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En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

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En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 02, 2015 11:48 pm

....Habían sido días complicados para el líder de La Guardia. No fueron pocas las heridas sufridas en la última misión, y estas terminaron acumulándose con las anteriores. Su cuerpo se encontraba bastante resentido por el constante maltrato así que tuvo que verse en la obligación de abandonar el campo del batalla por algunas semanas, lo suficiente como para dejar que su condición mejorara. Era algo que comprendía y que respetaba, pero le resultaba difícil mantenerse lejos de la acción, le hacía sentir débil e inútil. Tampoco podía entrenar cómodamente ni debía realizar demasiadas actividades físicas que pudiesen abrir las heridas. A causa de eso tuvo que buscar con qué llenar todo el tiempo libre que quedaba en sus días: lectura, ayudar en la cocina, y en algunas tareas de construcción.

....Eso fue, por lo menos, hasta el momento en el que le llegó una interesante noticia. Algunos miembros del gremio habían vuelto de un encargo sencillo que tuvo que llevarse a cabo en un pueblo portuario a algunas horas de viaje. Aparentemente recién había llegado un teatro que se había establecido temporalmente en el lugar y que ofrecía algunas obras a diario. Los muchachos ya habían asistido a una de ellas y se mostraron bastante conformes con lo que vieron: no solo la presentación en sí había sido gratificante, sino que los reclutas, muchachos jóvenes y atraídos por tales temas, pudieron deleitar también la mirada con el elegante o hermoso porte de algunas damas que participaban.

....Hacía mucho tiempo que no asistía a esa clase de eventos, y si la memoria no le fallaba la última vez fue muchos años atrás, y lo había hecho con su hermano menor. Estaba seguro de que sería una buena oportunidad para distraerse, relajarse, y conseguir algo mejor que hacer. Con esto en mente el pelirrojo decidió hacer todos los preparativos pertinentes para el viaje y partir al día siguiente. Sospechaba que para la noche podría estar en el pueblo en cuestión. Solo tendría que hospedarse en una posada de la zona por unos días, y en uno de ellos gozar de la función.

....El viaje se realizó sin demasiados contratiempos, y menos complicado fue conseguir un lugar en el que hospedarse. Los propios reclutas que le habían hablado del teatro le informaron de una posada próxima al lugar en el que trabajaron. Pagó lo suficiente como para permanecer allí poco menos de una semana, y aprovechó a consultar con el encargado sobre dónde podía encontrar la reciente compañía teatral. Solo tuvo una complicación y fue rogarle al hombre que dejase a su can quedarse con él. El encargado, no muy convencido de dejar que un animal pudiera ensuciar o dañar la habitación, terminó por ceder al recibir algunas monedas de oro en su mano.

....Fatigado por el trayecto, y con todo ya resuelto, el pelirrojo se marchó a su cuarto y durmió con tranquilidad lo que quedaba de la noche. Tenía fe en que el día siguiente le deparara agradables sorpresas, y esas ideas le ayudaron a conciliar el sueño con rapidez.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 03, 2015 4:24 pm

Había transcurrido cerca de un mes y medio desde que nuestra compañía de teatro, Hale Haven, había partido en una gira que recorrería todo el continente de Elibe, algunas aldeas y pueblos al oeste de Valentia, y territorios ubicados al sur de Tellius. Por lo general, siempre ocupábamos las estaciones de primavera y parte del verano en recorrer las principales ciudades y capitales de los seis continentes, regresando a Lycia a principios de otoño y aguardando en casa hasta la próxima floración de los cerezos. No obstante, y con las rencillas entre países más tensas que nunca a razón de la plaga de Emergidos, nos habíamos visto en la obligación de recortar nuestra hoja de ruta. Esta vez, y por orden expresa de Luddy -quien, como todos los años, se quedaba en Lycia salvaguardando la integridad de los refugiados de Jauría Gris que acogíamos en nuestro establecimiento principal- regresaríamos más pronto a casa.

La comitiva integraba tres carromatos tirados a caballo que transportaban desde nuestras pertenencias hasta el material de atrezzo necesario para darle más exquisitez a nuestras obras -atuendos, instrumentos, algunas decoraciones sencillas- así como media docena de canastas llenas de comida que matasen al duende de la hambruna en los largos y tediosos trayectos entre un pueblo y otro. En total contábamos con catorce personas, entre actores, bailarines y músicos, cuyo propósito principal se centraba más en obtener información y rumores de todos y cada uno de los pueblos y ciudades que visitábamos -si estaban relacionados con la nobleza, mejor que mejor-, investigar la veracidad de los mismos si nos resultaban interesantes, intercambiar mensajes con nuestros contactos tanto fuera como dentro del gremio, y en general mantener informados a los pesos pesados de Jauría Gris sobre lo que se cocía en el resto del mundo. Ése era el objetivo principal de la gira que realizábamos todos los años, que más allá de recaudar dinero con nuestras actuaciones y ver disfrutar al público en tiempos de guerra, todos y cada uno de los que integrábamos la compañía de teatro éramos o habíamos sido mendigos, huérfanos, ladrones o desertores. Juntos conformábamos una hermandad que mezclaba una lealtad inquebrantable al gremio que nos había dado cobijo, y una pasión mayúscula por las artes escénicas. Y se nos daba bien hacer ambas cosas.

Habíamos desembarcado en un modesto pueblecito a orillas de la costa sur de Begnion después de pasar por las Islas de Durban a reponer consumibles y ofrecer alguna que otra actuación. Los lugareños pronto se hicieron eco de nuestra llegada y algunos incluso nos dieron la bienvenida al recordarnos de años anteriores. La primera noche, como siempre, organizamos las tareas competentes al gremio: quién busca a quién, quién investiga qué, unos se mueven por allá, otros por acá, otros van al mercado a escuchar rumores... Y al día siguiente, como es costumbre, ocupamos la mañana organizando los preparativos cerca de la plaza principal mientras los mellizos, Renetta y Garth -nuestros juglares-, brincaban sobre las cuatro esquinas del pueblo animando a la gente a asistir a nuestra actuación.

[ . . . ]

Alrededor de unas cincuenta personas se aglomeraron en círculo aquella tarde, muchas sentadas en el suelo, en las ramas de los árboles o en los tejados cercanos para tener una mejor perspectiva de la obra. Empezamos con uno de nuestros grandes éxitos, un melodrama burgués muy aclamado donde Gwen -la actriz más guapa y talentosa que teníamos- encarnaba a la hija de un duque que había perdido la memoria a causa de su padre y un malvado brujo, olvidando incluso a su gran amor, un humilde pastor que intentó por todos los medios hacerle recobrar la memoria a su amada, acabando en trágico final para ambos. En esta obra yo no actuaba; mi papel consistía en arrancar los sentimientos y las lágrimas de los presentes con mis suaves y nostálgicas melodías con el arpa, aumentando así el grado de sensibilidad, tragedia o romanticismo de las escenas.

Tras un previo descanso para recaudar aplausos y propinas, nuestros juglares actuaron de divertidos teloneros dándonos el tiempo necesario para cambiarnos los atuendos y dar caña a una segunda obra, una sátira mucho más distendida y relajada orientada a buscar las carcajadas de los presentes. En esta ocasión, yo actuaba como la hermana justiciera de una "muchacha" que se veía acosada por un noble excesivamente pervertido cuya semejanza guardaba una estrecha relación con un reciente escándalo sexual en una de las casas nobles de Begnion. Y a la plebe le encantaba reírse de las desgracias de los nobles, especialmente si éstos con su comportamiento generaban burlas y rechazos de todos los tipos, y hay ropa interior y travestidos de por medio. Y si además, una compañía de teatro como la nuestra se atreve a escenificarlo de manera cómica y exagerada, mejor que mejor.

Entonces, y con toda la soltura del mundo, empiezo a cantar animadamente al ritmo de los frenéticos violines de fondo y a moverme, con aquel vestido de seda roja que odiaba, mientras los actores que interpretaban a los implicados protagonistas acompañaban mis palabras con movimientos sobreactuados.

"Alzo el brazo, lleno el vaso, y de cacería voy, voy, voy
(¡Y de cacería voy!)
-respondió el público, que ya se conocía la canción.
Salgo al paso, muy payaso, y de cacería voy, voy, voy
(¡Y de cacería voy!)
-gritaron aún más fuerte, sonrientes.
¡Con un lazo por sombrero,
un estilo que da miedo
y un culito grande y todo respingón!

(¡Res-pingóóóóón!) -nuevo acompañamiento vocal del público"
Entre todo el ajetreo
me presento y balbuceo
¡Saco pecho y la conquisto con pasióóóón...!

La función terminaba con el depravado noble siendo ridiculizado y castigado a permanecer con la cabeza y los brazos en un cepo de madera, mientras recibía simpáticos azotes con una escoba en el trasero.

- ¡¿Cómo osáis vos, vicioso degenerado, a bajaros los pantalones frente a ésta que erróneamente llamáis "vuestra cortesana"?! ¿El vino os ha nublado el juicio? -exclamé- ¿Acaso no veis que entre las piernas guarda más hombría que vos? ¿O es que acaso atesoráis otras preferencias en vuestra intimidad? ¡Ay, si vuestro padre lo supiera...! -hice algunos gestos más por aquí y por allá, para finalmente levantar la vista hacia el público al tiempo que sostenía un pastel de nata en la mano izquierda- ¿Algún voluntario que quiera probar su puntería? ¡Si conseguís acertar de pleno en su cara desde una distancia de diez metros, la taberna El Gorrino Negro os regala un vale para una cena de dos personas! Y si no acertáis... bueno, es una sorpresa -muchos brazos se alzaron y se agitaron entre el público, pero yo buscaba a alguien que diese algo de juego al acto final, alguien con unas características concretas, independientemente de que hubiese levantado o no la mano. Finalmente señalé en una dirección concreta- ¡Tú! ¡Si tú! ¡El grandullón del fondo! Tienes pinta de tener unos brazos fuertes y firmes. ¿Quieres hacer los honores?

OFF:
Perdón si me extendí demasiado con el post, llevo mucho tiempo sin escribir y tenía ganas de hacerlo xDDD Dejé el final abierto sin mencionar que el "grandullón del fondo" eres tú, por si quieres adaptar la situación e inventarte otra cosa ^^ ¡Espero que te haya gustado!
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 03, 2015 11:23 pm

....La fatiga del viaje había sido la suficiente como para que el pelirrojo hubiese dormido profundamente durante toda la noche. Por fortuna pudo disfrutar de cada minuto sin la menor interrupción, y para cuando los primeros rayos del sol habían empezado a disipar las sombras el varón se encontraba ya despertándose, aunque todavía con un leve letargo ahí presente. Estaba acostumbrado a despertar a tempranas horas de la mañana, incluso en las ocasiones en las que solo disfrutaba de unas pocas horas de sueño. Faulkner, al escuchar el movimiento en el colchón y los pies de su amo al reposar pesadamente sobre la madera del suelo, entreabrió sus ojos y alzó la cabeza. Su hocico se abrió con amplitud en un amplio bostezo, gesto que fue imitado por el pelirrojo. - Buenos días, amigo. ¿Pudiste descansar? - Le dedicó una sonrisa al can y aproximó su diestra hasta la cabeza de éste para dedicarle varias caricias. La criatura en respuesta cerró momentáneamente sus ojos y se dejó consentir.

....Ya habiendo reunido suficientes fuerzas terminó de levantarse y se comenzó a arreglar. Sobre una pequeña mesa al costado de su cama se encontraba la camisa que traía al momento de llegar al pueblo, y todavía traía puesto el mismo pantalón. No se sentía del todo convencido de salir con algo así: al ser su ropa de viaje era la que se encontraba en peor condición, aquella a que poco le importaría si se dañaba y ensuciaba. Decidió buscar en su escaso equipaje hasta encontrar un cambio de ropa que había traído, nada demasiado llamativo ni costoso, pero que por lo menos le serviría para no parecer un mendigo. Se trataba de un pantalón de color marrón, el único que hasta el momento no había tenido que ser remendado y arreglado con algún parche, y una camisa un poco holgada de color oliva. Conservó el mismo calzado de los días pasados, unas botas de cuero que habían demostrado ser buenas compañeras de viaje pese a cualquier adversidad. Finalmente contempló su armadura y su espada, ambas cosas descansando en una esquina. Dudaba mucho que hiciera falta portar algo así para presenciar una obra y tampoco deseaba llamar demasiado la atención, razón por la cual optó por dejarlas ahí.

....Saludó al encargado y a una empleada que le ayudaba, y ésta tuvo la amabilidad de indicarle al mercenario que en el patio podía emplear un cubo con agua que había para limpiarse las manos y el rostro. Así lo hizo, y el agua fría empapando su rostro vaya que le sirvió para apartar un poco más el sueño que todavía insistía en arraigársele. Solo le quedaba una cosa más por hacer para iniciar la mañana con buen pie, y no demoró en encargarse de ello: habló con el posadero para preguntarle si había algo para desayunar, y éste le indicó que tenían algo de fruta para ofrecer. Pese a no ser necesario, el mercenario le obsequió un par de monedas de oro al hombre como propina mientras salí regresaba al patio para ingerir algunas peras y manzanas, compartiendo una que otra con el can que se echaba a sus pies. -
¿Alguna vez has ido al teatro, chico? - Bajó la mirada hacia Faulkner, y éste contestó con un suave ladrido aun cuando posiblemente no entendía lo que le decían. El pelirrojo soltó una carcajada y devolvió la mirada hacia el cielo. Luego condujo una de sus manos hacia un costado, palpando el sitio en donde se encontraba la herida más reciente; seguidamente deslizó los dedos hasta su abdomen, en donde había sufrido un corte, y luego hacia el pecho, donde fue golpeado. Eran zonas que dolían, pero por lo menos las heridas profundas ya no sangraban gracias a los cuidados que le dieron en La Guardia.

....Dedicó por lo menos una hora a desayunar con calma y disfrutar del aire matutino, y acto seguido salió a la calle, no sin antes despedirse del dueño de la posada. Ya le habían dado algunas indicaciones de cómo localizar el teatro, pero resultó todavía más fácil ante el hecho de que varias personas se encaminaban en aquella misma dirección, y aún mejor el que en el trayecto tuvo la oportunidad de encontrarse con un juglar que ofreció indicaciones más específicas. En cuestión de pocos minutos se vio a sí mismo rodeado decenas de personas. Le costó conseguir un lugar decente en el que situarse, y eventualmente terminó colocándose contra un árbol a unos cuantos metros del escenario, recostándose cómodamente contra el tronco.


....- Señor, señor. - Pronunció una voz aguda e inocente al mismo tiempo en el que el mercenario sentía unos suaves tirones en su pantalón. Se trataba de un niño cuya edad debía rondar los diez años. Miró los alrededores para comprobar si algún adulto se acercaba a buscar a su hijo, pero nadie se aproximó. ¿Estarían demasiado distraídos sus progenitores buscando un puesto o con algo más? - ¿Sí, pequeño? ¿Te puedo ayudar en algo? - Interrogó él con tono amable mientras posaba su mano en la cabeza ajena, despeinándole y acariciándole un poco. El niño soltó una risa y cerró sus ojos por unos breves segundos antes de hablar. - ¡No puedo ver! ¡La gente me tapa! ¿Me ayuda a subirme? - Con su pequeño dedo señaló la rama sobre la cabeza dl pelirrojo. Éste sonrió, y aun más cuando una pequeña idea cruzó su mente.

....Con ambas manos rodeó el torso del muchacho y le alzó, sí, pero no hacia la rama, en lugar de eso le condujo hasta sus propios hombros y le sentó allí. Ciertamente no era tan elevado como la rama que el pequeño deseaba, pero desde ese sitio podía ver perfectamente sin que nadie le obstaculizase la vista, y además resultaría más seguro que estar tan alto en un árbol. La risa del infante demostró que se sentía más que satisfecho, y sus manos se apresuraron en sujetar con cuidado la cabeza del varón para sostenerse.

....La obra no tardó mucho en iniciar, y el hombre le prestó toda su atención. No le fue difícil sentirse absorbido por la actuación de los actores, por aquella trama que lograba estremecer el corazón, y en particular por los fabulosos acordes que conseguían exacerbar las emociones que emitían cada acto. Y tal vez la mayor razón por la que sintió tanta empatía por la primera obra es porque consideraba sumamente creíble que los prejuicios de un noble pudiesen llegar tan lejos como para perjudicar, en aras de lo que creía correcto, a su propia sangre hasta conducirla a la muerte, queriéndolo o no. Y así, sin darse cuenta, al finalizar esa primera presentación se notó a sí mismo con los ojos humedecidos de la emoción.

....La segunda obra logró su cometido, al menos con él. Desde el principio se había mostrado con una tonada mucho más alegre, más jocosa, y fue apartando de su mente los recuerdos de la triste historia recientemente contada. Eventualmente él mismo se vio repitiendo el coro como todos los demás presentes, y soltando una que otra carcajada cuando la situación así lo ameritaba, e incluso pudo llegar a oír cómo la aguda risa del pequeño en sus hombros le hacía compañía a la propia.

....Cuando la obra estuvo por llegar a su fin y se le ofreció al público presente participar de aquella forma tan peculiar, el pelirrojo fue de los pocos que no alzó la mano. Le resultaba gracioso lo que estaba por ocurrir, de eso no cabía duda, pero por alguna razón le daba algo de lástima lanzarle el pastel al actor, fuese o no algo planeado. Pero, para su sorpresa, la protagonista de la obra le seleccionó a pesar de ello.


....- Oh, no, no. Muchas gracias. - Se negó con humildad, pero muy pronto la gente que se encontraba alrededor de él y que ansiaba ver el espectáculo y al actor, chivo expiatorio del desprecio que sentían esos plebeyos hacia los nobles que les sometían, embarrado en el pastel y sometido a las risas. Se encogió de hombros y soltó una risa, terminando por ceder a la presión de los demás. Fue así como comenzó a avanzar, abriéndose paso entre el público, hasta lograr llegar al escenario, aunque antes se tomó la libertad de bajar al niño justo delante de donde ocurría el acto para que pudiese verlo sin necesidad de que alguien más alto le impidiese mirar. - Está bien, veamos... Debo alejarme diez metros y lanzar, ¿eh? - Se notaba la duda en su voz, más aun así se armó de valor para sujetar el pastel y volver a alejarse.

....Desconocía a ciencia cierta cuánto eran diez metros, razón por la cual solo cada tanto tenía que voltear a ver si la muchacha que le seleccionó mostraba o no su aprobación con sus gestos. Luego, al llegar a la distancia estipulada, llenó de aire sus pulmones y trato de calcular. Era poca la experiencia que tenía arrojando cosas, y en su gran mayoría se trataba de piedras que lanzaba a la superficie del agua. Tenía por ventaja, por lo menos, que el pastel sobre su mano difícilmente le representaba algún peso cuando acostumbraba a cargar pesadas armas o montones de leña. Poco a poco se comenzó a notar la impaciencia en el público, y sabía que ya no tenía más tiempo para perder. Cerró sus ojos un instante y exhaló todo el aire contenido para relajarse.

....Finalmente abrió los ojos y se colocó en posición. Adelantó el brazo una primera vez, aunque no lanzó. Lo adelantó una segunda vez, rápido, y se oyeron algunas exclamaciones por parte de la gente cercana, pero frenó súbitamente y tampoco la lanzó, aunque en esta ocasión con una sonrisa pícara en los labios pues lo hizo para comprobar cómo reaccionaba el público. Fue la tercera vez que llevó hacia adelante su brazo cuando arrojó el pastel con todas sus fuerzas. Su corazón emitió un fuerte latido en ese momento en que sintió que el postre abandonaba sus dedos, y su mirada siguió el trayecto.

....Se oyó el sonido de la nata al impactar contra algo, y luego un efímero silencio sepulcral entre los que observaron. Finalmente del silencio surgió un estruendoso aplauso, acompañado de risas y vítores, al comprobar que el pastel había dado en el blanco. Un suspiro de alivio se le escapó de los labios al momento en que sentía cómo una pesada carga abandonaba su pecho: de verdad temía lo peor sobre esa "sorpresa" si fallaba.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Dic 10, 2015 2:50 pm

OFF:
De nuevo perdón por la tardanza T^T... Intenté responderte ayer, pero tuve que dejarlo a la mitad porque no me estaba saliendo nada bueno. Por suerte ya recuperé las fuerzas, así que volveré a la actividad normal :3

Los espectadores vitorearon con aplausos y festivas exclamaciones la predisposición del hombre a actuar como verdugo de un personaje que rápidamente se había ganado el menosprecio de los presentes, y mediante empujoncitos y palmadas de ánimo en la espalda fueron acercándole hasta el entarimado. Muchos dirigieron sus miradas hacia el hombretón, expectantes, mientras yo le cedía el pastel con una cortés floritura y éste aceptaba el reto con un toque de inquietud en la voz. Habían sido un público muy entregado y participativo, y qué menos que ofrecerles un final de obra memorable.

- He aquí la cuestión que muchos de vosotros os estaréis preguntando -me volteé de nuevo hacia los presentes y continué con mi papel de maestra de ceremonias, dando un toque de suspense antes del acto final- ¿Lo conseguirá? ¿No lo conseguirá? ¿Será capaz este valiente y dispuesto ciudadano de deleitarnos con sus dotes de puntería? ¿O de lo contrario nos privará de ver a Lord Layson merecidamente castigado?... ¡O quizás prefiera guardarse el pastel para comérselo él más tarde! -bromeé jocosa arrancando algunas carcajadas entre la multitud y me giré momentáneamente hacia el hombre- Bien, vamos a ver cuánto público tienes de tu parte. ¿Quién de los presentes cree que no lo conseguirá? -se escucharon unos sedosos abucheos y varios negaron con la cabeza al tiempo que hacían gestos de desaprobación con las manos, sin perder la sonrisa- Hmm, no está mal, no está mal. Veo unos cuantos escépticos por aquí. Ahora, ¿quién cree que lo conseguirá? -el veredicto estalló entre silbidos, aplausos y gritos de ánimo. Tuve que fingir una mueca ante tal aumento de los decibelios- ¡Uhhh, creo que la cosa está bastante clara aquí, amigo! -sonreí y retrocedí algunos pasos para dejarle suficiente espacio- Todo tuyo. ¡No defraudes a tu público!

Entonces, un silencio sepulcral se adueñó del ambiente y no sólo los espectadores, sino también mis compañeros de actuación, contuvieron el aire en sus pulmones esperando expectantes la resolución final. Todas las miradas se centraban ahora en el hombre gran envergadura, que se atrevió incluso a jugar con nuestra impaciencia haciéndonos creer que estaba dispuesto al lanzamiento cuando sólo pretendía coger impulso. Uno, dos... Y el pastel empezó a volar hacia su objetivo casi a cámara lenta, impactando en una perfecta diana que arrancó un instantáneo bramido general y dejó al pobre Kyllian con el rostro recubierto de esponjosa nata. Simples gajes del oficio.

Las felicitaciones se produjeron en estampida al tiempo que todos los actores nos alineábamos frente a nuestro público, le dábamos al hombre pelirrojo el merecido protagonismo tras la hazaña, nos tomábamos de las manos y hacíamos una reverencia conjunta agradeciendo la calidez recibida al tiempo que algunas monedas empezaban a volar hacia nuestros pies.

- ¡Gracias, esto ha sido todo por hoy! ¡Hale Haven agradece la asistencia y esperamos veros de nuevo con más obras y musicales! -exclamé a modo de despedida al tiempo que la multitud se iba dispersando- Estaremos en los pueblos de Downhill y Berhost en las próximas semanas, y recordad que podéis contratarnos en cualquier momento para amenizar bodas privadas, fiestas locales o cualquier tipo de celebración. ¡¡Muchas gracias!!

Una vez la cosa se hubo calmado, varios de mis compañeros empezaron a recolectar las monedas que habían llovido desde todos los rincones, mientras otros se encargaban de recoger los bártulos que habíamos utilizado como decoración. Yo dejé escapar un suspiro de agotamiento y me froté la nuca notando cómo los músculos de mi espalda empezaban a sufrir las consecuencias de un día más que agotador. Entonces me acerqué al hombre, que posiblemente aguardaba el momento de recibir su premio.

- Ha sido un lanzamiento soberbio. ¿Suerte o habilidad? Cualquiera diría que no es la primera vez que le lanzáis un pastel a alguien a la cara -mostré una sincera y divertida sonrisa- Bien, aquí tenéis lo prometido: vuestra recompensa -le entregué un diminuto pergamino sellado con cera roja que le acreditaba como digno merecedor de una cena gratis en la taberna anteriormente mencionada, cuyo propietario era uno de los principales contactos que el gremio poseía en aquel pueblo- ¿Sabéis dónde queda El Gorrino Negro, o debo mostraros el camino? Seguro que a vuestro hijo le hará ilusión llegar a casa con la tripa bien llena -comenté recordando al muchacho que el hombre había estado cargando a hombros durante toda la obra. Quien, por cierto, ¿dónde se había metido?
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 12, 2015 12:41 pm

Spoiler:
¡Descuida por la demora! Sé que a uno siempre se le presentan ocupaciones y cosas que le obligan a retrasarse, por mí no hay problema. ¡Además me quisiera disculpar por la longitud de este post! Garantizo que no tiene nada que ver con desánimo ni nada. Me quedó un poco más corto porque... bueno, así me salió. Pero no es que no me haya gustado tu post ni nada de eso.

....Si bien estaba acostumbrado a tratar con grupos numerosos de personas a causa de su profesión como líder de un gremio, no lo estaba a ser el centro de atención, ni siquiera por unos minutos, en alguna clase de acto u obra. Le avergonzó sobremanera recibir aquellos aplausos y vítores por el exitoso lanzamiento, y mientras tanto lo único que podía hacer era sonreír en agradecimiento y llevarse una mano hasta la nuca para acariciársela con nerviosismo. Agradeció para sus adentros que no pasase demasiado tiempo antes de que la atención regresase a la compañía de teatro Los actores decían las palabras finales y se despedían, y los personas les daban aplausos finales al mismo tiempo en que le arrojaban dinero, y en algunos casos hasta flores. Él no se quedó atrás y aplaudió también por su parte, fascinado por las obras que recientemente habían presentado y que no se arrepentía en lo más mínimo de haber observado.

....Cuando la muchacha se aproximó para entregarle el premio el mercenario lo recibió con gratitud y examinó el contenido. Parecía auténtico, con su respectivo sello y todo. -
¡Ja, ja, ja! Yo diría que ha sido un poco de ambos, aunque creo que más de suerte que de habilidad. - Enrolló nuevamente el pergamino y regresaba la mirada hacia su interlocutora mientras ésta continuaba hablándole. ¡El niño! El hombre se había olvidado completamente del muchacho, y ahora que se lo mencionaban dirigía la mirada hacia donde antes se encontraba el público. El pequeño ya no estaba, seguramente habiéndose ido con sus padres una vez finalizada la función. - ¡No, no, no! ¡Ja, ja, ja! No era mi hijo, aunque seguro que lo pudo parecer por cómo estábamos. Era un chico que, tanto como yo, quería disfrutar de la espléndida función que ustedes estaban realizando. Pero como no podía ver por toda la gente le hice el favor de subirlo a mis hombros. - Tras aclarar el malentendido el varón se llevó la mano desocupada hasta el mentón, acariciándose la barba con gesto pensativo.

....- Creo que se me ha ocurrido una idea. Se supone que este premio es para que dos personas tengan una buena comida, ¿cierto? Pero yo no conozco esa posada, y tampoco tengo con quien compartir la mesa. Así que... ¿Qué dices? ¿Tienes hambre? - Le dedicó a la muchacha una ancha sonrisa mientras le hacía aquella oferta. Si no tenía a nadie más con quien comer solo le quedaba invitar a un desconocido. Y, ¿qué era mejor que invitar, al menos, a un desconocido que le había divertido tanto con su actuación? - Si tienes que ayudar a tus amigos antes no tengo problema, ni tampoco apuro. ¡Es más! Te podría echar una mano y, al acabar, podrías guiarme a ese local.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 12, 2015 6:20 pm

OFF:
Jajajaja, no te preocupes, es completamente normal y a mi también me pasa muuuchas veces xD Mejor corto y sustancioso, que largo y forzado ^-^

En todas las actuaciones que ofrecíamos ganábamos lo bastante como para costearnos los viajes y las comidas de todo el grupo, aunque en pueblos humildes como aquel, como viene siendo lógico, las ganancias se reducían considerablemente en comparación al apabullante botín que conseguíamos en las grandes ciudades y capitales repletas de nobles y damas de alta alcurnia con sus pomposos vestidos y encajes de seda, donde lanzar una moneda al aire tenía el mismo significado que desprenderse del envoltorio de un caramelo. Así pues, no esperaba obtener abultados beneficios individuales en esta ocasión, ya que siendo catorce personas, apenas tocaban a diez o doce monedas por cabeza. Tampoco me importaba; siempre había sido una individua muy frugal que rara vez caía en la tentación de algún capricho.

Durante algunos minutos, y mientras mis compañeros terminaban de recoger el atrezzo, conversé con el afortunado ganador del desafío sin mencionar a viva voz que no me importaba desentenderme del trabajo pesado de cargar los instrumentos y plegar los decorados. Y es que a veces una tiene que aprovechar las pequeñas oportunidades que le concede la vida para zafarse -disimuladamente- de esas labores que a nadie le apetece hacer. Además de que el hombre pelirrojo resultó ser alguien bastante amable y bonachón que, luego de calificar la función como espléndida -se lo agradecí con una simpática sonrisa y una pequeña reverencia con la cabeza- no tuvo reparos en admitir el favor que le había hecho al chico simplemente porque éste no conseguía una buena perspectiva para ver la obra.

La sorpresa me vino, sin embargo, cuando el hombre me ofreció la posibilidad de convertirme en el acompañante de la cena que había ganado, alegando que no tenía a nadie más con quién compartirla. El desconcierto tuvo que plasmarse perfectamente en mi rostro cuando mis ojos, totalmente abiertos, parpadearon repetidas veces.

- ¿Qué?... ¡Oh! No, no, por favor, no malgaste su premio conmigo -hice rápidos aspavientos con los brazos agradeciendo su consideración y al mismo tiempo declinando con cierta modestia. No es que no desease llenarme el estómago gratuitamente, es que tenía cosas que solucionar con mis compañeros- ¿No tiene a nadie con quién compartirlo? Hmm. Hubiera jurado que alguien como usted ya tendría una esposa -entrecerré los ojos y le miré con perspicacia mientras me frotaba la barbilla, ya que si mis dotes observadoras no me fallaban, bien podría rondar los treinta años- Bueno, nunca es tarde -proseguí con expresión divertida y no le di más importancia al asunto- ¿Por qué no aprovecha y utiliza la invitación para cortejar a alguna dama? -dejé escapar una carcajada cómplice y le di un suave codazo en las costillas.

En ese momento, entre broma y broma, Garth se me acercó por el costado con semblante contrariado y, con un silencioso y sutil gesto con la cabeza, solicitó mi atención. Tras susurrarme las noticias al oído, la expresión de mi rostro perdió momentáneamente su luz para dejar paso a una preocupación latente. Me mordí el labio inferior y bajé la vista, pensativa, frotándome el puente de la nariz y ocultando un resignado suspiro. No habíamos ganado la lotería, desde luego.

- Está bien, veré lo que puedo hacer -finalicé; la conversación apenas había durado tres segundos. Le di una palmadita en brazo al muchacho y le autoricé a que retomase sus labores, mientras yo retrocedía hasta la posición del hombre pelirrojo- Bueeeno, parece que después de todo mi estadía en la taberna será más prolongada de lo que pensé -me encogí de hombros y sonreí, intentando recuperar el ánimo- Además, qué demonios, claro que tengo hambre -y con ésto me adelanté unos metros y me detuve esperando a que el grandullón me acompañase el paso hasta el susodicho local.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 13, 2015 10:05 pm

....- ¡Pero si no es un malgasto! Véalo como una propina por la gratificante obra que nos ofrecieron. De serme posible los invitaría a todos a cenar, pero como solo puedo tener un acompañante... ¡Pues a la persona más cercana del grupo! - Ingenió rápidamente una excusa improvisada para que la invitación no parecía un desperdicio, e incluso para que no se confundiese con un patético cortejo o una coquetería. E inmediatamente sonrió al oír cómo la joven se extrañaba que el varón no se encontrase con compañía. Específicamente con compañía femenina. Estuvo por contestar de inmediato, sin embargo el codazo que la joven le había dado en el costado pareció producir una reacción en él. Fue leve, y el pelirrojo procuró disimularla de la mejor forma posible, pero por un momento pareció haber asomado un gesto de dolor en su semblante y su sonrisa había peligrado con desaparecer. El golpe había sido justamente sobre uno de sus costados heridos y vendados, si bien gracias a sus prendas no era visible que se encontrase en esa condición; igual de afortunado fue que el golpe no contó con demasiada fuerza. Pero tan rápido como pudo ignoró esa ligera punzada de dolor que se había hecho presente y sonrió de manera genuina una vez más, contestando a la duda de la artista. - ¡Ja, ja, ja! ¿Qué puedo decir en mi defensa? No soy un hombre que tenga mucho que ofrecerle a una mujer. Y mi estilo de vida tampoco es el que una dama desearía para su pareja. - De esa forma no solo explicaba la razón por la cual se encontraba solo, sino también por la que posiblemente continuaría así por el tiempo que le quedase de vida, fuese corto o no. Tampoco era algo por lo que se preocupaba demasiado. Si bien es cierto que en contadas ocasiones esa clase de soledad hacía sentir todo su peso en el alma del mercenario, éste ya había aprendido a sobrellevar esa sensación y a considerarla como algo normal y habitual en él.

....Tan pronto habían concluido ese breve intercambio de palabras la muchacha tuvo que apartarse para platicar con un miembro del teatro. El varón aguardó en silencio, aunque no pudo evitar seguirlos con la mirada con algo de curiosidad. Fue así como captó casi al instante cómo el semblante femenino se había transformado. Por un instante el brillo y la energía que irradiaba el rostro ajeno durante la conversación parecían haberse disipado. No cabía dudas de que fuese cual fuese la noticia que compartieron con ella, ésta no había sido nada buena.

....Apenas la dama regresó el varón volvió a esgrimir su amable sonrisa. Sentía algo de lástima por su compañera, fuese cual fuese la razón de su preocupación, y surgía en él cierto deseo, o más bien responsabilidad, por ayudarle a distraerse de los problemas y pasar un buen rato. A fin de cuentas eso era lo que había hecho ella, junto con el resto de sus compañeros: brindarle una sonrisa y un buen rato a él y a todos los que presenciaron la obra. -
¡Muy bien! Por un segundo temía que me iba a tocar comer solo un banquete para dos.[/b][/color] - El mercenario se apresuró en avanzar hasta alcanzar a su guía, y una vez se situó a su lado se dedicó a mantenerle el paso y seguir el trayecto que ella seguía.

....- Por cierto, creo que no lo mencioné antes: mi nombre es Argus. Todo un placer conocer a una artista como tú. - Acercó una de sus amplias manos hacia la fémina para ofrecérsela en señal de saludo, esperando poder estrechar la ajena. - No soy de por aquí, o al menos no de este pueblo. Vine ya que llegó a mis oídos el rumor de que en el lugar se había establecido un increíble teatro. - Volteó para contemplar a la joven con la que charlaba al caminar. Solo de vez en cuando miraba de soslayo el camino para no tropezar por accidente. - ¿Cuál es tu nombre? ¿O en el teatro emplean alguna clase de apodo?
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Mar Dic 15, 2015 6:12 pm

Una vez consensuado el rumbo de nuestros pasos, y antes de marchar juntos hacia la susodicha taberna, el grandullón se presentó como Argus al tiempo que me ofrecía amablemente la mano. Con gusto se la estreché, resultando gracioso la diferencia de dimensiones de nuestras respectivas extremidades; un sólo dedo suyo correspondía a tres de los míos. Sonreí.

- ¿Apodo? ¿Te refieres a nombre artístico? No, la verdad es que no. Aunque sí te digo que más de una vez he pensado en buscarme uno. Quizás cuando alcance la posición de superestrella -admití con un deje de broma mientras algunas carcajadas escapaban suaves de mi garganta. Nada más lejos de la realidad; lo cierto es que dependiendo del trabajo que me asignase el gremio adoptaba una u otra identidad según las necesidades del momento. Estaba Nasha, la atrevida cortesana; Lady Amelia, la joven heredera de un pequeño ducado; White Widow, la excéntrica comerciante- Puedes llamarme Keeva -...y Keeva, una muchacha huérfana y de orígenes desconocidos cuya vida giraba en torno a una humilde compañía de teatro con muchos secretos guardados detrás del telón.

Durante algunos minutos avanzamos y recorrimos varias calles pobremente adoquinadas y con fuerte olor a pescado. La taberna El Gorrino Negro no era precisamente el establecimiento más popular y pulcro del pueblo, pero cumplía con su función de ofrecer comidas calientes a los viajeros y, prácticamente, a cualquiera dispuesto a desembolsar algunas monedas. La regentaba el viejo Gunter, también llamado "Ojo de Pez" por sus conocidos en el mundo de la piratería, a quien el peso de los años y las lesiones le habían obligado a echar anclas en tierra firme, además de sus dos hijos varones y la joven esposa de uno de ellos. Gunter colaboraba con Jauría Gris desde hacía años, siempre nos echaba una mano y, ahora mismo, nuestra compañía necesitaba de alguien que nos echase unas cuantas.

Desde el exterior se podía escuchar el barullo de voces que ocupaban el ambiente interno de la taberna. Comentarios, carcajadas, algunos golpes, el acostumbrado tintineo de la vajilla... lo normal. Las bisagras de la puerta protestaron cuando Argus y yo nos adentramos en el establecimiento, donde varias miradas que se balanceaban entre la curiosidad y la indiscreción nos dieron la bienvenida.

- ¿A quién me traes esta vez? -el vozarrón desgastado de Gunter se apreció desde el otro lado del mostrador. La cicatrices de su cara le daban un aspecto temible, pero no dejaba de ser un hombre amable y chistoso después de todo.
- ¡Al mejor lanzador de tartas que conocerás hoy, ni más ni menos! -exclamé con una sonrisa- ¿Tenemos cena suficiente para hoy?
- Maldita sea, claro que sí. Pero la próxima vez procura de alguien de menor envergadura o me arruinarás el negocio -señaló a Argus sin más motivo que una broma, atisbando una torcida sonrisa tras esa barba desgreñuda- No te preocupes, muchacho. Tengo suficiente carne y estofado para alimentar a veinte como tú. Ahora, sentaos. Pedid y bebed lo que os apetezca, ¡mi casa es vuestra casa!

Ocupé una mesa cercana a la esquina del fondo, tranquila y apartada de las animadas conversaciones generales. Crucé las piernas y me azuzé la falda del vestido buscando ponerme cómoda sobre la butaca -maldito vestido, qué ganas tenía de cambiarme de ropa- y centré mi atención en los presentes. Lugareños, mercaderes, algunas mujeres... Ningún viajero solitario y sospechoso que ocultase armas bajo sus ropas. Ningún guerrero. Ningún mercenario. Hice una mueca contrariada y suspiré; supongo que ya aparecería alguno tarde o temprano al que poder contratar a cambio de algunas monedas.

- Bueno, Argus -sonreí y me giré hacia mi acompañante sin percatarme de que, inconscientemente, había empezado a tutearle. No estaba de más charlar un poco- Si se me permite preguntar, ¿qué clase de vida complicada es esa que no te permite sentar la cabeza? ¿Acostumbras a viajar mucho? ¿De dónde eres? -pregunté con inocente curiosidad, en parte también porque estaba acostumbrada buscar cualquier clase de información incluso del humano más intrascendente. Entonces, de pronto, recordé un fragmento de nuestra anterior conversación- Oh, cierto. Has dicho que has llegado al pueblo sólo por nuestro teatro. Ahora que hemos terminado con las funciones, ¿qué harás?, ¿te marcharás? Los caminos no son seguros hoy en día -mencioné, y más aún después de la desalentadora información que había recibido.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 16, 2015 11:39 pm

....El mercenario estrechó con sumo cuidado la mano femenina y dejó escapar una pequeña risa cuando ésta platicó del nombre artístico. No conocía muy bien cómo los artistas manejaban esas cosas e incluso llegó a creer que el apodo de los músicos y actores en algo debían parecerse al de los míticos guerreros: seudónimos entregados por otros y pasados de boca en boca por las hazañas relatadas sobre el héroe o por alguna característica muy notoria en él. Pero por las palabras de la joven parecía ser más algo autoimpuesto. - ¿Y es que todavía no eres una súper estrella? Ya que, ¡vaya! La actuación hecha por tus compañeros y tú hace un rato fue muy buena. - Elogió con tono amable mientras soltaba la mano de la chica y regresaba la mirada hacia el frente.

....Dejó que fuese ella, quien conocía mejor que él esas calles, quien guiara el camino. Él, por su parte, echaba un ojo aquí y allá, observaba los alrededores y contemplaba el pueblo. Resultaba agradable lo pacífico que se mostraba, y disfrutaba sobremanera poder pasar un tiempo en sitios así que parecían apartados de la guerra y las otras tragedias habituales en esa época. Eventualmente lograron llegar al lugar acordado, o al menos eso le indicó el cartel que colgaba afuera del local: "El gorrino negro". Bastaba con prestar atención al bullicio que se oía desde afuera para imaginar lo popular que debía ser esa taberna, y esperaba que parte de esa popularidad tuviese que ver con la calidad de la comida.

....La plática entre la artista y el dueño del local le arrebató una sonrisa al mercenario, y la broma realizada por el antiguo pirata lejos de hacerle incomodar solo consiguió ampliar todavía más ese gesto y robarle una carcajada. -
Mira que me tomaré en serio tu afirmación, ¡hay quienes dicen que fácilmente podría comer como veinte hombres! - Se dio un par de palmadas en el estómago de manera jocosa antes de seguir a la chica. Ésta parecía ya haber decidido cuál mesa era la más adecuada, y una vez que él mismo tomó asiento allí comprendió la razón: se encontraba un poco alejada del resto, y eso permitía que por lo menos pudiesen oírse el uno al otro con un poco más de facilidad.

....- Descuida, Keeva. Puedes preguntar todo lo que gustes. No es que tenga mucho que ocultar. - Contestó de forma despreocupada y alegre mientras recargaba su espalda cómodamente en el respaldar de la silla. - Soy un mercenario. Y lamentablemente soy del tipo de mercenarios que cultiva enemigos que muy pocos quisieran tener. - Su sonrisa se tornó un poco melancólica. No lamentaba en lo absoluto dedicarse a lo que se dedicaba, ni dedicarse a la causa que creía correcta. Pero eso no evitaba que sintiese lástima por la clase de problemas que podía traerle a él y a los suyos, o incluso a seres queridos. Los mercenarios fácilmente podían hacerse enemigos, pero en su caso particular estos estaban compuestos por nobles corruptos, esclavistas y toda clase de alimañas. - Específicamente formo parte de La Guardia, la lidero. Así que ya sabes, si un día tus amigos y tú necesitan de alguien que les escolte, que les recupere algo, o incluso algo más simple como mano de obra en mover algunas cosas, cuentan con nosotros. - Realizó una inclinación de cabeza luego de realizar aquella oferta.

....- Es posible que me quede un par de días por acá. Mis muchachos me tienen prohibido meterme en problemas por órdenes del doctor. - Sujetó la parte inferior de su camisa con una mano y alzó la tela un poco, al menos lo suficiente como para que pudiesen verse los vendajes alrededor de los costados, y uno de ellos subiendo hasta un hombro, mostrando así a lo que se refería. Al cabo de unos segundos volvió a bajar la camisa. - Como te imaginarás, un hombre cuya vida está en peligro día a día no es un buen prospecto de marido. Creo que ser viuda no forma parte del futuro ideal que las mujeres tienen en mente, y menos agradable suena la idea de dejar a un hijo sin un padre que le consienta, ¿eh? - Si bien se mostraba convencido de lo que decía, y parecía hablar con bastante tranquilidad del tema, podía entreverse cierto deje de nostalgia o resignación en su voz, e incluso quizá en su mirada. - ¿Qué me puedes decir de ti, muchacha? Por lo que dijiste antes se trasladarán a Downhill y Berhost, ¿tendrán que preparar todo para partir pronto u ofrecerán algunas funciones más a esta gente? - Recordó ese breve instante, minutos atrás, cuando un miembro del teatro la apartó y le compartió alguna clase de información. ¿Quizá menos propinas de las esperadas? ¿Algún inconveniente que no les dejara trasladarse en el tiempo estipulado? Por si acaso, en caso de que ese tema en particular pudiese ser muy delicado, colocó sobre la mesa otro adicional. - Me imagino que una vida como la tuya debe ser bastante entretenida. Viajar de aquí para allá, ver los rostros complacidos de la gente. Aunque debe ser difícil sentar cabeza en un lugar así, salvo que fuese con alguien de tu propio grupo.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 02, 2016 5:07 pm

Spoiler:
Vas a tener que perdonarme de nuevo... xDDD Entre los viajes navideños, compromisos familiares y el asesinato a la salud que me supone el fin de año, he tenido la cabeza en todos lados menos en la escritura, y tampoco quería forzar ni apurar el post porque mereces algo más que veinte palabras mal puestas ^^

No tuvieron que pasar demasiados minutos para que una hermosa muchacha de cabellos trenzados apareciese con una cestita de pan con queso de cabra, varias frutas troceadas, dos jarras artesanales rebosantes de la mejor cerveza, algunos cubiertos, y una enorme bandeja de cerdo troceado -¿o era jabalí?-, con patatas y verduras horneadas como acompañamiento que navegaban en un océano de salsa oscura y humeante. Wow. Un verdadero banquete a la altura de las mejores festividades. Y es que cuando una está acostumbrada a sobrevivir a base de estofados y mendrugos de pan con mantequilla, aquello era casi un insulto a la pobreza. Pero bueno, un premio es un premio y la especialidad del Gorrino Negro era, precisamente, la carne de cerdo. No dudaba de que aquello iba a estar de rechupete.

Pese a no ser una gran amante de la cerveza y del alcohol en general -la chispa se me subía demasiado rápido a la cabeza y eso, para una persona con demasiada información sobre demasiada gente, podía ser peligroso- opté por sorber un pequeño trago para empaparme de la amargura de la bebida antes de empezar a comer. Y antes de que pudiera tragar completamente, mi garganta se contrajo de forma repentina al escuchar la palabra 'mercenario' de los labios de Argus, provocándome un ligero atragantamiento que supe disimular con cortesía por medio de un suave carraspeo. ¿Era un mercenario? Pero, ¿y su arma? ¿Por qué no iba protegido?... A partir de ese momento todos mis sentidos se pusieron en funcionamiento y mi percepción sobre Argus se transformó de un simpático pueblerino a un interesante sujeto que podía sernos momentáneamente útil.

Mientras éste hablaba, yo observaba silenciosamente todos y cada uno de los detalles que conformaban su complexión sin olvidarme, por supuesto, de dar cuenta de las deliciosas y jugosas costillas del animal. Entre mordisco y mordisco contemplaba cómo mi fuerte y robusto compañero me ofrecía una información sin precedentes.

"¿El líder de la Guardia, ha dicho?... Jackpot. Bien Keeva, bien" -sonreí para mis adentros ante la importante e inusual coincidencia. Conocía la existencia de dicha organización por los rumores que volaban desde hacía meses, aunque únicamente eran soplos sin demasiados detalles al no guardar una estrecha relación con Lycia o Elibe. Pero, personalmente, tenía interés en saber quiénes eran y qué hacían por si, llegado el caso, Jauría Gris necesitase de una mano aliada. Y estrechar lazos con el líder era, cuanto menos, interesante.

En cualquier caso, e independientemente de su cargo o condición, era cierto que nuestra compañía de teatro necesitaba de alguien que supiese cómo empuñar un arma. Alguien, preferiblemente, que no estuviese lesionado.

- Oh, dioses, ¡lo siento mucho!... Espero no haberte hecho mucho daño -me disculpé en el mismo instante en el que Argus me mostró sus vendajes, recordando que, momentos antes y desde el desconocimiento más absoluto, yo misma le había propinado un amistoso codazo en las costillas.

Aquello suponía un cambio de planes, y a partir de ese momento contuve mi interés en proponerle un trato, pues no estaba segura de si un mercenario herido sería rentable a nuestro propósito, aparte que, a veces, también tocaba ser considerada con los demás. Decidí entonces mantener al margen mi debate interno y presté atención al resto de la conversación, que estaba resultando de lo más entretenida. Un nuevo mordisco a la carne y otra patata que me trago.

- ¿Yo? Bueno... Llevo desde los ocho años trabajando para Hale Haven, se diría que somos como una familia -le expliqué- Viajamos mucho, es cierto, aunque sólo durante la primavera y el verano. De resto tenemos nuestro teatro en Lycia, por lo que si alguna vez te pasas cerca, o tú y tus muchachos de La Guardia necesitáis que os amenicemos alguna fiesta, contad con nuestros servicios -propuse sonriente, tampoco estaba de más venderse un poco- Y no. ¿Sentar cabeza? Imposible. Jamás. Y menos con un compañero. Sería arriesgarse a que las cosas salgan de la peor manera y luego esa mala relación se traslade al escenario. Nuestra reputación caería el picado. Quita, quita -hice aspavientos con la mano alejando de mi cualquier posibilidad de buscar un compromiso- Tú no tienes excusa. Apuesto a que existen muchas mujeres habilidosas en combate dispuestas a ofrecerte mucho más que su espada y a las que no les importaría cubrirte las espaldas en una batalla. No desperdicies tus genes -bromeé soltando una carcajada, y es que me encantaba pinchar a la gente.

Volviendo de nuevo al tema que nos ocupaba, el hecho de que el cabecilla de La Guardia se encontrase sentado frente a mis narices me hacía suponer que, por lo menos, debía de proponerle nuestro problema.

- Bueno, Argus... No pensaba molestarte con mis problemas y más viendo cómo te encuentras -me refería, por supuesto, a sus heridas- Pero lo cierto es que los chicos y yo necesitamos de un escolta que nos ayude a llegar a Downhill. Al parecer han avistado un pequeño grupo de bandidos merodeando por los alrededores, y si bien algunos de nosotros sabemos defendernos, nuestras habilidades no son tan altas como para evitar que terminen asaltando los carromatos con nuestras pertenencias dentro -expliqué- Puedes contactar con alguno de tus chicos de La Guardia en el caso de que no te veas capaz de empuñar un arma. Podemos esperar. Te pagaré bien.

Aquello no era del todo cierto, ya que muchos de nuestros miembros eran luchadores, hechiceros, o antiguos asesinos que sabían cómo degollar a una persona en medio segundo. El problema radicaba en que no podíamos ser vistos derramando sangre por los caminos, o de lo contrario los rumores sobre una compañía de teatro cuyos actores eran igual de letales que cualquier guerrero bien entrenado nos convertiría en objeto de persecución e investigación. Era preferible gastar algunas monedas en contratar los servicios de algún mercenario y mantener intacta nuestra reputación. Sin riesgos.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 03, 2016 5:45 pm

Spoiler:
Tranquila, no hay nada por lo que disculparse. Es normal que en esas fechas no tuvieses tiempo para postear, e incluso si no fuesen fechas festivas todos tenemos cosas fuera de la computadora que nos ocupan a veces. Así que no te preocupes, tú a tu ritmo y sin presiones.

....El mercenario permaneció en silencio mientras la empleada comenzaba a traer a la mesa la comida. Se encontraba mudo de la sorpresa, y es que hacía bastante tiempo que no veía delante de sí un banquete de semejante magnitud. En la vida de aquel hombre la definición de "comida lujosa" era contar con algo de carne en el plato, y cuanta más carne mejor. Pero lo que le servían en la mesa superaba con creces lo que había imaginado. Y tan pronto la fémina terminó de entregar la comida el pelirrojo soltó un silbido de sorpresa e intercaló la mirada entre su compañera y el banquete. - ¿Y esto es lo que se gana uno por atinarle tartas a la cara a otras personas? ¡Vaya, me he equivocado de profesión entonces! ¡Ja, ja, ja! - Su mano se dirigió directamente hacia la jarra de licor que le correspondía para llevársela a la boca en el acto. Dos dos sorbos lentos y prolongados saboreando la bebida, de mucha menor calidad que la mayoría que había tomado días atrás.

....Luego realizó una pausa para continuar hablando con la muchacha. Y no es que fuese por un asunto de educación y de no hablar con la boca llena, sino que tenía la sospecha de que tan pronto le hincara el diente a ese cerdo no querría utilizar su boca para nada más, ni siquiera para decir su nombre. -
No te preocupes, no te preocupes. ¡Vaya que me han dado golpes peores! - Contestó con una sonrisa a la disculpa de la muchacha y realizó un ademán en señal de restarle importancia al asunto.

....- Comprendo. Supongo que tienes razón, cualquier roce que hubiera y todo el grupo saldría perjudicado. Pero, ¿en serio nunca te ha dado por sentar cabeza? ¿Ni siquiera con alguien fuera de tu grupo de teatro? No creo que conseguirte a un buen compañero de vida implique abandonar tu vida. Él podría viajar contigo sin ser necesariamente parte del grupo. - Le producía cierta lástima que aquella joven, que llevaba una vida mucho más tranquila que la de él y con menos riesgos, se privase a sí misma de la oportunidad. Quizá él no fuera el hombre más experto en asuntos del amor, pero vaya que había escuchado de boca de los bardos cómo éste podía resultar una maravillosa fuerza motriz en la vida de alguien. - Por mi parte el asunto no es tan fácil. Es verdad, podría entrelazar mi vida con la de una dama tan aguerrida como yo que me acompañase en el campo de batalla o me cuidase. Pero la clase de vida que llevo siempre tiene riesgos. Unirme a una mujer es, creo yo, condenarla a que un día deba llorar porque su hombre ha muerto en la batalla, en vez de haber envejecido junto a ella. - Negó con la cabeza al explicar la situación. Se veía a sí mismo como una persona que no era apta para experimentar esa clase de relación. - Incluso si la dama en cuestión accede a arriesgarse a una vida así, sería egoísta de mi parte. Tampoco podría darme el lujo de abandonar la vida que llevo, pues no vivo para mí sino para otros. Dejar de lado algo así por un beneficio personal sería todavía más egoísta. - Pues a sus ojos cargaba en sus hombros con la responsabilidad de cuidar y velar por el bienestar de quienes estaban bajo su ala, y en más de una ocasión eso no se conseguía a base de palabra y diplomacia, sino a través de la espada.

....Le cedió finalmente la palabra a la muchacha, quien parecía interesada en explicarle algo. Él no desaprovechó la oportunidad para, al fin, echarle mano al cerdo. Sostuvo una costilla y la restregó múltiples veces sobre el jugo, para luego llevárselo a la boca y dar un buen mordisco. No pudo evitar cerrar los ojos por unos segundos mientras el sabor invadía cada rincón de su boca y embriagaba su paladar. Y así, al volver a abrir los ojos para contemplar a su interlocutora, se dedicó a devorar, pues no existía un término mejor para lo que hacía, toda la carne que había contra el hueso. La siguiente vez que empleó sus manos fue para sujetar dos costillas más, una en cada mano, y comerlas con avidez y deleite.


....- Phog im gro jai... - Trató de hablar, pero era como si los trocitos de carne que estaba masticando, y que ni siquiera ocupaban toda su boca, se negaran a dejarle distraerse con algo más y acaparasen la atención de ésta. Dejó ambas costillas sobre la mesa y con la zurda hizo un gesto a la chica para que le esperase. Empleó algunos segundos para terminar de masticar e ingerir y acto seguido se chupó cada uno de los dedos. - Perdón. Es que esta comida es un manjar, ¡demonios! Bien, te decía... Por mí no hay problema de ayudarlos, La Guardia está no muy lejos de aquí de modo que, de enviarles una carta, en día y medio o dos días deberían estar aquí ya organizados. El precio lo podríamos negociar luego de ver la ruta que hay que trazar, la distancia a recorrer, y qué tanta gente se utilizará para la escolta. Podría tratar de hacerles un buen precio, todo sea con el afán de promover tan hermoso arte en la región. - Esbozó una sonrisa ante aquel detalle. Era cierto, había disfrutado de las obras de aquel grupo y le parecía apropiado facilitarle ese placer a otros pueblos, pero también había cierta pisca de agradecimiento por el hecho de que gracias a ellos estaba teniendo semejante banquete.

Spoiler:
Canción que me venía a la mente mientras me imaginaba a Argus comiendo toda esa comida deliciosa.

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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Jue Ene 07, 2016 2:09 pm

Spoiler:
xDDDDDDDDDDDDDDDDDD me mataste con ese vídeo, jajajajaja

La carne estaba tan tierna y jugosa en el interior que no tuvo que pasar demasiado tiempo para que desechara mis cubiertos con exasperación y agarrase esas costillas como bien merecían ser agarradas: con las dos manos. Al diablo con los modales y el sobreactuado refinamiento femenino; todo eso podía quedarse guardado en mi cajón de las actuaciones de teatro. Y es que llevar un bonito y cuidado vestido de seda roja no implicaba que tuviera que sentarme con la espalda recta ni mantener mi barbilla alzada en un ángulo incómodo. Una dama no debía de poner nunca los codos sobre la mesa, ni encorvarse a la hora de comer, ni mucho menos utilizar sus manos para pringarse de unos alimentos que ya de por sí destilaban grasa y salsa en cantidades inconmesurables. ¡Faltaría más! El problema, amigos míos, es que a mi me entrenaron para rastrear y matar, no para obedecer estúpidos cánones establecidos esperando, ¿qué? ¿aceptación, aprobación, o integración social? Nada de eso. Mi conciencia ya llevaba muchos años manteniéndose al margen y no necesitaba demostrarle nada a nadie. Bueno, sí... pero eso... es otra historia.

No despegué los ojos de mi alimento y empecé a roerlo con gusto. Argus tampoco parecía querer quedarse corto, y entre mordisco y mordisco la conversación continuó su rumbo.

- Mhh-mhh -negué con la cabeza al tener la boca ocupada en otras tareas de mayor importancia. Al cabo de unos segundos tragué y me ayudé de otro sorbo de cerveza para bajar la comida- Tengo demasiadas cosas que hacer como para permitirme el lujo siquiera de pensar en sentar la cabeza. ¡Además todavía soy muy joven! Sería una distracción innecesaria y egoísta. No puedo pedirle a nadie que me acompañe por medio mundo cuando mi compromiso está con mi público, no conmigo misma -expresé con indiferencia sin darle la mayor importancia.

El padrino siempre me decía que estrechar demasiado los lazos con alguien te volvía estúpido, débil y vulnerable. Un leve tropiezo y no tardarían en ponerle precio a mi cabeza, apuntando primero a todos aquellos que me importaban para hacerme un daño que escocería más que cualquier herida física. Como decía él, "es mejor no sentir nada, que saber que lo que sientes es una mierda."

- Míranos, aquí comiendo y hablando como si tal cosa, y resulta que tenemos más cosas en común de lo que parece -bromeé dibujando una divertida sonrisa- Ay ay... qué perra es la vida que nos hemos buscado, ¿eh? Pero aquí seguimos, como si realmente nos gustara hacer lo que hacemos -una carcajada acompañó mi comentario, y es que a pesar de todo, estaba bastante satisfecha no sólo con la compañía de teatro, sino también con mis deberes con Jauría Gris. Supongo porque tampoco conocía nada más. Desde muy pequeña, aquel había sido todo mi mundo.

Utilicé las migas del pan para limpiar parcialmente mis pringosos dedos de salsa, y con la misma me las metí despreocupadamente en la boca. Ahora me apetecía atacar un poco de fruta.

- Hmm, ¿así que La Guardia está cerca, has dicho? -pregunté con curiosa inocencia buscando sacarle el emplazamiento de su organización con disimulo- ¿Entonces tenéis una base, un cuartel o algo así? ¿Y prosperáis bien? Me refiero, ¿tenéis muchos adeptos a la causa? -y para que no cantase demasiado mi descaro, rectifiqué con naturalidad- Oh, disculpa si estoy preguntando demasiado. Es sólo que me parece que tenéis unos motivos muy nobles para actuar, y bueno, no es algo que se vea muy a menudo -aquello lo dije con total sinceridad, y es que tampoco estaba de más investigar a unos posibles aliados- La ruta, bueno... lo ideal sería partir hacia Downhill en dos o tres días. Podemos dar algunas actuaciones más por aquí mientras esperamos. ¿La distancia quizás... unos quince o veinte kilómetros? No sé, pienso que con uno o dos guardaespaldas será suficiente, siempre que la situación ahí fuera no se complique -finalicé mientras apoyaba momentáneamente la espalda en el respaldo de la butaca. Sentía que mi estómago necesitaba una tregua.
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Invitado el Vie Ene 08, 2016 11:51 pm

....El mercenario no se mostró interesado en continuar insistiéndole con la idea de que buscase un compañero emocional, por denominarlo de alguna forma. Y que no lo hiciera poco o nada tenía que ver con el hecho de que su boca una vez más se encontrase ocupada con la gratificante tarea de saborear la carne de cerdo, sumamente jugosa y con un sabor que se exacerbaba gracias la salsa que le bañaba. La verdadera razón es que, sin lugar dudas, veía en la chica que tenía delante a una proyección de sí mismo, si bien en un ámbito distinto. Tal como le había expresado segundos atrás, él también consideraba un acto egoísta el unir su vida a la de otra persona que cualquier día podría perderle. Y, de la misma forma que ella, en aquellos momentos de su vida sentía que su compromiso no iba dirigido hacia él sino hacia sus muchachos, e incluso hacia las personas a quienes protegían. Cualquier cuestionamiento frente al argumento de la fémina sería pura hipocresía.

....No fue demasiado el tiempo que tuvo que dedicar a las dos costillas que quedaron inconclusas en su plato para que de ellas quedasen exclusivamente los huesos. Casi de inmediato su diestra sujetó la jarra ornamentada para llevársela hasta los labios dando un prolongado trago a la cerveza. Un par de hileras del licor descendieron por su barba y allí se perdieron antes de que la jarra regresase hasta la mesa. -
Y no creo que te equivoques, muchacha. Nos gusta lo que hacemos y por ello no hay de qué arrepentirse. Con nuestras acciones y la vida que vivimos producimos un bien en otros, incluso si eso implica ciertos sacrificios por nuestra parte. - La siguiente víctima de su insaciable apetito fueron los panes con queso de cabra. Agarró unos cuantos y los colocó en su plato. El primero no duró más que unos pocos segundos en ser devorado, mientras que decidió experimentar con el segundo y mojarlo en la salsa del cerdo antes de darle un par de mordiscos. El resultado había sido delicioso. - Déjame decirte, sin embargo, que tu oficio en mi opinión es mucho más digno y admirable que el mío. Ambos servimos a la gente y buscamos su felicidad. Pero, a diferencia mía, tú eres una muchacha que sabe sacar sonrisas y alegrar la vida de los otros sin tener que ensuciarte las manos con un arma o derramando sangre. Y eso, pequeña, sí que es algo que merece un aplauso. - Le señaló con el pan empapado en salsa mientras hablaba, y al acabar se lo arrojó a sí mismo a la boca para capturarlo en el aire con los dientes.

....- Sí, La Guardia está cerca de aquí a solo unos días de viaje, en un palacio que lleva mucho tiempo abandonado. De modo que con que le envie una carta a mis chicos cuando acabemos aquí seguro que esta misma semana llegarán. - Por lo que le indicaba la muchacha requerirían solo dos de dos escoltas. Tratándose de un viaje tan corto tenía sentido que no buscasen una protección demasiado numerosa, además de que cuantas más personas hubiesen involucradas mayor sería el costo. Haría que dos de los miembros del gremio se aproximasen a ese pueblo, y él mismo se uniría al viaje aunque en calidad de acompañante sin cobrar por su protección. Afortunadamente su armadura y su arma se encontraban en la habitación de la posada. - De todos modos no te preocupes mucho por preguntar. No me molesta platicar del gremio, por el contrario, ¡me enorgullezco de ellos! Contestando a tu pregunta: tenemos algo de gente, sí, aunque no todos son soldados. Tenemos campesinos, sastres, herreros. - Explicándolo de ese modo el lugar podía hasta ser visto como alguna especie de pequeño pueblo, y aquella pequeña idea le sacó una sonrisa.

....Arrancó un pedazo de carne de cerdo y la colocó encima del último pan con queso que le quedaba en el plato, y hecho eso comenzó a degustar de la pequeña mezcla mientras contemplaba atentamente a la artista. -
¿Será muy imprudente si te pregunto cómo fue que una muchacha como tú acabó en el mundo artístico? ¿Tu familia se dedica a eso?
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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

Mensaje por Marth el Sáb Abr 16, 2016 11:39 pm

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Argus gana 50 G


M a r t h
FichaCronologíaRelaciones ❝Lo lamento pero... no puedo permitirme una derrota.❞

Premios:






Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Príncipe de Altea

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
esp. de bronce [1]
esp. de acero [4]
Vulnerary [3]
.
.
.

Support :
Eliwood
Eugeo
Artemis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1961


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Re: En días de paz [Privado] [Keeva, Argus]

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