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Sin dinero no hay sustento [Priv. Argus]

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Sin dinero no hay sustento [Priv. Argus]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 18, 2015 7:52 pm

Un ave pequeña, de cálidos y vividos colores sobrevolaba el Mercado de Melior. Cada tanto dejaba escapar un trino, volaba más bajo y por medio de distintos gestos era que trataba de llamar la atención de los transeúntes antes de continuar con su camino hacia un sector en especifico del Mercado: allí donde las calles eran un tanto más anchas, dando sitio a una pequeña plaza. En dicho lugar, frente a una fuente, se encontraba una 'tarima' improvisada: un cajón de madera en el cual los mercantes usualmente transportaban frutas o verduras.

El avecilla, fácilmente reconocible como un periquito para quienes tuviesen un mínimo de conocimiento, dio un par de volteretas en el aire antes de descender, deteniendo su marcha y posándose sobre el sombrero de la colorida figura que se hallaba de espaldas a la gente, de pie sobre la pequeña tarima personal. Basto solo medio giro de dicha figura para que el ave con un trino volviese a alzar el vuelo, mezclándose su cantar con el sonido de los cascabeles que adornaban los vistosos trajes coloreados con particulares tonos de verde y amarillo.

- ¡Damas y Caballeros! ¡Niños y Niñas! ¡Signore e Signori! ¡Ladies and Gentlemen! .-un tono de voz aniñado y animado, quizás demasiado agudo por los intentos de la joven por hacerse oír sobre el bullicio del mercado logro su cometido, llamando la atención de los transeúntes cercanos. Una sonrisa alegre surco los labios de la rubia, quien dio un potente zapateo sobre la caja de madera seguido de un animado salto y un cómico y exagerado alzamiento de brazos.- ¡Acérquense, Acérquense! ¡Venid a escuchar! ¡Seáis todos Bienvenidos a oír las vivencias que esta Juglar con humildad os viene a contar!.-Mientras hablaba abría los brazos dando la bienvenida, procediendo luego a tomar el sombrero con la diestra realizando una floritura de muñeca para lanzar dicha prenda al aire, llevando entonces la zurda al pecho para dar una pequeña reverencia a las personas que se habían acercado.

Todo ello, lograba ocultar sus nervios. Y contó mentalmente un par de segundos antes de escuchar el jadeo característico de la sorpresa. Solo entonces se alzo nuevamente, mostrando una sonrisa un tanto picara mientras cambiaba su postura, todo con el afán de que los cascabeles volviesen a sonar: todo ensayado previamente para que el periquito que había tomado el sombrero cuando fue lanzado al aire alcanzara a terminar sus pequeñas maromas en el aire antes de depositar la prenda sobre su cabeza, procediendo luego la pequeña ave a posarse sobre el hombro derecho de su dueña.

- ¡Acérquense pues! ¡Los hombres de risa fácil!, ¡Las bellas mujeres!, ¡Los musculosos guerreros! .-sus ademanes buscaban captar y mantener la atención del pequeño grupo de gente que se había formado. Y si bien algunos movimientos se encontraban ensayados con anterioridad, como la simple maniobra entre ella y su mascota, habían muchas otras cosas: gestos, movimientos, palabras, que simplemente prefería dejarlos a la improvisación, buscando así distraerse y disfrutar de su trabajo. Buscando así alejar los nervios.- ¡Los guapos y los feos! ¡Los empobrecidos y los ricos!....-volviendo a llevarse una mano al pecho, en la postura encorvada que había tomado al referirse a los mendigos fue que dejo espacio para una pausa dramática. Entonces, ladeo la cabeza e intercambio miradas con el perico posado en su hombro, el cual movió la cabeza de arriba a abajo mientras trinaba.- ¡....Sobretodo los ricos! .-diría, guiñando un ojo al publico consiguiendo como premio una carcajada.

-¡Escuchad, que os traigo historias de Países lejanos... y de Reinos quizás un tanto cercanos! ¡No olvidéis también los poemas, la música, alegría, juegos y demás! ¡Acercaos y venid a disfrutar, que en este sitio solo encontrareis sana felicidad!.-En algún momento mientras hablaba, exagerando sus palabras, era que había tomado entre sus manos su fiel guitarra, comenzando entonces a entonar algunos acordes.- La historia que hoy os traigo, como tantas, parte por el comienzo y termina por el final.-algunas risitas se escucharon ante la obviedad, y un ligero rubor cubrió las mejillas de la rubia que con una ligera sonrisa decidió continuar.- Más... ¿Será este feliz o triste?... -mientras hablaba emitía diferentes sonidos con la guitarra, buscando enfatizar alguna de sus palabras. De un saltito bajo de la tarima, girando sobre si misma antes de caminar frente a su pequeño publico, buscando conectar con ellos, hacerlos de alguna manera participes de la historia que iba a comenzar a relatar.

-Nuestra historia, ¿Sera como se acostumbra?, ¿Ganarán los buenos y perderán los malos?.-el ave había dejado su hombro para volar en círculos a su alrededor, mientras que ella misma regresaba caminando de espaldas hacia la fuente, observando en todo momento a las personas mientras hablaba.- ¿Quienes son los malos? y... ¿Donde están los buenos?.-su tono de voz subía y bajaba, agregando la cantidad de misterio necesaria en cada palabra. Intercambiaba miradas con los compradores y sonreía antes de continuar.- ¡Tantas las preguntas y tan escasas las respuestas...! -volvía a pausar, esta vez llevándose una mano al rostro, deteniendo así las tonadas de la guitarra mientras echaba dramáticamente su cuerpo hacia atrás, alzando de manera exagerada una de sus piernas, dando la impresión de que se resbalo sin quererlo.

Una exclamación de sorpresa por parte de las personas.

Pero... ¡Sorpresa!, ella se encontraba sana y salva sentada sobre la caja de madera, cruzando sus piernas y acomodando la guitarra fue que volvió a guiñar uno de sus ojos en dirección a un par de niños que estaban relativamente cerca, agradeciendo internamente a todo lo conocido por haber logrado calcular bien la distancia entre ella y la pequeña tarima: sino, hubiese sido un golpe bastante feo para su trasero.- Que comience pues... ¡La fiesta!.-proclamaría, volviendo a rasgar las cuerdas de la guitarra, comenzando finalmente a contar una historia llena de altibajos, llena de curvas y cambios: ¿El malo era bueno? ¿Era el bueno malo? ¿Sería la princesa realmente una dama en peligro? ¿Seria el príncipe verdaderamente encantador?: Eso y más se pudo preguntar su pequeño publico, mientras la rubia se dedicaba a narrar, pausando dramáticamente a veces, alzándose de su asiento de manera sorpresiva en otras, usando su voz, la guitarra y las interacciones con el publico y su propia mascota para contar la historia.

Así se le fue casi todo el día, contando historias, cantando, declamando, haciendo mímicas. Fue cuando comenzaba a atardecer y la gente comenzó a retirarse para saciar su apetito, que decidió tomar un pequeño descanso, recogiendo las pocas monedas que había ganado y que la gente depositaba en una tela que yacía extendida sobre el piso, a pocos pasos de distancia al frente suyo.
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Re: Sin dinero no hay sustento [Priv. Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 19, 2015 2:48 pm

....Resultaba curioso pensar que a pesar de todo el tiempo que llevaba en en Tellius, y de todas las misiones que había aceptado a lo largo del último año, no había conocido Crimea hasta ese día. De hecho había conocido primero uno que otro continente antes de poner pie en aquel reino tan reconocido por los altos valores de sus habitantes. No era que nunca hubiese sentido el deseo por ver con sus propios ojos si ese lugar era tan pacífico como las historias lo relataban, pero su cabeza siempre había estado en otra parte, lidiando con otros asuntos.

....Afortunadamente llegó el día en el que a sus manos fue a parar una carta procedente de un mercader en Crimea. Aparentemente recibiría un cargamento importante procedente de Akaneia, y en ese instante no se encontraba en posición de irlo a recoger él mismo. Habiendo oído los rumores de La Guardia, y recibido una que otra buena recomendación por parte de antiguos empleadores, decidió contactarlos para que fuesen a recoger la mercancía y la trasladasen hasta el mercado de Melior. La paga era decente y el encargo en sí mismo era sencillo. La única complicación posible sería que en el trayecto se cruzasen con bandidos o emergidos.

....Por fortuna lograron evitar cualquier incidente. Los dos exploradores de la comitiva habían logrado detectar un campamento de bandidos en el camino y, alargando un poco más el camino a recorrer, lograron tomar una nueva ruta con la cual evitar la confrontación. También habían sido lo suficientemente cautos como para detenerse nada más en los pueblos conocidos. No sabían qué era lo que estaban cargando, y sabían bien que siempre era posible que su cliente les estuviese haciendo mover algo de gran valor o vital importancia lo suficientemente conocido como para que alguien más se los intentase robar.

....Al cabo de dos semanas, tiempo en el que marcharon hasta el puerto, recogieron la mercancía y luego realizaron su camino hacia Crimea, lograron llegar al puerto. Y una vez en el lugar el mercader les recibió con bastante satisfacción al comprobar que su mercancía había llegado a sus manos en menor tiempo del esperado y en perfectas condiciones. Tal fue el júbilo del hombre que no solo les pagó la cifra acordada sino que les ofreció hospedaje en una posada cercana, con comidas incluidas, durante ese día. Sus muchachos y él aceptaron la hospitalidad de buena gana y, luego de presentarse en la posada y asignarse las habitaciones, cada uno se fue por su lado a explorar el lugar.

....El varón se paseó por el mercado atraído por prácticamente todo. Veía unas espadas que parecían haber sido hechas por todo un artista, o hermosas prendas de delicada tela. Aunque tal vez una de las cosas que más le atrajo fue un pequeño puesto en el que una señora se encontraba vendiendo toda clase de prendas, entre las cuales destacaba un vestido en particular. El hombre no era un experto en la moda ni en la forma de vestir, pero creía estar seguro de que ropajes así solían verse más que nada en nobles o mercaderes de buena posición social. El precio no era tan elevado como hubiera sido de esperar, y el hombre aprovechó por comprar la prenda. Tenía en mente una persona a la que le gustaría regalársela.

....Pero quizá lo que más resaltó en el mercado fue la presencia de una chica a quien no notó sino hasta el momento en que terminó de comprar. Mientras se despedía de la vendedora oyó una vocecita dulce y aguda tratando de llamar la atención de los presentes, y al menos con él lo había logrado. Se encaminó hasta el lugar en el que la menor se encontraba y presenció su acto con una sonrisa en los labios. Le resultaba curioso y tierno por igual ver a una persona tan joven ejercer la profesión de juglar, y lo más impactante era que lo ejerciera de tan buena forma.

....No supo cuánto tiempo permaneció allí de pie oyendo las distintas historias, cautivado enteramente por la juglar. Pero en un momento en particular fue capaz de romper el hechizo que yacía sobre él y marcharse de la presentación... aunque, claro, no lo haría por mucho tiempo. Varios minutos después regresó hacia la pequeña tarima, justo en el momento en el que la función había acabado. Ya solo quedaba la pequeña recogiendo su dinero.


....- Muy buen trabajo. - Le felicitó con tono amable y una sonrisa en el rostro al mismo tiempo en que se inclinaba delante de ella y colocaba encima de la tela unas cuantas monedas. Y, junto al dinero, depositó también tres bizcochitos del tamaño de un puño, con la masa aun caliente y una ranura realizada en el costado por donde se les había introducido algo de mermelada, seguramente de fresa a juzgar por el color. Esa había sido su razón de ausentarse: buscar algo que ofrecerle a la pequeña. - ¿Aprendiste tú sola a recitar así?
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Re: Sin dinero no hay sustento [Priv. Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 23, 2015 1:48 am

La rubia, permanecía acuclillada frente al trozo de tela, recogiendo y contando una a una las monedas bajo el atento escrutinio de su pequeña y colorida mascota. El avecilla, saltaba de su sombrero al hombro derecho, para luego planear hasta la tela, volviendo luego de unos instantes a volar hacia el sombrero; repitiendo el proceso cada cierto tiempo, como si no supiese en que sitio quedarse, trinando cada tanto y aleteando ofuscada ante la poca atención que su compañera le proporcionaba.

-Tranquilo Ally, ya estoy terminando.-susurraría, girando el rostro para observar al pajarito que en estos instantes descansaba sobre uno de sus hombros. Su rostro se ilumino con una sonrisa divertida, evitando la risa suave que quería escaparsele al ver lo enfurruñada que se apreciaba tan pequeño animal. Quizás por eso, fue que no notó a la imponente figura que se acercaba hasta que fue demasiado tarde.

Una voz grave, claramente masculina, habló. Pronunciando las palabras con un tono amable que la rubia no alcanzo a procesar debido a la sorpresa. Su única reacción, fue girar nuevamente el rostro, de manera un tanto rígida, teniendo que alzar la mirada para poder visualizar a su interlocutor, ya que aun inclinado el pelirrojo seguía siendo mucho más alto y grande que ella.

-"E.....es...es....¡ES ENORME!".-pensó para sus adentros con algo de miedo y sorpresa, su rostro reflejando solo lo ultimo mientras que su cuerpo se iba ligeramente hacia atrás, perdiendo el equilibrio y cayendo sobre su trasero.- ¡Ah! .-se quejo quedito, cerrando brevemente los ojos, volviendo a abrirlos con un deje de temor para observar al imponente adulto frente a ella. No sabía que decir. Es más, sus ojos azules solo subían y bajaban en torno a la figura del pelirrojo, notando su indumentaria y deteniéndose con cierta duda sobre su rostro: parecía afable. Y ahora que lo pensaba... sus palabras habían sido una felicitación, ¿verdad?.

Su cerebro procesaba todo rápidamente, o bueno, lo intentaba: un aroma cálido y dulzón le impedía concentrarse demasiado, al punto en que su naricita se frunció y movió levemente, recordando vagamente a un pequeño roedor. Sin saber muy bien por qué, o si era del todo correcto desviar la vista del adulto, fue que miro hacia abajo, abriendo los ojos con notoria sorpresa ante las monedas y los bizcochitos rellenos que estaban ahora sobre la tela. Era claro que el aroma venía de allí, donde anteriormente no había nada comestible.

No tardo en sumar dos más dos.

Entonces se avergonzó enormemente por pensar mal, aunque fuese solo por un segundo, del adulto pelirrojo que ahora reconocía como uno de los tantos rostros que había estado presente en su acto.- Uhm... yo... este.-comenzó a hablar titubeando, sabiendo que tenía que ser más clara o si no sería muy difícil entenderla, pero no sabía muy bien que decir o como expresarlo.- ¡Mu-Muchas Gracias!.-diría finalmente, inclinando brevemente la cabeza, notando recién entonces que aun no se colocaba de pie, acción que realizo con movimientos un tanto torpes.

- Uhm...y ... amh.. lamento mi reacción anterior, me sorprendió...y asusto un poco su aparición.-admitiría en voz baja, retorciendo con sus manos parte de la tela de su falda, dirigiéndole una mirada avergonzada y una sonrisa titubeante y tímida al adulto.-Gracias... nuevamente, p-por sus palabras, y ... por pre-presenciar el acto y por su regalo.-las palabras le salían un tanto atropelladas, causando que el ave trinara con algo similar al cansancio antes de proceder a posarse en el sombrero de su pequeña dueña, al parecer había alzado vuelo cuando esta se había ido de espaldas por la impresión.

Y como si sus propias palabras le trajeran algo a la memoria, fue que volvió a agacharse, esta vez de manera cuidadosa para recoger las monedas y tomar con cuidado los bizcochos, manteniendolos sobre la tela que ahora tenía entre sus manos. Cuando se aseguro de que nada le pasaría a los dulces fue que volvió a incorporarse, dirigiéndole una sonrisa entre avergonzada y satisfecha al adulto: avergonzada por su actuar tan torpe, y satisfecha por creer que sus últimos movimientos habían sido más certeros y adecuados.- Ah... disculpe que pregunte, pero... ¿U-Usted me había preguntado algo, verdad?.-cuestionaría, no del todo segura, ya que apenas y en su impresión había podido registrar solo las primeras palabras del hombre. Esperaba no molestarlo por no haberle puesto la atención que se merecía, siendo él alguien a su parecer amable.
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Re: Sin dinero no hay sustento [Priv. Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 26, 2015 11:20 pm

....La reacción de la pequeña le arrebató una pequeña risa al pelirrojo. No le extrañaba en lo absoluto que la chica reaccionase de aquella forma; no era el primer niño que se sorprendía al verle y estaba seguro de que tampoco sería el último. Inevitablemente algunas miradas por parte de los transeúntes se enfocaron de forma breve en aquel par, preguntándose si el imponente hombre estaba molestando de alguna forma a la juglar. Por fortuna al cabo de unos segundos no pareció ocurrir nada lo suficientemente sospechoso como para atraer a los guardias o producir la intervención de algún tercero.

....El mercenario lentamente se puso en pie mientras la muchacha, de forma simultánea, se levantaba y recogía sus cosas. Le alegraba que, a pesar de la sorpresa inicial, la chica no rechazase su dinero o su obsequio. -
No hay nada que agradecer, solo te digo la verdad: ha sido un buen acto. Tampoco debes disculparte por tu reacción, me imagino que la diferencia de estaturas ha sido impactante, ¿eh? - Bromeó con un tono amable daba una suave y cuidadosa palmada en la cabeza de la muchacha. Reparó entonces en la preciosa ave que se encontraba descansando sobre el sombrero de su dueña y de inmediato el hombre se llevó una mano al mentón. - Vaya, ahora que lo pienso... Te he traído algo a ti, pero no le traje algo a tu pequeño amigo, ¡y eso que él también formó parte del acto! Supongo que a la próxima le compraré algo también. ¡Ha, ha, ha!

....- Lo que te preguntaba antes era si habías aprendido tu oficio tu sola. - Repitió la interrogante con dulzura, sin mostrarse en lo absoluto contrariado por la falta de atención ajena la primera vez. Con sumo cuidado y suavidad el varón dio una palmadita amistosa en uno de los hombros ajenos. - He visto unos cuantos bardos y juglares en mis viajes pero no creo recordar a uno tan joven como tú. Es agradable ver que te ganas la vida de una manera que alegra a los demás. ¿Tus padres te enseñaron? - Preguntó con inocencia y curiosidad en igual medida mientras su mirada observaba el semblante de la niña.

La mirada masculina se trasladó momentáneamente a la pequeña caja que la chica había usado de tarima, y fue entonces cuando se le ocurrió la pequeña idea de caminar hacia ese punto y sentarse junto a la caja. Su diestra dio pequeñas palmadas sobre la superficie en una invitación a su acompañante a tomar asiento. Se imaginaba que la pequeña querría degustar del dulce regalo, y resultaría más seguro comer de pie que andar caminando con eso entre sus manos. Además todavía debía de guardar el dinero.
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Re: Sin dinero no hay sustento [Priv. Argus]

Mensaje por Eliwood el Sáb Ene 30, 2016 11:43 pm

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