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Un mundo de hielo [Privado Florina]

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Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Marth el Sáb Nov 28, 2015 8:31 am

Le quedaban pocos días de su viaje a Elibe, pronto volvería a Altea y toda su aventura habría terminado pero no quería irse sin explorar un poco más, con el sabor de la aventura aún en sus labios había organizado un último viaje a conocer lo que en su tierra nunca había llegado a ver: nieve.

Había visto muchas ilustraciones y pinturas, mantos blancos como nubes y que describían fríos como diez inviernos, lugar donde el pasto no creía y los ríos eran de cristal. A oídos de Marth todo parecía un mundo mágico que no podía llegar a creer como cierto, todo era demasiado maravilloso y no podía perder esa oportunidad, en ninguna parte de su continente nevaba, ningún país vecino, fuese aliado, enemigo o neutral conocía aquellos paisajes enigmáticos y quería ser quien volviese con esas hermosas historias.

Se había preparado en Pherae, tenía una montura nueva, un caballo blanco como las praderas que visitaría, se había mandado confeccionar una capa de terciopelo azul recubierta en piel blanca de liebre así como el marqués de dicho territorio le había ayudado a comprar ropas acordes, de lana recubiertas en algodón con bordes de pieles. No tenía tanto tiempo como para mandarse confeccionar a medida toda su ropa por lo que había recaído todo en comprar a excepción de la capa. Sus caballeros de confianza le acompañaron, también siendo proveídos de capas de lana gruesa para cubrir sus cuerpos y sus caballos, así como ropas acordes. Si bien todo le parecía demasiado exagerado al peliazul no cuestionó y siguió los preparativos como se le había indicado y partieron temprano en la mañana, tardarían un par de días en llegar y ya tenían todo su camino marcado con las correspondientes paradas en hospedajes (avisados por los marqueses que albergarían a un príncipe) y donde se detendrían a comer y estirar las piernas. La transición de clima había sido interesante, primero poniendo su capa sobre sus hombros y cuando el viento frío de la mañana les heló la punta de la nariz supieron que tendrían que dar uso a las abrigadas prendas.

Llegó al primer poblado nevado pasado el mediodía, el momento más cálido del día, sin embargo la nieve cubría el piso por varios centímetros y una muy suave nevada dejaba apenas pequeños copos de nieve volar por el aire. Marth estaba embelesado, su mirada azul perdida en aquel lugar, las pequeñas casitas humildes estaban cubiertas de nieve y el príncipe aún no bajaba de su caballo pero veía con fascinación como las patas del animal se hundían en aquel extraño material dejando huecos por donde iban pasando. Con su capa de piel y sus ropas abrigadas parecía más un rey vestido de azul y blanco que un príncipe, agregando volumen a su cuerpo parecía mucho más fornido y mayor de lo que sus rasgos infantiles marcaban. Se suponía que debían almorzar allí pero los caballeros que le acompañaban parecían confundidos, aún sobre sus caballos estaban discutiendo por lo que el príncipe guió su caballo hacia ellos - ¿Qué sucede, caballeros? - preguntó notando que tenían el mapa en sus manos, uno de ellos carraspeó - Príncipe, se nos informó que habría una taberna de buen renombre en este lugar y no está, se supone que era a la entrada del pueblo pero solo hay casas y una tienda de vasijas. - Marth miró el lugar a su alrededor y comprendió de inmediato el problema aunque no encontraba una solución sencilla. Habían desayunado hacía horas y ya todos tenían hambre, sin taberna no habría almuerzo, necesitaban encontrar un lugar para comer algo caliente y él moría por una copa de vino tibio. Apartándose un poco del grupo de caballeros encaminó su blanco corcel hacia el camino, más despejado de nieve adentrándose un poco al pueblo, viendo a una chica con un caballo blanco se acercó al trote deteniéndose al acercarse - Mis disculpas joven señorita. Si no es molestia me gustaría disponer de su amabilidad. - de cerca notaba los grandes bultos a los lados del caballo... alas recogidas, un pegaso. Conocía dichas criaturas puesto que en su país había, pero no era común verlas, menos en pueblos.


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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 04, 2015 7:07 pm

Queridas Fiora y Farina:
Hubo un ataque de los emergidos cerca de Edessa. Aparentemente fue un grupo muy pequeño, por lo que la poca gente apta para luchar que se encontraba aquí pudo encargarse de ellos… pero de todas formas parece que lograron llevarse consigo algunas vidas y unas cuantas casas y establecimientos. Estoy aquí de nuevo por eso… Sólo quería ver que las tumbas de mamá y papá estuvieran bien en el pequeño cementerio. Volé hasta acá tan rápido como Huey pudo, ¡creo que se ha vuelto más rápido, porque llegué muy pronto! Apenas llegué entré a casa, la verdad no he ido a revisar la zona…

… y tengo algo de miedo de que las otras muchachas me vean… Prometí que no volvería hasta ser una jinete pegaso hecha y derecha, pero dudo haber conseguido las habilidades que quiero en menos de un mes… Ojalá no me digan nada…

Espero que les esté yendo bien con sus misiones, y rezo porque vuelvan sanas y salvas. Luego les escribiré sobre las novedades en casa.

Las adoramos mucho,
Florina & Huey

Doblando el pequeño trozo de pergamino en el que había estado escribiendo, lo metió en un cajón, y colocó la pluma que había utilizado hasta ahora en su lugar, tapando a su vez la tinta con la que escribía. Entre sus planes no estaba volver a Ilia tan pronto, tal como contaba en la carta, pero su sentido de patriotismo le impidió simplemente quedarse en Lycia y dejar las cosas pasar. La tumba de sus padres estaba en una zona que fácilmente podía ser arrollada por ejércitos de silentes, y bueno… ella no quería que eso pasara. Y, si había pasado, quería al menos tratar de reconstruirlas en algo un poco más decente que lo que probablemente aquellas criaturas habrían dejado a su paso.

Al viajar en pegaso, y ahora contar con la (muy poca, pero existente) experiencia de haber pasado anteriormente por las llanuras de Sacae y territorios fronterizos de su propia región, el regreso a sus tierras se le hizo corto, sencillo y ameno. Había pasado el día en el pequeño hogar que compartía con sus hermanas, mas como de costumbre, lo sentía como una mansión gracias a la ausencia de las mujeres. Desayunó rápidamente lo poco que pudo encontrar en la abandonada alacena, y salió de su casa.

Como de costumbre, Huey se encontraba en el pequeño e improvisado establo al lado de su casa, apenas un techo con un largo abrevadero, pacas de heno y un balde con algunas zanahorias, las pocas que habían quedado de la paca que Florina había obtenido en Ostia. Aunque no era muy lujoso, el pegaso se sentía inusualmente a gusto en ese pequeño hangar, por lo que la pequeña de cabello violeta no tenía que preocuparse porque el corcel saliese volando a cualquier otro lugar que llamase más su atención.

Vamos, Huey. Hay que averiguar cómo están las cosas por ahí… —le llamó. El equino, con un resoplido de fastidio, salió de su zona de descanso predeterminada para seguir a su dueña.

Florina y sus hermanas vivían en uno de los poblados principales, pero el cementerio donde sus padres estaban enterrados y, además, los pueblecitos menores donde habían ocurrido los ataques, se encontraban un poco más apartados. Así pues, con bastante tranquilidad tomando en cuenta que iba a verificar que la tumba de sus pobres difuntos no estuviese hecha trizas por un mal gracias a Elimine ellos no debieron conocer, la joven voló sobre su (casi) siempre fiel montura hasta el poblado más cercano al cementerio.

Acostumbrada al frío de Ilia luego de dieciocho años viviendo en el mismo lugar, la joven apenas e iba cubierta. Su típica armadura y los ropajes bajo esta eran acompañados sólo por una capa un tanto roída, no lo suficiente como para confundir a la pequeña joven con una niña vagabunda, pero sí como para decir que a la chica no le vendría mal una capa nueva. Ni un escalofrío por la temperatura recorrió su cuerpecillo en el limitado tramo que tuvo que recorrer en el aire para poder llegar al poblado que iba a visitar.

Aterrizó cerca de la entrada del pueblo, dándole una palmada a su corcel y bajándose de un salto de éste, acomodando descuidadamente su capa. El lugar se veía  relativamente tranquilo, mas ella pudo notar sin mucho esfuerzo la ausencia de ciertas edificaciones en la zona. Los lugareños o se habían desecho muy rápido de los escombros de los lugares destruidos, o los mismos emergidos habían vuelto polvo todo posible escombro que fuera a quedar. La poca gente que se encontraba de las calles se dedicaba a sus actividades cotidianas… la verdad no parecía que hubiese pasado nada tan grave. Con suerte quizás el cementerio estaría bien…

¿Ah? —Fue sacada de sus tan profundas y serias meditaciones por una voz que pedía su asistencia. Se dio media vuelta, encarando a su interlocutor.

No pudo evitar abrir levemente sus ojos en asombro al ver al refinado caballo blanco frente a sí, pero aún más, a la noble figura que se encontraba cabalgando el corcel. Recubierta en una finísima capa aterciopelada que se veía a leguas que estaba hecha de los mejores materiales que se pudiesen disponer, la persona iba ataviada con elegantes ropajes. Mostraba un porte majestuoso encima del equino blanco como la nieve, y su perfilado rostro libre de imperfecciones contenía unos ojos claros como el cielo, enmarcados por una no tan larga pero sí lacia cabellera azul. Y, coronando aquella muestra de estilo, una tiara completaba el look general.

Florina estaba boquiabierta ante la cantidad de lujo frente a sus narices. Últimamente parecía tener muchos encuentros con gente de la alta alcurnia... Le sorprendía ver a alguien de esa clase en un pueblecillo tan modesto. Eso, claro, no opacó su amabilidad general, por lo que sacudió su cabeza, reaccionando luego de quedarse empanada por unos minutos.

S-sí, claro, mi… —guardó silencio, volviendo a ver a la persona frente a sí, ahora con cierta duda, duda que intentó por todos los medios existentes no se mostrase en sus facciones, pues probablemente sería sumamente grosero.

¿¿Sería un hombre, o una mujer, el individuo que le pedía ayuda??

… Milady —terminó por concluir. Aún poco dicha de la apariencia de los hombres de la alcurnia, siendo de momento Hector su única referencia, encontraba imposible que un hombre pudiese tener facciones tan finas y delicadas, incluso a la edad que asumía que tenía, pues se veía prácticamente contemporáneo con ella. Quizás sólo le veía un tanto masculina debido al grosor de los ropajes que portaba. Además… llevaba una tiara. Los hombres no llevaban tiara… ¿no?— ¿En qué puedo ayudarle? —preguntó amablemente, hablando con soltura al creerse interlocutora de una mujer.


Última edición por Florina el Vie Ene 08, 2016 6:37 pm, editado 1 vez
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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Marth el Vie Dic 18, 2015 1:42 pm

Haber encontrado ayuda era un alivio, si bien el lugar no estaba desolado, la gente tendía a evitar acercarse a alguien noble, más que era extraño ya ver a alguien ataviado con tales ropajes, joyas y con un porte claramente noble, por pueblos así. La gente se limitaba a mirar de lejos y evitarlo si se acercaban. Para fortuna de Marth, esta joven parecía ser sumamente agradable y muy amable, con una sonrisa que enseguida calificó como encantadora, y pues, todas las jinete pegaso que conocían eran mujeres de infinita amabilidad y bondad, parecía ser algo en común que tenían aquellas mujeres y que era lo que las hacía capaz de montar tan mística criatura.

Regresó la sonrisa con una ligera inclinación de su cabeza pese a que enseguida detectó el error en el que había caído la joven. Si bien se sintió algo ofendido no era cortés el mostrarse de esa manera, siempre recto en sus modales podía ser incluso escupido en la cara y mantendría su temple y sus modales, aunque fuese para retar a un duelo. Claro, el error de esta chica no era ni por asomo tan grave, incluso podría tomarlo como una anécdota que nunca contaría. Emitió una corta risa, su voz era clara y suave, no demasiado masculina realmente, y cubriendo sus labios subió su mano, dedos finos aún bajo los gruesos guantes de lana de conejo - Oh, joven, lamento decirle que se ha equivocado. Soy varón. Y verá... he llegado recién a este pueblo con mis caballeros y según el mapa que nos entregaron en Pherae, debería de haber un establecimiento donde pretendíamos comer algo caliente y pasar la noche, pero al arribar a este lugar descubrimos, con bastante asombro, que no hay rastro alguno de dicho establecimiento. - la expresión consternada del príncipe se iba haciendo cada vez más evidente al mirar sobre su hombro, en dirección a donde el mapa indicaba que debía estar la posada.

Los caballeros aún estaban sobre sus caballos en aquel lugar, sus caballos, abrigados con gruesas capas con el escudo de Altea bordado en ambos costados dejaban escapar nubes de aliento por sus narices mientras se removían inquietos por el frío en sus patas, pues la nieve llegaba casi a los tobillos de los animales, y la comitiva, inexperta en el viaje en nieve no les habían puestos muñequeras a los animales, ni se preocupaban de llevarlos sobre el empedrado para sacarlos de la nieve.

El peliazul volvió la vista a la joven con una amable sonrisa - ¿Sabría usted donde podríamos encontrar un establecimiento? Preferentemente con caballerizas para que nuestros animales puedan descansar. - más que nada cuidaba, por sobretodo al caballo blanco, regalo del marqués de Pherae, un animal tan elegante y de color tan puro que en su momento había pensado que se trataba de un pegaso con sus alas amputadas.


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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 23, 2015 4:12 pm

El cerebro de Florina hizo un cortocircuito ante las palabras del noble. “Soy varón”… Hizo hasta lo imposible para ocultar la mueca de incomprensión que luchaba por adornar su rostro. Incluso cuando se lo dijo soltó una risilla, acompañada de tales gestos que la jovencita, la cual no estaba acostumbrada a la finura de los hombres de la alta alcurnia, no podía si no comparar a los de una mujer. Su voz, aunque sí poseía un timbre masculino, no era tan notorio como para que la pequeña hubiese deducido su género por su entonar… Y no podía dejar de mirar la tiara. No pudo si no sentirse una completa ignorante por haber cometido un error tan garrafal, y más frente a un caballero que, si bien en apariencia no parecía habérselo tomado a mal, probablemente se había ofendido por su equivocación. ¡Qué vergüenza!

¡L…lo s-iento mucho! ¡D-disculpe…! —Se disculpó con mil y un reverencias, jalando las riendas de su pegaso para que hiciera lo mismo, aunque a este le daba especialmente igual si el noble con el que su dueña hablaba era hombre, mujer, lagarto o planta— ¡Qué vergüenza…! —murmuró en voz baja, mas detuvo sus disculpas para escuchar al joven, que siguió la conversación como si nada.

Al mismo tiempo que él, volteó a ver al lugar donde, efectivamente, debería haber estado una posada. La consternación en el rostro del peliazul rivalizaba con la pena en el suyo propio: Si bien muy probablemente el viaje del joven con sus esbirros debía haber sido relativamente sencillo, pues que un noble tuviese un viaje tortuoso era algo impensable para la chica; no dudaba que estuviese cansado de la larga cabalgata. Además sintió pesar por los caballos que los tres montaban, corceles que se veían saludables y bien entrenados, pero que obviamente no estaban acostumbrados ni bien protegidos para el gélido clima de sus tierras. Rascó su mejilla, con timidez.

Uhh, bueno… s-sobre eso… —empezó, con un tono pesaroso que indicaba que lo que iba a decir muy probablemente no aliviaría al noble y su comitiva— Hace poco este pueblo sufrió un ataque por parte de los emergidos de la zona... Y aunque se llevaron pocas vidas, sí lograron arrasar con varias edificaciones… entre las que se encuentra la posada de la que usted habla, milord —explicó con voz tímida, que iba bajando a cada palabra que salía de sus labios, temerosa. Que la única posada en toda esa zona ya no existiera y, por ende, el caballero y sus escoltas no tuviesen un lugar para descansar en condiciones, no daba muy buena primera impresión de sus modestas tierras.

Meditó por algunos segundos la pregunta del muchacho, pues a falta del lugar que iban buscando, ella debía ofrecerles una mejor alternativa. Pero ese pueblo estaba descartado: Fuera de la ahora inexistente posada, aquel era un poblado sumamente pequeño y humilde, en el que sólo había casitas y muy, muy, muuuy sencillas tiendas de víveres y artesanías. Nada que pudiese interesar al joven, pensó ella, y nada que pudiese cubrir sus necesidades actuales. Así pues, aunque a ella misma poco le convenció la solución que iba a dar, no le quedó de otra que decirla, pues no pensaba dejar al amable caballero desamparado en parajes desconocidos.

L-lamento decirle que en este pueblo no conseguirá un… uhm, establecimiento en el que pueda descansar cómodamente, milord —explicó, ahora rascando levemente su cuello con nerviosismo—, pues aquí sólo encontrará pequeños hogares de familia… S-sin embargo, no tan lejos de aquí se encuentra mi poblado… E-es uno de los poblados principales de Ilia, y tiene una posada que e-estoy segura suplirá sus necesidades… —Tragó saliva, pues ahora tocaba explicar el contra— P-puedo guiarles hasta allá, si usted gusta, y a buen paso quizás podríamos llegar al anochecer… —calculó, aunque no estaba segura, pues volar en pegaso era infinitamente más veloz que ir a pie o a caballo, especialmente en los helados bosques ilianos. No sabía si el joven accedería, pero era eso, o hospedarle momentáneamente en alguna casa de familia, que probablemente no tendría suficiente para ofrecerle. Ojalá en sus tierras se preocupasen más por el buen trato a los turistas…


Última edición por Florina el Vie Ene 08, 2016 6:52 pm, editado 1 vez
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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Marth el Miér Dic 30, 2015 1:39 am

Era la primera vez que el joven veía nieve en su vida, así mismo sus caballeros, por lo que lo inclemente del clima les golpeaba con lo más fuerte... por más que ni siquiera estuviese nevando, el simple clima frío y la presencia del manto blanco era suficiente como para hacer temblar a los hombres y buscar con desespero un lugar donde pasar la noche y tomar algo caliente. Se podía ver la preocupación en los caballeros un tanto más lejos que ellos que jalando suave de las riendas de sus animales los guiaban algunos pasos mientras miraban por las calles sin mucho éxito de encontrar un cartel mágico que indicase una posada, volvían a revisar el mapa y negaban con su cabeza como si no pudiesen creer que la taberna no estuviese en el lugar indicado.

El joven noble, a primeras vistas, parecía mucho más tranquilo, asintiendo y sonriendo a las disculpas de la chica que parecía morir de vergüenza en el lugar, incluso obligando a su mal humorado pegaso a disculparse también con una reverencia - Pierda cuidado, por favor. No fue algo realizado con maldad si no que un simple error. - dijo comprensivo con el tema, viendo como ella se disculpaba suavizaba bastante la ofensa que había tomado en primer lugar. Si bien para él era más que obvia la diferencia intentaba ser comprensible, en Altea era normal ver nobles varones con gestos delicados así como portes delgados e incluso femeninos, aunque el joven príncipe parecía pasar un poquito esa delgada línea, más con la tiara de su hermana, accesorio que nunca vio mal sobre su cabeza, o quizás se acostumbró demasiado a verse así como para dudar al respecto.

A medida que la joven hablaba y le decía de los ataque sufridos su rostro se volvió más serio, conocía esos enemigos, azotaban también sus tierras del otro lado del mar, y si bien en su estadía en Pherae ya se había enfrentado a estos, no esperaba ver tan pronto señales tan cercanas de sus pasos. Tomó aire y se giró un poco para volver a mirar el lugar, esta vez con otros ojos, buscando heridos, quizás señales de gente sin hogar, casas destrozadas, pero solo vio el pueblo funcionando de manera normal. La gente ya se había adaptado, ya habían limpiado las calles, levantados los techos caídos y curado a sus heridos, ni siquiera podía brindar una mano solidaria en el lugar, así de tarde había llegado. Al menos no había sido tan grave. Regresando su atención a la joven de cabello lila asintió suave - Sería un honor que nos escoltase si no es mucha molestia. - la verdad era que llegar al anochecer no era algo que le agradase demasiado, sobretodo por ya contar con hambre y moría por beber algo caliente, pero sus opciones eran limitadas. No consideraba correcto molestar a gente de familia donde ni siquiera había sido invitado.

Pensó en sus caballeros, no emitirían queja, lo sabía, sin embargo no quería tampoco llevarlos tan al límite como para tenerlos todo el camino sin descansar ya viniendo de un trecho bastante largo de por si, más en el inclemente clima. Suspiró cortamente llevando una de sus manos enguantadas a su mentón de manera pensativa - Tendríamos que apresurarnos, nos advirtieron que nos mantuviéramos lejos de los árboles en la noche por ataque de lobos... Sin embargo no hemos hecho pausa alguna desde la mañana y mis hombres necesitarían al menos un lugar donde comprar algo de alimento para comer en el viaje, fruta quizás, carne salada, llenar nuestras botas de vino para mantener el calor, quizás un poco de agua para nuestros caballos... ¿Eso podríamos conseguir en este poblado o deberemos viajar en estas condiciones?  - el paseo comenzaba a complicarse, contaban con esa parada para re abastecerse y ya habían consumido casi todos sus suministros.


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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 09, 2016 2:04 am

En una fría actualidad, una en la que el mismo mal aquejaba a todas las naciones y cada una debía ocuparse de sí misma antes de considerar prestar ayuda a las demás, Ilia había sido especialmente afectada: la vida en el país, que desde tiempo inmemorial había sido dura debido al templado clima, la escasez de agricultura y la pobreza general, se había visto acrecentado gracias a la aparición de los emergidos. Florina había tenido que ver como los poblados más pequeños de las tierras que tanto amaba eran arrasados sin piedad debido a la nueva amenaza, sin oportunidad alguna de supervivencia dada la falta de seguridad de los pueblos menores. Sólo principalmente Edessa, su ciudad, siendo la capital y la sede de los escuadrones de jinetes pegaso y mercenarios ilianos; y los poblados que contaban con dinero suficiente para contratar mercenarios que les protegieran, habían logrado sobrevivir a aquella locura.

Le causaba pesar el hecho de que su propia gente sintiese la necesidad de cobrar sus servicios para proteger a los suyos. Entendía que muchos habían vuelto sólo para proteger a su patria, que era su único ingreso, que quizás poco más podían hacer, pero… seguía pareciéndole un tanto despiadado. Era incapaz de pensar que el sacrificio de unos contribuiría al bienestar de otros, demasiado buena para poner en una balanza el valor de una vida humana contra las demás. Era aquella una de las razones por la que deseaba ser más fuerte: para proteger a sus compatriotas de la amenaza que se cernía sobre ellos y sobre todas las naciones. Era casi un milagro que ese pueblo, uno de los pocos poblados menores que quedaban en pie, estuviese casi entero, casi sin bajas y sólo con construcciones destruidas; construcciones y bajas de las que los habitantes se habían encargado a la brevedad, tristemente acostumbrados a aquel estilo de vida que se habían visto obligados a adoptar.

Sonrió tímida aunque insegura cuando el noble finalmente aceptó su ofrecimiento. Esperaba que nunca hubiese tenido que lidiar con los emergidos que no tuviese que hacerlo en ningún momento, pues ahí en ese poblado poco se veían los estragos causados por aquellas criaturas oscuras en piel humana, pero ver lo que podían causar realmente… era muy distinto. Ojalá no hiciesen de las suyas en la estadía del joven en Ilia, pues aunque se había mostrado comprensivo, más vestigios del paso de los silentes en sus tierras seguro le dejarían una impresión no muy buena de esas zonas nevadas.

A-ah… bueno… —murmuró queda, y no hizo más que asentir levemente a cada una de las peticiones del muchacho, asintiendo con mayor fuerza cuando le preguntó si sus necesidades podían ser cubiertas en tan pequeño poblado— S-sí, uhm… creo… creo que todo puede conseguirse aquí, milord. Si lo desea usted y sus soldados pueden buscar, eh… un lugar para descansar momentáneamente —le sugirió, aunque dudosa pues poco lugar había para descansar que estuviese a la atura del caballero y sus escoltas, a menos que decidiesen esperar debajo de un árbol—, yo… yo puedo buscar las cosas por usted… s… s-será rápido, se lo prometo… Ehm… V-vamos, Huey —ordenó a su pegaso, tomándole de las riendas para que le siguiera, cosa que éste hizo, poco interesado realmente de lo que sucedía a su alrededor.

Al ser la primera parada para un visitante de Ilia que llegase desde Sacae, aquel pueblo efectivamente contaba con suministros básicos para el camino del cansado viajero que llegaba a rebastecerse. Le alivió saber que, si bien ya la posada no existía (y esperaba que al menos pudiesen reconstruirla), al menos las pequeñas tiendas de víveres seguían en pie y funcionales. Una por una, Florina fue deteniéndose en las pequeñas tiendecillas, donde los dependientes, que pese a no verla tan seguido ya la conocían, le vendían gustosos sus productos. Aunque no era su culpa, la pelivioleta se sentía responsable de que el joven no pudiese descansar del largo viaje hasta ahí junto con sus subordinados y sus corceles, por lo que intentaba en la medida de lo posible hacerles pasar el menor esfuerzo posible y conseguirles todo lo necesario… incluso si para ello debía gastar su propio dinero.

Ya en la última transacción, no pudo si no mirar su anteriormente relativamente lleno saco de monedas con lástima: podía contar con los dedos de sus manos la cantidad de dinero que había quedado en él. Pero no importaba. Independientemente de que el noble era… bueno, noble, y probablemente podía costearse todo aquello sin dificultades, ella sentía la necesidad de cubrir todos los gastos en una forma de compensar el mal rato que le haría pasar, pues aunque nunca había viajado en tierra, siempre movilizándose en el cielo con Huey; sabía que el camino era difícil y tortuoso, mucho más para aquel que provenía de regiones cálidas y no estaba acostumbrando a las inclemencias del templado clima.

Para cuando volvió al lado del muchacho y sus soldados, Huey cargaba distintas bolsas colgándole de cuerdas y sujeciones de las riendas y la silla de montar del pegaso, todas repletas (bueno, no repleeetas… lo que la joven se había podido permitir con su dinero ahorrado) de los víveres que el peliazul le había pedido. Por su parte la jinete, con algo de esfuerzo, cargaba con dos cubos llenos de agua que había sacado del pozo del pueblo, colocándolos frente a los corceles de la comitiva una vez llegó a su lado.

Uuufff… E-ehm… aquí tiene lo que pidió —anunció diligente, mostrando el contenido de los sacos y bolsas que colgaban de su alado equino—. C-conseguí carne seca… algunas f-frutas… eh, agua para sus caballos… n-no conseguí vino, pero… uhm… —con timidez revisó una de sus alforjas personales, sacando una cantimplora de piel de entre sus pertenencias—, eh… tengo chocolate caliente… n-no es mucho, pero… —murmuró tímida, ofreciendo incómoda una de las pocas bebidas que básicamente cualquier iliano sabía hacer, para sobrellevar las bajas temperaturas—. Pueden c-comer ahora si lo desean, o… podemos partir ahora mismo… c-como usted desee, milord —ofreció, rascando levemente su mejilla.

Offcitooo:
Disculpa lo choto del post y la poca interacción pero no sabía qué hacehr :'c si quieres cualquier cosita puedo editar so sorry ily Marth
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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Marth el Mar Feb 09, 2016 6:14 pm

Spoiler:
¡¡MIL PERDONES!! Pero se me pasó este tema y juraba que lo había respondido y ahora veo de que no. Mil disculpas que respondía otros temas y este no, pero enserio pensé que estaba respondido. Ahhh no me odies -llora y le regala un cupcake gigante de disculpas.-

La joven parecía estar muy nerviosa, al punto que sus palabras eran apenas audibles y sumamente entrecortadas, debiendo prestar especial atención a cada una de estas, igualmente no pasaba más que despertar un sentimientos de ternura en el príncipe la pequeña joven de cabellos lilas tenía gestos sumamente delicados y su vocecita parecía no despertar ni siquiera a un conejito dormido, ya de por si consideraba adorables a las jinetes pegasos y sabia que algo tenían de especial ya que no cualquiera podía acercarse a un caballo alado, los habían en Altea y sabía lo fieros que podían llegar a ser si alguien que no fuesen sus jinetes se acercaban a intentar tocarlos siquiera, tan sagrada criatura debía seleccionar bajo algún criterio a las jóvenes que permitían acercarse y montarlos, ya de por si había notado que nunca había visto un jinete pegaso masculino, así que al menos ya sabía que solo las mujeres eran suficientemente delicadas y puras como para acercarse a ellos. Intentaba ser paciente y sonreír con agrado y cortesía intentando no ser una molestia ni tampoco contribuir al nerviosismo de la chica.

Asintió cuando le dijo de descansar allí, quizás sería lo mejor hacerlo por un momento antes de emprender un camino tan largo, sus caballos debían estar cansados al igual que ellos, parados sobre una zona firme se apartó un poco de ella para comunicarle a sus caballeros y escoltas que podrían desmontar, dejar descansar sus caballos un poco y ellos mismos estirar las piernas ya un poco acalambradas de estar montando por tantas horas de corrido. Todos asintieron con gusto, deseosos de poder caminar un poco. Al volverse a ella vio que ya no estaba y se alejaba con el pegaso a su lado. No quiso insistir así que permaneció allí, desmontando y acariciando a su montura, conversó con sus escoltas comentando sobre el viaje y lo curioso del clima tan frío y blanco, cuando estos desviaron el tema a decir lo linda y agradable que era la joven que les estaba dando una ayuda así como todas las pegasos knight eran lindas y siempre con cuerpos delicados el príncipe les miró con reproche haciéndoles callar enseguida. Un pequeño discurso sobre el comportamiento y códigos de los caballeros de Altea y como debían respetar a las mujeres y como comentar su aspecto, más a sus espaldas, era algo completamente fuera de cuestión, fue dado por el príncipe hacia los pobres caballeros que asentían ante las palabas del regente.

Cuando la chica regresó los escoltas le sonrieron y se mantuvieron a distancia, solo acercándose con sus caballos para buscar el agua y dársela, antes tomando la temperatura con su mano para asegurarse que no estuviese tan fría como para enfermar al animal. El príncipe se acercó a ella - My lady, no era necesario que fuese usted a buscar las provisiones, le estoy muy agradecido. Por favor, acepte al menos el pago de las mismas. - y tomando de su cintura la bolsita de cuero con monedas extraño unas varias, lo que él estimaba que podían haber salido aquellas provisiones y un poco más en agradecimiento. Las monedas tenían estampado el escudo de Lycia, habiendo cambiado con el marqués para evitar problemas con sus monedas con el escudo de Altea - Lamento que tenga que pasar por todas estas molestias. Permítame presentarme, he sido muy grosero al no hacerlo, sepa disculparme, a situación de tensión me ha puesto un poco alterado. Soy Lord Marth Lowell, príncipe de Altea, en Akaneia, portador de la marca del exaltado. - como todo noble su presentación venía acompañada de los títulos que portaba enfloreciendo algo que podría ser simplemente un nombre. Uno de los caballeros se acercó al pegaso para tomar las bolsas así este no tendría que cargar y sin poder resistirse a tal hermosa criatura y acarició una de sus alas para sentir la suavidad de sus plumas.

Marth, ajeno a aquello, solo se centraba en la chica un tanto tímida frente a si - Cuando terminen de darle de beber y comer a los caballos y acomodar las provisiones podremos emprender camino, no sería bueno que la noche nos tomase por sorpresa. - el ofrecimiento de chocolate caliente sonaba más que bien, sobretodo ante el frío que estaban pasando, ni siquiera la gruesa capa de lana y pieles le mantenía caliente, totalmente desacostumbrado a un clima por el estilo. Si bien los hombres hubiesen preferido una bebida alcoholica no pudieron si no aceptar aquello con una sonrisa y en parte ternura de la joven. Sin despreciar el príncipe aceptó la bota con la bebida caliente y bebió un par de tragos, el calor bajó por su garganta dejando un agradable sabor dulce en su boca y atenuando un poco el frío que se colaba en su interior. La bota pasó de mano en mano entre los hombres cuidando de solo beber un par de tragos para no terminarla agradeciendo por la bebida hasta que regresó a manos de su dueña. - Estamos muy agradecidos por su amabilidad. Por favor permítanos a nosotros cargar sus provisiones también para que pueda viajar más cómoda, es lo mínimo que podemos hacer por su amabilidad. -


M a r t h
FichaCronologíaRelaciones ❝Lo lamento pero... no puedo permitirme una derrota.❞

Premios:






Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Príncipe de Altea

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
esp. de acero [4]
esp. de bronce [2]
lanza de bronce [2]
Vulnerary [3]
Sello Maestro
.

Support :
Eliwood
Eugeo
Artemis

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Experiencia :

Gold :
380


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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

Mensaje por Marth el Sáb Abr 16, 2016 11:35 pm

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Marth gana 30 G


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Re: Un mundo de hielo [Privado Florina]

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