace mucho tiempo. – satisfecho, los volvió a apilar, pero los dejó suficientemente cerca del hombre por si quería echarles un vistazo.

Ah, está usted versado en mitología e historia... e incluso un poco de magia, por lo que parece. En efecto, ha acertado con todas las pinturas... bonitas, ¿Cierto? – el desconocido había inquirido en la Magia Arcana. Muy normal, era un tema que provocaba bastante controversia y saltaba mucho en conversaciones – Sí, señor. Como es un centro de conocimiento y de magia, mucha gente cree entender que también se imparten aquí clases de Magia Arcana o Magia de Luz, pero no es así. Los magos que se forman aquí son especialistas en la Magia de Ánima, y algunos de ellos incluso ahondan en los misterios de los bastones curativos. – explicó el Dark Mage animadamente. Ya había buscado él por su cuenta (y discretamente) clases de este tipo, pero aún así parecía que, simplemente, era una rama de magia que no se impartía – Quizá no hay profesores dispuestos a enseñar cerca, o quizá la Magia Arcana es considerada demasiado peligrosa. Cosas de magos, yo nunca me meto en sus asuntos. Y ellos nunca me cuentan nada a mí. ¿Por qué deberían hacerlo, de todos modos? – rió un poco imaginándose que tuvieran que preguntarle a él para hacer cualquier tipo de trabajo.

Chimenea, chimenea... deme unos momentos. – Sindri desapareció durante unos momentos por una puerta, en la que había una caldera algo vieja y chirriante. No se permitían fuegos más allá de velas en la estancia, y todas las velas estaban protegidas por lámparas, nunca se es demasiado cuidadoso. La caldera calentaba la estancia mediante un sistema de oquedades traspasando calor por debajo del suelo, que poco a poco se alzaba para modificar la temperatura de la estancia. Ingenioso. Había varias de éstas, situadas en distintos lugares de la biblioteca, pero aquella bastaría por el momento. Regresó entonces a la estancia justo a tiempo de oír lo que el hombre opinaba sobre el arte – Arte y magia, entrelazadas. Supongo que los artistas tenían libertad para llevar a cabo sus pinturas... dudo que nadie se diese cuenta en su tiempo. Es un signo bastante peculiar. – escuchó atentamente y mostró bastante sorpresa. ¿Alguien acababa de confesarle ser un Mago Oscuro? En cualquier caso, eso requería bastante valor, todo el mundo sabía las opiniones que tal rama de la magia despertaba en la gran mayoría de la gente.

¿Dije que era muy peligrosa? Ejem. Sí. Quise decir “una escuela de magia totalmente válida y completamente respetable”. Eso. – la pregunta del hombre quedó en el aire, pero Sindri no pretendía responderla. De todos modos, él había pedido un nombre y no le habían dado... ¿No tenía un nombre pero pretendía que revelase algo de él? Mentir no era su estilo, por lo que trataría de darle un poco la vuelta – No soy Mage, si eso es lo que me pregunta usted, no fui bendecido al nacer con el talento para hacer pactos con espíritus de ninguna clase. Si tuviera esas capacidades, trataría de estudiar en esta academia... – señaló arriba con un dedo – Mi doctrina son los libros, como bien usted ha apuntado antes. – captó con la mirada un símbolo fugaz en la frente del muchacho. Una fracción de segundo. No sabía qué había visto, pero había visto algo – Soy Sindri, un bibliotecario de la Gran Biblioteca de Ilia. – encogió los hombros entonces, como mostrando que no había mucho más que contar sobre él.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Jue Feb 04, 2016 6:27 pm

Supuso que estaba frente a alguien idóneo para recibir visitas en la biblioteca, pues en sus afables ademanes hasta hacía entretenimiento. A saber si era algo que hacía adrede, como un jinete wyvern que entablase cortésmente conversación con el pasajero tras la montura, o si simplemente era parte de su carácter. De cualquier modo, la pantomima de los tacones y los libros en el estante alto le sonsacaron una leve risa, que a conciencia ocultó tras su zurda, temeroso de hacer un eco en la gran recámara. Qué jovialmente tomaba las cosas aquel bibliotecario, y qué ánimos traía a tal hora de la noche. Le agradaba, sin embargo, dejar que hablase libremente. Le dejaba tanto más tranquilo, y de todos modos, nada había allí que no fuese de su interés. Algunas cosas ciertamente más que otras, pero no se negaba a ninguna clase de conocimiento, por lejano que fuese a su rama; de poder, leería cada libro en aquel salón sólo por la satisfacción de ello.

Sus dedos apenas y tocaron la esquina de la tapa al abrir el libro de criaturas de Geddarm, incapaz de contener la curiosidad de pasar las páginas y ojear lo que contenía. El conocimiento general siempre era buen punto de partida, era posible también que existiesen en los continentes recientemente descubiertos criaturas de las que no hubiese oído aún. Se topó con una ilustración de los haces de luz formándose a través de las nubes, asumiendo que yacía allí la explicación que el bibliotecario describía. - Increíble, sí. Esta clase de criatura es común de donde vengo, también, pero tiene su vasto mérito conocerlas desde el punto de vista de otros. ¿Quién sabe? Entre lo que se conjetura bien pueden haber verdades que del otro lado del mar jamás se han sospechado. De algún sitio del mundo he visto transitar wyverns bípedos, por ejemplo, de patas frontales muy poco desarrolladas y con las cabezas llenas de espinas, cuando en Tellius son cuadrúpedos. Y un poco más... manejables. - Cerró el libro, claramente el bibliotecario aún estaba usando ese y el de tapa de cuero, habría sido descortés acapararlo. Además, tenía muchos otros que cubrir, comenzando por mítico tomo de la religión de Akaneia. - La curiosidad jamás es malsana. - Agregó en un murmullo, volviendo la vista al salón. - De todos estos, me pregunto cuantos ha tenido la oportunidad de leer ya. -

Le parecía que se había confundido, después de todo. No albergaba esperanzas de que aquella escuela dictaminase cátedra sobre magia arcana, era improbable por donde se le viese, pero había llegado a ilusionarse de que hubiese algo. Al final, suponía que tendría que conformarse con un par de lectura biográficas; no serían mal recibidas, hasta hacía poco tiempo había sido el único mago de tal doctrina que en su vida había conocido, sospechaba que podría aprender mucho de una lectura así. Por lo demás, no había deseado de su viaje a la biblioteca mucho más que un breve encierro entre tomos, así que no tenía de qué quejarse. Ahogó la leve decepción y asintió en entendimiento. "Cosas de magos", le decía el bibliotecario, volviendo obvio que se consideraba aparte de ellos. - Ah, por supuesto... - Con apenas aquel murmullo Pelleas se silenció un momento. ¿Sería prudente pedir autorización para asistir a las cátedras comunes? Había estudiado ampliamente la magia de ánima, pero en cierto punto había dejado de serle de utilidad alguna.

El encargado regresó sin que le viese encender una chimenea ni notase de sitio alguno el brillo de algún fuego lejano. No se atrevió a preguntar al respecto, aunque si comenzaba a estornudar las cosas serían incómodas para él. Se apartó un poco el cabello del rostro, sintiéndolo menos húmedo ya, y escuchó a las palabras del bibliotecario con una sonrisa casi agradecida. Intentaba ser un poco más delicado respecto al asunto de la magia negra, o eso parecía; el mismo Pelleas no era en absoluto ajeno a la mala fama de su doctrina, hasta hacía poco se había asegurado de no nombrarla bajo ninguna circunstancia, y desde aquellos días conservaba aún el hábito de dejarse el cabello largo, de modo que cubriese fácilmente la marca espiritista en su frente. Pero Plegia le había enseñado una cosa o dos sobre herejía y orgullo. Continuaba apreciando, sin embargo, el esfuerzo del otro por no sonar irrespetuoso.

- No debe de preocuparse tanto, realmente. Comprendo que se considere una doctrina peligrosa desde muchos puntos de vista, aunque yo mismo la veo como algo benigno y fantástico, por cuanto me ha servido y ayudado. Tan sólo espero no, um... incomodar. Realmente sólo pretendía detenerme en la biblioteca en calidad de lector, posiblemente asistir a cátedras, p-pero comunes, quiero decir, así que... - No supo exactamente cómo terminar. Lo único que deseaba era no ser retirado del lugar por haberse revelado imprudentemente, olvidaba que en la mayoría del mundo las cosas aún podían darse así. Le preocupó, aún si el bibliotecario parecía flexible al respecto, y con particular cuidado por sus modales se aseguró de inclinar la cabeza profundamente al responderle; una presentación debía ser correspondida con otra. - Ah... lamento mi falta de decoro. Soy Pelleas, hijo del rey Ashnard de Daein. Estudiante de magia y egresado del internado de Plegia. - Aclaró, pues era allí donde había tenido sus primeros y únicos estudios formales en la materia de la magia arcana. Finalmente extendió su mano, ofreciendo un apretón y pensando distantemente que el contacto sería bueno. A través del tacto podía llegar a percibir, quizás, la presencia o la carencia de una inclinación mágica. - Espero que no sea un problema mi presencia aquí... -
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Feb 07, 2016 12:06 am

Bueno, el hombre acababa de reír, lo que era buena señal... o al menos se había tapado la boca con la mano izquierda. Esperaba que fuera una risa, y no que sus bromas le habían hecho enfermar físicamente de lo malas que eran, algo que había tenido el placer de comprobar que era enteramente posible. El suave sonido que reverberó brevemente por la estancia confirmó que era por haberle hecho gracia, lo que era un comienzo: una biblioteca era un lugar demasiado serio como para que, además, la gente que la regentaba y la visitaba estuviera también con ese ánimo. Satisfecho, Sindri caminó un poco por la estancia, dejando espacio para que el joven desconocido pudiera curiosear a placer los libros que había dejado ahí mientras escuchaba sus opiniones sobre sus sujetos de investigación: los pegasos.

Si bien no pongo en duda alguna sus palabras, ni mucho menos, debo decir que sería extraño que sean tan comunes que en el reino donde reposan sus pies. En Ilia se forman las mejores jinetes de pegaso de Elibe y sus tierras son famosas por dar hogar a estos animales... se podría considerar que la mayor exportación de Ilia son mercenarios y las más solicitadas son las jinetes de estos animales maravillosos. – señaló el libro que el hombre estaba leyendo con su mano izquierda de manera suave. No es que no creyese lo que decía, claro, pero era como decir que había lugares con más planicies que Sacae: posible, pero no era muy probable... aún así, no sabía de donde provenía exactamente y, teóricamente, no había nada imposible – ¿Wyverns bípedos? Impresionante... tal y como usted los describe parecen de una variedad completamente diferente a los de Elibe. Dice usted que son más manejables... ¿Y pueden aterrizar correctamente sin ayuda de sus extremidades superiores? No puedo decir que sea un experto en wyverns, tampoco... – admitió, mientras movía la cabeza levemente hacia un lado, tratando de imaginar como serían los animales que describía. Encontraba interesante que hubieran tales diferencias entre criaturas bajo el mismo nombre... – ¿De veras? Hay quién dice que la curiosidad mató el gato. Ahuhuhu~ – para un bibliotecario, los susurros eran un arte y el método de comunicación preferido a partes iguales, por lo que no tenía dificultad para entenderlos... además que no había sonido para entorpecerlos en aquél momento.

¿Cuántos, dice usted? Bueno, en los cuatro años que llevo como bibliotecario he perdido ya la cuenta de cuantos tomos han pasado por mis manos. Debo decirle que prefiero los libros de historia por encima de cualquier otro tema. – explicó mientras recorría un poco la mesa, señalando a la sección donde se recogían los libros de la historia de Elibe... entre ellos el tomo que fue encontrado en Bulgar no hace mucho tiempo. Menuda aventura. Pero bien era cierto que la historia era su materia predilecta para aprender e incluso las interminables listas de reyes le eran entretenidas de recitar – Los de política y antropología son también interesantes, pero los de filosofía se me hacen algo pesados, dándole tantas vueltas al mismo tema. – su mano se movió hasta apuntar hacia una zona cercana a la primera. Quizá su gusto por la política era un rescoldo de su vida anterior, y la antropología complementaba a la historia de manera más que adecuada – Aunque ahora ando tratando de expandir un poco más mi ámbito de lectura. ¡Hay tanto por descubrir en este lugar! – se paró suavemente y miró al desconocido que parecía no haber entrado en calor todavía – ¿Y usted, que tiene algún área de estudio o de lectura predilecta?

No puedo decirle que conozco la Magia Arcana ni sus misterios, por lo que tomaré su palabra por verdadera. – y era bien cierto, no podía decir a su interlocutor, de buenas a primeras, que conocía esta rama de la magia. No sabía tampoco a ciencia cierta si le estaba diciendo la verdad o no, por lo que más le valía ir con pies de plomo – Cada persona tiene su opinión y manera de ver el mundo, normalmente contrarias pero válidas a su vez, por lo que si usted ve la Magia Arcana positivamente, por algo será. No es mi lugar, ni el de nadie, decirle si es correcto o incorrecto. – encogió un poco los hombros mientras encogía los hombros, caminando de vuelta hacia donde estaba el desconocido. La Magia Arcana era un tema cómodo para él, por lo que no mostró miedo o falta de tacto, como muchas personas solían hacer ante ello... como él había podido experimentar en el pasado – Una espada es peligrosa también desde una miríada de puntos de vista, pero no tiene la misma fama, ¿no? Sin embargo, tiene la fama por alguna razón – abrió los ojos entonces y dirigió una sonrisa pícara al visitante – No hay cátedras de Magia Arcana, pero si quiere dar una, quizá pueda convencer al decano para que se lo permita. No puedo negar que sería algo digno de ver. Ahuhuhu~

Oh, esto sí que no lo esperaba. – dedicó al hombre una reverencia amplia y profunda, como todavía recordaba que se hacían en la corte de Lycia. Si era hijo de un rey, entonces era un príncipe, alguien de la realeza... ¿Y había llegado así? ¿Sin escolta? ¿Sin ningún tipo de aviso? – Milord, disculpe la falta de cortesía de mi trato, pero era completamente desconocedor de su posición social. Una miríada de disculpas por mi parte. – se levantó sólo entonces de la reverencia, tratando de mostrar toda la pleitesía que merecía alguien de su rango. No quería que la Gran Biblioteca de Ilia quedase en evidencia por tener gente que no manifestaba las conductas esperadas ante alguien de tal estatus social, aunque fuera el príncipe de... ¿Daein? Eso estaba en Tellius, si su geografía no le fallaba – Si requiere usía algún tipo de comodidad en particular, no dude en decirlo. – vio que el príncipe Pelleas había extendido la mano, por lo que se la quedó mirando. Si de veras era un practicante de la Magia Arcana, podía notar que él también lo era... aún así, rechazar un apretón de manos se podría ver como una afrenta muy grave. El príncipe era alguien muy inteligente y perspicaz, a juzgar por esto. Oh, bueno, de perdidos al río – Al contrario, su presencia es muy grata en la Gran Biblioteca de Ilia. – correspondió a su vez a la mano extendida del miembro de la familia real con su mano derecha, aceptando el apretón de manos.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Sáb Feb 13, 2016 11:54 am

No acostumbraba hablar en demasía, mas el bibliotecario conseguía sonsacarle más charla de la que consideraba siquiera cortés. Esperaba no estarle entorpeciendo, lo normal habría sido sólo pedirle algunas explicaciones, un poco de guía a través de la biblioteca, la locación de alguno que otro libro; fuera de eso, no habría pretendido ser un cliente exigente o una presencia molesta. Era sólo que podía interesarse en una infinidad de temáticas por la sola satisfacción de conocerlas, y Sindri ciertamente le daba material. La curiosidad, según sabía, era una famosa característica de la mayoría de los magos. A conciencia intentó contenerse un tanto, ser más prudente en pos del estatus que se suponía que ostentaba, mas prontamente volvió a caer en ser deslumbrado por su entorno, atento a cada sección que el bibliotecario le apuntaba. Ciertamente no había hablado de temas literarios con alguien en un largo, largo tiempo, y tan sólo imaginar la cantidad de libros que podía uno leer en el transcurso de cuatro años le maravillaba.

- A un ritmo de uno o dos por semana, siendo ambicioso, el resultado sigue siendo envidiable... - Comentó. Podían ser más, como podían ser menos; de todas formas apenas y conseguía imaginarlo propiamente. - Ah, este, personalmente disfruto bastante la filosofía, la poesía y la ficción en general. Mi padre me ha inculcado bastante la historia, por sobre todo la historia militar. En estos momentos lo agradezco; en esta época, conociendo tan poco el resto del nuevo mundo, es de suma importancia estudiar y repasar la historia mundial desde el cero, ¿no cree? - Hablaba en extensión otra vez, pero simplemente no podía evitar hacerlo, no con tan interesante y crucial asunto. Aquella podía ser una oportunidad, después de todo, para conocer la historia de Ilia y la de Elibe. - Aunque en este momento, me encontraba mucho más interesado en la religión. Las creencias de Akaneia se me han hecho sumamente interesantes. -

En sí, a lo que se refería era a Grima. Si lo que había aprendido en Plegia era verdadero, Grima era el patrón de todo mago oscuro, una suerte de deidad padre a la energía que manipulaban; distinta al viento o al fuego, la energía oscura no existía con tal simpleza en la naturaleza. La forma en que los magos la empleaban lo comprobaba en cierta medida, debiendo pasar por una iniciación que introdujese tal energía en ellos, pasada de mago en mago desde las más antiguas épocas del mundo. ¿Por qué, entonces, no tendría que ser grimleal un mago oscuro? Lo había pensado en extensión y no encontraba motivo en contra. La conección estaba allí, sólo le restaba estudiar la religión, familiarizarse más cercanamente con Grima. Suponía que a tales alturas él mismo era ya grimleal, en la más ligera definición. De todos modos, aquello no era algo que pudiese mencionar al bibliotecario, quien suficientemente flexible era al aceptar su doctrina con tan comprensivas palabras; palabras que, inclusive, infundaron cierta admiración en el mago de Daein, al cederle un punto de vista inesperado. - ¿Como una espada? Tiene razón, también se las puede ver de esa forma... todo aquello que es capaz de lastimar, es capaz de proteger. Pero, más aún, la magia puede hacer cosas que el acero no, y la magia arcana en especial. Fortalecer un cuerpo falto de salud o de vigor, por ejemplo. -

Había algo más, sin embargo, que resonaba con más fuerza aún. El bibliotecario parecía haberlo dicho en tan ligero ánimo, inclusive con aquella extraña y particular risa suya, pero Pelleas no terminaba de apartarlo de su mente. Una cátedra sobre su doctrina mágica. Normalmente le habría aterrado el concepto de hablar en público, pero no imaginaba que la biblioteca fuese a estar tan concurrida como la plaza de Nevassa en vísperas de un discurso real. Y, contra toda voluntad suya de utilizarlo de tal modo, lo cierto era que su título podía tener bastante que ver en que se le permitiese tal cosa. La idea se quedó allí, le dejó parpadeando en distracción cuando el hombre de excéntricos gestos se inclinó ante él, una mirada ilusionada aún puesta en sus facciones usualmente decaídas. - Um... no, descuide, por favor, no pretendo ser exactamente reconocible fuera del reino... ni viajo en calidad diplomática, como ha de ser notorio... - Dijo, su mente notoriamente perdida en otro lado. No terminaba de decidirse. Tan sólo el contacto con la mano ajena le hizo despertar nuevamente, sintiendo allí una presencia en exceso similar, afín. Si no era él un mago oscuro, la otra explicación posible se tornaba clara inmediatamente.

- ¡V-Vaya! Es usted alguien con una predisposición exclente para la magia. - Dijo con una leve sonrisa, pasando la vista un par de veces de la mano al rostro del bibliotecario; dio una risa nerviosa y soltó, cuando el contacto pareció demasiado prolongado. - ¿Está usted seguro que no es de su interés? Podría dominar lo arcano tan fácilmente, se lo aseguro, yo... - Perdió un poco el nerviosismo en su semblante, por cuanto la decisión parecía haberle llegado por sí sola, en ese preciso instante. Se atrevió a ver al afable bibliotecario a los ojos, gesto que evitaba en general, y habló en su mejor intento de no tartamudear ni agolpar sus palabras, aunque la emoción que comenzaba a tomarle se lo hacía bastante difícil. - Sindri, sobre lo que ha dicho anteriormente... realmente me gustaría que lo consultase con el decano. Me encantaría dar al menos una cátedra, una introducción a magia oscura. No hay suficientes, no se imparte con regularidad y si pudiese yo mismo ayudar con ello, creo que... creo que lo haría. Y, um, y usted debería asistir, quiero decir, me alegraría mucho que lo hiciese. ¿Q-Qué le parece? -


Última edición por Pelleas el Miér Feb 24, 2016 11:07 pm, editado 1 vez
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Lun Feb 15, 2016 11:51 pm

Parecía que el príncipe comenzaba a encontrarse algo más cómodo ahí, a juzgar por como (y cuánto) hablaba ahora en comparación a cuando llegó... parecía alguien bastante sociable, a juzgar por su tono y sus palabras, dispuesto a enseñar a los demás incluso algo tan peligroso como los secretos de la Magia Arcana. Peligroso para los otros y peligroso para él, nunca era buena idea decir que uno podía manipular algo tan desconocido y tan alieno para los demás como aquello que consideraban Magia Oscura en un buen día y Magia Negra en uno malo. Nunca había conocido personalmente un príncipe, si bien sí que había visto muchos nobles y ricos en su tiempo... ¿No se suponía que los príncipes viajaban de manera ostentosa y siempre visible? Quizá en su reino se hacía así o quizá era un príncipe muy particular. Sin embargo, no tenía mucho tiempo para pensar sobre ello puesto que se le requerían algunas respuestas y, siendo un miembro de la realeza, quizá no estaba muy habituado a que lo hagan esperar por trivialidades.

Es un buen número de libros para ese tiempo, milord. Debe tener usted una buena biblioteca en Daein que pueda proporcionarle nuevos tomos para leer cada semana. – dijo Sindri mientras trataba de imaginar cómo sería una biblioteca en aquel lugar tan lejano... ¿Necesitarían bibliotecarios? ¿Su clima dificultaría también la conservación del papel? ¿Cómo sería el método de creación de libros allí? Tuvo que morderse la lengua para no preguntar demasiado. No sería nada cortés atosigar a preguntas al real visitante – ¿Historia mundial? No sé qué decirle, es importante y valiosa pero las fuentes fidedignas de eventos de fuera del continente son tan difíciles de encontrar... – dijo el bibliotecario con una mueca y mirando hacia el techo del lugar... los intercambios de libros eran muy difíciles de llevar a cabo en el panorama actual – Religión, ¿eh? Es un tema del que tuve una conversación hace relativamente poco, concretamente de la relativa a Elimine, una de las Ocho Leyendas de Elibe. Un tema muy interesante, si usted me permite decirlo. – recordó su estada en un enclave de Sacae y su conversación larga y tendida con el Priest Luzrov Rulay, quién amablemente le regaló un libro sobre ese mismo tema. Un hombre muy amable, esperaba que pasara a visitarlo en algún momento – Aunque no sé qué decir de la religión de Akaneia, poco he leído sobre ella. Los libros sobre este tema en general escasean mucho.

Ah, cuántos secretos tiene la Magia Arcana... ¡Quién los conociese! Por como usted habla de ella parece todo un entendido. Fortalecer el cuerpo suena algo más parecido a la magia que practican los sanadores con sus bastones, sin embargo... – quizá la rama de Magia Arcana practicada en Tellius tenga algunos secretos relativos a como hacerlo, pero de buenas a primeras el bibliotecario intuyó que tendría que ver con maldiciones aplicadas o algún ritual relativo a la salud. Interesante. Muy interesante – Apostaría que cualquiera que conozca tales maneras de moldear la magia y la taumaturgia debe ser alguien con un poder desmesurado. – aventuró Sindri... quién al menos debería aparentar que no sabía absolutamente nada sobre ella. Por ahora. – Y sobre lo relativo a su identidad... entiendo lo que quiere decir. Pero eso no debería impedir que me dirija a usted como requiere alguien de su rango, ¿cierto? No sería correcto. – su sonrisa delataba que no le importaba dirigirse a alguien de un estrato superior de tal manera, pero necesitaría permiso expreso para dejar de hacerlo.

Una vez llevados a cabo los formalismos, sus manos chocaron en el saludo y, sí, él también pudo sentirlo levemente: la misma esencia que conformaba la Magia Arcana, encerrada en los cuerpos de los practicantes por rituales creados hace milenios – Ahuhuhu~ – una sonrisa y una pequeña risa, ambas a la vez, mientras retiraba la mano – ¿Encontró algo que buscaba en las brumas de la intimidad? – inquirió con una mirada pícara, buscando alguna señal más en la cara del príncipe de Daein. Lo que había pasado no tenía mucho misterio para él... a no ser que hubiera motivos ocultos. Nunca los descartaba, cada persona era un mundo en sí misma – ¿Talento? ¿Predisposición? Ninguna, me temo, aunque no son necesarios para esta rama, ¿cierto? Nada de pactos con espíritus ni nada por el estilo, tan solo aguantar la respiración y zambullirse en la oscuridad... hasta donde quiera llegar cada uno. O hasta donde pueda llegar. – cierto que había que tener afinidad con la oscuridad para aceptarla y que ella te aceptase a ti, gajes del oficio al fin y al cabo, pero el talento palidecía en comparación con la determinación y la dedicación al arte – Y dominar lo arcano... es una tentación que siempre está allí. Pero ya sabe lo que se dice: “cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti”. Y por ahora no quiero atraer la atención de lo que sea que yazga allí.

La Gran Biblioteca de Ilia se enorgullece de aceptar todos los tipos de conocimiento... en teoría claro, allí todo es bonito hasta que hay que pasar a la práctica. Nada le impide pedir llevar a cabo unas pocas clases de introducción a la materia, pero el decano debería dar el visto bueno. – sostuvo la mirada del príncipe, tratando de escudriñar su rostro todo lo que podía, pero no como desafío, claro. Tampoco quería parecer descortés o invitar un combate o batalla – Quizá si el plural simbólico de “Mago Oscuro” no fuera “guerra” habría posibilidades de unas enseñanzas de calidad con muchos alumnos. Suena utópico, si le soy sincero, aunque unas clases de introdiucción a los legos en la materia no harían ningún daño. O tal vez sí. ¿Quién ve el futuro? – rió suavemente, dejando que el sonido reverberase por las paredes vacías de la biblioteca. Era un alivio que no hubiera nadie más en el lugar, o no podría hacer esa clase de bromas – Sería un honor para mí asistir a las clases de Magia Arcana impartidas por el príncipe de Plegia, milord. Aunque revelar demasiados secretos de esta rama de la magia podría ser algo contraproducente. La Madre Oscuridad prefiere que labremos los conocimientos por nuestra cuenta y riesgo. Ahuhuhu~ – mientras decía eso, dedicó una reverencia a su interlocutor. Si estaba hablando en serio o bromeando, era para él saberlo y para Pelleas descubrirlo, pero conseguir más conocimientos de su rama taumatúrgica nunca sería algo que rechazaría de buenas a primeras.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Jue Feb 25, 2016 2:07 am

- Alguien con un poder desmesurado... um, no, en absoluto... - El arcano no podía evitar dar una débil defensa, si así podía llamársele; quizás se había dado a aparentar más de lo que era frente al bibliotecario, de algún modo u otro, o quizás este le malinterpretaba. Como fuese, la idea de que le tomasen como alguien poderoso parecía demasiado lejos de acertada como para dejarla ser. - Tampoco alguien a quien deba tratar con, err, especial cuidado... diría yo... - Agregó en un murmullo igual de débil que el anterior. Quizás le convenía callarse y dejarlo, era posible que gracias a tales malentendidos se le estuviese aceptando de la forma en que se le aceptaba, pues era descortés negarse a alguien bien posicionado, ni hablar de lo naturalmente inconveniente de negarse a alguien sumamente poderoso. Debía de ser bueno que se le tomase así. Pero no, no podía alegrarse de ello; parecían expectativas demasiado altas para llenar, y las responsabilidades no eran grandes amigas suyas, menos las expectativas que al fin y al cabo sólo sumaban presión.

Fuese por lo que fuese, su imprudencia había dado un desenlace mejor a lo que pudiese esperarse. Se le permitía permanecer allí dentro, más aún, el bibliotecario que ahora conocía su verdadera naturaleza no era sino atento y cada vez de mayor ayuda. La similitud percibida a través del tacto de su mano, casi como una muestra de consanguinidad, daba otra posible justificación a tan buena disposición como la suya; y a Pelleas le agradaba esa idea, la ilusión de que aquellos que poseían el don terminarían por unirse bajo el mismo de un modo u otro, conectar, asistirse. Sindri no parecía una persona a la que pudiese leer, podía estar siendo cortés como podía hasta estar entreteniéndolo para que se sintiese satisfecho y ya, pero quería pensar que tenían algo en común y que de algo serviría. Ciertamente para él significaba mucho. Con desbordante curiosidad se quedó mirando la expresión en el rostro ajeno, sin saber precisamente qué pensar, qué concluir. Súbitamente parecía que sabía exactamente de qué hablaban, discreto pero franco. Parecía alguien, como él mismo describía, que ya se había zambullido en el vacío.

- Lo que sea que yace en el fondo del abismo... no debe ser de temer. No para un iniciado. Si la tentación de seguir al camino hacia abajo está, debería de perseguirla-- o eso creo, si disculpa mi indiscreción. La oscuridad y lo que esta contenga seguramente recibirán bien a un mago interesado en canalizarla. - No pudo evitar hablar de ese modo. Era un hecho que Pelleas no era alguien discreto, para nada experto en las sutilezas de omitir y ocultar. Así era como terminaba hablando de sobra apenas sentía que era un momento propicio, sin mayor respaldo que una corazonada. Apartó y regresó la vista en un momento de titubeo. - Quiero decir, usted... usted sí es un iniciado... por eso... - Tampoco era un hombre muy resguardado; transparente era el nerviosismo que lo tomaba de tanto en tanto, igualmente transparente la confusión que Sindri le generaba. Dudaba en demasía en asumir lo que no se le decía de forma directa, mas era prácticamente todo lo que el bibliotecario hacía, dejar las indicaciones para que él las tomase. Era alguien agradable, y a la vez muy confuso para sus nervios. Se aclaró la garganta e intentó volver su enfoque al caudal correcto, antes de avergonzarse de sobra. - Este, sé que ha sido algo impulsivo y súbito, lo que he pedido de usted. Sólo me he dejado llevar por su idea, aún si fuese algo dicho a la ligera... aunque estaría encantado de que sucediese, entenderé si no resulta posible algo tan ambicioso como impartir una clase. Es sólo que son tantos los iniciados en Plegia, y sin embargo parecen tan pocos en cualquier otro rincón del mundo, que no puedo evitar querer, um, hacer algo al respecto. De algún modo. -

Y pese a todo lo torpe que podía ser para abordar las cosas, sí se alegraba de estar teniendo esa conversación a solas, sí se aseguraba de mantener su tono bajo y al oír un crujido distante, como el de madera vieja ante un cambio de temperatura, agudizaba el oído para estar seguro de que fuese sólo eso. En SIndri podía depositar innata confianza, en cualquier usuario de magia oscura podía dar ese voto, mas no era tan ingenuo con simplemente cualquier otra persona. Buscando resguardo al tema que se trataba, se aproximó a una de las alargadas ventanas, permitiendo que el aullido del viento sobre el chasmo de un valle profundo y rocoso amortiguara un poco el sonido de las voces. Allí se apoyó levemente, examinó el libro entre sus manos con una leve sonrisa al recordar su temática. - El sólo hecho de encontrar a alguien como usted en un lugar tan lejano ya es bastante bueno, ¿sabe? Espero que aún en un sitio como este, sea posible para usted continuar su camino. 'Cultivar el don', como en Plegia le llaman. Dicen que una vez que la magia ha sido introducida en el mago mediante la iniciación, este puede y debe desarrollarla, nutrirla para hacerla crecer, hasta el día en que deba ser traspasada al siguiente pupilo o muera con el arcano. Es una forma extraña de... sentirse acompañado, en cierto nivel. No me molesta compartir conocimientos o ayudar, um, de la forma en que pueda, si ayuda a nutrir la oscuridad que otro carga. - Con sumo cuidado abrió el tomo que había elegido, buscando algo entre las páginas. Si bien pretendía leerlo de tapa a tapa, quería constatar que la información sobre Grima fuese amplia, en lo posible protagónica. El bibliotecario había dicho desconocer la religión de tales entidades a fondo, aunque cabía al príncipe cuestionarse si era aquello algo más que hubiese dicho por discreción. Después de todo, Plegia le había enseñado que era la que regía sobre la mera existencia de la doctrina oscura. - Me sorprende más aún que no haya estado al tanto sobre la religión de Akaneia... ¿podría ser que usted no sea grimleal, Sindri? - Preguntó, como si de lo más natural en la tierra se tratase, hojeando despreocupadamente. El viento aullaba a su espalda a través de la ventana apenas entreabierta, pero el ambiente en el salón estaba lo suficientemente templado ya como para que no importase en demasía.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Vie Feb 26, 2016 9:34 pm

¿Modestia? ¿En este lugar? ¿En un practicante de las Artes Arcanas? Oh, será verdad que esta virtud se encuentra en los lugares más inesperados... ¡Exactamente igual que los calcetines perdidos! – una leve risa resonó en la estancia, marcando que al bibliotecario le hacía gracia su propio chiste, algo nada inusual puesto que su sentido del humor tenía pocos adeptos más allá de él mismo. Por eso solía contar chistes y hacer bromas sólo para él, ya había abandonado la esperanza de hacer gracia a los demás: era mejor caer en gracia que ser gracioso, al fin y al cabo, pero siempre cabía la posibilidad que otra gente considerase entretenido su humor. Poca suerte con eso hasta el momento – Pero hace usted bien. Un practicante de este Arte debe tener confianza en sí mismo y una voluntad inquebrantable. Aunque recuerde, un exceso de confianza es un lento, pero insidioso, asesino. Casi como un veneno. En esta rama de la magia las pruebas no cesan jamás... ahuhuhu~ – lo primero que todo Mago Oscuro debía aprender era cuánto podía hacer y dónde estaban los límites antes de adquirir más experiencia, conocimientos y habilidad. Morder más de lo que uno puede tragar podía acarrear consecuencias funestas en esta profesión.

No pudo sino escrutar con la mirada al hombre cuando comenzó a hablar él sobre el abismo: ahí había un salto radical de todo lo que había aprendido él de su maestra y de todos los polvorientos libros de los que había podido sonsacar gotas de información. Cruzó los brazos y alzó uno, apoyando en el puño su mentón, mientras arqueaba una ceja inquisitivamente y dejando su cara en una expresión incrédula. ¿Realmente aquellas eran las enseñanzas de Magia Arcana que se impartían en Daein? Trató de leer a su interlocutor pero no encontró rastro alguno de mentira en su cara, ni tampoco de malicia. ¿Tenían acaso la gente de Daein alguna habilidad especial para no temer aquello que yace en la inescrutable oscuridad? ¿Confiaban tanto en sus habilidades que se veían capaces de hacer frente a cualquier contratiempo? No podía ver más allá de sus palabras una equivocación o un desprecio a la verdad y bien era cierto que  había mucha distancia entre ambos lugares y los métodos podían variar enormemente. O quizá tenía sus propios motivos para dar aquella información, lo que nunca se podía descartar por completo. El eco recorría la propia habitación, llevando el susurro de cada palabra y, finalmente, perdiéndose en la distancia. No fue hasta que el príncipe terminó de hablar sobre Plegia (eso caía por Akaneia, ¿no?) y sus Magos Oscuros que, aparentemente, eran muchos.

Bien. Primero de todo, permítame decirle que debe ser usted alguien dotado de una gran habilidad y control sobre las Artes Arcanas si entiende que no hay nada en ellas que temer. No sé que tipo de enseñanzas se imparten en Daein sobre Magia Arcana, pero las que yo recibí estresan que tratar de confabular con esos poderes sin haber recibido la instrucción necesaria no es algo factible. – su voz era grave, alejada de la que usaba para bromear y hacer gracias, puesto que el tema era serio. Habían... cosas... en la Oscuridad que los humanos no estaban destinados a conocer y escudriñarla podría tener todo tipo de efectos adversos – La Magia Arcana exige adentrarse en la Oscuridad de pleno consentimiento, sí, pero hay que tener cuidado. Cuanta más profundidad, más posibilidades de abandonarnos a la Oscuridad y... olvidar. Qué hacíamos. Qué queremos. Quién somos. Y, entonces, nada. – ¿Por qué le estaba contando eso? Seguramente ya lo sabía y, si no, pues bien, era un competidor por el favor de la Oscuridad y no debía darle tregua ninguna. Quizá empleaba un retorcido sentido del honor y de la hospitalidad – No sé si las conoce, pero en Elibe existen las Ocho Leyendas. Figuras legendarias que derrotaron a los dragones y los sellaron en un lugar desconocido para evitar que siguieran aterrorizando el mundo conocido. Una de esas leyendas es Bramimond, el Enigma, quién se dedicó en cuerpo y alma a la Oscuridad... y todo él se disolvió en ella. Emociones, recuerdos, personalidad... y a cambio recibió un poder que podía hacer arrodillarse a los mismísimos dragones. – miró entonces a Pelleas, el príncipe de Daein, a los ojos, como queriendo estresar la importancia de eso – ¿Mera superstición? Quizá es una óptica, pero no sería la primera vez que un mal control de la Oscuridad lleva a un practicante a un estado similar... pero sin poder. Simplemente, se deja de ser. – se destensó y una sonrisa volvió a su rostro, pequeña sí, pero detectable. Acompañó a sus siguientes palabras con un leve encogimiento de hombros – Pero dele a los desvaríos de este bibliotecario su merecida importancia, por favor. Seguramente no dije nada que no sepa usted ya, pero me gusta oír mi propia voz. Pocas oportunidades de hacerlo en el día a día, ¿sabe?

Y... sobre Plegia. Sí. “Cultivar el don” es una manera bastante... bonita de describir lo que hago aquí, aunque ciertamente nadie me lo pone fácil. Sin embargo, el razonamiento de cultivar conocimientos para dárselos todos en bandeja a un alumno suena bastante idílico y casi contraproducente. Sería conocimiento que no se habrían ganado. – el individualismo inculcado en el muchacho se hacía patente en aquél momento. Según su maestra, el conocimiento había que perseguirlo y ganárselo uno mismo, mediante libros y esfuerzo propio. Sí, había un mínimo de conocimiento a impartir a un estudiante, pero esa acumulación de conocimiento le parecía aprovecharse del trabajo ajeno – Hay quién ve más a los otros Magos Oscuros como competidores por un mismo objetivo. Otros los ven como hermanos y amigos con los que compartir conocimientos. Cuál es la manera correcta, no le sé decir, pero imaginarme una comuna de las Artes Arcanas se me hace difícil. – una sonrisa pícara se formó de nuevo en los labios del bibliotecario, en preparación de lo que diría a continuación. Él solía decantarse por desconfiar de cualquier persona y desconfiar dos veces de cualquier otro usuario de las Artes Arcanas ya fuera de menor, mayor o igual poder que él. No por malicia, bueno quizá sí por un poco de malicia, pero más que nada era la costumbre y la información que había podido adquirir en cuentagotas – Pero, vamos, si quiere usted llevar a cabo una clase... digamos que introductoria sobre un área de conocimiento tan desconocida, seguramente no sería rechazada. Seguramente si se introduce usted como príncipe de otro país y como experto en esa área de estudio. – un consejo implícito, puesto que no convenía ir diciendo por doquier que uno era adepto de las Artes Arcanas.

La información de religiones de fuera de nuestro continente siempre es difícil de encontrar, me temo. No son materiales que se suelan intercambiar con facilidad y habría que ir en persona a tratar de buscarlos. – realmente no tenían tampoco tanto material de Akaneia. Se tendría que traer en barco y un viaje tan largo puede incluso dañar los tomos más resistentes con facilidad... por no decir el gasto del viaje y la estancia en otros continentes. Y sumada a la piratería, también había ahora la amenaza de los Emergidos – Por lo que no sabría decirle qué es un grimleal. – nunca era buena idea afirmar o desmentir algo sin conocer su definición, por lo que Sindri aguardó una respuesta del príncipe de Daein.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Mar Mar 08, 2016 3:38 am

Conocía los peligros a los que Sindri se refería, no de la forma íntima de la que un mago difícilmente salía siendo capaz de vivir como antes, pero los conocía. Él mismo nunca se había lanzado más profundo en las artes de lo que podía soportar, los deseos no eran escasos, pero los medios le habían limitado por mucho tiempo y ahora que podía ir más abajo, tomaba su descenso paso a paso. Lo sentía tendidamente, lo valoraba a conciencia, convivía con la oscuridad y se dejaba guiar. Descubría el camino a su ritmo y ya nada era a tientas. Pero en Plegia había presenciado a otros ir más aprisa de lo que un aprendiz debía ir, como también se había familiarizado con la forma en que regresaban, si lo hacían. Nadie les detenía; las lecciones estaban abiertas, las prácticas en sujetos vivos no eran inusuales y los tomos avanzados de magia no estaban fuera del alcance, el ritmo al cual se debiese absorber todo ello quedaba a discreción del mago. Nadie detenía a aquellos que iban demasiado lejos, intentando controlar magia demasiado avanzada o probar modificaciones en hechizos y procedimientos, pues el mismo error castigaba por sí sólo. Y si el sacrificio daba algo útil en retorno, tanto mejor para la patria.

Cuando pensaba en ello, no se encontraba a sí mismo temeroso. Recordaba el descontrolado estallido de un tomo avanzado en manos inexpertas, las sombras esparciéndose fuera de las páginas y tomando en su vorágine al invocador, pero eran errores y sus justas repercusiones. Aún así, que la chispa del excéntrico bibliotecario diese paso a un semblante mucho más serio hacia el asunto le ponía los nervios en punta. Apenas hablaba con él, un visitante en uno de quién supiese cuantos turnos de trasnoche, pero le parecía que un timbre grave como ese no le sentaba tranquilizadoramente. Se mordisqueó el interior de la mejilla mientras le dejaba hablar, aunque esperaba que no conservase ese humor por mucho. No escondía cuanto le tensaba, mirándole como si acabase de hacer algo extraño, inesperado, ciertamente más grande que sólo ponerse serio un instante.

- La oscuridad... creo que quienes se pierden en ella, sólo ambicionaron de sobra. O pidieron más de lo que les correspondía recibir en su momento. - Dijo. Jamás pensaría del abismo como algo intrínsecamente maligno, no importaba lo que se mostrase a sus ojos; su experiencia personal elevaba lo arcano a salvación, a compañía, a pertenencia, a poder y bondad. No culpaba a la oscuridad por tragar a nadie, sino a la misma persona por su egocentrismo y sus expectativas. - En Plegia vi personas así, personas que iban muy lejos y que no volví a cruzarme en el internado. Como también... una clase de imprudencia en la que podría yo mismo estar incurriendo. Una caída más lenta y conciente, pero igual de ineludible. El desgaste de dar demasiado en pos de ir más lejos. Como un trato o una negociación. Eso... es algo en lo que entré ya, aunque no me arrepiento ni por un instante. Al contrario, me alegro. - Exhaló, bajando la cabeza un poco. Sabía lo que había tenido que hacer para iniciar en las artes oscuras, y todo lo que su ritual personal había conllevado. Detalles en los que suponía que no interesaría al otro.

Más aún, era él quien estaba más interesado en cosas distintas. Poco y nada sabía, de momento, de la historia de Elibe; un mínimo de geografía que había tenido que ver apresuradamente en la travesía hacia el continente, nociones básicas generales. La historia de su fundación era algo en lo que había considerado adentrarse mucho, mucho más adelante, pero la revelación de que un arcano había sido parte de la leyenda disparaba su interés inmediato. Quizás perdiendo el punto de lo dicho, no le miró con cautela y entendimiento, sino con fascinación y curiosidad. - Oh, no diga eso, por favor-- dudo que lo diga sólo para oírse, y quisiera que continúe. Desconocía por completo que uno de los fundadores de esta tierra fuese un arcano. ¿Qué sucedió con Lord Bramimond, exactamente? ¿Se sabe algo más del poder que obtuvo? Por favor, um... - Pretendió ofrecerle asiento, cederle el alféizar en que se apoyaba no era precisamente lujo, por lo que se alzó para buscar y acercarle una silla, a su vez deslizando una vela hacia la más cercana punta de una de las alargadas mesas, donde aprovechasen mejor la iluminación. Dio una leve e insegura sonrisa. - Un poco más de su tiempo, si me lo permite... no le retendré hasta el amanecer ni mucho menos, lo prometo. -

Con volver a ocupar el borde de la ventana, él estaba perfectamente bien. El ambiente estaba agradablemente templado ya y su cabello y ropa se sentían más secos, aunque eran lejana prioridad en su mente. Rara vez habría preferido la compañía humana a una noche de calma lectura, mas no se cerraba a una excepción, como lo era aquella. Atendió a cada palabra, la cansina y ojerosa mirada puesta con suma atención en el hombre con quien compartía doctrina. - Um. Comprendo. - Captó su consejo, aunque se reservaba aquellos para después, cuando fuese que le tocase lidiar con el decano o los sabios que dirigían aquella biblioteca. Había tanto que quería decirle a Sindri, tanto que quería preguntar aún, no sabía ni por donde empezar. - Pues, es que-- - Pretendió alzar al libro que cargaba para servirse del mismo en su explicación, pero la mezcla de emoción y nerviosismo que le tenía inestables las manos se manifestó otra vez y titubeó, perdiendo el agarre. De entre sus manos, el libro acabó por caer sobre el regazo ajeno. Las mejillas le ardieron enseguida en verguenza y fue incapaz de recobrarlo, en lugar de ello se echó hacia atrás, carraspeó, retrajo las manos con lentitud e inentó no mortificarse hasta enmudecer.

- Uhm. E-Este. C-Como decía. - Su vista bajó y se clavó en un punto en el suelo, intentando hacer de cuenta que no acababa de pasar un horrendo instante. - Ajem... un grimleal es un seguidor de la religión de Grima. He aprendido un poco sobre esta en Plegia, y he llegado a comprender que, en naturaleza, lo más razonable sería que cualquier practicante de las artes arcanas fuese uno. Ya ha de saber usted que esta clase de magia es imposible de adquirir por simple aprendizaje, sino que el mago debe de recibir a la oscuridad en sí para ser capaz de emplearla. Esta oscuridad, esta energía que ha circulado el mundo por sus épocas y ha hallado la forma de no desaparecer... proviene, supuestamente, del mismísimo Grima. Al practicar la magia oscura, tomamos entre nosotros algo de su esencia. Lo cual nos haría, de cierto modo, hijos del dragón caído. ¿No es un impresionante concepto? Me lo ha explicado un estudiante avanzado en la capital de Plegia. - Aunque su volumen se mantuvo bajo y su tono recatado, encontró considerable estabilidad en el tema y el recuerdo.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Sáb Mar 12, 2016 11:19 pm

O tal vez simplemente hicieron algo incorrecto en el momento que no debían. O quizá lo hicieron todo bien pero la Oscuridad se encaprichó y quiso que saliera mal. – el bibliotecario cerró los ojos mientras sopesaba lo que le acababa de decir el hombre sobre las Artes Arcanas. Parecía alguien con una gran confianza en la Oscuridad, o al menos creía que este ente vasto e imposible de entender en su complejidad y profundidad. Según él había aprendido, estaban confabulando con cosas que estaban más allá del entendimiento humano y que había que recorrerlas con pies de plomo... si es que se elegía recorrerlas – O tal vez nada salió mal y eran los designios de la Oscuridad. Respecto a ella, incluso la incertidumbre es incierta. Y no estoy seguro ni de eso. – “esperar lo inesperado y sorprenderse del resultado” era una descripción bastante acertada para describir el trabajo de un Mago Oscuro. La Oscuridad acompasaba absolutamente todo, tanto lo bueno como lo malo, por lo que tratar de describir lo que había allí era una tarea tan difícil como contar todos los grados de arena de un desierto. Sin embargo, el Príncipe de Daein tan sólo parecía ver la parte más positiva de su arte... oh bien, ¿Quién era él para hacer cambiar de opinión a otro adepto? Si uno u otro tenían razón ya se vería en el futuro –  Es una cosa tan silenciosa, el caer. Pero todavía más terrible es admitirlo. – un ojo púrpura se abrió y se clavó en el miembro de la realeza, que adecentado con una sonrisa le daba un aire picaresco.

Plegia. Por las palabras del hombre parecía un lugar en la que la Magia Arcana debía estar normalizada en cierta medida, lo cuál podía ser bueno o malo, teniendo en cuenta los efectos que este tipo de taumaturgia puede tener en las personas. Ahora que sabía eso, no era un lugar al que tuviera especialmente ganas de ir: demasiado descontrol con la Magia Arcana, una disciplina que exigía exactamente eso, disciplina. Obviamente sólo tenía unas pocas afirmaciones sobre el lugar y tampoco podía hacer un juicio especialmente fundado. Internados relacionados con aquellos que se habían adentrado demasiado en la oscuridad... el mero pensamiento le hacía tener escalofríos por alguna razón.

Bramimond es un misterio. – afirmó tras escuchar la pregunta del príncipe, quién seguramente no estaría muy al tanto de la historia de Elibe. No le culpaba, él no sabía mucho de la historia de Tellius, y sabía bien que los libros con información de un continente en concreto no solían salir de éste, por lo que no había muchas maneras de aprenderlo. Pero... ¿Cómo contar la historia de alguien del que no se sabe absolutamente nada? – Uno de los ocho héroes legendarios que lucharon del bando de la humanidad contra los dragones en el enfrentamiento que conocemos con el nombre de La Batida. Eso sucedió hace unos mil años, si hacemos caso a los libros de historia. – lo mejor sería ceñirse a los hechos que podía sacar de los libros de historia, así le daría la visión más completa posible. Observó atentamente los quehaceres del hombre y cómo le ofrecía un sitio en el alféizar en el que reposaba... la verdad prefería sentarse en una silla. O un sillón. O una cama mullida. Por suerte el príncipe le leyó el pensamiento y le trajo una silla cercana. Qué amabilidad, sería muy poco diplomático no aceptarlo – De él o ella no tenemos casi registros. No sabemos si era hombre o mujer, o si en el momento de La Batida era alguien de avanzada edad o alguien joven... ni siquiera tenemos el más mínimo conocimiento sobre su personalidad. Sólo conocemos su nombre y sus habilidades en las Artes Arcanas. – hizo una pequeña pausa, como evaluando la información que quería transmitir y ordenándola de una forma que no fuese soporífera – Era poseedor de la oscuridad silenciosa, el Tomo legendario con el nombre de Apocalipsis, una magia tan poderosa que podía obliterar cualquier dragón con suma facilidad. Sin embargo, el precio que pagó fue su ser: sentimientos, emociones, memorias... Bramimond dejó de ser, simple y llanamente. – miró a su interlocutor, como queriendo hacerle partícipe de la falta de información que poseía. Era algo que frustraba a los estudiosos del tema, pero si no hay fuentes siquiera... – ¿Qué sucedió con él? Nadie lo sabe. – esbozó una ligera sonrisa cuando finalizó su alegato sobre la figura legendaria – Hablar de historia hasta el amanecer suena como un plan entretenido, si le digo la verdad. – y ahora que contaba con una silla, mejor que mejor.

Y entonces, en uno de esas casualidades de la vida, el libro que el miembro de la realeza llevaba consigo acabó en su regazo. No se explicó como pudo pasar sino que con todo el cariño que se espera de alguien que trata con libros las veinticuatro horas del día y se lo tendió a Pelleas, dejando bien claro que no lo había cogido para quedárselo – Mucha gente se sentiría ofendida si le tira un libro al regazo, aunque un bibliotecario se sentirá halagado. Nos los queremos mucho, ¿sabe? – y entonces se dedicó a escuchar con interés el comentario sobre lo que era un grimleal... al parecer era algo que tenía que ver con una religión proveniente de Plegia. Con que ellos creían que había un ser del que provenía toda la Magia Arcana, ¿eh? Eso ya era asumir mucho sin ninguna prueba. Sindri no pudo sino arquear una ceja durante toda la explicación – Bueno, si nos guiásemos por “lo más razonable” entonces nadie debería usar la Magia Arcana por los peligros que entraña, ¿no cree? Ahuhuhu~ – dicho eso, era el momento de ponerse serios.

Sin embargo... todo ello me suena a proselitismo, si le soy sincero. – arqueó un poco los hombros, casi encogiéndolos, mientras decía eso. Quizá estaba buscando una posición más cómoda – ¿Supuestamente viene de Grima? ¿Cuáles son esas suposiciones? Me gustaría comprobarlas y poder corroborarlas o desmentirlas eventualmente. Que alguien en Plegia diga que es así no es suficiente prueba para mí. – movió un poco las manos, como despejando el ambiente – No parece algo universal. Nunca he tenido conocimiento de este Grima y llevo bastantes años practicando este arte... ¿No será una creencia única de Plegia, tal vez? ¿O al menos no extendida por Elibe? – una sonrisa pícara se le dibujó en el rostro: había caído en la cuenta de algo que enlazaba con un tema anterior – De hecho, en la Batida, los Ocho Héroes Legendarios derrotaron a los dragones que asolaban Elibe y los expulsaron de este mundo, sellándolos en otra parte. Quizá no encuentre mucha gente dispuesta a adorar a un dragón de ninguna clase por aquí.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Jue Mar 31, 2016 1:01 am

No sabía si tomarle de buena o mala forma. Encontró que le pasaba en demasía con Sindri, no tener la más mínima idea de lo que estuviese pensando y sentirse más perdido que guiado por sus gestos y palabras. Pero era un hombre menos que simple y más que inadaptado en eso de pasar tiempo con otras personas, asumiría que las cosas que decía estando sonriente eran todas felices asuntos. Incluido aquello sobre caer silenciosa y concientemente en la oscuridad. Si era algo que un mago aceptaba hacer, conseguir ser tragado por el abismo era sólo el exitoso resultado. Nada de macabro allí, tan sólo lo lógico y reconfortante. Lo tomaba con tranquilidad, todo aquello normal a sus oídos.

- Lo siento, he de sonar extraño, pero tan sólo puedo estar alegre por todo esto. Ahora lo estoy más aún. - Admitió con un gesto casi culpable. Le emocionaba el rumbo que tomaba, ansiaba lo que ese mago pudiese relatarle de Bramimond, puesto al borde de su improvisado asiento y muy, muy atento a él, como un mero chiquillo contento por hacerse partícipe de un gran secreto. Suponía que era de anticiparse que sólo de un bibliotecario se consiguiese una conversación entremezclada con un par de lecciones de historia, o al menos un par de datos y recomendaciones; era algo que disfrutaba y por lo que se sentía agradecido. Quizás por eso, en esa rara ocasión, no estaba prefiriendo un libro a una persona. Y ninguna información gratuita venía mal, menos aún si se trataba del primer mago oscuro del que conociese tan alto y glorioso reconocimiento histórico como participar de la fundación de un continente. Podía ser su siguiente gran héroe, su nuevo personaje literario favorito.

Una lástima, pues, que hubiese tan poco que conocer sobre su persona. Todo sobre La Batida era nuevo para él y tendría que adentrarse en la temática mientras estaba en el mejor lugar posible para hacerlo, por seguro, pero de momento su prioridad era sólo uno de los legendarios. Aún así, estaba lejos de descontento con el misterioso asunto. Cautivado en las explicaciones del bibliotecario, parpadeó con asombro y aguardó largos momentos antes de hablar, sólo para asegurarse de que no interrumpía, que no había otra parte a la historia. - Había leído sobre Apocalipsis antes, en un registro de hechizos de alto orden, pero no tenía idea de su portador original. Más aún, supuse que cuando mencionaba ser un aniquilador de dragones, se refería a la raza laguz... - Admitió con facilidad. Cabos sueltos comenzaban a atarse. Eran descubrimientos que no había esperado hacer. - Entonces... la leyenda de Bramimond es una historia tan breve y tan vaga, que difícilmente llega a ser calificable como historia. ¡Pero qué excelente y apropiado final tiene! - Por un momento alzó la voz un poco, mas no llegó ni al final de su propia oración sin bajarla de regreso, muy consciente de la hora que era. El final que habría podido considerarse adverso se le hacía la mejor parte de la historia, y con una honesta sonrisa se perdía ya en las posibilidades que quedaban abiertas. - ¿Qué habrá tomado la mente de aquel héroe? ¿Exactamente qué habrá sido ese increíble poder que consiguió? Oh, y por supuesto, ¿qué habrá visto él o ella al conseguirlo? ¡Ah, y también...! ¿Será ese el resultado de hallar el mismísimo fondo del abismo, alcanzar la iluminación respecto a las artes arcanas? ¿O será que hay aún más? Uhm, no piense que espero de usted respuestas a esto, claro... sólo pienso en voz alta. Disculpe. Dioses, esto va a quedarse conmigo eternamente. - Sacudió la cabeza un poco. Tenía allí su siguiente gran objeto de estudio, aquello que dominaría sus cavilaciones por el próximo tiempo. Tendría que saber tomárselo con calma.

Y no saturar la paciencia del bibliotecario, claro. Podía asegurar que se entretenía y Pelleas cuanto menos se esforzaría por tomarlo de tal modo, pero persistía el instinto de evadir avergonzarse frente a él. Había tanto aún que quería decirle; le preocupaba en demasía hacerlo sin tornarse una molestia. O una incomodidad. O hacer una torpeza de las suyas, como la que acababa de realizar. Cuando el libro volvió a sus manos, el príncipe pretendió estar sumamente enfrascado en abrirlo y ojear, a modo de clavar la vista fuera de Sindri. - U-Um, este... - Titubeó sin mucha coherencia, carraspeó y se compuso un poco. Algo había querido enseñarle en el libro regresado   el libro regresado, posiblemente una ilustración de Grima, si la hubiese; lo que encontró fue tan sólo un detallado dibujo del estado de sus huesos en el desierto de Plegia, con una congregación de magos bajo el arco de la gigantesca caja torácica para establecer una comparación de tamaños. Servía, de igual modo. Nada en aquel libro podía probar las cosas que el otro arcano cuestionaba, honestamente, Pelleas dudaba que pudiesen comprobarse, pero el concepto era agradable. No podía evitar querer compartirlo.

- Estar unidos bajo una entidad superior, un dios que nos reine... nos da una sensación de pertenencia y unidad. Hace a un hombre, aislado en sus vivencias, sentirse poco menos solitario y superfluo. - Cuando no tartamudeaba, hallaba forma de expresarse con mucha más facilidad. Dudaba menos en exponer las cosas como las percibía. Giró el libro en su regazo y lo alzó un tanto, mostrando la ilustración al mago frente a sí. - Tal religión ciertamente aporta lo suyo: una explicación a por qué es imposible sólo aprender la magia oscura, por qué parece ser una energía tangible que necesita ser traspasada de un poseedor a otro. La teoría de que se debe a que esta energía pertenece a alguien o algo y es, por ende, un elemento agotable y limitado, tiene bastante lógica. Pero sigue siendo sólo una teoría, una posible explicación entre muchas otras... aceptarla es un asunto de desear que sea esa la verdad, más que buscarla y hallarla. Aún existiendo huesos como estos en el lugar donde se supone reposa Grima, si hay energía alguna allí o no es un asunto de percepción personal. En lo personal, yo... pues... u-um. Me he ido un poco por las ramas, lo siento. - Dio una leve e insegura risa. No tenía verdadero problema con admitir que la religión que había comenzado a adoptar era sólo una preferencia suya, una fascinación con poder hacer algo tan simple como hablar de magia oscura. Verdaderamente creerla era algo muy secundario. Sin embargo, de cierto modo le agradaba saber que venerar a un dragón era extraño concepto en otro sitio del vasto mundo. - A los ojos de la religión de Ashera, la única diosa de Tellius, esto sería hasta blasfemo. Ashera es la guía del mundo, un ser perfecto que muestra tan sólo el camino correcto que la humanidad debe transitar. Los dragones, por otro lado, no son más que una raza animal cualquiera de las que habitan en el continente; peor aún, una raza laguz. Subhumanos. Imperfectos y salvajes, peores que un animal, pero intentando disfrazarse como seres humanos. ¿Quién pensaría de un dragón como algo sagrado...? - Alzó la vista al hombre de Elibe, pensativo. Había parecido muy inclinado a ver por sí mismo, y quizás fuese provechosa idea. - ¿No le parece a usted que, quizás, la mejor manera de comprobar esto sea visitar Plegia algún día? ¿Visitar los huesos de Grima? Se supone que su presencia resuena en el alma de cualquier mago oscuro, al estar allí. Su propia experiencia sería más, um, relevante que la mía. -
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Abr 03, 2016 3:55 pm

Las diferencias culturales, o quizá simplemente las diferencias de pensamiento entre ambos Magos Oscuros, comenzaban a hacerse más patentes a cada pieza de información que compartían ambos. Primeramente, su manera de ver la Oscuridad era bastante diferente, puesto que parecía ser que la juzgaba como enteramente benevolente y parecía culpar a los demás Magos Oscuros por un mal uso que eventualmente podía costarles sus vidas. Distaba mucho de la reverencia a aquella energía que se le había inculcado a Sindri, una fuerza que escapaba completamente al entendimiento humano y la que no podía ser enteramente calificada como “buena” o “mala”, puesto que era algo completamente desligado de las leyes de la naturaleza o del universo tal y como nosotros lo conocemos. Encasillar a la Oscuridad era imposible con el conocimiento que un humano podía poseer... sólo se podía especular con lo que se tenía, y eso era una tarea tan difícil como tratar de ver una ciudad entera a través de la cerradura de una puerta. Eran dos maneras bastante diferentes de ser un Adepto de las Artes Arcanas, ¿Sería uno de los dos correcto y el otro no? ¿Ambos serían aceptables a los ojos de la Oscuridad? ¿O tal vez ambos estaban equivocados? Es algo que no podía asegurar, a diferencia de su compañero Mago Oscuro no veía tantas luces en las sombras de su taumaturgia.

Cada uno tiene derecho a sentirse como quiera cuando se quiera, ¿Por qué debería sonar usted extraño? Sobretodo un miembro de la realeza, ustedes tienen derecho extra en ese apartado. – Y en muchos otros, también. Acompañó con un encogimiento de hombros, mostrando por partida doble que no tenía inconveniente con lo que pasaba en aquél lugar... de hecho, haría falta mucho para que algo constituyese un inconveniente para el bibliotecaria. “Vive y deja vivir” eran unas palabras que sintetizaban bastante bien con sus creencias y modo de ver la vida: mientras no fuera algo que se interpusiese con él directamente, ¿Por qué molestarse con lo que hacía otra gente? No servía de mucho y era un gasto de energía – Y si es algo que le da alegría, ¿Por qué disculparse? La alegría es buena. – razones para alegrarse faltaban últimamente en aquél lugar. Nieve todos los días, ventiscas cada semana, frío, trabajo... si él encontraba algo que le hiciera feliz, no se lo iba a quitar.

Se le conoce como “Bramimond, el misterio” por una razón, al fin y al cabo. – ese era el título oficial del héroe, lo que dejaba bastante claro su papel en la leyenda... o en este caso, falta de él – ¿Registro de hechizos de alto orden? Eso sí que no me negaría a echarle un vistazo... seguro que tendría mucha información beneficiosa. ¿Quién podría resistirse a tratar de conseguir un Grimorio de tanto poder? – era algo que había atraído la atención del Mago Oscuro... ¿Habría conseguido el príncipe algún tratado de ese tipo? ¿Qué información contendría? A duras penas Sindri había conseguido recopilar información sobre Grimorios de Magia en Elibe y un poco de un tono conocido como Loptyr que se detallaba en algunas historias de Jugdral... pero no tenía muchos más datos que el nombre – Al fin y al cabo, esos tomos deben encerrar considerables cantidades de conocimiento completamente críptico. E incluso más allá de lo escrito en ellos, la magia que deben canalizar... ¿De qué será capaz? – la ambición no era mala, ni lo era la búsqueda insaciable de conocimiento, pero estando como estaban las cosas Sindri no podía dejar su puesto en la Gran Biblioteca de Ilia para ir a buscar mitos por todo el mundo. Aunque era una idea que le atraía mucho y no podía sacársela de la cabeza – ¿Su mente? Seguramente consumida por la Oscuridad, pero de una forma distinta a los casos que hemos podido observar, o no podría llegar ni a levantar un grimorio. Nadie sabe lo que sucedió con aquél poder ni aquél libro, la historia detalla poco lo sucedido y el paradero de las armas empleadas en el conflicto es desconocido... si es que todavía existen claro. – el bibliotecario trató de poner algo de orden a las preguntas del joven príncipe, ayudando en lo poco que podía – Las otras dos preguntas, me temo que la respuesta es imposible de conocer hoy por hoy o, al menos, mi respuesta no sería en absoluto suficiente. Aunque dudo que nadie quiera saber qué hay en el fondo del abismo... o que la Oscuridad esté muy “iluminada”. – bromeó Sindri, sonriendo mientras lo hacía. Curiosa elección de palabras, además que si la Oscuridad tenía un “fin” o un “núcleo”, ese sería el lugar más peligroso donde estar. Dudaba que fuera un ojo de huracán – Demasiado tarde, me temo. Ahuhuhu~ – dijo en relación al comentario de Pelleas de no esperar respuestas de él mientras aumentaba su sonrisa po. Cualquiera que le preguntase, recibiría alguna respuesta... que fuera satisfactoria o no, eso ya dependía de otros factores.

Miró entretenido la escena del hombre cuando le devolvía el libro... ¿Qué le estaría pasando por la cabeza? No parecía especialmente cómodo con lo sucedido en aquél momento... o quizá estaba deseando encontrar una página en concreto del libro que llevaba consigo, lo que Sindri no podía reprocharle: los libros eran muy interesantes. Simplemente se dedicó a esperar hasta que el príncipe Pelleas de Daein le mostró exactamente lo que había buscado con tanto ahínco... menudo montón de arena había ahí, a juzgar por la ilustración – Los huesos de un dragón. Un dragón sin vida. Menudo comienzo. – resumió el bibliotecario con voz queda, tratando de sintetizar lo que había entendido. Acercó su cabeza más al dibujo para verlo mejor, no fuera a perderse un detalle crucial – ¿Y seguro que a su deidad no le importa que hagan rituales en lo que una vez fue su tripa? Digo yo que será su tripa. No tengo exactamente muchas nociones de anatomía dracónica. Pero a mí me molestaría bastante. – volvió a su posición inicial tras juzgar que había visto suficiente sobre la imagen. Tampoco quería acaparar el libro por si Pelleas quería volver a buscar algo en él – Bueno, no sé yo qué decirle sobre “unidad” entre Magos Oscuros... no creo que ponerme a compartir vivencias con otros transforme mi vida en algo más o menos superfluo. Sólo incrementaría las posibilidades de encontrarme con una descarga de energía arcana dirigida hacia mi espalda, cortesía de otro Mago Oscuro sin buenas intenciones. – no creía mucho en el sentimiento de hermandad de los Magos Oscuros... su Arte cultivaba el individualismo y la búsqueda de conocimiento con el esfuerzo propio, más que por el esfuerzo de una mancomunidad. Al menos Sindri lo veía así, no quería beneficiarse de la ayuda de nadie, pero tampoco que otros se beneficiasen de su esfuerzo propio – Las teorías están bien, pero esa en concreta requiere de un pequeño empujoncito, creo yo. Que haya una construcción de tal magnitud no me da mucha seguridad... quizá sólo son monolitos o menhires de alguna clase.

Qué creencias más interesantes tienen en el continente de Tellius... ¿Ashera dice? Parece que no tiene en alta estima a una parte de la población de su hogar. A los Laguz, me refiero. – “subhumanos” era un término nuevo para él... había leído sobre las tensiones entre los Laguz y los Beorc, pero nunca había conocido personalmente a alguien de Tellius. Realmente el panorama político de aquél continente parecía un área de estudio interesante... pero ahondar en él en aquel momento le parecía rudo – ¿Visitar Plegia, dice usted, milord? – preguntó algo sorprendido mientras ladeaba la cabeza y sostenía la mirada del príncipe al mismo tiempo. Una idea que no se le hubiera ocurrido en mil años – No sé qué decirle... todos los viajes que he hecho han sido por asuntos propios de la Gran Biblioteca de Ilia. Ninguno ha sido por placer. Dudo que pudiera costeármelo, incluso. – un viaje implicaba no sólo el desplazamiento, sino también la estada y cualquier inconveniente que pueda suceder... no tenía acceso a tal nivel de ingresos actualmente. Debería comenzar a ahorrar para ello y no podía saber cuándo tendría suficiente – Aunque si pudiera hacerlo, seguramente iría a ver yo mismo Plegia. Promete ser un lugar interesante.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Pelleas el Sáb Abr 09, 2016 1:19 pm

Pelleas era consciente de sus áreas de desconocimiento; encontraba nuevas de ellas en cada paso de su viaje, y por cada cosa que descubría, podían surgir en cualquier momento tres dudas nuevas. Era un mero aprendiz y reconocía ese hecho, no con decepción sino con orgullo, ansias del largo camino que restaba a recorrer. Sindri, estuviese en el punto que estuviese en sus estudios personales, acababa de abrirle nuevas puertas por donde proseguir. Y ninguno de ellos era precisamente un sabio aún, pero lo que podían intercambiar y en lo que podían indagar en conjunto se sentía como dar pasos agigantados también. Suponía que era esa la forma en que los magos sin maestros de los cuales aprender directamente debían de arreglárselas. Deseaba llevarla con cuidado, Sindri no había sonado muy alegre ni muy confiado respecto a la cooperación entre arcanos, o siquiera la convivencia de muchos de ellos, pero... tampoco estaba rehusándose a discutir asuntos no él. Por el momento. Hasta allí, técnicamente, sí que estaban estudiando juntos. Se ahorró sus comentarios, se quedó con el nuevo motivo para llevar una leve sonrisa y esperó poder continuar así un tanto más.

- Ah, un momento, si me permite... - Murmuró, agachándose para rebuscar un poco dentro del simple bolso de tela blanca que traía, repasando los libros que cargaba entre sus pertenencias. Eran pocos los que podía cargar consigo, sabiendo que estaría en constante viaje y que los libros, lamentablemente, no eran livianos ni aportaban a la agilidad; no recordaba si había podido sacar consigo uno de sus objetos de estudio favoritos, o si se había visto obligado a dejarlo atrás. Las palabras del bibliotecario le causaron aún otro instante de verguenza y, con él, otro entorpecimiento de las manos, casi clavando contra sus dedos el filo de aguja de algún instrumento u otro, mal envuelto entre sus cosas. - H-He dicho "iluminación", dioses, qué ironía... - Era capaz, a esas alturas, de descartarlo sin más que una leve risa, por cuanto tenía aún bastante con qué distraerse. Sacó un libro que la palabra "dañado" difícilmente describiría, pues la tapa era totalmente ilegible, el lomo había sido vuelto a coser y el papel estaba mucho más amarillento de lo que debería ser. Más que dañado, mostraba con demasiada claridad los años que había sobrevivido. Lo depositó sobre la mesa con inusitada delicadeza. - Aquí. El tomo entero versa de hechizos de alto nivel y leyendas de su uso; he de advertir que son muchísimos, algunos muy detallados y otros meras menciones. No sabría decirle cuales sean dignos de perseguir o cuales existan aún. Aún así, es un libro emocionante... d-del que no me molestaría desprenderme, en realidad, pero creo que haría copia de las secciones de mi interés antes. ¿Quizás agregar anotaciones en base a lo que me ha informado usted sobre Apocalipsis...? -

Le convenía organizarse un poco. No era un acumulador natural, no se aferraba a muchos objetos, ni siquiera a los libros que tanto valoraba; siempre y cuando fuesen a buenas manos, claro estaba. Pero tenía un poco demasiado entre manos allí, mejor evitarse confusiones. Sacó de su bolso otro par que creía prudente tener a mano, libros de hechizo comunes y corrientes, nada más, pero que le habían dado ciertas ideas. Apartó concienzudamente el libro de la Gran Biblioteca que sabía que leería más tarde, dejándolo en la esquina de la mesa hasta donde alcanzaba para no mezclarlo con los que le pertenecían. Le quedaba más que claro que Sindri no compartía su iluso encariñamiento con la temática y con la religión de Grima, mas no podía prometerse ni a sí mismo que no intentaría volver a tocar el tema. Sólo se acobardaba de incomodarle en ese mismo instante si persistía, o peor aún, perder la oportunidad de charlar por el resto de la noche. Si lo pensaba detenidamente, jamás había hablado tanto en una sola sentada. Y si se había aproximado siquiera, pues no le habían oído tanto tiempo. Estaba debiéndole mucho a aquel bibliotecario. - Ah, um, quizás confunda la fama de lo que sucede en algunos casos entre alguien no-iniciado y un mago oscuro, m-me gustaría decir que no es igual entre dos de nosotros-- pero, ejem, no es... particularmente relevante. Sobre los restos de Grima, pues... he estado en el mismísimo cráneo y no ha sucedido nada, hasta he visto allí un lindo altar de ofrendas, pero no podría estar seguro de si a la entidad le afecte. Otro misterio, quizás. - Intentó ser neutral, dejar las cosas así. Si prefería saber de Ashera, pues de Ashera le diría, aunque la negación de la diosa a los laguz le parecía de lo más normal. El término "subhumano" surgía con facilidad en el vocabulario de un hombre de Daein, educado con la certeza de que eran inferiores; un desdeño inculcado al punto de ni siquiera reconocerlo como tal. Más en un hombre como él, cuyas experiencias con las criaturas eran... algo que evitaba pensar. Su respuesta salió más apresurada de lo que habría querido. - Seres como tales no son de la creación de Ashera. -Dijo, llano y sin molestarse en ahondar.

Tenía algo mucho más interesante en qué pensar. Que Sindri considerase siquiera lo de Plegia le ilusionaba, de algún modo; su atención fue de inmediato al hecho de que los costos parecían ser lo único que ponía en contra del viaje, apresurándose a interceder. - ¿Si pudiese costeárselo iría, entonces? ¿Si se diese la oportunidad? - Preguntó para asegurarse. De estar en camino, habría ofrecido compartir el viaje inmediatamente, pero había aún otras cosas que podía ofrecer. Era alguien de recursos en los últimos años. Tristemente contrario a lo que se esperaría de quien nacía simple y obtenía riquezas, no había perdurado en él ningún noble sentido del valor de las cosas; cuando el oro le había llenado las manos, sólo había comenzado a verlo como si no fuese mucho y había aprendido a gastar. - ¿Y si le ayudase yo con ese asunto? Dispongo de carroza, navíos... podría servirse de todas las rutas marítimas de Daein. ¡Ah! Podría escribir un documento y sellarlo por usted, facilitaría el paso... - Ofreció con claro entusiasmo. - Sólo pediría una cosa a cambio, y esa sería que, este, que hable más con... conmigo, quiero decir, de sus estudios, de sus impresiones... oh, de asuntos de estas tierras también. Ciertamente apartaré algo de tiempo pronto para leer sobre la Batida, intentaré ponerme a nivel a la brevedad. - No era generoso sin motivo, y aquel era el de la ocasión. Continuar hablando con quien tan largamente le oía, una persona interesante y un mago oscuro de Elibe; uno de quien sabía cuan pocos. Poco ético, quizás, ofrecer beneficio a cambio de algo que no tenía que darse sino naturalmente, pero no notaba que era eso lo que hacía. Sólo le preocupaba, nuevamente, hacerse una molestia. - Um. ¿Sería adecuado eso...? -
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [7]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari

Especialización :

Experiencia :

Gold :
240


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Sindri el Vie Abr 15, 2016 4:39 pm

Si se me ocurriese alguna razón por la que no debería permitirle buscar algo en su bolsa, será el primero en conocerla. – dijo Sindri con una sonrisa mientras dejaba al príncipe de Daein escudriñar entre sus pertenencias. Ahora que el bibliotecario lo pensaba bien... ¿no visitaba el lugar algo ligero de equipaje? Sí, tenía oro y joyas, pero en aquél bolso no podía haber ningún tipo de ropa, lo que le hacía entender que, en algún lugar, debía haber una gran comitiva para él. Un miembro de la realeza no llevaría a cambio un viaje tan largo sólo para ver una biblioteca, ¿no? – Lenguaje correcto. Simplemente que muchas expresiones que usamos diariamente se vuelven... muy coloridas teniendo en cuenta nuestro campo de estudio. Siempre me arrancan una sonrisa, espero que no se ofenda. – debía recordar la diferencia de estatus social que había entre ambos y que debía actuar como un pseudo-representante de la Gran Biblioteca de Ilia. Tenía que pensar bien qué decir y darle cinco vueltas para asegurarse que era diplomático... al menos no tenía que hacer eso con las enseñanzas de Magia Arcana, no es que fueran a hacerse públicas, ¿verdad?

Aunque dejó de pensar en ello en el momento que vio lo que Pelleas había sacado.

Los ojos, abiertos como platos, intermitentes entre el príncipe y el amasijo de papeles que sólo alguien con mucha imaginación podría comparar con un libro. Miró de manera vacía al hombre mientras éste le daba toda la información que necesitaba y sólo cuando él acabó se atrevió a decir –Mi corazón no puede hacer nada que no sea encogerse ante la vista de este libro. ¿Qué le han hecho? ¿Por cuántas penurias ha pasado a través de las décadas? ¿Quién es el responsable de su mantenimiento? – su voz era grave y preocupada, como si hubiera sido testigo de algún crimen horrible con resultados desastrosos. Y es que para un bibliotecario, cualquier daño a un libro era una afrenta contra la virtud de este mundo... y en este caso todavía más, puesto que era un libro de conocimiento arcano. Tuvo que usar bastante esfuerzo para despegar los ojos del libro y mirar al príncipe – Si quiere añadir algo a este libro, aconsejo o bien usar papel nuevo o llevarlo a un experto. No creo que pueda soportar una nueva escritura... el papel viejo no absorbe tan bien y podría manchar las páginas siguientes o anteriores, dañándolas así. – entonces cayó en la cuenta que había dicho “que no le importaría desprenderse él”. ¿Quién se desprendería de tal obra literaria, aunque fuera tan delicada? Seguro que debería haber en Daein bibliotecas suficientes para conservarlo, o incluso una biblioteca real en el palacio – ¿De veras no le importaría desprenderse de esa pieza? Debe tener un incalculable valor... – Sindri no pudo sino vocalizar sus dudas al príncipe, esperando que le aclarase la situación y, a ser posible, el destino futuro del manuscrito.

Observó pacientemente como el príncipe apartaba el libro que le había proporcionado para hacer algo de sitio a los suyos propios. Era una manía del bibliotecario tener control siempre de donde estaban sus libros, en caso que sucediese algo – Ah, pero no es algo que podamos estar seguro que no sucederá, ¿cierto? Siempre hay venganzas, rencor, ambición desmedida, rencillas y nuestras artes nos ponen las... soluciones a estos problemas tan a mano que es imposible ignorarlas por mucho tiempo, ¿no cree usted? – una sonrisa adornaba su rostro, como si no pensase que eso fuera algo malo o terrible, sino algo que era inevitable al relacionarse con grupos de Magos Oscuros – Pero bueno, si no considera relevante el tema, pasemos al siguiente, los supuestos restos de un dragón. Bueno, si no nada sucede suele ser una buena señal, a no ser que se supone que debería suceder algo, por lo que es malo. – una máxima que encontraba aplicación en muchos ámbitos – ¿Que es un cráneo muy detallado? Nuestra historia es famosa por contener historias de luchas contra dragones, pero no se ha encontrado ningún rastro, ninguna prueba, que hayan pisado esta tierra. Pasara lo que pasara, un fósil de dragón tendría un gran valor. – informó el bibliotecario al príncipe Pelleas de Daein, quién quizá ya lo sabía. Si hubiera huesos de dragones u otros indicios serían buenos reclamos turísticos.

Oh, ¿Que hay relatos específicos de la creación de Laguz? – si no los creó Ashera, alguien los tuvo que crear en la mitología de Tellius, no creía que apareciesen sin más un día. Cosas más raras se han visto, también –Nunca he visto uno en persona, creo que no hay ninguno en Elibe. Si se vieran personas que pueden transformarse en animales gigantes eso sería un rumor demasiado jugoso para no oírlo en todas las posadas del país. – poco más sabía de los Laguz que eran humanos longevos que podían transformarse en animales y que había ciertas tensiones entre ellos y los humanos que no se podían cambiar de forma en Tellius. Cualquier pieza de información proporcionada sería muy bienvenida – A mi parecer tienen un halo de misterio, los Laguz. ¿De dónde vienen? ¿Por qué no los hay aquí, en Elibe? – quizá no les gustaba viajar o quizá habían otras razones, pero estaba en la naturaleza de Sindri preguntar a los demás todo lo posible – No es precisamente fácil encontrar información sobre los Laguz aquí, por lo que lo poco que sé proviene de descripciones de algunos libros. – se excusó, puesto que tampoco quería parecer ignorante ante un miembro de la realeza extranjera.

¿Por qué no? Viajar por el mundo suena entretenido, cuanto menos. También peligroso, claro, sobretodo con los Emergidos, pero me temo que esta actividad fue siempre muy insegura. – sólo tenían que echar un vistazo a los libros que detallaban las aventuras de numerosos exploradores para ver que no era una afición, o un cometido, demasiado seguro. Pero, realmente, ¿Qué lo era? A parte de trabajar en una biblioteca, claro – Me temo que debo declinar su generosísima oferta, milord. – dijo Sindri mientras dedicaba una reverencia al futuro regente de Daein. No era buena idea rechazar una propuesta de tal envergadura sin el debido respeto, y la verdad es que era una muy tentadora – No es que no lo aprecie, pero me parecería incorrecto aprovecharme de su generosidad y sus contactos para un proyecto que, eventualmente, podría llevar a cabo con mis esfuerzos. – en cierto modo, si Sindri aceptaba su ayuda estaría dejando que Pelleas llevara a cabo todo el esfuerzo que hubiera recaído en él. Eso implicaba no sólo poner un peso sobre otra persona sino también que todo lo que aprendería el bibliotecario mientras se enfrentaba al obstáculo no lo ganaría – Pero no se preocupe, si hay bibliotecas en Plegia siempre podría sugerir una visita de cortesía en nombre de la Gran Biblioteca de Ilia. – no era nada nuevo y, de todos modos, siempre le tocaba a él salir de viaje, aunque todavía no había salido de Elibe. Sólo era cuestión de tiempo, al fin y al cabo – Pero le estoy enormemente agradecido por la oportunidad. – de nuevo, le dedicó otra reverencia.

Y no tiene que ofrecerme nada para que siga hablando con usted, es algo que haré gustosamente. – afirmó con una sonrisa mientras miraba directamente al príncipe, era una situación bastante inusual – Normalmente la gente me pide que me calle de una vez, es la primera vez que encuentro a alguien que quiere que hable. – suponía que sus bromas dejaban de hacer gracia... si es que tenían éxito una vez – Por lo que hablaré con usted de lo que usted quiera, y sin tener que darme nada a cambio. Es usted grata compañía. – le aseguró levantando una mano levemente y haciendo el signo universal de “calma”: mostrarle la palma de su mano derecha abierta.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Mage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Tónico de resistencia [1]
Tomo de Ruina [2]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2364


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Compañeros del Otro Lado [Privado; Sindri]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.