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La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

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La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Jue Dic 03, 2015 2:39 am

Puramente blanca, mas con un ornamento rodeando su cuello como si se le hubiese puesto un collar, la garza de irreal tamaño sobrevoló a contraviento por los fuertes vacíos y los pueblos desolados. Era un animal fuera de su elemento, incapaz de volar largas distancias, mucho menos de orientarse en estas. Había venido en bandada, acompañado por un grupo de halcones que realizaban un trabajo en las costas de Etruria, pero se había apartado y más de un contratiempo le había detenido, al punto en que había perdido el momento de regresar. Aunque intentaba encontrar la costa correcta e ir en busca del barco de cargamento, el viento allí le confundía y ya no sabía si estaba en Etruria siquiera.

La situación comenzaba a desesperarlo. No tendría miedo, no debía de tenerlo, sin importar lo que sucediese sería capaz de arreglar las cosas, podía salvarse por sí mismo, definitivamente no necesitaba que alguien volviera para rescatarlo... sólo necesitaba comenzar por alguna parte. Encontrar un punto de referencia serviría. Mientras no se tratara de ciudades humanas, estaría bien. Era dudoso que consiguiese ayuda laguz en un lugar como ese, pero por nada en aquel sombrío mundo debía de romper las reglas por las que vivía: no interactuar con un sólo ser humano, ni ser visto por uno. Era un asunto de seguridad, sus escasas experiencias en manos humanas le habían demostrado que no podía fiarse de nada y que, apenas se acercase para hacer una pregunta o incluso si tan sólo pisaba una ciudad de ellos, sería capturado, atosigado o peor. Por lo demás, se trataba también de una elección, un rechazo profundo muy, muy personal. Su orgullo no le permitiría buscar ayuda humana sin importar lo perdido que estuviese.

En otro momento, las grises visiones de fuertes y pueblos vacíos le habrían alegrado. Aún si el dolor que resonaba en tales sitios era pesado y sofocante, una parte de sí se llenaba de triunfo al saber que la raza humana también perdía sus hogares, también sufría, también moría, tal y como le habían hecho a su casta. Era la justicia poética en acción. Pero ni siquiera eso estaba reconfortándolo. Pasó de los refugios uno tras otro, si eran construcciones de su enemigo no quería ni usarlas para sus propios fines y no lograba sentir satisfacción alguna por volar cerca para examinarlos. De uno de aquellos fuertes, como sombras que se alzaban entre el gris, apareció nuevamente la presencia que veía en todos lados: emergidos, saliendo de los refugios como si hubiesen estado esperando a un invasor. Reyson juraría que le estaban dando caza, simplemente no era posible que hubiese tantos en tanto rincón desperdigado del mundo...

Y su transformación comenzaba a agotarlo. Se apresuró cuanto pudo, alas amplias y pesadas batiendo lento contra el viento, las largas plumas de la cola caídas relajadamente, pues era imposible darles algún uso útil. El número de emergidos que le perseguía creció hasta ser un pequeño platón el que le seguía a caballo, acortando la distancia paulatinamente. La garza no llegaría mucho más lejos. Divisó a otro humano en la distancia, uno de azules matices cabalgando sobre un caballo blanco. ¿Podía servirle de algo? ¿Tenía que sentirse a salvo por ver a otro humano? No tenía tiempo de pensárselo, estaba ya volando hacia él tan rápido como podía.

Sus perseguidores no necesitaron realmente darle alcance, desde aquella distancia tomaron sus arcos, apuntaron y dispararon todos juntos, intentando bajarle del cielo. Y sin tener donde ocultarse ni forma eficiente y veloz de esquivarles, el Príncipe Blanco sintió no una, sino dos flechas dar contra su ala derecha, punzantes, atravesando. Con un chillido lastímero y frustrado retrajo su ala contra sí, cayendo en picada enseguida, desde su punto en el aire derecho hacia el jinete azul y su blanca montura. El rojo brotó entre sus blancas plumas, manchándolas y dejándolas húmedas, y el dolor fue tal que no logró mantener un momento más su transformación: al caer su aspecto cambió, transformándose en un alto y esbelto varón de larga cabellera dorada, con las mismas alas y las mismas flechas clavadas en estas. Sus ojos ya estaban cerrados a medida que se desplomaba, cercano a perder consciencia.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Dom Dic 13, 2015 9:13 pm

Los paisajes de Lycia eran sus preferidos, ya conocía Pherae, parte de Ostia y había logrado ver varios paisajes de pueblos cercanos en sus cortas escapadas así como en sus paseos con el marqués y sus escoltas. Si bien ya había sido atacado por emergidos en aquellas tierras seguía teniendo un poco la falsa sensación de seguridad que los grandes terrenos verdes podían llegar a dar y tras insistir mucho había logrado que se le permitiese salir nuevamente a solas, supuestamente a cabalgar por los alrededores con uno de sus caballeros. Habían salido enseguida después del almuerzo, cargando una alforja con pequeños refrigerios preparados especialmente para el príncipe así como una bota de vino, planeaban regresar antes del anochecer con el simple plan de explorar el lugar, pasear un poco y distenderse mientras su anfitrión se ocupaba de sus tareas como marqués.

Se habían alejado más de la cuenta, el príncipe buscando algo más que áreas verdes pero con su escolta disuadiéndolo de seguir alejándose y pidiéndole para descansar, que se calmase y comiese algo junto al lago. Marth, bastante cansado ya de las peticiones y sugerencias, accedió, excusándose para ir a rellenar la bota con agua y dejar beber a los caballos llevó hacia el lago ambos animales, atando el de su escolta y montando él en el propio alejándose hacia las ruinas que habían llegado a ver pero que no le habían permitido ir. Normalmente no tenía un espíritu tan rebelde, pero se sentía audaz, ya había participado en su primera pelea y había sido sin caballeros de brillante armadura defendiéndole, había sido herido y se había curado, había salido victorioso. Comenzaba a perder un poco el miedo a hacer lo que su curiosidad mandaba y permitir que su faceta más caprichosa tomase más protagonismo.

Su capa ondeaba al viento mientras cabalgaba, de un tono tan azul como su cabello, así como su chaqueta en un tono ligeramente más oscuro y detalles en dorado, llevaba pantalones negros y botas de montar del mismo color, sus manos estaban protegidas por guantes, así como su pecho y hombros por una armadura ligera, a su costado llevaba una espada simple pero útil. Ya no sería tomado por sorpresa. Como no podría faltar, sobre su cabello llevaba su tiara así como su grueso anillo por encima del guante. Apenas notó que algo se acercaba hacia él por el cielo, jaló de las riendas para detener al corcel en un vano intento por esquivar pero el golpe fue inminente tirándolo de su montura cayendo con un quejido al piso. El caballo continuó galopando, alejándose unos metros hasta notar que había perdido a su jinete y detenerse.

El golpe le había dejado un poco mareado pero atinó a sujetar por los hombros al joven caído y apartarlo con cuidado, notando enseguida la sangre en sus manos - Está herido... Caballero, responda. ¿Qué le ha ocu...? Por los dragones sagrados... - al poder verle mejor y notar las amplias alas a su espalda lo soltó enseguida llevándose una de sus manos hasta los labios cubriendo su expresión de sorpresa, la belleza de aquel ser parecía irreal, sus alas blancas, incluso manchadas de sangre, eran increíbles y su cabello caía como hilos de seda sobre sus hombros, incluso tras la caída no parecían casi despeinados. Por unos instantes lo observó con asombro hasta que el blanco corcel regresó y tras él se veía acercándose un grupo de emergidos armados. Sin tiempo de sorprenderse se acercó al joven de rubia cabellera y sujetándole del brazo lo levantó y apoyó contra el costado del animal - Nos están atacando, tenemos que llegar al lago. Por favor, resista. - con sorprendente facilidad logró levantarlo hasta la montura, el peso del hombre ave era ínfimo en comparación con el de una persona de su altura. Una flecha se clavó a pocos centímetros de sus pies y el peliazul desenvainó con una mano mientras con la otra sujetó las riendas - manténgase despierto y sujétese, por favor. -


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Dom Dic 20, 2015 1:51 am

La caída fue todo menos cómoda. Impactó de lleno contra el humano y se vio en un inentendible torbellino de telas, plumas, el cielo y el suelo intercambiando lugares y su cabeza golpeando contra alguna cosa u otra. De algún modo, en aquel caos las flechas que atravesaban la fragilidad de sus alas se torcieron por donde habían entrado, maltratando las heridas. El dolor fue paralizante y severo, pero le despertó de sopetón, obligándole a abrir los ojos en cuanto todo se detuvo.

Lo primero que vio, por entre lacios mechones dorados que se derramaban sobre su rostro, fue a un joven inconfundiblemente humano. Tardó en caer en cuenta de que yacía prácticamente sobre él, además de que aquella persona estaba tomándole por los hombros, mas ni bien lo hizo, se echó hacia atrás con un gesto de asco, apartando aquellas muy humanas manos de sí. Retrocedió sobre el césped, aleteando con el ala sana para impulsarse lejos de él, sin conseguir alzarse más que unos centímetros del suelo antes de volver a bajar con un quejido frustrado. A través de un incesante pitido en sus oídos pudo escuchar su voz, mas no se molestó en responderle, mucho más preocupado por vigilar a ese peliazul de suaves razgos. Le veía con tal interés, casi con la misma fascinación que los hombres de mar que una vez habían intentado capturarlo; no se fiaba, no sabía si ese humano era mejor o peor noticia que los emergidos que cabalgaban hacia allí, bien podía ser que junto a ese estuviese en mayor peligro. Recogió su cabello tras su oído con la mano que menos temblorosa sentía y le miró con desconfianza.

Me están atacando, no a ti... dijo en una voz baja y cansina, en la fluidez de su idioma. Quizás si pretendía que no podía comunicarse con él, no intentase llevárselo. Aquello probó ser poco, sin embargo, pues pese a su corta estatura y delicadas facciones el humano le alzó contra su caballo, subiéndole sin dificultades. Por un momento hubo honesto y crudo temor en las facciones de Reyson, al ser manipulado con tanta facilidad. No obstante, parecía que el humano sólo le dejaría allí, lo cual le confundía aún más. ¿Qué haces, humano? ¿Por qué...?

¿Qué pensaba hacer ? ¿Enfrentearse a un grupo a solas? ¿Y a pie? No lo entendía, pero su postura mostraba que estaba protegiéndolo. En aquel entonces arrivaban ya sus perseguidores, 5 arqueros montados en una amplia formación. Sus miradas sombrías no parecían reparar en nada más que el ave, deteniéndose en aquel semi círculo que formaban a su alrededor para equipar sus flechas y tensar sus arcos, la madera crujiendo levemente con el halar de las cuerdas.

Su ala derecha se veía ya teñida en amplias y húmedas manchas rojas, que goteaban hasta las plumas más largas y caían de estas. La llevaba decaída y cerrada, evitando que se moviese cuanto le fuera posible. No podría volar y caminar era algo a lo que no estaba del todo acostumbrado, siendo poco ágil en ello. Sobre el caballo que el humano le había cedido, sin embargo, tenía algo de movilidad... después de todo, no necesitaba más que acariciar el lomo del animal y guiarle sutilmente con un par de gestos de manos para que se entendiesen y el caballo supiese hacia donde debía ir. Las felchas se apuntaban hacia él. Conteniendo el aliento, la garza esperó hasta el último momento antes de agacharse sobre el lomo del caballo y que este echase a galopar, evadiendo las saetas que caían en hilera detrás. Dando una amplia vuelta regresó entonces por el jinete que habían dejado a Reyson retrocedió, dejándole la montura libre.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Lun Dic 21, 2015 2:00 am

Su caballo pareció mucho más tranquilo de lo que esperaba al tener a una criatura sobre él, de seguro apenas le sentiría de lo liviano que resultaba ser, con alas tan blancas como su pelaje, el peliazul no pudo evitar volver a pensar en un pegaso aunque la criatura que se había cruzado era mucho más hermoso que los caballos alados. Verle moverse era poesía pura y pese a la sangre en su ala, no había fibra de este que no resultase enigmáticamente hermoso.

La criatura que le hablaba le embelesaba, no podía comprender palabra alguna pero su voz, masculina, mucho más profunda que la suya, era algo que acababa de descubrir que le encantaba oír. Aunque contrario a lo que el ave intentaba trasmitir al imposibilitar la comunicación entre ellos, solo lograba hacer que Marth le viese más como un animal y menos como un humano pese a su forma, más como algo que podría domar, capturar y llevarse a su jardín para ser hermoso junto con las otras aves, conejos, los peces en el estanque y su lobo. Poco a poco se hacía de una pequeña colección de animales exóticos y aquello era una excelente pieza que sería claramente inigualable para sus compañeros en la corte.

Le sacó un poco de sus pensamientos el sonido de los arcos tensándose, al haber visto caballos había pensado que se acercarían pero viendo que tomaban su distancia y la madera crujía en la anticipación del ataque terminó por soltar las riendas del animal y tensarse, creyéndose también en el blanco de los arqueros, al último instante se lanzó al piso rodando contra este para salir del rango a la vez que el caballo lanzaba al galope. Confiaba que el caballo regresaría, sabía que lo haría pues estaba entrenado para ello, así que con el mismo impulso con el que había rodado se levantó aún espada en mano y comenzó a correr hacia los enemigos. No tardó en ver al animal blanco correr a su lado dándole alcance con facilidad y manteniendo su ritmo.

Estiró su mano y sujetó la montura, deteniéndose apenas un momento para impulsarse, ayudado con el trotar del animal, para saltar a la montura, apoyando un pie en el estribo y volviendo a montar con bastante práctica tomando su posición delante. No se molestó en hablarle al joven de cabellos rubios pues parecía que no le comprendía y si él tampoco le comprendía, mejor mantener el silencio y concentrarse en la batalla, ya estando un poco más acostumbrado a esta. Blandió su espada en el aire y apretando las riendas en su mano libre golpeó suave al caballo en sus costados con sus talones para apresurarlo. Casi embistió a uno de los arqueros que bajando el arco para sujetar las riendas no tuvo tiempo de apartarse del espadazo que golpeó su costado haciéndole caer del mismo.  El animal, asustado, se paró sobre sus patas traseras y sin jinete huyó en dirección incierta alejándose del grupo.

Rompiendo la fila con un ataque tan directo los demás se volvían a juntar, calmando sus animales y tomando posiciones más lejos para volver a tomar sus arcos.


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Lun Dic 28, 2015 3:00 am

No cabía duda, el humano estaba peleando contra aquel escuadrón de 5 y protegiendo a Reyson. Por qué, era algo que no podía saber con certeza, podía imaginarse variadas cosas en base a anteriores experiencias, aunque no todas encajasen con la persona que veía y la mirada en sus ojos. Tenía su parecido a la forma en que algunos codiciosos y torcidos hombres le habían mirado, mas percibía allí un mayor respeto y algo que le engrandecía un poco, cierta admiración a la que no estaba seguro de cómo reaccionar. No entendía sus motivos. Pero ese muchacho estaba protegiéndolo, sin siquiera pensarlo demasiado se había encontrado regresando por él y no había vuelta atrás ahora, menos aún con sus heridas.

El humano regresó a su puesto en la montura y Reyson permaneció en las ancas del animal, prefiriendo poder sentir el movimiento, apoyar sus manos sobre el pelaje corto y poder dirigirlo en pequeños gestos y presiones. No podía decir que estuviese encantando de tener a un humano por compañero en esa situación, ni siquiera podía decir con confianza que peor era nada, pero era un humano que pretendía protegerlo y por el momento, lo soportaría. Al apresurar el paso, sin contar con ambas de sus alas para darse equilibrio, no vio más opción sino sujetarse con más firmeza al caballo y apoyarse levemente contra la espalda del joven, manteniéndose a resguardo allí. La presión, el temor, el caos del momento estaban haciendo fantástico trabajo en despabilar a la garza y asegurar que se mantuviese despierta, pero el dolor disminuía sus fuerzas y necesitaba del apoyo. No creía siquiera poder moverse, si no era sobre el caballo. Tan ligera fue su presencia contra el espalda ajena, que no pareció entorpecerle y apenas necesitó moverse un tanto para dar espacio a lo que hacía, blandiendo su arma y derribando a un enemigo.

No le había dado muerte, aquello era por seguro, pues de lo contrario, la garza lo habría presentido al instante. La angustia de una muerte violenta tenía su particular resonancia. Pero un arquero herido era casi tan estorboso como uno sano, especialmente si aún tenía su arco consigo, no podía permitir que quedase así. Que su caballo escapase le parecía fantástico y le dejaba las cosas aún más fáciles, pues al tener al enemigo caído y a solas, sin un inocente animal que saliese afectado, la acción a tomar se le presentaba obvia y simple.

Vamos. Pisémoslo, será menos problemático, indicó lo que deseaba hacer, bajo otra lógica había comenzado ya a hablarle en su idioma y olvidaba cambiar de regreso, aunque el humano no pudiese entender una sola palabra. No hacía falta. Guiando a su caballo hizo que continuara adelante, pisando con fuerza sobre el cuerpo del caído. El peso de la criatura y los dos jinetes se hundió en mitad del estómago del soldado, luego bajo su cuello, y no tardó en escuchar algo quebrarse. Se estremeció, aquella sí había sido su muerte y la sensación le dejó más débil aún, pero muy satisfecho, una sonrisa cansina aflorando en sus labios. Uno menos del cual preocuparse...

Pero 4 seguían siendo un numeroso problema. Los arcos comenzaban a causarle un visceral e instintivo rechazo, la visión de los mismos y el sonido de las cuerdas le hacían encogerse tras su escasa defensa. Era muy probable que las 2 flechas atravesadas en su ala, torcidas y quebradas, tuviesen algo que ver con eso. Haría que su humano se encargase de que no hubiesen más. ¿Le explicaría lo que estaba por suceder? Podría haberlo hecho, por no estaban entendiéndose y al fin y al cabo no importaba tanto. No necesitaba entenderlo para que funcionara. Reyson retiró una de sus manos del caballo y la apoyó en el hombro del joven, dedos largos pero delicados, sujetando para permitirle inclinarse mejor sobre el hombro ajeno hasta alcanzar su oído. Contra este susurró lo que parecían ser otras palabras en su desconcido idioma, lentas, melódicas. En suave transición comenzaba a cantar en su oído, vigorizándolo para lo que vendría, haciendo que nueva fuerza cosquilleara en sus brazos. Esperaba que fuese bueno, ese humano lucía joven y no del todo fuerte, pero le agradaba la forma en que tomaba su espada y quizás podía disfrutar verlo, si la usaba para encargarse de los demás.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Jue Dic 31, 2015 6:07 pm

Si bien el primer ataque solo había sido un rompedor de filas, no tardarían en volverse a juntar, de hecho ya lo estaban haciendo mientras su caballo se adelantaba unos pasos. El peliazul había pretendido esperar, dejar que el arquero se levantase para alcanzarle con un segundo ataque sobre el caballo, con su espada blandiéndose en el aire para tomar impulso la debió de bajar para sujetarse cuando el caballo avanzó sobre el arquero. Los rígidos cascos del animal presionaron con más de media tonelada de peso sobre el cuerpo del arquero, un sonido similar a un grito bajo el agua se escuchó de su garganta antes del silencio de la muerte. Un estremecimiento recurrió el cuerpo del príncipe y recordó las palabras del marqués de Pherae sobre sus caballos. Eran caballos de guerra, seguramente entrenados para ello, siendo más que solo un transporte si no que siendo también una herramienta, incluso un arma; ya podía notarlo en la falta de miedo a la batalla del animal.

Jaló suave las riendas, gentilmente, para guiarle hacia los otros arqueros, sus talones golpearon suave los costados para apresurarlo y sintió el peso en su hombrera, sutil y el respirar de la garza contra su oído. Prestó atención por más que sabía que no iba a entenderle, quizás si se esforzaba podría leer sus intenciones, en cambio cuando escuchó el sonido melodioso de la canción se estremeció nuevamente pero esta vez no era un estremecimiento desagradable, si no similar al de sentir una corriente de aire un día especialmente caluroso.
La voz le ayudaba a respirar con más claridad, a sentarse más recto en el caballo y sujetar con más facilidad la espada, le barría los miedos e inseguridades como una ligera llovizna se lleva un calor abrazador, le revitalizaba como un trago de agua helada en medio del desierto. No tenía palabras que pudiese describir la vida que le daba aquel canto, hasta cierto punto sentía que rejuvenecía al serle quitado el cansancio.

Su agarre sobre las tiras de cuero blanco labradas con calor y bordadas en hilos de oro y plata que eran las riendas del blanco corcel, se afirmó y sacudió estas vocalizando con algo más de fuerza un "Arre!", el animal pasó del trote al galope al instante acercándose a toda velocidad hacia los arqueros. Espada en alto nuevamente, prestando suma atención a los arcos tensándose, inclinándose un poco hacia adelante jaló de las riendas a un lado para desviar la marcha cuando los arcos se tensaron a su máximo y siguiéndole las puntas de las flechas fueron disparadas, casi rozando al animal pasaron casi consecutivas detrás de este que aumentaba su velocidad a medida que iban  avanzando y volviendo a jalar al otro lado el corcel giró casi sobre su eje levantando una pieza completa de tierra con césped con sus patas y regresó hacia los arqueros volviendo al galope casi al instante. Alzando su brazo derecho con su espalda pasó frente de los caballos el primer golpe dio en el brazo del arquero invalidándolo de utilizar su arma, el segundo golpe contra el siguiente quebró su arco sin llegar a herir al arquero siquiera. Los otros dos llegaron a apartarse antes de ser alcanzados por la espada del príncipe.

Rodeó a los dos jinetes que habían sido atacados impidiéndoles huir, con un movimiento bastante preciso acercó la punta de su espada en el costado del rostro del animal y rápidamente alzó la misma en un corte vertical que pese al susto del caballo que sacudió enseguida su cabeza, no fue sangre lo que saltó si no que las mismas riendas del animal haciéndole perder control al jinete. Con la parte chata de la espada golpeó el costado del caballo para que largase a correr, libre de sus riendas, sin control.


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Vie Ene 08, 2016 6:12 pm

El desempeño del humano era impresionante, hasta a los críticos ojos del laguz. Había visto a su raza peleando entre ellos numerosas veces, había estado más cerca de lo que quería de campos de batalla como ese, muchos de ellos peores. Ya en una ocasión había cantado para oídos humanos, pudiendo presenciar de cerca el efecto que un poco de vigor tenía en ellos y la ventaja que les dejaba sobre sus pares. Pero esto era distinto. Si bien los humanos siempre reaccionaban como cualquier otro animal, lanzándose con más ferocidad a sus batallas y aprovechando sus superiores fuerzas, ese humano en particular no lo hacía. No peleaba como nada que Reyson conociera, ni felinos, ni aves, ni dragones. Tenía la precisión de un halcón, pero una tranquilidad y gracia que si bien no llegaba a compararse con la de una garza, se acercaba.

Le gustaba verlo pelear, después de todo. El resto de los humanos habían sido torpes y bruscos, siempre manchándose de sangre y apareciendo desarreglados. No tenía concepto del combate como algo agradable, menos algo estético, pero estaba encontrando que de algún modo podía serlo. La rectitud de la espalda del joven humano, sus medidos movimientos al cabalgar, incluso la conjunción de jinete y montura tenían su armonía. Aunque nunca le habían agradado mucho las prendas humanas, la capa a su espalda completaba una imagen digna a su pasar. Y estaba aprovechando más que bien el empujón que le daba, moviéndose con la velocidad de una criatura voladora; estimaba que merecía de cierto modo el verso que le había concedido.

Sujetándose con suavidad a sus hombros, extendió levemente el ala sana para acomodarse contra el viento, la velocidad del caballo y todo el movimiento, evitando que este apartase su liviano cuerpo del lugar que ocupaba. La espada se movió casi grácil, una extensión del preciso movimiento del brazo del príncipe azul, sin causar un desastre a su paso, sino tan sólo impidiendo a dos arqueros de actuar. Mezquino, entre verso y verso Reyson estaba tomando una corta pausa, dejando las notas resonar en el aire mientras consideraba el estado de las cosas. Juzgaba. El jinete le tenía complacido, por lo que estimó que merecía aún algunos versos más, continuando en una voz más tersa al tomar claro agrado a todo ello. Tan sólo se interrumpió ante su siguiente verso para emitir una breve risa, al ver que retiraba a uno de los enemigos desbocando su caballo. Encomendable truco, en definitiva, nuevamente teniendo la delicadeza de no dañar a los caballos en el fragor del combate. Sólo evitar que lanzaran sus flechas no sería una solución final, pero facilitaría las cosas de momento.

Cuando el animal fuera de control pasó a su lado, Reyson estiró el ala sana para golpear de costado al jinete, que al estar ya fuera de equilibrio y apenas sujeto en su lugar acabó por caer de la montura, dejando al animal libre. Con una sonrisa y un gesto orgulloso dobló nuevamente el ala, las plumas ya esponjadas en agrado y altivez. Se las alisó con la mano mientras se acomodaba mejor donde estaba, ambas piernas a un costado del animal, una cruzada sobre la otra. Como antes, le dio una palmadita al caballo para que desviara el paso apenas unos centímetros hacia el costado y pisara en su andar al caído, esta vez con un crujido seco que produjo inmediato silencio. Un escalofrío le hizo temblar por completo al sentirlo a flor de piel, un sufrimiento corto pero punzante, a la vez que simpatía por la tarea que estaba dándole al caballo de su salvador, por acostumbrado que pareciera. Por un momento, no logró sacar su voz de su garganta. El otro emergido, al no contar con su arma, parecía buscar retirarse de la escena cabalgando en la dirección de la que había venido. El príncipe blanco volvió la vista hacia él de súbito, con el más profundo y ácido desagrado por el escape. No deseaba dejarlo ir, con un toquecito en el hombro de su humano llamó su atención hacia lo que sucedía.

Pidió que le persiguiese, antes de que pudiese regresar con nuevo armamento y volverse un problema después. Lo que Reyson no razonaba con la suficiente urgencia, claro, era que todavía tenían dos enemigos cerca y en condiciones. Estos comenzaban a apuntar sus flechas a la montura en lugar de a los jinetes, al parecer cambiando de métodos. Reyson emitió un quejido absolutamente indignado ante esto, apretando el hombro del noble, antes de retomar versos en una voz grave, casi ominosa.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Miér Ene 13, 2016 2:01 pm

El canto continuaba y no tardó el príncipe en comprender que aquella energía que llenaba su pecho y le hacía capaz de llevarse el mundo por delante venía de aquellos cantos, su propia inspiración crecía cuando la voz se alzaba más y tenía una pequeña pausa cuando las notas quedaban vibrando en sus oídos, expectantes a recibir más de aquel melodioso canto solo para estremecerse cuando la voz retomaba. Era una droga de la cual dudaba que pudiese cansarse de recibir, disparaba su adrenalina y subía su sentido del honor y orgullo.

Con un jinete incapacitado y uno caído, el último en pié intentaba emprender una retirada mientras el herido le pasaba su arco al jinete que había perdido el suyo y se alejaba en busca de refuerzos. Era claro que aquellos soldados tenían inteligencia más allá de su silencio y mirada vacía y eso podía ser algo muy en contra para el príncipe y la garza. El caballo volvió a desviarse, alzando sus patas más de lo normal al andar casi que dando pequeños saltitos al pisar al enemigo caído y rompiendo su piel manchó sus patas de carmín avanzando nuevamente. El peliazul permitiría que se retirasen los que desearan hacerlo, pretendía preocuparse de los peligros inminentes y escapar antes que llegasen refuerzos para poder asistir a la garza herida. Ignoró el toque en su hombro, asumía que solo se estaba sujetando como lo había hecho antes pero escuchó sus palabras, sin comprender. Jaló de las riendas para arremeter contra los dos jinetes que quedaban pero el caballo no le obedeció, movió su cabeza disconforme ante el tirón de las riendas y largó al galope en dirección casi que opuesta a la que el príncipe quería, confundido se tensó jalando con más fuerza de las riendas - Vamos, chico. No. Hacia allá no. - habló amable pero tenso hacia el animal que se detuvo de golpe relinchando y sacudiendo de nuevo su cabeza, sin saber si obedecer a la garza o al jinete.

Las flechas surcaron el aire a gran velocidad silbando al cortar el aire y se clavaron en el costado del animal, un relincho de dolor se hizo oír y parándose sobre sus patas traseras el animal intentó  librarse del dolor. El príncipe se sujetó con fuerza de las riendas con una de sus manos y la otra, la que tenía la espada, la llevó hacia atrás sujetando de las piernas al rubio cuidando de mantener el filo de la espada hacia abajo para no lastimar ni al caballo ni a su acompañante - Maldición... - masculló entre dientes intentando calmar al animal. Recordando que el animal le había dejado de obedecer cuando la garza habló pensó en aquella descabellada idea, desconocía si podía entenderle pero valía la pena intentar. Bajó del caballo envainando su espada y le hizo una seña al rubio que se quedase sobre el caballo y señaló hacia los dos enemigos que estaban a cierta distancia - Llámalos... a los caballos. Háblales. - intentaba gesticular con sus manos, señalando a la vez a su caballo. Se tomó un instante para mirar la flecha en el animal, estaba hundida en el músculo en diagonal, tampoco era tan profundo y al menos no sería letal, apoyó su mano sobre el pelaje y tomando la flecha jaló con firmeza para quitarla, la sangre manchó el manto blanco del animal. No era una herida demasiado profunda ni grande, le dolería al corcel pero no lo mataría.

No sabía si la garza le había entendido pero no podía quedarse allí esperando que los arqueros volviesen a atacarle, sacando su espada corrió hacia ellos, si tenían a un enemigo corriendo hacia ellos no se preocuparían por la garza herida sobre el animal herido, y mirando con especial atención a los arcos confiaba en su velocidad y agilidad para poder esquivar la flecha al momento de ser lanzada. Los arcos se tensaron y el príncipe se lanzó al piso rodando por el césped, una flecha se clavó contra su capa en el césped desgarrando la tela cuando el peliazul se levantó, no llegó a reaccionar que un dolor punzante en su hombro le empujó hacia atrás, la segunda flecha había acertado, pero estaba más cerca y calculaba que podría llegar a ellos antes que apuntasen de nuevo... o decidieran alejarse.


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Jue Ene 21, 2016 2:44 am

A diferencia del príncipe beorc, él sí que entendía perfectamente cada palabra que decía por lo bajo, comprendiendo prontamente la complicación en la que estaba. Tenía a un animal muy obediente a su persona si no cedía a la guía de un príncipe de Serenes de inmediato y por sobre todas las cosas, pero resultaba ser un poco estorboso. ¡Él iba a guiar! El humano sólo le hacía perder tiempo si intentaba manejar al caballo a hacer algo inconveniente, como no perseguir a un enemigo que claramente debía ser aniquilado. Ellos no le habían mostrado a la raza garza un solo ápice de piedad, ¿por qué habrían de merecerla de regreso? Insistió, confundiendo aún más a la pobre montura hasta que la flecha fue a parar en esta.

Emitió un ahogado grito de sorpresa. El animal estaba terminando lastimado también y era lo último que quería, pues claramente no tenía culpa alguna de lo que sucedía a su alrededor. La expresión de Reyson decayó en culpa de inmediato y costosamente se mantuvo en su lugar, difícil tener equilibrio si sólo podía estabilizarse aleteando con el ala sana. Principalmente se lo debió al humano que le sujetó, aunque casi de inmediato rechazó el contacto, temeroso de ser contenido por manos que quizás no fueran a soltarlo después, si se guiaba por sus experiencias; recogió las piernas sobre el caballo y apresuradamente le murmuró palabras de confort al animal, acariciando su costado en una sentida disculpa. De todas las cosas que a su alrededor transcurrían, aquella era la que más le afectaba y estaba desesperado por remendarla, al menos ofreciendo su sincero arrepentimiento. Podía intuir que no era la primera vez que el caballo de guerra recibía una herida tal, pero eso no lo hacía menos terrible.

Alzó la vista al humano al oír su voz, fríos ojos esmeralda dirigiéndole una mirada severa y afilada al cristalino azul del otro. Así que quería que le ayudara a manejar a los animales que el enemigo montaba. Una idea de la que habría desconfiado mucho normalmente, de no ser porque aquel humano había estado cuidado no dañarlos hasta ahora, y parecía seguir dispuesto a ello, acercándose a aliviar a su propio corsel de la flecha incrustada en su cuerpo. Le juzgó por un momento, mas invariablemente acabó por decantarse a su favor. Sí, eso era lo que Reyson podía y debía hacer. La raza beorc obraba de una forma extremadamente desagradable sobre la naturaleza, ignorantes a su vida y sordos a sus palabras... pero él podía ser y era el nexo, una voz para interpretar el llamado de la tierra. Una voz muy firme, que pensaba hacerla respetar. Tanto a la tierra como a sus habitantes inocentes. Así obraría, entonces. Miró al joven príncipe a los ojos y asintió una única vez.

Mientras este se lanzaba a distraer al enemigo, Reyson volvió la cabeza hacia el jinete en huida y silbó, un largo y penetrante ruido que exaltó al animal enseguida, haciéndolo relinchar y forcejear contra la guía de su jinete para intentar dar media vuelta. Se volvió entonces hacia los otros dos, quietos bajo sus arqueros, que descargaban rápidamente sus flechas hacia el beorc de azul. Necesitaría moverse rápido y ahora tenía cómo. Reyson se aproximó más al cuello del caballo para abrazarse a este, agazapándose sobre el lomo para no hacerse un blanco muy obvio, e hizo que avanzara hasta llevarle tras las espaldas de los enemigos. Sin dudarlo dejó que el animal embistiera a los otros dos, sin dañarlos realmente pero desbaratando la formación y tirando a uno de los arqueros al suelo, uno cuyo arco se quebró al instante. El otro se mantuvo, fuertemente sujeto a las riendas, y fue allí que Reyson fácilmente se pasó de un animal al otro. No importaba que hubiese dos jinetes encima, el caballo lo obedería a él, estaba seguro. Con un golpecito firme y breve le indicó que se estuviera quieto y, haciendo uso de todas las fuerzas que en su ligero cuerpo tenía, intentó empujar al emergido fuera de la montura.

Por supuesto que no fue fácil. De algún modo, el enardecido humano se las arregló para girarse, una mano tosca y cruel le sujetó por al ala herida y torció. Una cacofonía de crujidos se escuchó a través de sus plumas y la garza gritó en voz alta, sometido a un dolor que jamás había conocido, ardiendo en todo su cuerpo a la vez. Hasta allí había llegado su esfuerzo en aquel momento.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Lun Ene 25, 2016 11:07 pm

Claramente la mirada del hombre de alas blancas no parecía propia para alguien de apariencia tan delicada, fiera y fría solo le hacían recordar más a dos esmeraldas cuidadosamente talladas para realzar lo afilado de sus propiedades, su rostro blanco de porcelana y sus cabellos de hebras de oro enmarcando su rostro eran demasiado hermoso como para no sentir otra cosa que admiración, incluso si le daba aquella mirada de fiereza pura.

Pero no podía distraerse pensando en el rostro de la garza, tenía que salvarle y el dolor vacio de su hombro por la flecha clavada no podía detenerle, cada vez que su pie impactaba contra el piso en su carrera una oleada de dolor recorría desde su hombro hasta su pecho y brazo por el movimiento de sus músculos. Ya comenzaba a habituarse al campo de batalla, pero aún no se lograba acostumbrar a ser herido, otro habría seguido como nada frente a una herida que era, dentro de todo superficial, ni siquiera tenía la experiencia como para saber que esa flecha estaba lanzada sin mucha fuerza, apresuradamente, por lo que no había ingresado muy profundo en su cuerpo, podría haberla sacado de hecho, sería lo mejor pues al no estar afirmada a su interior el largo palo se movía empeorando la herida, solo recordaba que le habían enseñado que si quitaba una flecha enterrada sangraría más y solo debía hacerlo si podía aplicar enseguida un torniquete a la herida. Los caballos de los enemigos se movieron y sonrió ya que el plan estaba funcionando. Vio pasar su propio caballo al lado suyo adelantandose enseguida, y uno de los enemigos cayó quebrando su arco.

Fue directo al caído, adelantando su espada en una estocada hacia su pecho pero la punta se enterró en el césped, el enemigo se había movido muy rápido y sin su arco sacó una flecha para utilizarla como arma, intentó atacar al noble en el rostro pero arrancando la espada del césped retrocedió y golpeó la flecha partiéndola contra el filo de su arma. Volvió a acercarse para atacarlo pero volvió a esquivarle, siendo ágil se la tiró contra el cuerpo y sujetó la flecha que el príncipe tenía clavada, la enterró más y la giró arrancando un grito de dolor. Desesperado golpeó el costado del enemigo con la espada y ambos se apartaron, la flecha salió de su hombro dejando una mancha oscura sobre su ropa. Temblaba de dolor, no tenía resistencia a este, no estaba acostumbrado a sentirlo, sus ojos estaban llorosos y ya sus mejillas comenzaban a mojarse por las lágrimas, podía ver su espada temblando al mantenerla alzada. El enemigo no tardó en abalanzarse nuevamente hacia él con la flecha en mano y un movimiento rápido el peliazul cortó la garganta ajena, un sonido ahogado escapó de la boca de la victima que al abrir la boca se llenó de sangre, apenas dio un paso hacia adelante y se desplomó terminando de morir. Los ojos del príncipe estaban abiertos mirando al cuerpo, demasiado directa y vistosa la muerte, impresionándose por la cantidad de sangre que había brotado de aquella herida y de su boca.

Escuchó el grito de dolor y miró como forcejeaba sobre otro caballo, ni había visto cuando la garza había cambiado de lugar, se sentía con nauseas y apenas llegó a mirar su herida, la sangre goteando por su brazo, podía esperar un poco más. Corrió en auxilio del otro sin perder más tiempo, su espada se clavó en el costado desde abajo, al estar este sobre el caballo, su intención era que soltase rápido. Fue a alzar su mano libre para jalar al jinete fuera de su caballo pero un golpe le tiró al piso desorientado. Al alzar su mirada pudo ver a otro caballo que le había envestido y que sus cascos pisaban cerca suyo pero se negaba a pisarlo a él, el arquero que había regresado había intentado imitar su estrategia con el caballo, pero este al no estar entrenado evitaba pisar algo que se moviese. Desde el piso comenzó a retroceder, dificultándosele ya que el caballo pisaba su capa y el dolor en su hombro no le dejaba apoyar su peso en su brazo.


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Miér Ene 27, 2016 2:54 pm

El humano no estaba acudiendo a ayudarlo. Sospechó enseguida de una traición, le permitiría ser capturado o quizás cambiaría de bando justo en ese entnces, eligiendo ese momento como el idóneo para clavarle el puñal en la espalda. Pronto le escuchó gritar a él también, sin embargo, y comprendió el aprieto en el que estaba. Se movía frenéticamente, esquivando ataques letales, cada uno enfocado a terminarlo justo allí. De algún modo conseguía contraatacar, sus precisos y gráciles movimientos superando a lo errático del soldado enemigo. Aunque no había nada de estético en la muerte, mucho menos en la de aquel soldado, derramando tanta sangre sobre el césped y dejándolo húmedo y resbaladizo. Al menos terminó allí aquella amenaza y el humano de azul acudió en su auxilio, dejando de lado la atención de sus heridas.

Al ser penetrado por la espada afilada y fina, el arquero emitió un quejido ahogado y enfurecido, como el gruñido de un animal que se veía a sí mismo acorralado. Al ser retirada el arma no tardó en caer, sus dedos perdieron fuerza sobre el ala de Reyson casi enseguida, y el príncipe garza le vio desplomarse fuera de la montura como un muñeco de trapo, cayendo sobre su costado en el suelo. Su sangre se derramó bajo él y resultó obvio, a sus ojos, que pronto moriría, mas no hubo descanso para el laguz. El dolor en su ala se disparaba en todo ángulo posible, la sentía como cruzada por un centenar de filos y el ardor no le permitía siquiera entumecer. Temblaba, jadeando pesadamente por la sensación. Quería gritar, pedir ayuda, pero no había nada que el humano pudiera hacer por mitigar su dolor. Más aún, ya le había hablado en el idioma de los hombres por un momento y ahora prefería ahorrarse palabras, esperando que el momento se lo hiciese olvidar.

Y la batalla no había terminado. Aquel jinete que forzó a regresar intentaba deshacerse del joven peliazul todavía. Reyson apretó los dientes y le miró con profunda repulsión, antes de darle apenas un roce bajo el mentón a su caballo, haciéndole alzarse sobre las patas delanteras y tirar al jinete por su espalda. Con un golpecito del tobillo en el animal que él montaba le comandó a pisar al caído, encontrando satisfacción en el resonante crujido de huesos rotos con que se vengaba y dejando al animal allí, parado sobre el cuerpo, por si la muerte no pudiese venirle lo suficientemente rápido. La negativa sensación le mareó y le hizo tambalearse en su lugar, pero al menos sabía que todo había terminado, al fin. Con una leve presión de la palma de la mano consiguió que el caballo se sentara, permitiéndole a la garza moverse al césped y quedar exhausta allí, con un leve brillo de sudor frío en su rostro y cuello, temblando por el dolor en su ala, que caía como inerte tras su espalda.

Un vulnerary no iba a curar eso, no los huesos, pero podía ser que aplacara un poco su dolor y cualquier alivio era bienvenido. Incapaz de moverse con precisión, torpemente buscó una de las botellas de medicina. No movía el brazo que correspondía al ala herida, no estaba dañado, pero cualquier movimiento habría repercutido también en su homóplato y habría avivado su dolor. Con una sola mano intentó sujetar la botella y quitarle el corcho para poder beber, mas no fue capaz de ejercer la fuerza suficiente siquiera para eso. Emitió un quejido de frustración, cada vez más acelerado al sentir que su necesidad de la medicina crecía, cada ve más torpe. La presencia del beorc era algo que, por el momento, apenas y mantenía en su mente, teniendo algo de mucha mayor presión de lo cual preocuparse.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Vie Ene 29, 2016 5:59 pm

Al ver que el caballo se apartó de delante suyo soltó un gran suspiro apartándose en el piso, arrasándose un poco antes de levantarse con dificultad, secó su rostro con su manga, tenía el rostro plagado de lágrimas de dolor y un tanto de miedo antes la situación que sentía que se había salido de control por un momento. Aun era joven y su experiencia no era tan basta como para desenvolverse fluidamente en el campo de batalla. Vió al caballo apartarse y al otro pisar al enemigo caído, nuevamente el sonido de los huesos ceder bajo el peso y abrió los ojos más en sorpresa al notar que no era su caballo blanco si no que uno de los marrones... uno del enemigo y se preguntó si estarían todos los caballos en Pherae tendrían esa clase de entrenamiento... o quizás era la garza sobre el lomo del animal.

No tenía tiempo para pensar, el enemigo que había caído por su estocada en un principio, mismo que había estrujado el ala del rubio hasta quebrar sus huesos, le tomó por la pierna aún negándose a morir dejando un pequeño camino de sangre. Esta acción tomó desprevenido al peliazul quien soltó un grito de horror y apresurado enterró su espada en el hombro ajeno para liberarse, el arquero gritó enseguida llevando su mano a la herida y con un movimiento rápido el príncipe clavó la punta de su espada en la columna ajena, cual torero da una muerte rápida al caído. Agitado y horrorizado el príncipe retrocede aún sin poder asimilar aquel extraño sentimiento de pesadez y culpa al darle muerte a un ser vivo, observó el entorno para asegurarse que no hubiese peligro y su mano revisó en su bolsillo sacando un pañuelo blanco, con este apoyó el lateral de la espada en el mismo sobre la tela para envolverla y generando presión con sus dedos deslizó el pañuelo a lo largo de la hoja para limpiarla de la sangre antes de guardarla nuevamente en su funda. No llevaría a su hogar la sangre de los caídos.

Se acercó con suma lentitud mirando al ave herida, sus pasos eran cuidadosos y no hacía movimientos bruscos, llevó su atención al ala blanca, claramente quebrada y caída, seguramente con más heridas de las que podía llegar a ver a simple vista. Sus manos se acercaron a la botella pero no la tomó, solo apoyó su mano sobre la mano ajena para llamar su atención. No sabía si le entendía, la verdad lo dudaba pero igual lo intentaba - Tranquila... no te haré daño... permíteme. - le dolió su brazo al tomar la botella y hacer fuerza para quitar el corcho y así dejarle libre acceso al líquido en su interior, ofreciéndole enseguida la botella y el corcho por si quería guardar aquello. Él mismo tomó una de las botellas de su cinturón y la abrió, era de diferente tamaño pero el líquido oscuro dentro parecía ser el mismo o al menos con el mismo aroma amargo. Lo bebió de un solo trago estremeciéndose ante el sabor desagradable pero enseguida sintiendo un ligero alivio al dolor en su hombro. Silbó alto para llamar al blanco caballo y apoyó su mano en un costado de este cuando se acercó, una caricia corta y miró la herida del animal, usando su pañuelo para limpiar un poco la sangre y presionar para detener el sangrado, aunque ya no caía más sangre, no había sido una herida demasiado profunda a fin de cuentas. Su mirada se dirigió a los caballos, pastando cerca entre los caídos no parecían tener intenciones de huir, se acercó al más cercano y tomó sus riendas, pasándola por sobre su cabeza le dio un corto cariño en el cuello mientras lo acercaba a su propia montura atándolo a la silla de montar, habló hacia la garza mientras iba por el segundo y el tercero - No sé si me entiendas... parece que si lo hiciste antes. ¿Me permitirás llevarte a un lugar seguro hasta que sanes? - no tenía mucha esperanza de ser entendido o siquiera que le respondiera algo pero igual sentía que sería correcto hacerle saber. Ató ambos caballos a la montura del primero.

Intentaba dejarle espacio a la garza para que la medicina le hiciera algo de efecto, al menos que le mitigase el dolor, no quería asustarla, pero no podía dejar de mirarla en cada momento. Cuando se acercó al cuarto caballo este tiró las orejas hacia atrás nervioso, moviendo su cabeza y retrocediendo, el príncipe extendió sus brazos y se acercó con mucha lentitud, hablando suave al caballo para calmarlo hasta que estuvo a su alcance, lentamente acercó su mano a su trompa y le dio un par de caricias suaves y sujetó las riendas rotas, las mismas que él mismo había cortado. Jaló un poco de estas para quitarle el fierro que atravesaba su boca como parte del frenillo y lo bajó por su cuello atando un nudo con las tiras de cuero y a modo de correa utilizó la rienda para atraer el caballo. El último caballo se acercó solo hacia sus compañeros y teniendo ya una hilera de 4 caballos atados entre si de las riendas hacia sus sillas de montar unidos a su propia montura, acercó el quito hacia la garza.


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Miér Feb 03, 2016 10:04 pm

Atormentado por el dolor sordo pero absoluto en su ala, no conseguía enfocar su mente en nada más, ni siquiera escuchando bruscos movimientos a su alrededor. Cuando el humano dio muerte a aquel último superviviente, la garza emitió un gemido de dolor, como si a él mismo hubiese clavado el sable, por ningún motivo más que empatía. Sintió el dolor ajeno como una oleada de escalofríos en el cuerpo, que viajaron hasta su ala herida y avivaron el dolor. ¿Acaso no terminaría jamás el suplicio? ¿Qué más venía? Encorvándose hacia adelante, se centró en intentar abrir la maldita botella del vulnerary. No se movió para apartarse cuando el humano se le acercó, le había estado ayudando y habían estado cerca en más de algún momento, especialmente al compartir montura. No percibía tan fuerte ni tan negativamente el acercamiento físico, ni siquiera cuando apoyó una delicada mano sobre la suya, aunque hubo allí un momento de titubeo.

Ni siquiera parecía humano, realmente. Su mano no era tosca, sus uñas estaban sanas y no era brusco en el contacto. Su forma de pelear tampoco lo había sido. Miró su rostro al oírle hablar, pese a parecer tan exhausto y estresado como él estaba, su mirada no era del todo desagradable y podía entrever su intención, por lo que no tuvo objeciones en dejar que destapase la botella por él. Se lo quedó mirando con cautela unos momentos, recibiendo en sus manos el contenedor y el corcho, mas quedándose quieto con estos al no terminar de sacar sus conclusiones. No se parecía a ningún humano que hubiese conocido, lo cual no le separaba por completo de su desagradable raza... pero... le había asistido desinteresadamente. Se había arriesgado por él. ¡Hasta se había lastimado por él! ¿Por qué un humano haría eso? Le vio aquejado por las heridas recibidas, que claramente no habían sido menores, podía sentir su dolor desde allí. Cuando el humano se apartó, Reyson se llevó la botella a los labios para beber el vulnerary rápidamente. Al bajarla, se decidió a dirigirle la palabra.

- Tranquilo, quieres decir. Canté para ti, deberías haber notado que soy un varón. - Comenzó por corregirle, mirándole con severidad pese al cansancio que le invadía y al caos de su cabello fuera de orden y sus plumas ensangrentadas. Se sentía un desastre, pero eso no evitaba que conservase su carácter usual. Además, el dolor en su ala comenzaba a ceder un poco, dejándole con un adormecimiento extraño, pero mucho mejor que lo que había tenido antes. Mientras la medicina surtía efecto se quedó mirando al beorc atender a los caballos, gentil con estos. Tomó aire, sintió que las siguientes palabras costaban de sobremanera en salir, inclusive sus mejillas tomaron leve color al tener que soltar una palabra a la que estaba tan desacostumbrado. - G... Gracias... por cuidar de ellos. Y... de mi. No entiendo por qué lo has hecho, pero... estaré agradecido contigo. - Dijo, bajando la voz progresivamente a un tono más suave. - ¿Quién eres, exactamente? Me gustaría saberlo. -

Un caballo le fue acercado para servir como su montura. Un poco más repuesto, Reyson se irguió para tomar las riendas y enseguida descartarlas. Más aún, se encargó de quitárselas al animal, pues no las iba a necesitar. No se molestó en dárselas al humano de cabello azul, sino que las dejó caer al suelo como el artefacto inútil que eran, a sus ojos. Percibía el estrés del animal. Bien, eso era algo que la jornada les había dejado en común...

- Tardaré mucho en sanar... y poder volar. - Admitió tras largos momentos, acariciando al animal como si le pidiese su permiso antes de subir a su espalda. El caballo inclusive pareció agacharse un poco para ayudar a la garza. Con ambas piernas de un costado del animal, se sentó ligero y agotado, sus manos puestas quietas en su regazo. El humano no tenía por qué encargarse de él y su bienestar. Además, tardaría mucho en estar realmente repuesto. El vulnerary le había dejado menos adolorido, pero su ala había sido quebrada en demasiados lugares y los huesos frágiles tardarían mucho en sanar, ni siquiera podía imaginar cuanto... jamás había tenido esa clase de daño y en su mente era abismal. Le asustaba lo que vendría, la idea de no conseguir sanar apropiadamente. Agachó la cabeza, abatido.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Mar Feb 16, 2016 6:55 pm

Se sentía aliviado que el hermoso hombre pájaro  e permitiese ayudarlo, por algunos momentos no terminaba de entender si apreciaba su ayuda o era simplemente una molestia. Estaba claro que solo no habría podido apañarselas bien, sin embargo seguía con esa leve sensación que no le terminaba de caer bien a su pequeño rescatado. Escuchar su voz con palabras humanas le sorprendió, con alegría amplió su sonrisa por más que no hubiesen sido palabras amables las que habían salido de los labios de la garza, dedicó toda su atención a ella entonces - Oh, lo lamento mucho, no lo decía por su género si no que por su... eh... especie. Mis disculpas si he sido descortés, no estoy muy acostumbrado a hablar con los de su especie y no sabría cómo dirigirme. Aunque ahora que lo menciona, si es descortés referirme a usted como "paloma". Permítame presentarme. Soy Lord Marth Lowell, príncipe de Altea, portador de la marca del exaltado. Nuevamente mis más sinceras disculpas si le he ofendido. ¿Podría saber su nombre y decirme como sería correcto de dirigirme a su persona? - se disculpó bajando un poco la cabeza sin tener realmente malas intenciones hacia el otro - Es lo correcto de hacer y lo que dicta el corazón ayudar a quien está en peligro. - dijo con una sonrisa sincera teniendo ese carácter heroico que se enorgullecía de tener en su sangre - Los caballos estarán en muy buenas manos, un estimado amigo y aliado tiene grandes caballerizas y cuida muy bien de ellos. Fue quien me ha regalado tan esplendido y hermoso ejemplar. - mencionó acariciando el costado del cuello del animal.

A sabiendas que estaba herido se acercó a auxiliarle a subirse al caballo, pero parecía no necesitar ayuda, mismo el animal parecía obedecerle y ayudarle, igualmente le tomó del brazo por si llegaba a resbalarse en el pelaje del equino, con cuidado de que no se fuese a lastimarle o caer, solo cuando estuvo seguro de que estaba a salvo acarició su brazo hasta tomar su mano y depositó un suave beso en el dorso - Estará en buenas manos, no podría dejarle sin poder volar en medio de un área peligrosa, sería tan irresponsable como dejar a un hombre con su pierna quebrada. Permítame llevarlo a un lugar donde pueda descansar a salvo y conseguirle sanadores que se encarguen de su ala para que sane en buenas condiciones y los huesos suelden de manera correcta. - ofreció con amabilidad. Sujetó al caballo por las crines apoyando su mano libre contra el costado de su cuello, le dolía un poco mover su brazo por la herida, pero no era algo tan insoportable, guiando al caballo así lo acercó a los otros para que pudiese guiarse. - Por favor, sígame de cerca, no es un área segura. - acomodándose junto al caballo blanco subió su pie al estribo y subió a su corcel adelantándose un poco solo para confirmar que los caballos lo siguieran sin problemas, la hilera de corceles avanzó un poco mansos, sus orejas hacia atrás aún asustados, se inclinó un poco sobre su montura para acariciar el costado del primer caballo atada para intentar que se calmara, no le convenía que se alterasen.

Confirmó que la herida del caballo no sangrase demasiado y confirmó enseguida que el ave estuviese con intención de seguirle, sujetó las riendas y comenzó a caminar lento - Estas tierras no son mías, soy un visitante simplemente, estamos en tierras de Lycia, al norte del marquesado de Pherae. Le llevaré a su castillo donde me hospedo pero no sé cual es su posición frente a los hombre bestia por lo que no le presentaré. Mis disculpas pero no quiero ofenderle siendo simplemente un visitante, pero mis escoltas se encargarán de que usted esté a salvo y cómodo, le enviaré a mis sanadores. - explicaba con voz suave, hablando de "hombres bestia" solo por desconocer el término correcto, no por insultarlo. Encaminó hacia las tierras de su aliado a paso lento, cuidadoso y observando a su alrededor con sumo cuidado de que no fuesen atacados nuevamente. Ahora que la garza le había hablado se sentía mucho más relajado, entusiasmado incluso, queriendo preguntarle un millón de cosas pero sabía que estaba herido y no quería molestarlo ni espantarlo.


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Miér Mar 02, 2016 4:51 pm

¿...acababa de ser llamado 'paloma'? ¿Eso había dicho el humano? ¡Paloma! Increíble, ser confundido con una raza tan radicalmente distinta, además de una subespecie laguz que simplemente no existía, además de que...

Reyson inhaló e intentó no estallar más de lo necesario por esa confusión. Sólo se trataba de un hombre ignorante. Demasiado joven como para saber mucho del mundo, seguramente. Había aprendido un poco sobre crías de humanos y sus rangos de edad, y siempre era muy poco el tiempo que habían existido, aunque seguía siendo imposible para él calcular a simple vista edades. Terminó de escucharle, asintió en aprobación a lo que pensaba hacer con los animales rescatados porque, francamente, si no le sonaba bien la idea se plantearía llevárselos él mismo a un lugar seguro. Sólo en ese entonces se decidió a responder a la presentación, no había motivo para ser descortés con quien le había auxiliado... aunque, claro, no podía ocultar que le sorprendía oír la palabra "príncipe". Nunca había estado cerca de un beorc de alto rango. Sí de algunos adinerados, hombres bastante soberbios, desagradables y faltos en respeto, pero ese príncipe entre humanos no parecía así. Hablaba un poco de sobra ahora que sabía que podían hablar en palabras modernas, pero no era necesariamente algo malo, estaba siendo adecuado.

- Mi nombre es Reyson. Príncipe de las garzas del bosque Serenes. - Lo estaba recalcando. No palomas, garzas, no iba a seguir corrigiendo de frente a alguien que se disculpaba y se mostraba dispuesto, pero tenía que quedar hecha la aclaración. Le dio una miradita pasajera, sólo para estar seguro. - Preferiría que me llamase sólo "príncipe", como un extranjero y ajeno a mi especie... no me acomoda que use mi nombre. - Dijo, frontal pero tranquilo en su petición. Estaba esforzándose por estarlo, en vista de todo lo que el humano había por él. ¿Era demasiado arisco por rehusarle pronunciar su nombre? Podía interpretarse y era, en parte, algo cultural. Y así pensaba dejarlo, pero tras un momento agachó la cabeza un poco, soltando un suspiro. Estaba siendo impreciso y quizás eso fuese malo, no necesariamente para él pero quizás para la Alianza. - Lo más correcto sería calificarme como el ex-príncipe... es sólo que... entre mis compañeros aún soy llamado por título. Príncipe Blanco de Serenes. -

El muchacho de cabello azul le ayudó a acomodarse en su asiento, y tras tenerle estable recogió su mano para besarla. ¿Y ese gesto...? Las plumas en el ala sana de Reyson parecieron inflarse al separarse de la superficie, sólo un poco. No podía decir que no estaba acostumbrado, otros lo hacían todo el tiempo, pero por supuesto que no así un humano. Lo vio prácticamente a la altura de su mano, al estar él sobre un caballo y Marth a pie, se hallaba alzado como en un pedestal, y supuso que por una vez estaba bien. Sentía piedad resonar en aquella persona, no así ninguna doble intención al rozar su piel. Sólo quería sanarlo, o eso expresaba, y a fin de cuentas le creía. Además, parecía saber cómo resolver su problema... un problema con el que, a solas, Reyson no tenía idea de qué habría decidido hacer. Sus palabras despertaron su interés y le sorprendieron otra vez. - ¿Soldar? ¿Soldar huesos? ¿Un "sanador" de tu raza podría hacerlo? No soy un beorc, mi cuerpo no es exactamente el mismo... - Dijo, asegurándose. Para empezar, ¡no tenían alas! ¿Cómo iban a saber curar alas? Sus huesos eran distintos, su cuerpo pesaba muy poco, su sustento no era el mismo. Cuando el beorc montó y se puso andar, Reyson avanzó también para seguirlo. No parecía que necesitara ni tocar a su caballo para que este hiciera lo que él mandaba. Marth parecía muy interesado en que fuese con él, y él estaba muy interesado en el asunto del sanador. Aunque ese humano parecía hasta... ¿feliz? ¿Satisfecho de su compañía? Reyson lo vigiló con curiosidad.

- Hmm. No quieres tener problemas con tu aliado, por si este no quiere una 'bestia' en su palacio. Pues no es necesario, puedes dejarme. - Dijo, sin quitarle los ojos de encima. Parecía que juzgaba. Al no tener que ver el camino, podía mantener la mirada en el otro príncipe, sin perderse un sólo detalle. - ¿Cual es tu posición respecto a las bestias? -
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Vie Mar 04, 2016 6:46 am

Desconocía mucho sobre los laguz, desconocía que razas había en totalidad y aves solo sabía de la existencia de los halcones y ni siquiera los conocía como tales, simplemente hombres bestia pájaro de alas marrones como lo habían descrito notas y cuadernos de viajes de exploradores, así como algún que otro viajero que le hablaba de Tellius. Se sentía maravillado de poder ver aquellas criaturas en vida y que no sean solo líneas de texto o dibujos en un libro, aquella criatura era un ser hermoso, incluso como hombre no había visto belleza igual, en su largo cabello y en su piel de porcelana, sus alas parecían demasiado suaves al tacto pero no se atrevería a tocarlas sin permiso, parecía ser algo personal, como si alguien quisiera tocar su cabello. No podía negar que estaba encantado con aquella presencia y como, pese a haber caído, peleado, y estar herido, seguí con un porte envidiablemente hermoso, no como se sentía él, con una ligera capa de sudor en su piel y una herida sangrante que se curaba poco a poco por la medicina pero que había manchado su ropa.
 
Se vio sinceramente apenado cuando le mencionó que era de la realeza pero enseguida sonrió - Es un gran placer, Príncipe Blanco de Serenes. - saludó más que nada para darle a entender que aceptaba aquello y así le llamaría de ahora en más. Estaba bastante sorprendido de que fuese una garza, desconocía su forma animal, para él solo era el color de sus alas y las garzas que conocían no eran completamente blancas, más bien grises o incluso con líneas negras en sus alas, pero no le cuestionaría. Solo emprendería su andar hacia Elibe con un respetuoso silencio mientras le escuchaba, no podía avanzar rápido ya que la hilera de caballos se podría descontrolar si les hacía galopar, comprendía que eran animales asustados. Asintió un par de veces a sus palabras y explicó cuando fue correcto hacerlo - Es la primera vez que veo una garza, disculpe la confusión. Apenas he leído sobre su las bestias de Tellius, no hay de los suyos de donde vengo, solo dragones y en una época taguels pero se han extinto. - explicó brevemente sin tener problema en exponer su ignorancia en el tema, pues cuanto más pudiese saber de ellos más que feliz de escucharlo.
 
Apenas apartó la mirada del camino para observar si el príncipe blanco le estaba siguiendo y poder constatar si se encontraba bien, no demasiado adolorido o con dificultades de mantenerse en el caballo, pero al verle bien continuó - Lamento mucho lo que le haya ocurrido a su reino. Pero sobre su ala no deberá preocuparse, al menos será atendida provisoriamente por mis curanderos y en caso que ellos no hayan de poder, en mi reino tenemos curanderos especializados en pegasos. Sé que no son lo mismo, pero han sanado alas rotas y los animales han podido volar sin problemas después, confío que podrán ayudarle a recuperar su ala. ¿A que se refiere con que no es un beorc? Peco nuevamente de ignorancia hacia el termino ¿es acaso otra sub raza de los hombre bestia? - su tono era suave y tranquilizador, todos sus gestos lo eran, incluso para guiar al caballo, pese de tener espuelas en sus botas, no las utilizaba, y el caballo no tenía ni siquiera falta de pelo en donde estarían golpeando estas de ser utilizadas, mucho menos cicatrices o heridas, las reservaba únicamente para emergencias.
 

Estaba realmente encantado con la compañía del príncipe, no dejaba de sonreír y miraba sobre su hombro cada vez que tenía oportunidad pero sin desviarse del camino, adentrándose en una leve arboleda bastante despejada donde se podía ver entre estos, a lo lejos ya las murallas del marquesado, incluso algunas personas y un jinete regresando al lugar, Pherae era un lugar alegre y movido pese a ser pequeño, un lugar donde Marth se sentía muy a gusto. Negó con la cabeza cuando la garza sugirió siquiera el ser dejada - Por favor, no podría dejarle, no mientras esté herido. Mi estimado aliado es alguien muy comprensivo y amable, pero no quiero incordiarle al desconocer sus políticas internas, más estando celebrando alianza tan recientemente. - agregaba con alegría festiva -He de confesar que no sabría cual es mi posición realmente, neutral diría. Es el primer hombre bestia que he conocido en mi vida y solo he sabido de su existencia por historias y libros. Debo decir que estoy sorprendido, pues he leído que eran criaturas temibles y agresivas, sin embargo me alegra ver que no es así. -


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Lun Mar 14, 2016 1:14 am

Se había sentado de costado en el caballo, ambas piernas de un mismo lado, pues no necesitaba mucho para mantener el equilibrio. Sus alas, o al menos el ala sana, eran todo lo que necesitaba para asegurarse la estabilidad, especialmente andando tan lento y sobre montura tan confiable. De modo que se hallaba de frente al príncipe de cabello azul, mirándolo sin disimular, constante y siempre juzgando. Cruzó una pierna sobre la otra y le evaluó en silencio unos momentos, no ponía la clase de agradable y suave expresión que veía en el rostro del joven humano, pero tampoco se le veía particularmente severo. Más bien, neutral, inclusive algo curioso. Desenredaba sus propios pensamientos e impresiones sobre el beorc, miraba su forma de moverse y actuar aunque de ello hubiese visto ya bastante en el campo de batalla, le oía y consideraba la forma respetuosa y nivelada en que charlaba con él. En cierto punto, también intentaba intuir sus emociones, buscar algo de lo que desconfiar, aunque nada aparecía. Finalmente bajó la vista un poco, distrayendo su mirada esmeralda y suaves facciones en el resto del paisaje.

- Por supuesto que soy el único que has visto, me sorprendería que se mencione a los míos en textos todavía. Ya que soy el único de mi especie. La última garza que la raza humana no ha asesinado. - Respondió, su voz sonaba tranquila, pero no había nada de tacto en sus palabras. No tenía el menor reparo en poner adelante aquellos hechos, jamás borrados de su memoria. Si en él tenían que pesar a diario, lo menos que podía esperar era que la raza culpable los recordase de tanto en tanto. Había algo que omitía, y era que no era exactamente la última garza aún, pero el rey Lorazieh, su progenitor, estaba ya en el lecho de muerte y prefería que le pensaran perdido, a modo de que le dejasen tener sus últimos días en paz. - Tal y como los taguels, supondré. - Agregó. Había oído de ellos, laguz capaz se transformarse en conejos de gran tamaño, aunque la anatomía se le había descrito un tanto extraña en comparación a la de un conejo cualquiera, de los que encontrase en los bosques. Una especie que debía de haber pasado por curiosos cambios con el tiempo. De todos modos, ya no creía que fuese a ver uno.

Eso dejaba respondido lo que había ocurrido con su reino y sus hermanos de raza. Dio un suave suspiro, bajando la cabeza; no era a ese muchacho al que tenía que exigir respuestas o retribución, lo sabía. Al contrario, le tenía cierta deuda. Al menos respondería al resto de sus dudas. - Un beorc es un humano, un hombre, como tú. La contraparte a un laguz, o lo que llamarían 'hombre bestia', alguien como yo. Te hará bien recordarlo, utilizar las palabras correctas es una muestra consideración. Se te tendría consideración a ti también, de regreso. - Dijo. Era un poco de retribución por la ayuda, su odio hacia la raza seguía en lugar, pero no era alguien ingrato y era bastante consciente de lo que Marth había hecho por él. Lo que haría todavía, si llevaba su ala a curar. Que aparentemente podía. Y era de buena gana que le extendía aquellas cortesías, pareciendo hasta contento de darlas. Las noticias de todo ello alivianaron el peso sobre sus hombros considerablemente.

- De los humanos he sabido que son agresivos, igualmente. También ignorantes y crueles. Estas cosas se han mantenido ciertas, en mi experiencia. Lamento decírtelo de este modo, pero es la verdad que se ha mostrado y comprobado frente a mis ojos. - Habló impasivo y sin tapujos, como acostumbraba hacer. Había un dolor apagado y vetusto en sus palabras, pero no lo reavivaba entonces, no hacia Marth. - Una especie dañina, brusca, grosera, que disfruta del sufrimiento de otras criaturas y dispone de la naturaleza a su antojo y conveniencia... pero... tú... cuando te he visto pelear, no lo has hecho como otros humanos. No te has comportado como los demás, ni has compartido su odio. - Dijo, mirando su juvenil rostro y buscando encontrar sus miradas. Rebuscaba más profundo en él y sus ademanes, recordando la forma en que se había movido al pelear, con la gracia de un felino y la presteza de un halcón. - Tampoco me has mirado con los ojos que otros hombres me han mirado. No has intentado atarme o poseerme. Eres distinto. Así que... iré contigo. Agradeceré la ayuda que tus sanadores puedan darme. -

Detuvo el caballo en ese lugar. Había civilización a la vista, un lugar donde seguramente habrían muchos humanos. - Pero sólo contigo. No pretendo ver a otros humanos. - Reyson recalcó, quedándose en el sitio y esperando a que Marth ofreciese una alternativa, u otra forma de proseguir.
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Lun Mar 14, 2016 5:46 am

El suave andar del caballo movía apenas al príncipe de cabello azul, su cadera se movía a la par del animal por lo que su torso iba recto y quieto, apenas con un subir y bajar en cada paso, los cascos del animal apenas hacían ruido sobre la hierba pero al comenzar a andar por el camino de tierra aplastada se hicieron de un sonido coordinado de todos los animales. El peliazul sentía la mirada de la garza y solo desviaba su rostro para dedicarle sonrisas amables, creyendo que el mal humor del rubio se debía al dolor en su ala, aunque la forma elegante que se sentaba era claro signo que lo que decía sobre ser príncipe podría ser verdad... no estaba muy enterado de como se acomodaban jerárquicamente los animales. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando escuchó la primeras palabras del príncipe blanco - El último de su especie... - susurró y bajó un poco la mirada pensando al respecto, solo pudiendo imaginar lo solitario que podría ser sentirse así - Los humanos tememos a lo que no comprendemos y para dormir en paz se elimina a lo que se teme. Lamento mucho que los grupos de humanos con los que se han cruzado no se hayan tomado el tiempo de comprenderles antes de atacarlos... - dijo con pena, conocía esa clase de historias, era lo que había pasado con los taguels en su continente.

Permitía que el otro hablase con libertad, manteniendo correcto silencio mientras lo hacía, solo mirándole de momentos con atención y volviendo al camino y a los caballos para asegurarse que estuviesen todos calmos. Los términos que empleaba eran los que más le interesaban, como político sabía que debía adaptarse a las costumbres de quienes quería agradar, ser alguien flexible en modales y tratos era lo esencial para un buen inicio de relaciones. Asintió al comprender - Entonces la forma correcta para dirigirse a ustedes es "laguz", la desconocía. Procuraré recordarlo cuando hable con ustedes, gracias. - las palabras eran cada vez más duras y fuertes, no podía decir que no le afectaban pues no le agradaba mucho enterarse que era esa la imagen que tenían los hombre-bestia... laguz, de su raza. Su ceño se frunció un poco pero enseguida asintió y suavizó su expresión, en parte también se obligaba a ser comprensible, pues lo que había leído de los laguz era justamente lo mismo que el príncipe blanco creía saber de los humanos... que diga beorcs. Tomó un poco de aire después de un corto suspiro - La honestidad y las palabras claras son la única herramienta que tenemos para poder solucionar asperezas entre bandos, no lo dudo que también lo sean para hacerlo entre razas. Como ya le he dicho, solo he podido leer sobre los de su clase, laguz, y todos los libros les ponen como una raza salvaje, caída en la depravación de sus instintos más básicos, abandonándose a sus formas animales, normalmente ilustradas como criaturas de grandes dientes y garras, agresivos con quienes intentan hablar. Sin respetar propiedad privada y atacando a viajeros y exploradores. Mismo las historias de los taguels dictan que han sido llevados a la extinción por su incapacidad de convivir con el hombre... los beorcs. Lamentablemente no puedo dar por cierta o mentira dichas historias pues esto ha ocurrido hace décadas y con solo 16 años de vida muchos de mis conocimientos del mundo solo vienen de libros y juglares. - carraspeó un poco antes de continuar - Lamento que haya tenido la mala fortuna de cruzarse con lo peor de nuestra raza... así como no dudo que muchas de las historias de Tellius sobre laguz asesinos y violentos se refieran a miembros marginados de su sociedad, también me gustaría decirle que no todos los humanos son como los que conoció, seguramente siendo bandidos y ladrones. Permítame invitarle a mi reino, está cruzando el océano hacia el este. Permítame mostrarle una cara de la humanidad que seguramente no ha visto, le hospedaré en mi castillo como invitado de honor. Me gustaría que pudiese ver los diarios de viaje sobre los de su clase y me indicase que donde están los errores, pues creo que usted conocerá mejor a los de su tipo que un explorador ajeno. - ofreció con ilusión, nuevamente ofreciendo sonrisas y un brillo de entusiasmo en su mirada.

Detuvo al caballo cuando la garza lo hizo, los caballos que le seguían se detuvieron poco a poco un tanto inquietos por el cambio y el jalar de sus riendas pero reacomodándose al espacio. Miró hacia el príncipe y enseguida al marquesado reconociendo las torres del castillo de Eliwood. Comprendía la petición pero era un poco complicada de seguir - No soy sanador... no podré ayudarle con su ala pero puedo estar en todo momento con usted mientras le examinan, me aseguraré que no sea mal tratado ni que cadenas, cuerdas o ninguna clase de restricción sea puesta sobre usted. Mañana en la mañana partiremos rumbo a Altea, en caso de que no puedan curarle le llevaré a donde sé que podrán ayudarle en los cuarteles de las caballero pegaso, descuide que estará siempre en mi presencia. Piense en su ala, príncipe blanco. - pensó en lo que estaría ocurriendo en el marquesado, seguramente ya estaría su barco listo en el puerto, estarían cargándolo y preparándolo para dejarlo listo a la noche, al otro día solo deberían abordar. Podría dejarle en seguridad de un caballero de confianza solo por la noche y a la mañana embarcarían - Si le hace sentir en mayor comodidad, rodearemos el marquesado, iremos directo hacia el puerto, al norte hay un pequeño bosque en donde podrá resguardarse mientras voy por un sanador de mi confianza y entrego estos caballos a mis escoltas para que los lleven con Lord Eliwood. Le prometo por sobre mi nombre que garantizaré su seguridad. - su mano se apoyó sobre la base de su cuello, más pesado que jurar sobre su vida era jurar sobre su bendición, su legado, la marca que portaba en aquella parte de su cuepo.


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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Reyson el Sáb Mar 26, 2016 2:22 am

Reyson podía ser alguien bastante complaciente y calmo, una compañía con la que era fácil de lidiar; la tranquilizadora presencia inherente a las garzas tenía parte en ello, aunque se trataba también de la persona que él era, llanamente. El asunto era que tal carácter no surgía frente a quienes consideraba sus enemigos naturales. Con un laguz sí, habría hablado mucho más relajado y habría sido más paciente, pero con el príncipe humano, por más que comprendiese que no era el culpable de las ofensas hechas a su raza y que estaba siendo gentil con él, tal parecía que no podía evitar poner el dedo en la yaga de temas sensibles, y hablar con severidad. Ni siquiera había sido su intención hacerlo. Pero veía que aquel joven de azul respondía pacientemente de todos modos, hasta reconocía las carencias de su raza, admitía lo rápido que saltaban a la agresión.

Estaba un poco perdido. Ningún humano había admitido tales cosas frente a él, ni que eran una raza fallida ni que era un horrendo pecado el que habían cometido. Ahora, con alguien aceptando lo que recriminaba así como así... no sabía muy bien qué hacer o qué decir. Una expresión sorprendida y un poco descolocada perduró en su rostro unos instantes, antes de que agachase la cabeza levemente, cerrando sus párpados. Cuanto menos, podía escucharlo. Era intransigente y terco, pero no carecía de entendimiento, si se disponía a ello podía aceptar el punto de vista ajeno sin problemas. Adjudicarle su debida culpa, inclusive, a la ignorancia de cada lado hacia el opuesto. No quitaba lo que la raza humana muy conscientemente había hecho, pero le permitía excusar un poco a crías de hombre como él, tan sólo educadas por sus antepasados.

- Hmm. No sabría decir de donde provienen precedentes como esos, historias como esas... existen varias tribus laguz de distintas especies, algunas conviviendo entre ellas y otras solamente entre los suyos, pero compartimos el mismo sentido de hermandad y honor. No es común que un laguz agreda a quien no le provoca. Pero... aceptaré que es posible que haya sucedido, aunque te haré saber, joven beorc, que las tribus de los cielos no tienen nada que ver con dientes y garras. Considera, de tu parte, que hay más que bandidos perpetuando esa clase de crueldad. - Habló pacientemente, calmo, apenas entreabriendo la mirada para ver el suelo bajo los cascos de los caballos. Sus experiencias no habían sido escasas, tenía bastante qué recordar sobre humanos y sus artimañas, pero le venía a la mente con facilidad. - Sé que en sus ciudades los hay, hombres dueños de castillos lujosos y de riquezas, también hombres de poder. Son esos los que más me han insultado, mandando a echarme redes encima o a proponerme tratos extraños por oro. Es desagradable... por eso, no aceptaré ser visto por ningún otro beorc. No confiaré en ninguno, sin importar lo rectos que aparenten ser frente a sus pares. Lo lamento. Sólo podré estar tranquilo si se trata de ti y... pocos de tus subordinados, si son de tu verdadera confianza. - Su voz reflejó el deje de culpa que tenía ya por las peticiones que debía realizar, por necesarias que fuesen. - Nuevamente, lo lamento. Es la forma en que debo... - Alzó la vista con lentitud y dejó de hablar al ver la expresión en el rostro del muchacho, ojos brillantes e ilusionados. Recordó que se trataba de una cría de su raza y dio una leve sonrisa, quitando toda tensión de sus delicados razgos.

- Entonces, ¿podemos rodear este sitio y parar en el bosque mientras mandas por tu sanador? Sería bueno... - Aceptó aquella opción, aliviado de no tener que pisar una ciudad humana aún. Tendría que hacerlo eventualmente, pero entre menos sucediese y más pudiese demorarlo, mejor para él. - ¿Acaso tienes un barco tuyo en ese puerto? Si así es, pediría pasar la noche allí. Si no es posible, puedo mantenerme afuera, me sentiré más tranquilo hasta en un bosque desconocido para mi que en una ciudad. - Al hablar adelantó su caballo un poco, no para seguir hacia la ciudad, sino para acercarse un tanto al ajeno. Allí y de la forma en que estaba sentado, le fue fácil estirar una mano pálida y delicada hacia el muchacho, rozando y apartando el cabello que le caía junto a la mejilla. Como un ave acomodando las plumas de otra. Un gesto que entre su raza venía natural y común. - De todos modos, agradezco todo lo que haces, príncipe beorc. Son actos que mantendré en mi memoria. -
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Re: La soledad de un último [Privado - Marth] [Campaña]

Mensaje por Marth el Vie Abr 01, 2016 2:40 am

El haberse detenido con los caballos le hizo girar un poco el mismo jalando un tanto, sin intención, las ataduras de los hilera de los otros haciendo que se acercasen un poco más, el caballo parecía querer ya regresar al lugar conocido, las caballerizas del castillo de Pherae, donde podría descansar y ser atendido, parecía un tanto ansioso moviendo sus patas y obligando al príncipe de cabellos azules de mantener las riendas algo tensas para que no siguiese avanzando. Observaba con total admiración al rubio, la voz profunda emanaba una calma y calidez que no parecían posibles por el tono seco y distante que utilizaba, todo en él parecía ser agradable, especialmente su presencia, como si la simple existencia de ese ser y que estuviese cerca del príncipe de Altea fuese suficiente para trasmitirle paz y calidez. No era poco decir que quería tenerlo cerca la mayor cantidad de tiempo posible, se le antojaban tiernos aquellos gestos del príncipe blanco, aquella expresión de desentendimiento y sorpresa, nuevamente, no preguntaría, no sería cortes pero aparentemente algo de lo que había dicho le había pegado de alguna manera a su compañero.

Asintió lento pensativo, llevando una mano a su mentón y perdiendo por un momento control del caballo cuando este avanzó un par de pasos inquieto, bajó su mano enseguida para acariciar su cuello dando suaves palmadas para calmarlo - No excusaré lo que desconozco, si dices que no son grupos de bandidos, he de creerte. Me sorprende sinceramente, sin embargo, lo que me dice de hombres de poder con castillos ¿príncipes, reyes acaso? me indigna escuchar lo que le ha ocurrido y no puedo más que ofrecerle unas disculpas que seguramente serán vacías a sus oídos. Aparentemente Tellius es tierra... difícil de vivir por lo que he estado escuchando. Si bien en el continente donde tengo mis tierras también hay países no muy gratos, se que se debe al desconocimiento y rito a una deidad que solo pudre el alma, mente y cuerpo de los hombres. Desconociendo seguramente ha ocurrido algo similar de donde usted proviene. Agradezco la confianza y la oportunidad que le brinda a los de mi raza al aceptar mi ayuda. - a paso lento retomó camino cuando el otro lo hizo, finalmente permitiendo que el caballo se tranquilizase, sospechaba que ya el animal estaría adolorido, pues le estaba cargando y tenía una herida a un costado. Se inclinó un poco hacia el costado para observar al animal, su herida específicamente, mientras terminaba con una sonrisa hacia el rubio - No se preocupe, cumpliré sus exigencias, le presentaré al hombre de más confianza que tengo para que le escolte y cuide de usted. - el pelaje blanco del animal estaba manchado de rojo y así también el pantalón del príncipe, la herida seguía sangrando a ritmo lento y el movimiento sumado al roce de la pierna con el estribo no ayudaba por lo que deteniendo al animal el príncipe desmontó sujetándole de las riendas pasándolas por delante de su cabeza para llevarlo así, al menos sin cargar con el peso del humano. El paso lento del caballo del rubio le permitía seguirle a pie sin problemas al menos hasta llegar al bosque, no cansaría de más a su corcel cuando debía recorrer un último tramo.

Los árboles les protegieron y cuidando a cada uno de los caballos que no se alterasen con algún sonido y siguieran con calma el camino se detuvo en una zona un poco más cercana donde ya se podía ver el puerto así como las altas velas con la bandera de Altea. El bosque no era espeso por lo que el avance de los caballos era sencillo y donde se detuvieron tenían espacio suficiente como para que alguno bajase la cabeza a pastar y acomodarse en la formación - No tardaré en llegar al castillo, de inmediato le enviaré a mi caballero de confianza junto con un sanador, lo reconocerá con facilidad ya que su armadura carmín y su casco con cuernos de toro es bastante único en esta zona. - un poco distraído el príncipe de cabellos azules miraba a los corceles y el camino a recorrer por lo que le tomó desprevenido el contacto de la mano contra su cabello, un rubor y expresión de sorpresa asaltaron su rostro mientras lo alzaba hacia el otro príncipe, ojos azules ampliamente abiertos antes de relajarse y sonreír con más calma, no rechazando el gesto por más que lo había considerado inapropiado para la situación y estatus de ambos... pero diferencias culturales podían haber y las comenzaba a comprender desde que había visitado al marqués de Ostia, esta en particular no era desagradable, pues el tacto había sido demasiado sutil como para considerarlo inapropiado - Haré todo lo que me sea posible por asegurar su seguridad y recuperación. De no ser posible su sanación por medio de un sanador convencional podrá pasar la noche en el barco sin problemas, mi caballero le hará compañía y se asegurará su comodidad así como su seguridad. No permitiré trabajadores en el barco por la noche para su tranquilidad. -


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