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Un príncipe problemático [Privado]

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Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Sáb Dic 12, 2015 12:26 am

Pasaba ya la media noche y si bien sería lo normal que todos estuviesen durmiendo no era así en el marquesado de Pherae. El fuego de las antorchas iluminaban casi por completo las calles en manos de los soldados que revisaban cada rincón del lugar, caballería con banderas de Altea recorrían las calles gritando ordenes cubriendo las entradas al marquesado impidiendo que nadie saliera. Ya pasaban más de 12 horas de la desaparición del príncipe y en menos de una hora la guardia real de Altea había tomado el castillo en lo que era casi una invasión, revisaron cada habitación, closet y rincón sin respetar siquiera las habitaciones bajo llave exigiendo al marqués que abriese cada puerta y permitiese acceso a cada lugar, armas en mano en todo momento. El príncipe no aparecía y la situación se tornaba cada vez más tensa, incluso ya se había alzado la voz con palabras como "traición" o "secuestro", cosas que ponían más en tensión a los soldados Alteanos.

Marth se había escapado del castillo temprano ese día planeando volver a las pocas horas, no había informado a nadie, mucho menos a sus guardias que querrían acompañarlo y le prohibían ir solo a explorar el lugar. Y con razón, pues regresaba sobre su caballo sujetando las riendas con solo una mano y su otro brazo apretado contra su pecho envuelto en lo que había sido parte de su chaqueta. Había salido solo con una espada de bronce, ni siquiera una buena, con su caballo sin nada más que la montura y las riendas y él sin armadura alguna, solo ropas normales, había intentado pasar por un plebeyo normal aunque las caras de finos cortes no terminaban de convencer a quienes le veían, así mismo su forma de hablar y su ligero acento extranjero. Se había encontrado con el hijo del marqués y habían sido atacados, y estaba convencido que de haber estado solo, no habría sobrevivido.

Marchaba al galope, solo, acercándose por un descampado, el cuerpo le dolía, en especial su brazo, pese al vulnerary que había torpemente tirado sobre la herida esta apenas había cerrado lo suficiente como para detener una hemorragia mayor, pero la herida seguía abierta y cualquier movimiento era sumamente doloroso y volvía a sangrar. Se había arreglado de cortar, torpemente con su espada, la cola larga de su chaqueta y había logrado vendarse aunque no supo como apretar aquellas telas contra la herida por lo que la sujetaba con fuerza contra su pecho para que no se aflojase. Sus ojos no parecían secarse y temía de cualquier sombra que se movía en los árboles y arbustos, al ver que se acercaba a Pherae, suspiró de alivio y apresuró su marcha, divisando un caballo blanco resaltar en la oscuridad de la noche, por fuera del marquesado, se dirigió directo hacia él recordando que era de ese color el caballo del marqués.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Dom Dic 13, 2015 9:45 pm

Sería una larga noche que sin duda pasaría en vela, no aguardando con aprehensión en el interior de su castillo, sino fuera de las murallas de este, gastando a cuentagotas los larguísimos minutos al lanzarse él mismo en la búsqueda del príncipe. Recorrer cada rincón, buscar cualquier señal, intentar idear la ruta que podría haber tomado. Su pulso golpeteaba contra el interior de sus oídos, apresurado, insistente, pero su prisa no compensaba nada en absoluto y sus tumultuosos pensamientos tampoco ayudaban. Había dos grandes preocupaciones en su mente, dos que mantenía a raya en cada momento en que sus manos apretaban las riendas, su garganta se cerraba cada vez más y la gentileza en su expresión se endurecía, cerniendo en sus ojos un discreto temor que superaba a la situación en sí.

Espoleó en silencio al caballo, desprovisto de sus estandartes y sus piezas de armadura, portando tan sólo la ornamentada montura y las riendas cuyos hilos plateados centellaban con el movimiento. El marqués cabalgaba recto, pese a lo mucho que la ropa le oprimiese el cuello, o cuanto pesara su capa en sus hombros. Se alejaba del palacio sin ruta fija, mas intentando abarcar coherentemente Pherae como lo conocía; los soldados venidos del otro lado del mar no se lo impedían, tenían su castillo como garantía y en ese momento valía, para usos prácticos, más que su propia presencia. Lo cierto era que no podía imaginar por qué motivo Marth habría de retirarse así, por qué alguien tan responsable y estable saldría tan lejos como para perderse en territorio desconocido, alguien de quien ciertamente no sospecharía algún truco o jugada que involucrase su culpa en el asunto... no veía forma en que hubiese sido aquella la voluntad del menor y si debía de hacer sus conjeturas, temía ya que algo le hubiese sucedido. Alguien podría haberle tomado. Y si había cruzado la frontera segura de Pherae, hacia la inclemencia de los marquesados abandonados, no había nada de lo que pudiese estar seguro ya.

Su primer temor era la atención de su pueblo. No había miseria en Pherae, no había conocimiento de una sóla noticia preocupante sobre el exterior que no viniese acompañada de optimistas aseguraciones. Una noche como aquella, la intrusión de los soldados extranjeros en las calles... Eliwood temía por el peso que aquello tomase en el ánimo de los suyos y las repercusiones que pudiese tener.

Su segundo temor, sin embargo, resonaba más fuertemente. Y no se trataba ya de una lógica y pensativa visión hacia lo que sucedía, ni siquiera preocupación por lo que pasaría con él o su Pherae si el príncipe no aparecía pronto. Aquello era algo más profundo, una inquietud asentada en lo ilógico y lo inexplicable.

Su hijo tampoco estaba en casa. El transcurso de su vida se repitió en su mente mientras buscaba; la casa noble de antaño, la pérdida de su padre, la búsqueda que jamás había llegado a término, el peso de una temprana corona, la alegría de la familia que aún tenía, la inmaculada y perfecta vida de amaneceres compartidos con una muy amada esposa, la noche en que el nuevo enemigo había surgido de las sombras, la incertidumbre, el caos de la batalla, la desaparición de la mujer, el alivio de cargar a su ya crecido hijo consigo y saber que al menos, en ese momento, algo había que no permitiría que le fuese arrebatado. El mismo hijo que ahora no veía y súbitamente, como si de una maldición se tratase, la pérdida del aliado en quien había centrado sus atenciones, su aprecio y hasta su interés. Y por eso la noche sería más larga y más absoluta aún, y por eso se tornaba más inclemente, misterioso, inexplicable y anchísimo su mundo, cerrado oscuro a su alrededor.

Hasta que el otro jinete apareció, cabalgando recto en su dirección. Sintió una presión súbita en el pecho, como un golpe, y aflojando por un momento la tensión de su mandíbula y el apretar de sus dientes se apresuró a su encuentro. El muchacho estaba allí, sobre el caballo, lastimado y desarreglado pero perfectamente vivo. Eliwood no se hizo demorar en llegar hasta él ni dudó en estirar la mano para quitarle las riendas, aún de frente controlando a su montura para acercarla y detenerla. No podía imaginar aún la fuerza que lo había robado de la seguridad del castillo, ni cómo habría logrado regresar a solas, pero su alivio apenas cabía en él y era todo en lo que podía pensar, agradeciendo al bondad del destino por esa ocasión.

Apenas y le miró, sin soportar por más que un momento la vista de su rostro atemorizado y sus ojos cristalinos. Sin pronunciar palabra ocupó sus manos en detener a su montura junto a la propia y, apenas inclinando la cabeza en medio gesto de pedir su permiso, le tomó por la cintura y le acercó con increíble suavidad en la corta transición de un caballo al otro, dándole asiento frente a sí, sobre su propia montura, donde le sentía a salvo. Su brazo parecía herido y las manos del marqués lo evadieron al rodearle debajo, por la cintura. Bajó la cabeza para apoyar su frente en el hombro del pequeño príncipe y con una larga exhalación de alivio susurró. - Gracias. -
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Dom Dic 13, 2015 11:52 pm

A medida que se iba acercando al jinete el alivio recorría su cuerpo, sus músculos comenzaron a temblar al dejar de estar tan tensos y finalmente al poder distinguir la cabellera pelirroja sintió que algo en su pecho se soltaba. El dolor latente en su brazo se hizo más fuerte y se sintió aliviado cuando las riendas de su montura fueron tomadas y pudo finalmente soltarlas.

Su mirada cristalina terminó por derramar un par de gotas que recorrieron sus mejillas, en completo silencio, bajó la mirada a la espera de un regaño, sabía que había obrado mal y era eso lo que ocurría cuando era egoísta y olvidaba lo que representaba y quien era. Las palabras de su padre le habían seguido durante todo el camino repitiéndose una y otra vez en su cabeza como un eco insaciable que solo acentuaba y multiplicaba su culpa. No era digno de Altea, no era digno de su marca, no era más que un muchacho caprichoso y mal educado que no pensó en lo que sus acciones podían acarrear. No había pensado ni meditado en las consecuencias y ahora las pensaba, seguro sus caballeros estarían preocupados y esperaba que no fuese demasiado tarde, seguro que el marqués querría romper su alianza y lo tacharía de irresponsable. El nudo en su pecho no se aflojaba, sería castigado... lo presentía, su subconsciente  le repetía que ocurriría, que de estar su padre presente la herida en su brazo sería lo que menos le dolería si se enteraba de lo que había hecho... pero incuso sin la presencia paterna seguía aquella sensación de que algo horrible le ocurriría, un castigo caería sobre su espalda y sin estar el rey era anónima la mano que lo daría... a fin de cuentas, lo merecía por sus imprudencias. Incluso llegando a pensar que sería de la mano de alguno de sus caballeros, antes habiendo servido a su padre, o incluso del marqués por hacerle pasar una situación tan incómoda y tensa. Sin embargo de este no fue si no una mirada amable y aliviada que recibió.

Al ser tomado su cuerpo entero se tensó estremeciéndose, cerrando sus ojos como si esperase el golpe que no llegó, en cambio las manos del marqués le tomaron con cuidado y le movieron hacia la otra montura, el príncipe se acomodó ayudando al otro en su tarea de acomodarlo, su espalda quedó apegada al pecho del pelirrojo, sujetando con su mano sana de la parte delantera de la silla de montar y manteniendo su brazo herido contra su pecho. Apretaba sus dedos intentando contener sus lagrimas pero sentía el viento enfriar los caminos húmedos sobre sus mejillas. Su voz se quebró al intentar hablar en un ligero sollozo al escuchar el suave tono que le dedicaba - L-lo siento... l-lo s-siento mu-mucho... - apenas se escuchó su voz siendo un murmullo quedo y quebrado, inclinando tanto su rostro que solo podía mirar la tela ya oscura por la sangre, su mano temblando contra su pecho y aquella sensación de opresión dentro de sí. Intentó respirar para calmarse pero era como que todo se había derrumbado, no se creía ni siquiera de ser capaz de enfrentar a sus caballeros en ese estado. Temía regresar al castillo... identificó enseguida aquel temor remontándose años atrás cada vez que se saltaba una clase o simplemente no cumplía con alguna de las miles de etiquetas que tenía que cumplir en cada aspecto de su vida, ese temor de enfrentar a la figura de autoridad que juzgaba si era o no digno para ser el siguiente Rey de Altea... definitivamente en ese momento no se sentía digno en absoluto.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Lun Dic 14, 2015 1:31 am

Le sintió temblar, aunque en el escaso tacto no sintiese fría su piel, no parecía cesar de hacerlo. Reconocía aquel temblor en particular, el entrecortar de su respiración, el tremor en sus intentos de hablar; no podía ver sus lágrimas pero sabía, desde ya, que estaban allí. Y en aquel momento le vio por lo que era, en su más simple definición: un muchacho en un cargo prestado, demasiado joven para la corona que se calzaba ya sobre su cabeza y demasiado frágil para la inmensidad de aquel mundo. Y sin embargo, en algo difería con claridad de las demás personas que el misterioso mundo le había apartado, pues era él, el príncipe que tan pequeño sentía entre sus brazos, el único que había regresado. Su prueba de que así como el mundo estaba lleno de vuelcos traicioneros, seguía siendo el maravilloso lugar que quería creer que era. Por cual fuese la gracia que había hecho a Marth regresar, no cesaba de sentirse agradecido.

No fue capaz, sin embargo, de actuar en la forma en que su raciocinio le pedía que actuase. El príncipe estaba herido. Debía llevarlo de regreso para que le sanaran, o ayudarle él mismo en la medida en que pudiese, preguntarle al menos qué clase de heridas eran, cómo las había obtenido, cómo se encontraba. Pese a todo, no logró hacer más que estrechar la cintura del menor con sus brazos, profundamente agradecido también por el simple hecho de que se apoyase contra su pecho y le permitiese ese tacto. Las riendas seguían en sus manos, pero no movía a los caballos. Sentado sobre la montura del animal quieto, abrazó a Marth contra sí y allí permaneció, con su frente aún apoyada contra el hombro del menor, por los largos momentos en que se esforzaba por serenar su mente, contener el caos de emociones que se agolpaban en su pecho. Una indescriptible ternura hacia el alteano, alivio, una necesidad de sostenerlo que probablemente superaba a la suya de ser sostenido, la absoluta lástima por el sonido leve y quebradizo de su voz, la necesidad de comprender qué le había sucedido y donde había estado en aquel tiempo, combinada con la falta de voluntad para preguntárselo y tanto, tanto más. Al final, guardó todo aquello dentro de sí y se convenció de darle al joven la seguridad que él necesitase.

- No tiene nada por qué disculparse. Ha regresado. - Murmuró. Era él, más bien, quien debía de disculparse. Se había acercado demasiado, le abrazaba, era excesivo y rayaba en impropio, pero si lo mencionaba tendría que tomar distancia y se sentía capaz de hacerlo. Se enderezó, su mirada súbitamente el doble de cansina de lo que había estado hacía unos momentos, aunque fuese con sumo alivio que la posaba en el paisaje nocturno, más allá de los cabellos azules y la delicada tiara. Exhaló tendidamente y en lugar de apartarse, tan sólo retiró una de sus manos de alrededor del muchacho, cuidadoso y gentil respecto al movimiento, acomodando las riendas frente a él. No sería problema dirigir con el príncipe ocupando el espacio entre sus brazos aún, ni siquiera guiando en distancia al segundo caballo, que habría de proseguir desocupado, llevando en su montura aún la mancha oscura de la sangre.

- Estará bien. - Continuó, espoleando levemente y echando a andar. Su voz pareja cubría los sobresaltos en la respiración ajena. Llevó las riendas en una mano, las del caballo ajeno puestas en su brazo, sujetando aún con la otra al menor; el paso era lento, apenas un golpeteo pausado y tranquilo de herraduras contra el suelo. - Ya ha terminado. Le llevaré de regreso y olvidará esto, estoy seguro de que lo hará. Estaré con usted. Le curarán, le protegeremos... - Sería difícil, sino imposible, mantener al príncipe siquiera un par de días en el castillo, pero era un hecho: no quería soltarlo, no le quería fuera de su vista. En la negrura que carcomía los bordes de las colinas, borrando los horizontes, parecía como si pudiese perderlo fácilmente. Y no tendría la fortuna de que le fuese regresado dos veces.
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Lun Dic 14, 2015 2:26 am

El sentir el cuerpo ajeno contra su espalda y los brazo rodear su cuerpo fue un alivio demasiado grande que solo logró aflojar más las lágrimas en sus ojos, su voz ni siquiera salió y su respiración se volvió más entrecortada. Se sentía demasiado confundido y abrumado por todo aquello. Esperaba rezongos, reproches, que le cuestionaran sobre lo que había hecho, donde había estado y que le había pasado por la cabeza para actuar de esa forma. No esperaba comprensión y preocupación tan desmedida, tan sincera. Sabía que se preocupaban por él, pero por lo que él representaba, con el pelirrojo realmente sentía que se había preocupado por su bienestar y estaba feliz de verlo, a él, no el país, no la alianza, no al príncipe, si no a Marth. Por un instante se sintió consolado y la voz tranquila y suave del marqués fue como una caricia a sus oídos. Asintió muy suavemente y respirando un poco fuerte intentó contener el agua de su nariz.

Estaba impresentable, se sentía sumamente avergonzado de su estado, su ropa estaba rota, su brazo herido, su rostro mojado por lágrimas y su nariz y mejillas rojas por el llanto contenido y encima de todo se estaba apoyando deliberadamente contra el pecho ajeno buscando más de aquel contacto protector, aquel abrazo que le contenía más de lo que había hecho su propia familia. Sentía que era capaz de calmarse, de poco a poco respirar más tranquilo y tratar de ignorar aquella sensación de temor y comportarse un poco más como un hombre respecto a su herida. Mordió con fuerza su labio inferior intentando contener las lágrimas pero no podía, apenas podía asentir con su cabeza a las palabras que el otro le decía. Alzó un poco la cabeza viendo a la distancia el castillo, se podía llegar a ver todas la ventanas iluminadas, todos en el castillo despiertos, seguramente esperando por él. Nuevamente la culpa le apretó el pecho y bajó su cabeza inclinándose un poco hacia adelante - N-no... no quiero volver... - pensar en regresar le volvió a hacer temblar, en sentir el pánico apretar su pecho. La idea de enfrentar a sus caballeros, a su consejal, era aterradora, seguro le regañarían, alzarían su mano como lo había hecho su padre, le dirían indigno y le voltearían el rostro, perdería el respeto que le tenían, aquel respeto que su padre le había hecho creer que era apenas un hilo que se podría romper en cualquier momento al menor error.

El movimiento del caballo, rítmico y lento le daba algo en que centrarse mientras intentaba mantener su compostura, respirando profundo cerró sus ojos y solo dejó que la respiración ajena y el andar del corcel fuese lo único en que tuviese que centrarse para poder hablar - G-gracias... esti... Lord... Lord Eliwood... lamento mucho... lamento lo sucedido... realmente lo... lo lamento... - intentaba disfrazar aquella voz quebrada, mantenerla lo más firme posible pero sin demasiado éxito solo lograba hacerla temblar más al contenerla con tanta fuerza. Abrió sus ojos y se centró en las manos ajenas, la mano que sujetaba las riendas y la que le sujetaba a él, repentinamente tomando consciencia de la cercanía que tenían - P-perdí mi alforja... pero en mi baúl... allí tengo medicina... no tiene que pre-preocuparse. - decidió no mencionar la cercanía, si lo hacía seguro tendría que apartarse, o pasarse nuevamente a su caballo. Prefería quedarse allí, por más incorrecto que fuese.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Mar Dic 15, 2015 5:14 pm

En la situación en que estaba, con un monarca llorando tendida pero silenciosamente en sus brazos, lo noble de hacer habría sido ignorarlo por completo. Darle espacio y privacidad para componerse, prestar ojos ciegos hasta que estuviese de regreso en un estado digno y pretender que nadie había visto nada. Sería lo más beneficioso para el muchacho. Pero el marqués era un compasivo e imperfecto ser humano, después de todo, uno que reaccionaba por instinto a tener a alguien más vulnerable bajo su cuidado y que volcaba sobre la desaparición y reaparición de Marth más significado del que debía de. No podía ignorar el llanto que todo menos amainaba, tampoco podía evitar recibirlo con cierto alivio contra sí, permitiendo que el tangible peso le asegurase que todo había terminado ya. Le tomó con algo más de firmeza y esperó pacientemente a que las palabras saliesen de él, bajando la vista al rostro de que su cabello en mayor parte ocultaba, tan lenta la cabalgata que no requería de mayor atención suya.

Y si el príncipe expresaba que su voluntad no era volver enseguida, por irracional que sonase, no podía sino concederlo como favor. Algo estaba asustándolo, seguramente un horror visto aquella jornada que no apartaba de su mente todavía. Detuvo nuevamente al caballo y con un presto movimiento de las riendas le giró, poniendo a sus espaldas la silueta del castillo y las luces que marcaban sus ventanas; frente a él en la silla, el príncipe no cesaba de disculparse y Eliwood no comprendía en absoluto el por qué, mas negaba con la cabeza. - Está bien, mientras haya regresado, estará bien. En caso de encontrarle había traído conmigo... - A modo de no mover demasiado al lastimado príncipe, alcanzó a tientas en su propia alforja en búsqueda de algo de medicina, tomando una botella del oscuro pero efectivo líquido que el sanador del castillo había preparado. Confiaba en que cerraría su herida y que desvanecería el dolor, pero no le dejaría del todo tranquilo, una revisión apropiada sería necesaria, cuando todo pasara. Llevó la botella hasta la mano sana del menor, poniéndola entre sus dedos y aguardando a que bebiese a su tiempo. - No es lo mismo que ser atendido por un sanador, príncipe. Pero le aliviará mientras desaparecemos un tiempo más. -

Dicho eso, su respuesta se tornaba obvia. Lo alejaría del castillo. Apenas el príncipe tomase el brebaje, Eliwood espoleó al caballo y apresuró el paso en dirección a la llana pradera, buscando el lindero de una arboleda pequeña y segura contra la cual ocultarse. Su brazo se mantuvo en todo momento alrededor del joven, evitándole cuanto podía el movimiento, en temor a que despertase nuevo dolor. Dejó atrás la ciudad y se perdió en la noche cerrada, que paulatinamente obscurecía la vista inclusive de a quien tan cerca tenía, hasta el punto en que apenas discernía la palidez de su piel si bajaba la vista y los árboles, las rocas, las colinas a su alrededor se transformaban en siluetas completamente negras. Se detuvo frente a una familiar arboleda, un recoveco imposible de cruzar que moría alrededor de las ruinas de un muy viejo fuerte, casi que consumido por malezas en ese entonces.

- Príncipe Marth, - Le llamó con suavidad, a medida cesaba. El camino recorrido en silencio le dejaba tan sólo una persistente duda, que no podía ya contener. Aunque fuese pronto, necesitaba saber. Inmóvil, su voz tomó un timbre grave al hablar. - Necesito saber quien o qué le robó de mi castillo, y por qué. Todo lo que sepa me será de utilidad. - Dijo. Sacarlo de su pecho representaba cierto alivio, aunque restaba aún oír la respuesta, que bien podría abrirle las puertas a un millar de nuevas ansiedades. Al menos estaba encaminado.

Pudiendo entonces continuar, consideró la forma de bajar a su maltrecho acompañante. - Aguarde un momento, bajaré primero. - Avisó antes de retroceder, pasar una pierna tras las la montura y descender en un pequeño salto; a oscuras, apenas se escuchó el crujido de hojas viejas y secas bajo sus pies. Enseguida sus manos regresaron a la cintura del príncipe para guiarle a bajar, atraparle en lugar de ayudarle hasta el suelo. Un brazo bajo sus rodillas, el otro tras su espalda, le cargó en un recto y cuidadoso andar hacia... ¿dónde? No había nada allí realmente. Suspiró y se adentró tan sólo un par de pasos entre enormes y vetustas raíces, buscando un buen sitio para poner a descansar al menor.
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Jue Dic 17, 2015 1:40 am

No estaba actuando como debería, era impensable para él mostrarse de esa manera frente a nadie, incluso desde temprana edad al asomar lágrimas en sus ojos era enviado a limpiarlas o desahogarse a solas y regresar como si nada hubiese pasado. Si así era exigido entre su propia familia, o más bien frente a su padre, frente a invitados o gente ajena al castillo no podían si no que verlo perfecto en todo momento. Intentó controlarse, limpiarse las lagrimas con su mano y respirar más tranquilo, controlar su exaltación tomando aire por la nariz y soltándolo suavemente por la boca. Ni bien el castillo quedó fuera de su rango de visión sintió alivio, no tendría que enfrentar a su guaria real aún ni a su consejal. Notando repentinamente lo cercano que estaba al marqués se apartó un poco sintiendo más evidente el agarre de este en su cintura, se quedó allí, apenas separando sus cuerpos unos milímetros pero sin hacer tensión como para tomar verdadera distancia, no sería cortés... y realmente no quería. Ya sus mejillas, nariz y ojos estaban colorados por el llanto, por lo que el rubor de pudor no cambiaba para nada su rostro, igualmente agradecía estar resguardado por el velo de la noche.

Sintió entre sus dedos el contacto frío de una botella de vidrio y la tomó en su mano, volviendo a apegarse al pecho ajeno al perder el agarre de la montura la acercó a su mano herida y con un gesto de dolor quitó el corcho que resguardaba el medicamento. Normalmente se hubiese negado por compromiso, habría entrado en ese juego de "No, gracias" y "Por favor, tómelo" para a la larga aceptarlo, pero le dolía demasiado y ya comenzaba a desear quitarse el brazo directamente. Si eso ayudaba a aliviarle, lo bebería sin dudarlo, incluso pese al horrendo olor que pudo percibir al acercarlo a su rostro. El caballo se detuvo casi por completo y cerrando sus ojos intentando no mostrar demasiado su mueca de asco tomó de a largos tragos hasta acabarse la botella sintiendo un estremecimiento recorrer su cuerpo y tratando de evitar la sensación de querer devolver lo que había bebido recién. Se tomó unos instantes para normalizarse y al poco rato ya comenzaba a sentir un cosquilleo que desvanecía un poco el dolor.

Avanzaron en silencio, poco a poco el príncipe recuperaba su compostura, su corazón dejaba de galopar en su pecho, su respiración poco a poco se normalizaba aunque la presión en su pecho parecía no irse en ningún momento. Todo se desbarató al escuchar la voz, más profunda de lo normal, del marqués a su espalda, casi contra su nuca. Cerró sus ojos y negó con su cabeza, no queriendo hablar aún, sentía que si lo hacía su voz volvería a quebrarse por lo que por algunos momentos mantuvo silencio, dejándose llevar al bosque. Los árboles le pusieron nervioso, la zona boscosa le recordaba demasiado al lugar de donde habían salido aquellas bestias y el no poder ver más allá de su nariz no le facilitaba aquello.

Se quedó quieto, sujeto con ambas manos sobre el caballo, recién en ese momento notando que había bajado su brazo herido y que ya apenas le dolía, aunque lo sentía un tanto adormecido y sin fuerza. Al ser tomado solo pensó que le ayudaría a bajar pero al pasar su pierna por sobre la montura y bajar solo encontró los brazos del marqués, que con gran habilidad, lo acomodó contra su pecho. Una corta exclamación se escuchó demasiado fuerte en el silencio del bosque y se aferró al cuello ajeno para no caer, ahora ruborizado por la posición que se le obligaba a tomar. A tal cercanía no sintió necesario el alzar demasiado la voz y susurrando podría controlar mejor su tono, por lo que tomó aire midiendo con mucho cuidado sus palabras, sabía que había mucho en juego y debía escoger muy bien que decir, como decirlo y que verdades ocultar y cuales suplantar por mentiras finamente elaboradas. - Lord Eliwood... he salido del castillo bajo mi propia voluntad, curioso por ver la vida cotidiana de Pherae, mas me he visto acorralado y sin opción más que la de huir a la presencia de enemigos my particulares. Lamento mucho todo lo ocurrido... No he tenido tiempo de alertar a nadie. - Se podría decir que era experto en ello, como noble, mentir formaba parte del día a día, las mentiras eran una herramienta diplomática que, bien utilizadas, podían salvar países enteros de caer en guerra. Meditaba con sumo cuidado, incluso bajo presión, cada palabra que decía, sabía que si decía lo que realmente había ocurrido pondría en riesgo la alianza que habían realizado. Su tonta aventura de ser un plebeyo por una tarde y que se había alejado voluntariamente del marquesado era algo que no podía decir, tampoco podía exagerar diciendo que le habían sacado del castillo burlando la fuerte guardia que había por parte de ambos reinos.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Dom Dic 20, 2015 4:30 pm

Una leve sonrisa apareció en su rostro, causada por el simple gesto del príncipe, el gritito de sorpresa que había escapado de sus labios al ser bajado de la montura. Con creciente ternura lo acomodó entre sus brazos, equilibrando su peso con facilidad. No lo veía ya, tan acurrucado en su lugar y tan cercanemente presionado contra su pecho era fácil dejar de discernirlo en la oscuridad que les envolvía y era una lástima, no poder ver su rostro en ese momento era una rotunda lástima, pero apreciaba todo lo demás. La sensación de las delicadas manos sujetándose de él y la cercanía que le permitía lo compensaba un poco. Súbitamente recordó los pensamientos que había entretenido en su última reunión privada con Marth, la forma en que le había halagado y contentado adrede, los sutiles rubores y las tímidas reacciones, la suposición que albergó entonces de que, si era aquella una muestra de cierta debilidad que el alteano tuviese por él, sería de su mayor conveniencia alimentarla. Ganárselo y ganarse a Altea. Deliberadamente, esa había sido su intención.

La idea parecía tan vil y fuera de lugar en ese momento, y sin embargo, regresaba a su mente. Era por aquellas manos que se sujetaban alrededor de su cuello, que tanto le recordaban el asunto. Ganárselo. ¿Cuanta de su confianza estaba obteniendo en un momento así? Era honesta la compasión que sentía por él y era con inmensa culpa que consideraba tal cosa, pero inevitablemente la consideraba. Cobijado en la cerrada oscuridad, se sentó sobre una gruesa raíz y bajó el peso del príncipe cuidadosamente a sus piernas. De todo lo que allí podía obtener, lo que tenía ya entre sus brazos le aliviaba bastante, y lo que podía aprender de la desaparición del joven príncipe era el mayor de todos los beneficios.

Pero no era la revelación de un gran misterio o una conspiración atada a sus difuntos seres cercanos. No era más que una predecible y simple acción de un predecible y simple enemigo, de quien no podía sospechar demasiado. - Entonces sólo ha sido... - Murmuró. Quizás era mejor así. Si la desconocida fuerza que había borrado a su padre de su vida fuese la misma que había tomado a Marth, por seguro que no lo tendría de regreso, como en ese momento le tenía. Soltó una temblorosa exhalación, tan impropio de él verse intranquilo, y apoyó su mentón sobre la cabeza del pequeño gobernante con una súbita y poderosa sensación de cansancio. - Sólo han sido ellos. Pero, ¿cómo es que ha logrado librarse? Creí que no se había involucrado en batalla hasta ahora, y estando a solas... ¿o es que ha conseguido huir? -

Aunque no fuese la revelación de todo lo que aún atormentaba su mente, seguía siendo preocupante, y bastante loable del príncipe conseguir regresar. Atea podía haberse quedado sin su heredero muy fácilmente. Por seguro, debía de haber sido una aterradora aventura. Cuidadosamente, su mano buscó el brazo herido, posándose inocentemente sobre su hombro y buscando señas de dolor residual al bajar. - Ha sido usted muy valiente, después de todo lo que debió de pasar hoy... gracias por soportarlo, príncipe. Y por regresar. - Dijo con creciente calma, inclusive el agotamiento asomándose en su voz. - ¿Está mejor su brazo? -
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Dom Dic 20, 2015 9:14 pm

Los brazos del marqués parecían más fuertes ahora, sujetándole sin aparente dificultad, y arropándolo contra su pecho de una manera bastante paternal, el príncipe se sentía seguro allí, incluso en medio de aquella pesada oscuridad que parecía devorar cualquier rastro de visibilidad en un manto negro. Sus sentidos estaban más alertas, privado de la vista cualquier ruido le llamaba su atención, el crujir de las hojas bajo los pasos del marqués, el respirar del caballo, el ulular de una lechuza, incluso el rozar de la ropa en los movimientos de ambos se escuchaba con demasiada claridad. No se resistió en ningún momento, sentándose en el regazo del pelirrojo quedó ligeramente encorvado, aún arropado contra su pecho, una postura que era impensable de tomar. Siempre espalda recta, nunca en el regazo de nadie, su ropa debía estar siempre limpia y planchada, su rostro presentable, nunca mostrarse vulnerable, realmente esa noche estaba destrozando cualquier código de comportamiento que un príncipe debía tener, pero simplemente no podía ponerse sobre sus pies aún, se sentía demasiado bien ser cargado, que alguien se preocupase por él y le sujetase, una sensación que nunca antes había sentido, ni siquiera de su propia familia.

La voz del marqués le sonó sumamente cansina cuando finalmente se hizo escuchar, en el silencio se escuchaba demasiado clara pero un poco sorpresiva haciendo que el menor se tensara un poco, pero sin apartarse del mayor, esperó a que terminase de hablar para responder él - No estaba solo... me he encontrado con su hijo, Roy ¿No es así? - dijo sintiendo el peso del mentón ajeno sobre su cabeza, extrañamente aquello se sentía agradable y solo le incitaba a relajarse.

Hizo una pequeña pausa antes de continuar, dejando que la mano ajena bajase por su brazo herido, tensandose un poco cuando pasó por su codo donde tenía un moretón por un golpe - Fuimos arrinconados contra un río cercano a un pueblo, él se encontraba allí y me expresó su intención de ir a buscar a su madre. Permítame decirle que ha criado a un gran  guerrero, mi estimado... aunque me ha sorprendido que, pese a la similitud física que comparten, no es así su personalidad. - podía hablar mucho de su encuentro, sobretodo de las diferencias que tenía con el mayor, pero prefirió callar, seguro el marqués tendría preguntas referente a su hijo.

Un rubor subió a sus mejillas, por suerte cubiertas por la oscuridad no se vio en la necesidad de moverse más que apoyando su mejilla contra la suave tela de la chaqueta ajena - N-no tiene que agradecer... No he sido valiente, he sido una molestia y una preocupación al desaparecer así. Si bien logramos eliminar al grupo no hubiese podido hacerlo solo... su hijo ha salido herido y... - sin estar seguro como decir aquello solo lo soltó - En lugar de beber la medicina que le brindé, simplemente la ha lanzado sobre la herida... así mismo también ha derramado la medicina sobre mi herida. No se preocupe que su hijo está bien y dirigiéndose hacia el norte. - apresuró a aclarar, pues una herida no era para menos... aunque el joven de pelo rojo había reaccionado mucho más tranquilo a su herida de lo que había reaccionado el peliazul.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Sáb Dic 26, 2015 10:35 pm

No habían preguntas respecto a lo que sucedía, ni un sólo comentario, ningún titubeo cuando el príncipe tomó su lugar en su regazo y bajo su mentón. En el mismo silencio en que quedaba, sospechaba que pasaría aquel episodio. Probablemente no se mencionaría, se ignoraría la existencia de esos minutos enteros y en el fondo sería lo mejor, aquel tácito acuerdo que desde ya tomaba. En pos de ello le permitía con alivio aquel espacio sobre sus piernas, buscaba al tacto la herida que ya no abría su piel y le oía recobrar el habla, explicando lo sucedido. Alguien había estado allí para salvarle y la revelación le dejaba tan alegre como consternado: nadie más que su propio hijo, más lejos de casa de lo que en su vida desearía que estuviese, pero en tan preciso y perfecto momento. Exhaló de a poco, intentado mantenerse tranquilo, aunque el golpeteo de su pulso en su pecho le delataba con creces; no serviría nada más sino mostrarse así, debía hacerlo aunque se tratase en gran parte de una máscara. Serenó su semblante y rogó que su corazón se serenase con él.

- ...buscando a su madre. Ya veo. - Dijo con una pequeña risa, fuera de aliento. No podía culpar a su primogénito por tener esperanzas. Sin preguntarle al príncipe exactamente cuanto sabría del asunto, decidió que no ocultaría detalles y con la mirada perdida en la oscuridad que se engrandecía de raíz en raíz lo soltó todo. No tenía fuerzas para hacer de otra forma. - Dos personas han desaparecido de Pherae desde que el mundo ha cesado de ser un sitio seguro, estimado joven, bajo estas mismas condiciones. La primera ha sido la madre de Roy, hace 2 años, cuando todo esto comenzó. No ha dejado una sola pista que nos permitiese buscarla, ni señal alguna de que siga en este mundo, aunque mi hijo ha resultado más audaz que yo en no permitir que tal cosa le paralice. La segunda persona en desaparecer ha sido usted. Usted, quien ha conseguido regresar... - Apretó su agarre en el príncipe al culminar, regresando a él aquel indecible alivio. Aún temía que Roy se convirtiese en un tercero en desaparecer, lo había temido desde antes y lo temía más en aquel momento, sabiendo que se encaminaba lejos de casa.

Pero qué curiosas condiciones para un encuentro entre el príncipe y el futuro marqués, después de todo. No había visto necesario que se conociesen antes, más aún, había preferido que no, considerados los aún defectuosos modales de Roy; y en eso no se equivocaba, a juzgar por cómo Marth recalcaba lo distintos que eran. Ese muchacho... pese a todo, había hecho algo fantástico por él y por el príncipe, no podía molestarse. Al escuchar del alteano el resto de la historia, dejó de lado los obvios descuidos y dejó que le invadiese la gratitud por la forma en que las cosas resultaban. Más aún le sorprendía que el joven sobre su regazo recobrase casi por completo el habla de siempre, tomando paulatino control del temblor en su voz, antes tan notorio y ahora casi desvanecido. Volvía a sonar como él mismo, cordial, correcto, distante.

De eso, no estaba exactamente seguro de alegrarse. - En este momento, casi desearía que fuese menos modesto. Apenas me permite cuidar de usted... - Apesadumbrado, sintió la mejilla de Marth apoyarse con suavidad contra su pecho y gustoso le recibió cerca. Si aquello le hacía sentir seguro, si aquello podía hacer por él, le daría eso y más, todo lo que necesitase el menor para que en su distante mente entrase el saber que sería mantenido a salvo ahora. Tomó su mano y la alzó un poco, llevando sus labios a los nudillos ajenos para besarlos con cuidado. - Pero lo haré, de todos modos. Tanto dentro de mi castillo como fuera. Y en lo que a este mismo momento respecta... estaré aquí todo el tiempo que desee. Hábleme, descanse, duerma, camine para despejarse-- lo que sea que necesite, lo tendrá. Mientras no me pida que deje su lado. Sólo... permítamelo un poco más. - Dijo, su cabeza aún solemnemente gacha. Pasó con cuidado de un espacio entre nudillos al siguiente, lento, en entera intención de permanecer así.

- Todo lo que me ha dicho me ha servido... y ha sonado tal y como un encuentro con mi hijo, realmente. Me tranquiliza, se lo agradezco mucho. - Dio otro pequeño beso entre sus nudillos entonces, expresando su gratitud en el gesto.
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Dom Dic 27, 2015 2:15 pm

Poco a poco sentía que su garganta se aclaraba, que su pulso era mucho más calmo, sus oídos ya no silbaban y sus manos poco a poco recuperaban su firmeza, los brazos del noble de Pherae le arropaban y le protegían en la oscuridad, agradecía infinitamente esta oscuridad que les permitía permanecer en aquella posición sin siquiera ser ellos testigos visuales de lo que estaban haciendo, algo tan impensable e indigno de alguien de su calaña le hacía merecedor de castigo, pero no quería pensar en ello, quería seguir en su fantasía por unos instantes más, pretender que aquello estaba bien y que podría continuar.

Asintió bajo a la petición del marqués, podía quedarse un momento más, no podría separarse él mismo en ese momento ni aunque se lo pidiera, pero que lo hiciera el marqués le aliviaba, al menos podría tener esa paz mental de no ser él quien abusaba de aquel contacto. Suspiró levantando un poco la cabeza, apoyando su costado contra la curva que se formaba en su hombro y cuello y pudo sentir el acelerado pulso del pelirrojo, su corazón parecía tan alterado como lo había estado el del príncipe en un inicio. No pudo si no encontrar tranquilizador aquello, no se sentía ya tan fuera de lugar, solo movió su cabeza acomodándose y volviendo a dar un suspiro suave, rozando con sus pestañas el cuello ajeno al abrir sus ojos en la oscuridad - Lamento profundamente lo ocurrido con su esposa, desearía poder ayudarle con ello. Mis más sinceros y profundos deseos es que su hijo tenga éxito en su misión y no regrese solo. - hablaba sumamente bajo, en un murmullo contra el marqués, en el silencio de la noche y siendo tal la cercanía no venía necesidad de alzar demasiado la voz.

Poco a poco las barreras se iban levantando nuevamente, si bien aún seguía acurrucado contra el otro, su voz ya no se mostraba débil y temblorosa, sus pestañas aún estaban húmedas pero sus ojos ya no soltaban lágrimas, sus palabras volvían a tener aquella distancia que le caracterizaba y soltando su abrazo dejó sus manos cuidadosamente puestas sobre su falda. No rehuía al contacto con su brazo herido, apenas una línea oscura entre las manchas de sangre se podría ver a la luz de lo que había sido un corte sumamente profundo. Su ropa estaba hecha un desastre y a simple vista podría parecer que le habían robado debido a la falta de decoraciones, ni siquiera portaba anillos, ni siquiera el de su casa del otro lado del océano, solo su tiara. Incluso la ropa que estaba utilizando, si bien era de telas finas, eran demasiado simples para lo que estaba acostumbrado a ver en el peliazul.

Se tensó ligeramente al sentir que alzaba su mano pero se relajó enseguida, notaba que aún se sentía nervioso y no pudo si no repetirse en su mente que todo ya estaba bien para normalizar su respiración y relajar su cuerpo. Los labios fueron recibidos con un sonrojo, agradeciendo la oscuridad para ocultar el gesto. Si aquellos gestos eran sinceros o fríamente calculados por el marqués, el príncipe lo ignoraba, simplemente caía en su amabilidad como una ingenua plebeya ante las atenciones de un experimentado caballero, ignorante totalmente de las verdaderas intenciones simplemente dejaba que aquellas atenciones le encantasen. Sonrió apenas tensando sus mejillas y ocultó el rostro contra su cuello manteniendo solo la distancia necesaria para volver a hablar - Creo que estoy listo para regresar. Realmente quería agradecerle por su amabilidad y su comprensión... quiero disculparme por mi comportamiento tan poco digno. Espero que este incidente no haya cambiado nuestro trato ni su visión de Altea... - le preocupaba, sin embargo, la opinión de noble respecto al país que representaba.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Dom Dic 27, 2015 3:36 pm

Le sorprendía a él mismo lo poco que le afectaba la mención de la mujer, dada ya por difunta, desde el mismo príncipe. No había dejado el asunto tan atrás como para que no hiciese mella alguna en él, bien lo indicaba el anillo aún llevado en su dedo anular, tampoco era algo que realmente desease tener presente frente al príncipe, si lo pensaba, pues hacerlo le dificultaba la táctica que con él estaba tomando. Era sólo el hecho de que Marth lo tomase en cuenta con tanta calma, el hecho de que respetase aquella memoria; descubrió que le daba tranquilidad que fuese así, de él en particular. Y sin embargo, pese a lo mucho que le aliviase, se trataba del pasado. No pretendía ni por un instante pretender que era de otra forma, alimentar una esperanza que Roy podía mantener, pero que en él era ya dolorosa. - Ha pasado demasiado tiempo. Dos años, comparados con lo que ha atravesado usted en un día, especialmente siendo alguien que sí podía defenderse... no, príncipe, no pediré sus buenos deseos en algo que sé imposible. Ya lo hemos sabido y de la forme acorde hemos... hecho nuestras despedidas. Es algo que quiero dejar así. - Intentó expresarse con ligereza, aunque todo en aquella situación le inclinase a lo contrario. Eran decisiones que no querría deshacer, heridas cicatrizadas que no buscaría reabrir.

Y sin embargo, una parte de sí se sentía liberada al saber la visión de Marth de todo aquello. Le apreciaba tanto más. Prefirió enfocarse en él, consternado por la velocidad a la que se componía. Se había permitido ser vulnerable por un corto total de algunos minutos y nada más. Era preocupante que los dejase atrás de ese modo, regresando de tan impecable manera a la forma de conducirse que Eliwood conocía ya en él, aunque sería imperecedero el recuerdo de que, por un momento, le había visto ser un muchacho como algún otro de su edad. La vulnerabilidad existía. Y el gesto con el que se acurrucaba sobre su regazo, escondiendo el rostro contra su cuello, era una prueba que aún tenía. Había deseado verlo; no así, no a base de miedo y horrorosas experiencias, pero había acabado por encontrar aquel lado del joven antes de que herméticamente lo ocultase. No era un triunfo, no, pero ahora que lo conocía, se aseguraría de encontrar ese lado otra vez. Le sintió sonreír, percibió el calor de su rostro tan cercano, y supo que lo conseguiría, en un momento mejor y en un contexto más prudente.

Por el momento, tan sólo estaba feliz de haberlo tenido. Menudo y ligero, parecía caber tan bien sobre su regazo, acomodarse a tal perfección contra su cuello. Aquel que había regresado, el único que había regresado... suspiró largamente y se sintió a sí mismo recobrar algo de calma, al fin. En desgana dejó ir aquella mano mucho más pequeña que la propia, casi femenina, despositándola de regreso en el regazo ajeno para instarle entonces, con una caricia en la espalda, a alzarse si así lo deseaba. - No, no la cambia. Por favor deje eso de lado... - Dio un leve suspiro. No podía pedirle que no actuase así, después de todo era lo correcto, no obstante no se involucró, murmurando de forma concisa. - Sólo mis propias intenciones han cambiado, Marth. Y si el carácter de mi hijo no le ha hecho pensar menos de nuestro nombre familiar, creo que estamos bien. - Culminó a modo de broma; la oscuridad cubría aún la expresión de su rostro, pero su voz denotaba suficientemente la sonrisa que le dirigía. - Por cualquier daño a nuestra imagen, espero me permita encargarme de compensar y redimirnos. ¿Me permitirá ayudarle? -

Lo más seguro era que el vulnerary hubiese surtido el efecto necesario hacía largo tiempo ya. Ya no habría de sentir dolor, quizás apenas una debilidad general. Fuese como fuese, Eliwood no le dejaria caminar a solas, no se separaría en aquella espesa oscuridad del muchacho que había regresado; le ayudó a alzarse y le ofreció su mano, su brazo, lo que necesitase tomar para andar. Con lentitud le guiaría de regreso a los caballos, percibiendo en el lindero del bosque, donde los árboles dejaban de impedir a la vista, una tonalidad más azulada que negra en el entorno, el primer indicio del próximo amanecer. No le sorprendía, pues, sentirse tan agotado. La noche había sido larga y tensa. - Al mío, por favor. - Indicó en voz suave al menor. Cabalgaría con él, no estaba preparado para soltarle y no pensaba hacerlo.
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Lun Dic 28, 2015 2:06 pm

Se sintió profundamente apenado de lo que estaba escuchando, la manera que el marqués hablaba de su esposa, la mujer que había amado, o seguía amando, era realmente entristecedora. se notaba en sus palabras que era un tema difícil, y sin derecho a juzgarle igualmente el príncipe asintió en aprobación al leer entre líneas que el marqués prefería dejarla ir, no aferrarse a una ilusión, una esperanza, que era más que probable que fuese mentira. Como líder le comprendía, él mismo lo había pasado con su padre, no podía simplemente dejar de lado sus responsabilidades para correr detrás de una búsqueda que tenía tan pocas chances de salir bien y no solo eso si no que había grandes chances de que el mismo que emprendía la búsqueda terminase también desaparecido. Él como príncipe y único heredero de Altea, no había podido dejar su puesto, el marqués seguramente se había encontrado en una situación similar - Comprendo... y no hubiese obrado diferente en su caso... - acotó con un hilo de voz.

Se apartó un poco apoyando su pies contra el piso, el sonido de las hojas secas romperse bajo su peso le estremeció sin saber explicar realmente porque, pero enseguida la idea de los emergidos saliendo del agua le hizo volcar su pecho nuevamente, abrir sus ojos en la oscuridad y apegarse contra el pelirrojo escuchando con demasiada atención en busca de cualquier señal de ataque. Sus manos temblaron y se aferró al mango de su espada, en la oscuridad no se veía pero las manchas de sangre seca así como de musgo y otras sustancias que prefería no investigan manchaban su arma así como casi toda su ropa, incluso su cabello estaba pegoteado en sus puntas y en casi todo un costado por el golpe de un cuerpo putrefacto contra él. Tragó saliva y asintió en la oscuridad - N-no tiene por que preocuparse, mi  estimado... s-su hijo ha mostrado una valentía tal que no hay forma q-que mi opinión hacia su casa haya hecho otra cosa que aumentar mi respetos... - se vio pequeños reflejos d miedo en su voz, sin embargo se apresuró a volver a componerse - Incluso una falla en la etiqueta es perdonada en tal situación, estoy seguro que su hijo es un caballero como usted en situaciones que así lo ameriten. - dijo con más calma mientras se sujetaba del brazo ajeno, no tanto por no poder caminar, si no para no perder al marqués.

No fue necesario que insistiera, no se sentía con la fortaleza para cabalgar solo, así que obediente se dirigió hacia el caballo del marqués y esperó ayuda de este para subir, volviéndose a acomodar delante en la montura sujetándose del borde de esta. Apenas sintió al pelirrojo a su espalda se apoyó un poco hacia él, no tanto como antes, simplemente para mantenerse firme. Esperó unos momentos antes de volver a hablar, al menos comenzar a moverse en el caballo, había un tema que debía tocar y nuevamente el miedo le hizo temblar sus manos - He de asumir que mis escoltas ya han notado mi desaparición... -


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Miér Dic 30, 2015 3:30 pm

No desaprobaba en absoluto de que Marth se apegase a su costado, al contrario, una parte de él apreciaba que las barreras no se hubiesen alzado de forma impenetrable aún y le dejasen un margen más, un poco más de la vulnerabilidad del joven príncipe. Pero no comprendía de donde había salido aquello, qué le hacía temblar otra vez o por qué se quebraba su voz, Marth tampoco parecía dispuesto a reconocerlo o a hablar de ello. Por admirable que fuese la forma en que se esforzaba por continuar con normalidad, respondiéndole como si su claro terror no fuese nada de importancia qué atender, Eliwood no podía sino sentir lástima por él. Comprendía demasiado bien las ataduras que lo limitaban, aunque jamás había conocido a alguien que cargase con tanta dignidad el grillete y la cadena. Inclusive él sentía la necesidad de hacer excepciones, pensaba de aquel azul momento antes del amanecer una buena hora para cesar de pretender y ofrecerle al muchacho todo lo que su abatimiento necesitara, pero quedaba más que claro que no habría de suceder.

No diría nada al respecto en voz alta. Dio una leve sonrisa y respondió con toda la naturalidad posible. - Falla en etiqueta, dice usted... ah, me lo imagino con claridad. - Su hijo probablemente había actuado como siempre, entonces. Pero no había resultado perjudicial, así que no sería problema, tan sólo algo que mencionar cuando pudiese verlo en persona. En perfecta actuación omitió a su vez el tartamudeo que había afectado a Marth por un momento, mas no permitió que le detuviese de hacer lo que sentía correcto. Podía no decir nada, podía continuar hablándole como siempre, pero no evitaría actuar de la forma en que deseaba. Le dio su brazo a tomar para que el príncipe se sujetase hasta llevarle a su montura, siempre una mano tras su espalda o levemente en su cintura, ayudándole y manteniéndole al alcance del brazo. Subió después de él, acomodándose en la montura y atrayendo sin un ápice de duda al peliazul contra su pecho; tan reacio era siquiera a reconocer su propio estado, que dudaba enormemente que dijese algo en voz alta respecto a ello, mas de igual modo ayudarlo era algo en lo que no permitiría que le detuviese. Tan sólo le causaba una distante y divertida curiosidad hasta donde podría proceder sin oír algo del príncipe. Sus manos tomaron las riendas, cada brazo a un costado de él, resguardando.

Su mentón rozó la cabeza de cabellera azulada al andar. Al oírle hablar, respondió enseguida, sin aparente atribulación respecto al delicado estado de las cosas. - Así es. Dado que soy, obviamente, el principal sospechoso en caso de que cualquier daño caiga sobre usted, han tomado el castillo de la más cordial forma que he podido presenciar. Aguardan ansiosamente cualquier señal suya. - Explicó. Lo decía de aquella forma y lo dejaba así, sin expresar ninguna impresión u opinión suya, justamente porque deseaba que fuese Marth quien hablase primero. La situación ponía al príncipe de Altea en una notoria deuda y no sería él quien se lo recalcase, el muchacho era diestro en diplomacia y lo concluiría por sí mismo. De allí en más, qué pretendiese hacer al respecto quedaba a su criterio, decisión por la cual se sentía curioso ya el marqués. Tenerle en deuda, dentro de todo, era de lo mejor que podía sucederle durante su estadía.

No se veía el sol en el horizonte aún, no entre tan espesas arboledas y tantas colinas, pero la luz comenzaba a tomar el ambiente un tanto, coloreándolo y permitiendo al marqués ver con más claridad su camino tanto como al muchacho entre sus brazos. Lucía salido de una pesadilla lúcida, manchado de rojo por doquier y más pálido de lo usual, pero no había mucho que pudiese cuestionar, pues él mismo debía de verse tan exhausto como se sentía después de la agitación que había pasado y que apenas entonces, bajo la luz del amanecer, parecía ceder un poco. El castillo aún tenía sus luces nocturnas, lo veía desde allí. - Lo siento, pero deberé apresurarnos un poco. Con esto habrá transcurrido todo un día y no creo que las cosas se mantengan en la misma calma que anoche. Es hora de hacer acto de presencia, antes de suceda algo desagradable. - Dijo, dando apenas un leve golpe con su talón contra el costado del corsel, apurando la cabalgata. Una mano en las riendas, mantuvo la otra en la cintura del menor por si se viese débil aún y enfiló hacia la entrada del castillo. Sería mejor evadir las calles de la ciudad, con quien traía y en el estado en que lo traía.
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Sáb Ene 02, 2016 5:51 am

El suave andar del caballo le hizo apoyarse un poco más sobre el pecho ajeno, resguardándose entre sus brazos  aún sin querer enfrentar el mundo real, simplemente seguir en los brazos protectores de su aliado. Cerró los ojos por un momento mientras cabalgaban, sintiendo el suave andar del animal, el fresco aire de la madrugada así como el sonido de los patas de ambos caballos pasando de las hojas secas hacia el césped húmedo por el rocío. Era tranquilizador poder ver ya el azul del cielo, como lentamente aclaraba ya dando paso a un día nuevo.

Al abrir sus ojos hacia el castillo y escuchar las palabras del marqués se encontró en una guerra de sentimientos, entre orgullo por el actuar de sus caballeros bajo tal situación y a la vez vergüenza por hacer pasar por tal situación al marqués solo por un capricho suyo que había salido mal. Enseguida se separó y enderezó su espalda, el sol comenzaba a iluminar y se estaban acercando, no pensaba dejar que nadie, ni siquiera sus caballeros le viesen en una posición vulnerable. Entendía perfectamente la situación y lo que debía de hacer, por lo que en silencio simplemente asintió con su cabeza mientras intentaba despejarse respirando lento el aire fresco de la madrugada, ya podía escuchar algunos pájaros cantar mientras se acercaban.

Las siguientes palabras le tomaron ya más preparado, estiró un poco su brazo herido descubriendo que ya casi no sentía dolor, solo un dolor residual cerca de la herida y en su hombro, aunque este era más por el golpe que había recibido y no por herida alguna. Su mano se apoyó en la mano ajena y le jaló un poco con suma delicadeza para que detuviese el andar de su caballo - Será mejor que regrese en mi propio caballo. Le agradezco profundamente sus atenciones y sus cuidados, pero no es lo correcto y no será lo mejor para cuando me presente ante mis caballeros. Permítame decirle que lamento mucho la situación que se ha generado, tendrá una retribución de mi parte así como mi favor. - sabía que estaba en deuda... en una deuda demasiado grande como para poder medirla en ese momento, todo dependería de como estuviesen las cosas en el castillo de Pherae, pero conociendo a sus guardias seguramente tendrían la situación bajo control y con suma calma.

Si no se le permitía bajar insistiría, se mostró firme en sus palabras así como en su gesto terminando de alzar cualquier pared que aún no estuviese reconstruida volviendo a ser el de antes, manteniendo un porte impecable incluso con su ropa sucia, rota y manchada de sangre, sin su capa bordada o sus dedos llenos de anillos. Se había tragado sus temores y sus inseguridades, los había dejado nuevamente en un lugar inalcanzable para cualquiera que no fuese él, incluso en ese momento, hasta fuera de su propio alcance obligándose a centrarse en las consecuencias de sus acciones y en como tendría que enfrentarlas y remediarlas.

Definitivamente no podía tomarse caprichos, no podía dejar de ser el representante de Altea para ser simplemente él, su padre tenía razón, solo llevaría a problemas si pensaba en él antes que en su nación.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Lun Ene 04, 2016 3:11 am

El joven príncipe le detuvo, y Eliwood no necesitó más que mirarle por un par de segundos para entender qué sucedía allí. Su lenguaje corporal se tornaba distante y resguardado, al apartarse y mostrarse nuevamente compuesto le expresaba con claridad su intención: preservaría su imagen frente a los suyos, sin importar lo que hubiese sucedido. Una innombrada lástima crecía en su pecho al entender la voluntad de Marth, mas debía de reconocer que aquel no era sino el más ventajoso comportamiento. Aunque él mismo habría comprendido y habría aceptado una excepción, permitiéndole a tan nuevo monarca tener su momento de debilidad, lo cierto era que la forma de Marth de obrar era la única verdaderamente correcta. Detuvo a su caballo con un leve chasquido de la lengua y una palmada sobre la crin. - Entiendo. - Exhaló. No le alegraba, pero sí, lo entendía perfectamente. - Esto quedará entre nosotros, no lo dude. Diríjase a sus caballeros de la forma en que deba y le respaldaré. -

Exactamente qué haría Marth respecto a la conmoción que había causado en Pherae, era algo sobre lo que debería mantener aún su curiosidad. El menor mencionaba una retribución y aceptaba, claramente, su posición en deuda para con el marqués, pero no dejaba mucho en claro. Preguntar al respecto o exigir que subsanase el daño incurrido no habría sido ni cortés ni algo propio de Eliwood, ni siquiera eficaz si esperaba contar con la generosidad del alteano. Sólo quedaba asentir y aguardar a ver. Aún así, el caballero estimó buena la venidera fortuna en cuanto a otros tratos que pensaba proponer al alteano; no debería de perder aquella oportunidad, y mientras tuviese aún su favor tendría que llevar a él cuanta idea descansaba preparada en su tintero. Ciertamente no eran pocas.

Acercó al caballo del más joven, alineando una montura junto a la otra, tan cercanas como podían estar. Retirando su pie de la espuela, la dejó libre por si el príncipe necesitase apoyarse y le ayudó sobre la silla, dándole cuanto espacio podía. Pasar de una montura a otra sería más simple que bajar de un caballo y volver a subir. Le permitió al príncipe separarse, dejando vacío el espacio entre sus brazos y desocupadas las manos que le habían afirmado. No podía evitar mirarlo solamente a él, ansioso con soltar aquello que había sido tan afortunado de tener de regreso, viva aún su necesidad de vigilarlo. El tajante frío del aire matutino se coló donde antes estaba Marth, rebajando el humor de Eliwood de un modo que disimuló al máximo de sus capacidades.

Fue por aquella preocupación que cabalgó tras él al cerrar la distancia restante entre su posición y el castillo de Pherae, ingresando por la entrada de las caballerizas. La seguridad había redoblado en su ausencia y los soldados alteanos habían ocupado aquella salida también, recibiendo la sola visión de los caballos que se aproximaban con una movilización notoria de tropas, saliendo estas a recibir a su príncipe y cortando de seco el momento a solas de ambos regentes. Eliwood se permitió quedar atrás casi enseguida, bajando de su montura para dejar que un tenso caballero suyo tomase las riendas y guiase al animal a su lugar. Una mirada casi que asustada le preguntó tácitamente si todo estaría y bien, y con una sonrisa el marqués le reaseguró. Entonces volvió su atención al pequeño príncipe, y antes de que la suya fuese robada por el resto de la mañana y posiblemente del día, Eliwood rozó el dorso de su mano con la propia para llamar discretamente su atención, y habló apenas deteniéndose a su lado, sin volver siquiera el cuerpo hacia él. - Seguramente hay mucho que deberá de atender, necesitará también su descanso, pero... le ruego sea indulgente conmigo y me permita un momento, antes de descansar. Véame en el salón bajo el ala Este. - Indicó. Sería una breve mañana para el príncipe, por seguro, y no podía negar que él también ansiaba un par de horas de sueño, cuanto menos para deshacer el cansancio que la luz del día ya no ocultaba. Pero no se veía apaciguada la aprehensión que le había invadido al separarse del príncipe y no quería dejarla así, no sin hacer algo al respecto.

No dilató las cosas y siguió su camino. Los caballeros reales de Altea tendrían mucho que hablar con su príncipe y no estaría él en el camino. Suspiró para apartar al menos un poco la pesadumbre e ingresó de regreso al castillo, sintiendo extrañas y ajenas las luces de tan común mañana. Envió a un soldado a dar el aviso de que todo estaba ya bajo control, rechazó un ofrecimiento de desayuno y se encaminó al salón, donde aguardaría por el menor cuanto soportase en pie.
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Lun Ene 04, 2016 6:13 am

Sentía un gran alivio al tener la confirmación oral del marqués en cuanto a su silencio, no podía empeorar aún más la situación con sus caballeros si llegaba a aparecer en brazos del marqués, si volvía por sus propios medios sería todo mucho más sencillo, cuanto menos les preocupase mejor. Sin embargo quedaba un amargo sabor de boca al dejar de sentir sus brazos sosteniéndole, repentinamente era más difícil mantenerse erguido y con la cabeza en alto pero era algo que tenía que hacer.

El caballo se acercó y manso se quedó a un lado, con cuidado se sujetó de la silla propia y primero sentándose de lado, cual dama, en la montura del marqués apoyó su pie en uno de los estribos y se pasó al otro caballo con algo de pesadez, notando recién allí cuan cansado estaba y cuando le pesaba el cuerpo. Con la mirada cansina mantuvo su espalda derecha al montar aunque el sacudir del caballo se evidenciaba en él al no mantener tensas las piernas y acompañar el movimiento del animal, dejando que este le moviese con él. Durante el camino permaneció en silencio, a medio trote viendo las caballerizas acercarse, al instante de ser reconocidos una procesión de caballeros se acercó comenzando a escoltarlo posicionándose delante, a los lados y detrás de ellos, cerrando la formación al momento que el marqués se apartó. No emitieron palabra aunque se notaba que todos ellos estaban expectantes a lo que el príncipe dijese.

Al bajar del caballo se acercaron los dos caballeros que solían estar como sombras tras él en todo momento, un tercero se llevó el caballo y Marth simplemente se giró al de armadura carmesí buscando su mirada - Liberen el castillo, expresen sus disculpas y descansen. Han hecho un buen trabajo, lamento mi desaparición pero no ha sido nada de gravedad. - con un asentimiento el caballero se apartó dejándole con solo un escolta mientras los demás, obedientes, se retiraban a comunicar que el príncipe había aparecido y que retirasen sus ocupaciones.

El roce de su mano le estremeció despertándolo de golpe, apartando esta y arrepintiéndose enseguida de tal reflejo mirando al pelirrojo de lado. Al escucharle asintió - Como guste, marqués, estaré con usted de inmediato. - cedió obediente, no estaba en posición de negar nada al marqués al cual le había ocasionado tantas molestias. Sin más se apresuró a regresar a su habitación, hablando en voz baja con su caballero fue puesto al corriente de las acciones tomadas, así mismo a medio camino a su habitación se le comunicó que todo estaba en orden nuevamente y con sumo respeto se había regresado el castillo a su dueño original. Agradecido ingresó a su habitación.

Sus escoltas no le dejaron solo, incluso cuando estos no habían dormido y Marth había insistido que se tomasen un descanso, pero allí se quedaron en la habitación mientras con ayuda de sus sirvientes se quitaba la ropa sucia y pasaba al cuarto de baño a asearse rápido, siendo asistido en todo momento tardó pocos minutos dentro, saliendo con su cabello ligeramente húmedo y ya sin rastros de sangre, ya sus sirvientes estaban seleccionando su ropa sin más comenzó a vestirse, siempre asistido de manos extras que agilizaban la tarea sin estorbarle, acostumbrado a tales tratos. La tiara fue puesta sobre su cabeza, los anillos en sus dedos y su rostro empolvado para quitar cualquier imperfección. Al salir del cuarto a paso veloz y un poco más despejado al haberse humedecido el rostro, se acomodaba el broche que sujetaba su capa ya volviendo a ser el príncipe que el marqués había conocido tardando sorprendentemente poco tiempo, apenas una ligera hinchazón en sus ojos por el cansancio y el estrés rompían la imagen de perfección del príncipe.

Al pararse delante de la puerta de la sala dejó escapar un suspiro, parándose derecho y mirando con algo de culpa a sus dos caballeros, tocó la puerta para anunciarse antes de abrirla, entrando al lugar - Estimado. Lamento haberle hecho esperar. Ya han levantado toda la ocupación y mis caballeros se han retirado de todos los lugares donde no les corresponde estar. Se me ha informado que las habitaciones que han estado bajo llave han permanecido así y no han ingresado en su ausencia así como tampoco se ha profanado ningún lugar del castillo que no fuese de acceso libre. - con esto dejaba implícito que los estudios no habían sido tocados, que su habitación tampoco, mucho menos se habían revisados los pasillos y pasajes ocultos o que daban a diferentes habitaciones. Mucho menos tocado baúles o cajas cerradas. Al sentir pasos a su espalda se giró y con solo una mirada ambos caballeros se retiraron del salón quedándose de pié en la puerta.


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Lun Ene 04, 2016 11:58 pm

Juraría que la mirada del menor era acero puro a la hora de dirigirse a sus caballeros, sin siquiera prestar una explicación, por cuanto Eliwood había llegado a presenciar. Acero puro tras un rostro delicado y una voz fina. Le trascendía. Él mismo no era capaz de reservarse de tan cerrada forma, si bien era alabada su formalidad entre los lycianos, compartía bastante con sus caballeros de confianza, aquellos que dedicaban sus vidas a Pherae, y trataba en suma cercanía a los habitantes de su castillo. Quizás demasiada, pues durante su espera se involucró en una breve y risueña discusión con la cocinera, que acudía hasta donde él mismo se encontraba para insistir respecto al desayuno y expresar su temor por la tensión de las últimas horas. Se sentía tan distinto, pero encontraba algo de tranquilidad en detalles como aquel: el descontento arrugar la nariz de la cocinera, los cuchicheos de los criados en el pasillo, los comentarios de "¡no me había dado cuenta que trajo tantos soldados!", cuantos nudillos tocaban a su puerta y cuantos rostros preocupados le pedían que descansara.

A fin de cuentas, nunca se sentía precisamente solo bajo el soberano peso de su estatura. Sus responsabilidades eran solamente suyas, pero la carga se alivianaba entre quienes le saludaban a diario, tanto en el castillo como en la ciudad. No estaba aislado como parecía estarlo Marth, protegiendo su inmaculada e invencible imagen hasta volverla la única realidad plausible. El breve momento en que el príncipe de Altea le permitió ver más allá, atisbar su vulnerabilidad y darle su apoyo, había terminado. Pero había accedido a volver a verlo en un momento y tenía la total intención de no dejar las cosas ir así como así; era un excelente actor cuando deseaba serlo, pero aquel era un acto al que no quería apegarse y haría lo que podía al respecto. Decidido, mandó a traer un par de cosas de entre sus valiosas posesiones y pidió soledad.

Marth tardó mucho menos de lo esperado en aparecer. Cuando lo hizo, toda señal de lo ocurrido en el último día había desaparecido, presentándolo nuevamente compuesto y perfecto. Eliwood sintió una leve culpa al verle así, a sabiendas que de no ser por que él mismo le había citado, probablemente habría podido descansar en lugar de preocuparse de todos esos preparativos. No desistía, sin embargo, ni se arrepentía. Le recibió con una mirada medidora y curiosa, especialmente ante el tácito gesto en que se percataba de que sus guardias entraban con él, se giraba para mirarles en el "no" mejor ejecutado del año y les hacía retirarse enseguida. Hombres obedientes por sobre todas las cosas, claramente, pero no podía culparles por actuar más protectores de lo usual.

- Entiendo. No han sido presurosos, entonces, lo cual me alivia. Mi personal me ha puesto al tanto sobre las cosas desde su punto de vista, así que puede considerarme informado. - Regresó el informe del príncipe con uno propio, a la ves que enmascaraba realmente cuan amplio era su alivio por saber que las cosas no habían escalado hasta ese punto aún, y que nadíe había tocado su estudio. En cambio se centró en la otra de sus grandes prioridades. - Desconozco, sin embargo, la sitación afuera. A la hora en que salí en su búsqueda, se abstenían aún de revisar la ciudad o tomar cualquier movimiento frente a la gente. ¿Seguía eso así? ¿O ha sido demasiado tarde? - Preguntó. No había tensión en su semblante, tan sólo la eficiencia y cordialidad que insistentemente sostenía sobre su cansancio. No era capaz de dar más que eso, de sonreír o mostrarse más jovial, sin embargo adelantaba sus pensamientos a más esperanzadores prospectos. - Puedo imaginar que su fuerza militar ha de ser formidable. Aguardaré con ansias el momento de trabajar en conjunto. - De lo cual se infería, claro, que tal momento tendría que venir. Tenía sus ideas al respecto y a un aliado en deuda.

- Pero todo esto puede esperar un tanto. Le he llamado aquí y he robado de su tiempo de descanso tan sólo para una cosa, mi estimado. - Alzó la mano para gesticular que aguardase un momento donde estaba, dirigiéndose casi a la esquina de la habitación, bajo la ventana de cortinas hacía horas abiertas de par en par; la luz enceguecía al dar contra el diván blanco y azulado debajo, ocultando de vista lo que allí descansaba: una espada dentro de su funda, con una elaborada empuñadura de oro y apenas un asomo entreabierto de plateado puro y brillante a la vista.  - Hay algo que deseo que tenga. Si fuese por mi, me aseguraría de que lo sucedido no se repita nunca más, pero será mucho más el tiempo que esté fuera de mi alcance, del que pueda estar a su lado, así que... en pos de lo que no puedo hacer personalmente, actuará esto por mi. - Recogió  el arma, girándose hacia al menor para enseñársela. La dejó horizontal entre sus manos, separando apenas un poco más la funda para enseñar una parte del impecable filo, que atrapaba el sol matutino y lo reflejaba con facilidad. En menos luz, probablemente hubiese podido verse el reflejo de un noble o del otro en la superficie. La funda revestida en cuero oscuro contrastaba con el metal, elegante desde su esbelta forma hasta el armonioso encaje de una pieza con la otra. Allí la sostuvo, y espada y marqués aguardaron con imperturbable paciencia el juicio del joven de cabellos azules. - Una espada de plata de las más altas cualidades, forjada en el continente; si hace falta, le defenderá como ningún otro sable común, puedo asegurarlo. Quiero que sea suya, príncipe, y que en mi nombre la mantenga a su lado. ¿La aceptará? -
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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Marth el Jue Ene 07, 2016 5:07 am

Sentía la mirada de los habitantes del castillo, incluso lo pasos apresurados de los criados de Pherae apartándose del camino del príncipe, sabía que el trato no sería igual después de una toma de castillo de tal calibre, sobretodo por el despliegue de imponencia que sus soldados estaban entrenados a dar recurriendo muchas veces a tratos firmes e incluso intimidantes antes de recurrir propiamente a la violencia evitando así enfrentamientos innecesarios.

Al ver al marqués a la luz del día podía llegar a notar las sobras oscuras de cansancio bajo sus ojos y un poco de culpa cayó aún más sobre sus hombros, nuevamente aquel recordatorio que no era solo un joven de 17 años que podía hacer lo que deseaba, escapar en un paseo causaba estragos. Como había envidiado a Roy en su momento, poder salir, incluso a escondidas del castillo y si bien no dudaba del amor que Eliwood tenía hacia su hijo, no había visto señales de preocupación tales como las que tenía por la desaparición de él mismo... sabía que no era por cariño si no, por como siempre, lo que representaba, la alianza, los tratados, los convenios, Altea. Un vacío se formó en su pecho al pensar tan fríamente en aquello, arrepintiéndose enseguida de haberse mostrado así de débil frente al pelirrojo, si bien sabía que no sacaría a la luz aquellos momentos que habían compartido, no lo necesitaba, el silencio entre ellos era tan fuerte como para mantenerlo presente haciendo solo más difícil y pesada la mirada que tenía que mantenerle así como la cordial sonrisa que un millón de veces practicada que se plasmaba completamente natural en su rostro.

Negó suave con su cabeza alzando su mano enguantada, nuevamente cubierta de terciopelo blanco - Por favor. No seríamos presurosos ni en el peor de los escenarios, desde el primer al último soldado de Altea sabe cómo actuar y no dejarse llevar por las emociones que pueden llegar a azotarlo. No violarían la privacidad e integridad del castillo ni sus habitantes a no ser que sea estrictamente necesario. -, al bajar su mano la volvió a poner a su espalda, tomando una posición mucho más sumisa que antes - Pierda cuidado, mi estimado, sus ciudadanos no han tenido interrumpido su sueño y ninguno de mis soldados ni caballeros han sacado el problema del castillo. Si han recorrido las calles mis dos escoltas pero en bajo perfil cual paseo se tratase. La discreción ha sido completa hasta el momento. - una ligera reverencia desvió la mirada del príncipe, siendo la primera vez que este se inclinaba frente al pelirrojo, aunque había sido solo una inclinación de cabeza y apenas un movimiento de sus hombros.

Al alzarse la mano del marqués el príncipe se enderezó permaneciendo quieto en el lugar, sumamente obediente aún con el peso de la culpa en sus hombro manteniéndole en una deuda que nunca se había sentido con nadie. Las palabras parecían ser, una a una, pequeñas pesas que se sumaban a sus hombros y cada vez se le hacía más difícil mantener esa posición recta y firma de su postura. ¿Tanto había preocupado al marqués? Aparentemente no tenía siquiera la sombra de idea de lo que había causado como para que le expresase así de explícito que quería cuidarle... si bien muchos habían jurado su vida al príncipe las palabras del marqués sonaban diferentes, no era el versito que había escuchado siempre, eran palabras que, sinceras o no, sonaban únicas a sus oídos. No era un "entregaré mi vida" si no un "me gustaría estar a su lado" que pesaba mucho más. Al ver la espada la curiosidad le invadió y sus cejas se alzaron un poco en sorpresa a medida que iba comprendiendo que aquella arma era un regalo, definitivamente no esperaba que su "aventura" le trajese nada bueno, si no todo lo contrario, había esperado castigos y poner en riesgo la alianza que apenas el día anterior habían firmado. Sus labios se abrieron un poco cuando el filo brilló y por un momento sintió hasta pena del florete que cargaba... si bien en su aventura le había acompañado una espada sumamente rústica que completaba su atuendo de plebeyo, normalmente cargaba un florete sumamente decorado. Esa espada era mucho más imponente, su empuñadura era una pieza de joyería por si misma y el brillo de su hoja lastimaba su vista.

Por algunos momentos permaneció en silencio, sin saber que decir realmente, claramente el príncipe estaba descolocado en la situación. Recomponiéndose lo más rápido que pudo llevó una de sus manos a sus labios, titubeando y bajándola enseguida al notar el gesto que acababa de hacer - Estimado... no sé que decir al respecto. Realmente es muy amable de su parte... - no sería correcto despreciar un regalo por lo que se adelantó un par de pasos extendiendo sus manos para tomar la espada por el mango y por la funda, observando de cerca el filo al desenvainar hasta la mitad, su mirada permaneció en la espada - Es realmente una pieza espectacular, su peso es sumamente reducido, el agarre es cómodo y no se desliza entre los dedos, incluso con guantes... realmente es una espada digna... - alzó su mirada encontrándose con los ojos del marqués y un ligero rubor subió a sus mejillas al pensar en lo cerque había estado en el bosque con él - No podría esperar una espada más digna de alguien como usted, mi estimado. Será un honor llevarla en su nombre en mi cintura. -


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Re: Un príncipe problemático [Privado]

Mensaje por Eliwood el Dom Ene 10, 2016 10:25 pm

- Ahora más que nunca confiaré, pues, en la integridad de su milicia. Trabajar en conjunto será un gusto. - Al final, a los ojos de la población había pasado sin mayor incidente aquella pequeña crisis que en el palacio había pesado de tal modo. Nada aliviaba más al marqués que saber que tan sólo se habían patrullado pacíficamente sus calles al buscar al príncipe desaparecido, y que sus habitantes, si se encontraba alguno despierto, no habían sido testigos de nada más que unos pocos caballeros reales recorriéndolas, más una reconfortante imagen que una muestra de inquietud. La imagen y el estilo de vida de Pherae no se habían visto afectados. No borraba, claro, la influencia que el incidente sí había llegado a tener en su persona, ni quitaba sus deseos de hacer algo al respecto; tan sólo volvía lo ocurrido algo más privado, un recuerdo entre él y su aliado que no se apartaría a la brevedad.

Al ver el gesto que aparecía en su rostro frente al regalo que le ofrecía, al fin algo transparente en sus usualmente tan medidas expresiones, se sintió un poco satisfecho. Era un avance y una leve victoria. Pero no el éxito aún, no hasta que aceptase. Se permitió disfrutar verle así, entreabriendo los labios sin lograr decir nada, inclusive rió por lo bajo cuando se cubrió con la mano, mas no haría sino esperar pacientemente a que el príncipe examinase el regalo y tomase su decisión. Realmente era un muchacho adorable. Le entregó el arma cuando deseó tomarla, escuchando y aguardando a por el "sí" final que le permitiese sentirse más tranquilo. Cuando este finalmente llegó, pudo exhalar tranquilamente, sabiendo que al menos una de sus preocupaciones estaría cubierta.

Y cuan agradable era lograr deslumbrar al joven príncipe con un gesto así. El rubor sentaba excelente sobre sus mejillas, algo de color en tan leve complexión y una expresión que ninguna cantidad de práctica podía dar, sino la naturalidad del momento. En retrospectiva podía preguntarse si tal expresión habría cruzado sus facciones durante la noche, cuando no había podido verle y tenía solamente el calor de su rostro para delatar, pero en su momento había pensado en cualquier cosa menos eso. Tarde para tener tal curiosidad. Se acercó al dar un guiño cómplice y reiterar. - Debe mantenerla con usted en cada oportunidad posible, de lo contrario me sentiré sumamente ofendido. Si me aprecia a mi y a este regalo, llévela consigo, permita que le proteja y estaré satisfecho. - Dijo. Sabría así, al menos, que si el peligro se acercaba al heredero de Altea, estaría propiamente armado. - Me alegra que sea de su agrado. Digna compañera a manos como las suyas. Si me permite... -

Aprovechó el complaciente humor del príncipe al llevar sus manos a su cadera, tomando allí el fuerte cinto destinado tanto a decorar su atuendo, como a cargar el peso de una espada si era necesario. Ajustó el enganche para hacer espacio al arma, dado que no había traído ninguna consigo al volver en nueva ropa. Con gestos cuidadosos pero firmes le guió a llevar la funda por la abertura, encargándose de ajustarla en su sitio al pasar la correa por el lugar correcto, tan familiar para él en espadas forjadas en su continente. Siempre ocupadas en la tarea, sus manos tomaron tan sólo ropa y correas, sin tocar realmente su cadera sino en los necesarios roces, a lo sumo sujetar suavemente al dar el ajuste final. Pese a todo, le miraba a los ojos y mantenía su recta y formal postura. - Le sienta perfectamente, como era de esperarse. - Retrocedió entonces, no más de un paso, alejando sus manos para ponerlas tras su espalda. - Entregarle esta espada y asegurarme de que la lleve ha sido todo el motivo por el que le llamado aquí. Lamento posponer su descanso. Puede ir a tomarlo ahora, pues yo haré lo mismo, me temo que lo necesito. Por supuesto que me aseguraré de estar de regreso antes de la hora del almuerzo, no faltaré a los compromisos de la jornada. -

Algo aún le llamaba a permanecer con el otro noble, pero suponía que no había verdadero motivo para hacerlo. Ambos debían descansar. Marth, por sobre todo, aunque ya no lo mostrase en lo más mínimo y probablemente no fuese a admitirlo. Eliwood retrocedió en dirección a la puerta e inclinó la cabeza a modo de despedida. - Por favor descanse un poco. Le veré más tarde, príncipe. -
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